jueves, 8 de septiembre de 2011

Quince años han pasado


 8 de septiembre de 1996. Desde el mes de mayo anterior a la fecha indicada, mi mujer mostraba un deterioro físico bastante evidente y que día a día por desgracia iba en progresión. Como todos los míos sabéis, desde hacía cuando menos quince años, un grupo de cinco matrimonios: Crimelda y Juan; Luisa y Paco; Trini y Rafa; Pepi y Julio y el que formábamos mi mujer y yo, nos reuníamos todos los fines de semana, sábados y domingos, más si algún día festivo se mezclaba entre ellos.

Tal día como hoy de 1996. también, como hoy, fue fiesta local en Málaga. Los cinco matrimonios citados anteriormente, recuerdo nuestra actividad tal si fuera al día siguiente de haberse celebrado.

Estuvimos en Misa de doce en la Stela Maris, un paseíto por el centro de la ciudad, estuvimos comiendo "pescaíto" en el "Mario Eva", y ya cerca de las cinco de la tarde nos vinimos aquí, a mi casa, donde nos entregamos a la actividad que era normal en nuestras reuniones. Jugar un rato al bingo, merendar, y luego jugar a las cartas, principalmente a la "perejila", al "hijo puta", u otros similares, en los que solíamos poner en juego pequeñas cantidades de dinero. Según las normas establecidas, los que resultaban ganadores, estaban obligados a depositar el 50% de las ganancias en el fondo que después se empleaba en pagar los gastos de comida y los demás que se ocasionaban en nuestras salidas.

Estas reuniones se celebraban dentro de un clima maravillosamente divertido y entrañable en todos sus aspectos, si bien procurando "cabrear" un tanto a los que ya de por sí lo estaban al haberse tratado de ser los perdedores en la respectiva jornada.

Aunque como cito al principio de esta entrada, mi mujer desde el mes de mayo anterior su estado físico se iba deteriorando a ojos vista, aquel día, parece que Dios le insufló el ánimo suficiente, por el que toda la jornada se mostró en un estado casi eufórico, de lo que yo me maravillaba y me causaba extrañeza al propio tiempo. La reunión aquí en mi domicilio, fue si cabe, una de las más divertidas y al final como en todas las demás, el recuento de cada cual de las pérdidas y ganancias ocasionadas u obtenidas y el descuento de su proporción establecida para los ganadores y su mijita de "carga" para aumentarles el mal humor a los perdedores. Pasadas las diez de la noche estaban cuando la reunión se disolvía, Juan, el Tesorero, se hacía cargo de la recaudación, y con la cordialidad y verdadera amistad que siempre nos unió, nos despedíamos los unos de los otros, "HASTA LA PRÓXIMA REUNIÓN". Ésta, nunca más se celebró.
Sobre las doce de aquella noche, o sea una dos horas después de terminarse la reunión, a mi mujer le sobrevinieron los vómitos que de por sí solían presentársele, y a partir de aquellos instantes, todo fue un CALVARIO, hasta aquel desastroso 3 de febrero de 1997, en que élla se marchaba de este mundo, y en los precisos instantes en que ella fallecía, yo ingresaba en la UCI, del Hospital Parque San Antonio de esta Capital, y donde su cuerpo inerte estaba, aquejado de "hemorragia severa interna, neumonía, e infarto de miocardio", del que diez días después fui operado, y que hubieron de implantarme tres puentes, para lo cual me extrajeron la vena safena interior derecha desde el tobillo hasta la rodilla. Cuando menos, Dios me mantuvo las fuerzas suficientes para atenderla hasta el momento en que la bajaron para el quirófano en que fue la última vez que la veía. A partir de aquellos instantes, todo en mí se desarrollaba hasta que mi gravedad coincidía con los últimos estertores de su existencia.

Aquel fondo monetario que resultaba después de la reunión en esta casa aquel 8 de septiembre de 1996, se repartía equitativamente muchos meses después, dado a que jamás volvieron a celebrarse aquellas maravillosas reuniones.

Han pasado quince años, ELLA se marchó para la Gloria, como era su nombre, yo aún permanezco aquí, y cuando menos me alcanza la felicidad de poder RECORDARLA a cada momento.

Alegres y tristes, recuerdos, a la vez. Hasta otra.

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