lunes, 28 de octubre de 2013

Las botas con tachuelas



Comenzaré diciendo que una tachuela es un pequeño clavo con cabeza grande. Y esa, o aproximada, es la definición que de la misma hace, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, Ahora vamos a lo de la bota, como calzado.

Yo debía de andar por los diecisiete años de edad, cuando mi madre que era la que se encargaba de todos esos menesteres, me compró unas botas para ser calzadas en los trabajos del campo, y no se del modo que se valió para ello, ya que las mismas, que yo sepa. por aquellas fechas solo se fabricaban en el pueblo de Villaviciosa, vecino  del mio. Eran totalmente de cuero, con una suela bastante amplia y de un grosor no menos de centímetro y medio, o quizás algo superior,  y en la misma le colocaban, en perfectas alineaciones, cuando menos treinta y cinco o cuarenta tachuelas a cada una. Por tanto, el apoyo sobre el suelo solo se verificaba por las cabezas de las  mencionadas tachuelas. Dado a la cantidad de ellas que como digo superaban las treinta en cada una de las plantas de aquellas botas, debían pesar, calculo yo, entre el kilo y kilo y medio, y que por tanto el mero hecho de caminar a paso normal, ya suponía  un esfuerzo, que si no fuera por la edad en que comencé a  utilizarlas y que en no pocas ocasiones llevaba a efecto caminar más de diez o doce kilómetros, solo en llegar al trabajo, todo el día en lo que suponía el ejercicio del mismo, y regreso a casa o al cortijo, andaba cuando menos por los veinte o veinticinco kilómetros. 

Como he citado anteriormente, sobre el suelo, que en su mayoría solía ser terreno pedregoso y pendiente, el contacto sobre el mismo se hacía con la cabeza de las tachuelas, por ello el desgaste en el calzado era mínimo,  y cuando en alguna ocasión se notaba la falta de alguna tachuela, era reemplazada del remanente que para ello nos habíamos provisto. Hasta la utilización de aquellas botas, en el trabajo del campo solo había usado las llamadas alpargatas, y recuerdo que las de mayor calidad y duración, eran las que tenían la marca o el nombre de "siete vidas", que en la suela, que era de goma o caucho, tenían la figura en relieve de un gato, y cuando en verano caminaba con ellas por veredas polvorientas, la figura del gato quedaba marcada sobre el camino. El resto era de lona o tela bastante fuerte, pero el peso de cada una de ellas podría estar sobre los veinte o veinticinco gramos, lejísimos del peso de cada una de las botas  de tachuelas que como apunté anteriormente, superaban sin duda el kilo. El cambio en el uso de las alpargatas a las botas, solo lo noté en el momento de comenzar a caminar con éstas, pero con 17 años que tenía, no había inconveniente alguno en que lo hiciera con la ligereza que da la juventud. 

Aquellas botas las estuve utilizando por espacio de unos dos años consecutivos, en que por pasar del trabajo del campo a la mina y no ser posible su uso, quedaron colgadas en uno de los clavos que había en el piso superior de la casa, al que llamábamos "cámara", durante los dos años que estuve de minero, mas los dos y medio que permanecí en el servicio militar. 
     
Una vez regresado de éste,volví a utilizarlas por otro período de tiempo de año y medio aproximadamente en que verifiqué mi ingreso en la Guardia Civil. Entonces y por mi parte volvieron a colgarse, sino del mismo, sería de otro de los muchos clavos de la cámara y posteriormente ya no volví a preocuparme, ni saber, de cual pudo haber sido el final de las botas de tachuelas, que desde el propio inicio de mi juventud me estuvieron sirviendo como calzado, hasta próximo a cumplir los veinticinco años que contaba cuando ingresé en el Cuerpo, y aún todavía estaban en buen estado de uso. Hoy venidas al recuerdo y señaladas en esta entrada, me han traído a la memoria de como se desarrollaba mi vida en aquellos entonces, y seguro, alguno de mis hermanos las utilizó, pero sin duda no conseguiría su deterioro por el uso, y desconozco cual pudo ser el final  de lo que tantos años estuvieron ligadas a mi persona y formaron parte de un periodo, que por ser el de la juventud, tan maravillosamente se recuerda. 

Como veréis, voy de mal en peor por cuanto al interés de lo que suponen estas nuevas entradas en el blog, pero por nimio e insignificante  que os parezca, un ligero pellizquillo se me coge en el estómago, por lo que supone que en un periodo de no inferior a los siete años, una insignificante clase de calzado marcaron ese periodo de  mi vida.

Hasta la próxima.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Triste efemérides y el otoño meteorológico


Comenzando por el orden de prelación  que  encabeza el título de esta entrada, diré que hoy 23 de octubre, se cumple el tercer aniversario del fallecimiento de mi hermano Antonio, y precisamente era el día que cumplía ochenta años de edad. Para las personas que ha quedado ya muy lejana la fecha de su nacimiento, sin duda una de las circunstancias que más suelen destrozarnos el alma, es la acumulación en la pérdida de seres queridos, y que cada una de ellas, son eslabones que van destrozando el alma en girones, y que incluso a que  el paso del tiempo nos lleva a ir asimilando su pérdida, las cicatrices que dejan, jamás pueden borrarse del todo. No obstante ello y pese a que como es natural con el paso de  los años se van dando estos aconteceres, un "nosequé" se da, para que todo el dolor que nos produce, no termine por llevarnos a los que nos quedamos, por la misma senda que siguieron ellos, y aún pueda extrañar más, en que podamos continuar con la ilusión y esperanza de seguir en este valle de lágrimas, que aparte de estas dolorosas pérdidas a las que me he referido anteriormente, no comparto en la vida de nosotros los mortales, sea calificada como tal, sino que el mero hecho de venir a ella, ya es un privilegio, de los que infinidad de millones de seres de nuestra propia especie, no consiguieron. Por tanto, demos gracias a Dios de  haberlo conseguido y gocémoslo en lo posible cada día del que vayamos transitando por este mundo.  
   
Con un cariñoso y sentido recuerdo para mi hermano, doy por conclusa la primera parte de cuanto me he propuesto en la entrada de hoy.
  
Vamos a la segunda, lo del otoño meteorológico. Pese, y a que el otoño astronómico  verificó su entrada hace algunos días mas de un mes, por cuanto aquí en Málaga capital, la entrada meteorológica se verificó a partir de las últimas horas de la tarde de ayer, en que comenzó a llover con cierta persistencia y se notó la bajada de temperatura que hasta ayer mismo a mediados del día, eran bastante mas altas de lo que debieran ser para estas fechas del año,  cuya llegada y caída del líquido elemento, ha continuado así casi toda la noche.  

He pensado en muchas ocasiones si yo no soy un ser algo raro, dado en que muchísimas veces he oído comentar a infinidad de personas de que la llegada del otoño les deprime, circunstancia de que es todo lo contrario de lo que a mí me sucede. En ello debe influir sin duda, de que las altas temperaturas, o sea el calor, de lo que aquí en Málaga suele suceder durante cerca de medio año seguido y tanto me agobia, que cuando por ejemplo durante la noche en la cama me veo en la necesidad de echarme algo de tapa por encima, y prescindo del aire acondicionado o del uso de ventilador para poder dormir, suelo recibirlo con un regodeo de lo que durante todo el periodo de altas temperaturas, me ha sido imposible de gozarlo. Por otra parte, y si hubiere sido dotado por Dios con alguna cualidad de poeta, esas primeras lluvias que te llevan al inconfundible olor de tierra mojada, me inspiran al punto de que si en esos instantes me pusiera a ello, conseguiría alguna que otra poesía casi digna de ser leída. Pero como suele decirse, en cuestión de gustos no hay nada escrito, y cada cual se place con lo que más le va, y a mí, menos el calor que tanto me agobia, el resto del año, que como digo aquí en esta bendita Málaga, se comparte con temperaturas mas llevaderas, me trae alegría, cuando como ayer tarde y esta noche ha llovido y han bajado un tanto, no mucho las temperaturas. Pese a todo, el vivir en esta incomparable ciudad, no lo cambiaría por nada del mundo, y vuelvo a reiterarme en lo que infinidad de veces he dicho, que bendita sea la hora en que cuando salía de la Academia de la Guardia Civil, allá a mediados de julio de 1950, fui destinado a esta Comandancia, y lo que en principio me causó escasa alegría, con el paso de los años se trocó en no dejar de dar gracias a Dios, de que así fuera.  

¡Ah!, y mañana es 24 de octubre, en que los cordobeses y los villaharteños, celebramos la festividad de San Rafael Arcángel, como hasta hace unos años lo fue, aunque hoy la iglesia haya tenido a bien el unir la festividad de los tres Arcángeles, San Gabriel, San Miguel y San Rafael, en el que antes lo era el de San Miguel, el 29 de septiembre. Como mi onomástica que es, procuraré el pasarlo mañana lo mejor posible, y me traerán al recuerdo, algunas de aquellas lejanas y no tan lejanas celebraciones, unas mas festivas que las otras.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 17 de octubre de 2013

La fanega



El Capitán Fanegas y La Criptanita

Como mi entrada anterior en la que saqué a colación la arroba, de lo que tengo la sensación de que no obtuvo mucho éxito, hoy y como suele decirse sigo dando coces sobre el aguijón, o sea que a un fracaso, colocarle otro, pero como la cabra suele tirar al monte, y yo me crié entre otras palabras, como la arroba y la fanega, allá que me lanzo a lo que tantos años ha dejé de oír esta palabra, y de la que seguro a vosotros quizá hasta os resulte algo extraña. Allá voy.

La fanega, de la cual solo voy a tratar en esta entrada, ya que también se utilizaba para medidas en las tierras,  es una medida para áridos que era lo cotidiano con que se media en mi infancia y juventud. La fanega tenía cuatro cuartillas, y los submúltiplos de ésta, eran el celemín, el medio celemín y el cuartillo. Así la cuartilla tenía tres celemines, el celemín, y como su propio nombre indica, tenía dos medios celemines, y el celemín tenía cuatro cuartillos.  

Los cereales de grano pequeño, tales como el trigo, la cebada y el centeno, se median rasadas, o sea sobre la medida en que se hiciera, así en cuartillas, celemines u otros, se echaba el grano y luego con una especie de rodillo cilíndrico, generalmente de madera, se pasaba sobre la parte superior de la misma y así quedaba el cereal a ras con el borde de la misma. No así sucedía con los de grano mayor, comenzando por la avena, garbanzos, habas y otros similares, que la medida se realizaba con colmo, así se estaba echando el mismo sobre la medida que se trataba de realizar hasta que se desbordaba y comenzaba a caer de ella,  y se desbordaba el grano en el suelo.

Era frecuente en mis tiempos, como suele decirse, que los propietarios de tierras mas o menos fértiles, daban esos terrenos a terceros que los sembraban y en vez de pagar en metálico tales arrendamientos, lo era en pago con grano del recolectado. Así me recuerdo, cuando en las propias eras donde se trillaba y aventaba el grano, acudían esos dueños de las tierras con las caballerías necesarias y también, generalmente provistos de costales o sacos, donde y tal habían establecido, bien de a medias, de tres o de cuatro una, como se decía, o sea partían por la mitad, de tres para el que sembraba y una para el propietario de la tierra, o  cuatro para el primero y una para el segundo, como también se daba en algunos casos, y que generalmente dependía de la fertilidad del terreno en que se realizaba la siembra. A mí mismo, me da la sensación de que estos hechos pasaban allá tiempos muy lejanos, pero fueron muchas vivencias de esta índole las que presencié y oí contar en aquellos  años de mi infancia y juventud, en cuyas actividades yo llegué a tomar parte en bastantes de ellas.

En casa de mis padres, había una cuartilla, un celemín, un medio celemín y un cuartillo, que no sé el porqué de su tenencia, ya que nosotros no teníamos tierras donde sembrar y esas medidas solían tenerse en casas que si lo hacían, y eran utilizadas para su venta al pormenor que con mucha frecuencia, casi a diario, solían realizar alguna venta. Solo me recuerdo que en dos ocasiones, mi padre en una "cerca", que eran pequeñas fincas próximas al pueblo y cercadas, de lo cual le venía el nombre, y propiedad de una prima de mi madre, la sembró de trigo y estipulado con el de cuatro una, que era como he citado anteriormente, cuatro para mi padre y una para la propietaria de la cerca. Uno de esos años, lo fue en el periodo de los años de 1933-34, y que en mis memorias recuerdo lo hacía constar, cuando citaba el accidente laboral de mi padre, y que la venta de parte del trigo recolectado el verano anterior al accidente, nos sirvió en parte para paliar la falta de ingresos en el hogar.

Por cuanto a la fanega, cuartilla y muy particularmente al celemín, demuestran  el uso desde hacía siglos que se venía utilizando, ya que creo recordar que en la propia biblia, se hace mención al mismo, donde hablaba algo sobre encender una vela y ponerla debajo de un celemín, o algo así creo que se decía.

Bueno no creáis que la entrada de hoy ha sido una venganza por suponer que no habíais dado la suficiente importancia a mi entrada anterior, sobre la arroba, nada de eso, sino que como citaba al principio, la cabra tira al monte y como yo llevo esas vivencias tan incrustadas en mí, que tal vez pueda darle una importancia que para la mayoría de mis posibles y escasos lectores, no le deis, y esa y no otra ha sido la causa de traerla hoy a mi blog.

Hasta la próxima que a ver si tengo mas suerte en la elección del tema que sea algo mas interesante que el presente y el anterior.

viernes, 11 de octubre de 2013

Hoy le toca a la @rrob@


Cuando la arroba llevaba varios siglos siendo utilizada como medida de peso, y luego después caída en desuso y ya casi olvidada, mira por donde llegó la era de Internet y en la actualidad posiblemente sea el símbolo mas utilizado en el mundo.

Aunque no muy documentado en la materia, creo que ya en la Edad Media solía utilizarse la arroba como medida de peso y volumen, cuyo símbolo era idéntico al de hoy, y no quiero entrar en mas detalles, porque como no estoy debidamente enterado, vaya a meter la pata hablando de la arroba, y me voy a ir por donde ha sido mi intención de traerla hoy a este blog. 
    
Seguro que la inmensa mayoría de los jóvenes, y  algunos menos jóvenes, tengan la creencia de que este símbolo de la arroba ha venido a la palestra con motivo de Internet, pero como cito anteriormente, seguro si estoy de que lleva bastantes siglos siendo utilizada, y ciñéndome a la entrada de hoy, lo es de como se usaba frecuentemente en mi infancia y juventud. Así, la arroba de peso era de 11,500 kilogramos, y  muy utilizada en el peso de los cerdos, que solían pesarse antes de ser sacrificados el día de la matanza, y una vez muertos, volvían a pesarse ya en canal, que lo era una vez limpios de las tripas y demás despojos. Igualmente solía pesarse casi en su totalidad el aceite cuando era envasado en pellejos. 

Existía igualmente la arroba para la medida de líquidos, aunque se diferenciaba mucho entre unos y otros. Así la arroba de aceite, para que diera el peso de los once kilos y medio, se precisaban más de doce litros, dado a que el mismo pesa menos que el agua Sin embargo, y no preguntarme el porqué, ya que no lo se, la arroba de vino se componía de 16 litros del mencionado liquido, y así existían las celebérrimas garrafas de una arroba, las de media arroba y las de una cuartilla, que como se dice, estas dos últimas componían la mitad y la cuarta parte de la arroba de vino, o sea ocho y cuatro litros respectivamente, cuyos envases eran fabricados en cristal y protegidos por una funda, que solían ser de esparto, de caña o mimbre, y que han estado usándose hasta creo no hará mas de dos o tres décadas.

Seguramente para los que no vivieron en aquellos años, en que la palabra "arroba"  llegaba a nuestros oídos muchas veces al día, y expuestas las circunstancias que concurrían según la mercancía que se pesaba utilizando esa medida, les resulte de difícil comprensión, pero, como a mi me sucede, tan metidos estábamos en dicho menester, que nos resultaba tan familiar como hoy lo pueda ser la del kilogramo, o kilo como abreviadamente se dice.

Recuerdo cuando en algunas ocasiones acompañaba a mi padre y que  se dirigía a la compra de aceite, para un tío suyo,  por los diferentes cortijos de los olivares en que tenían su propia almazara, o molina, como eran conocidas las fábricas de molturación de la aceituna, utilizaba una romana para el peso de los pellejos, la cual llevaban señalado el peso en arrobas y libras, de lo cual la arroba tenía veinticinco libras, y cada arroba como se citaba anteriormente, eran doce litros y quinientos sesenta y tres  mililitros, los que se precisaban para que alcanzara el peso de la arroba. Quiero recordar que algunas de las operaciones, comenzaban ya a utilizarse en la compra y venta de aceite al por mayor, también, la unidad del kilo, por lo que mi padre tenía que realizar la conversión de arrobas y libras a kilogramos, en lo que estaba bien experimentado y lo hacía con bastante rapidez.

Cuando relato cuestiones como la de hoy, y me viene al pensamiento lo metido que yo estaba en estas cuestiones, comparándolo con lo de hoy, me da la sensación de venir de otros tiempos mas lejanos de los que en realidad ha sido, y en ocasiones hasta de otros mundos. 

Perdonarme si pensáis que os he dado el tostón trayendo a este blog una cuestión que a vosotros ni os va ni os viene, `pero yo eso de la arroba tan metido dentro de mí está, como suelen ser las cosas que le suceden a uno durante la infancia y la juventud, que cuando menos para mí me ha parecido que, los que solo pensabais que eso de la @ era cosa de hoy, sacaros del error que veníais padeciendo. Si en algo he contribuido para ello, por satisfecho me doy.

En la próxima entrada, posiblemente vuelva a daros la matraca con otra cuestión de parecidas características a la de hoy.

Hasta la próxima.

lunes, 7 de octubre de 2013

La dita y el ditero



Sin duda a los jóvenes, y no tan jóvenes, de hoy, la palabreja de "dita", le suene a chino y ya no digamos la de "ditero". Pero no se preocupen estos jóvenes que seguidamente os voy a sacar de dudas, o para mejor decir, os explicaré a mi manera,  de lo que se trata.

Creo que el DRAE, en una de sus acepciones lo define como algo así de la venta a plazos en pequeñas cantidades, y eso es a lo que quiero referirme.

Actualmente eso de la venta a plazos es tan cotidiano y sabido por todos que no precisa de explicación alguna, pero claro se refiere a compras incluso de viviendas, automóviles, electrodomésticos, y un largo etcétera, que se va pagando a plazos generalmente en mensualidades. Pero esto que acabo de relacionar, en mi infancia, y juventud, inclusive, primero que como tal, por ejemplo, los electrodomésticos ni existían siquiera y de haber existido las economías de la inmensa mayoría de las gentes, jamás se hubieran permitido el lujo de adquirirlos.

La dita (a lo que me refiero en esta entrada) eran las compras que hoy hasta nos parecerían ridículas para pagarlas a plazos, tales como dos o tres metros de tela para confeccionar un vestido, o unos pantalones; a lo mejor una olla y una sartén, y cosas así por el estilo, pero que no podía pagarse de una sola vez sin que la economía familiar no se resintiera.

A este respecto se me viene al recuerdo de un señor que tenía una tienda próxima a la iglesia de mi pueblo, en la que generalmente creo que la mayoría de sus existencias eran de tejidos, pero en la que tampoco faltaban otros enseres y utensilios del hogar, y cuyas ventas en su mayoría lo eran a plazos y a pagar en pequeñas cantidades. Al propietario de la tienda, que vendía a "dita", y que por tanto era el ditero, se le decía en el pueblo "el tío de la perra gorda", ya que las mujeres generalmente solían pagar diez céntimos cada día, cuyos diez céntimos era la moneda que era conocida como la perra gorda. En alguna que otra ocasión y si en su visita diaria del ditero alguna mujer carecía del dinero en metálico, solía pagar con género, generalmente con huevos. 

En una murga de los carnavales, que no recuerdo de que año, así como tampoco del completo de una de sus coplas, y haciendo referencia al ditero y el pago con género, y el diálogo entre una madre y una hija, sus últimas estrofas de aquella copla decía así:

          Y la madre le decía, 
           guárdalos en un puchero, 
           que al tío de la perra gorda,
            también le gustan los huevos.
   
Así de mísera era la desenvoltura de la mayoría de los  hogares en mi pueblo, y sin duda por extensión al resto de los pueblos de España, pero en honor a la verdad, no recuerdo que mi madre en ocasión alguna hiciera compras para pagar en esos plazos, y de haberlo hecho, tendría que recordar la presencia del "tío de la perra gorda" llamando a las puertas de mi casa para el cobro del plazo establecido, aunque no por ello en nuestro hogar se nadara en la abundancia. Sobre este particular, entonces los padres, y las madres, el mayor orgullo que podían expresar, era el de que sus hijos se hartaban todos los días de comer , aunque en la mayoría de los casos, no decían la propia verdad. Pero sí, y retrotrayendo el recuerdo hasta aquellas lejanas fechas,  hasta me duele el alma al pensar la miseria reinante en la mayoría de los hogares.

Bueno, si he conseguido informaros de lo que era la "dita", y al propio tiempo deciros como era el cotidiano vivir de la época, por satisfecho me doy.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Adiós septiembre


Hoy decimos adiós al mes de septiembre de 2013. Los que no tenemos otras cuestiones mas importantes de que preocuparnos, como a mí me sucede, dejando a un lado los achaques que a estas alturas de la vida pueden presentársenos, vamos dando al paso del tiempo un no se qué de importancia y que tal vez sea, algo así de que "cómo me encontraré el año que viene por estas fechas", de lo que no sé por quién dijo en una ocasión, "que nadie es tan viejo como para pensar que cuando menos pueda vivir un año más".

Pero lo mío sobre el tiempo no va por ahí. Va por otros derroteros, de los que no están ausentes los míos mas directos. Pues yo, desde hace ya bastantes años, parece que estoy siempre pendiente, de tres meses del año. Dos de ellos, son el de febrero y el de abril.

En el transcurso de mi vida, la mayoría de los hechos, tanto  en cuanto de, bienaventuranzas como  dolorosos, acaecieron durante el transcurso de los mismos y que serían largos de enumerar, pero tales, en nacimientos, fallecimientos, casamientos, determinantes en el rumbo de mi propia vida, y un largo etcétera. Así, cuando se aproxima la llegada de los mismos, ya comienzo a pensar que acontecimiento me tendrán reservado, que como he citado anteriormente lo pueden ser tanto en una u otra consideración.

El otro tercer mes del año, en que como he citado anteriormente tengo puesto mi punto de mira, es el de junio. Y os preguntareis: si en febrero o abril es cuando le han sucedido los hechos mas determinantes, ¿qué puede haberle sucedido en junio ?   Pues no quizá de tanta trascendencia, pero si que me produce cierta alegría, ya que cuando comienza el mencionado mes, están próximas las vacaciones y la esperanza de poder estar cierto número de días junto a los míos más queridos, de lo que cuando se llega a ciertas alturas de la vida, supone una inyección de entusiasmo y deleite que nos ayuda a continuar el resto del año esperanzados en que lleguen esos momentos.

En el  transito por la infancia, la juventud y la edad madura, nos vienen impuestas unas ilusiones, unas esperanzas, unas preocupaciones, y yo diría que hasta unas ambiciones, que al alcanzar esta etapa que consideramos la última en nuestras vidas,  se tornan por esa en que solo damos la importancia, que sin duda en el paso por las etapas anteriormente señaladas no le dimos, como son las afectivas, y de las que a "los mayores", son las que más nutren el motivo de continuar viviendo. Sin duda, y pienso en los seres que no cuenten  con quienes puedan aportarle tales alimentos del espíritu, la infelicidad que irán soportando y la falta y motivaciones que ello supone para ir subiendo esa cuesta final de nuestro caminar por este mundo. Dichosos los que nos vemos arropados por esos seres que, incluso, dan su principal preocupación en facilitarnos esa dicha, de la que, y puedo dar fe de ello por la propia experiencia, otros seres y sin duda por las circunstancias, y no por no ser menos merecedores de ello, les hace sin duda mas difícil ese tránsito hasta el final de nuestra etapa.

Por tanto, ahora tengo cuatro meses de tránsito, que solo con el corto espacio de las Fiestas de la Navidad, dan un tanto de realce a esa rutina que hasta que se aproxime el mes de febrero y luego los de abril y junio, me llevan a los sentimientos que anteriormente he dejado expuestos. 

Hasta la próxima entrada.

martes, 24 de septiembre de 2013

Ochenta y ocho años las separan



Creo que ya en otra ocasión escribí sobre este particular, pero esta tarde en la soledad de mi casa, y recordando la fecha de hoy, festividad de Nuestra Señora de la Merced, que entre otras, lo era, y creo lo seguirá siendo, el primer día de la Feria de Pozoblanco, se me ha venido a la memoria, que aquel 24 de septiembre de 1925 y sin duda la primera vez que de mi pueblo salía, mis padres me habían llevado a pasar las fiestas en casa de unos amigos, cuya amistad les venía de que mi padre trabajaba en la finca de la Calera, y sus amistades, estaban como caseros en la misma, y al igual que los propietarios del olivar, eran naturales de la mencionada localidad cordobesa. 

A mí me faltaban tres días para cumplir los cinco meses de edad y por primera vez en la vida me hacían una fotografía, cuyo original conservo y escaneada la remito a mi editor por si estima conveniente colocarla a la cabecera de esta entrada. Durante bastantes años, esa fotografía con otra que mi padre se hizo estando en la mili, en el año de 1919, y otra que antes, y en 1914 se hizo mi madre, cuando tenía 17 años, en una ocasión que había ido a Córdoba, eran las tres únicas fotos que "guardadas como oro en paño" y dentro de una caja de hoja de lata de la carne membrillo de Puente Genil,  había en mi casa.  

Más de seis años hubieron de pasar para que junto  a todos los alumnos de la escuela donde yo hacía pocos meses había ingresado, volvieran a fotografiarme. Mis tres hermanos que me siguieron en el nacimiento, y por último mi hermana la mas pequeña de todos, ninguno de ellos llegaron siquiera a fotografiarlos, cuando menos hasta pasados los diez, o quince años después de haber nacido, y de los que ni siquiera me alcanza el recuerdo de haber visto una foto de ninguno de ellos antes de irme a la mili, cuando mi hermana tenía más de once años, dado a que también nos cogió por medio la Guerra Civil Española. Esto no es que fuera una circunstancia extraña en mi familia, sino que era extensivo a la inmensa mayoría de los habitantes de mi pueblo, y por lo que respecta a los varones, sus primeras fotos le fueron hechas cuando se encontraban cumpliendo el servicio militar, las cuales colgaban de las paredes de las casas.

Pasados algunos años, y ya después de terminada la Guerra Civil,  para las fiestas de mi pueblo solían venir uno o dos fotógrafos con aquellas máquinas colocadas en un trípode y cuyo retratista ocultaba su rostro y cabeza en aquella especie de manga de color negro, y tras un espacio de tiempo posando previa la recomendación del fotógrafo, disparaba una especie de botón colocado al final de un cable, consiguiendo un negativo que después había de transformar en positivo utilizando varios artefactos, entre ellos un cubo conteniendo no se que especie de líquido. 

De aquellos tiempos a los actuales, el cambio y progreso en este sentido, como en la inmensa mayoría de las cuestiones, ha sido tan expectacular, que hace cuatro días exactamente, hallándome en plena Serranía de Ronda donde había ido con unos amigos y amigas,  una de ellas, me hizo la última fotografía, que asimismo remito a mi editor por si estima colocarla junto a la la primera, lo que también el paso del tiempo demuestra lo que es capaz de hacer con las personas, transformándolas  del modo y manera que podrá verse en ellas. Añadiré como detalle del progreso en este arte, como dicen es la fotografía, que unos tres minutos después de haberme hecho esta última de mi vida, y hallándome en pleno corazón de la Serranía de Ronda, como digo, unos tres minutos después recibía noticias de mi hijo mayor que está en Madrid, que ya la tenía en su poder. Y en estos momentos y a través del correo electrónico, mandaré ambas, como digo a mi nieto, que a su vez es mi editor, y seguro dentro de unos instantes, y estando en Canarias, las tendrá a su disposición, a los fines que estime oportunos.   

Hasta la próxima entrada.

martes, 17 de septiembre de 2013

Llegó la licencia, no el permiso ilimitado



En estos precisos instantes, pero de 1948, cabalgaba yo a bordo del tren correo Málaga-Madrid, aunque mi destino era, por lo pronto y utilizando tal medio de transporte, la estación de Córdoba. Llevaba colgado al cuello una especie de escapulario que me había sido confeccionado por un compañero que dejaba en su ciudad, de Sevilla se entiende, llamado Manuel Arroyo Clares, en el que podía leerse: "Adiós Serva La Bari, y las muchachas de la Ciudad Jardín".  Ello lo era porque durante mi tiempo de "mili" tuve, entre otras, una novia en la indicada barriada sevillana.

Con aquel viaje terminaba mi permanencia en el Ejército. Con tal fecha nos era concedido a toda mi "Quinta", o Reemplazo de 1946,  el "permiso ilimitado", y que dura todavía. Habíamos cumplido casi treinta meses de servicio.  El tren iba repleto  de quintos del reemplazo, que no pocos llevaban dentro de su cuerpo mas alcohol del que hubieren necesitado, para celebrar tal acontecimiento, y por lo cual los cánticos de los mismos tenían alborotado todo el convoy. Sus alegrías eran inenarrables y como tal lo exteriorizaban. Yo lo hacía en profundo silencio u recogimiento. Sin duda, era la excepción de la regla.

¿Pero es que yo no me alegraba de que se diera por cumplido el tiempo de servicio en filas, como era la "mili" en términos populares? Sí y no... ¡Más bien no que sí! ... ¿ Y a que obedecía esa mezcla de sentimientos ?. Voy a explicarlo.  Cuando allá el día 6 de abril de 1946, en compañía de los mozos de mi reemplazo yo salía de mi pueblo para incorporarme al Regimiento de Artillería numero 14, de Guarnición en Sevilla, donde fui destinado, atrás dejaba mi trabajo en una mina de carbón de la empresa "Coto Hullero La Ballesta, que se hallaba ubicada a mitad de camino entre Villaharta y Espiel, y a unos seis o siete kilómetros de mi pueblo. Yo podía haber continuado en dicho trabajo mientras mis quintos estuvieran en la mili, dado que al que voluntariamente lo deseara, le constaba para todos los efectos, el trabajo en la mina con el de servicio en filas.  Pero primero, porque hasta entonces el único trabajo que casi detestaba era el de minero, y segundo por mi sueños e intenciones eran de que, no sabía porqué, pensaba que en ese tiempo pudiera encontrar una ocupación que me librara, no ya del trabajo en la mina, sino el de jornalero agrícola que lo había sido hasta que entré en la mina.

Luego tuve la suerte, incluso buscada. no sin cierto riesgo de que hubiese sido todo lo contrario de lo que pretendía, y que fue el destino como mecanógrafo a las oficinas de la Capitanía General de la II Región Militar, sitas en la Plaza de España de la capital sevillana. Conste que cuando me destinaron como mecanógrafo, yo no había tocado siquiera una máquina de escribir, de lo que ya expuse en una entrada no hace mucho tiempo en este blog. El tiempo que en tal cometido pasé en la mili por algo mas de dos años, fue el mejor que hasta entonces lo había hecho en toda mi vida. Pero quizá el conformismo y el disfrute que me proporcionaba el destino que desempeñaba, me hicieron como suele decirse dormirme en los laureles, y así cuando llegó la hora de que cito, como fue el permiso ilimitado, todo cuanto había disfrutado se quedaba atrás. En esos instantes en que ya era irremediable el pensar de otra forma, e iba camino de mi pueblo y allá en el Coto Hullero La Ballesta, me esperaba otra vez el trabajo en la mina. Entonces fue cuando la propia circunstancia me ponía en la pura realidad, y me llevaba a la conclusión del total fracaso que me suponía el volver con la inexorable derrota de lo que fueron mis intenciones y propósitos, cuando ilusamente salía de Villaharta, y a donde esperaba volver solo en plan de visitas. De lo que días después vino, también he hecho relato en más de una ocasión en este blog, tal lo fue "con el rabo entre las patas", mi vuelta a trabajar en aquellas galerías de las que,  a decir verdad, siempre llegué a detestarlas. Las circunstancias en aquellos momentos, así lo impusieron. 

Sin duda, el primer día de regreso al trabajo en dicha actividad, ha sido sin ninguna duda, la desazón del descalabro mas importante que a lo largo de toda mi vida he sufrido. Gracias a Dios no duro mucho tiempo, y el devenir de mi existencia, creo estáis todos al corriente de como se ha desenvuelto. Pero aquel viaje con mis quintos el 17 de septiembre de 1948, no podía unirme a festejar la concesión del permiso ilimitado que nos era concedido, mi sensación del rotundo fracaso de cuanto en su día me propuse, me lo impedía totalmente. Mi ánimo, para pocos cánticos estaba predispuesto.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Las cencerradas


Esta mañana  me he percatado de que hace una semana que no entro en el blog y me parecía que no hacía más de dos o tres días que lo había hecho.
    
Dándole vueltas al magín sobre lo que había de tratar hoy, me ha venido al recuerdo una de las feas costumbres que había en mi pueblo cuando yo era joven, por lo que ya hace tiempo, y creo no se efectuaba solo en el mío, y era el de las cencerradas. Pero no se hacían las mismas por celebración de alguna festividad, si no que lo eran por no se que el motivo, y que se trataba de efectuarlas cuando se realizaba alguna boda, y uno, o los dos contrayentes, lo eran de estado viudo.

A tal fin y podría ser allá por los primeros años de la década de los cuarenta del pasado siglo, un buen amigo mío, no solo mío, si no de todos los jóvenes del pueblo, un día y poco después del anochecido, nos trasladaba la noticia, de lo que era especialista en captarlas, de que unas horas después y casi próximo a la media noche, y con el fin de evitar esa "cencerrada" se iba a celebrar un casamiento, compuesto por el novio que era de estado viudo y la novia de estado soltera.  Solo diré que ambos vivían en la misma calle y en casas, casi frente por frente de una a la otra. 

La noticia se propagó como reguero de pólvora, y confieso que como gran número de los jóvenes del pueblo, me uní a la preparación de la cencerrada, que no era solo con cencerros, sino con toda clase de elementos, pero con el fin de que produjeran el mayor ruido posible, tales como el uso de caracolas o por ejemplo la utilización de elementos hechos de hoja de lata, que arrastrándolos por las empedradas calles de la localidad, formaran la "gran escandalera" . 

Incluso antes de que el cortejo nupcial se pusiera en marcha, por todas las calles del pueblo, jóvenes e incluso adolescentes, utilizando todos los medios que se les vino a mente y pudieron proveerse, circulaban formando el jaleo en el que, la gente sabía que eso era el anuncio de que aquella noche se se llevaría a cabo tal enlace. A la sazón, recuerdo que ejercía como Comandante del puesto de la Guardia Civil, un Cabo 1º apellidado Urbano, el que, y creo que con algún que otro Guardia de su Puesto, cuando a su  conocimiento llegaba la gran algarada que se había formado y de la que, previas las medidas que estaban utilizando,  se encontraban impotentes para desarticularla por completo, el mismo patrullaba las calles pistola en mano, de lo que creo no hubiere hecho uso de la misma, sino mas bien para atemorizar a los alborotadores y desistieran en su realización.

Un íntimo amigo mío y yo, cada uno con una caracola, y subidos en un tejado cuyas dos vertientes daban a calles distintas, y resguardados en una zona oscura que no podíamos ser divisados desde las perspectivas que pudiera tener el enfadado Cabo, le dimos la noche y de lo que pienso que si nos hubiera localizado, quizá hoy no hubiere podido decir que creo no hubiera hecho uso del arma reglamentaria que llevaba en su mano.

La celebración del enlace matrimonial se llevó a efecto como cito anteriormente, próximo a la media noche, pero sin que hubieren podido evitar, que si no, a su alrededor, si bajo la llegada a  sus oídos de la gran algarabía de la "cencerrada", a la que,  la costumbre,  condenaba a los que en su situación de viudedad volvían a casarse.

Si yo en mi caso cuando muchos años después,  desempeñaba el cometido de Comandante de Puesto se me hubiere dado tal circunstancia, no sé como hubieren sido mis actitudes en el proceder, desde luego si sé que no hubiere hecho uso del arma, posiblemente y recordando aquel acto de mi juventud, hubiera dicho para mis adentros "¡Cosas de la juventud!", y añado, el que en esas edades no haya cometido alguna gamberrada, si no de ese calibre, pero sí censurable a ojos de los mayores, y de la legalidad "que tire la primera piedra". 

También ayudaba a cometer tales actos en los pequeños pueblos, la carencia de hechos o circunstancias que ayudaran a pasar el rato de la gente joven, pero sin que por ello yo justifique tales actitudes de total reprobación. Esa costumbre, cuando menos en mi pueblo, se que se venía haciendo quizá desde muchísimos años, a lo mejor incluso, desde siglos atrás.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Guardia Civil también cambia



Nunca he sabido porqué se dice eso de que "toda comparación es odiosa", de lo que incluso Cervantes se hacía eco de ello en su inmortal obra del Quijote. 
  
Yo en esta mi entrada de hoy, si voy a verificar una de esas comparaciones, de lo que no veo tenga nada de odioso, y lo es de la Benemérita Guardia Civil, de como lo era en los tiempos de mi ingreso en 1950, a como lo es en la actualidad. 

Creo que de no hacerse comparaciones, no podría existir ni siquiera la estadística, que en su mayoría se confecciona  haciendo comparaciones entre una y otras situaciones, de lo que se trate. Sin mas circunloquios, vamos a ello.

Para no hacer demasiado extensa esta entrada, voy a procurar ceñirme a ciertos momentos de los por mí vividos en el mencionado Instituto, citando algunos de los que tengo conocimiento se vive hoy por los componentes del mismo. 

Yo verifiqué mi presentación en el Puesto de Torrelasal, cuyo cuartel era un caserío aislado de toda urbanización, sito en el término municipal de Casares de esta provincia, y por supuesto en la playa, sobre las doce horas del día 27 de julio de 1950. Aquella noche entré de servicio, por supuesto tras el correspondiente sorteo del distrito a vigilar, y compañero de pareja, como se hacía en los servicios de costas y fronteras, y cuya duración del mismo sin especificar las horas, y como figuraba en la propia papeleta de servicio, lo era "desde antes del oscurecido, hasta después del amanecido", en que se era relevado por el "vigilante de día", que era el único que no se hacía en pareja, y que como cito anteriormente lo era después del amanecido, momento en el que era relevado.  Aquel día a las catorce horas, entré de servicio de puertas, cuya misión por la propia circunstancia del acuartelamiento, no se atendía al teléfono, porque se carecía del mismo, al igual que sucedía con toda clase de servicios en las propias dependencias del acuartelamiento y cuyas necesidades fisiológicas había que realizarlas en el propio rebalaje, los varones en un lado y las mujeres en otro, separados ambos puntos por un pequeño acantilado existente frente al cuartel, por tanto el servicio estaba dedicado a la guarda y custodia del propio acuartelamiento-

Del servicio de puertas fui relevado a las catorce del siguiente día, dado a que el mismo lo era por veinticuatro horas, y luego aquella próxima noche volvía a entrar en el servicio nocturno, citado anteriormente desde antes del anochecido hasta después del amanecido. Todos los servicios diarios que se practicaban en los puestos de la Guardia Civil, eran reflejados en el "Libro de Servicio", por el propio Comandante del Puesto, en el que se  hacía constar el nombre de los componentes de las pareja y el distrito a vigilar, así cuando alguno de los mandos acudía a vigilar los servicios, no en la playa, por que los mismos se practicaban próximo a la lengua del agua en las costas, y a la línea divisioria en las fronteras, pero en los servicios rurales, se decía el itinerario y los puntos de presentación de la pareja en caseríos, establecimientos fabriles u otros puntos, por dichos mandos lo primero que se hacía era dirigirse al propio cuartel, consultar el Libro de Servicio y según la hora que él deseaba, dirigirse al punto donde en aquel instante debía hallarse la pareja. En el mencionado Libro de Servicio, todos los días, sin excepción, había de figurar alguna clase de servicio a practicar por todos los componentes del Puesto, sin que por tanto se tuviese un solo día de descanso, salvo en los permisos concedidos.  

Para estos permisos, se establecían dos turnos en verano y otros dos en Navidades, pero solo podía disfrutar del mismo, el 10% de la plantilla del puesto, así que solo el ochenta por ciento del personal podía tener permiso dentro del mismo año. Para el disfrute de mismo siempre  tenía preferencia el que mas tiempo hiciera no lo había hecho. 

El mencionado permiso, solo podía realizarse en los puntos o localidades para el que había sido solicitado, circunstancia que se señalaba en un pase que se entregaba a quien lo disfrutaba y con la añadidura de la obligación de verificar su presentación ante el Comandante de Puesto de la localidad tanto a la llegada como en la salida del mismo, dato que por escrito se le hacía constar en el dorso del referido documento.

Incluso durante las horas en que se estaba libre de servicio, no te podías ausentar de  la Casa Cuartel sin haber pedido permiso al mencionado Comandante de Puesto, al que había la obligación de indicarle al punto donde pensaba dirigirse. 

Si las necesidades del servicio lo exigían, en ocasiones en que se había regresado de la practica de otro, incluso de ocho o más horas de duración, no podía rehusarse la asistencia a otro y que en no pocas ocasiones tenían duración de otras ocho, diez o mas horas.

Como veo que se haría interminable el detallar todas las variaciones de ese ayer al hoy, en el modo y forma de practicar los servicios por el personal de la Guardia Civil, voy a indicar solo tres o cuatro variantes de lo apuntado anteriormente, a fin de que se vea el cambio verificado, comparándolo, claro, el uno con el otro.

Actualmente, todo componente del Cuerpo tiene un máximo de horas semanales para la practica de sus servicios; un tiempo mínimo de permiso a disfrutar cada año; los acuartelamientos, o Casas Cuarteles como siempre se les ha conocido, están dotadas de toda clase de servicios; por supuesto también todas tienen teléfono; todo el personal, hallándose libre de servicio, puede irse donde le de la gana, sin necesidad de tener que solicitar permiso para ello, por supuesto que tiene libres al año todos los días que están estipulados, y así seguiría una larga diferencia de ese ayer al hoy en el Cuerpo, de lo que prometo continuar en otras entradas en este blog, que por no hacerla interminable, no continuo en el día de hoy.

Hasta la próxima entrada.

martes, 27 de agosto de 2013

Las vacaciones se acaban


A una semana vista, las vacaciones habrán terminado para la mayoría, de quienes cuando menos tienen la suerte de tener trabajo, así como también para los estudiantes. Todos los años cuando llega el mes de junio, me da gran alegría al considerar que nos hallamos a las puertas de las vacaciones y con ello poder ver a mis hijos y nietos que sin duda llevo varios meses privado de ello. A medida que el mes de agosto se va aproximando a su final, me sucede todo lo contrario, al verse cumplidas sus fechas de asueto.
 
Será porque yo, en mi juventud, estuve privado de ese período de descanso y del que solo se obtenía cuando la falta de trabajo obligaba a ello, hoy valoro más ese tiempo en que generalmente,  además de aislarte del cotidiano trabajo, te la da la oportunidad de reunirte con familiares o amigos,  y, al propio tiempo disfrutar bien de la playa, la montaña o simplemente alejarte de la rutina de todo el año.  Trayendo al recuerdo aquellos años, hasta mi ingreso en la Guardia Civil,  en que  toda mi alegría, y como no, de todos mis coetáneos también, era la carencia de esos días de vacar porque se tenía un trabajo y que cuando así era, incluso no se descansaba día alguno, y cuando ello ocurría, llevaba consigo la pérdida del sueldo  correspondiente al día no trabajado. Estas generaciones posteriores a la mía, se preguntarán para sí, como era posible que ni un solo día del año en que no se asistiera al trabajo, por la causa que fuere, no se recibía el salario, incluso en los casos de fuerza mayor, cuando un día de lluvia en el campo por ejemplo,  te obligaba a la no asistencia al tajo.

Pues así era, y aunque aún pueda parecer que nosotros mismos éramos los culpables de ello, no era así, sino que esa era la forma de vivir de entonces y que venía arrastrada desde seguro, siglos atrás, y el conformismo tan arraigado estaba en las mentes de los trabajadores, que como antes he citado, la mayor de nuestras alegrías era cuando, aún sin un solo día de descanso, seguro durante algunos meses seguidos, no faltaba donde poder obtener ese, aunque mísero jornal, que cuando menos ayudaba a la pervivencia de las familias, que era casi lo máximo a que se aspiraba.
  
Esa diferencia, para mejor, por cuanto al modo y forma del trabajo de aquel ayer al hoy, es otra de las muchas obtenciones en la manera y desarrollo, no solo de trabajador, sino que ello ha trascendido a todo el entorno del mismo.  El mero hecho de traerlo a la memoria, da la sensación de haber venido de otro mundo  de donde, hoy, parece imposible el soporte de semejante forma de vivir. Muchas veces, cuando los ya metidos en años contamos, incluso a los nuestros, aquella vida, parece que incluso al escucharnos dan en   pensar que  no sería para tanto, y es que no conciben que tal fuera el discurrir nuestro.

Si es cierto, y como decía Cervantes, que "en la adversidad se forjan los grandes corazones" y cuando nos ha llegado, como reza el dicho "el tiempo de las vacas gordas", sabemos apreciar más y mejor el cambio obtenido, que claro, como ellos, vinieron a este mundo cuando ya se transitaba por otros senderos distintos a los que a nosotros nos tocó atravesar, carecen de la referencia de la  que nosotros tuvimos, para su beneficio, claro.

Aquellos abuelos, bisabuelos, e incluso nuestros propios padres, cuando contaban con la edad con la que yo tengo hoy, que estaban a expensas de sus hijos con los que solo podían compartir las muchas carencias que en aquellos hogares había, a mí, solo, y pasados tantos años de su desaparición, se me parte el alma de pensar cuanto hubieron de soportar en su paso por esta vida. Vaya para todos ellos, mi sentido recuerdo.

Hasta la próxima, que seguro como creo cité por estas fechas en algún pasado año, ya estará "cada mochuelo en su olivo", el equivalente a cada cual en su sitio. 

martes, 20 de agosto de 2013

El teléfono entonces



La entrada de hoy obedece a una indicación de mi editor, por tanto un nieto mío, el que cuando hace un par de días y como consecuencia de contarle algunas de las anécdotas de mi pasado, cuestión que tanto nos gusta a los "mayores", me dijo que la misma la pasara a este blog para conocimiento  de los demás.
  
Pues allá va. Creo podía ser a primeros del año de 1935, poco tiempo después de instalarse el teléfono en mi pueblo,  cuando mi abuela paterna y a eso de las once de la mañana, poco más o menos, recibía un "aviso de conferencia" de su hijo Antonio que se hallaba destinado en Albacete como Guardia Civil. Aunque no recuerdo la causa o motivo de que mi tío deseara celebrar una conferencia teléfonica con su madre, pero la cuestión debió de ser de sumo interés o trascendencia. El mencionado aviso, me parece era para celebrarla sobre las doce o una de la mañana. La noticia trascendió a toda la familia y posiblemente hasta algunas personas ajenas a la misma. Tras varios anuncios de demora para la celebración, debió verificarse cuando menos sobre las cinco o las seis de la tarde.

En el momento de que mi abuela era llamada a pasar al locutorio, ya que su hijo se encontraba dispuesto para hablar con ella, en una antesala al mismo, nos hallábamos cuando menos ocho o diez miembros de la familia, entre hermanas y sobrinos de quien había iniciado tan interesante acontecimiento. 

Una vez mi abuela estuvo al corriente de cuanto su hijo le comunicaba, que como digo anteriormente debía ser noticia o motivo muy importante, uno tras otro de todos los familiares que allí esperábamos tan  novedoso acontecer, entre ellos yo, tomamos el teléfono y cruzamos algunas palabras con mi tío, al que seguramente debió costarle la broma por lo menos la mitad del  sueldo de un mes, que a la sazón no debía de ser muy alto. Tanto mi abuela como el resto de familiares que tuvimos la dicha de poder hablar por teléfono aquel día, lo hacíamos por primera vez en la vida. En aquel tiempo no había ningún teléfono en domicilios particulares, y todas cuantas conferencias habían de celebrarse, eran precisamente previo anuncio y en la central que estaba establecida en una casa frente a la iglesia del pueblo. Yo, once años después volví a hablar por teléfono y precisamente desde la propia central, pero esta vez gratuitamente, y fue durante la celebración de una de las noches de "quintos", de mi reemplazo, echándole serenatas a las telefonistas de pueblos limítrofes, debido a que uno de los quintos, era hijo de los propietarios de la casa donde estaba instalada la central telefónica, y de los tres que formábamos la orquesta, él tocaba el violín; otro amigo mío y también quinto, las maracas; y yo tocaba la guitarra. Más que tocar la guitarra, lo que hacía era formar ruido con ella, aunque a través del hilo telefónico no se notaba mi incompetencia en la materia y por las receptoras de las serenatas lo agradecían bastante, dado a que les hacíamos pasar parte de la noche un tanto distraídas. 

La primera de la cita fue mi bautizo por cuanto a hablar por tan importante y moderno medio de comunicación.

Pero el estancamiento en cuanto a la verdadera modernización del medio, duró muchos años, y a este respecto voy a citar unos datos de los que era testigo directo, y extrañaran más, debido al punto donde se daban.

Allá por los años 1956 y posteriores, perteneciendo yo al Servicio de Información de la Guardia Civil aquí en Málaga, cuando teníamos URGENTE necesidad de comunicarnos por teléfono con alguna otra ciudad española, habíamos de recurrir a un Guardia que pertenecía también a dicho Servicio y a la sazón tenía una novia que trabajaba en la Central Telefónica aquí en Málaga, a fin de que agilizara en el tiempo la celebración de la conferencia interesada, dado a que si no, eso de la "demora", era cuestión frecuente en la consecución de lo solicitado, que en ocasiones podían "demorarse" varias horas.

Si en todas las circunstancias reseñadas, me hubieren dicho que hoy, todas las noches a la hora que tengamos por conveniente, pueda hablar con alguno de mis hijos, que uno está en Madrid y otro en Zaragoza y a la vez vernos el uno al otro, y es más, hace dos años que mi hija estando en los Estados Unidos de América, celebrábamos a diario tales vídeo-conferencias y a la vez gratuitamente desde nuestros ordenadores y a través de Skype, diría que estaba mal de la "azotea" de quien me lo comunicara.

El haber sido testigo de estos cambios en este y en muchos sentidos de la vida, es cuando menos el premio al haber nacido hace tanto tiempo y permanecer aún por estos mundos de Dios.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 17 de agosto de 2013

Día de recordaciones


Esta mañana mi hijo José Carlos y su mujer han dado por finalizadas sus vacaciones aquí en Málaga, en mi casa, saliendo para su residencia en Zaragoza. Este año ninguno de sus dos hijos han podido siquiera venir unos días, debido a sus ocupaciones.

Anoche estuvimos cenando en casa de mi hija, con mis tres hijos, sus respectivos cónyuges y solo tres de mis seis nietos, lo máximo que este año en esta y otra ocasión nos hemos podido reunir. El paso de los días va poniendo las cosas en su sitio, según las situaciones  en que a cada uno lo lleva. 

Mirando al pasado, reciente y no tan reciente, no teniendo por menos que con ese gusanillo de tristeza que se apodera del ánimo cuando un ser querido se ausenta por algún tiempo, traer al recuerdo todo un pasado, incluso de hasta mi ya lejana infancia, de aquellas reuniones con mis hermanos, que ni pudieron ser muchas y pocas las que motivaron la celebración de venturosos acontecimientos. Luego pasas al recuerdo de la crianza de los propios hijos, el devenir de cada uno de ellos y que en el día a día parece que el tiempo se resiste a ir pasando, pero que luego en un abrir y cerrar de ojos, sus propias circunstancias los hace ausentarse e independizarse, que a la vez que cada uno lo va realizando son girones del alma que se van desgarrando del sentir de los padres, pero como en mi caso ha sido, al tiempo que cada ausencia dejaban también felices sensaciones, debido a que sus motivaciones lo fueron siempre por venturosas circunstancias, y sin que siquiera te dé tiempo a reaccionar, comienzan a llegar los nietos. De éstos y como he citado anteriormente, seis, y todos varones, han sido los que me han llenado de la ilusión y el gozo que a los abuelos le suponen la llegada de los hijos de tus hijos.

Si el paso de los días parecen volar, su máxima velocidad parece experimentarse en la contemplación del devenir de los nietos, que cuando aún parece estar contemplándolos en su mas tierna infancia y la llegada del primero hasta el sexto, como en mi caso lo ha sido, no te ha dado tiempo, o el propio subconsciente no lo acepta de que pasan volando los años, y a la vez que a ellos les va colocando en las situaciones  que sin duda van deseando, a uno, en este caso a mí, se me acumulan tantos, que su propio peso
te hacen experimentar las dificultades que ello trae consigo, y posiblemente no nos traiga el desánimo de sentirnos "viejos", porque el recreo que mirarte en ellos, los nietos y sus padres, supone que tiempo no te deja para emplearlo en mirarte a tí mismo.

Así, cuando todas las ambiciones propias estan mermadas, e incluso desaparecidas, que sería lo suficiente para hacerte el vivir sin aliciente alguno, el mirarte en tu rededor, de todos esos seres que sabes te quieren, te hacen saborear en su más alto grado, el gozo de estar transitando por esta vida, y me atrevería a decir, que incluso más, que lo pasado, tal vez por el sosiego y la serenidad, que posiblemente, sea lo mas valioso, que el llegar a estas alturas de lo años acumulados deja en nuestros sentires.

Sorprende que apetencias pasadas, de las que posiblemente muchas fueron conseguidas, otras frustradas y otras solo soñadas, desaparecen totalmente con ese paso del tiempo, y solo se da la consideración, que ninguna otra comparársele puede, a como cito anteriormente y muchas veces lo he repetido, el goce y disfrute de mirarte en esos seres por quienes estarias dispuesto a darlo todo, incluso esa propia vida, de la que sin ellos no tendrías razón de seguirla viviendo.

Tampoco en estas circunstancias quedan sin venirte al recuerdo esos seres, aquellos que se fueron, y que sin dejar de enorgullecerte de los que tienes, puedes, y menos debes, dejar en el olvido.

Hasta la próxima, que no se que motivo o recuerdo trataré en ella.

domingo, 11 de agosto de 2013

¿Vaguera? Para algunas cosas sí...




Cuando esta mañana me dispongo a entrar en el blog, me doy cuenta que llevo ya nueve días sin hacerlo, lo que creo que, salvo por razones de salud, en pocas ocasiones mi vaguera ha llegado a tanto. No es que tenga una obligatoriedad de escribir cada equis días, pero creo da la sensación de estar abandonando cuando menos una ilusión que es lo que me produce el hacerlo y adermás a que, mis escasos, pero selectos  lectores, tengan  cuando menos donde invertir un rato de su tiempo para ver lo que se me ha ocurrido contar hoy.

A decir verdad, así como señalar un recuerdo de una efemérides digna de ser contada, durante el período de días que llevo sin escribir no se me viene a la memoria, aunque siempre no falta alguna simpleza que contar, cuando uno se pone a escribir. Lo que sí puedo decir, y que a lo mejor es el motivo de mi tardanza, es que mi actividad social durante estos días que llevamos transcurridos del mes de agosto ha sido frenética, por cuanto a una persona de mi edad pueda ser normal, pero unos días por una cuestión y otros por otra, se han ido engarzando unas con otras, como Don Quijote decía que su escudero hacía con los refranes. En realidad no es que haya sido de propósito esa actividad social, en referencia a cuanto señalaba en unas de mis anteriores y recientes entradas, como consecuencia de haber salido de la contrariedad en mi estado de salud por el que atravesé y que creo recordar decía algo así como que, en el futuro, me dispondría a disfrutar todo lo posible, sino que como he contado antes se ha presentado así, casi siempre no propuesto ni proyectado por mí, pero tampoco es que me haya resistido a aceptar el ofrecimiento que se me haya hecho.

Ahora, cuando por las fechas en que nos encontramos, y al relatar lo de que a mis años llevo bastantes días, vamos a decir que "disfrutando de la vida", me vienen al recuerdo, de que por iguales fechas, pero de hace algunas, años más y algunos menos de los setenta transcurridos, o sea desde los quince a los diecinueve años de edad, cuando me hallaba en los que posiblemente más los hubiere necesitado, me marchaba a trabajar a la finca de La Calera, y que miles de veces he citado en mis diversas entradas en este blog, y me pasaba incluso un mes seguido sin ir siquiera al pueblo, ni tener mas distracción que el trabajo y la relación, aunque siempre cordial, con los compañeros de faena. Eso sí, el comparar el discurrir de mi vida en la actualidad, a como lo hacían durante su vejez, incluso mis padres y sus coetáneos, y quizá, no porque no hubieren hecho méritos para ello, no existe ni la posibilidad de poderlo comparar, asi que por tanto, no tengo por menos que dar gracias a Dios que en este tramo de mi vida, en el que como digo, en mi juventud, los que atravesaban por esta etapa, la inmensa mayoría estaban a expensas de lo que, incluso con gran sacrificio podían recibir de sus hijos, que en la que generalmente, solo podían repartir necesidades y escaseces. A mí, me tocó vivir una infancia y primera juventud  de grandes dificultades, de las que mis padres no tuvieron suficiente con padecer las suyas, sino las que vieron soportar incluso a sus hijos, cuestión que una vez ya pasados los veinticinco años, yo dejé poco a poco atrás en el tiempo, a mis descendientes, desde su inicio no han tenido que soportarlo, y yó, como digo en esta entrada, llevo bastantes días, lo que para mis ascendentes hubiere también deseado. Y, lo que si es cierto, es que he llegado a la conclusión, que para disfrutar de la vida, la edad, cuando menos hasta ahora, para mí no ha sido óbice, aunque eso sí, la salud sobre todo es imprescindible, y como no alguna que otra "cosilla", que por fortuna me acompaña, en todos los órdenes.

Bueno, no es que sea nada interesante para quienes tengais por costumbre y fuerza de voluntad entrar en las lecturas de mi blog, figuran en la entrada de hoy, pero con ello yo he salido del paso y quitado un peso de encima, pero a la vez he dicho a los cuatro vientos, que llevo bastantes días "pasándomelo en grande",  como suele decirse.

Hasta la próxima, que espero tenga algo mas de aliciente.

viernes, 2 de agosto de 2013

El mecanógrafo



Era el día 2 de agosto pero de 1946. Hoy precisamente se cumplen 67 años, en que tocaba por primera vez una máquina de escribir. Los que no estéis al tanto del caso, exclamaréis ¡pues vaya noticia que no da hoy éste! Pués la noticia en sí no será muy importante, pero el "caso"  a que da lugar el citarlo hoy, si lo fue en su día.

Quienes hayais leído mis memorias, o tres entradas que hice en este blog en 31 de julio y 1 y 2 de agosto de 2008, sabeis demasiado que la cosa tuvo su aquél. Y aunque sea brevemente a continuación trataré de explicarlo a fin de que lo conozcais, aquellos que como cito no lo sepan.

Resulta que sería mediados del mes de julio del mencionado año 1946, hallándome cumpliendo el servicio militar en el Regimiento de Artillería número 14, cuyo acuartelamiento estaba en Pineda, extrarradios de Sevilla, cuando el Sargento de Semana después de pasar la Lista de Retreta, que para los no iniciados diré que es la última que se pasa en el Ejército cada día, citaba una orden que procedente de Capitanía General de la 2ª Región Militar, ubicadas sus oficinas en la Plaza de España de la mencionada capital sevillana, solicitaba personal voluntario para ordenanzas, escribientes y mecanógrafos en las mencionadas oficinas. Para ordenanzas, fueron bastantes los que dieron el paso al frente  al punto de que el Sargento, solo tomo nota de tres o cuatrro de ellos; para escribientes, también fueron varios los que deseaban dicho destino, pero para mecanógrafo, nadie salía. En vista de ello, y sin lugar a dudas ha sido lo mas descabellado que haya hecho en la  vida, y con la agravante de que ni siquiera había tocado nunca una máquina de escribir, di un paso al frente para que me incluyera en lista solicitando como tal el destino de mecanógrafo., creyendo quw no me llamaríanm aunque sí me hubiere gustado serl

El día 31 del mencionado mes de julio y tras ser leída la citada Lista de Retreta, en nota que aparte tenía sobre sus manos el Sargento, leía lo siguiente: "El Artillero Rafael Galán Rodríguez hará su presentación con la máxima urgencia en las Oficinas de Capitanía General de esta Región Militar, donde ha sido destinado como mecanógrafo". ¡El mundo se me vino encima! Yo, que hasta mi ingreso en el Ejército solo había efectuado los diferentes trabajos del campo y los dos años anteriores a mi ingreso, trabajando en una mina de carbón, y que como citaba anteriormente, ni siquiera había tocado jamás una máquina de escribir... ¡Hala! destinado nada menos que como tal mecanógrafo a las oficinas de la Capitanía General.

Al siguiente día, primero de agosto, que como suele decirse, "con más miedo que vergueza", salía del Regimiento rumbo a mi nuevo destino. Al verificar mi presentación ante un Brigada, donde me indicaron había de hacerlo, al preguntarme a qué oficinas iba destinado, cuestión que no me lo había dicho el Sargento la noche anterior al darme la noticia, y tras algunas llamadas de teléfono a distintas oficinas, dicho Suboficial no consiguiendo averiguar mi destino, me indicó volviera al Regimiento y me dijeran que oficina o Negociado era quien me reclamaba, lo que así hicieron.

Aquellas veinticuatro horas, fueron para mí, como si un condenado a muerte cuando lo van a ejecutar aplazan la ejecución para el siguiente día a la misma hora. Pero esas veinticuatro horas pasaron mas veloces de lo que yo hubiere deseado no llegaran nunca. Y así llegó aquel 2 de agosto de 1946, serían aproximadamente las once de la mañana, verifiqué mi presentación ante el mismo Brigada, al que le indique cuanto me había sido informado en el Regimiento, y que era en concreto la Zona de Reclutamiento y Movilización número 9, dependiente del Gobierno Militar. Hacía un calor sofocante. Yo portaba una maleta de madera, que hace pocas fechas citaba cuando me incorporé a Málaga como Guardia Civil. Desde los sótanos de Capitanía donde tenía su oficina el Brigada a quien me había presentado y a quien acompñaba hasta mi nuevo destino, hubímos de subir por una escalera de las llamadas de caracol con 108 escalones. El contenido de la maleta, no recuerdo exactamente, pero poco mas o menos pesaba como si fuera vacía, no obstante ello el mismo estado nervioso que llevaba por el resultado de cuanto pudiera suceder al descubrirse que ni puñetera idea tenía con respecto al destino que se me hacía, y sospechando que a lo mejor hasta pudieran mandarme un mes al calabozo, aquellos 108 escalones que hubimos de subir, yo hubiere preferido que no hubieran terminado nunca, pero pronto me hallé antes unas oficinas, en la que tras pasar una puerta de grandes dimensiones, sobre una ventanilla abierta en una mampara de madera y crital, figuraba el siguiente rótulo "ZONA DE RECLUTAMIENTO Y MOVILIZACIÓN NUMERO 9", Aquello me pareció un epitafio puesto a mi medida.

Abreviando y tras un pequeño trámite entre el Brigada que acompañaba y otro del mismo empleo, encargado del personal de la oficina receptora, fui presentado ante un Capitán a quien debía prestar mis servicios como tal mecanógrafo.

Yo como todo capital llevaba encima solamente un sello de correos que tenía guardado con el fin de escribir a mis padres y contarle donde pudiera encontrarme, ya que fusilarme no creía pudieran llegar a hacer conmigo. El Brigada, hizo de mí la siguiente presentación: "Mi Capitán aquí le presento el mecanógrafo que había solicitado". Poniéndose a sus órdenes se retiro, y allí quedaba yo SOLO ANTE EL PELIGRO. 

El Capitán tras ofrecerme su petaca de la que eché cantidad como para un cigarro, tuvo que darme papel de fumar para liarlo y además ofrecerme un enendedor para para prenderle fuego, que previas preguntas le contestaba que carecía de todo, y que finalmente me dió la siguiente respuesta: "Pues vienes tú como para irte de juerga".

Tras todo este prólogo, yo parecía ya estar dispuesto a afrontar todas consecuencias que pudieran sobrevenirme, de lo que sin duda era merecedor, pero lo que fuera a ser que lo fuera ya. Y así fué.

Señálándome una máquina de escribir marca "Underwood", que había a la derecha de la mesa que el Capitán ocupaba, me dice bueno vamos a trabajar. Con mucho mas aplomo del que antes presumía tener, y pensando que allí estaba yo para afrontar las consecuencias, le respondí: "Mi Capitán. yo no soy mecanógrafo y ni siquiera he tocado nunca una máquina de escribir".  Aquel Capitán sin lugar a dudas sufría la mayor sorpresa de su vida. Me añade: "Entonces es que te han mandado equivocadamente". Le conté todo tal había sucedido. Creo que ni se acordaba que tenía un cigarro en su mano. Primero se quedó mirándome fíjamente, creo que pensando "qué hago yo con este tío". Tras un breve paréntesis, elevando su mirada al infinito, tal vez pensando la condena que merecía, me espetó asi de sopetón: "¿Tú tienes interés en aprender a escribir a máquina?" Como era cierto, le respondí que era lo que más deseaba en aquel momento. Sentencia final: "Entonces no te preocupes, verás como pronto te enseñas". Como he comentado muchas veces, aquel hombre hasta lo hubiera colmado de besos en aquellos momentos, y si no lo hice no fue por falta de deseo, pero como soldado ante un Capitán, hube de contenerme

Sin salir ni una sola tarde después de las horas de oficina, gastando infinidad de cuartillas y fólios, y trás haberme comprado un librito cuyo título recuerdo era "Mecanografía al tacto". Aproximadamente un mes despues, trabajábamos, digo yo, trabajaba como un mecanógrafo de mediana capacidad para arriba. 

Aquello con el paso del tiempo me sirvió mucho en la Guardia Civil.

Asi que hace hoy sesenta y siete años comencé mi enseñanza de mecanografía. Vaya otra vez mi agradecimiento a aquel Capitán, que para mi tenía mas madera de Santo que de militar.

Hasta la próxima entrada.

viernes, 26 de julio de 2013

Sí, sesenta y tres años



Sí, hoy se cumplen 63 años. Sesenta y tres años son toda una vida, pues toda una vida hace que llegué a esta bendita Ciudad de Málaga.

Aquel 26 de julio de 1950, poco después de las ocho de la mañana, tomaba un autobús en el entonces, y hoy también, llamado Cruce, que dista de mi pueblo dos kilómetros,  que me llevaría hasta Córdoba capital. Unas horas de espera en la Estación férrea de dicha ciudad y sobre las once y media de la mañana tomaba el tren correo con destino Málaga y que había partido de Madrid la noche anterior. Una humilde maleta de madera y que me había servido cuando me incorporé al Ejército en la que contenía unas mudas de ropa interior, un uniforme de servicio, y los útiles necesarios e imprescindible para el uso de aseo cotidiano. Sobre el brazo y como no tenía espacio para meterlo en la maleta, llevaba el llamado capote reglamentario. Yo vestía el uniforme de Guardia Civil,  no ha muchos días estrenado, cuando salía de la Academia de Úbeda, una de las cuales tenía entonces el Cuerpo en dicha ciudad. Hacía un día de calor de esos que son cotidianos en estas fechas y por el lugar donde me movía. Como queda demostrado con lo dicho anterior, mi bagaje era tan humilde como escaso. El uniforme reglamentario llamado de paseo, en la Guardia Civil, para las clases de tropa, era además del pantalón, botas de color negro, guerrera abrochada hasta el cuello, y el propio cuello de la guerrera igualmente abrochado con una presilla metálica; cinto y la pistola reglamentaria del calibre 9m/m largo enfundada y colgada en bandolera. Por añadidura era obligatorio el uso de guantes durante toda época del año. Si la indumentaria que obligado  a ello llevaba colocada. hacía casi insoportable el calor reinante, podría añadirle otra cuestión, que posiblemente hacía menos ilusionante mi destino y venida hasta la hoy llamada Capital de la Costa del Sol, y era la mala catalogación y fama que para la prestación del servicio,  entonces tenía esta Comandancia, que a la sazón era la número 137ª.

Mi arrribada a Málaga, lo fue aproximadamente a las cinco y media de la tarde, tras unas seis horas de viaje desde Córdoba. Todo un récord. He de confesar que la primera impresión que tuve de la ciudad al ser transitada desde la estación hasta el acuartelamiento ubicado en el entonces llamado Pasillo de Natera, no fue muy favorable, e incluso la encontré, digamos no muy limpia.

No obstante y pese a todo lo señalado anteriormente, por mi mente bullían grandes esperanzas e ilusiones de lo que pudiera alcanzar en el futuro, dado que me estrenaba en una profesión y mi pertenencia a una institución que lo venía soñando desde hacía algunos años. Aunque mi primer destino dentro de la Comandancia y fuera de la capital, no fue de lo mejor que había, sin duda y por esa ilusión que digo me traía de ser Guardia Civil, e incluso dada la dureza y duración de los servicios que había de prestar, lo tomaba con un talante de tan buena disposición, que hasta diría gozaba con ello.  Recién cumplido un año en mi primer destino y previa petición, pase destinado al  Puesto de la Aduana de Málaga, y como una bendición de Dios, solo dos meses después pasaba a ocupar un destino de los de libre designación, que terminó de llenar todos cuantos deseos y aspiraciones hubiere soñado. A partir de entonces y como reza el dicho, ya "todo fue coser y cantar".

Todo lo que mi paso por la Guardia Civil ha sido, lo he repetido hasta la saciedad en todas cuantas ocasiones se me han presentado, tanto escrito como en conversaciones y relatos orales, pero si aquellas esperanzas e ilusiones que decía bullían por mi mente cuando, y hoy se cumplen 63 años, aunque ni siquiera sabía lo que realmente deseaba ni podía esperar, justo en este momento, confieso con toda la solemnidad de que sea capaz de darle a este relato, alcancé muchísimas mas prebendas, tanto en el servicio, que ya es importante, mucho mas lo fueron en el terreno personal, que puedo gritar a los cuatro vientos, que lo fue,lo era, y lo está siendo como ni imaginarlo lo hubiere podido, sin duda superior a todo merecimiento, y que de volver a nacer, si parecer me tomaran a lo que desearía en mi vida, solo diría tajantemente:

COMO HA SIDO, Y ESTÁ SIENDO ÉSTA

Hasta la próxima entrada.

martes, 23 de julio de 2013

Caminando a bordo del tiempo




Cuando los años rebasan los que se desearían tener, solo con pararte un instante a mirar hacía atrás, puedes observar, como a medida que han ido sucediéndose el paso de los días, todo, o casi todo va cambiando, en ocasiones para bien, en otras no tanto, y en otras para lo más malo o lo peor. A veces, unos con otros acontecimientos se alternan tan de momento, que no te da tiempo a lamentarte del mal acaecido, o de deleitarte del bien pasado. Quizá en mí, en un periodo de aproximadamente un mes, se me ha dado tal circunstancia. Allá por la primera quincena del pasado mes de junio, se me dio una de las crisis en cuanto a mi salud se refiere, de las que como se dice en el inicio del Quijote, de cuya cuestión no quiero acordarme. Sin duda fueron días, de los que aún mermado de facultades para su recuerdo, han conseguido dejar cierto poso de desventura, que como indico anteriormente quiero pasarlo al rincón del olvido. A escasos días del inicio de mi dolencia y como consecuencia de la pericia del médico que me operó, con la ayuda de Dios, y como no, con la añadidura del cariño y cuidado de todos los míos, comencé una recuperación que pronto me sentí casi totalmente repuesto del trance sufrido. 

En el día de ayer, acudí a la última cita que por el momento me tenía hecha el doctor que me intervino, y a la vista de las diversas pruebas realizadas sobre el particular, puede decirse que ninguna secuela desfavorable  me ha quedado, dándome el consejo de poder realizar una vida de total normalidad, salvo algún que otro consejo, que bien podrían habérseme dado por alguno de mis hijos o algún otro ser querido.

Pero recurriendo a uno de los mas populares dichos, lo doy por aceptado eso de "que no hay mal que por bien no venga". No se si como su consecuencia o que tal vez lo haya sido por casualidad, desde que fui dado de alta del hospital, hasta incluso el día de la fecha, en primer lugar, tengo la sensación, no la sensación, sino la certeza, que de todos esos seres queridos que me rodean a los que me parecía que ya era imposible el apreciarlos más, ahora es verdadera la adoración que por todos ellos siento, y que ninguna otra cuestión en la vida puede comparársele. Teniéndolos conmigo, por mas que satisfecho me doy.

Por otra parte, y posiblemente también por pura coincidencia, en ese espacio de tiempo, he tenido la suerte de asistir a varios eventos, especialmente comidas y cenas, de lo cual nunca me habían parecido el obtener de ello tal deleite y satisfacción. Pudiera destacar entre ellas, una cena  en beneficio de una ONG, en el muelle número uno del Puerto de Málaga; otra cena, ésta celebrada en un Restaurante de Marbella, para mí uno de lugares mas románticos y bellos de los que hasta entonces había asistido, y, por último, hoy mismo una comida en compañía de mi hijo mayor, y de un entrañable amigo, que por añadidura es hijo, del que no lo fue menos entrañable su padre, durante muchos años, y me ha traído al recuerdo, las muchas veces que con él y otros compañeros, lo hicimos a lo largo de una travesía bastante dilatada.

A todo esto que dejo señalado, nunca hasta ahora, dejaba en mí ese regusto de estar deleitándome tal me sucede actualmente. Y conste, que no organizado a propósito como tal desquite de mi reciente contrariedad en la salud, sino que creo que el propio subsconsciente te dicta y señala, que en cualquier momento puedes recibir el desenlace final, y los que hemos tenido la dicha de venir al mundo, con la añadidura de lo bienaventuranza que la mía ha sido, gocémosla tal se lo merece el que hayamos sido unos de los elegidos en venir a la vida.

Posiblemente la satisfacción y la alegría de haber remontado con todo éxito mi ultima peripecia por cuanto a mi estado de salud, me haya vuelto un tanto eufórico y lo que si es cierto que el mundo lo contemplo con otro color, que pese a lo bello de mi contemplación anterior,no ha sido óbice para que aun haya podido ser mejorado.

Hasta la próxima entrada.