lunes, 3 de diciembre de 2012

Cambio de rumbo


3 de diciembre de 1951. Puede que fuera lunes, exactamente no lo recuerdo, pero sí que hoy se cumplen sesenta y un años, que mi vida en la Guardia Civil dio un giro de 180 grados. La tarde anterior, cuando me presentaba para entrar de servicio en el puerto de esta capital donde hacía mes y medio que había llegado destinado,el Brigada Comandante de Puesto Don Eulalio García Gómez, me comunicaba que había recibido un escrito para que a la mañana siguiente (o sea del día 3 de diciembre) me presentara en las oficinas del Tercio para prestar mis servicios como mecanógrafo. El citado Brigada me pedía a la vez, que por favor prestara el servicio aquella noche, ya que no tenía personal para cubrirlo todo  si yo no lo hacía. Semejante noticia, de lo primero que cito, me cogió totalmente por sorpresa y fue tal la alegría y emoción que sentí al recibirla, que no me importó aceptar el prestar mi servicio aquella noche y que previo el sorteo correspondiente me tocó hacerlo en la denominada Puerta de Colón. Los servicios que antes de la unificación de la Guardia Civil con los Carabineros, y que se habían estado prestando por este último Cuerpo, se practicaban todos mediante sorteo, con el fin de que nadie pudiera ponerse de acuerdo de antemano con los contrabandistas y verificar algún alijo de efectos de contrabando por un punto determinado. En todas las aduanas de los puertos de España, el servicio de línea que se prestaba por la Guardia Civil, era de 12 horas seguidas de servicio por 12 horas libre. Por tanto la noche del 2 al 3 de diciembre de 1951, desde las 20 horas del día dos hasta las ocho del día tres, me las pasé yo solito en el punto que citaba anteriormente, y si no tan fría como estas noches últimas acaecidas en Málaga, aquella no lo fue tampoco calurosa que digamos. Salir de servicio a las ocho de la mañana, asearme y antes de que dieran las nueve, ya estaba yo presentado en mi nuevo destino, en las oficinas del Tercio, que  a la sazón se hallaba ubicado en un chalet del número 9, del Paseo de Sancha, donde en la actualidad creo que hay una escuela de turismo o algo similar.

Y digo que a partir de aquel día, mi vida en la Guardia Civil dio un giro de ciento ochenta grados, ya que a mediados de octubre de aquel año, llegué al puesto de Aduanas de Málaga, procedente de un puesto de playa, donde si en el muelle eran doce horas de servicio por doce libres, en la playa,  siempre se montaba el servicio nocturno desde antes del anochecido, hasta después del amanecido, donde en el invierno no lo eran menos de catorce horas y sin un solo día de descanso en todo el año, lo único que sucedía que cuando te correspondía se cambiaban la clase de servicio, por ejemplo el de playa por el de puertas, que era de 24 horas, eso sí que por la noche podías dormir en tu cama, pero sin dejar de estar de servicio. Así en este plan llevaba ya cerca de dos años, que por lo menos el ochenta por ciento de los servicios que hasta entonces había prestado lo fueron de noche. Y ¡AL FIN! aquellos conocimientos de mecanografía que había adquirido, durante mi estancia en el ejército, de forma tan especial como la mayoría de los que conocéis este blog ya sabeis, comenzaban a dar sus frutos. Oficina de nueve de la mañana a las dos de la tarde, y entonces de 5 a 7 de la tarde, que unos meses despues, paso a ser de ocho de la mañana a dos de la tarde. Todas las noches a dormir en camita, los domingos y festivos nada de nada, a pasear, al fútbol y dándome la misma forma de vida que tuve en la mili, con la variante de que ya cobraba un sueldo, que no es que fuera muy grande, pero incluso creo era casi el doble que lo había venido cobrando cuando ingresé procedente de mi trabajo como jornalero agrícola. Mi pase como mecanógrafo fue a la larga también la consecuencia de posteriores destinos, ya más importantes, aunque de mayor responsabilidad por los que pasé durante mas de los treinta y un años que estuve en activo. Una cuestión si creo fue casi segura, que de no haber pasado a la oficina, posiblemente me hubiera presentado para el ascenso a Cabo algunos años antes, pero dado a tal como se fueron produciendo los acontecimientos,  bendito aquel 3 de diciembre de 1951 en que fui destinado a las oficinas del 37º Tercio y que si en el plano profesional fue un cambio radical, en lo personal, particular y familiar, lo fue aún mucho mayor y de más y beneficiosa trascendencia. Cuán lejanos se quedan sesenta y un años transcurridos...

Hasta la próxima.

3 comentarios:

Rafa dijo...

¿Y cómo osaste abandonar las aduanas, con lo bonitas e interesantes que son? jejejeje

El abuelo de Villaharta dijo...


Son muy bonitas para los funcionarios de Aduanas y de Hacienda, pero no para las fuerzas del Fisco, que cuando menos antes, eran las que soportaban los mayores sacrificios y en su contra menos recompensados. ¿Queda claro porqué abandoné?.

Carmen dijo...

Me alegro muchiiiisimo de todos los cambios buenos que has tenido a lo largo de tu vida, en este caso fue para una mejor calidad de vida, pues según cuentas no hay color entre un servicio y otro, así que ¡ENHORABUENA! aunque sea con muuuuchos años de retraso, pero que aún lo disfrutas al recordarlo, así que todavía vale.... ji ji. Bss.