lunes, 11 de abril de 2011

Tres salidas, un 11 de Abril



Posiblemente habrá quien piense que es mucha casualidad que un día 11 de abril, sé de la circunstancia de cuanto voy a exponer a continuación, pero todos cuantos me conocéis estoy seguro que daréis por cierto todo lo que relate. Se trata concretamente de que tal día como hoy, aunque de distintos años, bien yo personalmente o formando parte de mi familia, iniciábamos la salida de un viaje, que todos y como indicaba en mi entrada del día de ayer, todos tienen su porqué para traerlos al recuerdo. Comenzaré su exposición atendiendo al orden cronológico desde el más lejano en el tiempo en que sucedió, hasta el más próximo.

11 de abril de 1939. Hacía diez días había terminado la Guerra Civil española. Toda mi familia, más las de las dos hermanas de mi madre, y de los dos años y medio que llevamos exiliados por diferentes puntos del Valle de los Pedroches, desde primeros de diciembre de 1937 nos hallábamos residiendo en un cortijo conocido por "Don Elías Cabrera", enclavado en la comarca de La Jara, término municipal de Pedroche, en el cual se había constituido una "Colectividad de Trabajadores", formada por unos cuarenta hombres, todos ellos con sus familias, en la misma situación que nosotros, o sea también exiliados y procedentes de varios pueblos de las provincia de Córdoba y de Sevilla. La terminación de la guerra, exigía que cada familia abandonara el lugar de donde nos encontrábamos, y toda la mía indicada al principio, y el mencionado día, las mujeres y los niños menores tomaron un tren de vía estrecha en un apeadero que estaba cerca de donde residíamos, con destino a Peñarroya y de allí hasta una estación distante de mi pueblo unos diez kilómetros, y el único hombre, marido de la hermana mayor de mi madre y los tres niños mayores, juntamente con varias cabras, tres caballerías mas un carro que alquilamos, tomábamos el camino hacía mi pueblo, distante unos 50 kilómetros.

Unos dos kilómetros antes de llegar a Pozoblanco, el carro metiendo la rueda derecha en la cuneta quedó tumbado sobre el terraplén. Ayudados por varios hombres de los bastantes que con dirección a sus respectivos pueblos circulaban, se consiguió poner el carro en posición normal y continuamos la marcha. La noche nos alcanzó en plena sierra de La Chimorra, precisamente donde había estado el frente de guerra durante todo el tiempo que nosotros habíamos permanecido exiliados. A varios lados de la carretera había grandes cantidades de munición, granadas de mano, y armamento desde fusiles, ametralladoras, morteros e incluso cañones de artillería, la mayoría emplazados en sus respectivos asentamientos y que ante la proximidad de los fascistas como se les llamaba al Ejército Nacional, los rojos en su desbandada lo habían dejado abandonado. En un cortijo medio derruido hicimos noche.

11 de abril de 1946. Cinco de la tarde. Un grupo de unos doscientos "quintos", mandados por un Teniente, y varios soldados, todos de artillería, nos llevaban desde la Caja de Recluta hasta la estación de Córdoba, donde habíamos de tomar el tren con destino a Sevilla. Durante el trayecto entre la salida y la estación, nos cayó una fuerte tormenta que nos pusimos todos chorreando. A la misma hora, aquella u otra tormenta parecida, mataba a un vecino de mi pueblo que hallándose trabajando en el campo con una yunta de mulas, se cobijó bajo una encina, para resguarde del agua, siendo fulminado por un rayo que cayó sobre el mismo. La noticia de este fallecimiento la tuve yo cuando recibí la primera carta de mis padres una vez ya en mi destino.

El viaje desde Córdoba hasta Sevilla, se prolongó siete horas.

11 de abril de 1950. Sobre las nueve de la mañana, llevando consigo la misma maleta que portaba en el enunciado anterior, salía de mi pueblo para la capital cordobesa, donde una vez en la misma y verificada la presentación, en unión de unos cien mas, en la Comandancia de la Guardia Civil de dicha ciudad, nos pasaportaron para dirigirnos a Úbeda donde en la Academia que existía en la misma, cursaríamos el correspondiente curso de capacitación para Guardias civiles. En la capital cordobesa tomaríamos el tren correspondiente.

Quienes hayáis leído hasta aquí, la presente entrada en este blog, estaréis un tanto extrañados al daros cuenta de que los anteriores relatos están todos inconclusos. No ha sido un olvido, sino hecho adrede. El motivo, que los tres viajes iniciados un 11 de abril, terminaron al siguiente día 12. Como suele decirse, la solución mañana.

En consecuencia, hasta mañana.

domingo, 10 de abril de 2011

Algunas efemérides del mes de abril


Creo haberlo, cuando menos comentado en mas de una ocasión, y quizá también escrito, que en el mes de abril es cuando más casos se han sucedido, bien a mi propia persona o en mi entorno personal más próximo, y todos ellos por supuesto, con la entidad suficiente para ser recordados. Unos de feliz recuerdo; otros todo lo contrario; los demás, cuando menos para tenerlos presentes cuando llega su momento, por su propia trascendencia. Dos de ellos, ya han sido reflejados en sendas entradas en este blog.

Hoy para demostrar cuanto dejo expuesto anteriormente, citaré algunas, aunque dos de ellas como se verá no se cumple hoy su efemérides, pero no por ello deje de sobrarles motivo para ser tenidas en cuenta. Vamos a ello:

Día 3 de abril de 1958, nacía mi segundo hijo, Venía a este mundo a las dos de la madrugada de un Jueves Santo. No nació en plena calle de verdadero milagro. Mi mujer, como buena Toledo en primer lugar, fiel devota de la que en Málaga se conoce como "La Expiración", y que desde que cuando menos yo estoy en Málaga, tiene su salida a las doce de la noche del Miércoles Santo, me estuvo dando la tabarra de que la llevara a ver la salida de su procesión favorita. A las doce y media de aquella noche salía a toda pastilla en busca de la Comadrona que la atendió en el parto en nuestra propia casa. A las dos de la madruga mi segundo hijo estaba entre todos los mortales.

El día 3 de abril, pero de 1982, el descrito anteriormente, contraía matrimonio en Zaragoza. No es que fuera un niño, pero ha sido el mas precoz en casarse de los tres hijos. La boda, como suele decirse celebrada por todo lo alto. La novia el eje central del acontecimiento y luciendo sus mejores galas. El novio, mi hijo vistiendo el traje de gala de Teniente de Infantería. Mi mujer madrina por primera vez y como siempre tan acertada en elegir traje. La única pega que pudiera darse al acontecimiento es que debido a la distancia, solo dos hermanos míos residentes en Barcelona acompañados por sus respectivos cónyuges, fueron los únicos familiares más allegados que pudieron asistir al mismo.

5 de abril de 1986, cuatro años después, más uno que le superaba en edad, contraía matrimonio mi hijo mayor, esta vez si mas cerca, dado que se casó en Marbella. La novia y como no iba a ser menos el centro de atención y que como toda mujer en tales casos su vestido de novia es uno de los elementos principales del acto. El novio, mi hijo, en este caso su uniforme de gala como Capitán de la Guardia Civil. Mi mujer otro de los grandiosos días para ella, por segunda vez llevando a un hijo suyo ante los altares, y como modista de alta costura que era, la elección de su traje de madrina en nada desmerecía del de los novios. Su celebración a la misma altura de la anterior y esta vez acompañados por mas familiares y amigos de de los contrayentes y sus familias.

Pasados veintinueve y veinticinco años, respectivamente de aquellos acontecimientos, con dos hijos cada matrimonio, daría incluso mi propia vida porque aquella madrina pudiera contemplarlos tal siguen hoy.

Otro acontecimiento, pero este más triste. Hoy 10 de abril se cumplen 40 años del fallecimiento de mi suegra. De los siete que componían la familia, el matrimonio y cinco hijos, era la primera que fallecía. De los cinco hijos, el mayor era cuatro años menor que yo. Desde hace unos cinco años, ninguno de la familia queda en este mundo. Descanse en paz toda la familia.

10 de abril de 1997. Hoy cumple 14 años, el último de mis nietos. Su abuela ni siquiera llegó a conocerlo, nació dos meses y una semana después de su fallecimiento.

Para mí este acontecimiento supuso, dos reacciones totalmente opuestas la una a la otra. Yo me encontraba en casa de mi segundo hijo, en Aguadulce, barriada de Roquetas de Mar en la provincia de Almería, donde me habían llevado hacía un mes convaleciente de la operación de corazón a que fui sometido, como consecuencia del infarto sufrido el mismo día en que falleció mi mujer. Al día siguiente de recibir la noticia del nacimiento de mi nieto y como no, la alegría de saber como suele decirse, tanto la madre como el recién nacido se encontraban en perfecto estado, en mis diarios paseos matutinos que realizaba por la barriada, en su parte mas oriental y cerca de un pequeño edificio que creo estaba destinado a consultas médicas, había un pequeño jardín y en el mismo instalados unos cuantos bancos, donde en el más recóndito a la vista de cualquier viandante, era el mudo testigo de mis habituales lloros por la pérdida de mi esposa, aquella mañana, trayendo al recuerdo del nieto recién llegado, con la abuela que unos dos meses hacía que para siempre se había marchado, me ocasionó tal decaimiento en mi estado de ánimo, que pese a mi condición de ser de lágrima fácil era tan profunda mi pena que parecía nunca iba a poder cesar en el llanto que me embargaba. No menos de dos horas me pase en aquel estado, en el que haciendo un esfuerzo ímprobo por controlar mi estado, por fin conseguí ponerme en camino hacia el domicilio de mi hijo y que una veces él y otras mi nuera, procedían a curarme las heridas físicas que todavía tenía como consecuencia de la operación quirúrgica. Éstas, no tardaron en sanar, las del alma, su cicatrización final, solo lo serán el día en que aquella madrina de las bodas de sus hijos, y el padrino de la boda de su hija, vuelvan a estar juntos por toda la eternidad.

Hasta la próxima entrada que tratándose del mes de abril, pocos días tengo libres sin un recuerdo que traer a la memoria.

sábado, 9 de abril de 2011

Te lo voy a contar


A una mera insinuación hecha en mi anterior entrada en este blog, por la amable y simpática paisana Carmen, que para mayor abundamiento en agradecérselo, tiene la osadía de hacerlo en todas mis entradas y en las que siempre deja su impronta de cuanto a ella le parece u observa en ellas, digo, para mí, su mera insinuación es una orden y paso a sacar de sus dudas, el cómo y el porqué de plasmar en en este humilde blog, parte de mis muchos recuerdos de mi tan larga vida, la mayoría al cumplirse las efemérides de sus acaecimientos. Sin mas disquisiciones y para no aburrirte con mis explicaciones, estimada Carmen, todo ello lo tengo guardado en mi memoria, y rogando, no quiero que pueda tomarse como una "fanfarronada", jamás hice de cuanto vengo escribiendo anotación alguna ni tuve a mi servicio lo que para dichos fines suele utilizarse, como es una agenda. Mis propios hijos, y permíteme me regodee por ello, en muchas ocasiones me preguntan como puedo tener en la memoria, incluso cuestiones que sucedieron hace muchísimos años y en ocasiones de escasa importancia.

De solo un hecho, del que tengo una fotografía y que precisamente hasta ahora no he llevado a este mi blog, anoté al dorso de la misma la fecha, y a su vez el motivo de aquel acontecimiento, que entre los aficionados y en comentarios de tertulia lo considerábamos un hecho histórico y que fue el partido de fútbol celebrado en el Campo de la Rosaleda el día 15 de marzo de 1953, entre el C.D. Málaga y el Real Madrid y cuyo resultado final fue de Málaga 6-Real Madrid O. Tan histórico fue el resultado, que pasados mas de 58 años no se ha vuelto a dar otro igual y mucho habrán de cambiar las cosas para que vuelva a darse.

No ha tenido esta entrada extraordinaria, otro fin que como cito anteriormente, el resolver la duda que sobre donde pudiera tener archivados mis recuerdos, tiene mi asidua lectora y paisana Carmen y si con lo expuesto he conseguido mi propósito, por doble satisfecho me doy y no quiero terminar, sin reiterarle mi agradecimiento por lo que supongo será de sacrificio que una persona que no lo es de mi entorno familiar próximo, e incluso a la que ni siquiera tengo el honor de conocer, se esfuerce en perder un rato para leer todas mis entradas.

Hasta la próxima.

miércoles, 6 de abril de 2011

Y pensar que ya han pasado sesenta y cinco años...


Aquel 6 de abril de 1946 que lejos se va quedando. Aún no había salido siquiera el sol de aquella lejana mañana del 6 de abril indicado, en unión de catorce o quince "quintos", salíamos de mi pueblo, a patita por cierto, para trasladarnos hasta la Estación, que aún denominánose "El Vacar-Villaharta", distaba de este mi pueblo unos 10 kilómetros, y donde habíamos de tomar un tren especial que habría de llevarnos hasta Córdoba capital, a fin de verificar nuestra presentación en la Caja de Recluta de dicha ciudad y donde nos destinarían a los distintos regimientos o cuerpos del Ejército. Desde Villaharta hasta la estación, las maletas hubimos de transportarlas en algunas caballerías puestas por algunos familiares de alguno de los "quintos". Este detalle, dice a las claras la situación tan precaria por la que atravesaba todo el país. En los vagones que componían el convoy, algunos de los utilizados para el transporte de ganado iban todos abarrotados, dado el caso de que nosotros lo tomábamos en la penúltima estación del recorrido.

Al tomar hoy como el motivo de mi entrada en este blog, dicha efemérides, lo primero que me viene al sentimiento es el recuerdo de mis padres. Aquel fuerte abrazo de mi madre, que anegados sus ojos en lágrimas parecía no querer soltarse de mí, sin que el sentimiento de mi alejamiento de ella por primera vez y como el primero de sus hijos que lo hacía, fuera siquiera capaz de articular palabra alguna, y pese al tiempo transcurrido, siento en este mismo instante el mismo encogimiento del ánimo que entonces me produjo. En cuanto a mi padre, también de lágrima fácil, tengo en el recuerdo tan fresco como si en este momento me lo hubiera dicho y que fue el consejo literal siguiente: "Pórtate como siempre lo has hecho". Hoy valoro su consejo con mayor sentimiento que en su momento lo hice, y tras haber pasado sesenta y cinco años de su pronunciamiento y mas de cincuenta y dos de su fallecimiento, vaya para él mi mas cariñoso agradecimiento, por el concepto que entonces y siempre tuvo de mí.

En cuanto a otros sentimientos míos particulares, a la par que iba dejando atrás la presencia física de mis padres y hermanos, millones de pensamientos vagaban por mi mente y todo ello cual o en que podría derivar el inicio próximo de una nueva forma de vida, para un futuro inmediato, a medio o largo plazo. Era totalmente consciente de que cuando menos en algo habría de tener influencia en cambiar el modo y forma de vida, en cuanto a la que dejaba atrás y aunque hubieron de pasar algunos años, finalmente así sucedió y como no, doy gracias a Dios, por lo que tan beneficiosa lo fue. Los motivos y causas para ello, se precisarían muchas páginas para enumerarlas. Pero, la mayor diferencia de aquel 6 de abril de 1946 al 6 de abril de 2011, es la de que entonces, mis pensamientos se encaminaban todos a cuál sería mi futuro, hoy, a todo cuanto ha sido mi pasado. También a cuantos seres queridos faltan de aquellos, pero no más de los que después han venido y hoy gracias a Dios lo siguen estando. Desde entonces sobre mis espaldas pesan 65 años más y vaya que se nota.

Hasta la próxima.

viernes, 1 de abril de 2011

1 de abril. Quincuagésimo quinto aniversario


Hoy 1º de Abril se cumplen CINCUENTA Y CINCO años de mi matrimonio.

Si en la vida de un hombre, y en este caso lo expreso así, debido a que me estoy refiriendo a mí concretamente, y sobre todo cuando de esto hace medio siglo y un quinquenio en que sucedió, el matrimonio marcaba un hito, no un hito cualquiera, sino el que sin lugar a dudas comenzaba a contarse el antes y el después de toda su existencia, en el mío particularmente, ha supuesto el hecho MAS IMPORTANTE de todo mi devenir por la vida. Aquel 1º de abril de 1956 lo que hasta entonces había sido mi caminar por este mundo, tomaba un cambio tan radical en todos sus aspectos, solo que podría comparársele a lo que en su consecuencia trajo de beneficioso en lo que en aquellos momentos suponía mi propia persona y toda la deriva que como consecuencia de aquella unión allegaron a lo que en términos generales podríamos catalogarlo como FELICIDAD PLENA.

El acto en sí del matrimonio no se quedaba solamente en los protocolarios actos de la boda, convite, fotografías y etc. etc. etc. Incluso en lo que hoy resulta un dato tan extraño como sería el irte a la cama con la novia y doy fe de ello por propia experiencia, comenzaba a partir después de todos aquellos trámites, que aunque hoy pudieran parecer casi imprescindibles, nos venían impuestos desde posiblemente siglos atrás, pero sin duda por esa tradición que tan arraigada estaba, poca oposición solía ponerse a su cumplimiento. La vida en común entre los contrayentes, igualmente comenzaba en la inmensa mayoría de los casos a partir del siguiente día a la de la celebración de la boda. El viaje de novios, aunque, como en mi propio caso pudiera considerarse como de cercanías, era lo que verdaderamente era eso "viaje de novios". Antes de ello, jamás, salvo excepcionales casos, se hacía un viaje con la novia en libre albedrío, a lo que, no importe el que a mí pueda parecerme mal o bien, hoy el viaje de novios, esté precedido de uno, cinco, o sabe Dios cuantos antes, del que opten por llamarlo como tal. Conformémonos cada cual con la época en que le ha tocado vivir y pasar por éste u otros aconteceres.

Yo, y pasado más de medio siglo, hoy no cambiaría el cómo y el cuándo de aquel sucedido, del que siempre lo consideré y lo siga, considerando como uno de los IMPORTANTÍSIMOS de mi vida. Cierro los ojos, y rebobinando hacia atrás el paso del tiempo, vuelve a mi el recuerdo la contemplación de aquellos hermosísimos ojos que su brillo dejaban entrever la ilusión y emoción del momento, y también, la esperanza de un futuro, que por ventura se estuvo cumpliendo hasta, que como en el momento del acto de la boda, el sacerdote celebrante pedía no se deshiciera aquel matrimonio, sino, hasta que como así sucedió, la muerte os separe. Solo su recuerdo continúa alimentando la dicha de seguir viviendo, a la par de que también élla, tengo la seguridad se llevó consigo el mismo sentimiento.

Hasta la próxima.

domingo, 27 de marzo de 2011

Dos recuerdos de un 27 de marzo


Los días 27 parece ser han sido casi una constante para mí. Nací un 27; dos hermanos míos nacieron un 27; conocí a mi mujer un 27, y hoy 27 se cumplen dos efemérides de hechos que a lo largo de mi vida me sucedieron, aunque de distinto signo.

Voy a tratar de, aunque sea en un relato breve, exponer lo que fue cada uno de ellos y comenzando por orden cronológico en su acontecer.

Del primero se cumplen hoy nada más y nada menos que SETENTA Y DOS AÑOS. Aquel día 27 de marzo de 1939 ha sido uno de los que más me han atravesado el alma. Eran los últimos estertores de la Guerra Civil Española. A mí me faltaba un mes justo para cumplir los 14 años y aunque la mera enumeración de esa edad sea considerada todavía de un niño, los propios avatares por los que ya había pasado me habían hecho madurar en la formación de mi propia personalidad.

Desde septiembre del año anterior, o sea de 1938, fecha en que también mi padre había sido movilizado y destinado al frente de guerra de Extremadura, yo y por razones de aportar un poco de elementos alimenticios de los que hacía más de un año estábamos escaseando, me coloque de pastor con un rebaño de ovejas que eran propiedad del Ejército de la República. En dicho cometido cobraba un sueldo diario de 10 pesetas, más dos pequeños suministros al mes, consistente en unas pequeñas raciones de aceite, azúcar, arroz, pan, garbanzos, judías y creo que eso era todo. Estos suministros venía a traerlos un Comisario Político perteneciente a los servicios de Intendencia del Ejército, que precisamente era sobrino del mayoral del equipo de pastores, compuesto por dicho mayoral, otro señor mayor y yo como zagal, y cuyo Cuerpo era el que disponía de cuanto había que hacerse en relación al ganado y creo que podía estar alrededor de las 300 cabezas. Desde el día en que comencé mi trabajo, que como digo lo era allá por la primera decena del mes de septiembre anterior, y cuya jornada la iniciaba tan pronto amanecía que salía del cortijo donde estábamos alojados, hasta donde estaba situada la majada, distante alrededor de poco mas de un kilómetros y regresando cuando ya estaba anochecido, ni un solo día había faltado a mi trabajo. En este discurrir, llega la tarde del mencionado 27 de marzo de 1939, donde por los propios Jefes del Ejército que tuvieron noticia de que los frentes de guerra de mas proximidad a donde nos hallábamos, habían sido rotos por las fuerzas "fascistas", como se les llamaba y ante la posibilidad de que hasta allí llegaran, ordenaron el traslado de todo el rebaño, en principio hasta la próxima localidad de Conquista, creo último pueblo de la provincia de Córdoba limitando con la de Ciudad Real, y para ello todo el equipo de pastores habían de ir conduciendo el ganado. Urgentemente encerramos provisionalmente las ovejas, y cada uno de los miembros del equipo, fuimos a nuestros domicilios a fin de por lo menos llevarnos, algo de ropa y una manta, dado a que nadie tenía idea del tiempo que pudiera suponer nuestra ausencia.

Cuando yo llegue a mi residencia con todo el miedo metido en el cuerpo y le di la noticia a mi madre, que para colmo hacía casi un mes que no sabíamos nada de mi padre, abrazándose a mí comenzó a gritar diciendo que no iba a permitir que su hijo, un niño todavía, lo separaran de ella. Si la preocupación y el miedo que yo ya llevaba, no era suficiente, cuando yo vi la actitud de mi madre ante la noticia, la acompañé a ella en el llanto y haciéndolo extensivo a mis cuatro hermanos, en edades comprendidas entre los 10 y los 5 años. Pero de momento, todo resultó inútil, no mas de una hora después, salía de mi casa con un pequeño hatillo de ropa y una manta, el corazón encogido y dejando a mi madre en una situación, que recordándolo hoy, no sé como una madre pueda soportar tales situaciones.

La noche nos llegó en un grupo de casas que había junto a la misma carretera de Pozoblanco-Villanueva de Córdoba, antes de llegar a éste último, donde pensábamos pernoctar. Unas dos horas después de nuestra llegada, se presentó un tío mío, marido de la hermana mayor de mi madre que venía dispuesto a relevarme voluntariamente de la misión que me había sido encomendada. Tan pronto amanecía el día siguiente y cuando mi tío junto a los otros dos pastores iniciaban la marcha hacía Conquista, yo y pareciendo que tenía alas en los pies, volvía en busca de mi madre y mis hermanos, que si la despedida supuso todo un drama, la llegada fue también fundirnos en un fuerte abrazo, con muchas lágrimas pero éstas de alegría. Ahora setenta y dos años después, no he podido por menos que algunas lágrimas asomen a mis ojos, recordando lo que a mi pobre madre debió suponerle aquel acontecimiento.

Aquí doy por terminado este relato, no sin hacer constar que al día siguiente y mucho antes de llegar a su destino de Conquista, el rebaño y los pastores fueron alcanzados por las tropas nacionales o "fascistas", siéndoles intervenido el ganado, dejando marchar a quienes las conducían.


Vamos con el relato de la segunda efemérides del 27 de marzo. Ésta sucedía el 27 de marzo de 1950. Pero si la primera fue todo un drama, la segunda, si en el momento era alegría, tanto para mí como para toda mi familia, desde la perspectiva de SESENTA Y UN AÑO después, jamás hubiere siquiera podido soñar, echándole toda la imaginación posible, lo que a partir de entonces mi devenir por la vida iba a suponer. Expliquémonos.

Hoy se cumplen 61 años, de mi última jornada de trabajo en el campo. El día anterior, cuando regresaba de la faena, mi madre me daba la noticia de que el Comandante de Puesto de la Guardia Civil había mandado un recado de que me presentara a él tan pronto regresara. Aunque hacía varios meses yo había aprobado unos exámenes para ingreso en dicho Cuerpo, la verdad es que no tenia idea del motivo de mi cita. Con la preocupación propia del conocer el porqué de requerir mi presencia, momentos después de mi regreso del trabajo, aseado y cambiado de indumentaria de ropa de faena por la de calle, hacía la presentación requerida. Al Guardia de Puertas, como se le llama, o por lo menos se le llamaba al que estaba de servicio a la entrada del acuartelamiento, le indiqué había sido citado por el Cabo Comandante de Puesto. Le pasó la noticia de mi presencia y momentos después me recibía. Al llegar me saludó dándome la mano y me dice: "Mañana tienes que ir a Fuenteobejuna, que era la cabeza de Partido de mi pueblo, para declarar como testigo en un juicio". Quedé totalmente sorprendido por la noticia dada, debido a que yo no tenía noticia alguna de ningún hecho del que yo pudiera testificar. Ante la cara que debí poner, y sonriéndose, volvió a decirme. Es una broma. En el Boletín Oficial del Cuerpo de ayer, viene publicado tu ingreso en la Guardia Civil, así que a partir del día primero de Abril perteneces al Cuerpo y tienes que incorporarte a la Academia de Úbeda el día 12 de dicho mes. Me dio un abrazo, y corriendo volvía a mi casa a dar la noticia a mis padres, que esta vez la acogieron con tanta alegría como yo.

En compañía de cinco o seis compañeros mas, yo llevaba unos días escardando trigo en una finca conocida por "Peñas blancas", distante de mi pueblo unos cinco kilómetros, distancia que habíamos de recorrer a pie, así a la ida como a la vuelta. Dicho trabajo si no lo es necesario de emplearse mucha fuerza física, si lo es de un gran esfuerzo en cuanto a la posición que hay que adoptar, con gran repercusión en la cintura, y que a lo largo de una larga jornada en mas de una ocasión te ves en la necesidad de ponerte en posición normal, o "hacer el pino", como lo llamábamos, a fin de desentumecerte un tanto.

En fin, aquella tarde de hace hoy sesenta y un año, cuando despues de que durante toda la jornada entre bromas con los compañeros de fatiga, y nunca mejor dicho lo de fatiga, cuando el manigero daba la voz de "fin de la jornada", yo tomando el escardillo, que se trata de una pequeña azada, y cogiéndolo por el mango lo lancé hacía arriba con toda la fuerza que posible me fue y acompañando la acción, pronuncié la siguiente frase: "el que lo coja pá él". No recuerdo ni me interesaba quien fuera. Allí quedaba una herramienta, que llevaría en casa de mis padres un montón de años, pero de la que yo me despedía y hacía el propósito de no volver a tomar, aquella u otra similar, mas en mi vida, cuando menos para ganarme un sueldo como jornalero del campo y en el modo y forma en que en aquellos lejanísimos años, se realizaba. Jornadas de sol a sol y sin un día siquiera de descanso mientras duraba el trabajo emprendido. Hoy, hasta parece dolerme los riñones con el solo hecho de traerlo a la memoria. ¿ Cual sería el final de aquel escardillo?. Cuando menos yo, por necesidad no volví a tenerlo que utilizar, aquél u otro parecido. Este último recuerdo me "alegra las pajarillas", como se dice por mi pueblo, con el relato antecedente.

Hasta la próxima.

jueves, 24 de marzo de 2011

Sus ojos se cerraron

Hoy la mayoría de los medios de comunicación de todo el mundo llevan a sus portadas la noticia del fallecimiento de la actriz Elizabeth Taylor, la que segun señalan, era el cuerpo, y tenía los ojos mas bonitos del orbe. No seré yo quien vaya a dudar de tal aserto, así es que demósle por bueno.

Ello me ha traído tambien al recuerdo aquel celebre tango que interpretaba Carlos Gardel, cuya letra comenzaba así: "SUS OJOS SE CERRARON Y EL MUNDO SIGUE ANDANDO...." Esta realidad perdura y lo seguirá haciendo mientras el mundo sea mundo. El que el cuerpo y los ojos que fueron mas bonitos del mundo se hallan ido del mismo, no por ello ÉL, ha de cesar en su marcha.



Aquellos ojos a los que cantaba Carlos Gardel, no eran por cierto los de la Taylor, y reflexionando sobre ésto, creo que todos hemos tenido, y algunos por fortuna los seguiran teniendo, unos ojos, no los propios, si no los de esa persona, en los cuales, los que tuvimos el pesar de haberlos perdido, nos estuvieron sirviendo de espejo, donde, y hablo por mí, nos producía ese no sé qué de embeleso, cuando nuestra mirada estaba dirigida solo a ellos y trataban de penetrar hasta lo mas profundo del sentir de la persona que era posedora de ellos.

¿Quién no ha tenido la dicha de sentirse alguna vez embriagado mirándose en los ojos del ser amado? Volviendo otra vez a la vanidad de considerarme el protagonista, y sintiendo la nostalgia de lo pasado, ¿cómo he de olvidar aquellos momentos en que primero a mi novia y despues mi mujer, le pedía estuviera unos instantes sin parpadear para poder seguir recreándome en la contemplación de aquellos, para mí, si los ojos mas preciosos del mundo? Tan profundo calaban en mí aquellos y muchos mas momentos, que el poso que dejaron en mi sentir, jamás por largo que sea el tiempo que transcurra conseguirá borrar lo mas mínimo de ese recuerdo.

Al tiempo que me siento inmerso en estas reflexiones, me ha venido a la memoria lo observado por una amable paisana, llamada Carmen, que desde hace unos meses no le importa el sacrificio de leer todas mis entradas en este blog, y en la anterior a ésta en el recuerdo que dejaba, me hacía la consideración de como había vivido cada momento de mi vida y de haberlo saboreado. Y pénsandolo bién y sin que en ello hubiere yo reparado antes, creo está en lo cierto y la felicito por haberme hecho ver, lo que hasta ahora yo asi no lo había considerado. Aquí doy tambien la razón a Cervantes, que en los primeros consejos que daba a Sancho cuando iba a ir a ser Gobernsador de la insula Barataria, le decía: "Procura conocerte a tí mismo, que es el más difícil conocimiento que imaginarse pueda". Así es la verdad, otras personas se percatan de condiciones o hechos que uno mismo no es capaz de autodescubrírselo.

El fallecimiento de la popular actriz, me ha traido el de no dejar olvidar hechos que tanta huella han dejado en el largo devenir de mi travesía por esta vida.

Hasta la nueva entrada.

sábado, 19 de marzo de 2011

Festividad de San José


Desde que tengo uso de razón, hasta no hace muchos años, el 19 de marzo festividad de San José, lo era de una gran tradición y celebración en toda España. Muchos son los recuerdos que al traer a la memoria este día, me hacen deslizar el sentimiento por tantos eventos que a lo largo de una larga existencia se han ido acumulando, y todos sin excepción, por lo que a esta fecha se refiere, de feliz recuerdo. Si de todas las festividades de este día, tuviera que destacar una por el poso que en mi vida han ido dejando, habría de señalar sin duda, la del año de 1944.

A la sazón, yo estaba trabajando en una fábrica de aceite, o molina como nosotros la llamábamos, en una finca situada a unos diez o doce kilómetros de mi pueblo. El arrendatario del olivar y asimismo de la referida fábrica se llamaba José. Todos los trabajadores fuimos invitados para celebrar su onomástica, a un mas que pequeño refectorio en su propio domicilio, que comenzó sobre las once de la mañana, una vez finalizada la Misa Mayor. La provisión de las varias bandejas que se hallaban en las distintas mesas, tanto en cantidad como en la calidad de los productos a consumir, como así la carencia de que desde algunos años veníamos arrastrando, o para que todos lo entiendan, en plenos años de la "HAMBRE", más que comer, no pocos y posiblemente hasta yo, lo que hacíamos era devorar cuanto estaba a nuestro alcance, con el riego correspondiente de los excelentes caldos que igualmente estaban a nuestra disposición.

Pero sin duda, cuantos hayáis tenido la deferencia de entrar en este humilde blog, habréis pensado que las delicias culinarias a que sin citarlas, me he referido, me tenían imbuido solo en el yantar de las mismas, estáis equivocados. Mi pensamiento vagaba por una cortijada no menos de doce o catorce kilómetros de donde nos hallábamos, y de unos tres de la finca donde tenía el trabajo. Allí, me esperaba ilusionada mi primera novia y que desde hacía unos tres meses lo era, y a la que tenía prometido volver aquel día, tan pronto considerara oportuna la ocasión de abandonar el convite y ponerme en camino. Si la consumición de tan preciados productos ocasionaban en mí la gula propia de su ingestión, lo eran en mayor prioridad el deseo de iniciar el camino en busca de aquellos primeros y recientes amoríos, en la persona de quien en aquellos momentos lo suponían todo para mí.

No mas de una hora llevaría en el convite, cuando dirigiéndome a nuestro invitante y patrón, con el que tenía cierta amistad, dado a que también era primo hermano de mi padre, le dije que me iba a marchar, y los motivos, no tuve necesidad de exponerlos dado a que todos los presentes estaban al tanto de ellos, y de alguno de los cuales salió de su boca un dicho, que yo recuerdo de siempre haberlo escuchado y es el siguiente: "Tiran más dos tetas, que dos carretas", lo que sirvió de risas entre todos. Pero yo, diciendo adiós, dando las gracias por la invitación, tomaba el camino en busca de lo que para mí era lo principal en aquellas fechas.

Unas dos horas después, llegaba a mi destino, donde junto al cauce de un río que se hallaba cerca del cortijo donde residía mi novia, la encontré preparando una paella, mientras sus tres hermanas, el marido de una de ellas y los novios de las otras dos, tomaban el sol de un día espléndido que hacía, sobre un verde campo de hierbas y flores propio de la fecha en que estábamos. Posiblemente los diez o doce kilómetros recorridos a pie y a buen paso, hicieron que cuanto había comido en el convite que dejé atrás, no fuera óbice para que mi parte de paella no tuviera que renunciar a la misma. El resto del día, y hasta bien entrada la noche, en que regresé a mi residencia de trabajo, donde cuando llegué ya estaban todos mis compañeros, creo no hará falta explicar como lo pasé.

Aquel día me faltaban a mí para cumplir diecinueve años, un mes y algunos días. Retrocediendo con la imaginación en el tiempo los sesenta y siete años que me separan de aquella festividad de San José y poniendo en la balanza todo cuanto es diferente en mí de aquel entonces al hoy, una ligera sonrisa se dibuja en mi boca y al tiempo que no tengo por menos que echar en falta sobre todo mis condiciones físicas y el modo y forma de aquel pensar, menos aún, pueda dejar al olvido todo el acontecer durante ese largo periodo de tiempo, que llenaron mi vida de cuanto en la misma se llegue a desear. Si hubiere de volver hasta aquel pasado, pero renunciando a todo lo conseguido después, quede con Dios aquello y por satisfecho me doy con lo de ahora.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 17 de marzo de 2011

Popurrí de temas

El arrullo de una pareja de tórtolas sobre el alféizar de una de las ventanas de mi casa esta mañana, me recordaban que estamos en las mismísimas puertas de la primavera. Esta es la estación del año por excelencia con mas vitalidad. Una gran parte de los animales tienen en estas fechas su periodo de procreación. Los que no son de sangre caliente, comienzan a salir de sus letargos. Los árboles de hoja caduca se afanan por mostrar sus primeros tallos, que en la mayoría de las ocasiones además de convertirse en hojas, les sigue su floración y en no pocos casos, con el paso de los días, su conversión en frutos, de muchos de los cuales gozamos después todos los mortales.

Como creo habrá de sucederle a toda persona de mi edad, años más, años menos, estas recordaciones nos llevan a sentir cierta nostalgia al mostrarnos que la primavera de nuestras propias vidas, años ha quedaron atrás. Pero también, no es menos cierto que pasado ese instante de que el pensamiento nos retrotrae hasta aquellos lejanos años, te vuelve enseguida esa no se qué resignación, que alguien incrusta en el sentimiento de todo anciano, y te lleva incluso al agradecimiento a Dios por el tiempo vivido. Quizá también, como no queda otro recurso que el de la resignación, no tenemos mas remedio que el de su aceptación.

Y tomando otro tema. Hoy 17 de marzo, y como ya indiqué en mi ultima entrada en este blog, se cumplen 65 años del sorteo de mi "quinta" para asignarnos destino en el Ejército. Diecisiete o dieciocho "quintos", no reunimos aquel día para celebrar una buena comilona, que dados los tiempos por los que estábamos atravesando, buena falta nos hacía a la mayoría de los reunidos. Creo que fue el año pasado en esta fecha, cuando hice un pormenorizado relato de aquella celebración. Entre una de las cuestiones de aquel día, fue la suelta de una vaquilla que en pleno campo donde estábamos, embestía como una loca contra todo el que se le ponía a su alcance. Yo creo recordar que también cite este detalle, durante el rato que la vaquilla estuvo en nuestras inmediaciones, me lo pase subido a una encina, o sea que como se dice en términos taurinos, tan pronto la vaquilla apareció, casi con temblores en mis piernas "tomé el olivo". Cuando un torero o algún miembro de su cuadrilla durante la corrida, tiene que saltar la barrera por la acometida del morlaco, se le llama "tomar el olivo". De haber sido hoy aquella celebración, muchas hubieron de haber tenido que ser las ayudas para colocarme en la atalaya desde donde aquel día fui pasivo espectador de la corrida. El arte de Cúchares, núnca fue lo mío.

Al traer hoy al recuerdo aquel día del "Sorteo", vaya un afectuoso recuerdo para los que ya no estan entre nosotros, que de todos ellos, solo quedamos cuatro. El primero que se marchó de esta vida, lo fue hace mas de cincuenta años. Haciendo cálculos en este instante, los cuatro que aún estamos en este valle de lágrimas, tenemos tantos años, como todos los que no reunimos aquel 17 de marzo de 1946. Como no, de ello hemos de dar gracias a Dios.

Hasta otra entrada.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Abolición del servicio militar obligatorio


Hoy, y por diferentes medios de información, se da la noticia de que se cumplen diez años de la abolición del Servicio Militar Obligatorio, que había estado en vigor por espacio de unos doscientos años.

Como es natural y al tener conocimiento de esta noticia, mis recuerdos se han retrotraído sesenta y cinco años.

En mi juventud, la mili marcaba una de las etapas determinantes en la vida del hombre, y que nadie se moleste por decir la vida del hombre, dado que solamente los varones estaban obligados a realizar el servicio militar. Hasta el ingreso en el Ejército, y en un espacio de tiempo de unos seis u ocho meses, se verificaban tres actos que serían los que determinaban quién, cómo y donde se había de cumplir el servicio. El primero de ellos, cuando menos en mi pueblo lo llamábamos la "talla". El mismo consistía en tomarte, la filiación completa, reconocimiento médico y talla de estatura y perímetro torácico, de cuyo resultado salías con la calificación de "apto" o no "apto" para el servicio de las armas. El segundo acto, era el sorteo de "quintos" como se conocía, que en mi tiempo se efectuaba en la Caja de Recluta sita en la capital de la provincia. Dicho sorteo consistía en extraer un número de un bombo, que había de tener tantos números como individuos formaban el reemplazo en la provincia. El orden alfabético establecía el número que correspondía a cada individuo. Generalmente y a partir del número extraído, se destinaban a África, o sea entonces a Melilla y Ceuta el cupo que para dichos puntos se había determinado. A continuación y siguiendo la correlación de los números, se iban destinando para las plazas que asimismo estaban fijadas y el número también determinado. El día 17 de este mes se cumplen 65 años del sorteo de mi reemplazo y que precisamente a mí me tocó la ciudad de Sevilla; y por último se verificaba la incorporación a la Unidad o Regimiento dentro de la plaza a la que habías sido destinado.

Los actos de "quintos", especialmente en los pueblos pequeños como el mío, suponían un acontecimiento especial. Las celebraciones consistían en reunirse todos los "quintos" como nos hacíamos llamar unos a otros, comer y beber hasta que el cuerpo solía aguantar, cantar por las calles del pueblo, acompañados por algunos instrumentos musicales, que si no había quinto que lo tuviera y supiera tocarlo, no faltaba algún amigo a quien se recurría para ello. Las coplas solían estar siempre un tanto subidas de tono para lo que era costumbre y también como no, siempre alguna fechoría que sirviera como recuerdo de aquella quinta, que la mía fue la del "46". La fechoría nuestra consintió, en coger las macetas que había en los diferentes balcones y las cambiábamos por otras pero de los balcones y ventanas que mas lejanas estuvieran de las que procedían. La cuestión no es que le hiciera mucha gracia a quienes se vieron inmersas en ello, pero tampoco se causaba daño personal o moral con lo realizado.

Por lo que a mí personalmente respecta, los dos años y medio que estuve en el servicio militar, fue hasta entonces el mejor tiempo que había pasado en toda mi vida. Guardo un entrañable recuerdo de unos cuantos amigos que hice, así como de los diversos hechos y circunstancias que me, o nos, pasaron durante aquella época. Mi opinión particular, es que todos los jóvenes y hoy también las jóvenes, debían pasar unos cuantos meses, o para mejor decir un año en la prestación del servicio, y aunque durante la prestación del mismo habría más de uno que renegara de ello, en principio para sus propios padres, y con el paso de los años, para ellos mismos, sería escaso el número de quienes no reconocieran que algo positivo les aportó para el desenvolvimiento posterior en su propia vida.

¡Qué lejanos quedan ya aquellos acontecimientos! ¡Cuántas cosas han pasado por mi vida desde entonces! ¡Cómo el paso de los años ha dejado marcada huella, en mi aspecto físico, y también, como no, en mi forma y modo de sentir y pensar!

Hasta la próxima entrada.

viernes, 4 de marzo de 2011

Primer viernes de marzo

En el supuesto de que aún viviera mi mujer y sus condiciones físicas se lo hubieren permitido, a esta hora tengo la seguridad de que ambos nos hallaríamos, formando cola de unas dos horas y media o tres horas de duración, en calle Granada de esta ciudad, para visitar en la Iglesia de Santiago, la imagen del Cristo de Medinaceli, como lo estuvimos haciendo durante tantos años, siempre que alguna fuerza mayor no lo impidiera. Se daba la circunstancia de que todos los años solíamos juntarnos, conocidos, amigos o familiares y que charlando animadamente se nos pasaba el tiempo volando. Tras la visita, el rezo correspondiente y la petición de los tres deseos, los amigos o familiares nos reuníamos para tomarnos el correspondiente chocolate con churros.

Esta tarde, mis recuerdos han vuelto a pasar sobre tantos y tantos años, que aún encogiéndoseme el ánimo, pero ensanchándoseme el alma, cerrando los ojos y con la perspectiva de pasados cuando menos catorce años, de no haber podido cumplir con aquella vocación y costumbre, que tanto le ilusionaba, envuelvo mi ser en aquellos tantos y tan variados momentos en que uno a uno, y a su vez conformando el conjunto de todos ellos, hicieron de mi paso por más de cuarenta años de nuestro matrimonio, la mas completa felicidad que nunca antes, siquiera hubiera llegado a soñar. Pero también hoy, que lejos de mí van quedando aquellos recuerdos y solo me ayudan a soportarlo el traerlos a la memoria, que como digo, cerrando los ojos, hago lo posible por hacerme creer a mi mismo, que no te hallas tan distante como lo es la triste realidad, de los años pasados desde tu ausencia. Pero con estos recuerdos, en que ni un solo día falta me traigan a la memoria alguno de ellos, van conformando cada peldaño de la escalera que continúo subiendo hasta que me lleven a volver a estar junto a ti, ya para siempre. Pero también como hoy, pido a Dios no me prive de esa facultad que haga traer a la memoria, éste y los otros muchísimos que acaecieron en nuestra vida en común y que con tanto cariño y mimo los tengo archivados en el principal espacio del alma.

Hasta la próxima entrada.

viernes, 25 de febrero de 2011

25 de febrero. San Cesáreo


Hoy celebra la Iglesia, entre otras, la festividad de San Cesáreo. Mi padre se llamaba Cesáreo.

Os preguntaréis: "Bueno, ¿y qué?" Pues vamos a explicarlo. Hoy hace 113 años nacía mi padre. Pero hoy también, hace 52 años que fallecía mi padre. Por tanto moría el día de su 61º cumpleaños y también el día de su santo.

Lo he reflexionado muchas veces y para mí, la muerte que con más naturalidad se acepta, es la del padre o la de la madre. Sin duda ello se deberá a que desde la primera infancia comienza uno a considerar a los padres como personas muy mayores, y claro, aunque con algunas excepciones, siempre pensaba uno que por ley natural habían de fallecer antes que cualquiera de sus hijos, Con esto que termino de exponer, no es que quiera decir que el fallecimiento de uno de tus progenitores, no se sienta con todo lo que ello supone, pero eso sí, la resignación ante esa pérdida, lo es distinta incluso a cuando se te muere otro familiar de tu entorno familiar mas próximo. Sin embargo, una de las consecuencias que se producen con el fallecimiento, del marido o de la esposa, y lo digo por propia experiencia, ese vacío, desamparo, tristeza y soledad, te afecta de tal modo, que en no pocas ocasiones, en cuando menos los dos primeros años, llegan a sumirte en tal desconsuelo, que especialmente como a mí me sucede que soy de lágrima fácil, había momentos, a veces durante el día, pero sobre todo en esas soledades que parecen eternizarse por la noche, te pasabas gran parte de ella con ese lloro y que finalmente era lo que parecía traer a tu ánimo un poco de consuelo.

Lo que debe de ser tremendo de soportar es el fallecimiento de un hijo, que yo gracias a Dios no he tenido la desgracia de experimentarlo en carne propia.

Y volviendo nuevamente al 25 de febrero, hoy también con motivo del fallecimiento de mi padre, yo subía por primera vez a un avión. Me encontraba realizando el curso de ascenso a Cabo de la Guardia Civil en Madrid y aunque recibí la noticia de su fallecimiento sobre las ocho de la mañana, en aquellas fechas para poder llegar a tiempo del entierro que se efectuó sobre las cinco y media de la tarde, hube de tomar el vuelo de un pequeño avión que entonces volaba de Madrid a Córdoba y viceversa, y contaba con solo 21 plazas para pasajeros. Al aeropuerto de Córdoba fue a recogerme el amigo de uno de mis hermanos con una moto que me llevó hasta mi pueblo que dista de la capital cordobesa solo 37 kilómetros. Así estaban entonces los medios de transporte de pasajeros.

Aunque parezca casi ridículo, mi padre se llevó a la otra vida la ilusión de haberme visto luciendo los galones de Cabo de la Guardia Civil, que conseguí poco menos de cuatro meses después de su fallecimiento. CINCUENTA Y DOS AÑOS HAN PASADO DESDE AQUEL DÍA. Como solemos decir los viejos: "y parece que fue ayer".

Hasta la próxima entrada.

viernes, 18 de febrero de 2011

Toma de dichos y bautizo



Tal día como hoy, pero de 1956 fue mi toma de dichos, u otorgo, como se decía en mi pueblo. Aquella tarde del citado año, y como es natural juntamente con la entonces mi novia, acompañados por mi suegra, mi cuñado Manolo, y dos amigos, en la Sacristía de la Iglesia del Carmen y ante el Párroco de la misma, dábamos forma a la promesa de nuestro próximo matrimonio. Y haciendo un aparte en esta cuestión, nunca supe, ni tampoco lo pregunté, porqué la toma de dichos tuvimos que llevarla a efecto en la Parroquia del Carmen, cuando la boda se celebró en la Iglesia de San Pedro. El caso es que las amonestaciones, se leían además de en la mencionada Iglesia del Carmen, en la de San Pedro y también como no, en la de mi pueblo.

Aparte del propio acto protocolario efectuado en la Sacristía no hubo ninguna otra celebración. La boda estaba a unos días más de dos meses vista y la cuestión económica no soportaba estipendios ajenos a las necesidades propias y siempre mayores a las calculadas para nuestro enlace.

¡Cuántas cábalas echábamos y esperanzas teníamos aquella pareja de cuatro años de noviazgo! Un recuerdo sobresaliente de todos, que en el tiempo que después estuve con mi novia en su casa aquella noche, era aquel brillo especial que desprendían los ojos de ella y el arrobo con el que nuestras miradas se cruzaban, sin duda premonizando lo que nuestro próximo matrimonio iba a suponer para nuestras vidas.

Trayendo en este momento aquel recuerdo, no he podido evitar que aquellos mis ojos, antes brillantes, hoy bastante ajados por el natural paso del tiempo, queden empañados por las lágrimas, en parte de gratitud por aquellos instantes, en parte por la tristeza que encoje mi ánimo por su pérdida. Y, aunque dejando a un lado aquellos recuerdos, vamos al segundo acto del enunciado de esta entrada, o sea EL BAUTIZO.

Un año exactamente después de nuestra toma de dichos, o sea el 18 de febrero de 1957, bautizábamos a nuestro primer hijo. Diez meses y cuatro días después de la boda vino al mundo. Dos años y dos días después, del matrimonio teníamos dos hijos. Como se ve no perdíamos el tiempo. Todavía no teníamos tele. Pero vamos al bautizo.

El acto religioso se llevó a efecto en la Parroquia de la Divina Pastora sita en la Plaza de Capuchinos y a la cual correspondía el domicilio que fijamos al casarnos, Alameda de Capuchinos 32-34. Tras el bautizo y dentro de la modestia que nuestra situación económica lo permitió, hubo una celebración, que no por lo modesta, resultó menos divertida y alegre. La concurrencia consistió solamente, de los familiares mas allegados y un grupo de cinco o seis compañeros y amigos mios. Cuando el caldo fermentado de la uva comenzó a ejercer sus efectos en los estómagos de algunos de los concurrentes, uno de ellos, que además de buen malagueño, excelente persona, y mejor amigo, estuvo destinado también como Guardia Civil en uno de los puestos cuya demarcación abarcaba buena parte de los montes de Málaga, y para mayor abundamiento se casó con una joven residente en dicha demarcación, se lanzó a cantar verdiales y no había forma de hacerlo callar. Los demás circundantes, comenzando por mí mismo, que tampoco estábamos sedientos del caldo referido anteriormente, celebrábamos con la euforia propia de la circunstancia los cantos de nuestro amigo y compañero. Cuando pasados más de cincuenta años de aquel bautizo, nos hemos reunido en más de una ocasión, el cantante, otro de los que asistieron a los actos y yo mismo, siempre ha salido a colación la sesión de verdiales con que nos deleitó, y también como no, nos atosigó aquella noche. Además del bautizado, los dos que termino de citar y por supuesto yo, creo nadie más existe ya para poder recordar aquella efemérides.

Las once y cuarto de la noche que son en estos momentos, hace cincuenta y cuatro años a estas horas, estaba la fiesta en todo su apogeo. Traerlo al recuerdo, por una parte me encoge el alma al recordar los que faltan, especialmente ELLA; por otra, me llena de satisfacción el contabilizar ha sido una de las muchas ocasiones en que a lo largo de mi larga vida se han prodigado. Hasta la próxima entrada.

domingo, 13 de febrero de 2011

Catorce años

Yo puedo decir que he cumplido 14 años en dos ocasiones. La vez primera fue allá a los veintiséis días de haber terminado la Guerra Civil Española. Aquella, aunque en circunstancias muy especiales, lo era lleno de vida y como consecuencia de esas circunstancias, con una madurez personal bastante superior a la que biológicamente se correspondía.

La segunda, es hoy. Y digo hoy, porque se cumplen catorce años en que por fin, y después de diez días en la UVI del Hospital Parque de San Antonio, los médicos se decidieron a operarme del corazón y cuyos detalles ya apunté en mi entrada del pasado día 3, cuando se cumplía el aniversario del fallecimientos de mi esposa. Aquel 27 de abril de 1939, cumplía catorce años, pero solamente eso, catorce años. Los de hoy, y que como es natural es un cumpleaños virtual, hay que añadirle los casi setenta y dos que ya llevaba como reata aquel 13 de febrero de 1997.

Haciendo un recorrido mental por el paso del tiempo, entonces todo eran esperanzas, ilusiones, incógnitas; cual sería el porvenir que me estaba esperando, en fin todas esas consultas que interiormente y para sí te haces, y que esas incertidumbres te llevan a soñar en no pocos momentos, lo maravilloso que realmente podría acaecer.

Hoy, tras otros catorce años pasados desde la exitosa operación (si exitosa fue para los médicos que diríamos lo fue para mí), lo que antaño eran incógnitas, esperanzas, ilusiones y todas aquellas ensoñaciones que cualquier adolescente normal pueda hacerse, han sido consecuciones de lo que ni siquiera mi corta experiencia hasta entonces paso por la vida podía alcanzar a soñar. Humildemente, hoy vuelvo a confesarme, todas esa felicísimas consecuciones lo han sido mayores a mis propios merecimientos, pero también he de decir, que si Dios o el destino así lo han querido que fueren, sean bienvenidas y como si de algo quizá pueda darme por satisfecho de mi ser, es de ser agradecido, allá van mis más expresivas gracias a quien o quienes, puedan corresponderle todo cuanto me haya sido adjudicado.

De aquel abril de 1939, creo que mis deseos lo eran un tanto egoístas, todo cuanto pedía y esperaba, lo era solo para mí, aunque siendo sincero, algo sentía que también podría alcanzarles a mis padres y hermanos, que bien necesitados de ello lo estaban en aquellos entonces. De este 13 de febrero de 2011, yo y para mí, con poco me doy por satisfecho. Mis ambiciones personales, escasas son; mis fantasías, más que menguadas, podríamos decir que desaparecidas; mis necesidades, tan escasas, que como diría Séneca, para remediarlas "lo poco es mucho", y solo mis súplicas, se van y se quedan hasta el entorno de los míos, que sigan en todo, como lo están hasta ahora. Que así sea.

Hasta otra.

martes, 8 de febrero de 2011

Cosas que el tiempo trae, se lleva o altera

Fuente: "La historia de la "arroba" en

En el día de ayer hablando con uno de mis nietos, salió a colación la palabra arroba y le pregunté si sabía el antecedente de la misma. Como es natural y con toda seguridad como le sucede actualmente a la mayoría de las personas con edad inferior a los cincuenta o sesenta años, solo sabe que (@), arroba, es el símbolo usado en las direcciones del correo electrónico.

El que la arroba no hace tantos años, o por lo menos a mi me lo parece, era una medida de peso y también de volumen, a dichas personas les resulta totalmente desconocido, y aquí reconozco que por mí han pasado ya un montón de años, y también como no, yo sobre ellos. De niño, adolescente e incluso de joven, era habitual presenciar el peso en muchos casos por arrobas y especialmente esto se hacía con los cerdos. En la mayor parte de España, la arroba y que se utilizaba el mismo símbolo de @, como hoy en el correo electrónico, correspondía a un peso de 11'502 kilogramos, pero sin embargo, en Aragón por lo menos, creo, lo era de 12'500 kilogramos.

Por cuanto en la medida de líquidos variaba según la clase de éstos, así la arroba de aceite era de unos 12 litros y sin embargo para el vino, eran 16 litros. Ya en mi entrada juventud, en muchas ocasiones, y sobre todo para calcular el precio, se procedía a su transformación a kilos, que era lo que solía representar el precio.


Otra cuestión, que al escuchar un pasaje del Evangelio leído en la Misa del pasado Domingo, que decía "...tampoco se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín...", en ese momento se me vino a la mente de que la inmensa mayoría de los oyentes, eso de "celemín", le sonaba a chino. Y hete aquí que otra vez tengo que confesar, que como se decía en mis tiempos, no soy un "mozo". El celemín en aquellos tiempos se utilizaba principalmente para la medida de cereales y otros. La medida que mas solía emplearse era la cuartilla, que era la cuarta parte de una fanega. La cuartilla tenía 3 celemines y las inferiores al celemín, era el medio celemín y el cuartillo, correspondiente a la mitad y la cuarta parte del celemín. Empleadas estas medidas en los granos o cereales, se daba la circunstancias de que los granos menudos, como el trigo, la cebada y el centeno, se hacía con la medidas rasada, o sea se pasaba una especie de rodillo sobre la parte superior de la medida y el cereal quedaba a ras de la parte por donde se pasaba el rasero. No así en los granos más gruesos, tales como los garbanzos, la avena, el maíz, habas, etc., en los que las medidas se hacían a colmo, o sea, se estaba echando el grano sobre la medida hasta que rebosaba totalmente. En más de una ocasión y en más de cien, fui a comprar, un celemín, un medio celemín o un cuartillo, de cebada, que era el que solía darse generalmente a los animales domésticos, como gallinas, cabras, caballerías o cerdos.

En casa de mis padres, había una cuartilla, un celemín, un medio celemín y un cuartillo. En la cuartilla, solía mi madre preparar el nidal para las gallinas que echaba a incubar los huevos.

Mis hijos y especialmente mis nietos, dirán "¿Qué cosas tan raras había durante la infancia y juventud de mi padre y mi abuelo?". Igualmente habrá de sucederle a toda persona que me honrare con una entrada a este humilde blog y que no alcance los sesenta, cincuenta o menor edad, pero si se aproximare a la mía, le traerá al recuerdo aquellos pasados y lejanos tiempos. Con estos relatos y durante el tiempo en que los traigo a la memoria y los escribo, me lleva a recrearme por aquella niñez y juventud, tantos años ha que la perdí y que le sucede como al honor, que como dice el primer artículo de la Cartilla de la Guardia Civil, "una vez perdido, no se recobra jamás".

Hasta la próxima entrada.

jueves, 3 de febrero de 2011

Catorce años sin ella


Si en mi entrada del pasado día 27 de enero, consideraba que ese mismo día pero de 1952, había sido el más determinante de toda mi vida y precisamente para bien, el 3 de febrero de 1997, lo fue con diferencia, el más NEFASTO. Todo comenzó a gestarse el día anterior.

Aquel 2 de febrero de 1997, unos minutos después de las cuatro y media de la tarde, un sanitario en el Hospital Parque de San Antonio de esta capital, y en una camilla, conducía a mi mujer a los quirófanos de dicho centro para ser operada, por cuarta o quinta vez, ya no sé, en poco más de tres años, de su deteriorado aparato digestivo. Si cuando hacía cuarenta y cinco años y una semana que la conocí, lo que mas me impactó desde el primer momento fue aquella sonrisa emitida por una mujer que terminaba de cumplir 17 años, llena de vida, y que siempre llevé impreso en mi mente aquel recuerdo, esa tarde del dos de febrero, aunque tanto mis hijos como yo, antes de salir de la Sala hacia quirófanos ya la habíamos besado y desearle suerte, yo la acompañaba hasta su entrada en el ascensor que había de transportarla. Sujetando la puerta del mismo para facilitar la entrada de la camilla y ya una vez dentro, posiblemente para darme ánimo a mí, trató de dirigirme una de aquellas sonrisas como ella solo sabía hacerlo, a la vez que con la mano trato de decirme adiós. Todo fue un remedo. Sus facultades físicas tan mermadas, solo consiguieron mostrar levemente parte de su blanquísima dentadura. Su mano derecha no consiguió levantarla creo más de tres o cuatro centímetros. Aquello fue lo último que vi de ella. El ruido característico del ascensor descendiendo, surtieron en mis sentimientos el efecto de una marcha fúnebre. Aquello, quizá agravó un tanto el malestar físico que yo llevaba sintiendo desde hacía un par de días. A partir de esos momentos comencé a perder la noción del tiempo e incluso de mi propia existencia. Me movía creo que solo a impulsos de la inercia.

Podrían ser algo mas de las ocho de tarde, cuando el propio cirujano que la había operado, acompañado de algunos compañeros que le habían ayudado en la intervención, a mis hijos y a mí, nos facilitaba la desalentadora noticia del resultado. "Durante la operación, Gloria ha sufrido unos vómitos y se le han encharcado los pulmones, La cosa es bastante seria". Si queréis podéis pasar a la UVI para verla. Mis hijos pasaron los tres. Yo no lo hice, ya no era dueño de mis decisiones. Poco después mis dos hijos varones y yo nos íbamos a mi casa. Mi hija que estaba sobre el 7º mes de gestación de su segundo hijo, se marchó a la suya.

Minutos antes de las ocho de la mañana del siguiente día, 3 de febrero de 1997, sonaba el teléfono de mi casa. Al otro lado del hilo telefónico, la voz del propio cirujano. Mi hijo mayor recibía la noticia. "Tu madre ha empeorado, veniros para acá". Esto se lo transmitíamos a mi hija. Ellos tres fueron a verla a la UVI. Yo quedaba en la sala de espera sumido en un estado que parecía irme alejando de cualquier realidad de este mundo. No se que tiempo habría pasado, recobrando un tanto mi propia conciencia, me di cuenta estaba en la sala de urgencias del hospital y tenía conectadas unas cuantas cosas. Las únicas palabras que salían de mi ser, eran preguntarles a mis hijos por su madre. Creo que un par de horas después me trasladaron a planta. Un fuerte dolor en el pecho puso en movimiento al médico de guardia y vario personal sanitario más, de lo que solo recuerdo haber captado, las peticiones de bolsas de sangre. Mi último recuerdo de aquellos momentos, fueron la de la entrada en la sala donde yo estaba, del Doctor José María Rodríguez, que había sido quien operó a mi mujer. Sé que le pregunté cómo estaba mi mujer. Su lacónica respuesta fue: "Gloria está mejor". Y me preguntó como seguía yo. Sé que le respondí: "yo estoy mejor". La realidad es que iba a comunicarle a mis hijos que su madre terminaba de fallecer. Yo sin tener noticia de ello, a partir de aquel instante perdía totalmente la conciencia. Cinco minutos después ingresaba en la UVI, con el siguiente diagnóstico. " Neumonía, hemorragia gástrica severa, precisando transfusión y angina post-infarto".

A las cinco de la tarde de aquél aciago 3 de febrero de 1997, mi hijos se encontraban con su madre fallecida y su padre en la UVI. En esta situación permanecí durante diez días, volviendo en sí durante ese tiempo creo que en tres o cuatro ocasiones solamente y motivado cuando percibía la voz de algunos de mis hijos y recuerdo que en alguna ocasión le preguntaba por su madre.

Su ausencia dejó en mi vida tal vacío, que aún pasados catorce años, especialmente en esas largas soledades de las noches, cierro los ojos y trayendo a la mente tantos felices recuerdos, siempre hay alguna lágrima dispuesta a volver a mis ojos, llorando su PÉRDIDA.

El día 13 de febrero y en vista de que yo no me iba como temían los médicos en busca de mi mujer, decidieron operarme, para lo cual y extrayéndome la vena safena interna de la pierna derecha, me colocaron, casi un acueducto, o sea tres puentes, en los conductos del corazón que se hallaban casi totalmente obstruidos.

Yo siempre en mis conversaciones con unos cuantos matrimonios amigos que salíamos juntos todas las semanas, decía siempre que si mi mujer moría yo quería hacerlo a la par que ella. Estos amigos, en aquellos momentos de los sucesos relatados, se decían unos a otros, "pero como Rafael se va a salir con la suya". Esto no lo quiso Dios, pasados CATORCE AÑOS, aquí sigo y la única satisfacción es que su solo recuerdo sigue alimentando mi existencia.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Entrada obligada



Aunque en vísperas de una entrada de lo que nunca hubiere querido tratar, lo hago en el día de hoy, con el solo propósito de cumplir con una obligación que sin causa justificada la he venido demorando en demasía. Esta obligación no es otra que la de manifestar mi gratitud a todas aquellas personas que me han honrado con su entrada en este humilde blog, con mas o menos asiduidad, pero que para mí son todas iguales.

Cuando el propósito y el único valor de cuanto en él he venido relatando hasta ahora, no era, y no lo es otro, que el traer a la actualidad aquellos recuerdos que por razones de mi ya larga vida se me han ido sucediendo en el tiempo, y que aun suponiendo pudieran interesar solo a mis familiares y amigos mas allegados, he sido gratamente sorprendido por esas entradas a cuyos autores reitero mi profundo agradecimiento.

Algunas de esas personas han dejado su recuerdo, con cuyas opiniones estoy totalmente de acuerdo. Una de ellas y creo lo ha sido en mi entrada del pasado 27 de enero verificado por una paisana, y digo paisana, porque según ella reside en Málaga como yo, me daba un calificativo del que me ha hecho a la vez que gracia, mucha ilusión, dado a que en principio la que era mi novia y después mi mujer, cada vez que salía a colación aquella situación, me lo hacía con la mismísima connotación. Al principio me decía "es que tú eres un pinta", en presente, pero que con el paso del tiempo lo cambió, por la de pasado, igual que ha hecho mi paisana, de que yo "era un pinta". Algo he ganado además de años.

GRACIAS A TODOS. Hasta mañana.

Nota del editor: el que quiera entender, que entienda. Perdón.