sábado, 27 de septiembre de 2014

¡Aleluya! Llegaron las lluvias...


Hoy me encuentro contento. Esta noche ha estado toda ella lloviendo, pero lloviendo como Dios manda, no torrencialmente, pero sí con abundancia.

La pasada entrada que era todo lo contrario a esta, parece que Dios que a lo mejor por esos misterios del destino y hasta pudo leerla, se compadeció de mí y diría vamos a darle satisfacción a éste y nos ha dejado una noche intensa de lluvia, cuando menos aquí en esta bendita ciudad de Málaga. Aunque esta alegría mía, no lo es compartida con otras personas, pues precisamente el mismo día de la anterior entrada y unas horas después de haber terminado la misma, en una emisora de radio, casualidad, oía los comentarios de una locutora, señalando que "a ella no le gustaba la lluvia, que le producía tristeza, y no se podía salir a la calle porque se mojaba el bajo de los pantalones", entre otras cosas, y añadía que había personas a las que si le gustaba, pero como extrañándose de ello. Lo siento, pero hoy celebro la noche que ha pasado.

Ya lo he citado en muchas ocasiones en este blog de que en mi infancia y juventud, en mi pueblo cuando llegaba la lluvia se veía como una bendición de Dios, dado a que luego en el verano, de no ser así,  la penuria de la misma llegaba casi a ser dramática. Y luego, yéndome a mis raices, a la agricultura, al campo, y hoy se me viene al recuerdo una clase de siembra que se le denominaba "rozas". Este modo de labranza consistía en arrancar todo el monte bajo existente en el terreno, que generalmente se hacía cuando estaba totalmente cubierto y se iba dejando sobre el lugar donde se iba arrancando, y una vez seco se le prendía fuego y cuyas cenizas servía como abono para la siembra. Como los terrenos que se hallaban cubiertos de matorral, lo eran en donde hacía muchos años no se había cultivado, que siempre lo eran cerros o montículos de tierras pobres para la agricultura y áridas por naturaleza, con la añadidura del calor que la quema del monte que se había dejado sobre el terreno le había dado, para que lo que allí se sembraba, que casi siempre lo era de cebada, por ser el cereal que en terrenos pobres era el que mejor se adaptaba, como la pluviosidad fuera escasa durante el año, se perdía todo lo que se había sembrado y trabajado, pero si llovía con abundancia, el rendimiento de las rozas era extraordinario.

Así, los que tenían esta clase de siembra se pasaban el año implorando a Dios les mandara abundante lluvia, aunque los demás tampoco les fueran a la zaga, y el viento ábrego que era el que  traía la lluvia, siempre estaba en la boca de toda la gente del campo. Ese era el viento milagroso y cierto era, pero tampoco faltaban la alusión a las cabañuelas, que figuraban, y ochenta años después siguen figurando, en el almanaque zaragozano, cuyo autor era Don Mariano del Castillo y Osciero, aunque el actual serán por lo menos los nietos del mismo los que lo publiquen (precisamente yo tengo un ejemplar del año actual), que por haberlo referido en una ocasión delante de ella, mi amiga Carmen me lo regaló hace unos meses, que yo no sé donde pudo verlo. En eso se basaban los que predecían el tiempo, ya que las isobaras y las bajas presiones eran un misterio desconocido, incluso para los mas avezados entendidos de la meteorología, que solían ser los mas viejos.

Actualmente todo el terreno del término municipal de mi pueblo, muy pequeño por cierto, está en condiciones de ser sembrado como roza, ya que todo, y digo todo, está cubierto de monte, dado a que en las veces que en los últimos años lo he visitado, si un solo palmo de tierra he visto sembrado.

Como solía decir mi padre con frecuencia, cuando una persona se obstinaba en tender a sus querencias, que decía "el que nace barrigón, es inútil que lo fajen", pues eso me pasa a mí que tan pronto se me presenta la menor oportunidad, allá que me voy a lo que tan hondo me caló el vivir los veinte años primeros de mi vida, viviendo del, y en el campo. Ah, y para esa locutora que decía que no le gustaba la lluvia y una de las cosas que le molestaba, le digo que para ello hay un remedio muy sencillo, y es "remangarse los pantalones".

Sed compasivos conmigo y perdonarme esta tendencia a "echarme al campo" de vez en cuando, pero es que a veces y como sucede cuando dos personas no tienen nada de que hablar, "hablan del tiempo", pues yo, hablo de lo qué, aunque no mucho, algo sé.

Hasta la próxima, que no me atrevo a prometer de que no sea algo del campo, y vuelvo a referirme a lo que decía mi padre.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Esperando las lluvias...

Lluvia cayendo sobre el Océano Atlántico. Playa de Las Teresitas, Santa Cruz de Tenerife


Aunque los pronósticos del tiempo meteorológico de Televisión Española para el día de hoy, daba lluvias en Málaga, la desazón sufrida, porque hasta el momento en que he comenzado esta entrada ya casi las siete de la tarde, no ha caído ni gota, me impulsan a dejar testimonio, como digo, del desencanto que ello me produce.

Uno de mis grandes gozos es contemplar la caída de la lluvia, y como digo, aquí viene como anillo al dedo ese dicho tan popular como "mi gozo en un pozo", cuando no se cumple lo que uno esperaba o deseaba. 

Muchas veces me he preguntado a qué, y porqué,  me viene ese deleite de ver llover. Ese interrogante me transporta sin duda hasta los primeros días de mi vida, que en todo mi entorno familiar, seguro oía decir y comentar: "¡Y no llega la tan necesitada lluvia!", y "¡Y se va a perder toda la cosecha!"... Ese repetido deseo de la llegada de lluvia, sin que uno ponga nada en ello, deja huella tan profunda, que como me sucede, me lleva acompañando desde que uso de razón tengo. Los estíos en mi pueblo eran de una escasez de agua, sobre todo potable, que quienes poseían alguna caballería, y utilizando lo que en el trabajo del campo solían usarse a diario, las llamadas aguaderas, se trasladaban a lo mejor varios kilómetros para llevar a su casa cuatro cántaros de agua para beber.

En no pocas ocasiones, he oído comentarios de personas de las grandes ciudades, quizá en un tono un tanto peyorativo, cuando a lo mejor lleva dos o tres días seguidos sin dejar de llover, "ahora la gente del campo estará contenta", como si eso fuera un capricho de los "catetos",  y aquí, pese a llevar casi sesenta y cinco años viviendo en Málaga, no tengo por menos que rebelarme contra esos comentarios, y yo les preguntaría a quienes así se expresan: "¿Qué dirías si esa lluvia supusiera para ti perder el jornal de todo lo trabajado durante un año? Seguro tus lamentos serían mucho mas desgarradores, que cuando un labrador se queja de que esa falta de lluvia le supone la pérdida de parte, o toda la cosecha de lo sembrado y trabajado a lo largo de varios meses..."

Durante más de una década en que estuve trabajando en el campo, y principalmente en un olivar, donde realicé todas las faenas relativas al mismo, desde el laboreo, cogida y vareo del fruto, hasta la molturación del mismo en la almazara, recuerdo que por estas fechas, y a lo mejor había buena cosecha de aceitunas, pero que si en el mes de septiembre y octubre, no llegaban esas lluvias, el fruto, se decía no se "otoñaba", se caía en gran parte al suelo y en su consecuencia se perdía gran parte de la cosecha, y yo que ni siquiera había en casa de mis padres una maceta, sentía tan grandes deseos de que lloviera, como los mismos propietarios del olivar, dado a que la temporada de trabajo sería mucho mas corta y ello  me llevaba a dar menos jornales y por tanto dejaba de ganar lo que tan necesitado de ello estaba todo el entorno familiar.

Aunque, en la época de cuando yo trabajaba en el campo, el día que no se trabajaba no se cobraba jornal alguno, esos días de lluvia en que ni siquiera dejaba salir hacia el tajo, con gran alegría cuando al amanecer, y a lo mejor durante toda la noche había estado, y continuaba lloviendo, con cierta alegría solía decirse, "¡hoy, migas perdidas!". Y es que durante los dos o tres meses que duraba la faena de las aceituna, todas las mañanas, y digo "todas", se comían las celebres migas de pan, que por mi tierra suelen hacerse, y de ahí lo de migas perdidas. Asímismo había otro dicho que era el de "día de agua, taberna y fragua". Lo de taberna como no se podía ir a trabajar solía irse a la taberna, mas que nada por charlar con los amigos, y lo de fragua, para reparar las herramientas de trabajo que estuvieran deficientes o rotas.

Parece que en mí, pueda parecer existe cierta discrepancia entre lo que siempre desee cuando en el campo trabajaba, que era buscarme otro medio del sustento menos duro, pero sobre todo mas seguro, y esa cierta añoranza que me lleva de vez en vez a tratar cuestiones de aquella época. Y no tengo por menos que aceptar de que así sea, pero cuando desde incluso mi niñez, el trabajo en el campo  me suponía unos, aunque ínfimos medios para ayudar al sustento mío y de mi familia, y ese, sin duda, mi amor por la naturaleza pura en la que me desenvolvía, quieras que no, y como yo me considero un enamorado de todo ese entorno de las amplias extensiones de terreno, cubiertas, sobre todo de olivos, que fue siempre mi entorno, nada mas que el traer al recuerdo aquellas vivencias, siento cierto regodeo, del que no puedo, pero tampoco quiero desprenderme.

Bueno perdonarme por el tostón que os he largado, a los que tengáis esa osadía de entrar a leer este blog, y que pensareis este tío tiene espíritu de rana o pez, que tanto le gusta el agua, lo que no niego, y sobre todo como he apuntado en esta entrada, cuando del cielo la contemplo caer lentamente, me extasío al punto de que infinidad de veces estando en la cama a lo mejor de madrugada y me despierta ese divino son que produce la lluvia al caer sobre el suelo o las ventanas de la casa, me levanto y a través de los cristales me quedo un rato viéndola caer, y no me importaría el quedarme hasta el amanecer en su contemplación. Cada loco con su tema, y mira por donde yo, de "hidrófobo", nada tengo.

Hasta la próxima que trataré de ser mas ameno, ah, pero sobre todo que haya llovido ya.Y es que ese olor a tierra mojada que exhalan los campos tras recibir las primeras lluvias después del estío, es como el perfume que envían al propio Dios, en agradecimiento por el bien recibido.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Fin de las vacaciones veraniegas

Sobrevolando Fuerteventura, de vuelta de las vacaciones

Hoy han terminado para los míos las vacaciones veraniegas. Dentro de un rato, los últimos en disfrutarlas tomaran rumbo a sus residencias habituales. Como todos los años por estas fechas, el ánimo suele acusar la ausencia de quienes por fuerza mayor han de ausentarse, y anoche cuando asomado a la ventana de mi dormitorio decía adiós a los que se despedían, no pude evitar que algunas lágrimas se asomaran también a las ventanas de mis ojos y dedicadas a ellos, que siempre suelen el último acto de la despedida. En esos instantes, siempre se me viene al recuerdo de esos seres, de edades iguales, superiores o inferiores a la mía, a quienes no tienen la dicha de recibir ni de despedir, por que no los tienen, a los suyos, ¡qué aliciente tendrán para seguir viviendo! Yo, aunque se ausenten, tengo la dicha de tenerlos y sentir que cuando menos, donde quiera que estuvieren, ahí están, ahí los tengo con quienes a diario me comunico y donde en todo momento están pendientes a mí. En ese adiós de anoche, y pese a que siempre he sido, y lo continuo siendo, una persona positiva, pero el acumulo de años creo invita a ello, y como desde hace ya unos años me viene sucediendo, cuando los veo trasponer, me pregunto: "¿será la última vez que los vea marcharse?" No penséis que este sentimiento, pueda ser una señal de algún inicio de desánimo o depresión, no, estad seguros que mi estado de ánimo enseguida se repone y continúo teniendo las mismas ganas, deseos e ilusión de seguir viviendo y pido a Dios que mientras así me tenga, prisa ninguna tengo por abandonar esta vida a la que tan orgulloso y contento me siento de haber venido a ella, con la añadidura de todo cuanto me ha sido dado, al punto de que en esas soledades que los "mayores" solemos tener con mucha frecuencia, aunque alrededor tengamos a una o hasta muchas personas, yo mismo suelo decirme ¿es posible que tanta dicha se me haya dado y se me esté dando hasta estas alturas de mi vida? Pero metiéndome en mis sentimientos, hallo la respuesta, que no puede ser otra, de que me siento uno de los seres mas dichosos que darse puedan. Así que miro al horizonte y ahí mismo veo ya otra vez el mes de junio que es cuando me da la sensación comienza las vacaciones del verano, y volveremos, aunque como este año ha sido, a vernos a retazos, y dos de los miembros ni siquiera he tenido la suerte de tener ante mis ojos. Pero aún así, que el año que viene lo sea como éste.

Antes de esta entrada he hecho otra similar a esta, pero el ordenador me ha estado incordiando y al final todo lo que había escrito no me lo ha permitido publicar. Vamos a ver si esta lo consigo.

Hasta la próxima, si Dios lo quiere y el ordenador lo permite.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Hoy, fiesta de guardar

Iglesia de la Concepción (Santa Cruz de Tenerife)



Hoy domingo y como día de precepto para la Iglesia Católica, se me ha venido al recuerdo el porqué y cómo era el desenvolvimiento de la Iglesia allá por mi infancia y juventud.

Por entonces, y sobre todo desde el principio de los años treinta del pasado Siglo que es desde donde guardo fehacientes recuerdos de todo el acontecer, una de las palabras mas utilizadas, y no para enaltecerla, era la de "clero", que según una de las definiciones del diccionario de la RAE, es la "clase sacerdotal en la Iglesia Católica". Ya la estampa de los propios sacerdotes de entonces, casi nada, por no decir nada, de parecido tenían con los de hoy. Era permanente el vestido del hábito del que supongo que por llegarle hasta los talones se le denominaba talar, el uso del sombrero de ala redonda y color negro que utilizaban siempre fuera de la iglesia y de su casa. Dentro de las sacristías y de su propia casa, usaban una especie de gorro que llamaban bonete, comúnmente de cuatro picos que asimismo era usados por los seminaristas. La primera vez y que siendo niño vi la parte baja de los pantalones del cura, cuando subía los escalones de la iglesia, me causó cierta impresión dado a que yo en mi candidez de la niñez, pensaba que los curas no eran hombres propiamente dicho. y el ver que llevaba pantalones, no me cuadraba con su condición, de lo que yo no se que imaginaba que era un cura, pero desde luego no un hombre.  Pero lo que mas distinguía a los sacerdotes del resto de los hombres, era la "tonsura", que como la misma palabra indica, era una porción tonsurada de la cabeza de forma ordinariamente circular y que era conocida por el nombre de coronilla. En concreto que en la parte alta y trasera de la cabeza, llevaban un circulo afeitado o pelado al cero, y de ahí el nombre, creo, de coronilla.

Y abreviando un tanto, porque si no precisaría de varias entradas para contar todo cuanto a la memoria me viene, diré que las mujeres solo por el mero hecho de entrar a la iglesia, habían de llevar un velo, generalmente negro,  cubriendo su cabeza; tampoco podían entrar llevando los brazos al desnudo, si no que utilizaban unos llamados "manguitos", que les tapaban toda la parte del brazo que la manga corta del vestido les dejaba al descubierto, así cada una tenía su manguito para cada vez que tenía necesidad o vocación de asistir a cualquier rito, que por descontado en nada se parecía a la clase de tela del vestido que en ese momento vestía, y que en su parte alta estaban provistos de una especie de elástico que le sujetaba el mismo a la parte mas extrema de la manga, y era tal el contraste generalmente del manguito con el color y clase de tejido del vestido, que  hoy resultaría de un ridículo exagerado. Los escotes, por supuesto que entonces, eso de dejar al descubierto el "canalillo" que hoy los más recatados suelen emplear, jóvenes y no tan jóvenes, por supuesto no se utilizaban, ni por supuesto hubieran podido permitirse para entrar a los templos.


La comunión no podía recibirse sin llevar cuando menos cuatro horas sin haber ingerido alimento alguno.


Y que decir de la rigurosidad con que había que guardar ciertas normas en la celebración de la festividad de la Semana Santa, donde en mi pueblo por ejemplo, el cine no se suprimía porque no lo había, pero incluso las tabernas o bares, el Jueves y Viernes Santo estaban cerrados a cal y canto, aunque en algunos y por alguna puerta un tanto escondida a la vista, se solía entrar a los mismos y en riguroso silencio, incluso solía echarse alguna partida al dominó y tomarse alguna copa;   los aparatos de radio los pocos y únicos medios que entonces existían, solo podían transmitir música sacra o religiosa; estaba mal visto ir silbando,  cantar o tatarear por la calle y así un largo etcétera, hasta que por fin llegaba el Sábado de Gloria, y con ello la alegría de la Resurrección.


Cuando las campanas de la iglesia comenzaban a repicar, en mi pueblo había la costumbre de que los niños íbamos a la iglesia donde el sacerdote repartía agua bendita que nos echaban en recipientes que a tal efecto llevábamos (yo recuerdo que llevaba una lechera de una cabida aproximada de medio litro), y ese agua se esparcía por toda la casa,  y con ello se expulsaba a los demonios de la misma. Durante el repique de las campanas, también se lanzaban trece pequeños trocitos de piedra  a los tejados, de donde también se expulsaba a los demonios que en los mismos pudiere haber.


Volviendo lo que apuntaba casi al principio de esta entrada, por aquellos años, por todos los partidos de la izquierda, había una propaganda feroz especialmente contra lo que en términos generales, se le llama "el Clero", y que abarcaba a todo lo concerniente a la religión católica, y recuerdo hasta una especie de acertijo que circulaba y que era del tenor siguiente: ¿Qué es un cura? Un hombre blanco, vestido de negro, a quien todo el mundo llama padre, menos sus hijos que lo llaman tío". Todo esto que acabo de exponer es solo una pincelada de todo lo relacionado con la Iglesia, comparada solamente con la de aquellos lejanos años de mi niñez y juventud a la actual.


Vaya por delante, que nada contra la Iglesia tengo, me considero, como decía en el expediente que me abrieron cuando me fui a la mili, en su casilla de Religión, C.A.R., practicante, aunque seguro menos de lo que como tal debiera. En fin que con esta entrada lo que he tratado, es dejar constancia de lo que entonces era todo cuanto a la Iglesia Católica se refiere, y que a partir sobre todo del Concilio Vaticano II, comenzó a cambiar hasta llegar al punto donde actualmente está, y con ello digo, Amén.


Hasta la próxima.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El cenacho y el papel de estraza



Hoy me ha dado el pequeño avenate de escribir sobre el cenacho y el papel de estraza, dos cosas que en mi infancia, adolescencia, juventud y hasta incluso de estar ya casi pasándose ésta, lo era de uso tan común, daros cuenta, como son hoy los teléfonos móviles y los "wasap"...

Comencemos por lo  primero. Según el diccciomario de la RAE, cenacho es:  "espuerta de esparto o palma, con una o dos asas, que sirve para llevar carne, pescado, hortalizas, frutas o cosas semejantes".  Los cenachos,  habíalos de distintos modelos, formas y dimensiones, pero a los que yo me refiero, eran de dos asas, en su mayoría de palma, de unas dimensiones aproximadas como son las bolsas que hoy suelen darse en los supermercados, y se utilizaban generalmente para ir a la compra al mercado y a las tiendas. Los "carritos de la compra", cuando menos en mi pueblo no existían, ni creo lo fueran tampoco en las grandes ciudades, o sea que yo creo no existían siquiera,  así todas las mujeres (hombres también, pero menos)  que iban a los mismos, como igualmente a las tiendas, que en su inmensa mayoría eran de particulares y dedicadas a la venta al pormenor y a granel, utilizaban los cenachos. En casa de mis padres había, dos, de ellos uno más usado, que se utilizaba para guardar las cosas dentro de la casa, que se citan en la descripción, y el otro mas nuevo para llevarlo a la compra. Ambos eran de palma, y rara vez se veía uno de esparto.

Los malagueños lo tenemos, porque yo también soy malagueño, como símbolo de la ciudad en "El Cenachero", aunque los dos cenachos que lleva el mismo, por su forma se les solía llamar "capachos", en otras partes también "capazos".

Cuando yo era muchacho, y como el mayor de los cinco hermanos, la mayoría de los recados me tocaba hacerlos a mí, y si lo era para la compra de varios artículos, llevaba siempre el cenacho donde metía toda la compra. El cenacho era a mí, como actualmente son las bolsas de plástico, o sea inseparable.

Pero había una excepción importante, que lo era para la compra del pan, que como quiera que si lo metías con carne, pescado u otros artículos, podía tomar sabor y olor de muchos de ellos, y entonces para ello se utilizaba una bolsa de tela solo dedicada para el pan, y que en casi su totalidad, todas ellas tenían bordada en uno o dos de sus costados la palabra "Pan". Aquí en mi casa, cuando menos existe todavía una de esas bolsas con su bordado correspondiente. Esto solía formar parte del ajuar que las mujeres llevaban al matrimonio.

¿A alguien no le ha quedado claro lo de cenacho, y porque era tan conocido, utilizado y popular? Enterados pues, por satisfecho me doy.

Ahora vamos al "papel de estraza". El diccionario lo describe así: "Papel muy basto, sin cola y sin blanquear". Y asímismo os preguntareis el porqué su importancia para que se haya traído a esta entrada. Pues guarda una relación muy directa con el cenacho, porque ambos estuvieron siendo compañeros inseparables durante luengos años. Vamos a explicarlo.

Los supermercados eran totalmente desconocidos en mi infancia y juventud y los comercios lo eran  de menor o mayor importancia, en los pueblos solo los había de los primeros, y la casi totalidad de los artículos, especialmente en los ultramarinos, se vendían a granel, al punto que yo recuerdo que en casa de mis padres solamente se compraba empaquetado el café, que  venía en cartuchos de un kilo, y hasta me acuerdo de la marca, "Mis nietos", en cuya envoltura había dibujados unos ancianos rodeados de unos cuantos nietos. Pues para envolver todos los productos que se compraban se utilizaba el papel de estraza, así que si llevabas artículos de cinco clases, por ejemplo, azúcar, garbanzos, judías, lentejas y, también hasta la sal, llevabas cinco paquetes hechos con papal de estraza. Encima de los mostradores de cada establecimiento. había un verdadero montón de esta clase de papel, y que solían ser generalmente de tamaño folio, y que los propios dependientes cortaban en dos o mas trozos, según la cantidad que habían de envolver. Se me viene al recuerdo, que la cantidad de la "mitad del cuarto", que son 125 gramos, solía ser la mas solicitada, dado a que las compras en la inmensa mayoría de los hogares, se hacía para el consumo diario, y que incluso los domingos y festivos, salvo dos o tres en el año, solían abrir todas las tiendas. Me admiraba la rapidez y la destreza con la que todos los dependientes envolvían los géneros, lo bien hechos que les quedaban y que por mucho que los movieras no se deshacían. A este respecto, cuento lo que con mucha frecuencia solía sucederme, y es que como de condición siempre fui bastante goloso, el azúcar, aunque lo era a granel, había siempre muchos terrones de mayor o menor tamaño, y cuando hacia compra de dicho artículo, deshacía el paquete correspondiente y tomaba uno o dos terrones, según lo grandes que fueran, pero al intentar rehacer el mismo, para lo cual y como para la inmensa mayoría de estas cuestiones he sido, y lo sigo siendo, un manazas, no había forma de dejar el paquete siquiera medio parecido a sus compañeros, lo que cuando llegaba a  mi casa, mi madre que para todo era un lince,  tan pronto le echaba la vista encima al paquete del azúcar, ya sabía que yo le había metido mano, lo que cuando menos lo que se llamaba un "pescozón", no me lo quitaba nadie. El caso es que no escarmentaba, tal era mi adicción a lo dulce.

El destino final del papel de estraza de los paquetes respectivos, solían tener el mismo que damos hoy al que  llamamos papel higiénico, que en mi pueblo cuando menos entonces, no se conocía, así al deshacer los paquetes pasaba a formar parte del retén para el uso antes indicado.

En dos o tres ocasiones, y en el cortijo de mi primera novia, comí por vez primera y después no he vuelto a probarlo, un trozo de chorizo ibérico del bueno, envuelto en papel de estraza y se ponía enterrado por el rescoldo de la candela de leña de olivo o encina durante varios minutos, y después quedaba, como uno de los bocados mas exquisitos comidos en mi vida. Claro la edad que tenía, dieciocho años, y los años de la hambre, miel sobre hojuelas.

Bueno, aquí doy por finalizada esta rara entrada, y los nombres de cenacho y papel de estraza, que tan desconocida os haya resultado a muchos de los pocos que tengais la audacia de leerla, y lo tan familiar que lo estuvo siendo para mí durante no pocos años, me despido de vosotros hasta la próxima, que sepa Dios por donde y porqué me decantaré.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Cumplemeses


Como hay quien dice que soy "mu' pensaor", hoy realmente me he levantado como tal, y se me ha venido a la memoria un pensamiento un tanto raro, como lo  que hoy es mi cumplemeses. Efectivamente hoy cumplo 1.072 meses de vida. Sí, mil setenta y dos meses, que traducidos a días son 32.629, contando los 22 de otros tantos años bisiestos por los que he transitado. Esto no deja de ser, como decimos en Andalucía, "una majaretá", pero de llegar a las conclusiones de meses, días y años bisiestos, me he encargado de verificarlo. Que le vamos a hacer, "cosas de viejos".

Si desde que nací hubiere podido comenzar a escribir mi diario, y poniendo en cada página un día de mi vida, llevaría ya escritos 32 volúmenes con mil páginas cada uno, y en el trigésimo tercero iría ya por la 629.

En este deambular por mis recuerdos, me remonto hasta el que creo es el primero de los que guardo, y era que estaba sentado en una sillita muy pequeña, junto a mi madre y a la puerta de nuestra casa, en la sombra, donde la acompañaban algunas mujeres más, todas ellas dedicadas a la costura. Este detalle parece hallarse en las penumbras de mis recuerdos, pero que el haberlo mantenido, puede ser, por que luego con el paso de los años, contemplaba la misma estampa de mi madre y algunas vecinas o familiares más, en iguales menesteres con lo que se remozaba ese mi primer recuerdo. Posiblemente no habría cumplido los tres años de edad.

Otro de esos recuerdos que podrían ser quizá algunos meses después, dado a que este no era en el estío, si no en invierno, y lo era  que acompañaba a mi abuelo materno a la taberna a tomarse un "chicuelo", que se llamaba a un café solo, con unas gotas de coñac o anís. Era de noche, hacía viento y frío, y como no había llegado todavía la luz eléctrica al pueblo, se alumbraba con un farol, cuyo combustible era el aceite, y mi abuelo me concedía la importante misión de ser yo el que portaba el mismo.

Creo que pasaría poco de los tres años, o quizá nada, cuando mis padres comenzaron a enseñarme a leer, y de aquí guardo ya  claros recuerdos. De aquella cartilla primera en las que se comenzaban con las vocales, a-e-i-o-u. Después de varias combinaciones con las mismas, la primera consonante era la m: m-ma-me-mi-mo-mu. De estas había dos frases de las que recuerdo exactamente que eran "mi mama me ama" y "amo a mi mama".

Creo que en una de las últimas hojas de la cartilla estaba la palabra "boa", junto al dibujo de una serpiente y un amigo mio, un año mayor que yo, que le costó trabajo aprender a leer, llamado Pedro, pero que lo conocíamos por Periquín, cuando le preguntaban por donde andaba en su lectura en la escuela, contestaba, que "por la bicha".

Creo que en la ya cartilla tercera y en las primeras de sus páginas, había una frase que decía: "el chino lleva coleta", y un dibujo en el que figuraba un chino con una especie de sombrero y por detras una trenza de su cabello.

Y ya en "Lecturas infantiles" o "Lecturas de Oro", no recuerdo en cual de ellos, libros, no cartilla, ya historietas completas, entre las cuales recuerdo una, de la que con el paso de los años, me tocó realizar, y que tenía por título, escuetamente "La Mina". y casi  talmente decía así: "A mí me llevaron el año pasado a una mina de carbón mineral. Un capataz nos acompañó a mi papá y a mí. Llegamos a la boca de un pozo muy profundo, aquel pozo era la mina. Bajamos y vimos a los mineros que arrancaban el carbon mineral. A mi me pareció muy penosa la faena de los mineros". Tenía razón el niño que contaba aquella historia. Ello pude comprobarlo con la experiencia, por espacio de algo más de dos años, que que trabajé en una mina de carbón mineral.

Durante toda esta travesía por la vida, cuántos acontecimientos familiares, personales, políticos, bélicos, meteorológicos, laborales y de tantas y tantas clases más, que es imposible de mantener en el recuerdo. Unos bienaventurados, otros tristes, otros trágicos, otros de la infancia, de la niñez, de la juventud, de la mili, del trabajo, de mis amoríos, de mi matrimonio, de mis hijos, de mis nietos, de mi jubilación, de enfermedades, de fallecimientos que dejan cicatrices imborrables en el alma, de otras cuestiones que no por que los años se vayan acumulando, no dejan de ser alegres, felices y, también porque no, que causen alguna desazón. Y todo esto, también he pensado hoy, que cuando yo me vaya, no es que se vaya conmigo, porque no me es permitido tanto bagaje para ese viaje final, si no que, quedará vagando por ese éter insondable de donde nadie puede apoderarse de nada de ello, por los siglos de los siglos, y por mucho que sea el tiempo que se esté por este mundo, podemos aceptar aquello de que alguien dijo aquello de que "la vida es un instante, comparada con el tiempo que tenemos que estar muertos".

Pero afortunados los que tuvieron,  hemos tenido y tendrán, la oportunidad de venir a este mundo, donde unos lo fueron lo son y lo serán de escasa dicha, otros que pueden haberlo sido, y lo serán de un mero equilibrio entre lo bueno y lo malo, y otros, los más afortunados, grupo entre el cual me considero inserto, y muy próximo a los primeros puestos de ello, cuyo balance me ha sido sumamente favorable, y como recuerdo de una frase de una comedia de la que formé parte,  en su representación cuando era poco mas que un adolescente,  titulada "Anacleto se divorcia", en la que hacía el papel de "Juncosa" y que era del tenor siguiente: "¡Si hasta Dios hizo la noche, pa que luzca mas el día!" . Y eso, aunque haya tenido que pasar por trances y hechos que como creo he dicho anteriormente, rebanan el alma, ello hace que resalten en lo posible los aconteceres alegres y bienaventurados, y dado a que en los más dramáticos que he tenido que soportar, lo fueron de esos, que son imponderables, aunque algunos lo hayan sido con mas adelanto de lo deseado.

Creo que solamente he hecho el dar rienda suelta a cosas de "un viejo", que al no tener otras más importantes que hacer, me he dedicado a pasar someramente, sobre todo por aquellos primeros recuerdos de mi vida, pero que nada de interés tienen, y si quizá algo de curiosidad para mis hijos, nietos y personas de la familia o amistades que sientan por mí cariño, afecto o amistad. Pero ya después de escrito, ahí va a quedar. En la próxima será otra cosa, sin duda de mayor interés o curiosidad.

Hasta ella.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Depósito de recría y doma


Como lo prometido es deuda, y en mi entrada del pasado día 10, prometí hablar de lo que después recordé su denominación. Depósito de Recría y Doma, una unidad militar, que cuando menos en los años cuarenta del pasado siglo cuando yo hice la mili, y ahora creo que también, estaba ubicada en la localidad sevillana de Écija. Todo esto vino a cuento del hecho tratado en la entrada citada, como eran los mulos, romos y castellanos, sus padres y en fin algo en relación con ellos.

Hoy sin ninguna duda, la citada unidad no ha de tener la importancia que por entonces tenía, debido a que el número de caballos y mulos de los que dispone el Ejército, seguramente no llegará ni a la décima parte de cuantos entonces tenía. Perdón, por si su diferencia no es ni aproximada a lo que acabo de citar, pero como suele decirse, lo he dicho al "tún tún", pero seguro estoy de que en aquellas fechas, era muchísimo mayor el número a lo que hoy tengan. Por ejemplo entonces los Regimientos de Caballería que seguro tenían cada uno algunos cientos de caballos, además de que en la mayoría de las unidades del Ejército también se contaba con algunas decenas de los mismos, así como bastantes mulos, a los que se les denominaba acémilas, lo que sin duda supondrían unos cuantos miles entre ambas clases de animales. (Eso de los nombres raros que en ocasiones se hacía en el ejército, recuerdo uno que me hizo gracia, y era el que a las botas se les llamaba "borceguíes"). Hoy creo que la mayoría de los entonces Regimientos de Caballería están mecanizados, y lo que entonces eran caballos y acémilas, hoy son vehículos de tracción mecánica, pese a que, y según he visto en ocasiones, se les sigue llamando Regimientos de Caballería, con alguna añadidura, lo que da a entender que los caballos y mulos están casi desaparecidos.

Así que, tanto la cría como la doma de lo que en aquellos tiempos suponía, habrá pasado a ser, si no mera cuestión testimonial, si de una mínima importancia por cuanto a las necesidades del propio Ejército.

No hay que olvidar tampoco, la gran cantidad de caballos, y voy a decir en la Guardia Civil, que es lo que más conozco, e incluso he utilizado los servicios de un caballo, sobre todo para correrías en las que había que patear mas de treinta kilómetros, que cuando ingresé en el Cuerpo, aquí en la Comandancia de Málaga solamente, seguro superaba el centenar, que sumados todos los que hubiere en las demás, habrían de superar varios miles.

Pero todo este rollo que me estoy marcando, viene a cuento de que en la mencionada entrada del día diez de los corrientes, hacía alusión a una misión que se utilizaba, no sólo en la mencionada unidad de Recría y Doma, sino además también en muchos otros casos particulares, en los actos de la generación, y creo recordar que decía, que a dicho menester se le daba nombre un tanto malsonante. A esa misión a la que me refería se le daba, y se le da, el nombre de "mamporrero".

Según la definición de la RAE, mamporrero, es el "Hombre que dirige el miembro del caballo en el acto de la generación". A ello yo daría igual definición, pero añadiendo a "caballo", también el de "burro".

Ello se hace necesario, dado a que la diferencia de alzada entre el caballo y la burra, son bastante diferentes, en mayor la del primero sobre la segunda, e igual circunstancia ocurre entre la del burro y la yegua, en este caso, también mayor, pero de la segunda sobre la del primero, lo que da lugar a que la situación de los órganos genitales entre los del macho y la hembra, en el acto del apareamiento resultan estar poco coincidentes, lo que hace que se precise el dirigir el miembro del macho hacía el de la hembra a fin de alcanzar "su objetivo".

Ya metidos en faena, como suele decirse, quiero señalar que el miembro del burro, sin lugar a equivocarme, es el mayor de todos los animales terrestres, y se da el caso, que pese a la diferencia de alzada del caballo con el burro, el de éste, es mas del doble que el de aquél. También a este particular señalaré que es muy frecuente contemplar el burro tanto como cuando esta pastando e incluso en ocasiones cuando incluso va con la carga que se le haya colocado mostrar sus atributos, lo que no parecería, si no que, mostrándose orgulloso de lo suyo, quisiera darlos a conocer a todo el mundo.

Pido perdón, y llevando un rato de si contarlo o no por lo que quizá de grosero tenga, me decido a ello, y es que acordándome de un chiste que me contaron, seguro cuando yo solamente  sería  un adolescente, y claro entonces y en un pueblo donde estábamos acostumbrados a ver todo cuanto del burro acabo de citar, me hizo cierta gracia, y reitero mi petición de perdón por si alguien le resbala aún tanto al leerlo, y ahí va tal a mí me lo contaron.

"Iba un padre dando un paseo por los extrarradios de un pueblo acompañado por su hijo de unos seis o siete años, cuando a la sombra de un olivo había un burro mostrando su atributo tal provisto de ello estaba. El niño al contemplar tal menester, le pregunta a su padre: Papá, ¿qué es eso que tiene el burro?, y el padre para salir de trance, le contesta escuetamente: Eso es que está enfermo, hijo.

Días después, el niño paseaba por el mismo lugar, pero esta vez con su madre y como no, allí estaba el burro en igual situación y el niño sin mas preámbulos le dice a su madre: "Mamá, ¿tú ves eso que tiene el burro? Pues es que está enfermo." La madre sorprendida, le preguntó que quien le había dicho eso, y el niño como era cierto, le contestó que papá. La madre. sin entrar en más explicaciones, le dice a su hijo: "¡Qué más quisiera tu padre tener la décima parte de salud que tiene el burro!"

Ya que lo he puesto. Ahí queda, aunque no sea como ejemplo del buen decir, pero tampoco creo que ni aún siendo un meapilas la cosa sea para rasgarse las vestiduras.

Hasta la próxima que ya veremos de que trato, aunque aseguro no contaré chiste de esta clase.

viernes, 15 de agosto de 2014

A la Virgen de Candelaria


Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, Tenerife
(15 de agosto de 2014) 



Aunque en mi anterior entrada había prometido continuar en la próxima, que es la de hoy, sobre el tema de los caballos, mulos y burros, pero en honor a mi Editor, que como residente en Santa Cruz de Tenerife, celebra hoy la festividad de su Patrona la Virgen de Candelaria, es la causa del incumplimiento de mi promesa, como digo hice en la anterior entrada.




Virgen de la Candelaria
(15 de agosto de 2014)


Hoy celebra la Iglesia la Asunción de la Virgen, que en el Catolicismo se considera como la elevación al Cielo en cuerpo y alma de la Virgen María. En diferentes puntos de España esta festividad se aplica, a Vírgenes con distinta denominación, como en el caso de Santa Cruz de Tenerife, a su Patrona la Virgen de Candelaria.

Yo, y como reza el dicho que, "donde hubo candela, ceniza queda", y aunque muchos son los años que me separan de cuando yo estaba destinado en el Servicio de Información, tan dentro de mí llevo aquel menester, que no hay acto de relativa importancia que escape a mis conocimientos y por tanto he llegado a saber que, mi referido editor durante la tarde noche de ayer, realizó una peregrinación a su Patrona, la Santísima Virgen de Candelaria, para lo que hubo de recorrer caminando a pie no pocos kilómetros, con esta humilde entrada me uno a su ofrenda y como homenaje a la referida Virgen, y que también, al igual que hasta ahora, le siga prestando su apoyo en todo lo que a él afecte.  

En mi pueblo siempre se le llamó a esta fiesta la Virgen de Agosto, y hasta había un dicho que decía: "Por Santiago y Santa Ana, pinta la uva, pa' la Virgen de agosto, ya está madura".

En mi juventud, la festividad de la Virgen de Agosto era seguro el reunirse varios amigos e irse de comilona al río, o algún sitio fresquito. Una de aquellas comilonas, y juraría no equivocarme, fue en el año 1942, que unos doce o catorce nos fuimos al Cortijo de "Las Mateas", donde el padre de uno de mis grandes amigos, (q.e.p.d.), estaba de encargado. Dicho cortijo estaba cerca de un río, e íbamos con la intención de pescar algunos peces, y además tratar de cazar, pese a estar en plena época de veda, alguna pieza tal como liebre, conejo, perdiz u otras cualesquiera, para lo cual algunos de estos fantasiosos cazadores, iban provistos de su correspondiente escopeta, aunque ocultas entres los aparejos de las  caballerías que para nuestro traslado llevábamos, a fin de que caso de tropezarnos con la Guardia Civil, fueran denunciados y además les requisaran el arma.


Tan rotundo fue el fracaso, primero porque el río estaba seco, y raros charquitos había en el cauce del mismo y por supuesto, peces ningunos. También y como quiera que el calor era sofocante. los que se daban por expertos cazadores, realizaron una pequeña batida sobre la solana de un olivar, y al no levantar pieza alguna, se dieron por vencidos, renunciando a continuar con su propósito.

Pero claro, el día no podíamos desaprovecharlo, y lo principal el hartarnos de comer aunque fuera solo un día, y que la mayoría de los que íbamos, bastante necesitados de ello estábamos y no tardamos en dar con la solución. Así volvimos al cortijos, y los expertos cazadores, ahora sÍ, con solo dos disparos dieron muerte a dos hermosos gallos, de los bastantes que había pastando junto a las gallinas en los alrededores del cortijo. Ni que decir tiene, que el propósito que nos había llevado hasta allí, fue debidamente cumplimentado. Además de los dos gallos, también hubo de correr mi amigo, con la añadidura de algunos chorizos y tacos de lomo, que en manteca todavía le quedaban en las orzas, de la matanza del año anterior.


Uno de los asistentes, por cierto hijo de la que era mi madrina, cogió una buena melopea y le dio por llorar a lágrima viva, y entre sus lamentos decía: "¡Mi madre tenía razón de que algún día me iba a ver mas tirado que una colilla!". No mucho rato antes de salir para el pueblo se le quitó la llantina. Ni claro tampoco fue el único que le fue a la zaga en coger buena trompa. No por presumir, aquel día para mí, lo esencial estaba en la comida, y de ello hice acopio para unos cuantos días, que buena falta me hizo. El vino, lo justo.

Hasta la próxima, que ni ocurre alguna contrariedad, le tocará a lo prometido en la anterior. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Mulos/as romos/as y castellanos/as


Mis raíces del campo, tan profundas son, que como diría Cervantes no se arrancan de donde están "ni a tres tirones". Así pues, como hace pocas fechas, vuelvo a mis andadas.

En muchísimas ocasiones he podido comprobar que muchas personas de las grandes ciudades, no saben exactamente lo que es un mulo, y no digamos que existen los mulos y mulas romos-romas, y castellanos-castellanas. Lo de castellanos, no es que hayan nacido en alguna de las dos Castillas, sino de quienes han sido sus padres. Pero es que no es que ello me sorprenda, sino que aun los hay quienes no distinguen un caballo de un mulo o un mulo de un burro. Y es que son de distinta clase, como lo es, los de caballar, mular y asnal.

Sin duda y como son los que mas suelen verse hoy a través de televisión, sean los caballos los más conocidos. La hembra del caballo es la yegua.

Luego vienen, los asnos, que si no fuera porque hay quienes se preocupan porque no desaparezca la raza, como sucede en la localidad de Rute de la provincia de Córdoba, posiblemente en España ya se habrían extinguido, y es que como estaban dedicados para la carga, y que entre el oficio de arriero, que eran los que mas solían utilizarlos, ésta si ha desaparecido, los solían hacer los campesinos que los empleaban para su transporte personal y la carga de frutos, enseres y útiles para el trabajo, que los coches y las motos los han sustituido con mayor eficacia y rapidez, y por tanto no tienen razón de ser, y ese es el motivo de su escasez hoy en día.

Y ahora vienen el ganado mular, que es el motivo de mi entrada de hoy.Vamos a ello.

Los mulos y mulas romos o romas, son los hijos de burra, o asna y caballo. Se da la circunstancia de que la mula roma, en casi su totalidad suelen ser excesivamente nerviosas, y dan coces y hasta en ocasiones pueden morder, lo que suelen ser difíciles de bregar con ellas y con las que hay que tener bastante cuidado si no se quiere sufrir algún percance. Por el contrario el mulo romo, es en general de condición mansa, bastante fuerte y muy apreciado para el trabajo.

Los mulos y mulas castellanos/as, son los hijos de burro, o asno y yegua. Estos suelen suelen ser tanto los machos como las hembras de parecidas características, tanto en condiciones de mansedumbre como de fuerza y eficacia en el trabajo. Los mulos solían utilizarse en la agricultura. tanto como yunta en la labranza o en el tiro de carros y carretas, aunque en otros puntos, para este menester solía utilizarse el ganado vacuno.

Así los mulos y mulas romos y castellanos, son un híbrido de caballo y burra y burro y yegua, y todos estériles, y aunque en alguna ocasión oí decir que una mula había parido, personalmente no he conocido ningún caso, ni lo creo,  aunque las hembras suelen salir en celo y los machos se castran siempre, lo que les lleva a ser mucho mas dóciles y manejables en el trabajo, aunque como he citado antes, su uso ha desaparecido, porque su utilidad ha sido sustituida por las máquinas y vehículos.

Hay una circunstancia entre las tres clases de animales, por la que ademas de su figura y alzada, como se dice a la estatura de los équidos, se distinguen muy bien y que son en las orejas. Las de los caballos son muchos mas pequeñas que las de los mulos, y las de los mulos un poco mas pequeñas que las de los asnos, o burros, como siempre se ha dicho entre las gentes de campo, de donde yo vine.La alzada del animal se mide desde el rodete del talón hasta la parte más alta de la cruz, o sea que el cuello y la cabeza, no se tiene en cuenta.

En la próxima, me comprometo a tratar de una unidad militar. que creo se denominaba, cuando yo estuve en la mili, y no se si existirá todavía, Cría Caballar, Yeguada Militar o algo parecido que estaba ubicada en Écija, localidad de la provincia de Sevilla, y en la que existía un cometido del que su nombre no era de muy bonito fonema, pero que se daba no solo en dicha unidad militar, si no también en todas las ocasiones que hacía falta en el devenir de la procreación animal del ganado equino.

Hasta la próxima entrada, que sera lo que he prometido.

lunes, 4 de agosto de 2014

Las plumas estilográficas


Tal día como hoy de hace dos años, nos reunimos toda la "familia", excepto mi nieto Pablo, a comer en el Restaurante La Sacristía del Rey. Después de la comida les regalé a cada uno de mis SEIS nietos, una pluma estilográfica "Montblanc (la de Pablo por ausencia, se la entregué a sus padres). Hoy, comenzando por el Restaurante, ya no existe como tal. La mayoría de la familia está desperdigada, como se dice, por diferentes puntos, unos mas lejos que otros, y como no, cuando los años se van apoderando de casi todas las facultades y nos hacen extremar las sensibilidades, he tenido y tengo la sensación de que la reunión tal lo fue hace dos años, no volverá a repetirse. Quizá tal vez nos haga también a los "mayores" caer en un escepticismo un tanto exagerado para llegar a estos sentimientos, pero tampoco nos falta razón para ello si tenemos en cuenta la velocidad con que se suceden las anualidades y la dificultad que cada día entraña, el que si no unos, otros, no puedan acudir a tales reuniones.

Aunque, algunos de los que no estaban han llegado esta tarde, son muchos los que aún "faltan", y ello como no, me han hecho traer y asomarse a las balconadas de los ojos algunas lágrimas.

Como el asunto que me ha traído hoy a esta entrada, no ha sido otra que traer al recuerdo a todos cuántos nos reunimos hace ya dos años, y por supuesto al que faltaba, y solo me queda que pedir a Dios, me conceda cuando menos una cita como aquella, y aun que ni siquiera falte nadie, a fin de que pueda gozarlo como entonces lo hice.

Ahora a esperar ese milagro y hasta la próxima entrada.

viernes, 1 de agosto de 2014

Hozar y ensortijar




Como dicen que la cabra siempre tira al monte, yo como mi primer trabajo lo fue de porquero, hoy me ha parecido oportuno traer a colación el cerdo y parte de cuanto con el mismo se relaciona, aunque extenderse a todo cuanto al mismo atañe, se precisarían varias entradas para ello.

Comenzaré por definir las dos palabras que dan titulo a esta entrada, como lo son "hozar" y "ensortijar", pero ambas con relación al ganado porcino.

La primera, la define la RAE como "mover y levantar la tierra con el hocico". Ensortijar, en la segunda acepción de dicha Academia se extiende un tanto en ella y lo define así: "poner un aro de hierro atravesando la nariz de un animal, para conducirlo o para impedir pastar donde no se quiere que lo haga".

Pues por lo que respecta a las dos anteriores definiciones voy a hacerlo hoy solamente, y aunque a la mayoría os resulte un poco extraño, y a lo mejor lo segundo hasta un maltrato al animal, tiene su justificación. 

La más selecta chacina que se saca del cerdo, la son de los de raza ibérica, y por añadidura los cebados en "montanera". Se utilizan varios modos y clases de cebo, como los son de "cebo" propiamente dicho,  que se puede hacer echándoles de comer cereales, tales como la cebada, la avena  el maíz, y otros, que el animal come encerrado en las llamadas pocilgas o zahúrdas. Luego esta la de "bellota", que suele echársele dicho fruto, pero también estando los animales encerrados en sus establos. Y como decía anteriormente, el mejor engorde de los cerdos para luego ser sacrificados en la matanza, está el de la montanera. Esta forma del engorde consiste, en que los animales lo hacen en las dehesas de encinares, a los cuales los cuidadores o porqueros, les varean las bellotas de las encinas y los cerdos las van comiendo, a la vez de que también, y como la época de la bellota es en el otoño, en las propias dehesas suele haber tiernas hierbas que con las aguas que hayan caído han brotado, y el ganado como durante todo el día está andando por el campo, no acumula tanta grasa, y como se dice entre los porqueros la carne se "trabaja mejor" y de ahí, no solo los exquisitos jamones, si no todo lo concerniente a la carne de los cerdos cebados en montanera, resultan los bocados mas exquisitos incluso para los paladares mas exigentes. 

Bueno y vosotros os estaréis preguntando, ¿pero ésto que tiene que ver con el "hozar" y "ensortijar", que es el titulo de esta entrada? 

Pues no os preocupéis que os lo voy a explicar del mejor modo que pueda y sepa, a fin de que no tengáis duda alguna sobre la importancia que ello tiene en cuanto arriba queda señalado. Englobando ambas palabras, procedo a ello. 

Como he indicado anteriormente la época de la bellota es en pleno otoño, y como consecuencia de las lluvias caídas por ese tiempo, suelen salir casi a ras de tierra lombrices, y varias larvas de insectos que los cerdos hozando la tierra suelen sacarlos de la misma y comérselos con gran deleite, al punto que como suele decirse, se "empican" en ello y se desentienden de comer otra cosa, y en vez de coger peso, lo pierden al punto de que en ocasiones lo hacen en proporciones de importancia, que es todo lo contrario del propósito del intento del cebo, que no es otro que el de que cojan el mayor peso posible. Así, con bastante tiempo anterior a la llegada de la montanera, se procede al ensortijamiento de todos los cerdos que se echan a la misma, que consiste en colocarle una especie de sortija de hierro un tanto acerado en la parte superior y anterior del hocico, que vulgarmente se le llama "jeta", y dado a que el hozamiento lo hacen con la parte del hocico en que se le coloca la sortija, le produce bastante dolor al intentarlo y tienen que desistir de hacerlo, obligándoles a comer solo la bellota que le es vareada de las encinas. El peso que suelen tomar los cerdos en los cuarenta días aproximados que suele durar la montanera, es mas importante de lo que pueda pensarse.

En mi pueblo había la costumbre, y entre ellos mi padre lo hizo mas de una vez, que los particulares que tenían un cerdo para dedicarlo a la matanza, se ponían de acuerdo con los dueños de encinares y que a su vez echaban varios animales para la montanera, los echaban a la misma, los pesaban el día que lo entregaban y volvían a pesarlo cuando terminaba la bellota, y el peso que había cogido el animal durante la misma, lo pagaban al precio que hubieron acordado.  

Una cuestión quiero añadir y que nada tiene que ver con el hozar y el ensortijamiento, y que solo se trata de los cerdos machos, los cuales solo se pueden sacrificar los que están castrados, pero desde mucho tiempo antes de la matanza, por que de no hacerlo así, la carne de los mismos exhalan un olor insoportable y el sabor de todas sus carnes no hay quien las coma.

Quizá en otra entrada continuaré con otras muchas cuestiones en relación con los "marranos", como se dice en mi pueblo, y que para muchos de vosotros os resultan seguro desconocidas.

Hasta la próxima, que no será tan cerda como esta.

sábado, 26 de julio de 2014

Y llegué a Málaga...


Hoy hace SESENTA Y CUATRO AÑOS, que llegué a esta bendita Málaga. Eran sobre las cinco y media de la tarde. Hacía un calor sofocante. Si he de confesar la verdad, la encontré mas sucia de lo que yo hubiere podido pensar.

Así mismo confieso, que mi destino a la Comandancia de Málaga, después de haber salido de la Academia de la Guardia Civil de Úbeda diez días antes, no fue de mi total agrado. El recibimiento que tuve al presentarme como jefe de expedición que venía de los aproximadamente veinte Guardias de la misma procedencia y destino, ante el  Brigada Comandante de Puesto en el Acuartelamiento de Natera, no fue tan poco, todo lo cordial que yo hubiere deseado, incluso por una cuestión baladí. Pese a todo cuanto llevo expuesto, me sentía feliz.

Desde bastantes años atrás de mi llegada a esta ciudad, y donde toda una vida me quedaba por delante, tenía la sensación de que el ser feliz, era principalmente una cuestión de talante, antes sin duda que de las circunstancias. Yo, y pese a que la inmensa mayoría de las personas que le dijera que como tal Guardia Civil que ya era, tan orgulloso de ello me sentía, que no habría hecho ni acaecimiento capaz de echar por tierra tanta congratulación, hasta no faltará quienes consideren ridícula mi euforia por tan humilde consecución, pero, y como diría mi paisano Séneca, "para nuestras ambiciones lo mucho es poco, pero para nuestras necesidades, lo poco es mucho". Así en mi caso, dejando atrás todo un pasado bastante mas mermado de posibilidades que el que acababa de conseguir, no podía por menos que darme por satisfecho, al punto de que, mis propósitos lo eran, como sucedió a lo largo de mas de treinta y un años  que permanecí en el Cuerpo, entregarme  a cuantas obligaciones, e incluso sacrificios, se  me exigieran, para cuando menos, no dañar en lo mas mínimo el prestigio que para mí tenía, y sin duda en nada se ha menoscabado, de esta Institución.

Cuando se está enamorado. como antes de ingresar incluso, yo lo estaba de esa Guardia Civil, nada resulta oneroso para su consecución, ni por supuesto consideras insuficientes sus aportes. Quizás los emolumentos que por aquellos entonces se percibían, no daban márgenes para conseguir algo mas que lo necesario, pero sí,  lo imprescindible para vivir, y más de lo que hasta entonces había conseguido.

Si las ambiciones se dominan y no se llevan al extremo de lo imposible, finalmente se llegan a conseguir las que mas a tu alcance las consideres, y a medida que ello sucede, entregándose a sus disfrute con la cautela de que ello no te lleve hasta unas exigencias desmedidas que te hagan sentirte defraudado por la imposibilidad de alcanzarlas, y a su vez te imposibilite del goce de lo ya conseguido y que seguro te llevaba, cuando te dispusiste a ello, y que si  así era, te ibas a dar por satisfecho.

Parece que me he ido por los Cerros de Úbeda, como diría Cervantes, dado a que para señalar la efemérides de mi llegada a Málaga, me he puesto a filosofar, cosa que parece es cierta inclinación a los pasados de años, aunque realmente y como lo que en principio me proponía era dejar constancia de todo lo alcanzado con solo ser Guardia Civil, y algunos ascensos posteriores dentro del Instituto, y que lo han sido y continúan siéndolo, superando en mucho, todas aquellas ilusiones que dentro de mis pensamiento bullían cuando hacia aquí venía, y lo han sido en todos los órdenes, tanto personales, como profesionales y familiares. Sin duda de forma distinta, y quizá un tanto presuntuosa, como antes lo he contado, dicho queda lo que pretendía.

Quizá ese regodeo por lo conseguido a lo largo de esos sesenta y cuatro años, y expuesto en esta entrada pueda resultar cuando menos empalagoso para quienes entréis en este humilde blog, y pido sepáis perdonarme, pero cuando unos sentimientos tan arraigados en lo mas profundo del ser se hallan, difícil misión es el poderlos ocultar, y una vez embalado en su exposición, continuarlos has, mientras el más mínimo detalle te quede por señalar.

Como los mayores solemos decir, con mas frecuencia de la que se debiera, vuelvo la vista hasta aquel 26 de julio de 1950, y veo un camino que paso a paso he ido recorriendo, y a cada horizonte que a mi vista se aparecía, se iba consolidando, e incluso superando toda la dicha con la que ni siquiera mis sueños estaban capacitados para alcanzar.

No pocos, han sido también los acontecimientos dolorosos que a lo largo de esa travesía, he tenido que soportar,  principalmente la pérdida de seres queridos, y que como ley de vida solo queda la resignación para afrontarlo y que de haberlo podido remediar sin duda lo hubiere hecho.

Hasta la próxima, que será otra cosa.

domingo, 20 de julio de 2014

Propio y derrotero

Derrotero náutico de las Islas Canarias


Aunque las dos palabras que figuran en el título dado a esta entrada, su fonética nos resulte totalmente familiar, no lo es así por cuanto a lo que son en una de sus acepciones en la RAE, y que como están en relación a las comunicaciones, allá va dedicada a mi buen amigo Daniel, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones, aunque seguro estoy que en la Facultad, o Facultades, donde cursó su carrera, no la tuvo como una de sus asignaturas, pero sí le aseguro que yo, lego en la materia, la primera una vez, y la segunda en unas cuantas, quizás menos de diez, las utilicé como medio de transmitir una noticia. 

Pero, amigo Daniel, sé que no tomarás esto como, que quiera darte lecciones sobre el particular, no soy un suicida, si no que tanto la entrada, como la dedicatoria, lo son en el sentido de que tú, que demasiado lo sabes, y los demás que se dignen leerla, vean el despegue tan espectacular habido en las comunicaciones, desde aquellas fechas en que yo utilicé esos medios, al día de hoy, al punto de que ni siquiera merece la pena el compararlas. Vamos a ello.

Propio. La 9ª acepción del diccionario de la RAE, sobre el particular, dice: "Persona que expresamente se envía de un punto a otro con carta o recado".

En aquellos momentos, la única forma de hacer llegar una noticia a un lugar en despoblado, lo era por el procedimiento del "propio".

Sin que recuerde la fecha exacta, pero si que lo fue entre los meses de diciembre de 1949 y el de febrero de 1950, y que yo ya estaba aprobado para el ingreso en la Guardia Civil y pendiente de ser llamado para incorporarme a la Academia, a primeras horas de la tarde de uno de esos días, fui  citado por el Cabo Comandante del puesto de la Guardia Civil, que se hallaba en el entonces llamado Casino en mi pueblo,  y  al que le acompañaba el propietario de una finca denominada la "Moheda", aunque en mi pueblo la llamábamos la Mojea, sita a una distancia entre los dos y los tres kilómetros de la localidad.

Ya en su presencia, el citado cabo, me entrega un sobre cerrado y me encarga lo lleve al cortijo de la indicada finca y le haga entrega del mismo al casero. Me recomienda que por nada ni nadie, me deje sustraer el sobre y que antes de que me fuera quitado, procediera a meterle fuego u otro proceder, y que en plan de broma me añadió, incluso comértelo. El dueño de la finca, primo hermano de mi padre, me añadió, si te encuentras a alguien por el camino y te pregunta, donde vas, le dices que te mando yo para que le digas a mi casero, que mañana a las ocho venga a recogerme a la casa con una caballería, que voy a salir de viaje.

Sin tener ni la más remota idea de cual pudiera ser el contenido del sobre, pero confiando en quienes me lo entregaban. Procedí a dar cumplimiento a cuanto, por favor, se me solicitaba.

Unos ocho o diez días después de haber actuado como "propio", cerca de la media noche,  una partida de cuatro hombres, de los entonces llamados bandoleros llegaban al cortijo donde había entregado el sobre, y como después tuve noticias de que lo habían realizado en distintas ocasiones anteriormente, pero en aquella ocasión, había dentro del caserío un grupo de seis componentes de la Guardia Civil, de las entonces llamadas contrapartidas, y tras llevar en la cocina del caserío cerca de media hora, y haber encendido el casero una hoguera para que los forajidos secaran sus ropas de la lluvia que les había caído durante aquella jornada, previa una señal acordada con la fuerza allí parapetada, quitándose urgentemente el casero del lado de los mismos, una cuantas ráfagas de los subfusiles, o metralletas como así eran conocidos popularmente,  de la fuerza hacia la hoguera donde se hallaban, dieron muerte a tres de ellos y el cuarto pudo escaparse, aunque por el rastro de sangre dejado también había resultado herido, Aproximadamente un mes después, fue detenido.

Sobre esto último, quiero hacer constar que, algo más de dos años después del sucedido indicado anteriormente, vi aquí en Málaga al que consiguió escapar de aquella encerrona, y que terminó como confidente de las antes citadas contrapartidas, que actuando y vistiendo,  como si fueran una partida mas de los bandoleros, fueron creadas para, como sucedió, acabar con el bandolerismo en España.

En el momento en que acaeció el suceso en aquel cortijo, habían en su interior algunas mujeres y niños, familiares de los trabajadores de la finca. Es de suponer el mal rato que hubieron de pasar, pero las circunstancias así eran.

Derrotero. Por cuanto a  ésta, la única definición del diccionario que he encontrado lo mas próximo a lo que en la Guardia Civil se llamaban derroteros, ha sido la que dice: "Camino, rumbo, medio tomado para llegar al fin propuesto".

En uno de mis primeros servicios prestados en el puesto de Torrelasal, sito entre Estepona y Sabinillas de esta provincia y donde fui destinado cuando salí de la Academia en Julio de 1950, llevé a cabo el cumplimiento del primero de los pocos derroteros que se me presentaron a lo largo de mi permanencia en el Cuerpo.

Como creo en diversas ocasiones lo he citado en este blog, tanto el puesto de la Guardia Civil de Torrelasal, como en la inmensa mayoría de los entonces existentes en toda la costa, no solo de Málaga, si no de toda España, se carecía de agua corriente, de luz eléctrica y como no de teléfono.

En las cabeceras de Compañía del Cuerpo, había en casi todas, una estación radio que utilizando el código morse. recibían y enviaban las noticias de urgencia. Pero estas encontraban la dificultad de la carencia de medios para cursarlas a los puestos pertenecientes a las mismas.

Así cuando llegaba una de esas noticias, como la que me dio motivo a  dar curso a un derrotero, lo fue por el anuncio de la posibilidad de un alijo de armas, creo recordar lo era por las costas de Almería, Granada y Málaga, que procedente de Argelia lo intentarían realizar, con destino a las partidas de bandoleros de las que ya hice mención en el caso anterior de esta entrada. Así, la noticia de urgencia llegaba a la cabecera de Compañía por medio de la radio, que traducida por el personal de la emisora receptora, se pasaba a la fuerza de servicio, por teléfono solo en los núcleos de población donde lo había, pero para el resto, este escrito se entregaba a la pareja de servicio mas próxima, tanto en un sentido de la dirección como en otro, y una vez firmada la recepción de la misma a quien se le entregaba, y así sucesivamente, esta pareja se encargaba de hacerla llegar a la que lo hacía limítrofe a ella, que previas señales a través de luces por medio de la linterna, se le indicaba se aproximara para hacérselo a ella, y así seguiría de una a otra hasta el final, de lo que en aquel caso lo era hasta el límite de la provincia de Málaga con la de Cádiz, por  toda la costa. En muchas ocasiones, cuando llegaba hasta la última pareja, habían transcurrido varias horas. Aunque quiero señalar, que en los diversos derroteros que durante los catorce meses que presté servicio en la costa, ni una sola vez, se cumplieron las amenazas de alijo que se decían, la mayoría de las veces lo eran de géneros de contrabando y en muy pocas las de armas, como en la primera ocasión.  

Amigo Daniel, cuán distinto y distante lo es de aquellos métodos que yo llegué a emplear para el curso de una noticia, a los que tu has llegado a poseer, de lo que entonces, ni tus mismos compañeros de carrera, seguro soñaban siquiera llegaran a conseguirse como lo son en la actualidad.   

Hasta la próxima entrada, que procuraré no hacerme tan pesado como quizá lo haya sido en esta.

lunes, 14 de julio de 2014

Albañal


Ayer, y no se a cuenta de qué, se me vino a la memoria la palabra albañal, cuando ni por aproximación, podría calcular la cantidad de años que ni se me había venido al recuerdo, ni por descontado la había escuchado. Seguro estoy, de que la mayoría de los que entren a la lectura de esta entrada, aunque no sean muchos, claro, lean por primera vez en su vida esta palabreja, salvo los que cuenten con setenta o mas años, como por ejemplo el que suscribe.

Pero como yo rebaso casi en veinte los mencionados setenta, durante mi infancia y hasta bien entrada la juventud, no solo oía a diario la palabra albañal, si no que hasta lo que ella significa lo veía y hasta utilizaba varias veces al día.

Pero antes de entrar en mas disquisiciones, diré que según el diccionario de la RAE. en su primera definición de albañal, dice: "canal o conducto que da salida a las aguas inmundas". 

Así, en la casa donde vivía con mis padres hasta la llegada de la Guerra Civil Española, cuando yo había cumplido ya los once años de edad, y como quiera que, como en el noventa y cinco por ciento de los domicilios del pueblo no había cuarto de servicio, y por supuesto agua corriente en ninguno de ellos, todas las necesidades fisiológicas durante el día, había que realizarlas directamente  en el albañal, que en nuestra casa estaba situado justamente, a unos cuarenta o cincuenta centímetros de la puerta que daba salida al que llamábamos corral, y consistía en una rejilla colocada  sobre el suelo y encima de un pequeño boquete que comunicaba con el canal de todos los desagües de la localidad, y que lo llevaban hasta desembocar en las afueras del pueblo en el que se llamaba arroyo de las zarzas. Cerca del albañal había siempre un cubo con agua de la que se vertía un poco de ella cada vez que alguien lo utilizaba, a fin de evitar los malos olores. 

Eso era por lo que respecta al horario de día en que  estábamos  levantados, que por la noche, debajo de cada cama, había un recipiente al que se le llamaba "escupidera" y allí era donde verificábamos nuestras necesidades, que cuando se trataba solo de la micción, la escupidera con la orina expelida quedaba otra vez debajo de la cama, pero si se trataba de evacuar el vientre y a fin de evitar el mal olor en la habitación, cuando lo era por un niño, la madre o el padre, en mi caso, los míos, se levantaban, tomaban la escupidera y con solo abrir la puerta del corral  echaban por el albañal lo defecado, y con el agua que siempre había junto al mismo, se realizaba una pequeña limpieza de la escupidera y el agua que había servido para ello, valía a su vez para alejar los excrementos del fondo del albañal. A partir de los seis, siete u ocho años, el mismo que había utilizado la escupidera era el que tenía que realizar la misión que los padres  habían hecho cuando se era menor.

Con la entrada de hoy me he colocado en la tesitura de tener que pedir perdón por lo poco agradable del tema, pero que a mí no me ha llevado a tratarlo, nada más que primero, por lo que a lo raro que os sonará a la mayoría la palabra del asunto, de la que seguro alguno de vosotros ni la habréis oído en la vida, y a su vez, dar testimonio de como era el cotidiano vivir de la inmensa mayoría de los españoles, y que como era lo que había, por fuerza se acostumbraba uno a ello, y que a decir verdad, hasta éramos felices.

Ah, en la parte alta de la puerta que daba acceso al albañal, había un pequeño tejadillo, a fin de que, si estaba lloviendo  cuando llegaba la necesidad de utilizarlo, por lo menos no cayera el agua encima. Lo mas difícil de evitar, era el frío del invierno, y sobre todo durante la noche y la madrugada. 

En próximas entradas traeré a colación así palabrejas de las que ya haga años hayan dejado de oírse y resultar un tanto extrañas, a fin de que cuando menos estemos por este mundo, mis coetáneos y yo, volvamos de vez en vez a sentirnos no solo jóvenes, si no hasta niños.

Os reitero la petición de perdón, por si os resulta un tanto desagradable el tema tratado.

Hasta la próxima.

miércoles, 9 de julio de 2014

Honores y tratamientos


Hoy, y como yo soy tan pensador, por lo mucho que pienso, no por otra cosa, me ha venido al recuerdo el tema que figura en el título de esta entrada, o sea el de Honores y Tratamientos. A este respecto, tengo que señalar el cambio tan radical dado desde "mis tiempos", como tanto nos gusta decir a los mayores, por no decir viejos, que hay a quien no le gusta nada tal calificativo, al día de la fecha. Creo, y como solía decir mi madre con mucha frecuencia, en tales  casos, aquello de que " ni Don Juan, ni junanillo" , ni tanto como había que hacer entonces, ni al punto de donde se ha llegado.

Los tratamientos de Excelentísimo, Usía, Ilustrísimo, Eminencia, y otros muchos, que les eran otorgados, tanto en el estamento militar, civil, religioso, judicial y cualesquier otro, que forzosamente había que dar de manera excesiva, sobre todo en los escritos, han pasado a mejor vida. De aquella rigurosidad, como digo, hemos pasado quizá, y perdonarme que lo diga, pero tal lo pienso dejo constancia de ello, a lo que en ocasiones creo es casi una falta de respeto o cuando menos de consideración, y aquí me vengo al tratamiento mas bajo en la escala de valores, como es, o para mejor decir era, el del usted.

Los que peinamos canas como suele decirse a los "metiditos en años", si no todos, casi en su totalidad, cuando sostenemos cualquier conversación con personas que superen los veinticinco o treinta años y no tengamos con ellos amistad o relación frecuente con los mismos, damos siempre el tratamiento de usted, (abreviadamente solía escribirse vd.). Sin embargo, las respuestas recibidas a los que así tratamos son de un tuteo tan descarado, que me causa cierta sorpresa de que a ellos les parezca tan natural, y no quiero decir con esto que carezcan de la suficiente educación, o con ello nos traten con desprecio o desdén, pero claro, tan arraigadas llevamos aquellas conductas, que primero, nos es casi imposible el poder renunciar a ellas y  segundo, cuando menos nos resbale el tuteo recibido incluso por adolescentes.  

En el tiempo de mi ingreso en la Guardia Civil, tenían el tratamiento de "don" toda persona que que estuviera ya en posesión del menor título académico como lo era el de Bachillerato Elemental, y si era exigido por el poseedor del mismo, se estaba en la obligación de dárselo, sino se había hecho. Pero sobre este particular, quiero hacer una protesta, de una, no se si había alguna ley o norma que lo exigiera, pero cuando menos en la Guardia Civil, si era exigible. Resulta que los Guardia y Cabos del Cuerpo, no teníamos el derecho al tratamiento de don, y así en todo escrito que figuráramos nominalmente, se nos colocaba generalmente comenzando por la del primer apellido, segundo apellido y el nombre, sin más. Pero he aquí, que todos aquellos Guardias o Cabos que fueren hijos de Capitán o empleos superiores, sí lo tenían, y era de obligado cumplimiento el colocarles su don, antepuesto al nombre.

Cuando se ascendía al empleo de Sargento, automáticamente pasábamos a obtener el derecho al tratado de "don", que tampoco se la disposición que así lo tuviera dispuesto, y que posiblemente viniera de al pasar a formar parte  de Suboficial, así lo estuviera.

Había también una obligatoriedad, que esa hube yo de estar cumpliendo durante toda mi permanencia en el Cuerpo y también en el ejército, que era la del "Dios guarde a.....", que en este caso no me disgusta el que haya desaparecido, a la finalización de todo escrito y antes de la la fecha. Sobre este tema voy a señalar una cuestión que me sucedió precisamente a mí, y era frecuente que entonces sucediera, cuando en cualquier escrito se cometía algún error u olvido, y que nuestro Coronel,  solicitaba la presencia ante él, del autor del escrito, y como en el extremo superior izquierdo del papel había que señalar, primero y en mayúscula las iniciales del nombre y primer apellido del Coronel, y segundo, pero en minúsculas y separadas por barra inclinada, las iniciales igualmente del que había hecho el escrito. A eso y como en el despacho del citado Jefe había una larga alfombra desde la puerta de entrada al despacho hasta su mesa, llamábamos "pisar la alfombra".

Pues una mañana el Brigada encargado de la oficina de mando, me dice: "Galán, a pisar la alfombra", y aunque nuestro superior del Tercio no gozaba de buena fama entre sus subordinados, con nosotros tenía cierta consideración en el trato y no podíamos decir fuera malo. Yendo al caso, paso al despacho, me entrega un escrito y me dice: "Éste lo has hecho tú"... Al contestarle afirmativamente, me invitó a leerlo. Detenidamente lo repaso, y al levantar la vista del mismo me vuelve a decir: "¿Encuentras alguna falta?".  Como no la había visto, le digo "no mi Coronel". Vuelve a leerlo y así hasta tres veces, en que como no veía nada extraño, me dice: "Te has comido el Dios guarde", y efectivamente así era. Yo leía el cuerpo del escrito en el que no llegaba a encontrar nada anormal. En fin como solía decirse, gajes del oficio.

Por hoy bien está la murga dada, pero déjennos a los mayores que nos desahoguemos trayendo a colación estas batallitas que tanto nos gustan...

Hasta la próxima.