viernes, 26 de julio de 2013

Sí, sesenta y tres años



Sí, hoy se cumplen 63 años. Sesenta y tres años son toda una vida, pues toda una vida hace que llegué a esta bendita Ciudad de Málaga.

Aquel 26 de julio de 1950, poco después de las ocho de la mañana, tomaba un autobús en el entonces, y hoy también, llamado Cruce, que dista de mi pueblo dos kilómetros,  que me llevaría hasta Córdoba capital. Unas horas de espera en la Estación férrea de dicha ciudad y sobre las once y media de la mañana tomaba el tren correo con destino Málaga y que había partido de Madrid la noche anterior. Una humilde maleta de madera y que me había servido cuando me incorporé al Ejército en la que contenía unas mudas de ropa interior, un uniforme de servicio, y los útiles necesarios e imprescindible para el uso de aseo cotidiano. Sobre el brazo y como no tenía espacio para meterlo en la maleta, llevaba el llamado capote reglamentario. Yo vestía el uniforme de Guardia Civil,  no ha muchos días estrenado, cuando salía de la Academia de Úbeda, una de las cuales tenía entonces el Cuerpo en dicha ciudad. Hacía un día de calor de esos que son cotidianos en estas fechas y por el lugar donde me movía. Como queda demostrado con lo dicho anterior, mi bagaje era tan humilde como escaso. El uniforme reglamentario llamado de paseo, en la Guardia Civil, para las clases de tropa, era además del pantalón, botas de color negro, guerrera abrochada hasta el cuello, y el propio cuello de la guerrera igualmente abrochado con una presilla metálica; cinto y la pistola reglamentaria del calibre 9m/m largo enfundada y colgada en bandolera. Por añadidura era obligatorio el uso de guantes durante toda época del año. Si la indumentaria que obligado  a ello llevaba colocada. hacía casi insoportable el calor reinante, podría añadirle otra cuestión, que posiblemente hacía menos ilusionante mi destino y venida hasta la hoy llamada Capital de la Costa del Sol, y era la mala catalogación y fama que para la prestación del servicio,  entonces tenía esta Comandancia, que a la sazón era la número 137ª.

Mi arrribada a Málaga, lo fue aproximadamente a las cinco y media de la tarde, tras unas seis horas de viaje desde Córdoba. Todo un récord. He de confesar que la primera impresión que tuve de la ciudad al ser transitada desde la estación hasta el acuartelamiento ubicado en el entonces llamado Pasillo de Natera, no fue muy favorable, e incluso la encontré, digamos no muy limpia.

No obstante y pese a todo lo señalado anteriormente, por mi mente bullían grandes esperanzas e ilusiones de lo que pudiera alcanzar en el futuro, dado que me estrenaba en una profesión y mi pertenencia a una institución que lo venía soñando desde hacía algunos años. Aunque mi primer destino dentro de la Comandancia y fuera de la capital, no fue de lo mejor que había, sin duda y por esa ilusión que digo me traía de ser Guardia Civil, e incluso dada la dureza y duración de los servicios que había de prestar, lo tomaba con un talante de tan buena disposición, que hasta diría gozaba con ello.  Recién cumplido un año en mi primer destino y previa petición, pase destinado al  Puesto de la Aduana de Málaga, y como una bendición de Dios, solo dos meses después pasaba a ocupar un destino de los de libre designación, que terminó de llenar todos cuantos deseos y aspiraciones hubiere soñado. A partir de entonces y como reza el dicho, ya "todo fue coser y cantar".

Todo lo que mi paso por la Guardia Civil ha sido, lo he repetido hasta la saciedad en todas cuantas ocasiones se me han presentado, tanto escrito como en conversaciones y relatos orales, pero si aquellas esperanzas e ilusiones que decía bullían por mi mente cuando, y hoy se cumplen 63 años, aunque ni siquiera sabía lo que realmente deseaba ni podía esperar, justo en este momento, confieso con toda la solemnidad de que sea capaz de darle a este relato, alcancé muchísimas mas prebendas, tanto en el servicio, que ya es importante, mucho mas lo fueron en el terreno personal, que puedo gritar a los cuatro vientos, que lo fue,lo era, y lo está siendo como ni imaginarlo lo hubiere podido, sin duda superior a todo merecimiento, y que de volver a nacer, si parecer me tomaran a lo que desearía en mi vida, solo diría tajantemente:

COMO HA SIDO, Y ESTÁ SIENDO ÉSTA

Hasta la próxima entrada.

martes, 23 de julio de 2013

Caminando a bordo del tiempo




Cuando los años rebasan los que se desearían tener, solo con pararte un instante a mirar hacía atrás, puedes observar, como a medida que han ido sucediéndose el paso de los días, todo, o casi todo va cambiando, en ocasiones para bien, en otras no tanto, y en otras para lo más malo o lo peor. A veces, unos con otros acontecimientos se alternan tan de momento, que no te da tiempo a lamentarte del mal acaecido, o de deleitarte del bien pasado. Quizá en mí, en un periodo de aproximadamente un mes, se me ha dado tal circunstancia. Allá por la primera quincena del pasado mes de junio, se me dio una de las crisis en cuanto a mi salud se refiere, de las que como se dice en el inicio del Quijote, de cuya cuestión no quiero acordarme. Sin duda fueron días, de los que aún mermado de facultades para su recuerdo, han conseguido dejar cierto poso de desventura, que como indico anteriormente quiero pasarlo al rincón del olvido. A escasos días del inicio de mi dolencia y como consecuencia de la pericia del médico que me operó, con la ayuda de Dios, y como no, con la añadidura del cariño y cuidado de todos los míos, comencé una recuperación que pronto me sentí casi totalmente repuesto del trance sufrido. 

En el día de ayer, acudí a la última cita que por el momento me tenía hecha el doctor que me intervino, y a la vista de las diversas pruebas realizadas sobre el particular, puede decirse que ninguna secuela desfavorable  me ha quedado, dándome el consejo de poder realizar una vida de total normalidad, salvo algún que otro consejo, que bien podrían habérseme dado por alguno de mis hijos o algún otro ser querido.

Pero recurriendo a uno de los mas populares dichos, lo doy por aceptado eso de "que no hay mal que por bien no venga". No se si como su consecuencia o que tal vez lo haya sido por casualidad, desde que fui dado de alta del hospital, hasta incluso el día de la fecha, en primer lugar, tengo la sensación, no la sensación, sino la certeza, que de todos esos seres queridos que me rodean a los que me parecía que ya era imposible el apreciarlos más, ahora es verdadera la adoración que por todos ellos siento, y que ninguna otra cuestión en la vida puede comparársele. Teniéndolos conmigo, por mas que satisfecho me doy.

Por otra parte, y posiblemente también por pura coincidencia, en ese espacio de tiempo, he tenido la suerte de asistir a varios eventos, especialmente comidas y cenas, de lo cual nunca me habían parecido el obtener de ello tal deleite y satisfacción. Pudiera destacar entre ellas, una cena  en beneficio de una ONG, en el muelle número uno del Puerto de Málaga; otra cena, ésta celebrada en un Restaurante de Marbella, para mí uno de lugares mas románticos y bellos de los que hasta entonces había asistido, y, por último, hoy mismo una comida en compañía de mi hijo mayor, y de un entrañable amigo, que por añadidura es hijo, del que no lo fue menos entrañable su padre, durante muchos años, y me ha traído al recuerdo, las muchas veces que con él y otros compañeros, lo hicimos a lo largo de una travesía bastante dilatada.

A todo esto que dejo señalado, nunca hasta ahora, dejaba en mí ese regusto de estar deleitándome tal me sucede actualmente. Y conste, que no organizado a propósito como tal desquite de mi reciente contrariedad en la salud, sino que creo que el propio subsconsciente te dicta y señala, que en cualquier momento puedes recibir el desenlace final, y los que hemos tenido la dicha de venir al mundo, con la añadidura de lo bienaventuranza que la mía ha sido, gocémosla tal se lo merece el que hayamos sido unos de los elegidos en venir a la vida.

Posiblemente la satisfacción y la alegría de haber remontado con todo éxito mi ultima peripecia por cuanto a mi estado de salud, me haya vuelto un tanto eufórico y lo que si es cierto que el mundo lo contemplo con otro color, que pese a lo bello de mi contemplación anterior,no ha sido óbice para que aun haya podido ser mejorado.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 11 de julio de 2013

11 de julio. San Benito

Romería de San Benito Abad en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Sin duda y en relación a esta efemérides, comprendo sea demasiado pesado en cuanto a recordarlo de aquel del que hoy hace ochenta y dos años, y que tanto, todos los míos, como los que llevéis algun tiempo haciendo entradas en este blog, ya tenéis demasiado conocimiento, dado a que ni un solo año dejo de citarlo.

Hoy, solo unas cuantas palabras para refrescaros la memoria y decir que se trató que aquel 11 de julio de 1936, ya en las mismas vísperas del inicio de la Guerra Civil Española, que fui llevado por mi padre para el cumplimiento de una promesa, que con motivo de una alteración en mi salud hizo mi madre y que habría de cumplirse yendo a la ermita de San Benito, de la localidad de Obejo, limítrofe con Villaharta, mi pueblo. Ya creo que en esta fecha del pasado año, hice un pormenorizado relato de aquel acontecer. 

Llegar esta fecha y transportarme en el recuerdo hasta aquel lejanísimo día, parece como si me adentrara en un mundo tan distinto, como distante del actual, que lo único que no ha variado es que yo en este instante estoy siendo el protagonista de ello, y que al igual lo fui hace esos ochenta y dos años. Sin embargo, esta entrada de hoy está especialmente dedicada a esa mi madre, que aún haciendo ya más de 19 años que nos dejó para siempre, como el recuerdo de una madre, creo es lo último que pasará por el recuerdo antes de traspasar el umbral de la vida hacia la muerte, pienso que de haber seguido viviendo hoy, posiblemente también hubiere prometido a lo mejor, hasta de habernos trasladado los dos hasta Obejo y con ello dar las gracias al santo del que hoy celebra su fiesta la mencionada localildad, por haber salido victorioso del contratiempo por cuanto a mi salud he padecido recientemente. Y es que, pese a que los años transcurran y muchos sean los que la autora de nuestros días haga que nos dejó, cada vez que un contratiempo, máxime si encierra cierta gravedad, cada lamento, cada quejido que la propia dolencia te haga dar, siempre, siempre, siempre, ese ¡ay!, va seguido de la palabra "madre", que sin duda en ningún otro refugio encontrará tanto amor,  cariño y deseo de curación.

Igualmente y trayendo a la memoria, la primera vez que yo salía de mi pueblo, salvo aquella que cuando contaba cinco meses de edad mis padres me llevaron a Pozoblanco donde me hicieron la primera fotografía de mi vida, también he recordado a mi padre, dedicando por tanto esta humilde entrada como homenaje de gratitud a cuanto mis hermanos y yo, recibimos de su total entrega y muchos sacrificios, dado las dificultades que entrañaron aquellas travesías por el discurrir de  nuestra existencia, y pese a los muchos años que llevo vividos y otros muchos que Dios tuviera a bien concederme, que pese a su benevolencia difícil se lo pongo, no pagaría el agradecdimiento que le debo a ambos, aunque cada segundo de la vida le hubiese estado diciendo "padre, madre, gracias por todo cuanto por nosotros hicisteis". Pasando por mi memoria todo aquel devenir que bajo su protección y cobijo y aun sin olvidarme de todos los años que ya sobre mí pesan, recordando a mis padres, parecen llevarme hasta cuando menos esos mas de ochenta años pasados. Así de insignificante se siente uno al compararse con ellos. Hoy he tenido un tiempo, mientras he estado escribiendo esta entrada, que he sido UN NIÑO.

Hasta la próxima.

martes, 9 de julio de 2013

¿En la normalidad?




Como creo recordar figuraba en el comentario que mi amiga Carmen, dejaba en mi primera entrada, del día 25 de junio pasado,  un tanto respuesto de mi pasada alteración por cuanto a mi salud, hoy, y según su profecía, vuelvo a estas lides, vamos a decir a la normalidad, como ella indicaba. 

Quisiera estar dotado de las suficientes facultades para poder expresar lo que en estos momentos pasa por mi mente, y dar gracias a Dios lo que supone, cual era mi estado en aquellos momentos en que me obligó a abandonar cualquier actividad en que hubiere de utilizar el menor razonamiento, que hubo momentos en que lo tuve totalmente perdido, a como hoy puedo decir, he vuelto a la normalidad.

Sin duda hay momentos en la vida, especialmente en que se atraviesan circunstancias de cierta gravedad, en este mi caso respecto al estado de salud, que una vez vuelves la vista atrás y aquello queda perdido en la lejanía del paso de los días, un nosequé se instala en los sentimientos, que creo comienza a gozarse de cuanto te rodea en mayor grado si cabe de como lo venías haciendo hasta entonces. Cuestiones que casi se toman como de rutina y que casi te pasaban  inadvertidas, te das cuenta suponen una dicha de la que ni siquiera podías imaginar. El simple hecho de levantarte por la mañana y mirar por la ventana de tu dormitorio contemplando que el alba aparece allá por por el oriente, no puedes por menos que embelesarte, y llevarte a comprender cuán dichoso has sido al venir a este mundo, con las escasísimas posibilidades que todo ser hemos tenido de conseguirlo. El verte junto a los tuyos, saber que componen el principal elemento que da aliciente a la propia vida, que cuanto por tí sienten y en su reciprocidad tu lo haces por ellos, valorar lo que supone una frase afectuosa, una mirada cariñosa, una sola proximidad a tí, vale mas que todas las posesiones que de otra índole pudieras alcanzar. Que el mero saludo de un amigo te llena mas el espíritu que otro cualquier obsequio pudiera hacerte,  creo que el paso por esa adversidad, aunque en breves días haya sido resuelta, hacen más efecto en cuanto a como has de tomarte el caminar en lo sucesivo, que todos los consejos o recomendaciones incluso recibidos de tus seres mas próximos y queridos.

Quizá cuanto acabo de exponer pueda resultar una simple conclusión de la alegría que supone el verte repuesto de una salud perdida, que aunque no dudo también lo supone para todos quienes me quieren y aprecian, comprendo no pueda tener la entidad suficiente para traerlo a estas páginas de mi blog, pero quien no haya atravesado ese trance en el grado y consideración de mi reciente circunstancia, nunca alcanzará a valorar lo que supone el traerte a tu anterior situación, que excluyendo solo a que tu entorno personal más próximo lo padezca, tal tu lo has experimentado, nada otra cuestión puede igualársele.

Ruego sepáis perdonarme si este caso lo he llevado al término en que lo he realizado, pero los sentimientos están por encima de cualquier razonamiento y a lo mejor yo me he pasado siete pueblos, como suele decirse.

Hasta la próxima en que dejando por resuelto este tema, me reincorpore en lo que el título y motivo de la creación de este blog, tuvieron su origen.

domingo, 30 de junio de 2013

Pasando los años

 

Una coincidencia especial me trae hoy a realizar esta entrada en el abandonado blog, que por causas ajenas a mi voluntad lleva con ésta solo dos entradas en un mes.

En estos momentos, nueve de la mañana, inicia mi nieto Rafa el viaje para incorporarse a su primer destino como funcionario, cuando cuenta con 25 años de edad.  El día 26 de julio, pero de 1950, hace por tanto ahora SESENTA Y TRES AÑOS, y cuando yo contaba otros 25 de edad, me incorporaba a la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga como primer destino después de haber terminado el curso correspondiente. 

¡Cuántas esperanzas y expectativas pasaban por mi mente cuando desde mi pueblo partía hacia esta  bendita ciudad, donde un amplio horizonte se me abría hasta, como yo deseaba y así fue, terminara de ser Guardia Civil! Aunque cometidos de índole distinta son los que a mi nieto lo llevan hoy hasta Santa Cruz de Tenerife de los que a mí me trajeron hasta Málaga, tengo la certeza que por su mente estarán pasando en estos momentos, iguales o parecidos pensamientos, que hace sesenta y tres años pasaban por los de su abuelo, y antes de dejar pasar más rato, pido a Dios con todo el deseo que se puede hacer por un nieto, que toda la trayectoria, que seguro no bajará de los cuarenta años que le quedan por continuar en su cometido, le sea tan venturoso y feliz, como a mí en todos los órdenes, profesionales, personales y familiares, llevo gozados.

¡Cuán diferente es la vida hoy, en todos los órdenes, a la que lo era hace sesenta y tres años! Con el solo ejemplo que voy a poner de lo que a mi nieto le supondrá el viaje en el día de hoy, y lo que para mí fue en 1950, bastará para daros cuenta del cambio experimentado, y así en todo orden. Pues la distancia desde su lugar de residencia hasta su destino, seguro supera en cinco o seis veces, la que me separaba a mí del mío, y aunque claro su medio de transporte lo será distinto al que yo utilicé, resulta de que él, no le llevará mas de tres horas en verificarlo, cuando yo tardé algunos minutos más de las seis horas, eso contando solo desde Córdoba Capital, recorrido éste que en estas fechas se hace en menos de una hora.   

Hoy recorriendo con el pensamiento todo mi devenir desde aquel lejano año de 1950, en que permanecí en activo por algo mas de treinta y un años; los treinta y cuatro que en activo lleva en el mismo Cuerpo que yo lo hice, mi hijo, su padre, de mi nieto Rafa se entiende, y también llamado Rafael, aunque con empleos y categoría distinta, y el inicio hoy 30 de junio de 2013 para toma de posesión de su primer destino, es de lo que "digamos" por no contrariar a nadie, las personas mayores, solemos decirnos... ¡CÓMO PASA EL TIEMPO!

Ah, tengo que señalar que mi indicado nieto ha venido siendo el editor del presente Blog, y aunque prometido me tiene el continuar siéndolo, procurará reiniciar este cometido, tan pronto sus obligaciones profesionales se lo permitan.

Reitero mis deseos de que el paso por la vida, y entre ello su cometido, le sea tan feliz como he citado antes, para mí y todos los míos lo fueron.

Hasta la próxima.

martes, 25 de junio de 2013

Volver


Muchos días hacen ya desde mi ultima entrada en este blog y que por cierto no lo la sido por falta de voluntad, sino que me ha sido impuesta por razones de salud. Hoy conseguida alguna recuperación, solo pretendo que esta nueva tenga solo por objeto el saludar a todos, mis escasos lectores y anunciaros que en posesión que me halle de la suficiente para poder continuar como hasta el día dos del mes actual lo estuve haciendo y escasos días después me sobrevino un imprevisto, del que gracias a Dios comienzo a ver la luz de la salud recuperada, que cuando se pierde es cuando se aprecia su valía y que, y por desgracia suele suceder como con las personas a las que se quieren y se aman, que no alcanzamos a valorarlas hasta que ya no hay oportunidad de mostrárselo. Sin la primordial del estado de salud, ninguna otra dicha puede instalarse y yo hoy me siento profundamente feliz, porque a ojos vista me doy cuenta la voy consiguiendo. 

Como lo he prometido tan pronto mis facultades me lo permitan, volveré a estar con vosotros. Un fuerte abrazo y espero volver a reanudar mis entradas, como son mis deseos a la mayor brevedad.

domingo, 2 de junio de 2013

Corpus Christi

Corpus Christi, Texas, Estados Unidos

Hoy celebra la Iglesia el día del Corpus Christi, o día del Señor como siempre, o cuando menos en mi pueblo se decía, lo que pasa es que antes se celebraba en jueves, y hoy se hace en domingo. 

De entre los muchos días del Señor que yo llevo pasados, sin duda creo que de los que mas me dejaran recuerdo son dos, el uno del año de 1942 y el otro de 1950, y cada uno por causa o motivo distinto. No es que fuere por un caso demasiado importante,  pero sí que dejaron huella en mí. Comenzaré siguiendo el orden cronológico. 

En 1942, no recuerdo exactamente en que día se celebró, lo que si se exactamente, es que un grupo de unos diez o doce hombres nos encontrábamos segando una gran haza de trigo en una finca cerca de la Calera. Esta faena la llevábamos a destajo, o sea contratada por un número de jornales y así cuanto antes la termináramos, mas ganábamos. En tan señalado día y los cuatro solteros que formábamos parte de la cuadrilla, acordamos ir al pueblo -Villaharta se entiende- a pasar tal festividad. Para ello y a fin de no perder el jornal, por el manijero se nos señaló una faena y así tan pronto la termináramos tendríamos vía libre para marcharnos. Cuando apuntaban las primera claras del día ya habíamos dado comienzo a ello, y claro contando también con la benevolencia con que se no señaló, no serían mas de las once de la mañana, cuando tomábamos el camino del pueblo y que pese a la distancia del tajo que no sería menor a los diez o doce kilómetros, poco mas de las doce serían cuando se alcanzaba la meta. 

La festividad para nosotros consistía en tomarnos unas copas con los amigos, el paseo. y lo principal, la celebración del baile. Así, y por cuanto a mí se refiere, aseado en un baño de cinc que lleno de agua mi madre tenía colocado en el patio, o corral de la casa como nosotros le decíamos, y hala a disfrutar del día. Así y para no hacer demasiado pesado este relato y como suele decirse, ir directo al grano, el baile terminaba cuando seguramente no iría menos de cuando faltaba no más de una hora para el amanecido. Cambio de ropa de paseo por la de faena y acelerando para llegar a tiempo de comenzar la nueva jornada, poníamos rumbo al tajo. Algo má
s de de la mitad del camino llevábamos recorrido y gracias que lo era por una especie de llano, debido al cansancio y la falta de descanso, me quedé dormido andando y fui a caer sobre unos matojos produciéndome varios arañazos en cara y cuello. Una hora después ya estábamos segando y con no poco sacrificio deseando llegara la hora del almuerzo para que las aproximadamente hora y media que dedicábamos a la siesta, reponerte en parte lo necesario de recuperar energías para terminar la jornada. 

Así se trabajaba y esos eran los sacrificios que había que afrontar si se quería pasar unas horas de asueto. De lo contrario había que perder el jornal, y aunque pueda parecer insignificante, no así lo era.     

Ahora vamos con la segunda parte de lo que también conservo en el recuerdo, aunque por motivos distintos al caso anterior.

Vamos a ello. El día del Corpus Christi del año 1950, se celebró el jueves 8 de junio. Entonces yo me encontraba en la Academia de la Guardia Civil de Úbeda. una de las que había en España en dichas fechas, como Guardia Alumno, desde hacía dos meses. Dada la solemnidad que a tal fecha se le concedía, los componentes de la promoción desfilamos en la procesión que a tal fin se celebró en tan señalado día y localidad mencionada. 

Lo que me hace señalar como dato singular de aquel día, lo era, el que por vez primera, como al resto de mis compañeros les aconteció, vestía el uniforme de paseo de la Guardia Civil, y el uso del "tricornio" como primera vez en un acto oficial. De aquel acto y como recuerdo, me hice una fotografía en la plaza del Ayuntamiento de Úbeda. junto a mis compañeros Juan Dueñas Romero, en el centro, y Francisco Duzmán Cortés, el de la izquierda en formación. Yo, por tanto, soy el de la parte derecha, Treinta y un años estuve vistiendo el uniforme de la Guardia Civil, pero ya llevo treinta y dos que dejé de vestirlo, por haber causado baja al cumplir la edad reglamentaria.


De ambos episodios, y pese al tiempo transcurrido, guardo su recuerdo. Hasta la próxima entrada.

martes, 28 de mayo de 2013

Arriero




Hoy que ya hace una semana que este blog había permanecido en "su lugar descanso" como se mandaba a la fuerza tras haber realizado algunos ejercicios, a fin de que tomara un poco de aliento, no he tenido otra cosa que traer al recuerdo aquella profesión, como es, o era, la de arriero, y que precisamente en mi familia, había dos hermanas de mi padre casadas con arrieros.

Esta profesión u oficio, ya totalmente perdida, durante mi infancia y bien entrada mi juventud era tan normal y corriente como otra cualesquiera. Para quien, como posiblemente a mis nietos les suceda, desconozca y le suene a chino dicha palabra, les diré que era aquella persona que se dedicaba al trajín con bestias de carga, generalmente burros, que como tal, todos los  arrieros llamaban a los asnos. Y digo que dicho oficio era totalmente normal, dado a que el transporte, que podríamos  denominar primario, era verificado a través de los arrieros. Así era corriente contemplar como recuas de burros conducidas por el arriero procedían al transporte, por ejemplo en mi pueblo de las aceitunas para llevarlas hasta las almazaras, el aceite que se había producido en almazaras de los propios olivares, se llevaban hasta puntos donde pudieran ser luego pasadas y cargadas en camiones para su traslados mas largos, donde en los trabajos de carreteras para la retirada de tierras o aporte de otros materiales se hacía también con bestias; donde en las campañas de la caña de azúcar o remolacha, en la mayoría de los casos, también eran llevadas hasta las respectivas fábricas, y así un largo etcétera, que se haría interminable su enumeración.

En esta profesión de arriero como sucede en todas las demás, existían un número de palabras específicas para señalar cuanto rodeaba a dicha actividad, y voy a señalar algunas de ellas que tengo la certeza de que la inmensa mayoría de los que osen entrar en este blog, no las hayan oído nunca, pero que además les suenen tan raras que hasta puedan dudar de que hayan sido empleadas y aceptadas por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero de esto y si lo estimáis oportuno podéis salir de la duda.

En concreto me voy a ceñir solo, a lo que en las bestias de carga, o sea en los burros que se utilizaban  en este transporte, a señalar parte de cuanto había que colocar a estos animales a fin de hacer posible su trabajo. Son por ejemplo, ataharre, albardón, albarda y que todo ello formaba parte de lo que en conjunto se le llamaba, "aparejo".

En toda recua, que era el conjunto de burros que cada arriero poseía, siempre uno de los semovientes, era el que encabezaba la recua, que por lo general era el de caminar mas rápido y que daría ese dinamismo a los demás.  A este "burro" que se le encomendaba el servir de guía a la recua, se le llamaba  "liviano", y aunque el arriero siempre cabalgaba a lomos del último de la recua, con solo palabras ordenaba al liviano el que tomara una u otra dirección en el caso de cuando llegaban al cruce de caminos o veredas.

¡Qué cosas tan raras dice y se le ocurren a El abuelo de Villaharta!, diréis la mayoría. Pues para mí, desde mi infancia, me eran tan familiar el que a mis oídos llegaran las mismas, como hoy puedan ser, televisión, teléfonos móviles, ordenador, y todo el conjunto de esos aparatos que a mi se me antojan artefactos y que, algunos de ellos, tan embebidos llevan a todos los jóvenes y no tan jóvenes, que parecen llevarlos como desentendiéndose de todo cuanto a su alrededor sucede. A vosotros os parecerá que yo he venido de otro mundo, pero no, y aunque en realidad lleve acumulados bastantes años sobre mi espaldas, no tantos al punto de que también me aprovecho de algunos de los que he citado, como por ejemplo este del que me valgo para escribir lo que ahora estoy.

Bueno y dando un salto desde aquellos tiempos, me coloco a la par de vosotros en estos actuales y no me dejo perder el tren del progreso, que siempre es mejor que, mucho de lo pasado, aunque no todo. Hasta la próxima.

martes, 21 de mayo de 2013

Feliz cumpleaños


Hoy cumple 18 años, y por tanto su mayoría de edad, mi nieto Jorge, quinto y penúltimo,  por orden cronológico, de lo que ya solamente uno me queda por alcanzar esa edad. 

Por causas que ojalá nunca hubieren llegado, a este nieto ha sido a quien más próximo he estado viéndolo crecer día a día, desde aquellos ya lejanos cuando solo dos tenía. Miro hacía atrás y recordando desde cuando a la misma guardería iba a recogerlo cada tarde, después llevándolo de paseo, generalmente por las orillas del río y la playa, y así día tras día, luego al colegio, cuando los deberes, particularmente los de arítmética solíamos hacerlos a medias, y ayudándole en lo que me era posible en los demás, hasta el día de ayer que fue el último que lo he visto, cuando está a punto de terminar el curso y su bachillerato y en el próximo irá a la Universidad, y su estatura creo estará en el metro noventa, no deja de sorprenderme la velocidad con la que el tiempo pasa. Aunque en el día a día, que como es natural no se aprecia ese ir pasando el tiempo sobre el crecimiento y desarrollo de un niño, sí, de vez en vez, por la forma y modo de sus preguntas, sus reacciones, sus conversaciones, sus preferencias en los juegos y ese largo etcétera, es cuando  de que sin que te des cuenta, va dejando atrás cada etapa y cuando acuerdas ya ha alcanzado esa mayoría de edad. 

Incluso y por razones de mi trabajo y ocupaciones, ni con mis propios hijos, ni por supuesto con los demás nietos, excepción de también Pepillo, el mas pequeño de todos y hermano de Jorge, que aunque no en la proporción de éste, si he estado igual de próximo, tuve la dicha de poder contemplar esa forma de como se iban transformando de niños en adolescentes, después en jóvenes y así hasta alcanzar y terminar su formación, y como incluso me sucede ahora viendo llegar a mis hijos, hasta la casi postreras etapas de sus profesiones.  

Hoy también y con este motivo, no he tenido por menos que volver mis recuerdos hasta aquellos en que yo transitaba por esta edad a la que hoy llega mi nieto, y sin que el día de mi décimo octavo cumpleaños, seguro estoy, que posiblemente ni siquiera recibiera una felicitación de nadie por tal motivo, por descontado que regalo alguno, y seguro lo pasé trabajando en la finca de La Calera. Ello, me lleva a dar por seguro, que  el discurrir por la vida de una persona, depende primero, de los padres que en suerte le hayan traído al mundo, y segundo, el cuando y las circunstancias en que a este vino. Yo aún cuando hoy por contento me doy de cual ha sido todo mi devenir, reconozco que hube de transitar con una cantidad de eventos de los que mis nietos por suerte no han tenido que salvar, y que cuando, como anteriormente digo yo cumplía los deciocho años, llevaba ya cuando no menos de siete u ocho habiendo desempeñado bastantes y diferentes trabajos, todos en el campo, y que suponían en la mayoría de ellos sacrificios de todo orden, Quizá, ello me tenía por considerarme quizá de una madurez en mi persona, que me parece distinta a la que hoy llega mi nieto Jorge, aunque en otro orden y por lo que atañe a su formación cultural e intelectual no haya punto de que comparársele pueda.

Por todo cuanto antecede y pese a que dentro de unas horas estaré junto a él, vaya por esta entrada mi mas entrañable felicitación y que Dios le de todo cuanto se merece y su abuelo le desea, al igual a sus otros cinco primos, y nietos míos. Lástima que su abuela Gloria no pueda celebrarlo, de lo que tan orgullosa se hubiere sentido también. 

Hasta la próxima entrada.

domingo, 19 de mayo de 2013

Peón caminero

  

No sé a cuento de qué se me ha venido esta mañana a la memoria el recuerdo de aquella profesión u oficio, ya perdido, del Peón Caminero. 

Si hoy le preguntara a alguno de mis nietos, si le hubiera gustado ser peón caminero, posiblemente, aunque no me lo dijera, pensaría que su abuelo está perdiendo la chaveta. Pero no, el peón caminero no hace tantos años existía en España, y era el que estaba encargado de la conservación de las carreteras, las nacionales se entiende, porque las comarcales o provinciales, esas solían ser parcheadas cuando su circulación se hacía bastante peligrosa y dificultosa por los innumerables baches que tenían.



Pero no nos desviemos del título dado a esta entrada. Los peones camineros, incluso tenían sus propias viviendas, que eran unas llamadas casetas, con muy buenas condiciones de habitabilidad y que se hallaban a cierta distancia unas de otras y en el mismo margen de la carretera. Circulando por aquellas carreteras nacionales, las que carecían de toda clase de líneas continúas,  discontinuas o  separación de carriles, se me viene al recuerdo que, cuando un vehículo comenzaba a tomar una de esas curvas que se entendía eran peligrosas, hacían sonar sus claxon o bocinas, como entonces se les denominaba, a fin de avisar de su presencia al vehículo que viniera en dirección contraria. 

Que me perdone si alguno de los que fueron peones camineros vive aún, o de sus familiares,  la verdad que posiblemente sin toda la razón, no gozaban de plena buena fama de entregarse a su cometido con mucho entusiasmo, y sí, es cierto, que no era infrecuente cuando se circulaba por esas vías el observar como junto a sus cunetas se hallaba una espuerta, una azada o un rastrillo, pero solo esas herramientas de trabajo, sin que utilizándolas, e incluso a la vista de las mismas, estuviera quien tenía la misión de ello.

Cuando el desperfecto de las carreteras era de cierta consideración, y que el empleo de piedra "picada" era necesaria para su reparación, se observaba como el aporte de la misma se hacía mediante "burros" que colocados sobre sus aparejos unos pequeños  serones, eran llenados por sus conductores, desde los puntos mas cercanos a donde las hubiere y vaciados sobre unos cajones que median un metro cúbico de volumen,  y al final de la jornada te eran abonados por el número de metros que hubieres  acarreado. En una ocasión y por espacio de varios días, recuerdo que con un burro, prestado, yo estuve acarreando piedras para reparación de una carretera local, que partiendo de la general Córdoba-Badajoz llevaba hasta la localidad de Villaviciosa, a unos seis o siete kilómetros  de mi pueblo, el punto de trabajo se entiende, y en las inmediaciones de la entonces estación de la Alhondiguilla de la línea férrea de Córdoba-Almorchón. Estas reparaciones solían hacerse en periodos de verano y cuando el paro entre los jornaleros era casi general. Por tanto, si no había otra cosa, se hacía necesario entregarse a esa clase de trabajos, que por cierto no era nada agradable. Pero si el acarreo de la piedra era duro, el picado de la misma a mano y con unos pequeños martillos y de largo mango, era mucho peor y con el que en las manos se ocasionaban unas ampollas, que hasta convertidas en callosidad eran de un sufrimiento y dolor considerables. De ésto, mi padre si tuvo experiencia.

Recordar aquella clase de trabajos y cómo había que realizarlos, parten el alma, y se diría que hasta clamaban al cielo, los miserables sueldos que con ello se conseguía, dado a que siempre se ejecutaban mediante tareas o concierto por el número de metros "machacados".

El traer a colación mi dichoso recuerdo a los peones camineros, me ha llevado hasta aquellos trabajos a los que había que entregarse por pura necesidad y que en realidad, nada mas lejos de mis deseos fueron el haberlos tenido que hacer y mucho peor el que volvieran tal cual había que ejecutarlos.


De todo esto tiene la culpa, el hacer tantos años en que yo llevo caminando por este mundo, pero también me trae el consuelo, que miro hacia atrás y me digo, gracias a Dios que aquello ya pasó. Hasta la próxima que sea más alegre que ésta, pero como suele decirse, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

lunes, 13 de mayo de 2013

El campo



Creo que una de las primeras acepciones que el Diccionario de la Lengua Española da a la palabra "campo", es el de extensión de terreno fuera de poblaciones, y aunque la misma hace referencia a  varios temas y conceptos, por lo que a mi y hoy respecta, y por lo que al título de esta entrada he dado, se trata en concreto de esa primera definición.

Por lo que a mi origen y procedencia se refiere, y como existía, y debe existir un dicho, "soy más del campo que una retama".

El cambio de la vida del campo a la ciudad, más el que en todos los órdenes ha dado la sociedad desde  mis años de infancia y primera juventud hasta el día de hoy, con  el aditamento de mi ingreso en la Guardia Civil, han dado lugar a que la inmensa mayoría de las palabras y frases de las que antaño, ésta es una de ellas, salían de mi boca y eran percibidas por mis oídos, no se parezcan en nada a las de ahora, y de las muchas de aquellas, hoy o han desaparecido o en raras ocasiones suelen oírse, y de las de ahora, entonces, que esto es lo que quiere decir "antaño", en la inmensa mayoría de las mismas, incluso ni se habían inventado. 

Como suelen comenzar los Evangelios, así diré yo, en aquellos tiempos, cuando sobre todo en los ambientes rurales, se le hacía una filiación a un hombre, al referirse a su profesión se denominaba "del campo", al igual que a la inmensa mayoría de las mujeres se les catalogaba en  su profesión de "sus labores", que suponía que trabajaba solo en las faenas del hogar.

Pero con independencia de ese preámbulo que antecede, mi intención en esta entrada, quiero referirme a aquellas palabras o frases mas empleadas en el ámbito de la vida rural, comenzando por ejemplo por los animales domésticos y más próximos  en torno a la familia o al trabajo. Así, chivo, lechón, borrego, muleto, rucho, potro, burro, mulo, caballo, yegua, era de un uso tan cotidiano, que estoy seguro no se pasaba ni un solo día en que algunos de dichos nombres no se oyeran dentro del propio ambiente de una familia. Seguro que la inmensa mayoría de los niños, jóvenes y muchos adultos, no es que no la hayan oído nunca, sino que incluso  ni siquiera sepan lo que significa. Esto por lo que se refiere a la vida en el hogar, que si pasamos al propio campo, la palabra cabrahígo, acebuche, lentisco, aulaga, torvisco, coscoja, retama, zarza,  que son de las más conocidas como árboles, matas o arbustos del campo mediterráneo, yo creo llevo decenas de años sin haberlas oído, y al igual que decía anteriormente, y me atrevo a apostar que tampoco siquiera en muchos niños y jóvenes de los pueblos hoy, conozcan a que se refieren.

Y que decir de los nombres de ciertos insectos como cigarra, tábano, ciempiés, escarabajo. o animales como lagartija, lagarto; pájaros, como urraca, jilguero, cogujada, alcaudón y otros muchos nombres de todo lo relacionado, que desde mi mi primera niñez comenzaba a tener conocimiento tanto de las palabras como de a lo que se refería y que conociendo fui con el paso de los días y tan lejos de todo ello me veo, como la cantidad de años que han transcurrido desde entonces. 

De las palabras, elementos y de la inmensa mayoría de lo que hoy existe y de que ni siquiera "antaño" se podía sospechar de que alguna vez pudiera verse u oírse, trataré, dentro de mis limitaciones, en una próxima entrada, que espero no tarde.

Hasta la próxima.

martes, 7 de mayo de 2013

7 de mayo


7 de mayo. Quienes tengáis la osadía de entrar en este blog os preguntaréis: "Éste se ha creído que hoy es San Fermín, bien por que piense que estamos en julio, o porque el Patrón de Pamplona lo hayan pasado al mes de Mayo". Pues no, nada de eso, ni tampoco tan importante, o cuando menos tan popular. Pues, se trata simple y llanamente de que muchos año ha, las fiestas de Villaharta se celebraban durante los días 7 al 9 de mayo, ambos inclusive, aunque desde hace ya muchísimos años las pasaron al mes de julio. Interesante noticia es esta que El abuelo de Villaharta, nos da y que sin duda debería de figurar en los  anales de la historia de España. Pero tampoco es eso. Y a pesar de que tan nimio pueda parecer, y sin duda lo es, puedo aseguraros, que ni un solo año cuando ha llegado el día siete de mayo, no hayan venido a mi recuerdo cuando yo estaba en mi adolescencia y primera juventud, que la celebración de aquellas inolvidables festividades lo suponían todo para mí,  y aunque a lo mejor también, dos hechos que nunca se fueron de mi recuerdo, y tan carentes de importancia como todo lo demás que escrito llevo en esta entrada puedan serlo, dejaron huella en mis sentimientos, y que sin duda pueda deberse a que cuando se tienen diecisiete, dieciocho, o veinte años, todo lo que entonces acaeció pueda verse de color de rosa.

Comenzaré por relatar el que por orden cronológico acaeció, pero también sin duda aunque ninguno de los dos pueda interesarle a nadie, reconozco que este que a continuación voy a señalar, no faltará quienes lo considere como una verdadera simpleza, esto, siendo benevolente conmigo. Pues vamos allá. Resulta que en las fiestas del año de 1943, yo estrenaba un traje que acompañando a mi madre me compró en los Almacenes Siglo XX de Córdoba, y para más señas nos costó la friolera cifra de 300 pesetas. Resulta que durante la campaña de la aceituna en la finca de La Calera donde yo estuve trabajando en la "molina", lo que como nombre oficial se conoce como almazara, yo ganaba 11 pesetas diarias, eso porque yo era el maestro de uno de los dos relevos que en ello trabajábamos, que aunque solo contaba con diecisiete años de edad así era, y los que estaban conmigo, solo ganaban 10 pesetas, o sea una peseta menos que yo. Así, aquel humilde traje que ya confeccionado me compré, se llevo el trabajo de todo un mes, y como cito nada de particular tuviera para considerarlo como una prenda de siquiera mediana calidad. Y aquí viene una, creo de las circunstancias que posiblemente me llevaron a tener presente aquel acontecer pasados hoy precisamente, SETENTA AÑOS, y es que aquel mismo día, un íntimo amigo mío estrenaba otro traje, pero hecho a medida, y de un género a simple vista muchos mejor que el mío, aunque no supe lo que a él le había costado,  y hasta el color creo diferenciaba la clase de uno al otro. Y no quiero tengáis  la sensación de que aquello me produjera envidia ni sentimiento alguno contra mi "íntimo amigo", pero en verdad, me hubiera gustado el haber podido vestir uno de similares características al suyo. Y ahora por primera vez confieso un hecho en relación a tal "suceso", y es que pasados creo pudieran ser mas de treinta años después, en otros grandes almacenes, "El Corte Ingles" de aquí en Málaga, me compré un traje de género y dibujo  totalmente igual al de mi amigo, aunque el fondo de color del suyo era un poquito mas oscuro que el mio,  cuya chaqueta aun conservo y de vez en cuando suelo ponérmela, y que cuando lo hago, se rememora en mí tanto el recuero de mi gran amigo que ya nos dejó hace algunos años, como el traje que tanto yo hubiere deseado lucir en las fiestas de mi pueblo aquel 7 de mayo de 1943. Simpleza pues, pero de sentido recuerdo para mí, aunque difícil sea el comprenderlo.

Por cuanto al segundo de los hechos en que hoy se cumple esa efemérides, y esta un año después de la anterior, o sea en 1944, y aunque también carente de todo interés para quienes hagáis el sacrificio de leerme hoy, puede que posiblemente pudiera haber cambiando el devenir de mi vida. 

Se trata de otra simpleza, para vosotros, no para mí. Resulta, de que como no, hubo de ser en la finca de La Calera, donde igualmente estuve trabajando en la "molina", aquel año me eché la primera novia que había tenido en mi vida, cuya joven, en compañía de otros familiares estuvo trabajando como el año anterior, en las faenas de la recolección de la aceituna, y vivían en un pequeño cortijo propiedad de sus padres a unos tres kilómetros de distancia de donde trabajábamos. Me despedía de ella precisamente el día de mi decimonoveno cumpleaños que estuve en su cortijo, y donde por haber terminado mi trabajo hube de marcharme a mi pueblo, prometiéndole que volvería a verla, el día primero de las fiestas de mi pueblo, precisamente el día siete de mayo. La distancia desde Villaharta hasta la residencia de aquella mi primera novia, era aproximadamente entre los diez o doce kilómetros, camino en su mayoría por escarpados, pedregosos y aunque acostumbrado a ello, de caminar dificultoso. Pues, si el año anterior estrené traje, ese de 1944, también lo hice de zapatos, y creo podrían ser sobre las once u once y media de la mañana, vistiendo mi indumentaria de las grandes solemnidades, habiendo amanecido un esplendoroso día, calentando el sol algo más de lo que pudiera desear, salía de Villaharta dispuesto a visitar a mi novia, de la que hacía diez días no la veía. De los diez o doce kilómetros que por recorrer me quedaban, no lo había hecho de ni siquiera el primer kilómetro, cuando transitaba por la parte trasera del cementerio de Villaharta, sintiendo cierto malestar por el estreno del calzado que llevaba y notando el calor reinante, a la sombra de una encina que junto al punto conocido por la "erilla del fraile", hice un pequeño descanso, en principio creo lo hice para despojarme de la chaqueta, pero que dejado caer sobre el tronco de aquel único testigo árbol, en mi mente comenzaba a dibujarse todo aquel largo y pedregoso itinerario que me llevaría hasta alcanzar la meta, no menos de dos horas, mas luego el regreso que sin duda hubiere de hacerlo ya de noche. Allí, en aquel "alto en el camino", me pasé no menos de media hora en un inmenso  y contradictorio titubeo de pensamientos en que era lo que había de hacer. Finalmente, opté por desistir de continuar mi camino y cumplir mi promesa de visitar a mi novia en tan señalado día, y hasta hoy que terminan de cumplirse SESENTA Y NUEVE AÑOS, nunca mas volví a verla. Como creo citaba al principio, de haber continuado el camino como fue en principio mi propósito, quien sabe si a lo mejor hubiere cambiando todo lo que vino a ser el devenir de mi vida.       

Os pido perdón por que os haya hecho perder un tiempo precioso leyendo nimiedades, pero no teniendo otra cuestión que traer hoy a este blog, la verdad a mí no me disgusta traer al recuerdo cuestiones de esta índole que han dejado huella en mis recuerdos y sentimientos. 

Hasta la próxima, que haré los posibles porque sea un poco mas sustanciosa que la presente 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Bautizo laboral



Hoy se cumplen setenta y ocho años en que yo me iniciaba en el trabajo. Era el primero de mayo de 1935. Hacía por tanto tres días que había cumplido los diez años de edad. 

Quizá nada más contradictorio que cuando se celebraba a bombo y platillo la fiesta del trabajo, un niño que terminaba de cumplir diez años, y como consecuencia de un accidente laboral de mi padre en el mes de diciembre del año anterior, y causas que serían largas de explicar, cuando en un hogar compuesto por mis padres y cinco hijos, se cortaba radicalmente toda clase de ingresos en el mismo, esa situación me empujaba a colocarme como ayudante de porquero. El sueldo que se me asignaba era el de una peseta diaria, así, aquel primero de mayo yo ganaba la primera peseta de mi vida.



Millares de veces he traído a la memoria aquel acontecer. Mucho me ha dado que pensar aquello de que como ya he citado dos veces, contando con solo diez años de edad, recuerdo tal si fuera hoy, lo complaciente que a tal cometido me prestaba. El ambiente y preocupación por aquella situación que sin duda se vivía por mis padres, y dado a que yo era el mayor de los hermanos, y la mas pequeña contaba solo un año de edad, había llegado a infundir en mí un sentimiento de responsabilidad, que incluso pueda parecer casi imposible en esas edades. Pero por inexplicable que parecer pueda, así era. Y yo, aquella esplendida mañana primaveral, con una pequeña bolsa de tela colgada del cinturón del pantalón en la parte izquierda de la cadera,  en cuyo interior llevaba una pequeña fiambrera de aluminio conteniendo seguro una  tortilla de patatas, seguramente algún torrezno, un trozo de pan , y seguro una naranja para postre, cantando como un alegre pajarillo en época de cría, me incorporaba a las órdenes de José María,  abuelo de un amigo mío, que sería mi jefe durante seis meses que en aquel cometido estuve desempeñando. 

Miserable puede parecer el sueldo de una peseta diaria, pero aún mucho más pueda parecerlo, y sin duda lo era, el que un hombre teniendo que mantener a lo mejor a toda una familia, y trabajando diariamente de sol a sol, en el campo, creo recordar, entonces ganaba tres pesetas con cincuenta céntimos, eso el día que trabajaba. 

Si la profunda crisis económica por la que hoy atraviesa España, comparársela a la de aquellas fechas hubiera, habría que llegar a la conclusión de que actualmente casi nadamos en la abundancia. Hogares en los que solo abundaba la miseria, harapientas vestimentas tanto en mayores como en niños, en lo que era normal el contemplar que muchos de estos andaban totalmente descalzos, y en cuyas familias principalmente la titánica lucha diaria, lo era esencialmente por la propia supervivencia, aunque hoy pueda verse con total extrañeza de que un niño a la edad en que yo me engrosaba en el mundo laboral, entonces lo era de una normalidad absoluta de lo que pocos hogares de los  llamados jornaleros, no se vieran inmersos.

No sé si pudo ser Cervantes el que en alguna ocasión dijo aquello de "que en la adversidad se forjan los grandes corazones",pero no lo es menos cierto, que si no perdemos la perspectiva, de como a mi me sucede, de donde venimos, todo cuanto después me llegaba, lo recibía en no pocas ocasiones hasta con cierto alborozo, y lo que  sin duda también influyó en formar en mí, ese talante optimista del que todavía gozo.

Volviendo la vista hasta aquellos lejanos años y trayendo al recuerdo las propias imágenes de mis amigos y compañeros de  trabajo, de juego o de colegio,  las propias vestimentas e incluso en sus rostros se reflejaba la  patente  carencia casi absoluta de  todo lo primordial. Lo único positivo que pueda tener lo adverso, es que siempre se tiene la esperanza de que esté por llegar algo que  mejorarlo pueda.

Dejando atrás este relato, ¡cuánto ha llovido desde entonces y cuánta miseria hemos ido dejando en el camino!, aunque siempre habrá alguien que el destino no le haya sido tan favorable como a mí.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 27 de abril de 2013

Cumpliendo años


Hoy cumplo años. Muchos. Pero no tantos como para sentirme arrepentido de ello, y aunque los que hoy cumplo, pese a que intente cambiar el orden de los dígitos, se queda tal cual. O sea que sin mas preámbulos tengo ya 88 años.

Cuando se llega a cumplir cierto número de años y muchos en mi caso hoy, que tantos son, dos son los sentimientos que a ello me llevan. Lo primero, y echando la vista atrás hasta aquellos en que comencé a tener uso de razón y de mi estancia por estos lares, es hacer balance de cuanto ha sido mi caminar por este mundo. Como en muchas ocasiones he dejado constancia escrita de ello, ni que a soñar me hubiere echado e incluso pedirme lo que yo hubiere deseado para mí y todo mi entorno, mucho más de cuanto siquiera yo hubiera alcanzado en pedir, me fue concedido. Sin lugar a dudas, superior a los merecimientos que para ello haya hecho. Riquezas crematísticas, ni fueron muchas las que amasé, ni estuve dotado para ello, pero en cuanto a las familiares, Dios, en principio, me concedió  la dicha de nacer de unos padres maravillosos, y que ello es la esencia de que si no se dilapida, es el sendero que sin duda le lleva a uno, por esa dicha de la  que tanto para nosotros como para nuestra descendencia deseamos,  y esa circunstancia, mis hijos no lo han sido menos y los hijos de mis hijos, en nada tuvieron que envidiar a los de sus padres y abuelos, así que orgulloso me encuentro de todo  ese entorno con el que envuelto me veo. He sentido pérdidas dolorosas de familiares que para siempre nos dejaron, pero no para suplir esas pérdidas, porque eso posible no es, vinieron otros, que eso sí, como número, fueron no perdiendo cantidad de seres de los que amándonos siguieron, y a los que menos nosotros queriéndolos estamos. Por cuanto a mi ámbito de amistades, puedo dar el mismo reconocimiento que a familiares se indica, muchos y buenos fueron los que atesoré y si algunos he ido perdiendo con el paso del tiempo, no menos lo han sido los que he tenido la suerte de ir consiguiendo.

Lo segundo, es que de vez en vez, no podemos sustraernos a echar una mirada hacia ese incierto futuro que nos reste por alcanzar. y aunque alguien dijo en una ocasión "que nadie es tan viejo que no piense cuando menos vivir un año más", yo en mi caso particular, ya por agradecido estoy a Dios de lo que vivido me ha concedido, pero si en las condiciones de todo orden en que hoy disfruto, en lo futuro no se me niega, importarme no me duele el que por esta vida me deje y con ello siga gozando de las mieles de dicha de las que tan bien  compensado lo fui y siéndolo sigo. 

Y así con ese sosiego que los años dejan, controladas las ambiciones, deshaciéndose en su mayoría de las utopías, doliéndonos en su punto máximo de la pérdida de esos seres queridos que se fueron, pero no menos gozando de la dicha que nos proporcionan los que nos quedan, que en mi caso particular lo siga como hasta ahora, pero eso sí, que lo cese antes de ver partir de algunos de estos seres que me circundan y que lo son mucho mas importantes que mi propia existencia.

Si el año 2014, en esta misma fecha, festejar pueda como ya en parte lo he hecho y mucho me resta por hacerlo, un cumpleaños más, y además, puedo realizar una nueva entrada en este blog, bendita sea, si no, no por ello el mundo dejará de seguir su rumbo y que todos los míos, no dejen de continuar con él.

Hasta la próxima entrada.    

sábado, 20 de abril de 2013

Triste efemérides


Hoy se cumple el decimonoveno aniversario del fallecimiento de mi madre. Poco mas de un mes le faltaba para cumplir los 97 años de edad, por tanto, larga fue su vida. Pese al dolor que supone la pérdida de una madre, creo es la que con mayor comprensión suele llevarse, dado a que como desde el momento en que se llega a tener conciencia de la existencia, a los padres solemos verlos como personas ya mayores y que por esas razones naturales, habrán de marcharse de esta vida antes que nosotros. En estos momentos, en que recordando aquel 20 de abril de 1994, perdía a mi madre para siempre, no puedo por menos que traer a la memoria, lo que desde que como cito anteriormente tuve uso de razón, fue su caminar por este mundo. Sin duda, le toco vivir una de las etapas mas duras, como lo fueron, las estrecheces de los años anteriores a  la guerra civil española, los acontecimientos y consecuencias de la misma guerra, y los no menos duros ocho o diez años tras el término de la misma. Entre tanto, e igualmente con anterioridad al ciclo mencionado, vio morir a tres de sus hijos, cuando creo que ninguno de ellos llegó siquiera a cumplir un año de edad. El sacrificio que le supuso el sacar adelante a los cinco restantes, en situaciones tan adversas como lo fueron, en el período antes citado, y para mayor abundamiento en hacer mas grave la situación, sin el apoyo de mi padre, su marido, por un período de alrededor de cuatro años, como consecuencia de la mencionada guerra y de un desgraciado accidente laboral que tuvo cerca de dos años antes de la misma. Pero la entereza de aquella mujer, mi madre, su capacidad de sacrificio y no menos la de su entrega al trabajo, su propio talante y ese amor de madre, como sin duda no existe otro en el mundo, le dieron la fuerza suficiente, e incluso diría yo, le sobraron, para llevar adelante tan arduo cometido, y del que los cinco hijos que le sobrevivieron, fuimos los beneficiados de ello.

Gracias a Dios, los no menos de treinta últimos años de su vida, si no tanto como hubiere merecido, si pudo gozarlos  en el ámbito personal, como en el familiar, al haber conseguido una vida, yo diría que incluso algo mas que aceptable, excepto su marido, mi padre, que fallecía treinta y cinco años antes que ella, cuando precisamente comenzaba la etapa de la recuperación en todos los órdenes. 

De lo que con su fallecimiento se libró, fue la de no haber presenciado el fallecimiento de sus hijos, tercero, cuarto y quinto en el orden de venir al mundo, como lo fueron mis hermanos Cesáreo, Antonio y José, y precisamente en el mismo orden en que nacieron. Sea esta entrada para rendir un sentido y emocionado recuerdo, que juntos sin duda lo están  todos en el Cielo, y comenzando por el orden cronológico en que se fueron de esta vida, a mi padre, mi madre y tres hermanos antes citados. 

Hasta la próxima.

domingo, 14 de abril de 2013

¡Han pasado sesenta y tres años!


Tal día como hoy de 1950, a bordo de un renqueante tranvía que desde la estación Linares-Baeza, llegaba a la Academia de la Guardia Civil de Úbeda, ubicada en aquella fecha en un antiguo Cuartel de Caballería sito a extramuros de la referida ciudad jiennense.

Para hacerse una idea de lo que eran los viajes de aquellas fechas, comenzaré diciendo, que sobre  las doce y media de la noche anterior, en que en unión de un buen número de compañeros que nos incorporábamos como Guardias alumnos al mencionado centro, tomábamos el tren expreso Málaga-Madrid, en la ciudad de Córdoba, llegando a Úbeda no menos de nueve horas después, claro, previo el transbordo correspondiente en la estación ya mencionada de Linares-Baeza.

¡Cuántas ilusiones y esperanzas rondaban por mi mente en aquellos momentos! Todas aquellas ilusiones y esperanzas de las que yo ni siquiera podía alcanzar con el deseo, fueron cumpliéndose con el paso de mi permanencia en el Cuerpo, con mucha mayor amplitud de lo que siquiera soñaba. En primer lugar, con mi ingreso en la Guardia Civil, se cumplía una de mis antiguas incógnitas de cómo llegaría a ser mi forma y modo de vida cuando fuera mayor, quitándome de encima la incertidumbre que, desde incluso mi adolescencia, había supuesto mi trabajo en el campo como jornalero y los dos últimos años antes de incorporarme al ejército con mi reemplazo, trabajando en una mina.

Cuando ingresé en la Academia de Úbeda, se daba la paradoja de que llevando ya a mis espaldas treinta meses de servicio militar, ni había hecho instrucción, ni había jurado bandera, ni había practicado servicio alguno de armas, dado a que durante el tiempo en que mi reemplazo realizaba esos requisitos, yo permanecía en el Hospital Militar de la Macarena de Sevilla,  ingresado como consecuencia de una úlcera en la córnea del ojo izquierdo. Esa circunstancia me llevó a que la instrucción en la Academia de Úbeda la hiciera junto a quienes no habían hecho el servicio militar, que eran solo los hijos del Cuerpo a quienes no les era exigido tal requisito, y que  los demás,  debíamos llevar prestado como mínimo dos años de servicio militar. Así con mas mili que "Cascorro" como solía decirse, acudía a la instrucción en el pelotón de los torpes, de donde me viene la amistad con mi entrañable amigo y compañero, Juan Ortíz Dominguez, que claro y como hijos del Cuerpo, también entre otros estaban, José Barrena Bejarano, hijo del Brigada encargado de la oficina de la Comandancia de Córdoba; Eugenio Lorenzana Cid, hijo del Teniente, a la sazón Jefe de la Línea de Cerro Muriano; Santiago Calzada Calero, hijo de un Guardia que creo estaba aquí en la Comandancia de Málaga; Juan Dueñas Romero, su padre Guardia en Andújar y un largo etcétera. Hoy en este día, recordando aquella tan lejana fecha del 14 de abril de 1950, no puedo por menos que regodearme de lo que supuso para mí, aquel a simple vista humilde empleo, y de que me llevó a querer y amar a esa Institución como una de las grandes pasiones de mi vivir, y no sé si por ello, o por ello fue, el haber conseguido una dicha de cuanto me supuso, tanto en el ámbito profesional, sino por encima de todo, y sobre todo, en el orden familiar, que cien vidas que Dios me diera, las entregaría a mi pertenencia al Cuerpo de la Guardia Civil. 

De todos aquellos compañeros y que algunos llegué incluso a considerar como amigos, sólo, como he citado anteriormente, me queda, y que Dios quiera lo sea por mucho tiempo, Juan Ortiz, con quien e incluso, acompañados de nuestras esposas (q.e.p.d.), luengos años de felicidad pasamos juntos en nuestro cotidiano vivir, con también otros matrimonios, aunque nada tuvieron que ver con la Guardia Civil. Amigo Juan, con esta entrada llevas un entrañable abrazo, aunque a lo mejor dentro de no más de algunas horas, estemos hablando por teléfono.  

Además de todo cuanto dejo expuesto anteriormente, nunca  dejaré de dar gracias a Dios, por lo  que a partir de aquel catorce de abril de mil novecientos cincuenta, supuso mi ingreso, en, como bien merecido tiene, de "Benemérito Instituto".

Hasta la próxima.

martes, 9 de abril de 2013

¡A buscar novia!


Como reza el dicho popular, "que la cabra siempre tira al monte", los ya un tanto pasados de años, tendemos a la añoranza de los  de nuestra juventud, en lo que solemos regodearnos, más porque éramos jóvenes, que por los hechos en los que recordamos, aunque en alguna que otra ocasión, si tuvieran la entidad e importancia suficiente para traerlos a la memoria.

Y volviendo a contar de como en aquellos tiempos nos desenvolvíamos en diferentes aspectos de la vida, de lo que en  algunas anteriores entradas he dejado constancia, hoy, y como figura en el título de la presente, voy a tratar de relatar cómo se iniciaba un noviazgo y la forma en que continuaba esa relación, ello en mi pueblo claro, y creo no difería mucho de los del resto de España. 

Desde tan pronto nos íbamos aproximando a la edad, los varones se entiende,  de los catorce, quince o dieciséis años, sentíamos ese gusanillo de cómo y de que modo tendríamos que hacer para declararnos a una mujer a fin de pedirle relaciones amorosas. No se porqué, los mayores parecían darles al hecho tal importancia y misterio, que a nosotros, cuando menos a mí y a mis amistades mas cercanas les sucedía lo mismo, sentíamos cierto temor a que cuando llegara la hora de dirigirnos a una joven con tales propósitos, no supiéramos cómo hacerlo e incluso caer en el ridículo. Tan extendido estaba este sentimiento, generalmente en los adolescentes, que incluso se vendían una especie de folletos explicando la forma de dirigirse a una mujer para pedirle relaciones, así como diferentes modelos de cartas para  iguales fines. Un primo mío y yo, por cierto compramos uno.

Como en mis tiempos las jóvenes en los días laborables solo salían de su casa para ir a cualquier recado, o bien a por agua potable, que solo un pozo había en la localidad que lo fuera, y también, y esto en la mayoría de los casos era intencionado, la asistencia a cualquier acto religioso, que por supuesto se celebraba en la iglesia. Los domingos y festivos, si el tiempo lo permitía había paseo por la tarde en la carretera, y también en la mayoría de ellos había baile, era la única oportunidad de poder hablar con ellas.

En los paseos las jóvenes solían hacerlo cuando menos dos, tres o cuatro juntas y cogidas del brazo unas a otras. Así, en el momento en que te decidías a "soltarle el trapo", como  coloquialmente decíamos en mi pueblo, a pretender de amores a una chica, aunque a la que te dirigieras fuera en uno de los extremos del conjunto, por fuerza las demás  tenían que oír todo cuanto uno dijera, y que en no pocas ocasiones, unas sarcásticas sonrisas no muy disimuladas asomaban a todas cuantas fueran en el grupo, eso sí, rara vez a la que fueran dirigidas. Por tanto las mejores oportunidades se daban en el baile, pero aunque tratabas de hacerlo con el mayor disimulo posible y como ya el rumor de tus propósitos se había extendido cuando menos por todos los componentes de tu pandilla, nunca pasaba desapercibido el momento de declaración, y lo confieso, a mí, y durante más tiempo del deseado, cada vez que lo hacía, un rubor que hacía enrojecer mi rostro,  me delataba. Ya una vez hecha la primera declaración, luego la continuación era más fácil y siempre se aprovechaba cualquier salida a la calle de tu pretendida para continuar con la conquista y para lo que empleabas muchos ratos de observación sobre su domicilio a fin no perder ninguna de las oportunidades que se te presentaran.

Al día siguiente de haberte declarado a ella, ya estaba la pareja en la "comidilla" de todo el vecindario. El tiempo en formalizarse el noviazgo dependía de, sobre todo el deseo de ella, el acoso del pretendiente, y también la cantidad de oportunidades que hubieres tenido de acercarte a ella. La señal de que el noviazgo se había realizado, lo era cuando en el paseo se daba la circunstancia, como se decía, de que se "habían soltado de pareja", o sea que ya paseaban los dos solos, sin que las amigas de la novia lo hicieran cogidas del brazo de ella. En el baile, lo era cuando ambos se sentaban en sillas continuas, y solo bailaban nada más que el uno con el otro, salvo compromiso de algún familiar muy cercano a ella, previa petición.

Ya una vez se eran novios, y eso sí, la inmensa mayoría de los días, si era festivo, después del paseo o del baile, y también en los días laborables, se hablaba con la novia en la puerta de su casa, o también por la ventana, o sea, que la novia dentro de su casa y de una habitación que tuviera ventana que diera a la calle, y el novio por fuera, así se "pelaba la pava" como se denominaba a hablar con la novia. Hoy recordando algunas de aquellas estampas, por ejemplo en noche de lluvia, el novio con un impermeable por encima y capota cubriendo su cabeza, asido a los hierros de la ventana permanecía a lo mejor por espacio de dos, tres o cuatro horas aguantando el chaparrón, y lo que entonces se veía con total normalidad, si hoy pudiera verse una fotografía de tales eventos, sería para caerse de espaldas.

Pasado un tiempo con esa forma de pelar la pava, llegaba el momento de entrar en la casa, ya que tanto la familia de ella como la circunstancia lo requería, entonces había que pedir permiso al padre de la novia, para que te concediera hablar con su hija dentro de su casa. Y la verdad, es que en partes era peor el remedio que la enfermedad, dado a que en la puerta y desde la ventana siempre tenías una oportunidad de poderla besar y como no, algún que otro tocamiento, cosa que dentro de la casa te era tan difícil, que se pasaban noches y noches sin que siquiera pudieras darle un beso. Para evitarlo, estaban siempre la madre, la abuela o en alguna que otra ocasión una hermana de la novia, de vigía permanente. En raras ocasiones se era vigilado, por el padre, el abuelo o hermano. Eso eran misiones femeninas. El darse un beso los novios, siempre, siempre, siempre,  se hacía en la más estricta intimidad, y nunca delante de otra persona, incluso amigas o amigos de la novia o el novio. Para eso había que estar  alerta y no dejar pasar oportunidad que se presentara, como por ejemplo cuando la madre tenía que ir a la cocina para dar una vuelta a la comida, siempre que no se dejara una reserva en la vigilancia.

Por lo relatado de como se buscaba novia y era la forma de continuar un noviazgo en mis tiempos de joven, aunque reconozco queda tan lejos, creo que no puede siquiera haber punto  de comparación, a como hoy se hace, pero también se presentaban oportunidades y pocas se desaprovechaban .

Hasta la próxima que ya los novios se habrán casado.