miércoles, 4 de junio de 2014

Revoltijo



Como figura en el título dado a la entrada de hoy, ésta se va a convertir en un verdadero revoltijo.

En primer lugar y como quiera que será lo menos interesante para mis queridos lectores, excepción hecha de los míos más próximos, comenzaré por lo que atañe a mí personalmente. 

Tal día como hoy, pero de 1958, aprobaba en Madrid el examen para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Como he citado anteriormente, supuso para mí la consecución de una de las aspiraciones mas deseadas hasta entonces. Aquel ascenso conseguido al siguiente año, y una vez realizado el curso correspondiente, dio los frutos, incluso superiores a los que hubiera podido soñar. Un telegrama urgente a mi mujer, a mis padres y al Servicio de Información de la Guardia Civil de Málaga donde prestaba mis servicios, fue la manera de informar a quienes debía hacerlo. Hoy lo hubiera hecho empleando otros métodos mas en boga, de los que entonces ni siquiera podían imaginarse.  Ah, y el día anterior, contemplé por vez primera lo que era la televisión. Me extrañó la nitidez de incluso como se veían elevarse las volutas de humo que desprendían los cigarrillos que alguno de los presentes en el plató se estaba fumando. Cinco años después compraba yo el primer televisor. 

Sin que quiera extenderme más sobre este particular y personal acontecer, paso a los siguientes, que creo corresponde al tema que acapara el momento actual.

Como digo y se refiere el párrafo anterior, se trata de la abdicación de S.M. el Rey de España y como veréis, soy muy respetuoso en la cuestión de tratamientos. Pero pongamos cuando menos orden en el detalle de los aconteceres, y lo haré constar según el orden cronológico de haber sucedido. Allá voy.

Aquel 12 de abril de 1931, fecha en la que se celebraban unas elecciones municipales en toda España, sin duda el ambiente debía ser tan extraordinario, que en mí, y que solo contaba seis años de edad, al igual que un primo y un amigo mío, de la misma edad, tenía la curiosidad de ver lo que acontecía en el colegio electoral instalado en mi pueblo y, que lo era por cierto, en el local de la escuela de niños, a la que yo asistía, e invitados mi primo y amigo antes indicados, nos trasladamos hacía allí y que tan pronto estuvimos a la vista de la pareja de la Guardia Civil que se hallaba de servicio, fuimos echados por uno de los guardias, como suele decirse, con cajas destempladas. Hoy comprendo, que el ambiente no era el mas apropiado donde estuvieran tres niños de nuestra edad.

Dos días mas tarde y tras grandes movilizaciones de personas en la inmensa mayoría de pueblos y ciudades de España, se proclamaba la II República Española. También yo viví los ocho años que duró la misma.

Como no es de mi competencia, a la vez que mi propósito de no tratar en este blog cuestiones de política, religión ni fútbol, de lo que, entre los no mis muchos lectores, encontraría diversidad de opiniones al respecto, me abstengo de exponer mi consideración sobre el tema, aunque sin duda lo tenga de ello.

El último periodo de la II República, estuvo sucedido por la Guerra Civil que duró cerca de tres años, y que  exactamente dos años y medio de la misma, la pasé con mi familia en el exilio, por diversos puntos del Valle de los Pedroches, y eso sí, siempre en el campo, excepto la primera semana del  mismo, que lo hicimos en la localidad de Pozoblanco. El cómo la pasamos, aunque fuere a grandes rasgos, se precisarían bastantes folios  para contarla, a la vez que como digo con la segunda república, y que cada uno, como se dice,  "cuenta la feria según le va", también dejo para quién le corresponda o le parezca bien hacerlo, el inicio, desarrollo, y el final de la misma, así como sus causas y  consecuencias.Para aquel exilio yo partí como un niño y volví ya adolescente.

Con la terminación de la guerra civil, se comenzó la etapa del llamado "franquismo" y que este periodo de mas de treinta y seis años, me tocó vivirlo mas de cerca y del que, como el resto de los españoles me hizo formar parte, y precisamente durante ese tiempo, sin duda transcurrió lo mas importante de mí, personalmente, de la familia de quien procedía y de la que, luego yo llegué a formar. En ese largo periodo de mas de treinta y seis años, sin duda llegó a suceder lo mas importante por cuanto a esa familia que llegué a formar, de la que tan orgulloso me siento de así haberlo sido, al punto de que sus consecuencias se han extendido hasta el día de hoy.

Y por último, el motivo que me ha traído hoy a entrar en este batiburrillo de acontecimientos, y que no es otro que esa abdicación del Rey, del que así mismo llevamos vivido cerca de treinta y nueve años, desde su coronación. En este periodo, también para mi vida personal y familiar, ha supuesto una serie de acontecimientos, por suerte la mayoría de feliz acaecimiento, lo que, no por ello, algunos lo hayan sido de lo mas doloroso que darse puedan.

Así, y a bote pronto volviendo la vista hasta el advenimiento de la segunda república, me digo para mí: Cómo es posible que el tiempo haya pasado tan raudo, que incluso me parezca imposible de que yo haya sido testigo de todo ello... Habiendo sido esa la causa de traerlo hoy a colación, y de lo que sí estoy seguro, es que de otro periodo de la duración de los dos señalados anteriormente yo no seré observador de su final.   

Con respecto a lo señalado de no querer hacer comentario alguno por cuanto a mi consideración sobre los particulares expuestos, es lo que ya he dejado dicho, aunque no me importa señalar, es el modo y forma en que el paso de los años nos lleva a pensar y forma de ver la vida, ya que en cualquier tema, cuando somos jóvenes, podemos pensar como pirómanos y cuando se llega a ciertas alturas de la vida, solemos hacerlo como bomberos. El sosiego de todo orden, en las personas, suele traernóslo la acumulación de primaveras, veranos, otoños e inviernos. 

Hasta la próxima entrada.

viernes, 30 de mayo de 2014

Día de Canarias


Si para la entrada anterior, que fue ayer, me dormí en los laureles, para esta de hoy, solo han pasado veinticuatro horas. No recuerdo haber hecho una entrada en este blog al día siguiente de haber realizado otra. ´

                             

Desde cuando era niño y que comencé a ir a la escuela, sentí un no sé qué, por las que también se ha dado en llamar las "islas afortunadas". Aquello por lo que llegó a llamarme la atención, y quizá me caló tanto, que diría que hasta  llegué a quererlas, no fue otra cosa que una palabra. Como no tendría más de seis años cuando ya, y como me gustaba tanto estudiar, y que los que hoy llamaríamos libros de texto, eran para nosotros, los que sólo tuvimos la oportunidad de ir a la escuela, la Gramática, Geometría, Aritmética y Geografía.

                                                

Estudiando éste ultimo citado, me sorprendió grandemente cuando por vez primera leía la palabra, tan larga y extraña para mí hasta entonces, como era la de "archipiélago", refiriéndose precisamente a las Islas Canarias, y como no, también, a las Baleares, pero como digo, fue precisamente estudiando las primeras. Otra cuestión de lo que también me llamaba la atención, de ese archipiélago, era, porque tenía el monte más alto de España, ya que al estudiar las montañas, precisaba que el monte más alto de la Península, como con un acento tan dulce lo pronuncian los isleños canarios, refiriéndose a lo que nosotros escuetamente decimos España, era el Mulhacén de Sierra Nevada, pero, así lo especificaba, el de España, era el Teide, sito en la Isla de Tenerife. 

                           

Pero ¿y como me ha dado a mí hoy el avenate de escribir sobre Canarias?  Pues nada más y nada menos, porque al ser hoy el día de, lo que ya llamamos Comunidad Canaria, y que por esta humilde entrada felicitó a todos los isleños de nacimiento, y los que aún no siéndolo, se sientan como tales, así como a los residentes, donde en una de sus islas, y precisamente en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife  reside y trabaja mi nieto, que me presta su colaboración con la denominación de editor, aceptada de mutuo acuerdo,  en estos menesteres del blog, y como se da la circunstancia, que al igual que a él ahora, a mí me sucedió  hace sesenta y cuatro años, que vine destinado a Málaga, tan a gusto y bien acogidos nos sentimos, que hemos tomado como una segunda "patria", él a la citada de Santa Cruz de Tenerife y yo a esta bendita Málaga, y quiera Dios, que tanta dicha y felicidad como a mi me ha proporcionado durante tantos años en los que llevó aquí, se los otorgue a el tanto allí, como si algún día decidiera cambio de destino.

                                 

Una de las espinitas que llevo clavadas en mi corazón es que ninguno de los dos archipiélagos españoles conozco, y aunque algo maduro me coge, quien sabe si todavía no puede llegar la oportunidad de que cuando menos, el de las afortunadas, no pueda darse la ocasión de conocerla, aunque las siete islas, me temo quedaran para hacerlo allá, cuando el viaje no me cueste nada.

Con un fuerte abrazo para mi editor, y haciéndolo extensivo a todos los canarios, doy por conclusa esta entrada.

                               

Hasta la próxima.

jueves, 29 de mayo de 2014

Ligeras desilusiones


El domingo 18 del actual, como venía deseándolo desde hacía incluso años, y al no tener otra cosa más importante que hacer, me fui a visitar el Cuartel de la Guardia Civil de la Parra sito en el interior del puerto de esta capital, donde estuve prestando servicio por espacio de unos diez años, o sea desde 1960 a 1970, del pasado siglo. No se si por que era joven, porque durante el mismo periodo en que desempeñé dos cometidos de índole distinta, tuve una actividad  bastante extensa y a su vez diversa, el caso es que tenía, y aún lo sigo teniendo, un grato recuerdo de mi paso por ese acuartelamiento.  

Comenzaré por aclarar que el nombre de Cuartel de La Parra, se debe a que un antiguo cuartel que estaba situado en lo que hoy es plena Plaza de la Marina, y que por cierto que cuando yo vine destinado a la Aduana de Málaga en 1951,  todavía estaba, pero no así una parra que decían había existido a la puerta del acuartelamiento. Cuando con motivo de la remodelación de la mencionada Plaza y fue derruido se construyó otro en el interior del puerto, cerca del entonces edificio de la Estación de Suburbanos que aún existe, y por cuyo motivo y en recuerdo al antiguo Acuartelamiento, se continuó llamando con tal nombre. 

Así, y sin duda por sentir ese gusanillo del recuerdo de cuando se es joven y donde se han pasado algunos años de la vida desempeñando una profesión de la que siempre estuve, y lo sigo estando, completamente enamorado de ella, y en una palabra, sintiéndome totalmente a gusto y feliz de todo ello, sentía ese deseo por volver, ver y comprobar si aquel cuartel, aquel ambiente y aquella  actividad del personal del Cuerpo, era igual o era ya totalmente distinta a como lo era cuando yo estaba.

Hacía una magnífica mañana de primavera, un sol radiante y serían las diez y media aproximadamente cuando llegaba a las puertas de aquel Cuartel que para mí lo había sido como mi propia casa. Junto a la misma puerta había dos guardias, sin duda en uniforme de servicio, pero sin una prenda siquiera igual de las que se usaban cuando yo lo prestaba, e incluso ni el color verde característico del Cuerpo. El Guardia mas próximo a mí cuando llegué, bastante alto y no delgado, de unos cincuenta años de edad, poco más o menos,  y a un metro mas o menos separado del primero, otro con igual tipo de uniforme, de igual o parecida edad, solo que de menor estatura y menos voluminoso. Ambos destocados, no se si seguirá utilizando la gorra que los servicios de Especialistas usábamos entonces.  Tan pronto llegué, di los preceptivos buenos días, siéndome contestado por ambos, aunque al parecer no con mucho entusiasmo. Hice mi presentación como tal Subteniente retirado del Cuerpo, que había prestado mis servicios en aquel cuartel durante diez años, y que iba por gusto y curiosidad de ver como estaba. El Guardia que más próximo se hallaba a mí, como poniendo cara de decir "ya viene éste a contar alguna de sus batallitas", giró en un ángulo de unos veinticinco o treinta grados y comenzó a caminar, como suele decirse, "quitándose el mochuelo de encima". El otro Guardia, aunque sin pronunciar palabra quedó mirándome fijamente, y al que dirigí la primera palabra, diciéndole que la puerta que había en la fachada este del edificio no se hallaba cuando lo construyeron de nuevo, y creo recordar me contesto que allí se encerraban los perros que se utilizaban para el servicio. Volví a preguntarle si existía todavía el Bar que había en mis tiempos, a lo que me contestó en sentido negativo. En el breve ínterin de cuanto estoy diciendo, se cruzaron dos o tres más, no sé si algunos eran guardia u otro empleo, ya que lo hacía vestidos de paisano. Como quiera que la puerta de entrada al acuartelamiento estaba abierta, a simple vista pude observar como nada de cuanto desde allí se veía existía tal lo estaba en mis tiempos. Dado a que las escasas dos o tres preguntas dirigidas al Guardia, aunque me eran contestadas con toda corrección, y sin que se precisara ser un especial observador, me dí cuenta que poca gracia despertaba en él, opté por despedirme con el consabido adiós.  

No se porqué, y perdón si estoy equivocado, me dio la sensación que el ambiente que existía entre estos miembros del Cuerpo distaba bastante del que se respiraba en aquel tiempo de cuando yo estaba en activo, y hasta me parecía, cuando menos a simple vista, no había el compañerismo de entonces. 

No tuve por menos que venirme a la memoria un artículo de la celebre Cartilla del Guardia Civil, cuya literalidad creo era:

"Ha de procurar juntarse generalmente con sus compañeros, fomentando la estrecha amistad y unión que debe existir entre los individuos del Cuerpo, aunque también podrá hacerlo con aquellos vecinos de los pueblos, que por su moralidad y buenas costumbres, deban ser apreciados y considerados".

Lo que esperaba me hubiere dado una pequeña alegría, al volver a pisar aquellas dependencias, en las que tanto trabajé, pero en las que tan feliz y a gusto me encontraba, fueron dos ligeras desilusiones: una, porque incluso por el exterior y lo poco que pude observar de interior del cuartel, en nada se parecía a como lo era; y la segunda, la indiferencia, no allí, sino en muchos ambientes como se nos acoge a los mayores. 

La inmensa mayoría de mis amistades durante el tiempo que estuve en el Cuerpo, y aún hasta la fecha, lo fueron compañeros de profesión, con ello creo dábamos cumplimiento al artículo de la Cartilla anteriormente reseñado.

No obstante todo lo dicho, reconozco nadie tiene la obligación de recibir con grandes alharacas los deseos de una llamémosle nostalgia de "mayores".

Hasta la próxima.

martes, 20 de mayo de 2014

Como para irme a segar...



Esta tarde después de venir de casa de mi hija, harto de comer, me senté en el sofá y viendo la tele me quedé dormido, como de costumbre. Al ser despertado por haber recibido una llamada telefónica, lo hice con una "galbana" encima, que me traía al recuerdo aquellos lejanos años de mi incipiente juventud, cuando por estas fechas estábamos segando cebada que era el primer cereal que llegaba a su sazón.Y digo esto, porque me he acordado de aquellos momentos en que después de la pequeña siesta que echábamos después de haber comido y cuando habíamos de volver a comenzar la faena, con, aquello sí que eran GALBANAS, con mayúscula, las manos, piernas y pies hinchados, que no se cual era el motivo, pero siempre cuando se comenzaba a segar la cebada, y con ningún otro cereal sucedía, era un sacrificio tan enorme el que había que vencer, y el dolor de las manos hasta que con el trabajo se iban calentando era tan importante, que solo quienes en aquellos tiempos tan hechos al sufrimiento estábamos, éramos capaces de soportar, y diría más, casi siempre hasta de buen talante.

El trabajo de la siega entonces era, sin duda, el de mayor dureza y sacrificio de todos cuantos se realizaban en el campo y con la particularidad, y aunque os pueda parecer un disparate a quienes lleguéis a leer cuanto voy a decir, la siega como  se hacía, era todo un arte. ¿Y porqué digo ésto? Porque el rendimiento en el trabajo de uno a otro hombre segando, podía suponer casi hasta el cien por cien del uno al otro, y con la particularidad de que el de rendimiento superior, lo conseguía con mucho menor esfuerzo que el otro,  que por mucho que se esforzara para ello, nunca llegaba siquiera a alcanzar lo que a lo mejor su compañero de pareja, como solía hacerse, alcanzaba con tanta facilidad. En ese sentido existían grandes piques, sobre todo, entre los mas habilidosos y artistas para su ejecución. Se daba también la paradoja, de que quienes más segaban, mejores gavillas hacían y por tanto los haces, los conseguían mejores y mas difíciles de que se deshicieran.

Aparte de la hoz (que no eran como las empleadas para segar hierbas o similares, sino que además de la empuñadura, tenía un llamado mango de hierro más largo que llegaba, hasta que de el, salía el trozo curvo donde se hallaba el dentado que era lo que cortaba la caña de la mies), los utensilios para segar eran: un antepecho de cuero o lona fuerte, que como se dice te cubría todo el pecho lo que evitaba que el roce de lo segado te destrozara la ropa, y lo que era peor te hiciera daño en el cuerpo; un llamado dedil que consistía en un trozo de madera, generalmente de olivo o higuera, que constaba de dos partes, la primera plana y recta para que encajaran los dedos medio,corazón y meñique de la mano izquierda, y que eran sujetos por un trozo de cuero fuerte, clavado en los bordes de la madera,  y les impedía que se salieran y con ello se evitaba que en cualquier descuido con la hoz, que solía llegar al dedil, se llevara los dedos por delante; el trozo de madera en su segunda parte formaba un ángulo agudo y terminaba en pico, y con ello era como alargar los dedos seis u ocho centímetros más, con lo que conseguías, previas las llaves que se iban  haciendo con varias cañas del cereal que cortaba, y así hasta conseguir una de lo que llamábamos gavilla bastante grande,  y cuyas espigas iban descansando sobre el brazo derecho conforme lo ibas segando, lo que te permitía no ir soltando lo segado cada vez que cortabas un puñado. El dedo índice, también de la mano izquierda estaba protegido por otro dedil de cuero fuerte y reforzado por su parte superior con dos o mas recortes del mismo cuero, y cuyos fines eran los mismos al del dedil de madera y cuero.

Un dato a tener en cuenta de lo que era el trabajo de la siega, que los puños de las hoces que eran de madera ligera, eran asidas con la mano con tanta fuerza que cuando terminaba la temporada de la siega, los dedos de la mano quedaban señalados en el puño. y muy marcados si se había utilizado en mas de una campaña. Las hoces que solían utilizarse en mi pueblo eran compradas en Extremadura.

Por la noche tan pronto terminabas de cenar, y que por desgracia tan escasa de calidad era como de cantidad, y que en muchos casos, como yo estuve dos años, pernoctábamos en el mismo tajo al cobijo de una encina, tendías una manta sobre un puñado de cañas del cereal, ponías una almohada, y conforme ibas cayendo sobre la piltra te ibas quedando dormido, no llegando siquiera a moverte en toda la noche de lo rendido que quedabas,  y por la mañana al levantarte, sobre todo en los primeros días, amanecías igualmente con pies, piernas y manos hinchadas y vuelta al sufrimiento. que por suerte no solía durar mas de media hora en que se se habían calentado todas las articulaciones, y desaparecía el dolor.

Hoy mi galbana no ha tenido por suerte que deshacerse en ningún obligado menester, sino que me he tomado un trago de agua fresquita, comido unos cuantos nísperos. también fresquitos, y en vez de un sacrificio, me he puesto a dejar constancia de este recuerdo, que supone para mí uno de los deleites de mi vida, como son el escribir y el leer. En aquellos años de los que he dejado testimonio, solo podía leer, y así lo hacía, cuando veía tirado en el suelo cualquier papel que algunas letras contuviera. Gracias a Dios, todo lo que de sacrificada tuve mi adolescencia y juventud, ya mi madurez personal y sobre todo mi senectud, lo han sido y lo están siendo como ni soñando lo hubiera imaginado tal. Pero, como no podía ser de otra manera, cosas de viejos...¡cómo pasa el tiempo!

Hasta la próxima entrada.

martes, 13 de mayo de 2014

De aquel abuelo de hace setenta años, al nieto de hoy


Hoy, como la inmensa mayoría de los días de lunes a viernes hago al cabo de todo el año, he ido a casa de mi hija para comer con ella, mi yerno y mis dos nietos. Generalmente suelen llegar todos pasados algunos minutos de las tres de la tarde, pero hoy, mi quinto nieto, Jorge por nombre (y que los dos últimos de los seis que tengo, son los de mi citada hija), que está cursando primero de carrera en la Universidad, ha llegado cuando menos con una hora de adelanto. Charlando con él de varias cuestiones, terminé por decirle que le faltaban ocho días para su 19 cumpleaños, concretamente el día veintiuno del actual. En esos instantes, como suele sucedernos a los, llamémosle personas mayores, y volviendo mis recuerdos hasta aquellos diecinueve años míos, le indiqué que por estas fechas y cuando hacía dieciséis días que yo los había cumplido, estaba a punto de comenzar, o ya lo había comenzado a iniciarme en el trabajo como minero.

De vuelta a mi casa, donde me encuentro, y consultado esta maravilla de Internet, me dice que tal día como hoy, 13 de mayo, pero de aquel 1944, el día de la semana era sábado.

Como quiera que tengo la seguridad de que el lunes siguiente a la terminación de las fiestas de mi pueblo, que entonces se celebraban del 7 al 9 de mayo, inclusive, aquel lejanísimo día 15 de mayo del citado año, festividad de San Isidro, yo comenzaba a trabajar como minero, haciéndolo en el segundo turno que lo era de 14 a 22 horas. El primer trabajo que se me encomendó, por supuesto en el exterior, con otro compañero, fue la extracción del pozo de las espuertas del carbón que desde el interior del pozo se nos embarcaban por los compañeros que lo hacían en el interior. Dado a que aquella explotación carbonífera se había iniciado por la escasez del mineral que entonces se padecía en el país, y que llevaban funcionando hacía algo mas de dos años, todas las instalaciones existentes lo eran de tan escasa importancia, y que por supuesto no llegaba a las mismas la corriente eléctrica, que la extracción se hacía por medio de tornos, movidos a mano por un hombre en cada uno de los dos extremos del mismo y mediante la manivela instalada.

De mi pueblo hasta la mina, había una distancia de unos seis kilómetros y que a diario habíamos de recorrer a pie, en lo que solíamos emplear una hora más o menos. Así como para llegar con antelación para la hora del comienzo de la faena, aquel día, y así todos los de lunes a sábados, salía de mi casa a las doce y media de la mañana, recorrer la distancia hasta el trabajo, ocho horas tirando del torno, y el regreso correspondiente, entraba en mi domicilio allá después de las once de la noche.

Cuando trabajaba en el primer relevo, que lo era de 6 a 14 horas, había que salir de casa sobre las cuatro y media de la madrugada, regresando pasadas las tres de la tarde. Y menos mal, que el descanso dominical, comencé a disfrutarlo cuando me hice minero.

Aquí en la soledad de mi casa, pensando en que a mi citado nieto, le quedan como mínimo cuatro años, sacando curso por año, para terminar la carrera, habiendo dejado atrás los años de la guardería, del colegio y del instituto, no tengo por menor que reconocer el sacrificio que supone ese largo caminar en sus estudios, y sin salirme de su entorno,  como me ha sucedido con otros de mis nietos, en los que la mitad, ya han terminado sus carreras, y hasta me hace sentir un no se qué de compasión hacía ellos. Pero rumiando ese sentir y devolviéndolo hacía mí, como  también a mis hermanos (q.e.p.d.), no tengo por menos que comprender, que esa compasión que mis padres hubieron de sentir por nosotros, no hubo de ser menor, a la que yo siento, y seguro así será por sus padres.  Pues cuando yo llegué a trabajar en la mina, dejaba atrás cinco años trabajando en el campo, en su mayoría en una finca en la que pasábamos hasta veinte días seguidos pernoctando en el cortijo, sin ni siquiera ir al pueblo y así a lo largo del paso de los días. Sin contar aquellos seis meses que con la edad de diez años, y que precisamente también comencé en mayo, estuve de porquero.  

Luego, la perspectiva que, y aun sabiendo la dificultad que ello entraña, la oportunidad de poder colocarse en sus respectivas profesiones,  aunque de los tres que ya han terminado la carrera, dos están trabajando, el tercero acaba de terminarla, y lo que le será igual para los tres que siguen. Pero, ¿y cuál era la que yo podía percibir, por ejemplo cuando, como los diecinueve años con que contaba en el momento en que ha motivado esta entrada ? Pues, tan negra como el carbón que extraía de aquellos pozos...

Gracias a Dios, que luego las circunstancias permitieron, que seis años después de iniciarme como minero, conseguí mi ingreso en la Guardia Civil, y que me dieron pasar desde entonces, una feliz travesía por mi devenir en la vida, la que cuando menos, en el plano personal, a todos ellos, les deseo sea tan bienaventurada como a mí me ha sido, y lo está siendo, y mejor lo que Dios quiera.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Guardia Civil: FELICIDADES


Esta mañana escuchando las noticias de la radio me ha producido una gran alegría, al conocer el resultado de una encuesta, por la que, LA GUARDIA CIVIL, es la institución mejor valorada por los españoles, cuestión que viene repitiéndose desde hace algún tiempo. 

Por todos aquellos que me conocen, saben que este Cuerpo, ha sido para mí uno de los grandes "amores" de mi vida. Como creo recordar ya lo hice constar en mis memorias, escritas hace unos años, mi paso por la Guardia Civil, durante más de treinta y un años, no supuso solamente el ingreso de unos emolumentos, por cierto no muy importantes, para mi sustento y el de mi familia, sino el orgullo y satisfacción de haber formado parte del mismo y al que siempre, no escatimé empeño ni sacrificio alguno, para, que aún considerándolo un minúsculo grano de arena de cuanto supuso mi aportación, para tratar como mínimo, de que no perdiera el prestigio del que yo siempre le consideré y del que me honraba en pertenecer. Ese verde uniforme del Cuerpo, del que conservo el último que me hice con motivo de mi ascenso a Subteniente, al que llamábamos entonces "el generalato de las clases de tropa", tanto cuando lo vestía, como aun vistiendo de paisano, que lo fue durante varios años por mi pertenencia al Servicio de Información de la Comandancia, procuré, si no enaltecerlo aún más de lo que estaba y lo sigue estando, cuando menos, no denigrarlo en lo más mínimo, que como he citado, tan dentro de mí lo llevaba, que pasado ya mas del tiempo en que estuve perteneciendo al mismo, el alma se me llena de alegría cada vez que un hecho de relevancia es prestado por sus miembros, o la noticia escuchada hoy de ser la Institución mas valorada por los españoles, quizá incluso mayor que de los que yo por fortuna, y siempre no por méritos propios, sino por los de todos cuantos estaban en mi rededor, tuve la suerte de participar, y que gracias a ellos, sin duda recibí felicitaciones de las que ellos fueron los principales artífices.

Hoy, cuando se han cumplido más de SESENTA Y CUATRO AÑOS de mi ingreso en aquella Academia de la localidad de Úbeda, y superando algunas dificultades que hube de vencer para mi ingreso, además de los años pasados en activo y otros más en situación de "retirado" como siempre hemos dicho los civiles de la jubilación, tan Guardia Civil me siento, y tanto orgullo llevo de haberlo sido, que si, siete vidas tuviere, ni un instante dudaría en volver a ser como lo fui.  Otro, y sin duda el más importante premio de haber pertenecido a dicha Institución, es, que en ella dejé, y lo sigue estando, una representación de cuando menos de tanta vocación como la mía, y sin duda de mas alta graduación profesional. Me asiste cierta cosilla de que, seguro ahí, terminará  mi descendencia en el Cuerpo. Yo, mientras viva, seguiré sintiendo el orgullo y el agradecimiento de haber sido GUARDIA CIVIL.

Esta entrada de hoy, valga como agradecimiento al Instituto por haberme permitido dedicarme a una profesión a la que mas no se puede amar y querer, como yo lo hice y haciéndolo sigo.

Hasta la próxima.

jueves, 1 de mayo de 2014

Mi primera peseta

  
Sí, y como reza en el título de la entrada, digo "MI" primera peseta, porque aquel Primero de mayo de 1935, ganaba la primera peseta en mi vida, por tanto si era ganada por mí, hablo en propiedad. 

Pero vamos a salir de este batiburrillo en que creo da la sensación de que me he metido en el párrafo anterior. Resulta que el día primero de mayo del citado año, daba comienzo mi trabajo como porquero, circunstancia que tanto en mis memorias, como creo también en alguna que otra entrada en este blog ya lo he citado.

La situación económica en mi familia y cuando solo hacía tres días que yo había cumplido los diez años de edad, mis padres se veían en la tesitura de que, por el momento, abandonara la escuela y ponerme a trabajar, en la guarda de cerdos, con el ridículo emolumento de una peseta diaria. Esta ridiculez, además vista desde la perspectiva de hoy, no lo era tanto entonces, dado que el sueldo de un adulto jornalero agrícola, creo ganaba cuatro pesetas, el día que trabajaba, y aquella peseta, era el único ingreso que por el momento, y desde hacía unos meses, entraba en aquel hogar compuesto por el matrimonio y cinco hijos, del que yo era el mayor de todos, Quizá sea un tanto repetitivo en cuanto a lo de tratar de dar por buena una determinación, justificándolo que lo es obligado por mantener la supervivencia de una prole, pero quien no haya vivido una situación, tal se encontraba a la sazón, la compuesta por mis padres y sus cinco hijos, aunque yo en aquellos momentos tampoco pudiera entenderlo, no podrá núnca comprender las decisiones que en cada momento haya que tomar, y esa supervivencia, siempre estará por encima de cualquier otra circunstancia sea la que fuere.

Así, aquella mísera peseta que yo comenzaba a ganar, daba la oportunidad de que mi madre pudiera ir a cobrarla diariamente a la tienda de quien era el propietario del ganado en que yo ayudaba a su guarda, y cuando menos retirar algún que otro artículo, mucho más del que hoy pudiéramos pensar podía hacerse con una peseta, y a su vez, solicitar alguna añadidura con la promesa de abonarla tan pronto hubiere oportunidad.  

Aunque al día de hoy hayan transcurrido setenta y nueve años de aquel primero de mayo de 1935, precisamente el que ya era celebrado, al igual que hoy, como la fiesta del trabajo, recuerdo tal si lo fuera en estos momentos,  lo diligente y alegre, que cuando aún no habían asomado los primeros rayos de sol de aquel esplendoroso día de primavera, yo me dirigía para incorporarme a las órdenes de José María, abuelo de un amigo mío, que sería mi superior jerárquico en el cometido que se me asignaba. Como entonces, y a lo largo de toda mi vida así he sido, de condición y carácter alegre, recuerdo caminaba canturreando algunas de las entonces coplas de actualidad, tales como "Maricruz", "Limonero," "Rocío" y sobre todo "María de la O". Y un detalle que permanece intacto en mi recuerdo, y que reflejado está en mis memorias, y no por intrascendente que lo fuera no se me olvida, como lo fue que cuando llevaba andado aproximadamente algo más de la mitad del camino hasta alcanzar el punto donde habría de tomar mi trabajo, y sobre el tronco de una milenaria encina que se hallaba a la izquierda del camino según iba, conocida como la "Encina del Oso", y dado a que sobrado de tiempo iba, me puse a expeler el contenido de mi vejiga que iba bastante ocupada y cuya orina dirigía hacía una fila de hormigas que rápidas y diligentes caminaban tronco arriba. Baladí detalle, pero que aún haber transcurrido toda una vida, hasta me divierte hoy el traerlo al recuerdo.

No he sido persona de haber obtenido nunca grande ganancias dinerarias, pero si fuere posible el sumar desde aquella primera peseta ganada, hasta el importe de mi asignación del pasado mes de abril como jubilado, posiblemente alcanzaría una cantidad de cierta importancia. Bueno, esto es solo una ocurrencia de "hombre mayor", por no decir otra cosa.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 27 de abril de 2014

Inolvidable cumpleaños




Hoy 27 de abril de 2014 he cumplido 89 años. Con el del pasado año y el de 1944, creo han sido sin duda los que mas huella han dejado en mí.  En este día y tal vez porque no lo esperaba, confieso que todo su desarrollo me ha llegado al alma. Como digo, no esperaba que mis tres hijos estuvieran presentes en este mi 89 aniversario de mi vida, pero por inesperado seguro me ha hecho mayor ilusión. De mis nietos han estado tres, pero han faltado otros tantos, pero por razones de fuerza mayor. También han estado mis dos nueras y ha faltado mi yerno, por iguales causas.  Como no, también ha estado junto a mí, mi entrañable amiga Carmen. Lo demás, como suele decirse, todo ha salido a pedir de boca.

Cuando uno se ve rodeado de estos seres a los que se adora, todo lo demás son circunstancia que hacen que se enaltezca aún si cabe más, el hecho de su celebración. 

En un ambiente de inmensa alegría hemos estado comiendo en un restaurante, y esta vez, aunque no era mi intención, me ha salido más barato que de costumbre. Alguna vez tenía que ser. Todo esto que termino de decir, como es natural lo es plan de broma, lo que de verdad vale y como he dicho anteriormente llega al alma, es verte rodeado de todos ellos. 

A los postres, una anécdota ha hecho todavía mas divertido el final de la comida. Una comensal, de entre las muchas y muchos que abarrotaban el restaurante, no de tantos años como yo, pero sí con bastantes primaveras sobre sus espaldas, tal vez contagiada por el ambiente que se respiraba en la mesa donde nosotros estábamos dando buena cuenta de cuanto se nos ponía por delante, y cuando terminaba de encenderse la vela que sobre la tarta de cumpleaños se puso sobre la mesa y en la que con dos dígitos, el ocho y el nueve, que desde la mesa de esa señora sin duda se divisaba, y tal vez extrañada de que yo cumplía tal número de años, llegándose hasta mí y en un tono desenfadado y simpático, hasta me dijo que  "terminaba de enamorarse de mí", por lo que siguiendo la corriente y correspondiendo  a su simpatías, hemos pasado un rato muy, muy agradable.

Como citaba al principio un día de esos inolvidables, de los que a lo largo de la existencia calan hasta lo mas profundo de los sentimientos y lo que nunca se olvida.

También como se citaba anteriormente, el "cumple" del pasado año, que fue celebrado con una cena en vez de comida como la del presente. y como creo ya se hizo constar en otros relatos, fue otra de las que destacan sobre otras muchas.

Y por último, aquel mi decimonoveno cumpleaños, o sea de hace setenta años, que fue cuando abandonaba mi trabajo que durante cinco años había estado realizando en la Calera, con el añadido de que fue el último día que pase con la que había sido mi primera novia en la vida, es asimismo difícil de olvidar. Así han pasado los años y yo aun sigo por estos andurriales, y como creo que alguien dijo, nunca uno es tan viejo que no tenga esperanza de vivir cuando menos un año más, así espero que los noventa cuando menos, espero cumplirlos. Los demás, Dios dirá.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 20 de abril de 2014

Veinte años de orfandad


Hoy se cumplen veinte años del fallecimiento de mi madre. Cuando una madre se muere, se lleva gran parte de la vida de uno. Ese flanco que desde el mismo instante en que se nace, ha estado amorosa y permanentemente cubierto contra todo y contra todos por la madre, queda desguarnecido y huérfano de esa bendita protección que hasta entonces te ha estado protegiendo, y, sin que nada ni nadie, pueda sustituirla. Hasta que una madre no muere, no se siente uno huérfano como tal, y nunca, nunca, nunca se olvidan todos aquellos cuidados, tantos desvelos y ese infinito cariño del que creo que solo una madre es capaz de sentir hacia un hijo.

Sirva esta corta, pero sentida entrada en este blog, como un amoroso recuerdo y agradecimiento, a todo cuanto supo luchar durante tantos años por sacar a su prole adelante, en circunstancias tan difíciles, como las que a ella le toco vivir.

Que Dios le haya deparado la dicha de tener junto a ella, a todos sus hijos que ya le siguieron el camino del Cielo.

Hasta la próxima.

viernes, 18 de abril de 2014

Lo de unas a otras Semanas Santas



El llegar a tener tantos años como yo tengo, cuando menos tienes la ventaja de haber conocido muchas cosas de la vida. Hoy es sin duda el centro de todo cuanto se encierra en las celebraciones de la Semana Santa. Yo, como he citado anteriormente y por eso de llevar tantos años por esta vida, voy a referirme a como he vivido algunas de estas festividades religiosas, comenzando como es natural, guardando el orden cronológico como las he ido viviendo. 

Recuerdo aquellas de cuando yo era niño, antes de la Guerra Civil española, en que un Jueves Santo, yo fui elegido, entre otros once niños, para "el lavatorio" en que el sacerdote nos lavó los pies, y éramos los que mejor nos sabiamos el catecismo. Para tal acontecimiento, mi madre lo más especial que hizo, además de lavarme los pies casi hasta hacerme sangre, y eso que íba para que me los lavara el sacerdote, fue comprarme unos zapatos nuevos, y que como si hubiere sido como uno de los grandes despilfarros, ¡cuántas veces dijo que le habían costado trece pesetas!

También, en aquellos años, el Sábado de Gloria, tan pronto las campanas comenzaban a repicar por la resurrección del Señor, los niños íbamos a la iglesia con un recipiente donde el cura nos echaba un poco de agua bendita, y luego, en mi caso, mi madre rociaba la casa con aquella agua. No se me olvida, que yo llevaba todos los años una lechera de aluminio de un medio litro aproximado de capacidad, donde recoger el agua. Una vez la vivienda era rociada, se salía a la calle y se recogían trece piedrecitas pequeñitas, que en mi pueblo llamábamos "chinatos" y se lanzaban sobre el tejado del edificio, y todo ello decían que era para expulsar a los demonios de los hogares.

Luego vino la segunda parte: las Semanas Santas durante la Guerra Civil, en que  los años de 1937-38 que nos cogió en zona roja, ni siquiera se comentaba nada, ni había noticia alguna en relación con la misma, asi que pasaban totalmente desapercibidas. Luego la de 1939, como comenzó precisamente al siguiente día de terminar la guerra, o sea del 2 al 9 de abril, y  que aún estábamos en el exilio, y con el laberinto y jaleo del fin de la guerra, tampoco tuvimos noticia de que en tales días era dicha festividad.

Después, todas las posteriores y precisamente las próximas a la fecha de la terminación de la contienda bélica, eran de unas exigencias en su cumplimiento tal mente exageradas, al punto de que solamente se podía emitir música sacra, en las emisoras de radio, entonces claro no  había televisión, tampoco en mi pueblo ni siquiera cine, se les prohibían programas de canciones que no fueran las religiosas, incluso las señoras de cierta edad, si algún niño se permitía ir cantando por la calle, solían decirte: "¡Niño no sabes que está muerto el señor y no se puede cantar!". Y eso no quiero penséis es una invencion mía, ni eran casos excepcionales, que se oía con relativa frecuencia, y especialmente, el núcleo más duro eran los Jueves y Viernes Santo. En esos días los bares permanecían cerrados, y precisamente en Villaharta, mi pueblo,  el mejor bar que había, al que llamábamos "casino", que como los demás, estaba cerrado, tenía una puertecita por uno de los laterales del edificio, por donde metían las mercancías, y el propietario la dejaba solamente encajada, y los jóvenes, con solo empujarla un poco, nos metiamos dentro del local, donde además de tomarnos alguna copa, pasábamos un rato jugando al dominó o a las cartas. Eso sí, las ventanas que daban a la calle, habían de estar totalmente cerradas. También en los días citados anteriormente,  del Jueves y Viernes Santo, ni siquiera podían tocar las camapanas y todos los actos religiosos que habian de celebrarse en la iglesía, eran anunciados mediante el toque de la "matraca". La misma consistía, cuando menos la que había en mi poueblo, de un tablero de madera, que tenía en cada uno de sus costados, una especie de martilletes metálicos, y que haciendola girar, esos martilletes al golpear sobre la madera producía un ruido, poco agradable por cierto. La matraca era tocada por los jóvenes y los niños, que pasando por todas las calles del pueblo a la par que se producía el ruido de la misma, se anunciaba la hora y y el acto litúrgico que se celebraría en la iglesia. Entonces teníamos la costumbre. de que cuando pasábamos junto al Cuartel de la Guardia Civil, donde había un pilar,  echábamos la matraca al agua, que decíamos  que era para enfriarla. El caso es que cuando la madera estaba mojada, el sonido no era el mismo de como cuando estaba seca. 




Como indicaba anteriormente el sonido de la matraca era poco agradable, y por tanto cuando un niño estaba molestando, se decía en mi pueblo: "Niño deja ya de dar la matraca", pero nosotros lo pasábamos estupendamente tocándola y se pasaban muchas horas del día, bastanbe distraidos. Cada vez que se daba una vuelta por el pueblo, se volvía por la iglesia para recibir instrucciones de cual iba ser el próximo acto litúrgico y la hora del mismo, para irlo anunciando mediante el toque de la matraca.

De las celebraciones de aquellas Semanas Santas, a como se hace hoy, incluso en los pueblos, creo no existe la menor coincidencia. El silencio en las calles, y que decir dentro de las iglesias, durante estas festividad, podía cortarse.

Durante el tiempo que estuve en mi pueblo, y después en varias ocasiones, he asistido a la costumbre que había, y que aun persiste, de celebrar un día de campo al que se le llama "la merendilla", la única diferencia es que antes se celebraba el Domingo de Resurreción, y ahora suele hacerse el sábado, aunque como es sabido, ya no es Sábado de Gloria, sino Sábado Santo. Pero saltándose un tanto las reglas de la iglesia, y con el fin de que los asistentes a la merendilla les de tiempo a marcharse a sus actuales destinos o residencias el domingo, ahora, como queda dicho, la suelen celebrar el sábado. Mañana es "El día de la Merendilla" en mi pueblo. Llevaba varios años asistiendo a la misma, pero este año no ha podido ser. Que les aproveche el buen yantar que se practica en esa celebración y que lo pasen bien todos mis paisanos y quienes allí vayan.   

Hasta la próxima entrada.

sábado, 12 de abril de 2014

Tres de las etapas por las que he atravesado en mi vida


Hoy 12 de abril ya casi expirando las últimas horas del mismo, y con mucho mejor estado de ánimo que el que tenía cuando mi última entrada, en esta confortable soledad de mi domicilio, que como reza el dicho "en ninguna parte se está como en la propia casa",  en las mismas puertas de otra Semana Santa, de las muchísimas que llevo ya pasadas en esta bendita Málaga, y al traer al recuerdo efemérides de las que sucedieron en un doce abril de las que yo guardo memoria, son tres las que, bien por lo que afectó a todo el país o en mí personalmente, voy a dar cuenta de ello, siguiendo el orden cronológico en que acaecieron.

La primera de ellas, y en este caso fue quizá uno de los acontecimientos mas destacados, de lo que supuso para España, fueron las elecciones municipales de aquel 12 de abril de 1931, y que en su consecuencia dos días después se proclamó la II República Española. El resultado de tal evento, ni estoy capacitado para ello, ni a mi me corresponde hacerlo, si no que el traerlo a colación, es solo por el mero hecho, intrascendente quizá, de que es uno de los primeros acontecimientos que guardo con gran nitidez en mi memoria. Y se trata de lo siguiente. 

Como quiera que el colegio electoral había sido instalado en el edificio de la escuela a la que yo asistía, por cierto el único para "niños" que había en el pueblo, un primo mío, un amigo y yo, los tres de la misma edad, seis años, aun sin cumplir por ninguno de los tres, decidimos darnos un garbeo solo por ver lo que allí se hacía. Solo fue aproximarnos a la puerta del local y uno de los dos Guardias Civiles que se hallaban de servicio, con un tono algo más que imperativo, o como suele decirse con "cajas destempladas", nos echó de allí, diciéndonos que nos alejáramos lo mas posible. Como es natural, la orden fue cumplida sin reparo alguno.

Del resultado de aquellas elecciones, como he citado anteriormente, me doy por excusado de hacerlo.

12 de abril de 1939. Después de dos años y medio de haber permanecido exiliados durante la guerra civil, toda mi familia, por distintos puntos del Valle de los Pedroches, regresaba a mi pueblo. Durante todo el tiempo permanecido fuera de donde habían transcurrido  los primeros once años de mi vida, creo que ni un solo día transcurrió sin que pasara por mi pensamiento el cuándo y cómo volvería por aquellos entornos inolvidables. Creo que en otras ocasiones en este mismo blog he tratado de ello, y por supuesto en mis memorias, y pese a que regresábamos sin tener noticia de mi padre desde hacía casi un mes, donde llevaba en el frente de guerra de Extremadura desde hacía unos seis meses, cuando al llegar al punto conocido por el Puerto Giner, a un kilómetro de las últimas casas del pueblo y desde donde se obtenía la primera vista del mismo, un no se qué, corría por todos los sentidos de mi ser, sin que ninguna otra circunstancia igual me haya sucedido a lo largo de toda mi existencia, y que como obnubilado iba recorriendo todas las calles hasta llegar hasta la que siempre fue la casa de mis abuelos maternos, donde quedamos alojados por algún tiempo. Luego el encuentro con mis antiguos amigos de los que hacía años no había visto, fueron dándome alguna que otra alegría,  a lo largo de varias fechas.

12 de abril de 1946. Pasaba mi primer día como recluta en el Regimiento de Artillería número 14 sito en el punto conocido por "Pineda", de la capital sevillana, donde habíamos llegado sobre las tres de la madrugada de aquel día. Creo, no creo, estoy seguro, que mi ingreso y paso por el ejército, han sido sin duda una de las circunstancias que a la postre mas han influido en el discurrir de mi vida. Si tuviese que consignar con una nota académica, lo que supuso mi decisión de abandonar el trabajo de la mina donde me hallaba cuando me llegó la hora de incorporarme, y como creo también lo he citado en muchas ocasiones, podía haberme librado del servicio militar continuando en el trabajo que realizaba, como digo, la nota que constaría, no podía ser otra que la de MATRICULA DE HONOR. Pese a los inicios de tan importante cambio en la vida de un ser que hasta entonces, solo había sido trabajar, trabajar y trabajar, la mayoría del tiempo en el campo,  y los dos últimos años en la mina, lo que supusieron los dos años y medio de servicio en filas, igual tiempo que permanecimos exiliados, fueron como citaba al principio de este relato, conformaron el que durante y a lo largo de la inmensa mayoría de mi ya larga vida, haya sido de una continuada dicha,  felicidad y goce de la misma, en todos los sentidos. Bendita aquella decisión tomada.     
En las postrimerías de este doce de abril de dos mil catorce, con un estado de ánimo como indicaba al principio, muy elevado, aquí doy por concluso este relato de un doce de abril y que volviendo el recuerdo hasta aquel primero de los citados en esta entrada,  QUE LEJOS QUEDAN AQUELLOS TIEMPOS, Y QUE DIFERENTES DE LOS ACTUALES, GRACIAS A DIOS PARA BIEN.

Hasta la próxima.

domingo, 6 de abril de 2014

El primer vuelo


Ningún otro momento hay mas adecuado para pensar que la soledad. Hoy, seis de abril de 2014, en esta soledad y del silencio de un domingo en que ni siquiera las voces de los niños se escuchan jugar en la calle, y como quiera que mi mente, hoy algo molesta, que no sé de que pueda ser, aunque lo propio lo será de los años que hace de lo sucedido al que voy a referirme.

Pues sí, hoy se cumplen  68 años en que por primera vez salía de junto las faldas de mi madre. Era el primer vuelo que daba y del que ya, ella no podía estar pendiente del resultado. Salía de mi pueblo para incorporarme al ejército, o a la mili como se le decía en el argot popular. Ventiún días me faltaban para cumplir los veintiún años. Hoy, por supuesto me faltan los mismos días, pero para cumplir los ochenta y nueve.

Y me pregunto qué queda de aquel jovencito, aún barbilampiño, aunque ducho en diversas, y hasta penosas algunas, clases de trabajo? Como no, también, de una adolescencia y primera juventud , con muchas carencias y penalidades, mas  de la que hubiere deseado, pero también, queriendo penetrar con el pensamiento en la incertidumbre de lo que Dios y el destino le tuvieren guardado. De buen talante iba dispuesto para poder afrontar cuanto fuere necesario, sobre todo en lo que en encontrar una situación personal mejor de la que atrás dejaba. Y la respuesta a esa pregunta,  yo diría, que como persona, sin entrar en el estado físico del aquel entonces al hoy, que como es natural no admite comparación alguna, sí como persona, los mismos sentimientos, igual grado de sensibilidad, dejado atrás  la mayor parte del grado de timidez que hube de vencer con gran tesón, la misma entrega y comportamiento para mis deberes, aunque pocos, por no decir escasísimos son los que me quedan. Eso sí, todo lo que antaño eran incertidumbres, por lógica fueron resueltas y lo que antes era un mirar hacía aquel incierto futuro que pudiera tener reservado, hoy miro con la certeza de cuanto he ido dejando atrás  a lo largo de los años. Por más que satisfecho me doy de cuanto conseguí, principal y particularmente, la descendencia que por lógica no he de tardar en dejar atrás, como también por imperativo del paso de los años, muchos girones del alma se me han ido arrancando al tener que decir adiós a muchos seres queridos, que se nos adelantaron en el abandono de este mundo, y como no, el goce de lo plancentera de esta última etapa de mi vida, que aquí si, ni que a soñar que me hubiere echado. nunca hubiere acertado con lo placentero y querido por todo mi entorno que esta siendo, al punto de que a los míos, solo pido a Dios les conceda lo pasen como yo lo estoy haciendo.  También, como no, la experiencia que da el paso de los años y las circunstancias por las que hay que atravesar, dejan poso de sapiencia en el anciano, que quizá la propia inercia del ímpetu con que el joven se desliza en su momento, no llega a poder observar. Pero como no, lo que mas echo de menos de aquel que dentro de unos día sería recluta y después artillero, es lo lleno de vida que se encontraba, el poco sacrificio que exigía cualquier eventualidad, con lo que había que ejecutar, y ahora, pensar antes de acometer acción que exija como mínimo el siquiera caminar, aunque como en mi caso es, todo cuanto había de caminar por la vida, creo que lo tengo mas que andado. 

Hasta la próxima, y que me encuentre mejor de ánimo y de alguna que otra dolencia.

domingo, 30 de marzo de 2014

Hace un año...



En mis años mozos había una canción que llevaba por título, "Hace un año que yo tuve una ilusión" y que era interpretada por varios y varias cantantes y que era una de mis favoritas entonces. Pero no, el título de esta entrada no es para traerme al recuerdo aquella canción, si no otro de poco grato recuerdo. 

Tal día como hoy del pasado año 2013 era Sábado Santo, día de la merendilla en mi pueblo y hasta allí me llevó mi hijo Rafa y también iba acompañado por mi amiga Carmen y mi nieto el editor de esta magna obra, como es mi blog. El  propósito del viaje no era otro que el de pasarlo bien, una buena "pechá" de comer y pasar unas horas con mis sobrinas, sobrinos y quien se terciara. Pero como reza el dicho, "el hombre propone y Dios dispone", y lo que era el propósito se torció en gran parte, por aquel accidente del que ya di cuenta en mi entrada del día tres de abril del pasado año.

Una de las principales obligaciones que tengo cuando voy a mi pueblo, es ir a visitar a mi amigo del alma, Alfonso Pérez, y como digo, ya lo cité en mi entrada del tres de abril pasado, bajando una escalera cogido a la barandilla, sería por agradecimiento de mi visita o a lo mejor el deseo de venirse a Málaga conmigo (la barandilla, se entiende). El caso es que, soltándose de su arraigo en el que sin duda llevaba muchos años, los dos bajamos por el medio mas rápido que se puede y es rodando escaleras abajo hasta llegar a la  planta del piso, de cuyo resultado se me produjo un gran hematoma en la sien derecha y rostro del mismo lado.  Poco mas de dos meses después, me llegaron las consecuencias mas graves y pasé unos días algo peores que malos y aunque se dice que bicho malo nunca muere, no tan graves como las que me surgieron el pasado año, pero sí cuando menos con cierta molestia, de vez en vez suelen volverme, y hoy ha sido uno de esos días, en que, como me sucede en estos momentos, me dejan con no mucha gana de nada, pero sobreponiéndome a ello, y porque no se salga con la suya, aquí estoy rememorando esta efemérides, que a decir verdad no es que sea de lo mas divertido que me haya sucedido en la vida, sino, si seguro el "porrazo" mas grande de mi existencia. En aquella entrada del pasado año sobre el particular, no faltó a quién, y como creo nos sucede a los españoles, en estos casos de caídas, le produjo cierta risa e incluso en el comentario que puso en aquella entrada, comenzaba con aquello de " pon... pon... batacazo y chichón" y luego algunos comentarios que se hicieron con respecto a mi caída, que mas bien servía de chanza que de pena.

Pero en fin, como cito en el título ya hace un año y aquí estoy dando testimonio de ello y aunque sea con alguna molestia de vez en vez, no me importa estar narrando esta efemérides algunos, o muchos, porque no,  años venideros. Pero realmente las consecuencias que me sobrevinieron el verano pasado, físicamente me hicieron pasar unos de los días mas duros de toda mi vida.

Bueno mira, he conseguido citar el día de la merendilla del año pasado y hoy, mi comida ha sido bastante más austera y también produce menos colesterol y otras contrariedades para el organismo  de las "personas mayores".

Hasta la próxima entrada.

domingo, 23 de marzo de 2014

Toda una vida


Habrá quien pueda pensar por el título dado a esta entrada, que se refiere a uno de los célebres boleros de mi juventud, interpretado creo, por lo menos, por Antonio Machín, Los Panchos y María Dolores Pradera. No, hoy esta entrada y este título de "Toda una vida", se refiere a la mía propia. 

Poco después de la comida de hoy, cuando se comunicaba por la televisión el fallecimiento del ex-presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y cuando, sin nada ni nadie aquí en mi domicilio que pudiera turbar mi pensamiento, sumergiéndome en el recuerdo de mi propia vida, me he trasladado nada menos que hasta aquel mes de abril de 1931, en que se promulgó la II República Española.    

Aún cuando solo contaba seis años de edad, mantengo fresco  ese recuerdo de aquellas principales circunstancias que envolvieron todo aquel suceder. El exilio de los Reyes de España. Los convulsos acontecimientos de aquella época en que dió lugar a la Guerra Civil Española. Todo el acontecer de la misma. La llegada del franquismo. Los años del hambre. La muerte de Franco. La transición a la democracia, con la alternancia en el gobierno de diferente signo político, con varios presidentes de gobierno y así hasta hoy en que con el fallecimiento de Adolfo Suárez, así a grandes rasgos he resumido ochenta y tres años por lo que hasta ahora ha transitado mi vida.

Pero si en este breve párrafo he dado paso a tan largo periodo de una vida humana, en este caso la mía propia, aunque solo sea también desbrozarla un tanto sin entrar en muchas profundidades no tengo por menos que situarme en lo que eran mi propio hábitat, y claro, todo cuanto en aquella infancia suponía mi paso por ella. ¡Qué domicilio con tantas carencias de mobiliario, enseres, y lo principal, tanta escasez de los alimentos por los que atravesaba mi familia, y conste, no éramos de los peores! Qué vestimentas llevábamos los niños entonces, que en todo tiempo, un llamado babero, prenda que nos cubría hasta la altura de las rodillas y valía hasta para ocultar unas, en su mayoría raídas prendas interiores, y por supuesto entonces los niños no usábamos calzoncillos. Todos los juegos se realizaban en la calle, y eso sí, la relación entre  los niños del pueblo, varones se entiende, era cotidiana. 

Y así hasta luego atravesando todas esas etapas por las que he ido transitando hasta llegar a este hoy, que por la circunstancia mencionada, me ha hecho retrotraerme hasta aquella lejana república. De como he señalado, como era mi infancia y cómo ha cambiado la sociedad en general, que creo solo es comparable a mi propia persona, de un niño en los albores de unas vivencias en las que comencé a tener conciencia de ellas, hasta estas alturas, y que gracias a Dios no me ha sucedido como al ya difunto ex-presidente Adolfo Suárez, si no que mantengo fiel recuerdo de todo mi pasado.

Cuántos avatares suceden a lo largo de tan dilatada vida; cuántos seres queridos, han ido abandonando este mundo, cuyas heridas dejan cicatrices en el alma que jamás han de desaparecer si no lo es por la pérdida de la razón; qué diferencia en el modo y forma de mi desenvolvimiento en el último tramo de mi existencia a la que hubieron de llevar, remontándome solo hasta mis padres, por ejemplo; qué de oportunidades han tenido mis hijos y tienen mis nietos, de las que tanto yo carecí, y así sería una largo etcétera, pero del tan bienaventurado de hoy, a lo de tantas dificultades con las que habíamos de enfrentarnos antaño.

Resumiendo, si en aquellos entonces en los que comenzaba a tener conciencia de mi ser, me hubieran expuesto de como lo iba a ser en el día de hoy, en todo lo que a mi vida concierne, y para cerrar. que próximo a cumplir los ochenta y nueve años de edad, iba a estar dejando constancia de este día por el procedimiento en que lo estoy haciendo, mi entendimiento, no el de niño, sino incluso ya bien entrado en la juventud, no estaba formateado para comprender tanto adelanto. Si esta edad la hubiere tenido entonces, aún viviendo, seguro lo estaría pasando un mes en la casa de cada uno de los hijos que tuviera, compartiendo las estrecheces ese mes con uno mas, y posiblemente esperando que el fin de la existencia me llevara a dejar atrás tantos padecimientos acaecidos. Cuán distinto lo está siendo, a cómo lo hubiere sido, y que así siga.

Por mi parte, creo debemos sentir cierto agradecimiento al hoy fallecido Adolfo Suárez, por aquella transición sosegada y pacífica, solo alterada por acontecimientos de índole terrorista, en que se fueron dejando atrás, si no todas, si la mayor parte de las insidias que fueron un largo transitar de los españoles. Que Dios le acoja.  

Hasta la próxima entrada.

lunes, 17 de marzo de 2014

Porque me fui a la mili


Hoy 17 de Marzo, y desde hace exactamente 68 años, ni una sola vez me ha pasado inadvertida esta fecha. Pues como creo lo he hecho cada año por hoy, desde que tengo este blog, he traído al recuerdo, que aquel lejano diecisiete de marzo de mil novecientos cuarenta y seis se celebró el sorteo de mi reemplazo para irnos a la mili. 

Voy a prescindir en esta ocasión de volver a señalar la comilona que nos dimos aquel día y todo lo que hicimos, ya que como dejo dicho en más de una ocasión lo tengo señalado y no quiero pecar de reiterativo, aburriendo con ello a mi escasos y sufridores lectores. No obstante, y esto creo no lo he señalado quizás mas de una vez, o tal vez ninguna, si quiero hacer hincapié  en los motivos que principalmente me llevaron a incorporarme al ejército, cuando  de haberlo querido estaba exento de ello, dado a que los que trabajábamos en las minas, cuando menos en las de carbón, como era mi caso, el tiempo que permaneciéramos  en ellas. y  que nuestro reemplazo estuviera en filas, nos constaría para todos los efectos al igual que a ellos.  

Como creo que esto que voy a referir si lo he dicho en muchas ocasiones, y es que desde que era un niño una de las circunstancias que siempre me preocuparon era lo de que sería  el día que fuera mayor. Los horizontes que siempre, hasta entonces,  estuvieron a mi alcance lo eran el trabajo en el campo, como, y desde los diez años hasta los diecinueve lo estuve haciendo, y para, como suele decirse, "mayor inri", a partir de esos hasta los veintiuno que iba a cumplir cuando se celebró el sorteo, como queda expuesto me encontraba trabajando en la mina. Si tan corta era la perspectiva del horizonte para mis deseos cuando lo hacía en el campo, haciéndolo en el interior de los pozos quedaba reducido a la mínima expresión. Y es que, si no una desgracia, si cuando menos es una gran contrariedad venir al mundo en una localidad tan pequeña, sin que tus padres tuvieran posibles de proporcionarte alguna salida, de donde solo existía, como se apuntaba, pasar toda tu vida como jornalero agrícola, el mero hecho de siquiera salir para irte a cumplir el servicio militar, cuando menos a mí, parecía aportarme una bocanada de aire fresco y como mínimo, entreabrirse siquiera una puerta a la esperanza. 

Creo que la inmensa mayoría conocéis lo que fue mi paso por la "mili", que por supuesto fue lo mejor que hasta entonces me había sucedido personalmente por cuanto a mis vivencias,  y aunque terminada ella, y por causas que también he señalado en alguna que otra entrada,  hube de volver a mi pueblo sin haber conseguido mis propósitos, a no muy largo tiempo pasado, cuanto conseguí de mi paso por la milicia, de tan útil modo me sirvió, que hicieron de mi paso, en esta ocasión por la Guardia Civil, y que año y medio después de licenciarme del ejército conseguí, lo que nunca siquiera hubiere llegado a soñar.

Hoy, y próximo a cumplir los 34 años de mi "retiro", nunca terminaré de dar gracias a Dios por aquella decisión tomada, de abandonar mis últimas, y mas desastrosas de todas las penalidades sufridas a los mas de doce años, en unos y otros trabajos.

Todas las bienaventuranzas gozadas como lo han sido por aquella consecuencia, han hecho que todos esos tantísimos años como han pasado, han sido como un soplo. 

Mil veces que volviera a encontrarme en aquella encrucijada, otras tantas tomaría igual determinación.

Esta vez, como podréis observar, no he citado mi portalibros.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Volver a la niñez



Cuando al ver la fotografía que en mi entrada anterior había colocado mi editor, me produjo cierto estremecimiento, cuando ahora me disponía a realizar nueva entrada, he vuelto a la contemplación del portalibros que figura en dicha foto, y si cuando la vi entonces me caló bastante en el ánimo, hoy, tan profundo me ha llegado la impresión al volver a verla con más detenimiento, que me ha llevado a cambiar de opinión por cuanto tenía de señalar en esta fecha y, volver a hacer mención al tema anterior.

A este respecto voy a señalar, que excepto las correas que envuelven el portalibros de esa foto, sobre todo las tapas del mismo, son un fiel reflejo del que yo tenía cuando lo llevaba a la escuela. La misma clase de madera, el mismo color, una de las esquinas con una señal como de haber llevado un golpe, y tan parecidas son, que incluso no he podido remediar, que la misma emoción me haya llevado a que unas lágrimas asomen a mis ojos. Aunque en muchas ocasiones he comentado, de que al igual que le sucedía a mi padre, soy de lágrima fácil, cómo es posible que esa percepción que retenida en la memoria debo tener almacenada y de lo que seguro hacía allá cuando menos ochenta años yo no me había acordado de mi portalibros y mucho menos cual era su forma y clase, me ha hecho volver mis recuerdos hasta aquellos tiempos, tan distantes y tan distintos a los actuales, pero a la vez también, me han traído ese sentimiento de mis propios padres, de cómo era aquella casa llena de niños, muchas carencias, pero que en principio tanta dicha se gozaba, aunque pocos años después, y durante varios más, fuera todo lo  contrario. Hoy, cuando agradezco a mi editor, la suerte, y por que no, el acierto, que ha tenido al elegir dicha foto, que más bien parece la hubiere hecho de aquel "portalibros" que sin duda alguna dejo de ser tal, cuando quedaba abandonado en casa de mis padres, cuando el 9 de octubre de 1936 salíamos  del mismo con motivo de la Guerra Civil Española. Qué sensibles se vuelven las "personas mayores" cuando recuerdos, como este de mi portalibros nos llevan hasta nuestra infancia, que pese a todo, esa etapa de la vida en toda persona, y cuando los demás lleguéis hasta alcanzar los años que yo tengo lo comprenderéis mejor, un no se qué, te hace vibrar dentro de lo mas profundo del ser. Esta entrada, que a los demás que podáis leer su contenido, no llegue a deciros nada, perdonar que yo la haya traído a colación otra vez, pero como dejo dicho, es como si hubiere recibido un valioso regalo, que por el mero hecho de hacerme recordar a esos seres queridos, que años ha nos dejaron, dejan en mis sentimientos cierta gratitud, y que cuestión tan baladí para cualquier otra persona, a mí tanto me ha llenado.

Hasta la próxima entrada, que prometo no tratará de un portalibros. Reitero mi agradecimiento a mi editor por tan meritoria e inesperada fotografía.

martes, 4 de marzo de 2014

El portalibros escolar



Esta mañana observando la bajada de unos niños del autobús escolar que los transportaba, no tuve mas remedio que aceptar que yo vengo de otras épocas. Cada uno de ellos llevaba su correspondiente mochila donde transportarían sus libros y material para utilizar en el colegio.

Cuando yo contaba la edad que estos niños aparentaban,entre los siete u ocho años, lo que hoy, y a lo mejor entonces también, se le llama mochila, en aquellas fechas solo eran utilizados generalmente por pastores, porqueros y cabreros, y que todos eran fabricados de cuero y se les denominaban "zurrones", donde llevaban su comida y alguna que otra cosa también. Pero cuando íbamos a la escuela, que nunca decíamos colegio, eso era demasiado fino,  utilizábamos lo que llamábamos "portalibros". 

Estaban hechos por dos tapas de madera, el plástico no se había descubierto aún. Luego dos correas de cuero, con una hebilla en  uno de sus extremos, colocadas a cierta distancia de los bordes  laterales y pasando por una especie de pasadores que también de cuero, dos en cada lado y cerca de los bordes superior e inferior de cada una de las tapas. Estas correas en la parte superior del portalibros se pasaban por unas aberturas de un asa metálica que servía para  coger y transportarlo. Esas correas permitían transportar tanto material como las mismas dieran de sí y que generalmente era lo suficientemente largas, para llevar unos cuantos libros u otros utensilios, aunque en no pocas ocasiones, cuando se llevaban bastantes libros, el asa metálica quedaba señalada en las tiernas manos de sus transportadores. 

Para darle un poco de prestancia al "portalibros", solíamos colocarle varias "calcomanías" de diferentes colores. En la parte superior del portalibros y entre las correas que lo cerraban y el borde de los libros, colocábamos los "mangos" o palilleros con sus correspondientes plumines, nosotros los llamábamos "plumas", que después en la escuela y mojadas en la tinta que preparaba el maestro a base de polvos y agua y que luego vertía en los tinteros de plomo que había en los pupitres. De las muchas clases de plumas que había, generalmente solíamos utilizar las llamadas de  "pico pato", "pico pájaro" y de "corona".

Todo cuanto expongo anteriormente, se refiere por supuesto a niños, pues entonces la separación de sexos en las escuelas era rigurosa. 

Esta mañana, cuando veía que del autobús bajaban lo mismo niños que niñas, pensaba: Si a estas niñas les entregaran un "bastidor", que era una de las cosas que forzosamente habían de llevar las de mis tiempos a la escuela, quedarían extrañadas y se preguntarían:  "¿Esto que es y para que sirve?"

Pues son cosas de la vida que nos tocó vivir de hace ya cuando menos ochenta años. Así eran las cosas, y entonces por desgracía quienes vivían lejos de la escuela y querían asistir a la misma, habían de llegar hasta ella, andando por supuesto, como lo hacían algunos de los que íban a la mía y cuando yo lo hacia, varios de ellos a unos dos kilómetros de distancia, pero había dos hermanos, que tenían que recorrer unos cinco kilómetros aproximadamente, y muy mal día debía de hacer para su no asistencia a la misma. A los hermanos "Mansilla", que así se apellidaban, deberían tener levantanda en las inmediaciones del pilar de "Fuente buena", como se conocía el cortijo donde habitaban, una escultura de mármol y para determinar las fechas en que se hicieron merecedores a ello, con un portalibros en la mano.

Hasta la próxima entrada.