jueves, 25 de febrero de 2016

La pelliza


Seguro estoy que a la inmensa mayoría de los jóvenes, y quizá a algunos no tan jóvenes, el nombre de "pelliza", le suene poco mas o menos que a chino. Comenzaré diciendo que cuando yo era niño, adolescente y hasta incluso joven, durante el invierno, seguro que dicha palabra que hoy os parecerá tan rara, se oía a diario, y seguro unas cuantas veces cuando menos al día e incluso de noche.

Bueno... Vamos a dejarnos de tanto misterio porque la cosa es mucho mas sencilla de lo que os podáis figurar. Pues se trata nada mas y nada menos, que a lo que hoy se llama chaquetón, en mis tiempos, como solemos decir los metidos en primaveras, entonces eran, eso PELLIZAS.

La pelliza era usada por todos los hombres que trabajaban en el campo, dado que era lo mas cómodo y lo mejor para poder soportar los fríos del invierno. Dichas prendas solían ser de diferentes clases de paño en su confección, en sus adornos y algunos aditamentos que según el poder adquisitivo de su comprador podía permitirse. A mi padre le conocí solo una pelliza y que cuando salimos del pueblo durante la guerra, se quedó en la casa y nunca más se supo de ella.

Esa misma prenda, pero confeccionada con género de paño y de color caqui para el ejército durante la guerra, se le llamaba "tabardo", y como el frente de guerra estuvo dos años y medio a no más de quince kilómetros de mi pueblo, cuando finalizó la contienda, en las trincheras que fueron del ejército republicano, quedaron abandonadas, además de toda clase de armas y municiones, toda clase de prendas de uniforme, y yo no se de donde me vino a mí un "tabardo", casi nuevo, y me estuvo sirviendo los cuatro o cinco inviernos que estuve trabajando en el campo y en la mina, antes de ingresar en la Guardia Civil.

Tanto el nombre de pelliza como el tabardo, hace decenas de años que ni siquiera las he oído pronunciar.

Yo cambié el tabardo, ya bastante raído por el uso, por el capote reglamentario en el Cuerpo, eso para vestir de uniforme, y luego para el vestir de paisano, use lo que estuvo de moda cuando menos veinte años, que fue la "gabardina", que además de que abrigaba bastante, era también impermeable, la mayoría de ellas. No tanto tiempo como la pelliza, pero rara vez he oído pronunciar la palabra gabardina, y cuando menos a mí, me parece no hace tanto tiempo dejó de utilizarse.

A mi la gabardina, de la que solo tuve una, que fue la primera cosa que me compré a plazos aquí en Málaga y me duró algunos años, además de que me prestaba el servicio deseado, como tal prenda, ha sido una de las que mas me han gustado.

Casi seguro que eso de "pelliza" y además "tabardo", para la mayoría será la primera vez que la hayáis oído, pero mira, si con ello consigo daros la noticia, por satisfecho me doy, y que por algo nací en 1925, para conocer esas cosas.

Hasta la próxima entrada, y perdón por la tardanza transcurrida desde la anterior.  

martes, 16 de febrero de 2016

Alforjas


El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, la define así: "especie de talega abierta por el centro y cerrada por sus extremos, los cuales forman dos bolsas grandes y ordinariamente cuadradas, donde, repartiendo el peso para mayor comodidad, se guardan algunas cosas que han de llevarse de una parte a otra".

Pero, ¿y cámo se me ha ocurrido hoy escribir sobre las alforjas? Pués resulta que trasteando en el nuevo teléfono que me ha regalado mi hija, con el cual no acabo de aclararme, me tropecé con el ofrecimiento de viajes a no se cuántas partes del mundo.Y entonces se me vino a mente ese refrán, que ya poco se oye decir, que "para ese viaje no se precisan alforjas". Este refrán se dice cuando se realiza alguna cosa que no ha resultado muy exitoso, como lo era el ofrecimiento de los viajes para mí.

Trayendo al recuerdo las alforjas, como no, pasaron por mi mente las que de siempre hubieron en casa de mis padres, aunque no pocas veces solían permanecer colgadas en la cámara sin utilizar bastantes días, y cuyo utensilio existía en la inmensa mayoría de las casas del pueblo, y con seguridad en todas las que había o hubo, alguna caballería, bien de la especie asnal, mular o caballar.

Dicho utensilio, generalmente estaba hecho de una tela fuerte, siempre de varios y vistosos colores, y en no pocos domicilios había mas de una, una de mayor calidad y vistosidad que otra, utilizándose la una, para ir al campo, y la otra cuando se realizaba alguna excursión, bien como romería o día festivo,o como lo era en mi pueblo, y lo sigue siendo,  el llamado de "la merendilla" que se iba a comer al campo el Domingo de Resurrección, aunque actualmente suele hacerse el Sábado Santo, a fin de que pueda asistir la gente del pueblo que resida fuera,  o para ir de viaje a algún pueblo vecino para cualquier gestión particular o asistencia a algunos de sus festejos.

Las alforjas, eran lo más apropiado para poder llevar cualquier cosa, tanto como cuando se iba al campo, que además que en ellas se echaba la comida, luego las frutas, hortalizas u otra cosa que pudiera recolectarse o cogerse, era muy fácil de transportarlas en ellas. Entre una y otra de las bolsas, que como se apuntaba, estaban en los extremos de las mismas, había una distancia de entre setenta u ochenta centímetros la suficiente para que pudieran acoplarse sobre el aparejo de las caballerías, del cual hablé en la entrada anterior, y lo fácil que resulta ello, que no había nada mas que echar sobre el animal, cada una de las bolsas que cayeran a uno y otro lado del aparejo,  y ni que preocuparte de ello tenías que hacer en todo el trayecto, dado a que por su formato, salvo que en una de las bolsas llevaras mucho mas peso que en la otra, no solían moverse ni un milímetro en todo el camino por largo que fuere. Aunque en raras ocasiones, también solían utilizarse por las personas, echándoselas sobre el hombro y cayendo las bolsas una a la espalda y la otra sobre el pecho, pero también cómodas de llevar.

Por lo menos sesenta años, o más, hace que no he visto unas alforjas, ni hablar de ellas, si no lo fue con motivo del refrán que cité anteriormente y que también perdió popularidad hace ya muchos años. Con lo habitual que era su utilización tantísimo días al cabo del año, incluso al mes, en los tiempos de mi infancia, adolescencia, e incluso juventud, y que pocas irán quedando allá en los pueblos, como en el mío, si no lo es como pieza de museo.

El paso de los años, todo lo va cambiando o renovando, claro que si yo me miro al espejo fíjamente, me daré cuenta el cambio experimentado, aunque gracias a Dios no olvidado ni abandonado a su suerte, como lo han sido las ALFORJAS.

Hasta la próxima entrada, que mira entre la anterior y ésta, hubo una gran relación, ya que sobre el aparejo casi siempre iban echadas unas alforjas.

lunes, 8 de febrero de 2016

Aparejando la burra

Las burras de Güimar (Santa Cruz de Tenerife)

Pese a que se van a cumplir en el mes próximo, 65 años que daba mi última jornada de trabajo en el campo y como suele decirse que lo bien aprendido, nunca se olvida, mira por dónde hoy se me ha venido a mente, el realizar la entrada en el blog tratando lo relacionado especialmente con lo que en conjunto se llama el aparejo de las caballerías, señalando las principales piezas que lo componen, o casi para mejor decir, lo componían, porque hoy poco se utiliza ni lo uno ni las otras.

Poco de importancia y mérito tiene cuanto voy a relatar, pero cuando menos la inmensa mayoría, de esa minoría, que puedan leerlo, verán por primera vez escritas semejantes palabras, salvo alguien de los pueblos pequeños en que cuando menos suelen quedar como símbolos y recuerdos, semejantes piezas de museo que es lo que generalmente son hoy.

Tanto para utilizarlas como montura o carga, las caballerías que se dedicaban para los trabajos del campo, había que dotarlas de lo necesario para que  todo ello fuera posible sin que sufrieran daño esos animales. Al conjunto de esos menesteres se llamaba "aparejo", y que solía constar de las siguientes piezas principales, aunque no faltaba quienes, y según los casos, solían aumentarlos con algún suplemento, aunque mas por adorno que por necesario.

Lo primero que solía colocarse sobre la espina dorsal de la caballería, desde la cruz hasta la culata, el llamado "albardón", que estaba compuesto por una especie de dos almohadas, unidas por su parte anterior, media y posterior por unos trozos de lona que eran los que caían sobre la misma espina dorsal del animal, y las almohadas a cada lado de la misma. En sentido longitudinal, esas almohadas estaban rellenas de las cañas o pajas del centeno, que son de mayor dureza que las del resto de los cereales.

Sobre el albardón se colocaba la "albarda", compuesta también por una especie de dos almohadas pero de mucho mayor tamaño que las del albardón, rellenas de paja, pero de la ya trillada, y separadas ambas partes, por una costura que se cerraba en su parte media y superior, y era la que caía sobre el lomo del animal y el centro del albardón. El relleno de paja había que distribuirlo por toda la albarda a fin de que la carga que se echara sobre ella, quedara debidamente distribuida sobre toda la superficie de la misma.

"Ataharre" (o "atajarre" como se decía en mi pueblo), y que por su fonética creo demuestra su procedencia árabe, era una banda de seis u ocho centímetros de ancho, que podía ser de cuero u otro material, que por sus extremos se unía a cada uno de los lados traseros de la albarda, se echaba hacía las ancas de la caballería y se pasaba por debajo de la cola del animal, en cuyo centro se hallaba un tanto enrollado, a fin de que no le tapara el ano y le impidiera el poder defecar, que las caballerías como el resto de los animales lo hacen sin dejar de caminar. El fin del ataharre era impedir que el resto del aparejo se corriera hacía adelante y consiguientemente lo hiciera también la carga o la persona que fuera cabalgando.

También y en su parte media, de cada una de las partes delanteras de la albarda, salía una especie de correa llamada "antepecho", hecha de badana o cubierta de género que no produjera sobadura al animal, y al final de una de ellas, una hebilla. y la otra agujereada para poderla abrochar la una a la otra. El antepecho, al contrario del ataharre, tenía la misión de que el aparejo no se corriera hacía atrás, pudiendo llevarse asimismo la carga o jinete.

Para cubrir toda la albarda, que ya ella lo hacía al albardón, solía echársele una especie de manta llamada "ropón", generalmente confeccionada de una tela gruesa o lona, muchas veces guateada y con ciertos adornos, según si se iba en plan de trabajo y carga, o solo en plan de viaje.

A fin de asegurar todo el aparejo, para que no se fuera hacia ninguno de los lados, se sujetaba con la llamada "cincha", que podía ser de cuero u otra materia y que pasándola por encima del aparejo, sobre su parte media, y se ceñía por debajo en la barriga del semoviente y justamente inmediatamente detrás del pecho, o sea de las patas delanteras.

Todo lo relatado, era en sí el llamado aparejo.

La jáquima (creo que tampoco hace falta señalar su etimología árabe) es la cabezada que se coloca a la caballería y de su parte inferior derecha partida un cordel, llamado "cabestro" que podía ser de diferente material para conducir al animal. En los caballos, y cuando llevan colocada montura en lugar de aparejo, de la parte baja de la cabezada, tanto del lado derecho como del izquierdo, parten las llamadas bridas o riendas, con las cuales asimismo se conduce al animal.

Voy a señalar un dato, que este seguro lo conocerán solo la gente de campo, y es que una vez se llegaba a la faena y se despojaba la caballería del aparejo, solía soltarse para que pastara, y con el fin de que no se alejara del lugar, se procedía a "manearla", que consistía en colocarle la "manea", una especie de grilletes que se le colocaba en las dos patas delanteras y en el lugar inmediatamente a la parte superior de los cascos, y entre las dos argollas, unos cuantos eslabones de no más de quince centímetros, lo que le impedía el caminar con normalidad, si no haciéndolo en pasitos muy cortos, lo que le impedía alejarse del lugar donde se dejaba, sin necesidad de tenerla amarrada.

La caballería, o como citaba en el título de la entrada, LA BURRA, asegurada y maneada para que no se alejara del lugar donde se había soltado, pudiendo pastar sin impedimento alguno y como se dice tenerla a mano tan pronto hiciera falta, se procedía a entrar en faena. ¡Cuántas veces realicé semejante faena, tal ha quedado relatada!

Pido perdón por el rollo que he soltado y hasta la próxima.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Días que nunca debieron llegar

El Golfo, Lanzarote

Mi estado de ánimo no se encuentra hoy para ninguna misión, sino para tratar de aceptar las circunstancias. Hoy se cumple el décimo noveno aniversario del fallecimiento de mi mujer. Media vida como suele decirse. Aquel 3 de febrero de 1997, es de esos días como cito en el título, que nunca debiera haber llegado. Pero el destino que de nada se apiada, también lo fue entonces conmigo, con la agravante de una situación añadida en mi salud, de la que incluso parece ser no me daban de que pudiera vencer. Por hoy, solo estas escuetas y sentidas letras para traer a memoria  su recuerdo, aunque ni un sólo día desde entonces ha pasado sin hacerlo, y desear Dios le haya dado cuanto se merecía, que de ser así, como era su propio nombre, estará en LA GLORIA.

TUS HIJOS, NIETOS Y YO TE RECORDAMOS Y REZAMOS POR TI.

miércoles, 27 de enero de 2016

Recordando un almendro.



Ayer recibí de mi editor unas fotografías de los almendros en flor allá en las Islas Afortunadas, donde se encuentra cumpliendo con sus obligaciones profesionales. Como a mí siempre me ha encantando, y sígueme encantando la naturaleza, y sin duda alguna esa maravilla de las flores y en su consecuencia el placer de poder comer los frutos, le correspondí sobre el particular y volvióme a contestar e insinuar que si pensaba escribir sobre el tema de los almendros en flor, tenía fotografías suficientes para documentar lo que pudiera decir sobre el tema.

Confieso mi escaso conocimiento sobre esta clase de árboles, o sea los almendros, pero el contemplarlos en flor, es una verdadera delicia para el sentido de la vista.



Lo que si me sorprendió siempre, es que a contrario de lo que sucede con la inmensa mayoría, y yo creo que todos los árboles, el almendro, echa las flores antes que las hojas, que a mi me da la sensación de que las mismas dan protección a las flores. pero sabia es la naturaleza y cuando así sucede, sin duda tiene razón de ser.


Dejando sentado cuanto acabo de decir, y creo es todo lo que puedo y se de los mismos, voy a referirme al título de la entrada, "Recordando un Almendro", y a ello voy.

Como no podía ser de otro modo, sucedía en la  finca de La Calera, donde creo todos sabéis, por lo repetitivo que he sido, y seguiré siendo, relatando mi paso por allí durante los años de mi adolescencia y primera juventud. A no más de doscientos o doscientos cincuenta metros a espaldas del caserío de dicha finca y a no más de un par de metros del camino por donde desde mi pueblo se llegaba a la misma, había un almendro en aquellos tiempos, con un tronco algo mas grueso de lo normal en esa clase de árboles, como también una altura poco común. Como los demás de su clase, solía florecer sobre la segunda quincena de enero, o primera de febrero dependiente de la climatología sobre dichas fechas. Esta floración, que por su tiempo era cuando estábamos en plena faena de la recolección y molturación de la aceituna  y que como he citado antes me encantaba contemplar, cuando por su lado transitaba y se hallaba en ese tiempo, no tenía por menos que perder algunos pasos y hacer una breve parada extasiándome mirando tanta belleza. Pero no era eso todo lo que para mí suponía aquel árbol, si no que luego en el mes de agosto y septiembre, cuando estaba en plena sazón su fruto, que también diré eran unas almendras además de mayor tamaño que las normales, en nada envidiaban su rico sabor, porque de la cosecha del mismo, yo como mínimo el cincuenta por ciento de la misma, solía como suele decirse,  meterme entre pecho y espalda, y raro era el día que después de regresar o antes de irme al trabajo, me pasaba por el mismo y me proveía de  no menos de una docena de ellas. No sé si por ser el almendro que mas próximo al cortijo estaba, por su clase de fruto o por la frondosidad del árbol, para mí era como el Dios de los almendros. De las cosechas de los años de 1941 a 1943, ambas inclusive en que estuve allí, como he citado anteriormente. la mitad de su producción me la comía yo.


El día 14 de agosto de 1,999 después de CINCUENTA Y SEIS AÑOS, que no había vuelto por allí, y que tuvieron a bien el llevarme, y entre mis deseos, uno de los que más me apetecía era volver a ver lo que yo había considerado como mi almendro, sufrí una de las desilusiones mayores que puedan sufrirse, cuando al hallarme ante aquello que fue como he citado anteriormente un árbol frondosísimo, de aquello solo quedaba un troncón de no más de dos o dos y medio metros de altura, todo carcomido, varias filas de hormigas subían y bajaban por aquel cadáver en descomposición, y en sus alrededores se veían esparcidas por el suelo varios trozos de sus ramas resecas, que habrían ido cayendo muertas con el paso de los días. Ni que decir tiene, que los olivos que siempre hubo en las proximidades del almendro, allí estaban todavía, y seguro lo seguiran estando por incluso centenares de años más. Pero aquel almendro, mi almendro, no era ni siquiera un remedo de lo que fue, si no, como creo he dicho, un cadáver que casi ni siquiera podía decirse lo fuera de un almendro, En aquellos momentos comencé a mirarme a mí mismo, y si, se me notaba el paso de aquellos 56 años, pero no me habían llevado a la decrepitez del "MI ALMENDRO".


Nunca hubiere llegado a pensar, que el haber visto así aquella reliquia de almendro, produjera en mi ánimo los efectos que tuvieron. Creo que en aquellos instantes, se me apetecía hasta haber rezado un padrenuestro en su memoria, y perdón por como pueda interpretarse esta expresión.

Hasta la próxima entrada.

martes, 19 de enero de 2016

Higos y brevas


Un resfriado con no muy buenas intenciones, con otro añadido más contra mi salud, me ha tenido, o por mejor decir, me tiene, con pocas ganas de nada, entre ellas el dedicarle unos momentos a realizar alguna entrada en este mi blog.

Como estas contrariedades se me vienen dando, no como suele decirse "de higos a brevas", cuando se trata de hechos que se suelen dar de tarde en tarde, si no que podemos aplicarle todo lo contrario, es decir de brevas a higos, que se sucede con intervalo de solo un mes y medio o dos meses, se me ha venido al pensamiento eso de los higos y las brevas, por lo cual me he dispuesto hoy, a tratar de ello en esta entrada, que dicho sea de paso, ni esperaba pudiera darse en esta fecha.

Sin duda esta cuestión para toda persona que tenga, aunque sea un leve conocimiento del campo, se dirá, bueno y esto de que trata éste en dicho tema lo considera con la suficiente entidad para traerlo a colación, pues yo le diría que tiene razón, pero también podría decirle que la inmensa mayoría de las gentes que vive en las grandes ciudades, sin duda le enseñará cosas que ellos no tenían la menor idea de que así fuera. Dejando por sentado, cuando menos para mí, toda esa explicación, vamos al detalle.

En cuanto a las higueras, que son los árboles que producen el fruto de las brevas y los higos, aparte de la distinta calidad, e incluso el color  del mismo, las hay las denominadas solo higueras, y las otras conocidas por higueras brevales.

Vamos con estas últimas. No conozco otro árbol que en período que no llega a dos meses, produzca dos cosechas, que aunque de mucho parecido, pero distinto, son primero las brevas y luego también da higos. De ahí viene el dicho de que cuando suceden cosas de tarde en tarde,  se dice "de higos a brevas", dado que los higos suele comenzar por agosto, y claro las siguientes brevas allá por últimos de junio del siguiente año.

Cuando menos aquí por Andalucía, las brevas comienzan a madurar aproximadamente, se dice que por San Juan, o sea como sed ha indicado a últimos del mes de junio y luego no más allá de mediados de julio, ya ha terminado su producción, y para mediados o últimos de agosto, comienza a tener el inicio  la madurez de su segunda cosecha, que ahora son higos, pero no brevas. Éstas,  tienen mejor sabor que los higos que producen esta clase de higueras, y tienen diferente tamaño y hasta forma también algo distinta, aunque posiblemente no faltará quien no sepa diferenciar las unas de los otros.El fruto de las higueras brevales, como las que llamamos solo higueras, suelen producir fruto, bien de un color que llamamos negro o blanco, que se le llama así, a las, y los, de  color verde claro.

Las brevas, para sus productores, tienen el aliciente y  la ventaja de que su inicio lo es con bastante antelación a la de los higos, por tanto se acogen con mayor deseo y aunque su producción es mucho mas escasa que la de los higos, los precios de venta en el mercado, suelen ser bastante mayores.

Ahora vamos a referirnos a las llamadas higueras, que solo producen higos, aunque su fruto es mucho mejor que los higos, o sea la segunda cosecha de las higueras brevales.

El fruto de las mismas, aunque de tamaño, color y sabor algo diferente de unos a otros, según la clase de higuera, como he citado anteriormente suelen ser infinitamente mejores en todos los órdenes y la duración de su cosecha que suele comenzar en la primera decena de agosto, suele extenderse, según la clase y diferencia entre una y otra, hasta finales de septiembre o primeros del mes de octubre y en algunas ocasiones, yo he conseguido comer higos bien entrado ya el mes de noviembre, que no sé si por raro en dicho tiempo, suelen saber a gloria.

Ahora quiero señalar dos cuestiones propias de la higuera, y es que a la sombra de dicho árbol, no vive otra clase de planta, incluso ni la hierba crece bajo su sombra, y la otra cuestión es que la hoja de la higuera es bastante urticante, por lo que subirse ella en manga corta, o pantalón corto, suele salirse con urticaria un tanto molesta, igual  en los brazos como en las piernas.

 También existe otra clase de higuera que se le llama cabrahigo, que algunos lo denominan higuera macho, y otros higuera silvestre, que yo la considero así,  pero no echa ninguna clase de fruto, sino que se seca cuando la misma está en flor.

  Por mi pueblo existía también un dicho, de que cuando una persona estaba un tanto débil o delgada, como me siento yo ahora, se decía de ella, "está fuerte como el pellejo de breva", que el mismo tan pronto se toca, acusa la señal de haberlo tocado.

Aunque con cierto decaimiento del ánimo, mira por donde las brevas y los higos, me han llevado hoy a decir algo en este blog, que bastantes días llevaba, no olvidado, pero si desatendido.

Hasta la próxima, que algo se me ocurrirá de que tratar.

miércoles, 6 de enero de 2016

Donde dije "digo", digo "Diego"


Nunca he sido propenso a cambiar de opinión en mis decisiones, y como suele decirse, nunca dirás de este agua no he de beber, aquí estoy de nuevo ante este mi blog al que había decidido abandonar. Sin duda alguna, el principal motivo de mi vuelta por estos lares, lo han sido los comentarios, tanto en el propio blog como en el Facebook, como no, obra de mi buen amigo Daniel Torres, en los que, tanto de mi entorno familiar mas próximo, como de esos amigos que han sido asiduos lectores del mismo, me lo han pedido y como ante ello, tanto por corresponder a esas peticiones, como por propio sentimiento de hacerlo, como digo, aquí estoy.

Por no abdicar de lo que fueron, y lo seguirán siendo, los recuerdos de hechos y circunstancias de mi vida, hoy, viniendo como anillo al dedo, voy a tratar de cuanto supone la festividad del día, como son LOS REYES MAGOS DE ORIENTE.

Reyes Magos, Córdoba, 1935

También como es mi tendencia, me retrotraigo hasta aquellos lejanísimos años de mi infancia, y diré que, a esta hora en que comienzo a escribir en el blog, las doce y veinte de la mañana de este seis de enero de dos mil dieciséis, pero de hace ochenta o algún año más, yo, y comenzaré por mí, dado a que era el mayor de los hermanos, ya habíamos dado cuenta de nuestros regalos de Reyes, que no habían sido otra cosa, que una par de perrunas, algún rosco, dulces que mi madre había hecho para todas las navidades, y quizá como algo especial, tres o cuatro peladillas, que era lo único que se había comprado, y que pocos minutos eran los que se tardaba en engullirlo todo.

Después de ello, se daba una vuelta por los puntos donde solíamos jugar los niños de entonces, y hallábamos alguno a quien le habían echado los reyes, una patineta, una pelota de las que botaban y todo, pero de eso eran pocos los que mostraban tales juguetes; posiblemente alguno llevaba una pequeña trompeta o un tamborcillo con lo que solían dar la "lata". En todo cuanto he contado, se basaban los regalos de reyes de mi infancia.

Ahora, me toca trasladarme hasta la infancia de mis hijos, y que a estas horas del día de reyes, las calles estaban llenas de niños, especialmente jugando al balón, y también ya balón de verdad, no faltaba tampoco alguna que otra trompeta con la que formar ruido, y cuando llegaba la ahora de la comida, había que llamar a los críos que embebidos en sus juegos, especialmente al fútbol, no se acordaban siquiera de que había llegado la hora de comer.

Y ahora, héme aquí,  que sobre las once de la mañana de hoy, he tenido necesidad de salir a la calle y no es que no he visto ni un solo niño en la misma, pero es que tampoco dentro de sus casas, he escuchado ruido o sonido alguno de los juguetes que le hayan echado los Magos de Oriente, pero de lo que seguro estoy, es que de poder haber entrado en sus domicilios, sentados especialmente en el sofá de su casa, uno, dos o los niños que haya en la misma, estarán con sus aparatitos y maquinitas, de lo que en mis tiempos no se tenía ni puñetera idea de que algún día pudieran existir, pero eso sí, viviendo cada uno en si mismo de lo que se trata en particular su juego, o caso del que se trate, sin percatase siquiera de lo que a su alrededor este sucediendo siquiera en sus propios hermanos.

Yo, haciendo mi propio examen de aquella infancia en la que me toco vivir, tan distinta y tan distante de a como lo es en el día de hoy, y visto con el sosiego y templanza que dan mas de noventa años, creo no cambiaría aquellos bulliciosos juegos con mis amigos, que lo eran todos los niños del pueblo, con el encanto que puedan producir esas maquinítas y juegos de la actualidad. Entonces tenía que llamarnos a voces hasta la calle donde estuviéramos jugando, pero hoy, hay que sacarlos del embeleso a que los lleva el juego con sus actuales regalos de reyes, porque tampoco se acuerdan de que ha llegado la hora de la comida. Claro, que esa diferencia, de aquel ayer, al hoy, solo tienen la culpa, así por encima, ochenta años largos.

Esperando haber complacido a quienes me lo han pedido, y a todo aquel que en algo pueda haberle interesado el leer algunas de mis entradas, con ello me daría, como suele decirse, con un canto en los dientes, cuando algo produce satisfacción.

"Como decíamos ayer", hasta la próxima entrada.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Adiós al blog

 Arrecife de Lanzarote

Tal día como hoy pero de hace 8 años, iniciaba otra nueva etapa en mi ya larga vida. Por primera vez y rompiendo cierta resistencia a estas nuevas tecnologías. realizaba mi primera entrada en este blog.

Dos cuestiones, y escuetamente trataba las dos en aquella lejana entrada. La una, trayendo al recuerdo la última nochevieja que pasaba junto a mi mujer, de la que pese a que faltaba un mes para cumplirse once años de su fallecimiento, aún no había podido quitarme de encima el dolor que su ausencia me había producido.

La otra, era que en aquella fecha se cumplían 60 años de la ruptura de unas incipientes relaciones amorosas, precisamente las primeras que había iniciado en mi vida.

Desde entonces, 468 veces, más la de hoy, he realizado mi entrasda en el mismo. Lo que nunca hubiere pensado es que en 1.296 localidades de los cinco continentes, alguien ha tenido a bien, o la osadía de cuando menos echarle un vistazo a este humilde blog. El nombre de mi pueblo Villaharta, del que seguro en la misma provincia de Córdoba, a la que pertenece, habrá gentes que no sepan de que el mismo existe, y como digo se ha paseado por los cinco continentes del ancho mundo terrestre. No sé cuántas personas serán las que habran podido leer todas o algunas de dichas entradas, aunque si me baso para ello en los comentarios que se han hecho de ellas, la realidad es que han debido ser poco numerosas.

Algunas habrán merecido la pena ser leídas: otras se lo habran ganado, alguna que otra podrá haber resultado un tanto curiosa, o novedosa la cuestión tratada, pero de lo que si me siento satisfecho, en que todas, y digo todas, he puesto el mayor cariño en tratar de exponerlas tal las he vivido o presenciado, los hechos acaecidos, dado a que como el propio título del blog lo dice, generalmente se ha tratado de los recuerdos que a lo largo de mi vida se han ido sucediendo. Y ahora, en estos instantes en que he decidido poner fin a este menester, y volviendo mis recuerdos hasta aquellos primeros de que coservo realmente como lo fueron, parecen perderse allá en el confín de los tiempos, tal ha sido el cambio tan radical producido en el cotidiano vivir de la población, en todos los aspectos, que hasta mentira me parece que el vivir como entonces se vivía, me causa extrañeza, que hasta se hiciera muchas veces con alegría. De lo que si saco la conclusión, es que aquel vivir, o para mejor decir aquella convivencia, lo era mas íntimo en lo personal, de lo que las nuevas tecnologías nos apartan hoy.

No quiero extenderme más, y por ésta que digo pueda ser la última de mis entradas, me despido y doy las gracias a todos mis posibles lectores que lo fueran, a aquellos que dejaron sus comentarios, que en general lo fueron misericordes conmigo, y como no, el rescoldo que de alguno me queda y al que debo una gratitud imperecedera.

Todo ello ha sido otra etapa de mi vida que ha durado ocho años, y de lo que hace por ejemplo sesenta o setenta, ni siquiera podía imaginarme pudiera suceder tal lo ha sido.

Como no, decir adiós a esas 468 veces en que me he puesto a relatar recuerdos u otras cuestiones de las que he sido partícipe o espectador a lo largo de tantos años de mi vida, me deja un no se qué de tristeza como si me apartara de una senda por la  que estuve caminando durante ocho años.

Raro podrá ser el que en otra ocasión vuelva por estos lares, que de serlo así, solo me queda que decir

A  D  I  Ó  S

sábado, 12 de diciembre de 2015

Aires navideños

Fuente: http://minimalrooms.com
Aunque el "Adviento", que según la iglesia cristiana es el tiempo de la preparación de la Navidad y comienza cuatro semanas antes de la misma, no es hasta la llegada del día 8 de diciembre, festividad de la Purísima, cuando realmente comienzan a ventearse lo que se dice "aires navideños".

Las próximas navidades de 2015, harán el número ochenta y ocho de las que yo haya pasado como tales. Pero, ¿y cómo digo yo que serán las número 88, si habré pasado cuando termine este año, noventa y una veces sobre el veinticuatro y veinticinco de diciembre? Sencillamente porque las de los años 1936, 1937 y 1938, las pasé en zona roja durante la Guerra Civil Española, y esas navidades como tales, no recuerdo de que ni siquiera llegaran a comentarse. Por tanto, lo que realmente son las Navidades, solo con las venideras serán eso, ochenta y ocho las que haya pasado.

Para mí siempre lo fueron, lo son y seguirán siendo, las festividades por antonomasia de todo el año. Lo que si es cierto, que a medida que los años van pasando, las sensibilidades van acentuándose y realmente, creo que como a mi me sucede, lo será también a todos los metidos en años, cuando llegan las navidades. en el ánimo se contraponen los sentimientos de manera que por una parte te vienen al recuerdo la tristeza de aquellos seres queridos, que para siempre se fueron y por la otra la alegría de poder reunirte con los que aún te quedan, aunque, y volviendo a repetirme, pasando el tiempo, resulta difícil el que se puedan reunir todos los que se desearía que así lo fueran.

Por otro lado, y tal si fuera la actividad de una empresa, cuando las Navidades llegan, o más bien ya se van aproximando, parece ha llegado la hora de hacer balance, no solo de lo ocurrido desde el año anterior a éstas, si no que, aun sin quererlo, te retrotraes a muchos  años atrás, que suelen detenerse hasta tocar aquella barrera de la juventud, que hasta entonces solo había vivido uno de dicha y divertimento. Cuando muchas han sido ya las pasadas, y por razones obvias, escasas las que puedan quedar, queda en el ánimo ese "nosequé", de la duda de cuántas serán las por venir.

Al desgranarlas de unas a otras de las pasadas, sin remedio han de catalogarse tal lo fueron sucediéndose, y nuevamente aquí, vas haciendo la catalogación de cómo resultaron, y ciñéndome a las mías personalmente, aun siendo mayoritarias las alegres y de disfrute, no faltaron aquellas que trayéndolas al recuerdo presente, dejaron desgarros profundos en el alma, de lo que aún cicatrizados, la huella que dejaron siempre permanecerá indeleble. Así va siendo la vida, y al tiempo que te rebanan el alma algunos de los pasados aconteceres, no puedes, ni debes, renunciar al disfrute de las venturosas que te van llegando después, que el sufrimiento de las que te sucedieron, no te eximen de dar gracias a Dios de las felices y dichosas te sean concedidas.



Aquellas peticiones del "aguinaldo" que de casa en casa íbamos por el pueblo, preguntando en cada una de ellas el "¿se canta o se reza?", que se cantaba si no se guardaba luto por el fallecimiento de algún deudo allegado, o se rezaba algún que otro padrenuestro, y salve, en que la respuesta fuera el de "se reza",  por los motivos indicados. Esos recuerdos quedan allá casi sepultados, en las tinieblas del tiempo pasado, que son casi por los setenta y cinco años. Como se dice, ya ha llovido.

Hasta la próxima entrada, que prevengo pueden ser también escasas, las que sigan a ésta. No obstante seguro llegará otra en la que pueda felicitar a todos los que puedan echar un vistazo a ella, aunque no sean muchedumbre.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Palabras que estuvieron en uso en mi juventud


Como todo en la vida pasa, también, como no, el uso de algunas palabras que en tiempos de mi niñez y juventud estuvieron en uso, fueron perdiendo actualidad y terminaron por perderse por completo, al punto de que hace décadas que yo cuando menos dejé de oírlas.

Las dos que voy a citar en esta entrada, tan perdidas están, que hasta su propia letra inicial también creo que ya no está incursa en el abecedario español, como es la letra "che". Cuando yo iba a la escuela y se nos enseñaban las letras del abecedario, se comenzaba así: a, be, ce, che,  y según creo ahora se pasa ya de la ce a la de...

Bueno dejemos aparte esto y vamos al grano...

Como decía anteriormente, en mi niñez, adolescencia y juventud, cuando menos en mi pueblo era muy frecuente oír el vocablo, "charraná", esto en andaluz puro y duro, que seguro su ortografía y pronunciación correcta debería ser charranada y que creo que como tal no aparece en el DRAE, aunque como cito se decía mucho y no creo lo fuera solo en mi pueblo.

Fuente: http://www.youtube.com

Charraná se aplicaba cuando alguien te jugaba una mala pasada o un mal comportamiento hacía ti, especialmente si se trataba de persona a la que hasta entonces la habías considerado como amiga o por lo menos no desafecta. Seguro que hoy, personas con edad inferior a cincuenta o sesenta  años, ni la han escuchado nunca, ni sabían  el significado que entonces se le daba. También para lo mismo, solía utilizarse, en Andalucía, jugarte una "mala partía".

Y vamos a la segunda, que creo tampoco, como tal, está en el DRAE. Me refiero a la palabra "chasca". Sin duda esta palabreja, estuvo en boga, solo unos pocos años, precisamente en los del hambre y el racionamiento, o sea los años de la década de los cuarenta del pasado siglo, en la postguerra civil española.

El racionamiento no alcanzó solo a los artículos alimenticios de primera necesidad, si no también entre otros, le tocó al tabaco. Como tal, solo a los varones y mayores de 18 años, se les proveía de una cartulina cuyos bordes eran cuadrados y en cada uno figuraba un número, y así cuando llegaba a los estancos un aprovisionamiento del mismo, a lo mejor con una, dos o tres cajetillas de tabaco, siempre a granel, le era suministrado a los poseedores del "cartón" y se decía el número que había que cortar al mismo.

Fuente: http://www.todocoleccion.net

Sobre todo a los fumadores empedernidos, entre los cuales se hallaba en las primeras filas mi propio padre, recurrían cuando el tabaco les faltaba a fumar lo que fuera y entre lo mas próximo era recurrir a lo que entonces se dio en llamarle "chasca".

Y aquí para no tener que ir muy lejos, recurro también a mi padre, y que a la sazón tenía un huertecillo en el lugar conocido por "La Mimbre", solía sembrar en el mismo plantas de tabaco, pero que las mismas no eran tratadas como en las fábricas de dicho producto, si no de forma mas rápida, a fin de poder utilizarlas enseguida, llegando en ocasiones a ser secadas y casi tostadas en la candela, utilizando por ejemplo las palas metálicas. A ese producto, o sea el tabaco curado o secado por medios artificiales, se le dio en llamar "chasca" y que como tal se vendía casi clandestinamente, y que por cierto cuando se encendía un cigarrillo de chasca, expelía un olor tan desagradable, que solo a los que lo fumaban. no les molestaba. Como indicaba anteriormente, mi padre raro el día que no preparaba una cochura de las hojas que cortaba de la planta en el huerto, y a la plancha se las preparaba.

Aquel preparado de la planta del  tabaco, y en no pocas ocasiones, de otras clases de hierbas o plantas que ni siquiera eran de tabaco, se preparaban algo de lo que fumar. Por ello la palabra "chasca" tan pronto se normalizó el aprovisionamiento del tabaco, dejó de usarse y como suele decirse nunca más se supo de ella.

Hoy cuando menos esta entrada, habrá sido noticia novedosa lo de chasca, para los que tengan unas décadas de años menos que yo, con la ventaja de que ellos no tuvieron que soportar aquellos tenebrosos años del racionamiento y del hambre.

Hasta la próxima.
  
   

viernes, 27 de noviembre de 2015

Cambio de destino


Hoy se han cumplido 41 años, en que voluntariamente pasaba destinado desde el Servicio de Información de la Comandancia de Málaga, a la Jefatura de Armamento de la misma.

Después de haber estado con el empleo de Guardia, de Cabo de Sargento y de Sargento primero en la primera de las unidades, y en la que aprendí casi todo lo que llegué a saber de la Guardia Civil, aquel cese, pese a serlo voluntario, dejaba en mí "ese no sé qué" que al alma te llega.

Para mí, cuarenta veces que ingresara en el Cuerpo, desearía ir a prestar mis servicios en el de Información, aunque en la forma en que hoy puedan desenvolverse dichos Servicios, lo serían totalmente desconocidos para mí, pero sin duda con muchos más medios de los que entonces en los años cincuenta, sesenta y hasta el setenta y cuatro que yo estuve en el mismo, aunque progresivamente fueron aumentando, seguro no pueden ni aproximarse a cuanto en ellos hoy se cuenta.

Por cuanto llevo expuesto, quienes puedan leer esta entrada se preguntarán: "entonces si tan a gusto estabas, ¿por qué solicitaste voluntariamente cesar en el mismo?"

En pocas palabras voy a tratar de hacerlo. Primero, en el tardo-franquismo, como podrá observarse que lo fue precisamente un año antes de fallecer Franco cuando cambié de destino, los servicios de Información no sabíamos a que atenernos, principalmente en cuestiones que afectaban a la política, donde parecía que nadie quería intervenir en tales hechos.

A tal fin voy a contar un caso que se me dio, y es que un estudiante que se hallaba cursando sus estudios en Málaga, pero tenía su residencia en otra provincia, estaba encuadrado en una organización política clandestina, que se descubrió en el verano cuando los estudiantes estaban de vacaciones. Por nota informativa se comunicó al servicio de información de la Comandancia de su residencia tal circunstancia en la que se indicaba su domicilio, y detalles sobre encuadramiento en la misma. Esto sucedía en los últimos días del mes de julio o primeros de agosto. La próxima noticia que tuve sobre el particular fue en los primeros días de Septiembre, en cuya nota informativa se me comunicaba que un día de la primera quincena de aquel mes, dicho individuo se trasladaría a Málaga a fin de examinarse de una asignatura que le había quedado pendiente. Como es natural, a aquella noticia, no le hice el menor caso.

Pero tampoco eran en total esos los motivos, por lo que solicité mi pase a la Jefatura de Armamento, sino que en el Servicio de Información tenía que estar las veinticuatro horas del día pendiente de cualquier noticia que llegara al mismo, y cualquier movimiento que hiciera, incluso en un día festivo con la familia, tenía que dejar el punto donde me encontraba y teléfono al que habría de llamarme el Guardia de servicio en el mismo, en caso de necesidad, que no fue una vez sola, la que hube de salir de estampida, bien teniendo que volver con la familia a la casa o dejarla en el lugar donde estuvieran, si de por sí tenían oportunidad de regresar.

En el nuevo destino tenía oficina solo de ocho a catorce horas, y en contadas ocasiones a lo largo del año tuve necesidad de ir alguna tarde y rara vez en día festivo. Los veinticinco años de servicio que llevaba y los cuarenta y nueve cumplidos, con la desatención que como he citado tenía en parte a mi mujer y mis hijos, me hicieron el solicitar tal cambio.

Hoy, transcurridos cuarenta y un años desde aquel 27 de noviembre de 1974, siento la añoranza de mi paso por Información, como decíamos los Civiles, pero nada dejó en mi de particular los siete años que estuve en la Jefatura de Armamento. Lo que si puedo decir, es que fueron los más tranquilos y de menor preocupación de todos los que pasé en el Cuerpo.

A ello voy a señalar, que después de llevar más de treinta y cuatro años retirado, en alguna ocasión he soñado con servicios que estaba prestando en Información, pero ni una sola vez lo he hecho, de lo que fue mi actividad en Armamento, y que consistía en el control de todo el armamento y municiones de la Comandancia, de lo que anualmente tenía que presentar un resumen en la Jefatura de Armamento de la Dirección General del Cuerpo.

Así a bote pronto, me parece que fue ayer cuando aquello sucedía, pero mirando hacia atrás y trayendo a la memoria acontecimientos pasados, casi medio siglo de ello, son muchos años, y mucho el cambio habido en todos los órdenes.

Hasta la próxima entrada.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuarenta años han pasado


Hoy no tengo por menos que volver la vista atrás y situarme en aquel 20 de noviembre de 1975. El Presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, por televisión daba la noticia: "FRANCO HA MUERTO".

Yo mantenía entonces, y hoy también, el recuerdo de los años anteriores al inicio de la Guerra Civil española, el discurrir de la misma, así como su finalización.

En el momento en que Franco moría, yo estaba en activo, pero en un destino poco expuesto al peligro por una parte, dado a que estaba a cargo del control del armamento, municiones, y todo el material como granadas de mano, que en aquellos momentos solo se utilizaba en ejercicios de tiro. Por otra parte, también era el jefe del equipo de desactivación de explosivos, de lo que había realizado el curso en el mes de enero de aquel año, y de lo que  no tenía la mínima preparación para ello,  ya que ni profesores para ello tuvimos en el curso, dado a que era el primero que se daba en todo Andalucía. No obstante a todo lo que hasta ahora he relatado, me producía la menor inquietud a mi personalmente, quizá por la edad, cincuenta años, y estar curtido en muchos acontecimientos, antes, durante y después de la guerra civil.

Pero también mantenía en el recuerdo las reacciones y comportamientos de partidos políticos y otros estamentos, sobre todo en las proximidades del inicio de aquella contienda. Lo que pudiera acontecer tras la muerte de Franco, era una gran incertidumbre. que era lo que, al igual que una gran mayoría, a mi también me sucedía y en eso si que tenía una preocupación máxima, y no era por cuanto a mi se refería.

Hoy como decía al principio, volviendo la vista atrás en esos cuarenta años transcurridos, aquella transición se llevó a efecto gracias a Dios. Yo, que entonces tenía a mi cargo todo el armamento, municiones y la jefatura del equipo de desactivación de explosivos, llevo mas de treinta y cuatro años retirado y gracias a Dios llevando una vida mucho mejor y de calidad, de lo que ni siquiera entonces pudiera haber soñado.

Aquellos temores y preocupaciones de entonces, son solo un recuerdo y un consuelo de lo que se temía pudiera haber sido, pero que no fue.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Examen de ingreso


Tal mañana como la de hoy, pero de 1949, por tanto hace SESENTA Y SEIS AÑOS, me examinaba en la Comandancia de Córdoba opositando para mi ingreso en la Guardia Civil. Aquel momento lo llevaba esperando desde hacía algo más de dos, y al fin salvaba las dificultades que hasta entonces  me lo habían impedido, cuyas circunstancias tanto en mis memorias como en alguna entrada que sobre este particular creo he realizado en este blog, las había señalado. Posiblemente, como ahora, cuando faltan algunos minutos para la una de la tarde, aquel día colocaban a la puerta de la dependencia donde se habían celebrado los exámenes, la lista de los "Aprobados", en la que yo figuraba.

Baladí podrá parecer tal consecución, pero entonces, y aun hoy lo mantengo, resultó ser para mí,  una de las consecuciones mas ilusionantes de mi vida. Cuando ante la lista expuesta, mis ojos veían mi nombre colocado en la misma como aprobado, una sacudida de satisfacción y alegría recorría todo mi ser, y además de todo cuanto para mí esperaba podía suponer, como así resultó ser, la alegría que de ello iban a recibir mis padres, colmaba la mayor de las alegrías que personalmente había recibído hasta entonces, tal vez comparada con la que tuve cuando en la mili, conseguí mi pase como mecanógrafo a las oficinas de la Capitanía General, cuyo acontecer lo he relatado seguramente mas veces de las que debiera, como sucede  exactamente con la de hoy.

En fin, aquella tarde cuando a casa de mis padres llegaba y les daba la noticia de mi aprobado, colmado de lágrimas recibía de cada uno de ellos, uno de los mayores abrazos y besos y que suponía el "no va más", de  las satisfacciones.

Más de treinta y un años de servicio en el Cuerpo, y además de treinta y cuatro los que llevo "retirado", de los que pocos  días habré dejado de dar gracias a Dios por aquella consecución, por muchos más que pudiera sobrevivirlos, de lo que consciente soy de que no muy luengos puedan ser, aun me faltarían mas para poder dar las suficientes a cuanto ello de dicha y felicidad me proporcionó.

Vaya esta corta entrada de hoy, principalmente como añadido a ese agradecimiento apuntado anteriormente, sintiéndome plenamente feliz y orgulloso de como a partir de aquel parecido como perdido en el paso del tiempo, año 1949, y que transcurridos 66 años por esta vida, sigo transitando, y aunque peque de reiterativo por lo también muchas veces expresado, sin duda recibí, y recibiendo lo continuo, mas de lo que yo pudiera nunca haber dado y merecido.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El súmmum por el movil


Viniendo hoy al medio día desde Guadalmar a mi casa en el autobús, he presenciado hasta donde se puede llegar en el uso del teléfono móvil.

Ya entrado en Málaga ciudad, en una de las paradas subieron entre otras personas al autobús donde yo venía, una jovencísima que debía estar entre los quince y diecisiete años. Como es casi general, no solo en los jóvenes, si no también, en los no tan jóvenes y hasta niño/as, con su móvil en la mano. El primer asiento que encontró desocupado era uno de los cuatro que existían en el vehículo destinado a los ancianos y discapacitados. Yéndose hacia el mismo y con una tensión como si le faltara el oxígeno para respirar y cuando aun todavía no había terminado de sentarse, con sus dos dedos pulgares, comenzó a teclear sobre la pantalla del mismo con una velocidad. que solo un mecanógrafo que había en Capitanía General donde yo hice la mili, había visto nunca escribir con tanta velocidad. Jadeante y en un estado que daba la sensación de haber llegado al paroxismo, permaneció en aquel estado durante unos dos o tres minutos, pasados los cuales y respirando profundamente apartó la vista de donde estaba escribiendo lo que fuera, miró como al infinito, en sus labios se dibujó una leve sonrisa y continuó tecleando pero ya de forma mas pausada.

Los escasos segundos que debió perder en estar pendiente de su móvil. en subir al vehículo y pasar su tarjeta del bus, creo que como decía al principio de este relato, le faltaba hasta el aliento que le ocasionaba una respiración jadeante como si en ello le fuera la propia vida.

Como no, en esos instantes mi mente se fue hasta aquellos recuerdos lejanísimos del principio de los años cuarenta del pasado siglo cuando yo tenía los años que esa jovencísima debía tener, y que distancia tan abismal hay entre la forma y modo de vivir entre ella y los de su generación, con la mía y la de mis coetáneos.

Pero no por ello, y pese a todas nuestras carencias de entonces, pienso no son hoy mas felices de lo que nosotros lo éramos.

Precisamente, por ejemplo dentro de unos días, el 13 de este mes, festividad entre otras de San Diego, se celebraba en mi pueblo el llamado día del café. Las jóvenes entonces, en casa de una de ellas, preparaban café y algunos dulces caseros e invitaban a los amigos, entre los cuales casi siempre estaban, no ya los novios de algunas de ellas, si no también los pretendientes o los que deseaban que lo fueran. Aquellas reuniones que solían celebrarse por la noche después de cenar,  duraban hasta las primeras horas de la madrugada.

Colocaban en las mesas las tazas iguales de dos en dos, que cada una llevaba de su propia casa, nos invitaban primero sentarnos los varones en la mesa, y según la taza que estuviera en el punto donde te habías sentado, la propietaria de la misma y su igual, se sentaba a tu vera. Eso parecerá que era echarlo a suerte, pero la casi generalidad de nosotros sabíamos de antemano que taza habíamos de elegir, que era conocer quien era su propietaria y por  tanto, con quien deseábamos estar. Aquellas largas charlas, que en su conjunto eran verdaderas algarabías, llegaba a formar unos lazos de amistad y fraternidad. entre todos,  que hoy pasados mas de setenta años, algunos de aquellos "días del café" calaron tanto en mí que cuando llega San Diego, no tengo por menos que pasar mis recuerdos por aquellas felices vivencias. La relación de las personas entre sí, dejan una huella mas profunda y sentida de cuanto puedan hacerlo cualquier otra cosa, de cuyos recuerdos, nunca, nunca, puedes desprenderte.

Si algún joven hoy puede leer esta entrada, seguro se le dibujará una sarcástica sonrisa en sus labios y dirá para sí: "Cosas de viejos, qué le vamos a hacer..."

A mí no me ha llegado la fiebre del teléfono móvil, y solo se utilizarlo para recibir las pocas llamadas que me hacen, y no más, las que yo hago.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 31 de octubre de 2015

Oficios que se perdieron


En un correo que recibí hace un par de días, se señalaban dos oficios de los que en mi niñez y juventud, era frecuente el verlos casi a diario por las calles de los pueblos, ofreciendo sus servicios. Tales eran los afiladores y lañadores.


Afilador

Comenzando por los primeros, a mi pueblo solía llegar con relativa frecuencia un afilador, nunca el mismo, empujando  su carro, y tocando una especie de armónica, que desconozco el nombre de semejante instrumento que era usado solo por los de dicha actividad, con lo que solían apercibir a las mujeres de sus presencia y  que precisaran de afilar algunos de sus utensilios utilizados generalmente en la cocina.

Según se decía la casi totalidad de los afiladores eran gallegos de Orense, y el caso es que trayendo al recuerdo su forma, modo y acento de hablar, gallegos por lo menos si que eran todos los que recuerdo haber visto y oído.

Aquellos hombres para trasladarse de uno a otro pueblo, lo hacían siempre a pie y además como he citado antes, empujando su carro en el que estaba instalado todo el menester para realizar su trabajo, y aunque no fuera muy pesado, y sería fácil de llevar por las carreteras en llano, y pendientes hacia abajo, el subirlas cuando la pendiente en muchas ocasiones, y en aquellos tiempos mas todavía, llegaban a alcanzar en no pocas veces el 10% o mas incluso,  sin duda precisaría un gran esfuerzo su realización, máxime teniendo en cuenta que muchas veces la distancia de uno a otro pueblo era de veinte, treinta o más kilómetros. Lo que nunca pude comprender, es que con los míseros ingresos que pudieran obtener con aquel trabajo, aunque  solían alojarse en las posadas que había en las localidades por las que pasaban, que hoy solo el recordarlas tales estaban preparadas para recibir a los que solían alojarse, al punto de que las camas para el descanso de la noche, solían ser, durante el invierno, solo una silla, o  una manta tendida en el suelo junto a la lumbre para superar el frío, y en tiempo que no  hiciera frío, solo la manta con una almohada menos aseada de lo que debiera, tendida en algún pajar, era su morada, y que decir de la alimentación que pudieran darle, dado a que, como he indicado anteriormente, eran solo miserias las que ganaban. Aquellos ambulantes trabajadores, no debían tener familia alguna, a su cargo se entiende, y si la poseían sin duda, ellas mismas habrían de buscarse lo mínimo para su supervivencia, dado que poco, o nada, podrían esperar de aquel afilador, que se pasaría la mayor parte del año nomadeando, sin ir siquiera por el lugar de su residencia.


Lañador

Por cuanto a los segundos, lañadores, aunque solía llamárseles también estañadores, ya que ambos trabajos realizaban. La de lañador se trataba de que sobre todo los utensilios de barro o arcilla, tales como cántaros, lebrillos, orzas y otros semejantes, que se utilizaban en la mayoría de los hogares de la época, cuando se les hacía una pequeña raja, en vez de tirarlos y comprar otros nuevos, se tenían guardados y cuando llegaba un lañador se le entregaba, el cual y utilizando una especie de berbiquí provisto de una broca de finísimo taladro, solía realizarle unos cuantos agujeros a ambas partes de la superficie dañada y luego le colocaba unas lañas metálicas, que si como en los lebrillos y orzas solía suceder, se podía cerrar por dentro del utensilio a reparar, luego con martillo muy pequeño y dándole golpecitos muy despacio, iba cerrando los dos extremos de la laña, y aunque parezca mentira por allí no volvía a salirse liquido alguno. En los cantaros, pucheros y otros que el lañador no podía meter la mano por dentro del cacharro con el martillo, la laña se cerraba por la parte exterior, pero con iguales resultados en su efectividad. Lo que sucedía que en el exterior quedaba un poco mas "bonito", la laña que se cerraba por dentro. No penséis que eso era una cosa rarísima el ver tales aplicaciones, que seguro no había ni una sola casa en el pueblo que no tuviera un utensilio con una, dos o mas lañas.

Estos mismos individuos también solían arreglar las ollas, platos y utensilios de porcelana a los cuales cuando se les hacía un agujero, al igual que solía hacerse con los de barro, se tenían en espera de que llegara el lañador, para que lo arreglara, y lo hacía lijando un poco los alrededores del agujero, y luego utilizando un aparato de hierro con mango y que en una especie de hornilla que llevaban con carbón encendido, lo ponían al rojo vivo y tomando una pequeña barrita  de estaño, le aplicaban el aparato y dicho metal se licuaba rápidamente y cayendo sobre el agujero del utensilio quedaba totalmente tapado y con ello se evitaba de tener que comprar otro nuevo. En casa de mis padres recuerdo haber por cuanto a lo del afilador, haber presenciado en muchas ocasiones el afilado sobre todo de cuchillos, y en  lo del lañador y estañador, cuando menos recuerdo de un lebrillo que tenía por lo menos tres o cuatro lañas, y también una o dos ollas y algún plato o fuente con las cicatrices a las que hubo de aplicársele el estaño.

Lo que nunca llegué a comprender, ni hoy tampoco, es que si el estaño aplicado a aquellas reparaciones se hacían al arrimarle a dicho metal un hierro al rojo vivo, porqué luego cuando por ejemplo una olla se acercaba a la lumbre aquellas gotas de estaño que se le aplicaron no se derretían con el calor de la hoguera. Si alguien sabe el misterio, me gustaría me lo explicara.

Estos lañadores solían ser muchas veces de etnia gitana y por ende iban siempre acompañados de su familia.

Para algunos de los pocos que oséis entrar a leer esta entrada, os resultará curioso cuando menos conocer, alguno de los detalles en que se desenvolvía el vivir cotidiano de aquellos tiempos, que aunque a mi me parece que fue ayer, si me paro un poco a pensar, y miro hacía atrás, me da la sensación de perderse en la lejanía de los años.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 24 de octubre de 2015

Festividad de San Rafael Arcángel


Hoy es en mi pueblo uno de los días mas festejado de todo el año. Pese a que la iglesia hace años pasó la festividad de San Rafael Arcángel, al 29 de Septiembre junto a los otros dos Arcángeles San Gabriel y San Miguel, tanto en Córdoba capital como en mi pueblo se sigue celebrando, tal como se venía haciendo desde hacía muchísimos años, en el día de hoy 24 de octubre.

Hoy, y como lo vivido durante la niñez, la adolescencia y la juventud deja tan profunda huella en la vida de las personas, y como es natural en mi no podía ser menos, pese a hacer más de sesenta años no lo he pasado allí disfrutándolo, aunque hace cinco si estuve, pero para dar sepultura a mi hermano Antonio fallecido el día anterior, cada uno de los que ha llegado esta fecha han venido a mis recuerdos aquellos de los que eran para mí una de las grandes solemnidades, y que a la vez que cumpliendo años iba, como es natural distinta iba siendo la forma y modo de sus celebraciones.

Sin mucho de particular lo era cuando fui niño y comienzos de mi adolescencia, pero tan pronto cumplí los dieciséis años en que comencé a asistir a los bailes, por cierto la única diversión para la juventud en aquellos primeros años de la década de los cuarenta del pasado siglo, junto con los paseos por la carretera, como he citado, posiblemente por la añadidura de que hoy se sacaba en procesión, y se continua sacando, hacían como digo estaba, y está, como  el día de mayor solemnidad festiva sentida por los villaharteños/ñas.

Si alguna prenda de vestir solía estrenarse por parte de la juventud, siempre se hacía bien durante las fiestas del pueblo que lo eran del 7 al 9 de mayo, ambos inclusive, o bien en el día de hoy, festividad de San Rafael.

De mis diversiones y festividad del día, propios de aquellos años de mi incipiente juventud, como ya lo he señalado en diversas entradas en este blog, hoy voy a señalar unos detalles que al recuerdo se me han venido y que nada conmigo tienen que ver, pero si por cuanto al patrón del pueblo se refiere y como se celebraba.

En aquellos tiempos, se daba el caso de que la inmensa mayoría de los hombres que trabajaban como gañanes, solían concertar con sus patronos, o amos como solía decirse, su trabajo por un año y generalmente se hacía por San Miguel.

El contrato, que solían hacerlo siempre verbal, se les señalaban creo recordar cinco días que se decía para holgar, o sea que no iban al campo, aunque si tenían la obligación de atender la yunta echándoles los piensos correspondientes, sacarlos al  abrevadero, y asimismo limpiar la cuadra. Estos cinco días solían ser las siguientes festividades: un dia de Carnaval; el 8 de mayo, segundo día de las fiestas del pueblo; el 15 de agosto, día de la Virgen; el día de San Rafael, y el día de Navidad, fechas que coincidían precisamente cuando en el campo los trabajos a realizar no suponía contrariedad alguna el dejar un día el trabajo. Así haciendo hoy memoria de aquellos que se decía "ajustados por año", no solían ser más de seis o siete hombres, pero si era cierto que a los mismos, no solía vérseles fuera de lo que eran sus faenas del campo, si no en esos días que se han citado, y para lo cual, como decía en una de mis entradas recientes, estos gañanes, además de los que también solían coincidir los que se dedicaban a lo mismo, pero en sus propias tierras y sus yuntas, sus indumentarias, los que las poseían, sacaban del arca o baúles, los que en su día fueron sus trajes de novio y allá que solían reunirse en alguna taberna del pueblo donde ante unas copas de vino, como no, sus conversaciones trataban casi exclusivamente por cuanto a sus trabajos que realizaban cada uno, por supuesto a los mas próximos a la fiesta en que estaban "holgando". Estos trabajadores que se ajustaban por un año, solían cobrar jornales algo inferiores a los  que cobraban  los que trabajaban por días o temporadas de recolección de las cosechas, que principalmente solían ser las de los cereales y la aceituna.

El asegurarse el trabajo por un año entero, llevaba consigo la renuncia al cobro del estipendio que solían cobrar los jornaleros, que ya de por sí eran míseros, puede hacerse una idea como lo serían  los de aquéllos.

La entrada de hoy como puede observarse, poca "chicha" tiene, pero no me ha llevado a ello, nada mas que rendir un pequeño culto y homenaje, a un día que hace entre sesenta y cinco y setenta y cuatro años, era para mí, y mis amigos, el no va más del disfrute y la diversión. Dentro de las posibilidades que las circunstancias y el dinero me permitían, creo conseguí sacarle partida a aquella juventud, que pasé en Villaharta.

Hasta la próxima.

martes, 20 de octubre de 2015

Cascarria y zancajo


Las dos palabras que forman el titulo dado a esta entrada, cascarria y zancajo, hace cuando menos cuarenta años que no las he oído pronunciar a nadie, y seguro estoy que los menores de esa edad, o quizá de algunos mas, ni siquiera saben de que se trata, aunque ambas tienen varias acepciones en el DRAE.

Sin duda creo han perdido su popularidad, dado a que el sentido que se le daba al pronunciarlas, cuando yo era niño y joven emergente, hace también muchos años que no  concurren dichas circunstancias.



Comenzando por la primera, o sea "cascarria", aunque el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, lo califica generalmente de lodo o barro que se coge por los bajos de la ropa y se deja secar, o simplemente, se seca, en el dicho popular de aquellos tiempos solía aplicarse también a los excrementos expelidos por el ser humano que al no ser debidamente limpiados, como no, también terminaban por secarse. Así, cuando dos personas entraban en alguna discusión por cualquier cuestión, y una de ellas no estaba lo aseada que debiera, su oponente, poco tardaba en decirle, "anda y quítate las cascarrias". Quizás esto pueda parecer un tanto exagerado traerlo a colación tal lo estoy haciendo, pero, y vuelvo a repetirme, en aquellos tiempos, era frecuente el ver gentes, de ambos sexos y de todas las edades, el no estar con el aseo,  no debido, si no lo que podría llamarse imprescindible para no ser causa de adquirir alguna enfermedad, y lo que proyectaba hasta asco, por el mal olor que desprendía cuando estaba próximo a otra persona.

Tal expresión de "quitarse las cascarrias", solía escucharse con relativa frecuencia, cuando en conversaciones entre dos o mas personas salía a relucir el nombre de alguna de ellas, que como he citado anteriormente el aseo personal brillaba por su ausencia, y así si a lo mejor esa persona criticaba a otra por cualquier otra cosa, al aludirla, se decía eso, de "mas vale que se dedicara a quitarse las cascarrias".



Por cuanto  a la segunda, de "zancajo", aunque otras acepciones del DRAE, también se le da a la parte de la media, el calcetín y el zapato que cubre el talón del pie, cuando está roto. Y aquí, era frecuentísimo, y no exagero nada, el ver generalmente a mujeres, y digo mujeres, porque los hombre usaban pantalones y cubrían la parte del talón, con la parte baja de las medias con alguna rotura que dejaba a la vista el zancajo, o sea la parte del pie que debía cubrir. Sin duda, y seguro en mayor cantidad, los hombres llevarían sus calcetines con tales zancajos, o aun mayores que el que se veía en las medias de las mujeres, pero no quedaban a la vista del prójimo, por el hecho que citaba de llevar puestos pantalones, cosa que la mujeres de entonces jamas los vestían.

Las carencias del momento, tanto en lo económico, como en los medios para el aseo, eran tales, que solo en que las mujeres, y vuelvo a decir las mujeres,  por que como ahora, eran las que generalmente llevaban la dirección del hogar en todos los órdenes, empezando por las del aseo de la vivienda y sus moradores, que quiero decir la familia, se interesara en ello de manera primordial, no era extraño dar lugar a exponerse a tales deficiencias.

Lo que hoy tan al alcance de las gentes está, como el agua corriente y las duchas, sin necesidad de señalar a nadie, si no comenzando por mí, yo me duché por vez primera cuando fui a la mili, y claro como natural es, en mi pueblo nadie tenía ducha en su casa, dado que al no haber agua corriente en ninguna de ellas, el aseo debía de hacerse, el lavarse en los lavabos, y el aseo total del cuerpo, generalmente, como en casa de mis padres, utilizando el baño de cinc, de gran capacidad y que mi madre utilizaba también para transportar la ropa y lavarla, y que para ponerlo siquiera a medias, había de dar dos o tres viajes al pozo con un par de cubos, que suponía un tiempo y un esfuerzo. Así como he citado antes, la presencia y correcta pulcritud del hogar y de la familia, dependía de la actitud de la mujer, o ama de casa como también solía llamársele.

Las jornadas de los hombre en el campo eran larguísimas y penosas. pero las de las mujeres, como en el caso de mi madre, con marido, cinco hijos, y todas las faenas de la casa, no le venían a la zaga, e incluso creo había de dedicarle incluso más horas que a las interminables jornadas en el campo de los hombres.

Ni poder siquiera hablar de comparaciones, entre la vida que hubieron de llevar mis padres, con las realizadas por mí y mi mujer, y que decir las de mis hijos y sus respectivos cónyuges. Aquí, si me alegro de poder hacer comparaciones, lamentando lo de mis padres, pero otra vez vuelvo a las circunstancias y al tiempo, en que a cada uno le ha tocado vivir.

Hasta la próxima que ya veremos el derrotero que tomo.