sábado, 31 de octubre de 2015

Oficios que se perdieron


En un correo que recibí hace un par de días, se señalaban dos oficios de los que en mi niñez y juventud, era frecuente el verlos casi a diario por las calles de los pueblos, ofreciendo sus servicios. Tales eran los afiladores y lañadores.


Afilador

Comenzando por los primeros, a mi pueblo solía llegar con relativa frecuencia un afilador, nunca el mismo, empujando  su carro, y tocando una especie de armónica, que desconozco el nombre de semejante instrumento que era usado solo por los de dicha actividad, con lo que solían apercibir a las mujeres de sus presencia y  que precisaran de afilar algunos de sus utensilios utilizados generalmente en la cocina.

Según se decía la casi totalidad de los afiladores eran gallegos de Orense, y el caso es que trayendo al recuerdo su forma, modo y acento de hablar, gallegos por lo menos si que eran todos los que recuerdo haber visto y oído.

Aquellos hombres para trasladarse de uno a otro pueblo, lo hacían siempre a pie y además como he citado antes, empujando su carro en el que estaba instalado todo el menester para realizar su trabajo, y aunque no fuera muy pesado, y sería fácil de llevar por las carreteras en llano, y pendientes hacia abajo, el subirlas cuando la pendiente en muchas ocasiones, y en aquellos tiempos mas todavía, llegaban a alcanzar en no pocas veces el 10% o mas incluso,  sin duda precisaría un gran esfuerzo su realización, máxime teniendo en cuenta que muchas veces la distancia de uno a otro pueblo era de veinte, treinta o más kilómetros. Lo que nunca pude comprender, es que con los míseros ingresos que pudieran obtener con aquel trabajo, aunque  solían alojarse en las posadas que había en las localidades por las que pasaban, que hoy solo el recordarlas tales estaban preparadas para recibir a los que solían alojarse, al punto de que las camas para el descanso de la noche, solían ser, durante el invierno, solo una silla, o  una manta tendida en el suelo junto a la lumbre para superar el frío, y en tiempo que no  hiciera frío, solo la manta con una almohada menos aseada de lo que debiera, tendida en algún pajar, era su morada, y que decir de la alimentación que pudieran darle, dado a que, como he indicado anteriormente, eran solo miserias las que ganaban. Aquellos ambulantes trabajadores, no debían tener familia alguna, a su cargo se entiende, y si la poseían sin duda, ellas mismas habrían de buscarse lo mínimo para su supervivencia, dado que poco, o nada, podrían esperar de aquel afilador, que se pasaría la mayor parte del año nomadeando, sin ir siquiera por el lugar de su residencia.


Lañador

Por cuanto a los segundos, lañadores, aunque solía llamárseles también estañadores, ya que ambos trabajos realizaban. La de lañador se trataba de que sobre todo los utensilios de barro o arcilla, tales como cántaros, lebrillos, orzas y otros semejantes, que se utilizaban en la mayoría de los hogares de la época, cuando se les hacía una pequeña raja, en vez de tirarlos y comprar otros nuevos, se tenían guardados y cuando llegaba un lañador se le entregaba, el cual y utilizando una especie de berbiquí provisto de una broca de finísimo taladro, solía realizarle unos cuantos agujeros a ambas partes de la superficie dañada y luego le colocaba unas lañas metálicas, que si como en los lebrillos y orzas solía suceder, se podía cerrar por dentro del utensilio a reparar, luego con martillo muy pequeño y dándole golpecitos muy despacio, iba cerrando los dos extremos de la laña, y aunque parezca mentira por allí no volvía a salirse liquido alguno. En los cantaros, pucheros y otros que el lañador no podía meter la mano por dentro del cacharro con el martillo, la laña se cerraba por la parte exterior, pero con iguales resultados en su efectividad. Lo que sucedía que en el exterior quedaba un poco mas "bonito", la laña que se cerraba por dentro. No penséis que eso era una cosa rarísima el ver tales aplicaciones, que seguro no había ni una sola casa en el pueblo que no tuviera un utensilio con una, dos o mas lañas.

Estos mismos individuos también solían arreglar las ollas, platos y utensilios de porcelana a los cuales cuando se les hacía un agujero, al igual que solía hacerse con los de barro, se tenían en espera de que llegara el lañador, para que lo arreglara, y lo hacía lijando un poco los alrededores del agujero, y luego utilizando un aparato de hierro con mango y que en una especie de hornilla que llevaban con carbón encendido, lo ponían al rojo vivo y tomando una pequeña barrita  de estaño, le aplicaban el aparato y dicho metal se licuaba rápidamente y cayendo sobre el agujero del utensilio quedaba totalmente tapado y con ello se evitaba de tener que comprar otro nuevo. En casa de mis padres recuerdo haber por cuanto a lo del afilador, haber presenciado en muchas ocasiones el afilado sobre todo de cuchillos, y en  lo del lañador y estañador, cuando menos recuerdo de un lebrillo que tenía por lo menos tres o cuatro lañas, y también una o dos ollas y algún plato o fuente con las cicatrices a las que hubo de aplicársele el estaño.

Lo que nunca llegué a comprender, ni hoy tampoco, es que si el estaño aplicado a aquellas reparaciones se hacían al arrimarle a dicho metal un hierro al rojo vivo, porqué luego cuando por ejemplo una olla se acercaba a la lumbre aquellas gotas de estaño que se le aplicaron no se derretían con el calor de la hoguera. Si alguien sabe el misterio, me gustaría me lo explicara.

Estos lañadores solían ser muchas veces de etnia gitana y por ende iban siempre acompañados de su familia.

Para algunos de los pocos que oséis entrar a leer esta entrada, os resultará curioso cuando menos conocer, alguno de los detalles en que se desenvolvía el vivir cotidiano de aquellos tiempos, que aunque a mi me parece que fue ayer, si me paro un poco a pensar, y miro hacía atrás, me da la sensación de perderse en la lejanía de los años.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 24 de octubre de 2015

Festividad de San Rafael Arcángel


Hoy es en mi pueblo uno de los días mas festejado de todo el año. Pese a que la iglesia hace años pasó la festividad de San Rafael Arcángel, al 29 de Septiembre junto a los otros dos Arcángeles San Gabriel y San Miguel, tanto en Córdoba capital como en mi pueblo se sigue celebrando, tal como se venía haciendo desde hacía muchísimos años, en el día de hoy 24 de octubre.

Hoy, y como lo vivido durante la niñez, la adolescencia y la juventud deja tan profunda huella en la vida de las personas, y como es natural en mi no podía ser menos, pese a hacer más de sesenta años no lo he pasado allí disfrutándolo, aunque hace cinco si estuve, pero para dar sepultura a mi hermano Antonio fallecido el día anterior, cada uno de los que ha llegado esta fecha han venido a mis recuerdos aquellos de los que eran para mí una de las grandes solemnidades, y que a la vez que cumpliendo años iba, como es natural distinta iba siendo la forma y modo de sus celebraciones.

Sin mucho de particular lo era cuando fui niño y comienzos de mi adolescencia, pero tan pronto cumplí los dieciséis años en que comencé a asistir a los bailes, por cierto la única diversión para la juventud en aquellos primeros años de la década de los cuarenta del pasado siglo, junto con los paseos por la carretera, como he citado, posiblemente por la añadidura de que hoy se sacaba en procesión, y se continua sacando, hacían como digo estaba, y está, como  el día de mayor solemnidad festiva sentida por los villaharteños/ñas.

Si alguna prenda de vestir solía estrenarse por parte de la juventud, siempre se hacía bien durante las fiestas del pueblo que lo eran del 7 al 9 de mayo, ambos inclusive, o bien en el día de hoy, festividad de San Rafael.

De mis diversiones y festividad del día, propios de aquellos años de mi incipiente juventud, como ya lo he señalado en diversas entradas en este blog, hoy voy a señalar unos detalles que al recuerdo se me han venido y que nada conmigo tienen que ver, pero si por cuanto al patrón del pueblo se refiere y como se celebraba.

En aquellos tiempos, se daba el caso de que la inmensa mayoría de los hombres que trabajaban como gañanes, solían concertar con sus patronos, o amos como solía decirse, su trabajo por un año y generalmente se hacía por San Miguel.

El contrato, que solían hacerlo siempre verbal, se les señalaban creo recordar cinco días que se decía para holgar, o sea que no iban al campo, aunque si tenían la obligación de atender la yunta echándoles los piensos correspondientes, sacarlos al  abrevadero, y asimismo limpiar la cuadra. Estos cinco días solían ser las siguientes festividades: un dia de Carnaval; el 8 de mayo, segundo día de las fiestas del pueblo; el 15 de agosto, día de la Virgen; el día de San Rafael, y el día de Navidad, fechas que coincidían precisamente cuando en el campo los trabajos a realizar no suponía contrariedad alguna el dejar un día el trabajo. Así haciendo hoy memoria de aquellos que se decía "ajustados por año", no solían ser más de seis o siete hombres, pero si era cierto que a los mismos, no solía vérseles fuera de lo que eran sus faenas del campo, si no en esos días que se han citado, y para lo cual, como decía en una de mis entradas recientes, estos gañanes, además de los que también solían coincidir los que se dedicaban a lo mismo, pero en sus propias tierras y sus yuntas, sus indumentarias, los que las poseían, sacaban del arca o baúles, los que en su día fueron sus trajes de novio y allá que solían reunirse en alguna taberna del pueblo donde ante unas copas de vino, como no, sus conversaciones trataban casi exclusivamente por cuanto a sus trabajos que realizaban cada uno, por supuesto a los mas próximos a la fiesta en que estaban "holgando". Estos trabajadores que se ajustaban por un año, solían cobrar jornales algo inferiores a los  que cobraban  los que trabajaban por días o temporadas de recolección de las cosechas, que principalmente solían ser las de los cereales y la aceituna.

El asegurarse el trabajo por un año entero, llevaba consigo la renuncia al cobro del estipendio que solían cobrar los jornaleros, que ya de por sí eran míseros, puede hacerse una idea como lo serían  los de aquéllos.

La entrada de hoy como puede observarse, poca "chicha" tiene, pero no me ha llevado a ello, nada mas que rendir un pequeño culto y homenaje, a un día que hace entre sesenta y cinco y setenta y cuatro años, era para mí, y mis amigos, el no va más del disfrute y la diversión. Dentro de las posibilidades que las circunstancias y el dinero me permitían, creo conseguí sacarle partida a aquella juventud, que pasé en Villaharta.

Hasta la próxima.

martes, 20 de octubre de 2015

Cascarria y zancajo


Las dos palabras que forman el titulo dado a esta entrada, cascarria y zancajo, hace cuando menos cuarenta años que no las he oído pronunciar a nadie, y seguro estoy que los menores de esa edad, o quizá de algunos mas, ni siquiera saben de que se trata, aunque ambas tienen varias acepciones en el DRAE.

Sin duda creo han perdido su popularidad, dado a que el sentido que se le daba al pronunciarlas, cuando yo era niño y joven emergente, hace también muchos años que no  concurren dichas circunstancias.



Comenzando por la primera, o sea "cascarria", aunque el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, lo califica generalmente de lodo o barro que se coge por los bajos de la ropa y se deja secar, o simplemente, se seca, en el dicho popular de aquellos tiempos solía aplicarse también a los excrementos expelidos por el ser humano que al no ser debidamente limpiados, como no, también terminaban por secarse. Así, cuando dos personas entraban en alguna discusión por cualquier cuestión, y una de ellas no estaba lo aseada que debiera, su oponente, poco tardaba en decirle, "anda y quítate las cascarrias". Quizás esto pueda parecer un tanto exagerado traerlo a colación tal lo estoy haciendo, pero, y vuelvo a repetirme, en aquellos tiempos, era frecuente el ver gentes, de ambos sexos y de todas las edades, el no estar con el aseo,  no debido, si no lo que podría llamarse imprescindible para no ser causa de adquirir alguna enfermedad, y lo que proyectaba hasta asco, por el mal olor que desprendía cuando estaba próximo a otra persona.

Tal expresión de "quitarse las cascarrias", solía escucharse con relativa frecuencia, cuando en conversaciones entre dos o mas personas salía a relucir el nombre de alguna de ellas, que como he citado anteriormente el aseo personal brillaba por su ausencia, y así si a lo mejor esa persona criticaba a otra por cualquier otra cosa, al aludirla, se decía eso, de "mas vale que se dedicara a quitarse las cascarrias".



Por cuanto  a la segunda, de "zancajo", aunque otras acepciones del DRAE, también se le da a la parte de la media, el calcetín y el zapato que cubre el talón del pie, cuando está roto. Y aquí, era frecuentísimo, y no exagero nada, el ver generalmente a mujeres, y digo mujeres, porque los hombre usaban pantalones y cubrían la parte del talón, con la parte baja de las medias con alguna rotura que dejaba a la vista el zancajo, o sea la parte del pie que debía cubrir. Sin duda, y seguro en mayor cantidad, los hombres llevarían sus calcetines con tales zancajos, o aun mayores que el que se veía en las medias de las mujeres, pero no quedaban a la vista del prójimo, por el hecho que citaba de llevar puestos pantalones, cosa que la mujeres de entonces jamas los vestían.

Las carencias del momento, tanto en lo económico, como en los medios para el aseo, eran tales, que solo en que las mujeres, y vuelvo a decir las mujeres,  por que como ahora, eran las que generalmente llevaban la dirección del hogar en todos los órdenes, empezando por las del aseo de la vivienda y sus moradores, que quiero decir la familia, se interesara en ello de manera primordial, no era extraño dar lugar a exponerse a tales deficiencias.

Lo que hoy tan al alcance de las gentes está, como el agua corriente y las duchas, sin necesidad de señalar a nadie, si no comenzando por mí, yo me duché por vez primera cuando fui a la mili, y claro como natural es, en mi pueblo nadie tenía ducha en su casa, dado que al no haber agua corriente en ninguna de ellas, el aseo debía de hacerse, el lavarse en los lavabos, y el aseo total del cuerpo, generalmente, como en casa de mis padres, utilizando el baño de cinc, de gran capacidad y que mi madre utilizaba también para transportar la ropa y lavarla, y que para ponerlo siquiera a medias, había de dar dos o tres viajes al pozo con un par de cubos, que suponía un tiempo y un esfuerzo. Así como he citado antes, la presencia y correcta pulcritud del hogar y de la familia, dependía de la actitud de la mujer, o ama de casa como también solía llamársele.

Las jornadas de los hombre en el campo eran larguísimas y penosas. pero las de las mujeres, como en el caso de mi madre, con marido, cinco hijos, y todas las faenas de la casa, no le venían a la zaga, e incluso creo había de dedicarle incluso más horas que a las interminables jornadas en el campo de los hombres.

Ni poder siquiera hablar de comparaciones, entre la vida que hubieron de llevar mis padres, con las realizadas por mí y mi mujer, y que decir las de mis hijos y sus respectivos cónyuges. Aquí, si me alegro de poder hacer comparaciones, lamentando lo de mis padres, pero otra vez vuelvo a las circunstancias y al tiempo, en que a cada uno le ha tocado vivir.

Hasta la próxima que ya veremos el derrotero que tomo.
        

miércoles, 14 de octubre de 2015

Arriando Bandera



Anteayer, Fiesta de la Raza como se decía cuando yo era niño, y que a mí así me lo enseñaron cuando iba a la escuela de esa manera, Día de la Hispanidad, Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil (y en fin y yendo al grano), que en España se celebró el día de las Fuerzas Armadas, y hace años esa celebración era el día 30 de Mayo, Festividad de San Fernando, y dejando ya aparte este galimatías que he formado, estuve presenciando tranquilamente y solo, aquí en mi casa, los actos que se celebraron en Madrid con tal motivo.

Durante el tiempo que duró, llegué a emocionarme en mas de una ocasión y no pude remediar que algunas lágrimas asomaran a mis ojos, seguro por que también ellas tenían derecho a dicha contemplación. Tan dentro de mí están estos sentimientos y que sin duda se fueron forjando a lo largo de los dos años y medio que estuve en la mili, y los mas de treinta y uno que pertenecí a la Guardia Civil, que como diría Cervantes, "no se arrancarían de donde están, ni en tres tirones".


Como no, seguro también en esas emociones, algo de influencia debieron tener esa tristeza melancólica que llega al recordar aquella juventud en la que yo transitaba por esos acontecimientos, aunque desfilar, lo que se llama desfilar, en el Ejército lo hice solamente en una ocasión un día del Corpus, y en la Guardia Civil, durante más de los treinta y un años, seguro no habrán pasado de diez, quizás por que los destinos en que estaba, eran otros los menesteres que se nos encomendaban.


Pero la entrada de hoy en el blog, lo ha motivado principalmente, el izado de la Bandera de España. En ese momento en que al toque de la corneta se estaba izando la enseña, se me vino al recuerdo un hecho que sucedía en la tarde del día 12 de abril de 1946, y que resultó ser lo siguiente:


Sobre las dos de la madrugada del citado día, nos incorporábamos al Regimiento de Artillería número 14, sito en el punto conocido por Pineda, de la capital sevillana, cerca de 900 reclutas procedentes de distintos puntos de España. Unas siete horas después de la llegada al Cuartel y haber dormido, o para mejor decir, estar acostado tres horas mas o menos, y pedir voluntarios de aquellos que tuvieren algunos conocimientos de peluquería, se procedió a cortarnos el pelo, no al cero como lo hacían otras veces, sino al dos. Fue tal el estropicio que formaron en la inmensa mayoría de nuestras cabezas, que aquella tarde nos dieron un permiso especial para que el que lo deseara, buscara una peluqería por Sevilla, y le arreglaran en lo posible tal desaguisado.


A tal menester, nos apuntamos, entre la mayoría, mi amigo y paisano, José Carrillo Gómez, que éramos los dos únicos de Villaharta que allí fuimos destinados. En una peluquería de la barriada de Guadaíra, la que mas próxima al Cuartel estaba, como decía, nos repararon en lo posible, todo cuanto posible podía hacerse.


Un tanto desgarbados, por lo poco a propósito que nos quedaba el uniforme que nos habían entregado, el gorro calado hasta las orejas, que seguro ni nuestras propias madres nos hubieran identificado como sus hijos, regresábamos al cuartel cuando recuerdo el sol estaba desapareciendo, o terminaba de desaparecer por el ocaso. Calculo podríamos estar a una distancia de unos doscientos metros de la puerta del acuartelamiento, donde delante y detrás de nosotros caminaban bastantes militares, sin duda pertenecientes al mismo Regimiento y cuartel, y los habría de diferentes graduaciones, cuando de pronto comenzaron a oírse los sones de una corneta, y todos cuanto caminaban delante y detrás de nosotros, se pararon y a pie firmes se ponían en posición de saludo. Mi paisano y amigo Carrillo y yo, nos mirábamos sorprendidos uno a otro, nos parábamos, no sabíamos saludar, ni que hacer, dábamos dos o tres pasos, nos volvíamos a parar, y más despistados que una cabra en un garaje, como suele decirse, continuamos en dichas actitudes, hasta que dejó de tocar la corneta, los artilleros, porque los que servimos en artillería, no éramos soldados, si no artilleros, que estaban formados en la puerta del cuartel, rompieron la formación, y todos los demás que marchaban delante, junto y detrás de nosotros reiniciaron su marcha con toda normalidad. Esa fue la primera vez en mi vida, que yo presencie,  por decir algo, porque yo lo que menos sabía era lo que pasaba, al igual que mi amigo Carrillo. De este último episodio descrito, a la contemplación de los actos celebrados el día doce, o sea antes de ayer, han transcurrido, casi SETENTA AÑOS. Mi paisano y amigo Carrillo (q.e.p.d.), hace ya algunos años que falleció, y yo, con toda esa vida  militar a mis espaldas, por que los Guardias Civiles, también somos militares, y mas de treinta y cuatro años "retirado", por que los civiles no nos jubilamos, si no que nos retiramos, todavía me emociono cuando presencio un desfile militar, y veo izar o arriar la bandera a los acordes de un toque de corneta.


Y con respecto a la palabra de izar y arriar, empleadas en la subida y bajada de la bandera, no lo se cierto, pero me huele a que sean términos marineros, por aquello de izar y arriar las velas, de aquellas embarcaciones que navegaban con el empleo de sus velámenes, en los tiempos en que las banderas tal suelen emplearse hoy, quizá no existían.


Durante la redacción de esta entrada, en no pocos momentos me he sentido y recordado en aquellos lejanos años, sobre todo cuando prestaba el servicio militar en la Capitanía General, sita en la Plaza de España de Sevilla. Entonces tenía, 21, 22 y 23 años. Algunos menos que hoy. Pero esa ilusión y ese sentimiento que tan arraigado dentro de mi está, no tengo duda lo seguiré sintiendo, y orgulloso de ello estoy, mientras Dios me tenga por este mundo y mi cabeza responda tal cual lo hace en estos momentos.


Hasta la próxima entrada.


miércoles, 7 de octubre de 2015

La indumentaria en aquellos años


Contemplando hoy una fotografía mía hecha el pasado domingo con motivo de la asistencia a los actos celebrados en esta  ciudad por la Guardia Civil, en honor a su Patrona la Santísima Virgen del Pilar, se me ha venido al recuerdo la indumentaria que generalmente solía usarse, y voy a ceñirme por cuanto a mi entorno familiar mas próximo se refiere, y que lo era extensible cuando menos al 95% de sus coetáneos, por lo menos de mi pueblo, aunque seguro podría extrapolarse al resto de España.

En lo de mi entorno familiar, como he dicho, lo es por lo que a mis padres se refiere.

Comenzando por  mi madre, diré que los primeros recuerdos que  de ella tengo, es la de haberla visto vestida de negro, incluso con un velo de dicho color cubriendo su cabeza, tanto en días laborables  como los de las grandes celebridades, que aunque resulta un tanto rimbombante lo de "grandes solemnidades" que allí y entonces se celebraban, dejémolo así para que se entienda como eran las que mas realce se le daban. El ir de negro siempre vestida, era por el tener que guardar el luto de familiares fallecidos, que en las mujeres cuando llegaban a la mediana edad, solían juntárseles los lutos, dado a que cuando aún no habían terminado uno por el fallecimiento de un deudo, habían de comenzar otro por igual motivo de otro familiar. Creo podría ser allá por el año de 1934, poco mas o menos, dado a que se que fue un par de años antes del inicio de la guerra civil, mi madre y seguro para no estar siempre vestida de negro, echó la promesa de vestir  por vida,  el que decían era  hábito de la Virgen del Carmen, vestido de color marrón, que me recuerdo no solían ser del mismo marrón cuando por el uso tenía que abandonar un vestido y hacerse otro  nuevo dado a que el tejido era mas o menos claro u oscuro que el anterior. Dicho vestido en su confección, que se hacía ella misma, simplemente sin ningún ornamente incluso con el mismo tejido, se lo ceñía con  una especie de cinturón creo, era de cuero o material parecido, de unos cuatro o cinco centímetros de ancho, de color negro, y del mismo pendía otro trozo de igual material, anchura y color, que le llegaba aproximadamente hasta el final  del bajo de la prenda.

Esta indumentaria que termino de describir, la estuvo vistiendo mi madre ininterrumpidamente por espacio de unos SESENTA AÑOS, incluso durante la guerra civil, dado que falleció en 1994, cuando estaba a punto de cumplir los noventa y siete.

Así que poco pudo turbar en el devenir de su vida, que se ponía o dejaba de ponerse, según el día que fuere o para lo que fuere. Siempre, siempre, siempre, estuvo vistiendo esa clase de vestido y nunca podría imaginarme mi madre vestida de otro modo. Aquel traje fue su identificación a lo largo de tan dilatado tiempo. A la altura del pecho y en su lado izquierdo, se colocaba una especie de broche con la imagen de la Virgen del Carmen, y en estos momentos, creo recordar que durante la guerra civil en zona roja, no usaba el referido broche, pues de haberlo llevado,  a lo mejor cuando menos le hubiera costado una llamada de atención, y con seguridad, la orden de que se desprendiera del mismo.

Por tanto, tras vestir de negro no sé cuantos años lo había hecho, a partir de los treinta y siete, hasta su fallecimiento, su vestido marrón, y su cinturón y especie de cinta de igual material le sirvieron tal lo fuese en su continuo y duro laboral, como en días en que tuvo que celebrar cualquier acontecimiento, y lo mas que pudo ser la asistencia a boda, bautizo u otro de semejante índole, ya que las mujeres casadas en aquellas fechas ni siquiera entraban a los bares.




En la feria del pueblo, lo máximo que se permitían, era acercarse al puesto donde se vendía, principalmente el turrón, y se juntaban varias señoras, que también podían unirse los y las jóvenes, se jugaban lo que se llamaba "jugar al turrón", con cartas de la baraja española, y la que llevaba el siete de la muestra que salía, o número más próximo hacia abajo, era la ganadora, y se le entregaba una "chapita" que representaba el valor de una peseta, y con esas chapas se realizaban la compra de los dulces que se expendían en aquel puesto, cuestión que había que hacer antes de que terminara la feria, si no se perdía la posesión de las chapas porque hasta el siguiente año no se volvía a poner otro puesto y a lo mejor lo hacían personas distintas. Por cada carta que se jugaba, se pagaban diez céntimos, así, si se jugaban diez, veinte, o el máximo, treinta cartas, siempre múltiplo de diez, el premio era de una,  dos o tres chapas, que le eran facilitadas por el, o los dueños del puesto. Esa solía ser la única ocasión en que al cabo del año, las mujeres casadas solían salir de su casa para distraerse, salvo como citaba anteriormente, acontecimientos de índole familiar.


Todo cuanto he relatado anteriormente lo era por cuanto a mi madre, y ahora vamos a mi padre que lo era totalmente distinto, pero creo que un tanto mas pintoresco.


Los hombres casados solían celebrar, que era solo el ir a los bares o tabernas del pueblo a tomarse unas copas con los amigos, también jugaban al turrón en la feria, y nada más.


La vestimenta especial de mi padre para cualquier acontecimiento, consistía en colocarse su traje de novio que estrenó, según  me dijeron, los días próximos a la navidad del año de 1923 que fue el de su boda. El traje consistía en una tela mas bien especial para días de frio, sin duda por la fecha en que hubo de estrenarlo, de color marrón claro, compuesto por pantalón, chaleco y chaqueta. La chaqueta no se la podía abrochar dado a que se le había quedado muy estrecha, y  el chaleco y el pantalón apenas podía hacerlo, y ello gracias a que mi madre hubo de sacarle los botones un tanto hacía lo máximo que le permitían las prendas. Se tocaba la cabeza con un sombrero de fieltro, de un color parecido al del traje, con una pequeña pluma de faisán incrustada entre la cinta que circundaba la copa del mismo y se calzaba unas botas de cordones, color guinda aproximadamente, y lo único que creo llegó a cambiar con el paso del tiempo, fue la camisa.


El pantalón era de una estrechez tal, que creo incluso le costaba trabajo el colocárselo, pero ello hubo de ser que en la época en que se compró el traje, era la moda de llevarlos tan estrechos los pantalones, pues recuerdo tal si lo fuera en estos momentos, que todos los hombres de la edad de mi padre y algunos, con bastantes años mas o menos que él, y que sus trajes de fiesta era para todos, su traje de novio, el pantalón era de aquella estrechez, que a mí, y sin duda a todos los jóvenes, nos resultaban un tanto ridículos sus portadores, aun hasta nuestro propio padre. Jamás se veía a ninguno de los trajeados del tal guisa, el que llevara puesta una corbata. Mi padre no se la puso en su vida.


La chaqueta, el estrecho pantalón, el chaleco, el sombrero con su "plumita" de faisán, y sus botas de color guinda, salvo generalmente tres días al año que eran, un día de carnaval, el segundo día de la feria del pueblo, y el día de San Rafael, Patrono de la localidad, que entonces, y ahora también, se celebraba el día 24 de octubre, se pasaban el resto del año en el fondo del baúl, donde se guardaban las pocas  prendas de todos los componentes de la familia. En aquel baúl, quedaba ese traje cuando el 9 de octubre de 1936 (pasado mañana se cumplen setenta y nueve años), hubimos de exiliarnos con motivo de la guerra civil, y no puedo decir el final que tuvo, y seguro que de no haber sido por ello, lo hubiere estado usando hasta el final de sus días, que lo fue el 25 de febrero de 1959, fecha de su 61 cumpleaños y también de su santo.


Si cuanto he relatado del como vestían mis padres lo hubieren sido solo ellos en el pueblo, hubieren resultado de un ridículo, que  hubieren sido la mofa de todos los habitantes, pero tan general lo era en las mujeres y hombres de semejantes edades, o como apuntaba antes, incluso no menos de quince o hasta veinte años de diferencia, que se aceptaba con toda normalidad.

El final de la guerra civil, nos llevó a las juventudes emergentes en aquellas fechas, el comienzo del uso de prendas mas acordes con los tiempos que corrían, y el uso general de la corbata, al punto de que yo comencé a usarla cuando contaba solo con 16 años de edad, al igual que todos mis coetáneos.

Y otra vez más, he de decir "cómo han cambiado las cosas". Con la edad que yo tengo ahora, ni los mas pudientes del pueblo, tenían la mitad de la ropa que yo poseo, y que me da la oportunidad de utilizar la que mas se adapte al tiempo que haga, o el capricho que se me antoje de usar. Hasta, quien me lo iba a decir en mi juventud, tengo un esmoquin que utilicé por vez primera en la entrega de despachos de alférez de mi hijo mayor, continué utilizándolo en los mismos actos de la entrega del empleo de Teniente, lo mismo con los de mi segundo hijo, y después me lo colocaba todas las Nocheviejas cuando en compañía de mi mujer y varios matrimonios amigos, salíamos a celebrarlo en algún hotel de la capital, Torremolinos u otro punto de la provincia.

Ver a mis padres de otra guisa que no fuere la que he citado solían vestir, no los identificaría con mis padres. Ya lo he dicho en múltiples ocasiones, las personas somos la consecuencia de la época en que nos ha tocado vivir, y que con el paso de los años solemos verlo hasta con extrañeza.



Hasta la próxima, que ya veremos por lo que me da.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Otro mes a la espalda


Finalizando está el mes de septiembre de 2015. De lo mas lejos que noticias gráficas tengo sobre mi persona, es una fotografía, la primera que me hicieron a los cinco meses de nacer, y precisamente lo fue el día 24 de septiembre de 1925, en las localidad de Pozoblanco con motivo de su feria en honor a Nuestra Señora de la Merced, a donde me llevaron mis padres y para lo que habían sido invitados por una familia natural de dicha población, y que se hallaban de caseros en la finca de La Calera, cuando contaba con cinco meses, menos tres días, de edad, y que con motivo de dichas fiestas también se habían trasladado para pasar unos días.  Esa foto no está muy mal del todo, aunque la misma acuse el paso de los años.


Así, hoy culmino el día llevando sobre mis espaldas, nada menos que noventa y un mes de septiembre. Quiero a este respecto, lo primero dar gracias a Dios por hacerme tan llevadera esa carga de tantísimos meses, aunque si vuelvo la vista atrás, hasta vértigo había de producirme por la inmensa profundidad donde se hallan, no el cuando me hicieron dicha foto, de lo que lógicamente  nada me quedó, si no aquellos recuerdos de mi primera infancia de la que como de unos sueños y envueltos en una nebulosa guardo, y sin duda debe ser el primero de ellos, de hallarme sentado en una sillita muy pequeña y junto a mi madre que cosiendo junto a otras mujeres estaba en la puerta de mi casa.


Aunque creo lo he dicho en muchas ocasiones, lo principal en la vida cuando venimos al mundo, es hacerlo donde esperándote están con todo cariño unos buenos padres, y seguro de cómo lo hayan sido, y lo sean esos padres, ahí está sin duda el que te sitúen en la senda que habrás de llevar en todo el devenir de tu existencia, de la que si no te desvías de ella, y tu codicia y ambiciones no se desbocan, ten seguro habrás de sentirte privilegiado el haber tenido la suerte de ser agraciado con la venida a este mundo, que aunque alguien lo denominan un valle de lágrimas, no todos, de los que entre ellos me hallo, decimos lo mismo, si no la inmensa suerte de haber podido ser el elegido, cuando creo casi infinitas fueron las oportunidades que hubieron de coincidir para ser uno quien pudiera ser persona.


Este inmejorable premio con el que uno ha sido agraciado, y como no lo es para toda la vida, ésta debemos llevarla con el talante y actitudes lo mas alegres y felices posibles, aunque también hay que tener en cuenta las adversidades que han de presentarse a lo largo del camino que como suele decirse son gajes de ese premio con el que se es agraciado, y no hay que perderlo en quimeras ni aspiraciones a las que puede saberse imposibles de  alcanzar.


El traer a colación esta entrada, se debe a que por radio he oído que hoy se celebra el "DÍA DE LOS MAYORES", como eufemísticamente se dice hoy de los ancianos o los viejos como antes se decía, que aunque eso no nos quite años de encima, tenemos que celebrar, la diferencia que existe entre la calidad de vida de los ancianos de cuando yo era niño, a la de ahora, es que no puede siquiera hallarse comparación, nada mas que el traer al recuerdo aquellos abuelos, que no contaban con ninguna clase de medios para sobrevivir, solían pasar, y eso los mas agraciados, cada mes en casa de  uno de sus hijos e hijas, en los que generalmente, lo único que podían ofrecerle era compartir las miserias de aquellos hogares, donde las carencias, incluso hasta de los primerísimos artículos de necesidad eran la norma.


Por ello, y dando gracias a Dios, al Destino,  a mi descendencia y otras circunstancias, gozo de una calidad de vida, que si he de calificarla, lo es incluso superior a la que he gozado a lo largo de buena parte de mi ya larga cumplida. Que, como lo está siendo, así lo siga durante el tiempo que caminar por este mundo me quede, es lo que pido y deseo, como así pido lo gocen todos los míos.

Hasta la próxima, y perdonar el tostón que pueda ocasionaros, al que tenga la osadía de leerlo.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Barbecho


Hace un par de días en una emisora de radio escuché la frase de "firmar en barbecho", que suele decirse del que firma un documento el cual no ha leído, ignorando por tanto el contenido de lo que firma.

Estoy seguro que la inmensa mayoría de las gentes de las grandes ciudades, no tienen ni la mas remota idea de lo que es un barbecho. Y aquí, valiéndome de mis raíces campestres voy a tratar de describir, en lo que mi capacidad sea capaz,  lo que es un barbecho.

Cuando menos en mi pueblo, había, y no sé si lo seguirá habiendo, dos formas de señalar lo que era un barbecho. Así se decía, que era una parcela de terreno que se dejaba de sembrar uno o mas años, a fin de que se regenerara de la explotación a la que había sido sometida en años anteriores.

Y la otra, era esa parcela de terreno que ya se había arado y preparado para su siembra en el siguiente año. Esta preparación se realizaba, utilizando en aquellos tiempos de mi trabajos en el campo, utilizando una yunta, generalmente de mulos, y un arado de los llamados "vertederas". Estos arados, de los que remito una fotografía a mi editor a fin de que la coloque en el punto de esta entrada que crea conveniente, además de lo tenga a bien, y de la que paso a definir, también en lo que sea capaz de ello, y el porqué de la utilización de esta clase de arado.

La vertedera, como simplemente se le llamaba, estaba compuesta, por dos rejas, las cuales eran las que iban rompiendo el terreno; dos cuchillas, las que cortaban la tierra, y una teja o vertedera, que tenía la misión de ir volteando la tierra que rompían las rejas y cortaban las cuchillas, terminando en que la superficie que solía estar cubierta de hierbas o pastos, quedaban sepultadas y por esos efectos de quedar enterradas, la podredumbre de sus elementos, servía como abono y nutrientes del terreno para beneficio en la siembra del siguiente año. Otra de las normas que se tenían en la agricultura, sobre todo a pequeña escala, era la de cambiar la clase de cereal con relación a la que anterior se había hecho en aquel terreno, y que en su mayoría las alternativas eran la del trigo por cebada y viceversa.

A la parte delantera del arado se le acoplaba una pieza de madera llamada timón y que en su punta anterior tenía varios orificios que metida en el llamado barzón que tenía el yugo en que se uncía la yunta, se metía una clavija por uno de los agujeros del timón dándole la distancia suficiente para que las caballerías pudieran tirar de la vertedera sin dificultad.

En la parte superior del arado y sobre la barra que se sustentaba la vertedera, había una palanca que llegaba a la distancia que podía ser activada por el gañán, y se utilizaba para girar las rejas, cuchillas y vertedera hacía el lado contrario, cuando se llegaba al final de la besana y a fin de que la  tierra cayera hacía el mismo lado, en ambas direcciones del recorrido. Un palmo detrás de esa palanca salían dos brazos y en el final de cada uno, y generalmente adosándoles unas maderas conformaban la empuñadura, a las que se les llamaba MANCERAS, y que al gañán le servían para apretar el arado hacía el terreno y pudiera roturarlo conforme he señalado anteriormente.

Una de las estampas que mas me gustaba contemplar cuando se estaba arando, tanto en la preparación de los barbechos, como en las de siembra, era ver como dos o tres clases de pájaros, seguían detrás del que estaba arando y del surco que iba abriendo se comían las lombrices, gusanos y bichos que dejaba al descubierto la tierra movida. Así cuando se llegaba al final del terreno y había que dar la vuelta, estos pájaros, levantaban el vuelo y volvían a colocarse tras el surco recién levantado. Entre estos pájaros había uno, que precisamente no se cual es su propio nombre, y que en mi pueblo se las conocía como "vivitas" que eran de color azul clarito y otras partes blancas, y tenían una cola mas larga que la inmensa mayoría de las aves de su tamaño, que no era superior a la de un gorrión.

Y como final de esta entrada y especialmente el motivo que me ha traído a ello, quiero decir que no se el porqué de decir firmar en barbecho, dado a que como he señalado en el barbecho no hay nada especial salvo el terreno, y en tal caso creo debiera decirse firmar en barbecho, cuando se firmara un papel en blanco, sin nada escrito, que sería lo mas parecido. Pero en fin, como así entiendo que se emplea dicha frase al que firma sin haber leído y ponerse al tanto de ello, démoslo por bien empleado y como suele decirse, "doctores tiene la iglesia", que serían los  llamados a rectificar.

En estos tiempos raro creo será ver que se está arando con una vertedera, si no con tractores y otras máquinas, que en mis tiempos, oí decir alguna vez que así se hacía sobre todo en terrenos llanos y propiedad de grandes hacendados. En las tierras de mi pueblo, en la inmensa mayoría no puede utilizarse tal maquinaria, debido a que, sus pronunciadas pendientes, harían volcar las mismas, y ello solo era, y digo era, porque ya no se siembra nada en aquellos terrenos.  no es que se ha dejado para barbecho, si no que el monte ha terminado por cubrirlo todo.

Ah, y como estamos en época en la que se comenzaba a sembrar, diré que ello se hacía si habían llegado las lluvias, porque sembrar si el terreno estaba muy seco y no llovía durante muchos días y semanas, las hormigas terminaban por llevarse mucha parte del grano para sus hormigueros, y luego en los sembrados se veían las calvas como consecuencia de haberse llevado mucho grano tales insectos en diversas partes de lo que sembró.

Como decía anteriormente que mis raíces son campestres, todavía guardo en el recuerdo aquellos casos que eran causa y motivo de conversaciones entre los labradores.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Hombre bueno


No se porqué se me ha venido a mente el escribir hoy sobre el tema que da título a esta entrada. Y es que como alguien dice que soy "mu pensaor" y solo hago darle vueltas al trole, mira por donde acordándome de mi abuelo paterno, al cual cuando menos no puedo recordarlo de cómo pudiera ser, pero si sé que cuando yo nací era Juez de Paz de mi pueblo y entonces el acta de mi nacimiento está firmada por él, dado que entre otras de las misiones que se encargaban a dicha clase de Jueces, lo era el del Registro Civil de la localidad, y al haber visto yo y consultado la referida acta de nacimiento, de ahí me viene  el conocer ese detalle de mi abuelo paterno, que se llamaba Rafael Galán Fuentes.

Pero como ya habréis observado, no es de esa cuestión de la que quiero, y así haciéndolo estoy, escribir en esta entrada, si no sobre la titulación de la misma, que no es otra que la de "HOMBRE BUENO".

Comenzaré diciendo que estos Jueces, cuando menos en tiempos de mi niñez y juventud,  no era necesario que tuvieran conocimiento de derecho, no sé a propuesta de quien, ni así mismo quien los nombraba, pero si que habían de jurar su cargo ante el Juez de Primera Instancia e Instrucción del Partido Judicial al que correspondiera la localidad donde habían de ejercer, y otra de sus misiones era resolver los expedientes de juicios de faltas que se sucedieran por la comisión de infracciones que estuvieren tipificadas como tales en el Código Penal.

Como citaba al principio del párrafo anterior y dado a que la inmensa mayoría de los mismos carecían de la formación jurídica para los fines que eran nombrados, misión que les era informada por, en mi pueblo por ejemplo, el Secretario del Ayuntamiento, que a su vez también lo era del Juzgado de Paz.

Y aquí si viene ya lo de la titulación de la entrada. Cuando, generalmente por la Guardia Civil o por los Guardas Jurados, era denunciada alguna persona por una infracción que no constituyera delito, y por tanto se encargaba de ello el Juzgado de Paz, antes de celebrarse el juicio oral correspondiente, solían ser citadas las partes para el "Acto de Conciliación", que se llamaba, y así lo sigue siendo. En las citaciones que por el Secretario se expedían y firmadas por el Juez de Paz, a cada una de las partes se les exponía el detalle de que debían de comparecer al citado acto, acompañados de "HOMBRE BUENO", y que realmente los mencionados hombres buenos, eran en la inmensa mayoría de las ocasiones, los que decidían la solución que debía dársele al caso, y que generalmente era aceptada por las partes, sin que se llegara a la celebración del juicio correspondiente. Recuerdo de dos vecinos del pueblo, ya bastante mayores cuando yo era niño, que estaban considerados como "hombre bueno", uno se llamaba Bartolomé y otro Fausto.  Esta información me fue facilitada por mi padre, y no sé, si lo fue a petición mía, o que vendría al caso por algún motivo.

Recién finalizada la Guerra Civil, nombraron un Guarda Jurado que era conocido por el apodo de "El Chiquín", de triste recuerdo por una cuestión, que según decían, sucedió a un familiar mio. Pero también estaba enemistado con mas de las gentes de medio pueblo, ya que denunciaba por las cosas mas insignificantes, al punto de que tuve la ocasión de ver muchas de ellas, y no pocas lo eran por lo que denominaba "arrollamiento de propiedad" que consistía que una persona pasaba por la finca sin consentimiento del propietario, aunque la finca estuviere de erial, o sea sin cultivar ni labrar.

He citado el dato del "Chiquín", que creo estaba clasificado todo lo contrario, de lo que el Juez de Paz, recomendaba a los infractores de faltas cometidas, de ir acompañados, no de este guarda jurado, si no de "hombre bueno".

Hoy, no dudo de que existan también infinidad de "hombres buenos", pero no creo lo sean con la imparcialidad que para el trámite de todos aquellos casos se comportaban los de entonces,  al punto de que como he dicho, lo que ellos decidían en sus resoluciones, eran aceptadas sin reparo alguno por las partes implicadas.

Bueno puede ser que alguien considere un "rollo", esto que he escrito hoy, pero cuando menos novedoso para la mayoría si creo lo ha sido.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Viaje al pasado


Ayer realicé un viaje de esos que pueden clasificarse de ir al pasado, pero no de un pasado reciente, si no nada menos que de sesenta y cinco años atrás. Ayer estuve, diremos que en el emplazamiento donde estaba ubicado el primer cuartel de la Guardia Civil en el que me alojé cuando yo  ingresé en el Cuerpo.

Ello me llevó, a tener dos impresiones, pero totalmente opuestas la una a la otra. ¿Y por qué digo esto? Sencillamamente porque así fue. Y lo fue, primero, porque me hizo una gran ilusión de volver a aquel lugar donde llegué por primera vez precisamente el día 27 de julio de 1950, cuando tenía veinticinco años de edad y comenzaba mi andadura por la que había elegido como profesión, que lo era como Guardia Civil. Pero lo contrario me sucedió, y que fue la decepción sufrida, cuando el ambiente aquel que rodeaba todo el  entorno donde permanecí catorce meses desempeñando mi servicio, estaba totalmente desconocido y tan diferente a como lo era cuando por primera vez llegué, que si no hubiere sido por dos cuestiones fundamentales, dificil me hubiere resultado  decir, que aquello era lo que me encontré y existía a mi llegada.

Comenzaré diciendo que aquel cuartel estaba ubicado, junto a lo que le daba su nombre, que lo era junto a una de las torres que a lo largo de la costa malagueña la jalonan, aunque ella lo fuera; y siéndolo sigue,  de forma cuadrangular y las demás lo son; de forma redonda, y cuya torre se denominaba, y aun se la sigue llamando "Torre de la Sal", la cual daba el nombre al Puesto de la Guardia Civil constituido en aquel acuartelamiento que oficialmente era, Puesto de Torrelasal" (así, de corrido era su nombre).

La otra cuestión, era todo aquello que la propia constitución física de la costa, desde las inmediaciones de la lengua del agua hasta el interior del mar adentro, como nartural resulta no podía haber sido modificado, entre ello tambien una roca que sobresale de la superficie y a la que se le conoce con el nombre de "Piedra Paloma".

A unos doscientos cincuenta metros del acuartelamiento, en aquellas fechas, existía un pequeño cortijo que se conocía por María Burgos, que sin duda sería el nombre de su propietaria. A partir de todo lo reseñado, todo era campo abierto, donde los cigarrones podían saltar a su antojo, donde las lagartijas corrían a sus anchas y se alimentaban de cuantos insectos hallaban por doquier, en donde los niños, hijos de mis compañeros del Cuerpo,  jugaban sin impedimento alguno en sus correrías, y donde junto al cortijo antes citado existía una fuente de donde nos proveiamos del agua precisa y de la que se carecía en el edificio del acuartelamiento. Pero de todo esto, ya nada existe, el cortijo ha desaparecido y el solar que ocupaba el mismo y   todo aquello que era campo, está cubierto de edificaciones como viviendas en las que seguro seran propiedad de gentes de diferentes paises, e incluso continentes;  que  próximo a cuanto baten las olas  y a la izquierda de la torre conforme se mira hacía mar adentro, existe uno de los llamados chiringuitos, y que en aquellas fechas, era el lugar donde los varones residentes en el cuartel realizábamos nuestras necesidades fisiológicas al carecer  donde poderlo realizar en el interior del cuartel, que de las edificación del propio cuartel no queda señal ni siquiera de sus propios cimientos, y así un largo etcétera, que deja totalmente irreconocible en varios kilómetros a la redonda todo aquello que desde el tan repetido cuartel podía divisarse.

Contemplando ese panorama, se me venía al recuerdo que con toda seguridad ninguno de los nueve compañeros, comenzando por el Brigada Comandante de Puesto, el Cabo y siete Guardias, además de mí, que componiamos la fuerza del mismo, solo yo continuo por estos mundos de Dios, y que algunos de los mismos fallecieron hace mas de cincuenta años.

Que yo cuando allí llegué con la categoría inferior en el Cuerpo, como era la de Guardia 2º, hoy hace ya más de treinta y cuatro años que estoy "retirado", como se dice en el argot de la Guardia Civil a la jubilación,  y que lo hice con el empleo de Subteniente; que actualmente, tengo uno de mis hijos que perteneciendo al Instituto en el que yo ingresé con la inferior categoría de todas, el ostenta la máxima (la de General); que aquellas 420 pesetas de sueldo, mas 189'58 de gratificaciones, lo que hacía 609`58, resulta el citarlo hoy, una cantidad irrisoria, que el acuartelamiento donde residian varios componentes del Cuerpo y algunos con esposas e hijos, careciera de luz eléctrica, agua corriente,  e incluso de servicios donde realizar sus necesidades fisiológicas, y todo lo demás que citado llevo, me lleva a tener que aceptar el como se encuentran todos aquellos entornos y la propia desaparación del edificio del acuartelamiento, y el reeconocer que yo mismo voy ya formando, que se yo, aunque sea una cienmillonésima parte de la historia en la época en que me ha tocado vivir. Y así, mirándome al espejo, digo para mis adentros, yo he ido cambiando a la par que lo han hecho todas esas cuestiones que he tocado en esta entrada. Por ende, y como he citado en varias ocasiones, el cambio en todos los órdenes de la vida desde que comencé a tener conciencia de mi existencia, hasta este momento en que estoy terminando de redactar esta entrada y por el medio que lo estoy haciendo, como solemos decir, sin eufemismo en su definición, los viejos, eso de "cómo pasan los años".

Pero eso sí, por momentos y en esos instantes en que mis pies hollaban aquellas partes en que lo hice, hacía sesenta y cinco años, mis sentimientos volvieron a ser aquel joven Guardia segundo que el 27 de julio de 1950, llegaba a Torrelasal. No obstante, puedo decir henchido de alegría, que nunca, nunca, nunca, ni siquiera en mis mas ilusionantes sueños. podría siquiera haber intuido lo gratificante que Dios y el Destinos me han deparado con el paso de todo ese devenir.

 

Hasta la próxima entrada.

sábado, 5 de septiembre de 2015

La serenata



Como en no pocas ocasiones, mi amiga Carmen Mancera ha señalado, en mis tiempos los jóvenes como en los pequeños pueblos no había casi nada, o para mejor decir nada, donde ir pasando el tiempo, nos las habíamos de ingeniar a fin de tratar de hacerlo más ameno y divertido posible y que sin duda la mayoría de las veces se conseguía el pasar "buenos ratos", o pasarlo güay como hoy se dice.

También, por cuanto se refiere al hecho, que cuando yo era joven le dábamos a echarnos novia, pero otra clase de novia a la que hoy se estila, lo ensalzábamos al punto de que cuando se formalizaba un noviazgo, incluso te llevaba al principio, de pasar las noches de vela en vela, y creo, aquellos amores tan adentro del alma llegaban, que quizá, y no tan quizás. era uno de los eventos mas importantes que se te daban a lo largo de la existencia.

Una de las costumbres que durante mi juventud existían en mi pueblo, era el de "echar una serenata". ¿Y en que consistía echar una serenata? Pues nada menos, pero también nada más, que siempre ya de madrugada, aunque a primeras horas de la misma, con algunos instrumentos musicales, interpretarle debajo del balcón o junto a la ventana, donde ella dormía,  alguna pieza de las que mas en boga estuvieran en esos momentos, o de esas que suelen hacer época, y nunca pasan de moda,  a la mujer que pretendías o ya era novia tuya.

En aquellos mis años mozos, y con esto quiero rendirle un humilde homenaje, había dos señores, uno creo de la edad de mi padre poco mas o menos, incluso tenía una hija que era uno o dos años mayor que yo, llamado Bautista, era zapatero, estaba viudo y tocaba la guitarra bastante bién, para lo que en el pueblo había.  Otro, éste justamente diez años mayor que yo, se llamaba Rafael Pérez Molero, pero conocido por el apodo de "Tonete", y que tocaba el laud, tambien bastante bien y de los pocos que en el pueblo tocaban tal instrumento.

Generalmente cuando estábamos reunidos unos cuantos jovenzuelos (a lo mejor sin llegar siquiera a los veinte años), y un tanto alegres tras habernos tomados unas copitas. Los que tenían novia, o alguno de los que a lo mejor pretendíamos de amores a alguna mocita del pueblo,  se nos venía el deseo de echar una serenata, y hála, enseguida ir a buscar a Bautista y a Tonete, que incluso algunas veces se les cogía ya acostados, llamábas a la puerta y le pedías por favor que querías, junto a otros,  ir a echar una serenata a las novias o pretendidas, y no recuerdo de que, salvo que estuvieren enfermos, se negaran a ello ni una sola vez, y accediendo al favor pedido, con sus respectivos instrumentos en la mano, allá que recorriendo varias calles del pueblo y dirigiéndonos junto a las casas donde residían las elegidas, entre ambos concertistas y algunas veces acompañados por el coro formado por los serenatistas, se tocaban y cantaban una o varias canciones de las que mas famosas lo fueran, bien por estar de actualidad o aquellas que como citaba anteriormente, nunca pasan de estarlo.

Los que leyendo hasta ahora lo habeis hecho, seguro os habréis preguntado cuánto nos costaban los músicos... Y sorpresa, ni un céntimo. Ellos, si podía decirse lo " hacían por amor al arte " y nunca mejor dicho, y lo único que pillaban era alguna copita del licor o bebida que contuvieran las botellas que llevábamos y que de vez en cuando se echaba una rueda.

Y aunque parezca el decirlo un tanto exagerado, cuando en el silencio de la noche escuchabas de aquellos dos hombres, de lo que uno podía ser tu padre, y el otrro diez años mayor que tú, poniendo todo su sentimiento, como lo hacían, lanzaban al viento la notas de aquellas canciones, conseguían erizarnos el vello,  y en muchas ocasiones la joven a quien se dedicaba la serenata, abría  la ventana o el balcon donde dormía y se asomaba para dar las gracias, o también la madre de la misma con igual motivo, en raras ocasiones lo hacía el padre, el que dedicaba la serenata no podía por menos que darse por henchido de satisfacción, aunque esto parezca un tanto cursi el decirlo, pero así era.

Aquellas serenatas nos restaban algunas horas de sueño, dado que generalmente se hacían en los días festivos y al siguiente casi todos, o todos los asistentes, incluso los músicos teníamos que ir cada uno a su trabajo, pero bien merecía la pena, por la satisfacción y el deleite  que aquellos momentos nos proporcionaba.

Como citaba en un párrafo anterior, con esta entrada a la vez que señalar uno de esos tantos de mis recuerdos, rendir dentro mi humildad, un señalado recuerdo y homenaje a Bautista  y Tonete, por aquellas muchísimas horas de sueño y de tañer sus instrumentos, la guitarra y el laud, y todo ello sin exigir ni percibir contraprestación alguna.

Y ahora, e independientemente del tema expuesto en esta entrada y como quiera que momentos antes de comenzarla  he estado leyendo algunos comentarios puestos por mi gran amigo Daniel Torres a entradas anteriores. Amigo Daniel: te digo una cosa, ojalá pudiera yo leer los comentarios que me colocas en cada una de ellas antes de yo escribirlas y así tendría la mejor de las bases donde aprender algo y con ello poder mejorarlas en lo que posible fuera, aunque no creo pudiera siquiera con ello ir a tu zaga, pero algo se me pegaría. Y me repito, amigo Daniel gracias por ello, que lo que me demuestras es que me cuentas como tu amigo y que para mí eso, es el mayor de los honores que puedas hacerme. Un abrazo.

Hasta la próxima.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ciclismo en pista medio fondo tras moto



Hasta algunas clases de deportes desaparecen con el paso de los años. Hoy contemplando por televisión la etapa de la Vuelta Ciclista a España, se me ha venido al recuerdo, aquella clase de ciclismo que creo se llamaba "ciclismo en pista medio fondo tras moto" o algo parecido, que durante los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. fue muy popular, y de lo que tuvimos en España un campeón del mundo cuando menos cinco o seis veces, y de España, otras tantas o más, que  se llamaba Guillermo Timoner, y creo era mallorquín.


Era una clase de deporte muy interesante y expectacular, se corría en pista y el ciclista lo hacía siguiendo una moto, que en la parte trasera llevaba una especie de rodillo y que el mismo pegaba la rueda delantera de la bicleta al citado rodillo, y seguro iría dando instrucciones al motorista para que corriera a mayor o menor velocidad, el caso es que la rueda de la bicicleta rara vez se separaba del rodillo de la moto.

Aquella especialidad de deporte creo desapareció de la noche a la mañana y jamás volvió a verse competición alguna, ignorando la causa o motivo por la que se perdió, pues yo creo que tenía un número de seguidores lo suficientemente ámplio para que hubiere continuado y sin duda, yo era uno de los que me admiraba la habilidad y lo acompasado que el ciclista había de llevar con su bicicleta la velocidad que, como he dicho antes, le iría dando instrucciones al motorista la que había de llevar.

Minuto 8:33



A la par que esta clase de deporte, ya desaparecido, se me ha venido al recuerdo, lo he asimilado también con aquel inigualable locutor, que tan sabiamente lo hacía, radiando toda clase de deportes, corridas de toros, y cualquier otro evento, llamado Matías Prat Cañete.

Oír, no oír, escuchar, una radiación realizada por Matías Prat, que como digo, lo mismo daba de retransmisión deportiva o de cualquier otra índole, era una verdadera delicia y tan dentro de todos los radioyentes llegaba, que no pocas veces cuando he presenciado algunas de las  retransmisionmes por televisión, no es que pueda comparársele, teniendo en cuenta el medio empleado, pero se vivía tal lo estuviera uno presenciando en directo.

Matias Prat Cañete, natural de Villa del Río de la provincia de Córdoba, que como todos sus paisanos y provincianos, exceptuando los de la parte norte y occidental de la provincia, "seseaban", o sea no pronunciaban la "ce", ni la "zeta", tan brillante locutor, solía emplear un truco que pasaba desapercibido para los oyentes, y era que en lugar de la "c" o la "z", que no sabía pronunciar, lo hacía sustituyéndolas por una "f", que dejándola a medio pronunciar y haciéndolo con rapidez, tapaba la falta, y así por ejemplo en vez de "decía", él pronunciaba "defía", o en vez de "cazador", lo transformaba en "cafador", pero tan a tiempo lo efectuaba, que como he citado pasaba totalmente desapercibido, salvo para quienes sabíamos que empleaba tal truco.



Desde aquel campeonato del mundo de 1950, que fue radiado por Matías Prat, a través de Radio Nacional de España, hasta los muchos años después que continuó en activo, no mis coetáneos los nonagenarios, si no incluso los de algunas decenas de años menos, gozamos durante muchos años de aquellas incomparables retransmisiones y que solo el invento de la televisión pudo suplirlas, y dado el medio, no digo que no, superarlas.

Todas estas cuestiones de lo tratado en la entrada de hoy, me delatan como lo sobrado de años que estoy.

Hasta la próxima.

domingo, 23 de agosto de 2015

Recordaciones


Esta mañana al entrar en Facebook, me encuentro con la fotografía de una sobrina mía y su hija, tras una mesa en la que se exhiben, deben ser seguro las réplicas, de dos copas de Europa y la del Mundial de Fútbol ganadas por la Selección Española, y que están en el Ayuntamiento de mi pueblo para que sean vistas por todos los villaharteños y villaharteñas que lo deseen. Ello de entrar en el Facebook lo fue tras haber jugado una partida al dominó por Internet con un brasileño, residente en su país naturalmente.

Abundando en lo que alguna persona dice de mí, que soy "mu pensaor", y como por lógica suele sucedernos a los que sobrados de años estamos, rebobinando mis recuerdos he llegado hasta allá aquellos tiempos en que la luz eléctrica y poco después, el teléfono, llegaba a mi pueblo, y de los que, de ambos acontecimientos fui testigo presencial.

Tan de importancia fueron ambas cosas, que en el siguiente carnaval a la llegada del teléfono, que en una comparsa de jóvenes féminas en una de las coplillas se decía lo siguiente:

Se está poniendo Villaharta,
que da gusto de vivir,
a la altura de Madrid.

Así era la importancia que suponía la llegada de dicho  medio de comunicación a mi pueblo.

Aunque luego en otra copla, también en el repertorio de aquella comparsa, no concordaba mucho con la anterior, o sea que el pueblo no estaba tan en condiciones como se le cantaba, por que era del tenor:

Señor Antonio Molina, 
Alcalde de Villaharta,
que nos arregle las calles,
que es lo que nos hace falta 

Pero esto que antecede, solo lo traigo a colación para, y creo en esta ocasión no cabe eso de que "toda comparación es odiosa", comparar el como se vivía en aquella mi infancia, niñez, adolescencia, e incluso juventud, de los años treinta, cuarenta e incluso algunos de los cincuenta del pasado siglo, a como se hace en la actualidad.

Si la llegada del teléfono al pueblo fue un acontecimiento, mucho mayor fue el de la electricidad, pues creo lo he dicho en varias ocasiones, la tarde noche que dieron la luz por primera vez, junto al transformador que hubo de construirse, nos agolpamos gran cantidad de gente, sobre todo creo que todos los niños del pueblo y en el momento que se oyó el chasquido de una especie de reloj, formándose una gran algarabía, y de pronto se encendieron todas las bombillas del alumbrado público colocadas a unos cuatro metros de altura y en el centro de cada calle y a la distancia de una a otra  de unos cien metros, y al propio tiempo se daba también la luz a los hogares que solo habían contratado un solo punto de luz, por el que se pagaban diez céntimos diarios. Así como se apunta la luz pública y la privada se encendían y apagaban al mismo tiempo, salvo los escasos hogares de los mas pudientes que concertaron un contador y varias luces en sus casas, que esos si tenían luz todo el día y pagaban con arreglo al consumo realizado mensualmente.

En estos tiempos, cuando con relativa frecuencia veo publicadas las estadísticas que se citan el número de familias que están en el " umbral de la pobreza ", me pregunto si con el mismo barómetro que se hace hoy, se hubieran hecho en aquellos tiempos, no se la calificación que  se hubieren dado a un porcentaje muchísimo mayor al de hoy, pero cuya catalogación no lo hubieren sido el "umbral", si no inmersos totalmente en la más profunda de las pobrezas, y que como al principio citaba en tal caso, la comparación entre aquellas situaciones a las que hoy se viven, no es que sean odiosas, si no bienaventuradas.

En aquellas casas, en una proporción cuando menos de un 95% donde había un solo punto de luz, el mínimo mobiliario,  utensilios,  útiles de cocina y otros, escasamente para prestar los servicios imprescindibles, hay hoy un televisor, un teléfono móvil, varios electrodomésticos, un ordenador,  unos armarios con algunas prendas de ropa de cada uno, donde entonces solo había un baúl que contenía todas las ropas de una familia de seis u ocho miembros, y así sería un largo etcétera, donde ni siquiera se podría hacer comparación alguna.

Así, a veces conviene el recordar de donde venimos, y aunque resulte odiosa como se dice, comparar con aquello que atrás dejamos, y démonos a gozar de cuanto, aunque hoy nos parezca poco, tenemos y agregarle ese latiguillo que suele decirse, de "mejor lo que Dios quiera". Los que tan avanzados en años estamos, si un mínimo de sensatez nos queda de lo que el paso del tiempo nos ha dado, no podemos por menos que gozar hoy de esta vida, que ni a soñar que nos hubiéremos echado, podríamos haber siquiera esperar que lo fuera tal lo está siendo para la inmensa mayoría de aquellos que nos tocó vivir  tiempos tan difíciles.

Yo no es que sea un conformista redomado, pero no olvido tampoco aquellos tiempos en  que me tocó vivir junto a toda mi familia mas próxima, y que se hacía extensiva  a la inmensa mayoría de las familias de España y seguro a la de la mayoría de los países, donde, como diría Cervantes de la cárcel, toda incomodidad es permanente, y por lo que a mí respecta, viviendo una última etapa de mi vida estoy, como entonces casi nadie, y lo digo tal lo era,  solía hacerlo. Y añado, ojalá a mis hijos,  mis nietos, e incluso los que le precedan, les alcance a ellos tal cual a mí me ha llegado.

Hasta la próxima entrada, que tendremos al mes de agosto seguro dando sus últimas boqueadas y a ver si el calor también.

domingo, 16 de agosto de 2015

Pasada la Virgen de Agosto

Sendero de peregrinación a la Villa de Candelaria desde La Victoria de Acentejo, Santa Cruz de Tenerife

Ayer fue la festividad de la Asunción de la Virgen, llamada popularmente la Virgen de Agosto. Hoy me han venido al recuerdo, tres efemérides de este día, aunque de ello haga ya mas de setenta años.

De los cinco años que estuve trabajando en la finca de la Calera, que por lo repetitivo que estoy siendo con citar esta finca, es demostrativo que la misma formó parte importante en mi devenir desde la adolescencia hasta el inicio de mi juventud. Pues como digo de esos cinco años, tres por lo menos que yo recuerde, según concertábamos con el entonces arrendatario de la finca, un grupo de seis o siete hombres, nos marchábamos a la mencionada finca una vez pasara la Virgen de Agosto, y que como indico, por lo menos tres años lo hacíamos tal día como hoy, pero allá de los del principio de los años cuarenta del pasado siglo.

La Calera, 14 de agosto de 1999
Puerta de entrada al cortijo. Al fondo, fachada y puerta de entrada a la fábrica de aceite "Molina". A la derecha, costado del edificio "Los Aceituneros"

Si dijera que aquello, y cuando contaba por ejemplo, 16, 17 y 18 años de edad, me producía una gran alegría, teniendo en cuenta que estaba nada menos que a unos diez o doce kilómetros de mi pueblo, que todas las noches pernoctábamos en el cortijo, la mayoría solteros y jóvenes, que permanecíamos en aquella finca hasta allá por lo menos el mes de abril del siguiente año, y con escasas visitas al pueblo y solo por necesidades, de cortarnos el pelo o reposición de comestible o ropas a medida que el tiempo iba cambiando, que el cotidiano vivir de cada día lo era de la cama y cortijo al trabajo, y de éste al cortijo, y que aparte de los cinco, seis o siete compañeros del trabajo, solo en el mismo estaban dos personas más, como lo eran el casero y su esposa, cuantos tengáis la osadía de leer esta entrada, seguro os preguntaréis, qué clase de juventud éramos nosotros, o por lo menos yo.

Pues sí, tal lo digo, cuando menos a mí y con seguridad a la mayoría de los demás, nos producía ese efecto. Raro podrá parecer en estos tiempos, cuando llevamos mediado exactamente el paso del mes de agosto del año 2015. Pero como no me cansaré de repetirlo, y como tantas veces lo he dicho, los "hombres" somos la consecuencia del tiempo que nos ha tocado vivir. Y aunque parezca un tanto exagerado, el mantener la supervivencia en las personas, es el principal objetivo que se persigue. Y cuando se estaban atravesando aquellos malditos "años del hambre", donde miembros de algunos colectivos, tales como por ejemplo los presidiarios, en  no pocas ocasiones llegaron hasta el fallecimiento por desnutrición,  el contar por una temporada de varios meses con un trabajo seguro, que aunque jornal mísero, y mucho mas para poder hacer frente a la adquisición de los artículos de primerísima necesidad que por las circunstancias tan poco al alcance de aquellos jornales estaban, pero sí, para poder ayudar a la supervivencia del uno propio y de las familias, que para ello, lo tan menguado suficiente resulta, nos dábamos  por  bien empleada aquella situación. Nuestros propios méritos y sentimientos, nos bastaban, o cuando menos lo hacíamos que así fuera, gastándonos bromas, cantando, contando historias, las mas de las veces inventadas, sobre todo si alguno de ellos había hecho ya el servicio militar, y alguno de los demás, una historia de amor que solo estaba en la mente del que lo contaba, por mi parte sacando alguna coplilla de cualquiera de las circunstancias que hubieren ocurrido en el desempeño del trabajo o contado por alguno de ellos, la recogida  de los frutos del campo que se iban dando en el paso de los días, en los ratos que se daban para el descanso o "cigarro", como se le llamaba, se iba dando paso a los días y que a repetirme vuelvo, con todo ello hasta divertido, puedo decir que lo hacíamos.

Y para mí, y contado lo tengo muchas veces, como de siempre he sido de no mucho dormir, sobre todo en este tiempo de verano, y por tanto, tan pronto nos incorporábamos a la finca, por las noches una vez cenado que solíamos hacerlo tan pronto anochecía, y mis compañeros se acostaban y se entregaban al merecido descanso y sueño reparador, yo me salía al inmenso patio de la cortijada, sacaba una banqueta, me sentaba junto a uno de los cinco o seis olivos que había en el mismo, a la vez que que fumándome un cigarro y veía elevarse la volutas de humo que de mi boca exhalaba y disipándose en el espacio terminaban, contemplaba a la vez aquel cielo limpísimo de polución y preñado de estrellas que hasta parecía se peleaban entre ellas por no querer ceder espacio alguno para sus compañeras, aquel deleite digo, tan dentro de mi ser lo llevo todavía, que de vez en vez lo traigo al recuerdo y aun me produce ese regodeo del disfrute sublime que en pocos momentos de la vida suelen darse. Demasiados años han pasado de aquellos momentos, pero no me importaría volver a vivirlos en presente, aunque ahora por lo menos el porcentaje que el cigarro añadía a aquella contemplación, tendría que hacer el sacrificio de realizarlo, por los tantos que también hace. que dejé de hacerlo.

Tan afortunado me siento de haber vivido aquellos años, tal lo hice, que los considero unos de los felices de mi existencia.

La Calera, 14 de agosto de 1999
Vista general de la Solana del Pino desde la carretera Obejo-El Vacar.

Tal vez podáis decir que exagero un tanto aquellas vivencias, pero así las sentía, y tal las vivía así las cuento.

Hasta la próxima entrada.