viernes, 30 de septiembre de 2011

Tirando "palante"

El pasado día 25 hice mi última entrada en este Blog y que pensaba haberla hecho el día anterior, por la circunstancia que en el mismo señalaba.


Hoy, sin ninguna efemérides que traer a este blog me pongo a escribir sin que al principio tenga tema previsto que desarrollar. Puedo decir, que aquí en casa de mi hija me hallo convaleciente y sujeto a recomendaciones de no excederme en actividades físicas que puedan conducirme a la pequeña recaída de días pasados.

Antes de proceder a esta nueva entrada, he pasado la vista por la anterior, donde por mi eficiente editor ha colocado las dos fotografías que previamente le había remitido. Y que le vamos a hacer, en la primera de ellas me he pasado un rato contemplándola, y se me ha venido al pensamiento que en mi infancia, en casa de mis padres solamente había tres fotografías; una de mi madre, que se la hizo cuando tenía 17 años...

 

Otra de mi padre de cuando se encontraba prestando el servicio militar en Melilla, en la que sobre una repisa que está a su derecha, tiene colocada la foto de la entonces su novia, de la que yo hago referencia anteriormente...

De esa observación, como no, mis recuerdos han pasado sobre lo que fue la vida de mis padres, que solamente el traerlas a la memoria destrozan el alma, de las adversidades que les tocó vivir, y el sufrimiento que debió causarles, no solo los padecimientos de ellos, sino los que hubieron de padecer con los que también les alcanzó a sus hijos. Me miro a mí mismo, y que afortunadísimo he sido una vez pasados algunos años de mi adolescencia y primeros de mi juventud, donde todo ha sido felicidad, no solo para mí, sino por lo que fue todo mi matrimonio, y lo mas IMPORTANTE, como lo ha sido, y es, para mis hijos, y como igualmente lo está siendo para mis nietos. Y de toda esta consecuencia que acabo de señalar, yo ahora me veo atendido como suele decirse "entre algodones", única circunstancia que alcanzó, no tanto a mi padre que falleció cuando la situación, principalmente la económica, todavía en España atravesaba con los flecos que quedaban de los llamados "años del hambre", pero sí a mi madre que su óbito lo fue 35 años después que su marido.

Que más puedo pedir a estas alturas de la vida, y que iba a colocar una palabra, que la asidua lectora de este blog y por añadidura amiga, parece ser que dice tengo la obsesión de colocar a troche y moche, y que cuando menos eso daba a entender en el comentario que hizo a mi anterior entrada, y voy a darle satisfacción no poniéndola, aunque creo no tardaré mucho en hacerlo.

Bueno, con cuanto queda dicho, por lo menos he salido del trance y otra entrada más que llega a engrosar este humilde blog.

Hasta la próxima y que a ver si me encuentro ya totalmente fuera de esta convalecencia.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Los destrozos de 86 años

La entrada de hoy tenía pensado haberla efectuado ayer, pero los médicos que son como son, se empeñaron anteayer meterme en el quirófano, hurgarme en el depósito de la orina y hasta hoy cerca de medio día no me han soltado.

Decía que tenía pensado haber entrado ayer, porque precisamente ayer, se cumplían OCHENTA Y SEIS AÑOS, que me hicieron la primera fotografía de mi vida, precisamente en Pozoblanco, en el primer día de sus fiestas que se celebraban y aún se siguen celebrando a partir, el 24 de septiembre, denominándolas por tanto las fiestas de la Merced. Dicha fotografía me fue hecha cuando me faltaban solo tres días para cumplir los cinco meses.


Quienes paseis vuestra vista por esta entrada, no direis que el niño de la foto no estaba rollizo y hermoso, cuya foto para que podais juzgarlo, espero que mi diligente Editor la coloque con la diligencia de la que siempre ha dado muestra a fin de que pueda ser observada por todos mis lectores.

Anteayer, y por mi Webcam, que colocada la tengo en mi ordenador y con la cual celebro diariamente las videollamadas con mis hijos que estan fuera de Málaga, me hice la segunda foto, que por mi indicado Editor será expuesta en su lugar correspondiente, y a ser posible donde menos pueda verse, a fin de que quienes pudieran entusiasmarse con la visión de de un niño de cinco meses, no les decaiga el ánimo al contemplar la de un anciano, que le sobran de 86 años, los meses que aquel niño tenía cuando que le hicieron la primera fotografía en la feria de Pozoblanco.


Pero de todo lo que digo anteriormente, les prevengo a los jóvenes y no tan jóvenes que se asusten al hacer la comparación entre las dos fotografias, que citando un epitafio que figuraba en el antiguo Cementerio de San Miguel de Málaga, podrán aplicarse el parche con el paso de los años. El mencionado epitafio rezaba así:

Como me ves, te verás
haz cuanto puedas por tí,
que tú también te verás
como me estas viendo a mí.

Ah, y desgraciado de aquél que no pueda contemplar unas fotografías suyas, en que esten separadas por ochenta y seis años de diferencia.

Aparte de todo ello, y tomando en serio la cuestión, es cierto que resulta un tanto deprimente contemplar el deterioro que en el devenir de las personas hacen el paso de los años. A los ancianos nos queda el consuelo del tiempo vivido, que en cuanto a mí particularmente, núnca podré agradecer a Dios cuanto me ha sido concedido a través de los años vividos, aunque algunos, no pocos de los acontecimientos, no lo hubieron sido lo felices que en su momento yo hubiera deseado, pero en esto como en todo, saquemos la media, y como digo, a mí me sale mayoritariamente favorable.

Creo que hallándome convaleciente de tan reciente operación quirúrgica, no debe exigírseme mucho más de lo que ha supuesto esta entrada.

Hasta la próxima.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Cosas del azar

Esta mañana huroneando en Internet con el nombre de mi pueblo, no se a causa de qué, ni porque no, de momento aparece en la pantalla entre otros, el siguiente titular:



Por curiosidad pincho en el titular, aparece una relación de nombres de varias páginas, dirijo la mirada casualmente sobre la primera página, y sin otra intención que la de ojear sobre la misma, sufriendo en ese instante una descarga emocional como yo nunca hubiera llegado a imaginar. Y el mismo efecto que a mi me produjo, creo puede producir en quien pase la vista por esta entrada. Resulta ni más ni menos que mis ojos fueron a posarse sobre el nombre de un primo hermano mío, que yo solamente sabía que había muerto durante la Segunda Guerra Mundial; pero no queda ahí la casualidad, sino que en el mismo golpe de vista capte el nombre de otro primo hermano mío, que se da la circunstancia que figuran uno a continuación del otro, uno era primo por parte de madre, el que está primero y el otro por parte de padre que figura a continuación. Se da el caso, de que sus padres fallecieron sin conocer cuál fue la suerte que pudieron correr sus hijos, solo que dejaron de tener noticias suyas, cuando se encontraban en Francia donde huyeron a finales de la Guerra Civil Española.

Puesto al habla con el hijo de un primo mío, sobrino del asesinado que figura en primer lugar, y me comunicó que hace solo unos cinco o seis años, cuando les comunicaron el hecho de que fueron asesinados en el mencionado Campo de Concentración. Mi primo Antonio que figura relacionado en primer lugar, consta fue asesinado el 14 de octubre de 1942 y, Leopoldo, el segundo, lo fue en 10 de diciembre de 1941. Ambos cuando fueron asesinados debían contar entre 23 y 24 años de edad.

Pese a los muchísimos años transcurridos en que se dejó de tener noticias suyas. yo precisamente no tenía idea del cual hubiere sido su final, aunque con toda seguridad se tenía de que habían fallecido, el ver sus nombres, apellidos y Villaharta, el pueblo de su naturaleza, produjo tal impacto en mi estado de ánimo, que pasadas unas ocho horas en que leí la noticia, aun no me he restablecido totalmente de sus efectos. En el instante en que mi vista se posó sobre sus nombres y leí su fecha de ejecución, algunas lágrimas afloraron a mis ojos, pensando que entonces mis primos tenían la edad que hoy tienen algunos de mis nietos, y cuando comenzaba su juventud, dejaron su existencia tan cruel y trágica, en un país tan alejado del suyo y el inmenso dolor de sus familia, principalmente de sus padres, que abandonaron esta vida sin que siquiera hubieren conocido que fue de sus hijos.

A tan temprana edad, fueron emparedados entre dos guerras, a cual mas cruel.

Pese a los años transcurridos y la diferencia de edad conmigo, que podría estar en los siete u ocho años, aún conservo en el recuerdo de como eran ellos, tanto en cara como en el cuerpo, asegurando que si me pusieran delante una fotografía suya de aquellas fechas, los reconocería sin el menor titubeo.

Vaya con estas letras, el sentido dolor a su recuerdo.

Hasta la próxima que espero no sea tan triste y trágica como esta.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Las circunstancias y el estado de ánimo

Esta entrada la estoy haciendo desde la casa de mi hija, donde como todos sabéis suelo acudir todos los días de lunes a viernes, inclusive, salvo excepciones.


Esta mañana cuando he llegado, en la casa no había completamente nadie, circunstancia que no me ocurría desde hacía ya varios meses. Un hecho que no suele sucederme, se ha apoderado de mí tan pronto recorría las estancias del piso para dejar mis pertenencias y cambiarme de ropa como de ordinario suelo hacer, y es que una sensación de SOLEDAD EXTREMA me ha hecho cambiar seguidamente mi estado de ánimo. Con el sosiego que yo suelo recibir estos cambios, me he sentado tranquilamente en el sofá, y mis pensamientos comenzaron a traerme a la memoria una inmensidad de recuerdos que comprendían desde allá mi lejana infancia en que comencé a tener noción de la existencia, hasta ese momento en que el vacío absoluto de la vivienda parecía como si estuviera finalizando la última de todas las etapas en la vida de una persona.


Resulta un tanto gracioso y a su vez cómico, el que en los recuerdos donde más se ha recreado mi pensamiento han sido en unas simples cuestiones y que sin duda ha debido ser a que esta mañana he estado en un estanco cargando unos viajes en mi tarjeta-bus. Me han venido a la memoria, e incluso casi recreándome en ello, las diversas clases de tabaco que en aquellos tiempos solía consumirse, cuando menos en mi pueblo y a su vez también, y como parece ser debía hacerlo, las diferentes marcas de papel de fumar que a la sazón existían.


Y ya que me han venido al pensamiento tan" importantísimos recuerdos", los hago constar a continuación para que ninguno de vosotros, ni nadie que tenga la amabilidad de entrar en este blog, quede privado de recibir tan interesante conocimiento. Vamos a ello.

En cuanto al tabaco, existían unos pequeños envoltorios que contenían 14 cigarrillos, que se los denominaba "mataquintos", por lo fuerte que era su tabaco, valían diez céntimos el paquete, y era lo que en muy contadas ocasiones solíamos comprar los niños, nos salíamos a las afueras del pueblo y el que osaba fumarse un cigarrillo completo , terminaba mareado e incluso muchas veces hasta vomitando. En una de las dos o tres veces en que yo tomé parte en semejante hecho, fuimos sorprendidos fumando por un hombre, para nosotros, un viejo, y al decirnos que se lo iba a decir a nuestros padres, todos tiramos el tabaco y salimos corriendo y en cuanto a mi, recuerdo que hasta me temblaban las piernas.

La clase de tabaco y casi sin lugar a dudas, la del 95% del consumo en el pueblo, eran unas cajetillas de veinticinco gramos de peso, con un envoltorio de papel de color blanco y verde, y recuerdo que al principio su precio era el de veinte céntimos y luego lo subieron a veinticinco. Con ocasión de esta subida, mi padre que era un fumador empedernido, se ponía de un humor insoportable cuando le faltaba el tabaco, y fumaba la clase mencionada, recuerdo que con bastante "cabreo" comentaba que les iban a obligar a quitarse del tabaco.


Luego había otra clase que eran unos paquetes que tenían 20 cigarrillos, envueltos en un fino papel, pero que para fumárselos habían de cambiárselo, y que eran conocidos por los cero sesenta, y era sin duda porque costaban 0'60 céntimos. No se si cuando subieron continuaban llamándoles lo mismo.


Posteriormente y ya finalizada la guerra civil, debido a su racionamiento, se establecieron unos cartones que eran utilizados para comprar el tabaco cuando llegaba a los estancos, que solía ser de muy tarde en tarde y al que solo tenían acceso los varones mayores de 18 años. Yo en los últimos tiempos de estar en vigor, tuve la fortuna de estar en posesión de tan valioso documento. Al terminar el mismo aparecieron unos paquetes similares a los cero sesenta, pero de envoltorio distinto que se los denominaba "caldo de gallina", y que era un tabaco de bastante buena calidad, que los jóvenes solíamos comprar para las grandes solemnidades, ej. la feria del pueblo.


Desde los primeros tiempos en que he descrito las clases de tabaco que había, las marcas del papel de fumar eras mas que las clases de tabaco: Así existían, las marcas de "Bambú", "Gol", "El Toro", "Jean" e "Indio Rosa". La primera de las marcas citadas, o sea el bambú, era un estuche cuadrado y cuyas hojas estaban colocadas en su interior, en zig zag y así es sacaban muy fácilmente. Las demás marcas, estaban formadas por unos que se llamaban "libritos", cuyas hojas como las de un libro, estaban sujetas mediante un engomado al centro del lomo que formaban las dos hojas del "librito". El mas barato era el de "El toro", tenía en su forro la figura de un toro bravo, pero casi nadie lo utilizaba, ya que los fumadores entendidos decían que hacía el tabaco mucho mas fuerte. Las marcas "Bambú" y "Gol", este tenía la figura de un futbolista dando un puntapié a un balón, valían 10 céntimos, y eran las consumidas por la inmensa mayoría de los fumadores. Las marcas "Jean" e "Indio Rosa", eran las mas caras, creo valía cada librito 20 céntimos, aunque de esto no estoy seguro, y las utilizaban generalmente lo que querían presumir de ello, y especialmente para volver a liar los cigarrillos de los llamados "cero sesenta". Creo que los de todas las marcas contenían 100 hojas.


No mucho tiempo después, en cuanto al tabaco, llegaron los "Ideales" que aunque no era una clase de muy buena calidad, tenían la ventaja de que venían ya los cigarrillos liados y solamente para sacarlos del paquete y encenderlos. Luego llegaron los celtas cortos, celtas largos, etc. etc.


Yo comencé a fumar a los 15 años, o sea cuando empecé a trabajar en el campo y ya ganando el jornal de un adulto y deje de fumar, aunque de cuando en cuando me fumaba un cigarrillo, poco antes de cumplir los 50 años, así fueron 35 años día por día, los que dediqué al vicio.


En mis tiempos no se fumaba delante de los padres ni de las madres. De éstas, se comenzaba a hacerlo antes que del padre. En abril de 1956, me faltaban solo unos días para cumplir los 31 años, cuando fui a mi pueblo en viaje de novios, recuerdo como si me lo estuviera diciendo "ahora", las palabras de mi padre: "Ya puedes fumar delante de mí". Os resultara extraño este detalle, pero puedo jurar ante Dios, que sucedió tal cual lo he consignado. Saque mi paquete de tabaco y le ofrecí el primer cigarrillo a mi padre. Antes de ello, cuando mi padre se quedaba sin tabaco, al salir yo de la casa, mandaba a uno de mis hermanos para decirme que le dejara algunos cigarros.


Ante estas últimas indicaciones, ahora sí, no me queda mas remedio que decir: "¡Qué tiempos aquellos!"


Bueno no es que haya sido muy importante la entrada de hoy, pero cuando menos os resultará curiosa.


Hasta la próxima.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Quince años han pasado


 8 de septiembre de 1996. Desde el mes de mayo anterior a la fecha indicada, mi mujer mostraba un deterioro físico bastante evidente y que día a día por desgracia iba en progresión. Como todos los míos sabéis, desde hacía cuando menos quince años, un grupo de cinco matrimonios: Crimelda y Juan; Luisa y Paco; Trini y Rafa; Pepi y Julio y el que formábamos mi mujer y yo, nos reuníamos todos los fines de semana, sábados y domingos, más si algún día festivo se mezclaba entre ellos.

Tal día como hoy de 1996. también, como hoy, fue fiesta local en Málaga. Los cinco matrimonios citados anteriormente, recuerdo nuestra actividad tal si fuera al día siguiente de haberse celebrado.

Estuvimos en Misa de doce en la Stela Maris, un paseíto por el centro de la ciudad, estuvimos comiendo "pescaíto" en el "Mario Eva", y ya cerca de las cinco de la tarde nos vinimos aquí, a mi casa, donde nos entregamos a la actividad que era normal en nuestras reuniones. Jugar un rato al bingo, merendar, y luego jugar a las cartas, principalmente a la "perejila", al "hijo puta", u otros similares, en los que solíamos poner en juego pequeñas cantidades de dinero. Según las normas establecidas, los que resultaban ganadores, estaban obligados a depositar el 50% de las ganancias en el fondo que después se empleaba en pagar los gastos de comida y los demás que se ocasionaban en nuestras salidas.

Estas reuniones se celebraban dentro de un clima maravillosamente divertido y entrañable en todos sus aspectos, si bien procurando "cabrear" un tanto a los que ya de por sí lo estaban al haberse tratado de ser los perdedores en la respectiva jornada.

Aunque como cito al principio de esta entrada, mi mujer desde el mes de mayo anterior su estado físico se iba deteriorando a ojos vista, aquel día, parece que Dios le insufló el ánimo suficiente, por el que toda la jornada se mostró en un estado casi eufórico, de lo que yo me maravillaba y me causaba extrañeza al propio tiempo. La reunión aquí en mi domicilio, fue si cabe, una de las más divertidas y al final como en todas las demás, el recuento de cada cual de las pérdidas y ganancias ocasionadas u obtenidas y el descuento de su proporción establecida para los ganadores y su mijita de "carga" para aumentarles el mal humor a los perdedores. Pasadas las diez de la noche estaban cuando la reunión se disolvía, Juan, el Tesorero, se hacía cargo de la recaudación, y con la cordialidad y verdadera amistad que siempre nos unió, nos despedíamos los unos de los otros, "HASTA LA PRÓXIMA REUNIÓN". Ésta, nunca más se celebró.
Sobre las doce de aquella noche, o sea una dos horas después de terminarse la reunión, a mi mujer le sobrevinieron los vómitos que de por sí solían presentársele, y a partir de aquellos instantes, todo fue un CALVARIO, hasta aquel desastroso 3 de febrero de 1997, en que élla se marchaba de este mundo, y en los precisos instantes en que ella fallecía, yo ingresaba en la UCI, del Hospital Parque San Antonio de esta Capital, y donde su cuerpo inerte estaba, aquejado de "hemorragia severa interna, neumonía, e infarto de miocardio", del que diez días después fui operado, y que hubieron de implantarme tres puentes, para lo cual me extrajeron la vena safena interior derecha desde el tobillo hasta la rodilla. Cuando menos, Dios me mantuvo las fuerzas suficientes para atenderla hasta el momento en que la bajaron para el quirófano en que fue la última vez que la veía. A partir de aquellos instantes, todo en mí se desarrollaba hasta que mi gravedad coincidía con los últimos estertores de su existencia.

Aquel fondo monetario que resultaba después de la reunión en esta casa aquel 8 de septiembre de 1996, se repartía equitativamente muchos meses después, dado a que jamás volvieron a celebrarse aquellas maravillosas reuniones.

Han pasado quince años, ELLA se marchó para la Gloria, como era su nombre, yo aún permanezco aquí, y cuando menos me alcanza la felicidad de poder RECORDARLA a cada momento.

Alegres y tristes, recuerdos, a la vez. Hasta otra.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Cada cosa a su tiempo


No hace ni dos horas cuando iba a coger una camisa de las que yo llamo de "andar por casa", o sea de las mas viejas, tomé una de las que estaba colgada junto a mi viejo y último uniforme de la Guardia Civil. De estas cosas que suelen ocurrir sin saber por qué ni por que no, ni venir a cuento, también tomé la percha que lo sostenía, cogí una camisa blanca y una corbata negra, me coloqué la camisa, luego la corbata y después la guerrera. La verdad que no me ha costado mucho colocármela, aunque sí un poquito, no mucho, ajustada, Seguidamente me fui al cuarto de baños y me puse a mirarme en el espejo. Tal vez porque mi estado de ánimo estuviere un poco predispuesto para ello, mis ojos llegaron a empañarse totalmente de lágrimas. Hacía mas de treinta años que ese uniforme lo vestía por última vez. Posiblemente contemplándome ante el espejo más de lo que suelo tener por costumbre, por mi memoria se iban deslizando todos los eventos que en su consecuencia me fueron acaeciendo durante los mas de treinta años que lo vestí. Como no, mis recuerdos se fueron también hasta aquel lejanísimo día del Corpus en Úbeda, que lo había vestido por primera vez oficialmente. Según la imagen que guardo en la memoria de aquella primera vez, y a fuer de ser sincero, es patético el destrozo que el tiempo a lo largo de los años hace, principalmente en el rostro humano. Aquellos brillantes ojos, tersas mejillas, negro pelo al igual que el bigote, solo un lunar en la mejilla izquierda marcaba el único punto discordante de una faz limpia de toda impureza, encajaban como nacido para ello aquel nuevo uniforme que estrenaba.

Hoy pasados mas de sesenta y un años de aquel estreno, mucho menos pelo que entonces, con la agravante de no canoso, sino totalmente blanco, un bigote que demuestra los años que sobre él han pasado, alguna que otra arruga, no pocas manchas sobre la piel del rostro, unos ojos que hace tiempo perdieron la luminosidad de la juventud, y en fin todo lo que entonces era aun realzado con la puesta del uniforme, incluso resulta ridículo esa parte superior del cuerpo humano que emerge sobre una guerrera, de la que tanto beneficio físico me aportaba en su momento.

Ahora con una sonrisa, me han venido a la memoria esas imágenes de unos "barrigoncitos" ancianos y una "culoncitas" de la tercera edad, balancean con unas cadencias poco airosas, un pasodoble,en alguno de los hoteles de Benidorm que vistas con imparcialidad resultan piadosamente poco ortodoxas, así como un casi nonagenario, vistiendo un uniforme militar, o como es igual, de la Guardia Civil.

Después de narrar todo el antecedente y sin duda como no tengo a nadie en este instante que me anime un poco, digo para mis adentros, "Bueno pero a mí, que me quiten lo bailado".

Trataré de hacerme una fotografía con la planta obtenida hoy, para poder hacer comparaciones, que no como suele decirse, toda comparación es odiosa, sino como en este caso será fiel exponente de lo que supone el paso del tiempo.

Este hecho, me ha sacado de la sequía bloguera que llevaba atravesando desde hace unos días. Hasta la próxima.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Enhorabuena, EDITOR



En la noche de ayer, y por su conducto regular, me participaba mi editor que desaparecidas las causas que le impedían adecentar en lo posible mis entradas en este Blog, había procedido a su reposición de las tres últimas editadas que carecían de su trabajo encomendado.

Esta tarde he procedido a verificar su comunicado, y hete aquí que me ha dejado sin aliento, al contemplar las tres reproducciones que ha colocado en el encabezamiento de cada una de ellas. Recomiendo a todos los míos, y a quienes pasen matando el tiempo en la lectura de algunas de ellas, no dejen de pasarse por las mencionadas tres anteriores a este comunicado, y reto a todo el que lo haga, que si me demostrara que haya posibilidad, no de superar lo hecho por mi editor, sino siquiera a igualarlo, será recompensado con la largueza de la que yo suelo emplear en semejantes envites.

El reconocimiento a su obra, entiendo debo dar cancha a sus peticiones de que renovemos su contrato de trabajo, con el aumento de sus remuneraciones que desde hace algún tiempo me viene solicitando. Lo emplazo para ello en las próximas vacaciones de Navidad.

Cuando menos, el valor visionado de mis entradas, ha vuelto a ser interesante.

Por hoy, solo puedo añadir que es una realidad de que el mes de agosto, se está agostando.

Hasta la próxima y espero que las alabanzas a mi editor, no le hagan disparar sus pretensiones económicas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Popurrí de cuestiones


Hoy lunes 29 de agosto, tenemos ya el mes en los últimos estertores de su agonía. Algunos de los míos se encuentran ya en estos momentos, inmersos en sus cotidianas ocupaciones. A los otros, los días de ocio le están dando los coletazos postreros. Y yo sigo.

En la mañana del día 29 de agosto, pero de 1947, yo me trasladaba desde Capitanía General en Sevilla, hasta el Regimiento de Artillería número 14, de la mencionada ciudad, cuyo cuartel se hallaba ubicado en los entonces extrarradios de la capital andaluza, denominados Pineda. El motivo que me llevaba hasta dicho lugar, era el de recoger varias prendas de uniforme que por el paso del tiempo me correspondía, al haber pasado destinado en plantilla a la primera de las unidades citada, procedente de la segunda. Aunque la inmensa mayoría de cuantos entráis en este blog, sabéis que gozo de buena memoria, posiblemente y con razón, estaréis pensando éste se está pasando con esto por los menos seis pueblos. Pero no preocuparos, que os voy a sacar de vuestras malintencionadas conjeturas.

Aquella mañana cuando llegaba a tomar el tranvía en La Pasarela, cuya línea tenía su terminal en Guadaira, observé como diversos corrillos de gente, charlaban entre sí y por la forma en que lo hacían, debía de tratarse de alguna noticia importante. Pero no fue hasta ya dentro del vehículo, cuando conseguí enterarme en concreto de lo que se trataba. No era era ni más, ni menos, que había muerto el torero Manuel Rodríguez Sánchez, "Manolete", como consecuencia de la cornada que en la tarde del día anterior le propinó en la Plaza de Toros de Linares (Jaén) un toro de la ganadería de Miura, llamado "Islero". Ni que decir tiene, que la noticia se expandió por el mundo rápidamente, dada la gran popularidad de que gozaba, y que la misma permaneció en candelero, incluso muchos meses.

Como habréis observado, no ha sido un farol el que yo me haya querido tirar, lo que al principio podría sospecharse.

Y por último, quiero señalar dos cuestiones relacionadas con estas entradas en este humilde e inofensivo blog.

La primera se trata, y que sin duda lo habéis percibido, desde hace un par de ellas, falta la fotografía o vídeo, que mi gran "editor" solía colocar, que en algunas eran extraordinarias, pero no las otras, que esas eran geniales. Causas ajenas a su voluntad le impiden continuar con su misión. Quiera Dios desaparezcan los motivos que se lo impiden y vuelva a deleitarnos con sus buenos servicios.

La segunda, corresponde a los comentarios que desde hacía varios meses realizaba una asidua lectora, que siempre, siempre, lo era en sentido elogioso a los mismos, lo que demostraba la benevolencia con que solía hacerlo. Sin duda, a partir de mi anterior entrada, que pese a haberlo hecho en principio, posteriormente retiró su comentario, cada una de mis nuevas entrada carecerán de sus pareceres, que a decir verdad, siempre picaba el "gusanillo" por conocer la impronta que en el mismo dejaba. El que posiblemente no vuelvan a aparecer, es sin duda una decisión personal y que si la primera hay que aceptarla por el imperativo de su imposiblidad, ésta no ha de ser menos, al respetar las decisiones personales de cada cual.

Por tanto, solo nos queda que sentir lo que suponían la "sal y la pimienta" de cada una de mis entradas.

Con los medios que contamos, sigamos la senda que desde hace varios años llevamos transitando.
Hasta la próxima.

viernes, 26 de agosto de 2011

Ha comenzado el éxodo.


Hace unos días, decía que se estaban terminando las vacaciones. Hoy uno de mis hijos con su esposa, ha tomado rumbo a su residencia. El domingo lo hará el otro. A partir del próximo lunes volvemos a la rutina de la mayor parte del año. Solo algunas circunstancias como la acaecida esta tarde, suelen alterar el devenir del paso del tiempo, que si bien para quien está por ejemplo trabajando, y si lo es en ocupaciones que no son de su agrado, se le hará interminable. Para quienes solo hacemos el contemplarlo desde nuestras a veces acompañados y otras en esa soledades, aunque voluntariamente elegidas, se nos hace que, no sólo los días, sino incluso los años y los decenios parece que vuelan.

Hacía alusión a lo acaecido esta tarde, y se trata simplemente en que sobre las cuatro de la tarde entraba en quirófano, y que aunque bajo los efectos de amnestesia general, se trataba solo de una exploración y que gracias a mi gran facilidad de asimilación, será por la experiencia, y no mas de dos horas después me entrego a lo que me apasiona, como lo es expresar mis sentimientos.

Estamos ya en los últimos tramos del caluroso agosto, y para muestra vale el "terralazo" de hoy, desde cuya cima aparece septiembre, donde sobre todo lo siento por mis nietos, se les acaba la buena vida que llevaron durante el estío. Pero la vida es lucha y aunque en esas edades en las que los deseos suelen ser todo lo extremo, a cuanto hay que realizar, si no desfallecemos en su intento, luengos serán los beneficios que lo sembrado acabará dando sus frutos, que no sólo para quien lo sembró en su momento, sino que para mayor goce, también alcanzará a sus descendientes.

Para nosotros, los viejos, llamémosle como somos, y dejémonos de eufemismos, seguimos con ese caminar cuya meta, para bien, no sabemos donde se encuentra, aunque ello suponga ir dejando en el camino jirones de nuestros sentimientos, que a veces y aunque, en ocasiones, suelen desgarrar el alma, va acumulándose a nuestro bagaje, y que gracias a Dios otros acontecieres, a seres privilegiados, como yo por mi entorno personal me considero, hacen que la balanza lo sea en positivo y nos ayude a seguir la ruta.

Mis vacaciones siguen. Hasta la próxima entrada.

sábado, 20 de agosto de 2011

Los días de vacaciones se están agotando



En estos instantes me encuentro solo en mi casa. Hoy he tenido un día bastante activo en cuanto al ordenador respecta. He recibido algunos correos, en varios de los cuales me he recreado en su contemplación y posiblemente al tener activadas las fibras de la sensibilidad han producido en mi estado de ánimo un confortable efecto. Esta parrafada que dejo escrita hasta el momento, no tiene nada que ver ni relación alguna con el título que he dado a esta entrada. Así, que enmendemos el lapsus.

El martes pasado, se marchó mi nieto el mayor para su lugar de residencia, atendiendo a las ocupaciones que le reclaman. Ayer mañana lo hizo su hermano, para igual punto e iguales causas. A últimas horas de la tarde, también del día de ayer, lo hizo el segundo de mis nietos, siguiendo el orden de nacimiento claro está, como no, para su residencia y por las mismas razones que sus primos. Mis dos hijos con sus respectivas cónyuges, se han ido al cine esta tarde.

Casi con toda seguridad el sábado que viene a estas horas, habrán hecho lo mismo los padres de mis nietos mencionados con anterioridad, aunque en estos momentos, se encuentren presenciando alguna película que les distraiga de momento de cuanto se le avecina.

¿Estas ausencias me dejan solo? No. Aún quedan, y durante todo el año, en Málaga, mi hija, sus dos hijos, y por supuesto su marido, que también es hijo, aunque lo sea político, que no quiere decir que se dedique a la política.

Los que quedan aquí, me prestan en su grado máximo cuanto pueda necesitar para hacerme la vida tan feliz como ellos, y los demás citados anteriormente también, lo desean y a fe que lo consiguen. Solo un deseo me falta para que lo fuera totalmente completa esa dicha, pero que no es otra, que el resto de los ancianos que nos hallamos en esas travesías postreras de nuestras vida, lo hicieran con el mismo goce que yo lo vengo haciendo. ¿Entonces que me preocupa de que los primeros citados acaben sus vacaciones? Solamente, lo que a mí, cuando transitaba por sus edades realmente no lo hacían en demasía, pero las sensibilidades de los padres y sobre todo de los abuelos, nos hacen sentir por cuanto a nuestros hijos y nietos respecta, lo que en nosotros lo sobrellevábamos con cierta normalidad, como son sus ocupaciones laborables y estudios, pese a que las que en mi caso particular se refieren, lo eran de un sacrificio físico y circunstancial que exigían mayores esfuerzos para superarlos, por lo que a mis hijos se refieren, y en cuanto a las preocupaciones actuales de mis nietos, las circunstancias de mi época, me privaron o me libraron de ello.

Por otra parte, tengo que hacer constar, que ni un solo día de los que están ausentes de Málaga, se pasa sin que tenga comunicación con ellos, la inmensa mayoría a través de videollamada y en su contra, por razones especiales, a través de llamada telefónica.

Por cuanto dejo expresado, tengo motivo para sentirme totalmente feliz, aunque como apunté anteriormente, sepa que no todos mis coetáneos puedan decir lo mismo que yo.

Esta situación me lleva a seguir deslizándome suavemente por este caminar, que quiera Dios, hasta que llegue a esa meta, a la que ningún ser humano está exento de ello, lo sea en la misma o semejantes condiciones a las de ahora, y cuando ese momento me alcance, seguro estoy, allí, principalmente estará esperándome ELLA.

Allá por los últimos días del mes de junio de 2012, llegaran nuevamente las vacaciones de verano. Por mí, espero su llegada como "agua de mayo".

Hasta la próxima entrada, que casi seguro, para los míos estarán terminadas o al acabar las vacaciones.

martes, 16 de agosto de 2011

70 años los separan



Esta mañana he estado desayunando en compañía de mis dos hijos varones y tres de mis nietos. Estos también varones, porque de los seis que tengo no hay ninguna hembra.

Mis dos hijos, superan ambos los cincuenta años. De mis nietos, uno tiene cumplidos los veinticinco; otro, antes de dos meses cumplirá los veinticuatro y el otro dentro de dos meses y medio, los veintitrés. Yo, por supuesto, que soy mayor que todos ellos.

La cita para ir al bar donde hemos desayunado, algunos café, otros zumo de naranja y otro batido de fresa, y en total 16 churros, era a las nueve y cuarto en la puerta de mi casa. Uno de mis hijos y dos de mis nietos, están en mi casa pasando unos días de vacaciones. en compañía claro de mi nuera. Yo como de costumbre y para que no se me hiciera tarde me levantaba a las 6'29 horas, y con ello dejaría libre a los que se levantaran después para ir a desayunar. Más de hora y media antes de la de la cita, yo estaba listo y había realizado mis faenas de aseo completo con la máxima cautela y silencio a fin de no despertar a los que aún dormían. Enclaustrado dentro de mi dormitorio para no causar molestia alguna, y a través de la ventana del dormitorio contemplaba el intenso tránsito de vehículos que circulan por la inmediación del bloque donde habito, todo con el correspondiente ruido que produce esa circulación y a la que ya estoy totalmente acostumbrado. Como mi cerebro gracias a Dios está en perfecto estado de funcionamiento, pensando en el día que estábamos, se me vino a la memoria un recuerdo que se daba precisamente en tal día como hoy, pero de hacía exactamente SETENTA AÑOS. Al igual que este año, de aquel 1941, el día anterior también fue el de la "Virgen de Agosto", en el que después de haber estado de "comilona", por la tarde de paseo, y por la noche en el baile, únicas diversiones que a la sazón existían en mi pueblo. Primero en el paseo y luego en el baile, estuve intentando de conquistar de amores a una joven del pueblo, de mis misma edad, y cuyos inicios en mis pretensiones databan de dos o tres meses atrás. Los intentos realizados para ello, habían dado poco fruto. Lo uno porque que en el paseo, dado a que la joven iba acompañada de dos más, cogidas del brazo, y élla precisamente en el centro del grupo, con la agravante de que parecía no estaba dispuesta a darme ocasión de que le manifestara mis deseos y por la noche en el baile, conseguí solamente bailar con ella, no recuerdo si dos o tres piezas, el tan deseado "Día de la Virgen", pasó como suele decirse con mas pena que gloria. Durante el paseo, si pude enterarme, por pregunta de sus amigas, que a la mañana del siguiente día, o sea tal día como hoy, en compañía de una hermana suya y dos años mayor que ella, se iban al cortijo de un olivar que su padre llevaba en arrendamiento y distante del pueblo unos cinco o ses kilómetros. Con aquel antecedente, yo me frotaba las manos de contento y de lo a que a decir verdad me restó mas de la mitad del tiempo que había de entregarme al sueño. Al igual que hoy, pero en aquel tan lejano día mas nervioso e intranquilo que hoy, por cuales pudieran ser los resultados, tan pronto amaneció y dado a que no sabía exactamente la hora en que las hermanas iniciarían su salida, monté mi servicio de vigilancia en las afueras del pueblo, a no menos de ciento o ciento cincuenta metros carretera arriba por donde tenían que pasar, establecí mi puesto de observación sentado bajo un olivo y casi cubierto con las sierpes o "varetas"del árbol. en principio porque no quería ser descubierto por ninguna otra persona, dado a que para mí aquella situación, resultaba un tanto ridícula, de lo que siempre he tratado de impedir, aunque para mis propósitos de aquel día, no hallaba otra postura que la adoptada. Si en la espera de hoy, solo contemplaba el constante paso de vehículos a través de la ventana de mi dormitorio, aquel día y a través de las espesas hojas de las ramas y sierpes del olivo, solo contemplaba el paso de varios hombres que lo hacían en direcciones a sus lugares de trabajo, el sonido del ladrar de algunos perros; el canto de algunos gallos: el cacareo de gallinas y el trinar de varias especies de aves de las que en relativa abundancia volaban o revoloteaban, algunas no lejos de donde yo me hallaba.

Los primeros rayos del sol naciente comenazaron atravesando las verdes hojas que me servían de cobijo, cuando no menos de una hora yo ya estaba instalado en mi atalaya. Cigarro tras cigarro iba fumando, que pese a los recientes 16 años que había cumplido
me entregaba al vicio desde hacía aproximadamente un año antes. Trataba de que las volutas del humo que salían del cigarro encendido, no resultaran muy visibles para no ser descubierto, lo que hacía agachándome sobre el suelo y con la mano izquierda semicerrada intentaba de que el mismo lo hiciera a ras de suelo y así cuando conseguía tomar alguna altura, ya se había disipado. No puedo decir las horas que permanecí en la observación. ni tampoco en la que el corazón parecía salírseme de su sitio, cuando a lo lejos divisaba la silueta de ambas hermanas que con paso no muy airoso se dirigían de tan mala gana, donde habrían de pasar sin duda no menos de dos o tres semanas, sin aparecer por el pueblo. Esperé a que rebasaran la altura de donde estaba semioculto y una vez lo hicieron, con la agilidad propia de un felino y de los dieciséis años, algo distinta a la que hoy tengo, me descolgué cerro abajo y en pocas zancadas y escasos segundos llegué a su altura a las que dí los buenos días. Parece ser que a ninguna de ambas le supuso una gran alegría que me uniera a su caminar. Mi pretendida me miró de soslayo y como sorprendida de que yo conociera el que iban a realizar su marcha hacia el cortijo, pero al igual que su hermana se limitaron a contestar a mis buenos días. Aquella no se si por dejarnos solos a su hermana y a mí, o porque desaprobaba mi compañía, acelerando un tanto el paso que llevaban se adelantó unos metros, lo que a mi por el momento me supuso gran satisfacción.
No recuerdo exactamente las primeras palabras que le dirigí, pero creo estaban relacionadas con lo que supuestamente se sorprendía del conocimiento que tenía de saber cuales eran sus proyectos. Su respuesta, sin dar explicación a mi pregunta, se limitó a decirme quien me había autorizado para que le acompañara. Aquella mañana, y como creo recordar en ocasiones anteriores en este blog, dicha joven solía recibir mis acercamientos a ella de forma totalmente opuesta, las una a las otras ocasiones. aquella mañana como digo, lo hacía con un talante poco amistoso y dando pruebas fehacientes del desagrado que le había producido mi presencia. Durante la hora aproximada de camino que se tardaba en recorrer la distancia, creo que solo conseguí repuestas a cuanto le solicitaba en solo tres o cuatro ocasiones, y por supuesto totalmente opuestas a cuanto se referían mis requerimientos. Quizá las ultimas palabras que me dirigió y de mejor talante, fue un buen trecho de camino antes de llegar al caserío, donde estaban sus padres, su único hermano y otra hermana, ambos los mayores de los cuatro hermanos, por ese orden, fue pedirme hiciera el favor de marcharme ya que no quería ser vista por sus padres acompañada por mí. Tomando uno de los párrafos del Quijote, y al igual que lo hacían Don Quijote y Sancho panza, cuando llegaron a la venta, "asaz melancólico y de mal talante," yo volvía sobre mis pasos, con uno de los no pocos desengaños sufridos a lo largo de los mas de seis años que duró, lo que realmente nunca llegó a ser un noviazgo a la usanza de aquellos tiempos con dicha joven y que concluyó definitivamente el día 31 de Diciembre de 1947, de lo que creo recordar en dicha fecha del pasado año, me referí a esta cuestión.
De aquella jovencísima mujer que el 16 de agosto de 1941, pagó, que en un pleno día de intenso calor como suele suceder en estas fecha por mi pueblo y sus contornos, con no pocos desaires el que acompañándola a ella y después a la vuelta en solitario, recorriera no menos de diez o doce kilómetros, las últimas noticias que tuve en relación a ella, fue aproximadamente hace un año y es que la hermana que aquel día la acompañaba, había fallecido. Sus padres y los demás hermanos, hace varios años, que los últimos abandonaron esta vida. Ella no llegó a casarse, creo que la última vez que la vi, fue cuando visite mi pueblo con motivo de mi viaje de novios. Su situación personal durante toda su travesía por la vida, y por medio de un primo hermano suyo, que es el mejor amigo que tengo, ha sido poco afortunada. De mi ruptura final con ella y por la forma y modo en que la lleve a efecto, es la única ocasión en mi vida. que premetidamente lo fue en una especie de venganza. Desde que tuve conocimiento de la muerte de su ultima hermana, hice algunos intentos de conocer su paradero, para pedirle perdon de aquel mi último proceder, pero no lo he conseguido, me dijeron que se había asilado en una residencia de un pueblo de la provincia de Córdoba, pero no conseguí su localización. Si no ha fallecido, la única certeza que tengo es que estará totalmente sola en la vida, ya que algunos de los sobrinos, los mas cercanos, están a mas de quinientos kilómetros de distancia y pasaran días, semanas, meses e incluso años, sin que persona alguna le dirija siquiera una palabra cariñosa. Yo como en otras ocasiones y en diferentes formas, por escrito, me he manifestado arrepentido de como llegamos al final de todo, y hoy una vez más, aunque tengo la certeza de que esto jamás llegará a su conocimiento, pero Dios sabe, desde hace mucho tiempo me he venido sintiendo arrepentido y por lo que posiblemene por última vez, quiero pedir perdón de todo ello.
Cuan distinto ha sido el desarrollo de la reunión de hoy con mis dos hijos y tres de mis nietos, tomándonos un suculento desayuno, de cuyo evento, como de los muchos que a lo largo de mi vida he disfrutado, al desenlace de aquel sucedido del que hoy se han cumplido setenta años. Pero así es la vida.
Hasta una próxima entrada.

lunes, 15 de agosto de 2011

Familia, amistad y nuevas tecnologías


Durante una larga vela, que casi como de costumbre he pasado durante la última noche, en su mayoría la he dedicado a saborear lo acontecido en el día de ayer. Como solemos hacer a lo largo del año durante tres o cuatro veces, ayer celebramos una comida toda la familia juntos. Cada vez en que celebramos tal evento, me siento mas orgulloso de todo el entorno familiar en que me veo rodeado. Ese ambiente insuperable de convivencia en que se desarrolla entre hermanos, cuñados, hijos, sobrinos, tíos y primos, y todos arropando a su padre, suegro y abuelo, constituye ese nosequé que alimenta la cada vez mas sólida unión de entre todos ellos y como digo, en torno a mi propia persona, de lo que no me canso de dar gracias a Dios y pedirle los mantenga así, hasta que con el inevitable correr del tiempo, vayan los mas jóvenes formando nuevas familias y que sigan transmitiendo a las suyas respectivas, lo que ellos han estado recibiendo y viviendo hasta la fecha.

Otro de los resultados de la reunión de ayer, ha sido el aporte a la familia de una nueva amistad. A este respecto, y también como no, en esa larga vela, se me venía al recuerdo que hacía mas de veinticinco años no sumaba a mi persona y a su vez a mi propia familia. una nueva amistad. Las amistades, al contrario de la familia que por razones de nacimiento nos vienen impuestas, las elegimos nosotros mismos y que se comienza desde la propia infancia con los juegos, después sigue con los compañeros de colegio, profesión, uniones entre familias por razones de matrimonios, aficiones, viajes y un largo etcétera. Pero ésta última. lo ha sido con motivo de lo que yo ni siquiera hubiera podido suponer, porque no existía, hace unos cuantos años y lo ha sido por lo que consta en lo último de mi enunciado en el título de esta entrada, o sea las nuevas tecnologías. Así, en mis entradas de este mi blog, comenzó hace unos meses a entrar una nueva lectora, que a su vez que lo hacía, dejaba su impronta del parecer que le causaba lo expresado en el mismo. Aunque posiblemente en alguna ocasión tuviera motivo para ello, pero en otras no dudo lo venía haciendo por un arraigado sentimiento de benevolencia, en todas ellas era aprobando en términos elogiosos el completo de sus contenidos. Aunque no creo que entre mis muchos defectos arraigue principalmente el de la vanidad, siempre esa venilla, que no dudo lleve en parte algo de vanidoso. que la comprensión hacia nuestras actuaciones produce en todo ser humano, llegaba a sentir hacía a quien yo catalogaba como "asidua lectora" y a quien ella solía hacer como "Carmen", un afecto, que por extensión pasaba a sentimientos de los míos más próximos. Y lo hacíamos a una persona a quien ni siquiera conocíamos y sin duda cada uno le poníamos una personalidad y cara que solo estaba en la invención de nuestro pensamiento. Ayer como digo, y que a través de estas páginas del blog de días anteriores había invitado a que nos acompañara, primero en agradecimiento a su loa y segundo, para que negarlo, a ese gusanillo de la curiosidad por conocer de quien se trataba, se dignó acompañarnos, con lo que, tanto mis hijos, hija, nueras, yerno, nietos y como no yo quizá no el último de todos, nos honramos con su presencia. Para todos nosotros, ella ya si es Carmen, a quien la identificamos con su propia persona. Termino de recibir un correo suyo, a la que agradezco la catalogación que hace de todos nosotros, que no es ni mas ni menos, que la que nosotros hacemos de ella misma y me doy por satisfecho de que se alegre de haber aceptado mi invitación.

La llegada de esta nueva amistad, altera la continua pérdida de otras que con el paso de los años se han venido sucediendo en el tiempo y de quienes solo van quedando en el recuerdo de lo que fueron.

Carmen, entre toda esta familia a la que ayer acompañaste en esa comida, tienes unos amigos.

Hasta otra entrada.

lunes, 8 de agosto de 2011

Los hijos son . . .

Ayer recibí un correo con el que se acompañaba un vídeo en el que se comparaba y se desarrolla la comparación de los hijos con un barco. La remitente, a cuya persona, aun sin conocerla, le guardo un gran afecto, le añadía un comentario con el que estoy totalmente de acuerdo.



Comoquiera, que esta cuestión de los hijos es el punto débil de mis sentimientos, hoy no encuentro mayor causa que tratar en esta entrada que es precisamente esa, la de los hijos.

Infinidad de veces he oído pareceres manifestados casi siempre en la misma dirección en el sentido de que se dice de lo difícil que es ser padre, o madre, que tanto monta. Nadie hemos asistido, porque no la hay, a una escuela de preparación de padres. Yo gracias a Dios, con la inestimable ayuda que mientras permaneció en este mundo me prestó mi mujer, llegamos a la educación de nuestros tres hijos, dos varones, los mayores y una hembra, por tanto la mas pequeña, con la máxima satisfacción de lo conseguido. Creo que solamente, dos cuestiones principales son las primordiales para conseguir lo deseado. La primera y sobresaliendo sobre todas las demás, es el ejemplo. No se podrá exigir a un hijo que sea respetuoso, amable y obediente con sus padres, y con todos los demás, si en alguno de ellos observa un trato vejatorio y desconsiderado hacia el otro, o incluso si lo hace hacía sus propios hijos. No he compartido nunca en su totalidad, cuando en muchas ocasiones los propios padres comentan que ellos son verdaderos amigos de sus hijos. A este respecto quiero hacer referencia a un hecho que al haberme sucedido a mí, puedo dar fe por propia experiencia.

El próximo día 24 de octubre se cumplirán SETENTA AÑOS de ellos. Por tanto yo tenía 16 años y cosa de adolescentes. El 24 de octubre se celebraba, y aún se sigue celebrando, la fiesta de San Rafael patrón del pueblo y también el día de mi santo. En aquel lejano día, juntamente con un amigo íntimo, ya fallecido, que se llamaba Francisco, y de mi misma edad, solíamos invitarnos mutuamente en nuestra onomástica, a cargo de quien fuera su día. Pues aquel día de San Rafael y cosas propias de adolecentes, comenzamos los dos, aunque la verdad sea dicha éramos bastantes juiciosos ambos para las edades que contábamos, y después de haber terminado el baile a eso de las dos o tres de la mañana, debido a que por razones de que él tenía novia y la había pasado todo el día junto a ella, no habíamos tenido ocasión de celebrarlo, comenzamos a tomar unas copas de vino, primero una cada uno, luego dos, después tres, pero seguidas y en su consecuencia sucedió lo que tenía que suceder. Sobre todo yo, que ya no sabía ni donde estaba, y, según me contaban, que yo no no tenía ni idea, creo que me dio por querer ir a llamar al cura para que se levantara y celebrar el rosario de la aurora. Ya ves lo que me importaría a mí eso. En concreto, que al final entre dos o tres amigos y conocidos hubieron de llevarme hasta mi casa. Llamaron a la puerta, se levantó mi padre que me recibió, con la siguiente frase, que fue lo primero que capté desde que comenzó a hacerme efecto el alcohol consumido, y que fue literalmente la siguiente: "¿A ti no te da vergüenza que tengan que traerte a tu casa en este estado?". Yo a mi padre no lo vi jamas borracho, ni incluso algo alegre como consecuencia del consumo de bebidas alcohólicas. Aquel reproche que me hizo mi padre del que se van a cumplir setenta años, lo llevo todavía clavado en lo mas profundo de mi alma, y fue lo mas duro y justo que en toda su vida me hizo. ¿Hubiera causado en mí y surtido el mismo efecto, si yo le hubiera podido reprochar a él, el mismo comportamiento? Sin lugar a dudas que no. A partir de aquél lejanísimo día, cada vez que en unión de familiares, compañeros o amigos nos hemos reunido para alguna celebración, cada sorbo de vino o licor que he tomado, y que por cierto lo he hecho de tarde en tarde, me ha traído al recuerdo lo que me dijo mi padre, y podéis creerlo, aún hoy siento un no sé que de vergüenza, solo con recordarlo.

La segunda de las condiciones exigibles y también de verdadera importancia, es el de sentirte siempre y en cada momento de estar ejerciendo de padre, o madre. Por eso digo anteriormente, que un padre no es un "amigo" de su hijo. Un amigo, jamás me hubiere dicho a mí, lo que mi padre cuando llegué a mi casa en aquella situación, ni tampoco hubiere colaborado en que llegara a la misma, como hizo mi amigo, aunque entonces supo o pudo aguantarlo mejor que yo.

Entre las condiciones que debemos hacer llegar a nuestros hijos, es hacerlos "responsables" de todos sus actos y comportamientos en el transcurso de la vida y situarlos en las condiciones que puedan ejercitarse en ello.

Mis dos hijos varones, con 17 años, hicieron su ingreso, previa la correspondiente oposición, en la Academia General Militar de Zaragoza. Al poco de ingresar, primero con el mayor y después con el segundo, recibí una carta de la dirección de la Academia, pidiéndome manifestara la cantidad de dinero que como anticipo daban a los Cadetes de la propia Caja de la Academia, principalmente los fines de semana, que eran las únicas fechas que tenían salida y que luego a finales de cada mes pasaban el cargo a sus padres. Mi respuesta en ambas ocasiones, fue la misma. Que le facilitaran la cantidad que ellos tuvieran a bien solicitar. Durante los tres años de permanencia en aquella Academia, ya que los dos últimos años de carrera lo hacían en las Academias Especiales del Cuerpo o Arma elegido, jamás tuve necesidad de hacerle el menor reproche de haber gastado mas de lo que la situación económica de sus padres podría permitirle y de lo que ellos sin duda eran conscientes.

Trayendo hoy este tema en la entrada de mi blog, me siento doblemente orgulloso, al contemplar, que mis nietos, los hijos de mis hijos, todos, hasta hoy y gracias a Dios lo sea por siempre y utilizando los términos marineros en que el vídeo en principio citado hace, continúan con el mismo rumbo que llevaron a sus padres a buen puerto, y que a su vez lo tomaron del que siguieron sus abuelos y con los mismos logros.

Yo, a estas alturas de mi vida, he de mantenerme al pairo y a socaire de cualquier viento o tormenta que pueda levantar la mar y hacer dificultosa la navegación a bordo de esta embarcación algo desvencijada por la acumulación de tantísimas singladuras conseguidas en tan larga travesía.

Hasta la próxima.

martes, 2 de agosto de 2011

Maleta en ristre



Comenzaré esta entrada con la misma musiquilla de siempre, o sea," tal día como hoy", pero de 1946, por tanto se cumplen en en estos instantes SESENTA Y CINCO AÑOS, me sucedió un hecho, que no por que parezca de la menor importancia, no lo fue en proporción por lo que a lo largo de mi vida, si tuvo una gran trascendencia. Trataré de describirlo lo mas resumido posible, y que fue así:

El día 31 de julio del citado año de 1946, encontrándome prestando el servicio militar en la 4ª Batería, del Regimiento de Artillería Ligera número 14, de guarnición en Sevilla, y después de la Lista de Retreta, que para los no iniciados en la vida militar, les diré que es la última que se pasa durante el día y la mas importante dado que se leen todas órdenes de interés y los servicios para el día siguiente, el Sargento de Semana a quien corresponde semejante cometido, la última orden que leía era del tenor siguiente:

"Artillero Rafael Galán Rodríguez, verificará mañana su presentación en la Capitanía General de esta Plaza, donde ha sido destinado como mecanógrafo".

Diré que este destino se realizaba, como consecuencia de cometer yo una de las pocas, por no decir la única, insensatez de las cometidas en mi vida, que fue el solicitar dicho cometido unos quince días antes, cuando se anunciaron las vacantes igualmente al final de otra Lista de Retreta.
La noche que recibí la orden de mi presentación al citado cometido, la pase en una duermevela, mas vela que duerme, sopesando las consecuencias que mi inconsciente decisión pudieran derivarme. Yo me veía, como mínimo con un castigo, por "falta leve", de uno a quince días de arresto. Al siguiente día, o sea el día 1 de agosto, tomé mi maleta, a pie hasta Guadaira que era la última parada del tranvía, y allí tome dicho medio y hala hasta Capitanía. Hice mi presentación ante un Brigada de la Compañía de destinos y como quiera que no me dijeron al Negociado donde iba destinado, y después de realizar varias llamadas telefónicas, me indicó volviera a mi Regimiento, preguntara donde iba destinado y volviera el siguiente día, o sea el día 2, del que como digo se cumplen hoy esos 65 años. Tal decisión, por partes me decepcionaba, porque alargaba 24 horas mi intranquilidad por ver como terminaba todo aquello, pero en su contra me decía, bueno un día más en libertad.

Acortemos. Cuando el tan repetido día 2, el mismo Brigada al que me había presentado el anterior y decirle el Negociado donde en el Regimiento me habían dicho que me solicitaban, me dice "coge la maleta y acompáñame", un ligero temblor en las piernas y cierto cosquilleo en el estómago, que aderezaban el nerviosismo causado, y con la añadidura del calor reinante propio de la época y la ciudad en que se estaba desarrollando todo, ni metido en una sauna con una temperatura de sesenta grados me hacía sudar mas que lo hacía en aquellos instantes. Subimos unas escaleras de las llamadas de caracol con 108 escalones. A la entrada de la dependencia, y circundando una ventanilla existía un rotulo en letras negras en el que se leía "ZONA DE RECLUTAMIENTO Y MOVILIZACIÓN NUMERO 9". Aquel rótulo pareció causar en mi ánimo, el efecto de que hubiere sido mi epitafio. El Brigada que me acompañaba me presentó a otro del mismo empleo al que escuetamente le dijo: "Este es el mecanógrafo que habíais reclamado". El nuevo Brigada, se encontraba escribiendo a máquina, y recuerdo que mantenía un cigarro encendido entre sus labios, circunstancia que después pude comprobar lo hacía siempre, se limitó a decirme, que esperara un momento. Los segundos se me antojaban eternidades y yo ya deseaba que el desenlace que fuera a producirse, lo fuera lo mas pronto posible. Y llegaba lo que sería el "desenlace final".

Con su pitillo todavía entre los labios, mi último receptor me dice "sígueme". Tomamos un pasillo entre mamparas de madera y cristales, golpeó con los nudillos sobre la puerta de un despacho a la vez que decía, "¿Con su permiso mi Capitán?". Desde el interior del despacho se oyó la aquiescencia a la petición: "A sus órdenes mi Capitán, aquí le traigo a su nuevo mecanógrafo".

Tras intercambiar algunas palabras entre el Capitán y el Brigada, pero sin que nada tuviera que ver conmigo, el Brigada se despedía de su superior con el consabido "a sus órdenes mi Capitán", y me dejaba a mí, solo ante el peligro. Aquel Capitán, aparentaba tener de cincuenta a cincuenta y cinco años, barba rala, color sano, como solía decirse al describirse el color de la tez del rostro, en el ejército, y pelo canoso. Me dirigió una mirada de cierta indiferencia al tiempo que sacaba su "petaca" y de la misma echaba sobre la palma de su mano izquierda un poco de tabaco de picadura, lo normal para un cigarro que habría de liarse como generalmente se hacía entonces por la inmensa mayoría de los los fumadores. Hecho ésto, me preguntó que si fumaba; le contesté afirmativamente, me alargo su petaca y yo también vertí un poco de tabaco sobre mi mano. Lió su cigarro y yo permanecía con el tabaco en la mano, dado que no tenía papel de fumar y no me atrevía a pedírselo a él. En vista de ello, me dice "¿no tienes papel?", le dije que no y también me dio su librito del que tomé una hoja. Encendió su cigarro, yo había liado el mío, pero tampoco tenía con que encenderlo. Volvió a preguntarme. ¿Tampoco tienes candela? "No mi Capitán" le respondí y añadió él: "Pues vienes tú como para irte de juerga". Yo como todo caudal, llevaba un sello de correos que tenía reservado para escribir a mis padres comunicándoles el resultado que saliera de aquella, para mí odisea.

A no mas de un metro de distancia y a la mano derecha de la mesa del Capitán, había una máquina de escribir "Underwood", de carro pequeño, 90 espacios. Pitillos encendidos, y yo para mi interior tratando de controlar los nervios, me decía para mí: "¡Que sea lo que Dios quiera!" y llegó la traca final.

Me dice el Capitán; "Bueno ahí tiene tu máquina, vamos a trabajar que hay bastante trabajo atrasado". Sin saber cómo de momento conseguí serenarme, le dirigí la respuesta, la única posible. "Mi Capitán, yo no soy mecanógrafo ni he tocado siquiera una máquina de escribir en mi vida". Con una mirada de total extrañeza, me dice: "Es que se han equivocado al enviarte como mecanógrafo". Y en breves palabra le conté, que todo había sido fruto de mi insensatez al solicitar el destino cuando lo anunciaron.

Ahora sí, y como pensando para sus adentros, creo que preguntándose algo así, como "Que hago yo ahora con este tío". Transcurrieron unos momentos que a mí se me hacía interminable y que a su vez yo también, me preguntaba, vamos a ver lo que hace conmigo. Y, al final: ¡ALELUYA! Me dice: Tú tienes interés en aprender a escribir a máquina. Como no podía ser menos, le dije que era lo que mas deseaba en aquellos momentos. Pues, no te preocupes y si pones interés, verás como lo consigues. En aquellos instantes, me hubiera abrazado a él, y creo que hasta lo hubiera besado. Para mí, más que un Capitán, mas que un hombre, aquel era un Santo.

Unos veinte días después, trabajaba como mecanógrafo con unas trescientas pulsaciones por minuto y dedicaba el tiempo, para lo cual había sido destinado. Pocos meses después, me pasaban a otro Negociado más importante y pese a las protestas de mi Capitán, que era el que había conseguido que yo me hiciera mecanógrafo, y lo dejaran otra vez sin nadie que hiciera los trabajos a máquina, como lo ordenaba el Teniente Coronel Mayor, y en la mili "el que manda, manda", yo pase a desempeñar mi cometido a Mayoría, donde terminé el servicio militar.

Lo que aquellos conocimientos adquiridos, que pese a lo insignificante que pueda parecer hoy, entonces tenían su importancia, y a lo largo de mi vida posterior y en la Guardia Civil, supusieron la consecución de varios de los cometidos que desempeñé en el Cuerpo.

Decía que iba a ser breve, pero tratando de correlacionar los hechos paso a paso, se me ha ido el santo al cielo. Hasta la próxima entrada.

sábado, 30 de julio de 2011

¡Vigésimo quinto cumpleaños!

Hoy cumple 25 años, mi nieto "Carlitos", primogénito de todos ellos. (Nota del editor: que hace cosas como ésta...)



Esta mañana después de felicitarlo vía telefonía móvil, y como es costumbre inveterada en los vejetes, me hacía la cotidiana pregunta. ¿Pero como es posible que hayan pasado veinticinco años? Pues si señor, ha pasado un cuarto de Siglo. Así visto a bote pronto, da la sensación de que ha sido un soplo en el devenir de mi existencia; pero rumiando y trayendo a la memoria todos esos acontecieres que durante ese cuarto de siglo se han venido produciendo, llego a la conclusión de haber sido una etapa trascendente en mi vida. Después del nacimiento de este veinticinco añero, han venido al mundo otros cinco nietos más, eso sí, también todos varones, y, el benjamín de todos tiene ya catorce años bien cumplidos. Unos con sus carreras universitarias terminadas; otros en fase final de las mismas; otros en su inicio; otros a iniciar el bachillerato y el último entrará en tercer año de, creo que se llama, la ESO.

Algunos de ellos, principalmente los dos últimos, e hijos de mi hija, y por razones de mi situación, al haber enviudado, cuando uno ni siquiera había nacido y el otro no había cumplido los dos años, los he contemplado y visto crecer día a día, paso a paso, quizá en su momento, las fechas más infelices para mí, y también hoy viendo y observando todo su desarrollo, no dejo tampoco de extrañarme de cuanto el paso del tiempo ejerce sobre, no solo de las personas, si no también de otras muchas circunstancias.

Así, con los nietos, al principio, los abuelos cuando estamos junto a ellos y mucho más si se nos ha encomendado su cuidado, estamos en permanente vigía de todos sus movimientos y alerta de acudir en su ayuda, particularmente cuando son pequeños de evitar su caída y el que puedan producirse algún daño. Pero el tiempo no detiene su marcha y en su consecuencia, en la cuestión que nos ocupa, llegan a invertirse los términos, y son los nietos, los que teniendo próximos a los abuelos, están pendientes de sus movimientos y cuidando, de que aquella caída que uno trataba de evitar, no te revierta en pasivo hacía tí. También hoy, excepto el más pequeño que está próximo a tener mi propia estatura, aunque la verdad sea dicha no es que sea lo que siempre se llamó un buen mozo, los demás me rebasan en ello, y algunos no les llego ni a los hombros. Todas estas cuestiones, son fruto del caminar de ese medio siglo en que ya lleva caminado mi primer nieto.

Las cuestiones que en contraposición a las de feliz acontecer me han sobrevenido, por ese caminar durante veinticinco años, no voy a sacarlas hoy a luz pública, y como reza el dicho popular "la procesión va por dentro".

Por hoy, ya vale.

P/D. Hoy me voy a adelantar, a la asidua lectora de este blog, y en el 1er. recuerdo que va a figurar en esta entrada, es destinado a ella.

martes, 26 de julio de 2011

¡MÁLAGA!


En estos instantes se cumplen SESENTA Y UN AÑOS, de mi llegada a Málaga. A las cinco y media de la tarde del día 26 de julio de 1950, a bordo del tren correo Madrid-Málaga, llegaba a esta Capital, donde había sido destinado cuando salí como Guardia Civil de la Academia de Úbeda, el día 16 del mismo mes, o sea el día de la Virgen del Carmen, cuya referencia la dejé anotada en mi entrada del citado pasado día.

Mi destino a la Comandancia de Málaga, la verdad sea dicha, no me causó la menor alegría cuando me lo comunicaron el día anterior de terminar el curso. Pese al desencanto sufrido en principio cuando me comunicaron el destino, lo superé enseguida, con toda seguridad, primero por mi talante y forma de superar las contrariedades, de las que en bastantes ocasiones en mi pasado hube de afrontar, con la añadidura de mi dispoisición para acomodarme con facilidad a las situaciones creadas.

La llegada a Málaga aquella calurosisíma tarde de julio, y desde la estación hasta el Cuartel que estaba en el Pasillo de Natera, varios compañeros y yo, lo hicimos a pie, y las maletas y el equipaje a bordo de un carrito que alquilamos, tirado por un hombre. Confieso, que encontré la ciudad en que su estado de limpieza dejaba bastante que desear. Llegados al acuartelamiento y dado a que yo venía de jefe de la expedición, cuando hice mi presentación recibí un pequeño "chorreo", como en el argot militar solemos decir a cuando te echan una pequeña bronca, y todo motivado a que uno de los compañeros verificó su presentación el día anterior, adelantándose un día a lo que habíamos concertado y todo dentro de lo legal. Pero en fin, el superior ante quien hice la presentación tenía un carácter un tanto agrio, por cuyo motivo, después tuve noticia le tenían adjudicado el sobrenombre de "El Cura del Penal". Aparte de su talante, no era tampoco como suele decirse "mala persona", pero en fin mis inicios en Málaga, no comenzaban muy bien que digamos.

Esta efemérides ha sido motivo de que la madrugada pasada, me tuvo un mínimo de dos horas, trayendo al recuerdo todas las preguntas que interiormente me hacía en aquella fecha, de cómo se desarrollaría todo el devenir en la que a partir de entonces sería una nueva vida para mí. Entonces, todo eran incógnitas, deseos, sueños, esperanzas y para todo ello, yo solo contaba con mi disposición para la consecución de cuanto bullía por mi cerebro. Tan solo estaba, que ni en Málaga ciudad, ni en toda su provincia, yo conocía a persona alguna, tanto en la vida civil, como en personal del Cuerpo, de los que ni siquiera tenía la menor noticia de su existencia de nadie en cualquiera de las categorías o empleos en el Cuerpo. Así, sin mas bagaje que unos buenos deseos se iniciaba mi paso por la Guardia Civil.

¡Quién me iba a decir entonces cuales serían los afanes que llegaría a conseguir con el paso de los años!

Hoy, cuando se cumplen sesenta y uno de mi llegada a esta Ciudad, unos meses mas de treinta y uno desde que me jubilé de la Guardia Civil, volviendo la vista y el recuerdo hasta aquel 26 de julio de 1950, no me canso de dar gracias a Dios y a esta BENDITA MÁLAGA, en la que llegué a conseguir y obtener, todo lo que, aún si mi mente hubiere estado dotada de una mucho mayor inteligencia, ni siquiera hubiere sido lo suficiente para siquiera soñar todo aquello que me llevó, y lo mantengo, a considerarme uno de los seres mas felices que hayan pasado por esta vida.

Si en la fotografía, que vuelvo a pedir a mi nieto, y no por ello, editor coloque al principio de esta entrada, se manifiesta el estado físico del que entonces gozaba, las señales que el paso del tiempo haya ido dejando sobre mí, tales como canas, arrugas, disminución en mis aptitudes físicas y también, como no, la pérdida de seres queridos, no dejan por ello de restar mérito a cuanto ha supuesto mi gozo, y el de todos los mios, que con tanta largueza durante el tiempo que pasamos y pasaron por esta vida, nos ha sido y fue concedido.

La ciudad a la que miraba, si no con desdén, sí con cierta indiferencia, la primera vez que llegué a ella, hoy la proclamo a los cuatro vientos, LA TIERRA QUE POR SIEMPRE, HASTA LA ETERNIDAD, LLEVARÉ EN LO MAS PROFUNDO DEL ALMA.

Hasta la próxima entrada y GRACIAS MÁLAGA

lunes, 25 de julio de 2011

De Padrino


Un día de Santiago, pero de 1959, me estrenaba como padrino de boda. Mi mujer y yo llevábamos a la Iglesia del Carmen, en esta Capital, a su hermano Manolo y a su novia Margari. Cincuenta y dos años han transcurrido desde entonces, y como no, el paso del tiempo deja sus huellas. El novio, mi cuñado, pese a ser 4 años mas joven que yo, el 18 de diciembre próximo, se cumplirán 26 años de su fallecimiento, o sea, la mitad del tiempo transcurrido desde la boda hasta hoy, mi cuñada Margari lo lleva de viuda.

Esta mi entrada de hoy, tiene la causa principal de ello, elevar un cariñoso recuerdo a mi cuñado Manolo, y para su viuda, mi cuñada, dar con ello prueba del afecto que por ella siento y reiterarle una vez más las gracias por el gran número de horas que en su última enfermedad pasó junto a la que fue su madrina, mi mujer, con la que siempre le unió un entrañable cariño. Margari, como ves el tiempo pasa, pero el afecto y consideración que siempre nos hemos dispensado sigue vivo, y continuamos con esa relación que como de hermanos, ambos siempre la hemos considerado.

Por la copia de la foto que con esta fecha mando a mi nieto Rafa, que como mi "editor" que es para estos menesteres, espero la coloque al principio de esta entrada, verás que también el tiempo ha pasado por nosotros, pero aquí estamos, y a ver si dentro de unos días volvemos otra vez a desayunar juntos, y nos zampamos entre pecho y espalda cuatro o cinco churros con su correspondiente café. A tu hija Gloria, precioso nombre, le he mandado también una copia de esta fotografía, para que vea que su tío sigue acordándose de su padre, y como no, también de ella y su madre.

Ya que he narrado el relato de mi primer padrinazgo, voy a señalar y con relación a este tema, un hecho singular.

En dos ocasiones más he sido padrino de boda, pero he llevado a la Iglesia a tres novias.

En una, fui padrino en el matrimonio de mi hija, cosa natural y de obligación, en su día escribiré de ello, que por supuesto merece una edición especial.

Pocos años después de la primera vez en que me estrenaba como padrino, y en esta ocasión apadrinando a dos hermanos gemelos de mi mujer, Pepe y Paco, que se casaron el mismo día, en la misma Iglesia del Carmen, entré con dos novias, una a cada brazo. No conozco ningún caso igual, o sea que creo tengo derecho a que se me denomine "Superpadrino".

Otro recuerdo para ellos, que al igual que sus padres, su hermano mayor y sus dos hermanas, todos ya fallecieron. La familia Toledo al completo, desaparecieron hace algunos años. Descansen en paz.

Mis citados cuñados gemelos, eran bastante conocidos especialmente durante las Semanas Santas de Málaga, que en la procesión del "Huerto", cada uno portando un bastón, la gente se fijaban mucho en ellos, porque como digo eran gemelos y por tanto idénticos el uno al otro, lo que unido a su buena estatura se hacían ver.

Hasta la próxima entrada, que si Dios quiere será en breve espacio de tiempo.