Tal día como hoy de hace 20 años, Málaga sufrió las inundaciones mas graves que yo haya presenciado durante los cerca de sesenta que llevo viviendo en esta bendita ciudad.
Creo serían alrededor de las doce de la mañana de aquel 14 de noviembre de 1989, el cielo de Málaga se cubrió de unas negrísimas nubes al punto de que parecía se había echado la noche encima. Esas nubes comenzaron a descargar agua de tal forma que la cortina que formaba el líquido elemento no permitía ver a escasos metros de distancia. La cantidad de agua caída en tan poco tiempo comenzó a desbordar varios arroyos que venían a parar a la ciudad, lo que terminó por inundar una gran parte de sus calles y barrios, al no poder ser absorbida por la red de saneamiento de la misma.
Los daños fueron cuantiosos y la espectacularidad de la inundación era grandísima. La riada arrastraba cuanto encontraba a su paso, entre lo que se encontraban muchos automóviles que eran llevados como simples barquitos de papel.
Aquí en mi barrio, donde vivía y lo sigo haciendo, solo se podía acceder utilizando pequeñas embarcaciones. A mÍ, que me cogió en el trabajo, en otro barrio, ni siquiera me fue posible venir a almorzar, no pudiendo regresar hasta altas horas de la tarde.
Hoy, 14 de noviembre de 2009, hace en Málaga un día extraordinario en cuanto a la meteorología; el agua que entonces sobraba, hoy haría falta alguna de ella. Pero a más del agua que echo en falta, lo hago infinitamente más la ausencia de mi mujer con quien poder comentar lo acontecido. Cuando aquella tarde-noche regrese aquí a mi casa, ELLA,me estuvo contando que se había pasado la mayor parte del día asomada al balcón viendo como la mayor parte de los coches que estaban aparcados en la calle, estuvieron varias horas flotando y a merced de las corrientes de la riada. HOY, me la imagino asomada en la terraza de la GLORIA, contemplando a los ángeles del cielo bogando las góndolas que en su presencia surcan las tranquilas y sagradas aguas de los lagos celestes, ante la observancia del transitar de los suyos por este otro mundo, diferente del que ella mora en estos momentos. Quizá esta situación sea el mejor regalo que desde aquí podemos ofrecerle, además del recuerdo permanente que desde entonces me produce su ausencia. Veinte años de aquellas inundaciones; cerca ya de TRECE, que hace que me falta.
Hacía días que no entraba en el blog, hoy los recuerdos señalados me han llevado a ello. Hasta otra entrada.
Aunque no oficialmente según lo establecido por la Iglesia, así en Córdoba como en mi pueblo, Villaharta, hoy 24 de octubre se celebra la festividad de San Rafael. Como hace muchísimos años, hoy he vuelto a rebuscar en "mi caja de los recuerdos", trayendo a mis manos aquella postal que en tal día como hoy pero de hace 63 años, o sea en 1946, recibía de mis padres como felicitación por mi onomástica. Tras estar mirándola y releyéndola largo rato, un nudo en la garganta se me ha hecho y todavía no se me ha ido del todo.
En aquella fecha, yo tenía 21 años; mi madre 49 y mi padre 48. Aquélla, hace quince años que falleció, éste cincuenta. Bajo la felicitación que entonces escribió mi madre, años después, mi mujer, a lápiz, reprodujo lo mismo que mi madre había hecho en su día. Ésta, también se fue hace más de doce años. Que profundo llega el releer pasados tantos años aquellas letras, que ni de oro que fueran otras, en mi causarían la menor impresión.S in embargo éstas, que vuelvo a mirarlas, dado a que tengo ante mí la postal citada, con la imagen de San Rafael, me están llegando a lo mas profundo de mi ser. Tan humilde documento ¿cómo es posible que surta tan penetrante efecto? La extrema sensibilidad de un anciano, y el traer al recuerdo las personas incursas en esta postal, lo han conseguido.
Hoy las calles de mi pueblo habrán sido recorridas en procesión con la imagen del Arcángel, igual que lo harían aquel 24 de octubre de 1946. Yo no pude presenciar ni aquélla ni la de hoy. Los sentires y recuerdos de una a la otra, cuán diferentes son. La edad que yo contaba entonces, la sobrepasan dos de mis nietos y otro le quedan días para llegar a ella. Dos de mis hijos rebasan la que entonces tenían mis padres. Yo, en 1946, lo que más echaba de menos era el paseo por la carretera y después, el baile de la tarde y de la noche. Hoy como no, la falta de mis padres y por encima de todo la de mi mujer. También sería difícil hacerme en estos momentos bailar siquiera un pasodoble.
Bueno, me voy a poner a ver el partido de baloncesto entre el Barcelona y el Joventut a ver si me estado de ánimo se eleva un poco.
La primera felicitación que he recibido hoy, ha sido la de Silvia de "Teleasistencia" desde Jaén, que como sabéis es un servicio que se presta a los ancianos que viven solos. Yo, gracias a Dios, físicamente estoy solo en mi casa, pero siempre arropado por el cariño y atención de los míos y también, por ese gran cúmulo de felices recuerdos que conservo, aunque al traerlos a la memoria, algunos por razones obvias causen cierta tristeza.
Hoy está siendo uno de esos días, en que mis sensibilidades están a punto de desbordarse. Esta mañana me he levantado con un ligero dolor de cabeza, un poco de tos, y también cierto malestar en todo mi cuerpo.
Me duché de muy mala gana, después de pensarlo durante un buen rato, me decidí ir a misa. Durante la ceremonia y sin saber porqué, en varias ocasiones tuve las lágrimas queriendo asomarse al exterior de mis ojos. ¿Y a que se deberá todo ésto? Sin duda habrán confluido varias circunstancias, que aupadas por ese ligero malestar físico, como si estuviera a las puertas de una leve gripe, me tienen en el estado que estoy relatando. El partido de baloncesto entre el Unicaja y el Fuenlabrada, lo he visto a trozos y con una gran indiferencia, sin que las diferentes alternativas en el juego me importaran un bledo, como así tampoco el resultado final, que si por algo lo he sentido, ha sido por la decepción que algunos de los mios se habrán llevado. ¿ Tendrá también algo que ver en todo esto, las fechas en que estamos, víspera de la Patrona de la Guardia Civil?
Cuando he terminado el relato en el punto anterior, he recibido una llamada telefónica del Guardia Enrique que estaba conmigo en Armamento, preguntándome que si yo había estado hoy en misa y al contestarle afirmativamente, me dice: "Yo no sabía que la Misa y los actos de la Patrona se celebraban hoy", circunstancia que yo también ignoraba, al punto de que tenía intención de asistir mañana, por lo menos a la Misa.
Ese cambio en la celebración de los actos de la Patrona me ha dejado descolocado por completo, aunque parece que todos esos sentimientos hacia recuerdos pasados en esa festividad, que me estaban atosigando, han desaparecido, aunque no por ello me he retrotraído a tiempos pasados TOTALMENTE FELICES, con la agravante de que jamás volverán, y la confirmación de como suele decirse "los tiempos cambian". De haber vivido mi mujer, tengo la seguridad hubiere censurado con toda contundencia el cambio de los actos al día anterior del 12 de octubre, sin una razón que le obligara a ello. Bueno, adiós por este año a mi asistencia al Cuartel de Los Ángeles, donde por lo menos solíamos vernos cada año muchos de los viejos compañeros y recordar alguna de nuestras batallitas.
Por otra parte instantes antes de comenzar mi NUEVA ENTRADA en este blog, estuve repasando la entrada de ayer, y contemplando la fotografía que mi nieto Rafita, como viene haciendo en todas, me ha colocado una que tenga relación con lo escrito ese día, siendo esta vez, una foto de la TORRE DE LA SAL, la cual daba motivo al nombre del puesto, aunque oficialmente se denominaba "Torrelasal". Estuve un rato contemplando con cierta nostalgia esa foto, llevándome a quitarme casi sesenta años de encima, y al propio tiempo constatar la diferencia que en el nivel y clase de vida de los componentes de la Guardia Civil, igual que el resto de los españoles han experimentado en ese mas de medio siglo pasado.
Al final. parece que todos los cambios en la celebración de la Patrona del Cuerpo y que por sorpresa me han llegado, han despejado un tanto mis sentimientos, sin duda por la imposibilidad de haber asistido a ellos, como siempre que he podido había hecho, especialmente como recuerdo y homenaje a ELLA, mi mujer.
Otra página de mi historia que pasa y en esta caso, sin haber llegado. Hasta otra nueva entrada.
Tal día como hoy de hace cincuenta y ocho años, a esta misma hora de las 11'30 de la mañana viajaba a bordo de un camión desde Sabinillas hasta Málaga. Motivaba este viaje mi primer cambio de destino que se llevaba a efecto desde el Puesto de Torrelasal, (hoy desaparecido), distante aproximadamente un kilómetro de la indicada barriada de Sabinillas, hasta el Puesto de Aduana de esta Capital.
Creo que ya lo reflejé en otra entrada en este blog el pasado año, un nudo en la garganta y unas lágrimas asomaron a mis ojos, cuando circulaba frente al acuartelamiento que dejaba atrás, debido todo a mi excesiva sensibilidad por el afecto y cariño que siempre tuve hacía las personas con las que he convivido y compartido tareas de servicio u otra actividad. Asimismo y por extensión también me afectaba al estado de ánimo todo el entorno en que me había desenvuelto durante los últimos catorce meses y como añadidura, un cortijo en la misma ribera del río Manilva, no mas de quinientos metros del cuartel, donde conocí a una joven con la cual formalizamos una relación de noviazgo, aunque después, ésto no llegó a nada.
Principalmente, dos incógnitas se apoderaban de mis sentimientos durante el viaje. Una cuántos cambios de destino me quedarían por realizar en los treinta años que aun me quedaban por delante de permanencia en la Guardia Civil. La segunda y mas importante, si este primer cambio de destino que voluntariamente se llevaba a efecto, me sería perjudicial o beneficioso en lo que me restaba de servicio y en todo lo que afectaba a mi persona como tal. Sin en aquellos instantes alguien me hubiera dicho lo que aquel cambio de destino habría de suponer en mi vida, tal vez le hubiera contestado, que sus vaticinios obedecían mas al afecto o cariño que sintiera por mí, que a la propia realidad de lo que sucedería. Sin duda su imaginación, por grande que fuere, se hubiera quedado corta en lo beneficiosa que finalmente resultó.
Dejando aparte los importantes destinos que fui consiguiendo con el paso del tiempo, no tuvieron punto de comparación con lo que me estaba reservado, por el conocimiento de aquella mujer con la que llegué a formar el núcleo familiar mas valioso de cuantos puedan realizarse. BENDITA AQUELLA DECISIÓN QUE TOMÉ AL SOLICITAR EL CAMBIO DE DESTINO DESDE TORRELASAL A MÁLAGA. En esta ocasión resulta agradable volver el recuerdo y la vista atrás. Que continúe.
Aunque el año pasado en esta misma fecha relaté en este mi blog con profundo lujo de detalles, la efemérides de dos aniversarios que se cumplen este día, como lo son, por proximidad el casamiento de mi hija, y por lejanía, la salida para el exilio durante la guerra civil española; la primera el año 1993, la segunda en 1936. No obstante a que como cito ya dejé constancia en mi entrada del pasado año, no puedo dejar pasar por alto lo acontecido en los momentos indicados.
Como me está pasando en estos momentos, me sucedía en la entrada que hice en 2008, y es el pensar si el próximo año me hallaré entre los vivos para volver a traerlo a mi memoria. En un año se suceden infinidad de acontecimientos, que así a vista de pájaro desde la distancia y en resumen podría decirse que han parecido un soplo. Un año a estas alturas de mi vida son todo una larga travesía que renqueando cuesta trabajo superarlo. El peso de los años que se van cumpliendo, resulta una onerosa carga que por mucho que uno quisiera, es imposible desprenderse de ella, y se convierte en un lastre que agrava el resto de inconveniencias que se van acumulando durante la travesía de esa anualidad. Por fortuna, en el año transcurrido desde ese 2008, aunque con ciertas circunstancias que a las primeras de cambio, hubieran podido parecer de cierta preocupación, una vez pasadas, no lo han sido tanto y en estos momentos firmaría, por que el espacio que nos separa hasta el próximo de 2010, lo fuera no mejor que este pasado, aunque tampoco peor por supuesto.
Lo principal de este último transcurrido, ha sido que los míos lo han hecho sin contratiempo alguno e igualmente a como lo hago para mí, así lo deseo que para ellos lo sea en la misma medida y circunstancias de las que han vivido este último.
Finalmente y pese a mi permanente recuerdo hacia mi mujer, en estas fechas mas que nunca, echo en falta su compañía con quien también poder compartir y comentar estos hechos pasados. Su felicidad sería inmensa al contemplar como es el discurrir de las vidas de nuestros hijos y nietos. La que yo gozo, con el entrañable amor que siempre y por siempre sentí y sentiré por ella, se lo envío unido a ese mi permanente recuerdo.
Esta última entrada al blog ha sido un tanto tardía, espero no lo sea tanto la próxima.
Hoy es uno de esos días en que un constante martilleo en la imaginación, siempre termina llevándome hasta aquel lejano septiembre de 1938. Todo ha comenzado esta mañana al traerme a la memoria de que hoy se cumplían OCHENTA Y CUATRO AÑOS, en que me hicieron la primera fotografía de mi vida. Era el segundo día de la Feria de Pozoblanco de 1925. Esto me dio que pensar en la lejanía de esta efemérides y tal vez por tratarse del mes de Septiembre, ha terminado por encastillarme en el citado de 1938. Durante este último ciado mes, creo que terminó mi niñez, cuando solo contaba trece años de edad.
No recuerdo la fecha exacta, pero durante el mismo, mi padre fue movilizado y trasladado al frente de Extremadura. Estábamos en el tercer año de la Guerra Civil Española. Cuando mi padre se despedía de nosotros, mi madre y cuatro hermanos más, cuando lo hizo de mí, me hizo la siguiente recomendación. "A partir de ahora, tú tienes que hacer de padre de tus hermanos, y ayudarle a tu madre en todo lo que necesite". Dada la situación en que quedaba la familia, mi madre y cinco hijos, el mayor que era yo con trece años y la más pequeña de cuatro. Semejante recomendación caló en mí tan profundamente, que aún hoy, tras haber transcurrido setenta y un años, lo llevo enmarcado en mi propia conciencia.
Unos días después de este acontecer, yo me estrenaba como pastor con un rebaño de ovejas que pertenecían a los Servicios de Intendencia del Ejército de la República. Todo este batiburrillo de recuerdos, me han llevado también a establecer una comparación, con lo que son mis pensamientos en la actualidad y los que tenía durante aquellas larguísimas jornadas de diez o doce horas diarias, día por día sin descansar ni uno siquiera, donde solamenmte cruzaba no más de una docena de frases al día con el mayoral y con otro hombre que formaba también parte de los pastores del rebaño. El primero tendría alrededor de los cincuenta y cinco años; el segundo cuando menos, diez más y yo que tenía trece. Como digo, en tan interminables jornadas mi pensamientos vagaban en la inmensa mayoría de los casos en lo que sería y me esperaría en el futuro. En el pasado, nunca me llevaba a recordar mas de escasos segundos, donde inmediatamnete se topaba con el inmediato recuerdo de mi infancia que tan próxima quedaba.
Mis principales deseos en aquellos momentos como es de suponer, eran el que finalizara la guerra, regresara mi padre, nosotros también lo hiciéramos a nuestro pueblo y esperar el futuro. En cuanto a mí, particularmente, solo me llevaba en dos direcciones que eran la una, en lo que sería mi dedicación laboral o profesional cuando fuera mayor y, la otra como sería la mujer con quien llegaría a casarme. Todo esto tenía unos horizontes tan lejanos, que mi imaginación la diluían en los confines del tiempo. Mis pensamientos de hoy, son totalmente lo contrario de aquellos que se perdían allá por el infinito, que en recordar el pasado y recorrer todas mis vicisitudes se llevan un tiempo. Por su contra, el futuro se vislumbra a una distancia tan corta y tan poco deseable que tan pronto se vienen a mentes esta idea, es rechazada por inconveniente.
Bueno, con el dejar constancia de estas añoranzas del pasado lejano, he conseguido cuanto menos salir de ese atascamiento en el que se habían metido mis pensamientos y del que no había forma de deshacerme de ello.
Hoy cuando he llegado aquí a casa de mi hija, no había nadie en el domicilio. Pese a lo esperado por sabido, se me demostraba que las vacaciones del verano de 2009, habían terminado. Cuando ante mi vista se mostraba la soledad en que se hallaba la casa, mis pensamientos volaban en esos instantes sobre todos mis hijos (nueras y yerno incluidos), así como también sobre mis seis nietos. Los primeros los suponía inmensos en sus habituales ocupaciones y trabajos llevando a cabo lo que en sus consecuencias les estaría previsto.
A mis nietos, a uno, lo suponía entregando su proyecto de fin de carrera, con la esperanza de que su aprobación lo fuera con la mayor calificación posible. Los dos siguientes, esperando la iniciación del curso en su último año de carrera. Otro, dando sus primeros pasos en el contacto con la facultad en su inicio de carrera. Otro iniciando su tercer curso de la enseñanza media y por ultimo el benjamín de todos, estrenándose en el Instituto. ¿ Y yo, que hago? La rutina que vengo ejerciendo desde hace mas de veinticinco años.
Pensándolo despacio, saco la conclusión de que los ancianos, somos un mundo aparte de la mayoría de los mortales. Nuestros pensamientos, vagan sobre el posibilitar de mantener el estado de salud lo más llevadero posible y principalmente el deseo continuado de que los nuestros consigan y alcancen las mayores cotas en los objetivos que sin duda tienen en sus mentes. Éstos, eran los que hace muchos años ocupaban nuestras expectativas, como no, el tiempo también lo pulveriza todo.
Un detalle, aparentemente irrelevante, me ha conmovido hoy más de lo que hubiera pensado en su momento. Cuando he terminado de hacer el gazpacho, como a diario he venido haciendo durante este verano, un pellizco de desilusión he sentido, al no poder haber llevado a mis dos nietos un vaso de este suculento caldo, que con gran satisfacción recibían por la deferencia de su abuelo. Nada en la vida deleita tanto como lo que se hace en favor de los nietos y en sus rostros aparece la expresión agradecida del detalle recibido.
Ahora toca esperar diez meses que lleguen las vacaciones del verano próximo: ¿las veré? Hasta la próxima entrada.
Hoy se celebra en Málaga la festividad de su patrona, Nuestra Señora de la Victoria. Ninguna actividad laboral ni comercial se practica hoy en la Ciudad.
Yo, como todos los días festivos no he ido a casa de mi hija, dejándoles a ellos la libertad de acción para que vayan donde les plazca con sus amistades o compañeros, sin que tengan que llevar además las inconveniencias que supone el tener que "cargar" con un anciano. Espero que nadie se moleste con este aparte que hago, de lo que puedan suponer sus correrías festivas, cuya circunstancia la hago igualmente extensivas al resto de mis hijos, en cuanto a ellos pudiera referirse, pero con toda objetividad y salvo en algunos casos excepcionales, como lo considero, así lo expongo.
Después de la inútil parrafada anterior, esta entrada en mi blog no la hecho para ésto, sino para otras de las circunstancias para las que me he metido en este berengenal del blog, que no es otro que para el "RECUERDO" de lo que fue y sigue siendo mi propia vida.
El pasado día 16 de agosto, me llevó mi hijo Rafael a realizar un recorrido por la mayoría de los puntos donde lo hicimos la familia, mis padres y hermanos, con otros allegados, durante dos años y medio en que estuvimos exiliados durante la Guerra Civil española. Estos puntos lo fueron Pozoblanco, Pedroche y Torrecampo, (además de Villanueva de Córdoba), todos ellos pueblos del Valle de los Pedroches de la provincia de Córdoba.
Hoy, en este recogimiento en mi propio domicilio, sin nada que me distraiga de otros pensares, y escuchando un programa de música de aquellos mis lejanos años de la juventud, me he entregado a rumiar los recuerdos de ese viaje que he citado. Esa recordación me transporta mas de setenta años atrás, pasando paso a paso por mi mente todas las vicisitudes que durante aquel período de tiempo atravesamos toda la familia. Desglosarlo punto por punto, creo que lo hice con la suficiente amplitud en mis MEMORIAS, y que no por ello, hoy han dejado de producir en los íntimos sentimientos todo cuanto aquello supuso, principalmente para mis padres que estoy seguro lo llevaron consigo hasta el fin de sus vidas.
En mí, especialmente este viaje me produjo volver la vista a una niñez y entrada en la adolescencia, con unas actividades a que las circunstancias nos obligaban a realizar totalmente ajenas a las que por nuestras edades hubiéramos estado dedicados en épocas de normalidad. Lo que mas hondo caló en mis sentimientos, fue cuando se exponía a mi vista el Cementerio de Pedroche, donde se dio sepultura en septiembre de 1937, a un hermano mío que falleció cuando solo contaba cinco o seis meses de edad. Su ataúd fue construido por mi padre y un tío mío, con unas tablas recogidas de unas viejas cajas que había en el cortijo donde nos hospedábamos; su traslado hasta el cementerio a lomos de una yegua que teníamos y su enterramiento sin mas ceremonia que la excavación de su propia fosa por el enterrador y ayudado por mi padre y mi tío, ya citado. Pocos días después cambiamos de residencia, que aunque del mismo término municipal, bastante distante del que dejábamos. Jamás nadie volvió a visitar la tumba de mi hermano. Lo que fuera de sus restos, nunca lo supimos. Su paso por la vida fue tan efímero como carente de pompa su entierro. Mis padres sin ninguna duda lo llevaron en su sentimientos y recuerdo toda su vida. Yo, con toda sinceridad también, lo he traído a mi recuerdo en muchas ocasiones. El pasado 16 de agosto, cuando tenía a mi vista el Cementerio de Pedroche, interiormente y en silencio rezaba por él. Hoy he vuelto a hacerlo,a la vez que por mis padres, haciéndome una idea de lo que aquel suceso pudo suponer para ellos. Esas eran las consecuencias de una guerra.
Que jamás los míos, puedan vivir semejantes aconteceres.
Hoy, a las diez y media de la mañana, una vez regresado de misa, he cerrado con llave la puerta de entrada a mi piso. Terminada esta operación, me he quedado unos instantes mirando cara a la puerta con cierto aire de melancolía, al traerme a la cruda realidad de que las vacaciones del verano de 2009, habían finalizado. Tal vez podréis pensar quienes leáis esta mi otra vez tardía entrada en el blog, de que yo estoy todo el año de vacaciones. En partes, nada más cierto. Mi actividad física, desde hace bastantes años, viene siendo la misma todos los días y por tanto mi vacar lo será hasta el final de mis días.
Siendo así todo como queda expuesto, yo me paso nueve meses del año, o sea desde el primero de Septiembre al treinta y uno de mayo, pensando y deseando que llegue el mes de Junio en que pienso que en ese momento se llega al pórtico de las vacaciones de verano. Nada en el mundo se goza y se disfruta más, que el contemplar ese gozo y disfrute por parte de tus seres queridos y que en breve les va a llegar el momento de sus vacaciones. Cuando mientras ellos se entregan a esos esparcimientos, YO, y por ende creo que lo será para todos los padres y abuelos, una complacencia interna y profunda me regodea al contemplar como se lo están pasando. Entre unas cosas y otras, unos dos meses he estado este verano viendo el trajinar de mis hijos, nueras y yerno incluidos, y mis nietos también, como no, y todo casi siempre al alcance de mi vista y aunque no tomando parte directa en muchos de sus actos, no por ello resultan menos entrañables para mí
A partir de hoy, cada uno en sus lugares de residencia, de trabajo, de estudios, imbuidos en sus obligaciones y aunque tengo la absoluta certeza de que nada de ello pueda desviarlos ni olvidarlos de sus deberes como hijos o nietos, sus actividades llenaran gran parte de su tiempo, mientras por mi parte, solo me llena la mente el deseo de que puedan llegar las vacaciones de verano del próximo año y la duda de si, como lo ha sido "ogaño", podré contemplarlo el venidero.
Todo cuanto queda expuesto anteriormente, está envuelto en el recuerdo y dedicado a quien de haber podido estar a mi lado y contemplándolos como yo, hubiera sido para ELLA el no va mas de la felicidad. Sea como fuere en los años próximos, lo contemple o no yo directamente, siga siéndolo en el mismo ambiente como lo ha sido este año.
Tal vez el título que he dado a esta mi tardía entrada en el blog, pueda prestarse a pensar que voy a referirme a la Última Cena, celebrada entre Jesucristo y sus 12 Apóstoles. Nada mas lejos de la realidad. Quizás para la historia de la Humanidad, haya sido muchísimo mas importante que el relato a que yo voy a referirme, pero en cuanto al sentimiento íntimo y personal de mi vida particular, el hecho que me ha dado motivo para titularlo de esta manera, es de los que calan en lo mas profundo del alma y se llevan y mantienen en el recuerdo por todo lo que me reste de existencia.
Ayer no reunimos a comer todos mis hijos, sus cónyuges y sus hijos, que son mis SEIS NIETOS. En los inicios de la comida y presenciando cuanto tenía a mi vista y alrededor, mis pensamientos volaban doce años y medio hacía atrás en el tiempo y se posaban en el recuerdo a mi mujer, a quien interiormente y en silencio brindaba aquella reunión, con la que sin duda alguna, hubiera sido para ella un hecho, posiblemente, y no tan posiblemente, incluso mas entrañable e importante como lo estaba siendo y lo era para mí.
Cuando en los avatares de la vida actual, principalmente entre matrimonios y parejas sentimentales, como se definen cuando se vive en común entre hombre y mujer, o en no pocas ocasiones también, ambas del mismo sexo, se dan a diario millares de problemas familiares y separaciones de sus cónyuges, o como cito anteriormente solo parejas, que no dudo en que en muchos de los casos habrá motivaciones de índole de cierto calado e importancia, alcanzando el problema en infinidad de casos a los hijos de ambos, que son los que padecerán y pesará sobre su existencia en la mayor parte de su vida, el orgullo y la intolerancia que sus progenitores pusieron por encima de esa consecuencia, y que en infinidad de casos el porvenir y la vida de esos hijos, es utilizada por sus respectivos padres para fastidiar a su oponente que incluso llegan a considerarseirreconciliables enemigos. Como he definido en esta larga y quizá farragosa definición de esos aconteceres que con tanta frecuencia se dan actualmente y contemplando el ambiente en que toda esa descendencia mía se manifestaba durante la comida y que por ende ese mismo ambiente es en el que desde que nacieron se han desenvuelto mis NIETOS, no podía por menos que sentirme completamente feliz y en mi fuero interno pedía a Dios siguieran en las mismas condiciones en que lo vienen haciendo y con ello será el sentimiento y recuerdo que me llevaré consigo el día que por imperativo de los años vividos haya de abandonar este mundo y con toda seguridad, mi mujer, su madre y abuela, desde todo lo alto del CIELO donde con toda seguridad se halla, estaría contemplando y gozando en su grado máximo el entrañable ambiente que se respiró durante toda la comida.
La suerte de haber nacido de unos padres como los que tienen mis nietos y de la que en cuanto a condiciones personales, yo la tuve igualmente, marcan el sendero del discurrir de toda la vida de una persona y por la que no se vivirá lo suficiente para poder agradecer a ELLOS, cuanto hicieron y hacen en nuestro favor. Solo pido sigan como están y lo son actualmente, TODOS.
Tal día como hoy pero de hace cincuenta y nueve años, venía camino de Málaga desde Córdoba, para incorporarme al Puesto de la Guardia Civil que fuere destinado después de haber salido de la Academia de Úbeda el día 16 del actual. Cuántas cábalas, esperanzas e ilusiones pasaban por mis pensamientos en aquellos momentos. ¿ uál sería el porvenir que me depararía mi nueva y voluntaria situación como Guardia Civil? Sin duda y pasados esos cincuenta y nueve años, jamás hubiera siquiera soñado alcanzar las cotas de felicidad que conseguí. Pero hoy, no he verificado esta entrada en este mi blog para ésto.
El pasado martes, falleció otro de los buenos amigos, compañero y buena persona, con los que he tenido la dicha de codearme. Esta circunstancia me lleva en el día de la fecha para hacer un pequeño repaso por todos aquellos seres queridos y estimados, que han desaparecido de mi círculo desde tan lejana efemérides. Sin duda, la mas dolorosa y que mas destrozó mi vida, fue la de mi mujer. También, como no, mis padres y mi hermano Cesáreo.
Pero aparte de los señalados, han sido muchos los amigos y compañeros que también se fueron de mi círculo de personas a las que tenía gran estima. Sin punto de comparación con cualesquiera otro de los que abandonaron este mundo, ocupa lugar preferente mi entrañable y querido amigo que lo fue desde mi mas tierna infancia, Francisco FernándezCampoy, al que el resto de conocidos lo llamaban "Currito". Nosotros y para dirigirnos el uno al otro, nos decíamos "pariente". Ahora pensándolo bien, creo que lo mas justo y acertado, hubiera sido llamarnos hermano. Con independencia de este caso particularísimo, han sido muchos, muchísimos, con los que sostuve unas cordiales relaciones y que como lo hizo el pasado martes, José VillalobosTrujillo, se llevaron consigo parte de todo lo que ha sido mi vida personal y profesional y que su sola enumeración por sus propios nombres y apellidos, llenaría mas de una entera página de este blog. Sí, he podido comprobar que en los últimos tres o cuatro años, es cuando se ha producido el mayor número de los fallecidos. Tiene una sencilla explicación. La acumulación de los años vividos por todos nosotros, está pasando factura.
A todos ellos, mi mas sentido recuerdo.
Todo mi anterior relato puede parecer que mi estado de ánimo este un tanto melancólico, pero no es así, solo que al traerme a la memoria aquel 26 de julio de 1950 y el reciente fallecimiento de mi amigo Pepe Villalobos, me ha hecho realizar con el pensamiento ese recuento de todos los que se fueron.
Uno de los mas lejanos recuerdos que con mas nitidez conservo en la memoria, son las fiestas que en honor de su Patrón San Benito, se celebraba en la localidad de Obejo, pueblo limítrofe con el mío.
Hace hoy SETENTA Y SIETE AÑOS, y para cumplir una promesa que el verano anterior había hecho mi madre, motivado a unos diviesos que me habían salido en las "cholas", como se decía en mi pueblo, o sea en los testículos, prometiendo que si se me curaban sin mas complicaciones, irían conmigo a la procesión que con motivo de la mencionada festividad se celebraba, y aún siguen celebrándose en una ermita sita a un kilómetro aproximado de la referida localidad de Obejo.
Apenas había amanecido aquel 11 de julio de 1932, mi padre y yo, y utilizando una burra que a la sazón había en mi casa, tomábamos el camino hacia San Benito. A tal fin, el aparejo de la burra iba ornado con una enjalma de las de días de fiesta y la jáquima del jumento, como suplemento una orlas de color rojo con sus borlas correspondientes. De mi vestimenta solo recuerdo que iba cubierto con un sombrero de paja de ala redonda y también circundándolo una trenza de lana de color rojo y en sus dos extremos rematados con unas bolas simulando dos madroños.
Aproximadamente a un kilómetro antes de llegar a Obejo, había un pilar donde mi padre le dio de beber a la burra y a su vez de su caño llenó del fresco y buen líquido una botija que en uno de los lados de las alforjas llevaba, vaciando la que llevábamos desde mi pueblo, porque se había calentado mas de la cuenta.
Serían poco mas de las nueve de la mañana cuando llegábamos a las inmediaciones de la ermita, que como digo estaba situada a un kilómetro de distancia del pueblo, poco más o menos, y en medio de un frondoso encinar.
Entre tanto llegaba la hora de la procesión que se celebraba, sobre las once de la mañana, nos colocamos en una sombra de una de las muchas encinas que había cerca de la ermita y mientras la burra pastaba en sus alrededores.
A la procesión que con la imagen de San Benito se celebraba, acudían muchísimos penitentes de la mayoría de los pueblos limítrofes, para cumplir las promesas hechas al Santo. A la hora fijada se inició la procesión y de ella solo recuerdo que la vestimenta del Santo iba en su mayoría cubierta con billetes, aunque supongo serían de los de menor cuantía que circulaban en la época. También llevaba sobre la misma figuras de distintas partes del cuerpo humano y realizadas supongo en distintos materiales, menos de cera, porque con el calor que hacía se hubieran derretido al instante.
Terminada la función religiosa y cumplida la promesa, no se si mi padre colocó algún billete sobre la vestimenta del Santo, o bastó solamente con nuestra presencia en la procesión. Finalizada ésta, se procedía a ejecutar una danza entre vejetes de la localidad llevando todos ellos una espadas simuladas y realizando cierto ritual sobre el jefe de la misma, y que al final terminaban con las espadas circundando el cuello del mandamás, que creo suponía como que era ahorcado.
Creo serían alrededor de las dos de la tarde tomábamos el camino de regreso para mi pueblo, pero al llegar otra vez al pilar donde antes de la entrada estuvo bebiendo la burra y nosotros rellenando la botija, realizamos la misma faena y a unos cien metros distante del pilar hacia abajo y a la sombra de otra encina nos dedicamos a dar buena cuenta del condumio que mi madre nos había preparado para tal evento.
Tanto cuando llegamos al pilar a la entrada como luego a la salida, yo quedé maravillado de unas decenas de peces de colores que había en el mismo y solo pasaba por mi mente la ilusión de pescar a algunos de los inocentes pececillos que tan a gusto lo pasaban en su reducido espacio. Una vez hecha la comida, mi padre se preparó con el aparejo de la burra un cómodo camastro y se echó a dormir la siesta. Tan pronto yo observé que mi padre se había quedado dormido tomé la cuesta arriba hacía el pilar y primero utilizando el sombrero y después a mano, me dediqué a la pesca de los bellos peces de colores. Como podéis comprender utilizando semejantes medios, no llegué a capturar ninguno pese a la hora larga que estuve dedicado a tal menester, hasta que mi padre despertando del coscón que había echado, se dio cuenta que yo no estaba a su lado y alarmado instantes después observó que me encontraba subido sobre los bordes del pilar. Una ligera llamada de atención terminó con el episodio de la pesca.
Volvimos a reanudar la marcha, pero tomando una dirección distinta con rumbo a una finca de olivos que mi abuela paterna tenía en un entorno conocido por La Calera, con el fin de coger peras de unos perales, naturalmente tenían que ser perales, lo que así realizamos y que en un costal que a tal efecto llevaba mi padre preparado, llegamos a coger yo calculo podrían ser entre los doce a quince kilos. A mi pueblo creo llegamos próximo al oscurecer y después de haber recorrido aquel día una distancia no menos de 40 kilómetros.
Mi madre no pudo ir con nosotros para cumplir su promesa, dado que se hallaba en muy avanzado estado de gestación, tanto es así que 16 días después daba a luz a mi hermano José.
A San Benito volví a ir nueve años después, en compañía de dos amigos, Antonio Suárez Molero y Florentino Escribano Valero, aquél cinco mayor que nosotros, éste por tanto de mi misma quinta. El primero falleció hace cuando menos treinta años; el segundo no menos de diez. De esta visita a Obejo conservo una fotografía que nos hicimos los tres. Dos años mas tarde, volví con uno de los mas entrañables amigos que he tenido y a quien aparte de mi familia, más he querido y apreciado. Con éste en aquella ocasión y un par de kilómetros antes de llegar a la ermita y bajo una sobra estuvimos ensayando una canción que estaba en boga a la sazón y con el fin de poderla cantar en algún bar cuando estuviéramos tomando una copa. La canción se titulaba y se titula, "Hace un año que yo tuve una ilusión". Este entrañable amigo se llamaba Francisco FernándezCampoy. Hace seis o siete años también falleció. Yo aquí continuo hasta que Dios quiera, para poder ir recordando estas efemérides.
Vuelvo a entrar hoy recordando el 50º aniversario, de uno de los hechos mas entrañables y que mas profundamente calaron en mí, de los que solo se dan en la vida no más de diez veces.
Voy a ser breve, aunque no por ello le reste importancia al hecho. Me refiero al regreso a Málaga después de mi ascenso a Cabo, del que ayer hice referencia en mi entrada a este blog. Cuando aquella mañana, que serían alrededor de las diez y media, llegaba el tren expreso procedente de Madrid a la entonces recoleta estación, yo vestido de uniforme, aunque sea repetitivo, con mis flamantes galones de Cabo de la Guardia Civil, descendía del convoy y observé en el andén a una distancia de unos cincuenta metros, mi hijo Rafael delante corriendo a la velocidad que un niño con poco más de años le permitían sus fuerzas, detrás mi hijo José Carlos con el bamboleo propio del que el día anterior había echado a andar solo, y tras ellos, su madre, mi mujer, que no se si por algún misterio especial, la vi más guapa que nunca, el corazón se me salía del pecho y una angustia atenazaba todo mi ser, por llegar cuanto antes a ellos. Aquel encuentro, creo que principalmente por la alegría de mi ascenso y otra porque hacía mas de dos meses que nos los veía, cuando nos juntamos los cuatro, yo con mi hijo mayor en brazos, que había llegado antes y mi mujer con el pequeño, nos fundimos en un abrazo, del que recuerdo mencioné en mis memorias, que daría cuanto me quedaba de vida por volver a vivirlo en presente, hoy vuelvo a repetirme en dicho aserto y lo pasado, pasado está.
La diferencia de los actuantes desde aquel evento al día de hoy, cincuenta años después, cualquiera puede imaginarse cuáles puedan ser y por fortuna para tres de los mismo son; sólo la ausencia de la mujer que amé como no puede amarse más, nubla la fiesta que tal vez hoy hubiéramos podido celebrar. Si no hubiera faltado ella, podrían haberse añadido un incremento notable de la familia en el entorno más íntimo.
¡Cuánta dicha puede originarse en un breve instante como aquél!
Tal día como hoy, pero de hace cincuenta años ascendía a Cabo de la Guardia Civil. Seguro que a esta hora, una menos cuarto de la mañana me había mirado los galones por lo menos veinte veces.
¡Cuántas ideas se me pasaban por la mente aquel día! Sin lugar a la duda la mas importante y la que no se me iba de la cabeza, era el presentarme ante mi mujer, abrazarla con toda la fuerza de la que eran mis deseos, darle la alegría de mostrarle mis flamantes galones, y junto a ello y por añadidura también ver y abrazar a mis hijos, uno con algo mas de dos años y el otro poco mas de uno. Por cierto y haciendo un paréntesis, hoy también se cumplen 50 años de que mi hijo José Carlos, comenzase a andar. Tenía catorce meses y doce días, no digamos que fue muy precoz en eso. Pero desde entonces ya ha corrido todo lo que pudiera corresponderle en su vida.
Volviendo al ascenso a Cabo, se cumplía una de las grandes ilusiones de mi vida. Me retrotraía diez o doce años atrás, cuando en el trabajo del campo, o transitando por las galería de la mina conduciendo un carrillo de mano con un par de espuertas de carbón, transcurrían las jornadas soñando con que algún día la forma de ganarme el sustento fuera otro distinto al que entonces realizaba y aunque parezca ridículo, lo había conseguido.
No dejaba de preocuparme también cuando ascendí cual pudiera ser el destino que me dieran, y que al final no pudo ser mejor de todo lo que me hubiera imaginado, como lo fue el continuar en el mismo que venía desempeñando cuando me fui a la Academia.
Hoy MEDIO SIGLO después, haciendo comparaciones de mis expectativas y cábalas de entonces, al discurrir de hoy, me tropiezo con la siguiente diferencia.
En los quince días que faltan para terminar el mes de junio de 2009, me espera una VISITA AL URÓLOGO; UNA SESIÓN DE QUIMIOTERAPIA; UN ANÁLISIS DE SANGRE Y ORINA; UNA VISITA AL MEDICO DE CABECERA Y UNA VISITA AL OCULISTA. Y eso que por lo que respecta a compararme con los y las de mi edad, soy uno de los que mejor se encuentra.
Desde luego atravesar 50 años, desde los 34 que tenía cuando ascendí a Cabo de la Guardia Civil, te hacen un destrozo físico en todo tu organismo, que no te conocería como suele decirse, ni la madre que te parió. Pero en fin, aquí estoy, aquí me hallo y siempre cuando menos como ahora y mejor lo que Dios quiera.
Dice un refrán que cuando un tonto le da por tomar un camino, se acaba el camino y sigue el tonto. Ésto, parece ser que es lo que me sucede a mí en estos días, que me ha dado por hacer entradas en este Blog con referencias a la mencionada festividad. A pesar de ello, no me cabe duda de que cuanto voy a relatar en esta entrada, está avalada por, según mi humilde criterio, de la suficiente entidad para traerla a colación.
Se trata de nada más y nada menos, que de la festividad del Corpus del año de 1942. Yo por tanto contaba con 17 años de edad:¡quién los pillara! Sigamos. En la mencionada festividad del señalado año, me hallaba yo en compañía de otros ocho o diez compañeros más, segando una haza de trigo en una finca muy próxima a La Calera. El trabajo lo habíamos tomado a destajo, o sea fijado en un número determinado de jornales. Así, mientras antes termináramos, más alto sería el sueldo a que nos resultaría cada jornal y con ello poder ir a otro trabajo. De entre todos los segadores, estábamos solo 4 solteros y decidimos ir al pueblo a pasar la mencionada festividad, considerada entonces por una de las principales del calendario festivo anual. Previo acuerdo con los compañeros que no decidieron celebrar el día, no señalaron una tarea a segar antes de marcharnos para Villaharta. Tan pronto amaneció, los cuatro célibes ya estábamos manos a la obra. Serían aproximadamente las once de la mañana cuando dábamos fin a nuestra señalada misión, desde luego bastante benévola que nos había sido impuesta por nuestros camaradas de faena, o para mejor decir, por el manijero.
Las aproximadamente dos leguas de camino que nos separaban de nuestro pueblo las recorrimos en aproximadamente una hora. Digo aproximadamente, porque ninguno de los cuatro teníamos reloj. Eso era un lujo que no todos podíamos gozarlo.
Cuando llegué a mi casa mi madre me tenía preparado un barreño, o baño, como se le llamaba, de cinc, lleno de agua que serían aproximadamente unos 20 litros, cuyo líquido estaba bastante templado gracias al sol que de plano caía sobre el mismo.
Para no alargar demasiado el relato, diré que una vez tomado el baño que no serían allá mas de las doce y media de la mañana, regresé a mi casa sobre las tres de la madrugada del siguiente día, hora en que había terminado el baile al que asistí, al igual que el resto de compañeros de fatiga. Menos de media hora después de la llegada a mi casa, y solo una vez cambiado de indumentaria, estábamos de regreso hacía nuestro trabajo donde la hoz y un trigo cuya clase se le denominaba "raspinegro", también nuestros compañeros, nos esperaban con los brazos abiertos.
Las primeras claras del día comenzaban a iluminar la vereda por donde transitábamos, cuando cual no sería mi cansancio que conforme iba andando, me quedé dormido y fui a caer sobre unos matojos que se hallaban en la inmediación del camino, ocasionándome unos cuantos rasguños en la cara y manos, pero nada de importancia.
Cuando llegamos a nuestro destino, nuestros compañeros comenzaban su faena y a nosotros solo nos dio tiempo a colocarnos el antepecho, nuestros dediles que nos colocábamos en la mano izquierda, para evitar cortes, tomar la hoz y manos a la obra.
Ése fue uno de tantos otros días, en los que desde la diversión me tenía que entregar a la tarea que estuviera realizando. Ese inmenso sacrificio era el tributo que una juventud tenía que pagar, a una situación, a la que por supuesto nosotros no habíamos contribuido a crear y que sin duda sus consecuencias posiblemente venían arrastradas desde muchas décadas pasadas.
Hoy pasados 67 años de aquel acontecer y rumiando la forma de ser, pensar y comportarse de unos jóvenes, me parece de todo punto imposible traerlos a la situación del año 2009, donde tengo la completa seguridad que ningún joven actualmente actuaría de la forma en que nosotros lo hacíamos. Por supuesto, la situación es totalmente opuesta a la de entonces, lo que me hace suponer, que aún en edades, como la que yo entonces contaba de diecisiete años, nos hacía madurar en nuestras responsabilidades y que para afrontar las dificultades incluso de supervivencia por las que atravesábamos las familias del campesinado, y otras muchas también, el no hacerlo como nosotros nos comportamos hubiera sido considerarlo casi un suicidio colectivo. La supervivencia hay que reconocer, está por encima de cualquier otra situación y la nuestra entonces era ésa.
Mis nietos, incluso mis hijos, no han tenido que pasar por semejantes situaciones.
Hoy, en uno de esos rebobinados del discurrir de nuestras vidas, que solemos hacer los viejos, o mayores que es como suele denominársenos en estos tiempos, he realizado un pequeño descanso en el recuerdo de mi abuela paterna, que se llamaba Elisa. Al traerla a mi memoria, no he podido por menos que comparar lo que a mi me contaron y lo que yo conocí del desarrollo de su vida, con la mía propia, constatando que la suya pasó y, la mía sigue pasando, de forma totalmente opuesta la una a la otra.
Ella, nació en el seno de una familia de un poder económico de cierta importancia para aquellos tiempos, ya que sus padres eran propietarios de un número de fincas, de relativa importancia, principalmente de olivar. Su padre, mi bisabuelo, era conocido por el apodo de "El Niño Bonito" y que con este apodo era conocido quizás la principal finca de olivar que poseían en el término municipal de Obejo de la provincia de Córdoba, limítrofe a la finca de La Calera, donde yo estuve trabajando algunos años, desde mi adolescencia hasta mi primera juventud.
Según llegó a mi conocimiento, las malas lenguas comentaban que mi abuela durante su matrimonio y mientras vivió su marido, mi abuelo Rafael, siempre iba presumiendo de llevar la faltriquera llena de duros, como se conocían las monedas de plata de cinco pesetas, que circulaban entonces.
En su matrimonio tuvieron, cuanto menos 9 hijos, que vivieron hasta edades relativamente avanzadas, la mayoría de ellos. De estos nueve hijos, cinco varones y cuatro hembras, lo que se dice trabajar en sus fincas, solo lo hacían los dos varones mas pequeños, que eran mi padre y mi tío Antonio. Los demás varones, por causas que sería largo de explicar, no daban ni golpe.
La cinco hembras, solo se dedicaban a las faenas propias de la casa, que entre todas ellas a poco trabajo caerían. En fin, una familia compuesta por el matrimonio y nueve hijos, sin control alguno de sus actividades y creo que también del manejo del dinero, poco a poco fue decayendo el patrimonio con la venta de las propiedades y cuando llegó la guerra civil española, que es desde cuando yo tengo algún conocimiento de la situación por la que atravesaban, todo se reducía a una parte mínima de otra parte del olivar que a mi abuela le correspondió en herencia en el conocido por el cortijo del "Niño Bonito" , que poco tiempo después de terminada la contienda procedieron a su venta.
Desde entonces y hasta su fallecimiento, que lo fue en agosto de 1950, yo ya había ingresado en la Guardia Civil, estuvo acogida por meses con cada uno de los hijos que residían en el pueblo, que a lo sumo, cuando no por una causas o por otras, solamente eran cuatro o cinco en total. Precisamente durante ese tiempo que estuvo a expensas de los hijos su manutención, coincidió con los llamados años del hambre, con una falta casi total de medios y de alimentos. Yo la recuerdo, que los meses que le tocaba venir a la casa de mis padres, que como podéis comprenden también era la mía, las escasísimas y paupérrimas cantidades de comida que mi madre preparaba para el matrimonio y sus cinco hijos, habíamos de compartirla con ella. Se me vienen a la memoria, que los ratos que había de esperar hasta que la comida se ponía en la mesa, mi abuela Elisa se sumía como en una especia de duermevela, lo que yo ahora pienso debía de ser, como yo he hecho hoy, lo que hacía era rebobinar su propia vida, y a donde había llegado, tan diferente a como había sido, su infancia, juventud y madurez de su larga existencia, pues no recuerdo, pero debía rebasar los ochenta años cuando falleció.
Lo que también recuerdo es que mi abuela siempre siguió usando la faltriquera, que como todas las mujeres se colocaban amarrada a la cintura debajo del delantal. Supongo sería como homenaje a su pasado, porque en aquellos entonces de su asilado con los hijos, tengo la seguridad de que su faltriquera, no solo no contenía duros, sino tampoco pesetas.
Como todos los míos sabéis, el devenir de mi existencia, ha sido todo lo contrario de mi abuela Elisa, que Dios la tenga en su Santa Gloria.
Tal día como hoy, pero de hace cincuenta y nueve AÑOS, fue la festividad del Corpus Christi (o día del Señor como popularmente se llamaba). Os preguntaréis del porqué traigo esto a colación, cuando desde entonces se han sucedido otras cincuenta y ocho festividades como aquélla. Os parecerá una circunstancia insignificante, para mí desde luego, marcó el inicio de una ilusión. Como cito anteriormente se celebró la festividad del Corpus, yo me encontraba entonces en la Academia de Úbeda como Guardia Alumno y aquel día desfilamos en la procesión que se celebró en la mencionada localidad. Como recuerdo conservo una fotografía que nos hicimos en la plaza del Ayuntamiento, dos compañeros míos de clase y yo. Uno se llamaba Juan Dueñas Romero, de Andújar; otro Francisco Duzmán Cortés, de Ceuta (su primer apellido es como está escrito), Nunca más volví a saber nada de ellos desde que salimos de la Academia.
Hasta aquí, tampoco hay nada especial para traer esto al recuerdo, pero el detalle que cito a continuación hace que todos los años me acuerde de aquel día. Parecerá que estoy escribiendo una novela de suspense cuando después de varios renglones mantengo la incógnita de la motivación de recordarlo. Se trata sencillamente de que en dicha ocasión vestí por vez primera el uniforme de paseo de la Guardia Civil y lo mas representativo de ello, también el estreno del tricornio. Desde unos cuantos años antes, siempre soñé con que algún día me pudiera llegar ese momento, quizás tan humilde como deseado por mí.
Para la llegada a cualquier meta, la mayor o menor importancia de su consecución es situarte en el punto de partida hacia la misma. Después de una intentona frustrada para ingresar en el Cuerpo cuando estaba haciendo el servicio militar, que en principio me hizo volver a trabajar en la mina, todo mi desvelo personal era el procurarme un medio de vida, cuando menos estable y seguro. Tras algunas contrariedades, por fin vestía el uniforme con el que tanto llevaba soñando y pese a lo humilde de conseguir el empleo de Guardia Civil, su consecuencia a través de los años, llegó a ser mucho mas importante y rentable de lo que yo nunca hubiera sospechado llegar a alcanzar. Desde luego no lo fue hacerme poseedor de riquezas tal como ello se entiende, de esas que lo mismo que se atesoran pueden dilapidarse, sino el que por su razón poco menos de dos años después del día que estoy rememorando, conocí a la mujer, con la que formé la familia que con ello sí llegué pasando el tiempo, a considerarme el hombre mas afortunado del mundo. Cuando se ha llegado a sobrepasar con holgura los ochenta años de vida, desde esa atalaya que supone el paso del tiempo, es cuando se da todo el valor y alcance de cuanto se consigue en el plano sentimental y afectivo, que nada otra posesión puede comparársele.
Valga este humilde recuerdo a aquel día del Corpus, que supuso el inicio de un modo de vida del que tanto llegué a poseer y tan orgulloso me siento de haber sido como fue.