domingo, 27 de abril de 2014

Inolvidable cumpleaños




Hoy 27 de abril de 2014 he cumplido 89 años. Con el del pasado año y el de 1944, creo han sido sin duda los que mas huella han dejado en mí.  En este día y tal vez porque no lo esperaba, confieso que todo su desarrollo me ha llegado al alma. Como digo, no esperaba que mis tres hijos estuvieran presentes en este mi 89 aniversario de mi vida, pero por inesperado seguro me ha hecho mayor ilusión. De mis nietos han estado tres, pero han faltado otros tantos, pero por razones de fuerza mayor. También han estado mis dos nueras y ha faltado mi yerno, por iguales causas.  Como no, también ha estado junto a mí, mi entrañable amiga Carmen. Lo demás, como suele decirse, todo ha salido a pedir de boca.

Cuando uno se ve rodeado de estos seres a los que se adora, todo lo demás son circunstancia que hacen que se enaltezca aún si cabe más, el hecho de su celebración. 

En un ambiente de inmensa alegría hemos estado comiendo en un restaurante, y esta vez, aunque no era mi intención, me ha salido más barato que de costumbre. Alguna vez tenía que ser. Todo esto que termino de decir, como es natural lo es plan de broma, lo que de verdad vale y como he dicho anteriormente llega al alma, es verte rodeado de todos ellos. 

A los postres, una anécdota ha hecho todavía mas divertido el final de la comida. Una comensal, de entre las muchas y muchos que abarrotaban el restaurante, no de tantos años como yo, pero sí con bastantes primaveras sobre sus espaldas, tal vez contagiada por el ambiente que se respiraba en la mesa donde nosotros estábamos dando buena cuenta de cuanto se nos ponía por delante, y cuando terminaba de encenderse la vela que sobre la tarta de cumpleaños se puso sobre la mesa y en la que con dos dígitos, el ocho y el nueve, que desde la mesa de esa señora sin duda se divisaba, y tal vez extrañada de que yo cumplía tal número de años, llegándose hasta mí y en un tono desenfadado y simpático, hasta me dijo que  "terminaba de enamorarse de mí", por lo que siguiendo la corriente y correspondiendo  a su simpatías, hemos pasado un rato muy, muy agradable.

Como citaba al principio un día de esos inolvidables, de los que a lo largo de la existencia calan hasta lo mas profundo de los sentimientos y lo que nunca se olvida.

También como se citaba anteriormente, el "cumple" del pasado año, que fue celebrado con una cena en vez de comida como la del presente. y como creo ya se hizo constar en otros relatos, fue otra de las que destacan sobre otras muchas.

Y por último, aquel mi decimonoveno cumpleaños, o sea de hace setenta años, que fue cuando abandonaba mi trabajo que durante cinco años había estado realizando en la Calera, con el añadido de que fue el último día que pase con la que había sido mi primera novia en la vida, es asimismo difícil de olvidar. Así han pasado los años y yo aun sigo por estos andurriales, y como creo que alguien dijo, nunca uno es tan viejo que no tenga esperanza de vivir cuando menos un año más, así espero que los noventa cuando menos, espero cumplirlos. Los demás, Dios dirá.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 20 de abril de 2014

Veinte años de orfandad


Hoy se cumplen veinte años del fallecimiento de mi madre. Cuando una madre se muere, se lleva gran parte de la vida de uno. Ese flanco que desde el mismo instante en que se nace, ha estado amorosa y permanentemente cubierto contra todo y contra todos por la madre, queda desguarnecido y huérfano de esa bendita protección que hasta entonces te ha estado protegiendo, y, sin que nada ni nadie, pueda sustituirla. Hasta que una madre no muere, no se siente uno huérfano como tal, y nunca, nunca, nunca se olvidan todos aquellos cuidados, tantos desvelos y ese infinito cariño del que creo que solo una madre es capaz de sentir hacia un hijo.

Sirva esta corta, pero sentida entrada en este blog, como un amoroso recuerdo y agradecimiento, a todo cuanto supo luchar durante tantos años por sacar a su prole adelante, en circunstancias tan difíciles, como las que a ella le toco vivir.

Que Dios le haya deparado la dicha de tener junto a ella, a todos sus hijos que ya le siguieron el camino del Cielo.

Hasta la próxima.

viernes, 18 de abril de 2014

Lo de unas a otras Semanas Santas



El llegar a tener tantos años como yo tengo, cuando menos tienes la ventaja de haber conocido muchas cosas de la vida. Hoy es sin duda el centro de todo cuanto se encierra en las celebraciones de la Semana Santa. Yo, como he citado anteriormente y por eso de llevar tantos años por esta vida, voy a referirme a como he vivido algunas de estas festividades religiosas, comenzando como es natural, guardando el orden cronológico como las he ido viviendo. 

Recuerdo aquellas de cuando yo era niño, antes de la Guerra Civil española, en que un Jueves Santo, yo fui elegido, entre otros once niños, para "el lavatorio" en que el sacerdote nos lavó los pies, y éramos los que mejor nos sabiamos el catecismo. Para tal acontecimiento, mi madre lo más especial que hizo, además de lavarme los pies casi hasta hacerme sangre, y eso que íba para que me los lavara el sacerdote, fue comprarme unos zapatos nuevos, y que como si hubiere sido como uno de los grandes despilfarros, ¡cuántas veces dijo que le habían costado trece pesetas!

También, en aquellos años, el Sábado de Gloria, tan pronto las campanas comenzaban a repicar por la resurrección del Señor, los niños íbamos a la iglesia con un recipiente donde el cura nos echaba un poco de agua bendita, y luego, en mi caso, mi madre rociaba la casa con aquella agua. No se me olvida, que yo llevaba todos los años una lechera de aluminio de un medio litro aproximado de capacidad, donde recoger el agua. Una vez la vivienda era rociada, se salía a la calle y se recogían trece piedrecitas pequeñitas, que en mi pueblo llamábamos "chinatos" y se lanzaban sobre el tejado del edificio, y todo ello decían que era para expulsar a los demonios de los hogares.

Luego vino la segunda parte: las Semanas Santas durante la Guerra Civil, en que  los años de 1937-38 que nos cogió en zona roja, ni siquiera se comentaba nada, ni había noticia alguna en relación con la misma, asi que pasaban totalmente desapercibidas. Luego la de 1939, como comenzó precisamente al siguiente día de terminar la guerra, o sea del 2 al 9 de abril, y  que aún estábamos en el exilio, y con el laberinto y jaleo del fin de la guerra, tampoco tuvimos noticia de que en tales días era dicha festividad.

Después, todas las posteriores y precisamente las próximas a la fecha de la terminación de la contienda bélica, eran de unas exigencias en su cumplimiento tal mente exageradas, al punto de que solamente se podía emitir música sacra, en las emisoras de radio, entonces claro no  había televisión, tampoco en mi pueblo ni siquiera cine, se les prohibían programas de canciones que no fueran las religiosas, incluso las señoras de cierta edad, si algún niño se permitía ir cantando por la calle, solían decirte: "¡Niño no sabes que está muerto el señor y no se puede cantar!". Y eso no quiero penséis es una invencion mía, ni eran casos excepcionales, que se oía con relativa frecuencia, y especialmente, el núcleo más duro eran los Jueves y Viernes Santo. En esos días los bares permanecían cerrados, y precisamente en Villaharta, mi pueblo,  el mejor bar que había, al que llamábamos "casino", que como los demás, estaba cerrado, tenía una puertecita por uno de los laterales del edificio, por donde metían las mercancías, y el propietario la dejaba solamente encajada, y los jóvenes, con solo empujarla un poco, nos metiamos dentro del local, donde además de tomarnos alguna copa, pasábamos un rato jugando al dominó o a las cartas. Eso sí, las ventanas que daban a la calle, habían de estar totalmente cerradas. También en los días citados anteriormente,  del Jueves y Viernes Santo, ni siquiera podían tocar las camapanas y todos los actos religiosos que habian de celebrarse en la iglesía, eran anunciados mediante el toque de la "matraca". La misma consistía, cuando menos la que había en mi poueblo, de un tablero de madera, que tenía en cada uno de sus costados, una especie de martilletes metálicos, y que haciendola girar, esos martilletes al golpear sobre la madera producía un ruido, poco agradable por cierto. La matraca era tocada por los jóvenes y los niños, que pasando por todas las calles del pueblo a la par que se producía el ruido de la misma, se anunciaba la hora y y el acto litúrgico que se celebraría en la iglesia. Entonces teníamos la costumbre. de que cuando pasábamos junto al Cuartel de la Guardia Civil, donde había un pilar,  echábamos la matraca al agua, que decíamos  que era para enfriarla. El caso es que cuando la madera estaba mojada, el sonido no era el mismo de como cuando estaba seca. 




Como indicaba anteriormente el sonido de la matraca era poco agradable, y por tanto cuando un niño estaba molestando, se decía en mi pueblo: "Niño deja ya de dar la matraca", pero nosotros lo pasábamos estupendamente tocándola y se pasaban muchas horas del día, bastanbe distraidos. Cada vez que se daba una vuelta por el pueblo, se volvía por la iglesia para recibir instrucciones de cual iba ser el próximo acto litúrgico y la hora del mismo, para irlo anunciando mediante el toque de la matraca.

De las celebraciones de aquellas Semanas Santas, a como se hace hoy, incluso en los pueblos, creo no existe la menor coincidencia. El silencio en las calles, y que decir dentro de las iglesias, durante estas festividad, podía cortarse.

Durante el tiempo que estuve en mi pueblo, y después en varias ocasiones, he asistido a la costumbre que había, y que aun persiste, de celebrar un día de campo al que se le llama "la merendilla", la única diferencia es que antes se celebraba el Domingo de Resurreción, y ahora suele hacerse el sábado, aunque como es sabido, ya no es Sábado de Gloria, sino Sábado Santo. Pero saltándose un tanto las reglas de la iglesia, y con el fin de que los asistentes a la merendilla les de tiempo a marcharse a sus actuales destinos o residencias el domingo, ahora, como queda dicho, la suelen celebrar el sábado. Mañana es "El día de la Merendilla" en mi pueblo. Llevaba varios años asistiendo a la misma, pero este año no ha podido ser. Que les aproveche el buen yantar que se practica en esa celebración y que lo pasen bien todos mis paisanos y quienes allí vayan.   

Hasta la próxima entrada.

sábado, 12 de abril de 2014

Tres de las etapas por las que he atravesado en mi vida


Hoy 12 de abril ya casi expirando las últimas horas del mismo, y con mucho mejor estado de ánimo que el que tenía cuando mi última entrada, en esta confortable soledad de mi domicilio, que como reza el dicho "en ninguna parte se está como en la propia casa",  en las mismas puertas de otra Semana Santa, de las muchísimas que llevo ya pasadas en esta bendita Málaga, y al traer al recuerdo efemérides de las que sucedieron en un doce abril de las que yo guardo memoria, son tres las que, bien por lo que afectó a todo el país o en mí personalmente, voy a dar cuenta de ello, siguiendo el orden cronológico en que acaecieron.

La primera de ellas, y en este caso fue quizá uno de los acontecimientos mas destacados, de lo que supuso para España, fueron las elecciones municipales de aquel 12 de abril de 1931, y que en su consecuencia dos días después se proclamó la II República Española. El resultado de tal evento, ni estoy capacitado para ello, ni a mi me corresponde hacerlo, si no que el traerlo a colación, es solo por el mero hecho, intrascendente quizá, de que es uno de los primeros acontecimientos que guardo con gran nitidez en mi memoria. Y se trata de lo siguiente. 

Como quiera que el colegio electoral había sido instalado en el edificio de la escuela a la que yo asistía, por cierto el único para "niños" que había en el pueblo, un primo mío, un amigo y yo, los tres de la misma edad, seis años, aun sin cumplir por ninguno de los tres, decidimos darnos un garbeo solo por ver lo que allí se hacía. Solo fue aproximarnos a la puerta del local y uno de los dos Guardias Civiles que se hallaban de servicio, con un tono algo más que imperativo, o como suele decirse con "cajas destempladas", nos echó de allí, diciéndonos que nos alejáramos lo mas posible. Como es natural, la orden fue cumplida sin reparo alguno.

Del resultado de aquellas elecciones, como he citado anteriormente, me doy por excusado de hacerlo.

12 de abril de 1939. Después de dos años y medio de haber permanecido exiliados durante la guerra civil, toda mi familia, por distintos puntos del Valle de los Pedroches, regresaba a mi pueblo. Durante todo el tiempo permanecido fuera de donde habían transcurrido  los primeros once años de mi vida, creo que ni un solo día transcurrió sin que pasara por mi pensamiento el cuándo y cómo volvería por aquellos entornos inolvidables. Creo que en otras ocasiones en este mismo blog he tratado de ello, y por supuesto en mis memorias, y pese a que regresábamos sin tener noticia de mi padre desde hacía casi un mes, donde llevaba en el frente de guerra de Extremadura desde hacía unos seis meses, cuando al llegar al punto conocido por el Puerto Giner, a un kilómetro de las últimas casas del pueblo y desde donde se obtenía la primera vista del mismo, un no se qué, corría por todos los sentidos de mi ser, sin que ninguna otra circunstancia igual me haya sucedido a lo largo de toda mi existencia, y que como obnubilado iba recorriendo todas las calles hasta llegar hasta la que siempre fue la casa de mis abuelos maternos, donde quedamos alojados por algún tiempo. Luego el encuentro con mis antiguos amigos de los que hacía años no había visto, fueron dándome alguna que otra alegría,  a lo largo de varias fechas.

12 de abril de 1946. Pasaba mi primer día como recluta en el Regimiento de Artillería número 14 sito en el punto conocido por "Pineda", de la capital sevillana, donde habíamos llegado sobre las tres de la madrugada de aquel día. Creo, no creo, estoy seguro, que mi ingreso y paso por el ejército, han sido sin duda una de las circunstancias que a la postre mas han influido en el discurrir de mi vida. Si tuviese que consignar con una nota académica, lo que supuso mi decisión de abandonar el trabajo de la mina donde me hallaba cuando me llegó la hora de incorporarme, y como creo también lo he citado en muchas ocasiones, podía haberme librado del servicio militar continuando en el trabajo que realizaba, como digo, la nota que constaría, no podía ser otra que la de MATRICULA DE HONOR. Pese a los inicios de tan importante cambio en la vida de un ser que hasta entonces, solo había sido trabajar, trabajar y trabajar, la mayoría del tiempo en el campo,  y los dos últimos años en la mina, lo que supusieron los dos años y medio de servicio en filas, igual tiempo que permanecimos exiliados, fueron como citaba al principio de este relato, conformaron el que durante y a lo largo de la inmensa mayoría de mi ya larga vida, haya sido de una continuada dicha,  felicidad y goce de la misma, en todos los sentidos. Bendita aquella decisión tomada.     
En las postrimerías de este doce de abril de dos mil catorce, con un estado de ánimo como indicaba al principio, muy elevado, aquí doy por concluso este relato de un doce de abril y que volviendo el recuerdo hasta aquel primero de los citados en esta entrada,  QUE LEJOS QUEDAN AQUELLOS TIEMPOS, Y QUE DIFERENTES DE LOS ACTUALES, GRACIAS A DIOS PARA BIEN.

Hasta la próxima.

domingo, 6 de abril de 2014

El primer vuelo


Ningún otro momento hay mas adecuado para pensar que la soledad. Hoy, seis de abril de 2014, en esta soledad y del silencio de un domingo en que ni siquiera las voces de los niños se escuchan jugar en la calle, y como quiera que mi mente, hoy algo molesta, que no sé de que pueda ser, aunque lo propio lo será de los años que hace de lo sucedido al que voy a referirme.

Pues sí, hoy se cumplen  68 años en que por primera vez salía de junto las faldas de mi madre. Era el primer vuelo que daba y del que ya, ella no podía estar pendiente del resultado. Salía de mi pueblo para incorporarme al ejército, o a la mili como se le decía en el argot popular. Ventiún días me faltaban para cumplir los veintiún años. Hoy, por supuesto me faltan los mismos días, pero para cumplir los ochenta y nueve.

Y me pregunto qué queda de aquel jovencito, aún barbilampiño, aunque ducho en diversas, y hasta penosas algunas, clases de trabajo? Como no, también, de una adolescencia y primera juventud , con muchas carencias y penalidades, mas  de la que hubiere deseado, pero también, queriendo penetrar con el pensamiento en la incertidumbre de lo que Dios y el destino le tuvieren guardado. De buen talante iba dispuesto para poder afrontar cuanto fuere necesario, sobre todo en lo que en encontrar una situación personal mejor de la que atrás dejaba. Y la respuesta a esa pregunta,  yo diría, que como persona, sin entrar en el estado físico del aquel entonces al hoy, que como es natural no admite comparación alguna, sí como persona, los mismos sentimientos, igual grado de sensibilidad, dejado atrás  la mayor parte del grado de timidez que hube de vencer con gran tesón, la misma entrega y comportamiento para mis deberes, aunque pocos, por no decir escasísimos son los que me quedan. Eso sí, todo lo que antaño eran incertidumbres, por lógica fueron resueltas y lo que antes era un mirar hacía aquel incierto futuro que pudiera tener reservado, hoy miro con la certeza de cuanto he ido dejando atrás  a lo largo de los años. Por más que satisfecho me doy de cuanto conseguí, principal y particularmente, la descendencia que por lógica no he de tardar en dejar atrás, como también por imperativo del paso de los años, muchos girones del alma se me han ido arrancando al tener que decir adiós a muchos seres queridos, que se nos adelantaron en el abandono de este mundo, y como no, el goce de lo plancentera de esta última etapa de mi vida, que aquí si, ni que a soñar que me hubiere echado. nunca hubiere acertado con lo placentero y querido por todo mi entorno que esta siendo, al punto de que a los míos, solo pido a Dios les conceda lo pasen como yo lo estoy haciendo.  También, como no, la experiencia que da el paso de los años y las circunstancias por las que hay que atravesar, dejan poso de sapiencia en el anciano, que quizá la propia inercia del ímpetu con que el joven se desliza en su momento, no llega a poder observar. Pero como no, lo que mas echo de menos de aquel que dentro de unos día sería recluta y después artillero, es lo lleno de vida que se encontraba, el poco sacrificio que exigía cualquier eventualidad, con lo que había que ejecutar, y ahora, pensar antes de acometer acción que exija como mínimo el siquiera caminar, aunque como en mi caso es, todo cuanto había de caminar por la vida, creo que lo tengo mas que andado. 

Hasta la próxima, y que me encuentre mejor de ánimo y de alguna que otra dolencia.

domingo, 30 de marzo de 2014

Hace un año...



En mis años mozos había una canción que llevaba por título, "Hace un año que yo tuve una ilusión" y que era interpretada por varios y varias cantantes y que era una de mis favoritas entonces. Pero no, el título de esta entrada no es para traerme al recuerdo aquella canción, si no otro de poco grato recuerdo. 

Tal día como hoy del pasado año 2013 era Sábado Santo, día de la merendilla en mi pueblo y hasta allí me llevó mi hijo Rafa y también iba acompañado por mi amiga Carmen y mi nieto el editor de esta magna obra, como es mi blog. El  propósito del viaje no era otro que el de pasarlo bien, una buena "pechá" de comer y pasar unas horas con mis sobrinas, sobrinos y quien se terciara. Pero como reza el dicho, "el hombre propone y Dios dispone", y lo que era el propósito se torció en gran parte, por aquel accidente del que ya di cuenta en mi entrada del día tres de abril del pasado año.

Una de las principales obligaciones que tengo cuando voy a mi pueblo, es ir a visitar a mi amigo del alma, Alfonso Pérez, y como digo, ya lo cité en mi entrada del tres de abril pasado, bajando una escalera cogido a la barandilla, sería por agradecimiento de mi visita o a lo mejor el deseo de venirse a Málaga conmigo (la barandilla, se entiende). El caso es que, soltándose de su arraigo en el que sin duda llevaba muchos años, los dos bajamos por el medio mas rápido que se puede y es rodando escaleras abajo hasta llegar a la  planta del piso, de cuyo resultado se me produjo un gran hematoma en la sien derecha y rostro del mismo lado.  Poco mas de dos meses después, me llegaron las consecuencias mas graves y pasé unos días algo peores que malos y aunque se dice que bicho malo nunca muere, no tan graves como las que me surgieron el pasado año, pero sí cuando menos con cierta molestia, de vez en vez suelen volverme, y hoy ha sido uno de esos días, en que, como me sucede en estos momentos, me dejan con no mucha gana de nada, pero sobreponiéndome a ello, y porque no se salga con la suya, aquí estoy rememorando esta efemérides, que a decir verdad no es que sea de lo mas divertido que me haya sucedido en la vida, sino, si seguro el "porrazo" mas grande de mi existencia. En aquella entrada del pasado año sobre el particular, no faltó a quién, y como creo nos sucede a los españoles, en estos casos de caídas, le produjo cierta risa e incluso en el comentario que puso en aquella entrada, comenzaba con aquello de " pon... pon... batacazo y chichón" y luego algunos comentarios que se hicieron con respecto a mi caída, que mas bien servía de chanza que de pena.

Pero en fin, como cito en el título ya hace un año y aquí estoy dando testimonio de ello y aunque sea con alguna molestia de vez en vez, no me importa estar narrando esta efemérides algunos, o muchos, porque no,  años venideros. Pero realmente las consecuencias que me sobrevinieron el verano pasado, físicamente me hicieron pasar unos de los días mas duros de toda mi vida.

Bueno mira, he conseguido citar el día de la merendilla del año pasado y hoy, mi comida ha sido bastante más austera y también produce menos colesterol y otras contrariedades para el organismo  de las "personas mayores".

Hasta la próxima entrada.

domingo, 23 de marzo de 2014

Toda una vida


Habrá quien pueda pensar por el título dado a esta entrada, que se refiere a uno de los célebres boleros de mi juventud, interpretado creo, por lo menos, por Antonio Machín, Los Panchos y María Dolores Pradera. No, hoy esta entrada y este título de "Toda una vida", se refiere a la mía propia. 

Poco después de la comida de hoy, cuando se comunicaba por la televisión el fallecimiento del ex-presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y cuando, sin nada ni nadie aquí en mi domicilio que pudiera turbar mi pensamiento, sumergiéndome en el recuerdo de mi propia vida, me he trasladado nada menos que hasta aquel mes de abril de 1931, en que se promulgó la II República Española.    

Aún cuando solo contaba seis años de edad, mantengo fresco  ese recuerdo de aquellas principales circunstancias que envolvieron todo aquel suceder. El exilio de los Reyes de España. Los convulsos acontecimientos de aquella época en que dió lugar a la Guerra Civil Española. Todo el acontecer de la misma. La llegada del franquismo. Los años del hambre. La muerte de Franco. La transición a la democracia, con la alternancia en el gobierno de diferente signo político, con varios presidentes de gobierno y así hasta hoy en que con el fallecimiento de Adolfo Suárez, así a grandes rasgos he resumido ochenta y tres años por lo que hasta ahora ha transitado mi vida.

Pero si en este breve párrafo he dado paso a tan largo periodo de una vida humana, en este caso la mía propia, aunque solo sea también desbrozarla un tanto sin entrar en muchas profundidades no tengo por menos que situarme en lo que eran mi propio hábitat, y claro, todo cuanto en aquella infancia suponía mi paso por ella. ¡Qué domicilio con tantas carencias de mobiliario, enseres, y lo principal, tanta escasez de los alimentos por los que atravesaba mi familia, y conste, no éramos de los peores! Qué vestimentas llevábamos los niños entonces, que en todo tiempo, un llamado babero, prenda que nos cubría hasta la altura de las rodillas y valía hasta para ocultar unas, en su mayoría raídas prendas interiores, y por supuesto entonces los niños no usábamos calzoncillos. Todos los juegos se realizaban en la calle, y eso sí, la relación entre  los niños del pueblo, varones se entiende, era cotidiana. 

Y así hasta luego atravesando todas esas etapas por las que he ido transitando hasta llegar a este hoy, que por la circunstancia mencionada, me ha hecho retrotraerme hasta aquella lejana república. De como he señalado, como era mi infancia y cómo ha cambiado la sociedad en general, que creo solo es comparable a mi propia persona, de un niño en los albores de unas vivencias en las que comencé a tener conciencia de ellas, hasta estas alturas, y que gracias a Dios no me ha sucedido como al ya difunto ex-presidente Adolfo Suárez, si no que mantengo fiel recuerdo de todo mi pasado.

Cuántos avatares suceden a lo largo de tan dilatada vida; cuántos seres queridos, han ido abandonando este mundo, cuyas heridas dejan cicatrices en el alma que jamás han de desaparecer si no lo es por la pérdida de la razón; qué diferencia en el modo y forma de mi desenvolvimiento en el último tramo de mi existencia a la que hubieron de llevar, remontándome solo hasta mis padres, por ejemplo; qué de oportunidades han tenido mis hijos y tienen mis nietos, de las que tanto yo carecí, y así sería una largo etcétera, pero del tan bienaventurado de hoy, a lo de tantas dificultades con las que habíamos de enfrentarnos antaño.

Resumiendo, si en aquellos entonces en los que comenzaba a tener conciencia de mi ser, me hubieran expuesto de como lo iba a ser en el día de hoy, en todo lo que a mi vida concierne, y para cerrar. que próximo a cumplir los ochenta y nueve años de edad, iba a estar dejando constancia de este día por el procedimiento en que lo estoy haciendo, mi entendimiento, no el de niño, sino incluso ya bien entrado en la juventud, no estaba formateado para comprender tanto adelanto. Si esta edad la hubiere tenido entonces, aún viviendo, seguro lo estaría pasando un mes en la casa de cada uno de los hijos que tuviera, compartiendo las estrecheces ese mes con uno mas, y posiblemente esperando que el fin de la existencia me llevara a dejar atrás tantos padecimientos acaecidos. Cuán distinto lo está siendo, a cómo lo hubiere sido, y que así siga.

Por mi parte, creo debemos sentir cierto agradecimiento al hoy fallecido Adolfo Suárez, por aquella transición sosegada y pacífica, solo alterada por acontecimientos de índole terrorista, en que se fueron dejando atrás, si no todas, si la mayor parte de las insidias que fueron un largo transitar de los españoles. Que Dios le acoja.  

Hasta la próxima entrada.

lunes, 17 de marzo de 2014

Porque me fui a la mili


Hoy 17 de Marzo, y desde hace exactamente 68 años, ni una sola vez me ha pasado inadvertida esta fecha. Pues como creo lo he hecho cada año por hoy, desde que tengo este blog, he traído al recuerdo, que aquel lejano diecisiete de marzo de mil novecientos cuarenta y seis se celebró el sorteo de mi reemplazo para irnos a la mili. 

Voy a prescindir en esta ocasión de volver a señalar la comilona que nos dimos aquel día y todo lo que hicimos, ya que como dejo dicho en más de una ocasión lo tengo señalado y no quiero pecar de reiterativo, aburriendo con ello a mi escasos y sufridores lectores. No obstante, y esto creo no lo he señalado quizás mas de una vez, o tal vez ninguna, si quiero hacer hincapié  en los motivos que principalmente me llevaron a incorporarme al ejército, cuando  de haberlo querido estaba exento de ello, dado a que los que trabajábamos en las minas, cuando menos en las de carbón, como era mi caso, el tiempo que permaneciéramos  en ellas. y  que nuestro reemplazo estuviera en filas, nos constaría para todos los efectos al igual que a ellos.  

Como creo que esto que voy a referir si lo he dicho en muchas ocasiones, y es que desde que era un niño una de las circunstancias que siempre me preocuparon era lo de que sería  el día que fuera mayor. Los horizontes que siempre, hasta entonces,  estuvieron a mi alcance lo eran el trabajo en el campo, como, y desde los diez años hasta los diecinueve lo estuve haciendo, y para, como suele decirse, "mayor inri", a partir de esos hasta los veintiuno que iba a cumplir cuando se celebró el sorteo, como queda expuesto me encontraba trabajando en la mina. Si tan corta era la perspectiva del horizonte para mis deseos cuando lo hacía en el campo, haciéndolo en el interior de los pozos quedaba reducido a la mínima expresión. Y es que, si no una desgracia, si cuando menos es una gran contrariedad venir al mundo en una localidad tan pequeña, sin que tus padres tuvieran posibles de proporcionarte alguna salida, de donde solo existía, como se apuntaba, pasar toda tu vida como jornalero agrícola, el mero hecho de siquiera salir para irte a cumplir el servicio militar, cuando menos a mí, parecía aportarme una bocanada de aire fresco y como mínimo, entreabrirse siquiera una puerta a la esperanza. 

Creo que la inmensa mayoría conocéis lo que fue mi paso por la "mili", que por supuesto fue lo mejor que hasta entonces me había sucedido personalmente por cuanto a mis vivencias,  y aunque terminada ella, y por causas que también he señalado en alguna que otra entrada,  hube de volver a mi pueblo sin haber conseguido mis propósitos, a no muy largo tiempo pasado, cuanto conseguí de mi paso por la milicia, de tan útil modo me sirvió, que hicieron de mi paso, en esta ocasión por la Guardia Civil, y que año y medio después de licenciarme del ejército conseguí, lo que nunca siquiera hubiere llegado a soñar.

Hoy, y próximo a cumplir los 34 años de mi "retiro", nunca terminaré de dar gracias a Dios por aquella decisión tomada, de abandonar mis últimas, y mas desastrosas de todas las penalidades sufridas a los mas de doce años, en unos y otros trabajos.

Todas las bienaventuranzas gozadas como lo han sido por aquella consecuencia, han hecho que todos esos tantísimos años como han pasado, han sido como un soplo. 

Mil veces que volviera a encontrarme en aquella encrucijada, otras tantas tomaría igual determinación.

Esta vez, como podréis observar, no he citado mi portalibros.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Volver a la niñez



Cuando al ver la fotografía que en mi entrada anterior había colocado mi editor, me produjo cierto estremecimiento, cuando ahora me disponía a realizar nueva entrada, he vuelto a la contemplación del portalibros que figura en dicha foto, y si cuando la vi entonces me caló bastante en el ánimo, hoy, tan profundo me ha llegado la impresión al volver a verla con más detenimiento, que me ha llevado a cambiar de opinión por cuanto tenía de señalar en esta fecha y, volver a hacer mención al tema anterior.

A este respecto voy a señalar, que excepto las correas que envuelven el portalibros de esa foto, sobre todo las tapas del mismo, son un fiel reflejo del que yo tenía cuando lo llevaba a la escuela. La misma clase de madera, el mismo color, una de las esquinas con una señal como de haber llevado un golpe, y tan parecidas son, que incluso no he podido remediar, que la misma emoción me haya llevado a que unas lágrimas asomen a mis ojos. Aunque en muchas ocasiones he comentado, de que al igual que le sucedía a mi padre, soy de lágrima fácil, cómo es posible que esa percepción que retenida en la memoria debo tener almacenada y de lo que seguro hacía allá cuando menos ochenta años yo no me había acordado de mi portalibros y mucho menos cual era su forma y clase, me ha hecho volver mis recuerdos hasta aquellos tiempos, tan distantes y tan distintos a los actuales, pero a la vez también, me han traído ese sentimiento de mis propios padres, de cómo era aquella casa llena de niños, muchas carencias, pero que en principio tanta dicha se gozaba, aunque pocos años después, y durante varios más, fuera todo lo  contrario. Hoy, cuando agradezco a mi editor, la suerte, y por que no, el acierto, que ha tenido al elegir dicha foto, que más bien parece la hubiere hecho de aquel "portalibros" que sin duda alguna dejo de ser tal, cuando quedaba abandonado en casa de mis padres, cuando el 9 de octubre de 1936 salíamos  del mismo con motivo de la Guerra Civil Española. Qué sensibles se vuelven las "personas mayores" cuando recuerdos, como este de mi portalibros nos llevan hasta nuestra infancia, que pese a todo, esa etapa de la vida en toda persona, y cuando los demás lleguéis hasta alcanzar los años que yo tengo lo comprenderéis mejor, un no se qué, te hace vibrar dentro de lo mas profundo del ser. Esta entrada, que a los demás que podáis leer su contenido, no llegue a deciros nada, perdonar que yo la haya traído a colación otra vez, pero como dejo dicho, es como si hubiere recibido un valioso regalo, que por el mero hecho de hacerme recordar a esos seres queridos, que años ha nos dejaron, dejan en mis sentimientos cierta gratitud, y que cuestión tan baladí para cualquier otra persona, a mí tanto me ha llenado.

Hasta la próxima entrada, que prometo no tratará de un portalibros. Reitero mi agradecimiento a mi editor por tan meritoria e inesperada fotografía.

martes, 4 de marzo de 2014

El portalibros escolar



Esta mañana observando la bajada de unos niños del autobús escolar que los transportaba, no tuve mas remedio que aceptar que yo vengo de otras épocas. Cada uno de ellos llevaba su correspondiente mochila donde transportarían sus libros y material para utilizar en el colegio.

Cuando yo contaba la edad que estos niños aparentaban,entre los siete u ocho años, lo que hoy, y a lo mejor entonces también, se le llama mochila, en aquellas fechas solo eran utilizados generalmente por pastores, porqueros y cabreros, y que todos eran fabricados de cuero y se les denominaban "zurrones", donde llevaban su comida y alguna que otra cosa también. Pero cuando íbamos a la escuela, que nunca decíamos colegio, eso era demasiado fino,  utilizábamos lo que llamábamos "portalibros". 

Estaban hechos por dos tapas de madera, el plástico no se había descubierto aún. Luego dos correas de cuero, con una hebilla en  uno de sus extremos, colocadas a cierta distancia de los bordes  laterales y pasando por una especie de pasadores que también de cuero, dos en cada lado y cerca de los bordes superior e inferior de cada una de las tapas. Estas correas en la parte superior del portalibros se pasaban por unas aberturas de un asa metálica que servía para  coger y transportarlo. Esas correas permitían transportar tanto material como las mismas dieran de sí y que generalmente era lo suficientemente largas, para llevar unos cuantos libros u otros utensilios, aunque en no pocas ocasiones, cuando se llevaban bastantes libros, el asa metálica quedaba señalada en las tiernas manos de sus transportadores. 

Para darle un poco de prestancia al "portalibros", solíamos colocarle varias "calcomanías" de diferentes colores. En la parte superior del portalibros y entre las correas que lo cerraban y el borde de los libros, colocábamos los "mangos" o palilleros con sus correspondientes plumines, nosotros los llamábamos "plumas", que después en la escuela y mojadas en la tinta que preparaba el maestro a base de polvos y agua y que luego vertía en los tinteros de plomo que había en los pupitres. De las muchas clases de plumas que había, generalmente solíamos utilizar las llamadas de  "pico pato", "pico pájaro" y de "corona".

Todo cuanto expongo anteriormente, se refiere por supuesto a niños, pues entonces la separación de sexos en las escuelas era rigurosa. 

Esta mañana, cuando veía que del autobús bajaban lo mismo niños que niñas, pensaba: Si a estas niñas les entregaran un "bastidor", que era una de las cosas que forzosamente habían de llevar las de mis tiempos a la escuela, quedarían extrañadas y se preguntarían:  "¿Esto que es y para que sirve?"

Pues son cosas de la vida que nos tocó vivir de hace ya cuando menos ochenta años. Así eran las cosas, y entonces por desgracía quienes vivían lejos de la escuela y querían asistir a la misma, habían de llegar hasta ella, andando por supuesto, como lo hacían algunos de los que íban a la mía y cuando yo lo hacia, varios de ellos a unos dos kilómetros de distancia, pero había dos hermanos, que tenían que recorrer unos cinco kilómetros aproximadamente, y muy mal día debía de hacer para su no asistencia a la misma. A los hermanos "Mansilla", que así se apellidaban, deberían tener levantanda en las inmediaciones del pilar de "Fuente buena", como se conocía el cortijo donde habitaban, una escultura de mármol y para determinar las fechas en que se hicieron merecedores a ello, con un portalibros en la mano.

Hasta la próxima entrada.        

martes, 25 de febrero de 2014

Solo recordarlo




Hoy se cumplen 55 años del fallecimiento de mi padre. Murió el día de su cumpleaños y de su onomástica. Contaba 61 años de edad, casi 28 menos de los que yo tengo ahora. Era la primera muerte que me partía el alma. Por ley de vida, posteriormente se han ido produciendo otras, quizás mas de la cuenta, que hasta llegaron a superar aquel dolor.

Como en otros años, y precisamente el pasado, tal día como hoy, hice una larga exposición de tal efemérides, en la de esta fecha, lo hago solo para traerlo al recuerdo y desear que Dios lo tengo en su santa Gloria, en compañía de todos los que le siguieron. Que así sea.

domingo, 23 de febrero de 2014

En recuerdo de un viaje



En dos circunstancias observadas durante mi cotidiano paseo matinal de hoy,  me han traído al recuerdo uno de mis viajes en compañía de mi mujer y mis hijos, y que en nosotros era lo normal, detalle éste, que cuando pase a relatarlo podréis observar como no todo el mundo solía hacerlo así.
    
La primera de las circunstancias a que me refiero, es que en la terraza de un bar, o para mejor decir, sobre la acera en que suele colocar sus sillas y mesas, se hallaban desayunando no menos de cuarenta personas, que sin que que se precise tener vista de lince, puedo asegurar que era una expedición de viaje del Imserso, y, este es un detalle, que en el mismo establecimiento, sin que en sus inmediaciones se halle ninguna estación de autobuses, ni por descontado tampoco de ferrocarril, casi siempre que he realizado ese itinerario, son muchas las veces que  se ha dado esa coincidencia. No encuentro su explicación, pero alguna tendrá.
    
El segundo de los detalles, ha sido que unos metros mas adelante, observé como un coche, que por su matrícula, debía de ser cuando menos de mi "quinta", ostentaba un cartel de "SE VENDE". En esta ocasión, aparte de que como decía el torero "El Guerra", hay gente pá tó, y su propietario debe ser un iluso si espera que alguien se moleste siquiera en preguntarle cuanto vale, me vino al recuerdo de cuando hace cuarenta y cuatro años, yo, como cito anteriormente, con mi familia y mi primer coche, hacíamos nuestros viajes. Pondré uno como ejemplo.
      
Me encontraba destinado en Velez-Málaga, que dista de Málaga unos veinte kilómetros,  y marchábamos a mi pueblo, Villaharta, que la distancia total a recorrer serían casi justos, unos 250 kilómetros. Yo siempre he sostenido que cuando se realiza un viaje, que no se hace todos los días, es una circunstancia especial y por tanto, lo primero que hay que hacer es madrugar y no levantarse a la hora cotidiana del día a día. Pues bien, cuando las primeras claras del día hacían su aparición, nosotros iniciábamos nuestro caminar, y para que sepáis la clase de conductor que yo era, y mi entusiasmo por la velocidad, mi mayor alegría era cuando aparecía una señal que prohibía circular a más de cuarenta kilómetros por hora, además de que el vehículo que conducía no era tampoco para superar marcas, así que casi siempre llevaba detrás de mí, más de un vehículo esperando de tener la oportunidad de adelantarme.   

Subiendo la carretera de los montes, por donde entonces solo podía irse hacia Córdoba, y cuando nuestro recorrido sería de no mas de treinta kilómetros, hacíamos la primera parada por que a uno de mis hijos le entró gana de "hacer pipí", y ya que habíamos parado, yo aprovechaba la ocasión para fumarme un cigarro, vicio al que entonces estaba sujeto, y eso sí, nunca lo hacía cuando iba conduciendo. Circulando por los llanos de Antequera, poco después de haber dejado atrás dicha ciudad, y llevar cuando menos sesenta kilómetros recorridos desde que salimos, y esta vez creo que a otro de mis hijos, ya no fue la gana de hacer pis, si no lo de un grado superior,  nueva parada, coche al arcén, él, alejarse y verificar su necesidad detrás de un olivo, y  yo otro cigarro que tampoco venía mal.

Con ese ritmo de marcha y paradas de trecho en trecho, rebasábamos la ciudad de Córdoba cuando bien pasadas estaban las dos y media de la tarde, por lo que bajo la sombra de una encina y junto a la pared de un cercado, escasos kilómetros después de atravesar la capital, extendimos sobre el césped nuestro mantel, sobre el mismo el condumio que llevábamos y a comer tranquilamente se ha dicho. Harto de comer...¿quién tiene gana de conducir? Yo por lo menos no la tenía, así que cigarrillo a la boca y a dormir una pequeña siesta, mientras mis hijos jugaban por aquellos campos y mi mujer, seguramente mirarse al espejo, pintarse los labios y a esperar que yo resurgiera del letargo en que me había sumido. Cerca de las cinco de la tarde serían cuando reiniciamos el viaje, pero aún para recorrer los aproximados treinta kilómetros que nos faltaban, hubimos de realizar dos paradas mas, para evacuar las necesidades mías, de mi mujer y de mis tres hijos, y ya de paso, otros dos cigarros que cayeron. Estarían al caer las siete de la tarde cuando felizmente llegábamos a mi pueblo. En total, unas once o doce horas, pero claro eran doscientos cincuenta kilómetros los que dejábamos atrás.

Cada vez que un coche de aquellos tiempos se me pone ante mi vista, no tengo por menos que traer a la memoria aquellos felices viajes, en que también, la distracción de mis hijos mientras íbamos circulando, era la de contar los coches que nos adelantaban. Lo que si puedo asegurar es que  ni una sola vez, me adelantó un carro. Pero también puedo decir. y ello me trae cierta nostalgia, de que nadie podía disfrutar en un viaje mas que nosotros lo hacíamos. El modelo del coche y la marca y su antigüedad, era lo de menos, el meollo de todo estaba en sus ocupantes.

Otra vez, no tengo por menos que decir... ¡Cómo pasan los años!

Hasta la próxima.

martes, 18 de febrero de 2014

Tres en uno



Leyendo el titulo de esta entrada no vayáis a pensar que hoy voy a tratar de un aceite multiusos, nada de eso, si no que en el día de hoy 18 de febrero, pero de distintos años, se han dado tres circunstancias, que han supuesto gran importancia en el devenir de mi vida, que a continuación voy desbrozar.
   
La primera, que lo fue el 18 de febrero de 1956, resulta que se celebró la "toma de dichos", como se dice aquí en Málaga, o el "otorgo", como se decía, cuando menos en aquellas fechas, en mi pueblo y que era el inicio del expediente para el próximo enlace matromonial o boda. 
    
Esto era una cuestión puramente de carácter religioso, y el párroco de la iglesia donde se celebraba esa toma de dichos, u otorgo, que se hacía generalmente en la  correspondiente donde residía la novia, o se iba a celebrar la boda, enviaba a la parroquia donde residía el novio, y también a la de su nacimiento, a fin de que se leyeran las tres amonestaciones que estaban reglamentadas. Esa lectura se hacía a lo largo de las Misas Mayores celebradas en Domingos o fiesta de guardar y tenía por objeto hacer saber a las personas que pudieran conocer al contrayente, si tenían conocimiento de algún motivo o causa que pudiera impedir tal matrimonio, y de ser así, lo comunicaran en aquel momento, y no estoy seguro, pero creo recordar, se añadía que de no hacerlo, se "callara para siempre" o algo parecido. Así que para que diera tiempo a que corrieran las tres amonestaciones, la toma de dichos se hacía cuando menos con un mes de antelación a la fijada para la boda. Demasiado "jaleo" para la inmensa mayoría de los contrayentes de hoy en día, que toman otro camino, cuestión que yo no voy a entrar en valorar, si lo uno o lo otro sea mejor o peor. Así era en la fecha en que yo me casé y así había que hacerlo, por tanto había que cumplirlo.

Un año después a la anterior efemérides, o sea el 18 de febrero de 1957, se celebró el bautizo de mi hijo mayor. Como se verá no se perdía el tiempo, ni como era casi general entre los recién casados, no solían hacerse cábalas para comenzar a tener, cuando menos el primer hijo.  Como no podía ser menos, el bautizó se celebró por todo lo alto y que en aquellos tiempos solía hacerse, aunque las limitaciones que la situación económica imponía, pero no faltaron a quienes, el vino les subió el ánimo y nos obsequió con un buen repertorio de verdiales, que una vez comenzó no había forma de pararlo.  Trayendo hoy al recuerdo aquella celebración, resulta que de todos los asistentes, solo quedamos en este mundo, mi hijo, por supuesto, el que nos obsequió con sus verdiales y yo. Cincuenta y siete años han pasado, y muchos son los que ese tiempo se ha llevado de entre nosotros. Así es la vida.

El tercero de los hechos de los que hoy se cumplen años, y que lo fue el 18 de febrero de 1997, era precisamente fecha en la que fui dado de alta de la operación de corazón  que se me practicó en el Hospital Parque de San Antonio de esta capital. Cuando aquel día salía del hospital acompañado por mis hijos, lo tengo presente como si lo fuere en este momento, al salir a la calle, el sentimiento de un porvenir tan sombrío se me vino a la mente, de lo que sería mi vida en lo sucesivo, que seguro en aquel instante no me hubiere importado dejar de existir. De reojo, miraba hacia atrás y sin que ninguno de ellos me dijera nada,  ni yo fuera capaz de preguntar, tenía la certeza que había sucedido, y que poco mas de un mes antes, entraba en aquel hospital llevando a mi mujer en estado bastante grave de salud. Aquel día, salía solo, y con el triste recuerdo de haberla perdido para siempre. Hoy, me admiro como es posible que semejantes hechos puedan sobrellevarse y soportarse por los seres humanos. También,  así es. 

Como puede comprobarse, hechos que se dan en un determinado día, y que precisamente coincide con la misma fecha, aunque de años diferentes, unos pueden ser de tanta dicha y sin embargo otros, te dejan rebanada el alma para toda la vida. Como vienen así, así también hay que admitirlo.

Hasta la próxima entrada.

martes, 11 de febrero de 2014

¡Cómo cambian los tiempos!



No sé como yo, y por ende todos mis coetáneos, no nos hemos vuelto locos al tenernos que amoldar, asimilar y adaptarnos al progreso experimentado en la vida desde nuestra infancia, e incluso ya bien entrada juventud, hasta nuestros días. 

El pasado jueves, cumpleaños de mi hija, le regalé un teléfono móvil en el que se le puede descargar, y así lo ha hecho, el sistema o procedimiento ese, tan en boga, llamado "WhatsApp". Por ejemplo, me maravilla que por ese procedimiento se hace una fotografía y acto seguido se procede a enviárselo a otra persona que incluso se halla a varios miles de kilómetros de distancia. Escasos segundos después, con un simple signo te indica que ya lo ha recibido y acto seguido te señala si ya ha sido visto o leído por el receptor. Pero es que si estas pendiente a ello, sabes si el receptor en ese instante, te está contestando sobre lo enviado, y antes de un solo minuto desde que se hizo esa foto,  ya la has enviado y tienes la respuesta de haberse recibido. Y, por ejemplo, cuando yo estaba en la mili, me sorprendía que me hacía una fotografía, me la entregaban dos o tres días después de hecha, y una vez en mi poder, se la mandaba a mis padres y dos o tres días que tardaba en llegar la carta, ellos la habían recibido, y yo me enteraba de que lo habían hecho, como mínimo otros tres o cuatro días después en que recibía otra carta de ellos anunciándome su recepción y lo "bien y guapo que había salido". En total en menos de dos semanas, fotografía hecha, enviada, recibida y acusada su recepción.

Claro que mi hija cuando nació, ya había televisión en mi casa, y cuando yo lo hice, en la de mis padres tenían que alumbrarse con un candil, pues la luz eléctrica llegó a mi pueblo cuando yo tenía siete u ocho años.
 
¿Podrían los jóvenes de hoy vivir como nosotros lo hacíamos en nuestra juventud? Vivir, lo que se dice vivir, si tendrían que hacerlo por fuerza de la supervivencia, pero solo por el mero hecho de quitarles sus móviles, con sus WhatsApp, sus Facebook, sus Twitter, etc., sería quitarles media vida. 

Y cuando yo era joven, que para poder hablar con la mujer a la que estabas pretendiendo de amores, eso que ya no se lleva, tenías que hacer un plantón de a lo mejor horas y horas, desde donde se divisara la puerta de su domicilio, para tan pronto la vieras salir, posiblemente para hacer cualquier recado, ir en su busca y poder estar junto a ella varios minutos, y en no pocas ocasiones, ese plantón que estabas haciendo resultaba totalmente inútil, ya que o ella no podía salir, no quería o a lo mejor no tenía siquiera la sospecha de que uno estuviera esperando que saliera, o lo que en no pocas veces sucedía, que su madre no la dejara salir porque no le gustabas como pretendiente para su hija. 

En fin, que como digo en el título de esta entrada... ¡Cómo cambian los tiempos!

Hasta la próxima, que si no en ella, lo haré en alguna que otra continuando con ese cambio al que nos hemos tenido que subir a ese tren del progreso, para no dejarnos arrastrar por él, todos  aquellos que vinimos al mundo años antes de la Guerra Civil Española.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¡Arriba el ánimo!


Unas fechas que me han traído al recuerdo infaustos acontecimientos, acompañados de un molesto resfriado, me han llevado al desánimo de no tener siquiera gana de realizar aunque fuere para salir del paso, una entrada en este blog.

Hoy, que esas fechas pasadas se han invertido al punto de recordarme que  fueron esos días de los mas felices e ilusionantes que puedan darse a lo largo de toda una vida, me han lanzado a ello, siquiera para señalar tales efemérides.

Sobre el día y la hora en que estoy escribiendo en este blog, 5 de febrero, pero del ya que se va quedando lejos año de 1957, venía al mundo mi primer hijo, por tanto hoy es su cumpleaños, y al que aunque ya lo felicité esta mañana, sirva esta entrada para reiterárselas.

Un matrimonio, cuando se cumplían diez meses de su celebración, verse premiado con la llegada de un hijo es el no va más de la felicidad, máxime al deseo que de ello teníamos sus padres, al punto, que al principio su propia madre incluso llegó a llorar por la tardanza de su concepción, pero como he citado a los diez meses   de la boda, llegaba al mundo el primer fruto. 

Luego, catorce meses después le llegaba un hermano, y aunque pueda haber quien piense que no fue recibido con la misma alegría, el deseo de tener hijos de lo que tanto mi mujer, como   yo mismo tanto de nuestro deseo era, que si el nacimiento del primogénito nos supuso el mayor premio que pueda recibir un matrimonio, la llegada de su hermano no lo fue en menos, y como luego fue sucediendo, la crianza de dos hermanos casi iguales, supuso, no solo para nosotros, sino para ellos mismos, la dicha y la felicidad que hoy, pasado ya  mas de medio siglo, quizá pueda haber dos hermanos que se adoren como ellos, pero lo que si estoy seguro, es que lo hagan con mayor cariño que ellos lo llevan.

Pero si hoy es el cumpleaños de mi hijo mayor, mañana, lo es el de mi hija, que cuando sus hermanos, ambos varones, el primero cumplía 7 años el día anterior y el otro estaba a punto de cumplir los 6, la llegada de la "niña" colmaba ya la dicha de un matrimonio. A ella también,  y con unas horas de anticipo, sirva esta entrada como la mas sentida de las felicitaciones.
 
Millones de veces he pensado que estaría siendo de mí, y que lo hubiere sido de mi matrimonio, si no hubiéremos sido premiados con la llegada de los tres hijos. A lo largo de toda la vida, y especialmente en la última etapa de la misma, es sin duda cuando mas se disfruta de ellos y, también, cuando mas se necesitan. Esa es la mayor riqueza que pueda atesorarse y precisamente, la que por mucho que de ella se goce, nunca se dilapida, como pueda suceder con las  materiales.
  
El llevar tantos años viviendo tiene estos contrapuntos, que  unos días te traen al recuerdo hechos que te rebanan el alma y al siguiente o unos después, lo son de todo lo contrario y que escasos son los que se te dan esa alegría, a lo largo de toda la existencia.

Si lo relatado en esta entrada, poco o nada pueda interesar a quienes tengan la osadía de leerla, cuando menos a mí me ha llevado a levantarme el ánimo al punto de llevarme hasta volver por estos menesteres.

Hasta la próxima.

domingo, 26 de enero de 2014

Triste aniversario



Hoy se cumplen seis años del fallecimiento de mi hermano Cesáreo. Después, y poco mas de dos años y medio le seguía mi otro hermano Antonio y casi cuatro posteriores, el último fallecido, José. Anterior a la muerte de mi hermano Cesáreo, hacía mas de setenta años y durante la guerra civil, lo hacía el anterior, pero solo cuando contaba unos meses de edad. 
   
Cuando se llega a estas alturas de la edad, traer al recuerdo estas efemérides, la verdad es que se te encoge el alma, pero también es cierto que ello te hace repasar aquellos lejanísimos y más difíciles tiempos, de cuando en torno a nuestros padres, los cinco hermanos que conseguimos superar el primer año de vida, lo hacíamos, si no sobrantes de recursos para las supervivencia, sí con la alegría de una prole que nunca les faltó el cariño y protección de sus padres, y que aquella armonía que se respiraba en aquel, humilde pero acogedor hogar, ayudaba a soportar las propias dificultades que las circunstancias imponían. 

Hoy, al comprobar, que primero mis padres y luego tres de los cinco hermanos, fueron desapareciendo, quedando solamente dos, el primero por edad que soy yo, y segundo mi hermana la última de venir al mundo de los cinco, se siente cierta sensación de orfandad, que como decía anteriormente, se te encoge el alma y hace que el ánimo te haga volver un sentido y querido recuerdo para todos ellos. 
  
Si el llegar hasta los años que yo ya tengo, gracias a Dios, y siempre como ahora me encuentro, te hace de gozar y  ver a toda tu descendencia en el modo y forma en que se desenvuelven, no te exime tampoco de ir acumulando jalones de hechos que van llevándose girones del alma por el dolor que  ello te han ocasionado y que sin duda es el tributo que hay que pagar por el goce de lo primero.
   
Como puede colegirse del tema y forma de ir desgranando el motivo de esta entrada, no es que de ello pueda infundir en el ánimo de mis, como siempre digo escasos lectores, para continuar su lectura, pero, y si así sucede, pido perdón por ello, pero como comprenderéis una vez el recuerdo acude al sentimiento, resulta casi imposible no dar rienda suelta a su enumeración y así descargar un tanto la tristeza que te ha ocasionado, y aceptar que aunque así sea, que menos podemos hacer por esos seres que por todo el tiempo que permanezcamos por este mundo, seguirán ocupando esos lugares preferentes que así lo hicieron durante el tiempo que lo estuvieron en nuestras vidas.

Seguramente la entrada de hoy, hubiere cuadrado mejor con el 
"día de perros" que hacía el pasado domingo, fecha de la anterior entrada, y no con el de hoy, que es uno de esos esplendorosos que  esta bendita Málaga suele regalarnos con frecuencia, incluso en el invierno. Pero, así son las cosas, y aquí viene a cuento un dicho, por cierto poco afortunado, que  se decía con frecuencia allí en mi pueblo, que lo era del siguiente tenor: "Donde se cae el burro, se le dan los palos", y como hoy se cumple el aniversario del fallecimiento de mi hermano Cesáreo, pues aunque haga un día verdaramente primaveral, no podía hacerse el pasado domingo.

En las próximas semanas, se cumplirán años, que no se me pasaran por el olvido, acontecimientos, uno, tan nefasto, que sin duda hasta entonces no  hubo otro que comparársele pudiera; los demás, tan venturosos como hasta entonces no me habían acontecido, y uno, el mas próximo en cumplirse su efemérides, tal que lo es en el día de mañana veintisiete, que  fue  en el que conocí a Gloria,  que después fue mi esposa y madre de mis hijos y que  hizo que mi vida tomara el camino  que mejor no pudo serlo en mi ya largo transitar por la misma.

Al tiempo que he dedicado a narrar todo cuanto antecede, he vuelto a dar un repaso casi por todo lo que ha sido, y está siendo, mi paso por este mundo, y que ojalá, todos los míos cuando hagan balance del paso por la suya, cuando por lo menos les alcance el punto donde yo me hallo, puedan hacer un balance tan favorable de todo su discurrir, como el mío lo fue, lo es, y pido a Dios así lo siga, hasta el final de mi trayecto.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 19 de enero de 2014

Un día de perros


Hay un dicho bastante extendido, creo que por toda España, que cuando hace un día muy desapacible se dice que "hace un día de perros". Pues en Málaga tenemos hoy un día de perros.

Hoy. al venírseme a la memoria la catalogación de un día como el de hoy, también me ha vuelto al recuerdo, un detalle del anecdotario de mi pueblo que cuando menos en mi juventud se hizo popular y seguro estoy perdurará todavía. 

Se trataba de lo siguiente: En Villaharta había dos hombres, uno quinto mío, y el otro quince o veinte años mayor, llamados Arsenio y Antonio, respectivamente. Asimismo en el pueblo a todo aquel que trabajaba poco o nada, se le llamaba que era "perro", y se daba la circunstancia que ninguno de los dos, Arsenio y Antonio, habían dado golpe en su vida. 

Resulta que en Villaharta hacía uno de esos días como el de hoy en Málaga, e incluso peor, cuando Antonio llegaba a la puerta de un bar que existía frente a la casa donde vivía Arsenio y donde éste se encontraba. Como quiera que Arsenio era un tanto, bastante, "tartaja", como se les decía a los que tartamudeaban, cuando Antonio llegaba, le proponía Arsenio: "AAAntonio, va, va vamos aaa tomar uuuna cococopa que que pa pa eeesso es nunueestro ddiddía". Claro Antonio, como ni se llamaban lo mismo ni habían nacido en el mismo día, le contesta: "¡cómo que hoy es nuestro día!" La respuesta de Arsenio fue la siguiente: "SSSí ssí por por por porque hahahace un un un dí dí día de de de pe pe perros". Desde luego la idea que a mi amigo Arsenio se le vino en aquel momento, no pudo ser mas genial y  acertada.

Ahora, también volviendo la vista a un pasado ya más lejano de lo apuntado anteriormente, me recuerdo asimismo de un día que aquel no es que se podía llamar de perros, sino hasta de lobos, que nos encontrábamos vareando aceitunas, hacía un viento del norte que dejaba helado al mas pintado, caía una llovizna de agua-nieve que al resbalarse por la vara que utilizábamos llegaba a meterse por entre las mangas de la ropa y brazo abajo solía llegar hasta el mismo pecho lo que hacía imposible el continuar trabajando, con lo que a las protestas del personal, el manijero se vio en la necesidad de suspender la faena, cuando aún faltaba mas de una hora para la llegada del almuerzo, o media jornada.

Ese día y otro del año anterior, cuando yo formando pareja con mi madre cogía aceitunas, en la misma finca, en La Calera, un día que había nevado y había que sacar las aceitunas de entre la nieve, son sin duda los días de mas frío y amargo de los que recuerdo pasé cuando trabajaba en el campo, y esto cuando contaba, quince y catorce años de edad,  respectivamente. Esos recuerdos me hicieron, y me hacen, saborear en mayor grado, los muchos días, e incluso años pasados a lo largo de ya mi larga vida. Lo raro, es con la entereza con que  se soportaban aquellas vivencias.

Bueno a ver si en la próxima entrada hace mejor día que el de hoy, aunque si es de agradecer, que cuando menos en los dos o tres días anteriores, ha llovido en Málaga, si no lo suficiente, si cuando menos para salir de la sequía en que nos hallábamos sumidos.

Hasta la próxima.