jueves, 15 de junio de 2017

Quincuagésimo octavo aniversario



Hoy se cumplen cincuenta y ocho años de mi ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Creo recordar haber verificado una entrada anterior, quizás  hace algunos años, sobre el mismo tema. Pero es que volviendo el recuerdo atrás, es que ha pasado, como suele decirse, toda una vida.

Tras más de cuatro meses de curso para dicho ascenso y haber aprobado la convocatoria en el mes de junio del año anterior, me era expedido y entregado el nombramiento del mencionado ascenso, del que espero sea unida la correspondiente foto-copia a este relato por mi eficiente Editor.

Cuando se proviene de trabajos como jornalero agrícola y un periodo de dos años como minero, con la  categoria de vagonero,  tan humilde ascenso como pueda parecer, suponía para mí en aquel tiempo alcanzar un hito del que sentía y hacía totalmente feliz. Pero como todas las dichas, aquella no podía serlo tampoco, si no se compartía con algún ser querido, cuestión que llegaba el siguiente día, donde podrían ser sobre las nueve o nueve y media de la mañana, cuando desembarcaba en esta bendita ciudad de Málaga del tren expreso que procedente de Madrid, donde estuve realizando el curso, salía la noche anterior. Creo haberlo hecho constar en la entrada que citaba haber realizado sobre este tema, y también con toda seguridad, en mis memorias, ha sido sin duda, si no el más, uno entre ellos, de los que he podido gozar en mi ya larga vida y que por ventura han sido muchos. En aquella vetusta estación que tenía Málaga, esperándome estaban, mi mujer con mis dos hijos, uno con dos años y cuatro meses, y el otro con uno y dos meses y medio más, y que precisamente el mismo día en que yo ascendía a Cabo, él, daba sus primeros pasos en este mundo, que como puede observarse no fue muy precoz en tal menester. Aquél instante en que los tres, madre y dos hijos, llegaban a mi altura, y los cuatro fundidos en un emocionado abrazo, cuando las lágrimas de ella y mías brotaban abundantes, como suele suceder también con los grandes y felices aconteceres, bajaban por nuestras mejillas, aquel instante digo, hoy transcurridos cincuenta y ocho años, y además por varias circunstancias añadidas, ahora, aunque a mi solo, vuelven a brotarme nuevamente, al traer al recuerdo esos momentos que alcanzarse con tal magnitud no suelen darse muchos a lo largo de una existencia.

Contaba yo entonces con treinta y cuatro años de edad, alcanzadas varias metas de las que nunca siquiera llegue a soñar, y hoy, solo lamentando el que aquella madre, que tan feliz sentíase con aquella circunstancia, y aunque después también lo fue con muchas mas que le siguieron, no pueda hacerlo en estos instantes, con las surgidas después de su ausencia.

Después de llevar creo casi un mes sin verificar entrada alguna en este blog, doila por conclusa, pero traerla hoy, creo era de cumplimiento obligatorio.

Hasta la próxima, que no se cuando, ni tema que la motive. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Casi un mes de veraneo

Baños de la Hedionda

Una semana aproximada podía llevar en el Puesto, cuando con motivo del inicio de la temporada del personal que acudía a los denominados "Baños de la Hedionda", de aguas sulfurosas, según la historia adecentado para su uso por los romanos, en el término municipal de Casares, a una distancia de no más de tres o cuatro kilómetros de nuestro acuartelamiento de Torrelasal, y como quiera que por entonces aun quedaban algunas partidas en la provincia de Málaga de los llamados "bandoleros", llegó una orden de la Jefatura de la Comandancia en la que se ordenaba la creación de un Destacamento de fuerzas del Cuerpo para la protección del citado personal asistente a los mencionados baños. Estaría compuesto poun Cabo y tres Guardias. Para el mando de aquel destacamento se ordenaba lo fuera el Cabo que había en mi Puesto, y un Guardia del Puesto de Casares, otro del de Sabinillas, y otro del mio, y que habría de ser el último incorporado, que por cierto era yo. Por entonces, los Guardias que se destinaban a esos destacamentos, cobraban unos pluses de diez pesetas diarias, que suponían exactamente, la mitad de lo que  se cobraba entre sueldo y gratificaciones.

El Cabo y el Guardia de Casares estaban casados y se llevaron la familia y a los que les concedieron un apartamento para cada uno de los existentes en una pequeña urbanización existente próxima a los baños. El Guardia de Sabinillas aunque también estaba casado, tenía la familia en su pueblo, que por cierto ignoro los motivos, y yo era el único soltero, nos concedieron otro apartamento para residir ambos.

A partir de las diez o diez y media de la mañana, comenzaba la gente a acudir a los baños, y que por supuesto, y aunque no los separara pared o tapia alguna, había una parte  donde se bañaban las mujeres y en otra los hombres, y aunque no estuviera taxativamente prohibido, nunca nadie se pasaba a la parte donde lo hacía el sexo contrario.

Así a grandes rasgos, diré que mi compañero de apartamento y yo, acordamos hacernos nosotros la propia comida, alternándonos cada día en tal menester. Los artículos necesarios se podían adquirir en una tienda que existía en la urbanización. El día primero y por decisión propia preparé yo tanto el desayuno, como la comida y la cena, pero al siguiente, como quiera que mi compañero era el propio desastre en todo, al punto que hasta su aseo personal daba mucho que desear, yo tuve que realizar la comida en uno de los dos o tres bares que existían, cuestión que estuve haciendo hasta el final de la concentración, que invertía poco mas o menos los pluses que me pagaban.

Como citaba anteriormente, el único soltero de la fuerza era yo, y también mucho más joven que los demás, era el único que iba a los baños todos los días, y por las tardes noches se celebraba baile, circunstancia que nunca me lo perdía, salvo en los días en que el servicio de apostadero que realizábamos por los extraradios de la urbanización, ordenaba el Cabo que lo fuera en las primeras horas de la noche, misión que a diario se prestaba, pero en su mayoría era cuando el personal comenzaba a retirarse para ir a la cama, y no fueron pocas las noches que regresábamos a las cinco, seis o siete de la mañana, y que hasta la hora de ir al baño, era lo que descansaba y la correspondiente siestecita que nunca la perdía.

La mayoría del personal asistente eran "llanitos", como parece que es el gentilicio, por lo menos popularmente, de los gibraltareños, y de La Línea de la Concepción y algunos otros puntos, pero todos del denominado Campo de Gibraltar. Había gran cantidad de solteros de ambos sexos, mas mujeres que hombres, cuestión que el éxito de los bailes estaba asegurado.

En el plan relatado estuvimos hasta los últimos días de agosto que al trasladarse a sus residencias el personal asistente, hubo de darse también la disolución del destacamento, regresando a nuestros Puestos respectivos.

Como cito en el título dado a esta entrada, nunca hasta entonces disfruté de unas vacaciones, con la añadidura de que a su vez lo fueron pagadas, aunque no podía permitirme grandes dispendios.

Por cuanto a los mencionados baños, se daba la circunstancia de que cuando se llegaba a una distancia de poco más o menos de un kilómetro, se percibía el característico olor de las aguas sulfurosas, detalle que no se sucedía cuando se estaba en su proximidad, e incluso dentro de las mismas  bañándonos.

El mes aproximado que llevaba de Guardia Civil, no podían ser mejores los días pasados.   ¿Seguirían siendo tales, los más de treinta años que me quedaban por cumplir en activo? A medida que vaya dando noticias de ello se irá viendo.

Hasta la próxima entrada, y que a medida que se sucedan trataré de que no lo sean tan detalladas y con ello hacerme menos pesado.

martes, 9 de mayo de 2017

Mi comienzo como Guardia Civil.


Como hacía constar en mi ante-penúltima entrada, mi primer destino en la Comandancia de Málaga, lo fue al Puesto de Torrelasal. Mi incorporación al Puesto lo fue sobre las doce horas del 27 de julio de aquel 1950. El mismo estaba compuesto por el Brigada Comandante de Puesto, un Cabo, un Guardia Primero y 6 Guardias Segundos, todos los cuales recuerdo sus nombres y apellidos, siendo yo como natural es, el último incorporado.

No mas de una hora después de mi llegada y verificada mi presentación al Comandante de Puesto, lo primero que hice, acompañado por los otros dos Guardias solteros que había, fue bajar a la playa, cuya lengua del agua distaba unos veinte metros del acuartelamiento. Por primera vez en mi vida, mi cuerpo se zambullía en el mar. Como creo citaba en la entrada que comenzaba a relatar mi paso por la Guardia Civil, el cuartel estaba sin ninguna otra edificación en sus inmediaciones, y lo mas próximo era un cortijo que se hallaba en la orilla de la carretera y a uno trescientos metros de distancia, conocido por María Burgos, como era el nombre de su propietaria.

Pido perdón por ser demasiado prolijo en la enumeración de lo anterior,y aun redundando en lo dicho, voy a señalar tal fue mi primer servicio en el Cuerpo.

Aquella misma noche del 27 de julio de 1950, y previo el sorteo celebrado, por supuesto antes del anochecido en que había que montar el servicio, que según constaba en la papeleta, lo era hasta después del amanecido, saqué el número 6, que me correspondía la tercera posta. Dado a que el que sacó el número 5, pese haberse incorporado unos días antes que yo, como quiera que era colegial y salido del Valdemoro días antes, se consideraba de menor antigüedad,  y por tanto me correspondía ser jefe de pareja.

Aunque estaba prohibido, y siguiendo la costumbre de los carabineros que realizaban estos cometidos, cuyo Cuerpo había sido disuelto unos años antes y encomendadas todas sus misiones a la Guardia Civil, poco después, un miembro de la pareja se echaba a dormir por espacio de dos horas, mientras el otro vigilaba la misión del servicio, así como la llegada de cualquier superior que fuese a vigilar el mismo, cosa que todas las noches hacía el Comandante de Puesto, y cuando lo consideraban oportuno, el Teniente Jefe de Línea, Capitán de la Compañía y otros superiores de la Comandancia e incluso el Coronel Jefe del Tercio, que por cierto el que lo mandaba cuando yo ingresé, gozaba de una merecida,  no muy buena fama, por la cantidad de correctivos que solía imponer al personal en sus vigilancias de los servicios.

Tras un rato de charla con el compañero, le solicité, previo haberme informado de tal costumbre, fuera él quien lo hiciera primero, y una vez lo realizó, lo confieso, pasé mas de las dos horas seguidas, con el embeleso y el goce como nunca lo había disfrutado aquel mi primer servicio y contemplando aquella inmensidad de la mar con una total serenidad y con la añadidura de estar siendo iluminada por los reflejos de una luna que, había de estar, poco mas o menos, en su plenilunio. En tales goces me hallaba, cuando por la dirección del acuartelamiento observe como próximo a la lengua del agua se acercaba una figura humana, por lo que suponiendo, como así era, el Brigada Comandante de Puesto, llamé a mi compañero, que con la celeridad que en tales casos se hacía, tomando su arma reglamentaria, nos dirigimos al encuentro de nuestro superior, a quien dí el correspondiente, "sin novedad en el servicio".

El referido Suboficial, que era cordobés de nacimiento, con la añadidura de una bellísima persona, no menos de dos horas permaneció charlando con nosotros y eran  las tres de la madrugada, me estampó en la papeleta, la siguiente nota: "Vigilado el servicio a las tres de la madrugada, en el Arroyo de Camarate, sin novedad".

Tan pronto se marchó, a mi me correspondió tumbarme sobre la capa reglamentaria que todas las noches llevábamos al servicio, y tendida sobre la arena, pero tal era mi estado de satisfacción que pasada seguro mas de una hora y no conseguir conciliar el sueño, me incorporé y pasamos el resto de la noche, charlando cuestiones propias de dos jóvenes solteros y siendo el primer servicio que prestábamos juntos.

De regreso al cuartel una vez relevados por el vigilante de día, estampaba en el dorso de la papeleta del servicio, cuanto estaba ordenado sobre el particular y era del tenor siguiente:

"Cumplimentado el servicio a que se refiere la presente papeleta, sin novedad.- El Guardia 2º Jefe de pareja,Rafael Galán Rodríguez.- Rubricado".

En aquellos tiempos todos los documentos oficiales, los Guardias, habían de firmarlos con el nombre y los dos apellidos, bien legibles. Dentro de unos meses, harán SESENTA Y SIETE AÑOS, de todo cuanto queda relatado en la presente entrada.

A partir de la siguiente, iré mas al grano, como suele decirse, y pido perdón si en ésta, tal vez me haya excedido en sus detalles.

lunes, 1 de mayo de 2017

Mi primera peseta


Tras muchos días pasados desde mi última entrada, y contrariando lo que tenía prometido, de que ya todas las entradas lo serían relatando las vicisitudes de mi paso por la Guardia Civil, y a la vista de que hoy se cumple un aniversario en que daba comienzo una de las principales etapas de mi vida, la voy a dedicar a ello, por lo que pido perdón de no dar cumplimiento a la palabra dada. Vamos a ello.

Día Primero de Mayo de 1935. Sí, hoy se cumplen OCHENTA Y DOS AÑOS, en que a la edad de 10, yo ganaba mi primera peseta en la vida.

Como todos cuantos hayáis leído mis memorias estáis al tanto de ello, mi padre en aquellos momentos llevaba más de cuatro meses encamado con motivo de un accidente laboral en el que había sufrido fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda. Por esta causa, en casa de mis padres hacía todo ese tiempo en que no entraba dinero alguno, dado a que por no tener seguro de accidente en el trabajo, de lo que sería largo de explicar, un hogar compuesto por el matrimonio y cinco hijos, yo el mayor de ellos, la situación creo podía suponerse la que era.

Las muchas lágrimas que a diario vertían furtivamente los ojos de mi madre, sin duda para que sus hijos no se percataran de ello, aunque en muchas ocasiones eran percibidas por mí, y aunque hoy pueda parecer casi imposible, yo con solo diez años, hacían mella en mis sentimientos.

En base a todo ello, como citaba al principio, aquel 1 de mayo de 1935, se producía mi bautizo laboral, como zagal en la guarda de cerdos, o sea como porquero, en la que mi sueldo diario era el de una peseta.

Podría jurar, que aquel inicio en mi trabajo, quedó grabado tal mente en mi memoria, que pasados esos ochenta y dos años, puedo narrar, especialmente las dos primeras horas de aquella jornada, comenzando que lo primero que hice, fue, según me ordenó José María, como se llamaba el mayoral, contar los cerdos cuando salían del establo o zahúrda, y hasta el número de animales que componían la piara que era el de 86. La comida que mi madre me había preparado para aquella primera jornada, era una tortilla de patatas y dos torreznos, que llevaba en una pequeña fiambrera,y un trozo de pan, una naranja y una pequeña navaja y todo ello metido en una bolsa o "talega" de tela que por una cordón que la cerraba, llevaba colgada del cinturón que sostenían mis pantalones cortos, como entonces todos los niños los usábamos así hasta los, 14, 15, o 16 años que nos ponían los largos.

Otra de las circunstancias que hoy podrán ser difíciles de comprender, que aquella misión que comenzaba a ejercer, no es que la aceptara de buen grado, si no que hasta me sentía orgulloso y contento de ello y hasta podrá parecer ridículo, que me sentía así por aportar el ingreso de una peseta diaria, a una casa donde hacía meses no había llegado ni una sola.

En muchas ocasiones a lo largo de mi ya larga vida, he pensado que aquel primero de mayo de hace ochenta y dos años, dejé de ser niño y creo que hasta de ser adolescente. Las situaciones muchas veces, hacen tales efectos.

Vaya la entrada de hoy, como homenaje a mis padres y a las lágrimas, que aparte de las derramadas por la situación que atravesaban, también, como muchas veces me dijeron a lo largo de su vida, no fueron pocas las que vertieron por haber tenido que dejar la escuela y ponerme de porquero.

Aquel, fue otro de esos días que dejan huella indeleble en el devenir de la vida, en este caso de la mía.

Hasta la próxima entrada, que trataré de continuar lo prometido en la anterior a ésta. 

miércoles, 12 de abril de 2017

Al fin en la Academia


El día 12 de abril, pero de 1,950, por tanto hoy se han cumplido sesenta y siete años, realizaba  mi ingreso en  la Academia de Úbeda,  una de las varias que entonces había de la Guardia Civil, de España.

Como había prometido en una de mis anteriores entradas de contar mi paso por dicha Institución, una de las grandes ilusiones cumplidas de mi vida, nada mejor que comenzar haciéndolo por su inicio como es el ingreso en la Academia.

En aquellas fechas, como todo, los transportes eran un verdadero desastre y así diré que tomamos el tren expreso que salía uno de Málaga y otro de Sevilla, sobre las diez de la noche, y en Córdoba se unían y formaban un solo convoy, y por tanto bien pasadas estaban las doce embarcamos en el mismo, y allá sobre las tres y media de la madrugada llegamos a la estación de Baeza-Linares y donde permanecimos por espacio de unas cinco horas en que tomamos un renqueante tranvía que nos llevó hasta la citada localidad de Úbeda.

El edificio donde estaba ubicada dicha Academia, era un antiguo cuartel de caballería y tal como lo fue para su primer cometido, lo era para el segundo, pero sin que para ello fuere sometido a reforma alguna. En esta pequeña postal que conservo, aparecía fotografía de la fachada principal de la misma.


Excepto los hijos del Cuerpo a los cuales se les eximia del cumplimiento del servicio militar para el ingreso, los demás, entre ellos, yo llevaba ya dos años y medio de mili a mis espaldas, por tanto hechos  a la vida de cuartel, con la añadidura de ser al propio tiempo Academia Militar.

Sin que pueda faltar rigurosamente a la verdad, ninguno de los aproximadamente trescientos que supuso aquella promoción y en dicha academia, llevó con mayor ilusión que yo lo hice, los tres meses y algunos días que duró el curso, de donde salimos precisamente el 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen. Unos veinte aproximadamente, vinimos destinados a Málaga, Comandancia que en aquellos tiempos, era una de las de peor fama de toda España, por la extensión de su costa con numerosos cuarteles a lo largo de la misma, la inmensa mayoría carentes de agua corriente, de luz eléctrica,de toda clase de servicios e incluso hasta sin teléfono, como lo era al que yo fui destinado, denominado Torrelasal, nombre que se debía a un torreón junto al edificio del acuartelamiento, que parece ser en sus tiempos había servido para el almacenamiento de la sal que se utilizaba para el pescado que se realizaba por parte de aquel litoral, y la cantidad de horas que se hacían de servicio, que en las noches de invierno llegaban hasta las quince horas diarias y sin que se tuviera día alguno libre, si no lo era cuando se disfrutaba permiso, que se tardaba algo mas de un año, en poder disfrutar quince o veinte días.

Dado a las vicisitudes acaecidas durante el tiempo que pase en el mismo y que se haría demasiado largo de contar, el estar en el día de Miércoles Santo, fecha en que las procesiones de esta bendita ciudad de Málaga, sale el Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores, de la que la Guardia Civil es Hermano Mayor Honorario, doy finalizada esta entrada y en la próxima continuaré el relato de cuanto en Torrelasal me sucedió.

El edificio de aquel acuartelamiento desapareció hace ya algunos años, debido a la construcción en casi todo el litoral malagueño de viviendas, apartamento e incluso chalet.

jueves, 6 de abril de 2017

La primera evadida.


Al fin llegaba una de las fechas que desde hacía bastantes años estaba deseando que llegara, aunque ello pueda parecerle inédito a cualquier persona, que no sea yo, claro.

Día 6 de abril de 1946. Sí, hoy se cumplen SETENTA Y UN AÑOS, que en compañía de una quincena de compañeros aproximadamente, salíamos de Villaharta hacía la estación de El Vacar-Villaharta, distante a unos diez kilómetros del pueblo, portando nuestras maletas a lomos de algunas caballerías, y donde tomaríamos un tren especial, que solía llamársele el "tren de los quintos"  y que nos trasladaba hasta la capital cordobesa donde habíamos de realizar nuestra presentación en la Caja de Recluta de la misma.

Aquello, era el inicio de lo que el pueblo solía llamarlo irse a la mili. Por primera vez en mi vida, aquello me separaba de mi familia, y que por tanto suponía lo que he dado en titular como la PRIMERA EVADIDA. Diré que en mi mente había un revoltijo de sentimientos, esperanzas y deseos, los que imposible me era poderlos ordenar,ya que lo por venir me era totalmente desconocido.

Como he citado al principio de esta entrada, esperaba con deseo ese momento, dado a que aquello, para mí, podría ser el trampolín que me llevara hasta el ingreso en la Guardia Civil, que era la meta que en mis ensoñaciones se había fraguado a lo largo de años, incluso podríamos decir, que desde mi adolescencia por lo menos.

Podrían ser sobre las diez de la mañana de aquel día, cuando llegaba el esperado tren abarrotado de "quintos" que a lo largo de varios pueblos de la provincia de Córdoba, por donde fue pasando, había recogido. Yo iba como delegado de los quintos de mi pueblo y sobre las doce horas, realizaba mi presentación ante un militar de una graduación que no recuerdo, a quien entregué la lista en la que figurábamos inscritos. La única indicación que me fue dada, era de que estuviésemos esperando en las proximidades de aquel edificio, y desde uno de los balcones del mismo, de vez en cuando se irían leyendo, a través de altavoces las decisiones tomadas a lo largo de algunos días. Así era, con espacios de algunas horas, como se me había indicado se leían los nombres de los que iban destinados a tal o cual Regimiento o Cuerpo, el día y hora que en aquel lugar serían recogidos por una representación de la Unidad donde eran destinados y trasladados hasta la estación donde serian embarcados y llevados hasta su destino.

Con las dos horas que daban para la comida, de 14 a 16, mis colegas del pueblo, y yo mismo, nos buscamos o fuimos donde alojarnos los días que precisos fueran y hasta donde depositamos las maletas de las que éramos portadores.

Hasta la mañana del día 11, seáse cinco días llevábamos allí, cuando por la mañana, por lo que a mi respecta y otro de mi pueblo que se llamaba José Carrillo Gómez, fuimos nombrados por los altavoces, ordenándonos estuviéramos allí a las cuatro de la tarde, provistos de nuestras respectivas maletas y que seríamos recogidos por una representación del Regimiento de Artillería 14. de guarnición en Sevilla  donde habíamos sido destinados.

Pasadas estaban las cinco y media de la tarde de aquel once de abril de 1946, éramos embarcados en un tren especial, y como diría Cervantes de las cárceles, toda incomodidad tenía su asiento, y aunque parezca imposible, desembarcábamos en la estación denominada de Plaza de Armas de la capital sevillana, cuando ya habían dado las doce de la noche, Desde allí, a pie y portando cada uno su maleta, hasta el acuartelamiento de Artillería sito en el punto conocido por Pineda, no menos distante de seis o siete kilómetros, donde llegamos cerca de las tres de la madrugada, tardando no menos de dos horas en entregarnos las camas,  y a las siete de la mañana escuchábamos el toque de la banda de cornetas y tambores, una llamada "diana floreada" que solía hacerse en ocasiones muy señaladas, y sobre todo, en el recibimiento de los reclutas llegados, y en la despedida de los soldados que se licenciaban.

Así sucedió todo desde que salía de mi pueblo en la mañana de la que hoy se cumplen 71 años, hasta la llegada al Regimiento donde fui destinado.

Todos los que me conocéis y tanto por mis memorias, como por las entradas realizadas en este blog, tenéis conocimieno de que los dos años y medio de mili, lo fueron hasta entonces el mejor tiempo pasado en mi vida, y que llegué al ejército habiendo dejado de ser minero días antes, y regresaba como mecanógrafo, de  manera que también conocéis el modo y la forma en que lo había conseguido, lo que luego ya en la Guardia Civil, me fue del máximo provecho.

Para no hacerme pesado, doy por conclusa esta entrada, y a partir de la próxima, y, como tengo prometido en anteriores, iniciaré los relatos del cómo, el cuándo y por qué, fue mi paso por esa Guardia Civil, a la que llevaré en lo más profundo de mis sentimientos, mientras Dios me mantenga el necesario aliento para ello.

Hasta la próxima.

martes, 28 de marzo de 2017

¡Adiós escardillo!


Hoy se cumplen SESENTA Y SIETE años, que daba fin a una etapa importante en mi vida, cuando me faltaba un mes para cumplir los 25 años de edad. Comenzaré por el inicio que lo era el día anterior veintisiete de marzo de mil novecientos cincuenta.

Estaba por entonces escardando trigo en una finca a unos cuatro kilómetros del pueblo denominada "Peñas Blancas", en unión de seis o siete compañeros más. Cuando regresé del trabajo aquella tarde, mi madre me daba la noticia de que el Cabo Comandante de Puesto de la Guardia Civil, por medio de un Guardia, dejaba el recado de que me presentara en el Cuartel.

Como quiera que yo había aprobado el examen para ingreso en el Cuerpo, el 14 de noviembre del año anterior, y suponiendo debía de tratarse de algo relacionado con lo mismo, con la premura que me era posible, me cambié de ropa, me aseé como siempre, y me iba a cumplir el requerimiento del que había sido objeto. Cuando llegué al acuartelamiento me recibió el Guardia de Puertas y le comuniqué que había sido citado por el Comandante de Puesto, al que pasó aviso seguidamente de que yo estaba esperando en la  Sala de Armas.

Instantes después llegaba el mismo y tras saludarme dándome la mano, me dice: "Pasado mañana tienes que presentarte en el Juzgado de Instrucción de Fuente Obejuna, para asistir a un juicio en calidad de testigo". Diré que dicha localidad era el Partido Judicial al que pertenecía mi pueblo.

A cuanto me decía, le comuniqué extrañado, que yo no tenía conocimiento de hecho alguno del que hubiere sido testigo, y ante mi respuesta, echándose a reír, me dio un abrazo, y me dijo: " A partir del día uno de Abril perteneces a la Guardia Civil, y creo que es el día 14 del mismo tiénes que estar en la Academia de Úbeda para realizar el curso correspondiente". Era hasta entonces, la noticia que con mayor alegría había recibido en la vida,  y ya  considerándome un subordinado suyo, le dí las gracias, me despedí diciéndole a sus órdenes, y corriendo llegué a mi casa dándole la noticia a mis padres, que echándose a llorar de alegría, nos abrazamos los tres permaneciendo así unos instantes.

Después, yéndome al casino del pueblo donde solíamos reunirnos los amigos, a los que con la alegría que tan dentro de mi llevaba, se lo comunicaba a todos ellos.

Aquella noche, no pude conciliar el sueño ni un instante siquiera, y a la hora de costumbre salía para el trabajo con el fin de despedirme, y sobre todo, de cobrar los jornales que llevaba echados.

Todos mis compañeros en posesión de la noticia que les daba, durante todo el día estuvieron gastándome bromas, las que como siempre las recibía con agrado.

Cuántos pensamientos pasaban por mi cabeza aquel día, dado a que como pensaba, a partir de entonces mi caminar por la vida, sería tan diferente a cuanto hasta entonces lo había sido que así a grandes rasgos, desde que tenía diez años que comencé como porquero, luego como pastor durante la guerra,terminada la misma como jornalero en el campo, dos años como minero, dos y medio de mili, después otra vez de minero, de auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de mi pueblo, y otra vez vuelta al campo, hasta aquella faena escardando trigo como citaba antes, fue todo el devenir de mi existencia.

Cuando el sol por el occidente de donde nos hallábamos, y precisamente por el punto que se conocía como el puerto de las tres encinas comenzaba a ocultarse, el manijero de la cuadrilla daba la voz de terminar la jornada, sucedía lo que escuétamente he puesto como título a esta entrada.

Tomando el escardillo que había utilizado en las faenas, y que por cierto era de mi propiedad, digo tomándolo por el mango y con toda la fuerza de que fui capaz, lo lancé al aire acompañándolo con la siguiente frase: "el que lo coja pá él". Se que fueron bastantes metros los que conseguí subiera en el lanzamiento, y lo que ya ni me preocupé siquiera, de quien fue el que lo cogió, ni nunca lo supe, pero aquel humilde escardillo que había estado en casa de mis padres bastantes años, quedaba en poder de no se quien, en el último día que como jornalero agrícola daba en mi vida.

Ni a soñar que me hubiere echado entonces, podía predecir lo que SESENTA Y SIETE AÑOS que han pasado, sería lo gratificante y feliz que tanto en el orden profesional, personal y familiar como lo han sido hasta este preciso instante en que doy por finalizada esta entrada.

Como había prometido en mi anterior entrada, a partir de ahora contaré tan preciso y verdadero como pueda, como era y ha sido la Guardia Civil, durante mi paso por la misma.

El relato anterior cuenta con la anécdota, de que el Cabo que estaba de Comandante de Puesto en mi pueblo y me dio la noticia de mi ingreso, unos años después vino destinado a Málaga y yo le busque el piso donde se alojó. Estaba casado con una mujer de Casarabonela y una vez licenciado fue Alcalde durante unos años de dicha localidad malagueña. Se llamaba Eleuterio Gutiérrez Gutiérrez. A él le debo en gran parte el haber ingresado en la Guardia Civil y fue quien me tramitó todo lo necesario para el ingreso. Falleció hace ya bastantes años.

Hasta la próxima. 
       

miércoles, 15 de marzo de 2017

Vuelta a las andadas

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Con toda seguridad, aquellos escasos lectores de este blog lo tienen ya dado por concluso, y con toda razón, ya que desde el día 5 del pasado mes de febrero lo he tenido totalmente abandonado. Como  ya me sucedió no hace tiempo, he estado ante la indecisión de abandonarlo definitivamente, o por contrario el volver a ello, así, y como los días vuelan, ha transcurrido mas de un mes, sin que haya tenido siquiera la deferencia de poner algo que indicara por donde iba.

Hoy 15 de marzo, y por ese continuo recordar de mis vicisitudes pasadas,  me ha venido a mente aquel tan lejano 15 de marzo de 1953, de un hecho deportivo sucedido en el Estadio de la Rosaleda, del que tuve la dicha de ser espectador, en el que el Club Deportivo Málaga se enfrentó en partido correspondiente a la competición de liga, nada menos que al Real Madrid. Hasta aquí, quien pueda estar leyéndolo se estará diciendo para sí, "bueno y esto que de importancia tiene para traerlo al blog SESENTA Y CUATRO años después". Pues asómbrense, el motivo estriba en el resultado final de aquel enfrentamiento que fue de Málaga 6, Real Madrid 0, Si, no me he equivocado, ganó el Málaga por SEIS A CERO.


De mi presencia en aquel irrepetible resultado tengo fotografía, en la que figuro con una prenda de vestir en el brazo, la que también hace años desapareció del vestir de las gentes, como era la GABARDINA, que cuando menos a mi me gustaba mucho, y a su vez era cómoda y efectiva.

Como solemos hacer siempre los pasados en años, que es volver a cada instante la vista atrás, larga travesía la verificada por mí desde aquellos acontecimientos.

Mi situación personal entonces era la de estado soltero, pero se daba la paradoja de que me hallaba con dos novias al mismo tiempo y fue una de las épocas en mi vida que maá me he visto atosigado por las tribulaciones de no saber el solventar la situación en que cuando quise darme cuenta estaba metido. El tiempo y las circunstancias, me pusieron en la tesitura de darle la solución, que visto desde este momento no pudo ser mejor lo decidido. El cambio experimentado tanto en esa situación personal, como en la familiar en general, con los inevitable acaeceres a lo largo de ese tiempo, todos cuantos habéis seguido este blog la conocéis y ni que a soñar me hubiere echado en aquellos momentos, podría haberla previsto tan extraordinaria y feliz.

En lo profesional, el cambio experimentado en esa Guardia Civil en la que entonces me hallaba en activo no puede siquiera hacerse comparación dado el abismo existente en todo orden. por ejemplo desde la forma, modo y duración de los servicios a prestar, como por el estipendio que se percibe por los componentes.

Pensándolo ahora, y una vez vuelto  a las andadas, a partir de esta entrada voy a continuar realizando las mismas y me propongo dar las pertinentes referencias de lo que en aquellos tiempos, o sea hace sesenta y cuatro años, fecha en la que se celebró aquel irrepetible partido de fútbol relatado al principio de esta entrada, a lo que es ahora la Guardia Civil, y por lo que yo relate de ella, podrá sacarse la conclusión de lo que era y lo que es.

Bueno no esperaba que hubieren pasados tantos días sin verificar esta entrada, pero una vez vuelto y aunque no sea muy sustanciosa en su contenido, si solo me sirve para continuar con ello, por satisfecho me doy.

Hasta la próxima y doy mi palabra de no tardar tanto como ha sucedido con ésta.
  

domingo, 5 de febrero de 2017

Según desde la atalaya que se observe


Hoy cumple mi hijo mayor 60 años. Cuando yo era niño, e incluso un joven, decir que una persona tenía sesenta años, era decir ancianidad.

Mi padre cuando contaba 40 años, precisamente en 1938, fue movilizado y llevado al frente durante la guerra civil española. Fue el último reemplazo que movilizaron y su llevada a los frentes de guerra infundía en el personal cierta compasión, pues con aquella edad se consideraban ya personas sin capacidades físicas para tales menesteres, e incluso se decía que eran viejos para llevárselos al frente.

Continuando con mi padre, q.e.p.d., falleció precisamente el mismo día que cumplía 61 años y entonces si era ya realmente un anciano, tanto en apariencia física como en pérdida de aptitudes, No obstante hay que comprender que, primero estuvo cuando su reemplazo en la llamada "guerra de Melilla", después como se indica, en la Guerra Civil, y terminada ésta, tres años en la cárcel como preso político, y por las circunstancias que se daban,  en condiciones infrahumanas.

Cuando ingresé en el ejército por mi reemplazo, que se hacía en el año en que se cumplían los 21 años, aún estaba vigente una disposición de que el quinto que fuera hijo de padre sexagenario, o sea tuviera sesenta o mas años, se libraba de ir a la mili, si no tenía otros hermanos en la casa que pudieran ayudarle a su padre, al que se consideraba carente de facultades para poder trabajar y llevar un jornal al hogar. Hoy, tal disposición ha perdido su vigor, dado a que ya ni siquiera se va forzoso a la mili.

Volver hoy la vista y el recuerdo hasta aquellos lejanos y tenebrosos tiempos, especialmente de los años, 20, 30 y 40, del pasado siglo, y toparse con una vida tan carente  de medios y tan llena de miserias, que los que pasamos por aquellas vivencias, vivir los tiempos desde incluso hace ya algunas décadas, nos consideramos estar haciéndolo en lo que, verdaderamente para nosotros, es el "paraíso terrenal".

Sin duda, en aquellos tiempos, buenas fortunas habrían de tener, los que como yo ahora navegaran  por la nonagenariedad para gozar de la clase y calidad de vida que yo gozándola estoy. Ojalá todos mis descendientes, me refiero por el momento a los que actualmente viven, puedan disfrutarlo como gracias a Dios yo lo hago.

Con esta entrada de hoy. creo he dado fin a la sequía mayor habida en el blog, sin escribir en el mismo.

Hasta la próxima, y si hoy cumple años mi hijo mayor, mañana lo hace mi hija, que es la menor de los tres que tengo. Por tanto, FELICIDADES AL QUE LOS CUMPLE HOY, Y COMO NO, IGUALMENTE PARA LA QUE LOS CUMPLE MAÑANA, aunque algunos menos.

jueves, 19 de enero de 2017

A más de mitad de cuesta



Desde mi última entrada en el blog, precisamente el último día del pasado año 2016, sin dar ni uno solo palo al agua, aquí me hallo precisamente pasada ya más de la mitad de la tan temida "cuesta de enero", especialmente cuando se refiere a la situación económica en los hogares particulares. Una pequeña y ligera alteración en mi estado de salud, añadida a una falta de motivación, más haberme hecho cargo de la secretaría (y las funciones de la presidencia de la Comunidad de Propietarios del bloque), me han llevado a estos bastantes días sin realizar nueva entrada en este blog, hasta que hoy, parece ser, me he descargado tanto de esa galbana que tenía de visita y encarrilada la misión comunitaria, y a pesar del frío reinante y tan poco pasado por estos lares malagueños, tengo la osadía de lanzarme al blog, que poniéndose rancio está.

Si, en ese tiempo de inactividad, en alguna ocasión me ha venido a mente lo que para un nonagenario, y no por cuestiones económicas, supone, no la propia subida de la cuesta de este mes, si no que llega el pensamiento hasta allá el propio día de San Silvestre del corriente año.

En esos pensamientos, no ha faltado el momento en que como también suele decirse con frecuencia eso de lo que, los viejos nos volvemos "niños" y en partes no falta razón.

A medida que van pasando los años y disminuyendo, e incluso hasta a veces perderse, parte de cualidades físicas, y en no pocas ocasiones también mentales, aunque ésto gracias a Dios a mi no me alcanza, nos lleva quizás a sentirnos un tanto desvalidos, de como lo habíamos estado gozando durante los años de nuestra juventud y adultez.  Esto que termino de relatar, nos lleva en no pocas ocasiones de pensamientos hasta nuestros seres mas próximos y queridos, de quienes nos sentimos apoyados  y en parte confiamos en ellos para esa ayuda que tan necesaria nos es, para  conseguir lo necesario que nos lleve hasta la meta soñada. Esa meta, no la colocamos hasta allá como decía el final del año en que estemos caminando, si no que lo situamos en etapas, que según nuestro estado de salud del momento, lo hacemos más o menos lejana del día en que a ello nos lleva nuestro pensar.

No deja de pasar por nuestras mentes, primero con los hijos y años más tarde con los nietos, de cuando recurrían a cogerse de nuestras manos para ayudarles en salvar cualquier contrariedad que se presentara, y eso mismo es lo que ahora nos sucede a nosotros... ¡Qué pronto han pasado los años de aquello que nos era solicitado, a esto que ya precisamos!

En mi propio caso, de cuando yo prestaba aquellas ayudas y pendientes de todas sus necesidades estábamos, de quienes próximos están de alcanzar la condición de sexagenarios, y no digamos que bastantes años después también había que hacerlo con sus descendencias, encontrándose éstos actualmente en plena madurez personal, e incluso los últimos, gozando de esa plena y divina juventud, de la que dejamos atrás años ha. Así hora a hora, año a año, y hasta decenio a decenio, ha pasado el tiempo que con su caminar sin tomarse el menor descanso, nos va pasando por las diferentes etapas de la vida y colocándonos en las situaciones, que aún sin pedirlas, y hasta algunas sin desearlas, donde nos corresponde.

No quiero que cuanto llevo escrito, se tome como una protesta a como se ha ido sucediendo, y situación que me hallo, y de lo que cada día que amanezco, no tengo por menos que dar gracias a Dios de todo cuanto concedido me ha sido, si no que como planes futuros no es cosa de planear, dejamos deslizarse nuestros recuerdos por todo ese devenir, que aunque como en mi caso, tan luengo está siendo, con solo volviendo el pensamiento hacía nuestros inicios, da la sensación de haber hecho toda esa travesía, como suele decirse, en "un abrir y cerra de ojos".

Hasta la próxima entrada y cumplido el trámite de una nueva.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡Año nuevo a la vista!


Comenzaré diciendo que tal día como hoy pero de 2007, hacía mi primera entrada en este Blog, por tanto se cumplen nueve años en este menester. Nunca pensé entonces llegara a esta efemérides y mucho menos haciéndolo con otra entrada, aunque de contenido totalmente diferente. Digámosle adiós a aquellas entrada y bienvenida a ésta.

Ahora vamos al grano.

¡Cuán diferencia la perspectiva de la entrada de un nuevo año, de hace por ejemplo 70, a la de ahora que voy en busca de los 92! Aquella, la que dentro de unos días habría de incorporarme a mi destino en las oficinas de Capitanía General de Sevilla donde realizaba la prestación del servicio militar, tras de terminar el permiso que estuve disfrutando durante las Navidades de 1946.

La principal preocupación en aquellas Navidades, era la del disfrute personal y pasarlo bien. La propia prestación de la mili, en nada lo era, dado que hasta entonces me estaba dando la mejor vida que hubiere llevado, pero con mucha diferencia. El tiempo de prestación del servicio militar por los reemplazos no estaba determinado, así que no se tenía idea del que pudiera faltar para el licenciamiento, e incluso así, que como dejo citado yo me estaba dando una buena vida, por mi parte, que llegara cuando quisiera. Si deseaba, llevar dos años de servicio, que ello me permitía poder iniciar los trámites para mi ingreso en la Guardia Civil, que desde hacía algunos años  tenía en mente. Aquellos veintiún años con los que contaba entonces, con toda una vida por delante, aunque poco era el conocimiento que tenía del mundo, internamente me consideraba con fuerza para afrontar todos los avatares que pudieran presentárseme. El tiempo parecía caminar con una lentitud desesperante, cuando se tenía la necesidad en contar con algún año mas para poder optar a ello.

El echarse novia y casarse, ya llegaría, sin que ello pudiera quitarme el sueño, aunque desde niño estuvo siendo una de mis preocupaciones. Cuando en ciertos momentos de pensamientos íntimos por la soledad en que pudiera hallarme, e igual solían hacerlo generalmente mis coetáneos, se llevaba el pensamiento hasta el año DOS MIL, aunque ni siquiera podía imaginarse como sería el mundo cuando hubiere transcurrido más de medio siglo, que era lo que entonces faltaba para llegar al final de aquel siglo XX.

Pero todo ello, y volviendo la vista atrás en estos momentos, fueron llegando todas esas cuestiones que la vida depara, como suele decirse en un abrir y cerrar de ojos, y hete aquí que hoy, a las puertas del inminente año 2017, ya hoy, que mañana ya lo será ese nuevo año, cuales son las perspectivas de un nonagenario. LA PRIMERÍSIMA, y a mucha diferencia de cualesquiera otra preocupación, radica en ese pensamiento que por muchos momentos está en menta, es interrogarse íntimamente si dentro de un año se podrán volver a vivirse otras Navidades, y el transcurso de más de trescientos cincuenta días, se otea con sendereos llenos de dificultades para poder llegar a esa meta.

Pero a todo cuanto llevo expuesto, también, y creo que así es, alguien con razón dijo, que 
¡NADIE ES TAN VIEJO, QUE NO PIENSE QUE AUN PUEDE VIVIR UN AÑO MAS!  Y claro, yo estoy de acuerdo con ese pensamiento.

Hasta la próxima entrada que ya será el año que viene. 
    

martes, 20 de diciembre de 2016

Las Navidades



Tras una larga sequía, por cuanto a mi entrada en el blog se refiere, y no siendo muy original en el tema elegido para esta nueva entrada, voy a referirme a lo que han sido las Navidades por lo que a mi personalmente se trata, que como es natura ha habido de todo.

Las pasadas hasta la llegada de la Guerra Civil Española, o sea las diez primeras de mi vida,  y cuando ya comencé a tener noción de dichas fiestas,  solo me hacían ilusión los dulces que mi madre solía hacer con motivo de las mismas, y que eran los siguientes: Perrunas, que eran una especie de mantecados; roscos de vino que de lo único que me acuerdo es de que los freía con aceite; buñuelos de azúcar: buñuelos de miel y hojuelas, con miel por supuesto.

A partir de la Nochebuena, mi madre nos los daba como suele decirse con cuenta gotas, al punto de que para el día de Reyes como no había juguetes que echarnos, los sustituían un dulce de un par de clases y tres o cuatro peladillas, que era lo único que se compraba. Concretamente para mí, las Navidades, eran igual a los dulces.

Las correspondientes a los años de 1936-38, ambas inclusive, como eran los años de la guerra y estábamos en zona roja, no recuerdo de que siquiera se hablara de dichas festividades ni que incluso se celebraran en otros puntos de España. Como se dice,  pasaron sin pena ni gloria.

Las de los años 1939-43, las cinco las pase en la La Calera, y salvo las del 39 que contaba solo con 14 años de edad que me distraía viendo bailar a los demás, las otras, no solo en las navidades, si no todas las noches que duraba la temporada de la aceituna, pero a partir del siguiente año ya no me perdía ni una pieza en los bailes, que era lo único especial que se hacía, y que durante las mismas, el manijero prorrogaba una hora mas la duración del baile que era hasta las doce de la noche, pues a las seis de la mañana siguiente, había que levantarse.

Generalmente, solía descansarse el día 25, o como se decía en el mundillo del trabajo, se "holgaba" aunque si no se trabajaba, no se cobraba jornal tampoco. Yo como en las de los años 41, 42 y 43 ya trabajaba en la molina, no se laboraba el día 25, pero luego dos días seguidos echábamos jornada y media para reponer el día perdido. En  la última que pase en la finca de La Calera, me eche la primera novia de mi vida, ya contado en varias entradas de este blog.

Las correspondientes a los años de 1944 a 1949, inclusive, y aunque en los años de 46 y 47, estaba en la mili, tuve la suerte de que me dieran permiso en ambas, y fueron seis Navidades consecutivas las pasadas en Villaharta, y las más y mejor disfrutadas, Comenzábamos la Nochebuena yendo a la Misa del Gallo, después de la misma nos íbamos a casa de algun amigo, que por supuesto contara con medios para ello, y hacíamos unas migas con sus correspondientes torreznos y chorizo, regadas con el vino necesario para hacerlas mas deliciosas y en ello nos llegaba el bien amanecido día de la Navidad, que provistos de panderetas, almireces y zambombas, salíamos por las casas del pueblo pidiendo el "aguinaldo" y que además de algún dinerillo, lo que mas nos daban eran cosas de la matanza, y alguna que otra botella de vino de la propia crianza, que todo bien administrado, nos duraba para los tres días de la Pascua. Eso en los años de la hambre, la mayoría reponíamos fuerzas para una temporada, y el disfrute puede imaginarse, dado a la necesidad pasada a lo largo de todo el año.

Cuando llegábamos a las casas a pedir el aguinaldo, la presentación era el preguntar ¿Se canta o se reza?, y siempre en las casas que estaban guardando luto por el fallecimiento de algún deudo, la respuesta era "se reza", y entonces en vez de los consabidos villacincos, largábamos unos cuantos padrenuestros, credos y salves, y los dedicábamos pidiendo por el difunto o la difunta, que siempre se sabía quien había sido la que llevo el luto a la familia.

Los tres días de Pascua, había baile por la tarde y por la noche, así que la diversión estaba garantizada todas las fiestas.

n con las estrecheces económicas de aquellos años, recuerdo haber pasado una juventud maravillosa, y es que tras haber pasado una Guerra Civil en nuestra niñez y adolescencia, aquello era el no va a más del disfrute.

Ahora me toca relatar, la mas especial de todas las navidades en lo que llevo de vida, y aunque  ya contada muchas veces, voy a hacerlo sin alargarme mucho, pero lo suficiente para que se comprenda lo que supusieron para mí.

24 de diciembre de 1950, primera Nochebuena pasada en la Guardia Civil. Serían las doce de aquella noche, "diremos que a un compañero se le escapó un disparo", y no tuvo otro sitio donde dar el proyectil si no en mi rodilla de la pierna derecha, atravesándome la misma. Al médico me llevaron, primero, a lomos de un mulo, y a mitad del camino, en el coche del Capitán, que noticioso del caso me llevaron en el mismo. Hecha la cura de urgencia, de vuelta al cuartel, donde quedé encamado hasta la mañana siguiente que llevándome hasta un control del Cuerpo en la barriada de Sabinillas, y mas de una hora de espera, me trajeron a Málaga en un autobús de la Compañía de Antonio Machín que totalmente vació venía aquí donde actuaba el mismo.

Serían la una de la tarde del primer día de la Navidad, cuando ingresaba en  la Sala de Cirugía del Hospital Militar, donde quedé encamado en la número 2. Yo lo primero que hice fue comunicar a mis superiores, que no deseaba que se diera conocimiento de ello a mis padres y hermanos, pues la situación económica de aquellos tiempos, no les permitían poder pagarse un lugar donde pernoctar en caso de venir hasta aquí, ni incluso tener para el pago de los propios billetes de autobuses y del tren.

En todas las Navidades, ni una sola persona se acercó a mi cama para preguntarme que me sucedía, salvo la visita del médico que lo hacía a primeras horas de la mañana. Sin duda los veinticinco años de edad que tenía y el evitar que mis padres pasaran el mal rato de la noticia y las casi imposibles posibilidades de venir a verme, tuve la suficiente entereza de ánimo para superar aquellos días cuando la Sala se llenaba de familiares a visitar a los suyos, y yo en aquella cama número 2, situada inmediatamente junto a la puerta de entrada de la Sala, que como he citado nadie, y digo nadie, se acercó a mí. Diré que mis padres tuvieron noticia de todo ello, en el mes de agosto siguiente. cuando fui a mi pueblo con quince días de permiso de verano.

Dado a que demasiado largo se me ha hecho este relato hasta aquel 1950, voy a tirar por la trocha y decir que todas las demás hasta ahora, con la excepción de las de 1996, por enfermedad de mi mujer (q.e.p.d.), que han sido las de mayor dolor y tristeza, lo han sido de felices celebraciones. Éstas que están a las puertas de su llegada, quiera Dios lo sean como las recientemente pasadas, y sobre todo que todos esos seres míos a los que adoro, sigan como los son y están actualmente.

Asimismo se las deseo a todos mis amigos, conocidos, y a quienes osen echar un ojo a esta entrada, y que 2017, le sea una año lleno de venturas.

Y a mi que Dios me mantenga la esperanza de que las del próximo año, pueda ponerlas aquí, aunque resulten un poco rollazo, como éstas.

Hasta la próxima.