miércoles, 2 de julio de 2014

Otra buena nueva

La entrada de hoy no tiene por objeto, nada más, pero nada menos, y dado los tiempos que corren, que mostrar mi alegría por la noticia de que mi tercer nieto, Alberto, que en este año ha terminado su carrera, ya tiene trabajo. Al igual que ha sucedido con los dos anteriores, José Carlos y Rafita, primero y segundo en el orden cronológico de su nacimiento, asimismo lo están, y precisamente en cuestiones con respecto a lo que han estudiado, u opositado, que también lo es difícil de que todo ello se consiga. Así, el mayor, José Carlos, Ingeniero químico, en una fábrica de perfumes; el segundo, Rafita, como funcionario tras una oposición que tan brillantemente ganó a la primera, y por último Alberto, que ha motivado la entrada de hoy, Ingeniero Agrónomo, en el campo de la vinicultura.

Que mayor felicidad puede sentir un abuelo de ver que tres de sus nietos alcanzan un empleo y que precisamente sea en lo que a ellos les gusta y para ello se han preparado.

Otros tres me quedan, que siguiendo el orden cronológico citado, son Pablo, cursando Ingeniero Aeronáutico, y que ya ha rebasado el ecuador de la carrera; Jorge, que ayer precisamente terminó el primer curso de Ingeniería Industrial y Diseño, y por último el benjamín de los nietos, José, o Pepe como lo llamamos familiares y conocidos, que el año que viene entrará en bachillerato.

Tal vez pueda parecer un tanto presuntuoso, especialmente los estudios de los tres primeros, ya terminados. y como cito, trabajando, o en inminente momento de incorporarse al mismo, y los que están cursando los otros tres. Pero solo he hecho, citar tal la denominación oficial de las carreras cursadas o cursándolas, y si suenan algo rimbombantes, no es culpa mía, aunque, ¿qué abuelo no tiene que reprimirse un tanto para ensalzar todo cuanto de bueno hagan sus nietos? Como tantas veces que ha venido a cuento he citado, nunca dejaré de dar gracias a Dios, de ese núcleo familiar mas íntimo que me ha dado y de lo que tan orgulloso me siento y tan feliz me han llevado y siguen llevándome  en la travesía de mi ya larga vida.

Daremos por conclusa esta entrada, que como reza el dicho, lo bueno si breve, dos veces bueno, como lo es la causa o motivo por la cual ha tenido origen.

Hasta la próxima, que ojalá lo sea tan buena como ésta.

domingo, 29 de junio de 2014

Pablo, feliz cumpleaños y onomástica

Pablo en El Médano, Santa Cruz de Tenerife
(al fondo, Montaña Roja)


Hoy 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, es el cumpleaños, si no me equivoco 23, y también el día de su santo de mi nieto Pablo, el cuarto cronológicamente en venir al mundo de los seis que tengo y viven.

Si a los padres los hacen viejos los hijos, ¿que no será lo que nos hacen a los abuelos? Por cuanto a mí, y eso que me casé muy cerquita de los treinta y un años, el primero de mis nietos en el orden que he citado antes, está a las puertas de cumplir los 28. Así que... ¡por donde andaré yo!...

Pues eso, llamando a las puertas de los nonagenarios, que hasta mí mismo podría causarme pavor con solo poner en mi boca esa palabreja. Pero tampoco quiero magnificar tanto tal circunstancia, y pido a Dios que mientras me mantenga en la situación que me hallo en la actualidad, tanto física, como psiquicamente, no me importa el seguir cumpliendo anualidades, que por el momento, a mí, no me alcanza eso de que se dice, "de que pesan los años", pues bastante liviano es el que soporto, pese a los muchos que sobre mí llevo y en nada mengua mi deseo y ganas de seguir viviendo, además, de como es todo el entorno familiar e íntimo que me rodea y de lo que sin duda, gozo de la vida como ni siquiera hubiere imaginado pudiera hacerlo a estas alturas.

La festividad de hoy, me ha llevado también hasta aquella tan lejana juventud mía, que en mi pueblo era un día grande, máxime que era uno de los de celebrar baile, única diversión que teníamos la juventud, y no juventud, y quizá por ello tratábamos de sacarle el mayor jugo posible. Y como no, también, y los años fuerzan a ello, en comparar la fogosidad de todo orden que se empleaba en cualquier actividad o festejo de aquellos tiempos, al sosiego con que se lleva, cuando se templan los temperamentos, las perspectivas se observan desde atalayas diferentes, las ambiciones se dominan, las pasiones se aminoran y así sería un largo etcétera de enumerar circunstancias, y que en una sola palabra puede expresarse y condensarse todo ello, diciendo que la edad lo cura, si por enfermedad puede catalogarse aquello que tal vez en parte con algún exceso se lleva a cabo cuando los años no se acumulan ni amontonan tanto.

Creo que sí me señala el que esté bastante metido en años, que la entrada en este blog, que la había motivado el felicitar a mi nieto Pablo por su cumpleaños y santo, enseguida me ha llevado hasta lo que se echa en falta cuando a "mayor" se llega, y en este caso, como suele hacerse de forma casi general, me he puesto a filosofar sobre el paso y tránsito por la vida. Pero ésto, a los que ahora pueda incluso causaros cierta risita, tener por seguro, que cuando os alcancen, no los que yo tengo ahora, si no algunos menos, os encontraréis hollando las mismas veredas por las que  todos mis coetáneos, y yo,  caminamos ahora.

Y por hoy ya está bien de daros la matraca, y no quiero facilitar mas motivos para tomarla con los "viejos". Hasta la próxima entrada, que procuraré portarme mejor.

domingo, 22 de junio de 2014

Llegó el verano...

Playa de La Tejita, El Médano, Santa Cruz de Tenerife
(al fondo, Aeropuerto Reina Sofía - Tenerife Sur)


Desde el medio día de ayer estamos en verano. Esta mañana durante un paseo por el marítimo de poniente de esta capital (o "Antonio Banderas", como es su nombre), he podido comprobar que además de serlo astronómicamente, también lo es por cuanto a su meteorología. El sol calentaba más de lo que a mi se me apetecía.

Ello me ha llevado a pensar que la entrada a esta estación hace el número noventa de la que yo atravieso el umbral de la misma. Pero aunque no deja de ser importante para mí esta circunstancia, no ha sido ello lo que me ha traído al recuerdo cierta nostalgia de tiempos pasados.

También he pensado,  que en el mes entrante hace sesenta y cuatro años que, precisamente aquí en Málaga, yo veía por primera vez el mar, cuando llegué destinado como Guardia Civil recién salido de la Academia de Úbeda, y precisamente lo fue a un Puesto de playa. Durante quince meses estuve prestando servicio, día por día, recorriendo la posta asignada,  "próximo a la lengua del agua", como se decía en uno de los artículos sobre el servicio en las playas. Contaba entonces veinticinco años de edad. Pero tampoco ha sido la pérdida de aquella juventud, la causa principal que me ha llevado a sentir ese ligero estado melancólico... sino otro de mayor calado que a todos los pasados en años nos sucede.

Esta mañana, cada vez que junto a mí pasaba, o contemplaba junto al mar, un matrimonio llevando, o teniendo,  con ellos uno o mas hijos, con todos esos enseres y artilugios que para pasar un día de playa con ellos solían, y así sigue, llevándose para su distracción, juegos y hasta para cuando eran pequeños había que ponerle para mayor seguridad en el baño, esa dulce nostalgia, si ello es posible que lo sea, me llegaba hasta lo mas profundo del alma.

Aquellos disfrutes que con los hijos pasándolo bien se gozaba dejaban un no se qué tan profundo,  que por muchos años que transcurran,  nunca se borra del sentimiento de los padres, aunque la permanente vigilancia que sobre ellos había que ejercer, lo tenían a uno en tal estado de tensión, que hasta cuando se decidía a darse el baño correspondiente, lo hacías sin apartar la vista de los mismos. Pero aquellos veranos fueron pasando, y cuando me he dado cuenta, lo mismo que tan poco tiempo me parecía de haberlo vivido, lo estaba haciendo y disfrutándolo con los nietos y si la seguridad con los hijos te mantenía en tensión durante todo el tiempo que estabas en la playa, con los nietos, y pese, a que eso que tu antes hacías, ahora correspondía a sus padres, ese temor a que sufran cualquier percance, que en los abuelos se acentúa hasta, que si los propios hijos, e incluso ellos, los nietos, te lo pudieran ver en sus justos términos, les parecería hasta ridículo, y que solo con el paso de los años puede ser comprendido, cuando se deja de ser hijos, luego padres y te conviertes en abuelo/a.

Y, por cuanto a mi se refiere, y dado a que los bisnietos ninguna esperanza me asiste de poder verlos chapotear en las aguas del mar o de piscinas, he de conformarme con traer al recuerdo aquellos días pasados, con los que de verlos a ellos felices, te lo hacían a ti, como padre, y en grado superlativo como abuelo. Y yo, que cuando era niño y a escondidas de mis padres iba a bañarme a una alberca que llamábamos del "Santo", porque había en sus proximidades una estatua del Sagrado Corazón de Jesús. y que suministraba sus aguas al hotel de Santa Elisa y distante del pueblo unos tres kilómetros, no teniendo otro sitio donde hacerlo, y que hasta no hace mucho tiempo, una de mis grandes alegrías era bañarme, hace cuatro años que ni siquiera paseo por la orilla del mar, para siquiera mojarme los pies. Aunque he tenido que rebasar en bastante  los cuarenta, ya no se me apetece, y es que como reza ese dicho de que " de cuarenta para arriba, no te mojes la barriga". Ya ni en la bañera lo hago, dado a que, y por recomendación de mis descendientes, la he cambiado por plato de ducha. Aunque, y por todo cuanto he disfrutado de los baños, puedo decir con rotundidad, aquello de "que me quiten lo bailado", pero esos recuerdos de haber contemplado, primero los hijos y después los nietos, como he citado anteriormente, me hacen volver, y no me cansaré de ello, de dar gracias a Dios, por cuanta dicha se ha dignado mandarme.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 16 de junio de 2014

Indolentes y algo más


Un hecho acaecido el pasado jueves, y que no es el primero en relación al mismo tema, me trae hoy a dar la titulación a esta entrada.

Como cito anteriormente, cuando el jueves pasado venía en el autobús desde la casa de mi hija hasta la mía, y ocupando uno de los asientos de color rojo, reservado para personas con minusvalías de movimiento por diferentes causas, cosa que vengo haciendo desde hace bastantes días, a fin de que no sean ocupados por quienes no les alcance su uso y luego no los ceden a nadie, fui actor, además de testigo, del siguiente hecho.

Dos o tres paradas después de tomar yo el autobús y ocupar el asiento de color rojo como he dicho, y el otro asiento de igual consideración ocupado, ese vehículo contaba solo con dos asientos rojos,  por una señora de una edad creo bastante cercana a la mía, con la añadidura de que sus facultades de movilidad, lo eran a ojos vista, bastante inferiores a las mías, subía otra señora, sin duda coetánea a nosotros dos, pero en esta ocasión  ayudada por una muleta para su caminar. 

Tres de los asientos mas próximos a los nuestros, iban ocupados por tres jóvenes casi adolescentes, dos chicos y una chica, y en otro asiento un poco mas distante que los otros, pero también desde donde sin duda era presenciada la llegada de la señora de la muleta, por otra chica, aunque creo podría estar cercana a los veinticinco años de edad. Los cuatro iban, como la inmensa mayoría suelen hacerlo en la actualidad, manipulando sus teléfonos móviles, y tan embebidos en ellos, que incluso, y pude observarlo, que algunos de ellos levantando la mirada hacía donde sin duda hubieron de presenciar la llegada de aquella anciana, y con alto grado de carencia para su movilidad, mostrándose totalmente indiferentes a tal circunstancia, que ninguno de los cuatro, tuvo la deferencia, por no catalogarlo por ejemplo con la poca educación, de ceder su asiento a la misma, por lo que a la vista de ello, tuve que ser yo quien lo hiciera, y que sin duda era la persona de mayor edad que iba a bordo del vehículo.

Son frecuentes las ocasiones en que se oyen a personas de distintos estamentos de la sociedad el decir que hoy "tenemos la juventud mejor preparada de todos los tiempos", y yo no dudo de que en cuanto a eso, preparación, sea cierta, pero, añado yo, también, con un grado de mayor indolencia de la que nunca tuvo, no la juventud, si no el resto de la sociedad. Y el caso es que luego, y cuando se trata de "protestar", se hacen grandes alardes de solidaridad y ayuda a quienes se consideran mas débiles. 

Creo, y esto es solo una consideración mía, que la formación de los jóvenes se realiza en la ESCUELA, así con mayúscula, pero una cosa es la formación y otra la educación, de la que, y como solemos decir los "viejos", en nuestras propias familias, se nos aconsejaba el respeto a los mayores, ceder los asientos y las aceras a personas mayores o con cualquier deficiencia, y así todo lo que se llamaba educación o civismo. Incluso hasta en la Guardia Civil se nos daba enseñanza sobre ello, y se me viene a la memoria que en uno de los artículos de la llamada Cartilla, se indicaba lo siguiente: "En la calle, cederá la derecha no solo a los jefes militares, si no también a la justicia de los pueblos en que esté, a todas las autoridades en cualquier carrera del estado, a toda persona bien portada y en especial a las señoras, lo que será una muestra de subordinación para unos, de atención para otros y de buena crianza para todos". Pues de eso es de lo que yo me quejo, que gran parte, no solo de la juventud, sino también de la sociedad hoy se carece, que es de la buena crianza. A lo mejor no faltara alguien que diga para sí: "¡Qué antiguo es éste!"... Pero eso no es culpa mía de haber nacido hace tantos años y de haber sido criado en aquellos ambientes, que aunque con muchas otras carencias, por cuanto a lo que se ha dado en llamar civismo, creo se nos enseñaba algo mas que hoy. Si equivocado estoy, pido perdón por ello.

Ah, no quiero dejar de citar que en la mañana de tal día como hoy, pero de hace cincuenta y cinco años, yo llegaba a la entonces estación de Málaga, tan distinta a la que es hoy, procedente de Madrid, luciendo mis flamantes galones de Cabo de la Guardia Civil a que fui ascendido el día anterior 15 de junio de 1959, y donde a mi llegada me esperaba mi mujer con mis dos hijos, el mayor con dos años y el otro con un año y algo más de dos meses y que el día anterior, el mismo en el que yo ascendí, echaba a andar. Sin duda fue uno de esos días que señalan uno de los hitos mas importantes en la vida de las personas. Tanto en mis memorias como en alguna de las entradas en este blog, he hecho extenso relato de lo que supuso aquel acontecimiento.          

Vale por hoy. Hasta la próxima entrada.

lunes, 9 de junio de 2014

Un año después



Tal día como hoy del pasado año ingresaba en el Hospital Parque San Antonio de esta Capital, con uno de los estados de salud más preocupantes por los que hasta entonces había pasado. El hecho de mi traslado hasta dicho centro, es de lo único que mantengo claro recuerdo, y que trayéndolo hoy a la memoria en el estado en que iba, un estremecimiento de terror recorre mi ser. Lo que vino después y durante la siguiente semana aproximadamente, solo pequeños destellos tengo en la memoria de cuanto sucedió. Así, es como si durante una semana hubiere estado ausente de este mundo, aunque de vez en cuando, pero bastante distanciado, me asomara por un pequeño postigo desde el cual atisbaba diminutos detalles de cuanto sucedía en mi rededor.

Era durante esos pequeños lapsus donde sentía una sensación de las que nunca hasta entonces había sentido, y es como si flotando sobre el espacio estuviera surcando otro mundo, pero que sin duda y a los sedantes que estuvieren siéndome administrados, llegaba a eso, como a considerarme ajeno a cuanto por aquí sucede. Era entonces, cuando nada de mi pasado me quedaba recuerdo, cuando nada ni nadie me importaba, incluso ni yo mismo, y en escasos segundos de tiempo, me volvían a una realidad pero de la que no era capaz de hilvanar tal se estaba produciendo. Unas preguntas que me realizaba el médico que me estaba asistiendo y con la intención de conocer mi estado, y de lo que recuerdo algunas de ellas, y finalmente su decisión comunicada a mi hija de "lo voy a operar ahora" o algo similar, me llevaba de nuevo a evadirme de este mundo. 

Hoy 9 de junio de 2014, pasado un año de aquellos días, de lo que sin duda para todos mis seres mas próximos y queridos lo fue de mayor sufrimiento que para mí personalmente, ya que la propia gravedad que tenía, me llevaba a no valorar en su justo término tal estaba, aunque no lo era del todo ajeno, a que nunca llegaría a volver a mi estado anterior a ese agravamiento, y HOY, no tengo por menos que dejar constancia, de que en tan buenas condiciones que pudiera hallarme antes de aquel acontecer, no lo es menos del que gozo en esta fecha, y de lo que, hasta el propio doctor que me devolvió hasta aquél, y de este estado del que gozo ahora, quedaba gratamente extrañado del logro conseguido. A él, a Dios y a los míos que me cuidaron y atendieron después, doy las gracias de que así haya quedado y ya puesto a pedir, que el tiempo que por estos mundos me quede que estar, a ser posible, lo sea en las condiciones que me hallo en estos instantes.

Corta pero sentida y grata entrada en el blog ha sido ésta, y que pueda seguir haciéndolo así hasta que Dios quiera.

miércoles, 4 de junio de 2014

Revoltijo



Como figura en el título dado a la entrada de hoy, ésta se va a convertir en un verdadero revoltijo.

En primer lugar y como quiera que será lo menos interesante para mis queridos lectores, excepción hecha de los míos más próximos, comenzaré por lo que atañe a mí personalmente. 

Tal día como hoy, pero de 1958, aprobaba en Madrid el examen para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Como he citado anteriormente, supuso para mí la consecución de una de las aspiraciones mas deseadas hasta entonces. Aquel ascenso conseguido al siguiente año, y una vez realizado el curso correspondiente, dio los frutos, incluso superiores a los que hubiera podido soñar. Un telegrama urgente a mi mujer, a mis padres y al Servicio de Información de la Guardia Civil de Málaga donde prestaba mis servicios, fue la manera de informar a quienes debía hacerlo. Hoy lo hubiera hecho empleando otros métodos mas en boga, de los que entonces ni siquiera podían imaginarse.  Ah, y el día anterior, contemplé por vez primera lo que era la televisión. Me extrañó la nitidez de incluso como se veían elevarse las volutas de humo que desprendían los cigarrillos que alguno de los presentes en el plató se estaba fumando. Cinco años después compraba yo el primer televisor. 

Sin que quiera extenderme más sobre este particular y personal acontecer, paso a los siguientes, que creo corresponde al tema que acapara el momento actual.

Como digo y se refiere el párrafo anterior, se trata de la abdicación de S.M. el Rey de España y como veréis, soy muy respetuoso en la cuestión de tratamientos. Pero pongamos cuando menos orden en el detalle de los aconteceres, y lo haré constar según el orden cronológico de haber sucedido. Allá voy.

Aquel 12 de abril de 1931, fecha en la que se celebraban unas elecciones municipales en toda España, sin duda el ambiente debía ser tan extraordinario, que en mí, y que solo contaba seis años de edad, al igual que un primo y un amigo mío, de la misma edad, tenía la curiosidad de ver lo que acontecía en el colegio electoral instalado en mi pueblo y, que lo era por cierto, en el local de la escuela de niños, a la que yo asistía, e invitados mi primo y amigo antes indicados, nos trasladamos hacía allí y que tan pronto estuvimos a la vista de la pareja de la Guardia Civil que se hallaba de servicio, fuimos echados por uno de los guardias, como suele decirse, con cajas destempladas. Hoy comprendo, que el ambiente no era el mas apropiado donde estuvieran tres niños de nuestra edad.

Dos días mas tarde y tras grandes movilizaciones de personas en la inmensa mayoría de pueblos y ciudades de España, se proclamaba la II República Española. También yo viví los ocho años que duró la misma.

Como no es de mi competencia, a la vez que mi propósito de no tratar en este blog cuestiones de política, religión ni fútbol, de lo que, entre los no mis muchos lectores, encontraría diversidad de opiniones al respecto, me abstengo de exponer mi consideración sobre el tema, aunque sin duda lo tenga de ello.

El último periodo de la II República, estuvo sucedido por la Guerra Civil que duró cerca de tres años, y que  exactamente dos años y medio de la misma, la pasé con mi familia en el exilio, por diversos puntos del Valle de los Pedroches, y eso sí, siempre en el campo, excepto la primera semana del  mismo, que lo hicimos en la localidad de Pozoblanco. El cómo la pasamos, aunque fuere a grandes rasgos, se precisarían bastantes folios  para contarla, a la vez que como digo con la segunda república, y que cada uno, como se dice,  "cuenta la feria según le va", también dejo para quién le corresponda o le parezca bien hacerlo, el inicio, desarrollo, y el final de la misma, así como sus causas y  consecuencias.Para aquel exilio yo partí como un niño y volví ya adolescente.

Con la terminación de la guerra civil, se comenzó la etapa del llamado "franquismo" y que este periodo de mas de treinta y seis años, me tocó vivirlo mas de cerca y del que, como el resto de los españoles me hizo formar parte, y precisamente durante ese tiempo, sin duda transcurrió lo mas importante de mí, personalmente, de la familia de quien procedía y de la que, luego yo llegué a formar. En ese largo periodo de mas de treinta y seis años, sin duda llegó a suceder lo mas importante por cuanto a esa familia que llegué a formar, de la que tan orgulloso me siento de así haberlo sido, al punto de que sus consecuencias se han extendido hasta el día de hoy.

Y por último, el motivo que me ha traído hoy a entrar en este batiburrillo de acontecimientos, y que no es otro que esa abdicación del Rey, del que así mismo llevamos vivido cerca de treinta y nueve años, desde su coronación. En este periodo, también para mi vida personal y familiar, ha supuesto una serie de acontecimientos, por suerte la mayoría de feliz acaecimiento, lo que, no por ello, algunos lo hayan sido de lo mas doloroso que darse puedan.

Así, y a bote pronto volviendo la vista hasta el advenimiento de la segunda república, me digo para mí: Cómo es posible que el tiempo haya pasado tan raudo, que incluso me parezca imposible de que yo haya sido testigo de todo ello... Habiendo sido esa la causa de traerlo hoy a colación, y de lo que sí estoy seguro, es que de otro periodo de la duración de los dos señalados anteriormente yo no seré observador de su final.   

Con respecto a lo señalado de no querer hacer comentario alguno por cuanto a mi consideración sobre los particulares expuestos, es lo que ya he dejado dicho, aunque no me importa señalar, es el modo y forma en que el paso de los años nos lleva a pensar y forma de ver la vida, ya que en cualquier tema, cuando somos jóvenes, podemos pensar como pirómanos y cuando se llega a ciertas alturas de la vida, solemos hacerlo como bomberos. El sosiego de todo orden, en las personas, suele traernóslo la acumulación de primaveras, veranos, otoños e inviernos. 

Hasta la próxima entrada.

viernes, 30 de mayo de 2014

Día de Canarias


Si para la entrada anterior, que fue ayer, me dormí en los laureles, para esta de hoy, solo han pasado veinticuatro horas. No recuerdo haber hecho una entrada en este blog al día siguiente de haber realizado otra. ´

                             

Desde cuando era niño y que comencé a ir a la escuela, sentí un no sé qué, por las que también se ha dado en llamar las "islas afortunadas". Aquello por lo que llegó a llamarme la atención, y quizá me caló tanto, que diría que hasta  llegué a quererlas, no fue otra cosa que una palabra. Como no tendría más de seis años cuando ya, y como me gustaba tanto estudiar, y que los que hoy llamaríamos libros de texto, eran para nosotros, los que sólo tuvimos la oportunidad de ir a la escuela, la Gramática, Geometría, Aritmética y Geografía.

                                                

Estudiando éste ultimo citado, me sorprendió grandemente cuando por vez primera leía la palabra, tan larga y extraña para mí hasta entonces, como era la de "archipiélago", refiriéndose precisamente a las Islas Canarias, y como no, también, a las Baleares, pero como digo, fue precisamente estudiando las primeras. Otra cuestión de lo que también me llamaba la atención, de ese archipiélago, era, porque tenía el monte más alto de España, ya que al estudiar las montañas, precisaba que el monte más alto de la Península, como con un acento tan dulce lo pronuncian los isleños canarios, refiriéndose a lo que nosotros escuetamente decimos España, era el Mulhacén de Sierra Nevada, pero, así lo especificaba, el de España, era el Teide, sito en la Isla de Tenerife. 

                           

Pero ¿y como me ha dado a mí hoy el avenate de escribir sobre Canarias?  Pues nada más y nada menos, porque al ser hoy el día de, lo que ya llamamos Comunidad Canaria, y que por esta humilde entrada felicitó a todos los isleños de nacimiento, y los que aún no siéndolo, se sientan como tales, así como a los residentes, donde en una de sus islas, y precisamente en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife  reside y trabaja mi nieto, que me presta su colaboración con la denominación de editor, aceptada de mutuo acuerdo,  en estos menesteres del blog, y como se da la circunstancia, que al igual que a él ahora, a mí me sucedió  hace sesenta y cuatro años, que vine destinado a Málaga, tan a gusto y bien acogidos nos sentimos, que hemos tomado como una segunda "patria", él a la citada de Santa Cruz de Tenerife y yo a esta bendita Málaga, y quiera Dios, que tanta dicha y felicidad como a mi me ha proporcionado durante tantos años en los que llevó aquí, se los otorgue a el tanto allí, como si algún día decidiera cambio de destino.

                                 

Una de las espinitas que llevo clavadas en mi corazón es que ninguno de los dos archipiélagos españoles conozco, y aunque algo maduro me coge, quien sabe si todavía no puede llegar la oportunidad de que cuando menos, el de las afortunadas, no pueda darse la ocasión de conocerla, aunque las siete islas, me temo quedaran para hacerlo allá, cuando el viaje no me cueste nada.

Con un fuerte abrazo para mi editor, y haciéndolo extensivo a todos los canarios, doy por conclusa esta entrada.

                               

Hasta la próxima.

jueves, 29 de mayo de 2014

Ligeras desilusiones


El domingo 18 del actual, como venía deseándolo desde hacía incluso años, y al no tener otra cosa más importante que hacer, me fui a visitar el Cuartel de la Guardia Civil de la Parra sito en el interior del puerto de esta capital, donde estuve prestando servicio por espacio de unos diez años, o sea desde 1960 a 1970, del pasado siglo. No se si por que era joven, porque durante el mismo periodo en que desempeñé dos cometidos de índole distinta, tuve una actividad  bastante extensa y a su vez diversa, el caso es que tenía, y aún lo sigo teniendo, un grato recuerdo de mi paso por ese acuartelamiento.  

Comenzaré por aclarar que el nombre de Cuartel de La Parra, se debe a que un antiguo cuartel que estaba situado en lo que hoy es plena Plaza de la Marina, y que por cierto que cuando yo vine destinado a la Aduana de Málaga en 1951,  todavía estaba, pero no así una parra que decían había existido a la puerta del acuartelamiento. Cuando con motivo de la remodelación de la mencionada Plaza y fue derruido se construyó otro en el interior del puerto, cerca del entonces edificio de la Estación de Suburbanos que aún existe, y por cuyo motivo y en recuerdo al antiguo Acuartelamiento, se continuó llamando con tal nombre. 

Así, y sin duda por sentir ese gusanillo del recuerdo de cuando se es joven y donde se han pasado algunos años de la vida desempeñando una profesión de la que siempre estuve, y lo sigo estando, completamente enamorado de ella, y en una palabra, sintiéndome totalmente a gusto y feliz de todo ello, sentía ese deseo por volver, ver y comprobar si aquel cuartel, aquel ambiente y aquella  actividad del personal del Cuerpo, era igual o era ya totalmente distinta a como lo era cuando yo estaba.

Hacía una magnífica mañana de primavera, un sol radiante y serían las diez y media aproximadamente cuando llegaba a las puertas de aquel Cuartel que para mí lo había sido como mi propia casa. Junto a la misma puerta había dos guardias, sin duda en uniforme de servicio, pero sin una prenda siquiera igual de las que se usaban cuando yo lo prestaba, e incluso ni el color verde característico del Cuerpo. El Guardia mas próximo a mí cuando llegué, bastante alto y no delgado, de unos cincuenta años de edad, poco más o menos,  y a un metro mas o menos separado del primero, otro con igual tipo de uniforme, de igual o parecida edad, solo que de menor estatura y menos voluminoso. Ambos destocados, no se si seguirá utilizando la gorra que los servicios de Especialistas usábamos entonces.  Tan pronto llegué, di los preceptivos buenos días, siéndome contestado por ambos, aunque al parecer no con mucho entusiasmo. Hice mi presentación como tal Subteniente retirado del Cuerpo, que había prestado mis servicios en aquel cuartel durante diez años, y que iba por gusto y curiosidad de ver como estaba. El Guardia que más próximo se hallaba a mí, como poniendo cara de decir "ya viene éste a contar alguna de sus batallitas", giró en un ángulo de unos veinticinco o treinta grados y comenzó a caminar, como suele decirse, "quitándose el mochuelo de encima". El otro Guardia, aunque sin pronunciar palabra quedó mirándome fijamente, y al que dirigí la primera palabra, diciéndole que la puerta que había en la fachada este del edificio no se hallaba cuando lo construyeron de nuevo, y creo recordar me contesto que allí se encerraban los perros que se utilizaban para el servicio. Volví a preguntarle si existía todavía el Bar que había en mis tiempos, a lo que me contestó en sentido negativo. En el breve ínterin de cuanto estoy diciendo, se cruzaron dos o tres más, no sé si algunos eran guardia u otro empleo, ya que lo hacía vestidos de paisano. Como quiera que la puerta de entrada al acuartelamiento estaba abierta, a simple vista pude observar como nada de cuanto desde allí se veía existía tal lo estaba en mis tiempos. Dado a que las escasas dos o tres preguntas dirigidas al Guardia, aunque me eran contestadas con toda corrección, y sin que se precisara ser un especial observador, me dí cuenta que poca gracia despertaba en él, opté por despedirme con el consabido adiós.  

No se porqué, y perdón si estoy equivocado, me dio la sensación que el ambiente que existía entre estos miembros del Cuerpo distaba bastante del que se respiraba en aquel tiempo de cuando yo estaba en activo, y hasta me parecía, cuando menos a simple vista, no había el compañerismo de entonces. 

No tuve por menos que venirme a la memoria un artículo de la celebre Cartilla del Guardia Civil, cuya literalidad creo era:

"Ha de procurar juntarse generalmente con sus compañeros, fomentando la estrecha amistad y unión que debe existir entre los individuos del Cuerpo, aunque también podrá hacerlo con aquellos vecinos de los pueblos, que por su moralidad y buenas costumbres, deban ser apreciados y considerados".

Lo que esperaba me hubiere dado una pequeña alegría, al volver a pisar aquellas dependencias, en las que tanto trabajé, pero en las que tan feliz y a gusto me encontraba, fueron dos ligeras desilusiones: una, porque incluso por el exterior y lo poco que pude observar de interior del cuartel, en nada se parecía a como lo era; y la segunda, la indiferencia, no allí, sino en muchos ambientes como se nos acoge a los mayores. 

La inmensa mayoría de mis amistades durante el tiempo que estuve en el Cuerpo, y aún hasta la fecha, lo fueron compañeros de profesión, con ello creo dábamos cumplimiento al artículo de la Cartilla anteriormente reseñado.

No obstante todo lo dicho, reconozco nadie tiene la obligación de recibir con grandes alharacas los deseos de una llamémosle nostalgia de "mayores".

Hasta la próxima.

martes, 20 de mayo de 2014

Como para irme a segar...



Esta tarde después de venir de casa de mi hija, harto de comer, me senté en el sofá y viendo la tele me quedé dormido, como de costumbre. Al ser despertado por haber recibido una llamada telefónica, lo hice con una "galbana" encima, que me traía al recuerdo aquellos lejanos años de mi incipiente juventud, cuando por estas fechas estábamos segando cebada que era el primer cereal que llegaba a su sazón.Y digo esto, porque me he acordado de aquellos momentos en que después de la pequeña siesta que echábamos después de haber comido y cuando habíamos de volver a comenzar la faena, con, aquello sí que eran GALBANAS, con mayúscula, las manos, piernas y pies hinchados, que no se cual era el motivo, pero siempre cuando se comenzaba a segar la cebada, y con ningún otro cereal sucedía, era un sacrificio tan enorme el que había que vencer, y el dolor de las manos hasta que con el trabajo se iban calentando era tan importante, que solo quienes en aquellos tiempos tan hechos al sufrimiento estábamos, éramos capaces de soportar, y diría más, casi siempre hasta de buen talante.

El trabajo de la siega entonces era, sin duda, el de mayor dureza y sacrificio de todos cuantos se realizaban en el campo y con la particularidad, y aunque os pueda parecer un disparate a quienes lleguéis a leer cuanto voy a decir, la siega como  se hacía, era todo un arte. ¿Y porqué digo ésto? Porque el rendimiento en el trabajo de uno a otro hombre segando, podía suponer casi hasta el cien por cien del uno al otro, y con la particularidad de que el de rendimiento superior, lo conseguía con mucho menor esfuerzo que el otro,  que por mucho que se esforzara para ello, nunca llegaba siquiera a alcanzar lo que a lo mejor su compañero de pareja, como solía hacerse, alcanzaba con tanta facilidad. En ese sentido existían grandes piques, sobre todo, entre los mas habilidosos y artistas para su ejecución. Se daba también la paradoja, de que quienes más segaban, mejores gavillas hacían y por tanto los haces, los conseguían mejores y mas difíciles de que se deshicieran.

Aparte de la hoz (que no eran como las empleadas para segar hierbas o similares, sino que además de la empuñadura, tenía un llamado mango de hierro más largo que llegaba, hasta que de el, salía el trozo curvo donde se hallaba el dentado que era lo que cortaba la caña de la mies), los utensilios para segar eran: un antepecho de cuero o lona fuerte, que como se dice te cubría todo el pecho lo que evitaba que el roce de lo segado te destrozara la ropa, y lo que era peor te hiciera daño en el cuerpo; un llamado dedil que consistía en un trozo de madera, generalmente de olivo o higuera, que constaba de dos partes, la primera plana y recta para que encajaran los dedos medio,corazón y meñique de la mano izquierda, y que eran sujetos por un trozo de cuero fuerte, clavado en los bordes de la madera,  y les impedía que se salieran y con ello se evitaba que en cualquier descuido con la hoz, que solía llegar al dedil, se llevara los dedos por delante; el trozo de madera en su segunda parte formaba un ángulo agudo y terminaba en pico, y con ello era como alargar los dedos seis u ocho centímetros más, con lo que conseguías, previas las llaves que se iban  haciendo con varias cañas del cereal que cortaba, y así hasta conseguir una de lo que llamábamos gavilla bastante grande,  y cuyas espigas iban descansando sobre el brazo derecho conforme lo ibas segando, lo que te permitía no ir soltando lo segado cada vez que cortabas un puñado. El dedo índice, también de la mano izquierda estaba protegido por otro dedil de cuero fuerte y reforzado por su parte superior con dos o mas recortes del mismo cuero, y cuyos fines eran los mismos al del dedil de madera y cuero.

Un dato a tener en cuenta de lo que era el trabajo de la siega, que los puños de las hoces que eran de madera ligera, eran asidas con la mano con tanta fuerza que cuando terminaba la temporada de la siega, los dedos de la mano quedaban señalados en el puño. y muy marcados si se había utilizado en mas de una campaña. Las hoces que solían utilizarse en mi pueblo eran compradas en Extremadura.

Por la noche tan pronto terminabas de cenar, y que por desgracia tan escasa de calidad era como de cantidad, y que en muchos casos, como yo estuve dos años, pernoctábamos en el mismo tajo al cobijo de una encina, tendías una manta sobre un puñado de cañas del cereal, ponías una almohada, y conforme ibas cayendo sobre la piltra te ibas quedando dormido, no llegando siquiera a moverte en toda la noche de lo rendido que quedabas,  y por la mañana al levantarte, sobre todo en los primeros días, amanecías igualmente con pies, piernas y manos hinchadas y vuelta al sufrimiento. que por suerte no solía durar mas de media hora en que se se habían calentado todas las articulaciones, y desaparecía el dolor.

Hoy mi galbana no ha tenido por suerte que deshacerse en ningún obligado menester, sino que me he tomado un trago de agua fresquita, comido unos cuantos nísperos. también fresquitos, y en vez de un sacrificio, me he puesto a dejar constancia de este recuerdo, que supone para mí uno de los deleites de mi vida, como son el escribir y el leer. En aquellos años de los que he dejado testimonio, solo podía leer, y así lo hacía, cuando veía tirado en el suelo cualquier papel que algunas letras contuviera. Gracias a Dios, todo lo que de sacrificada tuve mi adolescencia y juventud, ya mi madurez personal y sobre todo mi senectud, lo han sido y lo están siendo como ni soñando lo hubiera imaginado tal. Pero, como no podía ser de otra manera, cosas de viejos...¡cómo pasa el tiempo!

Hasta la próxima entrada.

martes, 13 de mayo de 2014

De aquel abuelo de hace setenta años, al nieto de hoy


Hoy, como la inmensa mayoría de los días de lunes a viernes hago al cabo de todo el año, he ido a casa de mi hija para comer con ella, mi yerno y mis dos nietos. Generalmente suelen llegar todos pasados algunos minutos de las tres de la tarde, pero hoy, mi quinto nieto, Jorge por nombre (y que los dos últimos de los seis que tengo, son los de mi citada hija), que está cursando primero de carrera en la Universidad, ha llegado cuando menos con una hora de adelanto. Charlando con él de varias cuestiones, terminé por decirle que le faltaban ocho días para su 19 cumpleaños, concretamente el día veintiuno del actual. En esos instantes, como suele sucedernos a los, llamémosle personas mayores, y volviendo mis recuerdos hasta aquellos diecinueve años míos, le indiqué que por estas fechas y cuando hacía dieciséis días que yo los había cumplido, estaba a punto de comenzar, o ya lo había comenzado a iniciarme en el trabajo como minero.

De vuelta a mi casa, donde me encuentro, y consultado esta maravilla de Internet, me dice que tal día como hoy, 13 de mayo, pero de aquel 1944, el día de la semana era sábado.

Como quiera que tengo la seguridad de que el lunes siguiente a la terminación de las fiestas de mi pueblo, que entonces se celebraban del 7 al 9 de mayo, inclusive, aquel lejanísimo día 15 de mayo del citado año, festividad de San Isidro, yo comenzaba a trabajar como minero, haciéndolo en el segundo turno que lo era de 14 a 22 horas. El primer trabajo que se me encomendó, por supuesto en el exterior, con otro compañero, fue la extracción del pozo de las espuertas del carbón que desde el interior del pozo se nos embarcaban por los compañeros que lo hacían en el interior. Dado a que aquella explotación carbonífera se había iniciado por la escasez del mineral que entonces se padecía en el país, y que llevaban funcionando hacía algo mas de dos años, todas las instalaciones existentes lo eran de tan escasa importancia, y que por supuesto no llegaba a las mismas la corriente eléctrica, que la extracción se hacía por medio de tornos, movidos a mano por un hombre en cada uno de los dos extremos del mismo y mediante la manivela instalada.

De mi pueblo hasta la mina, había una distancia de unos seis kilómetros y que a diario habíamos de recorrer a pie, en lo que solíamos emplear una hora más o menos. Así como para llegar con antelación para la hora del comienzo de la faena, aquel día, y así todos los de lunes a sábados, salía de mi casa a las doce y media de la mañana, recorrer la distancia hasta el trabajo, ocho horas tirando del torno, y el regreso correspondiente, entraba en mi domicilio allá después de las once de la noche.

Cuando trabajaba en el primer relevo, que lo era de 6 a 14 horas, había que salir de casa sobre las cuatro y media de la madrugada, regresando pasadas las tres de la tarde. Y menos mal, que el descanso dominical, comencé a disfrutarlo cuando me hice minero.

Aquí en la soledad de mi casa, pensando en que a mi citado nieto, le quedan como mínimo cuatro años, sacando curso por año, para terminar la carrera, habiendo dejado atrás los años de la guardería, del colegio y del instituto, no tengo por menor que reconocer el sacrificio que supone ese largo caminar en sus estudios, y sin salirme de su entorno,  como me ha sucedido con otros de mis nietos, en los que la mitad, ya han terminado sus carreras, y hasta me hace sentir un no se qué de compasión hacía ellos. Pero rumiando ese sentir y devolviéndolo hacía mí, como  también a mis hermanos (q.e.p.d.), no tengo por menos que comprender, que esa compasión que mis padres hubieron de sentir por nosotros, no hubo de ser menor, a la que yo siento, y seguro así será por sus padres.  Pues cuando yo llegué a trabajar en la mina, dejaba atrás cinco años trabajando en el campo, en su mayoría en una finca en la que pasábamos hasta veinte días seguidos pernoctando en el cortijo, sin ni siquiera ir al pueblo y así a lo largo del paso de los días. Sin contar aquellos seis meses que con la edad de diez años, y que precisamente también comencé en mayo, estuve de porquero.  

Luego, la perspectiva que, y aun sabiendo la dificultad que ello entraña, la oportunidad de poder colocarse en sus respectivas profesiones,  aunque de los tres que ya han terminado la carrera, dos están trabajando, el tercero acaba de terminarla, y lo que le será igual para los tres que siguen. Pero, ¿y cuál era la que yo podía percibir, por ejemplo cuando, como los diecinueve años con que contaba en el momento en que ha motivado esta entrada ? Pues, tan negra como el carbón que extraía de aquellos pozos...

Gracias a Dios, que luego las circunstancias permitieron, que seis años después de iniciarme como minero, conseguí mi ingreso en la Guardia Civil, y que me dieron pasar desde entonces, una feliz travesía por mi devenir en la vida, la que cuando menos, en el plano personal, a todos ellos, les deseo sea tan bienaventurada como a mí me ha sido, y lo está siendo, y mejor lo que Dios quiera.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Guardia Civil: FELICIDADES


Esta mañana escuchando las noticias de la radio me ha producido una gran alegría, al conocer el resultado de una encuesta, por la que, LA GUARDIA CIVIL, es la institución mejor valorada por los españoles, cuestión que viene repitiéndose desde hace algún tiempo. 

Por todos aquellos que me conocen, saben que este Cuerpo, ha sido para mí uno de los grandes "amores" de mi vida. Como creo recordar ya lo hice constar en mis memorias, escritas hace unos años, mi paso por la Guardia Civil, durante más de treinta y un años, no supuso solamente el ingreso de unos emolumentos, por cierto no muy importantes, para mi sustento y el de mi familia, sino el orgullo y satisfacción de haber formado parte del mismo y al que siempre, no escatimé empeño ni sacrificio alguno, para, que aún considerándolo un minúsculo grano de arena de cuanto supuso mi aportación, para tratar como mínimo, de que no perdiera el prestigio del que yo siempre le consideré y del que me honraba en pertenecer. Ese verde uniforme del Cuerpo, del que conservo el último que me hice con motivo de mi ascenso a Subteniente, al que llamábamos entonces "el generalato de las clases de tropa", tanto cuando lo vestía, como aun vistiendo de paisano, que lo fue durante varios años por mi pertenencia al Servicio de Información de la Comandancia, procuré, si no enaltecerlo aún más de lo que estaba y lo sigue estando, cuando menos, no denigrarlo en lo más mínimo, que como he citado, tan dentro de mí lo llevaba, que pasado ya mas del tiempo en que estuve perteneciendo al mismo, el alma se me llena de alegría cada vez que un hecho de relevancia es prestado por sus miembros, o la noticia escuchada hoy de ser la Institución mas valorada por los españoles, quizá incluso mayor que de los que yo por fortuna, y siempre no por méritos propios, sino por los de todos cuantos estaban en mi rededor, tuve la suerte de participar, y que gracias a ellos, sin duda recibí felicitaciones de las que ellos fueron los principales artífices.

Hoy, cuando se han cumplido más de SESENTA Y CUATRO AÑOS de mi ingreso en aquella Academia de la localidad de Úbeda, y superando algunas dificultades que hube de vencer para mi ingreso, además de los años pasados en activo y otros más en situación de "retirado" como siempre hemos dicho los civiles de la jubilación, tan Guardia Civil me siento, y tanto orgullo llevo de haberlo sido, que si, siete vidas tuviere, ni un instante dudaría en volver a ser como lo fui.  Otro, y sin duda el más importante premio de haber pertenecido a dicha Institución, es, que en ella dejé, y lo sigue estando, una representación de cuando menos de tanta vocación como la mía, y sin duda de mas alta graduación profesional. Me asiste cierta cosilla de que, seguro ahí, terminará  mi descendencia en el Cuerpo. Yo, mientras viva, seguiré sintiendo el orgullo y el agradecimiento de haber sido GUARDIA CIVIL.

Esta entrada de hoy, valga como agradecimiento al Instituto por haberme permitido dedicarme a una profesión a la que mas no se puede amar y querer, como yo lo hice y haciéndolo sigo.

Hasta la próxima.

jueves, 1 de mayo de 2014

Mi primera peseta

  
Sí, y como reza en el título de la entrada, digo "MI" primera peseta, porque aquel Primero de mayo de 1935, ganaba la primera peseta en mi vida, por tanto si era ganada por mí, hablo en propiedad. 

Pero vamos a salir de este batiburrillo en que creo da la sensación de que me he metido en el párrafo anterior. Resulta que el día primero de mayo del citado año, daba comienzo mi trabajo como porquero, circunstancia que tanto en mis memorias, como creo también en alguna que otra entrada en este blog ya lo he citado.

La situación económica en mi familia y cuando solo hacía tres días que yo había cumplido los diez años de edad, mis padres se veían en la tesitura de que, por el momento, abandonara la escuela y ponerme a trabajar, en la guarda de cerdos, con el ridículo emolumento de una peseta diaria. Esta ridiculez, además vista desde la perspectiva de hoy, no lo era tanto entonces, dado que el sueldo de un adulto jornalero agrícola, creo ganaba cuatro pesetas, el día que trabajaba, y aquella peseta, era el único ingreso que por el momento, y desde hacía unos meses, entraba en aquel hogar compuesto por el matrimonio y cinco hijos, del que yo era el mayor de todos, Quizá sea un tanto repetitivo en cuanto a lo de tratar de dar por buena una determinación, justificándolo que lo es obligado por mantener la supervivencia de una prole, pero quien no haya vivido una situación, tal se encontraba a la sazón, la compuesta por mis padres y sus cinco hijos, aunque yo en aquellos momentos tampoco pudiera entenderlo, no podrá núnca comprender las decisiones que en cada momento haya que tomar, y esa supervivencia, siempre estará por encima de cualquier otra circunstancia sea la que fuere.

Así, aquella mísera peseta que yo comenzaba a ganar, daba la oportunidad de que mi madre pudiera ir a cobrarla diariamente a la tienda de quien era el propietario del ganado en que yo ayudaba a su guarda, y cuando menos retirar algún que otro artículo, mucho más del que hoy pudiéramos pensar podía hacerse con una peseta, y a su vez, solicitar alguna añadidura con la promesa de abonarla tan pronto hubiere oportunidad.  

Aunque al día de hoy hayan transcurrido setenta y nueve años de aquel primero de mayo de 1935, precisamente el que ya era celebrado, al igual que hoy, como la fiesta del trabajo, recuerdo tal si lo fuera en estos momentos,  lo diligente y alegre, que cuando aún no habían asomado los primeros rayos de sol de aquel esplendoroso día de primavera, yo me dirigía para incorporarme a las órdenes de José María, abuelo de un amigo mío, que sería mi superior jerárquico en el cometido que se me asignaba. Como entonces, y a lo largo de toda mi vida así he sido, de condición y carácter alegre, recuerdo caminaba canturreando algunas de las entonces coplas de actualidad, tales como "Maricruz", "Limonero," "Rocío" y sobre todo "María de la O". Y un detalle que permanece intacto en mi recuerdo, y que reflejado está en mis memorias, y no por intrascendente que lo fuera no se me olvida, como lo fue que cuando llevaba andado aproximadamente algo más de la mitad del camino hasta alcanzar el punto donde habría de tomar mi trabajo, y sobre el tronco de una milenaria encina que se hallaba a la izquierda del camino según iba, conocida como la "Encina del Oso", y dado a que sobrado de tiempo iba, me puse a expeler el contenido de mi vejiga que iba bastante ocupada y cuya orina dirigía hacía una fila de hormigas que rápidas y diligentes caminaban tronco arriba. Baladí detalle, pero que aún haber transcurrido toda una vida, hasta me divierte hoy el traerlo al recuerdo.

No he sido persona de haber obtenido nunca grande ganancias dinerarias, pero si fuere posible el sumar desde aquella primera peseta ganada, hasta el importe de mi asignación del pasado mes de abril como jubilado, posiblemente alcanzaría una cantidad de cierta importancia. Bueno, esto es solo una ocurrencia de "hombre mayor", por no decir otra cosa.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 27 de abril de 2014

Inolvidable cumpleaños




Hoy 27 de abril de 2014 he cumplido 89 años. Con el del pasado año y el de 1944, creo han sido sin duda los que mas huella han dejado en mí.  En este día y tal vez porque no lo esperaba, confieso que todo su desarrollo me ha llegado al alma. Como digo, no esperaba que mis tres hijos estuvieran presentes en este mi 89 aniversario de mi vida, pero por inesperado seguro me ha hecho mayor ilusión. De mis nietos han estado tres, pero han faltado otros tantos, pero por razones de fuerza mayor. También han estado mis dos nueras y ha faltado mi yerno, por iguales causas.  Como no, también ha estado junto a mí, mi entrañable amiga Carmen. Lo demás, como suele decirse, todo ha salido a pedir de boca.

Cuando uno se ve rodeado de estos seres a los que se adora, todo lo demás son circunstancia que hacen que se enaltezca aún si cabe más, el hecho de su celebración. 

En un ambiente de inmensa alegría hemos estado comiendo en un restaurante, y esta vez, aunque no era mi intención, me ha salido más barato que de costumbre. Alguna vez tenía que ser. Todo esto que termino de decir, como es natural lo es plan de broma, lo que de verdad vale y como he dicho anteriormente llega al alma, es verte rodeado de todos ellos. 

A los postres, una anécdota ha hecho todavía mas divertido el final de la comida. Una comensal, de entre las muchas y muchos que abarrotaban el restaurante, no de tantos años como yo, pero sí con bastantes primaveras sobre sus espaldas, tal vez contagiada por el ambiente que se respiraba en la mesa donde nosotros estábamos dando buena cuenta de cuanto se nos ponía por delante, y cuando terminaba de encenderse la vela que sobre la tarta de cumpleaños se puso sobre la mesa y en la que con dos dígitos, el ocho y el nueve, que desde la mesa de esa señora sin duda se divisaba, y tal vez extrañada de que yo cumplía tal número de años, llegándose hasta mí y en un tono desenfadado y simpático, hasta me dijo que  "terminaba de enamorarse de mí", por lo que siguiendo la corriente y correspondiendo  a su simpatías, hemos pasado un rato muy, muy agradable.

Como citaba al principio un día de esos inolvidables, de los que a lo largo de la existencia calan hasta lo mas profundo de los sentimientos y lo que nunca se olvida.

También como se citaba anteriormente, el "cumple" del pasado año, que fue celebrado con una cena en vez de comida como la del presente. y como creo ya se hizo constar en otros relatos, fue otra de las que destacan sobre otras muchas.

Y por último, aquel mi decimonoveno cumpleaños, o sea de hace setenta años, que fue cuando abandonaba mi trabajo que durante cinco años había estado realizando en la Calera, con el añadido de que fue el último día que pase con la que había sido mi primera novia en la vida, es asimismo difícil de olvidar. Así han pasado los años y yo aun sigo por estos andurriales, y como creo que alguien dijo, nunca uno es tan viejo que no tenga esperanza de vivir cuando menos un año más, así espero que los noventa cuando menos, espero cumplirlos. Los demás, Dios dirá.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 20 de abril de 2014

Veinte años de orfandad


Hoy se cumplen veinte años del fallecimiento de mi madre. Cuando una madre se muere, se lleva gran parte de la vida de uno. Ese flanco que desde el mismo instante en que se nace, ha estado amorosa y permanentemente cubierto contra todo y contra todos por la madre, queda desguarnecido y huérfano de esa bendita protección que hasta entonces te ha estado protegiendo, y, sin que nada ni nadie, pueda sustituirla. Hasta que una madre no muere, no se siente uno huérfano como tal, y nunca, nunca, nunca se olvidan todos aquellos cuidados, tantos desvelos y ese infinito cariño del que creo que solo una madre es capaz de sentir hacia un hijo.

Sirva esta corta, pero sentida entrada en este blog, como un amoroso recuerdo y agradecimiento, a todo cuanto supo luchar durante tantos años por sacar a su prole adelante, en circunstancias tan difíciles, como las que a ella le toco vivir.

Que Dios le haya deparado la dicha de tener junto a ella, a todos sus hijos que ya le siguieron el camino del Cielo.

Hasta la próxima.

viernes, 18 de abril de 2014

Lo de unas a otras Semanas Santas



El llegar a tener tantos años como yo tengo, cuando menos tienes la ventaja de haber conocido muchas cosas de la vida. Hoy es sin duda el centro de todo cuanto se encierra en las celebraciones de la Semana Santa. Yo, como he citado anteriormente y por eso de llevar tantos años por esta vida, voy a referirme a como he vivido algunas de estas festividades religiosas, comenzando como es natural, guardando el orden cronológico como las he ido viviendo. 

Recuerdo aquellas de cuando yo era niño, antes de la Guerra Civil española, en que un Jueves Santo, yo fui elegido, entre otros once niños, para "el lavatorio" en que el sacerdote nos lavó los pies, y éramos los que mejor nos sabiamos el catecismo. Para tal acontecimiento, mi madre lo más especial que hizo, además de lavarme los pies casi hasta hacerme sangre, y eso que íba para que me los lavara el sacerdote, fue comprarme unos zapatos nuevos, y que como si hubiere sido como uno de los grandes despilfarros, ¡cuántas veces dijo que le habían costado trece pesetas!

También, en aquellos años, el Sábado de Gloria, tan pronto las campanas comenzaban a repicar por la resurrección del Señor, los niños íbamos a la iglesia con un recipiente donde el cura nos echaba un poco de agua bendita, y luego, en mi caso, mi madre rociaba la casa con aquella agua. No se me olvida, que yo llevaba todos los años una lechera de aluminio de un medio litro aproximado de capacidad, donde recoger el agua. Una vez la vivienda era rociada, se salía a la calle y se recogían trece piedrecitas pequeñitas, que en mi pueblo llamábamos "chinatos" y se lanzaban sobre el tejado del edificio, y todo ello decían que era para expulsar a los demonios de los hogares.

Luego vino la segunda parte: las Semanas Santas durante la Guerra Civil, en que  los años de 1937-38 que nos cogió en zona roja, ni siquiera se comentaba nada, ni había noticia alguna en relación con la misma, asi que pasaban totalmente desapercibidas. Luego la de 1939, como comenzó precisamente al siguiente día de terminar la guerra, o sea del 2 al 9 de abril, y  que aún estábamos en el exilio, y con el laberinto y jaleo del fin de la guerra, tampoco tuvimos noticia de que en tales días era dicha festividad.

Después, todas las posteriores y precisamente las próximas a la fecha de la terminación de la contienda bélica, eran de unas exigencias en su cumplimiento tal mente exageradas, al punto de que solamente se podía emitir música sacra, en las emisoras de radio, entonces claro no  había televisión, tampoco en mi pueblo ni siquiera cine, se les prohibían programas de canciones que no fueran las religiosas, incluso las señoras de cierta edad, si algún niño se permitía ir cantando por la calle, solían decirte: "¡Niño no sabes que está muerto el señor y no se puede cantar!". Y eso no quiero penséis es una invencion mía, ni eran casos excepcionales, que se oía con relativa frecuencia, y especialmente, el núcleo más duro eran los Jueves y Viernes Santo. En esos días los bares permanecían cerrados, y precisamente en Villaharta, mi pueblo,  el mejor bar que había, al que llamábamos "casino", que como los demás, estaba cerrado, tenía una puertecita por uno de los laterales del edificio, por donde metían las mercancías, y el propietario la dejaba solamente encajada, y los jóvenes, con solo empujarla un poco, nos metiamos dentro del local, donde además de tomarnos alguna copa, pasábamos un rato jugando al dominó o a las cartas. Eso sí, las ventanas que daban a la calle, habían de estar totalmente cerradas. También en los días citados anteriormente,  del Jueves y Viernes Santo, ni siquiera podían tocar las camapanas y todos los actos religiosos que habian de celebrarse en la iglesía, eran anunciados mediante el toque de la "matraca". La misma consistía, cuando menos la que había en mi poueblo, de un tablero de madera, que tenía en cada uno de sus costados, una especie de martilletes metálicos, y que haciendola girar, esos martilletes al golpear sobre la madera producía un ruido, poco agradable por cierto. La matraca era tocada por los jóvenes y los niños, que pasando por todas las calles del pueblo a la par que se producía el ruido de la misma, se anunciaba la hora y y el acto litúrgico que se celebraría en la iglesia. Entonces teníamos la costumbre. de que cuando pasábamos junto al Cuartel de la Guardia Civil, donde había un pilar,  echábamos la matraca al agua, que decíamos  que era para enfriarla. El caso es que cuando la madera estaba mojada, el sonido no era el mismo de como cuando estaba seca. 




Como indicaba anteriormente el sonido de la matraca era poco agradable, y por tanto cuando un niño estaba molestando, se decía en mi pueblo: "Niño deja ya de dar la matraca", pero nosotros lo pasábamos estupendamente tocándola y se pasaban muchas horas del día, bastanbe distraidos. Cada vez que se daba una vuelta por el pueblo, se volvía por la iglesia para recibir instrucciones de cual iba ser el próximo acto litúrgico y la hora del mismo, para irlo anunciando mediante el toque de la matraca.

De las celebraciones de aquellas Semanas Santas, a como se hace hoy, incluso en los pueblos, creo no existe la menor coincidencia. El silencio en las calles, y que decir dentro de las iglesias, durante estas festividad, podía cortarse.

Durante el tiempo que estuve en mi pueblo, y después en varias ocasiones, he asistido a la costumbre que había, y que aun persiste, de celebrar un día de campo al que se le llama "la merendilla", la única diferencia es que antes se celebraba el Domingo de Resurreción, y ahora suele hacerse el sábado, aunque como es sabido, ya no es Sábado de Gloria, sino Sábado Santo. Pero saltándose un tanto las reglas de la iglesia, y con el fin de que los asistentes a la merendilla les de tiempo a marcharse a sus actuales destinos o residencias el domingo, ahora, como queda dicho, la suelen celebrar el sábado. Mañana es "El día de la Merendilla" en mi pueblo. Llevaba varios años asistiendo a la misma, pero este año no ha podido ser. Que les aproveche el buen yantar que se practica en esa celebración y que lo pasen bien todos mis paisanos y quienes allí vayan.   

Hasta la próxima entrada.

sábado, 12 de abril de 2014

Tres de las etapas por las que he atravesado en mi vida


Hoy 12 de abril ya casi expirando las últimas horas del mismo, y con mucho mejor estado de ánimo que el que tenía cuando mi última entrada, en esta confortable soledad de mi domicilio, que como reza el dicho "en ninguna parte se está como en la propia casa",  en las mismas puertas de otra Semana Santa, de las muchísimas que llevo ya pasadas en esta bendita Málaga, y al traer al recuerdo efemérides de las que sucedieron en un doce abril de las que yo guardo memoria, son tres las que, bien por lo que afectó a todo el país o en mí personalmente, voy a dar cuenta de ello, siguiendo el orden cronológico en que acaecieron.

La primera de ellas, y en este caso fue quizá uno de los acontecimientos mas destacados, de lo que supuso para España, fueron las elecciones municipales de aquel 12 de abril de 1931, y que en su consecuencia dos días después se proclamó la II República Española. El resultado de tal evento, ni estoy capacitado para ello, ni a mi me corresponde hacerlo, si no que el traerlo a colación, es solo por el mero hecho, intrascendente quizá, de que es uno de los primeros acontecimientos que guardo con gran nitidez en mi memoria. Y se trata de lo siguiente. 

Como quiera que el colegio electoral había sido instalado en el edificio de la escuela a la que yo asistía, por cierto el único para "niños" que había en el pueblo, un primo mío, un amigo y yo, los tres de la misma edad, seis años, aun sin cumplir por ninguno de los tres, decidimos darnos un garbeo solo por ver lo que allí se hacía. Solo fue aproximarnos a la puerta del local y uno de los dos Guardias Civiles que se hallaban de servicio, con un tono algo más que imperativo, o como suele decirse con "cajas destempladas", nos echó de allí, diciéndonos que nos alejáramos lo mas posible. Como es natural, la orden fue cumplida sin reparo alguno.

Del resultado de aquellas elecciones, como he citado anteriormente, me doy por excusado de hacerlo.

12 de abril de 1939. Después de dos años y medio de haber permanecido exiliados durante la guerra civil, toda mi familia, por distintos puntos del Valle de los Pedroches, regresaba a mi pueblo. Durante todo el tiempo permanecido fuera de donde habían transcurrido  los primeros once años de mi vida, creo que ni un solo día transcurrió sin que pasara por mi pensamiento el cuándo y cómo volvería por aquellos entornos inolvidables. Creo que en otras ocasiones en este mismo blog he tratado de ello, y por supuesto en mis memorias, y pese a que regresábamos sin tener noticia de mi padre desde hacía casi un mes, donde llevaba en el frente de guerra de Extremadura desde hacía unos seis meses, cuando al llegar al punto conocido por el Puerto Giner, a un kilómetro de las últimas casas del pueblo y desde donde se obtenía la primera vista del mismo, un no se qué, corría por todos los sentidos de mi ser, sin que ninguna otra circunstancia igual me haya sucedido a lo largo de toda mi existencia, y que como obnubilado iba recorriendo todas las calles hasta llegar hasta la que siempre fue la casa de mis abuelos maternos, donde quedamos alojados por algún tiempo. Luego el encuentro con mis antiguos amigos de los que hacía años no había visto, fueron dándome alguna que otra alegría,  a lo largo de varias fechas.

12 de abril de 1946. Pasaba mi primer día como recluta en el Regimiento de Artillería número 14 sito en el punto conocido por "Pineda", de la capital sevillana, donde habíamos llegado sobre las tres de la madrugada de aquel día. Creo, no creo, estoy seguro, que mi ingreso y paso por el ejército, han sido sin duda una de las circunstancias que a la postre mas han influido en el discurrir de mi vida. Si tuviese que consignar con una nota académica, lo que supuso mi decisión de abandonar el trabajo de la mina donde me hallaba cuando me llegó la hora de incorporarme, y como creo también lo he citado en muchas ocasiones, podía haberme librado del servicio militar continuando en el trabajo que realizaba, como digo, la nota que constaría, no podía ser otra que la de MATRICULA DE HONOR. Pese a los inicios de tan importante cambio en la vida de un ser que hasta entonces, solo había sido trabajar, trabajar y trabajar, la mayoría del tiempo en el campo,  y los dos últimos años en la mina, lo que supusieron los dos años y medio de servicio en filas, igual tiempo que permanecimos exiliados, fueron como citaba al principio de este relato, conformaron el que durante y a lo largo de la inmensa mayoría de mi ya larga vida, haya sido de una continuada dicha,  felicidad y goce de la misma, en todos los sentidos. Bendita aquella decisión tomada.     
En las postrimerías de este doce de abril de dos mil catorce, con un estado de ánimo como indicaba al principio, muy elevado, aquí doy por concluso este relato de un doce de abril y que volviendo el recuerdo hasta aquel primero de los citados en esta entrada,  QUE LEJOS QUEDAN AQUELLOS TIEMPOS, Y QUE DIFERENTES DE LOS ACTUALES, GRACIAS A DIOS PARA BIEN.

Hasta la próxima.

domingo, 6 de abril de 2014

El primer vuelo


Ningún otro momento hay mas adecuado para pensar que la soledad. Hoy, seis de abril de 2014, en esta soledad y del silencio de un domingo en que ni siquiera las voces de los niños se escuchan jugar en la calle, y como quiera que mi mente, hoy algo molesta, que no sé de que pueda ser, aunque lo propio lo será de los años que hace de lo sucedido al que voy a referirme.

Pues sí, hoy se cumplen  68 años en que por primera vez salía de junto las faldas de mi madre. Era el primer vuelo que daba y del que ya, ella no podía estar pendiente del resultado. Salía de mi pueblo para incorporarme al ejército, o a la mili como se le decía en el argot popular. Ventiún días me faltaban para cumplir los veintiún años. Hoy, por supuesto me faltan los mismos días, pero para cumplir los ochenta y nueve.

Y me pregunto qué queda de aquel jovencito, aún barbilampiño, aunque ducho en diversas, y hasta penosas algunas, clases de trabajo? Como no, también, de una adolescencia y primera juventud , con muchas carencias y penalidades, mas  de la que hubiere deseado, pero también, queriendo penetrar con el pensamiento en la incertidumbre de lo que Dios y el destino le tuvieren guardado. De buen talante iba dispuesto para poder afrontar cuanto fuere necesario, sobre todo en lo que en encontrar una situación personal mejor de la que atrás dejaba. Y la respuesta a esa pregunta,  yo diría, que como persona, sin entrar en el estado físico del aquel entonces al hoy, que como es natural no admite comparación alguna, sí como persona, los mismos sentimientos, igual grado de sensibilidad, dejado atrás  la mayor parte del grado de timidez que hube de vencer con gran tesón, la misma entrega y comportamiento para mis deberes, aunque pocos, por no decir escasísimos son los que me quedan. Eso sí, todo lo que antaño eran incertidumbres, por lógica fueron resueltas y lo que antes era un mirar hacía aquel incierto futuro que pudiera tener reservado, hoy miro con la certeza de cuanto he ido dejando atrás  a lo largo de los años. Por más que satisfecho me doy de cuanto conseguí, principal y particularmente, la descendencia que por lógica no he de tardar en dejar atrás, como también por imperativo del paso de los años, muchos girones del alma se me han ido arrancando al tener que decir adiós a muchos seres queridos, que se nos adelantaron en el abandono de este mundo, y como no, el goce de lo plancentera de esta última etapa de mi vida, que aquí si, ni que a soñar que me hubiere echado. nunca hubiere acertado con lo placentero y querido por todo mi entorno que esta siendo, al punto de que a los míos, solo pido a Dios les conceda lo pasen como yo lo estoy haciendo.  También, como no, la experiencia que da el paso de los años y las circunstancias por las que hay que atravesar, dejan poso de sapiencia en el anciano, que quizá la propia inercia del ímpetu con que el joven se desliza en su momento, no llega a poder observar. Pero como no, lo que mas echo de menos de aquel que dentro de unos día sería recluta y después artillero, es lo lleno de vida que se encontraba, el poco sacrificio que exigía cualquier eventualidad, con lo que había que ejecutar, y ahora, pensar antes de acometer acción que exija como mínimo el siquiera caminar, aunque como en mi caso es, todo cuanto había de caminar por la vida, creo que lo tengo mas que andado. 

Hasta la próxima, y que me encuentre mejor de ánimo y de alguna que otra dolencia.