martes, 28 de marzo de 2017

¡Adiós escardillo!


Hoy se cumplen SESENTA Y SIETE años, que daba fin a una etapa importante en mi vida, cuando me faltaba un mes para cumplir los 25 años de edad. Comenzaré por el inicio que lo era el día anterior veintisiete de marzo de mil novecientos cincuenta.

Estaba por entonces escardando trigo en una finca a unos cuatro kilómetros del pueblo denominada "Peñas Blancas", en unión de seis o siete compañeros más. Cuando regresé del trabajo aquella tarde, mi madre me daba la noticia de que el Cabo Comandante de Puesto de la Guardia Civil, por medio de un Guardia, dejaba el recado de que me presentara en el Cuartel.

Como quiera que yo había aprobado el examen para ingreso en el Cuerpo, el 14 de noviembre del año anterior, y suponiendo debía de tratarse de algo relacionado con lo mismo, con la premura que me era posible, me cambié de ropa, me aseé como siempre, y me iba a cumplir el requerimiento del que había sido objeto. Cuando llegué al acuartelamiento me recibió el Guardia de Puertas y le comuniqué que había sido citado por el Comandante de Puesto, al que pasó aviso seguidamente de que yo estaba esperando en la  Sala de Armas.

Instantes después llegaba el mismo y tras saludarme dándome la mano, me dice: "Pasado mañana tienes que presentarte en el Juzgado de Instrucción de Fuente Obejuna, para asistir a un juicio en calidad de testigo". Diré que dicha localidad era el Partido Judicial al que pertenecía mi pueblo.

A cuanto me decía, le comuniqué extrañado, que yo no tenía conocimiento de hecho alguno del que hubiere sido testigo, y ante mi respuesta, echándose a reír, me dio un abrazo, y me dijo: " A partir del día uno de Abril perteneces a la Guardia Civil, y creo que es el día 14 del mismo tiénes que estar en la Academia de Úbeda para realizar el curso correspondiente". Era hasta entonces, la noticia que con mayor alegría había recibido en la vida,  y ya  considerándome un subordinado suyo, le dí las gracias, me despedí diciéndole a sus órdenes, y corriendo llegué a mi casa dándole la noticia a mis padres, que echándose a llorar de alegría, nos abrazamos los tres permaneciendo así unos instantes.

Después, yéndome al casino del pueblo donde solíamos reunirnos los amigos, a los que con la alegría que tan dentro de mi llevaba, se lo comunicaba a todos ellos.

Aquella noche, no pude conciliar el sueño ni un instante siquiera, y a la hora de costumbre salía para el trabajo con el fin de despedirme, y sobre todo, de cobrar los jornales que llevaba echados.

Todos mis compañeros en posesión de la noticia que les daba, durante todo el día estuvieron gastándome bromas, las que como siempre las recibía con agrado.

Cuántos pensamientos pasaban por mi cabeza aquel día, dado a que como pensaba, a partir de entonces mi caminar por la vida, sería tan diferente a cuanto hasta entonces lo había sido que así a grandes rasgos, desde que tenía diez años que comencé como porquero, luego como pastor durante la guerra,terminada la misma como jornalero en el campo, dos años como minero, dos y medio de mili, después otra vez de minero, de auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de mi pueblo, y otra vez vuelta al campo, hasta aquella faena escardando trigo como citaba antes, fue todo el devenir de mi existencia.

Cuando el sol por el occidente de donde nos hallábamos, y precisamente por el punto que se conocía como el puerto de las tres encinas comenzaba a ocultarse, el manijero de la cuadrilla daba la voz de terminar la jornada, sucedía lo que escuétamente he puesto como título a esta entrada.

Tomando el escardillo que había utilizado en las faenas, y que por cierto era de mi propiedad, digo tomándolo por el mango y con toda la fuerza de que fui capaz, lo lancé al aire acompañándolo con la siguiente frase: "el que lo coja pá él". Se que fueron bastantes metros los que conseguí subiera en el lanzamiento, y lo que ya ni me preocupé siquiera, de quien fue el que lo cogió, ni nunca lo supe, pero aquel humilde escardillo que había estado en casa de mis padres bastantes años, quedaba en poder de no se quien, en el último día que como jornalero agrícola daba en mi vida.

Ni a soñar que me hubiere echado entonces, podía predecir lo que SESENTA Y SIETE AÑOS que han pasado, sería lo gratificante y feliz que tanto en el orden profesional, personal y familiar como lo han sido hasta este preciso instante en que doy por finalizada esta entrada.

Como había prometido en mi anterior entrada, a partir de ahora contaré tan preciso y verdadero como pueda, como era y ha sido la Guardia Civil, durante mi paso por la misma.

El relato anterior cuenta con la anécdota, de que el Cabo que estaba de Comandante de Puesto en mi pueblo y me dio la noticia de mi ingreso, unos años después vino destinado a Málaga y yo le busque el piso donde se alojó. Estaba casado con una mujer de Casarabonela y una vez licenciado fue Alcalde durante unos años de dicha localidad malagueña. Se llamaba Eleuterio Gutiérrez Gutiérrez. A él le debo en gran parte el haber ingresado en la Guardia Civil y fue quien me tramitó todo lo necesario para el ingreso. Falleció hace ya bastantes años.

Hasta la próxima. 
       

miércoles, 15 de marzo de 2017

Vuelta a las andadas

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Con toda seguridad, aquellos escasos lectores de este blog lo tienen ya dado por concluso, y con toda razón, ya que desde el día 5 del pasado mes de febrero lo he tenido totalmente abandonado. Como  ya me sucedió no hace tiempo, he estado ante la indecisión de abandonarlo definitivamente, o por contrario el volver a ello, así, y como los días vuelan, ha transcurrido mas de un mes, sin que haya tenido siquiera la deferencia de poner algo que indicara por donde iba.

Hoy 15 de marzo, y por ese continuo recordar de mis vicisitudes pasadas,  me ha venido a mente aquel tan lejano 15 de marzo de 1953, de un hecho deportivo sucedido en el Estadio de la Rosaleda, del que tuve la dicha de ser espectador, en el que el Club Deportivo Málaga se enfrentó en partido correspondiente a la competición de liga, nada menos que al Real Madrid. Hasta aquí, quien pueda estar leyéndolo se estará diciendo para sí, "bueno y esto que de importancia tiene para traerlo al blog SESENTA Y CUATRO años después". Pues asómbrense, el motivo estriba en el resultado final de aquel enfrentamiento que fue de Málaga 6, Real Madrid 0, Si, no me he equivocado, ganó el Málaga por SEIS A CERO.


De mi presencia en aquel irrepetible resultado tengo fotografía, en la que figuro con una prenda de vestir en el brazo, la que también hace años desapareció del vestir de las gentes, como era la GABARDINA, que cuando menos a mi me gustaba mucho, y a su vez era cómoda y efectiva.

Como solemos hacer siempre los pasados en años, que es volver a cada instante la vista atrás, larga travesía la verificada por mí desde aquellos acontecimientos.

Mi situación personal entonces era la de estado soltero, pero se daba la paradoja de que me hallaba con dos novias al mismo tiempo y fue una de las épocas en mi vida que maá me he visto atosigado por las tribulaciones de no saber el solventar la situación en que cuando quise darme cuenta estaba metido. El tiempo y las circunstancias, me pusieron en la tesitura de darle la solución, que visto desde este momento no pudo ser mejor lo decidido. El cambio experimentado tanto en esa situación personal, como en la familiar en general, con los inevitable acaeceres a lo largo de ese tiempo, todos cuantos habéis seguido este blog la conocéis y ni que a soñar me hubiere echado en aquellos momentos, podría haberla previsto tan extraordinaria y feliz.

En lo profesional, el cambio experimentado en esa Guardia Civil en la que entonces me hallaba en activo no puede siquiera hacerse comparación dado el abismo existente en todo orden. por ejemplo desde la forma, modo y duración de los servicios a prestar, como por el estipendio que se percibe por los componentes.

Pensándolo ahora, y una vez vuelto  a las andadas, a partir de esta entrada voy a continuar realizando las mismas y me propongo dar las pertinentes referencias de lo que en aquellos tiempos, o sea hace sesenta y cuatro años, fecha en la que se celebró aquel irrepetible partido de fútbol relatado al principio de esta entrada, a lo que es ahora la Guardia Civil, y por lo que yo relate de ella, podrá sacarse la conclusión de lo que era y lo que es.

Bueno no esperaba que hubieren pasados tantos días sin verificar esta entrada, pero una vez vuelto y aunque no sea muy sustanciosa en su contenido, si solo me sirve para continuar con ello, por satisfecho me doy.

Hasta la próxima y doy mi palabra de no tardar tanto como ha sucedido con ésta.
  

domingo, 5 de febrero de 2017

Según desde la atalaya que se observe


Hoy cumple mi hijo mayor 60 años. Cuando yo era niño, e incluso un joven, decir que una persona tenía sesenta años, era decir ancianidad.

Mi padre cuando contaba 40 años, precisamente en 1938, fue movilizado y llevado al frente durante la guerra civil española. Fue el último reemplazo que movilizaron y su llevada a los frentes de guerra infundía en el personal cierta compasión, pues con aquella edad se consideraban ya personas sin capacidades físicas para tales menesteres, e incluso se decía que eran viejos para llevárselos al frente.

Continuando con mi padre, q.e.p.d., falleció precisamente el mismo día que cumplía 61 años y entonces si era ya realmente un anciano, tanto en apariencia física como en pérdida de aptitudes, No obstante hay que comprender que, primero estuvo cuando su reemplazo en la llamada "guerra de Melilla", después como se indica, en la Guerra Civil, y terminada ésta, tres años en la cárcel como preso político, y por las circunstancias que se daban,  en condiciones infrahumanas.

Cuando ingresé en el ejército por mi reemplazo, que se hacía en el año en que se cumplían los 21 años, aún estaba vigente una disposición de que el quinto que fuera hijo de padre sexagenario, o sea tuviera sesenta o mas años, se libraba de ir a la mili, si no tenía otros hermanos en la casa que pudieran ayudarle a su padre, al que se consideraba carente de facultades para poder trabajar y llevar un jornal al hogar. Hoy, tal disposición ha perdido su vigor, dado a que ya ni siquiera se va forzoso a la mili.

Volver hoy la vista y el recuerdo hasta aquellos lejanos y tenebrosos tiempos, especialmente de los años, 20, 30 y 40, del pasado siglo, y toparse con una vida tan carente  de medios y tan llena de miserias, que los que pasamos por aquellas vivencias, vivir los tiempos desde incluso hace ya algunas décadas, nos consideramos estar haciéndolo en lo que, verdaderamente para nosotros, es el "paraíso terrenal".

Sin duda, en aquellos tiempos, buenas fortunas habrían de tener, los que como yo ahora navegaran  por la nonagenariedad para gozar de la clase y calidad de vida que yo gozándola estoy. Ojalá todos mis descendientes, me refiero por el momento a los que actualmente viven, puedan disfrutarlo como gracias a Dios yo lo hago.

Con esta entrada de hoy. creo he dado fin a la sequía mayor habida en el blog, sin escribir en el mismo.

Hasta la próxima, y si hoy cumple años mi hijo mayor, mañana lo hace mi hija, que es la menor de los tres que tengo. Por tanto, FELICIDADES AL QUE LOS CUMPLE HOY, Y COMO NO, IGUALMENTE PARA LA QUE LOS CUMPLE MAÑANA, aunque algunos menos.

jueves, 19 de enero de 2017

A más de mitad de cuesta



Desde mi última entrada en el blog, precisamente el último día del pasado año 2016, sin dar ni uno solo palo al agua, aquí me hallo precisamente pasada ya más de la mitad de la tan temida "cuesta de enero", especialmente cuando se refiere a la situación económica en los hogares particulares. Una pequeña y ligera alteración en mi estado de salud, añadida a una falta de motivación, más haberme hecho cargo de la secretaría (y las funciones de la presidencia de la Comunidad de Propietarios del bloque), me han llevado a estos bastantes días sin realizar nueva entrada en este blog, hasta que hoy, parece ser, me he descargado tanto de esa galbana que tenía de visita y encarrilada la misión comunitaria, y a pesar del frío reinante y tan poco pasado por estos lares malagueños, tengo la osadía de lanzarme al blog, que poniéndose rancio está.

Si, en ese tiempo de inactividad, en alguna ocasión me ha venido a mente lo que para un nonagenario, y no por cuestiones económicas, supone, no la propia subida de la cuesta de este mes, si no que llega el pensamiento hasta allá el propio día de San Silvestre del corriente año.

En esos pensamientos, no ha faltado el momento en que como también suele decirse con frecuencia eso de lo que, los viejos nos volvemos "niños" y en partes no falta razón.

A medida que van pasando los años y disminuyendo, e incluso hasta a veces perderse, parte de cualidades físicas, y en no pocas ocasiones también mentales, aunque ésto gracias a Dios a mi no me alcanza, nos lleva quizás a sentirnos un tanto desvalidos, de como lo habíamos estado gozando durante los años de nuestra juventud y adultez.  Esto que termino de relatar, nos lleva en no pocas ocasiones de pensamientos hasta nuestros seres mas próximos y queridos, de quienes nos sentimos apoyados  y en parte confiamos en ellos para esa ayuda que tan necesaria nos es, para  conseguir lo necesario que nos lleve hasta la meta soñada. Esa meta, no la colocamos hasta allá como decía el final del año en que estemos caminando, si no que lo situamos en etapas, que según nuestro estado de salud del momento, lo hacemos más o menos lejana del día en que a ello nos lleva nuestro pensar.

No deja de pasar por nuestras mentes, primero con los hijos y años más tarde con los nietos, de cuando recurrían a cogerse de nuestras manos para ayudarles en salvar cualquier contrariedad que se presentara, y eso mismo es lo que ahora nos sucede a nosotros... ¡Qué pronto han pasado los años de aquello que nos era solicitado, a esto que ya precisamos!

En mi propio caso, de cuando yo prestaba aquellas ayudas y pendientes de todas sus necesidades estábamos, de quienes próximos están de alcanzar la condición de sexagenarios, y no digamos que bastantes años después también había que hacerlo con sus descendencias, encontrándose éstos actualmente en plena madurez personal, e incluso los últimos, gozando de esa plena y divina juventud, de la que dejamos atrás años ha. Así hora a hora, año a año, y hasta decenio a decenio, ha pasado el tiempo que con su caminar sin tomarse el menor descanso, nos va pasando por las diferentes etapas de la vida y colocándonos en las situaciones, que aún sin pedirlas, y hasta algunas sin desearlas, donde nos corresponde.

No quiero que cuanto llevo escrito, se tome como una protesta a como se ha ido sucediendo, y situación que me hallo, y de lo que cada día que amanezco, no tengo por menos que dar gracias a Dios de todo cuanto concedido me ha sido, si no que como planes futuros no es cosa de planear, dejamos deslizarse nuestros recuerdos por todo ese devenir, que aunque como en mi caso, tan luengo está siendo, con solo volviendo el pensamiento hacía nuestros inicios, da la sensación de haber hecho toda esa travesía, como suele decirse, en "un abrir y cerra de ojos".

Hasta la próxima entrada y cumplido el trámite de una nueva.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡Año nuevo a la vista!


Comenzaré diciendo que tal día como hoy pero de 2007, hacía mi primera entrada en este Blog, por tanto se cumplen nueve años en este menester. Nunca pensé entonces llegara a esta efemérides y mucho menos haciéndolo con otra entrada, aunque de contenido totalmente diferente. Digámosle adiós a aquellas entrada y bienvenida a ésta.

Ahora vamos al grano.

¡Cuán diferencia la perspectiva de la entrada de un nuevo año, de hace por ejemplo 70, a la de ahora que voy en busca de los 92! Aquella, la que dentro de unos días habría de incorporarme a mi destino en las oficinas de Capitanía General de Sevilla donde realizaba la prestación del servicio militar, tras de terminar el permiso que estuve disfrutando durante las Navidades de 1946.

La principal preocupación en aquellas Navidades, era la del disfrute personal y pasarlo bien. La propia prestación de la mili, en nada lo era, dado que hasta entonces me estaba dando la mejor vida que hubiere llevado, pero con mucha diferencia. El tiempo de prestación del servicio militar por los reemplazos no estaba determinado, así que no se tenía idea del que pudiera faltar para el licenciamiento, e incluso así, que como dejo citado yo me estaba dando una buena vida, por mi parte, que llegara cuando quisiera. Si deseaba, llevar dos años de servicio, que ello me permitía poder iniciar los trámites para mi ingreso en la Guardia Civil, que desde hacía algunos años  tenía en mente. Aquellos veintiún años con los que contaba entonces, con toda una vida por delante, aunque poco era el conocimiento que tenía del mundo, internamente me consideraba con fuerza para afrontar todos los avatares que pudieran presentárseme. El tiempo parecía caminar con una lentitud desesperante, cuando se tenía la necesidad en contar con algún año mas para poder optar a ello.

El echarse novia y casarse, ya llegaría, sin que ello pudiera quitarme el sueño, aunque desde niño estuvo siendo una de mis preocupaciones. Cuando en ciertos momentos de pensamientos íntimos por la soledad en que pudiera hallarme, e igual solían hacerlo generalmente mis coetáneos, se llevaba el pensamiento hasta el año DOS MIL, aunque ni siquiera podía imaginarse como sería el mundo cuando hubiere transcurrido más de medio siglo, que era lo que entonces faltaba para llegar al final de aquel siglo XX.

Pero todo ello, y volviendo la vista atrás en estos momentos, fueron llegando todas esas cuestiones que la vida depara, como suele decirse en un abrir y cerrar de ojos, y hete aquí que hoy, a las puertas del inminente año 2017, ya hoy, que mañana ya lo será ese nuevo año, cuales son las perspectivas de un nonagenario. LA PRIMERÍSIMA, y a mucha diferencia de cualesquiera otra preocupación, radica en ese pensamiento que por muchos momentos está en menta, es interrogarse íntimamente si dentro de un año se podrán volver a vivirse otras Navidades, y el transcurso de más de trescientos cincuenta días, se otea con sendereos llenos de dificultades para poder llegar a esa meta.

Pero a todo cuanto llevo expuesto, también, y creo que así es, alguien con razón dijo, que 
¡NADIE ES TAN VIEJO, QUE NO PIENSE QUE AUN PUEDE VIVIR UN AÑO MAS!  Y claro, yo estoy de acuerdo con ese pensamiento.

Hasta la próxima entrada que ya será el año que viene. 
    

martes, 20 de diciembre de 2016

Las Navidades



Tras una larga sequía, por cuanto a mi entrada en el blog se refiere, y no siendo muy original en el tema elegido para esta nueva entrada, voy a referirme a lo que han sido las Navidades por lo que a mi personalmente se trata, que como es natura ha habido de todo.

Las pasadas hasta la llegada de la Guerra Civil Española, o sea las diez primeras de mi vida,  y cuando ya comencé a tener noción de dichas fiestas,  solo me hacían ilusión los dulces que mi madre solía hacer con motivo de las mismas, y que eran los siguientes: Perrunas, que eran una especie de mantecados; roscos de vino que de lo único que me acuerdo es de que los freía con aceite; buñuelos de azúcar: buñuelos de miel y hojuelas, con miel por supuesto.

A partir de la Nochebuena, mi madre nos los daba como suele decirse con cuenta gotas, al punto de que para el día de Reyes como no había juguetes que echarnos, los sustituían un dulce de un par de clases y tres o cuatro peladillas, que era lo único que se compraba. Concretamente para mí, las Navidades, eran igual a los dulces.

Las correspondientes a los años de 1936-38, ambas inclusive, como eran los años de la guerra y estábamos en zona roja, no recuerdo de que siquiera se hablara de dichas festividades ni que incluso se celebraran en otros puntos de España. Como se dice,  pasaron sin pena ni gloria.

Las de los años 1939-43, las cinco las pase en la La Calera, y salvo las del 39 que contaba solo con 14 años de edad que me distraía viendo bailar a los demás, las otras, no solo en las navidades, si no todas las noches que duraba la temporada de la aceituna, pero a partir del siguiente año ya no me perdía ni una pieza en los bailes, que era lo único especial que se hacía, y que durante las mismas, el manijero prorrogaba una hora mas la duración del baile que era hasta las doce de la noche, pues a las seis de la mañana siguiente, había que levantarse.

Generalmente, solía descansarse el día 25, o como se decía en el mundillo del trabajo, se "holgaba" aunque si no se trabajaba, no se cobraba jornal tampoco. Yo como en las de los años 41, 42 y 43 ya trabajaba en la molina, no se laboraba el día 25, pero luego dos días seguidos echábamos jornada y media para reponer el día perdido. En  la última que pase en la finca de La Calera, me eche la primera novia de mi vida, ya contado en varias entradas de este blog.

Las correspondientes a los años de 1944 a 1949, inclusive, y aunque en los años de 46 y 47, estaba en la mili, tuve la suerte de que me dieran permiso en ambas, y fueron seis Navidades consecutivas las pasadas en Villaharta, y las más y mejor disfrutadas, Comenzábamos la Nochebuena yendo a la Misa del Gallo, después de la misma nos íbamos a casa de algun amigo, que por supuesto contara con medios para ello, y hacíamos unas migas con sus correspondientes torreznos y chorizo, regadas con el vino necesario para hacerlas mas deliciosas y en ello nos llegaba el bien amanecido día de la Navidad, que provistos de panderetas, almireces y zambombas, salíamos por las casas del pueblo pidiendo el "aguinaldo" y que además de algún dinerillo, lo que mas nos daban eran cosas de la matanza, y alguna que otra botella de vino de la propia crianza, que todo bien administrado, nos duraba para los tres días de la Pascua. Eso en los años de la hambre, la mayoría reponíamos fuerzas para una temporada, y el disfrute puede imaginarse, dado a la necesidad pasada a lo largo de todo el año.

Cuando llegábamos a las casas a pedir el aguinaldo, la presentación era el preguntar ¿Se canta o se reza?, y siempre en las casas que estaban guardando luto por el fallecimiento de algún deudo, la respuesta era "se reza", y entonces en vez de los consabidos villacincos, largábamos unos cuantos padrenuestros, credos y salves, y los dedicábamos pidiendo por el difunto o la difunta, que siempre se sabía quien había sido la que llevo el luto a la familia.

Los tres días de Pascua, había baile por la tarde y por la noche, así que la diversión estaba garantizada todas las fiestas.

n con las estrecheces económicas de aquellos años, recuerdo haber pasado una juventud maravillosa, y es que tras haber pasado una Guerra Civil en nuestra niñez y adolescencia, aquello era el no va a más del disfrute.

Ahora me toca relatar, la mas especial de todas las navidades en lo que llevo de vida, y aunque  ya contada muchas veces, voy a hacerlo sin alargarme mucho, pero lo suficiente para que se comprenda lo que supusieron para mí.

24 de diciembre de 1950, primera Nochebuena pasada en la Guardia Civil. Serían las doce de aquella noche, "diremos que a un compañero se le escapó un disparo", y no tuvo otro sitio donde dar el proyectil si no en mi rodilla de la pierna derecha, atravesándome la misma. Al médico me llevaron, primero, a lomos de un mulo, y a mitad del camino, en el coche del Capitán, que noticioso del caso me llevaron en el mismo. Hecha la cura de urgencia, de vuelta al cuartel, donde quedé encamado hasta la mañana siguiente que llevándome hasta un control del Cuerpo en la barriada de Sabinillas, y mas de una hora de espera, me trajeron a Málaga en un autobús de la Compañía de Antonio Machín que totalmente vació venía aquí donde actuaba el mismo.

Serían la una de la tarde del primer día de la Navidad, cuando ingresaba en  la Sala de Cirugía del Hospital Militar, donde quedé encamado en la número 2. Yo lo primero que hice fue comunicar a mis superiores, que no deseaba que se diera conocimiento de ello a mis padres y hermanos, pues la situación económica de aquellos tiempos, no les permitían poder pagarse un lugar donde pernoctar en caso de venir hasta aquí, ni incluso tener para el pago de los propios billetes de autobuses y del tren.

En todas las Navidades, ni una sola persona se acercó a mi cama para preguntarme que me sucedía, salvo la visita del médico que lo hacía a primeras horas de la mañana. Sin duda los veinticinco años de edad que tenía y el evitar que mis padres pasaran el mal rato de la noticia y las casi imposibles posibilidades de venir a verme, tuve la suficiente entereza de ánimo para superar aquellos días cuando la Sala se llenaba de familiares a visitar a los suyos, y yo en aquella cama número 2, situada inmediatamente junto a la puerta de entrada de la Sala, que como he citado nadie, y digo nadie, se acercó a mí. Diré que mis padres tuvieron noticia de todo ello, en el mes de agosto siguiente. cuando fui a mi pueblo con quince días de permiso de verano.

Dado a que demasiado largo se me ha hecho este relato hasta aquel 1950, voy a tirar por la trocha y decir que todas las demás hasta ahora, con la excepción de las de 1996, por enfermedad de mi mujer (q.e.p.d.), que han sido las de mayor dolor y tristeza, lo han sido de felices celebraciones. Éstas que están a las puertas de su llegada, quiera Dios lo sean como las recientemente pasadas, y sobre todo que todos esos seres míos a los que adoro, sigan como los son y están actualmente.

Asimismo se las deseo a todos mis amigos, conocidos, y a quienes osen echar un ojo a esta entrada, y que 2017, le sea una año lleno de venturas.

Y a mi que Dios me mantenga la esperanza de que las del próximo año, pueda ponerlas aquí, aunque resulten un poco rollazo, como éstas.

Hasta la próxima.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pelando la pava


Hallándonos próximos a las fiestas de la Navidad,y dándole vueltas al meollo sobre los villancincos que allá en mi niñez y juventud solían cantarse en mi pueblo, se me ha venido al recuerdo uno, que aunque hace algunos años no lo he oído cantar, y que decía así:


Esta noche es Nochebuena,
y no se pela la pava,
que están los novios borrachos,
y se les cae la baba.

Seguramente la inmensa mayoría de la juventud actual ni siquiera sabe lo que significa pelar la pava. Pues para aclarárselo si alguno no lo sabe, se decía pelar pava a cuando los novios solían hablar entre ellos, por ejemplo en el interior de la casa de la novia, dándose la circunstancia que ello se hacía siempre bajo una vigilancia ejercida generalmente por la propia madre de la misma, a cuya persona que realizaba tal cometido, se le llamaba "carabina". Tal misión, solo tenía por objeto el evitar que los novios se tocaran o besaran entre ellos, cuestión que ademas de considerarse que eso era pecado, especialmente las madres de las novias, trataban de evitarlo a toda costa, que en ello dependía la honra de su hija.

Precisamente yo, pelé la pava en dos o tres circunstancias diferentes, o sea con novias distintas, pero la última lo fue por espacio de cuatro años y dos meses, sin que cuando se hacía en casa de la prometida, nunca me faltó la presencia de la carabina, y en una ocasión en que la misma se levantó para ir a la cocina a echar un vistazo a la comida que estaba haciendo, al regresar nos sorprendió dándonos un beso a lo que no pudiendo reprimirse de llamar la atención, dirigiéndose a su hija, le dijo que ¿¡QUÉ ERA ESO!?, a lo que contestó a la pregunta de su madre: "Pues que nos estábamos dando un beso, o es que no lo has visto". Yo agaché la cabeza y creo que hasta me ruboricé.

Si los padres de la gente de mi generación, como suele decirse, levantaran la cabeza y vieran el como se desenvuelven hoy los noviazgos, volvían a morirse de ver lo que considerarían las sinvergonzonerías de como lo hacen. Y todo aquello que seguramente se había venido practicando durante siglos, en unos cincuenta años, se ha transformado en lo que hoy son esas relaciones.

Según unas exploraciones que yo he realizado para conocer de donde viene esa expresión de "pelar la pava" a cuando están hablando los novios, parece ser que "una señora mandó a la criada a desplumar una pava que iban a preparar para cocinarla, cuya misión estaba realizando en una habitación junto a la ventana, y estando en ello. llegó su novio y se pusieron a platicar, y como quiera que tardaba la sirvienta en regresar con la pava desplumada, dando una voz le preguntó que por qué tardaba tanto, contestándole la misma, señora "QUE ESTOY PELANDO LA PAVA".

   Como no, según algunas fuentes, el origen de la susodicha frase no pudo ser en otro lugar que no fuera Andalucía. 

En mis tiempos, como a los mayores nos gusta decir, el noviazgo se iniciaba primero por la calle, o en el paseo, aprovechando la salida de la pretendida, una vez formalizado el noviazgo que se consideraba como tal, cuando se daba el primer beso aprovechando cualquier descuido. De ahí se pasaba a hacerlo bien en la puerta de la casa o a través de una ventana de alguna habitación, la novia por dentro y el novio en la calle, que como claro era la vía pública se hacía sin pedir permiso, y de ahí, cuando ya el noviazgo estaba formalizado y las familias de uno y otro estaban al tanto de ello, se pedía permiso, generalmente al padre de la novia, que entonces se consideraba el cabeza de familia,  para entrar en la casa  donde se pelaba la pava como ha quedado señalado.

Si la época de hablar en la puerta o a través de la ventana era en invierno, el pobre novio pasaba mas frío que lavando rábanos como suele decirse, y más de una vez volvía a su casa empapado de la lluvia que le había caído encima.

Para la mayoría de los escasos que paséis la vista sobre esta entrada os parecerá que esto son cosas de la Edad Media, pero como he citado antes, yo he pelado las pava en esas condiciones y pedido permiso para entrar en la casa en tres ocasiones.  Las circunstancias, así me lo pusieron.

Hasta la próxima.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Migas "perdías"


Llevamos en Málaga mas de cuarenta horas sin dejar de llover. El río Guadalmedina, que parte la ciudad en dos, va como hacía años no lo veía. No es que se vaya a desbordar, pero tampoco sería extraño si continua lloviendo y por más que estamos en alerta naranja. Pero, en fin, hasta ahora no ha llovido torrencialmente y está remediando la sequía que padecíamos.

Hecha esta narración, por lo que respecta a como diríamos una crónica malagueña, vayamos al motivo del título de la entrada de hoy, y ya hay que volver cuando menos setenta años atrás.

Dando ese salto hacia atrás en el tiempo, y sobre todo cuando se estaba en las faenas de la recolección de la aceituna, como no, allá en La Calera, cuando amanecía un día así de lluvioso, como hoy lo está aquí en Málaga, comenzando por el propio manijero de la faneguería, cuando se levantaba, solía dar la voz de "hoy migas perdidas". Ello quería decir que como no se podía ir a trabajar, no se cobraba el jornal correspondiente, cuestión que en los inviernos lluviosos, época de la recolección, no era un día solo el que no se podía ir al trabajo.

El único año que yo estuve realizando el vareo, cuando solo hacía lloviznar, recuerdo que en la vara utilizada para la faena y un poco por encima de donde se cogía con la mano derecha, con unos pastos de hierbas algo largas, rodeábamos la vara con una especie de rosco a fin que al resbalar el agua por la misma, se impedía en que llegara a la boca manga y entrara por el brazo, lo que además de que te mojaba todo el cuerpo, resultaba muy desagradable por lo fría que chorreaba vara abajo.

Sin embargo los tres años que yo trabajaba en la llamada almazara, pero en argot molinero, era la "molina", un día de agua lo festejábamos por todo lo alto, ya que nosotros como faenábamos bajo techo, no perdíamos el jornal, y los vareadores, y las recogedoras, que siempre eran mujeres, si habían de holgar forzosamente, y aquel día había baile tarde y noche. Pero si nos fastidiaba el día que estábamos en el segundo "relevo" que se hacía de 14 a 22 horas, y el baile de la tarde se perdía.

Estos bailes eran para nosotros, los que estábamos casi todo el año trabajando en dicha finca, dado a que se nos pasaban los meses y los meses si ver siquiera una mujer, pues en el caserío solo estaba la mujer del casero y a lo mejor se nos pasaban hasta semanas sin verla siquiera.

Independientemente del relato sobre las "migas perdías", había un refrán específico para un día lluvioso en el que no se podía ir a trabajar al campo: "Día de agua, taberna y fragua".

A la taberna generalmente iban los jornaleros, que en la mayoría de sus trabajos solían trabajar con herramientas del patrón, o de "el señorito", aunque esto ya no se decía en mis tiempos, si no en los anteriores. Y lo de fragua, era que los labradores, ese día que no podían ir al campo, lo dedicaban a llevar a la fragua las herramientas que precisaban de cualquier arreglo o reparación, tales como las rejas y las tejas de los arados, que se les denominaba de  "vertedera", azadas, hachas, hocinos y todas aquellas que se fabricaban o arreglaban en las dos fraguas que entonces había en mi pueblo, propiedad de dos hermanos, uno era conocido por Ovidio, como era su nombre, y el otro por su apodo de "Carita".

Recuedo que Ovidio, uno de sus hijos llamado Manolo era amigo mío, y cuando no iba a la escuela estaba en la fragua y lo ponía su padre a manejar el fuelle para dar aire al carbón de la candela de la fragua donde colocaban las herramientas para ponerlas al rojo vivo, y aunque mi amigo Manolo no dejaba de tener el fuelle en movimiento, su padre, cada no mas de quince o veinte segundo seguidos, no dejaba de soltar como un latiguillo la palabra "aire", "aire", y así repetido todo el tiempo que estaba la herramienta en la candela, y que una vez sacada, Manolo había de tomar el "macho" como denominaban al martillo mas grande y gordo, que machacaba donde su padre, el maestro, le iba indicando con el martillo pequeño. Esta última narración me ha llevado a mi niñez, cuando yo llevaba mi rueda de hierro o mi "guiador", que se usaba para conducir la misma, a fin de que me la reparan o arreglaran, por cierto gratuitamente.

Como nos suele gustar decir a los "viejos", ¡qué tiempos aquellos!

Hasta la próxima.