martes, 12 de octubre de 2010

La Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil


Poco más de media hora hace han terminado los actos celebrados en Madrid, con motivo del día de las Fuerzas Armadas. Asi mismo hoy es la festividad de la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil.

En el salón de mi casa he presenciado todos los actos celebrados en la Capital de España, los cuales se cerraban con el desfile de la Sección de Caballería de la Guardia Civil. Asimismo y con anterioridad al cierre, desfilaban entre otras Unidades, otras del mismo Cuerpo de esa Caballería. Quién me conozca bien, sabe que la Guardia Civil, a la que he pertenecido mas de treinta y un años, ha sido para mí, además de una forma de "ganarme la vida", como suele decirse en estos casos, una razón de ser de mi existencia. He querido a la Guardia Civil, y la seguiré queriendo mientras yo siga mi caminar por esta vida y el uso de razón me lo conceda. Si a este sentimiento íntimo que manifiesto, se une el cariño que mi mujer siempre sintió por la Guardia Civil, nadie se extrañe que cada vez que por cualquier motivo, y hoy día de NUESTRA PATRONA, mas aún, haga referencia a esta festividad, mis sensibilidades llevan a lo mas profundo de mis sentimientos, el agradecimiento de haber dedicado la mayor parte de mi vida a esa pertenencia.

Hoy, a la vez que mi vista percibía todo el devenir del desfile de las fuerzas armadas, mi mente vagaba por esas muchas festividades de la Patrona de la Guardia Civil, en que primero yo solo en compañía de mis compañeros, a partir de la celebración de la segunda hasta la cuarta, inclusive. Patrona, siempre con la que entonces era mi novia, de alguna de las cuales conservo inolvidables fotografías; a partir de la quinta, con mi mujer, después con mi mujer y mis hijos; a medida que iban pasando los años, alguno de éstos, por razones de su ausencia, iban descolgándose de su asistencia, hasta que lo hacíamos solamente el matrimonio. Una vez quedé yo solo, por la ausencia definitiva de mi mujer, he asistido solamente a la celebración de la Misa en el acuartelamiento de los Ángeles, principalmente, y no casi principalmente, sino como homenaje a ELLA, en la que durante todo el acto mi pensamiento no se desviaba un solo instante de su recuerdo.

En el día de hoy, no me encontraba con el ánimo predispuesto para ir, como he dicho anteriormente, al mencionado Cuartel para asistir a la misa. Desde mi posición en el salón de la casa donde he estado presenciado los actos de Madrid, tenía también frente a mi vista, una fotografía y para mayor efecto sentimental, las cenizas de la incineración de sus restos mortales. La acumulación de todas esas coincidencias, me han llevado a permanecer todo ese tiempo con mis ojos anegados en lágrimas y mis recuerdos como cité anteriormente, vagando por aquellos felices recuerdos, de los que hacían llevar a mi ánimo a ese sentimiento de que aquellos momentos, jamás volverán. No obstante ello, a la vez que me acongojaban los sentimientos, esos mismos felices acontecieres me sirven del bálsamo para cauterizarlos y termine por dar gracias a Dios de que así sucedieran, a excepción del de su pérdida. Tengo la plena convicción de que el resto de mis días, cada llegada de la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil, todos mis sentimientos y recuerdos serán idénticos a los padecidos, y al propio tiempo gozados, hoy. Lo que sigue siendo una incógnita, es saber cuántos serán.

Hasta una nueva entrada.

sábado, 9 de octubre de 2010

Dos efemérides

Hoy 9 de octubre se cumplen dos efemérides, de las que hicieron mella en el devenir de mi vida, aunque de signo totalmente opuesto.

Fuente: Indexarte

Comenzaré a relatarlos según su orden cronológico. El primero lo fue hace hoy SETENTA Y CUATRO AÑOS. Aún no había entrado yo en la adolescencia, era todavía un niño. Estábamos en los primeros meses de la Guerra Civil Española. Las tropas nacionales (o fascistas como se las llamaba en la zona roja, donde quedó mi pueblo al inicio de la misma) se anunciaba que estaban rompiendo los frentes de guerra establecidos en poblaciones o lugares próximos. Mi padre que desde los primeros momentos de la guerra lo designaron guarda rural, sobre la hora en que comienzo a escribir este relato, o sea las once de la mañana, se pasaba por el cortijo donde toda la familia nos habíamos trasladado desde el pueblo, por temor a los bombardeos que unos días antes se habían realizado sobre el mismo. Nos comunicó el detalle que antes mencionó de que los fascistas estaban rompiendo los frentes de guerra y que estuviéramos preparados por si en su consecuencia tendríamos que salir huyendo, en principio con dirección a Pozoblanco, localidad en poder del ejército republicano. Pocos momentos después de las cinco de la tarde de aquél día, mi padre volvía con precipitación confirmando lo que por la mañana nos había anunciado. A lomos de una caballería que teníamos y la que mi padre utilizaba para su cometido, procedíamos a cargar sobre las mismas los pocos bártulos que teníamos, colchones y algunas prendas de ropa. Además de ello teníamos dos cabras. La familia estaba compuesta, por el matrimonio y cinco hijos, yo el mayor con once años. Los cuatro siguientes, con ocho, seis, cuatro y la mas pequeña, la única hembra, con dos. El dispositivo de marcha iniciado escasos minutos después de la llegada de mi padre, lo estableció de la siguiente forma: Sobre una de las caballerías, los colchones y mantas; sobre la otra, varios utensilios de cocina, unas sillas, y alguna ropa, En esta última caballería, colocaron a dos de mis hermanos, los de seis y cuatro años, que mi padre en su proximidad sostenía a fin de que no se cayeran de la misma; mi otro hermano de ocho, se le asignó la conducción de las dos cabras: mi madre portaba dos bultos, de ropa, uno a la cadera y otro a la cabeza, y a mí, tomar a mi hermana pequeña a cuestas. A poco de iniciarse la comitiva se unieron a la nuestra otras, entre ella una en que iba una prima de mi madre y que por hallarse en avanzado estado de gestación se puso de parto y comenzó a parir a lomos de un burro. Este acontecimiento y la llegada de la noche, nos hizo pernoctar en otro caserío distante del que habíamos abandonado, no mas de cinco o seis kilómetros y donde la parturienta dio a luz un niño.

Cuando aún no había amanecido el día siguiente, reanudamos la marcha, hasta el punto donde en principio se decidió, o sea hasta Pozoblanco, que distaba unos TREINTA KILÓMETROS, con el mismo plan de marcha de la tarde anterior y a donde llegamos cuando caía la tarde. Nadie podía relevarme siquiera un momento de mi cometido, llevando a mi hermana a cuestas. El día 11 de abril de 1939, dos años y medio después de la salida, regresamos a nuestro pueblo. Detallar todo el tiempo que duró este exilio, precisaría no menos de cien páginas.

SEGUNDA EFEMÉRIDES: hoy se cumplen 17 años del matrimonio de mi hija y de la que yo fui el padrino. Como a primera vista podrá comprobarse, del uno al otro acontecer, va un largo trecho, tanto en la distancia en el tiempo, como en el efecto que ello producía sobre el entorno inmediato de la familia. Aquél dejó en mi recuerdo un reguero de calamidades, inconvenientes y sufrimientos y, mas que nada, no solo por lo que a mi afectaba, sino por el que hubieron de soportar mis padres. Éste, el de que aparte de lo perfecto que resultaron todos los actos de la boda, la consecuencia de ello, que principalmente son dos nietos, con 15 y 13 años respectivamente, y que unidos a los otros cuatro más, forman el principal aliciente y razón de ser de mi vida actual. Pero si todo lo señalado de este acontecer, lo fue como se indica y sus consecuencias las que se señalan, una honda preocupación bullía por lo mas profundo de mi ser, y que no era otro que el deterioro físico que desde hacía un par de meses mostraba mi mujer. Pasados escasos días después de la boda, se confirmaba cuanto temía, y tras un rosario de alternancias en su ir y venir de consultas médicas, operaciones quirúrgicas que duraron algo más de tres años, acabaron por apartarla de nosotros para siempre. Este impacto, aún sigue perforando lo mas profundo de mi alma. ¡Cuánto daría ELLA por contemplar hoy, todo lo que a mi me llena de vida! Desde aquí se lo transmito.

El dolor me impide el seguir con estos relatos.

Hasta otra entrada.

lunes, 4 de octubre de 2010

Ya huele a otoño



Esta madrugada llovía en Málaga. El peine del viento ayudaba a las acacias del barrio a irse desprendiendo de sus hojas muertas, que aventadas por el mismo las iba transportando hasta sepa Dios donde. Todos los árboles de hoja caduca comienzan una competitiva carrera por ver quien llega primero hasta su alopecia total. Los armarios en los hogares comienzan a facilitar el regreso de aquellas prendas de vestir que llevaban varios meses sin aparecer por los mismos, a la par que consienten la salida de otras mas acorde con el tiempo que llega. La melancolía parece llevar al ánimo de muchas personas el grisáceo ambiente de los días del otoño, aunque por lo que a mí respecta, no afecta para nada mi estado anímico, antes bien, me libera un tanto del agobio que ocasionan los rigurosos calores del verano. Para los anciano comienza la campaña de vacunación contra la gripe a fin de que nos libere, o cuando menos, reste gravedad en caso de que nos visite tan poco agradable compañía.

El paso de las estaciones para quienes están realizando un largo viaje, suponen solo un pequeño escalón en su trámite, pero para quienes por razones de las muchas paradas efectuadas ya por el tren que nos lleva está ya sin duda muy cerca de su meta, cada una de ellas que termina y comienza otra, nos va acercando irremediablemente a bajar al anden. No obstante nos aferramos al equipaje que llevamos consigo y aunque sea solo con el pensamiento y el deseo, tratamos que el convoy aminore en lo que sea posible su marcha y nos permita, aunque sea un poquito más, el seguir contemplando el paisaje que nos circunda. Que así sea.

Hasta otra.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Feria de Pozoblanco


Hoy 24 de septiembre comienza la feria de Pozoblanco. Tal día como hoy, pero de 1925 y cuando aun me faltaban tres días para cumplir los cinco meses de edad, y precisamente en Pozoblanco me hicieron la primera fotografía de mi vida, que la conservo y en buen estado.

Trayendo hoy a la memoria esta efemérides y como el que tiene todo el tiempo libre por delante, me he puesto a desbrozar esta cuestión, llegando a la conclusión que desde aquellos lejanísimos días, puede que me venga ese estado afectivo del ánimo que siempre he sentido por la finca de La Calera. Creo que después de haber hablado en tantísimas ocasiones de mi paso y estancia en la misma, nunca he referido que me llevaron a ella cuando cumplí la cuarentena, o sea a los cuarenta días de haber nacido, y donde permanecí con algunas alternancias hasta aproximadamente cuando cumplí los dos años.

Mis padres concurrieron aquel 24 de septiembre de 1925 a la feria de dicha localidad, pernoctando en la casa de quienes estaban entonces de caseros en la tan referida finca y que por ellos habían sido invitados. Después de esta asistencia a la feria, regresamos a nuestra procedencia y donde mi padre estaba trabajando desde bastantes meses antes de mi nacimiento y continuó por espacio de unos dos años más.

Como ya sabéis todos los míos, yo comencé a trabajar en este olivar cuando solo contaba catorce años de edad y permanecí en ella hasta precisamente el día que cumplía los diecinueve.

En el domicilio referido donde mis padres, y claro yo también, estuvimos alojados varios días a partir del 24 de septiembre de 1925, volvimos a estarlo, pero esta vez en situación menos festiva y muchísima mas gente, a partir del 10 de octubre de 1936 hasta el 18 del mismo mes, cuando acudimos allí como refugiados de guerra, durante la contienda civil iniciada el 18 de julio del mismo año.

La amistad de mis padres con aquella familia que desde varios años antes de mi nacimiento estaban en la guarda y custodia de la tan mencionada finca, perduró hasta el final de la existencia de todos ellos.

Recordando hoy todo cuanto termino de narrar he sentido deslizar mi existencia, principalmente desde mi adolescencia hasta aquella iniciada juventud, que si bien por una parte estaba rebosante de vida e ilusiones, no estaba tampoco carente de inquietudes de todo cuanto pudiera ser mi futuro. El tiempo que todo lo cura, también desvela y resuelve todas las incógnitas. Como no, igualmente hoy he vuelto a sumergirme en aquellos dulces y lejanos recuerdos.

Vale y hasta otra.

martes, 21 de septiembre de 2010

Entre dos generaciones

Fuente: www.eseg.it

Aparte de un mes que este pasado verano estuvo en Madrid, hoy 21 de septiembre de 2010, un nieto mío con 24 años cumplidos, ha salido por primera vez del entorno familiar para trasladarse a Bolonia (Italia), con el propósito de cursar su último año de carrera.

Dos generaciones anteriores a la de mi nieto, que es la mía, y concretamente yo, cuando tenía su edad, voy a relatar mi curriculum vitae, como creo que se escribe.

No mas terminar de cumplir los diez años y por razones de índole familiar, hube de colocarme de porquero, donde permanecí por espacio de unos cinco meses, aunque todas las noches regresaba a dormir a mi casa, o sea a casa de mis padres.

Antes de cumplirse los tres meses de la Guerra Civil española, en que abandonamos mi pueblo como refugiados, con la edad de 11 años, durante el traslado desde mi pueblo a Pozoblanco, una distancia de unos 30 kilómetros, hube de caminar llevando a ni hermana de dos años, a cuestas, sin que mis padres teniendo que atender otras preferencias, me pudiera echar una mano en el cometido que me había sido asignado. Ya en el exilio y por espacio de unos dos años, todos los días, sin excepción alguna, salía al campo para llevar a pastar una caballería y dos cabras que teniamos.

En el mes de septiembre de 1938 y unos días después de que mi padre fuera movilizado y llevado al frente de guerra de Extremadura, cuando contaba 13 años de edad, me coloqué de pastor, ayudando a dos hombres mayores, en la guarda de un rebaño de ovejas pertenecientes a los Servicios de Intendencia del Ejército republicano. En el desbarajuste de los últimos días de la guerra, me obligaron a que juntamente con los dos hombres que formábamos el equipo de pastores, nos trasladáramos con todo el rebaño hacia otras localidades, dado a que las fuerzas "fascistas" como se las catalogaba estaban llegando hasta Pozoblanco, limítrofe con Pedroche, donde pertenecía el término municipal de donde estábamos ubicados.Con esta determinación me obligaban a separarme de mi madre y hermanos, todos menores que yo, y mi padre en el frente de guerra, si tener noticias de él, de como pudiera encontrarse. Cuando habíamos realizado un desplazamiento de unos cinco o seis kilómetros fui relevado de esta misión por un tío mío. Unos quince días después y una vez regresados a mi pueblo, cuando aún me faltaban unos días para cumplir los catorce años, comenzó mi trabajo en el campo en las diferentes faenas que se presentaban.

En los primeros días del mes de Diciembre de 1940, con quince añitos, me fui a trabajar a la finca de La Calera, vareando aceitunas, distante de mi pueblo unos diez o doce kilómetros. A partir de ese momento continué trabajando en dicha finca en las diferentes faenas que requería el olivar, con algunas escasas alternancias, hasta el mismo día en que cumplía los 19 años de edad. Por tanto un periodo de casi cinco años, fuera de mi familia y donde desde aparte del trabajo, yo tenía que valerme por mí mismo, en todo lo concerniente a comida, aseo, ropa y todo cuanto se pudiera presentar.Iba por mi pueblo aproximadamente cada mes, para cortarme el pelo, o antes si por medio había un día de fiesta importante y asistir al baile si se celebraba.

Como digo estuve en La Calera hasta el mismo día en que cumplía los 19 años. No más de quince días después me puse a trabajar como minero en una explotación carbonífera, situada a unos seis kilómetros de mi pueblo, distancia que diariamente tenía que recorrer tanto en ida como vuelta, mas siete horas trabajando en el interior de los pozos. Aquí lo único novedoso y bueno que tenía es que no trabajábamos los Domingos o fiestas que se consideraban no laborables. En esta ocupación, la que detestaba, permanecí por espacio de dos años.

Abandonado voluntariamente el trabajo de la mina, me incorpore al Ejército. En el mismo permanecí por espacio de dos años y medio. Este espacio de tiempo que por supuesto estaba separado de la familia, fue el mas cómodo y mejor que hasta entonces había tenido en toda mi vida. Finalizado el servicio militar y por razones que en mi entrada anterior en este blog, hacía constar, hube de volver al trabajo de la mina, en cuya situación y actividad, cumplía los 24 años que hoy tiene mi nieto mayor y que en el día de hoy ha emprendido por primera vez la separación de su entorno familiar, lo que en comodidad se deja atrás, aparte del sentirse rodeado de sus seres queridos.

Independientemente de todas las vicisitudes señaladas tan diferentes a las realizadas por mi señalado nieto, José Carlos para mas señas, que han sido todo estudios y junto a sus padres, otra diferencia tan abismal como las señaladas anteriormente, es la de que yo desde los once hasta los mas de veinte años edad, escasísimos días fueron los que llegué a saciar el hambre que casi era crónica en su padecimiento. Por añadidura yo tuve que padecer la estancia durante tres años en la cárcel de mi padre, una grave enfermedad de mi madre que la tuvo postrada en la cama mas de cuatro meses, y etc. etc. etc. Con estos etcéteras podría proseguir varias páginas más.

Si alguien en mi adolescencia y juventud me hubiera dicho la vida que iban a llevar mis nietos, incluso la que han llevado mis hijos, me hubiera entrado la "risa". Pero así ha sido y quiera Dios que así siga. Por lo que a mi respecta, lo pasado, pasado está. No obstante, creo alguien mas importante que yo dijo: "En la adversidad, se forjan los grandes corazones". Cuando menos eso es cierto, por lo que respecta a sobrellevar con entereza otros avatares adversos que se le puedan presentar a uno durante el resto de su vida.

Creo que las diferencias señaladas en el discurrir de las personas comprendidas entre esas dos generaciones es mas que evidente. Lo mío no era un caso excepcional. Lo de mis nietos tampoco.

Hasta
otra entrada.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La moral por los suelos


Tal día como hoy, pero de 1948 (ya ha llovido), era licenciado del Ejército, de la mili como siempre se ha dicho. De los dos años y medio, veintiséis meses los pase en las oficinas de Capitanía General, que cuando menos entonces se hallaba en la parte central de la Plaza de España, de la capital sevillana

A las dos y media de la tarde de aquel lejanísimo día, tomaba el tren que me llevaría hasta Córdoba y desde allí a mi pueblo en autobús de línea.

Creo que lo he mencionado en bastantes ocasiones, yo podía haberme librado de ir al servicio militar, motivado a que en tal fecha me hallaba trabajando como minero en una mina de carbón y el que lo deseaba, continuando en dicho trabajo durante el tiempo que su Reemplazo estuviera en el ejército, le contaba para todos los efectos como si estuvieras en él.

Dos motivos esenciales me hicieron tomar la decisión de abandonar el trabajo en la mina y marcharme a la mili. No se cual de los dos, prevalecía sobre el otro. Uno era el de que yo tenía la esperanza, sin que pueda decir en que la basaba, de que desde allí podría dar el paso necesario para alcanzar algún destino o empleo, que me hiciera el dejar todo lo que había sido mi vida anterior, desde incluso la adolescencia trabajando como jornalero en el campo. El segundo motivo era la aversión que sentía por mi trabajo en la mina, que si no llegaba a odiarlo, si que cada jornada que echaba en la misma, me suponía el restarme un año de vida.

Por una decisión irreflexiva que en un momento tomé, que incluso al cabo de mas de sesenta años no he llegado a comprender como lo hice, conseguí mi pase a las oficinas de Capitanía General, que era sin duda el mas apetecido de todos cuantos se podían obtener. En este destino adquirí unos conocimientos, concretamente como mecanógrafo, que jamás hubiera llegado a imaginar. Los mas de dos años de permanencia en aquel destino, fueron los de mejor vida que hasta entonces había disfrutado, contando que teníamos oficina desde las ocho y media de la mañana hasta las dos o dos y media de la tarde, que comparándolo con las jornadas en el campo que se prolongaban de sol a sol, o las mas recientes dejadas atrás en la mina, que aunque solo eran de siete horas cada jornada, por las condiciones en que las practicábamos, eran un verdadero suplicio.

El tren que nos condujo hasta Córdoba iba repleto de gente como yo que marchaban licenciados hacia su casa. No pocos, viajaban incluso borrachos festejando la circunstancia de dar por concluido el servicio militar. Yo por mi estado de ánimo, era un bicho raro entre todos los demás. El propósito que me llevó hasta el ejército y abandonar el trabajo en la mina, había resultado un fracaso total y absoluto. Ni había conseguido el dar el salto hasta algún trabajo o destino que me apartara de la forma de ganarme la vida como lo había hecho hasta el momento de irme y por añadidura, dentro de muy pocos días no me esperaba otro horizonte que la vuelta al desempeño del trabajo, que como cité anteriormente casi lo odiaba, y que como tal vaticinaba, sucedió.

NUNCA, hasta entonces me había sentido tan insignificante en el discurrir de la vida. Mi estado anímico me hacía considerarme un ser sin la suficiente fuerza de voluntad para sobreponerme a la situación en que me hallaba. Cuando durante el viaje en el tren observaba el jolgorio que todos los demás formaban, me preguntaba si todos ellos se dirigían hasta una situación mejor que la que a mi me esperaba o quizá algunos, lo habían pasado tan mal en el ejército que comparándolo con lo que se les avecinaba, lo que dejaban atrás había sido mucho peor según celebraban su vuelta a casa.

¿Porqué Dios no se apiadó de mí en aquellos momentos y me insinuó siquiera cual iba a ser a la larga mi devenir por la vida? Sin duda en aquellos instantes me hubiera descargado del hondo pesar que me atenazaba el ánimo. Pero visto ahora desde la lejanía de SESENTA Y DOS AÑOS, doy por bien empleado aquellos sentimientos que de como con el paso de algunos años, fue cambiando mi vida hasta el punto que me llevó, y aún la conservó, hasta la extrema felicidad. Desde este estado actual, resulta un regodeo traer al recuerdo aquellos pesares.

ASÍ HA SIDO MUCHO MEJOR. Gracias a Dios


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Cada mochuelo a su olivo

Fuente: www.mirandanatural.es (Jose Luis Sánchez Almécija)

Este dicho de "cada mochuelo a su olivo", suele utilizarse, por lo menos en mi pueblo, cuando se disuelve una reunión familiar, de amigos, socios u otra cualquiera y cada cual ha de marcharse a su casa o donde quiera que le corresponda, según el caso. Esta mi nueva entrada en el blog quiere hacer alusión al fin de las vacaciones de verano.

Los míos, cada cual se halla en su "olivo" y como no, yo también en el mío desde cuya atalaya como lo vengo haciendo desde algunos, bastantes, años y estando siempre "ojo avizor" captando cuanto me es posible el devenir y acontecer de mis familiares mas allegados, sin que por ello deje de recoger lo que a lo mejor nada me importe. Mis desplazamientos voladores suelen ser cortos y espaciados sin que abandone el entorno en que me vengo desenvolviendo desde el tiempo a que antes hago mención. ¡Qué diferentes son las actividades de cada persona, según su condición, profesión, y muy especialmente de su edad! Mis hijos cada cual en el desempeño de sus funciones profesionales. Mis nietos, gestionando algunos su futuro próximo y otros esperando el comienzo del curso correspondiente a sus estudios o carreras. ¿Pero y yo, que hago? Nada, dejar pasar los días, que aunque no quisiera dejarlos pasar, ellos lo harían por su su cuenta, sin que tuvieran en consideración lo que a mí o a nadie pudiera convenirles. Los días, semanas, meses y los años pasan a velocidad de vértigo sin tener compasión alguna de los que llevamos tantas décadas acumuladas y cada momento que va pasando nos está menguando cualidades físicas y en su proporción acortando nuestra estancia por estos lares. Dicho así, fríamente a cualquiera pueda parecerle que vivimos con el miedo y la preocupación de nuestra desaparición física. Puedo asegurar, cuando menos por lo que a mi respecta, nada mas lejos de la realidad. ¿Es que estoy deseando que así suceda? Menos todavía. Los años van dejando sobre nosotros esa filosofía propia de los viejos, que asumimos con toda normalidad de espíritu lo que el día en que esté determinado nos pueda alcanzar esa desaparición de este valle de lágrimas. Siempre pensamos que cuando nos llegue el momento, dejaremos de contemplar la llegada de cualquier circunstancia que alguno de nuestros seres queridos esté por alcanzar, pero siempre será así. Nuestro discurrir está dividido en dos sesiones principales. La una el recuerdo. La otra el futuro, pero éste, no el nuestro propio, sino de esos mencionados seres por quienes mantenemos la única ilusión que abrigamos en nuestro vivir. De los recuerdos, en particular de aquéllos que se marcharon físicamente, pero que tanto consiguieron dejar en nuestros sentimientos.

No piensen quienes lleguen a tener entrada a este blog y a esta mi exposición de hoy, que pueda hallarme en un momento de desánimo o depresivo, no, nada de eso, estoy como siempre y con la misma disposición en que siempre lo hago cuando realizo las entradas en el blog. Mi estado emocional, gracias a Dios lo tengo bastante nivelado y salvo cuestiones familiares, mucho más que las propias personales, son las que suelen alterarme el talante, según su alcance o importancia.

Bueno está terminando el día de la Patrona de Málaga, Nuestra Señora de la Victoria, que en cuanto a mí se refiere en nada ha alterado el discurrir de este día.

Esta entrada no ha tenido perfil alguno de interés, pero yo he pasado una hora, que me ha llevado hasta el momento de irme a cenar y dar por terminado otro día más. Ya veremos de lo que trataré en la próxima.

martes, 31 de agosto de 2010

Se nos va agosto

Doce horas escasas quedan para que se nos vaya agosto, mes de vacaciones por excelencia. Para mí, el vacar lo es desde hace muchos años por tiempo indefinido, o para mejor decir, permanente.

Los míos, algunos ya han dado por terminadas su vacaciones, otra está a punto de hacerlo en la inmediatez del día de hoy, y el otro no le alcanza una semana de disfrute.

Durante el mes que hoy termina, he tenido la dicha de haberlos reunido a todos aquí, aunque con algunos altibajos en las estancias de tres de mis nietos, motivado a sus propias programaciones, cosa natural en sus edades mozas, como antaño se denominaba a los jóvenes.

Cavilando hoy sobre la circunstancia a que me refiero en los párrafos anteriores, se me viene al recuerdo las distintas etapas por las que la vida de una persona atraviesa en el devenir de su existencia, que por las distintas situaciones íntimas y particulares serían, las de hijo, novio, marido, padre y abuelo. Sin duda, de todas ellas, por lo menos en cuanto a mi respecta, esta última por la que me veo transitando, y que eso de ÚLTIMA ha de serlo así, ya mi situación para una nueva catalogación no puede darse.

Las sensibilidades en todo ser humano, hablo solo por lo que a mi se refiere, llegan a la máxima expresión cuando se alcanza la vejez y se mantiene el cerebro con la suficiente claridad de ideas. Estas sensibilidades tienen por una parte el encanto del disfrute sublime de sentirte rodeado y en la proximidad de tus seres queridos, y por ende todo hecho o suceso favorable que a ellos acaezca. En su contra, te hallas permanentemente con el temor de cualquier contrariedad familiar, que aún no siendo de la máxima gravedad, me resultaría difícilmente soportable de afrontarlo y en cuya consecuencia, se desea la propia pérdida de la existencia que verte en la tesitura de tener que superarlo.

A partir de ya, esperar otra vez a que llegue el verano que viene, que aún echándole mucho optimismo al caso, y mirando hacia ese horizonte con la sensatez propia de un anciano, tan lejano y cuesta arriba se contempla, que nunca se descarta el hecho de si uno volverá a gozarlo, tal lo ha sido este año, ahora podríamos decir.

Pienso de la infelicidad de aquellos seres que no les quede esa ilusión de que pasados unos días, meses e incluso un año, carezcan de la esperanza de verse arropados y queridos de los suyos, como yo tengo que dar gracias a Dios de sentirlo y esperarlo de que así sea.

Como casi siempre hago, el recuerdo para la que fue la principal artífice de la obra de que tan orgulloso me siento, y que con ello le informo de la felicidad que todos los nuestros ahora gozan, y la que deseo lo sea así hasta siempre.

Ya la próxima entrada tiene que ser en septiembre. Valga esta por hoy.

sábado, 21 de agosto de 2010

Confesándome


Desde el día 26 del pasado mes de julio no había realizado ninguna otra entrada en este mi blog. Creo que ha sido el mayor espacio de tiempo en el que la demora ha sido mayor.

Pero la entrada de hoy no guarda relación con esta que podríamos llamar desidia. Si no otra de signo totalmente diferente y a la que he titulado "Confesándome" y que realmente considero que va a ser eso, una confesión.

Los míos mas allegados y a través de mis "Memorias", sabéis que uno de los primeros requerimientos de noviazgo en mi primera juventud, lo fue a una paisana mía, que, y aunque la cuestión duró unos cinco años, finalmente todo quedó en nada.

Hace unos cuatro meses, tuve noticia de que una hermana suya, mayor que ella y la última que le quedaba, de cuatro que eran, un varón y tres hembras, había fallecido. Hasta aquí, se podría colegir que la cosa no tendría tampoco la mayor trascendencia. Pero no es así, cuando menos para mí particularmente.

Como en mis memorias ya había hecho constar, con esa joven a la que pretendía, cometí con ella el único acto de venganza premeditada que recuerde he cometido durante toda mi vida. Los motivos que dieron, equivocadamente hoy, fueron ciertos airados desprecios que durante algún tiempo me dispensó.

Durante largas charlas sostenidas con mi íntimo amigo "Currito", (q.e.p.d.), con el que nos contábamos todas nuestras peripecias amorosas, desde que éramos unos adolescentes, en una ocasión le prometí que persistiría en intentar hacerme novio de esta joven a la que aludo, aunque sin citar su nombre, y que cuando lo consiguiera, si llegaba a ello, rompería esa relación.

Realmente fueron cinco años insistiendo en ello y que a fuerza de mi insistencia parecía que los sentimientos de ella iban cambiando a medida que el tiempo pasaba, al punto de que si no locamente enamorada de mí, sí creo llegó a desear formalizar una relación seria conmigo. Pero yo, y persistiendo en mi promesa, ni establecía una relación de noviazgo con ella, pero tampoco dejaba que algún otro joven lo hiciera. Así, y pasados unos cinco años como digo, concretamente el día 31 de diciembre de 1947, rompía lo que tanto para ella como para la gente, consideraban ya un noviazgo. En esta ruptura, sin duda siempre lo he reconocido, tuve un comportamiento excesivamente duro en cuanto a explicarle o mejor dicho, reprobarle el que ella había tenido conmigo durante los primeros tiempos de mis requerimientos. Finalmente ella no llegó a casarse. Sin duda, si no toda, si en gran parte fui culpable de que ella se quedara soltera, dado que en una ocasión cuando parecía estar a punto de echarse novio, yo me metí por medio y todo se rompió. Y aquí viene, lo de mi pesar, por la muerte de su hermana. Mi pretendida de entonces tiene la misma edad que yo, incluso es unos veinte días mayor. Yo, hoy, me veo rodeado de hijos y nietos los que me hacen sentirme profundamente feliz y arropado por todos, y pendientes de cualquier contrariedad que pueda tener. ELLA, hoy que no se si vivirá sola en algún domicilio o asilada en cualquier residencia, posiblemente pasaran días, semanas o meses, sin que nadie le dedique un momento de recuerdo cariñoso. Solo tiene sobrinos y creo que los más próximos a centenares de kilómetros de Córdoba, donde ella esta viviendo. He reflexionado durante estos cuatro meses pasados, que mientras yo, todos mis pensamientos van dirigidos en desear lo mejor para los míos y regocijarme con sus actuales situaciones, creo que para ella solo en su cabeza acudirá el pensar el tiempo que le quede que estar en esta vida y desear que sea lo menos dolorosa posible.

De todo esto, CONFIESO MI ARREPENTIMIENTO DE AQUEL PROCEDER, y aunque nunca llegue a su conocimiento, le pido perdón por ello, aunque ya de nada valga. El único atenuante que de toda esta historia pueda tener, es la de que de todo corazón, las últimas palabras que sostuve con ella aquel lejano 31 de diciembre de 1947, al decirle que nuestras vidas no volverían a encontrarse, fue la de "DESEARLE LA MISMA SUERTE QUE YO DESEABA PARA MÍ". Esto sé que no se ha cumplido.

Con esta confesión quiero descargar en lo posible el pesar de conciencia que tengo de ello. Hasta otra entrada.

lunes, 26 de julio de 2010

26 de julio de 1950


En la tarde del día 26 de julio de 1950, en unión de otros compañeros llegaba a Málaga a fin de incorporarme a la Comandancia de la Guardia Civil de esta provincia, como Guardia recién salido de la Academia de Úbeda.

No conocía esta ciudad, salvo de oídas de cosas que de ella me contaba mi padre, que como quiera que hizo el servicio militar en Melilla, en Málaga tomaba el barco para ir y aquí desembarcaba cuando venía, aunque realmente todo ello bastante superficial, dado que su estancia, tanto en las idas como en las venidas, no era de tiempo espaciado.

Yo, mi destino a Málaga, en realidad no me produjo la menor alegría, antes bien me causó cierta contrariedad. No conocía a nadie de Málaga, tanto de la capital como de la provincia. Quizás por ello, con la añadidura de ciertos datos que a la vista estaban, me pareció una ciudad bastante sucia; su aspecto físico aparentaba cierto abandono e incluso aún se veían algunas consecuencias de la guerra civil, aunque hacía once años que había terminado.

Hoy, vuelvo la vista atrás y Málaga y yo, hemos ido proporcionalmente en direcciones opuestas, pero solo por lo que respecta a nuestro aspecto físico. Ella, ha dado un cambio tan expectacular que se ha puesto a la altura de las mejores ciudades de España. Nada de cuanto se exponía a mi vista en aquella primera visita, puede contemplarse hoy. En mi persona, tampoco. Aquel joven guapete que llegaba a Málaga en 1950, es hoy irreconocible para toda aquella persona que haga algunos años que no me ha visto personalmente. Sesenta años pasados sobre mí, han hecho verdaderos destrozos físicos Todas mis esperanzas y deseos de entonces son hoy recuerdos. Pero el desencanto que me produjo mi destino a esta provincia, desembocó hace ya muchos años en un profundo agradecimiento, bendiciendo el momento en el que se me asigno este destino. Aquí he conseguido multiplicado hasta el infinito, todo cuanto en aquel momento hubiere podido siquiera soñar. Hoy, soy tan amante de Málaga como lo pueda ser el primero y mis raíces aquí, con los innumerables logros conseguidos profesionalmente, pero muy especial en mi vida íntima y personal, es difícil encontrar quien pueda igualarlo, aunque imposible superarlo. Doy por bien empleado mi desgaste físico en ese tiempo transcurrido, con las aportaciones con los que he sido compensado. Solo de todo ello, me falta una, quizá la mas importante, de las que me ayudaron a conseguir tanta dicha. VAYA HOY, mi recuerdo hacia ELLA.


viernes, 16 de julio de 2010

16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen


Tal día como hoy de 1950, salía de Úbeda hacia Córdoba una vez terminado el curso en la Academia de la Guardia Civil, sita entonces en la primera de las ciudades indicadas.

En aquella fecha era promovido al empleo de Guardia Civil de 2ª Clase y dejaba de ser Guardia Alumno como lo había sido desde el ingreso en la Academia el día 12 de Abril anterior.

Hacía un día de calor como por estas fechas suele hacer en la capital de la mezquita y a donde llegamos próximo a las doce del día. Entre otros, descendimos del tren en Córdoba, un compañero llamado Eugenio Lorenzana Cid, que residía en Cerro Muriano, donde su padre con el empleo de Teniente mandaba la Línea del Cuerpo en aquella residencia. Como quiera que los autobuses para dirigirme a mi pueblo no pasaban hasta a partir de las cinco de la tarde, mi amigo Lorenzana me invito a su casa, donde almorcé y esperé la combinación para ir a Villaharta. El Guardia Lorenzana fue destinado a la Comandancia de Teruel. Una vez nos despedimos sobre las cinco y media de la tarde de aquel día del Carmen, de hace SESENTA AÑOS, no he vuelto a saber nada de él. No se que habrá sido de su vida. Era, y si vive aún, lo seguirá siendo un tío estupendo. Vaya en este aniversario un recuerdo a su "buena persona".

¿Lo que supone el paso de SESENTA AÑOS, en la vida de una persona, por tanto también en la mía? Toda una vida profesional por delante y lo mismo mi propia existencia que estaba llena de expectativas y de esperanzas en la profesión a la que acababa de incorporarme. Hoy las tornas se han vuelto en direcciones opuestas a las de entonces. Todo lo que era una vida por delante, lo es ahora una vida dejada por atrás. Todo lo que eran expectativas y esperanzas, lo son hoy recuerdos a un pasado, del que solo puedo dar gracias a Dios, por todo lo que ha supuesto en deseos y sueños conseguidos, aún mucho mas amplios de cuanto entonces podía pensar.

Cuán rápido se llega con el recuerdo hasta aquella lejana fecha, pero si hubiéramos de ir desmenuzando todo el acontecer de mi vida hasta el día de hoy, se precisarían varios centenares de folios para dar cuando menos una visión de todo cuanto en ese intervalo de tiempo ha llenado de felicidad mi existencia.

Un cariñoso y sentido recuerdo para todos los míos que se fueron físicamente de mi entorno y un abrazo muy fuerte para los que me rodean y que siguen llenando mi vida de satisfacción del continuar viviendo.

Hasta una nueva entrada.

domingo, 11 de julio de 2010

11 de julio, San Benito

Como creo que lo he hecho en años anteriores, hoy 11 de julio de 2010, como se viene haciendo desde seguro hace muchísimos años, es día grande en el pueblo de Obejo y vecino del mío.

Tal día como hoy, pero de hace SETENTA Y OCHO AÑOS, salía por vez primera de mi pueblo desde que tengo conciencia del recuerdo. Mi padre me llevó a la citada localidad y a lomos de una burra que había entonces en casa de mis padres, al objeto de cumplir una promesa ante la imagen de San Benito y cuya procesión se realiza alrededor de la ermita próxima al pueblo y en la que se venera la imagen del santo.

De aquel viaje penitencial, guardo en mi memoria unos cuantos recuerdos y que al traerlos hoy a mi mente, lo veo con una nitidez de que tal lo hubieran sido de hace no más de unas semanas. Tales fueron, los atalajes de gala que componían el aparejo del jumento, la procesión de San Benito y que toda su indumentaria iba cubierta de billetes que habían sido colocados por los penitentes en cumplimiento de sus promesas. El calor sofocante que hacía, dado a que la procesión creo se celebraba entre las once y las doce de la mañana, aproximadamente. Nuestro inicio de regreso hacia mi pueblo, pero con una parada que hicimos a la salida de Obejo, cerca de un pilar donde dimos de beber a la burra, mi padre y yo bebimos buenos tragos de un agua tan fresquita y buena y que también llenamos una botija que llevábamos y que desocupamos de la que contenía, que como se decía por mi pueblo parecía ya "caldo del puchero" de lo caliente que estaba. Del intento de pesca que hice, de unos peces de colores que había en el pilón y que lo hice, aprovechando de que mi padre una vez almorzamos, y utilizando el aparejo de la burra como cama, se echó a dormir la siesta, que por cierto al despertar se llevó buen susto al ver que no estaba a la sobra del árbol bajo el cual estuvimos comiendo, hasta que se percató de donde yo estaba. Utilizando un sombrero de paja que llevaba y mis propias manos, para la pesca, no logré pescar ni uno siquiera de los mas de cincuenta peces que habría en el pilón.

Terminado el descanso volvimos a tomar el camino de Villaharta, pero tomando dirección distinta a la que habíamos llevado en la ida, al fin de coger una buena cantidad de peras de unos frutales existentes en una finca de mi abuela paterna. Pensar que mi padre tenía entonces 34 años, que falleció 27 años después de lo que estoy relatando y que hace mas de 51 años que murió, os podéis hacer una idea del tiempo transcurrido de esta efemérides. Y decir que no me parece tan lejano, da una idea de lo que supone la acumulación de años. Pensar que la existencia de unos pececillos de colores despertaron entonces una viva emoción en mi persona. Lo que hace el paso de los días.

Cuando menos, doy gracias a Dios de que hoy puedo contarlo y siempre como ahora. Hasta nueva entrada.

domingo, 27 de junio de 2010

¡Vamos a la playa!



Esta mañana cuando regresaba de oír Misa, sentía cierta nostalgia, al comprobar como el paso del tiempo te cambia por completo tu devenir por la vida. Un nudo de tristeza se me atravesaba por la garganta cuando me cruzaba con mucha gente, entre ellas algunos matrimonios con edades un tanto avanzadas, aunque tal vez no me alcanzasen en ello, llevando consigo todos sus bártulos para pasar el día en la playa.

Volvía mis recuerdos, allá por los treinta, cuarenta o cincuenta años atrás y yo, con todo mi entorno familiar, y de amistades, me veía representado entre esas heterogéneas bullangas que animosamente se dirigían a pasar el día en alguna de las playas de nuestro litoral malagueño. Este recuerdo me traía en primer lugar cuan disfrutaba con ello mi mujer (q.e.p.d.). Días entrañables pasados durante largos años en semejantes actividades, contrastaban con mi lento caminar en el día de hoy, dirigiéndome a mi casa donde acompañado solo por aquellos felices recuerdos, me llevan a pasar el resto de la jornada tan distinta de las tan lejanas recordadas hoy. Algunos de los míos de entonces, junto a los suyos de ahora, hoy o en próximos días o semanas, volverán a realizar semejantes o parecidas jornadas de esparcimiento por los mismos u otros puntos de la costa.

Por lo que a mí respecta, desde mi observatorio de hoy, volveré a repetir la experiencia consistente en vivir de los recuerdos de aquellos tiempos. Son ya tres años pasados en los que no me he adentrado en el mar mas allá de llegarme el agua por encima de los tobillos. Como la pérdida de otras muchas tendencias, lo de mi afición y deleite con los baños en el mar, o cualquier otro punto en que el líquido elemento me llegara siquiera a la cintura, se han esfumado con el paso de los años. Pese a todo, Dios me mantenga siquiera como lo estoy en estos momentos. Cuando menos, el recordar aquellos días, me compensan la carencia de hoy.

Valga por hoy. Hasta otro día.

domingo, 20 de junio de 2010

Santa Florentina


Hoy 20 de junio, celebra la Iglesia Católica entre otras festividades, la de Santa Florentina, por tanto onomástica de mi madre (q.e.p.d.).

Después de dieciseis años y dos meses justos de su fallecimiento, quiero con estas humildes letras rendir un sentido y cariñoso homenaje a su recuerdo.

Han sido infinidad de veces durante mi vida, que mis recuerdos lo han hecho recorriendo todas las vivencias de mi queridísima madre, desde que yo tuve uso de razón. Cuántas adversidades hubo de remontar, desde la muerte de tres de sus hijos cuando aún no habían cumplido su primer año de vida, el paso por la Guerra Civil española, y la postguerra, que aparte del dolor del fallecimiento de tres hijos, sin duda fueron los mas duros de toda su existencia. Quizá, y sin quizá, uno de los periodos mas críticos, creo lo fue desde el verano de 1940, hasta muy próximo al fin de aquel año, en que enfermó de Fiebre de Malta y que la tuvo postrada en cama durante todo ese tiempo. En aquellos momentos, mi padre se encontraba en la cárcel; algunos de mis hermanos y yo, también enfermamos aquel verano con fiebres palúdicas. Mi madre hubieron de llevársela a casa de mi abuela paterna, dado a que el médico se lo recomendó en evitación de que pudiera contagiar su enfermedad a sus hijos y también a sus hermanas, hermano y sobrinos que todos vivíamos en la casa de mi abuela materna. Algunos de mis hermanos hubieron de marcharse a cortijos, donde se dedicaron a la guarda de animales y donde solamente recibían por su trabajo, alojamiento y manutención, por cierto no muy abundante esto último.

Hoy, al cabo del paso de tantos años de aquellos sucedidos, no deja de sorprenderme la entereza y fuerza de voluntad de mi madre, que tan pronto se repuso un tanto de su enfermedad volvió a tomar las riendas del devenir de la familia y sin el menor desfallecimiento, consiguió llevar a buen puerto a todos sus hijos. La fortaleza física y moral de su persona, lo demuestra el que pese a tantísimas y graves adversidades con las que hubo de luchar, falleció cuando aún le faltaban menos de dos meses para cumplir los NOVENTA Y SIETE AÑOS.

Vaya por esta mi entrada de hoy, mi recuerdo agradecido a todo cuanto hizo por nosotros. En los últimos años de su vida, pudo al fin desquitarse de tantos sufrimientos y pasó una extrema vejez, si no tanto como mereció, si lo bastante aceptable como pago en parte a tantos desvelos y entrega por los suyos.

UN BESO MUY FUERTE, MÍO Y DE TODOS TUS HIJOS, MENOS CESÁREO QUE ESTARÁ JUNTO A USTED. Este tratamiento le dábamos sus hijos varones mientras vivió. Su única hija y la mas pequeña, la tuteaba. El paso del tiempo tenía esas consecuencias.

Hasta otra.

miércoles, 16 de junio de 2010

Nuevamente llega otro 16 de junio


He repetido hasta la saciedad esta efemérides del 16 de junio. No por ello voy ha dejar de hacerlo cada vez que mientras viva y Dios me de entendimiento para realizarlo, llegue este día.

Como lo vengo haciendo siempre, guardo de este día uno de los mayores impactos entrañables de toda mi vida. Seguramente los míos, lo recordarán ahora cuando haga mención del acto que dio lugar a ello.

Podía ser aproximadamente esta hora, alrededor de las diez de la mañana, de aquel 16 de junio de 1959, cuando descendía del tren expreso Madrid-Málaga, en aquella vetusta estación de esta última ciudad, tan diferente a la actual, vestido de uniforme y luciendo mis flamantes galones de Cabo de la Guardia Civil, que me habían sido concedidos el día anterior. Una vez puestos mis pies en el andén y al dirigir mi vista hacía la puerta de salida, como cito anteriormente, recibí el mayor extremecimiento emocional de toda mi existencia, cuando mis dos hijos (el mayor de algo más de dos años de edad y el pequeño con catorce meses bien cumplidos y que éste, había echado a andar el día anterior) seguidos de su madre venían en mi busca. Al llegar a este momento, he dejado de escribir, he cerrado los ojos y me he transportado en el recuerdo hasta aquel instante, sin que haya podido evitar que mis ojos se aneguen de lágrimas. Aquel contoneo vacilante en el andar de mis hijos añadido a la belleza deslumbrante de su madre, mi mujer, y a los que hacía mas de dos meses que no veía, me hicieron que incluso soltara sobre el suelo la maleta que llevaba en las manos y corriera hacia ellos, donde al contactarnos nos fundimos en uno apretado y emocionante abrazo, adobado con una profusión de besos repartidos de unos a otros, momento que lamento carecer de hallar las palabras apropiadas para describirlo. Siempre que he relatado este hecho y hoy vuelvo a repetirlo, en estos instantes daría cuanto me reste de vida por volver a vivirlo en presente. Cincuenta y un años han pasado desde entonces, aquellos dos niños vacilantes en su andar, hoy, una alopecia profunda inunda sus cabezas, su hermana que en aquellas fechas no andaba todavía por este mundo, es también hoy una mujer madura, pero los tres hermanos, son el máximo de cuanto puedan desear los padres y de la descendencia de ellos, solo cabe decir, que de "tal palo, tal astilla".

Bastantes días hacía que no entraba en el blog. Traer al recuerdo el hecho que ha motivado esta nueva entrada, ha valido la pena. De estos, pocos se dan en la vida de una persona. Por hoy, valga. Mezclarlo con otro caso, sería como aguar el vino.

Hasta otra.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Lo que son treinta y ocho años

El día 26 de mayo de 1972, hace por tanto hoy 38 años, y cuando yo estaba al frente del personal del Servicio de Información de la Guardia Civil de la Comandancia de Málaga, tuve conocimiento de que el célebre "Lute", se encontraba residiendo en Málaga o sus alrededores.

El día anterior, uno de los Guardias que estaba a mis órdenes, y que nos llamábamos paisanos, ya que era natural de Villaviciosa de Córdoba, pueblo limítrofe con el mío, y que por ser día festivo estaba con su familia en las riberas del río Campanillas, estuvo empujándole a un coche que se había quedado atascado en el cauce de dicho río. Una vez sacado de su atasco, aquel coche dio dos viajes de personas, la mayoría mujeres y niños y cuya dirección al partir lo era con destino a Málaga. Las características de aquel personal le infundió cierta sospecha a mi "paisano", procediendo a memorizar la matrícula del automóvil en cuestión, y que se trataba de un Seat modelo 124. Al siguiente día, o sea aquel 26 de mayo de 1972, cuando me informo del acontecimiento me puse en contacto con la Jefatura Provincial de Tráfico, donde me informaron que la citada matrícula correspondía a una furgoneta, no recuerdo la marca y dedicada al reparto del Diario Sur de esta capital, del que fue sustraída. Al comprobar de que se trataba de matrícula falsa utilizada por el 124, y tomando varios álbumes de fotografías de malhechores y personal en busca o captura, la confrontación con una de las fotos, con dos niños componentes de aquella familia, y otra de algunos adultos, llegamos a la conclusión de que el individuo que conducía el automovil era "EL LUTE".

Al pasar yo la novedad al superior de quien dependía directamente, y por razones que ahora no vienen al caso y que no voy a reflejar hoy, no tuvo la acogida que el caso merecía, y por tanto la gestión para la localización y captura del personaje descubierto, se ralentizó y espació casi dos meses en el tiempo. Pasado ese periodo, hubo confrontación, tiroteo, heridos y también el rescate de mujeres y niños, algunos de éstos llevaban unos dos años en que las autoridades judiciales tenian interesada su localización .

El traer hoy a colación esta efemérides, lo ha sido por como se dice en el título de esta entrada lo que supone el paso de treinta y ocho años en la circunstancia de mi propia persona, cuando entonces contaba 47 años de edad, hoy 85, antaño con una actividad de servicio frenética dado el destino que desempeñaba y, hoy un anciano con mas de veintinueve años jubilado y sin otra misión que ver como pasa el tiempo sobre mí, y cuando menos dando gracias a Dios que por lo menos mantengo mi cabeza tan lúcida como entonces y me permite como en este caso traer al recuerdo una de las muchísimas vicisitudes acaecidas en mi ya larga vida. Como con tanta frecuencia solemos decir los viejos, "parece que fue ayer", pero como puede comprobarse han sido TREINTA Y OCHO AÑOS. Yo, sigo siendo yo, pero no lo mismo que aquel Sargento de la Guardia Civil, para el que en su actividad, no entendía de horas ni del día ni la noche, ni días laborables o festivos, si no permanentemente en alerta y dispuesto siempre para salir donde, como y el caso así lo requiriera.

Hasta otra.

viernes, 7 de mayo de 2010

7 de mayo


Durante mi niñez y mi juventud, las fiestas de mi pueblo comenzaban el día 7 de mayo hasta el 9 siguiente. El inicio de las fiestas de 1944, por tanto hoy se cumplen SESENTA Y SEIS años, fue sin duda hasta aquella fecha, el día en que el tomar una determinación me costó la mayor lucha conmigo mismo, dadas las vacilaciones que ante tal hecho me ponían ante la duda de "qué hacer". Fue también, la primera de las que posteriormente se fueron encadenando hasta llegar a la última que en el mismo sentido hube de tomar y que finalmente culminaron con lo que fue el génesis de toda mi FELICIDAD.

Como decía anteriormente, el día 7 de mayo de aquel lejano 1944, decidí no continuar mis relaciones amorosas con la primera novia que había tenido. Hacía diez días la había visto por última vez, dado que aquel día terminaba mi trabajo en la finca de La Calera, no más de tres kilómetros de distancia del cortijo donde ella vivía, y en cuya despedida, le prometí volver a verla el primer día de las fiestas de mi pueblo, añadiéndole, como en realidad en aquel momento lo sentía, que para mí, élla estaba por encima de cualquier otra circunstancia, incluidas las fiestas de mi pueblo. En realidad desde mi despedida, que había coincidido con mi 19 cumpleaños, me recuerdo que estaba deseando llegara la fecha en que pudiera volver a verla. No puedo decir, ni incluso después de 66 años, si estaba enamorado de ella. Si puedo dar fe, que físicamente me atraía de una forma que hasta entonces nunca lo había sido por otra mujer.

Serían aproximadamente pocos minutos después de la once de la mañana, vistiendo mi traje de días festivos y por añadidura estrenando zapatos, me dispuse a recorrer unos once o doce kilómetros de distancia que separaban mi pueblo de su residencia y cuyo camino había de hacerlo a pie y como es natural, otros tanto de regreso y por el mismo medio de transporte, para pasar unas cuantas horas a su lado. Hacía un día bastante soleado y por ende más calor del deseado para caminar a pie. No más de quinientos metros llevaba recorridos, cuando me hallaba a las espaldas de las tapias del cementerio de mi pueblo y al pasar bajo la sombra de una encina, una repentina e inexplicable decisión me detuvo y puse mi espalda sobre el tronco del árbol. En aquellos instantes, una turbulencia de contradiciones pasaban por mi mente. Dirigía la mirada en la dirección que había de llevarme hasta ella y veía un camino interminable y dificultoso para recorrer principalmente por la molestia que me producían los zapatos que iba estrenando. Cada vez que fuera a verla, había de realizar aquella caminata y dado que terminaba de cumplir diecinueve años, con el cumplimiento del servicio militar a dos vista, más los dos o tres que entonces duraba la mili, comenzaron a parecerme una eternidad hasta terminar casándome con ella. Este último dato indicado, no me lo había preguntado hasta entonces lo que me hizo dudar de si continuar o no aquellas relaciones. Por contra, me llevaba a pensar que el inicio de mi relación con ella, lo fue por una intromisión que por mi parte hice pretendiéndole la misma, sabiendo que llevaba una relación de noviazgo con otro hombre desde hacía casi dos años. Comprendía lo que para ella supuso el romper su antigua relación para hacerlo conmigo, teniendo en principio en contra a toda su familia, y por encima de otras circunstancias, lo que suponía en aquellos tiempos el que una mujer dejara un novio para formar otras relaciones con otro. El "qué dirán" hacía mella en las voluntades mas firmes y decididas; ella sin embargo se sobrepuso a todas ellas. El tronco y la sombra de aquella encina, fue la la muda testigo de las divagaciones que me embargaban. Terminando, acabé por dar media vuelta, pasar junto a mis amigos las fiestas de mi pueblo y jamás volví a verla. De no haber procedido así, quién sabe dónde aquella relación hubiere llegado. ¿Estaría en estos momentos ante este ordenador? Seguramente no.

Supe después, se había casado con su primer novio. Lo que ella y su familia pudieron pensar de mí, me lo imagino. Si de algo me arrepiento es el haber iniciado aquellas relaciones. De las consecuencias pude ocasionarle, le pido perdón. Aunque nunca llegue a su conocimiento este perdón que le pido, mi conciencia se descarga un tanto con ello.

Hasta una nueva entrada.