martes, 31 de agosto de 2010

Se nos va agosto

Doce horas escasas quedan para que se nos vaya agosto, mes de vacaciones por excelencia. Para mí, el vacar lo es desde hace muchos años por tiempo indefinido, o para mejor decir, permanente.

Los míos, algunos ya han dado por terminadas su vacaciones, otra está a punto de hacerlo en la inmediatez del día de hoy, y el otro no le alcanza una semana de disfrute.

Durante el mes que hoy termina, he tenido la dicha de haberlos reunido a todos aquí, aunque con algunos altibajos en las estancias de tres de mis nietos, motivado a sus propias programaciones, cosa natural en sus edades mozas, como antaño se denominaba a los jóvenes.

Cavilando hoy sobre la circunstancia a que me refiero en los párrafos anteriores, se me viene al recuerdo las distintas etapas por las que la vida de una persona atraviesa en el devenir de su existencia, que por las distintas situaciones íntimas y particulares serían, las de hijo, novio, marido, padre y abuelo. Sin duda, de todas ellas, por lo menos en cuanto a mi respecta, esta última por la que me veo transitando, y que eso de ÚLTIMA ha de serlo así, ya mi situación para una nueva catalogación no puede darse.

Las sensibilidades en todo ser humano, hablo solo por lo que a mi se refiere, llegan a la máxima expresión cuando se alcanza la vejez y se mantiene el cerebro con la suficiente claridad de ideas. Estas sensibilidades tienen por una parte el encanto del disfrute sublime de sentirte rodeado y en la proximidad de tus seres queridos, y por ende todo hecho o suceso favorable que a ellos acaezca. En su contra, te hallas permanentemente con el temor de cualquier contrariedad familiar, que aún no siendo de la máxima gravedad, me resultaría difícilmente soportable de afrontarlo y en cuya consecuencia, se desea la propia pérdida de la existencia que verte en la tesitura de tener que superarlo.

A partir de ya, esperar otra vez a que llegue el verano que viene, que aún echándole mucho optimismo al caso, y mirando hacia ese horizonte con la sensatez propia de un anciano, tan lejano y cuesta arriba se contempla, que nunca se descarta el hecho de si uno volverá a gozarlo, tal lo ha sido este año, ahora podríamos decir.

Pienso de la infelicidad de aquellos seres que no les quede esa ilusión de que pasados unos días, meses e incluso un año, carezcan de la esperanza de verse arropados y queridos de los suyos, como yo tengo que dar gracias a Dios de sentirlo y esperarlo de que así sea.

Como casi siempre hago, el recuerdo para la que fue la principal artífice de la obra de que tan orgulloso me siento, y que con ello le informo de la felicidad que todos los nuestros ahora gozan, y la que deseo lo sea así hasta siempre.

Ya la próxima entrada tiene que ser en septiembre. Valga esta por hoy.

sábado, 21 de agosto de 2010

Confesándome


Desde el día 26 del pasado mes de julio no había realizado ninguna otra entrada en este mi blog. Creo que ha sido el mayor espacio de tiempo en el que la demora ha sido mayor.

Pero la entrada de hoy no guarda relación con esta que podríamos llamar desidia. Si no otra de signo totalmente diferente y a la que he titulado "Confesándome" y que realmente considero que va a ser eso, una confesión.

Los míos mas allegados y a través de mis "Memorias", sabéis que uno de los primeros requerimientos de noviazgo en mi primera juventud, lo fue a una paisana mía, que, y aunque la cuestión duró unos cinco años, finalmente todo quedó en nada.

Hace unos cuatro meses, tuve noticia de que una hermana suya, mayor que ella y la última que le quedaba, de cuatro que eran, un varón y tres hembras, había fallecido. Hasta aquí, se podría colegir que la cosa no tendría tampoco la mayor trascendencia. Pero no es así, cuando menos para mí particularmente.

Como en mis memorias ya había hecho constar, con esa joven a la que pretendía, cometí con ella el único acto de venganza premeditada que recuerde he cometido durante toda mi vida. Los motivos que dieron, equivocadamente hoy, fueron ciertos airados desprecios que durante algún tiempo me dispensó.

Durante largas charlas sostenidas con mi íntimo amigo "Currito", (q.e.p.d.), con el que nos contábamos todas nuestras peripecias amorosas, desde que éramos unos adolescentes, en una ocasión le prometí que persistiría en intentar hacerme novio de esta joven a la que aludo, aunque sin citar su nombre, y que cuando lo consiguiera, si llegaba a ello, rompería esa relación.

Realmente fueron cinco años insistiendo en ello y que a fuerza de mi insistencia parecía que los sentimientos de ella iban cambiando a medida que el tiempo pasaba, al punto de que si no locamente enamorada de mí, sí creo llegó a desear formalizar una relación seria conmigo. Pero yo, y persistiendo en mi promesa, ni establecía una relación de noviazgo con ella, pero tampoco dejaba que algún otro joven lo hiciera. Así, y pasados unos cinco años como digo, concretamente el día 31 de diciembre de 1947, rompía lo que tanto para ella como para la gente, consideraban ya un noviazgo. En esta ruptura, sin duda siempre lo he reconocido, tuve un comportamiento excesivamente duro en cuanto a explicarle o mejor dicho, reprobarle el que ella había tenido conmigo durante los primeros tiempos de mis requerimientos. Finalmente ella no llegó a casarse. Sin duda, si no toda, si en gran parte fui culpable de que ella se quedara soltera, dado que en una ocasión cuando parecía estar a punto de echarse novio, yo me metí por medio y todo se rompió. Y aquí viene, lo de mi pesar, por la muerte de su hermana. Mi pretendida de entonces tiene la misma edad que yo, incluso es unos veinte días mayor. Yo, hoy, me veo rodeado de hijos y nietos los que me hacen sentirme profundamente feliz y arropado por todos, y pendientes de cualquier contrariedad que pueda tener. ELLA, hoy que no se si vivirá sola en algún domicilio o asilada en cualquier residencia, posiblemente pasaran días, semanas o meses, sin que nadie le dedique un momento de recuerdo cariñoso. Solo tiene sobrinos y creo que los más próximos a centenares de kilómetros de Córdoba, donde ella esta viviendo. He reflexionado durante estos cuatro meses pasados, que mientras yo, todos mis pensamientos van dirigidos en desear lo mejor para los míos y regocijarme con sus actuales situaciones, creo que para ella solo en su cabeza acudirá el pensar el tiempo que le quede que estar en esta vida y desear que sea lo menos dolorosa posible.

De todo esto, CONFIESO MI ARREPENTIMIENTO DE AQUEL PROCEDER, y aunque nunca llegue a su conocimiento, le pido perdón por ello, aunque ya de nada valga. El único atenuante que de toda esta historia pueda tener, es la de que de todo corazón, las últimas palabras que sostuve con ella aquel lejano 31 de diciembre de 1947, al decirle que nuestras vidas no volverían a encontrarse, fue la de "DESEARLE LA MISMA SUERTE QUE YO DESEABA PARA MÍ". Esto sé que no se ha cumplido.

Con esta confesión quiero descargar en lo posible el pesar de conciencia que tengo de ello. Hasta otra entrada.

lunes, 26 de julio de 2010

26 de julio de 1950


En la tarde del día 26 de julio de 1950, en unión de otros compañeros llegaba a Málaga a fin de incorporarme a la Comandancia de la Guardia Civil de esta provincia, como Guardia recién salido de la Academia de Úbeda.

No conocía esta ciudad, salvo de oídas de cosas que de ella me contaba mi padre, que como quiera que hizo el servicio militar en Melilla, en Málaga tomaba el barco para ir y aquí desembarcaba cuando venía, aunque realmente todo ello bastante superficial, dado que su estancia, tanto en las idas como en las venidas, no era de tiempo espaciado.

Yo, mi destino a Málaga, en realidad no me produjo la menor alegría, antes bien me causó cierta contrariedad. No conocía a nadie de Málaga, tanto de la capital como de la provincia. Quizás por ello, con la añadidura de ciertos datos que a la vista estaban, me pareció una ciudad bastante sucia; su aspecto físico aparentaba cierto abandono e incluso aún se veían algunas consecuencias de la guerra civil, aunque hacía once años que había terminado.

Hoy, vuelvo la vista atrás y Málaga y yo, hemos ido proporcionalmente en direcciones opuestas, pero solo por lo que respecta a nuestro aspecto físico. Ella, ha dado un cambio tan expectacular que se ha puesto a la altura de las mejores ciudades de España. Nada de cuanto se exponía a mi vista en aquella primera visita, puede contemplarse hoy. En mi persona, tampoco. Aquel joven guapete que llegaba a Málaga en 1950, es hoy irreconocible para toda aquella persona que haga algunos años que no me ha visto personalmente. Sesenta años pasados sobre mí, han hecho verdaderos destrozos físicos Todas mis esperanzas y deseos de entonces son hoy recuerdos. Pero el desencanto que me produjo mi destino a esta provincia, desembocó hace ya muchos años en un profundo agradecimiento, bendiciendo el momento en el que se me asigno este destino. Aquí he conseguido multiplicado hasta el infinito, todo cuanto en aquel momento hubiere podido siquiera soñar. Hoy, soy tan amante de Málaga como lo pueda ser el primero y mis raíces aquí, con los innumerables logros conseguidos profesionalmente, pero muy especial en mi vida íntima y personal, es difícil encontrar quien pueda igualarlo, aunque imposible superarlo. Doy por bien empleado mi desgaste físico en ese tiempo transcurrido, con las aportaciones con los que he sido compensado. Solo de todo ello, me falta una, quizá la mas importante, de las que me ayudaron a conseguir tanta dicha. VAYA HOY, mi recuerdo hacia ELLA.


viernes, 16 de julio de 2010

16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen


Tal día como hoy de 1950, salía de Úbeda hacia Córdoba una vez terminado el curso en la Academia de la Guardia Civil, sita entonces en la primera de las ciudades indicadas.

En aquella fecha era promovido al empleo de Guardia Civil de 2ª Clase y dejaba de ser Guardia Alumno como lo había sido desde el ingreso en la Academia el día 12 de Abril anterior.

Hacía un día de calor como por estas fechas suele hacer en la capital de la mezquita y a donde llegamos próximo a las doce del día. Entre otros, descendimos del tren en Córdoba, un compañero llamado Eugenio Lorenzana Cid, que residía en Cerro Muriano, donde su padre con el empleo de Teniente mandaba la Línea del Cuerpo en aquella residencia. Como quiera que los autobuses para dirigirme a mi pueblo no pasaban hasta a partir de las cinco de la tarde, mi amigo Lorenzana me invito a su casa, donde almorcé y esperé la combinación para ir a Villaharta. El Guardia Lorenzana fue destinado a la Comandancia de Teruel. Una vez nos despedimos sobre las cinco y media de la tarde de aquel día del Carmen, de hace SESENTA AÑOS, no he vuelto a saber nada de él. No se que habrá sido de su vida. Era, y si vive aún, lo seguirá siendo un tío estupendo. Vaya en este aniversario un recuerdo a su "buena persona".

¿Lo que supone el paso de SESENTA AÑOS, en la vida de una persona, por tanto también en la mía? Toda una vida profesional por delante y lo mismo mi propia existencia que estaba llena de expectativas y de esperanzas en la profesión a la que acababa de incorporarme. Hoy las tornas se han vuelto en direcciones opuestas a las de entonces. Todo lo que era una vida por delante, lo es ahora una vida dejada por atrás. Todo lo que eran expectativas y esperanzas, lo son hoy recuerdos a un pasado, del que solo puedo dar gracias a Dios, por todo lo que ha supuesto en deseos y sueños conseguidos, aún mucho mas amplios de cuanto entonces podía pensar.

Cuán rápido se llega con el recuerdo hasta aquella lejana fecha, pero si hubiéramos de ir desmenuzando todo el acontecer de mi vida hasta el día de hoy, se precisarían varios centenares de folios para dar cuando menos una visión de todo cuanto en ese intervalo de tiempo ha llenado de felicidad mi existencia.

Un cariñoso y sentido recuerdo para todos los míos que se fueron físicamente de mi entorno y un abrazo muy fuerte para los que me rodean y que siguen llenando mi vida de satisfacción del continuar viviendo.

Hasta una nueva entrada.

domingo, 11 de julio de 2010

11 de julio, San Benito

Como creo que lo he hecho en años anteriores, hoy 11 de julio de 2010, como se viene haciendo desde seguro hace muchísimos años, es día grande en el pueblo de Obejo y vecino del mío.

Tal día como hoy, pero de hace SETENTA Y OCHO AÑOS, salía por vez primera de mi pueblo desde que tengo conciencia del recuerdo. Mi padre me llevó a la citada localidad y a lomos de una burra que había entonces en casa de mis padres, al objeto de cumplir una promesa ante la imagen de San Benito y cuya procesión se realiza alrededor de la ermita próxima al pueblo y en la que se venera la imagen del santo.

De aquel viaje penitencial, guardo en mi memoria unos cuantos recuerdos y que al traerlos hoy a mi mente, lo veo con una nitidez de que tal lo hubieran sido de hace no más de unas semanas. Tales fueron, los atalajes de gala que componían el aparejo del jumento, la procesión de San Benito y que toda su indumentaria iba cubierta de billetes que habían sido colocados por los penitentes en cumplimiento de sus promesas. El calor sofocante que hacía, dado a que la procesión creo se celebraba entre las once y las doce de la mañana, aproximadamente. Nuestro inicio de regreso hacia mi pueblo, pero con una parada que hicimos a la salida de Obejo, cerca de un pilar donde dimos de beber a la burra, mi padre y yo bebimos buenos tragos de un agua tan fresquita y buena y que también llenamos una botija que llevábamos y que desocupamos de la que contenía, que como se decía por mi pueblo parecía ya "caldo del puchero" de lo caliente que estaba. Del intento de pesca que hice, de unos peces de colores que había en el pilón y que lo hice, aprovechando de que mi padre una vez almorzamos, y utilizando el aparejo de la burra como cama, se echó a dormir la siesta, que por cierto al despertar se llevó buen susto al ver que no estaba a la sobra del árbol bajo el cual estuvimos comiendo, hasta que se percató de donde yo estaba. Utilizando un sombrero de paja que llevaba y mis propias manos, para la pesca, no logré pescar ni uno siquiera de los mas de cincuenta peces que habría en el pilón.

Terminado el descanso volvimos a tomar el camino de Villaharta, pero tomando dirección distinta a la que habíamos llevado en la ida, al fin de coger una buena cantidad de peras de unos frutales existentes en una finca de mi abuela paterna. Pensar que mi padre tenía entonces 34 años, que falleció 27 años después de lo que estoy relatando y que hace mas de 51 años que murió, os podéis hacer una idea del tiempo transcurrido de esta efemérides. Y decir que no me parece tan lejano, da una idea de lo que supone la acumulación de años. Pensar que la existencia de unos pececillos de colores despertaron entonces una viva emoción en mi persona. Lo que hace el paso de los días.

Cuando menos, doy gracias a Dios de que hoy puedo contarlo y siempre como ahora. Hasta nueva entrada.

domingo, 27 de junio de 2010

¡Vamos a la playa!



Esta mañana cuando regresaba de oír Misa, sentía cierta nostalgia, al comprobar como el paso del tiempo te cambia por completo tu devenir por la vida. Un nudo de tristeza se me atravesaba por la garganta cuando me cruzaba con mucha gente, entre ellas algunos matrimonios con edades un tanto avanzadas, aunque tal vez no me alcanzasen en ello, llevando consigo todos sus bártulos para pasar el día en la playa.

Volvía mis recuerdos, allá por los treinta, cuarenta o cincuenta años atrás y yo, con todo mi entorno familiar, y de amistades, me veía representado entre esas heterogéneas bullangas que animosamente se dirigían a pasar el día en alguna de las playas de nuestro litoral malagueño. Este recuerdo me traía en primer lugar cuan disfrutaba con ello mi mujer (q.e.p.d.). Días entrañables pasados durante largos años en semejantes actividades, contrastaban con mi lento caminar en el día de hoy, dirigiéndome a mi casa donde acompañado solo por aquellos felices recuerdos, me llevan a pasar el resto de la jornada tan distinta de las tan lejanas recordadas hoy. Algunos de los míos de entonces, junto a los suyos de ahora, hoy o en próximos días o semanas, volverán a realizar semejantes o parecidas jornadas de esparcimiento por los mismos u otros puntos de la costa.

Por lo que a mí respecta, desde mi observatorio de hoy, volveré a repetir la experiencia consistente en vivir de los recuerdos de aquellos tiempos. Son ya tres años pasados en los que no me he adentrado en el mar mas allá de llegarme el agua por encima de los tobillos. Como la pérdida de otras muchas tendencias, lo de mi afición y deleite con los baños en el mar, o cualquier otro punto en que el líquido elemento me llegara siquiera a la cintura, se han esfumado con el paso de los años. Pese a todo, Dios me mantenga siquiera como lo estoy en estos momentos. Cuando menos, el recordar aquellos días, me compensan la carencia de hoy.

Valga por hoy. Hasta otro día.

domingo, 20 de junio de 2010

Santa Florentina


Hoy 20 de junio, celebra la Iglesia Católica entre otras festividades, la de Santa Florentina, por tanto onomástica de mi madre (q.e.p.d.).

Después de dieciseis años y dos meses justos de su fallecimiento, quiero con estas humildes letras rendir un sentido y cariñoso homenaje a su recuerdo.

Han sido infinidad de veces durante mi vida, que mis recuerdos lo han hecho recorriendo todas las vivencias de mi queridísima madre, desde que yo tuve uso de razón. Cuántas adversidades hubo de remontar, desde la muerte de tres de sus hijos cuando aún no habían cumplido su primer año de vida, el paso por la Guerra Civil española, y la postguerra, que aparte del dolor del fallecimiento de tres hijos, sin duda fueron los mas duros de toda su existencia. Quizá, y sin quizá, uno de los periodos mas críticos, creo lo fue desde el verano de 1940, hasta muy próximo al fin de aquel año, en que enfermó de Fiebre de Malta y que la tuvo postrada en cama durante todo ese tiempo. En aquellos momentos, mi padre se encontraba en la cárcel; algunos de mis hermanos y yo, también enfermamos aquel verano con fiebres palúdicas. Mi madre hubieron de llevársela a casa de mi abuela paterna, dado a que el médico se lo recomendó en evitación de que pudiera contagiar su enfermedad a sus hijos y también a sus hermanas, hermano y sobrinos que todos vivíamos en la casa de mi abuela materna. Algunos de mis hermanos hubieron de marcharse a cortijos, donde se dedicaron a la guarda de animales y donde solamente recibían por su trabajo, alojamiento y manutención, por cierto no muy abundante esto último.

Hoy, al cabo del paso de tantos años de aquellos sucedidos, no deja de sorprenderme la entereza y fuerza de voluntad de mi madre, que tan pronto se repuso un tanto de su enfermedad volvió a tomar las riendas del devenir de la familia y sin el menor desfallecimiento, consiguió llevar a buen puerto a todos sus hijos. La fortaleza física y moral de su persona, lo demuestra el que pese a tantísimas y graves adversidades con las que hubo de luchar, falleció cuando aún le faltaban menos de dos meses para cumplir los NOVENTA Y SIETE AÑOS.

Vaya por esta mi entrada de hoy, mi recuerdo agradecido a todo cuanto hizo por nosotros. En los últimos años de su vida, pudo al fin desquitarse de tantos sufrimientos y pasó una extrema vejez, si no tanto como mereció, si lo bastante aceptable como pago en parte a tantos desvelos y entrega por los suyos.

UN BESO MUY FUERTE, MÍO Y DE TODOS TUS HIJOS, MENOS CESÁREO QUE ESTARÁ JUNTO A USTED. Este tratamiento le dábamos sus hijos varones mientras vivió. Su única hija y la mas pequeña, la tuteaba. El paso del tiempo tenía esas consecuencias.

Hasta otra.

miércoles, 16 de junio de 2010

Nuevamente llega otro 16 de junio


He repetido hasta la saciedad esta efemérides del 16 de junio. No por ello voy ha dejar de hacerlo cada vez que mientras viva y Dios me de entendimiento para realizarlo, llegue este día.

Como lo vengo haciendo siempre, guardo de este día uno de los mayores impactos entrañables de toda mi vida. Seguramente los míos, lo recordarán ahora cuando haga mención del acto que dio lugar a ello.

Podía ser aproximadamente esta hora, alrededor de las diez de la mañana, de aquel 16 de junio de 1959, cuando descendía del tren expreso Madrid-Málaga, en aquella vetusta estación de esta última ciudad, tan diferente a la actual, vestido de uniforme y luciendo mis flamantes galones de Cabo de la Guardia Civil, que me habían sido concedidos el día anterior. Una vez puestos mis pies en el andén y al dirigir mi vista hacía la puerta de salida, como cito anteriormente, recibí el mayor extremecimiento emocional de toda mi existencia, cuando mis dos hijos (el mayor de algo más de dos años de edad y el pequeño con catorce meses bien cumplidos y que éste, había echado a andar el día anterior) seguidos de su madre venían en mi busca. Al llegar a este momento, he dejado de escribir, he cerrado los ojos y me he transportado en el recuerdo hasta aquel instante, sin que haya podido evitar que mis ojos se aneguen de lágrimas. Aquel contoneo vacilante en el andar de mis hijos añadido a la belleza deslumbrante de su madre, mi mujer, y a los que hacía mas de dos meses que no veía, me hicieron que incluso soltara sobre el suelo la maleta que llevaba en las manos y corriera hacia ellos, donde al contactarnos nos fundimos en uno apretado y emocionante abrazo, adobado con una profusión de besos repartidos de unos a otros, momento que lamento carecer de hallar las palabras apropiadas para describirlo. Siempre que he relatado este hecho y hoy vuelvo a repetirlo, en estos instantes daría cuanto me reste de vida por volver a vivirlo en presente. Cincuenta y un años han pasado desde entonces, aquellos dos niños vacilantes en su andar, hoy, una alopecia profunda inunda sus cabezas, su hermana que en aquellas fechas no andaba todavía por este mundo, es también hoy una mujer madura, pero los tres hermanos, son el máximo de cuanto puedan desear los padres y de la descendencia de ellos, solo cabe decir, que de "tal palo, tal astilla".

Bastantes días hacía que no entraba en el blog. Traer al recuerdo el hecho que ha motivado esta nueva entrada, ha valido la pena. De estos, pocos se dan en la vida de una persona. Por hoy, valga. Mezclarlo con otro caso, sería como aguar el vino.

Hasta otra.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Lo que son treinta y ocho años

El día 26 de mayo de 1972, hace por tanto hoy 38 años, y cuando yo estaba al frente del personal del Servicio de Información de la Guardia Civil de la Comandancia de Málaga, tuve conocimiento de que el célebre "Lute", se encontraba residiendo en Málaga o sus alrededores.

El día anterior, uno de los Guardias que estaba a mis órdenes, y que nos llamábamos paisanos, ya que era natural de Villaviciosa de Córdoba, pueblo limítrofe con el mío, y que por ser día festivo estaba con su familia en las riberas del río Campanillas, estuvo empujándole a un coche que se había quedado atascado en el cauce de dicho río. Una vez sacado de su atasco, aquel coche dio dos viajes de personas, la mayoría mujeres y niños y cuya dirección al partir lo era con destino a Málaga. Las características de aquel personal le infundió cierta sospecha a mi "paisano", procediendo a memorizar la matrícula del automóvil en cuestión, y que se trataba de un Seat modelo 124. Al siguiente día, o sea aquel 26 de mayo de 1972, cuando me informo del acontecimiento me puse en contacto con la Jefatura Provincial de Tráfico, donde me informaron que la citada matrícula correspondía a una furgoneta, no recuerdo la marca y dedicada al reparto del Diario Sur de esta capital, del que fue sustraída. Al comprobar de que se trataba de matrícula falsa utilizada por el 124, y tomando varios álbumes de fotografías de malhechores y personal en busca o captura, la confrontación con una de las fotos, con dos niños componentes de aquella familia, y otra de algunos adultos, llegamos a la conclusión de que el individuo que conducía el automovil era "EL LUTE".

Al pasar yo la novedad al superior de quien dependía directamente, y por razones que ahora no vienen al caso y que no voy a reflejar hoy, no tuvo la acogida que el caso merecía, y por tanto la gestión para la localización y captura del personaje descubierto, se ralentizó y espació casi dos meses en el tiempo. Pasado ese periodo, hubo confrontación, tiroteo, heridos y también el rescate de mujeres y niños, algunos de éstos llevaban unos dos años en que las autoridades judiciales tenian interesada su localización .

El traer hoy a colación esta efemérides, lo ha sido por como se dice en el título de esta entrada lo que supone el paso de treinta y ocho años en la circunstancia de mi propia persona, cuando entonces contaba 47 años de edad, hoy 85, antaño con una actividad de servicio frenética dado el destino que desempeñaba y, hoy un anciano con mas de veintinueve años jubilado y sin otra misión que ver como pasa el tiempo sobre mí, y cuando menos dando gracias a Dios que por lo menos mantengo mi cabeza tan lúcida como entonces y me permite como en este caso traer al recuerdo una de las muchísimas vicisitudes acaecidas en mi ya larga vida. Como con tanta frecuencia solemos decir los viejos, "parece que fue ayer", pero como puede comprobarse han sido TREINTA Y OCHO AÑOS. Yo, sigo siendo yo, pero no lo mismo que aquel Sargento de la Guardia Civil, para el que en su actividad, no entendía de horas ni del día ni la noche, ni días laborables o festivos, si no permanentemente en alerta y dispuesto siempre para salir donde, como y el caso así lo requiriera.

Hasta otra.

viernes, 7 de mayo de 2010

7 de mayo


Durante mi niñez y mi juventud, las fiestas de mi pueblo comenzaban el día 7 de mayo hasta el 9 siguiente. El inicio de las fiestas de 1944, por tanto hoy se cumplen SESENTA Y SEIS años, fue sin duda hasta aquella fecha, el día en que el tomar una determinación me costó la mayor lucha conmigo mismo, dadas las vacilaciones que ante tal hecho me ponían ante la duda de "qué hacer". Fue también, la primera de las que posteriormente se fueron encadenando hasta llegar a la última que en el mismo sentido hube de tomar y que finalmente culminaron con lo que fue el génesis de toda mi FELICIDAD.

Como decía anteriormente, el día 7 de mayo de aquel lejano 1944, decidí no continuar mis relaciones amorosas con la primera novia que había tenido. Hacía diez días la había visto por última vez, dado que aquel día terminaba mi trabajo en la finca de La Calera, no más de tres kilómetros de distancia del cortijo donde ella vivía, y en cuya despedida, le prometí volver a verla el primer día de las fiestas de mi pueblo, añadiéndole, como en realidad en aquel momento lo sentía, que para mí, élla estaba por encima de cualquier otra circunstancia, incluidas las fiestas de mi pueblo. En realidad desde mi despedida, que había coincidido con mi 19 cumpleaños, me recuerdo que estaba deseando llegara la fecha en que pudiera volver a verla. No puedo decir, ni incluso después de 66 años, si estaba enamorado de ella. Si puedo dar fe, que físicamente me atraía de una forma que hasta entonces nunca lo había sido por otra mujer.

Serían aproximadamente pocos minutos después de la once de la mañana, vistiendo mi traje de días festivos y por añadidura estrenando zapatos, me dispuse a recorrer unos once o doce kilómetros de distancia que separaban mi pueblo de su residencia y cuyo camino había de hacerlo a pie y como es natural, otros tanto de regreso y por el mismo medio de transporte, para pasar unas cuantas horas a su lado. Hacía un día bastante soleado y por ende más calor del deseado para caminar a pie. No más de quinientos metros llevaba recorridos, cuando me hallaba a las espaldas de las tapias del cementerio de mi pueblo y al pasar bajo la sombra de una encina, una repentina e inexplicable decisión me detuvo y puse mi espalda sobre el tronco del árbol. En aquellos instantes, una turbulencia de contradiciones pasaban por mi mente. Dirigía la mirada en la dirección que había de llevarme hasta ella y veía un camino interminable y dificultoso para recorrer principalmente por la molestia que me producían los zapatos que iba estrenando. Cada vez que fuera a verla, había de realizar aquella caminata y dado que terminaba de cumplir diecinueve años, con el cumplimiento del servicio militar a dos vista, más los dos o tres que entonces duraba la mili, comenzaron a parecerme una eternidad hasta terminar casándome con ella. Este último dato indicado, no me lo había preguntado hasta entonces lo que me hizo dudar de si continuar o no aquellas relaciones. Por contra, me llevaba a pensar que el inicio de mi relación con ella, lo fue por una intromisión que por mi parte hice pretendiéndole la misma, sabiendo que llevaba una relación de noviazgo con otro hombre desde hacía casi dos años. Comprendía lo que para ella supuso el romper su antigua relación para hacerlo conmigo, teniendo en principio en contra a toda su familia, y por encima de otras circunstancias, lo que suponía en aquellos tiempos el que una mujer dejara un novio para formar otras relaciones con otro. El "qué dirán" hacía mella en las voluntades mas firmes y decididas; ella sin embargo se sobrepuso a todas ellas. El tronco y la sombra de aquella encina, fue la la muda testigo de las divagaciones que me embargaban. Terminando, acabé por dar media vuelta, pasar junto a mis amigos las fiestas de mi pueblo y jamás volví a verla. De no haber procedido así, quién sabe dónde aquella relación hubiere llegado. ¿Estaría en estos momentos ante este ordenador? Seguramente no.

Supe después, se había casado con su primer novio. Lo que ella y su familia pudieron pensar de mí, me lo imagino. Si de algo me arrepiento es el haber iniciado aquellas relaciones. De las consecuencias pude ocasionarle, le pido perdón. Aunque nunca llegue a su conocimiento este perdón que le pido, mi conciencia se descarga un tanto con ello.

Hasta una nueva entrada.

martes, 27 de abril de 2010

Veintinueve años de jubilado

Tal día como hoy de hace veintinueve años pase a la situación de "Retirado" como Subteniente de la Guardia Civil. Aquel día, se me ofreció un acto como homenaje de despedida y que fue promovido por los componentes del Servicio de Información de la Comandancia, a los que hacía varios años había dejado de mandar. Algunos, ya han desaparecido, tanto a éstos como a los que aún perviven, vuelvo a mostrarles mi profundo agradecimiento.

Aquel 27 de abril de 1981, cuando regresé aquí, a mi casa, y procedía a despojarme de mi uniforme no pude reprimir que abundantes lágrimas fueran derramadas por mis ojos. A esta misma situación, fui acompañado por mi mujer, que dándonos un fuerte y apasionado abrazo con la añadidura de muchos e iguales besos uníamos nuestro sentimiento de aquel adiós definitivo a mi permanencia en la Guardia Civil. Como creo he referido en varias ocasiones, mi permanencia en este Cuerpo, fue mucho más que una aportación dineraria, aunque menguada, dicho sea de paso, para el sustento de mi familia. Fue una conjunción de fidelidad por mi parte y un cúmulo de circunstancias que a lo largo de toda mi estancia en el Cuerpo por espacio de TREINTA Y UN AÑOS cumplidos, colmaron con creces todo cuanto yo puse a disposición de mis cometidos. Me traje la consideración de la inmensa mayoría de los superiores de los cuales estuve a sus órdenes directas, el afecto de mis iguales, y para mí lo mas gratificante, el respeto y por encima también de ésto, el sentimiento de compañerismo de cuántos estuvieron a mis órdenes.

Hace poco más de media hora, he vuelto a enfundarme en aquel uniforme que hacía 29 años que no lo hacía. Alguna dificultad para hacer que la botonadura encajara en sus ojales respectivos, pero al fin me lo he colocado. Me he puesto ante el espejo y durante unos minutos me he estado contemplando detenidamente. Mis recuerdos se retrotraían hasta veintinueve años atrás y como aquel día he vuelto a llorar. El principal desaliento ha sido el que no he tenido la acompañante que en aquella lejana fecha me acompañó con sus lágrimas y por otra parte, el deterioro físico que en tan larga temporada he podido comprobar ha sufrido mi persona.

Todo el relato anterior, por mejor decir, su consecuencia, es que hoy hace ochenta y cinco años que vine al mundo. Desde mi niñez, y a lo largo de toda mi juventud, cada vez que alguien se refería, o mi pensamiento por alguna causa pensaba en el año 2000, jamás me hice la ilusión de poder contemplar la finalización del Siglo en que vine al mundo. Hoy hace ya diez años que rebasé los setenta y cinco abriles que nunca pensé llegar a cumplir, pero aquí estoy y así hasta que Dios quiera siga transitando por este mundo y que toda mi descendencia continúe con los mismos niveles de situación general en que hoy se encuentran, y como no, a mí por lo menos me mantenga como mínimo tal ahora lo estoy.

Hasta otra entrada.

lunes, 12 de abril de 2010

Tres doce de abril

12 de abril de 1931. Tal día como hoy del citado año, se celebraron unas elecciones municipales en España. Dos días después, y tras múltiples manifestaciones se proclamaba la II República española. Es a partir de esta fecha cuando yo comienzo a recordar la mayoría de los acontecimientos acaecidos en España. De este día, tengo el recuerdo de que un primo y un amigo mío nos acercamos a la puerta de la escuela nuestra donde se había instalado el Colegio Electoral y uno de los Guardias Civiles que componían la pareja de servicio, nos echó de allí. Ya días después, recuerdo todo el revuelo que se formó con el exilio de los Reyes de España hacia Italia. Algunas mujeres, entre ellas mi madre, se que echaron algunas lágrimas por ello. Como he citado anteriormente, a partir de entonces lo recuerdo casi todo, cuando menos lo más importante.


12 de abril de 1939. En dicho día regresamos a mi pueblo, Villaharta después de dos años y medio de exilio por distintas localidades del Valle de los Pedroches. Cuando llegamos al pueblo, recuerdo que todo, las casas, las calles, incluso los pozos me parecían mucho mas pequeños de como yo los recordaba cuando nos fuimos. Una gran preocupación teníamos en la familia, pues a pesar de que hacía doce o catorce días que había terminado la guerra, no teníamos noticia alguna de mi padre de como o donde pudiera hallarse, ya que dicho final le sorprendió en el frente de guerra de Extremadura. Desde donde nos encontrábamos en un cortijo del término municipal de Pedroche, hasta Villaharta había una distancia no menos de cincuenta kilómetros, cuyo camino lo recorrimos en día y medio aproximadamente, andando y conduciendo unas cabras que teníamos. Hicimos noche en plena sierra de la Chimorra, donde había estado el frente de guerra durante los dos años y medio anteriores, y donde en las inmediaciones de la carretera, se encontraba gran cantidad de armas y municiones que fueron abandonadas por el ejército rojo. Munición y granadas de mano, siguieron viéndose con gran facilidad, incluso muchos meses después de finalizada la con tienda bélica. El otro doce de abril.

12 de abril de 1946. Sobre las tres de la mañana de este día, llegábamos al Regimiento de Artillería numero 14, cuyo cuartel se hallaba en las afueras de Sevilla en el punto conocido por Pineda. Sobre las nueve de la mañana y después de entregarnos toda la ropa y calzado, nos llevaron a unos salones y donde después de pedir voluntarios que tuvieran algún conocimiento de peluquería, aunque fuera mínimo, a todos los que se prestaron a ello y algunos barberos-peluqueros, procedieron a pelarnos al cero. Teniendo en cuenta que todo ello era para algunos más de 900 reclutas que habíamos llegado la madrugada anterior, aquello parecía mas que una peluquería, una acampada donde se trasquilaban las ovejas. ¿Cómo sería la clase de pelado que nos hicieron, que por la tarde, sobre la hora en que me encuentro escribiendo ésto, nos dieron permiso para salir por Sevilla y buscar alguna peluquería donde nos arreglaran un poco el desaguisado que nos habían hecho? Un paisano mío, y quinto también por supuesto, José Carrillo Gómez, (q.e.p.d.) salimos juntos y en el barrio de Eritaña nos arreglaron, en lo que fue posible el trasquilo que nos habían hecho.

http://sevillalaartillera.blogspot.com

Como se puede observar, son tres de los muchos hitos que a lo largo de mi existencia han ido marcando mi trayectoria por la vida. Todos ellos quedan ya muy lejanos. Los que me queden no podrán espaciarse tanto.

Como solemos decir los viejos. ¡Cómo pasa el tiempo! Hasta otra.

martes, 6 de abril de 2010

"Pa" la mili



Qué lejos queda aquel 6 de abril de 1946. Muy de mañana de aquel día, con mi maleta de madera y en compañía de otros quince o dieciséis más, todos quintos del 46, tomábamos el camino desde mi pueblo hasta la estación del Vacar, distante alrededor de unos 10 kilómetros, a patita y las maletas a lomos de algunas caballerías puestas por los familiares de algunos "quintos", y donde habríamos de tomar el tren que nos llevaría hasta Córdoba para verificar nuestra presentación en la Caja de Recluta de dicha ciudad y desde donde nos pasaportarían para los Regimientos respectivos donde fuéramos destinados.

Sin duda alguna, mi voluntaria decisión de irme a prestar el servicio militar en el Ejército, ha sido una de las que que personalmente más me hayan beneficiado. He dicho voluntaria decisión, dado a que como yo en aquellas fechas estaba trabajando en una mina de carbón, los que así lo hacíamos de continuar en dicho trabajo estábamos exentos de prestar el servicio militar en el Ejército, y que estaba considerado en igualdad para todos los efectos. He indicado que personalmente es lo que mas me ha beneficiado, porque tengo la completa seguridad, que de no haber sido asi, en estos momentos no estaría contando y recordando esta efemérides. La "silicosis", hace algunos años me hubiera pasaportado para otro destino, pero eterno. Ello porque hubiera terminado como otros compañeros de trabajo, en alguna mina de Asturias y la popular enfermedad del minero, de la que mi organismo era un tanto proclive a padecerla , en no mucho tiempo de trabajo en la mina.

Cuántas esperanzas y no menos dudas sobre mi porvenir, pasaban por mi cerebro aquella mañana, y no solo aquella mañana, sino desde mucho tiempo antes. Las dudas con el paso de los años han sido desveladas; las esperanzas, colmadas con creces incluso a cuanto eran mis ensoñaciones.

Aquel día comenzaba mi separación por vez primera del entorno de mi familia, principalmente de mi madre. La despedida de élla solo fueron de lágrimas entre sollozos, tanto por su parte como por la mía. La de mi padre, lo fue igualmente con la aparición de otras muchas lágrimas anegando nuestros ojos, pero del que recibí un escueto pero tajante consejo. "Pórtate como siempre loshas hecho". Con ello quedaba demostrado el concepto que de mí tenía. Vaya con esta exposición, mi recuerdo para ambos, de los que siempre recibí todo lo que en su momento pudieron darme, y de lo que yo me encuentro satisfecho es también de como en toda ocasión correspondía a sus entregas.

Por hoy, ya vale.

jueves, 1 de abril de 2010

Primero de abril de 2010


Todos los míos saben que en el mes de Febrero, y aún más, en el de Abril, es cuando se han sucedido los casos más relevantes en cuanto a mi entorno personal y familiar más próximo. Al final de esta mi nueva entrada trataré de enumerar los casos más destacables. Por el momento voy a comenzar por el que mas me llega en el recuerdo al fondo del alma.

Hoy 1º de Abril se cumplen 54 años de mi matrimonio. Cuántas expectativas, ilusiones y esperanzas vagaban por mi mente aquel venturoso día. Sin duda era uno de los más esperados y soñados de todas mi existencia. Quizá por la inmensidad de la ilusión y esperanza puesta en el acontecimiento, hoy, me parece recordar que aquel día, mis sentimientos se hallaban un tanto aturdidos y mis actos se movían a impulsos, no de mi voluntad, si no por la propia inercia de la vida. Mi particular existencia, si tuviera que dividirla en compartimentos de los hechos acaecidos durante la misma, el primero de abril de mil novecientos cincuenta y seis, establecería el antes y el después de toda ella. Luego dentro de ese antes y después estarían los acontecimientos mas importantes o destacables que componían ambas partes.

Sin duda y por encima de todo, aún de lo soñado en aquella fecha, ha sido la consecuencia de todo lo que supuso aquella unión, LA DESCENDENCIA. Su valoración no es posible. La familia y todo el sentimiento que la rodea, no es comparable a nada de cuánto existe en la vida. El feliz discurrir de todo ello es inenarrable. La dicha que supuso mi matrimonio mientras lo fue como tal, sólo se aproxima en su valoración, una vez se ha perdido. El discurrir de cada día, te aparta de esa sensación, y como suele decirse, "los árboles no te dejan ver el bosque". Por tanto vaya mi recuerdo y gratitud hasta aquel 1º de abril de 1956, por todo cuanto me dio. A mi mujer, hoy Jueves Santo y como buena Toledo que era, sin duda estará contemplando las procesiones de su Málaga desde alguna de las balconadas de la GLORIA.

Como prometí al principio, allá van los hechos mas destacables que a mí o a mi entorno le sucedieron durante un mes de abril. Cronológicamente, éstos fueron. Día 27 de abril de 1925, mi nacimiento. Día 12 de abril de 1939, el regreso a mi pueblo después de dos años y medio de exilio en distintos pueblos del valle de los Pedroches, durante la guerra civil española. Día 6 de abril de 1946, mi marcha a la "mili". Día 1º abril de 1950, a partir de cuya fecha comencé a pertenecer a la Guardia Civil. Día 1º de abril de 1956, como ya he citado la fecha de mi matrimonio. Día 3 de abril de 1958, nacimiento de mi segundo hijo. Día 10 de abril de 1971, fallecimiento de la madre de mi mujer, mi suegra por tanto. Día 3 de abril de 1982, casamiento de mi hijo José Carlos. Día 5 de abril de 1986, la boda mi hijo Rafa. Día 20 de abril de 1994, fallecimiento de mi madre y 10 de abril de 1997, nacimiento de mi último nieto, Pepillo. Tal vez, a lo mejor, Dios me tenga reservado otro día del mes de Abril para otro acontecimiento destacable en mi propia persona. A lo mejor alguien ha podido pensar en cuál podría ser semejante acontecimiento.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Lo que fue de ayer a hoy


Tal día como hoy pero de 1946, fue domingo. También se celebró el sorteo de mi Reemplazo y que como consecuencia del mismo fui destinado a Sevilla. Era entonces uno de los TRES días de los que llamábamos de "Quintos". Para tal celebración que nos reunimos todos los "quintos", matamos y nos comimos un chivo. Éramos en total alrededor de unos dieciséis, de los cuales solo quedamos actualmente tres.

Antes de la comida, el propietario de la finca donde celebramos la "comilona" como así se decía en mi pueblo a esta clase de reuniones, soltó una vaquilla que aunque no era de raza brava, sí embestía como un torbellino, posiblemente la había enseñado para ello. Algunos de los reunidos recibieron más de un revolcón, siendo varios los que se dedicaban a citar y tratar de esquivar la vaquilla. Yo mientras estuvo el animal en nuestras proximidades, me pasé todo el tiempo subido a un árbol. Aunque ya lo sabía, en aquellos momentos me desengañé de que el arte de Cúchares no se había inventado para mí. Dada la época en que celebramos tal evento, cuando menos aquel día nos hartamos de comer, que no todos los días se podía decir lo mismo.

Hoy, sesenta y cuatro años después de aquella "comilona", esta mañana fui a una Clínica de esta capital a visitar a un viejo amigo y antiguo compañero, que antes de anoche sufrió un derrame cerebral. Tiene toda la parte izquierda de su cuerpo paralizado. La sensación producida en mi estado de ánimo contemplando su estado físico ha sido decepcionante y observándolo y trayéndome algunas lágrimas a los ojos mis recuerdos se retrotraían hacía los cerca de sesenta años que hacía que nos conocíamos, cuando ambos estábamos en plena juventud y los estragos, que aparte de esta circunstancia puntual, que el paso de los años ha producidos en nuestro organismo y aspecto. El porvenir de mi buen amigo Juanito, lo veo un poco peor de castaño oscuro.

Como podreis haber visto, cuán diferentes han sido una de la otra, las dos cuestiones tratadas en mi entrada en el blog en el día de hoy, 17 de marzo de 2010.

Que la próxima entrada no tenga motivo para tratar otro hecho como el relatado hoy en segundo lugar.

lunes, 1 de marzo de 2010

El tiempo vuela

Hemos entrado en el mes de marzo de 20l0. Hoy no recuerdo ningún acontecimiento así de importancia que me haya sucedido en el día de hoy primero de marzo, a excepción de que tal día como hoy de hace 13 años, salía con mi hijo Rafa y mi hija, después del fallecimiento de mi mujer y de mi operación de corazón y que estuvímos en varios sitios, todo relacionado con mi sobrevenida viudedad. Pero mi entrada en el blog no está relacionado con aquella salida.

Esta mañana he quitado la hoja bimensual de un almanaque que tengo en la cocina. En ese momento que procedía a arrancar la hoja, me venía al pensamiento de como vuela el tiempo. ¡Si no hace nada estábamos en Navidades, cómo es posible que ya hayan pasado dos meses de 2010! Pues sí, ya han pasado dos meses.

Quien lea el párrafo anterior, así de momento se preguntará: "bueno, ¿y qué?". Pero esto se lo preguntará quién o quienes no estén próximos a cumplir los 85 años de edad, como a mí me sucede. Y es que cuando como a mí me ha pasado hoy te pones a reflexionar de como se van sucediendo los días, meses y años y los que ya tienes acumulados, aunque por lo menos yo no lo siento, el temor a que se te va acercando el final de tu existencia parece que está a la vuelta de la esquina.

Al tiempo que escribo, estoy escuchando música de aquellos lejanísimos tiempos de mi juventud, posiblemente lo que me lleve a sentir cierta nostalgía de aquellas núnca bien ponderadas felicidades. Por orden de importancia, tengo en el primer puesto de la lista de canciones, la titulada "Bésame, bésame mucho", interpretada por Lucho Gatica, un bolero que cada vez que lo oigo se me remueve lo mas profundo de mis recuerdos. Y es que cuando yo era joven, aunque hoy le parezca raro a alguien, no se me daba mal la interpretación de ciertas canciones,sobre todo de los entonces tan en boga, los boleros. Y el referido de "Bésame, bésame mucho" se lo canté en voz baja y al oído millares de veces a mi mujer, desde que comenzó nuestro noviazgo hasta que su muerte nos separó. Sobre todo me pedía que se lo cantara cada vez que por algún motivo había de separarme de ella aunque fuera por pocos días. El recordar estos y otros muchísimos momentos de mi ya larga vida, me compensa con creces el poder pensar que el final pueda estar acercándose con tanta velocidad. Solo deseo que todos los míos, puedan sentirse tan gratificados de su existencia como yo lo he sido de la mía.



En estos momentos esta sonando la canción, "Romance de María de las Mercedes", interpretado por Concha Piquer, que se cantaba en la película ¿Donde vas Alfonso XII?", que mi mujer la tenía y la tengo, en un vídeo y que ella, además de primero en el cine y luego con el video, la vió solo Dios sabrá cuántas veces.

Después de haber estado esta mañana dando un largo paseo en solitario, aunque en proximidad a mucha gente y como hago casi siempre en esos eventos me recreo trayendo a la memoria mi duradero y feliz pasado, me decidí a entrar en el blog del que hacía días que no lo hacía. Valga por hoy.

domingo, 14 de febrero de 2010

Domingo de Carnaval


Hoy 14 de Febrero de 2010, es Domingo de Carnaval y también la festividad de San Valentín, día de los enamorados. A la vez hace un día de "perros" como suele decirse, ya que está nublado, llueve y hace mucho frío.

Por cuanto a la segunda festividad del "Día de los Enamorados", solo me queda la desazón de hacer mas de trece años que perdí al ser en quién estuvo depositado todo mi enamoramiento durante larguísimo tiempo y como no, echarlo de menos hasta el punto de en dos o tres momentos, las lágrimas se han asomado a mis ojos al traerme a la memoria épocas pasadas.

Con respecto al Carnaval como tal, mis recuerdos se pierden allá por los años CUARENTA del pasado siglo, en plena juventud y en mi pueblo, dado a que después de ello, jamás he tomado parte en dichas fiestas.

De niño recuerdo levemente el haberme disfrazado, aunque no puedo decir de como y de que lo hice. Mi principal participación en cuanto a disfraces, lo fué cuando tenía 16 ó 17 años, que juntamente con mi entrañable amigo (q.e.p.d.) Francisco Fernández Campoy, "Currito", nos disfrazamos de mujer. Aunque pueda parecer petulante, ambos éramos bastante agraciados de físico y mujeres de la familia nos hicieron un disfraz tan perfecto que que incluso gentes del pueblo a primera vista nos confundieron con bellas jovencitas. Puedo jurar que causamos admiración en el pueblo. Creo que fue hace dos años hablando con una mujer de mi pueblo y de mi edad, me recordó lo "guapas" que estábamos.

Por otra parte y creo fue en los carnavales de 1950, formé una "murga" de la que fui director, que sacando coplillas de los principales acontecimientos de la localidad durante el año anterior fue tal el éxito que hoy, 60 años después queda como referencia de todas las hasta hoy conocídas. Aquella murga la designamos como "LA MURGA DE LOS PAÑEROS", dado a que el principal tema que tratamos fue el de unos charlatanes que llegaron al pueblo vendiendo géneros de paño, tales como mantas y otras prendas y poco rato después de haber hecho muchas mujeres importantes compras, se dieron cuenta que habían sido engañadas. Un grupo numeroso de ellas se fueron hacia los "charlatanes" conminándoles a que les devolvieran el dinero empleado. Los comerciantes trataron de huir con una furgonetilla que llevaban, pero las mujeres se agarraron al vehículo y aunque fueron arrastradas varios metros, les obligaron a pararse, teniendo que intervenir la Guardia Civil, cuyo final tuvo lugar precisamente en las proximidades del Cuartel. El motín consiguió que les devolvieran el dinero previa la entrega de las prendas y mantas adquiridas.

Todo ha cambiado tanto y principalamente yo, que llevo añadido sobre mis hombros otros SESENTA AÑOS ENCIMA. No obstante, reconforta un tanto transportarse aunque sea con el recuerdo hasta aquella gozosa juventud.


Hasta la próxima.