viernes, 2 de diciembre de 2016

Pelando la pava


Hallándonos próximos a las fiestas de la Navidad,y dándole vueltas al meollo sobre los villancincos que allá en mi niñez y juventud solían cantarse en mi pueblo, se me ha venido al recuerdo uno, que aunque hace algunos años no lo he oído cantar, y que decía así:


Esta noche es Nochebuena,
y no se pela la pava,
que están los novios borrachos,
y se les cae la baba.

Seguramente la inmensa mayoría de la juventud actual ni siquiera sabe lo que significa pelar la pava. Pues para aclarárselo si alguno no lo sabe, se decía pelar pava a cuando los novios solían hablar entre ellos, por ejemplo en el interior de la casa de la novia, dándose la circunstancia que ello se hacía siempre bajo una vigilancia ejercida generalmente por la propia madre de la misma, a cuya persona que realizaba tal cometido, se le llamaba "carabina". Tal misión, solo tenía por objeto el evitar que los novios se tocaran o besaran entre ellos, cuestión que ademas de considerarse que eso era pecado, especialmente las madres de las novias, trataban de evitarlo a toda costa, que en ello dependía la honra de su hija.

Precisamente yo, pelé la pava en dos o tres circunstancias diferentes, o sea con novias distintas, pero la última lo fue por espacio de cuatro años y dos meses, sin que cuando se hacía en casa de la prometida, nunca me faltó la presencia de la carabina, y en una ocasión en que la misma se levantó para ir a la cocina a echar un vistazo a la comida que estaba haciendo, al regresar nos sorprendió dándonos un beso a lo que no pudiendo reprimirse de llamar la atención, dirigiéndose a su hija, le dijo que ¿¡QUÉ ERA ESO!?, a lo que contestó a la pregunta de su madre: "Pues que nos estábamos dando un beso, o es que no lo has visto". Yo agaché la cabeza y creo que hasta me ruboricé.

Si los padres de la gente de mi generación, como suele decirse, levantaran la cabeza y vieran el como se desenvuelven hoy los noviazgos, volvían a morirse de ver lo que considerarían las sinvergonzonerías de como lo hacen. Y todo aquello que seguramente se había venido practicando durante siglos, en unos cincuenta años, se ha transformado en lo que hoy son esas relaciones.

Según unas exploraciones que yo he realizado para conocer de donde viene esa expresión de "pelar la pava" a cuando están hablando los novios, parece ser que "una señora mandó a la criada a desplumar una pava que iban a preparar para cocinarla, cuya misión estaba realizando en una habitación junto a la ventana, y estando en ello. llegó su novio y se pusieron a platicar, y como quiera que tardaba la sirvienta en regresar con la pava desplumada, dando una voz le preguntó que por qué tardaba tanto, contestándole la misma, señora "QUE ESTOY PELANDO LA PAVA".

   Como no, según algunas fuentes, el origen de la susodicha frase no pudo ser en otro lugar que no fuera Andalucía. 

En mis tiempos, como a los mayores nos gusta decir, el noviazgo se iniciaba primero por la calle, o en el paseo, aprovechando la salida de la pretendida, una vez formalizado el noviazgo que se consideraba como tal, cuando se daba el primer beso aprovechando cualquier descuido. De ahí se pasaba a hacerlo bien en la puerta de la casa o a través de una ventana de alguna habitación, la novia por dentro y el novio en la calle, que como claro era la vía pública se hacía sin pedir permiso, y de ahí, cuando ya el noviazgo estaba formalizado y las familias de uno y otro estaban al tanto de ello, se pedía permiso, generalmente al padre de la novia, que entonces se consideraba el cabeza de familia,  para entrar en la casa  donde se pelaba la pava como ha quedado señalado.

Si la época de hablar en la puerta o a través de la ventana era en invierno, el pobre novio pasaba mas frío que lavando rábanos como suele decirse, y más de una vez volvía a su casa empapado de la lluvia que le había caído encima.

Para la mayoría de los escasos que paséis la vista sobre esta entrada os parecerá que esto son cosas de la Edad Media, pero como he citado antes, yo he pelado las pava en esas condiciones y pedido permiso para entrar en la casa en tres ocasiones.  Las circunstancias, así me lo pusieron.

Hasta la próxima.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Migas "perdías"


Llevamos en Málaga mas de cuarenta horas sin dejar de llover. El río Guadalmedina, que parte la ciudad en dos, va como hacía años no lo veía. No es que se vaya a desbordar, pero tampoco sería extraño si continua lloviendo y por más que estamos en alerta naranja. Pero, en fin, hasta ahora no ha llovido torrencialmente y está remediando la sequía que padecíamos.

Hecha esta narración, por lo que respecta a como diríamos una crónica malagueña, vayamos al motivo del título de la entrada de hoy, y ya hay que volver cuando menos setenta años atrás.

Dando ese salto hacia atrás en el tiempo, y sobre todo cuando se estaba en las faenas de la recolección de la aceituna, como no, allá en La Calera, cuando amanecía un día así de lluvioso, como hoy lo está aquí en Málaga, comenzando por el propio manijero de la faneguería, cuando se levantaba, solía dar la voz de "hoy migas perdidas". Ello quería decir que como no se podía ir a trabajar, no se cobraba el jornal correspondiente, cuestión que en los inviernos lluviosos, época de la recolección, no era un día solo el que no se podía ir al trabajo.

El único año que yo estuve realizando el vareo, cuando solo hacía lloviznar, recuerdo que en la vara utilizada para la faena y un poco por encima de donde se cogía con la mano derecha, con unos pastos de hierbas algo largas, rodeábamos la vara con una especie de rosco a fin que al resbalar el agua por la misma, se impedía en que llegara a la boca manga y entrara por el brazo, lo que además de que te mojaba todo el cuerpo, resultaba muy desagradable por lo fría que chorreaba vara abajo.

Sin embargo los tres años que yo trabajaba en la llamada almazara, pero en argot molinero, era la "molina", un día de agua lo festejábamos por todo lo alto, ya que nosotros como faenábamos bajo techo, no perdíamos el jornal, y los vareadores, y las recogedoras, que siempre eran mujeres, si habían de holgar forzosamente, y aquel día había baile tarde y noche. Pero si nos fastidiaba el día que estábamos en el segundo "relevo" que se hacía de 14 a 22 horas, y el baile de la tarde se perdía.

Estos bailes eran para nosotros, los que estábamos casi todo el año trabajando en dicha finca, dado a que se nos pasaban los meses y los meses si ver siquiera una mujer, pues en el caserío solo estaba la mujer del casero y a lo mejor se nos pasaban hasta semanas sin verla siquiera.

Independientemente del relato sobre las "migas perdías", había un refrán específico para un día lluvioso en el que no se podía ir a trabajar al campo: "Día de agua, taberna y fragua".

A la taberna generalmente iban los jornaleros, que en la mayoría de sus trabajos solían trabajar con herramientas del patrón, o de "el señorito", aunque esto ya no se decía en mis tiempos, si no en los anteriores. Y lo de fragua, era que los labradores, ese día que no podían ir al campo, lo dedicaban a llevar a la fragua las herramientas que precisaban de cualquier arreglo o reparación, tales como las rejas y las tejas de los arados, que se les denominaba de  "vertedera", azadas, hachas, hocinos y todas aquellas que se fabricaban o arreglaban en las dos fraguas que entonces había en mi pueblo, propiedad de dos hermanos, uno era conocido por Ovidio, como era su nombre, y el otro por su apodo de "Carita".

Recuedo que Ovidio, uno de sus hijos llamado Manolo era amigo mío, y cuando no iba a la escuela estaba en la fragua y lo ponía su padre a manejar el fuelle para dar aire al carbón de la candela de la fragua donde colocaban las herramientas para ponerlas al rojo vivo, y aunque mi amigo Manolo no dejaba de tener el fuelle en movimiento, su padre, cada no mas de quince o veinte segundo seguidos, no dejaba de soltar como un latiguillo la palabra "aire", "aire", y así repetido todo el tiempo que estaba la herramienta en la candela, y que una vez sacada, Manolo había de tomar el "macho" como denominaban al martillo mas grande y gordo, que machacaba donde su padre, el maestro, le iba indicando con el martillo pequeño. Esta última narración me ha llevado a mi niñez, cuando yo llevaba mi rueda de hierro o mi "guiador", que se usaba para conducir la misma, a fin de que me la reparan o arreglaran, por cierto gratuitamente.

Como nos suele gustar decir a los "viejos", ¡qué tiempos aquellos!

Hasta la próxima.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Duro y penoso trabajo

Ecomuseo de Guinea
El Golfo, Isla de El Hierro

Hoy circulando por cualquier calle de Málaga, es difícil no tropezarse con alguna obra en ejecución. Para la mayoría de  todo trabajo en obras se utilizan actualmente herramientas que hacen mas llevadero y cómodo su realización por los trabajadores.

Dándole vueltas al magín me ha venido al recuerdo una clase de trabajo, que aunque por suerte yo no llegué nunca a realizar, pero si mi padre se vio obligado a practicarlo en mas de una ocasión, y era lo que en aquellos tiempos se le llamaba "machacar piedra". Aquello no era nada más que convertir la piedra en grava, y que como siempre, entonces se utilizaba en la construcción y reparación de carreteras especialmente, pero totalmente diferente el medio en el que dicha piedra era transformada en grava, ya que había que realizarlo personalmente por el trabajador, por medio de una especie de martillo, el que era de hierro acerado, del  tamaño del puño mediano de un hombre, y al que se le colocaba un mango bastante largo a fin de darle mayor fuerza y que al golpear la piedra, se consiguiera ir convirtiéndola en pequeños trozos, o sea en grava.

Para dicho trabajo, los obreros habían de colocarse unas espinilleras hechas por ellos mismos a mano, de cualquier materia, especialmente de neumáticos, y que habían de cubrirle como mínimo desde la rodilla al empeine del pie, dado a que los trozos de la piedra al ser golpeada, en la mayoría de las ocasiones saltaba con tal fuerza que de no tener colocadas las espinilleras la simple tela, o pana, del pantalón no era lo suficiente para evitar que le produjeran heridas. Casi siempre, del mismo material que se hacían las espinilleras, se fabricaban una especie de calzado al que se le llamaban albarcas, o abarcas, que igualmente les servían para guarecerse los pies de sufrir heridas.

También, como  al golpear el "porrillo" contra la piedra, la que habían de sostener con el propio pie del trabajador, la manos que sostenían el mango, recibían el efecto tan fuerte de aquellos contactos, que asimismo habían de colocarse una especie de vendas con el fin de neutralizar en lo posible el que le causaran heridas en las mismas, las que no obstante ello, era inevitable el que siempre las  tenían llenas de llagas.

Tan duro y penoso era aquel trabajo, que solamente los obreros se prestaban a ello, en las épocas de paro casi general, particularmente como sucedía en mi pueblo, cuando se terminaba la  recolección de los cereales en verano, y se dedicaban a machacar piedra  o en la casa no entraba dinero alguno, y las necesidades y carencias eran tales. que no había mas remedio que afrontar aquellas penalidades.

Yo en una ocasión y por espacio creo que de poco mas o menos diez o doce días, lo que si hice, fue el acarrear la piedra, para lo que recuerdo hube de pedir un burro prestado, y especialmente de los arroyos llenaba el serón de piedras, que  se les llamaba "cantos rodados", las iba echando en un cajón, que tenía una medida de un metro cúbico, y  que me lo pagaban a cinco pesetas el metro. Casi todos los días conseguía completar dos metros, tras estar diez o doce horas recogiendo y porteando piedras. Pese a todo, era mucho mejor que el machacarlas.

Ahí queda eso, para quienes actualmente se quejan de las durezas y penalidades del trabajo, y es que entonces no había otro modo o forma de realizarlo, y la necesidad obligaba.

Lo dejo aquí, que me parece que hasta me han salido llagas en las manos nada mas que de recordarlo. Y menos mal que la última etapa de mi vida, lo está siendo, sin punto de comparación, mucho mejor que como mi padre cuando yo era niño, hubieron de "machacar piedra".

Hasta la próxima, que me buscaré un trabajo más llevadero.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Montanera y Matanza.

La Matanza de Acentejo

Por estar en plena época de la bellota, se me ha venido al pensamiento tratar hoy sobre la montanera, que se trata del engorde del cerdo por el sistema conocido por dicho procedimiento.

Muchas veces hemos observado en los establecimientos donde se venden jamones y carnes del cerdo en los que se indican, distintos métodos del engorde del animal, como pienso, bellota montanera y otros.


Como he citado en el título, señalaré que el no va más de la calidad de la carne del cerdo ibérico es el engorde por el procedimiento o modo de la montanera. Esto consiste en que los cerdos se tienen pastando en la dehesa mientras los porqueros les varean las bellotas de las encinas, y así al intervenir la alimentación del fruto de la bellota y el aporte de las tiernas hierbas del campo  que suelen salir con las primeras aguas del otoño, le dan a la susodicha carne ese aroma y sabor tan especial y que resulta una delicia el consumirla.



Pero aparte de lo señalado, quiero citar unos requisitos para que eso resulte tal queda indicado, que por ejemplo en mi pueblo, y en los del Valle de los Pedroches y de Extremadura son más que conocidos, por ejemplo en las gentes de aquí de Málaga y las grandes ciudades le resultaran totalmente novedosos y es lo siguiente.


A fin de que los cerdos echados a la montanera coman solo la bellota y las hierbas del campo, se ensortijan antes de comenzar la temporada y que consiste en colocarles en la parte delantera y superior del hocico, o "jeta", como se dice en mi pueblo, un pequeño arete metálico,  con lo que les impide el que puedan hozar en la tierra, por serle doloroso,  sacar e ingerir las lombrices que también con las primeras aguas del otoño suelen desarrollarse, que les resultan un bocado exquisito, y con ello dejan de comer el fruto citado y las hierbas como se ha indicado anteriormente, y en vez de conseguir el engorde deseado, incluso llegarían a perder peso del que tenían cuando comenzó la montanera.



Otro de los detalles que asimismo resultaran totalmente desconocidos para las gentes que antes señalaba, es que sobre todo los cerdos machos, antes de comenzar su engorde, generalmente en verano, y casi en su totalidad, incluso el año anterior, o cuando son jóvenes, hay que castrarlos o "caparlos" como se dice en el argot popular, dado a que de no hacerlo así, la carne de los mismos tienen un sabor y un olor tan desagradable que no hay cristiano, y nunca mejor dicho lo de cristiano, que sea capaz de ingerir ni sus jamones, ni sus tocinos, ni nada de sus carnes. En ocasiones las hembras también suelen castrarse, pero solo con el fin de que no entren en celo y con ello no comerían como lo hacen sin estar en tal estado.


En algún momento de estar escribiendo esta entrada, se me ha venido al recuerdo de cuando yo era niño, que en las matanzas, las quijadas de los animales que se sacrificaban, que nosotros las llamábamos "mocarra", se nos daban y nos íbamos a las afueras del pueblo donde haciendo lumbres con leña recolectada, las asábamos y allí nos las merendábamos con gran festividad. La última de la que yo pude tomar parte lo fue hace como mínimo mas de ochenta años. Muchas veces estaban llenas de cenizas o restos de pastos o hierbas, a medio asar. pero como salieran, así tal las comíamos.


Espero haya conseguido llegar alguna novedad sobre el particular de los jamones y carne del cerdo ibérico engordado en montanera a alguno de los escasos lectores que lleguen a entrar en "Montanera y matanza".



Hasta la próxima.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Otro doloroso adiós

Ayer dimos el último adiós a mi cuñada Margarita Agua Ruiz, "Margari" como era conocida. En una de mis últimas entradas señalaba que las vidas prolongadas, uno de los tributos que se pagan es el tener que decir adiós para siempre a seres queridos. Éste de ayer, ha sido, aparte de sus hijas nietos y resto de familia íntima, para mis hijos, para mi extraordinaria amiga Carmen, y especialmente para mí, el desgarro de otro jirón del alma. Sí, así tal suena.

Margarí había sido la esposa de un hermano de mi mujer, de cuyo acto de la boda fuimos padrinos, y que dentro de poco más de un mes, se cumplirán los treinta años de su viudedad, y también casi veinte de la mía. Durante el tiempo que vivieron los dos hermanos, la relación de ambos matrimonios, no es que fuera solo cordíal, sino una entrañable unión, al punto de que Margari no era una cuñada más, sino que era tal, que desde y a partir de su matrimonio, y hasta hoy, era otra hermana mas que el destino me había regalado.


Hacer mención de como fue Margari a lo largo de toda su vida, y si hubiera que hacerla con solo una corta frase, podíamos decir que "era una bellísima persona." Pero para como realmente lo fue, esto sería demasiado escueto para como se merecía. A Margari le había dado Dios esa bonhomía, que por doquier fuera, iba derramando bondad por todos los poros de su cuerpo, A esto tenía, el añadído de entregar todo su cariño, a toda persona con la que  tuviere trato cotidiano.

Durante el tiempo que su cuñada Gloria, mi mujer, estuvo enferma. no solo me prestó su ayuda para cuidarla, si no que compartimos tal cometido, y que lo hizo con una entrega que lo era con esa cualidad como yo podría hacerlo, lo que siempre le demostré mi total agradecimiento.

Cada vez que fallece una persona suele hacérsele un panegírico de lo que fue en vida, pero a mi cuñada, o yo digo, hermana, Margari, siempre por cuanto lo hacía mi mujer antes de su fallecimiento, lo han hecho mis hijos, lo ha hecho mi citada amiga Carmen, y como no podía ser menos por mí mismo, cada vez que a ella nos referíamos en cual comentario, se hacía con frases mostrando la condición y comportamiento a como ella en realidad era.

Hoy, quisiera estar dotado de las facultades para poder dejar escrito en esta entrada, todo cuanto ella merecía, yo le debía y sentía por ella, pero si no lo son con frases floridas y literarias tal deseo, si puedo decir que cuanto dejo señalado desde el principio, llevan la mejor de las intenciones y sentidas que de lo mas profundo del alma me han salido.

Margari, tan pronto llegues a unirte a Manolo, el que fue tu marido, y a Gloria su hermana, la que fue mi mujer, que seguro es en las terrazas del paraíso, abrazaros los tres, y saber que yo desde este mundo que vosotros ya habéis abandonado, me uno a él y aquí quedo esperando hasta que Dios quiera reclamarme.


Hasta la próxima entrada, cuyo tema deseo no sea el mismo de hoy.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Costumbres y oficios ya pasados

 Monumento a Colón, Barcelona

Como he citado ya muchas veces de que hay quien dice que soy "mu pensaor" y haciendo un revoltijo de la fecha del 12 de octubre, el descubrimiento de América y la ciudad italiana de Génova en que recientemente ha estado, quien dice de mi eso de pensaor, de donde  era natural Cristobal Colón, he sacado el motivo de la entrada de hoy en el blog.

Tomando al descubridor de América como punto de partida, y según yo estudie cuando estuve en la escuela, el mismo como he citado, era natural de Génova, e hijo de un "cardador de lana". Este oficio consistía, porque creo ya se hace de otra forma mas moderna, en quitar las impurezas de la lana  una vez eran trasquiladas las ovejas. Dichas impurezas consistían especialmente, en que como ese pelo de las ovejas, y carneros también, que para eso hay jóvenes y 'jóvenas', cuando están pastando en el campo, se le adhieren muchos trozos minúsculos de pastos, semillas y otros, así como también de dormir sobre los excrementos propios, suelen ensuciarse, y así cuando, como he citado se procede en la entrada del verano a la esquila de los mismos, los vellones que conforman el que se consigue de cada animal, tenían que ser limpiados de esas impurezas y posteriormente se procedía al lavado de los mismos, a fin de poder tejerse las correspondientes telas.

 Monumento a Colón, Barcelona

Una vez citado lo anterior, ahora diré que cuando yo era joven, en mi pueblo había la costumbre que para los casamientos, los muebles del dormitorio los aportaba el novio, y los enseres para la cama, entre los que como es natural era el colchón, lo ponía la novia. Aunque no totalmente generalizado, entonces en las cama se colocaban dos colchones, uno el de abajo, relleno de farfolla que eran una especie de envolturas de las mazorcas del maíz, y el colchón de arriba era de lana pura.

Para ello solían comprarse los vellones que se estimaban pertinentes para rellenar el colchón, y se hacía tal como los esquiladores los conseguían al trasquilar los animales. Primero había que quitar las impurezas, que era como suele decirse una tarea de chinos, por lo engorroso de quitar las pequeñas partículas adheridas al propio pelo que realmente eran infinidad.

Una prima mía, aunque tres o cuatro años más joven que yo, se casó unos cuantos antes y con tiempo suficiente antes de la boda, compró no se cuantos vellones serían, y como existía también la costumbre de que amigos y familiares de los novios, generalmente jóvenes, ayudaban a cardar la lana, pues en tal  caso, yo como de costumbre también estuve metido en aquel jaleo. Nos juntábamos por lo menos ocho o diez personas y estuvimos unas cuantas noches, durante tres o cuatro horas cada una, hasta terminar nuestra misión, y cuando se terminaban como citaba anteriormente se procedía a su lavado, que generalmente la extendían sobre mantas o sábanas que ya no se echaban en la cama, se procedía a su secado, que si no era en verano, tardaban dos o tres días en hacerlo y estar en condiciones de meterla dentro del colchón.

De aquellas reuniones se decía que salían nuevos noviazgos y yo estuve a punto de que se diera tal circunstancia, que lo fue con una amiga y vecina de la novia, y que precisamente tuve noticia hace unos meses de que había fallecido.

Aquellos colchones de lana, lo recuerdo porque los había en casa de mis padres, como el colchón no estuviera muy lleno, cuando te acostabas se hundía con el peso del cuerpo, aunque en aquellos entonces, yo no solía tener muchos kilos. Para hacer la cama recuerdo que mi madre se pasaba un rato ahuecando la que solía aplastarse bastante durante toda la noche.

Ni aquellos colchones existen ya, y como es natural el cardado de la lana, no se como se hace ahora, pero seguro no tiene nada que ver a como se hacía, cuando menos para llenar los  de los que se iban a casar. Tan poco aquellas circunstancias que aprovechábamos para estar unas horas junto a las jóvenes, que eran oportunidades que no se daban todos los días y que tan a gusto nos hallábamos, y el solo estar narrándolo ahora, casi me ruborizo de ver como lo celebrábamos, y que a como se reúnen o junta ahora la juventud hay seguro mas diferencia que pueda haber en el modo y manera del  cardado de la lana.

De aquellos tiempos procedo yo.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Feliz recompensa


Actualidad Noticias VERGONZOSO IMPAGO DE NOMINA A CIENTOS DE GUARDIAS CIVILES DE TRAFICO


Hoy se ha cumplido una semana de la festividad del 12 de de octubre, festividad de la Santísima Virgen del Pilar Patrona de la Guardia Civil. Este año he tenido la suerte de ser invitado a la cena de gala que con tal motivo se celebró el viernes día siete, en la residencia Militar Castañón de Mena de esta ciudad, y a los actos propiamente dichos de la Patrona en el Acuartelamiento de los Ángeles, donde pasé los diez últimos años de mi servicio activo en el Cuerpo.

Mi familia más íntima, así como amistades y personas mas cercanas, sabéis lo que para mí la Guardia Civil, supuso, lo sigue suponiendo, y lo seguirá  mientras viva, mi algo mas de treinta y un años perteneciendo a la misma.

Reconociendo lo insignificante que pueda ser, de los escasos valores que pudiera estar dotado, jamás durante el tiempo de mi permanencia en el Cuerpo, escatimé la entrega total y absoluta de los mismos, y no es que ello supusiera sacrificio alguno, sino que al hacerlo  con el cariño que tan dentro de mí llevaba, que al igual que sucede con las personas que amamos de verdad, lo que tal vez para otras cuestiones o personas que no lo fueran ni, en mi caso para otra que tampoco se tratara de la Guardia Civil, a lo mejor el paso de muchas horas, acaecidas en no pocas ocasiones, en la realización de cualquier servicio o misión encomendada, en vez de que pudiera considerarlo como un sacrificio, me resultaba tan gratificante, que podrá parecer una incongruencia, pero doy mi palabra de que hasta me resultaba placentero. Tanto agradecimiento sentía, y así lo sigo, de cuanto me aportaba mi pertenencia al Cuerpo, al punto de que llegaba hasta considerar, que yo no le daba todo cuanto debía.

Si como he dicho en muchas ocasiones, mi paso por este Instituto al que amo con todas las fuerzas que Dios pudo darme, y dándomelas sigue, me permitió en todos los órdenes, profesionales, particulares y sobre todo familiares, el caminar por ese sendero de dicha y felicidad durante todo el tiempo que permanecí en activo, cuyas consecuencias se han extendido hasta los mas de treinta y cinco años que llevo en situación de "retirado", palabra que siempre hemos utilizado los civiles cuando pasamos a la situación de jubilados.

Todo este largo preámbulo que he colocado, quizás innecesario, tiene por objeto el señalar, que en los dos actos que la pasada semana asistí con motivo de la celebración de la patrona, en la cena, tuvieron la deferencia de señalarme para que en compañía del Subdelegado del Gobierno, que asistía a la misma, cortara la tarta que como postre tenían preparada.

En los actos celebrados el día de la Patrona, me hicieron entrega de una placa de la "Hermandad de la Expiración", como la Guardia Civil lo dice cuando se refieren a la misma, en la que se me ofrecía con motivo de ser el Suboficial de mayor edad de los residentes en Málaga.

Todo ello, ha sido obra del Coronel Jefe de la Comandancia, al que por supuesto le dí las gracias en varios momentos de los actos, y a estas alturas de mi discurrir por la vida, ha sido el colofón de las recompensas que se me hayan podido ofrecer, y donde ahora si puedo decir alto, claro y con toda rotundidad que LA GUARDIA CIVIL, no solo me ha dado mucho mas de lo que yo pude entregarle a lo largo de mi permanencia en activo, si no que hasta lo considero superior a cuanto haya podido merecer y cuyo recuerdo lo llevaré grabado hasta el fin de mis días.

GUARDIA CIVIL, MUCHAS GRACIAS.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 13 de octubre de 2016

Pero 44 años antes


Tal día como hoy, 13 de octubre, pero de 1972, hace por lo tanto cuarenta y cuatro años, aparecía en la pagina 26 del Diario Sur de esta ciudad de Málaga, entre otras noticias, la imposición el día anterior, con motivo de la festividad de la patrona de dicho Instituto, nuestra Señora la Virgen del Pilar, al Sargento de la Guardia Civil, con destino en el Servicio de información de la Comandancia Don Rafael Galán Rodríguez, por el General Gobernador Militar de la plaza y provincia de Málaga, de la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, como premio a los servicios prestados por el referido Suboficial.

De dicho acto y motivo, se acompaña fotografía, así como copia de la carta que el Excmo. Sr. Teniente General Director General del Cuerpo, felicitaba al Sargento Galán.


Aquello era una recompensa a su cotidiano y meritorio trabajo. Lo de ayer una muestra de agradecimiento al sacrificio de aquellos que con escasos medios, pero con sobrada vocación y sin reparar en las muchas horas empleadas en su abnegado quehacer, escasamente remunerado, continuaban dejando al Cuerpo a que pertenecían, el lugar que meritoriamente, se había dado la catalogación de "BENEMÉRITO".

"Ganábamos 609 pesetas, el vehículo más rápido que teníamos era la bicicleta"

Rafael Galán, veterano de la Guardia Civil con 91 años, recuerda el quíntuple asesinato de unos pesqueros.




Ha cumplido 91 años y se aferra a la vida pero también a su joven pasado triunfal. Ese en el que metió entre rejas a los tres autores de un quíntuple asesinato de la dotación de un barco pesquero con base en Tánger en el que viajaban ocho personas. Rafael Galán, ayer homenajeado por erigirse en el subteniente de la Guardia Civil más veterano de la Comandancia de Málaga, se mueve con la misma agilidad con que maneja el cargador de su memoria, que ahora refleja en un blog. ¿La fórmula? Ser "buena persona", aunque, reconoce, "cuidarse está bien". 


Entre las fechas grabadas a fuego, rescata sin dubitar aquel 24 de diciembre del año 50 en que resultó herido de un disparo "que se le escapó a un compañero". Ingresó en el Cuerpo hacía solo nueve meses. "Estábamos en el puesto de playas, aislados completamente. Pasé la noche en la cama, el médico me hizo una cura. Había que taponarme el orificio de entrada y salida", explicó. Allí permaneció hasta el día siguiente, cuando llegó a Málaga en un coche de la compañía de Antonio Machín. 



De su trayectoria en el Servicio de Información del Instituto Armado, este cordobés, vecino de Málaga desde hace 66 años, recuerda también con orgullo el día en que descubrió a Eleuterio Sánchez, conocido como El Lute, el preso más famoso del Franquismo, que se había fugado de la cárcel del Puerto de Santa María y se refugió en Mangas Verdes. "Recuperé a los dos hijos que le había quitado a su madre verdadera y los llevé al aeropuerto", relató. 



Su pena, se lamenta, es haber perdido ya a compañeros con los que durante tantos años compartió reconocimientos y vivencias de una época en la que ganaban "609 pesetas al mes" y el vehículo más rapido que tenían "era la bicicleta". "Se van quedando en el camino amigos y familiares. Solía ir a comer con ellos", expresó Rafael, que con la voz quebrada recomienda a las nuevas generaciones "mantener el honor", que una vez que se pierde "no se recobra jamás". 

(...)

Historias de héroes anónimos

La Guardia Civil reconoce los méritos de sus agentes durante los actos de celebración del día de su patrona. Rafael Galán y Francisco Martín le ponen nombre propio a las vivencias y al trabajo que cada día realizan los agentes del Instituto Armado.


Una escuadra de guardias civiles avanzaba solemne hacia su patrona, la Virgen del Pilar. Iba a depositar una ofrenda floral en honor de los agentes que ya nunca volverán a estar junto a sus compañeros. Rafael Galán los observaba mientras su memoria le invitaba a un fugaz viaje por el pasado. Sus puños se cerraban y la emoción le embriagaba, así comenzaba la travesía. 

Rafael es el agente, ya retirado, más veterano que hay en la provincia de Málaga. Ayer acudió a los actos que la Guardia Civil organizaba con motivo de su patrona en la Comandancia de la capital. Mientras la lluvia caía sobre los tricornios de los agentes de la escuadra, sus recuerdos le arrastraban 66 años atrás, cuando ingresó en el Instituto Armado.

Pocos meses después, un tiro en la rodilla le dio la bienvenida al cuerpo. A sus 91 años, no ha perdido un ápice de fortaleza, con una memoria envidiable que le recordaba momentos de su vida en los que perseguía por Málaga a Eleuterio Sánchez El Lute o en los que llegó a esclarecer un quíntuple homicidio de unos pescadores en alta mar.

El cuerpo ha cambiado mucho desde entonces, cuando «la bicicleta era el vehículo más rápido» del que disponía. Pero es cierto que hay cosas que no lo hacen. Sus ojos se enrojecían. Se emocionaba al pensar en el «honor», «lo más importante que hay», algo que «la Guardia Civil mantiene» y «que ningún hombre debería perder».

Pensaba en sus antiguos compañeros, esos que «ya por desgracia» nunca podrán regresar a las comidas que hacían después de retirarse. Rafael los echa de menos, al igual que Francisco Martín a su padre, de quien se acordaba mientras podía escucharse el sonido del impacto contra el asfalto mojado de las botas de los agentes que desfilaban para llevar la ofrenda floral a los pies de su patrona.


El padre de este guardia civil también pertenecía al cuerpo. Francisco le recordaba al volante de los coches oficiales de la Casa Real. Tiene esa imagen grabada en la cabeza. Entonces era un crío, pero ya sabía que acabaría vistiendo el uniforme del Instituto Armado. Siempre ha sido su «pasión», «vocación por ayudar a los demás pase lo que pase».

Lo hace cada vez que sale a la calle con Ogro, Kuanton y Kim. Él y estos tres perros son «un equipo con una conexión especial», que trabaja en la Unidad Canina desde hace años para detectar drogas, armas o dinero.

Ayer los dos fueron reconocidos por los años de servicio que han prestado. Rafael agarraba entre sus manos una placa que le agradecía toda su entrega durante años, mientras que del uniforme de Francisco colgaba la medalla al Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco.

Las suyas son unas leves pinceladas de la infinidad de historias que hay detrás de cada uno de esos héroes anónimos que cada día se enfundan el uniforme para salir de casa con el objetivo de prestar servicio a la sociedad.

El fuerte estruendo de una salva rescataba a Rafael y Francisco de sus pensamientos. La escuadra de guardias civiles ya había depositado la ofrenda floral a los pies de su patrona. Las detonaciones de los rifles recordaban a los compañeros fallecidos, mientras una voz les consolaba: «No quisieron andar otro camino, no supieron vivir de otra manera».



lunes, 10 de octubre de 2016

Sesenta y cinco años han pasado


Hoy se cumplen sesenta y cinco años de mi primer cambio de destino en la Guardia Civil. El día 10 de octubre de 1951, salía del Puesto de Torrelasal, donde fui destinado al salir de la academia de Úbeda para incorporarme al de Aduana de esta ciudad de Màlaga, donde había causado alta, en las entonces llamadas "Altas y Bajas" del mes de octubre del citado año.

En estos instantes, que faltan cinco minutos para las nueve de la mañana, en que me pongo a realizar esta entrada, aquel ya tan lejano día, también sobre esta hora, quizá minutos mas o menos, en Sabinillas, barriada de Manilva, donde se hallaba con carácter permanente un control de la Guardia Civil para evitar en lo posible, el contrabando que procedente de Gibraltar se traficaba en aquel tiempo, en la caja de un camión sin carga alguna y que se dirigía hasta Málaga, acompañado de mi maleta,  tomaba el camino hacia mi nuevo destino.

No se me ha olvidado, y seguro nunca se me olvidará, cuando en dicho vehículo que me transportaba hasta esta bendita ciudad de Málaga, cuando circulaba frente al cuartel de Torrelasal, donde había permanecido quince meses, no pude evitar en que no pocas lágrimas asomaran a mis ojos, cuando veía quedar atrás aquel acuartelamiento, donde asi mismo quedaban aquellos primeros compañeros con los que había compartido mis primeras experiencias en los servicios que durarían treinta años más.


Podrá parecer una simpleza, pero al mismo tiempo que ese efecto me producía cuando veía que, me dejaba atrás aquel humilde edificio que me había cobijado el tiempo indicado, no lo era menos, cuando unos centenares de metros de dicho cuartel hacía levante,  dentro del mar y cerca de la lengua del agua, me sucedía lo mismo con una pequeña roca la que se le llamaba "Piedra Paloma". Tan humilde peñasco, era el limite y el comienzo, del distrito a vigilar por dos de las tres parejas de Guardias que todas las noches prestábamos el servicio nocturno. Estos servicios eran señalados de levante a poniente, y en la papeleta de la primera pareja se hacía constar que el distrito a vigilar era desde el Cortijo Buenas Noches, hasta Piedra Paloma; la segunda pareja, lo era desde Piedra Paloma, hasta el Arroyo Camarate y la tercera y última del Puesto de Torrelasal, desde el Arroyo de Camarate, hasta el río Manilva que era el límite de la demarcación del puesto.

No sé desde cuando venía señalándose aquel peñasco como fin y principio de un distrito a vigilar, ni hasta cuando lo sería después, pero el mismo todos los días del año, Piedra Paloma figuraba escrito en aquellas dos papeletas que dos jefes de pareja de la Guardia Civil llevaban en sus carteras de servicio.

Hace aproximadamente un año, tuve la suerte de que me llevaran hasta Torrelasal, y donde en sus inmediaciones cuando yo estuve allí destinado solo había campo en el que las lagartijas y cigarrones corrían y saltaban a sus anchas, ha desaparecido por la construcción de viviendas, del cuartel no queda el menor rastro de haber existido, pero Piedra Paloma, permanece solitaria en su emplazamiento, donde sin duda ha perdido toda su importancia, por cuanto ya nada dice su presencia, y yo la comparo con aquella juventud de la que yo gozaba hace sesenta y cinco años y que por imperativo del paso del tiempo, también pasó a mejor vida.


Como creo he comentado muchas veces, el tiempo pasa inexorable, no solo cambiando la constitución y aspecto físico de las personas, si no también muchas veces, la fisonomía del terreno e incluso de los pueblos y ciudades. Cuántas interrogantes bullían dentro de mi cerebro en aquellos momentos, en que como citaba antes, mis ojos eran anegados en lágrimas cuando veía quedar atrás y para siempre, como así sucedió aquellos parajes y la de todos aquellos compañeros con los que compartí tantas horas de vigilia y conversaciones en tan larguísimas horas de los servicios nocturnos, que como se indicaba en las anteriores comentadas papeletas de servicio, se hacía constar lo era desde antes del anochecido hasta después del amanecido, que en invierno lo era por mas de quince horas seguidas, y sin un solo día de descanso, aunque alternado por el servicio de puertas o el de vigilante de día, cuando a uno le correspondía, y que tampoco lo era por menor número de horas.

Lo que si, nunca hubiera podido predecir, que pasados sesenta y cinco años, hoy ellos pasados sobre mí, estuviera relatando esta efemérides, con mis facultades físicas y mentales, tal las conservo,  y utilizando este medio y aparato para efectuarlo, de lo que no tengo por menos que dar gracias a Dios de que así sea.

Hasta la próxima entrada.