lunes, 26 de septiembre de 2016

Cuando doblan las campanas.


Hoy, sin que haya venido a cuento de nada y como hay quien dice que soy "mu pensaor", me ha venido al recuerdo un hecho que como mínimo acaeció hace por lo menos ochenta y cinco años y fue lo siguiente.

Una noche estando cenando con mis padres, comenzaron a doblar las campanas de la iglesia, y mi madre santiguándose dijo lo siguiente, " Ya ha muerto, no recuerdo el nombre, ni si era hombre o mujer", pero sin duda era una persona del pueblo que estaba gravemente enferma y por tanto terminaba sus días.

En un pequeño pueblo como era, y lo sigue siendo el mio, se estaba al tanto de quién esta enfermo y casi hasta quien había cogido un constipado, así, y como creo recordar se sucedió tal hecho de que tanto de día como hasta bien entrada la noche, cuando alguien fallecía, procedían a doblar las campanas, todo el pueblo quedaba enterado del acontecimiento.

El traer a colación este hecho no es precisamente por el relatado, si no por lo que a partir de entonces, cada vez que yo oía doblar las campanas lo relacionaba con la muerte de alguien, y aunque no siempre lo era por eso, a lo largo de algunos  años, hasta aun siendo un adolescente, se me encogía el ánimo al punto de no poder evitar que me brotaran algunas lágrimas.

En mi pueblo, éramos tan humildes que ni siquiera había torre en la iglesia, si no una pequeña espadaña, a la que por cierto le llamábamos  "torre", y contaba con solo dos campanas, de cierta diferencia entre una y otra en la gravedad de su tañido, y aunque no sea tal lo hacían, voy a tratar de hacerlo como mejor se, poco mas o menos.

Una, la más grande:

Toooooommmmm.......Toooooommmmm..............

dejando pasar unos segundos, la mas pequeña sonaba así,

tiiiiiinnnnnn........... tiiiiiinnnnnn......., tiiiiiinnnnnn,.................

La primera sonaba dos veces y la otra tres,  igualmente dejando cierto espacio de tiempo entre el toque de una y otra campana, cuyo eco con el silencio del pueblo en aquellos tiempos, estaba resonando un rato.

No entonces, si no incluso ahora que ya no soy niño ni adolescente, aquellos sonidos de una y otra campana, producían en mi estado de ánimo, un  no se que,  no  pudiendo  señalar mejor lo tétrico de su tañer para decir que alguien había muerto.

Posiblemente para desquitarme en el sentimiento de cuanto me sucedía en el doblar de las campanas, cuando repicaban, se me alegraba el ánimo, todo ello, hasta que llegó la guerra civil española, que cuando después de que una avioneta sobrevolando el pueblo arrojó unas cuantas bombas, cada vez que un avión se acercaba, se anunciaba mediante el repique de las campanas, que era lo único que no había desaparecido de la iglesia, y que también podían haberlo hecho doblando las mismas, en vez de repicar, por que lo que anunciaban no era cuestión de celebraciones.

Desde que salí de mi pueblo hace setenta años, no he oído doblar campanas como lo hacían las de mi pueblo.

Extraña y rara cuestión lo tratado hoy en esta entrada, pero como el título de este blog es el de "Recuerdos", y éste no es uno de los menores, ya que creo que han sido miles de veces a lo largo de mi ya larga existencia que me he acordado de esa primera vez que hicieron mella en mi ánimo el doblar de las campanas de mi pueblo.

Hasta la próxima que podrá ser mas alegre, pero creo que mas original, no.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Adios a las armas y con paradoja

Fortaleza de Sagres, Algarve, Portugal

17 de septiembre de 1948. Después de dos años. cinco meses y once días causaba baja en el Ejército con "permiso indefinido" que al final resultó ser definitivo. Yo había salido de mi casa para incorporarme el día 6 de abril de 1946. Hoy por tanto se cumplen "SESENTA Y OCHO AÑOS" de aquel día. Perdonadme, si como suele sucedernos a los cargados de primaveras, no podemos resistirnos al dicho ese de "y parece que fue ayer"...


En mis tiempos, para los hombres se consideraba una de las etapas de mayor trascendencia el cumplimiento del forzoso servicio militar. Así cualquier circunstancia sucedida en la vida de un hombre, se hacía comparación de haber sucedido antes o después de la mili. Todos los que  hacíamos el servicio militar, después a lo largo de la vida, raro era el día que no se sacaba a relucir cualquier evento o sucedido durante el tiempo que se permaneció en activo.



Mi curriculum cuando yo me incorporé al ejército, y que me faltaban veintiún días para cumplir esos mismos veintiún años, era de nueve trabajando en el campo entre porquero, pastor y jornalero agrícola, y dos años como minero, con la categoría de vagonero en una mina de carbón.



Como todos cuantos hayáis leído algo mío sabéis que yo podía no haber realizado el servicio militar dado a que había una disposición que los trabajadores en esa y otras clases de minas, le constaría como realizado dicho servicio si permanecían en el trabajo. el tiempo que los de su reemplazo estuvieran realizándolo en sus unidades militares.



El trabajo de minero, hasta entonces, comparándolo con todos los que había practicado en el campo, no es que fuera el que menos me gustaba, si no que casi lo detestaba y solo me mantenía en el mismo por la imperiosa necesidad de tener que ganar un jornal con que aportarlo al hogar que tan precisado estaba de ello. Pero como lo he citado muchas veces, aun siendo todavía un niño, una de mis principales preocupaciones era lo que sería de mayor con lo que me ganaría la vida, y en mi pueblo, Villaharta, no tenía otra opción que lo que había venido realizando, el campo o la mina. Ante esta perspectiva, cuando me llegó la hora, al igual que lo hicieron algunos otros compañeros, opté por dejar el trabajo en la mina, e incorporarme al Ejército, donde no se porqué, tenía la esperanza de alcanzar lo que con tanto interés deseaba.



Riotinto, Huelva

Como todos cuantos me hayáis leído algo, y si no lo repito aquí ahora, por un impulso de lo que pasados más de setenta años todavía no se porque lo hice, sin haber tocado siquiera una máquina de escribir, solicité como voluntario para irme de mecanógrafo nada menos que a Capitanía General, de Sevilla, donde los solicitaban. Como quiera que se realizó el milagro de que, al negociado que me destinaron, en vez de estar mandado por un Capitán, que también lo era, pero resultó ser además un Santo, así con mayúscula. Sin darle mas vueltas, al mes poco más o menos de mi presentación ya comenzaba a despachar correspondencia con la máquina de escribir.


A las oficinas de Capitanía pasé destinado cuando llevaba en el Regimiento de Artillería 14 de guarnición en dicha ciudad de Sevilla, tras haber estado mas de un mes hospitalizado en el militar de la Macarena. En dicho Regimiento, hacía unos días me había dado de alta para asistir a la Academia de Ascenso a Cabo, ello con miras a conseguir los ascensos necesarios para haber continuado en el Ejército cuando me llegara la hora del licenciamiento, todo con arreglo a los proyectos que yo me había formado.



El plan de vida que conseguí cuando llegué a las oficinas de Capitanía tan distinto a los que había dejado atrás desde que vine al mundo, que mas que recrearme en ello, como diría Cervantes me refocilaba en aquella vida tan placentera, y porqué no, también en el estatus de sentirme un mecanógrafo, con perdón, algo mejor que aceptable, a lo que me acostumbré sin que mis sentimientos opusieran obstáculo alguno, hasta que cuando quise darme cuenta llegaba aquel 17 de septiembre de 1948, y como ni siquiera había solicitado el llamado "reenganche", en aquella fecha causaba baja en aquellas oficinas donde me dí hasta entonces la mejor vida que ni siquiera  hubiere podido soñar.



Unos meses antes traté de cursar solicitud para ingreso en la Guardia Civil, pero circunstancias ajenas a mi voluntad no me lo permitieron.



La alegría causada en los soldados el día en que les daban por terminado el servicio militar y por ello la marcha a sus casas, era inenarrable, pero se daba la paradoja, de que cuando tomamos el tren militar, en el que todos los vagones iban repletos de soldados, ya la mayoría vestidos de paisano, tomando toda clase de bebidas alcohólicas, portando algunos carteles con escrituras haciendo alusión a la dejada atrás de la la mili, y en las que no faltaban el nombre de algún superior, del que no se llevaban buenos recuerdos, y algunos, menos,  en su contra. Yo llevando colgado al cuello una especie de escapulario que me había hecho un compañero de oficina, en el cual había colocado la siguiente inscripción: "ADIÓS SERVA LA BARI Y LAS MUCHACHAS DE LA CIUDAD JARDIN". La última frase haciendo alusión a una novia que tuve en la citada barriada de Sevilla. No fui capaz de aceptar ninguna de las invitaciones de las muchas que se me ofrecieron en el tren durante el trayecto desde Sevilla a Córdoba, ni mi estado de ánimo lo iba como para acompañarles en aquellas interminables canciones, la mayoría un tanto obscenas o subidas de tono. Como decía, en mí, se daba la paradoja de que llevaba interiormente la alegría de llegar a mi pueblo, ver y estar con mi familia y con los amigos, pero por contra, casi me atormentaba en mis interiores la desazón del fracaso sufrido por cuanto que a pocos días vista, me esperaba nuevamente la vuelta del trabajo en la mina como así resultó ser. Nunca hasta entonces me había sentido tan insignificante y falto de actitudes para no haberme dado por resuelto el motivo y causa que me llevaron a dejar el trabajo en la mina y optar por hacer el servicio militar.



Hoy en la soledad de mi domicilio, cuando estoy relatando este pasado acontecer, incluso ha habido momentos en que aquel torbellino de pensamientos que veloces pasaban por mi cerebro, hasta han llegado a sentirme un tanto culpable todavía de lo que no supe ni fui capaz de  solventar. Todo aquel día con su correspondiente noche, ni siquiera fui capaz de conciliar el sueño por el descalabro moral del que solo yo era el culpable.



No quiero hacerme mas pesado con este relato del que ya me he extendido más de la cuenta, pero no puedo dejar de citar, que aún todavía fue peor el día de, no una más de una semana después, que otra vez volví al trabajo en la mina. Ello merecía una entrada solo para medio poder exponer lo desastroso que moral y físicamente me resultó.



Pero no quiero dejar mi estado de ánimo en el punto que cuanto hasta ahora he relatado, y hago constar que tres años después, en diciembre de 1951, aquellos conocimientos de mecanógrafo que conseguí en la mili, cuando ya Guardia Civil y destinado aquí en Málaga, me dieron la oportunidad de obtener un destino que me supusieron la felicidad y dicha durante los algo más de treinta y un años que permanecí en el cuerpo, y sin duda otras circunstancias que con tal motivo se dieron, que me llevaron entonces, y continuándolo sigo, a sentirme totalmente realizado y al premio de cuanto concedido me ha sido, no solo para mí, si no para todo mi núcleo familiar mas íntimo, que ni a soñar que me hubiera echado, pudiere haber sido tan extenso y bienaventurado como lo fue, ha sido y como apunto anteriormente, siguiéndolo sigue.



Pido perdón por todo el tostón que pueda ser para quien tenga la osadía de leer esta entrada, pero tan metido he estado en ello y raíces tan profundas me dejaron aquellos momentos, que no he sido capaz de no sacarlos a la luz, y que aun pasados sesenta y ocho años intactos permanecen en lo más profundo de mis sentires.



Hasta la próxima, que procuraré ser más breve.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El principio del fín


Aquel 8 de Septiembre de 1996, comenzaba el principio del fin de su paso por esta vida.

El principio del fin... del día
De izquierda a derecha, El Hierro, La Gomera y La Palma

Tal día como hoy pero del año citado en el párrafo anterior, los cinco matrimonios que generalmente solíamos salir juntos y de lo que en varias ocasiones lo he referido, celebrando la festividad del día, en Málaga la de su patrona la Virgen de la Victoria, asistimos a la celebración de la Santa Misa en la Catedral, estuvimos comiendo en el restaurante de pescaítos "Mario Eva", y luego nos vinimos aquí a mi casa, dedicándonos a lo que teníamos por norma, jugar al bingo, a las cartas, a cenar y pasar la velada lo mas divertida posible, lo que siempre lo conseguimos.

Mi mujer, que desde hacía tres años venía arrastrando las consecuencias  de una dolencia en su salud, y desde varios días antes lo había estado acusando, aquél, como por encanto se sentía sin dolencia alguna y pletórica de ánimo y alegría.  Aquella demostración llegaba a transmitírmela a mi, al punto de que hasta llegaba a hacerme la idea de que sus males habían terminado.

Aunque su carácter siempre fue alegre y desenfadado en las reuniones de amigos, aquel día, tarde y noche lo fue si cabe en su grado máximo.

Pasadas estaban las diez de la noche, cuando nuestros amigos se retiraban cada matrimonio para sus domicilios, cuya despedida lo fue como siempre amistosamente y su cita hasta el próximo fin de semana, como de costumbre a repetir aquellas reuniones.

Creo que aún no habían dado las doce de la noche, y toda aquella ilusión en que yo me había estado regodeando al ver su estado de ánimo, como si hubiere sido destruida por un rayo se hizo añicos. Comenzó con lo que venía siendo su martirio, los vómitos, y estuvimos toda la noche, ella que seguro no llegaría a dormir ni dos horas, y yo, como suele decirse, ni a pegar ojo.

Ni un solo día a partir de entonces tuvo lo que se podría decir uno medio tranquila, cuestión que repercutía en mí, que era su cuidador. Volvieron a comenzar sus ingresos y salidas del hospital Parque San Antonio, aunque sin que ya nunca llegara a estar sin dolencia alguna y así hasta su fatal desenlace el día 3 de febrero del siguiente año.

Todos lo comportamientos bienhechores hacía la persona amada, en este caso la propia esposa, deben hacerse  en vida como suele decirse y así es lo cierto, de lo que como mínimo tengo tranquilidad de conciencia, pero en estas efemérides de lo que acaecieron a lo largo de esa vida en común, no se puede dejar de traerlas al recuerdo, aunque sobre la propia persona, ni un solo día pasa sin que se haga, y ello puede considerarse como un homenaje al la felicidad que con su comportamiento aportaron al matrimonio durante el tiempo que transcurrió, en este caso, como la tan conocida recomendación del sacerdote que intervino en el acto del sacramento, "hasta que la muerte os separe". Miles de felices vivencias de sus hijos y nietos se perdió con su marcha, pero seguro, como se merecía, gozándolas estará, desde donde Dios ordenaría su acomodo. D.E.P.

Hasta la próxima.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Caso raro



Durante los algo mas de treinta y un años de servicio en la Guardia Civil, también por la razón de haber estado destinado muchos años en el Servicio de Información de la  Comandancia de Málaga, tendría muchas anécdotas que contar de los hechos acaecidos a lo largo de todo ese tiempo, pero esto que voy a citar, aunque somos muchos, o para decir verdad, fuimos muchos los que pasamos por ello, aunque ya no seamos tantos los que quedamos para contarlo, y es un caso que se dio solo en el personal de la Guardia Civil que pertenecíamos a la 2ª Zona cuyo Puesto de mando por un General de Brigada entonces, estaba ubicado en la Torre Sur de la Plaza de España de Sevilla.

Creo recordar lo fue allá por los años 1960-61 al General que a la sazón ostentaba el mando de dicha Zona, debió encendérsele la luz del entendimiento y dió la orden, extensiva a su zona que comprendía toda Andalucía y creo también Extremadura, para que todo el personal perteneciente a la Clases de Tropa del Cuerpo, que lo componían, Guardias, Cabos y Cabos primeros, para que procedieran a quitarse los bolsillos laterales de las guerreras de sus uniformes.

Yo que entonces ostentaba el empleo de Cabo 1º me vi inmerso en dicha orden. Se daba la circunstancia que los uniformes que llevaban algún tiempo confeccionados y como quiera que dichos bolsillos eran bastante grandes, al quitarlos se dejaba un contraste del color del tejido, al no haberle dado nunca el sol a la parte que estaba cubierta, y aunque en rarísimas ocasiones se utilizaban para meter algo en ellos, de lo que solo recuerdo de un Capitán, que no se lo que podría llevar, pero casi siempre los llevaba repletos y tan abultados, que no se como algún superior no le llamara atención por el efecto que ello producía. Pero como digo, aquellos parches que indicaban de donde habían sido retirados los bolsillos  resultaba de lo mas improcedente en un uniforme militar.

Aquel General, no recuerdo hiciera nada notable o de importancia durante su mandato de la Zona, pero siempre quedó entre todo el personal que componía la misma, incluso a los Suboficiales, Oficiales y Jefes que no le afectó dicha orden, con el merecido sobrenombre del "General de los bolsillos" .

En la fotografía que figura en la cabecera de esta entrada, que me la hice cuando prestaba servicio en el Aeropuerto, y la guerrera y el pantalón que llevaba en aquella ocasión y siempre para el servicio en dicho aeropuerto, puede observarse la falta de los tan repetidos bolsillos, aunque en mi no se notaba el contraste de color, dado a que yo pasé al Aeropuerto procedente del Servicio de Información y en el mismo vestíamos siempre de paisano,  era poco lo que había utilizado aquel uniforme.

Yo no se si en el Reglamento de Uniformidad del Cuerpo constaba que por las clases de tropa no se utilizaran los bolsillos laterales de las guerreras, pero tan pronto el General de los bolsillos cesó en el mando de la Zona, y no recuerdo se diera orden para volverlos a colocar, todos a los que nos los quitaron, procedimos a su colocación y hasta ahora, no creo se haya repetido tal circunstancia.

Lamento tener que contar esta anécdota de un General de la Guardia Civil, pero como es cierto, la verdad debe brillar por encima de todo.

Muchos de los componentes actuales de dicho Instituto estoy seguro les causaría sorpresa si tuvieran conocimiento de cuanto dejo expuesto.

Hasta la próxima entrada. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

Transpone agosto


Allá por su ocaso dentro de pocas horas se nos va el mes de agosto del 2016. Tras sí, se lleva también la temporada de las vacaciones.

Todos los años, desde hace ya bastantes, cuando llega el mes de junio, dentro de mí se me alborota un tanto la ilusión de que estamos a las puertas de las vacaciones. Y no lo es por mi persona, que llevo ya  vacando mas de treinta y cinco años, si no por todos los míos mas próximos que a la vez que ellos van a disfrutar de las mismas, en mí se multiplican los goces que les van a producir.

Sin duda, o cuando menos a mi me sucede, en la medida en que se van acumulando años a la vida, se siente esa perentoria necesidad de recibir el calor de su proximidad, que es sin duda el mayor de los alicientes que ayudan a sentirte a gusto cuando la pendiente del caminar por la vida se va empinando.

Muchas veces me he preguntado, ¿qué sentirá una persona cuando comienza a notar el peso de la edad, y carece de todo miembro de familia en la que pueda depositar y recibir sus afectos? ¿Qué ilusiones alberga que le hagan más llevadera la travesía cuando siente que la meta va quedando cada vez mas próxima?

Yo, gracias a Dios, tuve la dicha que desde mi infancia estuve arropado por unos padres y una familia que me hicieron vivirla totalmente feliz, pese a las carencias que durante varios años hubimos de soportar. Así lo seguí siendo durante mi adolescencia y juventud. No pudo ser más completa la dicha que se forjó con mi matrimonio y la descendencia que por ello nos llegó, con la excepción que con la pérdida de mi mujer, nos hizo afrontar tan desgraciado acontecer.

Esas familias que mis hijos llegaron a formar y con ello la llegada de los nietos, con lo que todo eso, no pudo y siguiéndolo puede, colmar todo ese regodeo que nada otra cosa en la vida puede aportar.

Ahora, cuando camino ya por esos vericuetos a los que nunca pensé pude haber llegado, sigo gozando de esa calidad de vida envidiable para cualesquiera coetáneo, con lo que además de la aportación de todos los míos a los que ya he hecho mención, por esas casualidades que proporciona la vida, el cruce en mi camino de una mujer, que su amistad y afecto mutuo que nos dispensamos, ha llegado al no puede pedirse más hasta donde ha llegado y llega, mi feliz tránsito por el devenir de esta etapa, que siendo como ahora lo es, no me importa el continuar caminando hasta que Dios lo estime oportuno.

Hasta la próxima.

sábado, 20 de agosto de 2016

Rondar



El tema por el que voy a tratar en la entrada de hoy, como se indica en el asunto, es rondar, cuya 5ª acepción del DRAE, es del tenor siguiente. Dicho de los mozos: " Pasear las calles donde viven las mozas a quienes galantean".

Como es natural y dado que la inmensa mayoría de quienes hoy puedan leer el infinitivo de dicho verbo, podrán preguntarse a ver por dónde nos vienen los tiros o qué se ha inventado éste para traerlo a colación. Pero antes de continuar, yo por mi cuenta y riesgo me voy a quitar de encima de un tirón SETENTA Y CINCO AÑOS, como hacen los actores y actrices, cuando representan una obra de época que se colocan la indumentaria acorde con el tiempo en el que se desarrollaban los hechos. Así que yo ya con dieciséis o diecisiete años, me voy a Villaharta.

En aquel tiempo, como comienzan los Santos Evangelios, cuando nos gustaba una joven y nos hacíamos el propósito de pretenderla de amores, lo primero que se hacía era pasear con frecuencia la calle en la que vivía, con el fin de que cuando saliera por cualquier motivo, que eran muy pocos, dado a que entonces las jóvenes no salían de sus casas si no era con una causa muy justificada para que sus madres accedieran a ello. Así tras pasar por la puerta donde vivía varias veces, para hacerse ver, se montaba una especie de apostadero en un punto donde se divisara la puerta de salida del domicilio, y tan pronto ello sucedía,uno salía como un cohete, con el fin de darle alcance pronto y tener más tiempo para tratar de irla conquistando, que la inmensa mayoría al principio, tan pronto se daban cuenta que ibas en su busca, llegaban hasta meterse en cualquier lugar o casa de alguna amiga, para evitar el que te acercaras a ella, y te quedabas en las inmediaciones con cara de tonto esperándola, o como suele decirse acharado y de mal talante, esperabas mejor oportunidad.

Los momentos mejores para ello, solían ser por las tardes-noches, cuando ya se había regresado del trabajo, y mas por aprovechar los momentos que por vocación, y como en aquellas horas siempre había en la iglesia algún acto, principalmente el rezo del rosario, para la ida la esperabas cerca de su casa, y para la salida en la misma puerta de la iglesia, donde casi siempre nos juntábamos unos cuantos con los mismos fines.Aunque unos eran recibidos con agrado, e incluso sus pretendidas hacían una paradiña de vez en vez para prolongar la charla, mientras otras solían poner la marcha larga, se plantaban en su casa en un santiamén, y no pocas veces ni se dignaban dar respuesta a ninguna de tus preguntas o propuestas. Precisamente yo tuve una de esas llamadas conquistas, que en su mayoría se me daba el caso señalado últimamente.

De ordinario  estos hechos eran conocidos por todo el pueblo, dado que nos conocíamos,  haciéndose los comentarios que a cada cual le parecía, y los principales puntos de esos comentarios, lo eran especialmente por las mujeres en la cogida del agua en el llamado "pozo nuevo", o en los lavaderos, donde solían reunirse varias, y se daba el caso de que nosotros los jóvenes, solíamos decir que las pretendíamos, y las personas mayores decían, fulanito "ronda" a fulanita, y como en el caso anterior indicado, se añadía "y no le hace ni caso". Así cada acto de buscar novia andaba de boca en boca de toda la vecindad, hasta que al final se formalizaba el noviazgo, o se desistía por no ser aceptado u otro motivo.

La esperanza siempre se tenía en la celebración de los bailes, que casi todos los domingos y días festivos lo había, así como en los paseos por las carretera, pero como esas jovencitas no podían mostrarse receptivas a los requerimientos que se les hacían, en las cuatro o cinco horas que duraba el baile, solo se conseguía bailar una sola vez con ella, y si así era, posiblemente las dos o tres palabras que te contestaba, era el pedirte que hicieras el favor de no continuar molestándola. Durante los paseos como en general lo hacían tres o mas amigas cogidas del brazo unas a otras, tu pretendida solía colocarse en el interior del grupo y simulando que nada le interesabas se dedicaba a charlar con la amiga que estaba junto a ella, mientras el pobre pretendiente continuaba haciendo el ridículo pronunciando palabras y frases que lo eran como si se las dirigieras al tronco de una encina. No pocas veces yo me vi en semejante situación.

Quienes tengáis la oportunidad de leer esta entrada, quizá podáis pensar que esto último que termino de citar eran unas excepciones, pero era lo que se daba con mas frecuencia, y eran tácticas tomadas para irle dando larga a esas pretensiones, porque estaba muy mal vista la joven que aceptaba las relaciones tan pronto le eran requeridas, aunque teníamos la certeza de que generalmente así era, pero lo bien visto y lo que daba categoría a ella. era el ir prolongando la aceptación de formalizar el noviazgo. Varios meses, e incluso en alguna que otra ocasión se pasaba un año o más, hasta que solías pasear con ella suelto de pareja como se decía cuando lo hacías solo con ella a tu lado, o en el baile te sentabas en sillas contiguas y bailaba solo contigo.

De ahí ya se pasaba a hablar con ella todas las noches en la puerta de su casa, pero uno situado en lo que era calle, que para ello no se pedía permiso, seguro al considerar que la calle no era de nadie, o también a través de una ventana, la novia en el interior del habitáculo y el novio, también en la calle,  pero luego para entrar a la casa, había que pedir permiso al padre que era considerado el cabeza de familia.

Al final de cada día, los que nos hallábamos en esos trámites, solíamos reunirnos en el Casino y allí contábamos nuestras peripecias según nos había ido, aunque cuando lo era muy malo, tratábamos de enmascarar un tanto como había pasado.

A las novias en los paseos ni por la calle, podían siquiera tomarse por la mano, ni por el brazo, y a lo máximo que se le permitía, en los paseos era ir caminando sin nadie a su lado, y en los bailes, sentarse en sillas contiguas y bailar solo con su novio, o algún familiar de él o de ella.

Los mas audaces, conseguían dar el primer beso a su novia, cuando el noviazgo llevaba ya algunos meses de rodaje, y siempre haciéndolo a traición, que como era de esperar, la novia siempre mostraba el sentirse ofendida. Ah, y ello, siempre en la mas estricta intimidad, que ya a medida que iban pasando los días, se llegaba a algo mas que los besos, que me refiero solo a tocamientos, que como apunto anteriormente, solo donde nadie, nadie pudiera ser testigo de ello.

Yo que llegué a verme inmerso en tales quehaceres en más de una ocasión, volviendo hoy la vista atrás, siento rubor del ridículo que se hacía, en no pocas veces a la vista de las gentes, pero así era, y así con resignación lo aceptábamos.

Cargándome los setenta y cinco años que me había quitado, en no pocas ocasiones me he autopreguntado, cómo es posible que de aquel ayer, aunque desde luego bastante lejano, al hoy, se haya experimentando tal cambio en el modo y forma de echarse novia y seguir el noviazgo.

A donde actualmente llegan en ocasiones creo en no más de una semana, "en aquellos tiempos" pasaban a veces varios años, y solo llegaba una vez celebrada la boda con todo su ceremonial, y llegaba lo que a lo largo de muchos años se estuvo esperando y deseando, que era dado en llamarse "la noche de boda".

Tal lo he contado, así era el proceso de echarse novia, y yo mismo, éste que hoy lo está relatando, me tocó vivirlo en primera persona y aunque como he citado anteriormente era ridículo el modo y la forma en que se llevaba a efecto, una sonrisilla un tanto picarona asoma a mis labios, por la ranciedad de aquellos actos.

Hasta la próxima entrada. 

sábado, 13 de agosto de 2016

Las buenas maneras


Esta mañana, y como siempre dándole vueltas al coco, se me vino al pensamiento la copla de una comparsa con la que aquel año, que era unos cuantos antes de la Guerra Civil,  iniciaba sus canciones y que por tanto lo era en plan de saludo. 
   
Por aquellas fechas había en mi pueblo un tal Jenaro Fernández Fernández, que era cabrero, y que no quizá a la altura de Miguel Hernández, pero tambien tenía una buena vena y dotes de poeta, y que era el que cada año se dedicaba a sacar todas las coplas que la comparsa llevaba en su repertorio.
   
 Aquella copla comenzaba del siguiente tenor:               

Nuestro saludo, cordial y afable,
en este día de carnaval,
para el Alcalde y el vecindario...

y así continuaba con unas cuantas estrofas más.

Pero como se indica en el título que he dado en poner a esta entrada, y ciñéndome a las dos palabras que he puesto en negrita, "cordial y afable", para resaltar las buenas maneras con que se daba comienzo a cantarle al pueblo el amplio repertorio que llevaban, y haciendo un aparte sobre ello, diré que todas eran de tinte político bastante "colorao", por cierto. Como digo, es un aparte y otro cantar, y voy a lo de las buenas maneras.

La primera de las palabras señaladas en negrita sí suele verse escrito en alguna que otra ocasión, principalmente cuando se trata de contar el resultado de una reunión política, empresarial o de cualquier otro gremio,

Por cuanto a la segunda, cuya primera acepción del Diccionario de la Academia de la Lengua dice "Agradable, dulce, suave en la conversación y el trato", e incluso su fonética resulta bien sonante al oído, no recuerdo desde cuando no la he leído en ningún medio, y creo se habrá dado motivo de poder tratar así a alguna persona, hombre o mujer, en la que se haya dado el caso de su comportamiento en cualquier acto y se haya hecho merecedor a tal catalogación de "afable", e incluso de que esa sea la forma natural de comportarse esa persona, y de las que gracias a Dios suele haberlas en mas abundancia de lo que pueda parecer, o que toda esa reunión o acto, se llevara a efecto con la mayor afabilidad, aunque me temo se vean en inferioridad a las de signo contrario, pero en fin como suele decirse, en el mundo tiene que haber de todo, y siempre destaca  y es mas noticia, lo peor sobre lo mejor.

No sé si podrá ser este sentimiento mío propio de los "mayores", a los que nos parece que tiempo pasado fue mejor, pero confieso lo digo sin otro afán que hacer ese señalamiento de que actualmente se da menos prioridad a las buenas maneras, de las que a decir verdad, cuando menos a mí me agradan más éstas.

Y es que en mi niñez, juventud y ya siendo hombre maduro, eran frecuentes las citas a personas afables o a la afabilidad y cordialidad con que se había desarrollado tal o cual acto, que aunque tampoco siempre lo era así, pero se me da qué, cuando menos, no solían terminar tan a menudo a la actualidad, "como el rosario de la aurora", tal se dice si no lo han sido de buenas que se daba en tales o cuales cuestiones.

Bueno, con esto me salgo de este berenjenal en el que me he metido y hasta la próxima.

domingo, 7 de agosto de 2016

Hoy han tocado a rememorar

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La noche estrellada, Van Gogh

Hoy es domingo 7 de agosto de 2016. Por coincidencias varias por cuanto a mi entorno familiar más próximo estoy pasando el día en la soledad de mi propio domicilio. Es obvio, y que manteniendo mi mente clara y en perfecto estado de revista como se diría en la mili, mis pensamientos no se iban a entregar a preparar proyectos para el futuro, encontrándome plenamente inmerso en mis 91 años, sino que como corresponde a mi situación vital, sin que remediarlo pueda me he puesto a rememorar.

Me he colocado para hacer estación de penitencia precisamente en lo que fue el mes de agosto en los años de mi adolescencia y primera juventud, esto es de los años de 1940 a 1943, ambos inclusive, o sea de los quince a los dieciocho años que tenía.

Pesado me hago de tanto repetir que las personas somos la consecuencia y el resultado de las épocas y circunstancias que no han tocado vivir. Pasando de la actualidad de la caza de "Pokémon Go", que creo se llama así, hasta aquellos lejanísimos años de la década de los cuarenta, cuando la caza era de cual alimento o similar que sirviera para ir manteniendo la supervivencia.

En mi caso particular, y por cuanto también a los seis o siete compañeros de trabajo, en dicho mes de agosto y en los mencionados años, nos trasladábamos a la finca de La Calera, que ya me da reparo hasta de poner su nombre y que posiblemente no faltara alguien que le sirva hasta hacerle aparecer en su boca una sonrisita de maledicencia y que pase por su mente, eso de "otra vez La Calera". Pero esa finca fue la única facultad en que cursé mis estudios durante cuatro años y cuyo título obtenido lo fue el de "jornalero agrícola". Después y dando un salto en este relato, diré que, como sucede hoy a muchos, que cuando terminan sus carreras se tienen que dedicar a otra actividad  de la que se han preparado, yo hube de dejar a un lado mis conocimientos de agrícola y me puse a trabajar en una mina de carbón. Dejando este detalle como simple anécdota, vamos donde yo quería llevar la conclusión de mi entrada de hoy, que no es ni nada más, pero ni nada menos, de que en aquella situación yo ERA TOTALMENTE FELIZ. Sí, aunque a alguien de quien pueda leerlo piense, de como es posible que el estar trabajando en un olivar, donde ni un día de la semana teníamos de descanso, donde solamente estaba el trabajo y la vuelta al cortijo, para comer, descansar y a dormir. Donde no teníamos con quienes conversar aparte de los propios compañeros de trabajo, pues con todo ello yo confirmo mi felicidad. Podréis preguntaros y cuales eran las razones de que así me sintiera.

En primer lugar, y con el paso de los años he llegado a la conclusión de que posiblemente yo ya vine al mundo programado para ser feliz, y como toda circunstancia tiene un punto por donde encontrar algo positivo, seguramente yo sería a la única que me agarraba, y ello me producía lo necesario. Pero yendo más a la cuestión, el hecho de conseguir un jornal diario que tan imprescindible era para el entorno de la familia y que solo esa dura realidad hace incluso a un adolescente, entender lo que vale, eso que vale tampoco, pero si lo suficiente, que como diría Séneca, "para nuestras ambiciones lo mucho es poco, pero para nuestras necesidades, lo poco es mucho". La tranquilidad de aquel trabajo duraba cuando menos siete u ocho meses, y ahora voy a citar una circunstancia que la he repetido ya en diversas ocasiones, y creo que en primer lugar en mis memorias, y se trata de lo siguiente.

La inmensa mayoría de las noches de verano, después de cenar, cuando mis compañeros ya estaban entregados a su sueño, yo que de siempre he sido de poco dormir, tomando una banqueta lo único que teníamos para sentarnos, me salía al inmenso patio del cortijo, fumándome un cigarro, cuyas volutas de humo veía elevarse a la par que iban deshaciéndose, contemplado un cielo tan preñado de estrellas que creo debían hasta pelearse entre ellas por que ninguna otra le quitara su espacio, el aullido de algún lobo que no pocas noches llegaba a oírse desde unos montes no lejanos del cortijo, el vuelo de algún murciélago o de una lechuza, y el canto de algún búho que no lejos de allí solían anidar todos los años, era el compendio del mayor relax y deleite que soñarse puede. Solo en aquella situación, que para mí estaba disponible todas las noches, y en su mayoría solía aprovecharlas, me sentía tan feliz, como luego a lo largo de mi existencia y por otras circunstancias que concedidas por Dios o el Destino me han sido, lo he seguido siendo, y siguiéndolo estoy, lo que como había citado anteriormente, sin duda yo ya vine a este mundo programado para sentirme totalmente feliz. Ello no quita que las circunstancias adversas que se me han presentado, las propias cuando se ha llegado a la edad que tengo, me hayan dolido y he llegado a sentirlas, no quizás más que nadie, pero tampoco menos.

Bueno a lo mejor no faltara que alguien que tenga la osadía de leer esta entrada, pueda pensar, "valiente rollo" nos ha largado hoy, pero puedo jurar, aunque dicen no se debe jurar, que solo he hecho lo mejor que se, estampar aquellas vivencias que yo, cuando menos sentí tal deleite en su contemplación que ocupan en mi vida un espacio de los mas apreciados por los que he pasado.

Hasta la próxima.

domingo, 31 de julio de 2016

La actividad aeroportuaria

Pueblo Chico, La Orotava, Santa Cruz de Tenerife

Leo en el Diario Sur de Málaga, que en el día de ayer, 30 de julio de 2016 hubo en el Aeropuerto de esta Capital una actividad de 442 vuelos y un movimiento de 72.000 pasajeros.

En 1960 por estas fechas, precisamente hace CINCUENTA Y SEIS AÑOS, yo prestaba mis servicios en dicho aeropuerto, y me quedo totalmente sorprendido al punto de que ni siquiera puede hacerse comparación del como era aquel entonces a la actividad del día de ayer.

Comenzaré señalando, que yo en aquellas fechas prestaba servicio de 84 horas semanales, si ochenta y cuatro horas, o sea doce horas cada día. Hoy seguro que no llegan ni a la mitad, pero además es que ni un solo día teníamos libre de servicio, y así meses y meses, hasta que nos correspondía "disfrutar" no mas de veinte o veinticinco días al año.

Por cuanto a la actividad de aviones, no recuerdo cuántos podrían ser, pero seguro que entre las llegadas y salidas no sobrepasarían las cincuenta y los pasajeros no llegarían a los dos mil. Estaban lo que se denominaban Aeropuerto Nacional y el Internacional, que como su propio nombre indica estaba el primero para los vuelos nacionales, o sea entre aeropuertos españoles, y el internacional para los procedentes del extranjero, y entre éstos estaban incluidos los procedentes de Canarias, y las plazas de Melilla y Ceuta. Posiblemente podrá sorprender a los que paséis la vista sobre lo escrito de esto último que acabo de consignar, pero todo ello se debía a que los equipajes, y también si algún pasajero causaba sospecha de que pudiera tratar de entrar algún género de contrabando, eran sometidos a registro por la fuerza de la Guardia Civil que allí prestaba su servicio. Los equipajes se registraban todos y con tiza se les colocaba a las maletas la indicación de dos letras que para aquel día se tenía a bien señalar, que indicaba había pasado el reconocimiento previsto.

Yo entonces ostentaba el empleo de Cabo 1º y alternaba mi servicio con otro del mismo empleo y los sábados, hacíamos el cambio de turno. Nuestra misión era la vigilancia del servicio y el control del movimiento de pasajeros y equipajes, y durante la noche y parte del día, también la misión que correspondía a la Aduana, dado a que solo había destinado uno de los que entonces se denominaba Vista de Aduanas.

El desenvolvimiento de la actividad y por lo que respecta a todo el personal que allí prestaba sus servicios, como bomberos, facturación, policía, controladores, camareros, y ese largo etcétera, lo era como suele decirse "como en familia", al punto que incluso con los controladores, personal del bar, policía y también de la Guardia Civil, casi todos los días organizábamos partidas de dominó, dado a que se pasaban varias horas en que no había llegada de aviones procedentes del extranjero, ni como indicaba antes de Canarias, Ceuta o Melilla, y los vuelos nacionales no estaban sometidos a control alguno salvo el que se ejercía desde la torre.

Había cierto compañerismo entre todo el personal allí destinado, al punto de que se gastaban bromas entre ellos, al punto que voy a contar una anécdota sucedida en aquellas fechas, durante poco más de un año en que yo estuve allí destinado. Resulta que uno de los empleados, estaba realizando los trámites para contraer matrimonio y al hombre lo que mas le preocupaba era lo relativo a que tenía que confesarse para luego recibir la comunión en el acto de la celebración de la boda religiosa. Como había citado antes éramos como una familia, todo se comentaba, y como siempre hay gente dado en gastar bromas, uno haciéndose pasar por el cura que los iba a casar, llamó por teléfono al aeropuerto, aunque la llamada se realizó desde el propio aeropuerto, pidiendo que se pusiera al aparato el aspirante a contrayente al matrimonio. Y por tal medio le dijo que si no tenía inconveniente le haría la confesión, a lo que no se opuso, si no que hasta se prestó gustoso. Y así fue confesando sus pecados a las preguntas que el presunto cura le iba formulando. El éxito de la broma fue total y el que fue objeto de la misma, no es que le hiciera mucha gracia, pero tampoco se lo tomó demasiado mal.

Yo hace varios años no he ido por el aeropuerto, pero si lo hiciere ahora, creo me hallaría como suele decirse, como gallina en corral ajeno, o sea totalmente despistado.

Como había citado antes, ni compararse pueden aquellos tiempos y circunstancias con las de hoy, tan distintas como distantes las unas de las otras, pero casi todo en beneficio de la mayoría, menos aquella camaradería y compañerismo de todos los que formábamos el personal del Aeropuerto que primero se llamó de García Morato, y también El Rompedizo. También echo de menos aquellos treinta y cinco años que entonces tenía. Y como nos encanta decir a los "viejos", "y parece que fue ayer".


Hasta la próxima. 
   

martes, 26 de julio de 2016

Toda una vida


En estos instantes son las cinco y media de la tarde en punto del día 26 de julio de 2,016. Tal día como hoy, a esta precisa hora, pero del año de 1950, hollaban mis pies por primera vez esta bendita tierra de Málaga. Una estación del ferrocarril, tan diferente a la de hoy, como distante lo es en el tiempo transcurrido.

Yo llegaba luciendo mi flamante uniforme de Guardia Civil, que pese al calor que reinaba en aquellos momentos, lo llevaba con la dignidad y el orgullo de al fin conseguir el ser lo que bastantes años llevaba soñando.

Cuántas esperanzas pasaban en aquellos momentos por mi mente. Cuántas ilusiones vagaban por mi joven cerebro. Cuántos deseo se barajaban y se trastabillaban unos con otros sin saber en concreto con cual de ellos me sentiría mas complacido.

Una vida por delante
Parque Nacional del Teide

Llegaba soltero, con veinticinco años de edad, en realidad sin novia, y con unos grandes deseos de entregarme al desempeño de aquella profesión que la barruntaba para toda mi vida, como así resultó ser. No traía para todo ello, mas bagaje que una fe en poner de mi parte todo cuanto posible me fuere por ayudar, aunque fuere en una mínima partícula, en poder engrandecer el Instituto del que hacía diez días había llegado a pertenecer cuando al salir de la entonces Academia de la Guardia Civil de Úbeda, había salido con la categoría de Guardia 2º como así se escribía antes de consignar el nombre de cada cual con dicho empleo. A nadie del Cuerpo, ni ajeno al mismo conocía en esta Capital, ni provincia, y a fuer de ser sincero, sin duda hubiere preferido otro destino que no fuere la 251ª Comandancia que entonces era la de Málaga. Fui destinado al entonces denominado Puesto de Torrelasal, servicio de playa, término municipal de Casares y cuyo acuartelamiento se hallaba a escasos metros de una torre cuadrangular, y que según su nombre indica, en vez de torre vigía a como eran destinadas la inmensa mayoría de las torres que a lo largo de toda la costa mediterránea existían y siguen existiendo, según la leyenda estaba destinada a guardar en ella la sal que después se iría distribuyendo por los puntos a donde necesaria fuera.

El acuartelamiento carecía incluso de los servicios básicos imprescindibles, por cuanto hasta las necesidades fisiológicas habían de verificarse junto a la lengua del agua en la propia playa, espacios separados para varones y hembras, por el propio edificio de la torre que la misma hacía invisible un punto desde el opuesto.    

Pese a lo reseñado de las carencias de habitabilidad del acuartelamiento, y lo confieso tal lo sentía, yo me consideraba de la mayor dicha y felicidad que hasta entonces había tenido.

Cuando llevaba en el Cuerpo aproximadamente año y medio, y gracias a los conocimientos que en el ejército adquirí de modo que todos cuanto me conocéis sabéis como fue, pase destinado a las Oficinas del Tercio como mecanógrafo. Lo conseguido a partir de entonces, tanto profesional como personalmente, fue, y lo sigue siendo, el mejor regalo que Dios pudiera darme, aunque, y perdón por rectificárselo, se excedió y excediéndose sigue, en otorgarme muchísimo más de cuanto hubiere podido merecer, que pese a las pérdidas de seres que el paso del tiempo se lleva consigo, me dio una familia, un conjunto de seres y una serie de destinos dentro del Cuerpo, que ni soñando creo haya nadie pueda imaginárselos, tal lo fue todo.

Hoy todas aquellas ilusiones, todos aquellos deseos, todas aquellas apetencias e incluso lo que ni siquiera tenía inteligencia para saber lo que pudiera querer, son hoy RECUERDOS DE HABERSE CONSEGUIDO CON CRECES, INCLUSO LO SOÑADO.

Esta entrada de hoy, que no hay mayor causa o motivo para hacerlo, como son el 66º aniversario de mi llegada a Málaga, rompe la promesa que el día primero de mayo pasado me hice de abandonar este mi blog, y que dando satisfacción a quienes me lo han pedido, no me importa confesar que no he cumplido mi palabra, pero si solo con esta vuelta doy alguna satisfacción por pequeña que fuere, a quienes como digo pedido me lo han, por satisfecho me doy, y a su vez prometo, que tampoco esta será la última que haga.

Si hubiere de reseñar cuantas bienaventuranzas concedidas me han sido a lo largo de estos sesenta y seis años, se precisaría un libro de no menos páginas que el Quijote, y como una de las últimas que concedidas me han sido, aunque pueda parecer insignificante, lo fue mi visita en el día de ayer a Villaharta, que no se si será por ser tan pequeñito, adoro a mi pueblo. Tanto en los viajes de ida y vuelta, como en mi paseo y visitas en el mismo, son detalles que han ido completando a lo largo de toda mi existencia el que como no me cansaré de estar satisfecho y me reitero en dar gracias a Dios, por todo ello.

Queridos y estimados posibles lectores, otra vez vuelve por sus lares "El abuelo de  Villaharta".

Hasta la próxima que no se cuando será, pero espero no se haga mucho de rogar.