martes, 27 de agosto de 2013

Las vacaciones se acaban


A una semana vista, las vacaciones habrán terminado para la mayoría, de quienes cuando menos tienen la suerte de tener trabajo, así como también para los estudiantes. Todos los años cuando llega el mes de junio, me da gran alegría al considerar que nos hallamos a las puertas de las vacaciones y con ello poder ver a mis hijos y nietos que sin duda llevo varios meses privado de ello. A medida que el mes de agosto se va aproximando a su final, me sucede todo lo contrario, al verse cumplidas sus fechas de asueto.
 
Será porque yo, en mi juventud, estuve privado de ese período de descanso y del que solo se obtenía cuando la falta de trabajo obligaba a ello, hoy valoro más ese tiempo en que generalmente,  además de aislarte del cotidiano trabajo, te la da la oportunidad de reunirte con familiares o amigos,  y, al propio tiempo disfrutar bien de la playa, la montaña o simplemente alejarte de la rutina de todo el año.  Trayendo al recuerdo aquellos años, hasta mi ingreso en la Guardia Civil,  en que  toda mi alegría, y como no, de todos mis coetáneos también, era la carencia de esos días de vacar porque se tenía un trabajo y que cuando así era, incluso no se descansaba día alguno, y cuando ello ocurría, llevaba consigo la pérdida del sueldo  correspondiente al día no trabajado. Estas generaciones posteriores a la mía, se preguntarán para sí, como era posible que ni un solo día del año en que no se asistiera al trabajo, por la causa que fuere, no se recibía el salario, incluso en los casos de fuerza mayor, cuando un día de lluvia en el campo por ejemplo,  te obligaba a la no asistencia al tajo.

Pues así era, y aunque aún pueda parecer que nosotros mismos éramos los culpables de ello, no era así, sino que esa era la forma de vivir de entonces y que venía arrastrada desde seguro, siglos atrás, y el conformismo tan arraigado estaba en las mentes de los trabajadores, que como antes he citado, la mayor de nuestras alegrías era cuando, aún sin un solo día de descanso, seguro durante algunos meses seguidos, no faltaba donde poder obtener ese, aunque mísero jornal, que cuando menos ayudaba a la pervivencia de las familias, que era casi lo máximo a que se aspiraba.
  
Esa diferencia, para mejor, por cuanto al modo y forma del trabajo de aquel ayer al hoy, es otra de las muchas obtenciones en la manera y desarrollo, no solo de trabajador, sino que ello ha trascendido a todo el entorno del mismo.  El mero hecho de traerlo a la memoria, da la sensación de haber venido de otro mundo  de donde, hoy, parece imposible el soporte de semejante forma de vivir. Muchas veces, cuando los ya metidos en años contamos, incluso a los nuestros, aquella vida, parece que incluso al escucharnos dan en   pensar que  no sería para tanto, y es que no conciben que tal fuera el discurrir nuestro.

Si es cierto, y como decía Cervantes, que "en la adversidad se forjan los grandes corazones" y cuando nos ha llegado, como reza el dicho "el tiempo de las vacas gordas", sabemos apreciar más y mejor el cambio obtenido, que claro, como ellos, vinieron a este mundo cuando ya se transitaba por otros senderos distintos a los que a nosotros nos tocó atravesar, carecen de la referencia de la  que nosotros tuvimos, para su beneficio, claro.

Aquellos abuelos, bisabuelos, e incluso nuestros propios padres, cuando contaban con la edad con la que yo tengo hoy, que estaban a expensas de sus hijos con los que solo podían compartir las muchas carencias que en aquellos hogares había, a mí, solo, y pasados tantos años de su desaparición, se me parte el alma de pensar cuanto hubieron de soportar en su paso por esta vida. Vaya para todos ellos, mi sentido recuerdo.

Hasta la próxima, que seguro como creo cité por estas fechas en algún pasado año, ya estará "cada mochuelo en su olivo", el equivalente a cada cual en su sitio. 

martes, 20 de agosto de 2013

El teléfono entonces



La entrada de hoy obedece a una indicación de mi editor, por tanto un nieto mío, el que cuando hace un par de días y como consecuencia de contarle algunas de las anécdotas de mi pasado, cuestión que tanto nos gusta a los "mayores", me dijo que la misma la pasara a este blog para conocimiento  de los demás.
  
Pues allá va. Creo podía ser a primeros del año de 1935, poco tiempo después de instalarse el teléfono en mi pueblo,  cuando mi abuela paterna y a eso de las once de la mañana, poco más o menos, recibía un "aviso de conferencia" de su hijo Antonio que se hallaba destinado en Albacete como Guardia Civil. Aunque no recuerdo la causa o motivo de que mi tío deseara celebrar una conferencia teléfonica con su madre, pero la cuestión debió de ser de sumo interés o trascendencia. El mencionado aviso, me parece era para celebrarla sobre las doce o una de la mañana. La noticia trascendió a toda la familia y posiblemente hasta algunas personas ajenas a la misma. Tras varios anuncios de demora para la celebración, debió verificarse cuando menos sobre las cinco o las seis de la tarde.

En el momento de que mi abuela era llamada a pasar al locutorio, ya que su hijo se encontraba dispuesto para hablar con ella, en una antesala al mismo, nos hallábamos cuando menos ocho o diez miembros de la familia, entre hermanas y sobrinos de quien había iniciado tan interesante acontecimiento. 

Una vez mi abuela estuvo al corriente de cuanto su hijo le comunicaba, que como digo anteriormente debía ser noticia o motivo muy importante, uno tras otro de todos los familiares que allí esperábamos tan  novedoso acontecer, entre ellos yo, tomamos el teléfono y cruzamos algunas palabras con mi tío, al que seguramente debió costarle la broma por lo menos la mitad del  sueldo de un mes, que a la sazón no debía de ser muy alto. Tanto mi abuela como el resto de familiares que tuvimos la dicha de poder hablar por teléfono aquel día, lo hacíamos por primera vez en la vida. En aquel tiempo no había ningún teléfono en domicilios particulares, y todas cuantas conferencias habían de celebrarse, eran precisamente previo anuncio y en la central que estaba establecida en una casa frente a la iglesia del pueblo. Yo, once años después volví a hablar por teléfono y precisamente desde la propia central, pero esta vez gratuitamente, y fue durante la celebración de una de las noches de "quintos", de mi reemplazo, echándole serenatas a las telefonistas de pueblos limítrofes, debido a que uno de los quintos, era hijo de los propietarios de la casa donde estaba instalada la central telefónica, y de los tres que formábamos la orquesta, él tocaba el violín; otro amigo mío y también quinto, las maracas; y yo tocaba la guitarra. Más que tocar la guitarra, lo que hacía era formar ruido con ella, aunque a través del hilo telefónico no se notaba mi incompetencia en la materia y por las receptoras de las serenatas lo agradecían bastante, dado a que les hacíamos pasar parte de la noche un tanto distraídas. 

La primera de la cita fue mi bautizo por cuanto a hablar por tan importante y moderno medio de comunicación.

Pero el estancamiento en cuanto a la verdadera modernización del medio, duró muchos años, y a este respecto voy a citar unos datos de los que era testigo directo, y extrañaran más, debido al punto donde se daban.

Allá por los años 1956 y posteriores, perteneciendo yo al Servicio de Información de la Guardia Civil aquí en Málaga, cuando teníamos URGENTE necesidad de comunicarnos por teléfono con alguna otra ciudad española, habíamos de recurrir a un Guardia que pertenecía también a dicho Servicio y a la sazón tenía una novia que trabajaba en la Central Telefónica aquí en Málaga, a fin de que agilizara en el tiempo la celebración de la conferencia interesada, dado a que si no, eso de la "demora", era cuestión frecuente en la consecución de lo solicitado, que en ocasiones podían "demorarse" varias horas.

Si en todas las circunstancias reseñadas, me hubieren dicho que hoy, todas las noches a la hora que tengamos por conveniente, pueda hablar con alguno de mis hijos, que uno está en Madrid y otro en Zaragoza y a la vez vernos el uno al otro, y es más, hace dos años que mi hija estando en los Estados Unidos de América, celebrábamos a diario tales vídeo-conferencias y a la vez gratuitamente desde nuestros ordenadores y a través de Skype, diría que estaba mal de la "azotea" de quien me lo comunicara.

El haber sido testigo de estos cambios en este y en muchos sentidos de la vida, es cuando menos el premio al haber nacido hace tanto tiempo y permanecer aún por estos mundos de Dios.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 17 de agosto de 2013

Día de recordaciones


Esta mañana mi hijo José Carlos y su mujer han dado por finalizadas sus vacaciones aquí en Málaga, en mi casa, saliendo para su residencia en Zaragoza. Este año ninguno de sus dos hijos han podido siquiera venir unos días, debido a sus ocupaciones.

Anoche estuvimos cenando en casa de mi hija, con mis tres hijos, sus respectivos cónyuges y solo tres de mis seis nietos, lo máximo que este año en esta y otra ocasión nos hemos podido reunir. El paso de los días va poniendo las cosas en su sitio, según las situaciones  en que a cada uno lo lleva. 

Mirando al pasado, reciente y no tan reciente, no teniendo por menos que con ese gusanillo de tristeza que se apodera del ánimo cuando un ser querido se ausenta por algún tiempo, traer al recuerdo todo un pasado, incluso de hasta mi ya lejana infancia, de aquellas reuniones con mis hermanos, que ni pudieron ser muchas y pocas las que motivaron la celebración de venturosos acontecimientos. Luego pasas al recuerdo de la crianza de los propios hijos, el devenir de cada uno de ellos y que en el día a día parece que el tiempo se resiste a ir pasando, pero que luego en un abrir y cerrar de ojos, sus propias circunstancias los hace ausentarse e independizarse, que a la vez que cada uno lo va realizando son girones del alma que se van desgarrando del sentir de los padres, pero como en mi caso ha sido, al tiempo que cada ausencia dejaban también felices sensaciones, debido a que sus motivaciones lo fueron siempre por venturosas circunstancias, y sin que siquiera te dé tiempo a reaccionar, comienzan a llegar los nietos. De éstos y como he citado anteriormente, seis, y todos varones, han sido los que me han llenado de la ilusión y el gozo que a los abuelos le suponen la llegada de los hijos de tus hijos.

Si el paso de los días parecen volar, su máxima velocidad parece experimentarse en la contemplación del devenir de los nietos, que cuando aún parece estar contemplándolos en su mas tierna infancia y la llegada del primero hasta el sexto, como en mi caso lo ha sido, no te ha dado tiempo, o el propio subconsciente no lo acepta de que pasan volando los años, y a la vez que a ellos les va colocando en las situaciones  que sin duda van deseando, a uno, en este caso a mí, se me acumulan tantos, que su propio peso
te hacen experimentar las dificultades que ello trae consigo, y posiblemente no nos traiga el desánimo de sentirnos "viejos", porque el recreo que mirarte en ellos, los nietos y sus padres, supone que tiempo no te deja para emplearlo en mirarte a tí mismo.

Así, cuando todas las ambiciones propias estan mermadas, e incluso desaparecidas, que sería lo suficiente para hacerte el vivir sin aliciente alguno, el mirarte en tu rededor, de todos esos seres que sabes te quieren, te hacen saborear en su más alto grado, el gozo de estar transitando por esta vida, y me atrevería a decir, que incluso más, que lo pasado, tal vez por el sosiego y la serenidad, que posiblemente, sea lo mas valioso, que el llegar a estas alturas de lo años acumulados deja en nuestros sentires.

Sorprende que apetencias pasadas, de las que posiblemente muchas fueron conseguidas, otras frustradas y otras solo soñadas, desaparecen totalmente con ese paso del tiempo, y solo se da la consideración, que ninguna otra comparársele puede, a como cito anteriormente y muchas veces lo he repetido, el goce y disfrute de mirarte en esos seres por quienes estarias dispuesto a darlo todo, incluso esa propia vida, de la que sin ellos no tendrías razón de seguirla viviendo.

Tampoco en estas circunstancias quedan sin venirte al recuerdo esos seres, aquellos que se fueron, y que sin dejar de enorgullecerte de los que tienes, puedes, y menos debes, dejar en el olvido.

Hasta la próxima, que no se que motivo o recuerdo trataré en ella.

domingo, 11 de agosto de 2013

¿Vaguera? Para algunas cosas sí...




Cuando esta mañana me dispongo a entrar en el blog, me doy cuenta que llevo ya nueve días sin hacerlo, lo que creo que, salvo por razones de salud, en pocas ocasiones mi vaguera ha llegado a tanto. No es que tenga una obligatoriedad de escribir cada equis días, pero creo da la sensación de estar abandonando cuando menos una ilusión que es lo que me produce el hacerlo y adermás a que, mis escasos, pero selectos  lectores, tengan  cuando menos donde invertir un rato de su tiempo para ver lo que se me ha ocurrido contar hoy.

A decir verdad, así como señalar un recuerdo de una efemérides digna de ser contada, durante el período de días que llevo sin escribir no se me viene a la memoria, aunque siempre no falta alguna simpleza que contar, cuando uno se pone a escribir. Lo que sí puedo decir, y que a lo mejor es el motivo de mi tardanza, es que mi actividad social durante estos días que llevamos transcurridos del mes de agosto ha sido frenética, por cuanto a una persona de mi edad pueda ser normal, pero unos días por una cuestión y otros por otra, se han ido engarzando unas con otras, como Don Quijote decía que su escudero hacía con los refranes. En realidad no es que haya sido de propósito esa actividad social, en referencia a cuanto señalaba en unas de mis anteriores y recientes entradas, como consecuencia de haber salido de la contrariedad en mi estado de salud por el que atravesé y que creo recordar decía algo así como que, en el futuro, me dispondría a disfrutar todo lo posible, sino que como he contado antes se ha presentado así, casi siempre no propuesto ni proyectado por mí, pero tampoco es que me haya resistido a aceptar el ofrecimiento que se me haya hecho.

Ahora, cuando por las fechas en que nos encontramos, y al relatar lo de que a mis años llevo bastantes días, vamos a decir que "disfrutando de la vida", me vienen al recuerdo, de que por iguales fechas, pero de hace algunas, años más y algunos menos de los setenta transcurridos, o sea desde los quince a los diecinueve años de edad, cuando me hallaba en los que posiblemente más los hubiere necesitado, me marchaba a trabajar a la finca de La Calera, y que miles de veces he citado en mis diversas entradas en este blog, y me pasaba incluso un mes seguido sin ir siquiera al pueblo, ni tener mas distracción que el trabajo y la relación, aunque siempre cordial, con los compañeros de faena. Eso sí, el comparar el discurrir de mi vida en la actualidad, a como lo hacían durante su vejez, incluso mis padres y sus coetáneos, y quizá, no porque no hubieren hecho méritos para ello, no existe ni la posibilidad de poderlo comparar, asi que por tanto, no tengo por menos que dar gracias a Dios que en este tramo de mi vida, en el que como digo, en mi juventud, los que atravesaban por esta etapa, la inmensa mayoría estaban a expensas de lo que, incluso con gran sacrificio podían recibir de sus hijos, que en la que generalmente, solo podían repartir necesidades y escaseces. A mí, me tocó vivir una infancia y primera juventud  de grandes dificultades, de las que mis padres no tuvieron suficiente con padecer las suyas, sino las que vieron soportar incluso a sus hijos, cuestión que una vez ya pasados los veinticinco años, yo dejé poco a poco atrás en el tiempo, a mis descendientes, desde su inicio no han tenido que soportarlo, y yó, como digo en esta entrada, llevo bastantes días, lo que para mis ascendentes hubiere también deseado. Y, lo que si es cierto, es que he llegado a la conclusión, que para disfrutar de la vida, la edad, cuando menos hasta ahora, para mí no ha sido óbice, aunque eso sí, la salud sobre todo es imprescindible, y como no alguna que otra "cosilla", que por fortuna me acompaña, en todos los órdenes.

Bueno, no es que sea nada interesante para quienes tengais por costumbre y fuerza de voluntad entrar en las lecturas de mi blog, figuran en la entrada de hoy, pero con ello yo he salido del paso y quitado un peso de encima, pero a la vez he dicho a los cuatro vientos, que llevo bastantes días "pasándomelo en grande",  como suele decirse.

Hasta la próxima, que espero tenga algo mas de aliciente.

viernes, 2 de agosto de 2013

El mecanógrafo



Era el día 2 de agosto pero de 1946. Hoy precisamente se cumplen 67 años, en que tocaba por primera vez una máquina de escribir. Los que no estéis al tanto del caso, exclamaréis ¡pues vaya noticia que no da hoy éste! Pués la noticia en sí no será muy importante, pero el "caso"  a que da lugar el citarlo hoy, si lo fue en su día.

Quienes hayais leído mis memorias, o tres entradas que hice en este blog en 31 de julio y 1 y 2 de agosto de 2008, sabeis demasiado que la cosa tuvo su aquél. Y aunque sea brevemente a continuación trataré de explicarlo a fin de que lo conozcais, aquellos que como cito no lo sepan.

Resulta que sería mediados del mes de julio del mencionado año 1946, hallándome cumpliendo el servicio militar en el Regimiento de Artillería número 14, cuyo acuartelamiento estaba en Pineda, extrarradios de Sevilla, cuando el Sargento de Semana después de pasar la Lista de Retreta, que para los no iniciados diré que es la última que se pasa en el Ejército cada día, citaba una orden que procedente de Capitanía General de la 2ª Región Militar, ubicadas sus oficinas en la Plaza de España de la mencionada capital sevillana, solicitaba personal voluntario para ordenanzas, escribientes y mecanógrafos en las mencionadas oficinas. Para ordenanzas, fueron bastantes los que dieron el paso al frente  al punto de que el Sargento, solo tomo nota de tres o cuatrro de ellos; para escribientes, también fueron varios los que deseaban dicho destino, pero para mecanógrafo, nadie salía. En vista de ello, y sin lugar a dudas ha sido lo mas descabellado que haya hecho en la  vida, y con la agravante de que ni siquiera había tocado nunca una máquina de escribir, di un paso al frente para que me incluyera en lista solicitando como tal el destino de mecanógrafo., creyendo quw no me llamaríanm aunque sí me hubiere gustado serl

El día 31 del mencionado mes de julio y tras ser leída la citada Lista de Retreta, en nota que aparte tenía sobre sus manos el Sargento, leía lo siguiente: "El Artillero Rafael Galán Rodríguez hará su presentación con la máxima urgencia en las Oficinas de Capitanía General de esta Región Militar, donde ha sido destinado como mecanógrafo". ¡El mundo se me vino encima! Yo, que hasta mi ingreso en el Ejército solo había efectuado los diferentes trabajos del campo y los dos años anteriores a mi ingreso, trabajando en una mina de carbón, y que como citaba anteriormente, ni siquiera había tocado jamás una máquina de escribir... ¡Hala! destinado nada menos que como tal mecanógrafo a las oficinas de la Capitanía General.

Al siguiente día, primero de agosto, que como suele decirse, "con más miedo que vergueza", salía del Regimiento rumbo a mi nuevo destino. Al verificar mi presentación ante un Brigada, donde me indicaron había de hacerlo, al preguntarme a qué oficinas iba destinado, cuestión que no me lo había dicho el Sargento la noche anterior al darme la noticia, y tras algunas llamadas de teléfono a distintas oficinas, dicho Suboficial no consiguiendo averiguar mi destino, me indicó volviera al Regimiento y me dijeran que oficina o Negociado era quien me reclamaba, lo que así hicieron.

Aquellas veinticuatro horas, fueron para mí, como si un condenado a muerte cuando lo van a ejecutar aplazan la ejecución para el siguiente día a la misma hora. Pero esas veinticuatro horas pasaron mas veloces de lo que yo hubiere deseado no llegaran nunca. Y así llegó aquel 2 de agosto de 1946, serían aproximadamente las once de la mañana, verifiqué mi presentación ante el mismo Brigada, al que le indique cuanto me había sido informado en el Regimiento, y que era en concreto la Zona de Reclutamiento y Movilización número 9, dependiente del Gobierno Militar. Hacía un calor sofocante. Yo portaba una maleta de madera, que hace pocas fechas citaba cuando me incorporé a Málaga como Guardia Civil. Desde los sótanos de Capitanía donde tenía su oficina el Brigada a quien me había presentado y a quien acompñaba hasta mi nuevo destino, hubímos de subir por una escalera de las llamadas de caracol con 108 escalones. El contenido de la maleta, no recuerdo exactamente, pero poco mas o menos pesaba como si fuera vacía, no obstante ello el mismo estado nervioso que llevaba por el resultado de cuanto pudiera suceder al descubrirse que ni puñetera idea tenía con respecto al destino que se me hacía, y sospechando que a lo mejor hasta pudieran mandarme un mes al calabozo, aquellos 108 escalones que hubimos de subir, yo hubiere preferido que no hubieran terminado nunca, pero pronto me hallé antes unas oficinas, en la que tras pasar una puerta de grandes dimensiones, sobre una ventanilla abierta en una mampara de madera y crital, figuraba el siguiente rótulo "ZONA DE RECLUTAMIENTO Y MOVILIZACIÓN NUMERO 9", Aquello me pareció un epitafio puesto a mi medida.

Abreviando y tras un pequeño trámite entre el Brigada que acompañaba y otro del mismo empleo, encargado del personal de la oficina receptora, fui presentado ante un Capitán a quien debía prestar mis servicios como tal mecanógrafo.

Yo como todo capital llevaba encima solamente un sello de correos que tenía guardado con el fin de escribir a mis padres y contarle donde pudiera encontrarme, ya que fusilarme no creía pudieran llegar a hacer conmigo. El Brigada, hizo de mí la siguiente presentación: "Mi Capitán aquí le presento el mecanógrafo que había solicitado". Poniéndose a sus órdenes se retiro, y allí quedaba yo SOLO ANTE EL PELIGRO. 

El Capitán tras ofrecerme su petaca de la que eché cantidad como para un cigarro, tuvo que darme papel de fumar para liarlo y además ofrecerme un enendedor para para prenderle fuego, que previas preguntas le contestaba que carecía de todo, y que finalmente me dió la siguiente respuesta: "Pues vienes tú como para irte de juerga".

Tras todo este prólogo, yo parecía ya estar dispuesto a afrontar todas consecuencias que pudieran sobrevenirme, de lo que sin duda era merecedor, pero lo que fuera a ser que lo fuera ya. Y así fué.

Señálándome una máquina de escribir marca "Underwood", que había a la derecha de la mesa que el Capitán ocupaba, me dice bueno vamos a trabajar. Con mucho mas aplomo del que antes presumía tener, y pensando que allí estaba yo para afrontar las consecuencias, le respondí: "Mi Capitán. yo no soy mecanógrafo y ni siquiera he tocado nunca una máquina de escribir".  Aquel Capitán sin lugar a dudas sufría la mayor sorpresa de su vida. Me añade: "Entonces es que te han mandado equivocadamente". Le conté todo tal había sucedido. Creo que ni se acordaba que tenía un cigarro en su mano. Primero se quedó mirándome fíjamente, creo que pensando "qué hago yo con este tío". Tras un breve paréntesis, elevando su mirada al infinito, tal vez pensando la condena que merecía, me espetó asi de sopetón: "¿Tú tienes interés en aprender a escribir a máquina?" Como era cierto, le respondí que era lo que más deseaba en aquel momento. Sentencia final: "Entonces no te preocupes, verás como pronto te enseñas". Como he comentado muchas veces, aquel hombre hasta lo hubiera colmado de besos en aquellos momentos, y si no lo hice no fue por falta de deseo, pero como soldado ante un Capitán, hube de contenerme

Sin salir ni una sola tarde después de las horas de oficina, gastando infinidad de cuartillas y fólios, y trás haberme comprado un librito cuyo título recuerdo era "Mecanografía al tacto". Aproximadamente un mes despues, trabajábamos, digo yo, trabajaba como un mecanógrafo de mediana capacidad para arriba. 

Aquello con el paso del tiempo me sirvió mucho en la Guardia Civil.

Asi que hace hoy sesenta y siete años comencé mi enseñanza de mecanografía. Vaya otra vez mi agradecimiento a aquel Capitán, que para mi tenía mas madera de Santo que de militar.

Hasta la próxima entrada.

viernes, 26 de julio de 2013

Sí, sesenta y tres años



Sí, hoy se cumplen 63 años. Sesenta y tres años son toda una vida, pues toda una vida hace que llegué a esta bendita Ciudad de Málaga.

Aquel 26 de julio de 1950, poco después de las ocho de la mañana, tomaba un autobús en el entonces, y hoy también, llamado Cruce, que dista de mi pueblo dos kilómetros,  que me llevaría hasta Córdoba capital. Unas horas de espera en la Estación férrea de dicha ciudad y sobre las once y media de la mañana tomaba el tren correo con destino Málaga y que había partido de Madrid la noche anterior. Una humilde maleta de madera y que me había servido cuando me incorporé al Ejército en la que contenía unas mudas de ropa interior, un uniforme de servicio, y los útiles necesarios e imprescindible para el uso de aseo cotidiano. Sobre el brazo y como no tenía espacio para meterlo en la maleta, llevaba el llamado capote reglamentario. Yo vestía el uniforme de Guardia Civil,  no ha muchos días estrenado, cuando salía de la Academia de Úbeda, una de las cuales tenía entonces el Cuerpo en dicha ciudad. Hacía un día de calor de esos que son cotidianos en estas fechas y por el lugar donde me movía. Como queda demostrado con lo dicho anterior, mi bagaje era tan humilde como escaso. El uniforme reglamentario llamado de paseo, en la Guardia Civil, para las clases de tropa, era además del pantalón, botas de color negro, guerrera abrochada hasta el cuello, y el propio cuello de la guerrera igualmente abrochado con una presilla metálica; cinto y la pistola reglamentaria del calibre 9m/m largo enfundada y colgada en bandolera. Por añadidura era obligatorio el uso de guantes durante toda época del año. Si la indumentaria que obligado  a ello llevaba colocada. hacía casi insoportable el calor reinante, podría añadirle otra cuestión, que posiblemente hacía menos ilusionante mi destino y venida hasta la hoy llamada Capital de la Costa del Sol, y era la mala catalogación y fama que para la prestación del servicio,  entonces tenía esta Comandancia, que a la sazón era la número 137ª.

Mi arrribada a Málaga, lo fue aproximadamente a las cinco y media de la tarde, tras unas seis horas de viaje desde Córdoba. Todo un récord. He de confesar que la primera impresión que tuve de la ciudad al ser transitada desde la estación hasta el acuartelamiento ubicado en el entonces llamado Pasillo de Natera, no fue muy favorable, e incluso la encontré, digamos no muy limpia.

No obstante y pese a todo lo señalado anteriormente, por mi mente bullían grandes esperanzas e ilusiones de lo que pudiera alcanzar en el futuro, dado que me estrenaba en una profesión y mi pertenencia a una institución que lo venía soñando desde hacía algunos años. Aunque mi primer destino dentro de la Comandancia y fuera de la capital, no fue de lo mejor que había, sin duda y por esa ilusión que digo me traía de ser Guardia Civil, e incluso dada la dureza y duración de los servicios que había de prestar, lo tomaba con un talante de tan buena disposición, que hasta diría gozaba con ello.  Recién cumplido un año en mi primer destino y previa petición, pase destinado al  Puesto de la Aduana de Málaga, y como una bendición de Dios, solo dos meses después pasaba a ocupar un destino de los de libre designación, que terminó de llenar todos cuantos deseos y aspiraciones hubiere soñado. A partir de entonces y como reza el dicho, ya "todo fue coser y cantar".

Todo lo que mi paso por la Guardia Civil ha sido, lo he repetido hasta la saciedad en todas cuantas ocasiones se me han presentado, tanto escrito como en conversaciones y relatos orales, pero si aquellas esperanzas e ilusiones que decía bullían por mi mente cuando, y hoy se cumplen 63 años, aunque ni siquiera sabía lo que realmente deseaba ni podía esperar, justo en este momento, confieso con toda la solemnidad de que sea capaz de darle a este relato, alcancé muchísimas mas prebendas, tanto en el servicio, que ya es importante, mucho mas lo fueron en el terreno personal, que puedo gritar a los cuatro vientos, que lo fue,lo era, y lo está siendo como ni imaginarlo lo hubiere podido, sin duda superior a todo merecimiento, y que de volver a nacer, si parecer me tomaran a lo que desearía en mi vida, solo diría tajantemente:

COMO HA SIDO, Y ESTÁ SIENDO ÉSTA

Hasta la próxima entrada.

martes, 23 de julio de 2013

Caminando a bordo del tiempo




Cuando los años rebasan los que se desearían tener, solo con pararte un instante a mirar hacía atrás, puedes observar, como a medida que han ido sucediéndose el paso de los días, todo, o casi todo va cambiando, en ocasiones para bien, en otras no tanto, y en otras para lo más malo o lo peor. A veces, unos con otros acontecimientos se alternan tan de momento, que no te da tiempo a lamentarte del mal acaecido, o de deleitarte del bien pasado. Quizá en mí, en un periodo de aproximadamente un mes, se me ha dado tal circunstancia. Allá por la primera quincena del pasado mes de junio, se me dio una de las crisis en cuanto a mi salud se refiere, de las que como se dice en el inicio del Quijote, de cuya cuestión no quiero acordarme. Sin duda fueron días, de los que aún mermado de facultades para su recuerdo, han conseguido dejar cierto poso de desventura, que como indico anteriormente quiero pasarlo al rincón del olvido. A escasos días del inicio de mi dolencia y como consecuencia de la pericia del médico que me operó, con la ayuda de Dios, y como no, con la añadidura del cariño y cuidado de todos los míos, comencé una recuperación que pronto me sentí casi totalmente repuesto del trance sufrido. 

En el día de ayer, acudí a la última cita que por el momento me tenía hecha el doctor que me intervino, y a la vista de las diversas pruebas realizadas sobre el particular, puede decirse que ninguna secuela desfavorable  me ha quedado, dándome el consejo de poder realizar una vida de total normalidad, salvo algún que otro consejo, que bien podrían habérseme dado por alguno de mis hijos o algún otro ser querido.

Pero recurriendo a uno de los mas populares dichos, lo doy por aceptado eso de "que no hay mal que por bien no venga". No se si como su consecuencia o que tal vez lo haya sido por casualidad, desde que fui dado de alta del hospital, hasta incluso el día de la fecha, en primer lugar, tengo la sensación, no la sensación, sino la certeza, que de todos esos seres queridos que me rodean a los que me parecía que ya era imposible el apreciarlos más, ahora es verdadera la adoración que por todos ellos siento, y que ninguna otra cuestión en la vida puede comparársele. Teniéndolos conmigo, por mas que satisfecho me doy.

Por otra parte, y posiblemente también por pura coincidencia, en ese espacio de tiempo, he tenido la suerte de asistir a varios eventos, especialmente comidas y cenas, de lo cual nunca me habían parecido el obtener de ello tal deleite y satisfacción. Pudiera destacar entre ellas, una cena  en beneficio de una ONG, en el muelle número uno del Puerto de Málaga; otra cena, ésta celebrada en un Restaurante de Marbella, para mí uno de lugares mas románticos y bellos de los que hasta entonces había asistido, y, por último, hoy mismo una comida en compañía de mi hijo mayor, y de un entrañable amigo, que por añadidura es hijo, del que no lo fue menos entrañable su padre, durante muchos años, y me ha traído al recuerdo, las muchas veces que con él y otros compañeros, lo hicimos a lo largo de una travesía bastante dilatada.

A todo esto que dejo señalado, nunca hasta ahora, dejaba en mí ese regusto de estar deleitándome tal me sucede actualmente. Y conste, que no organizado a propósito como tal desquite de mi reciente contrariedad en la salud, sino que creo que el propio subsconsciente te dicta y señala, que en cualquier momento puedes recibir el desenlace final, y los que hemos tenido la dicha de venir al mundo, con la añadidura de lo bienaventuranza que la mía ha sido, gocémosla tal se lo merece el que hayamos sido unos de los elegidos en venir a la vida.

Posiblemente la satisfacción y la alegría de haber remontado con todo éxito mi ultima peripecia por cuanto a mi estado de salud, me haya vuelto un tanto eufórico y lo que si es cierto que el mundo lo contemplo con otro color, que pese a lo bello de mi contemplación anterior,no ha sido óbice para que aun haya podido ser mejorado.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 11 de julio de 2013

11 de julio. San Benito

Romería de San Benito Abad en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Sin duda y en relación a esta efemérides, comprendo sea demasiado pesado en cuanto a recordarlo de aquel del que hoy hace ochenta y dos años, y que tanto, todos los míos, como los que llevéis algun tiempo haciendo entradas en este blog, ya tenéis demasiado conocimiento, dado a que ni un solo año dejo de citarlo.

Hoy, solo unas cuantas palabras para refrescaros la memoria y decir que se trató que aquel 11 de julio de 1936, ya en las mismas vísperas del inicio de la Guerra Civil Española, que fui llevado por mi padre para el cumplimiento de una promesa, que con motivo de una alteración en mi salud hizo mi madre y que habría de cumplirse yendo a la ermita de San Benito, de la localidad de Obejo, limítrofe con Villaharta, mi pueblo. Ya creo que en esta fecha del pasado año, hice un pormenorizado relato de aquel acontecer. 

Llegar esta fecha y transportarme en el recuerdo hasta aquel lejanísimo día, parece como si me adentrara en un mundo tan distinto, como distante del actual, que lo único que no ha variado es que yo en este instante estoy siendo el protagonista de ello, y que al igual lo fui hace esos ochenta y dos años. Sin embargo, esta entrada de hoy está especialmente dedicada a esa mi madre, que aún haciendo ya más de 19 años que nos dejó para siempre, como el recuerdo de una madre, creo es lo último que pasará por el recuerdo antes de traspasar el umbral de la vida hacia la muerte, pienso que de haber seguido viviendo hoy, posiblemente también hubiere prometido a lo mejor, hasta de habernos trasladado los dos hasta Obejo y con ello dar las gracias al santo del que hoy celebra su fiesta la mencionada localildad, por haber salido victorioso del contratiempo por cuanto a mi salud he padecido recientemente. Y es que, pese a que los años transcurran y muchos sean los que la autora de nuestros días haga que nos dejó, cada vez que un contratiempo, máxime si encierra cierta gravedad, cada lamento, cada quejido que la propia dolencia te haga dar, siempre, siempre, siempre, ese ¡ay!, va seguido de la palabra "madre", que sin duda en ningún otro refugio encontrará tanto amor,  cariño y deseo de curación.

Igualmente y trayendo a la memoria, la primera vez que yo salía de mi pueblo, salvo aquella que cuando contaba cinco meses de edad mis padres me llevaron a Pozoblanco donde me hicieron la primera fotografía de mi vida, también he recordado a mi padre, dedicando por tanto esta humilde entrada como homenaje de gratitud a cuanto mis hermanos y yo, recibimos de su total entrega y muchos sacrificios, dado las dificultades que entrañaron aquellas travesías por el discurrir de  nuestra existencia, y pese a los muchos años que llevo vividos y otros muchos que Dios tuviera a bien concederme, que pese a su benevolencia difícil se lo pongo, no pagaría el agradecdimiento que le debo a ambos, aunque cada segundo de la vida le hubiese estado diciendo "padre, madre, gracias por todo cuanto por nosotros hicisteis". Pasando por mi memoria todo aquel devenir que bajo su protección y cobijo y aun sin olvidarme de todos los años que ya sobre mí pesan, recordando a mis padres, parecen llevarme hasta cuando menos esos mas de ochenta años pasados. Así de insignificante se siente uno al compararse con ellos. Hoy he tenido un tiempo, mientras he estado escribiendo esta entrada, que he sido UN NIÑO.

Hasta la próxima.

martes, 9 de julio de 2013

¿En la normalidad?




Como creo recordar figuraba en el comentario que mi amiga Carmen, dejaba en mi primera entrada, del día 25 de junio pasado,  un tanto respuesto de mi pasada alteración por cuanto a mi salud, hoy, y según su profecía, vuelvo a estas lides, vamos a decir a la normalidad, como ella indicaba. 

Quisiera estar dotado de las suficientes facultades para poder expresar lo que en estos momentos pasa por mi mente, y dar gracias a Dios lo que supone, cual era mi estado en aquellos momentos en que me obligó a abandonar cualquier actividad en que hubiere de utilizar el menor razonamiento, que hubo momentos en que lo tuve totalmente perdido, a como hoy puedo decir, he vuelto a la normalidad.

Sin duda hay momentos en la vida, especialmente en que se atraviesan circunstancias de cierta gravedad, en este mi caso respecto al estado de salud, que una vez vuelves la vista atrás y aquello queda perdido en la lejanía del paso de los días, un nosequé se instala en los sentimientos, que creo comienza a gozarse de cuanto te rodea en mayor grado si cabe de como lo venías haciendo hasta entonces. Cuestiones que casi se toman como de rutina y que casi te pasaban  inadvertidas, te das cuenta suponen una dicha de la que ni siquiera podías imaginar. El simple hecho de levantarte por la mañana y mirar por la ventana de tu dormitorio contemplando que el alba aparece allá por por el oriente, no puedes por menos que embelesarte, y llevarte a comprender cuán dichoso has sido al venir a este mundo, con las escasísimas posibilidades que todo ser hemos tenido de conseguirlo. El verte junto a los tuyos, saber que componen el principal elemento que da aliciente a la propia vida, que cuanto por tí sienten y en su reciprocidad tu lo haces por ellos, valorar lo que supone una frase afectuosa, una mirada cariñosa, una sola proximidad a tí, vale mas que todas las posesiones que de otra índole pudieras alcanzar. Que el mero saludo de un amigo te llena mas el espíritu que otro cualquier obsequio pudiera hacerte,  creo que el paso por esa adversidad, aunque en breves días haya sido resuelta, hacen más efecto en cuanto a como has de tomarte el caminar en lo sucesivo, que todos los consejos o recomendaciones incluso recibidos de tus seres mas próximos y queridos.

Quizá cuanto acabo de exponer pueda resultar una simple conclusión de la alegría que supone el verte repuesto de una salud perdida, que aunque no dudo también lo supone para todos quienes me quieren y aprecian, comprendo no pueda tener la entidad suficiente para traerlo a estas páginas de mi blog, pero quien no haya atravesado ese trance en el grado y consideración de mi reciente circunstancia, nunca alcanzará a valorar lo que supone el traerte a tu anterior situación, que excluyendo solo a que tu entorno personal más próximo lo padezca, tal tu lo has experimentado, nada otra cuestión puede igualársele.

Ruego sepáis perdonarme si este caso lo he llevado al término en que lo he realizado, pero los sentimientos están por encima de cualquier razonamiento y a lo mejor yo me he pasado siete pueblos, como suele decirse.

Hasta la próxima en que dejando por resuelto este tema, me reincorpore en lo que el título y motivo de la creación de este blog, tuvieron su origen.

domingo, 30 de junio de 2013

Pasando los años

 

Una coincidencia especial me trae hoy a realizar esta entrada en el abandonado blog, que por causas ajenas a mi voluntad lleva con ésta solo dos entradas en un mes.

En estos momentos, nueve de la mañana, inicia mi nieto Rafa el viaje para incorporarse a su primer destino como funcionario, cuando cuenta con 25 años de edad.  El día 26 de julio, pero de 1950, hace por tanto ahora SESENTA Y TRES AÑOS, y cuando yo contaba otros 25 de edad, me incorporaba a la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga como primer destino después de haber terminado el curso correspondiente. 

¡Cuántas esperanzas y expectativas pasaban por mi mente cuando desde mi pueblo partía hacia esta  bendita ciudad, donde un amplio horizonte se me abría hasta, como yo deseaba y así fue, terminara de ser Guardia Civil! Aunque cometidos de índole distinta son los que a mi nieto lo llevan hoy hasta Santa Cruz de Tenerife de los que a mí me trajeron hasta Málaga, tengo la certeza que por su mente estarán pasando en estos momentos, iguales o parecidos pensamientos, que hace sesenta y tres años pasaban por los de su abuelo, y antes de dejar pasar más rato, pido a Dios con todo el deseo que se puede hacer por un nieto, que toda la trayectoria, que seguro no bajará de los cuarenta años que le quedan por continuar en su cometido, le sea tan venturoso y feliz, como a mí en todos los órdenes, profesionales, personales y familiares, llevo gozados.

¡Cuán diferente es la vida hoy, en todos los órdenes, a la que lo era hace sesenta y tres años! Con el solo ejemplo que voy a poner de lo que a mi nieto le supondrá el viaje en el día de hoy, y lo que para mí fue en 1950, bastará para daros cuenta del cambio experimentado, y así en todo orden. Pues la distancia desde su lugar de residencia hasta su destino, seguro supera en cinco o seis veces, la que me separaba a mí del mío, y aunque claro su medio de transporte lo será distinto al que yo utilicé, resulta de que él, no le llevará mas de tres horas en verificarlo, cuando yo tardé algunos minutos más de las seis horas, eso contando solo desde Córdoba Capital, recorrido éste que en estas fechas se hace en menos de una hora.   

Hoy recorriendo con el pensamiento todo mi devenir desde aquel lejano año de 1950, en que permanecí en activo por algo mas de treinta y un años; los treinta y cuatro que en activo lleva en el mismo Cuerpo que yo lo hice, mi hijo, su padre, de mi nieto Rafa se entiende, y también llamado Rafael, aunque con empleos y categoría distinta, y el inicio hoy 30 de junio de 2013 para toma de posesión de su primer destino, es de lo que "digamos" por no contrariar a nadie, las personas mayores, solemos decirnos... ¡CÓMO PASA EL TIEMPO!

Ah, tengo que señalar que mi indicado nieto ha venido siendo el editor del presente Blog, y aunque prometido me tiene el continuar siéndolo, procurará reiniciar este cometido, tan pronto sus obligaciones profesionales se lo permitan.

Reitero mis deseos de que el paso por la vida, y entre ello su cometido, le sea tan feliz como he citado antes, para mí y todos los míos lo fueron.

Hasta la próxima.

martes, 25 de junio de 2013

Volver


Muchos días hacen ya desde mi ultima entrada en este blog y que por cierto no lo la sido por falta de voluntad, sino que me ha sido impuesta por razones de salud. Hoy conseguida alguna recuperación, solo pretendo que esta nueva tenga solo por objeto el saludar a todos, mis escasos lectores y anunciaros que en posesión que me halle de la suficiente para poder continuar como hasta el día dos del mes actual lo estuve haciendo y escasos días después me sobrevino un imprevisto, del que gracias a Dios comienzo a ver la luz de la salud recuperada, que cuando se pierde es cuando se aprecia su valía y que, y por desgracia suele suceder como con las personas a las que se quieren y se aman, que no alcanzamos a valorarlas hasta que ya no hay oportunidad de mostrárselo. Sin la primordial del estado de salud, ninguna otra dicha puede instalarse y yo hoy me siento profundamente feliz, porque a ojos vista me doy cuenta la voy consiguiendo. 

Como lo he prometido tan pronto mis facultades me lo permitan, volveré a estar con vosotros. Un fuerte abrazo y espero volver a reanudar mis entradas, como son mis deseos a la mayor brevedad.

domingo, 2 de junio de 2013

Corpus Christi

Corpus Christi, Texas, Estados Unidos

Hoy celebra la Iglesia el día del Corpus Christi, o día del Señor como siempre, o cuando menos en mi pueblo se decía, lo que pasa es que antes se celebraba en jueves, y hoy se hace en domingo. 

De entre los muchos días del Señor que yo llevo pasados, sin duda creo que de los que mas me dejaran recuerdo son dos, el uno del año de 1942 y el otro de 1950, y cada uno por causa o motivo distinto. No es que fuere por un caso demasiado importante,  pero sí que dejaron huella en mí. Comenzaré siguiendo el orden cronológico. 

En 1942, no recuerdo exactamente en que día se celebró, lo que si se exactamente, es que un grupo de unos diez o doce hombres nos encontrábamos segando una gran haza de trigo en una finca cerca de la Calera. Esta faena la llevábamos a destajo, o sea contratada por un número de jornales y así cuanto antes la termináramos, mas ganábamos. En tan señalado día y los cuatro solteros que formábamos parte de la cuadrilla, acordamos ir al pueblo -Villaharta se entiende- a pasar tal festividad. Para ello y a fin de no perder el jornal, por el manijero se nos señaló una faena y así tan pronto la termináramos tendríamos vía libre para marcharnos. Cuando apuntaban las primera claras del día ya habíamos dado comienzo a ello, y claro contando también con la benevolencia con que se no señaló, no serían mas de las once de la mañana, cuando tomábamos el camino del pueblo y que pese a la distancia del tajo que no sería menor a los diez o doce kilómetros, poco mas de las doce serían cuando se alcanzaba la meta. 

La festividad para nosotros consistía en tomarnos unas copas con los amigos, el paseo. y lo principal, la celebración del baile. Así, y por cuanto a mí se refiere, aseado en un baño de cinc que lleno de agua mi madre tenía colocado en el patio, o corral de la casa como nosotros le decíamos, y hala a disfrutar del día. Así y para no hacer demasiado pesado este relato y como suele decirse, ir directo al grano, el baile terminaba cuando seguramente no iría menos de cuando faltaba no más de una hora para el amanecido. Cambio de ropa de paseo por la de faena y acelerando para llegar a tiempo de comenzar la nueva jornada, poníamos rumbo al tajo. Algo má
s de de la mitad del camino llevábamos recorrido y gracias que lo era por una especie de llano, debido al cansancio y la falta de descanso, me quedé dormido andando y fui a caer sobre unos matojos produciéndome varios arañazos en cara y cuello. Una hora después ya estábamos segando y con no poco sacrificio deseando llegara la hora del almuerzo para que las aproximadamente hora y media que dedicábamos a la siesta, reponerte en parte lo necesario de recuperar energías para terminar la jornada. 

Así se trabajaba y esos eran los sacrificios que había que afrontar si se quería pasar unas horas de asueto. De lo contrario había que perder el jornal, y aunque pueda parecer insignificante, no así lo era.     

Ahora vamos con la segunda parte de lo que también conservo en el recuerdo, aunque por motivos distintos al caso anterior.

Vamos a ello. El día del Corpus Christi del año 1950, se celebró el jueves 8 de junio. Entonces yo me encontraba en la Academia de la Guardia Civil de Úbeda. una de las que había en España en dichas fechas, como Guardia Alumno, desde hacía dos meses. Dada la solemnidad que a tal fecha se le concedía, los componentes de la promoción desfilamos en la procesión que a tal fin se celebró en tan señalado día y localidad mencionada. 

Lo que me hace señalar como dato singular de aquel día, lo era, el que por vez primera, como al resto de mis compañeros les aconteció, vestía el uniforme de paseo de la Guardia Civil, y el uso del "tricornio" como primera vez en un acto oficial. De aquel acto y como recuerdo, me hice una fotografía en la plaza del Ayuntamiento de Úbeda. junto a mis compañeros Juan Dueñas Romero, en el centro, y Francisco Duzmán Cortés, el de la izquierda en formación. Yo, por tanto, soy el de la parte derecha, Treinta y un años estuve vistiendo el uniforme de la Guardia Civil, pero ya llevo treinta y dos que dejé de vestirlo, por haber causado baja al cumplir la edad reglamentaria.


De ambos episodios, y pese al tiempo transcurrido, guardo su recuerdo. Hasta la próxima entrada.

martes, 28 de mayo de 2013

Arriero




Hoy que ya hace una semana que este blog había permanecido en "su lugar descanso" como se mandaba a la fuerza tras haber realizado algunos ejercicios, a fin de que tomara un poco de aliento, no he tenido otra cosa que traer al recuerdo aquella profesión, como es, o era, la de arriero, y que precisamente en mi familia, había dos hermanas de mi padre casadas con arrieros.

Esta profesión u oficio, ya totalmente perdida, durante mi infancia y bien entrada mi juventud era tan normal y corriente como otra cualesquiera. Para quien, como posiblemente a mis nietos les suceda, desconozca y le suene a chino dicha palabra, les diré que era aquella persona que se dedicaba al trajín con bestias de carga, generalmente burros, que como tal, todos los  arrieros llamaban a los asnos. Y digo que dicho oficio era totalmente normal, dado a que el transporte, que podríamos  denominar primario, era verificado a través de los arrieros. Así era corriente contemplar como recuas de burros conducidas por el arriero procedían al transporte, por ejemplo en mi pueblo de las aceitunas para llevarlas hasta las almazaras, el aceite que se había producido en almazaras de los propios olivares, se llevaban hasta puntos donde pudieran ser luego pasadas y cargadas en camiones para su traslados mas largos, donde en los trabajos de carreteras para la retirada de tierras o aporte de otros materiales se hacía también con bestias; donde en las campañas de la caña de azúcar o remolacha, en la mayoría de los casos, también eran llevadas hasta las respectivas fábricas, y así un largo etcétera, que se haría interminable su enumeración.

En esta profesión de arriero como sucede en todas las demás, existían un número de palabras específicas para señalar cuanto rodeaba a dicha actividad, y voy a señalar algunas de ellas que tengo la certeza de que la inmensa mayoría de los que osen entrar en este blog, no las hayan oído nunca, pero que además les suenen tan raras que hasta puedan dudar de que hayan sido empleadas y aceptadas por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero de esto y si lo estimáis oportuno podéis salir de la duda.

En concreto me voy a ceñir solo, a lo que en las bestias de carga, o sea en los burros que se utilizaban  en este transporte, a señalar parte de cuanto había que colocar a estos animales a fin de hacer posible su trabajo. Son por ejemplo, ataharre, albardón, albarda y que todo ello formaba parte de lo que en conjunto se le llamaba, "aparejo".

En toda recua, que era el conjunto de burros que cada arriero poseía, siempre uno de los semovientes, era el que encabezaba la recua, que por lo general era el de caminar mas rápido y que daría ese dinamismo a los demás.  A este "burro" que se le encomendaba el servir de guía a la recua, se le llamaba  "liviano", y aunque el arriero siempre cabalgaba a lomos del último de la recua, con solo palabras ordenaba al liviano el que tomara una u otra dirección en el caso de cuando llegaban al cruce de caminos o veredas.

¡Qué cosas tan raras dice y se le ocurren a El abuelo de Villaharta!, diréis la mayoría. Pues para mí, desde mi infancia, me eran tan familiar el que a mis oídos llegaran las mismas, como hoy puedan ser, televisión, teléfonos móviles, ordenador, y todo el conjunto de esos aparatos que a mi se me antojan artefactos y que, algunos de ellos, tan embebidos llevan a todos los jóvenes y no tan jóvenes, que parecen llevarlos como desentendiéndose de todo cuanto a su alrededor sucede. A vosotros os parecerá que yo he venido de otro mundo, pero no, y aunque en realidad lleve acumulados bastantes años sobre mi espaldas, no tantos al punto de que también me aprovecho de algunos de los que he citado, como por ejemplo este del que me valgo para escribir lo que ahora estoy.

Bueno y dando un salto desde aquellos tiempos, me coloco a la par de vosotros en estos actuales y no me dejo perder el tren del progreso, que siempre es mejor que, mucho de lo pasado, aunque no todo. Hasta la próxima.

martes, 21 de mayo de 2013

Feliz cumpleaños


Hoy cumple 18 años, y por tanto su mayoría de edad, mi nieto Jorge, quinto y penúltimo,  por orden cronológico, de lo que ya solamente uno me queda por alcanzar esa edad. 

Por causas que ojalá nunca hubieren llegado, a este nieto ha sido a quien más próximo he estado viéndolo crecer día a día, desde aquellos ya lejanos cuando solo dos tenía. Miro hacía atrás y recordando desde cuando a la misma guardería iba a recogerlo cada tarde, después llevándolo de paseo, generalmente por las orillas del río y la playa, y así día tras día, luego al colegio, cuando los deberes, particularmente los de arítmética solíamos hacerlos a medias, y ayudándole en lo que me era posible en los demás, hasta el día de ayer que fue el último que lo he visto, cuando está a punto de terminar el curso y su bachillerato y en el próximo irá a la Universidad, y su estatura creo estará en el metro noventa, no deja de sorprenderme la velocidad con la que el tiempo pasa. Aunque en el día a día, que como es natural no se aprecia ese ir pasando el tiempo sobre el crecimiento y desarrollo de un niño, sí, de vez en vez, por la forma y modo de sus preguntas, sus reacciones, sus conversaciones, sus preferencias en los juegos y ese largo etcétera, es cuando  de que sin que te des cuenta, va dejando atrás cada etapa y cuando acuerdas ya ha alcanzado esa mayoría de edad. 

Incluso y por razones de mi trabajo y ocupaciones, ni con mis propios hijos, ni por supuesto con los demás nietos, excepción de también Pepillo, el mas pequeño de todos y hermano de Jorge, que aunque no en la proporción de éste, si he estado igual de próximo, tuve la dicha de poder contemplar esa forma de como se iban transformando de niños en adolescentes, después en jóvenes y así hasta alcanzar y terminar su formación, y como incluso me sucede ahora viendo llegar a mis hijos, hasta la casi postreras etapas de sus profesiones.  

Hoy también y con este motivo, no he tenido por menos que volver mis recuerdos hasta aquellos en que yo transitaba por esta edad a la que hoy llega mi nieto, y sin que el día de mi décimo octavo cumpleaños, seguro estoy, que posiblemente ni siquiera recibiera una felicitación de nadie por tal motivo, por descontado que regalo alguno, y seguro lo pasé trabajando en la finca de La Calera. Ello, me lleva a dar por seguro, que  el discurrir por la vida de una persona, depende primero, de los padres que en suerte le hayan traído al mundo, y segundo, el cuando y las circunstancias en que a este vino. Yo aún cuando hoy por contento me doy de cual ha sido todo mi devenir, reconozco que hube de transitar con una cantidad de eventos de los que mis nietos por suerte no han tenido que salvar, y que cuando, como anteriormente digo yo cumplía los deciocho años, llevaba ya cuando no menos de siete u ocho habiendo desempeñado bastantes y diferentes trabajos, todos en el campo, y que suponían en la mayoría de ellos sacrificios de todo orden, Quizá, ello me tenía por considerarme quizá de una madurez en mi persona, que me parece distinta a la que hoy llega mi nieto Jorge, aunque en otro orden y por lo que atañe a su formación cultural e intelectual no haya punto de que comparársele pueda.

Por todo cuanto antecede y pese a que dentro de unas horas estaré junto a él, vaya por esta entrada mi mas entrañable felicitación y que Dios le de todo cuanto se merece y su abuelo le desea, al igual a sus otros cinco primos, y nietos míos. Lástima que su abuela Gloria no pueda celebrarlo, de lo que tan orgullosa se hubiere sentido también. 

Hasta la próxima entrada.

domingo, 19 de mayo de 2013

Peón caminero

  

No sé a cuento de qué se me ha venido esta mañana a la memoria el recuerdo de aquella profesión u oficio, ya perdido, del Peón Caminero. 

Si hoy le preguntara a alguno de mis nietos, si le hubiera gustado ser peón caminero, posiblemente, aunque no me lo dijera, pensaría que su abuelo está perdiendo la chaveta. Pero no, el peón caminero no hace tantos años existía en España, y era el que estaba encargado de la conservación de las carreteras, las nacionales se entiende, porque las comarcales o provinciales, esas solían ser parcheadas cuando su circulación se hacía bastante peligrosa y dificultosa por los innumerables baches que tenían.



Pero no nos desviemos del título dado a esta entrada. Los peones camineros, incluso tenían sus propias viviendas, que eran unas llamadas casetas, con muy buenas condiciones de habitabilidad y que se hallaban a cierta distancia unas de otras y en el mismo margen de la carretera. Circulando por aquellas carreteras nacionales, las que carecían de toda clase de líneas continúas,  discontinuas o  separación de carriles, se me viene al recuerdo que, cuando un vehículo comenzaba a tomar una de esas curvas que se entendía eran peligrosas, hacían sonar sus claxon o bocinas, como entonces se les denominaba, a fin de avisar de su presencia al vehículo que viniera en dirección contraria. 

Que me perdone si alguno de los que fueron peones camineros vive aún, o de sus familiares,  la verdad que posiblemente sin toda la razón, no gozaban de plena buena fama de entregarse a su cometido con mucho entusiasmo, y sí, es cierto, que no era infrecuente cuando se circulaba por esas vías el observar como junto a sus cunetas se hallaba una espuerta, una azada o un rastrillo, pero solo esas herramientas de trabajo, sin que utilizándolas, e incluso a la vista de las mismas, estuviera quien tenía la misión de ello.

Cuando el desperfecto de las carreteras era de cierta consideración, y que el empleo de piedra "picada" era necesaria para su reparación, se observaba como el aporte de la misma se hacía mediante "burros" que colocados sobre sus aparejos unos pequeños  serones, eran llenados por sus conductores, desde los puntos mas cercanos a donde las hubiere y vaciados sobre unos cajones que median un metro cúbico de volumen,  y al final de la jornada te eran abonados por el número de metros que hubieres  acarreado. En una ocasión y por espacio de varios días, recuerdo que con un burro, prestado, yo estuve acarreando piedras para reparación de una carretera local, que partiendo de la general Córdoba-Badajoz llevaba hasta la localidad de Villaviciosa, a unos seis o siete kilómetros  de mi pueblo, el punto de trabajo se entiende, y en las inmediaciones de la entonces estación de la Alhondiguilla de la línea férrea de Córdoba-Almorchón. Estas reparaciones solían hacerse en periodos de verano y cuando el paro entre los jornaleros era casi general. Por tanto, si no había otra cosa, se hacía necesario entregarse a esa clase de trabajos, que por cierto no era nada agradable. Pero si el acarreo de la piedra era duro, el picado de la misma a mano y con unos pequeños martillos y de largo mango, era mucho peor y con el que en las manos se ocasionaban unas ampollas, que hasta convertidas en callosidad eran de un sufrimiento y dolor considerables. De ésto, mi padre si tuvo experiencia.

Recordar aquella clase de trabajos y cómo había que realizarlos, parten el alma, y se diría que hasta clamaban al cielo, los miserables sueldos que con ello se conseguía, dado a que siempre se ejecutaban mediante tareas o concierto por el número de metros "machacados".

El traer a colación mi dichoso recuerdo a los peones camineros, me ha llevado hasta aquellos trabajos a los que había que entregarse por pura necesidad y que en realidad, nada mas lejos de mis deseos fueron el haberlos tenido que hacer y mucho peor el que volvieran tal cual había que ejecutarlos.


De todo esto tiene la culpa, el hacer tantos años en que yo llevo caminando por este mundo, pero también me trae el consuelo, que miro hacia atrás y me digo, gracias a Dios que aquello ya pasó. Hasta la próxima que sea más alegre que ésta, pero como suele decirse, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

lunes, 13 de mayo de 2013

El campo



Creo que una de las primeras acepciones que el Diccionario de la Lengua Española da a la palabra "campo", es el de extensión de terreno fuera de poblaciones, y aunque la misma hace referencia a  varios temas y conceptos, por lo que a mi y hoy respecta, y por lo que al título de esta entrada he dado, se trata en concreto de esa primera definición.

Por lo que a mi origen y procedencia se refiere, y como existía, y debe existir un dicho, "soy más del campo que una retama".

El cambio de la vida del campo a la ciudad, más el que en todos los órdenes ha dado la sociedad desde  mis años de infancia y primera juventud hasta el día de hoy, con  el aditamento de mi ingreso en la Guardia Civil, han dado lugar a que la inmensa mayoría de las palabras y frases de las que antaño, ésta es una de ellas, salían de mi boca y eran percibidas por mis oídos, no se parezcan en nada a las de ahora, y de las muchas de aquellas, hoy o han desaparecido o en raras ocasiones suelen oírse, y de las de ahora, entonces, que esto es lo que quiere decir "antaño", en la inmensa mayoría de las mismas, incluso ni se habían inventado. 

Como suelen comenzar los Evangelios, así diré yo, en aquellos tiempos, cuando sobre todo en los ambientes rurales, se le hacía una filiación a un hombre, al referirse a su profesión se denominaba "del campo", al igual que a la inmensa mayoría de las mujeres se les catalogaba en  su profesión de "sus labores", que suponía que trabajaba solo en las faenas del hogar.

Pero con independencia de ese preámbulo que antecede, mi intención en esta entrada, quiero referirme a aquellas palabras o frases mas empleadas en el ámbito de la vida rural, comenzando por ejemplo por los animales domésticos y más próximos  en torno a la familia o al trabajo. Así, chivo, lechón, borrego, muleto, rucho, potro, burro, mulo, caballo, yegua, era de un uso tan cotidiano, que estoy seguro no se pasaba ni un solo día en que algunos de dichos nombres no se oyeran dentro del propio ambiente de una familia. Seguro que la inmensa mayoría de los niños, jóvenes y muchos adultos, no es que no la hayan oído nunca, sino que incluso  ni siquiera sepan lo que significa. Esto por lo que se refiere a la vida en el hogar, que si pasamos al propio campo, la palabra cabrahígo, acebuche, lentisco, aulaga, torvisco, coscoja, retama, zarza,  que son de las más conocidas como árboles, matas o arbustos del campo mediterráneo, yo creo llevo decenas de años sin haberlas oído, y al igual que decía anteriormente, y me atrevo a apostar que tampoco siquiera en muchos niños y jóvenes de los pueblos hoy, conozcan a que se refieren.

Y que decir de los nombres de ciertos insectos como cigarra, tábano, ciempiés, escarabajo. o animales como lagartija, lagarto; pájaros, como urraca, jilguero, cogujada, alcaudón y otros muchos nombres de todo lo relacionado, que desde mi mi primera niñez comenzaba a tener conocimiento tanto de las palabras como de a lo que se refería y que conociendo fui con el paso de los días y tan lejos de todo ello me veo, como la cantidad de años que han transcurrido desde entonces. 

De las palabras, elementos y de la inmensa mayoría de lo que hoy existe y de que ni siquiera "antaño" se podía sospechar de que alguna vez pudiera verse u oírse, trataré, dentro de mis limitaciones, en una próxima entrada, que espero no tarde.

Hasta la próxima.

martes, 7 de mayo de 2013

7 de mayo


7 de mayo. Quienes tengáis la osadía de entrar en este blog os preguntaréis: "Éste se ha creído que hoy es San Fermín, bien por que piense que estamos en julio, o porque el Patrón de Pamplona lo hayan pasado al mes de Mayo". Pues no, nada de eso, ni tampoco tan importante, o cuando menos tan popular. Pues, se trata simple y llanamente de que muchos año ha, las fiestas de Villaharta se celebraban durante los días 7 al 9 de mayo, ambos inclusive, aunque desde hace ya muchísimos años las pasaron al mes de julio. Interesante noticia es esta que El abuelo de Villaharta, nos da y que sin duda debería de figurar en los  anales de la historia de España. Pero tampoco es eso. Y a pesar de que tan nimio pueda parecer, y sin duda lo es, puedo aseguraros, que ni un solo año cuando ha llegado el día siete de mayo, no hayan venido a mi recuerdo cuando yo estaba en mi adolescencia y primera juventud, que la celebración de aquellas inolvidables festividades lo suponían todo para mí,  y aunque a lo mejor también, dos hechos que nunca se fueron de mi recuerdo, y tan carentes de importancia como todo lo demás que escrito llevo en esta entrada puedan serlo, dejaron huella en mis sentimientos, y que sin duda pueda deberse a que cuando se tienen diecisiete, dieciocho, o veinte años, todo lo que entonces acaeció pueda verse de color de rosa.

Comenzaré por relatar el que por orden cronológico acaeció, pero también sin duda aunque ninguno de los dos pueda interesarle a nadie, reconozco que este que a continuación voy a señalar, no faltará quienes lo considere como una verdadera simpleza, esto, siendo benevolente conmigo. Pues vamos allá. Resulta que en las fiestas del año de 1943, yo estrenaba un traje que acompañando a mi madre me compró en los Almacenes Siglo XX de Córdoba, y para más señas nos costó la friolera cifra de 300 pesetas. Resulta que durante la campaña de la aceituna en la finca de La Calera donde yo estuve trabajando en la "molina", lo que como nombre oficial se conoce como almazara, yo ganaba 11 pesetas diarias, eso porque yo era el maestro de uno de los dos relevos que en ello trabajábamos, que aunque solo contaba con diecisiete años de edad así era, y los que estaban conmigo, solo ganaban 10 pesetas, o sea una peseta menos que yo. Así, aquel humilde traje que ya confeccionado me compré, se llevo el trabajo de todo un mes, y como cito nada de particular tuviera para considerarlo como una prenda de siquiera mediana calidad. Y aquí viene una, creo de las circunstancias que posiblemente me llevaron a tener presente aquel acontecer pasados hoy precisamente, SETENTA AÑOS, y es que aquel mismo día, un íntimo amigo mío estrenaba otro traje, pero hecho a medida, y de un género a simple vista muchos mejor que el mío, aunque no supe lo que a él le había costado,  y hasta el color creo diferenciaba la clase de uno al otro. Y no quiero tengáis  la sensación de que aquello me produjera envidia ni sentimiento alguno contra mi "íntimo amigo", pero en verdad, me hubiera gustado el haber podido vestir uno de similares características al suyo. Y ahora por primera vez confieso un hecho en relación a tal "suceso", y es que pasados creo pudieran ser mas de treinta años después, en otros grandes almacenes, "El Corte Ingles" de aquí en Málaga, me compré un traje de género y dibujo  totalmente igual al de mi amigo, aunque el fondo de color del suyo era un poquito mas oscuro que el mio,  cuya chaqueta aun conservo y de vez en cuando suelo ponérmela, y que cuando lo hago, se rememora en mí tanto el recuero de mi gran amigo que ya nos dejó hace algunos años, como el traje que tanto yo hubiere deseado lucir en las fiestas de mi pueblo aquel 7 de mayo de 1943. Simpleza pues, pero de sentido recuerdo para mí, aunque difícil sea el comprenderlo.

Por cuanto al segundo de los hechos en que hoy se cumple esa efemérides, y esta un año después de la anterior, o sea en 1944, y aunque también carente de todo interés para quienes hagáis el sacrificio de leerme hoy, puede que posiblemente pudiera haber cambiando el devenir de mi vida. 

Se trata de otra simpleza, para vosotros, no para mí. Resulta, de que como no, hubo de ser en la finca de La Calera, donde igualmente estuve trabajando en la "molina", aquel año me eché la primera novia que había tenido en mi vida, cuya joven, en compañía de otros familiares estuvo trabajando como el año anterior, en las faenas de la recolección de la aceituna, y vivían en un pequeño cortijo propiedad de sus padres a unos tres kilómetros de distancia de donde trabajábamos. Me despedía de ella precisamente el día de mi decimonoveno cumpleaños que estuve en su cortijo, y donde por haber terminado mi trabajo hube de marcharme a mi pueblo, prometiéndole que volvería a verla, el día primero de las fiestas de mi pueblo, precisamente el día siete de mayo. La distancia desde Villaharta hasta la residencia de aquella mi primera novia, era aproximadamente entre los diez o doce kilómetros, camino en su mayoría por escarpados, pedregosos y aunque acostumbrado a ello, de caminar dificultoso. Pues, si el año anterior estrené traje, ese de 1944, también lo hice de zapatos, y creo podrían ser sobre las once u once y media de la mañana, vistiendo mi indumentaria de las grandes solemnidades, habiendo amanecido un esplendoroso día, calentando el sol algo más de lo que pudiera desear, salía de Villaharta dispuesto a visitar a mi novia, de la que hacía diez días no la veía. De los diez o doce kilómetros que por recorrer me quedaban, no lo había hecho de ni siquiera el primer kilómetro, cuando transitaba por la parte trasera del cementerio de Villaharta, sintiendo cierto malestar por el estreno del calzado que llevaba y notando el calor reinante, a la sombra de una encina que junto al punto conocido por la "erilla del fraile", hice un pequeño descanso, en principio creo lo hice para despojarme de la chaqueta, pero que dejado caer sobre el tronco de aquel único testigo árbol, en mi mente comenzaba a dibujarse todo aquel largo y pedregoso itinerario que me llevaría hasta alcanzar la meta, no menos de dos horas, mas luego el regreso que sin duda hubiere de hacerlo ya de noche. Allí, en aquel "alto en el camino", me pasé no menos de media hora en un inmenso  y contradictorio titubeo de pensamientos en que era lo que había de hacer. Finalmente, opté por desistir de continuar mi camino y cumplir mi promesa de visitar a mi novia en tan señalado día, y hasta hoy que terminan de cumplirse SESENTA Y NUEVE AÑOS, nunca mas volví a verla. Como creo citaba al principio, de haber continuado el camino como fue en principio mi propósito, quien sabe si a lo mejor hubiere cambiando todo lo que vino a ser el devenir de mi vida.       

Os pido perdón por que os haya hecho perder un tiempo precioso leyendo nimiedades, pero no teniendo otra cuestión que traer hoy a este blog, la verdad a mí no me disgusta traer al recuerdo cuestiones de esta índole que han dejado huella en mis recuerdos y sentimientos. 

Hasta la próxima, que haré los posibles porque sea un poco mas sustanciosa que la presente