viernes, 6 de abril de 2018

Mi primer vuelo


Hoy se cumplen 72 años que salía de mi pueblo para incorporarme al Ejército. Era la primera vez que me separaba de mi madre y hermanos, y digo mi madre, porque de mi padre lo  separaron a él de la familia cuando en septiembre de 1938 fue movilizado e incorporado al Ejercito de Extremadura durante la Guerra Civil española.

Yo pude librarme de la "mili", ya que en aquellos momentos trabajaba en una mina de carbón y podíamos seguir trabajando en la misma, como mínimo durante el tiempo que  mi reemplazo estuviera cumpliendo el servicio militar. Pero primero, mis expectativas no eran permanecer en aquel trabajo, con la añadidura de que de toda clase de actividad que hasta entonces había realizado, aquel no es que no me gustara, es que casi lo odiaba, principalmente por las condiciones en que se trabajaba en el interior de los pozos. Así se iniciaba mi primer vuelo fuera del nido familiar.

Mi paso por la "mili" como se dice el cumplimiento del servicio militar, antes forzoso y hoy voluntario, fue sin duda de lo mas beneficioso y a su vez tan de mi agrado, que seguro que si antes de incorporarme me hubieren pedido elegir como quería pasarlo y donde, seguro estoy de no haber podido pedir ni punto ni lo que mi paso por la vida militar como recluta de reemplazo me resultó finalmente. Tan es así que puedo decir categóricamente que los dos años y medio de mili fueron hasta entonces, el mejor tiempo pasado en mi vida.

Todos los que me conocéis o hayáis tenido la ocasión u osadía de leer mis memorias estáis al tanto del modo y manera  que me hice mecanógrafo cuando hasta entonces toda mi vida y actividad había sido trabajando en el campo, en las diversas faenas que en la agricultura se realizan  al cabo del año y los dos años en la mina.

Aunque pueda parecer una petulancia, y pido perdón por ello, los conocimientos de mecanografía y desenvolvimiento de una oficina, aunque en tal caso, solo en materia netamente militar, que con el paso del tiempo hube de utilizarlo en la Guardia Civil, en algunos casos de gran similitud con la del ejército y en otras totalmente diferentes, fueron el génesis de los destinos que en dicho instituto, benemérito con pleno derecho de ello, llegue a desempeñar, y que lo digo con toda sinceridad, muchos de ellos mas por suerte que por méritos, aunque luego en el desempeño de los mismos ponía todo cuanto podía y sabía, y la inmensa mayoría de los casos, en la que tampoco me faltó la suerte, eran resueltos tal se debía.

Sin que haya sido de una forma intencionada, me he pasado del Ejército a la Guardia Civil de una tacada, así que dejemos mi paso por dicho Cuerpo y volvamos lo que sobre el título se define como mi primer vuelo.

Vamos a ello. Uno de los casos personales que me sucedieron solo unos meses después de haber comenzado a ejercer como mecanógrafo a las órdenes del Capitán a quién le debía todo de haberlo conseguido, y aunque parezca un contrasentido, así lo fue, me causó por una parte una gran pena, digámoslo así, y por otra alegría y satisfacción y se trató de lo siguiente.

El soldado que estaba de mecanógrafo en Mayoría, llamado Antonio Tenor Dorado, causó baja por su ingreso en la Guardia Civil. El Negociado de Mayoría era de trámites mas importantes que en el  que yo estaba, entre ellos la reclamación de los devengos de los Jefes, Oficiales y Suboficiales que había en el Centro. Como es natural el destino que dejaba el Soldado Tenor había de ser cubierto por un mecanógrafo, y no se el porque, el Teniente Coronel Mayor de quien dependía el Negociado, dispuso que yo pasara a cubrir aquella baja. El Capitán con quien yo estaba, y como citaba anteriormente el que con su actitud conseguí hacerme mecanógrafo fue a pedirle al Teniente Coronel que me dejara con él, exponiéndole lo que yo dejo citado de que era mecanógrafo gracias a el, pero en la mili el que manda, manda, y por ello yo pase a ocupar aquel destino hasta que fui licenciado casi dos  años después del sucedido.

Como lo he dicho millares de veces tanto por palabra como por escrito, la suerte me ha  sonreído siempre, mucho mas de lo que pudiera merecer, aunque eso sí, yo siempre puse, y lo sigo poniendo, en todos mis actos, cuanto sabía y podía, y sin duda esa era la causa de lo que pudieran apreciar en mis actuaciones.

Una cuestión muy importante en la vida de un soldado en aquellos tiempos por lo menos,  era la cuestión económica, pues a un soldado le daban dos reales diarios, o sea 0,50 pesetas, y cada diez le daban el tabaco que valía dos pesetas, así que cada diez días te quedaban libres tres pesetas, que generalmente te los gastabas en sellos en escribir a los padres, a la novia (si se tenía), y algún amigo que otro. Así, los útiles y medios de aseo por ejemplo ¿de dónde lo sacabas? Haciendo un paréntesis, había un dicho que  decía con respecto al soldado, y el título de películas, "La mayor ilusión, un giro". Así cuando llegaba la hora del reparto  de la correspondencia, y al ser dicho el nombre del Soldado se añadía "UN GIRO", los saltos que daba llegaba con la cabeza al techo. Yo puedo jurarle que en los dos años y medio de mili, no recibí ni un solo giro. Y recuerdo que una vez que fui con un mes de permiso en Agosto, saque un destajo de trabajo en el campo, quitando monte, para poder llevarme algo de dinero cuando terminara el permiso. La situación económica de la familia en aquellas fechas, no daba para ello.

Pero también, en la oficina le hacía la guardia de escribiente a uno que era de Sevilla y tenían una tienda de tejidos y trabajaba con el padre en la misma durante la tarde; me daba por ello, el pan diario, el tabaco, y cinco pesetas por cada guardia, así que el pan y el tabaco lo vendía y así iba tirando, y de vez en cuando, hacía otra guardia a alguno que también era de Sevilla pero menos pudiente, pero a lo mejor tenía algo importante que hacer aquella tarde o noche, y a esos les cobraba diez pesetas.  Como podréis observar, además de mecanógrafo me hice negociante y es que como creo decía Cervantes, la necesidad despierta la inteligencia.

Cuando llevaba dos años de servicio, que era lo que se exigía para poder ingresar en  la Guardia Civil, excepto los hijos del Cuerpo que estaban exentos de tal requisito, intenté iniciar las gestiones para dicho fin, pero por causas que serían muy largas de explicar, hube de dejarlo y por ello  continuar hasta que mi reemplazo fue licenciado.

El día 17 de septiembre de 1948 llegó la hora de mi licenciamiento. Cuando todos mis quintos íbamos en el  tren de regreso a nuestros pueblos cantaban locos de alegría por tal acontecimiento, a mi sucedía todo lo contrario; dejaba atrás una vida de lo más cómoda y tranquila que hasta entonces había tenido, y no había otra solución que mi vuelta a la mina, de donde salí con la intención y el deseo de no volver a ella jamás, pero las circunstancias habidas así lo habían querido y por tanto había que afrontarlo.

No más de tres o cuatro días después de mi llegada, y previa presentación al ingeniero jefe de la explotación, en compañía de otro amigo y también de mi reemplazo, que había hecho lo mismo que yo, iniciábamos el trabajo en la mina. La pérdida de experiencia en el duro trabajo, y el fracaso moral que había supuesto para mí aquella vuelta, fue, ha sido, con toda seguridad, uno de los días peores  de mi vida, salvo acontecimientos familiares desfavorables.

Ese era el inicio del final, de marcha a la mili que se iniciaba hace hoy SETENTA Y DOS AÑOS. Ya ha llovido desde entonces.

Hasta la próxima entrada.

1 comentario:

Rafael José Pizarro dijo...

Me imagino la desilusión, a mi mi paso cuando me licencié de GC Auxiliar