domingo, 21 de septiembre de 2014

Esperando las lluvias...

Lluvia cayendo sobre el Océano Atlántico. Playa de Las Teresitas, Santa Cruz de Tenerife


Aunque los pronósticos del tiempo meteorológico de Televisión Española para el día de hoy, daba lluvias en Málaga, la desazón sufrida, porque hasta el momento en que he comenzado esta entrada ya casi las siete de la tarde, no ha caído ni gota, me impulsan a dejar testimonio, como digo, del desencanto que ello me produce.

Uno de mis grandes gozos es contemplar la caída de la lluvia, y como digo, aquí viene como anillo al dedo ese dicho tan popular como "mi gozo en un pozo", cuando no se cumple lo que uno esperaba o deseaba. 

Muchas veces me he preguntado a qué, y porqué,  me viene ese deleite de ver llover. Ese interrogante me transporta sin duda hasta los primeros días de mi vida, que en todo mi entorno familiar, seguro oía decir y comentar: "¡Y no llega la tan necesitada lluvia!", y "¡Y se va a perder toda la cosecha!"... Ese repetido deseo de la llegada de lluvia, sin que uno ponga nada en ello, deja huella tan profunda, que como me sucede, me lleva acompañando desde que uso de razón tengo. Los estíos en mi pueblo eran de una escasez de agua, sobre todo potable, que quienes poseían alguna caballería, y utilizando lo que en el trabajo del campo solían usarse a diario, las llamadas aguaderas, se trasladaban a lo mejor varios kilómetros para llevar a su casa cuatro cántaros de agua para beber.

En no pocas ocasiones, he oído comentarios de personas de las grandes ciudades, quizá en un tono un tanto peyorativo, cuando a lo mejor lleva dos o tres días seguidos sin dejar de llover, "ahora la gente del campo estará contenta", como si eso fuera un capricho de los "catetos",  y aquí, pese a llevar casi sesenta y cinco años viviendo en Málaga, no tengo por menos que rebelarme contra esos comentarios, y yo les preguntaría a quienes así se expresan: "¿Qué dirías si esa lluvia supusiera para ti perder el jornal de todo lo trabajado durante un año? Seguro tus lamentos serían mucho mas desgarradores, que cuando un labrador se queja de que esa falta de lluvia le supone la pérdida de parte, o toda la cosecha de lo sembrado y trabajado a lo largo de varios meses..."

Durante más de una década en que estuve trabajando en el campo, y principalmente en un olivar, donde realicé todas las faenas relativas al mismo, desde el laboreo, cogida y vareo del fruto, hasta la molturación del mismo en la almazara, recuerdo que por estas fechas, y a lo mejor había buena cosecha de aceitunas, pero que si en el mes de septiembre y octubre, no llegaban esas lluvias, el fruto, se decía no se "otoñaba", se caía en gran parte al suelo y en su consecuencia se perdía gran parte de la cosecha, y yo que ni siquiera había en casa de mis padres una maceta, sentía tan grandes deseos de que lloviera, como los mismos propietarios del olivar, dado a que la temporada de trabajo sería mucho mas corta y ello  me llevaba a dar menos jornales y por tanto dejaba de ganar lo que tan necesitado de ello estaba todo el entorno familiar.

Aunque, en la época de cuando yo trabajaba en el campo, el día que no se trabajaba no se cobraba jornal alguno, esos días de lluvia en que ni siquiera dejaba salir hacia el tajo, con gran alegría cuando al amanecer, y a lo mejor durante toda la noche había estado, y continuaba lloviendo, con cierta alegría solía decirse, "¡hoy, migas perdidas!". Y es que durante los dos o tres meses que duraba la faena de las aceituna, todas las mañanas, y digo "todas", se comían las celebres migas de pan, que por mi tierra suelen hacerse, y de ahí lo de migas perdidas. Asímismo había otro dicho que era el de "día de agua, taberna y fragua". Lo de taberna como no se podía ir a trabajar solía irse a la taberna, mas que nada por charlar con los amigos, y lo de fragua, para reparar las herramientas de trabajo que estuvieran deficientes o rotas.

Parece que en mí, pueda parecer existe cierta discrepancia entre lo que siempre desee cuando en el campo trabajaba, que era buscarme otro medio del sustento menos duro, pero sobre todo mas seguro, y esa cierta añoranza que me lleva de vez en vez a tratar cuestiones de aquella época. Y no tengo por menos que aceptar de que así sea, pero cuando desde incluso mi niñez, el trabajo en el campo  me suponía unos, aunque ínfimos medios para ayudar al sustento mío y de mi familia, y ese, sin duda, mi amor por la naturaleza pura en la que me desenvolvía, quieras que no, y como yo me considero un enamorado de todo ese entorno de las amplias extensiones de terreno, cubiertas, sobre todo de olivos, que fue siempre mi entorno, nada mas que el traer al recuerdo aquellas vivencias, siento cierto regodeo, del que no puedo, pero tampoco quiero desprenderme.

Bueno perdonarme por el tostón que os he largado, a los que tengáis esa osadía de entrar a leer este blog, y que pensareis este tío tiene espíritu de rana o pez, que tanto le gusta el agua, lo que no niego, y sobre todo como he apuntado en esta entrada, cuando del cielo la contemplo caer lentamente, me extasío al punto de que infinidad de veces estando en la cama a lo mejor de madrugada y me despierta ese divino son que produce la lluvia al caer sobre el suelo o las ventanas de la casa, me levanto y a través de los cristales me quedo un rato viéndola caer, y no me importaría el quedarme hasta el amanecer en su contemplación. Cada loco con su tema, y mira por donde yo, de "hidrófobo", nada tengo.

Hasta la próxima que trataré de ser mas ameno, ah, pero sobre todo que haya llovido ya.Y es que ese olor a tierra mojada que exhalan los campos tras recibir las primeras lluvias después del estío, es como el perfume que envían al propio Dios, en agradecimiento por el bien recibido.

6 comentarios:

Jorge Alcaraz dijo...

joe abuelo ojala escribiera yo así de bien.. A mi me dicen que este relato de es cervantes y me lo creo.
Por cierto veo que tu palabra favorita es "osadía" aparece en cada una de tus entradas jajajaja
Un beso y espero que llueve pronto ( más que nada para no tener que lavar el coche jajajaj )

Jorge Alcaraz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carmen dijo...

Me cuesta mucho trabajo imaginarte como jornalero del campo, porque tu lo cuentas, pero para nada eres lo que normalmente entendemos como tal, gañan, rudimentario, medio analfabeto.... Al menos en esa época, puede que ahora haya cambiado algo. Me alegro de que superaras aquella etapa y sin embargo la recuerdes con alegría y sin ningún tipo de reproches a la vida que te tocó vivir, a todo le ves el lado positivo, como debe ser, pero hay quien disfruta refunfuñando, protestando y sin disfrutar el momento, que en realidad es lo único que tenemos. Eres un ejemplo de persona y además un buen escritor, yo digo como Daniel "de joven quiero ser como tu" . Bss.

Jorge Alcaraz dijo...

Cervantes se escribe con mayúscula, pero el corrector me lo puso en minúscula.

Daniel Torres dijo...

Lo dicho, Rafael, leerte es leer a un grande. Un grande de nuestra literatura. Eres el RedBull de las letras: leerte revitaliza cuerpo y mente.

El abuelo de Villaharta dijo...



Daniel, G R A C I A S, me alegro de

ser tu amigo.

Un abrazo