martes, 28 de mayo de 2013

Arriero




Hoy que ya hace una semana que este blog había permanecido en "su lugar descanso" como se mandaba a la fuerza tras haber realizado algunos ejercicios, a fin de que tomara un poco de aliento, no he tenido otra cosa que traer al recuerdo aquella profesión, como es, o era, la de arriero, y que precisamente en mi familia, había dos hermanas de mi padre casadas con arrieros.

Esta profesión u oficio, ya totalmente perdida, durante mi infancia y bien entrada mi juventud era tan normal y corriente como otra cualesquiera. Para quien, como posiblemente a mis nietos les suceda, desconozca y le suene a chino dicha palabra, les diré que era aquella persona que se dedicaba al trajín con bestias de carga, generalmente burros, que como tal, todos los  arrieros llamaban a los asnos. Y digo que dicho oficio era totalmente normal, dado a que el transporte, que podríamos  denominar primario, era verificado a través de los arrieros. Así era corriente contemplar como recuas de burros conducidas por el arriero procedían al transporte, por ejemplo en mi pueblo de las aceitunas para llevarlas hasta las almazaras, el aceite que se había producido en almazaras de los propios olivares, se llevaban hasta puntos donde pudieran ser luego pasadas y cargadas en camiones para su traslados mas largos, donde en los trabajos de carreteras para la retirada de tierras o aporte de otros materiales se hacía también con bestias; donde en las campañas de la caña de azúcar o remolacha, en la mayoría de los casos, también eran llevadas hasta las respectivas fábricas, y así un largo etcétera, que se haría interminable su enumeración.

En esta profesión de arriero como sucede en todas las demás, existían un número de palabras específicas para señalar cuanto rodeaba a dicha actividad, y voy a señalar algunas de ellas que tengo la certeza de que la inmensa mayoría de los que osen entrar en este blog, no las hayan oído nunca, pero que además les suenen tan raras que hasta puedan dudar de que hayan sido empleadas y aceptadas por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero de esto y si lo estimáis oportuno podéis salir de la duda.

En concreto me voy a ceñir solo, a lo que en las bestias de carga, o sea en los burros que se utilizaban  en este transporte, a señalar parte de cuanto había que colocar a estos animales a fin de hacer posible su trabajo. Son por ejemplo, ataharre, albardón, albarda y que todo ello formaba parte de lo que en conjunto se le llamaba, "aparejo".

En toda recua, que era el conjunto de burros que cada arriero poseía, siempre uno de los semovientes, era el que encabezaba la recua, que por lo general era el de caminar mas rápido y que daría ese dinamismo a los demás.  A este "burro" que se le encomendaba el servir de guía a la recua, se le llamaba  "liviano", y aunque el arriero siempre cabalgaba a lomos del último de la recua, con solo palabras ordenaba al liviano el que tomara una u otra dirección en el caso de cuando llegaban al cruce de caminos o veredas.

¡Qué cosas tan raras dice y se le ocurren a El abuelo de Villaharta!, diréis la mayoría. Pues para mí, desde mi infancia, me eran tan familiar el que a mis oídos llegaran las mismas, como hoy puedan ser, televisión, teléfonos móviles, ordenador, y todo el conjunto de esos aparatos que a mi se me antojan artefactos y que, algunos de ellos, tan embebidos llevan a todos los jóvenes y no tan jóvenes, que parecen llevarlos como desentendiéndose de todo cuanto a su alrededor sucede. A vosotros os parecerá que yo he venido de otro mundo, pero no, y aunque en realidad lleve acumulados bastantes años sobre mi espaldas, no tantos al punto de que también me aprovecho de algunos de los que he citado, como por ejemplo este del que me valgo para escribir lo que ahora estoy.

Bueno y dando un salto desde aquellos tiempos, me coloco a la par de vosotros en estos actuales y no me dejo perder el tren del progreso, que siempre es mejor que, mucho de lo pasado, aunque no todo. Hasta la próxima.

martes, 21 de mayo de 2013

Feliz cumpleaños


Hoy cumple 18 años, y por tanto su mayoría de edad, mi nieto Jorge, quinto y penúltimo,  por orden cronológico, de lo que ya solamente uno me queda por alcanzar esa edad. 

Por causas que ojalá nunca hubieren llegado, a este nieto ha sido a quien más próximo he estado viéndolo crecer día a día, desde aquellos ya lejanos cuando solo dos tenía. Miro hacía atrás y recordando desde cuando a la misma guardería iba a recogerlo cada tarde, después llevándolo de paseo, generalmente por las orillas del río y la playa, y así día tras día, luego al colegio, cuando los deberes, particularmente los de arítmética solíamos hacerlos a medias, y ayudándole en lo que me era posible en los demás, hasta el día de ayer que fue el último que lo he visto, cuando está a punto de terminar el curso y su bachillerato y en el próximo irá a la Universidad, y su estatura creo estará en el metro noventa, no deja de sorprenderme la velocidad con la que el tiempo pasa. Aunque en el día a día, que como es natural no se aprecia ese ir pasando el tiempo sobre el crecimiento y desarrollo de un niño, sí, de vez en vez, por la forma y modo de sus preguntas, sus reacciones, sus conversaciones, sus preferencias en los juegos y ese largo etcétera, es cuando  de que sin que te des cuenta, va dejando atrás cada etapa y cuando acuerdas ya ha alcanzado esa mayoría de edad. 

Incluso y por razones de mi trabajo y ocupaciones, ni con mis propios hijos, ni por supuesto con los demás nietos, excepción de también Pepillo, el mas pequeño de todos y hermano de Jorge, que aunque no en la proporción de éste, si he estado igual de próximo, tuve la dicha de poder contemplar esa forma de como se iban transformando de niños en adolescentes, después en jóvenes y así hasta alcanzar y terminar su formación, y como incluso me sucede ahora viendo llegar a mis hijos, hasta la casi postreras etapas de sus profesiones.  

Hoy también y con este motivo, no he tenido por menos que volver mis recuerdos hasta aquellos en que yo transitaba por esta edad a la que hoy llega mi nieto, y sin que el día de mi décimo octavo cumpleaños, seguro estoy, que posiblemente ni siquiera recibiera una felicitación de nadie por tal motivo, por descontado que regalo alguno, y seguro lo pasé trabajando en la finca de La Calera. Ello, me lleva a dar por seguro, que  el discurrir por la vida de una persona, depende primero, de los padres que en suerte le hayan traído al mundo, y segundo, el cuando y las circunstancias en que a este vino. Yo aún cuando hoy por contento me doy de cual ha sido todo mi devenir, reconozco que hube de transitar con una cantidad de eventos de los que mis nietos por suerte no han tenido que salvar, y que cuando, como anteriormente digo yo cumplía los deciocho años, llevaba ya cuando no menos de siete u ocho habiendo desempeñado bastantes y diferentes trabajos, todos en el campo, y que suponían en la mayoría de ellos sacrificios de todo orden, Quizá, ello me tenía por considerarme quizá de una madurez en mi persona, que me parece distinta a la que hoy llega mi nieto Jorge, aunque en otro orden y por lo que atañe a su formación cultural e intelectual no haya punto de que comparársele pueda.

Por todo cuanto antecede y pese a que dentro de unas horas estaré junto a él, vaya por esta entrada mi mas entrañable felicitación y que Dios le de todo cuanto se merece y su abuelo le desea, al igual a sus otros cinco primos, y nietos míos. Lástima que su abuela Gloria no pueda celebrarlo, de lo que tan orgullosa se hubiere sentido también. 

Hasta la próxima entrada.

domingo, 19 de mayo de 2013

Peón caminero

  

No sé a cuento de qué se me ha venido esta mañana a la memoria el recuerdo de aquella profesión u oficio, ya perdido, del Peón Caminero. 

Si hoy le preguntara a alguno de mis nietos, si le hubiera gustado ser peón caminero, posiblemente, aunque no me lo dijera, pensaría que su abuelo está perdiendo la chaveta. Pero no, el peón caminero no hace tantos años existía en España, y era el que estaba encargado de la conservación de las carreteras, las nacionales se entiende, porque las comarcales o provinciales, esas solían ser parcheadas cuando su circulación se hacía bastante peligrosa y dificultosa por los innumerables baches que tenían.



Pero no nos desviemos del título dado a esta entrada. Los peones camineros, incluso tenían sus propias viviendas, que eran unas llamadas casetas, con muy buenas condiciones de habitabilidad y que se hallaban a cierta distancia unas de otras y en el mismo margen de la carretera. Circulando por aquellas carreteras nacionales, las que carecían de toda clase de líneas continúas,  discontinuas o  separación de carriles, se me viene al recuerdo que, cuando un vehículo comenzaba a tomar una de esas curvas que se entendía eran peligrosas, hacían sonar sus claxon o bocinas, como entonces se les denominaba, a fin de avisar de su presencia al vehículo que viniera en dirección contraria. 

Que me perdone si alguno de los que fueron peones camineros vive aún, o de sus familiares,  la verdad que posiblemente sin toda la razón, no gozaban de plena buena fama de entregarse a su cometido con mucho entusiasmo, y sí, es cierto, que no era infrecuente cuando se circulaba por esas vías el observar como junto a sus cunetas se hallaba una espuerta, una azada o un rastrillo, pero solo esas herramientas de trabajo, sin que utilizándolas, e incluso a la vista de las mismas, estuviera quien tenía la misión de ello.

Cuando el desperfecto de las carreteras era de cierta consideración, y que el empleo de piedra "picada" era necesaria para su reparación, se observaba como el aporte de la misma se hacía mediante "burros" que colocados sobre sus aparejos unos pequeños  serones, eran llenados por sus conductores, desde los puntos mas cercanos a donde las hubiere y vaciados sobre unos cajones que median un metro cúbico de volumen,  y al final de la jornada te eran abonados por el número de metros que hubieres  acarreado. En una ocasión y por espacio de varios días, recuerdo que con un burro, prestado, yo estuve acarreando piedras para reparación de una carretera local, que partiendo de la general Córdoba-Badajoz llevaba hasta la localidad de Villaviciosa, a unos seis o siete kilómetros  de mi pueblo, el punto de trabajo se entiende, y en las inmediaciones de la entonces estación de la Alhondiguilla de la línea férrea de Córdoba-Almorchón. Estas reparaciones solían hacerse en periodos de verano y cuando el paro entre los jornaleros era casi general. Por tanto, si no había otra cosa, se hacía necesario entregarse a esa clase de trabajos, que por cierto no era nada agradable. Pero si el acarreo de la piedra era duro, el picado de la misma a mano y con unos pequeños martillos y de largo mango, era mucho peor y con el que en las manos se ocasionaban unas ampollas, que hasta convertidas en callosidad eran de un sufrimiento y dolor considerables. De ésto, mi padre si tuvo experiencia.

Recordar aquella clase de trabajos y cómo había que realizarlos, parten el alma, y se diría que hasta clamaban al cielo, los miserables sueldos que con ello se conseguía, dado a que siempre se ejecutaban mediante tareas o concierto por el número de metros "machacados".

El traer a colación mi dichoso recuerdo a los peones camineros, me ha llevado hasta aquellos trabajos a los que había que entregarse por pura necesidad y que en realidad, nada mas lejos de mis deseos fueron el haberlos tenido que hacer y mucho peor el que volvieran tal cual había que ejecutarlos.


De todo esto tiene la culpa, el hacer tantos años en que yo llevo caminando por este mundo, pero también me trae el consuelo, que miro hacia atrás y me digo, gracias a Dios que aquello ya pasó. Hasta la próxima que sea más alegre que ésta, pero como suele decirse, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

lunes, 13 de mayo de 2013

El campo



Creo que una de las primeras acepciones que el Diccionario de la Lengua Española da a la palabra "campo", es el de extensión de terreno fuera de poblaciones, y aunque la misma hace referencia a  varios temas y conceptos, por lo que a mi y hoy respecta, y por lo que al título de esta entrada he dado, se trata en concreto de esa primera definición.

Por lo que a mi origen y procedencia se refiere, y como existía, y debe existir un dicho, "soy más del campo que una retama".

El cambio de la vida del campo a la ciudad, más el que en todos los órdenes ha dado la sociedad desde  mis años de infancia y primera juventud hasta el día de hoy, con  el aditamento de mi ingreso en la Guardia Civil, han dado lugar a que la inmensa mayoría de las palabras y frases de las que antaño, ésta es una de ellas, salían de mi boca y eran percibidas por mis oídos, no se parezcan en nada a las de ahora, y de las muchas de aquellas, hoy o han desaparecido o en raras ocasiones suelen oírse, y de las de ahora, entonces, que esto es lo que quiere decir "antaño", en la inmensa mayoría de las mismas, incluso ni se habían inventado. 

Como suelen comenzar los Evangelios, así diré yo, en aquellos tiempos, cuando sobre todo en los ambientes rurales, se le hacía una filiación a un hombre, al referirse a su profesión se denominaba "del campo", al igual que a la inmensa mayoría de las mujeres se les catalogaba en  su profesión de "sus labores", que suponía que trabajaba solo en las faenas del hogar.

Pero con independencia de ese preámbulo que antecede, mi intención en esta entrada, quiero referirme a aquellas palabras o frases mas empleadas en el ámbito de la vida rural, comenzando por ejemplo por los animales domésticos y más próximos  en torno a la familia o al trabajo. Así, chivo, lechón, borrego, muleto, rucho, potro, burro, mulo, caballo, yegua, era de un uso tan cotidiano, que estoy seguro no se pasaba ni un solo día en que algunos de dichos nombres no se oyeran dentro del propio ambiente de una familia. Seguro que la inmensa mayoría de los niños, jóvenes y muchos adultos, no es que no la hayan oído nunca, sino que incluso  ni siquiera sepan lo que significa. Esto por lo que se refiere a la vida en el hogar, que si pasamos al propio campo, la palabra cabrahígo, acebuche, lentisco, aulaga, torvisco, coscoja, retama, zarza,  que son de las más conocidas como árboles, matas o arbustos del campo mediterráneo, yo creo llevo decenas de años sin haberlas oído, y al igual que decía anteriormente, y me atrevo a apostar que tampoco siquiera en muchos niños y jóvenes de los pueblos hoy, conozcan a que se refieren.

Y que decir de los nombres de ciertos insectos como cigarra, tábano, ciempiés, escarabajo. o animales como lagartija, lagarto; pájaros, como urraca, jilguero, cogujada, alcaudón y otros muchos nombres de todo lo relacionado, que desde mi mi primera niñez comenzaba a tener conocimiento tanto de las palabras como de a lo que se refería y que conociendo fui con el paso de los días y tan lejos de todo ello me veo, como la cantidad de años que han transcurrido desde entonces. 

De las palabras, elementos y de la inmensa mayoría de lo que hoy existe y de que ni siquiera "antaño" se podía sospechar de que alguna vez pudiera verse u oírse, trataré, dentro de mis limitaciones, en una próxima entrada, que espero no tarde.

Hasta la próxima.

martes, 7 de mayo de 2013

7 de mayo


7 de mayo. Quienes tengáis la osadía de entrar en este blog os preguntaréis: "Éste se ha creído que hoy es San Fermín, bien por que piense que estamos en julio, o porque el Patrón de Pamplona lo hayan pasado al mes de Mayo". Pues no, nada de eso, ni tampoco tan importante, o cuando menos tan popular. Pues, se trata simple y llanamente de que muchos año ha, las fiestas de Villaharta se celebraban durante los días 7 al 9 de mayo, ambos inclusive, aunque desde hace ya muchísimos años las pasaron al mes de julio. Interesante noticia es esta que El abuelo de Villaharta, nos da y que sin duda debería de figurar en los  anales de la historia de España. Pero tampoco es eso. Y a pesar de que tan nimio pueda parecer, y sin duda lo es, puedo aseguraros, que ni un solo año cuando ha llegado el día siete de mayo, no hayan venido a mi recuerdo cuando yo estaba en mi adolescencia y primera juventud, que la celebración de aquellas inolvidables festividades lo suponían todo para mí,  y aunque a lo mejor también, dos hechos que nunca se fueron de mi recuerdo, y tan carentes de importancia como todo lo demás que escrito llevo en esta entrada puedan serlo, dejaron huella en mis sentimientos, y que sin duda pueda deberse a que cuando se tienen diecisiete, dieciocho, o veinte años, todo lo que entonces acaeció pueda verse de color de rosa.

Comenzaré por relatar el que por orden cronológico acaeció, pero también sin duda aunque ninguno de los dos pueda interesarle a nadie, reconozco que este que a continuación voy a señalar, no faltará quienes lo considere como una verdadera simpleza, esto, siendo benevolente conmigo. Pues vamos allá. Resulta que en las fiestas del año de 1943, yo estrenaba un traje que acompañando a mi madre me compró en los Almacenes Siglo XX de Córdoba, y para más señas nos costó la friolera cifra de 300 pesetas. Resulta que durante la campaña de la aceituna en la finca de La Calera donde yo estuve trabajando en la "molina", lo que como nombre oficial se conoce como almazara, yo ganaba 11 pesetas diarias, eso porque yo era el maestro de uno de los dos relevos que en ello trabajábamos, que aunque solo contaba con diecisiete años de edad así era, y los que estaban conmigo, solo ganaban 10 pesetas, o sea una peseta menos que yo. Así, aquel humilde traje que ya confeccionado me compré, se llevo el trabajo de todo un mes, y como cito nada de particular tuviera para considerarlo como una prenda de siquiera mediana calidad. Y aquí viene una, creo de las circunstancias que posiblemente me llevaron a tener presente aquel acontecer pasados hoy precisamente, SETENTA AÑOS, y es que aquel mismo día, un íntimo amigo mío estrenaba otro traje, pero hecho a medida, y de un género a simple vista muchos mejor que el mío, aunque no supe lo que a él le había costado,  y hasta el color creo diferenciaba la clase de uno al otro. Y no quiero tengáis  la sensación de que aquello me produjera envidia ni sentimiento alguno contra mi "íntimo amigo", pero en verdad, me hubiera gustado el haber podido vestir uno de similares características al suyo. Y ahora por primera vez confieso un hecho en relación a tal "suceso", y es que pasados creo pudieran ser mas de treinta años después, en otros grandes almacenes, "El Corte Ingles" de aquí en Málaga, me compré un traje de género y dibujo  totalmente igual al de mi amigo, aunque el fondo de color del suyo era un poquito mas oscuro que el mio,  cuya chaqueta aun conservo y de vez en cuando suelo ponérmela, y que cuando lo hago, se rememora en mí tanto el recuero de mi gran amigo que ya nos dejó hace algunos años, como el traje que tanto yo hubiere deseado lucir en las fiestas de mi pueblo aquel 7 de mayo de 1943. Simpleza pues, pero de sentido recuerdo para mí, aunque difícil sea el comprenderlo.

Por cuanto al segundo de los hechos en que hoy se cumple esa efemérides, y esta un año después de la anterior, o sea en 1944, y aunque también carente de todo interés para quienes hagáis el sacrificio de leerme hoy, puede que posiblemente pudiera haber cambiando el devenir de mi vida. 

Se trata de otra simpleza, para vosotros, no para mí. Resulta, de que como no, hubo de ser en la finca de La Calera, donde igualmente estuve trabajando en la "molina", aquel año me eché la primera novia que había tenido en mi vida, cuya joven, en compañía de otros familiares estuvo trabajando como el año anterior, en las faenas de la recolección de la aceituna, y vivían en un pequeño cortijo propiedad de sus padres a unos tres kilómetros de distancia de donde trabajábamos. Me despedía de ella precisamente el día de mi decimonoveno cumpleaños que estuve en su cortijo, y donde por haber terminado mi trabajo hube de marcharme a mi pueblo, prometiéndole que volvería a verla, el día primero de las fiestas de mi pueblo, precisamente el día siete de mayo. La distancia desde Villaharta hasta la residencia de aquella mi primera novia, era aproximadamente entre los diez o doce kilómetros, camino en su mayoría por escarpados, pedregosos y aunque acostumbrado a ello, de caminar dificultoso. Pues, si el año anterior estrené traje, ese de 1944, también lo hice de zapatos, y creo podrían ser sobre las once u once y media de la mañana, vistiendo mi indumentaria de las grandes solemnidades, habiendo amanecido un esplendoroso día, calentando el sol algo más de lo que pudiera desear, salía de Villaharta dispuesto a visitar a mi novia, de la que hacía diez días no la veía. De los diez o doce kilómetros que por recorrer me quedaban, no lo había hecho de ni siquiera el primer kilómetro, cuando transitaba por la parte trasera del cementerio de Villaharta, sintiendo cierto malestar por el estreno del calzado que llevaba y notando el calor reinante, a la sombra de una encina que junto al punto conocido por la "erilla del fraile", hice un pequeño descanso, en principio creo lo hice para despojarme de la chaqueta, pero que dejado caer sobre el tronco de aquel único testigo árbol, en mi mente comenzaba a dibujarse todo aquel largo y pedregoso itinerario que me llevaría hasta alcanzar la meta, no menos de dos horas, mas luego el regreso que sin duda hubiere de hacerlo ya de noche. Allí, en aquel "alto en el camino", me pasé no menos de media hora en un inmenso  y contradictorio titubeo de pensamientos en que era lo que había de hacer. Finalmente, opté por desistir de continuar mi camino y cumplir mi promesa de visitar a mi novia en tan señalado día, y hasta hoy que terminan de cumplirse SESENTA Y NUEVE AÑOS, nunca mas volví a verla. Como creo citaba al principio, de haber continuado el camino como fue en principio mi propósito, quien sabe si a lo mejor hubiere cambiando todo lo que vino a ser el devenir de mi vida.       

Os pido perdón por que os haya hecho perder un tiempo precioso leyendo nimiedades, pero no teniendo otra cuestión que traer hoy a este blog, la verdad a mí no me disgusta traer al recuerdo cuestiones de esta índole que han dejado huella en mis recuerdos y sentimientos. 

Hasta la próxima, que haré los posibles porque sea un poco mas sustanciosa que la presente 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Bautizo laboral



Hoy se cumplen setenta y ocho años en que yo me iniciaba en el trabajo. Era el primero de mayo de 1935. Hacía por tanto tres días que había cumplido los diez años de edad. 

Quizá nada más contradictorio que cuando se celebraba a bombo y platillo la fiesta del trabajo, un niño que terminaba de cumplir diez años, y como consecuencia de un accidente laboral de mi padre en el mes de diciembre del año anterior, y causas que serían largas de explicar, cuando en un hogar compuesto por mis padres y cinco hijos, se cortaba radicalmente toda clase de ingresos en el mismo, esa situación me empujaba a colocarme como ayudante de porquero. El sueldo que se me asignaba era el de una peseta diaria, así, aquel primero de mayo yo ganaba la primera peseta de mi vida.



Millares de veces he traído a la memoria aquel acontecer. Mucho me ha dado que pensar aquello de que como ya he citado dos veces, contando con solo diez años de edad, recuerdo tal si fuera hoy, lo complaciente que a tal cometido me prestaba. El ambiente y preocupación por aquella situación que sin duda se vivía por mis padres, y dado a que yo era el mayor de los hermanos, y la mas pequeña contaba solo un año de edad, había llegado a infundir en mí un sentimiento de responsabilidad, que incluso pueda parecer casi imposible en esas edades. Pero por inexplicable que parecer pueda, así era. Y yo, aquella esplendida mañana primaveral, con una pequeña bolsa de tela colgada del cinturón del pantalón en la parte izquierda de la cadera,  en cuyo interior llevaba una pequeña fiambrera de aluminio conteniendo seguro una  tortilla de patatas, seguramente algún torrezno, un trozo de pan , y seguro una naranja para postre, cantando como un alegre pajarillo en época de cría, me incorporaba a las órdenes de José María,  abuelo de un amigo mío, que sería mi jefe durante seis meses que en aquel cometido estuve desempeñando. 

Miserable puede parecer el sueldo de una peseta diaria, pero aún mucho más pueda parecerlo, y sin duda lo era, el que un hombre teniendo que mantener a lo mejor a toda una familia, y trabajando diariamente de sol a sol, en el campo, creo recordar, entonces ganaba tres pesetas con cincuenta céntimos, eso el día que trabajaba. 

Si la profunda crisis económica por la que hoy atraviesa España, comparársela a la de aquellas fechas hubiera, habría que llegar a la conclusión de que actualmente casi nadamos en la abundancia. Hogares en los que solo abundaba la miseria, harapientas vestimentas tanto en mayores como en niños, en lo que era normal el contemplar que muchos de estos andaban totalmente descalzos, y en cuyas familias principalmente la titánica lucha diaria, lo era esencialmente por la propia supervivencia, aunque hoy pueda verse con total extrañeza de que un niño a la edad en que yo me engrosaba en el mundo laboral, entonces lo era de una normalidad absoluta de lo que pocos hogares de los  llamados jornaleros, no se vieran inmersos.

No sé si pudo ser Cervantes el que en alguna ocasión dijo aquello de "que en la adversidad se forjan los grandes corazones",pero no lo es menos cierto, que si no perdemos la perspectiva, de como a mi me sucede, de donde venimos, todo cuanto después me llegaba, lo recibía en no pocas ocasiones hasta con cierto alborozo, y lo que  sin duda también influyó en formar en mí, ese talante optimista del que todavía gozo.

Volviendo la vista hasta aquellos lejanos años y trayendo al recuerdo las propias imágenes de mis amigos y compañeros de  trabajo, de juego o de colegio,  las propias vestimentas e incluso en sus rostros se reflejaba la  patente  carencia casi absoluta de  todo lo primordial. Lo único positivo que pueda tener lo adverso, es que siempre se tiene la esperanza de que esté por llegar algo que  mejorarlo pueda.

Dejando atrás este relato, ¡cuánto ha llovido desde entonces y cuánta miseria hemos ido dejando en el camino!, aunque siempre habrá alguien que el destino no le haya sido tan favorable como a mí.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 27 de abril de 2013

Cumpliendo años


Hoy cumplo años. Muchos. Pero no tantos como para sentirme arrepentido de ello, y aunque los que hoy cumplo, pese a que intente cambiar el orden de los dígitos, se queda tal cual. O sea que sin mas preámbulos tengo ya 88 años.

Cuando se llega a cumplir cierto número de años y muchos en mi caso hoy, que tantos son, dos son los sentimientos que a ello me llevan. Lo primero, y echando la vista atrás hasta aquellos en que comencé a tener uso de razón y de mi estancia por estos lares, es hacer balance de cuanto ha sido mi caminar por este mundo. Como en muchas ocasiones he dejado constancia escrita de ello, ni que a soñar me hubiere echado e incluso pedirme lo que yo hubiere deseado para mí y todo mi entorno, mucho más de cuanto siquiera yo hubiera alcanzado en pedir, me fue concedido. Sin lugar a dudas, superior a los merecimientos que para ello haya hecho. Riquezas crematísticas, ni fueron muchas las que amasé, ni estuve dotado para ello, pero en cuanto a las familiares, Dios, en principio, me concedió  la dicha de nacer de unos padres maravillosos, y que ello es la esencia de que si no se dilapida, es el sendero que sin duda le lleva a uno, por esa dicha de la  que tanto para nosotros como para nuestra descendencia deseamos,  y esa circunstancia, mis hijos no lo han sido menos y los hijos de mis hijos, en nada tuvieron que envidiar a los de sus padres y abuelos, así que orgulloso me encuentro de todo  ese entorno con el que envuelto me veo. He sentido pérdidas dolorosas de familiares que para siempre nos dejaron, pero no para suplir esas pérdidas, porque eso posible no es, vinieron otros, que eso sí, como número, fueron no perdiendo cantidad de seres de los que amándonos siguieron, y a los que menos nosotros queriéndolos estamos. Por cuanto a mi ámbito de amistades, puedo dar el mismo reconocimiento que a familiares se indica, muchos y buenos fueron los que atesoré y si algunos he ido perdiendo con el paso del tiempo, no menos lo han sido los que he tenido la suerte de ir consiguiendo.

Lo segundo, es que de vez en vez, no podemos sustraernos a echar una mirada hacia ese incierto futuro que nos reste por alcanzar. y aunque alguien dijo en una ocasión "que nadie es tan viejo que no piense cuando menos vivir un año más", yo en mi caso particular, ya por agradecido estoy a Dios de lo que vivido me ha concedido, pero si en las condiciones de todo orden en que hoy disfruto, en lo futuro no se me niega, importarme no me duele el que por esta vida me deje y con ello siga gozando de las mieles de dicha de las que tan bien  compensado lo fui y siéndolo sigo. 

Y así con ese sosiego que los años dejan, controladas las ambiciones, deshaciéndose en su mayoría de las utopías, doliéndonos en su punto máximo de la pérdida de esos seres queridos que se fueron, pero no menos gozando de la dicha que nos proporcionan los que nos quedan, que en mi caso particular lo siga como hasta ahora, pero eso sí, que lo cese antes de ver partir de algunos de estos seres que me circundan y que lo son mucho mas importantes que mi propia existencia.

Si el año 2014, en esta misma fecha, festejar pueda como ya en parte lo he hecho y mucho me resta por hacerlo, un cumpleaños más, y además, puedo realizar una nueva entrada en este blog, bendita sea, si no, no por ello el mundo dejará de seguir su rumbo y que todos los míos, no dejen de continuar con él.

Hasta la próxima entrada.    

sábado, 20 de abril de 2013

Triste efemérides


Hoy se cumple el decimonoveno aniversario del fallecimiento de mi madre. Poco mas de un mes le faltaba para cumplir los 97 años de edad, por tanto, larga fue su vida. Pese al dolor que supone la pérdida de una madre, creo es la que con mayor comprensión suele llevarse, dado a que como desde el momento en que se llega a tener conciencia de la existencia, a los padres solemos verlos como personas ya mayores y que por esas razones naturales, habrán de marcharse de esta vida antes que nosotros. En estos momentos, en que recordando aquel 20 de abril de 1994, perdía a mi madre para siempre, no puedo por menos que traer a la memoria, lo que desde que como cito anteriormente tuve uso de razón, fue su caminar por este mundo. Sin duda, le toco vivir una de las etapas mas duras, como lo fueron, las estrecheces de los años anteriores a  la guerra civil española, los acontecimientos y consecuencias de la misma guerra, y los no menos duros ocho o diez años tras el término de la misma. Entre tanto, e igualmente con anterioridad al ciclo mencionado, vio morir a tres de sus hijos, cuando creo que ninguno de ellos llegó siquiera a cumplir un año de edad. El sacrificio que le supuso el sacar adelante a los cinco restantes, en situaciones tan adversas como lo fueron, en el período antes citado, y para mayor abundamiento en hacer mas grave la situación, sin el apoyo de mi padre, su marido, por un período de alrededor de cuatro años, como consecuencia de la mencionada guerra y de un desgraciado accidente laboral que tuvo cerca de dos años antes de la misma. Pero la entereza de aquella mujer, mi madre, su capacidad de sacrificio y no menos la de su entrega al trabajo, su propio talante y ese amor de madre, como sin duda no existe otro en el mundo, le dieron la fuerza suficiente, e incluso diría yo, le sobraron, para llevar adelante tan arduo cometido, y del que los cinco hijos que le sobrevivieron, fuimos los beneficiados de ello.

Gracias a Dios, los no menos de treinta últimos años de su vida, si no tanto como hubiere merecido, si pudo gozarlos  en el ámbito personal, como en el familiar, al haber conseguido una vida, yo diría que incluso algo mas que aceptable, excepto su marido, mi padre, que fallecía treinta y cinco años antes que ella, cuando precisamente comenzaba la etapa de la recuperación en todos los órdenes. 

De lo que con su fallecimiento se libró, fue la de no haber presenciado el fallecimiento de sus hijos, tercero, cuarto y quinto en el orden de venir al mundo, como lo fueron mis hermanos Cesáreo, Antonio y José, y precisamente en el mismo orden en que nacieron. Sea esta entrada para rendir un sentido y emocionado recuerdo, que juntos sin duda lo están  todos en el Cielo, y comenzando por el orden cronológico en que se fueron de esta vida, a mi padre, mi madre y tres hermanos antes citados. 

Hasta la próxima.

domingo, 14 de abril de 2013

¡Han pasado sesenta y tres años!


Tal día como hoy de 1950, a bordo de un renqueante tranvía que desde la estación Linares-Baeza, llegaba a la Academia de la Guardia Civil de Úbeda, ubicada en aquella fecha en un antiguo Cuartel de Caballería sito a extramuros de la referida ciudad jiennense.

Para hacerse una idea de lo que eran los viajes de aquellas fechas, comenzaré diciendo, que sobre  las doce y media de la noche anterior, en que en unión de un buen número de compañeros que nos incorporábamos como Guardias alumnos al mencionado centro, tomábamos el tren expreso Málaga-Madrid, en la ciudad de Córdoba, llegando a Úbeda no menos de nueve horas después, claro, previo el transbordo correspondiente en la estación ya mencionada de Linares-Baeza.

¡Cuántas ilusiones y esperanzas rondaban por mi mente en aquellos momentos! Todas aquellas ilusiones y esperanzas de las que yo ni siquiera podía alcanzar con el deseo, fueron cumpliéndose con el paso de mi permanencia en el Cuerpo, con mucha mayor amplitud de lo que siquiera soñaba. En primer lugar, con mi ingreso en la Guardia Civil, se cumplía una de mis antiguas incógnitas de cómo llegaría a ser mi forma y modo de vida cuando fuera mayor, quitándome de encima la incertidumbre que, desde incluso mi adolescencia, había supuesto mi trabajo en el campo como jornalero y los dos últimos años antes de incorporarme al ejército con mi reemplazo, trabajando en una mina.

Cuando ingresé en la Academia de Úbeda, se daba la paradoja de que llevando ya a mis espaldas treinta meses de servicio militar, ni había hecho instrucción, ni había jurado bandera, ni había practicado servicio alguno de armas, dado a que durante el tiempo en que mi reemplazo realizaba esos requisitos, yo permanecía en el Hospital Militar de la Macarena de Sevilla,  ingresado como consecuencia de una úlcera en la córnea del ojo izquierdo. Esa circunstancia me llevó a que la instrucción en la Academia de Úbeda la hiciera junto a quienes no habían hecho el servicio militar, que eran solo los hijos del Cuerpo a quienes no les era exigido tal requisito, y que  los demás,  debíamos llevar prestado como mínimo dos años de servicio militar. Así con mas mili que "Cascorro" como solía decirse, acudía a la instrucción en el pelotón de los torpes, de donde me viene la amistad con mi entrañable amigo y compañero, Juan Ortíz Dominguez, que claro y como hijos del Cuerpo, también entre otros estaban, José Barrena Bejarano, hijo del Brigada encargado de la oficina de la Comandancia de Córdoba; Eugenio Lorenzana Cid, hijo del Teniente, a la sazón Jefe de la Línea de Cerro Muriano; Santiago Calzada Calero, hijo de un Guardia que creo estaba aquí en la Comandancia de Málaga; Juan Dueñas Romero, su padre Guardia en Andújar y un largo etcétera. Hoy en este día, recordando aquella tan lejana fecha del 14 de abril de 1950, no puedo por menos que regodearme de lo que supuso para mí, aquel a simple vista humilde empleo, y de que me llevó a querer y amar a esa Institución como una de las grandes pasiones de mi vivir, y no sé si por ello, o por ello fue, el haber conseguido una dicha de cuanto me supuso, tanto en el ámbito profesional, sino por encima de todo, y sobre todo, en el orden familiar, que cien vidas que Dios me diera, las entregaría a mi pertenencia al Cuerpo de la Guardia Civil. 

De todos aquellos compañeros y que algunos llegué incluso a considerar como amigos, sólo, como he citado anteriormente, me queda, y que Dios quiera lo sea por mucho tiempo, Juan Ortiz, con quien e incluso, acompañados de nuestras esposas (q.e.p.d.), luengos años de felicidad pasamos juntos en nuestro cotidiano vivir, con también otros matrimonios, aunque nada tuvieron que ver con la Guardia Civil. Amigo Juan, con esta entrada llevas un entrañable abrazo, aunque a lo mejor dentro de no más de algunas horas, estemos hablando por teléfono.  

Además de todo cuanto dejo expuesto anteriormente, nunca  dejaré de dar gracias a Dios, por lo  que a partir de aquel catorce de abril de mil novecientos cincuenta, supuso mi ingreso, en, como bien merecido tiene, de "Benemérito Instituto".

Hasta la próxima.

martes, 9 de abril de 2013

¡A buscar novia!


Como reza el dicho popular, "que la cabra siempre tira al monte", los ya un tanto pasados de años, tendemos a la añoranza de los  de nuestra juventud, en lo que solemos regodearnos, más porque éramos jóvenes, que por los hechos en los que recordamos, aunque en alguna que otra ocasión, si tuvieran la entidad e importancia suficiente para traerlos a la memoria.

Y volviendo a contar de como en aquellos tiempos nos desenvolvíamos en diferentes aspectos de la vida, de lo que en  algunas anteriores entradas he dejado constancia, hoy, y como figura en el título de la presente, voy a tratar de relatar cómo se iniciaba un noviazgo y la forma en que continuaba esa relación, ello en mi pueblo claro, y creo no difería mucho de los del resto de España. 

Desde tan pronto nos íbamos aproximando a la edad, los varones se entiende,  de los catorce, quince o dieciséis años, sentíamos ese gusanillo de cómo y de que modo tendríamos que hacer para declararnos a una mujer a fin de pedirle relaciones amorosas. No se porqué, los mayores parecían darles al hecho tal importancia y misterio, que a nosotros, cuando menos a mí y a mis amistades mas cercanas les sucedía lo mismo, sentíamos cierto temor a que cuando llegara la hora de dirigirnos a una joven con tales propósitos, no supiéramos cómo hacerlo e incluso caer en el ridículo. Tan extendido estaba este sentimiento, generalmente en los adolescentes, que incluso se vendían una especie de folletos explicando la forma de dirigirse a una mujer para pedirle relaciones, así como diferentes modelos de cartas para  iguales fines. Un primo mío y yo, por cierto compramos uno.

Como en mis tiempos las jóvenes en los días laborables solo salían de su casa para ir a cualquier recado, o bien a por agua potable, que solo un pozo había en la localidad que lo fuera, y también, y esto en la mayoría de los casos era intencionado, la asistencia a cualquier acto religioso, que por supuesto se celebraba en la iglesia. Los domingos y festivos, si el tiempo lo permitía había paseo por la tarde en la carretera, y también en la mayoría de ellos había baile, era la única oportunidad de poder hablar con ellas.

En los paseos las jóvenes solían hacerlo cuando menos dos, tres o cuatro juntas y cogidas del brazo unas a otras. Así, en el momento en que te decidías a "soltarle el trapo", como  coloquialmente decíamos en mi pueblo, a pretender de amores a una chica, aunque a la que te dirigieras fuera en uno de los extremos del conjunto, por fuerza las demás  tenían que oír todo cuanto uno dijera, y que en no pocas ocasiones, unas sarcásticas sonrisas no muy disimuladas asomaban a todas cuantas fueran en el grupo, eso sí, rara vez a la que fueran dirigidas. Por tanto las mejores oportunidades se daban en el baile, pero aunque tratabas de hacerlo con el mayor disimulo posible y como ya el rumor de tus propósitos se había extendido cuando menos por todos los componentes de tu pandilla, nunca pasaba desapercibido el momento de declaración, y lo confieso, a mí, y durante más tiempo del deseado, cada vez que lo hacía, un rubor que hacía enrojecer mi rostro,  me delataba. Ya una vez hecha la primera declaración, luego la continuación era más fácil y siempre se aprovechaba cualquier salida a la calle de tu pretendida para continuar con la conquista y para lo que empleabas muchos ratos de observación sobre su domicilio a fin no perder ninguna de las oportunidades que se te presentaran.

Al día siguiente de haberte declarado a ella, ya estaba la pareja en la "comidilla" de todo el vecindario. El tiempo en formalizarse el noviazgo dependía de, sobre todo el deseo de ella, el acoso del pretendiente, y también la cantidad de oportunidades que hubieres tenido de acercarte a ella. La señal de que el noviazgo se había realizado, lo era cuando en el paseo se daba la circunstancia, como se decía, de que se "habían soltado de pareja", o sea que ya paseaban los dos solos, sin que las amigas de la novia lo hicieran cogidas del brazo de ella. En el baile, lo era cuando ambos se sentaban en sillas continuas, y solo bailaban nada más que el uno con el otro, salvo compromiso de algún familiar muy cercano a ella, previa petición.

Ya una vez se eran novios, y eso sí, la inmensa mayoría de los días, si era festivo, después del paseo o del baile, y también en los días laborables, se hablaba con la novia en la puerta de su casa, o también por la ventana, o sea, que la novia dentro de su casa y de una habitación que tuviera ventana que diera a la calle, y el novio por fuera, así se "pelaba la pava" como se denominaba a hablar con la novia. Hoy recordando algunas de aquellas estampas, por ejemplo en noche de lluvia, el novio con un impermeable por encima y capota cubriendo su cabeza, asido a los hierros de la ventana permanecía a lo mejor por espacio de dos, tres o cuatro horas aguantando el chaparrón, y lo que entonces se veía con total normalidad, si hoy pudiera verse una fotografía de tales eventos, sería para caerse de espaldas.

Pasado un tiempo con esa forma de pelar la pava, llegaba el momento de entrar en la casa, ya que tanto la familia de ella como la circunstancia lo requería, entonces había que pedir permiso al padre de la novia, para que te concediera hablar con su hija dentro de su casa. Y la verdad, es que en partes era peor el remedio que la enfermedad, dado a que en la puerta y desde la ventana siempre tenías una oportunidad de poderla besar y como no, algún que otro tocamiento, cosa que dentro de la casa te era tan difícil, que se pasaban noches y noches sin que siquiera pudieras darle un beso. Para evitarlo, estaban siempre la madre, la abuela o en alguna que otra ocasión una hermana de la novia, de vigía permanente. En raras ocasiones se era vigilado, por el padre, el abuelo o hermano. Eso eran misiones femeninas. El darse un beso los novios, siempre, siempre, siempre,  se hacía en la más estricta intimidad, y nunca delante de otra persona, incluso amigas o amigos de la novia o el novio. Para eso había que estar  alerta y no dejar pasar oportunidad que se presentara, como por ejemplo cuando la madre tenía que ir a la cocina para dar una vuelta a la comida, siempre que no se dejara una reserva en la vigilancia.

Por lo relatado de como se buscaba novia y era la forma de continuar un noviazgo en mis tiempos de joven, aunque reconozco queda tan lejos, creo que no puede siquiera haber punto  de comparación, a como hoy se hace, pero también se presentaban oportunidades y pocas se desaprovechaban .

Hasta la próxima que ya los novios se habrán casado.

miércoles, 3 de abril de 2013

Los pájaros disparan a las escopetas (ah, y felicitar el día de hoy)



Extraño asunto el dado a la primera parte del tema de esta entrada, pero si juzgamos el caso que me ha llevado a ello, no tendremos mas remedio que dar por acertado el título elegido. Por cuanto a la segunda parte del enunciado, la cosa está mas clara.

Comencemos. Resulta que el pasado sábado, en mis años de juventud, Sábado de Gloria, y ahora, Sábado Santo, se celebraba, y ahora, no por todo el vecindario de Villaharta, el día de la merendilla, que como la mayoría de mis escasos lectores sabéis, consiste en pasar el día en el campo y dar buen cobijo en el cuerpo,  de cuanto bueno en el comer y el beber se pueda.  Con tal motivo, allá que me llevaron, como digo el pasado día 30, a fin de hacer cuanto se pudiera en semejante sacrificio, aunque no hace falta mucho empeño para salir airoso de cuanto suele ponerse por delante. Pero no es aquí donde radica lo excéntrico de la noticia. Resulta que antes de irnos hacia el lugar donde daríamos buena cuenta de las exquisitas viandas, como es preceptivo y nunca puedo dejar de hacerlo,  me pasé a visitar a un entrañable amigo. Y atrochando, cuando bajaba una escalera en el  domicilio de mi amigo, yo como "persona mayor" asido a la barandilla de la misma, con la sana intención a evitar una caída, mira por donde, y posiblemente en agradecimiento de que había ido a visitar al propietario de todo el edificio, la barandilla en vez de dejarse en que yo me apoyara en ella, pensaría que lo mejor es irme con él. Y así sucedió, que desprendiéndose de donde estaba asida desde muchos años ha, se vino conmigo, y ambos dando tumbos escaleras abajo, la barandilla no sé, pero yo, como suele decirse en Villaharta me pegué tal "guajarrazo" con el costado derecho sobre el pavimento, del que al día de hoy, los moratones sobre la frente y las dolencias sobre toda la cabeza, el hombro, y de una costilla un tanto resentida, me han tenido sin gana alguna, no de entrar en el blog, sino de cualquier otra cosa, pero hoy, la segunda parte de cuanto voy a escribir, no podía dejar pasar tal efemérides. Así que aclarado, lo que de una barandilla en una escalera está para evitar caídas, resulta que fue causa de que ello me sucediera. Por ello, ¿conformes con lo de los pájaros y las escopetas?

Fuente: http://criticamasmenos.blogspot.com.es 
Vamos con la segunda cuestión. Hoy 3 de abril, cumple mi  hijo José Carlos, cincuenta y cinco años, que por cierto el día de su nacimiento allá por el 1958, era Jueves Santo. Pero exactamente otro tres de abril, veinticuatro años después, o sea de 1982, contraía matrimonio. Así,  y aunque cumplida la misión de felicitar, a mi nuera y  a mi hijo, hecho por teléfono, como acontecimiento de esos muchos importantes que me han ido sucediendo a lo largo de mi vida, hágolo constar aquí también, y deseándoles otra vez, muchas felicidades, y lo sigan siendo como hasta ahora por siempre. Así, a la hora en que ahora mismo son las dos de la tarde, hace veinticuatro años estábamos celebrando la comida en un hotel de la capital maña. Hoy, quien por primera vez era madrina de un hijo, hace ya muchos dejó de estar entre nosotros. La alegría al traer al recuerdo aquella feliz unión, no por ello deja de producir un profundo pesar, la pérdida de ella.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 28 de marzo de 2013

Algunos recuerdos del Miércoles Santo

Casa Hermandad de la Archicofradía de la Expiración (Málaga)

Comenzaré diciendo una perogrullada, y es que como hoy es Jueves Santo, ayer lo fue Miércoles Santo. Dicho queda.

Pero dicho lo anterior, y refiriéndome en concreto a la Semana Santa malagueña y desde que yo las llevo presenciando, que con la corriente hace la número sesenta y dos, no es tan disparatado el primer párrafo de la presente entrada. Vamos al detalle. Entre las numerosas Cofradías que procesionan sus Titulares durante la Semana Santa en Málaga, está una, para mí la más entrañable y cuyo valor, cuando menos material, tanto de sus tronos como de los demás enseres, es el mas importante de todas, la denominada del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores, para los malagueños, y yo me considero uno de ellos, "la Expiración", y por añadidura, el Cuerpo de la Guardia Civil es Hermano Mayor Honorario de la misma. Pues bién, esta hermandad inicia su desfile procesional el Miércoles Santo, pero  su salida es a las 24'00 horas, que antes de que sus tronos hayan terminado de salir a la calle, ya se es Jueves Santo, y aquí el motivo de soltar la perogrullada del inicio.

Pero vamos al grano, que me estoy enrollando y hasta ahora dirán mis lectores, que no por escasos dejan de ser importantes, que no saben a que vienen eso de los recuerdos. Comencemos y voy a hacerlo siguiendo el orden cronológico de su acecido.

María Santísima de los Dolores Coronada

El primero de ellos y sin duda el de menor importancia, creo lo fue en la Semana Santa de 1954, año antes o después, en que yo iba a desfilar con la Compañía de Guardia Civiles que entonces lo hacían y que como tal Guardia yo estaba en activo, y el recuerdo es en que al igual que pasó esta noche pasada, la procesión fue suspendida debido al mal tiempo meteorológico, o sea, menos rimbombante, por la lluvia, y anoche, tras haber dormido una buena siesta estaba preparado para presenciar su salida y que iba a ser retransmitida por televisión, me quedé esperando, por iguales causas, y con posterioridad a aquella suspensión, nunca más tuve la oportunidad de tomar parte en el desfile de las fuerzas del Cuerpo, aunque siempre estuve prestando mis servicios en diferentes cometidos relacionados con ese motivo.  

El segundo de los recuerdos y sin duda el de mayor trascendencia, lo fue en la noche del 2 al 3 de abril de 1958. Resulta que mi mujer, como buena malagueña,  que desde el balcón de la casa de sus padres donde había vivido hasta que se casó, casi se tocaba una de las paredes laterales de la Iglesia de San Pedro, en la cual se veneran los Titulares de la Cofradía, y por último, de que su marido era Guardia Civil, sentía tal veneración por la Expiración, que con el detalle que voy a relatar queda más que explícito. Resulta  que, mi mujer, se hallaba en vísperas de cumplir el periodo de su segundo embarazo, pero aquél Miércoles Santo desde muchas horas antes de la Salida de "su" Expiración estuvo dándome la tabarra de que la llevara cuando menos a presenciar la salida de la procesión, que como he citado antes lo hacía, y sigue haciéndolo a las doce de la noche, pero pese a su insistencia y por la situación en que se encontraba, e incluso con algo de disgusto, no cedí a sus pretensiones.  Pues resulta, que como he repetido otras veces, la procesión salía a las doce de la noche, y dos horas después, o sea a las dos de la mañana del siguiente Jueves Santo, ya estaba en el mundo mi segundo hijo. De haber cedido a su petición, quien saber si hasta algún  miembro de la Guardia Civil hubiera tenido que auxiliarnos durante el parto que le hubiera llegado a lo mejor en las inmediaciones de la Iglesia de San Pedro, donde precisamente contrajimos matrimonio. 

Y otro de los recuerdos, este relacionado con el Miércoles Santo, aunque algunos días antes del mismo, de la Semana Santa de 1960, fue lo siguiente. Resulta que la Cofradía de la Expiración, decidió aquel año imponer una Medalla de la Cofradía a la esposa del entonces Jefe del Estado, General Franco. El entonces Hermano Mayor de la Cofradía Enrique Navarro, que a su vez lo era también de la Agrupación de Cofradías de Málaga, una vez adquirida la medalla, se la entregó a un pariente suyo a fin de que le diera la adecuación correspondiente y con arreglo a la persona a quien le iba a ser impuesta. Y como decía al principio de este relato, en la mañana de unos dos o tres días antes, y cuando yo me hallaba destinado en el Servicio de Información de la Comandancia  de Málaga, me manda llamar el Teniente Coronel Primer Jefe de la misma y me dice: "Una medalla que le íba a ser impuesta por la Cofradía de la Expiración  a la Señora del Generalísimo, ha sido robada. Así que tome usted la fuerza que crea necesaria y no vuelva por aquí hasta que no venga con la medalla. ¡Anda Rafalito, ahí tienes la papeleta!". Me hice acompañar por un Guardia llamado Ángel Tomé, gallego de nacimiento, y buen Guardia, inteligente y tranquilo en su proceder. Mi primera decisión fue irme a ver al Hermano Mayor de la Cofradía el mencionado Enrique Navarro, el que me contó lo sucedido y me dijo que el robo se había cometido en el domicilio de su primo a quien le había entregado la medalla para que la preparase. Abreviando, resulta que solamente existía una sola persona que pudiera haber cometido el acto, una señora que diariamente acudía a la casa para proceder a su limpieza. Tras las primeras gestiones y dadas muchas circunstancias, me resultaba difícil que aquella señora, quien también llevaba la limpieza de los locales de la Cofradía hubiese cometido, en todo caso hubiere sido un hurto, no un robo. Trasladados con la supuesta autora del hecho a la casa del denunciante de la desaparición de la tan mencionada medalla, y con casi la total seguridad de que la sospechosa no lo era tal, y que previa mi indicación iba acompañada de una parienta suya, y dadas unas cuantas recomendaciones, las dejé a ambas en la cocina, mientras yo encerrándome en el dormitorio del denunciante, comenzamos en un minucioso reconocimiento de todos los muebles, cama y enseres del compartimento, y  ¡ALELUYA!, dentro de un sobre de los muchos que había en un cajón de una especie de cómoda, allí estaba el hallazgo de la tan anhelada medalla y es que tan bien guardada quiso tenerla y que con el propio nerviosismo de no encontrarla cuando intentó cogerla para su entrega, ya ni se acordaba de dónde o cómo podía haberla guardado. Gracias a nuestra intervención, la supuesta culpable señalada por el denunciante, no le agredió como ella hubiera deseado (y con cierta razón, según mi entender). Pero yo, totalmente contento y como se me había ordenado, volvía a presentarme ante mi superior, con la medalla en la mano.

Estos son algunos de los muchos reecuerdos que de la Semana Santa de Málaga, guardo. Hasta la próxima.

viernes, 22 de marzo de 2013

Honores y tratamientos


No temáis, que no voy a da una clase teórica de ordenanzas militares, si es eso lo que estáis pensando habiendo leído el titulo dado a esta entrada, sino que cumpliendo mi palabra por cuanto terminaba en mi entrada del pasado día 11, hoy voy a tratar de como nos tratábamos y nos considerábamos allá por mis tiempos de infancia e incluso bien entrada mi juventud, y es más, diría, que hasta ya en edad bien madura. 

Pues vamos a ello. Una de las modernidades a la que no he terminado por acoplarme, es al uso del  "tuteo". Posiblemente a los que seáis jóvenes y no tan jóvenes os pueda resbalar un tanto cuanto voy a poner de manifiesto. En mi pueblo, y creo era costumbre en la mayoría de los pueblos de España, dábamos el tratamiento de usted a nuestros propios padres, abuelos, tíos, a toda persona mayor, e incluso a personas a las que no se conocía o se tenía trato cercano con ellos, aun siendo jóvenes. En este sentido se daba el caso por ejemplo, que a mí incluso se me dio en  no pocas ocasiones, siendo joven, de que una muchacha de mi edad, que podría ser a lo mejor de 16, 17 o 18 años  más o menos, que procedente de otro pueblo llegara al mío, bien para visitar familiares, amistades o asistir a alguna festividad en Villaharta, si la acompañabas en el paseo, comenzabas tratándola, y ella a ti, de usted, y lo mismo sucedía si le pedías que te concediera bailar una pieza contigo, le dabas ese tratamiento y cuando terminabas de bailar, la acompañabas hasta de donde había salido a bailar, bien sentada en alguna silla o de algún grupo y te despedías de ella dándole las gracias por el baile concedido. Si tan pronto comenzabas a dirigirle la palabra lo hacías tuteándola, solía "pararte los pies" con una frase que era de uso general, y que consistía en decirte "usted cuántas veces ha comido conmigo para tutearme". Como es natural, con las amigas y conocidas no se empleaban estos protocolos, aunque si no era una amiga íntima o de la familia, si se le solían  dar las gracias cuando habías bailado con ella, previa petición al respecto. 

Con el paso de los años, las costumbres fueron cambiando, dándose el caso de que en mi propia familia, los cuatro hermanos, yo que era el mayor y los siguientes,  todos varones, tratábamos a nuestros propios padres de usted, pero mi hermana, la número cinco en los hermanos, y  que por tanto era la más pequeña, no se si por ser hembra o porque era la "niña", pero sí,  seguro lo era porque los años iban pasando,  ya los tuteaba.

Yo, cuando  cualquier persona de a lo mejor no más de veinte o veinticinco años, los veo tutear a otra de a lo mejor setenta, ochenta o más años, me choca y casi diría no termino de aceptarlo, y se me da la circunstancia de que no me afecta casi nada, si ese tratamiento me lo dan a mí personalmente.

En cuanto a los tratamientos, toda persona que estaba en posesión del título de bachillerato o de cualquier carrera, tenía derecho al tratado de Don, y como tal había que dárselo si él lo interesaba. Esto generalmente no se daba entre amistades o conocidos de la misma localidad,  pero especialmente a los maestros, profesores, médicos, veterinarios, etc., salvo los amigos mas íntimos o familiares, se les anteponía siempre el Don a su propio nombre. 

En el Ejército, a partir del empleo de Sargento y hasta el de Teniente Coronel,  tenía ese derecho; los  Coroneles, el de Usía,  y Generales, el de Vuecencia, que era el  abreviado de Vuestra Excelencia. Los hijos de Capitanes o empleos superiores, aun sin tener título alguno, tenían igualmente el derecho al citado tratamiento. Estos tratamientos que se exigían en el Ejército, eran extensibles en igual orden a la Guardia Civil.

Las personas, que se consideraban ellas mismas,  "bien educadas", los caballeros,  si llevaban puesta alguna prenda de cabeza y se cruzaban por la calle, con personas de igual o superior consideración,  y especialmente con alguna señora conocida, se destocaban la prenda de cabeza y con una pequeña reverencia, le daban bien los buenos días, buenas tardes, o lo que correspondiera, o simplemente, el "vaya usted con Dios, Señora". 

Todo este protocolo comenzó a perderse con relativa frecuencia, a partir de finalizar la Guerra Civil. 

Como podréis observar, los tiempos han cambiado en este y en otros muchos sentidos, pero como decía anteriormente, no lo puedo remediar, pero me choca un tanto ese tuteo a personas muy mayores o  ancianas, que claro, a mí no me alcanza eso todavía, pero quizá llegaré algún día a encontrarme entre los catalogados en  ese grupo.

Hasta la próxima, que trataré algún otro tema de como lo era en "mis tiempos".

domingo, 17 de marzo de 2013

El día de mi sorteo



Tal día, hoy hace sesenta y siete años, se verificaba en España el sorteo del Reemplazo de 1946, o sea mi quinta. 

Al recuerdo se me ha venido la francachela de aquel ya lejano domingo 17 de Marzo, que también en mil novecientos cuarenta y seis coincidían los días de la semana con el presente año,  con motivo de uno de los días de quintos que tanto se celebraba en los pueblos. Nos comimos un chivo bastante grande, incluso para unos dieciocho o veinte quintos que nos juntamos, vino, no faltó tampoco, y hasta una vaquilla que además de embestir bastante, tenía más mala leche que un perro chico, pero, y ya creo lo hice constar en una entrada años atrás en este blog, yo mientras la vaquilla estuvo en nuestras inmediaciones, me lo pase subido en un árbol, y es que el arte de Cúchares no se ha ha hecho para mí.  Pues aquel día de quintos que comenzó sobre las once de la mañana, a muchos de los mismos, entre ellos, yo, nos amaneció el siguiente día por las calles de Villaharta, más que nada sin dejar dormir plácidamente a la vecindad. Pero a los pobres quintos todo se le perdonaba. 

El título dado a la entrada, como los es "el día de mi sorteo", es que una de las coplas del repertorio de los quintos desde hacía muchísimos años, decía así:
    
           El día de mi sorteo,
           estabas en la ventana, 
           y al oír mi mala suerte,
           te caíste desmayada.
   
  Y luego le seguía el estribillo,

            No me llores niña,  
            no me llores, no, 
            porque si tu lloras.
            también lloro yo, 
            también lloro yo,
            también lloro yo, 
            no me llores niña,
            no me llores no

De aquellos 18 o 20 quintos que lo fuimos aquel "46", siete u ocho fuimos, entre ellos yo, destinados a Sevilla. Y luego claro entre copla y copla, cada uno lanzábamos vivas al punto donde habíamos sido destinados. 

Desde tiempo inmemorial, hasta muchos años después de mi quinta, la marcha a la "mili", señalaba para los hombres un antes y un después en la vida de los mismos. En torno a la mili, y como reza un dicho popular, "cada uno cuenta la feria según le ha ido" y en cuanto a mí,  y todos cuantos me conocéis lo sabéis bien, y para los que no me conozcan, se lo digo ahora, fue la mejor vida que hasta entonces había pasado, guardando de ello felicísimos recuerdos y donde hice entrañables amigos. Claro, que no todos tuvieron la suerte que yo tuve de ir de mecanógrafo a Capitanía General, y que creo me jugué el tipo, al solicitar una vacante de tal mecanógrafo cuando ni siquiera había tocado una máquina de escribir en la vida. En muchas ocasiones he relatado tal peripecia, y todo se lo debo a un Capitán que, mas que un militar o un hombre, para mí fue, podría decir "un santo".

Bueno y como despedida de esta mi entrada de hoy, de aquellos dieciocho o veinte quintos que hoy se han cumplido 67 años de la gran "comilona" celebrada, que yo sepa, solo quedamos tres, y es que el tiempo no respeta ni a los "Quintos del 46". Un cariñoso y sentido recuerdo a los que nos dejaron y un afectuoso saludo a los que quedamos, que además de el que suscribe, también lo está mi entrañable amigo Alfonso Pérez, y el que conocíamos por "La Alsina" que creo se llama José García Zarcero, también gran amigo, y perdón si no he dado en el clavo de su nombre y apellidos.
     
 Hasta la próxima entrada.

lunes, 11 de marzo de 2013

El progreso en las telecomunicaciones



Por vergüenza torera no tengo mas remedio que comenzar confesándome un total inexperto para tratar del asunto que está dando título a esta entrada en el blog. Hace una semana de mi última entrada, que ha pasado como un relámpago, y en la que entre otras cosas trataba de cómo los niños hacíamos nuestra vida de juegos totalmente en la calle y la diferencia tanto en la cantidad como en la clase de los juguetes  que de entonces a la actualidad se empleaban.

El paso del tiempo así dicho a vuela pluma, pasa con una velocidad que como a mí me sucede, nos acumula una cantidad de años, de la que mirándonos despacio, a nosotros mismos nos causa extrañeza. Pero si como yo digo hoy, hago una comparación con los medios de telecomunicación de aquella ya mi lejana infancia, con la de, y diciéndolo con benevolencia, mi persona mayor de la actualidad, cambio totalmente de consideración en catalogar la velocidad en el paso de los años, y aún como al principio señalo, soy un total inexperto en la materia, sí, como cualquier otra persona, me considero con autoridad para hacer constar lo que mas adelante señalaré.

Creo yo debía contar con ocho o nueve años de edad, cuando llegó el teléfono a mi pueblo, ya que debió de hacerlo en los años 1933 o 1934. Y haciendo un pequeño paréntesis, voy a señalar lo mas breve que me sea posible, una anécdota que a este respecto sucedió en mi pueblo.
Uno o dos años antes de que llegara el teléfono a Villaharta, mi pueblo, en pleno verano y cuando la inmensa mayoría de los jornaleros agrícolas estaban en el paro, se presentó a las autoridades de la localidad un individuo que decía ser "Perito" de las telecomunicaciones y que llevaba el encargo de comenzar los trabajos para su traída del teléfono a la localidad. El revuelo y las atenciones  prestadas a tan importante personaje y que tan gratas noticias traía, fueron por las propias autoridades y por el pueblo en general, de una exaltación inenarrable. Señalaba los primeros trabajos a realizar, que consistían en ir clavando estaquillas que señalaran los puntos por donde irían colocados los postes que sostendrían los cables de la telefonía. Pero recogidos los honores que  ofrecidos le fueron, el simulado "perito", resultó ser un poco gracioso impostor y una broma de muy mal gusto, por no decir con muy mala leche, desapareció "sin poner palos ni alambres", como decía una de las estrofas de las coplillas que en el carnaval siguiente salieron en las murgas y comparsas,  como era de prever.  

Bueno, pues llegado el teléfono para poder realizar una llamada a cualquier punto de España, incluso al pueblo mas cercano como por ejemplo Espiel, había que mandar primero el anuncio de una conferencia con quien se solicitaba hablar, y  después de  tres, cuatro, cinco o más horas de demora, se celebraba la solicitada conferencia y también para ello había que acudir a la centralita del pueblo, que por cierto se hallaba en una casa junto a la iglesia. En aquel modo de comunicación, yo solo había hablado dos o tres palabras con un tío mío que estaba de Guardia Civil en Albacete y cuya conferencia le había sido solicitado por su madre, mi abuela, claro. Realmente, yo hablaba por teléfono por primera vez en mi vida, cuando me fui a la "mili" y que por cierto me desquité de todo cuanto antes no lo había hecho. 

Y vamos al grano de la cuestión y por lo que me trae hoy a esta entrada.  Resulta que el  pasado sábado, o sea antes de ayer, una buena amiga, una cuñada mía y yo mismo, nos citamos para desayunar. Con independencia del café, que de distinta clase y tamaño, pedimos cada uno de los tres, solicitamos un total de 12 churros, o "jeringos" como se les llamaba en mi pueblo, y por no desentonar con el café, cada uno de los tres habíamos pedido un número de ellos distinto, y por supuesto, mi petición fue la de mayor cantidad.  Y aquí viene el quid del asunto. De aquel plato con sus doce churros, mi buena amiga, con su nuevo y flamante teléfono, a través del "Guasa" como fonéticamente creo suena, le hizo una fotografía y se la mandó a mi hijo mayor, que a la sazón y hoy también, se encontraba en Madrid. Bueno, pues aún no habíamos dado comienzo a meterle mano a los churros, cuando se recibía una comunicación de mi citado hijo, diciendo que le daba envidia de ver el plato de churros que nos íbamos a meter entre pecho y espalda, y que ojalá él pudiera ayudarnos en su consumición. Ah, y en mi infancia, para hacerse una fotografía, había que ir como mínimo a Córdoba o a Pozoblanco, como tuvieron que hacer conmigo cuando me hicieron la primera cuando tenía cinco meses de edad, y que por cierto fue en el citado pueblo. 

Creo que de aquellas situaciones de mi niñez, incluso de mi primera juventud, a la de mi actualidad, ya "mayor", creo hay una diferencia tan abismal, que yo, cuando con relativa frecuencia lo hago,  retrotraigo mis recuerdos, en estas y otras muchas situaciones,  hasta mi devenir por la actualidad, me parece que yo procedo casi de la denominada era de la "prehistoria". Y ya que hoy me he metido en estos berenjenales, voy a explotar el filón que ello me proporciona y en sucesivas entradas trataré de relatar como, porqué y en que condiciones se vivía en, y como suelen comenzar todos los Evangelios: "En aquel tiempo", a como hoy y gracias a Dios lo hacemos. De ello, yo he venido siendo testigo de todo ese progreso.

Hasta la próxima.



lunes, 4 de marzo de 2013

Lo que se dice un día de perros


Hoy, y como en mi pueblo solía decirse cuando era un día como éste,de viento, frío y algún que otro chaparrón, "era un día de perros", y que francamente yo no se a que  debía tal calificativo. Pero en fin y al no tener otra cuestión de la que tratar en esta fecha, me voy a escudar en este desapacible día para traer algo a este blog que lleva una temporada que parece guardar cierta relación con la climatología actual. Y he venido a tratar esta cuestión, dado a que se me ha venido al recuerdo, entre otros, de cuando yo era niño, el mayor de todos mis hermanos, y detrás de mí ya había cuatro más y se presentaba un día así como el que hoy tenemos. 

Pues resulta que la vida de los niños, cuando yo lo era, en mi pueblo y en todos los demás, se hacía generalmente en la calle, y claro en tales circunstancias de las que padecemos en el momento actual, el jugar  fuera de la casa, cuando además la tenencia de ropa de abrigo era mas bien escasa, por no decir ninguna, era poco menos que imposible. Y aquí, es donde yo quería llevar a los que tengan la osadía de entrar en esta lectura, y a que se pongan en el lugar de a como lo hacía mi madre. ¿Sabéis lo que supone cinco niños metidos en una casa durante horas y horas, sin tener absolutamente nada con que entretenerse ni distraerlos un solo instante, sino hablando, chillando, peleándose unos con otros? Pues ese era el ambiente que se respiraba durante todo el día y que de vez en vez y seguro que para poder ser oída, el grito de mi madre retumbaba por toda la casa y la misma frase era repetida que se yo la cantidad de veces, y que no era otra que la de ¡ME VAIS A VOLVER LOCA!

Trayendo al recuerdo aquellos no pocos días al cabo del invierno, sufridos y padecidos por mi pobre madre, se me viene al pensamiento que cualquier madre de hoy en iguales circunstancias le sobrevendría un estado depresivo del que trabajo le costaría  el poder remontarlo. Y es que creo fue Cervantes el que dijo que "en la adversidad se forjan los grandes corazones". El modo y forma de vida que desde los primeros días de venir al mundo teníamos que afrontar una gran mayoría de las personas, te hacían, si no inmunes al sufrimiento, si te daban la fuerza para soportarlas con otra entereza, ya que de lo contrario el cúmulo de contrariedades que en el devenir cotidiano, en este caso a las madres se les presentaban, difícil le hubiere sido inclusive, el poder llevar a buen término toda la prole que en su inmensa mayoría de los hogares superaba los tres,cuatro o cinco hijos.

Y otra cosa más digo, si los niños de hoy hubiere que transportarlos hasta aquellos ambientes, ni pensar quiero lo que de ellos pudiera esperarse, y por supuesto, no habría madre que capaz fuera de soportarlo. 

Ya algo mayor, y vuelvo a repetirme con Cervantes, cuando sobrevenía un día de estos, estando en las faenas de la recolección de aceitunas en La Calera, y no se podía salir al trabajo, para mí, y todos los jóvenes, era una gran alegría lo que nos causaba, dado a que eran dos sesiones de baile lo que se celebraba, que en vez de la nocturna como era lo normal, también estaba la vespertina y que casi siempre llegaba a empalmarse la una con la otra. En este caso también, seguro estoy que los jóvenes actuales, poco alborozo les proporcionaría  semejante celebración, y que como orquesta,cuando más, solo era el rasgueo de una guitarra, no con mucho arte tocada, la música que amenizaba el baile, eso sí, diferente al de hoy en las discotecas. Entonces solo se bailaba el "agarrao". A este respecto había una copla, o jotilla aceitunera que decía así:

Arrímate bailador,
arrímate que no pecas,
que el que baila y no se arrima,
es comerse el pan a secas.
   
Bueno, mucha enjundia no tendrá el relato de hoy, pero en el blog figura otra entrada, y al propio tiempo yo me he quitado al recordar estos días de perros en las citas que he señalado, un montonazo de años. y digo como suele hacerse, y es que "me quiten lo bailao".

Hasta la próxima.