domingo, 6 de marzo de 2016

¿Y allí estaba yo?



El interrogante que figura en el título de esta entrada, no es que la haya puesto ahí por capricho, si no que corresponde a la pura realidad, por cuanto a donde me hallaba cuando tenía mis dieciocho, veinte y porque no, casi hasta los treinta años, ello en cuanto a las relaciones amorosas o de noviazgo.

Creo he hablado algo sob
re ello en alguna que otra entrada de este blog, pero hoy vuelvo a repetirme, por que tan abismal es la distancia de a como eran nuestras costumbres en la  edad de mis enamoramientos y la misión de buscar novia, a como lo es en estas fechas, que si nuestras madres, y que decir de nuestras abuelas, si volvieran a dar una vuelta por el mundo actual, creo no serían capaces de soportar la impresión que les ocasionarían cuando las pusieran al tanto de como se desenvuelven hoy, no los noviazgos, porque hasta eso casi se esta perdiendo, tal lo éramos antes, si no las vivencias aquellas que se nos exigían, a cómo hoy libremente eligen como han de ser, o para mejor decir, lo son.

Comenzaba a entrar la segunda mitad del pasado siglo XX, cuando yo caminaba ya por las calles de Málaga. No era ya un niño, sino que cumplidos tenía ya los veintiséis años. Dejo atrás otros escarceos amorosos, y voy a ceñirme al que finalmente, terminó siendo mi mujer.

Para ser totalmente exacto, señalaré que el domingo 27 de enero de 1952, conocí a una jovencísima mujer, por que realmente ya lo era, con la que al cabo de poco menos de un mes ya éramos novios. Esto sucedía como he citado aquí en Málaga capital, que en aquellas fechas,  como ahora, era la quinta o sexta ciudad de España.

El inicio de aquel noviazgo comenzaba al igual que la inmensa mayoría lo hacía en aquellos "tiempos", aunque  parezca que el decir eso de los tiempos, me esté refiriendo a siglos pasados, y momentos antes he citado que contaba ya 26 años de edad, y aun hoy, relatando estoy aquellas costumbres.

Pues voy a relatar aunque sea así a grandes rasgos, las normas que había que cumplir y que lo eran para la inmensa mayoría de las parejas. Salvo los días de grandes solemnidades, había que regresar a la casa como máximo a las diez de la noche. Antes de poder entrar a casa de la novia para poder hablar allí con ella, para lo que era preceptivo el solicitar permiso del padre, o de la madre, si era viuda o el marido estuviera ausente, y entonces había que quedarse hablando con la novia en la puerta de entrada al edificio, así el tiempo que se consideraba para que el noviazgo estuviere ya totalmente formalizado.

Para poder ir con la novia al cine, había que ir acompañado de un familiar femenino o una amiga. Yo realmente esta norma la estuve cumpliendo solo unos meses, primero sin conocimiento de sus padres, y luego creo que ya incluso sabiéndolo, íbamos solos.

Cuando se solicitaba el permiso para poder entrar a la casa para hablar allí con la novia, a escasos metros de la pareja de novios, y en el mismo compartimento, generalmente se sentaba la madre de la novia y allí permanecía, salvo rarísimas y brevísimas ocasiones, en la que una fuerza mayor le obligara a levantarse y dejar los novios solos, en cuyos momentos se aprovechaba la oportunidad para a lo mejor darse unpar de besos mutuamente. La vigilancia de los novios se ejercía generalmente solo por mujeres, o sea hermanas, madre, abuelas, tía o alguien de la familia y de condición femenina, y en alguna que otra ocasión hasta solía recurrirse a la ayuda de alguna vecina. A tal menester se le conocía por "carabina", lo que realmente no se, es el motivo de tal nombre.

Todo eso que llevo contado punto por punto es como sucedía aqui en Málaga. En los pueblos, por ejemplo en el mio, en público no se podía tomar a la novia por el brazo, ni por la mano, jamás podía dársele un beso ni para despedirse, si había gente delante, y públicamente, por ejemplo en los paseos, lo mas que se les permitía a la pareja era el caminar desde luego sin tomarse de la mano ni del brazo, y solo caminar sin nadie a su lado.

Hasta ahí llegaban todas las concesiones que públicamente se le hacía a las parejas de novios.

Pero, ¿esas costumbres y usos han cambiado con el paso de los años?. Como suele decirse, aquéllo y ésto, se parecen como un melón a una castaña. Con que naturalidad se marchan ahora, una, dos o mas parejas por ahí de viaje, de crucero, de fin de semana, donde y como quieren. Y Pregunto. ¿ Por que procedían de aquella forma las madres de entonces". Es que ellas querían a sus hijas mas que las madres de ahora, El porqué  del cambio tan radical de aquellas costumbres, que cuando la pérdida de la virginidad de una mujer sin que lo fuere dentro del propio matrimonio, era la deshonra para toda la familia. Como unas normas que se venían arrastrando desde hacía incluso siglos, ¿han desaparecido por completo en solo unas décadas? Yo, no me cuesta mucho trabajo el asimilarlo tal cual, pero sin duda lo ha sido a irlo viviendo en ese día a día, hasta llegar hasta ahora, pero si las madres de los que como yo estamos metidos en la nonageriedad, volvieran a la vida, con hijas jóvenes,  como iban a soportar a que todas ellas con su proceder "mancharan la honra de toda la familia". 

El honor y la honra de entonces, en nada se parecen a la de los actuales tiempos, especialmente por cuanto a lo relacionado con el tema tratado en esta entrada, que podríamos decir "que nadie le hace ni puñetero caso"

Y a todo este interrogante, yo mismo me contesto, "Sí, allí estaba yo entonces"  Pero, también, aquí sigo.


Hasta la próxima.

1 comentario:

Carmen dijo...

Es cierto que no tienen nada que ver aquellos noviazgos con los de hoy en día, yo diría que afortunadamente. A nosotros nos estafaron la juventud con tantas prohibiciones y éramos felices con lo que teníamos porque no conocíamos otra cosa, como en todo, en el término medio está la virtud y creo que los padres ya se acostumbraron a no entrometerse en esa parcela de la vida de sus hijos ( en esa y en casi ninguna) . De todas formas en las familias de varones como la tuya es más fácil aceptarlo porque a más "ligues" más machotes son sus niños.... Ji ji ji, las familias con hijas, creo que solo se resignan.... Queramos o no, la vida ha cambiado y diremos cómo la Zarzuela .... Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad... Hasta la próxima D. Rafael. Bss.