domingo, 31 de julio de 2016

La actividad aeroportuaria

Pueblo Chico, La Orotava, Santa Cruz de Tenerife

Leo en el Diario Sur de Málaga, que en el día de ayer, 30 de julio de 2016 hubo en el Aeropuerto de esta Capital una actividad de 442 vuelos y un movimiento de 72.000 pasajeros.

En 1960 por estas fechas, precisamente hace CINCUENTA Y SEIS AÑOS, yo prestaba mis servicios en dicho aeropuerto, y me quedo totalmente sorprendido al punto de que ni siquiera puede hacerse comparación del como era aquel entonces a la actividad del día de ayer.

Comenzaré señalando, que yo en aquellas fechas prestaba servicio de 84 horas semanales, si ochenta y cuatro horas, o sea doce horas cada día. Hoy seguro que no llegan ni a la mitad, pero además es que ni un solo día teníamos libre de servicio, y así meses y meses, hasta que nos correspondía "disfrutar" no mas de veinte o veinticinco días al año.

Por cuanto a la actividad de aviones, no recuerdo cuántos podrían ser, pero seguro que entre las llegadas y salidas no sobrepasarían las cincuenta y los pasajeros no llegarían a los dos mil. Estaban lo que se denominaban Aeropuerto Nacional y el Internacional, que como su propio nombre indica estaba el primero para los vuelos nacionales, o sea entre aeropuertos españoles, y el internacional para los procedentes del extranjero, y entre éstos estaban incluidos los procedentes de Canarias, y las plazas de Melilla y Ceuta. Posiblemente podrá sorprender a los que paséis la vista sobre lo escrito de esto último que acabo de consignar, pero todo ello se debía a que los equipajes, y también si algún pasajero causaba sospecha de que pudiera tratar de entrar algún género de contrabando, eran sometidos a registro por la fuerza de la Guardia Civil que allí prestaba su servicio. Los equipajes se registraban todos y con tiza se les colocaba a las maletas la indicación de dos letras que para aquel día se tenía a bien señalar, que indicaba había pasado el reconocimiento previsto.

Yo entonces ostentaba el empleo de Cabo 1º y alternaba mi servicio con otro del mismo empleo y los sábados, hacíamos el cambio de turno. Nuestra misión era la vigilancia del servicio y el control del movimiento de pasajeros y equipajes, y durante la noche y parte del día, también la misión que correspondía a la Aduana, dado a que solo había destinado uno de los que entonces se denominaba Vista de Aduanas.

El desenvolvimiento de la actividad y por lo que respecta a todo el personal que allí prestaba sus servicios, como bomberos, facturación, policía, controladores, camareros, y ese largo etcétera, lo era como suele decirse "como en familia", al punto que incluso con los controladores, personal del bar, policía y también de la Guardia Civil, casi todos los días organizábamos partidas de dominó, dado a que se pasaban varias horas en que no había llegada de aviones procedentes del extranjero, ni como indicaba antes de Canarias, Ceuta o Melilla, y los vuelos nacionales no estaban sometidos a control alguno salvo el que se ejercía desde la torre.

Había cierto compañerismo entre todo el personal allí destinado, al punto de que se gastaban bromas entre ellos, al punto que voy a contar una anécdota sucedida en aquellas fechas, durante poco más de un año en que yo estuve allí destinado. Resulta que uno de los empleados, estaba realizando los trámites para contraer matrimonio y al hombre lo que mas le preocupaba era lo relativo a que tenía que confesarse para luego recibir la comunión en el acto de la celebración de la boda religiosa. Como había citado antes éramos como una familia, todo se comentaba, y como siempre hay gente dado en gastar bromas, uno haciéndose pasar por el cura que los iba a casar, llamó por teléfono al aeropuerto, aunque la llamada se realizó desde el propio aeropuerto, pidiendo que se pusiera al aparato el aspirante a contrayente al matrimonio. Y por tal medio le dijo que si no tenía inconveniente le haría la confesión, a lo que no se opuso, si no que hasta se prestó gustoso. Y así fue confesando sus pecados a las preguntas que el presunto cura le iba formulando. El éxito de la broma fue total y el que fue objeto de la misma, no es que le hiciera mucha gracia, pero tampoco se lo tomó demasiado mal.

Yo hace varios años no he ido por el aeropuerto, pero si lo hiciere ahora, creo me hallaría como suele decirse, como gallina en corral ajeno, o sea totalmente despistado.

Como había citado antes, ni compararse pueden aquellos tiempos y circunstancias con las de hoy, tan distintas como distantes las unas de las otras, pero casi todo en beneficio de la mayoría, menos aquella camaradería y compañerismo de todos los que formábamos el personal del Aeropuerto que primero se llamó de García Morato, y también El Rompedizo. También echo de menos aquellos treinta y cinco años que entonces tenía. Y como nos encanta decir a los "viejos", "y parece que fue ayer".


Hasta la próxima. 
   

martes, 26 de julio de 2016

Toda una vida


En estos instantes son las cinco y media de la tarde en punto del día 26 de julio de 2,016. Tal día como hoy, a esta precisa hora, pero del año de 1950, hollaban mis pies por primera vez esta bendita tierra de Málaga. Una estación del ferrocarril, tan diferente a la de hoy, como distante lo es en el tiempo transcurrido.

Yo llegaba luciendo mi flamante uniforme de Guardia Civil, que pese al calor que reinaba en aquellos momentos, lo llevaba con la dignidad y el orgullo de al fin conseguir el ser lo que bastantes años llevaba soñando.

Cuántas esperanzas pasaban en aquellos momentos por mi mente. Cuántas ilusiones vagaban por mi joven cerebro. Cuántos deseo se barajaban y se trastabillaban unos con otros sin saber en concreto con cual de ellos me sentiría mas complacido.

Una vida por delante
Parque Nacional del Teide

Llegaba soltero, con veinticinco años de edad, en realidad sin novia, y con unos grandes deseos de entregarme al desempeño de aquella profesión que la barruntaba para toda mi vida, como así resultó ser. No traía para todo ello, mas bagaje que una fe en poner de mi parte todo cuanto posible me fuere por ayudar, aunque fuere en una mínima partícula, en poder engrandecer el Instituto del que hacía diez días había llegado a pertenecer cuando al salir de la entonces Academia de la Guardia Civil de Úbeda, había salido con la categoría de Guardia 2º como así se escribía antes de consignar el nombre de cada cual con dicho empleo. A nadie del Cuerpo, ni ajeno al mismo conocía en esta Capital, ni provincia, y a fuer de ser sincero, sin duda hubiere preferido otro destino que no fuere la 251ª Comandancia que entonces era la de Málaga. Fui destinado al entonces denominado Puesto de Torrelasal, servicio de playa, término municipal de Casares y cuyo acuartelamiento se hallaba a escasos metros de una torre cuadrangular, y que según su nombre indica, en vez de torre vigía a como eran destinadas la inmensa mayoría de las torres que a lo largo de toda la costa mediterránea existían y siguen existiendo, según la leyenda estaba destinada a guardar en ella la sal que después se iría distribuyendo por los puntos a donde necesaria fuera.

El acuartelamiento carecía incluso de los servicios básicos imprescindibles, por cuanto hasta las necesidades fisiológicas habían de verificarse junto a la lengua del agua en la propia playa, espacios separados para varones y hembras, por el propio edificio de la torre que la misma hacía invisible un punto desde el opuesto.    

Pese a lo reseñado de las carencias de habitabilidad del acuartelamiento, y lo confieso tal lo sentía, yo me consideraba de la mayor dicha y felicidad que hasta entonces había tenido.

Cuando llevaba en el Cuerpo aproximadamente año y medio, y gracias a los conocimientos que en el ejército adquirí de modo que todos cuanto me conocéis sabéis como fue, pase destinado a las Oficinas del Tercio como mecanógrafo. Lo conseguido a partir de entonces, tanto profesional como personalmente, fue, y lo sigue siendo, el mejor regalo que Dios pudiera darme, aunque, y perdón por rectificárselo, se excedió y excediéndose sigue, en otorgarme muchísimo más de cuanto hubiere podido merecer, que pese a las pérdidas de seres que el paso del tiempo se lleva consigo, me dio una familia, un conjunto de seres y una serie de destinos dentro del Cuerpo, que ni soñando creo haya nadie pueda imaginárselos, tal lo fue todo.

Hoy todas aquellas ilusiones, todos aquellos deseos, todas aquellas apetencias e incluso lo que ni siquiera tenía inteligencia para saber lo que pudiera querer, son hoy RECUERDOS DE HABERSE CONSEGUIDO CON CRECES, INCLUSO LO SOÑADO.

Esta entrada de hoy, que no hay mayor causa o motivo para hacerlo, como son el 66º aniversario de mi llegada a Málaga, rompe la promesa que el día primero de mayo pasado me hice de abandonar este mi blog, y que dando satisfacción a quienes me lo han pedido, no me importa confesar que no he cumplido mi palabra, pero si solo con esta vuelta doy alguna satisfacción por pequeña que fuere, a quienes como digo pedido me lo han, por satisfecho me doy, y a su vez prometo, que tampoco esta será la última que haga.

Si hubiere de reseñar cuantas bienaventuranzas concedidas me han sido a lo largo de estos sesenta y seis años, se precisaría un libro de no menos páginas que el Quijote, y como una de las últimas que concedidas me han sido, aunque pueda parecer insignificante, lo fue mi visita en el día de ayer a Villaharta, que no se si será por ser tan pequeñito, adoro a mi pueblo. Tanto en los viajes de ida y vuelta, como en mi paseo y visitas en el mismo, son detalles que han ido completando a lo largo de toda mi existencia el que como no me cansaré de estar satisfecho y me reitero en dar gracias a Dios, por todo ello.

Queridos y estimados posibles lectores, otra vez vuelve por sus lares "El abuelo de  Villaharta".

Hasta la próxima que no se cuando será, pero espero no se haga mucho de rogar.

domingo, 1 de mayo de 2016

Principio y final de etapas en la vida



Como todo en la vida de las personas tienen su principio y su final, y claro yo en tal caso no podía ser menos, pero tampoco más.

Hoy se cumplen OCHENTA Y UN AÑOS, que yo ganaba la primera peseta de mi vida,  en mi trabajo de zagal como porquero. Diez años y tres días de vida tenía, cuando las circunstancia me obligaban a ello. Exactamente seis meses duró mi primera experiencia en el trabajo. En mas de una ocasión en las entradas de este blog y otras facetas, he dejado constancia de este caso.

Hoy también, hace ocho años, cuatro meses y creo que cuatro días, realizaba mi primera entrada en este Blog, al que como sabéis decidí poner como título "RECUERDOS", y que realmente, la inmensa mayoría de las  482 entradas verificadas, con esta de hoy, han tratado principalmente de eso,  de "recuerdos" por cuanto a hechos o acontecimientos, reales, a mí sucedidos, o al hábitat en el que me he venido desenvolviendo, principalmente por lo que a España respecta, o al resto de paises, que tuvieran sus repercusión  en el nuestro, y como no al pueblo en que vine al mundo, Villaharta, que precisamente me ha estado acompañando en la autoría de tal blog, precedido de mi condición de "abuelo", y que ha llegado a ser leído por personas residentes en 1.278 localidades de los cinco continentes del globo terráqueo, de lo que nunca nadie pudiera haber podido imaginar siquiera, que tan humildes localidad y autor, hubieren podido llegar "tan lejos". 

Quizás, los escasos lectores que habitual o circunstancialmente, hayais tenido la osadía de leerme y lo hagáis en la entrada de hoy, podáis preguntaros a qué viene el relato que antecede? Pués sin mas preámbulos, diré que con ella, doy por finalizada mi etapa como,  -
"Cuenta recuerdos", en lo que me he entretenido durante los ocho años largos que lo he venido realizando.

Como no podía ser de otra forma, algunas de las entradas habran tenido algo de enjundía en lo que he contado, otras lo habran sido indiferentes, la mayoría pueden que sean catalogadas como simples "batallitas del abuelo", pero de lo que si puedo estar seguro y orgulloso, es de que todo cuanto haya dejado escrito, ha sido lo realmente sucedido a mí o a como lo haya contado, y pese a ello, y como he citado en este mismo relato, como no quiero ser mas pesado, con lo que siempre ha dado en llamarse esas "batallitas", y como al principio señalaba la edad que entonces tenía, hoy con ochenta y un años más, que hacen un total de NOVENTA Y UN AÑOS Y CUATRO DÍAS,aquí doy por finiquitada mi dedicación a este menester, pero "LO PRIMERO Y ÚLTIMO QUE HAGO" es agradecer de todo corazón a todos los que hayáis leido, algunas o la mayoría de mis entradas, y que honrado por ello me doy, y como no, dar infinitas gracias por esos comentarios que en la inmensa mayoría de ellas, no ha faltado algún alma caritativa, que haya señalado en exceso, lo meritorio que le ha parecido,  cuanto yo haya contado. 

En lugar de como siempre había terminado en todas mis entradas con la frase de "hasta la próxima entrada",   en esta. con un abrazo para todos, diré, aunque me parta el alma, "HASTA SIEMPRE".

"El Abuelo de Villaharta".

miércoles, 20 de abril de 2016

Ya vamos para viejos



Hoy se cumple el 22º aniversario del fallecimiento de  mi madre.

El día 5 de junio de 1932 (ya ha llovido), yo tenía siete años recién cumplidos, encontrándonos cenando, mis padres y yo, lo recuerdo como si hubiere sido esta mañana, dirigía mi madre a mi padre la siguiente frase: "YA VAMOS PARA VIEJOS, HOY HE CUMPLIDO 35 AÑOS". Mi madre era unos meses mayor que mi padre.

Aquella declaración de su trigésimo quinto cumpleaños, añadiendo de que ya iba para vieja, mi padre creo que no hizo comentario alguno sobre el particular, pero a mi me llegó hasta el fondo del alma. Yo sin pronunciar palabra, miraba a mi madre de reojo, toda vestida de negro, posiblemente sería por el luto de su padre, no lo sé, pero el caso es que realmente yo veía a mi madre, y como no, también a mi padre, muy viejos. Yo la vejez, la asocié enseguida con la muerte, o sea que yo veía mi orfandad aproximándose rápidamente.

Sobre este particular, quiero señalar primeramente, que aquella frase durante la cena fue la única referencia y celebración al cumpleaños de mi madre, de lo que seguro estoy, que mi padre ni siquiera llegó a decirle cuando menos "felicidades". Pero no es que mi padre tuviere una mala relación con su mujer, ni nada de eso, si no que los cumpleaños no solo entre los componentes del matrimonio, se les daba importancia alguna, si no que sucedía igual con los de los propios hijos, que lo más que se hacía era decirle hoy cumples ya tantos años...

Ya en mis memorias lo hice constar, y en otros relatos que he escrito recientemente, la primera felicitación de alguien que yo recibía en mi vida, lo fue el día de mi santo, San Rafael, el 24 de octubre de 1946, cuando tenía ya 21 años, que hallándome en el ejército, recibí de mis padres una tarjeta postal con la imagen del Santo y al dorso de la misma me dedicaban y deseaban un feliz día de mi santo. Tan de especial era aquello para mí, que cuando se van a cumplir setenta años de su recepción, aún la conservo y guardo como oro en paño, y dicho acto lo he sacado a relucir en muchas ocasiones.

Aquellos temores mios de que pudiera quedarme huérfano dentro de poco tiempo, por lo que al fallecimiento de mi padre, llegó casi veinticuatro años después, precisamente el mismo día que cumplía los 61 años, el 25 de febrero de 1959, pero en cuanto a mi madre. sobrevivió a aquel 5 de junio de 1932, casi SESENTA Y DOS AÑOS, dado a que falleció el 20 de abril de 1944, cuando próxima estaba a cumplir los 97 de edad.

Qué naturaleza física tendría mi madre, que tras haber pasado por la muerte de tres de sus hijos cuando aun no habían cumplido el año de edad, pasar una Guerra Civil, en la que su marido fue movilizado y llevado al frente de guerra de Extremadura, siete meses antes de finalizar la misma, y que una vez terminada, fue primero, internado en un campo de concentración, y después pasó a la cárcel permaneciendo en la misma más de tres; los años del hambre, donde tres de sus hijos con siete, nueve y once años de edad, hubieron de marcharse a diferentes cortijos a guardar ganado de diversas clases, solo por que le facilitaran la comida, sufrir unas fiebres maltas que la tuvieron en cama unos tres meses; yo que contaba catorce años cuando terminó la guerra, hube de ponerme a trabajar en el campo, en toda clase de trabajos, e incluso dos años en una mina, y con todo ello que solo Dios y ella sabrían cuanto debió padecer, le faltaron menos de dos meses para cumplir 97 años cuando falleció, y precisamente su "cabeza" la mantuvo lúcida hasta el final de sus días.

El fallecimiento de los padres, cuando ya tienen cierta edad, parece nos deja una conformidad que consideramos como una cuestión natural, pero sin duda, tan profunda huella deja en nuestros sentimientos, que como hoy a mi me ha sucedido, no he podido remediar que unas lágrimas se hallan asomado a mis ojos al traerla al recuerdo. La gran alegría que nos dejó al fallecer, no fue herencia alguna de bienes, si no que con el discurrir de los años, fue viendo a todos sus hijos gozar de una situación en su modo y forma de vida, de la que ella también fue beneficiada, que en aquellos años, que creo no hay calificativos que por su dureza puedan aplicárseles, que ni siquiera soñando, ni en sus deseos  pudiera haber pensado les llegarían.

Mi padre fue, incluso más desafortunado, primero paso por tomar parte en dos guerras, el tiempo de su presidio, las carencias totales de los años de la posguerra, y cuando se comenzaba a ir saliendo de todo ello, le alcanzó la muerte, cuando como he citado anteriormente fue el mismo día que cumplía 61 años. Su estado físico, si llevaba marcadas todas cuantas penalidades hubo de padecer. Otra de las grandes alegrías de las que seguro hubiere disfrutado, pero no lo alcanzó, fue el haberme visto luciendo los galones de Cabo de la Guardia Civil, donde cursando el curso para alcanzarlo me hallaba en el momento de su óbito y que conseguí cuatro meses mas tarde. El devenir de su vida, no le fue del todo favorable.

Reconozco que la entrada en este blog en el día de hoy, solo a familiares muy allegados, no le resulte cuando menos indiferente, de lo que pido perdón por ello, pero en cuanto a mí personalmente, me deja una grandísima satisfacción, en lo que sin duda puede ser una de las últimas oportunidades que tenga para ofrecerle a ellos tan sentido y querido relato.

Hasta la próxima. 
        

miércoles, 13 de abril de 2016

12 de abril


Como gracias a Dios hoy no tengo otras preocupaciones de mayor calado, mi mente se ha puesto a recordar algo relacionado con esta fecha, y cuando menos se me han venido al pensamiento, cuatro doces de Abril, de los cuales guardo recuerdos.

Comenzaré a enumerarlos por orden cronológico.
    
12 de abril de 1931. Se celebraban unas elecciones municipales, y el colegio electoral en mi pueblo estaba establecido en el local de la escuela a la que yo asistía, y la única de "niños", que por cierto había. Un amigo mío, un primo hermano mío y yo, ninguno  por cierto habíamos cumplido todavía los seis años, acordamos llegarnos hasta nuestra escuela a ver lo que allí había. Como quiera que, según años más tarde supe,  el ambiente estaba sumamente caldeado, cuando uno de los guardia civiles que se encontraba allí de servicio, se percató de nuestra aproximación a la puerta del local, con modales no muy corteses nos echó de allí. La espantada, como no podía ser menos fue cumplida.

12 de abril de 1939. Regresaba a mi pueblo tras dos años y medio de exilio durante la Guerra Civil Española, por diversos puntos del Valle de los Pedroches. Aún siendo un adolescente, el volver a pasar por las calles de mi pueblo donde en mi infancia todo el pueblo y sus aledaños eran de nuestros dominios y donde realizábamos toda clase de juegos, parecía sentirme como suele decirse en "mi propia casa", dado a que cuando en las ocasiones en que durante dicho exilio, sobre todo para realizar alguna clase de recados, habíamos de trasladarnos al pueblo mas cercano donde estábamos residiendo, tenía la sensación de que aquello no era de mis dominios y pertenencias, y creo que hasta trataba de pisar el suelo con delicadeza, al hallarme en terreno ajeno, distinto a como ahora volvía a serlo una vez mis pies volvían a hollar las empedradas calles de Villaharta.

12 de abril de 1946. En las primeras horas de la madrugada de aquel día llegaba al Cuartel del Regimiento de Artillería número 14, sito en los extrarradios, entonces, de la ciudad de Sevilla, conocido por Pineda y donde había sido destinado al incorporarse mi reemplazo para la prestación del servicio militar. Tras dormir no mas de dos horas, hacer las camas, y asearnos, todo ello con la premura y urgencia para nosotros inusual hasta entonces, fueron rasuradas al número  dos, nuestras cabezas y adjudicadas todas las prendas de los uniformes que por tiempo indeterminado habíamos de usar. Aquello suponía un cambio radical en todo lo que hasta entonces había sido mi ambiente, aunque confesando la verdad, no se porqué, veía con cierta esperanza cuanto estaría por venir, como gracias a Dios antes de lo esperado terminó por llegar. y así hasta el final de los dos años y medio de mi servicio militar, de lo que ya he contado millares de veces.

12 de abril de 1950. Colmado de alegría y lleno de felices esperanzas, llegaba a la  Academia de la Guardia Civil en Úbeda, donde realicé el curso en lo que terminaría siendo un Guardia 2º de dicho Cuerpo, que era lo que mas hasta entonces había deseado a lo largo de toda mi vida. Pero si tan inmensas eran las ilusiones que para ello tenía, lo fueron superadas las bienaventuranzas que los más de treinta y un años pasados en el Cuerpo me fueron llegadas, y de lo que hoy, y casi llegados los treinta y cinco años de mi retiro, sigo disfrutando, y no me refiero solo a la pensión que me da para llevar una vida digna, si no por todo lo demás que en consecuencia conseguí y Dios quiso darme para que mi existencia lo fuera una dicha completa.

Cuando se está a las puertas de cumplir los NOVENTA Y UN AÑOS, suceden estas cosas,  de que no hay un solo día del año en que no se tenga algún recuerdo de hecho o acontecimiento a lo largo de esa vida, que haya quedado para contarlo, máxime si como vuelvo a dar gracias a Dios, de que me mantenga esta memoria de la que siempre gocé.

Hasta la entrada próxima.

martes, 5 de abril de 2016

Atravesando el mes de abril



Creo haberlo repetido muchas veces, de que en el mes de Abril han acaecido la mayoría de las cosas relacionadas conmigo. Muchas de ellas muy importantes, beneficiosas y hasta felices; las menos, y hasta escasísimas, fatales, y alguna de cierta decepción.

Por orden cronológico, comenzaré por mí, ya que ahí comienzan los  casos, nada menos que en 1925, que dan título a esta entrada, diciendo que naci en abril; me fui a la mili en abril; ingresé en la Guardia Civil, en abril, me casé en abril y causé baja en la Guardia Civil en abril, y regresamos del exilio durante la guerra civil en el mes de abril

Un hijo nació en abril y se casó en abril. Otro hijo se casó precisamente un día cómo hoy. Y un nieto nació en abril.

Y los acontecimientos más tristes, lo fueron, que mi madre y mi suegra fallecieron en abril.

Por el número de veces que he señalado el mes de abril, creo no me falta razón para señalarlo como mes especial en el devenir de mi existencia.

Pero rumiando tantas cosas como me han acaecido en el mes de abril, si me pusiera a desbrozar cuantos hechos lo fueron a lo largo del resto de los meses del año, posiblemente habría alguno que no le fuera a la zaga a este primaveral mes. Y es que, haber atravesado noventa y una vez todos los meses del año, excepción hecha de los días que faltan hasta el día 27 de este, y valga la redundancia, abril, es para que se hayan ido acumulando millares de hechos y circunstancia que han ido, y quiera Dios lo sigan yendo, pero que lo sean buenos, los que me falten en esta, ya tengo que decir, última etapa de mi vivir.

Y volviendo a otro tema, que casi siempre ha sido en abril, este año se ha anticipado, y se ha celebrado en marzo, se trata de lo siguiente. 

El sábado día 26 del mes pasado, Sábado Santo, fuimos a la "merendilla", que se celebraba, como todos los años, en el Domingo de Resurrección, en Villaharta, mi pueblo, y ahora se hace el Sábado Santo por razones de que los villaharteños/as que residan fuera puedan asistir.


Estando allí, cuando en algunos momentos volvía mis recuerdos a las primeras asistencias a dicha celebración, que yo podría tener alrededor de los cinco, seis o siete años, y que entonces se hacía en un punto muy cercano del que hoy se celebra, aguas arriba en el arroyo de Las Navas y punto conocido por la Cruz, haciéndome la composición de lo que eran aquellas "merendillas" a las que hoy son, solo tienen de iguales, en que se salía al campo a comer, pero creo que nada más.

En primer lugar las viandas que se llevaban, nada tenían que ver aquéllas con éstas; las tortillas de patatas que entonces todo el mundo las llevaba, ahora creo nadie lo hace; los hornazos, que eran una especie de torta con un huevo colocado encima de la misma y sujeto  por dos cordones hechos con la propia masa de la torta y cocidos en el horno, ello creo que ya la mayoría de las gentes ni saben lo que son; los desplazamientos hasta La Cruz, lo eran en su inmensa mayoría a pie, y algunas personas, pocas, en caballerías, mientras que hoy lo son todos en vehículos automóviles, y así sería un largo etcétera de diferencias, casi todas mucho mejores las de la actualidad.

Pero lo que sí percibí, es que las de antaño me parecían mucho mas íntimas que las actuales, las reuniones de las gentes aunque no tuvieran relación de familiaridad eran mayores, aquella juventud que en pleno asistía a "la merendilla", se divertían entre ella de la formas que les permitían las circunstancias, y en fin, la diferencia de las viandas de hoy de mucha mejor calidad y buen comer, que las de ayer, pienso aquellas dejaban ese "nosequé" calor humano que da el trato de las gentes, unas con otras, y eso conlleva lo que ha dado en llamarse fraternidad.

Espero no piense nadie, que yo preferiría lo fueran como antes lo eran a como hoy lo son, pero si a lo mejor de ahora, pudiera unírsele, lo que como cito a mi me parecía lo mejor de antes, terminaría siendo como reza el dicho, "miel sobre hojuelas".

Hasta la próxima, que todavía estaremos atravesando el mes de abril y quiera Dios nos tenga reservado muchas cosas, pero todas buenas.

martes, 29 de marzo de 2016

El tiempo pasa

Semana Santa 2016
Jueves Santo
Santa Cruz de Tenerife
Nuestro Padre Jesús Cautivo en la salida de la Iglesia Matriz de la Concepción


Precisamente hoy se cumplen dos semanas de mi última entrada en el blog. Pocas veces desde que inicie el mismo hace ya mas de siete años, creo he tardado tantos días de una a otra entrada, salvo a que por ejemplo enfermedad alguna me lo impidiera, aunque en este caso nada de eso ha sido, pero lo cierto es que catorce días llevamos transcurridos desde el quince y que fue el aniversario de la goleada del Málaga al Real Madrid, que aunque no pueda considerarse un hecho trascendente en la vida de los pueblos, por lo que respecta al deporte rey como hoy se le llama al fútbol, si lo lo fue, al punto de que es un antes y un después de aquella gesta del C.D. Málaga, lo cual ni por aproximación ha vuelto a darse.

Entonces, ¿a que se ha debido el paso de esas dos semanas, sin que yo ni siquiera me he dado cuenta de que así hayan pasado? Para vosotros los jóvenes, posiblemente podáis pensar que cuanto voy a exponer sea una simple excusa en querer justificar mi tardanza, y que esta mañana precisamente, se han dado por desaparecidas las causas o motivos que me han llevado a que esos días lo hayan pasado  más a prisa que lo hicieron por ejemplo los catorce anteriores. Y han sido, que los siete últimos, han estado, días mas unos, o algunos menos los otros, y la vuelta a sus ocupaciones el resto, mis hijos pasando aquí parte de la Semana Santa. Y es que, cuando los años llegan hasta situarse a la altura donde los míos se hallan, ninguna otra cuestión les llenan tanto sus ilusiones que el tenerlos a ellos lo mas cerca posible. Hoy, rumiando la dicha que estos hechos me han supuesto, he sentido pena de aquellas personas que cuando han dejado atrás la mayor parte de sus vidas, sin que tengan ese inigualable saldo positivo de una descendencia,  persona o personas a quien de verdad amas,  que el mero hecho de consultar tu cuenta corriente afectiva y compruebas que, aunque tal vez en tiempo pasado hayas tenido alguna pérdida de sus dividendos, aún te queda, como digo, un saldo positivo imprescindible para ayudarte a ir pasando los días que puedan quedarte  en esta etapa de la vida, que son lo que nada parangón puede tener con ellos otros recursos, no comprendo que esos seres a quien Dios o el destino no les ha permitido contar con tales eventos, en que pueden basar sus alicientes para continuar viviendo, máxime cuando raro es el día que algún achaque en la salud, o el propio devenir del paso de los días suele hacer acto de presencia.

Y es que, cuando menos en España, la sanidad cuenta con los suficientes medios para atender nuestra salud, esa afectividad que es la propia esencia del vivir, nada ni nadie,  puede dártela, si no lo son esos seres a los que adoras y así te corresponden, y que a medida que el sueño de la noche se va apoderando de tus sentimientos van desapareciendo de tu mente, y tan pronto como vuelves a recobrar tu conciencia, son lo primero que al recuerdo te vuelven, y no alcanzo a pensar cuales son las causas o motivos que los sustituyen a quienes no han tenido la suerte y la dicha de contar con ello. Como yo lo soy, pienso que todos aquellos que, agraciados lo fueron y lo son, como tan colmado lo he sido, y lo estoy siendo, deben estar atravesando su postrer etapa de este paso por la vida,  con la dicha y felicidad como siempre lo he sido, siéndolo sigo, y espero seguirlo hasta el final.

Por afortunado me considero, de lo que a Dios y a mi propio destino gracias doy.

Hasta la próxima entrada.     

martes, 15 de marzo de 2016

Aunque parezca mentira


Si por el tiempo que tiene fuera, la foto que acompaña esta entrada y su noticia, valdría una fortuna. Y es que como suele decirse ha pasado lo que se dice toda una vida...



El día 15 de marzo de 1953, hoy se cumplen nada mas que SESENTA Y TRES AÑOS,  se celebró en el Campo de La Rosaleda, de esta bendita Málaga,  de los pocos campos de fútbol en España, que tras sesenta y tres años conservan  el mismo nombre, el partido entre el C.D. Málaga y el Real Madrid. Resultado:  Málaga 6- Real Madrid 0.


Por muy extraño que pueda parecer a los aficionados de los actuales tiempos, pueden consultar las hemerotecas y se desengañaran, que no es la consecuencia de que una mente un tanto desquiciada por el paso de los años le ha dado por ahí el ponerlo como entrada en su blog.

La fotografía que tanto el anverso como el reverso, encabezan esta entrada, es una prueba gráfica de tan inusual acontecimiento deportivo.

En la misma, y señalado con un pequeño círculo sobre mi cara y cabeza, figuro yo, vestido de paisano, con una gabardina sobre mis piernas y brazos. El que figura a mi derecha y vestido de uniforme, con gorra, ya que los que prestaban servicio en las Aduanas la usaban en vez del tricornio, era madrileño, y cuando el Málaga comenzó a meterle goles al Madrid, tuvo que abandonar el campo dado el cabreo que iba tomando.

Sin duda para los jóvenes, y también no tan jóvenes de hoy, sin duda lo que mas les extrañe sea el resultado del mencionado partido. Pero yo que lo viví en directo, y de lo cual prometo que la fotografía que se acompaña fue hecha aquel día y con tal motivo, examinándola hoy, no es  lo que mas me ha llamado la atención.

Como se puede observar en dicha foto, a mi alrededor se pueden ver varios espectadores mas vestidos de uniforme, y otros, sobre todo los que están detrás de mí, aunque vestidos de paisano, también son Guardias civiles, entre ellos uno que figura con un sombrero, era Sargento. Pues, aparte del que cito que está a mi derecha que era madrileño y poco tiempo después se fue destinado a Madrid y nunca mas volví a tener noticias suyas,  y otros dos de los que también figuran de uniforme, que dejé de tener trato con ellos por sus posteriores destinos, todos los demás, esta es la fecha, que ninguno de ellos vive, aunque algunos fallecieron bastantes años antes que los otros lo fueron haciendo.

Sin que ninguna amistad mas o menos íntima me uniera a ninguno de ellos, salvo dos de los que figuran en la última fila de arriba y vestidos de paisano, al contemplarlos y reconocerlos hoy, se me encoje el alma, comprobando como el paso inmisericorde de los años se va llevando a cada cual, cuando tiene su momento señalado para ello.

Claro, yo no había cumplido todavía los 28 años, y poco mas de un mes me faltan hoy, para cumplir los 91.

Volviendo la vista hasta aquel lejano pasado, incluso comparando la variación entre ambos equipos de fútbol que aquel 15 de marzo de 1953 compitieron entre si, y se dio tal resultado, creo hay todavía mas diferencia entre el modo, forma y diferencia del vivir cotidiano de entonces al que se disfruta hoy. Y que decir del como estaba y hacía yo entonces, aunque tampoco puedo quejarme demasiado al como lo estoy ahora, pues como he citado hace un instante, de aquellos que conmigo estaban, seguro ninguno anda ya por estos andurriales.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 6 de marzo de 2016

¿Y allí estaba yo?



El interrogante que figura en el título de esta entrada, no es que la haya puesto ahí por capricho, si no que corresponde a la pura realidad, por cuanto a donde me hallaba cuando tenía mis dieciocho, veinte y porque no, casi hasta los treinta años, ello en cuanto a las relaciones amorosas o de noviazgo.

Creo he hablado algo sob
re ello en alguna que otra entrada de este blog, pero hoy vuelvo a repetirme, por que tan abismal es la distancia de a como eran nuestras costumbres en la  edad de mis enamoramientos y la misión de buscar novia, a como lo es en estas fechas, que si nuestras madres, y que decir de nuestras abuelas, si volvieran a dar una vuelta por el mundo actual, creo no serían capaces de soportar la impresión que les ocasionarían cuando las pusieran al tanto de como se desenvuelven hoy, no los noviazgos, porque hasta eso casi se esta perdiendo, tal lo éramos antes, si no las vivencias aquellas que se nos exigían, a cómo hoy libremente eligen como han de ser, o para mejor decir, lo son.

Comenzaba a entrar la segunda mitad del pasado siglo XX, cuando yo caminaba ya por las calles de Málaga. No era ya un niño, sino que cumplidos tenía ya los veintiséis años. Dejo atrás otros escarceos amorosos, y voy a ceñirme al que finalmente, terminó siendo mi mujer.

Para ser totalmente exacto, señalaré que el domingo 27 de enero de 1952, conocí a una jovencísima mujer, por que realmente ya lo era, con la que al cabo de poco menos de un mes ya éramos novios. Esto sucedía como he citado aquí en Málaga capital, que en aquellas fechas,  como ahora, era la quinta o sexta ciudad de España.

El inicio de aquel noviazgo comenzaba al igual que la inmensa mayoría lo hacía en aquellos "tiempos", aunque  parezca que el decir eso de los tiempos, me esté refiriendo a siglos pasados, y momentos antes he citado que contaba ya 26 años de edad, y aun hoy, relatando estoy aquellas costumbres.

Pues voy a relatar aunque sea así a grandes rasgos, las normas que había que cumplir y que lo eran para la inmensa mayoría de las parejas. Salvo los días de grandes solemnidades, había que regresar a la casa como máximo a las diez de la noche. Antes de poder entrar a casa de la novia para poder hablar allí con ella, para lo que era preceptivo el solicitar permiso del padre, o de la madre, si era viuda o el marido estuviera ausente, y entonces había que quedarse hablando con la novia en la puerta de entrada al edificio, así el tiempo que se consideraba para que el noviazgo estuviere ya totalmente formalizado.

Para poder ir con la novia al cine, había que ir acompañado de un familiar femenino o una amiga. Yo realmente esta norma la estuve cumpliendo solo unos meses, primero sin conocimiento de sus padres, y luego creo que ya incluso sabiéndolo, íbamos solos.

Cuando se solicitaba el permiso para poder entrar a la casa para hablar allí con la novia, a escasos metros de la pareja de novios, y en el mismo compartimento, generalmente se sentaba la madre de la novia y allí permanecía, salvo rarísimas y brevísimas ocasiones, en la que una fuerza mayor le obligara a levantarse y dejar los novios solos, en cuyos momentos se aprovechaba la oportunidad para a lo mejor darse unpar de besos mutuamente. La vigilancia de los novios se ejercía generalmente solo por mujeres, o sea hermanas, madre, abuelas, tía o alguien de la familia y de condición femenina, y en alguna que otra ocasión hasta solía recurrirse a la ayuda de alguna vecina. A tal menester se le conocía por "carabina", lo que realmente no se, es el motivo de tal nombre.

Todo eso que llevo contado punto por punto es como sucedía aqui en Málaga. En los pueblos, por ejemplo en el mio, en público no se podía tomar a la novia por el brazo, ni por la mano, jamás podía dársele un beso ni para despedirse, si había gente delante, y públicamente, por ejemplo en los paseos, lo mas que se les permitía a la pareja era el caminar desde luego sin tomarse de la mano ni del brazo, y solo caminar sin nadie a su lado.

Hasta ahí llegaban todas las concesiones que públicamente se le hacía a las parejas de novios.

Pero, ¿esas costumbres y usos han cambiado con el paso de los años?. Como suele decirse, aquéllo y ésto, se parecen como un melón a una castaña. Con que naturalidad se marchan ahora, una, dos o mas parejas por ahí de viaje, de crucero, de fin de semana, donde y como quieren. Y Pregunto. ¿ Por que procedían de aquella forma las madres de entonces". Es que ellas querían a sus hijas mas que las madres de ahora, El porqué  del cambio tan radical de aquellas costumbres, que cuando la pérdida de la virginidad de una mujer sin que lo fuere dentro del propio matrimonio, era la deshonra para toda la familia. Como unas normas que se venían arrastrando desde hacía incluso siglos, ¿han desaparecido por completo en solo unas décadas? Yo, no me cuesta mucho trabajo el asimilarlo tal cual, pero sin duda lo ha sido a irlo viviendo en ese día a día, hasta llegar hasta ahora, pero si las madres de los que como yo estamos metidos en la nonageriedad, volvieran a la vida, con hijas jóvenes,  como iban a soportar a que todas ellas con su proceder "mancharan la honra de toda la familia". 

El honor y la honra de entonces, en nada se parecen a la de los actuales tiempos, especialmente por cuanto a lo relacionado con el tema tratado en esta entrada, que podríamos decir "que nadie le hace ni puñetero caso"

Y a todo este interrogante, yo mismo me contesto, "Sí, allí estaba yo entonces"  Pero, también, aquí sigo.


Hasta la próxima.

jueves, 25 de febrero de 2016

La pelliza


Seguro estoy que a la inmensa mayoría de los jóvenes, y quizá a algunos no tan jóvenes, el nombre de "pelliza", le suene poco mas o menos que a chino. Comenzaré diciendo que cuando yo era niño, adolescente y hasta incluso joven, durante el invierno, seguro que dicha palabra que hoy os parecerá tan rara, se oía a diario, y seguro unas cuantas veces cuando menos al día e incluso de noche.

Bueno... Vamos a dejarnos de tanto misterio porque la cosa es mucho mas sencilla de lo que os podáis figurar. Pues se trata nada mas y nada menos, que a lo que hoy se llama chaquetón, en mis tiempos, como solemos decir los metidos en primaveras, entonces eran, eso PELLIZAS.

La pelliza era usada por todos los hombres que trabajaban en el campo, dado que era lo mas cómodo y lo mejor para poder soportar los fríos del invierno. Dichas prendas solían ser de diferentes clases de paño en su confección, en sus adornos y algunos aditamentos que según el poder adquisitivo de su comprador podía permitirse. A mi padre le conocí solo una pelliza y que cuando salimos del pueblo durante la guerra, se quedó en la casa y nunca más se supo de ella.

Esa misma prenda, pero confeccionada con género de paño y de color caqui para el ejército durante la guerra, se le llamaba "tabardo", y como el frente de guerra estuvo dos años y medio a no más de quince kilómetros de mi pueblo, cuando finalizó la contienda, en las trincheras que fueron del ejército republicano, quedaron abandonadas, además de toda clase de armas y municiones, toda clase de prendas de uniforme, y yo no se de donde me vino a mí un "tabardo", casi nuevo, y me estuvo sirviendo los cuatro o cinco inviernos que estuve trabajando en el campo y en la mina, antes de ingresar en la Guardia Civil.

Tanto el nombre de pelliza como el tabardo, hace decenas de años que ni siquiera las he oído pronunciar.

Yo cambié el tabardo, ya bastante raído por el uso, por el capote reglamentario en el Cuerpo, eso para vestir de uniforme, y luego para el vestir de paisano, use lo que estuvo de moda cuando menos veinte años, que fue la "gabardina", que además de que abrigaba bastante, era también impermeable, la mayoría de ellas. No tanto tiempo como la pelliza, pero rara vez he oído pronunciar la palabra gabardina, y cuando menos a mí, me parece no hace tanto tiempo dejó de utilizarse.

A mi la gabardina, de la que solo tuve una, que fue la primera cosa que me compré a plazos aquí en Málaga y me duró algunos años, además de que me prestaba el servicio deseado, como tal prenda, ha sido una de las que mas me han gustado.

Casi seguro que eso de "pelliza" y además "tabardo", para la mayoría será la primera vez que la hayáis oído, pero mira, si con ello consigo daros la noticia, por satisfecho me doy, y que por algo nací en 1925, para conocer esas cosas.

Hasta la próxima entrada, y perdón por la tardanza transcurrida desde la anterior.  

martes, 16 de febrero de 2016

Alforjas


El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, la define así: "especie de talega abierta por el centro y cerrada por sus extremos, los cuales forman dos bolsas grandes y ordinariamente cuadradas, donde, repartiendo el peso para mayor comodidad, se guardan algunas cosas que han de llevarse de una parte a otra".

Pero, ¿y cámo se me ha ocurrido hoy escribir sobre las alforjas? Pués resulta que trasteando en el nuevo teléfono que me ha regalado mi hija, con el cual no acabo de aclararme, me tropecé con el ofrecimiento de viajes a no se cuántas partes del mundo.Y entonces se me vino a mente ese refrán, que ya poco se oye decir, que "para ese viaje no se precisan alforjas". Este refrán se dice cuando se realiza alguna cosa que no ha resultado muy exitoso, como lo era el ofrecimiento de los viajes para mí.

Trayendo al recuerdo las alforjas, como no, pasaron por mi mente las que de siempre hubieron en casa de mis padres, aunque no pocas veces solían permanecer colgadas en la cámara sin utilizar bastantes días, y cuyo utensilio existía en la inmensa mayoría de las casas del pueblo, y con seguridad en todas las que había o hubo, alguna caballería, bien de la especie asnal, mular o caballar.

Dicho utensilio, generalmente estaba hecho de una tela fuerte, siempre de varios y vistosos colores, y en no pocos domicilios había mas de una, una de mayor calidad y vistosidad que otra, utilizándose la una, para ir al campo, y la otra cuando se realizaba alguna excursión, bien como romería o día festivo,o como lo era en mi pueblo, y lo sigue siendo,  el llamado de "la merendilla" que se iba a comer al campo el Domingo de Resurrección, aunque actualmente suele hacerse el Sábado Santo, a fin de que pueda asistir la gente del pueblo que resida fuera,  o para ir de viaje a algún pueblo vecino para cualquier gestión particular o asistencia a algunos de sus festejos.

Las alforjas, eran lo más apropiado para poder llevar cualquier cosa, tanto como cuando se iba al campo, que además que en ellas se echaba la comida, luego las frutas, hortalizas u otra cosa que pudiera recolectarse o cogerse, era muy fácil de transportarlas en ellas. Entre una y otra de las bolsas, que como se apuntaba, estaban en los extremos de las mismas, había una distancia de entre setenta u ochenta centímetros la suficiente para que pudieran acoplarse sobre el aparejo de las caballerías, del cual hablé en la entrada anterior, y lo fácil que resulta ello, que no había nada mas que echar sobre el animal, cada una de las bolsas que cayeran a uno y otro lado del aparejo,  y ni que preocuparte de ello tenías que hacer en todo el trayecto, dado a que por su formato, salvo que en una de las bolsas llevaras mucho mas peso que en la otra, no solían moverse ni un milímetro en todo el camino por largo que fuere. Aunque en raras ocasiones, también solían utilizarse por las personas, echándoselas sobre el hombro y cayendo las bolsas una a la espalda y la otra sobre el pecho, pero también cómodas de llevar.

Por lo menos sesenta años, o más, hace que no he visto unas alforjas, ni hablar de ellas, si no lo fue con motivo del refrán que cité anteriormente y que también perdió popularidad hace ya muchos años. Con lo habitual que era su utilización tantísimo días al cabo del año, incluso al mes, en los tiempos de mi infancia, adolescencia, e incluso juventud, y que pocas irán quedando allá en los pueblos, como en el mío, si no lo es como pieza de museo.

El paso de los años, todo lo va cambiando o renovando, claro que si yo me miro al espejo fíjamente, me daré cuenta el cambio experimentado, aunque gracias a Dios no olvidado ni abandonado a su suerte, como lo han sido las ALFORJAS.

Hasta la próxima entrada, que mira entre la anterior y ésta, hubo una gran relación, ya que sobre el aparejo casi siempre iban echadas unas alforjas.

lunes, 8 de febrero de 2016

Aparejando la burra

Las burras de Güimar (Santa Cruz de Tenerife)

Pese a que se van a cumplir en el mes próximo, 65 años que daba mi última jornada de trabajo en el campo y como suele decirse que lo bien aprendido, nunca se olvida, mira por dónde hoy se me ha venido a mente, el realizar la entrada en el blog tratando lo relacionado especialmente con lo que en conjunto se llama el aparejo de las caballerías, señalando las principales piezas que lo componen, o casi para mejor decir, lo componían, porque hoy poco se utiliza ni lo uno ni las otras.

Poco de importancia y mérito tiene cuanto voy a relatar, pero cuando menos la inmensa mayoría, de esa minoría, que puedan leerlo, verán por primera vez escritas semejantes palabras, salvo alguien de los pueblos pequeños en que cuando menos suelen quedar como símbolos y recuerdos, semejantes piezas de museo que es lo que generalmente son hoy.

Tanto para utilizarlas como montura o carga, las caballerías que se dedicaban para los trabajos del campo, había que dotarlas de lo necesario para que  todo ello fuera posible sin que sufrieran daño esos animales. Al conjunto de esos menesteres se llamaba "aparejo", y que solía constar de las siguientes piezas principales, aunque no faltaba quienes, y según los casos, solían aumentarlos con algún suplemento, aunque mas por adorno que por necesario.

Lo primero que solía colocarse sobre la espina dorsal de la caballería, desde la cruz hasta la culata, el llamado "albardón", que estaba compuesto por una especie de dos almohadas, unidas por su parte anterior, media y posterior por unos trozos de lona que eran los que caían sobre la misma espina dorsal del animal, y las almohadas a cada lado de la misma. En sentido longitudinal, esas almohadas estaban rellenas de las cañas o pajas del centeno, que son de mayor dureza que las del resto de los cereales.

Sobre el albardón se colocaba la "albarda", compuesta también por una especie de dos almohadas pero de mucho mayor tamaño que las del albardón, rellenas de paja, pero de la ya trillada, y separadas ambas partes, por una costura que se cerraba en su parte media y superior, y era la que caía sobre el lomo del animal y el centro del albardón. El relleno de paja había que distribuirlo por toda la albarda a fin de que la carga que se echara sobre ella, quedara debidamente distribuida sobre toda la superficie de la misma.

"Ataharre" (o "atajarre" como se decía en mi pueblo), y que por su fonética creo demuestra su procedencia árabe, era una banda de seis u ocho centímetros de ancho, que podía ser de cuero u otro material, que por sus extremos se unía a cada uno de los lados traseros de la albarda, se echaba hacía las ancas de la caballería y se pasaba por debajo de la cola del animal, en cuyo centro se hallaba un tanto enrollado, a fin de que no le tapara el ano y le impidiera el poder defecar, que las caballerías como el resto de los animales lo hacen sin dejar de caminar. El fin del ataharre era impedir que el resto del aparejo se corriera hacía adelante y consiguientemente lo hiciera también la carga o la persona que fuera cabalgando.

También y en su parte media, de cada una de las partes delanteras de la albarda, salía una especie de correa llamada "antepecho", hecha de badana o cubierta de género que no produjera sobadura al animal, y al final de una de ellas, una hebilla. y la otra agujereada para poderla abrochar la una a la otra. El antepecho, al contrario del ataharre, tenía la misión de que el aparejo no se corriera hacía atrás, pudiendo llevarse asimismo la carga o jinete.

Para cubrir toda la albarda, que ya ella lo hacía al albardón, solía echársele una especie de manta llamada "ropón", generalmente confeccionada de una tela gruesa o lona, muchas veces guateada y con ciertos adornos, según si se iba en plan de trabajo y carga, o solo en plan de viaje.

A fin de asegurar todo el aparejo, para que no se fuera hacia ninguno de los lados, se sujetaba con la llamada "cincha", que podía ser de cuero u otra materia y que pasándola por encima del aparejo, sobre su parte media, y se ceñía por debajo en la barriga del semoviente y justamente inmediatamente detrás del pecho, o sea de las patas delanteras.

Todo lo relatado, era en sí el llamado aparejo.

La jáquima (creo que tampoco hace falta señalar su etimología árabe) es la cabezada que se coloca a la caballería y de su parte inferior derecha partida un cordel, llamado "cabestro" que podía ser de diferente material para conducir al animal. En los caballos, y cuando llevan colocada montura en lugar de aparejo, de la parte baja de la cabezada, tanto del lado derecho como del izquierdo, parten las llamadas bridas o riendas, con las cuales asimismo se conduce al animal.

Voy a señalar un dato, que este seguro lo conocerán solo la gente de campo, y es que una vez se llegaba a la faena y se despojaba la caballería del aparejo, solía soltarse para que pastara, y con el fin de que no se alejara del lugar, se procedía a "manearla", que consistía en colocarle la "manea", una especie de grilletes que se le colocaba en las dos patas delanteras y en el lugar inmediatamente a la parte superior de los cascos, y entre las dos argollas, unos cuantos eslabones de no más de quince centímetros, lo que le impedía el caminar con normalidad, si no haciéndolo en pasitos muy cortos, lo que le impedía alejarse del lugar donde se dejaba, sin necesidad de tenerla amarrada.

La caballería, o como citaba en el título de la entrada, LA BURRA, asegurada y maneada para que no se alejara del lugar donde se había soltado, pudiendo pastar sin impedimento alguno y como se dice tenerla a mano tan pronto hiciera falta, se procedía a entrar en faena. ¡Cuántas veces realicé semejante faena, tal ha quedado relatada!

Pido perdón por el rollo que he soltado y hasta la próxima.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Días que nunca debieron llegar

El Golfo, Lanzarote

Mi estado de ánimo no se encuentra hoy para ninguna misión, sino para tratar de aceptar las circunstancias. Hoy se cumple el décimo noveno aniversario del fallecimiento de mi mujer. Media vida como suele decirse. Aquel 3 de febrero de 1997, es de esos días como cito en el título, que nunca debiera haber llegado. Pero el destino que de nada se apiada, también lo fue entonces conmigo, con la agravante de una situación añadida en mi salud, de la que incluso parece ser no me daban de que pudiera vencer. Por hoy, solo estas escuetas y sentidas letras para traer a memoria  su recuerdo, aunque ni un sólo día desde entonces ha pasado sin hacerlo, y desear Dios le haya dado cuanto se merecía, que de ser así, como era su propio nombre, estará en LA GLORIA.

TUS HIJOS, NIETOS Y YO TE RECORDAMOS Y REZAMOS POR TI.

miércoles, 27 de enero de 2016

Recordando un almendro.



Ayer recibí de mi editor unas fotografías de los almendros en flor allá en las Islas Afortunadas, donde se encuentra cumpliendo con sus obligaciones profesionales. Como a mí siempre me ha encantando, y sígueme encantando la naturaleza, y sin duda alguna esa maravilla de las flores y en su consecuencia el placer de poder comer los frutos, le correspondí sobre el particular y volvióme a contestar e insinuar que si pensaba escribir sobre el tema de los almendros en flor, tenía fotografías suficientes para documentar lo que pudiera decir sobre el tema.

Confieso mi escaso conocimiento sobre esta clase de árboles, o sea los almendros, pero el contemplarlos en flor, es una verdadera delicia para el sentido de la vista.



Lo que si me sorprendió siempre, es que a contrario de lo que sucede con la inmensa mayoría, y yo creo que todos los árboles, el almendro, echa las flores antes que las hojas, que a mi me da la sensación de que las mismas dan protección a las flores. pero sabia es la naturaleza y cuando así sucede, sin duda tiene razón de ser.


Dejando sentado cuanto acabo de decir, y creo es todo lo que puedo y se de los mismos, voy a referirme al título de la entrada, "Recordando un Almendro", y a ello voy.

Como no podía ser de otro modo, sucedía en la  finca de La Calera, donde creo todos sabéis, por lo repetitivo que he sido, y seguiré siendo, relatando mi paso por allí durante los años de mi adolescencia y primera juventud. A no más de doscientos o doscientos cincuenta metros a espaldas del caserío de dicha finca y a no más de un par de metros del camino por donde desde mi pueblo se llegaba a la misma, había un almendro en aquellos tiempos, con un tronco algo mas grueso de lo normal en esa clase de árboles, como también una altura poco común. Como los demás de su clase, solía florecer sobre la segunda quincena de enero, o primera de febrero dependiente de la climatología sobre dichas fechas. Esta floración, que por su tiempo era cuando estábamos en plena faena de la recolección y molturación de la aceituna  y que como he citado antes me encantaba contemplar, cuando por su lado transitaba y se hallaba en ese tiempo, no tenía por menos que perder algunos pasos y hacer una breve parada extasiándome mirando tanta belleza. Pero no era eso todo lo que para mí suponía aquel árbol, si no que luego en el mes de agosto y septiembre, cuando estaba en plena sazón su fruto, que también diré eran unas almendras además de mayor tamaño que las normales, en nada envidiaban su rico sabor, porque de la cosecha del mismo, yo como mínimo el cincuenta por ciento de la misma, solía como suele decirse,  meterme entre pecho y espalda, y raro era el día que después de regresar o antes de irme al trabajo, me pasaba por el mismo y me proveía de  no menos de una docena de ellas. No sé si por ser el almendro que mas próximo al cortijo estaba, por su clase de fruto o por la frondosidad del árbol, para mí era como el Dios de los almendros. De las cosechas de los años de 1941 a 1943, ambas inclusive en que estuve allí, como he citado anteriormente. la mitad de su producción me la comía yo.


El día 14 de agosto de 1,999 después de CINCUENTA Y SEIS AÑOS, que no había vuelto por allí, y que tuvieron a bien el llevarme, y entre mis deseos, uno de los que más me apetecía era volver a ver lo que yo había considerado como mi almendro, sufrí una de las desilusiones mayores que puedan sufrirse, cuando al hallarme ante aquello que fue como he citado anteriormente un árbol frondosísimo, de aquello solo quedaba un troncón de no más de dos o dos y medio metros de altura, todo carcomido, varias filas de hormigas subían y bajaban por aquel cadáver en descomposición, y en sus alrededores se veían esparcidas por el suelo varios trozos de sus ramas resecas, que habrían ido cayendo muertas con el paso de los días. Ni que decir tiene, que los olivos que siempre hubo en las proximidades del almendro, allí estaban todavía, y seguro lo seguiran estando por incluso centenares de años más. Pero aquel almendro, mi almendro, no era ni siquiera un remedo de lo que fue, si no, como creo he dicho, un cadáver que casi ni siquiera podía decirse lo fuera de un almendro, En aquellos momentos comencé a mirarme a mí mismo, y si, se me notaba el paso de aquellos 56 años, pero no me habían llevado a la decrepitez del "MI ALMENDRO".


Nunca hubiere llegado a pensar, que el haber visto así aquella reliquia de almendro, produjera en mi ánimo los efectos que tuvieron. Creo que en aquellos instantes, se me apetecía hasta haber rezado un padrenuestro en su memoria, y perdón por como pueda interpretarse esta expresión.

Hasta la próxima entrada.