domingo, 5 de febrero de 2017

Según desde la atalaya que se observe


Hoy cumple mi hijo mayor 60 años. Cuando yo era niño, e incluso un joven, decir que una persona tenía sesenta años, era decir ancianidad.

Mi padre cuando contaba 40 años, precisamente en 1938, fue movilizado y llevado al frente durante la guerra civil española. Fue el último reemplazo que movilizaron y su llevada a los frentes de guerra infundía en el personal cierta compasión, pues con aquella edad se consideraban ya personas sin capacidades físicas para tales menesteres, e incluso se decía que eran viejos para llevárselos al frente.

Continuando con mi padre, q.e.p.d., falleció precisamente el mismo día que cumplía 61 años y entonces si era ya realmente un anciano, tanto en apariencia física como en pérdida de aptitudes, No obstante hay que comprender que, primero estuvo cuando su reemplazo en la llamada "guerra de Melilla", después como se indica, en la Guerra Civil, y terminada ésta, tres años en la cárcel como preso político, y por las circunstancias que se daban,  en condiciones infrahumanas.

Cuando ingresé en el ejército por mi reemplazo, que se hacía en el año en que se cumplían los 21 años, aún estaba vigente una disposición de que el quinto que fuera hijo de padre sexagenario, o sea tuviera sesenta o mas años, se libraba de ir a la mili, si no tenía otros hermanos en la casa que pudieran ayudarle a su padre, al que se consideraba carente de facultades para poder trabajar y llevar un jornal al hogar. Hoy, tal disposición ha perdido su vigor, dado a que ya ni siquiera se va forzoso a la mili.

Volver hoy la vista y el recuerdo hasta aquellos lejanos y tenebrosos tiempos, especialmente de los años, 20, 30 y 40, del pasado siglo, y toparse con una vida tan carente  de medios y tan llena de miserias, que los que pasamos por aquellas vivencias, vivir los tiempos desde incluso hace ya algunas décadas, nos consideramos estar haciéndolo en lo que, verdaderamente para nosotros, es el "paraíso terrenal".

Sin duda, en aquellos tiempos, buenas fortunas habrían de tener, los que como yo ahora navegaran  por la nonagenariedad para gozar de la clase y calidad de vida que yo gozándola estoy. Ojalá todos mis descendientes, me refiero por el momento a los que actualmente viven, puedan disfrutarlo como gracias a Dios yo lo hago.

Con esta entrada de hoy. creo he dado fin a la sequía mayor habida en el blog, sin escribir en el mismo.

Hasta la próxima, y si hoy cumple años mi hijo mayor, mañana lo hace mi hija, que es la menor de los tres que tengo. Por tanto, FELICIDADES AL QUE LOS CUMPLE HOY, Y COMO NO, IGUALMENTE PARA LA QUE LOS CUMPLE MAÑANA, aunque algunos menos.

jueves, 19 de enero de 2017

A más de mitad de cuesta



Desde mi última entrada en el blog, precisamente el último día del pasado año 2016, sin dar ni uno solo palo al agua, aquí me hallo precisamente pasada ya más de la mitad de la tan temida "cuesta de enero", especialmente cuando se refiere a la situación económica en los hogares particulares. Una pequeña y ligera alteración en mi estado de salud, añadida a una falta de motivación, más haberme hecho cargo de la secretaría (y las funciones de la presidencia de la Comunidad de Propietarios del bloque), me han llevado a estos bastantes días sin realizar nueva entrada en este blog, hasta que hoy, parece ser, me he descargado tanto de esa galbana que tenía de visita y encarrilada la misión comunitaria, y a pesar del frío reinante y tan poco pasado por estos lares malagueños, tengo la osadía de lanzarme al blog, que poniéndose rancio está.

Si, en ese tiempo de inactividad, en alguna ocasión me ha venido a mente lo que para un nonagenario, y no por cuestiones económicas, supone, no la propia subida de la cuesta de este mes, si no que llega el pensamiento hasta allá el propio día de San Silvestre del corriente año.

En esos pensamientos, no ha faltado el momento en que como también suele decirse con frecuencia eso de lo que, los viejos nos volvemos "niños" y en partes no falta razón.

A medida que van pasando los años y disminuyendo, e incluso hasta a veces perderse, parte de cualidades físicas, y en no pocas ocasiones también mentales, aunque ésto gracias a Dios a mi no me alcanza, nos lleva quizás a sentirnos un tanto desvalidos, de como lo habíamos estado gozando durante los años de nuestra juventud y adultez.  Esto que termino de relatar, nos lleva en no pocas ocasiones de pensamientos hasta nuestros seres mas próximos y queridos, de quienes nos sentimos apoyados  y en parte confiamos en ellos para esa ayuda que tan necesaria nos es, para  conseguir lo necesario que nos lleve hasta la meta soñada. Esa meta, no la colocamos hasta allá como decía el final del año en que estemos caminando, si no que lo situamos en etapas, que según nuestro estado de salud del momento, lo hacemos más o menos lejana del día en que a ello nos lleva nuestro pensar.

No deja de pasar por nuestras mentes, primero con los hijos y años más tarde con los nietos, de cuando recurrían a cogerse de nuestras manos para ayudarles en salvar cualquier contrariedad que se presentara, y eso mismo es lo que ahora nos sucede a nosotros... ¡Qué pronto han pasado los años de aquello que nos era solicitado, a esto que ya precisamos!

En mi propio caso, de cuando yo prestaba aquellas ayudas y pendientes de todas sus necesidades estábamos, de quienes próximos están de alcanzar la condición de sexagenarios, y no digamos que bastantes años después también había que hacerlo con sus descendencias, encontrándose éstos actualmente en plena madurez personal, e incluso los últimos, gozando de esa plena y divina juventud, de la que dejamos atrás años ha. Así hora a hora, año a año, y hasta decenio a decenio, ha pasado el tiempo que con su caminar sin tomarse el menor descanso, nos va pasando por las diferentes etapas de la vida y colocándonos en las situaciones, que aún sin pedirlas, y hasta algunas sin desearlas, donde nos corresponde.

No quiero que cuanto llevo escrito, se tome como una protesta a como se ha ido sucediendo, y situación que me hallo, y de lo que cada día que amanezco, no tengo por menos que dar gracias a Dios de todo cuanto concedido me ha sido, si no que como planes futuros no es cosa de planear, dejamos deslizarse nuestros recuerdos por todo ese devenir, que aunque como en mi caso, tan luengo está siendo, con solo volviendo el pensamiento hacía nuestros inicios, da la sensación de haber hecho toda esa travesía, como suele decirse, en "un abrir y cerra de ojos".

Hasta la próxima entrada y cumplido el trámite de una nueva.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡Año nuevo a la vista!


Comenzaré diciendo que tal día como hoy pero de 2007, hacía mi primera entrada en este Blog, por tanto se cumplen nueve años en este menester. Nunca pensé entonces llegara a esta efemérides y mucho menos haciéndolo con otra entrada, aunque de contenido totalmente diferente. Digámosle adiós a aquellas entrada y bienvenida a ésta.

Ahora vamos al grano.

¡Cuán diferencia la perspectiva de la entrada de un nuevo año, de hace por ejemplo 70, a la de ahora que voy en busca de los 92! Aquella, la que dentro de unos días habría de incorporarme a mi destino en las oficinas de Capitanía General de Sevilla donde realizaba la prestación del servicio militar, tras de terminar el permiso que estuve disfrutando durante las Navidades de 1946.

La principal preocupación en aquellas Navidades, era la del disfrute personal y pasarlo bien. La propia prestación de la mili, en nada lo era, dado que hasta entonces me estaba dando la mejor vida que hubiere llevado, pero con mucha diferencia. El tiempo de prestación del servicio militar por los reemplazos no estaba determinado, así que no se tenía idea del que pudiera faltar para el licenciamiento, e incluso así, que como dejo citado yo me estaba dando una buena vida, por mi parte, que llegara cuando quisiera. Si deseaba, llevar dos años de servicio, que ello me permitía poder iniciar los trámites para mi ingreso en la Guardia Civil, que desde hacía algunos años  tenía en mente. Aquellos veintiún años con los que contaba entonces, con toda una vida por delante, aunque poco era el conocimiento que tenía del mundo, internamente me consideraba con fuerza para afrontar todos los avatares que pudieran presentárseme. El tiempo parecía caminar con una lentitud desesperante, cuando se tenía la necesidad en contar con algún año mas para poder optar a ello.

El echarse novia y casarse, ya llegaría, sin que ello pudiera quitarme el sueño, aunque desde niño estuvo siendo una de mis preocupaciones. Cuando en ciertos momentos de pensamientos íntimos por la soledad en que pudiera hallarme, e igual solían hacerlo generalmente mis coetáneos, se llevaba el pensamiento hasta el año DOS MIL, aunque ni siquiera podía imaginarse como sería el mundo cuando hubiere transcurrido más de medio siglo, que era lo que entonces faltaba para llegar al final de aquel siglo XX.

Pero todo ello, y volviendo la vista atrás en estos momentos, fueron llegando todas esas cuestiones que la vida depara, como suele decirse en un abrir y cerrar de ojos, y hete aquí que hoy, a las puertas del inminente año 2017, ya hoy, que mañana ya lo será ese nuevo año, cuales son las perspectivas de un nonagenario. LA PRIMERÍSIMA, y a mucha diferencia de cualesquiera otra preocupación, radica en ese pensamiento que por muchos momentos está en menta, es interrogarse íntimamente si dentro de un año se podrán volver a vivirse otras Navidades, y el transcurso de más de trescientos cincuenta días, se otea con sendereos llenos de dificultades para poder llegar a esa meta.

Pero a todo cuanto llevo expuesto, también, y creo que así es, alguien con razón dijo, que 
¡NADIE ES TAN VIEJO, QUE NO PIENSE QUE AUN PUEDE VIVIR UN AÑO MAS!  Y claro, yo estoy de acuerdo con ese pensamiento.

Hasta la próxima entrada que ya será el año que viene. 
    

martes, 20 de diciembre de 2016

Las Navidades



Tras una larga sequía, por cuanto a mi entrada en el blog se refiere, y no siendo muy original en el tema elegido para esta nueva entrada, voy a referirme a lo que han sido las Navidades por lo que a mi personalmente se trata, que como es natura ha habido de todo.

Las pasadas hasta la llegada de la Guerra Civil Española, o sea las diez primeras de mi vida,  y cuando ya comencé a tener noción de dichas fiestas,  solo me hacían ilusión los dulces que mi madre solía hacer con motivo de las mismas, y que eran los siguientes: Perrunas, que eran una especie de mantecados; roscos de vino que de lo único que me acuerdo es de que los freía con aceite; buñuelos de azúcar: buñuelos de miel y hojuelas, con miel por supuesto.

A partir de la Nochebuena, mi madre nos los daba como suele decirse con cuenta gotas, al punto de que para el día de Reyes como no había juguetes que echarnos, los sustituían un dulce de un par de clases y tres o cuatro peladillas, que era lo único que se compraba. Concretamente para mí, las Navidades, eran igual a los dulces.

Las correspondientes a los años de 1936-38, ambas inclusive, como eran los años de la guerra y estábamos en zona roja, no recuerdo de que siquiera se hablara de dichas festividades ni que incluso se celebraran en otros puntos de España. Como se dice,  pasaron sin pena ni gloria.

Las de los años 1939-43, las cinco las pase en la La Calera, y salvo las del 39 que contaba solo con 14 años de edad que me distraía viendo bailar a los demás, las otras, no solo en las navidades, si no todas las noches que duraba la temporada de la aceituna, pero a partir del siguiente año ya no me perdía ni una pieza en los bailes, que era lo único especial que se hacía, y que durante las mismas, el manijero prorrogaba una hora mas la duración del baile que era hasta las doce de la noche, pues a las seis de la mañana siguiente, había que levantarse.

Generalmente, solía descansarse el día 25, o como se decía en el mundillo del trabajo, se "holgaba" aunque si no se trabajaba, no se cobraba jornal tampoco. Yo como en las de los años 41, 42 y 43 ya trabajaba en la molina, no se laboraba el día 25, pero luego dos días seguidos echábamos jornada y media para reponer el día perdido. En  la última que pase en la finca de La Calera, me eche la primera novia de mi vida, ya contado en varias entradas de este blog.

Las correspondientes a los años de 1944 a 1949, inclusive, y aunque en los años de 46 y 47, estaba en la mili, tuve la suerte de que me dieran permiso en ambas, y fueron seis Navidades consecutivas las pasadas en Villaharta, y las más y mejor disfrutadas, Comenzábamos la Nochebuena yendo a la Misa del Gallo, después de la misma nos íbamos a casa de algun amigo, que por supuesto contara con medios para ello, y hacíamos unas migas con sus correspondientes torreznos y chorizo, regadas con el vino necesario para hacerlas mas deliciosas y en ello nos llegaba el bien amanecido día de la Navidad, que provistos de panderetas, almireces y zambombas, salíamos por las casas del pueblo pidiendo el "aguinaldo" y que además de algún dinerillo, lo que mas nos daban eran cosas de la matanza, y alguna que otra botella de vino de la propia crianza, que todo bien administrado, nos duraba para los tres días de la Pascua. Eso en los años de la hambre, la mayoría reponíamos fuerzas para una temporada, y el disfrute puede imaginarse, dado a la necesidad pasada a lo largo de todo el año.

Cuando llegábamos a las casas a pedir el aguinaldo, la presentación era el preguntar ¿Se canta o se reza?, y siempre en las casas que estaban guardando luto por el fallecimiento de algún deudo, la respuesta era "se reza", y entonces en vez de los consabidos villacincos, largábamos unos cuantos padrenuestros, credos y salves, y los dedicábamos pidiendo por el difunto o la difunta, que siempre se sabía quien había sido la que llevo el luto a la familia.

Los tres días de Pascua, había baile por la tarde y por la noche, así que la diversión estaba garantizada todas las fiestas.

n con las estrecheces económicas de aquellos años, recuerdo haber pasado una juventud maravillosa, y es que tras haber pasado una Guerra Civil en nuestra niñez y adolescencia, aquello era el no va a más del disfrute.

Ahora me toca relatar, la mas especial de todas las navidades en lo que llevo de vida, y aunque  ya contada muchas veces, voy a hacerlo sin alargarme mucho, pero lo suficiente para que se comprenda lo que supusieron para mí.

24 de diciembre de 1950, primera Nochebuena pasada en la Guardia Civil. Serían las doce de aquella noche, "diremos que a un compañero se le escapó un disparo", y no tuvo otro sitio donde dar el proyectil si no en mi rodilla de la pierna derecha, atravesándome la misma. Al médico me llevaron, primero, a lomos de un mulo, y a mitad del camino, en el coche del Capitán, que noticioso del caso me llevaron en el mismo. Hecha la cura de urgencia, de vuelta al cuartel, donde quedé encamado hasta la mañana siguiente que llevándome hasta un control del Cuerpo en la barriada de Sabinillas, y mas de una hora de espera, me trajeron a Málaga en un autobús de la Compañía de Antonio Machín que totalmente vació venía aquí donde actuaba el mismo.

Serían la una de la tarde del primer día de la Navidad, cuando ingresaba en  la Sala de Cirugía del Hospital Militar, donde quedé encamado en la número 2. Yo lo primero que hice fue comunicar a mis superiores, que no deseaba que se diera conocimiento de ello a mis padres y hermanos, pues la situación económica de aquellos tiempos, no les permitían poder pagarse un lugar donde pernoctar en caso de venir hasta aquí, ni incluso tener para el pago de los propios billetes de autobuses y del tren.

En todas las Navidades, ni una sola persona se acercó a mi cama para preguntarme que me sucedía, salvo la visita del médico que lo hacía a primeras horas de la mañana. Sin duda los veinticinco años de edad que tenía y el evitar que mis padres pasaran el mal rato de la noticia y las casi imposibles posibilidades de venir a verme, tuve la suficiente entereza de ánimo para superar aquellos días cuando la Sala se llenaba de familiares a visitar a los suyos, y yo en aquella cama número 2, situada inmediatamente junto a la puerta de entrada de la Sala, que como he citado nadie, y digo nadie, se acercó a mí. Diré que mis padres tuvieron noticia de todo ello, en el mes de agosto siguiente. cuando fui a mi pueblo con quince días de permiso de verano.

Dado a que demasiado largo se me ha hecho este relato hasta aquel 1950, voy a tirar por la trocha y decir que todas las demás hasta ahora, con la excepción de las de 1996, por enfermedad de mi mujer (q.e.p.d.), que han sido las de mayor dolor y tristeza, lo han sido de felices celebraciones. Éstas que están a las puertas de su llegada, quiera Dios lo sean como las recientemente pasadas, y sobre todo que todos esos seres míos a los que adoro, sigan como los son y están actualmente.

Asimismo se las deseo a todos mis amigos, conocidos, y a quienes osen echar un ojo a esta entrada, y que 2017, le sea una año lleno de venturas.

Y a mi que Dios me mantenga la esperanza de que las del próximo año, pueda ponerlas aquí, aunque resulten un poco rollazo, como éstas.

Hasta la próxima.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Pelando la pava


Hallándonos próximos a las fiestas de la Navidad,y dándole vueltas al meollo sobre los villancincos que allá en mi niñez y juventud solían cantarse en mi pueblo, se me ha venido al recuerdo uno, que aunque hace algunos años no lo he oído cantar, y que decía así:


Esta noche es Nochebuena,
y no se pela la pava,
que están los novios borrachos,
y se les cae la baba.

Seguramente la inmensa mayoría de la juventud actual ni siquiera sabe lo que significa pelar la pava. Pues para aclarárselo si alguno no lo sabe, se decía pelar pava a cuando los novios solían hablar entre ellos, por ejemplo en el interior de la casa de la novia, dándose la circunstancia que ello se hacía siempre bajo una vigilancia ejercida generalmente por la propia madre de la misma, a cuya persona que realizaba tal cometido, se le llamaba "carabina". Tal misión, solo tenía por objeto el evitar que los novios se tocaran o besaran entre ellos, cuestión que ademas de considerarse que eso era pecado, especialmente las madres de las novias, trataban de evitarlo a toda costa, que en ello dependía la honra de su hija.

Precisamente yo, pelé la pava en dos o tres circunstancias diferentes, o sea con novias distintas, pero la última lo fue por espacio de cuatro años y dos meses, sin que cuando se hacía en casa de la prometida, nunca me faltó la presencia de la carabina, y en una ocasión en que la misma se levantó para ir a la cocina a echar un vistazo a la comida que estaba haciendo, al regresar nos sorprendió dándonos un beso a lo que no pudiendo reprimirse de llamar la atención, dirigiéndose a su hija, le dijo que ¿¡QUÉ ERA ESO!?, a lo que contestó a la pregunta de su madre: "Pues que nos estábamos dando un beso, o es que no lo has visto". Yo agaché la cabeza y creo que hasta me ruboricé.

Si los padres de la gente de mi generación, como suele decirse, levantaran la cabeza y vieran el como se desenvuelven hoy los noviazgos, volvían a morirse de ver lo que considerarían las sinvergonzonerías de como lo hacen. Y todo aquello que seguramente se había venido practicando durante siglos, en unos cincuenta años, se ha transformado en lo que hoy son esas relaciones.

Según unas exploraciones que yo he realizado para conocer de donde viene esa expresión de "pelar la pava" a cuando están hablando los novios, parece ser que "una señora mandó a la criada a desplumar una pava que iban a preparar para cocinarla, cuya misión estaba realizando en una habitación junto a la ventana, y estando en ello. llegó su novio y se pusieron a platicar, y como quiera que tardaba la sirvienta en regresar con la pava desplumada, dando una voz le preguntó que por qué tardaba tanto, contestándole la misma, señora "QUE ESTOY PELANDO LA PAVA".

   Como no, según algunas fuentes, el origen de la susodicha frase no pudo ser en otro lugar que no fuera Andalucía. 

En mis tiempos, como a los mayores nos gusta decir, el noviazgo se iniciaba primero por la calle, o en el paseo, aprovechando la salida de la pretendida, una vez formalizado el noviazgo que se consideraba como tal, cuando se daba el primer beso aprovechando cualquier descuido. De ahí se pasaba a hacerlo bien en la puerta de la casa o a través de una ventana de alguna habitación, la novia por dentro y el novio en la calle, que como claro era la vía pública se hacía sin pedir permiso, y de ahí, cuando ya el noviazgo estaba formalizado y las familias de uno y otro estaban al tanto de ello, se pedía permiso, generalmente al padre de la novia, que entonces se consideraba el cabeza de familia,  para entrar en la casa  donde se pelaba la pava como ha quedado señalado.

Si la época de hablar en la puerta o a través de la ventana era en invierno, el pobre novio pasaba mas frío que lavando rábanos como suele decirse, y más de una vez volvía a su casa empapado de la lluvia que le había caído encima.

Para la mayoría de los escasos que paséis la vista sobre esta entrada os parecerá que esto son cosas de la Edad Media, pero como he citado antes, yo he pelado las pava en esas condiciones y pedido permiso para entrar en la casa en tres ocasiones.  Las circunstancias, así me lo pusieron.

Hasta la próxima.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Migas "perdías"


Llevamos en Málaga mas de cuarenta horas sin dejar de llover. El río Guadalmedina, que parte la ciudad en dos, va como hacía años no lo veía. No es que se vaya a desbordar, pero tampoco sería extraño si continua lloviendo y por más que estamos en alerta naranja. Pero, en fin, hasta ahora no ha llovido torrencialmente y está remediando la sequía que padecíamos.

Hecha esta narración, por lo que respecta a como diríamos una crónica malagueña, vayamos al motivo del título de la entrada de hoy, y ya hay que volver cuando menos setenta años atrás.

Dando ese salto hacia atrás en el tiempo, y sobre todo cuando se estaba en las faenas de la recolección de la aceituna, como no, allá en La Calera, cuando amanecía un día así de lluvioso, como hoy lo está aquí en Málaga, comenzando por el propio manijero de la faneguería, cuando se levantaba, solía dar la voz de "hoy migas perdidas". Ello quería decir que como no se podía ir a trabajar, no se cobraba el jornal correspondiente, cuestión que en los inviernos lluviosos, época de la recolección, no era un día solo el que no se podía ir al trabajo.

El único año que yo estuve realizando el vareo, cuando solo hacía lloviznar, recuerdo que en la vara utilizada para la faena y un poco por encima de donde se cogía con la mano derecha, con unos pastos de hierbas algo largas, rodeábamos la vara con una especie de rosco a fin que al resbalar el agua por la misma, se impedía en que llegara a la boca manga y entrara por el brazo, lo que además de que te mojaba todo el cuerpo, resultaba muy desagradable por lo fría que chorreaba vara abajo.

Sin embargo los tres años que yo trabajaba en la llamada almazara, pero en argot molinero, era la "molina", un día de agua lo festejábamos por todo lo alto, ya que nosotros como faenábamos bajo techo, no perdíamos el jornal, y los vareadores, y las recogedoras, que siempre eran mujeres, si habían de holgar forzosamente, y aquel día había baile tarde y noche. Pero si nos fastidiaba el día que estábamos en el segundo "relevo" que se hacía de 14 a 22 horas, y el baile de la tarde se perdía.

Estos bailes eran para nosotros, los que estábamos casi todo el año trabajando en dicha finca, dado a que se nos pasaban los meses y los meses si ver siquiera una mujer, pues en el caserío solo estaba la mujer del casero y a lo mejor se nos pasaban hasta semanas sin verla siquiera.

Independientemente del relato sobre las "migas perdías", había un refrán específico para un día lluvioso en el que no se podía ir a trabajar al campo: "Día de agua, taberna y fragua".

A la taberna generalmente iban los jornaleros, que en la mayoría de sus trabajos solían trabajar con herramientas del patrón, o de "el señorito", aunque esto ya no se decía en mis tiempos, si no en los anteriores. Y lo de fragua, era que los labradores, ese día que no podían ir al campo, lo dedicaban a llevar a la fragua las herramientas que precisaban de cualquier arreglo o reparación, tales como las rejas y las tejas de los arados, que se les denominaba de  "vertedera", azadas, hachas, hocinos y todas aquellas que se fabricaban o arreglaban en las dos fraguas que entonces había en mi pueblo, propiedad de dos hermanos, uno era conocido por Ovidio, como era su nombre, y el otro por su apodo de "Carita".

Recuedo que Ovidio, uno de sus hijos llamado Manolo era amigo mío, y cuando no iba a la escuela estaba en la fragua y lo ponía su padre a manejar el fuelle para dar aire al carbón de la candela de la fragua donde colocaban las herramientas para ponerlas al rojo vivo, y aunque mi amigo Manolo no dejaba de tener el fuelle en movimiento, su padre, cada no mas de quince o veinte segundo seguidos, no dejaba de soltar como un latiguillo la palabra "aire", "aire", y así repetido todo el tiempo que estaba la herramienta en la candela, y que una vez sacada, Manolo había de tomar el "macho" como denominaban al martillo mas grande y gordo, que machacaba donde su padre, el maestro, le iba indicando con el martillo pequeño. Esta última narración me ha llevado a mi niñez, cuando yo llevaba mi rueda de hierro o mi "guiador", que se usaba para conducir la misma, a fin de que me la reparan o arreglaran, por cierto gratuitamente.

Como nos suele gustar decir a los "viejos", ¡qué tiempos aquellos!

Hasta la próxima.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Duro y penoso trabajo

Ecomuseo de Guinea
El Golfo, Isla de El Hierro

Hoy circulando por cualquier calle de Málaga, es difícil no tropezarse con alguna obra en ejecución. Para la mayoría de  todo trabajo en obras se utilizan actualmente herramientas que hacen mas llevadero y cómodo su realización por los trabajadores.

Dándole vueltas al magín me ha venido al recuerdo una clase de trabajo, que aunque por suerte yo no llegué nunca a realizar, pero si mi padre se vio obligado a practicarlo en mas de una ocasión, y era lo que en aquellos tiempos se le llamaba "machacar piedra". Aquello no era nada más que convertir la piedra en grava, y que como siempre, entonces se utilizaba en la construcción y reparación de carreteras especialmente, pero totalmente diferente el medio en el que dicha piedra era transformada en grava, ya que había que realizarlo personalmente por el trabajador, por medio de una especie de martillo, el que era de hierro acerado, del  tamaño del puño mediano de un hombre, y al que se le colocaba un mango bastante largo a fin de darle mayor fuerza y que al golpear la piedra, se consiguiera ir convirtiéndola en pequeños trozos, o sea en grava.

Para dicho trabajo, los obreros habían de colocarse unas espinilleras hechas por ellos mismos a mano, de cualquier materia, especialmente de neumáticos, y que habían de cubrirle como mínimo desde la rodilla al empeine del pie, dado a que los trozos de la piedra al ser golpeada, en la mayoría de las ocasiones saltaba con tal fuerza que de no tener colocadas las espinilleras la simple tela, o pana, del pantalón no era lo suficiente para evitar que le produjeran heridas. Casi siempre, del mismo material que se hacían las espinilleras, se fabricaban una especie de calzado al que se le llamaban albarcas, o abarcas, que igualmente les servían para guarecerse los pies de sufrir heridas.

También, como  al golpear el "porrillo" contra la piedra, la que habían de sostener con el propio pie del trabajador, la manos que sostenían el mango, recibían el efecto tan fuerte de aquellos contactos, que asimismo habían de colocarse una especie de vendas con el fin de neutralizar en lo posible el que le causaran heridas en las mismas, las que no obstante ello, era inevitable el que siempre las  tenían llenas de llagas.

Tan duro y penoso era aquel trabajo, que solamente los obreros se prestaban a ello, en las épocas de paro casi general, particularmente como sucedía en mi pueblo, cuando se terminaba la  recolección de los cereales en verano, y se dedicaban a machacar piedra  o en la casa no entraba dinero alguno, y las necesidades y carencias eran tales. que no había mas remedio que afrontar aquellas penalidades.

Yo en una ocasión y por espacio creo que de poco mas o menos diez o doce días, lo que si hice, fue el acarrear la piedra, para lo que recuerdo hube de pedir un burro prestado, y especialmente de los arroyos llenaba el serón de piedras, que  se les llamaba "cantos rodados", las iba echando en un cajón, que tenía una medida de un metro cúbico, y  que me lo pagaban a cinco pesetas el metro. Casi todos los días conseguía completar dos metros, tras estar diez o doce horas recogiendo y porteando piedras. Pese a todo, era mucho mejor que el machacarlas.

Ahí queda eso, para quienes actualmente se quejan de las durezas y penalidades del trabajo, y es que entonces no había otro modo o forma de realizarlo, y la necesidad obligaba.

Lo dejo aquí, que me parece que hasta me han salido llagas en las manos nada mas que de recordarlo. Y menos mal que la última etapa de mi vida, lo está siendo, sin punto de comparación, mucho mejor que como mi padre cuando yo era niño, hubieron de "machacar piedra".

Hasta la próxima, que me buscaré un trabajo más llevadero.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Montanera y Matanza.

La Matanza de Acentejo

Por estar en plena época de la bellota, se me ha venido al pensamiento tratar hoy sobre la montanera, que se trata del engorde del cerdo por el sistema conocido por dicho procedimiento.

Muchas veces hemos observado en los establecimientos donde se venden jamones y carnes del cerdo en los que se indican, distintos métodos del engorde del animal, como pienso, bellota montanera y otros.


Como he citado en el título, señalaré que el no va más de la calidad de la carne del cerdo ibérico es el engorde por el procedimiento o modo de la montanera. Esto consiste en que los cerdos se tienen pastando en la dehesa mientras los porqueros les varean las bellotas de las encinas, y así al intervenir la alimentación del fruto de la bellota y el aporte de las tiernas hierbas del campo  que suelen salir con las primeras aguas del otoño, le dan a la susodicha carne ese aroma y sabor tan especial y que resulta una delicia el consumirla.



Pero aparte de lo señalado, quiero citar unos requisitos para que eso resulte tal queda indicado, que por ejemplo en mi pueblo, y en los del Valle de los Pedroches y de Extremadura son más que conocidos, por ejemplo en las gentes de aquí de Málaga y las grandes ciudades le resultaran totalmente novedosos y es lo siguiente.


A fin de que los cerdos echados a la montanera coman solo la bellota y las hierbas del campo, se ensortijan antes de comenzar la temporada y que consiste en colocarles en la parte delantera y superior del hocico, o "jeta", como se dice en mi pueblo, un pequeño arete metálico,  con lo que les impide el que puedan hozar en la tierra, por serle doloroso,  sacar e ingerir las lombrices que también con las primeras aguas del otoño suelen desarrollarse, que les resultan un bocado exquisito, y con ello dejan de comer el fruto citado y las hierbas como se ha indicado anteriormente, y en vez de conseguir el engorde deseado, incluso llegarían a perder peso del que tenían cuando comenzó la montanera.



Otro de los detalles que asimismo resultaran totalmente desconocidos para las gentes que antes señalaba, es que sobre todo los cerdos machos, antes de comenzar su engorde, generalmente en verano, y casi en su totalidad, incluso el año anterior, o cuando son jóvenes, hay que castrarlos o "caparlos" como se dice en el argot popular, dado a que de no hacerlo así, la carne de los mismos tienen un sabor y un olor tan desagradable que no hay cristiano, y nunca mejor dicho lo de cristiano, que sea capaz de ingerir ni sus jamones, ni sus tocinos, ni nada de sus carnes. En ocasiones las hembras también suelen castrarse, pero solo con el fin de que no entren en celo y con ello no comerían como lo hacen sin estar en tal estado.


En algún momento de estar escribiendo esta entrada, se me ha venido al recuerdo de cuando yo era niño, que en las matanzas, las quijadas de los animales que se sacrificaban, que nosotros las llamábamos "mocarra", se nos daban y nos íbamos a las afueras del pueblo donde haciendo lumbres con leña recolectada, las asábamos y allí nos las merendábamos con gran festividad. La última de la que yo pude tomar parte lo fue hace como mínimo mas de ochenta años. Muchas veces estaban llenas de cenizas o restos de pastos o hierbas, a medio asar. pero como salieran, así tal las comíamos.


Espero haya conseguido llegar alguna novedad sobre el particular de los jamones y carne del cerdo ibérico engordado en montanera a alguno de los escasos lectores que lleguen a entrar en "Montanera y matanza".



Hasta la próxima.