lunes, 25 de febrero de 2013

Fecha de triste recuerdo


Al tiempo  que se van acumulando años, se aumentan también los días en que por una u otra cuestión se cumple un aniversario de hechos de uno u otro signo por cuanto a los efectos que en el recuerdo dejan.

El que hoy hace cincuenta y cuatro años sucedió, dejó profunda huella en mis sentimientos, dado a que fue el fallecimiento de mi padre, que a la vez que era el día de su Santo, San Cesáreo, también lo era el de su cumple años, que eran sesenta y uno. Por tanto fallecía en una fecha señalada para él.

Con la muerte de mi padre, se comenzaba por lo que a mi personalmente se entiende, ese dolor profundo que llega a rebanarte el alma, ya que se trata de uno de los seres que lo han sido todo para ti. En la fecha de su fallecimiento yo me hallaba en Madrid realizando el curso para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil, de lo cual creo hice mención en una no muy lejana entrada en este blog, y que no se cumplió una de las grandes ilusiones como lo hubiere sido el verme con el empleo del que cuatro meses después obtuve.

El fallecimiento de un padre maravilloso, como él lo fue para todos sus hijos, creo no hace falta decir el sentimiento que deja en todo su entorno familiar mas íntimo. Trayendo hoy a mi recuerdo, lo que fue su vida, puedo decir que no lo fue tan afortunado como la mía lo ha sido hasta el día de hoy. La mala suerte le persiguió en bastantes ocasiones, excepción hecha de lo que supuso su matrimonio y toda su descendencia. Tomó parte en dos guerras, la una, la de Melilla, en la que incluso fue herido leve en una pierna. La segunda, durante la Guerra Civil española, cuando contaba con la edad de cuarenta años en que fue movilizado, precisamente el último reemplazo en la zona republicana, y cuyas funestas consecuencias se prolongaron por espacio de tres años más. Un accidente laboral a la edad de treinta y cuatro años fue asimismo el origen de circunstancias que marcaron el devenir de algunos años bastante desafortunados. Las carencias que incluso antes del inicio de la Guerra Civil se comenzaron a sentir, y que se prolongaron no pocos años después de su terminación, le afectaron no solo a él, sino a su propia esposa y a todos nosotros, sus hijos, y hasta que no se llega a ser padre, no se puede valorar lo que supondría el sufrimiento y la impotencia que, tanto él como mi madre, padecerían viendo las miserias padecidas en los llamados "años del hambre" y en los que fue una titánica lucha por solo conservar la supervivencia, que en no pocos hogares, algunos de sus componentes ni siquiera lo consiguieron.

Con motivo del óbito de mi padre, también hoy hace cincuenta y cuatro años que monté por primera vez en un avión. Pues las comunicaciones de aquellos entonces poco tenían que ver con las de estas fechas, que incluso que a las ocho de la mañana recibí la noticia de su fallecimiento, solo el uso de un avión, de no mas de veinte plazas, que salía de Madrid a las 15'30 horas, con destino a Córdoba, era el único medio que me permitía llegar para la hora del entierro, que aún estando señalado para las cinco de la tarde, hubieron de prorrogarlo para una hora mas tarde a fin de que yo pudiera llegar antes del sepelio, y aún más, un amigo de mis hermanos hubo de trasladarse desde mi pueblo hasta el aeropuerto de Córdoba con una moto y recogerme en el mismo. Media hora mas tarde, partía desde su casa para realizar su último viaje.

Vaya esta entrada de hoy en el blog, como un sentido recuerdo a su memoria y ojalá, en esa la otra vida, lo esté en compañía de su mujer, mi madre, y de sus tres hijos, mis hermanos, que aunque muchos años después iniciaron el camino en su busca, puedan desde ese paraíso, donde sin duda han de estar, contemplar como lo esta siendo el caminar por esta vida de toda su descendencia, como a mi me ha sido reservada esa dicha de poderlo ver y pasarlo junto a ellos. Descansen todos en paz. 

Hasta la próxima entrada.

lunes, 18 de febrero de 2013

Hoy se cumplen años


Hoy 18 de febrero se cumplen años de tres acontecimientos. El orden cronológico los sitúa. 

Tal día como hoy pero de 1956, se celebraba la toma de dichos para nuestra próxima boda.  No se si se seguirá llamándose así en mi pueblo, pero a este acto en Villaharta se le llama el "otorgo". Este acontecimiento se celebró en la Iglesia del Carmen  en la mas estricta intimidad de la familia y sin ningún otro acto a resaltar.

Al siguiente año y también en este mismo día, se bautizaba a mi hijo mayor, acto religioso que se llevó a efecto en la Parroquia de la Divina Pastora, sita en la Plaza de Capuchinos de Málaga. Este acontecer si lo celebramos por todo lo alto, en nuestro propio domicilio y  ateniéndonos a las circunstancias económicas que imperaban en el matrimonio, que a decir verdad, no eran, como suele decirse, para tirar cohetes. Al acto religioso y a la posterior "fiesta", además de la madre y el padre, y por supuesto el neófito, asistieron los abuelos y cuatro tíos  maternos del bautizado, y también, y aunque no exactamente, siete u ocho compañeros míos de profesión. En total podríamos estar unas quince o veinte personas adultas. De todas ellas, en el día de hoy, solo quedamos en este mundo, el entonces bautizado, un compañero mío, y el que esta relatando este acontecer. Aunque de ello se cumplen hoy cincuenta y seis años, a excepción de mis suegros y dos de mis compañeros, todos eran mas jóvenes que yo, comenzando por mi mujer, que lo era diez años menor. Retrotrayendo el recuerdo hasta aquella fecha, el tiempo parece ha sido veloz en su caminar, pero el estrago causado en llevarse personas para la otra vida, no ha podido ser ni mayor, ni en sus consecuencias mas trágico.

Y ahora le toca al último hecho del que hoy se cumplen años. El 18 de febrero de 1997, salía dado de alta médica del hospital Parque de San Antonio de esta Ciudad. Cinco días antes, había sido operado de corazón, en que se me colocaron tres by-pass y para lo cual me fue extraída la vena safena interna derecha, todo ello después de haber permanecido en la UVI de dicho Centro hospitalario durante diez días y que dada la gravedad con la que ingresé, los médicos no decidieron operarme hasta diez días después del ingreso. Mi corazón, y a la vista del tiempo ya transcurrido, sin duda fue reparado como de verdadero milagro, pero si mi estado físico salía verdaderamente reforzado, mi estado anímico no podía salir mas destrozado. De allí y sin que en su momento yo ni siquiera pude enterarme, salía mi mujer quince días antes,  pero para siempre, a la que acompañé en su ingreso el día 9 del anterior mes de enero. Esos cuarenta días transcurridos entre aquel ingreso y mi salida de alta médica, han sido sin ninguna posible comparación, los mas nefastos de toda mi existencia.

Como podrá observarse, la diferencia entre las dos primeras efemérides señaladas y esta última, media lo que suponen una esperanza y una dicha conseguida, de aquéllas, al  dolor que me llevaba para siempre de lo que atrás me dejaba en la última. Así es la vida.

Hasta la próxima entrada.

martes, 12 de febrero de 2013

Al fin vuelvo al trabajo


Nueve días hace desde mi última entrada en este blog.  La verdad es que cuando no por una cosa, por otra, han ido pasando los días, hasta hoy que al fin,  creo que más por vergüenza torera que por otra cosa he vuelto al tajo. Pese a que en este ínterin de la una a esta entrada de hoy, han pasado el cumpleaños de mi hijo mayor y el de mi hija, que lo han sido los días cinco y seis del corriente, respectivamente, y que solo las felicitaciones lo han sido por el entorno familiar mas íntimo, por lo demás tampoco tenía así algo de lo que tratar para una entrada en el blog.

Hoy, 12 de febrero, solo tengo en el recuerdo que fue en este día, pero de 1959, la última carta que me escribió mi padre cuando yo estaba en Madrid realizando el curso para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Trece días después, falleció. Esta circunstancia, me trae al sentir, que aunque parezca que el abismo que separa una de otra cuestión, para mí particularmente, están tan estrechamente unidas, que por menos no tengo mas remedio que hacerlas constar.

Estos dos hechos, y comenzando por el más reciente, diré que son la imposición de la faja del empleo de General a mi hijo, y aquí está la distancia, la de mi ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Así dicho a bote pronto, y habiéndola como la hay, esa abismal distancia del uno al otro empleo en el orden militar, en este caso en la Guardia Civil, voy a tratar de explicar la similitud que en ambos casos se hubieren dado, de no darse  la circunstancia del fallecimiento de mi padre cuatro meses antes  de mi ascenso. Pero ahora, voy a comenzar por lo mas lejano. Y esta lejanía, me lleva a detallar, la diferencia en la posición de salida en lo que fue mi vida y la que después lo ha sido la de mi hijo. 

Que no sentiría mi padre, que cuando se hallaba postrado en la cama con una fractura de tibia y peroné, en un accidente laboral,  al igual que lo haría mi madre, y cuando hacía tres días que yo había cumplido los diez años de edad, me vieran salir de la casa para cumplir mi primer día de trabajo como porquero, al que por  la circunstancia se vieron obligados a mandarme para obtener el ingreso de una peseta diaria en la familia, que por el hecho del accidente de mi padre, dejaban de ingresar emolumento alguno.

Y sigo más. Cuando en septiembre de 1938, mi padre era movilizado para llevarlo al frente de guerra de Extremadura, esto como creo no precisa mas explicación, lo era durante la Guerra Civil Española yo me colocaba como pastor, cuando contaba solo trece años de edad, sería otro de esos casos que a los padres les destrozará el alma, y así luego, cuando recién cumplidos los diecinueve años, me vi en la necesidad de entrar a trabajar en el pozo de una mina, en lo que especialmente mi madre, le partía el corazón, era toda la trayectoria que desde niño me había tocado recorrer. 

Si el empleo de Cabo a General, de la Guardia Civil, los separa un abismo, la infancia, la niñez y la adolescencia de mi hijo, que hasta su ingreso en la Academia General Militar, cuando solo contaba diecisiete años de edad, lo habían sido solo colegios e Instituto en los que cursó sus estudios, y, si no, nadando en la abundancia, sí, sin grandes estrecheces, creo podría ser el mismo abismo el que separa su caminar por aquellos primeros años en mi vida, que lo que luego los fueron los suyos. Y es más, me atrevo a asegurar, que no menos ilusión y orgullo le hubieren producido a mi padre el verme lucir aquellos primeros galones rojos del empleo de Cabo de la Guardia Civil, que a mi lo han sido el verlo la faja de igual color, del empleo de General en el mismo Cuerpo, en mi hijo. Tan espléndido le hubiere parecido el fulgor de aquellos galones rojos de su hijo, como la diferencia que en mí viera mi padre, al comparar de donde venía a lo que llegaba, al espacio que separaba mi hijo desde su salida de la Academia como Teniente, con el empleo de General al que llegaba, aunque pueda parecer ridícula semejante comparación. Y yo, sentí, y hoy pasados casi cincuenta y cuatro años de mi ascenso a Cabo, la misma desilusión de la que mi hijo hubiera sentido si yo, su padre, no hubiere podido verlo a él luciendo su faja como exponente de su actual empleo, y como sin duda le ha sucedido al ver, que su madre no ha podido gozarlo, por las misma causa que me sucedió con  mi  padre. Cosas de la vida, que parten el alma, pero que hay que aceptarlas, por que en nosotros, no estuvo el poderlas remediar.

Hasta la próxima entrada.     

domingo, 3 de febrero de 2013

Nefasto aniversario



Algunas de las contrariedades que suelen darse en la vida, lo son en cuanto a mi entrada anterior en este blog, y la de hoy. En aquélla, relataba el aniversario de cuando conocí a la que luego sería mi mujer, la madre de mis hijos, y la que llenó un larguísimo periodo de tiempo y de felicidad en el discurrir de mi vida. La de hoy, lo mas contrapuesto a lo anterior. Hoy se cumplen 16 años en que la perdía para siempre.

Si de todo el devenir de mi existencia, pudiera borrar un solo día, sin duda lo sería el 3 de febrero de 1997. En esas solas veinticuatro horas, no solo perdía a mi mujer, que como cito, llenó cuarenta y cinco años de mi vivir, sino que también se llevaba la madre de mis hijos, a los que como no podía ser por menos, los adoraba; a su vez truncaba lo que venía siendo mi cotidiano y dichoso caminar, pero no conforme con ello, de tan luctuosa fecha, ocasionó el mayor trastorno en cuanto a mi estado físico, lo que todo junto, causaría, y digo causaría, porque yo no estaba en situación de poderlo contemplar, los días más amargos en la vida de mis hijos. Su madre, los dejaba para siempre, y su padre, que en el propio instante en que ella fallecía, sufría un infarto que lo mantenía en la UCI del mismo hospital durante diez días en situación de extrema gravedad. Si desde aquél estado en que me contraba, hubiera podido siquiera imaginar, lo que ellos estaban padeciendo, sin duda y con toda seguridad, no estaría hoy redactando esta entrada.

Pero como se decía en el principio de ese célebre tango del inolvidable Carlos Gardel,  "sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando". Sí, el mundo sigue andando. Lo mismo sigue y pasa indiferente a los hechos y circunstancias felices de quienes los reciben, que impertérrito camina sobre las desgracias de quienes, como a mí, y especialmente a mis hijos, nos tocó vivir aquel nefasto 3 de febrero. 

Pero no todo en la vida son aconteceres, que como en el caso anterior, dejan cicatrices tan profundas, que se llevan sobre sí, durante toda la posterior travesía del caminar por este mundo, si no que, vuelven a venir otros, que aún no pudiendo olvidar aquellos, suelen reconfortar y unirse a, los que en mi caso particular, tantos fueron los que me allegaron de felicísima dicha, que, por bienaventurado me considero.

Aunque con el ánimo un tanto decaído trayendo al recuerdo circunstancias tan tristes, hallo consuelo en las muchas alegres que con posterioridad me han venido acaeciendo, que solo de ello, me queda el resquemor de que muchas de las sobrevenidas, no lo hubieron podido ser gozadas por ella.

Doy por conclusa mi entrada de hoy, y vaya como homenaje, a la que hoy hace dieciséis años que nos dejó para siempre. 

Hasta la próxima.

domingo, 27 de enero de 2013

Otra vez que paso sobre el 27 de enero


¡Qué más podría añadir más a lo que ya llevo escrito, en años anteriores, sobre esta efemérides del dia de hoy! 

Aunque posiblemente falten adjetivos para ensalzar, lo que supuso aquel 27 de enero de 1952, cuando por simple azar conocí a la mujer que luego fue mi esposa,  llevándome a un largo período de años gozando de aquella felicidad plena, de todo lo cual en los recientes pasados años, siempre, como no podría ser menos, lo he traído a este blog. Quizá, en el presente, de haber vivido, sin duda se hubiera llevado una de las muchas, y mayores,  alegrías de las que también a lo largo de su vida gozó, como ha sido el ascenso a General de su hijo Rafael, y creo con parangón al hecho de su entrega del Despacho de Teniente, por S.M. el Rey Juan Carlos, en aquel también ya lejano día del 15 de julio de 1979, que con tanta emoción presenciamos los dos abrazados. Aunque, también, y como su citado hijo, hizo alusión en su discurso en el acto de la imposición de la faja de General, allá desde el Cielo, donde merecidamente ha de encontrarse, sin duda y con tanto orgullo estuviera presenciando el emotivo acto. 

Próximo a cumplirse también el aniversario de la desaparición de este mundo, traer al recuerdo hechos como el señalado anteriormente, parten el alma de lo que para una madre supone el poder gozarlos en presente no puedan cumplirse, pero solo queda la resignación y elevar al grado de homenaje, esta corta, pero entrañable entrada en el blog de esta fecha. Así es la vida, el contraste de la entrada de hoy, con otras de no hace muchas fechas. Aunque con el ánimo un tanto decaído, solo pido, que Dios me conceda seguir la vida tal hasta hoy la vengo gozando.

Hasta la próxima.  

domingo, 20 de enero de 2013

Historia de una percha



Extraño podrá parecer el título dado a esta entrada, y yo no digo que no lo sea, así como el meollo de la cuestión, pero no obstante tiene su aquél, por el que en el día de hoy traigo este asunto a la palestra.

En la tarde-noche de ayer recibí una llamada telefónica de mi nieto y editor de esta importantísima serie de entradas, sin lugar a dudas de que pensaba que me iba a coger en un renuncio sobre lo que mi memoria mantiene en sus recuerdos. Tan pronto descolgué el teléfono y pronuncié la consabida palabra del "dígame", me espetó lo siguiente: "Abuelo mañana tienes que entrar en el blog y contar lo que te pasó el 22 de Abril de 1950". Con esto pensaba, que mi respuesta iba a ser que qué era lo que me pasó ese día? Pero no fue así, sino que automaticámente le respondí: "Sí,  ya se a que te refieres", de lo que algo sorprendido se echó a reír. Como quiera que note de que el sorprendido fuese él, de que yo recordara tal efemérides, le pregunté si se apostaba algo de que sabía exactamente lo que fue, recibiendo la respuesta de que no se apostaba nada, porque lo iba a perder.

Y ahora pido perdón porque seguro estaréis todos esperando una revelación de algún hecho importante, pero no, sino que aquel sábado 22 de abril de 1950, fue el primer día que salimos de la Academia de Úbeda donde me contraba realizando el curso de Guardia Civil, y a donde nos habíamos incoporado el día 14 del mismo mes y año. Y aquí viene el "bombazo". Aquella tarde, y creo fue en la casa de Muebles Molina, o algo así, ME COMPRÉ UNA PERCHA. Una percha, para colocar y colgar la ropa, y en la cual, con pluma y tinta, pues los bolígrafos no se habían inventado todavía, escribí mi nombre y la fecha del 22 de abril de 1950. Aquella percha, su primer cometido fue el de colocar en ella, el humilde uniforme que los Guardias Alumnos utilizábamos, como era pantalón y sahariana, eso sí de color verde, y un gorro como prenda de cabeza. Aquella percha me estuvo siguiendo a lo largo de bastantes años, incluso después de estar casado y haber tenido varios destinos, hasta que dejé de verla, y desde luego sin echarla de menos; pero un día, y no se como, bastantes años después, descubrí que se hallaba en casa de mi hijo mayor, que seguro cuando se fue a la Academia General Militar o cuando salió de Teniente, la cogió y como estaba en su casa, pués tan suya era como mía.  En el día de ayer, seguro que mi indicado nieto Rafa e hijo de mi hijo Rafa, vería la percha y en la que sin duda constará todavía aquel nombre y aquella fecha que yo escribí, cuando como he citado era un humilde Guardia Civil Alumno. Pero en la vida, hasta los objetos tienen su sino, y porque no también su suerte, y aquella PERCHA, que en aquel lejanísimo día 22 de abril de 1950, recibía en primicia la sahariana y el pantalón de un Guardia Alumno, hoy 20 de enero de 2013, casi  sesenta y tres años después, seguro sostiene el uniforme de un flamante GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL. Si cuando yo tomaba en mis manos aquella sencilla percha de madera, sin nada otra cosa especial, para cubrir las necesidades de aquel, eso sí lleno de esperanzas, Guardia Civil Alumno, me hubieran dicho que pasados casi 63 años, iba a sostener el uniforme de un hijo mío, pero con las divisas de un bastón de mando y una espada cruzados en forma de aspa, y sobre el punto de su intersección una estrella dorada de cuatro puntas, como corresponde al empleo de un General de Brigada en la Guardia Civil, una ligera sonrisa de estupefacción se hubiera dibujado en mi boca, mirando como a quien tiene perdidas sus facultades mentales a quien me lo hubiera dicho o siquiera insinuado. Pero ha sido todo, y hasta algunas perchas, tienen la suerte de cara. 

Y con esto doy cumplimiento a cuanto mi editor me interesaba sobre esta misma hora, en el día de ayer, y ahora que él la edite y adorne con lo que su probada inteligencia suele hacer con todas mis entradas. Bromas aparte, y pese a que para quienes les haya parecido un tema carente de toda enjundia, para mí, lo confieso, me ha llegado al alma el traer al recuerdo la historia de esta percha. Hasta la próxima.

jueves, 17 de enero de 2013

17 de enero, San Antón


En el día de hoy celebra la Iglesia la festividad de San Antón, Patrón de los animales. Pero no es esto el motivo que me trae  para esta entrada en el blog. Igualmente hoy se cumple una semana de lo acontecido y que fue tratado en mi entrada anterior, de lo que todavía y por cuanto de vida me quede, seguiré deleitándome con este recuerdo. Pero tampoco es esta la causa de mi entrada, sino que me retrotraigo hasta aquel 17 de enero de 1944 y de cuyo sucedido creo lo he señalado en mas de una ocasión años atrás, cuando llegaba este día. Quizá y dicho así a bote pronto, podrá  causar extrañeza a quienes lean esta entrada, porque la cuestión es que hasta mí mismo hay veces que me parece ridículo el traerlo a colación, y sin darle mas vueltas, se trata nada mas y nada menos que fue la primera vez que le dí un beso a una novia.

Ya se que os habrá causado sorpresa, quizá también una malévola sonrisa que sea el motivo que me lleva a este relato, pero sí a cuantos, o para mejor decir, a los escasos que podáis osar a leerlo, pudiera trasladaros hasta aquellos inicios del mencionado año de 1944, o sea sesenta y nueve años atrás, aunque no para vivir las carencias y escaseces de toda índole que arrastrábamos, sino para el mero hecho de cómo se vivía en los pueblos el tema de los noviazgos, seguro que quizá a más de uno de vosotros también os vendría al recuerdo la primera vez que le dísteis el primer beso a la novia, o que fuisteis besadas por el novio, porque ya se guardaría una mujer de ser la primera que se lanzara a semejante osadía de dar un beso a su novio, cuestión ésta, y lo digo por propia experiencia, que, ni aún después de llevar algunos años de noviazgo se daba semejante situación. 

Pero, ¿y porqué recuerdo precisamente que lo fue en este día de tal año? Pues ahí va el relato, aunque procuraré hacerlo lo mas escueto posible, evitando con ello que si después de la poca "chicha" que tiene el asunto, además lo hago largo y enrevesado, vaya tostón que supondría el aguantar su lectura hasta el final. Pues el mencionado día, yo me encontraba en la finca de La Calera, como no, trabajando en la molina, o almazara como era su nombre verdadero. La faena de la recolección de la aceituna  se hallaba en pleno apogeo, en la que tomábamos parte entre las diversas faenas, unas 150 personas, la mayoría jóvenes, y muchas solteras y solteros. Yo hacía cerca de un mes que había formalizado el noviazgo, quizá no de una forma a la usanza, sino tras roto el que sostenía la que ya era mi novia. La finca de la Calera pertenece al término municipal de Obejo, en cuya localidad se celebraba San Antón con toda solemnidad, y el arrendatario de la finca, dio a todos los trabajadores libertad de no trabajar aquel día y marchar a celebrarlo a la mencionada localidad, distante unos seis o siete kilómetros. En aquellos tiempos, os lo hago saber, jamás se besaba a una novia delante de nadie, pero digo nadie y es nadie,y solo en la mas rigurosa intimidad, por tanto no hay que decir que pese a los días que yo llevaba siendo novio, no se me presentó esa oportunidad, y "atrochando" en el relato,  y que a decir verdad, la inmensa mayoría de los trabajadores fuímos a celebrar el Santo, aunque puntualizando, que aquel día como no se trabajaba, no cobramos jornal, los que teníamos novia estuvimos adrede retrasando la vuelta al cortijo hasta que comenzó a anochecer,  y claro en plena oscuridad, carretera adelante, con solo separarte unos metros de otra pareja te daba la oportunidad, de en mi caso poder dar el primer beso a mi novia, y que por añadidura era el primero que daba, ya que novia, lo que se dice novia, aquella era la primera, y ya llegada la ocasión, la verdad es que no fue uno solo.

En muchas ocasiones, sobre todo hace algunos años, cuando contemplaba la forma y modo en que hoy se llevan a  efecto los noviazgos, aparte de lo que no se ve, pero que a las claras queda patente lo que sucede, para mis adentros me pregunto: ¿Pero de qué tiempos vengo? Pero es que en la misma proporción en que actualmente se comportan las parejas, se da en muchísimos, o para mejor decir en todos, los aspectos del devenir en la vida. Aquellas miserias de todo orden, careciendo de todo, excepción hecha, y desde luego con escasez, de lo suficiente para la propia supervivencia, aquellos viejos, o para que parezca otra cosa, personas mayores careciendo de toda clase de recursos, que teniendo que estar un mes en casa de cada uno de sus hijos e hijas, compartiendo la propia miseria, también me doy la respuesta a ese interrogante que me hacía anteriormente, pero afortunado soy, al estar pasando desde ya mucho antes de ser "persona mayor", y así lo sigo por una forma y modo de vida como nunca hubiere entonces podido imaginar, y como muchísimas veces lo he pensado, ojalá, y sobre todo mi padre, hubiera podido gozar de lo que yo lo estoy, ya que mi madre que estuvo más de treinta y cinco años viuda, sus últimos años los pasó como en su niñez, juventud y hasta bien metida en años no lo había hecho. 

Si al principio de esta entrada pudiera colocar un dispositivo para que nadie pudiera perder el tiempo leyendo esta entrada, así lo haría, y con ello evitar el tostón, pero ya que ello no puedo hacerlo, si os pido perdón por el rollo que dejo atrás. En la próxima, procuraré de que cuando menos lo sea un poco mas amena.

sábado, 12 de enero de 2013

Imposición de la faja de General


Difícil reto el que se me presenta hoy para poder plasmar cuanto y como deseo hacer, con respecto a lo que figura en la titulación de esta entrada, que ya en si ello mismo, me ha sido difícil de elegir. Cuando los sentimientos llegan a invadir el razonamiento y la equidad del ánimo, resulta casi imposible ser ecuánime por cuanto uno se propone describir, y concretamente en esa situación me hallo en estos momentos al querer relatar todo lo acaecido en la mañana y parte de la tarde del pasado jueves día 10 del actual. En mi entrada del pasado 15 de diciembre de 2012 que titulaba "Misión cumplida", y en la que pensaba que con la publicación del ascenso a General de mi hijo Rafael se terminaba de complacer toda aquella ilusión por la que desde algunos meses ha, venía soñando, estaba totalmente  equivocado. Si aquella lectura de lo publicado oficialmente de su ascenso me producía una de las mayores alegrías de mi vida, todo lo acaecido en el acto de la imposición de la faja, como he terminado de dar titulación a esta entrada,  emotivamente hasta lo ha superado, al punto de que si en aquello, bastantes lágrimas llegaron  a aflorar a mis ojos, en esta ocasión,  anegados lo estuvieron durante todo el tiempo en el que se desarrolló el acto. Desde el instante en que el presentador del mismo comenzó con el anuncio de su motivación, mi estado de ánimo me llevó a casi perder la sensación de la propìa existencia, y ya cuanto se hacía o decía sobre el particular, en nada ayudaba a rebajar el estado en el que me había puesto. Como anteriormente dejo expuesto, voy a poner freno a la forma y modo de como he comenzado, ya que si no precisaría infinidad de folios para poder llegar hasta el final y describir cuanto en lo que creo duró no más de una hora, y comenzaré a señalar por orden cronólogico, en que todos los actos se desarrollaron, y ello trataré de que lo sea escuetamente y no hacerlo enalteciendo cada uno de los mismos como yo lo viví, ya que ello daría a muchos, de los pocos lectores que puedan entrar en este bloc, una narración  pesada de todo ello.

Todo comenzaba con la imposición de la faja por un Teniente General. Como no podía ser menos, tras terminar los aplausos de todos los concurrentes al acto, se procedió a la entrega del bastón de mando,  y seguido del sable correspondiente,  que al igual terminaba con los consabidos aplausos. 

En posesión el flamante General de todos los atributos como distintivo  de su empleo, comenzó su breve, pero para mí, entrañable discurso, que tras hacer un breve repaso por todo su devenir en el Cuerpo, daba las gracias a su mujer, a sus hijos y como no también a sus padres, a quienes todo se lo debía,  lamentando el que su madre no pudiera estar presente en el acto, por haber fallecido hacía algunos años, pero que seguro estaba que desde el punto en que se hallara, estaría presenciándolo llena de orgullo. Por cuanto a mí particularmente, hizo una breve, pero sentida alusión a mi paso también por la Guardia Civil, pero tan sentida y emotiva, que posteriormente, en sus respectivos discursos, de su Padrino del Acto, Teniente General Gabella y por último del propio Director General del Cuerpo, a la vez que felicitaban por su ascenso al nuevo General, a su mujer e hijos, también lo hacían para mí, y  precisamente como "mi Subteniente", seguro que de alguna forma habían tenido conocimiento de mi último empleo alcanzado durante mi paso por el Cuerpo y que de tanta satisfacción me llenaba.

Finalizados los actos referidos pasamos a lo que siempre se ha dado en llamar "una copa de vino", y que lo fue de bastantes y de diferentes bebidas y de no menos clases suculentas "tapas". y que a unos doscientos aproximados asistentes al acto, nos tuvo hasta algunas horas más tarde empleados en su consumición y animadas charlas. Por cuanto a mi particularmente, con solo decir que casi no me dio tiempo siquiera a poder beber y comer, he de decir que casi no me dio tiempo, por el mero y agradable hecho de estar recibiendo felicitaciones por el ascenso de mi hijo, que lo fue como nunca me había sucedido y que en repartir saludos, abrazos y besos, hube de pasar el tiempo en que los demás se empleaban a fondo en ir consumiendo todo cuanto se les ponía por delante y que al final quedó mucho por consumir. De todos esos aproximados doscientos que asistieron al acto, en su mayoría compañeros de mi hijo, por mi parte quiero dar las gracias por su asistencia, a mi amigo Jose Nuño, hijo de mi gran  amigo Emilio Nuño Moreno, (q.e.p.d.), a quien mi hijo también hizo mención en su breve pero impecable discurso, y como no, a mi entrañable amiga Carmen Mancera, su hijo Daniel y su nuera Natalia, que acompañándonos estuvieron hasta el final, de lo que nos sentimos honrados por ello.

Otro acto, ese de anteayer, que es como para dejarlo esculpido en letras de oro, y de los pocos que a lo largo de una vida se dan, aunque yo puedo sentirme orgulloso de que en mas de unas ocasión se me han dado.

Creo he conseguido dar un ritmo medianamente soportable, a la narración de los hechos, con lo que espero no se les haga pesada y aburrida a quienes, no siendo mi familia directa y cercana, y como no también a mis amigos íntimos, pudiera haberle resultado tal como comencé su relato, que embargado por una contenida emoción lo hacía, de lo que por ello pido perdón, pero no puedo terminar, porque si no me abrasaría el alma, en lanzar a los cuatro vientos y que todo el mundo se entere, que este pasado 10 de enero, tan de orgullo me ha llenado y que de no por esperado, me deja tan satisfecho que será una de las circunstancias que a seguir viviendo me lleven hasta que Dios tenga por conveniente tenerme por este, no valle de lágrimas, sino de enormes alegrías y satisfacciones que es de lo que yo he gozado la mayor parte de mi existencia.

Hasta la próxima entrada. 
   

domingo, 6 de enero de 2013

A la carga otra vez con la patineta


La entrada que en el blog hacía cuando hoy precisamente se cumple un año de ello, refiriéndome a los juguetes, escribía que la gran frustración de mi niñez por cuanto a los juguetes, lo era el que nunca llegué a poseer el gran juguete de mis ilusiones como era una patineta. Hoy, no sé si en mis sueños, o quizá una extraña leyenda, me decía que allá por unos ochenta años atrás, unas caravanas de camellos que con sus cargamentos de juguetes para los niños españoles caminaban por el desierto, fueron sepultados por unas grandes tormentas de arena, con lo cual también, sepultadas quedaban sus preciadas cargas y los niños de España, entre ellos, yo claro, me quedaba sin el juguete con el que estaba soñando desde hacía algún tiempo, como era mi patineta. Pero aquellas movedizas dunas que sepultados dejaban los camellos que entonces traían sus juguetes a este país, en este años habían sido aventadas por los vientos del desierto, dejando al descubierto los esqueletos de aquellos animales, así como también todos los juguetes, estos intactos, que en su momento traían para sus destinatarios, precisamente con las direcciones de cada uno de ellos. Observada esta circunstancia por los propios Magos de Oriente, cuando estas fiestas venían para España con su ya cotidiana misión, y como su poder es casi omnímodo, cargaron sobre sus recuas los hallados juguetes, y héte aquí, que esta mañana y como si un niño medio sonámbulo fuera, hallaba sobre el sofá del salón de mi casa, una preciosa y flamante patineta. Restregándome los ojos para salir del sueño en el que parecía hallarme sumido,tocaba por una y otra vez mi preferido juguete que en aquella infancia nunca llego a mi poder, hasta que finalmente no podía por menos que dar veracidad a cuanto mis manos tocaban y mis sentidos interpretaban como tal. Sin lugar a dudas, alguna buena persona habría informado a los Reyes de donde y como me encontraba yo, y con ello pudieron hacerme llegar aquel juguete que en su debido tiempo nunca pude disfrutar, no obstante hoy, gran ilusión me ha hecho el por decir que los "Reyes me han echado una patineta", y ahora, solo un milagro haría falta, para volverme hasta aquellos lejanísimos tiempos en los que pudiera gozar del uso y disfrute del juguete de aquellos sueños que nunca llegaron. De todo ello, solo me queda por poner una frase. Carmen, muchas gracias.       

Hasta la próxima.

jueves, 3 de enero de 2013

La etapa del 2013

Ya hace tres días que comenzamos a caminar por  no se cuantas etapas mías hace ya por el mundo, esta del año 2013. Me recuerdo que allá por los finales de la última década de los años treinta y primeros de la de los cuarenta, del pasado siglo XX, en las que comenzaba a intentar otear el futuro, por cuanto pudiera ser mi porvenir tanto en lo profesional como en el familiar, dado a que desde mi entrada en la adolescencia, e incluso en los fines de mi niñez, muchas veces pensaba en como pudiera ser la forma en que me ganaría la vida y, no menos con quien y como sería la mujer con la que formara una familia. No se si esto le ha sucedido o sucede a la mayoría de los  humanos, varones, el caso es que yo lo tenía en el pensamiento en muchas ocasiones. Posiblemente porque largo era el tiempo que aún me faltaba para desentrañar tales incógnitas, el paso de los días, semanas, meses, y no diría de los años, se me hacían interminables. Mirar a una distancia de diez años por llegar, se me antojaban una eternidad. Ponía la mirada en los varones conocidos que eran cinco, cuatro, tres, dos e incluso un año mayores que yo, y los veía en principio irse a la mili, luego echarse novia, después casarse, cada cual como natural es con mujeres distintas, en fechas también en que contaban con diferente edad, pero en lo que muy poco o nada variaba, era en la forma,  profesión u oficio en la que como solía decirse, y creo se seguirá diciendo, "ganarse las habichuelas" que continuaba siendo la misma que desde hacia años habían venido realizando, o sea su trabajo en el campo, y desde hacía algunos años, algunos de ellos en la mina, y en la que también yo  me inicie allá por los inicios del mes de. mayo de 1944. Pero el paso del tiempo que es machaconamente constante, me llegó para todo aquello que, en que quizá en edad no apropiada, a mi llegaba, si no a preocuparme, si a sentir curiosidad por conocer, y así una vez llegado todo ello, en principio y en todo ese fragor de mi marcha a la "mili", luego mi ingreso en la Guardia Civil, mis destinos, echarme novias, que  en eso fue mas de una, casarme, la venida de los hijos, su crianza, su educación, su  futuro  y asi se fueron quemando etapas de la vida, sin que ni para pensar en ello tuviera tiempo. Cuando ya todo esto se había consumado, y nunca tendré tiempo suficiente para dar gracias a Dios por lo bienaventurado en todo lo fue, y recuerdo que cuando ya por ejemplo se aproximaban los seis, cinco y así poco a poco los años que para "retirarme" de mi profesión, como siempre los civiles" hemos dicho, y de lo que en realidad yo no tenía muchos deseos de que sucediera, tan bien  y contento estaba, ya comenzó el paso del tiempo a correr un poco mas de la cuenta, según mis deseos, hasta que por imperativo legal de haber cumplido la edad establecida para ello, como no, también me llegó la del retiro. Este hecho, el 27 de abril próximo, se cumplirán TREINTA Y DOS AÑOS. En estos momentos y mirando hacía atrás, ese periodo de 32 años, me parecen un soplo, pero también y a medida que los años se acumulan, sin que hasta el momento se haya inventado formula alguna para irse desprendiendo de los que se consideran en exceso, cada vez que un año se inicia, y no se porqué, se intenta mirar,  como hoy hago, hasta ese 31 de diciembre de 2013, y a uno se le antoja una cima tan empinada, que aun descansando de vez en vez, si se consigue llegar hasta la meta, será jadeante y no sin haber dejado acumulado no menos de un achaque acaecido en el camino. Pero no obstante ello, total y absolutamente feliz y dichoso me siento con todo cuanto a mi alrededor me acompaña y me asiste, incluso un viaje portando maleta, que en breves días tengo que felizmente hacer, lo que desde varios ha no efectuaba, y del que una vez finalizado daré su oportuna cuenta,  y ojalá en este plan, Dios me conserve el caminar por este mundo, por el tiempo que estime por conveniente, y que yo asi, prefiero lo sea por el máximo posible. Hasta la próxima entrada.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un recuerdo y otra buena noticia



Hoy 26 de diciembre, mi mujer (q.e.p.d.), hubiere cumplido 78 años. Lástima, que hoy también, y por segunda vez en pocos días, se hubiere llevado otra de las grandes alegrías de su vida, al igual que me la he llevado yo, los míos, y todos los que nos quieren, dado a que hoy también me ha llegado la noticia del destino de mi hijo con motivo de su ascenso a su nuevo empleo, y que no ha podido ser mejor, y sin duda el más deseado. Nuevamente la vida me premia con una de esas buenas noticias, que aún las  son  mejores,  por tratarse que el bien directamente lo es para un hijo. Como creo cité en una de mis anteriores entradas, estas fechas de la Navidad, cuando menos a las personas con quizá más años de los deseados, se nos disparan las sensibilidades, y a la par que el recuerdo de los que se fueron para siempre nos llegan más al fondo del alma, los hechos o noticias que suponen alguna bienaventuranza para alguno de los seres queridos mas próximos, se gozan y disfrutan como creo no se alcanzaba cuando el devenir y las ocupaciones en nuestras actividades profesionales, e incluso  familiares, nos tenían mas sumidos en llevar adelante las mismas. Y como siempre, volviendo atrás el recuerdo a las ya muchísimas Nochebuenas pasadas, creo que las de este año, salvando el fallecimiento de mi hermano José, sin duda lo están siendo unas de las de mayor felicidad pasadas.  

Como quiera que el propósito mío en el día de hoy, no era otro que el de hacer referencia  a los dos temas fundamentales expuestos en el título de esta entrada, la doy por conclusa, y como expreso al principio, vaya mi sentido recuerdo para mi mujer, y mi felicitación para mi hijo. Aquéllo ya no tiene solución y como tal hay que acatarlo, para lo segundo, que su destino lo sea para bien y según la buena impresión que al recibir la noticia nos hemos llevado y la suerte que no le abandone.

Hasta la próxima.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aires navideños


Desde hace ya varios días prende por doquier el ambiente navideño. En la mayoría de las calles de la ciudad se han instalado adornos eléctricos; en los centros comerciales de cierta importancia, los villancicos no dejan de sonar durante todas las horas,  en que abiertos permanecen; las gentes parecen caminar con cierto aire, si no marcial, si en el que parecen exteriorizar algo especial en relación a como lo hacen en el resto de los días del año; las comidas entre amigos, empresas, clubes y otros muchos se multiplican en estas fechas; rara es la familia que no espera la llegada de algunos de los suyos que ausentes permanecen la mayoría del año, para cuando menos pasar algunos de estos próximos navideños juntos, y así hasta un largo etcétera.

Como el título dado a este humilde blog es el de "Recuerdos", no tengo también por menos en estas vísperas de las Navidades de 2012, traer a la memoria de las muchas que ya llevo pasadas. Algunas de aquellas lejanísimas de mi infancia, solo me quedan unos difusos recuerdos de que mi madre durante bastantes días antes de la Nochebuena se afanaba en la elaboración  de los típicos dulces de mi pueblo para estas fechas, tales como los roscos, buñuelos, magdalenas, perrunas y por encima de todos ellos, por lo que a mí eran los que me gustaban, eran las hojuelas, por cierto con su miel. Las correspondientes a los años de 1936, 1937 y 1938, de la Guerra Civil, como los pasé en zona roja, y por añadidura en el campo, ni siquiera se mencionaban tales festividades. Ya en los años de la posguerra, y como lo fueron también "los años del hambre", hoy pasado el tiempo, me regodeo acordándome de que después de la Misa del Gallo, solíamos reunirnos varios amigos en la casa de alguno de los que posibilidades para ello tenían, y hacíamos unas migas, que con chorizo, lomo y todo lo que de la matanza se obtiene, nos dábamos buenos atracones y ello nos ayudaba ya para algunos días el ir soportando las carencias que nos esperaban, y entre estas que digo de las migas, estaban también la de los años en que estaba en la "mili", pero que las dos de las que correspondían a los años 1946 y 1947, tuve la suerte de pasarlas con permiso en mi pueblo.

Y llega quizá la de mas infausto recuerdo, como fue la primera que pase en la Guardia Civil, que lo fue en 1950. Aunque sería largo de contar las causas de ello, resulta que sería precisamente la hora de la Misa del Gallo, un disparo del fusil de un compañero, me atravesó la pierna derecha, con orificio de entrada por la parte externa de la rodilla y salida en cima del gemelo de la misma pierna. Y abreviando, el accidente acaeció en despoblado, a unos cien kilómetros de Málaga, mi llegada al hospital militar de esta Ciudad no lo fue hasta las catorce horas del siguiente día, con varias peripecias sufridas en el traslado y de cuyo caso, como no quise que mi familia se enterara siquiera, los días de Navidad, donde todos los hospitalizados recibía las visitas de sus familiares, novias, amigos y de todo orden, yo ni una sola persona se llegó a mí siquiera para hacerme llegar unas palabras de aliento y consuelo. Menos mal, que quizá si alguna de las virtudes que tenga sea la de afrontar las adversidades con cierta entereza, lo llevé con gran resignación, y mis padres y hermanos se enteraron de este percance en el mes de Agosto siguiente en que fui con permiso a Villaharta, y ya no puede ocultárselo porque aún cojeaba visiblemente como resultado de la herida. Todas las posteriores a este hecho, y como digo durante mi permanencia en la Guardia Civil y también muchos años después, las pasé y gocé como nunca, excepción hecha de las de 1996, últimas en que mi mujer las pasó entre nosotros. Aunque esta circunstancia nunca puede olvidarse, y manteniendo su recuerdo, he vuelto a pasarlas felizmente y las del presente, con la añadidura de la noticia que motivó mi entrada anterior en el blog, se presentan con buenas expectativas, y quiera Dios no se malogren.

Por otra parte, estas festividades parece hacernos mas sensibles y especialmente nos traen al recuerdo la ausencia de los seres queridos que para siempre se fueron, pero también nos llevan a la predisposición de pasar momentos de felicidad junto a los que estamos por estos andurriales. aunque luego cuando parten hacía sus puntos de residencia, un gusanillo de tristeza  nos haga pensar en lo que de tiempo quede para una visita por parte de ellos, y no muy posible, en cuanto a mí, que mis viajes, salvo casos muy especiales o de corta distancia, no suelen ser ya muy frecuentes. 

Hasta la próxima entrada.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Ilusión cumplida


En el día de ayer, se cumplió una de las grandes ilusiones de mi vida. Ayer 14 de diciembre de 2012 y directamente por su protagonista, mi hijo mayor me daba la noticia de que en Consejo de Ministros celebrado ese día, había sido aprobada la propuesta de su ascenso a General de Brigada de la Guardia Civil. Tal recibía la noticia, mis recuerdos se  retrotraían hasta aquel, ya también lejano 15 de julio de 1979, en que cuando contaba solo 22 años de edad, y por haber obtenido el número uno de su promoción, le era entregado su Despacho de Teniente, por el propio Rey Juan Carlos I  y cuyo acto, mi mujer y yo abrazados celebrábamos con la alegría propia de unos padres, que tanta ilusión y orgullo les produce todo cuanto de bien hacen sus hijos, y que nunca me cansaré de dar gracias a Dios que muchos han sido, los que los tres que hubo, y lo siguen habiendo, en nuestro matrimonio, nos han aportado. De este último éxito y que me ha traído a esta entrada en el blog, solo me queda el resquemor de que su madre, no pueda gozar lo que la consecución del generalato por su hijo de orgullo y alegría, al igual que a mí, le hubiera supuesto. Pero también seguro estoy que desde el lugar privilegiado en que allá en el que en el Cielo se encuentre, estará contemplándolo y seguirá prestándole su protección al igual que siempre lo hizo cuando bajo su tutela estaba, al igual que a su hermano y hermana.

Yo también por mi parte, retrotraía mis recuerdos hasta aquel 26 de julio de 1950 en que recién salido de la Academia de la Guardia Civil de Úbeda, llegaba a la Comandancia de Málaga con el humilde empleo de Guardia 2º, y que pese a esa condición de solo Guardia, permanecí en el Cuerpo, al que tanto he querido y lo seguiré queriendo mientras viva, más de treinta y un años. Hoy, en que estoy relatando lo acontecido en el día de ayer,  llego a preguntarme que si en aquel caluroso día de julio cuando solo cargado de ilusiones y buenos deseos llegaba a esta ciudad, ni que a soñar siquiera que me hubiera echado, jamás hubiera llegado a pensar que uno de mis hijos llegara a alcanzar en esta Guardia Civil el empleo de General, lo que para mí en aquella fecha era una meta poco menos que imposible de poder alcanzar. Hay momentos en que a restregarme los ojos llego, con el fin de tratar de despertarme, por si de un sueño se tratara, pero no, llego a la conclusión de que es una dichosa realidad, y con lo que vuelvo a repetirme de que siempre fui, y lo sigo siendo, un privilegiado de la vida, y que tantas dichas y alegrías me ha proporcionado, sin duda mas de las que seguro hubiere podido merecer.

El 14 de diciembre de 2012, es otro de los muchos hitos felicísimos que han venido jalonando mi discurrir por esta vida. Con esta entrada dejo parte de mi dicha por la causa que la ha motivado, y espero que la próxima, si no por iguales motivos, que al caso no lo sean por otro  que carezca de su correspondiente bienaventuranza. En el día de ayer, hago constar que verifique mi entrada en el blog en la que trataba este mismo tema, pero un "nosequé" misterio de la informática, me impidió el que pudiera publicarlo, y hoy sin saber tampoco cuál ha sido el remedio de lo que ayer me lo impedía, no haya tenido problema alguno para conseguirlo. Que de ello quede constancia.  Hasta la próxima.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Día de la Purísima Concepción


Volviendo la vista atrás, el día de hoy, 8 de diciembre, festividad de la Purísima, allá en mi primera juventud siempre tuvo un aliciente especial. Por una parte, y como entonces siempre me hallaba por estas fecha trabajando en el olivar de la Calera, la temporada de la aceituna se comenzaba uno o dos días después de dicha festividad, y por tanto dado a que, como yo, estábamos cinco o seis solteros más, con la llegada de las aceituneras teníamos los bailes diarios todas las noches asegurados para como mínimo mes y medio o dos meses, que solía durar la campaña, saliendo así de la monotonía en la que llevabámos ya tres o cuatro meses de trabajo en la finca, pero sin mas distracción que el trabajo, las bromas que solíamos gastarnos para pasar el tiempo, y la esperanza de la llegada de la recolección y molturación del fruto.

Pero mi entrada de hoy, va por otro sendero, aunque también relacionado con los bailes, como no. Tal día como hoy, aunque no estoy seguro que fuera el año de 1943 (puede que en 1942) aunque me inclino por el primero de los citados se daba un caso muy singular en Villaharta, que paso a relatar. Aproximadamente un mes antes de la fecha de la Inmaculada, estuvieron en la localidad unos misioneros, creo recodar que pertenecientes a la Compañía de Jesús, en las que como era costumbre impartían charlas para casadas, solteras, casados y solteros. Por aquellas fechas, el párroco del pueblo parecía tenerla un tanto tomada con los bailes, a los que consideraba como un gran pecado, aunque no llegara a la catalogación de "mortal" y no sé si por su indicación o por motu proprio de los Jesuitas, la conferencia a los solteros tuvo su correspondiente rapapolvos al pecado que suponían los bailes, pero donde alcanzó el no va más, fue en la charla dada a las jóvenes solteras. Tras haber seguido machaconamente con lo que suponía la asistencia a los bailes, pidieron que juraran, ante, y besando un crucifijo, de que no asistirían más a semejantes actos, y dado que en primera fila se hallaban las, que quizá, mas proclives a llevar a efecto dicho acto, así lo hicieron, y en su consecuencia arrastraron a todas las demás asistentes a secundar el juramento. Transcurrieron tres o cuatro domingos o festivos, en que como había por costumbre en la sociedad de baile que había en el pueblo, la celebración del correspondiente acto, pero con la frustración de que ninguna joven del pueblo decidiera su asistencia. Dado el malestar de los jóvenes de Villaharta ante la desaparición de la única diversión habida en el pueblo, por la Junta directiva de la Sociedad, de la que yo entonces era Secretario,y previa una reunión mantenida con el Párroco, el Presidente de la Sociedad y yo mismo, sin resultado alguno,  acordamos convocar una Junta General y determinar el camino a seguir sobre tal asunto, dado también que las Navidades estaban a la vuelta de la esquina. Por unanimidad, se acordó que el día de la Purísima, se llevara a efecto el día anterior, la invitación casa por casa donde había jóvenes en edad de asistencia a dichos bailes, acto que se venía haciendo desde siempre, y que cada socio procurara llevar a la novia, una amiga, una prima o como fuera, y con la decisión de que entrarían al acto. Media hora antes del inicio del baile, cada socio con una, o algunos con más de una joven, aunque ninguna quería ser la primera en hacerlo, se arremolinaban en la inmediaciones del edificio donde se hallaba el salón, hasta que a requerimiento de algunos de los jóvenes, haciéndolo en grupo apiñado de varias de ellas, se decidieron por entrar, y con gran alborozo celebramos aquel gesto y del que jamás posteriormente hubo contrariedad alguna sobre el particular.

De la reunión que celebramos con el Cura, recuerdo que el Presidente de la Sociedad, que por cierto era hijo de mi madrina, llamado Feliciano, le indicó que si no conseguíamos por nuestros propios medios el que las jóvenes volvieran al baile, teníamos pensado de dar cuenta de ello al Gobernador Civil de la Provincia, autoridad que era la concesionaria del permiso para la constitución de dicha sociedad, y que como se había formado recién terminada la Guerra Civil, se denominaba "Sociedad Juventud de la Nueva España". Y para dar fin a este relato, diré algo parecido a lo de siempre, "que cosas pasaban entonces y como pasa el tiempo".

Hasta la próxima entrada.    

lunes, 3 de diciembre de 2012

Cambio de rumbo


3 de diciembre de 1951. Puede que fuera lunes, exactamente no lo recuerdo, pero sí que hoy se cumplen sesenta y un años, que mi vida en la Guardia Civil dio un giro de 180 grados. La tarde anterior, cuando me presentaba para entrar de servicio en el puerto de esta capital donde hacía mes y medio que había llegado destinado,el Brigada Comandante de Puesto Don Eulalio García Gómez, me comunicaba que había recibido un escrito para que a la mañana siguiente (o sea del día 3 de diciembre) me presentara en las oficinas del Tercio para prestar mis servicios como mecanógrafo. El citado Brigada me pedía a la vez, que por favor prestara el servicio aquella noche, ya que no tenía personal para cubrirlo todo  si yo no lo hacía. Semejante noticia, de lo primero que cito, me cogió totalmente por sorpresa y fue tal la alegría y emoción que sentí al recibirla, que no me importó aceptar el prestar mi servicio aquella noche y que previo el sorteo correspondiente me tocó hacerlo en la denominada Puerta de Colón. Los servicios que antes de la unificación de la Guardia Civil con los Carabineros, y que se habían estado prestando por este último Cuerpo, se practicaban todos mediante sorteo, con el fin de que nadie pudiera ponerse de acuerdo de antemano con los contrabandistas y verificar algún alijo de efectos de contrabando por un punto determinado. En todas las aduanas de los puertos de España, el servicio de línea que se prestaba por la Guardia Civil, era de 12 horas seguidas de servicio por 12 horas libre. Por tanto la noche del 2 al 3 de diciembre de 1951, desde las 20 horas del día dos hasta las ocho del día tres, me las pasé yo solito en el punto que citaba anteriormente, y si no tan fría como estas noches últimas acaecidas en Málaga, aquella no lo fue tampoco calurosa que digamos. Salir de servicio a las ocho de la mañana, asearme y antes de que dieran las nueve, ya estaba yo presentado en mi nuevo destino, en las oficinas del Tercio, que  a la sazón se hallaba ubicado en un chalet del número 9, del Paseo de Sancha, donde en la actualidad creo que hay una escuela de turismo o algo similar.

Y digo que a partir de aquel día, mi vida en la Guardia Civil dio un giro de ciento ochenta grados, ya que a mediados de octubre de aquel año, llegué al puesto de Aduanas de Málaga, procedente de un puesto de playa, donde si en el muelle eran doce horas de servicio por doce libres, en la playa,  siempre se montaba el servicio nocturno desde antes del anochecido, hasta después del amanecido, donde en el invierno no lo eran menos de catorce horas y sin un solo día de descanso en todo el año, lo único que sucedía que cuando te correspondía se cambiaban la clase de servicio, por ejemplo el de playa por el de puertas, que era de 24 horas, eso sí que por la noche podías dormir en tu cama, pero sin dejar de estar de servicio. Así en este plan llevaba ya cerca de dos años, que por lo menos el ochenta por ciento de los servicios que hasta entonces había prestado lo fueron de noche. Y ¡AL FIN! aquellos conocimientos de mecanografía que había adquirido, durante mi estancia en el ejército, de forma tan especial como la mayoría de los que conocéis este blog ya sabeis, comenzaban a dar sus frutos. Oficina de nueve de la mañana a las dos de la tarde, y entonces de 5 a 7 de la tarde, que unos meses despues, paso a ser de ocho de la mañana a dos de la tarde. Todas las noches a dormir en camita, los domingos y festivos nada de nada, a pasear, al fútbol y dándome la misma forma de vida que tuve en la mili, con la variante de que ya cobraba un sueldo, que no es que fuera muy grande, pero incluso creo era casi el doble que lo había venido cobrando cuando ingresé procedente de mi trabajo como jornalero agrícola. Mi pase como mecanógrafo fue a la larga también la consecuencia de posteriores destinos, ya más importantes, aunque de mayor responsabilidad por los que pasé durante mas de los treinta y un años que estuve en activo. Una cuestión si creo fue casi segura, que de no haber pasado a la oficina, posiblemente me hubiera presentado para el ascenso a Cabo algunos años antes, pero dado a tal como se fueron produciendo los acontecimientos,  bendito aquel 3 de diciembre de 1951 en que fui destinado a las oficinas del 37º Tercio y que si en el plano profesional fue un cambio radical, en lo personal, particular y familiar, lo fue aún mucho mayor y de más y beneficiosa trascendencia. Cuán lejanos se quedan sesenta y un años transcurridos...

Hasta la próxima.

lunes, 26 de noviembre de 2012

¡Y pensar que hace hoy 38 años!



Sí, hoy se han cumplido 38 años. Tal día como hoy pero de 1974, causaba baja, voluntariamente, en el Servicio de Información de la Guardia Civil,de la  Comandancia de Málaga, por pase, previa petición, a la Jefatura de Armamento de la misma Comandancia. Con todo el personal que en el SIGC, tenía a mis órdenes, más tres o cuatro agregados compañeros y amigos, lo estuvimos celebrando con una comida en la Venta de Bartolo, que se hallaba (no sé si continuará todavía allí como tal venta) al comienzo de la carretera de los Montes de Málaga y en cuyo lugar lo habíamos hecho ya en varias ocasiones con anterioridad. He sido y soy, una persona que suelo encariñarme, no solo con las personas, sino también con todo el ambiente, incluso con las cosas que me han estado rodeando durante algún tiempo, pero mi cese, y eso que ya digo lo fue voluntariamente, en el Servicio de Información, ha sido lo que mas sentí dejar de todos los destinos que tuve en la Guardia Civil. Aunque con algunas alternancias, desde junio de 1956, siendo Guardia, y para mas detalle cuando no llevaba siquiera tres meses de casado, era destinado por primera vez al citado destino. Lo estuve también con el empleo de Cabo, y por último con el de Sargento. Si la Guardia Civil ha sido, y lo sigue siendo, una de las grandes pasiones de mi vida, los muchos años que pasé por el Servicio,  como entre nosotros lo denominábamos, o por Información como generalmente se decía en el Cuerpo, fue lo mas gratificante de toda mi permanencia en el mismo y ni punto de comparación con mis dedicaciones laborales antes de ingresar, y por supuesto mucho menos con los dos años que estuve trabajando en la mina antes de irme a la mili, que contrariamente, fueron los dos años sin duda de los que, y  como se comienza en el quijote, de cuyo tiempo no quiero acordarme. En los tres empleos en que estuve prestando servicio en el destino en que hoy se cumple la efemérides de mi salida definitivamente, fueron en la inmensa mayoría del tiempo de un trabajo agobiante, pero sería por su variedad, en muchas ocasiones de bastante importancia, como lo fueron en la realización de muchos, variados e importantes servicios, y aunque tampoco como sucedía cuando lo hice con el empleo de Sargento, que yo era el responsable del personal, y la dirección de toda clase de actuaciones,  suponía en no pocas circunstancias esa preocupación por el resultado de las mismas, que en mas de una existía cierto riesgo para el personal que lo practicaba, la satisfacción que se sentía. cuando como tuve la gran suerte de serlo casi siempre con pleno éxito, compensaba todos los sacrificios y preocupaciones que exigían su realización.

Finalizado el acto de la comida, se me hizo entrega de una placa, de cuyo momento en que, en su nombre y el de todos los que habían sido mis subordinados y a partir de entonces lo pasaban a ser suyos, me era ofrecida, quedó constancia fotográfica, que espero que mi editor de toda esta tan magna obra como lo están siendo mis entradas en este incomparable blog, la coloque en su lugar correspondiente, para que la posteridad no se vea privada de tan importante prueba y que con ello se culmina tan brillante relato, del no menos importante acontecimiento.

Bromas aparte, tan profundo era el sentir que mi despedida, en aquel ya tan lejano día, que más de 18 años habían pasado desde mi primer destino al Servicio de Información, que ni siquiera tuve aliento para poder dar las gracias al Teniente y todos los que a mis órdenes estuvieron, por el acto que se me había ofrecido, ya que un nudo se me hizo en la garganta impidiendo que palabra alguna saliera de mi boca. Es hoy, pasados treinta y ocho años de aquel día, y no pocas lágrimas han dejado de asomarse a mis ojos por tal recordación. Y otra vez la monótona frase de los viejos: ¡Cómo pasan los años!

Hasta la próxima.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Y sin siquiera de la póliza de tres pesetas...





Si en mi pasada entrada trataba de mi examen para el ingreso en la Guardia Civil, hecho acaecido en aquel lejanísimo 14 de noviembre de 1949, el motivo que me trae a volver a esta de hoy, y aunque ninguna relación guarda ésta con la pasada, no he tenido por menos que sorprenderme al recordar  del cambio experimentado en este caso para la tramitación de cualquier gestión en peticiones ante los organismo oficiales, de cuanto supuso el "papeleo" hasta su total finalización para mi ingreso en el Cuerpo, con el trámite que he realizado no hace mas de diez minutos y que voy a detallar a continuación.

Desde hace algo más de siete años me era prestado el servicio de teleasistencia y financiado por el Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) y de lo que me supongo todos los que tengáis la osadía de entrar en este blog, sabéis de que se trata, ya que es una cuestión social extendida por toda España y que alcanza generalmente a los ancianos, viejos, o mayores como queráis llamarnos, que tengan más de sesenta y cinco años (que por cierto a mi me sobran un montón) que vivan solos y tengan algún padecimiento en cuanto a su salud, que quién a esa edad no lo va a tener.

Bueno, pues hace unos cuantos días que he recibido una carta del ISFAS, comunicándome que a partir del día 31 de diciembre próximo quedará extinguido definitivamente este servicio que se me venía prestando, al carecerse de los recursos para tal fin, según se recoge en el Anteproyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2013.Y aquí viene el quid del asunto. Resulta que aunque no como pez en el agua, me defiendo en esto de internet, busco el teléfono de los servicios sociales de la Junta de Andalucía en Málaga, y en posesión del mismo, y en no más de cinco minutos todo el trámite para darme de alta en los mismos servicios que atiende la Junta, ha quedado concluso, y ya en espera de que vengan a instalarme los aparatitos necesarios para el fin solicitado, y todo ello como cito en el asunto, sin necesidad de que para ello tenga que elevar la correspondiente instancia, que como solía suceder en aquellas lejanas fechas, había de ir reintegrada con su correspondiente póliza, que en estos casos era de un valor de tres pesetas.

Si cuando yo comencé con la tramitación para proveerme de todos los documentos que me fueron exigidos para el ingreso en la Guardia Civil, tales, como partida de nacimiento, certificado del Registro Central de Penados y Rebeldes, certificado de buena conducta de la Guardia Civil, documentación de haber prestado el servicio militar, hoja de castigos del tiempo servido en el ejército, la instancia dirigida al Excelentísimo Señor Teniente General, Director General de la Guardia Civil, también con su correspondiente póliza, y etc. etc. etc..., me hubieren indicado que sesenta y tres años después, el trámite que yo he realizado esta tarde podía hacerse tal lo he dejado señalado anteriormente y por los medios en que se ha tramitado, me hubiere quedado con una cara de tonto, como si me lo hubieran dicho en chino. Pero sí, así ha sido, y yo tengo la dicha de haber podido ser beneficiario de todo este progreso, en éste y muchísimos mas  casos, del cotidiano vivir de como se hacía en aquella mi lejana juventud, hasta este venturoso y feliz ocaso por el que me hallo atravesando y que Dios quiera lo siga siendo por mucho tiempo, y tal lo es.

Hasta la próxima entrada.