martes, 26 de mayo de 2009

Hace hoy 37 años

Son en este momento las nueve y cuarto de la mañana del día 26 de mayo de 2009. Podría apostar por mi propia vida, que en este mismo momento de hace 37 años, me encontraba cambiando impresiones con un Guardia que tenía a mis órdenes en el Servicio de Información de la Guardia Civil de Málaga, sobre los ocupantes de un coche al que estuvo prestando ayuda el día anterior, que por supuesto era Jueves y además la festividad de la Ascensión, uno de los jueves que entonces se decía relumbraban mas que el Sol, fiesta en toda España. Estos ocupantes, conductor incluido, causaron en mi paisano, tratamiento que nos dábamos mutuamente entre el citado Guardia y yo, ya que era natural de Villaviciosa, un pueblo limítrofe con el mío, cierta sospecha de tratarse de gentes dedicada a actividades fuera de la ley. Comenzando por el principio, al tratar de identificar el vehículo, que desde el río de Campanillas, donde había quedado atascado, dio dos viajes para desplazar a algún punto desconocido a todos los componentes que formaban el grupo, resultó tener matrícula falsa, ya que la que poseía correspondía a una furgoneta de reparto del Diario Sur de Málaga, cuando el vehículo sospechoso era un Seat 124.

Tras el cambio de impresiones y consulta de datos y albumes de fotografías, reconoció a dos niños que un par de años antes habían sido "recogidos" en Madrid, sin la autorización de su madre. En el mismo entorno familiar de estas fotografías, también reconoció al conductor del "124" sospechoso y que a la vez era el padre de los niños. Se trataba nada más y nada menos que de "El Lute", personaje en aquellos momentos mas buscado de España.

Ante tal descubrimiento fui inmediatamente a dar la novedad al superior inmediato de quien directamente dependía, aunque varios grados de diferencia en la escala de mando y categoría dentro del Cuerpo. Mi noticia no fue recibida con agrado por mi superior, debido a circunstancias personales que le afectaban en aquellas fechas, y por tanto hube de guardar para mí y el Guardia que me había facilitado los datos para la identificación de la referida persona, al fin de no dejar al descubierto de sus responsabilidades a quien tenía la obligación de haber recibido la noticia por la importancia que tenía , darla a su inmediato superior, y con ello se hubieran organizado los servicios pertinentes para tratar de la localización y detención de quienes hubieran estado al margen de la ley. Yo por mi propia cuenta y sin ser relevado de las demás obligaciones que teníamos encomendadas, con un gran sacrificio de todo el personal que tenía a mis órdenes, continuamos practicando las gestiones que el caso merecía y que algo mas de mes y medio después, tuvo sus consecuencias y que cuando llegue su momento posiblemente relataré, aunque bastante abreviado, porque hacerlo en toda su extensión, se precisaría todo un libro para explicarlo. Las causas por las que mi inmediato superior en el mando del Servicio de Información no me aceptó la noticia que le daba, la dejaré por el momento para mí, aunque alguno de mi familia recuerde lo que sucedió, que me parece lo habré contado a ellos alguna vez.

¡Cómo pasa el tiempo, y las circunstancias!

Hasta una nueva entrada y pido perdón por si con el presente relato pueda haber quedado alguien con la miel en los labios.

domingo, 24 de mayo de 2009

A Villaharta


(Incluido en la revista que será editada con motivo de la Feria de Villaharta 2009)

¿Cuándo el Cerro de la Solana en los orígenes de su conformación actual, hubiera llegado a pensar siquiera, que con el paso del tiempo, iba a tener extendidas sobre su falda sur, las casas y calles del pueblo mas entrañable que pueda imaginarse y que habría de llamarse Villaharta? ¡Nunca! ¿Y quién puede tener la dicha de ufanarse y blasonar el haber nacido allí? Entre otros afortunados, YO.

De no haber sido por esa agudeza de quién o quienes idearon la constitución de aquella humilde villa, hoy, ni siquiera el Puerto de la Silleta, el Puerto Ginés, el Puerto de La Lapa, Las Lagunillas, el Cerro de las Viñas, El Lagarazo, El Centenillo, Los Horcajos, Las Zahurdillas, el Cerro del Cabrahigo. La Solana del Peñón y otros muchos entornos de mi pueblo que a todos los villaharteños/as nos son comunes, estarían hoy identificados con tal nombre. El mero hecho de traerme a la memoria la mención de los lugares que anteceden, me han transportado hasta aquellos lejanos recuerdos de mis primeras correrías infantiles, cuando en compañía de otros “nenes”, íbamos a buscar nidos, cazar grillos, coger arbejanas, cornachos, yerba gitana y otros “hierbajos”, que aunque ponían nuestras comisuras y nuestras bocas manchadas de un color verdoso un tanto inmundo, su sabor y tal vez por alguna carencia de nuestra cotidiana alimentación, nos sabían a gloria.

Algunos años después, cuando la fuerza irreprimible de la juventud llegó a inundar todo mi ser, en las calles de Villaharta, en el paseo de la carretera, o en los bailes que se organizaban en el salón del Casino, o en el de la casa de la Sra. Eugenia, llegaron mis primeras y timoratas declaraciones de amor que hacían enrojecer mi semblante. Como no, estos aconteceres en esas edades, dejan en el recuerdo la huella indeleble de su circunstancia, mas que nada por la época de la vida en que sucede.

Después de varios decenios en que por causas de mi profesión dejé de residir allí, cada vez que visito Villaharta, que lo hago con relativa frecuencia, aunque menos de lo que me gustaría hacerlo, tan pronto como se aparecen ante mi vista sus blancas y límpidas casas, al traspasar el collado de la Cuesta de la Matanza, un estremecimiento de emoción recorre todo mi ajado y añoso cuerpo y que permanece inalterado hasta que mis pies posan sus plantas sobre las calles de mi pueblo. Caminando por ellas, vagan mis recuerdos por aquellos lejanos años, los mismos que parecen quitarme de encima de los que ya llevo cumplidos y mis propias energías se recuperan, creyéndome cuando menos, si no un hombre joven, sí uno solo en su edad madura, olvidándome por completo de todos los achaques que en esos momentos puedan afectarme.


Desde esta bendita Málaga donde resido desde hace casi sesenta años, y donde tanto en mi vida profesional como personal y familiar, llegué a conseguir las cotas de felicidad que nunca siquiera hubiera soñado, no pasa un solo día sin que mis recuerdos lleguen a recrearse por aquel sencillo y humilde pueblo en que como se dice en la manida frase, vi la luz por vez primera. Como se decía en algunos de sus versos en que, creo que era el cantaor Pepe Pinto, intercalaba en una de sus coplas, “yo tengo entre dos amores, mi corazón repartío”, como son Villaharta y Málaga. Aquélla, mi infancia, adolescencia y primera juventud, con todo lo que la travesía de estas etapas marcan en la vida de una persona, Ésta, donde cerca de sesenta años, como cito anteriormente, vengo residiendo y a la que me faltan adecuadas palabras para agradecer todo cuanto en ella he conseguido.


Como este relato lo es como consecuencia de la invitación que se me hace por el Alcalde de mi pueblo, Villaharta, al que desde estas humildes letras le agradezco su atención, que en el próximo mes de julio celebra sus fiestas, arrogándome unas facultades que solo como villaharteño puedan corresponderme, recomiendo a todos los vecinos de los pueblos limítrofes, o cualesquiera otros, que si le es posible no dejen de visitar Villaharta en sus próximas fiestas, con la seguridad de que han de pasarlo estupendamente y cuyo recuerdo, le llevaran a repetir su asistencia en años sucesivos. Yo no sé si podré hacerlo, si no es así, no lo será por falta de esperanza, y desde aquí le deseo a todos mis paisanos y paisanas las disfruten todo lo posible.

lunes, 27 de abril de 2009

Cumpleaños (Feliz)



Después de veintisiete días de sequía blogera, vuelvo a entrar de nuevo en el blog. Sin duda la anterior entrada que lo fue el día primero de abril y hoy 27 del mismo mes, han sido con toda seguridad, las fechas mas importantes, por lo que respecta al discurrir de mi propia vida. Esta última, la fecha de mi nacimiento; aquélla en la que contraje matrimonio. ¿Quién da más?

Hoy cumplo OCHENTA Y CUATRO AÑOS, algunos más, quizás bastantes más, de los que yo pensaba cuando era joven y, no tan joven. Alguien dijo alguna vez, que nadie es tan viejo que no piense que aún todavía puede vivir un año más. Doy fe de ello.

Como cada vez que esta efemérides se cumple desde hace algunos años, mis pensares hacen un recordatorio de todo lo que ha sido mi propia existencia. Vuelvo a rebobinar todos los aconteceres, que así con el pensamiento se recorren en un instante, pero que en su transcurso real, sus inicios parecen perderse en lo remoto del tiempo pasado. Estos pensamientos te llevan sin duda a que hagas un balance de lo que ha sido todo el discurrir de esa larga vida. Siempre se piensa que se pudiera haber hecho algo mejor de lo que se hizo, no obstante, consultada mi propia conciencia apruebo todo lo acontecido. Recuerdas con sentimiento los seres queridos que se han ido marchando de entre nosotros a través de los años, circunstancia inevitable de esa pérdida cuando se lleva vivido tanto tiempo.

Transportarme en el tiempo a los años de mi infancia, niñez y primera juventud, se me presentan en el recuerdo aquellas familias carentes incluso de mucho de lo imprescindible para la normal supervivencia de sus componentes. La lucha titánica que permanentemente tenían que sostener nuestros progenitores para poder sacarnos adelante y que no obstante ello, algunos de sus hijos no podían soportar las adversidades que con relativa frecuencia se presentaban y los condenaban a la pérdida de su propia existencia. En mi propia familia, de ocho hijos nacidos, solo cinco, pudimos sobrevivir a los contratiempos surgidos. Tres no llegaron siquiera a cumplir el año de edad. Estos últimos sentimientos me vinieron hace un rato al pensamiento, cuando al consultar el movimiento de mi cuenta en el banco, comprobé que con fecha de hoy se me ingresaba en el mismo, el importe de mi paga de jubilación correspondiente al mes de Abril. Proporcionalmente, el importe de esta paga y transponiéndola a lo que era mi familia antes de la guerra civil española, con ella, hubiéramos vivido los 7 componentes de la misma, cuando menos el 200% ó 300% mejor de lo que lo hacíamos. Y hoy, lo es para mí solo. Y luego, nos quejamos.

El año que viene, tal día como hoy si yo no puedo hacer una entrada en el blog, por cumplimiento de mi estancia aquí, con que alguien siquiera lo lleve a su memoria, me doy por satisfecho y doy las gracias por adelantado.

Hasta otra nueva entrada que espero no tarde tanto como ésta.

miércoles, 1 de abril de 2009

Primero de Abril

Sin duda, el día primero de abril jamás podrá pasar inadvertido para mí mientras mi vida alentare y mis condiciones psíquico-físicas se mantengan como hasta ahora.

Van a dar las nueve y media de la mañana del día uno de abril de 2009. Como quiera que mi memoria me sigue respondiendo, puedo jurar en este momento, que cuanto voy a señalar es rigurosamente cierto.

Comenzando por orden cronológico, hace setenta años a estas horas, algunos de mis hermanos, varios primos y otros de los que residíamos entonces en el Cortijo de Don Elías Cabrera, término municipal de Pedroche y sito cerca de el Apeadero de la Jara, en la línea férrea de vía estrecha, Peñarroya-Puertollano, nos encontrábamos dando viajes desde unos Almacenes que los servicios de Intendencia del Ejército rojo habían abandonado dos días antes, y en los que había almacenados víveres diversos, la mayoría en conserva, y que los residentes de todos los cortijos limítrofes habíamos invadido, y llenábamos nuestros sacos con todo lo que había, proveyendo con ello nuestras maltrechas y raquíticas despensas. La distancia desde nuestro cortijo al que se hallaba habilitado de Depósito de Intendencia, estaría alrededor de los dos kilómetros, lo que no impidió que diéramos durante aquel día por lo menos cinco o seis viajes.

La única circunstancia adversa de aquel evento, fue el que todos los niños, sin excepción, nos entrara una diarrea de órdago a la grande, debido a que como entre los víveres existentes había grandes cantidades de chocolate, el hambre atrasado que arrastrábamos y lo goloso del producto, nos dimos verdaderos atracones de tal producto, que varios días después todavía no habíamos conseguido desterrar los efectos de los retortijones.

El mencionado día, como habréis podido adivinar, se daba por terminada la Guerra Civil Española.


La segunda efemérides a la que me refiero al principio de este relato, es que a esa hora de las nueve y media de la mañana de aquel primero de abril, pero de hace hoy CINCUENTA Y TRES AÑOS, me dirigía en aquellos momentos en busca de mi novia, para ir a la Iglesia de San Pedro, donde a las diez de la mañana estábamos citados para confesar y comulgar, dado a que a las cinco de la tarde, habíamos de contraer matrimonio. Si en el relato anterior hubo una circunstancia adversa, en la celebración de nuestro matrimonio, a partir de entonces y como se nos recomendaba en los consejos del sacerdote celebrante, hasta que la muerte nos separó, fue una continua consecución de venturas que en su inmensa mayoría perduran al día de hoy.

Largo camino he recorrido desde la primera de las fechas mencionadas, las inmediatas a la misma, las hubo de toda índole, quizá la mayoría adversas, o bastantes adversas, pero con el paso del tiempo, fueron mejorando y en estos momentos no puedo por menos que dar gracias a Dios, por todo lo que me ha sido concedido, incluso con algunas afectaciones personales, excepción hecha, como no, con la pérdida de la que me acompañó durante la consecución de tanta dicha.

De todo ello, solo me queda el recuerdo. ¡Cómo pasan los años!

miércoles, 25 de marzo de 2009

Paso a paso hacia el final


Cerca de tres meses hace que no había hecho acto de presencia en este blog. ¿Que porqué lo hago hoy? Tampoco lo sé. Tal vez un ligero avenate de improviso me ha llevado a ello. En cuanto al título que le he dado, si quizá tenga algo de razón de ser. Primero, la travesía de unas festividades que harto hace uno a estas alturas en llevarlas, sin dejar de complacer a los que te rodean, como tampoco de homenajear con el recuerdo agradecido de los que se fueron quedando atrás. Después, y se me viene a la memoria de cuando hice el servicio militar y luego la prolongada pertenencia profesional al Cuerpo de la Guardia Civil, que en algunas de las páginas de la documentación personal que a cada uno se nos abría, había que reseñar lo que en su epígrafe se denominaba como "vicisitudes". Así si te concedían un trienio, tenías un ascenso, te casabas, tenías un hijo o por alguna enfermedad tenías que ingresar en el hospital, todo había que anotarlo en esa documentación, y esto eran las "vicisitudes" Pues bien, algunas de estas vicisitudes acaecidas recientemente, e incluso permanecen actualmente, me han llevado a epigrafiar mi esta tardía nueva entrada en el blog.

Como los proyectos de futuro brillan por su ausencia en las mentes de un octogenario, dedicas ese tiempo en ir contemplando cuanto con cierta resignación te va acompañando en ese lento y cansino caminar en que se transforma toda vicisitud que te acaece. Lo primero que te das cuenta es que cada vez el sendero por el que se transita por la vida, se va volviendo mas estrecho y también son muchos menos los que caminamos por la misma vereda. Algunos, no todos, tenemos la suerte de que paralelamente a nuestro caminar, nos acompañan los nuestros que siempre están pendientes de facilitarnos y proveernos de cuánto se nos hace imprescindible para poder seguir la ruta que desde que venimos al mundo nos ha sido impuesta, y que como es lógico, cada vez la meta se nos va acercando más.

Ese camino por el cual discurrimos los "viejos", nos resulta cada vez mas pesado el seguir transitándolo y mientras que a las generaciones más jóvenes, cuando consiguen llegar a la cima de algún inconveniente que les ha surgido, contemplan los fértiles valles que aparecen a su vista, nosotros tropezamos con otro empinado y pedregoso camino, al que dudamos si nos alcanzaran las fuerzas para poder terminar su escalada.

Algunos, entre los cuales por fortuna me encuentro, en cada descanso que forzosamente hemos de realizar cuando la fatiga nos alcanza, me regodea la satisfacción cuando traigo, o por mejor decir, nunca olvido, ese feliz y largo peregrinar por ese camino que para mi dicha, se fue quedando sembrado de las más fértiles y beneméritas "VICISITUDES", volviendo al epígrafe de las documentaciones del personal militar, aunque, y en honor a la verdad, fueron de otros, mucho más que los míos, los méritos en alcanzar esas metas.

Quizá pueda parecer a quien lea esta nueva y tardía entrada en el blog, que me embarga cierto desánimo en mi caminar actualmente, pero nada mas lejos de ello, sino todo lo contrario, que como digo me relamo de satisfacción por llegar al momento en que me hallo y todo lo demás, son vicisitudes que tienen que suceder durante la travesía de una vida

Siempre como ahora.


domingo, 7 de diciembre de 2008

Efemérides y fin de la sequía blogera

Por fin después de diez y ocho días sin escribir nada en este mi blog, hoy me decido a poner fin a tanta sequía "blogera", aunque tal vez esta última palabreja, no dejará a lo mejor de ser un propio disparate.

También, como casi siempre que entro sucede, hoy se cumple otro aniversario y creo que supuso el principio del fin de una etapa principal en mi vida. Hoy 7 de diciembre se cumplen 15 años de la primera operación que hicieron a mi mujer. Después siguió todo el rosario de circunstancias y contrariedades hasta el desenlace fatal.

Creo recordar, que alguien de vosotros en una entrada que hizo a mi blog, dejó entrever que siempre me envuelvo en cuestiones y hechos de puro pesimismo. Posiblemente pueda considerarse así, ya que reconozco que en los acontecimientos en los que más resalto el suceder, lo haya sido en los que han supuesto una contrariedad, o lo que es peor, una desgracia para el devenir de mi propia vida. Pero seguro que todo ello pueda ser por el mayor realismo que siempre trato de darle a los propios acontecieres a lo que haga referencia.

Además de ser optimista por naturaleza, a lo largo de toda mi existencia, las adversidades he sabido sobrellevarlas con entereza y en las que más me han afectado a mí personalmente, he procurado lamer mis heridas en las mayor intimidad, sin que mis desencantos pudieran llegar a incidir negativamente el devenir de mis mas allegados. Por añadidura a todo ésto, siempre me he considerado un ser privilegiado y feliz, dado a que en la inmensa mayoría de todo lo que me ha sucedido, Dios o el destino, han sido siempre largamente generosos y me han colmado de dichas, muy particularmente en lo que a la conformación de mi propia familia se refiere.

Desde mi primera niñez hasta el día de hoy, que ya rebasan los treinta mil, la inmensa mayoría de ellos, he dado gracias por todo cuanto se me concedía.

Con respecto al dato que hago mención en el párrafo anterior, cito el hecho del tiro que me dieron en la Nochebuena de 1950, y en su consecuencia estuve hospitalizado hasta el 22 de febrero siguiente. Mis padres y hermanos se enteraron de tal hecho, en el mes de agosto siguiente cuando fui con permiso a mi pueblo y todavía cojeaba visiblemente, por lo cual me vi en la obligación de exponer las causas de mi deficiencia física.

Pese a la falta de afecto y soledad en que pase aquellas Navidades, siempre consideré, y aún hoy sigo haciéndolo, el disgusto que le hubiera originado a mi familia, particularmente a mis padres, que en nada me hubieran podido remediar mis males físicos, compensaba con largueza la falta de alguna frase o gesto que me hubieran podido hacer llegar.

En relación al hecho de la operación a mi mujer, no quiero dejar de señalar y con ello mostrar mi profundo agradecimiento a mi amigo Juan Ortiz, que mientras esperábamos el resultado de la operación, fueron muchas las lágrimas que junto a mí derramó, ante el temor de un resultado negativo, cuando me acompañaba en la Sala de espera del Parque San Antonio.

Bueno, por hoy ya vale. Espero no demorar tanto mi próxima entrada, como ha sucedido en ésta.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Santa Isabel de Hungría


Aunque en algunos calendarios he visto la festividad de Santa Isabel de Hungría el día 17 de noviembre, realmente la Iglesia lo celebra en el día de hoy, 19 de noviembre, como desde que yo tengo uso de razón lo ha venido haciendo.

Pero mi entrada en este mi blog en el día de la fecha, no ha sido para polemizar cuándo debe celebrarse la festividad de Santa Isabel, sino para referirme al noviazgo mas breve de toda mi historia amorosa, que aunque tal vez parezca que yo fui un Don Juan en mi juventud, lamento defraudar a quien así lo piense, toda vez que el haber tenido que pasar esa juventud en una localidad donde nada tenías para poder pasar el tiempo que el trabajo te dejaba libre, no es de extrañar, que los de temperamento algo mas inquieto dedicáramos parte de ese tiempo a intentar proporcionarte unas relaciones amorosas.

El traer esto a colación en el día de Santa Isabel, está motivado a que con una joven llamada Isabel, sostuve el noviazgo mas breve de los pocos que hasta entonces había tenido. Pues resulta que una chica, natural y vecina del Viso de los Pedroches, a la que llamaban Isabelita, vino a casa de mi tía Mercedes en Villaharta, para pasar unos días junto a mi prima "Merceditas" de la que era amiga. Yo, no se porqué, tenía cierta debilidad hacia las forasteras, y tan pronto tuve noticia de su llegada a casa de mi tía, me presenté allí a fin de conocerla. Era de estatura normal para aquellas fechas, tenía el pelo rubio, pero en fin lo que más destacaba en ella eran unos ojos verdes preciosos. Por lo demás todo muy normal, eso sí, tenía 18 años de edad.

Llegué a casa de mi tía, mi prima me la presentó, esto serían aproximadamente las nueve de la noche y estuve charlando con ella hasta bastantes después de la doce. Como quiera que me dijo que pensaba estar allí solo unos diez días, yo para no perder tiempo terminé pidiéndole relaciones. Me dijo que había tenido novio por espacio de poco tiempo y que era un Guardia Civil que estaba de Puesto en su pueblo, y que hacía como un mes que se habían disgustado. Aquella noche cuando nos despedimos, me prometió que al día siguiente me daría la contestación a mis pretensiones de hacernos novios.

Efectivamente al siguiente día y no por la noche, si no por la tarde tan pronto llegué y le solicité su respuesta, como yo esperaba, según terminó la velada anterior, fue aceptar nuestras relaciones. La velada de ese día, fue aún mas prolongada que la anterior.

Cuando al llegar al siguiente, mi tía Mercedes me estaba esperando, me llamó aparte y me hizo que le prometiera que aquel noviazgo iba en plan serio y no como otros de los míos anteriores. A mí en realidad me costó poco trabajo prometer a mi tía que así sería, aunque he de confesar que mis intenciones no estaban en aquellos momentos en tal dirección.

A los tres o cuatro días de formalizado nuestro noviazgo, llegó el de su Santo, que este tal motivo ha sido el relataros mi peripecia.

Algo más de una semana tras iniciadas nuestras relaciones se marchó a su pueblo, y quedamos que pasados tres o cuatro días le escribiera yo la primera carta, a fin de que ella fuera poniendo en antecedentes a sus padres. En casa de éstos estaba la central de telégrafos, era lo único que yo sabía de ellos.

Como habíamos acordado, tras tres o cuatro día de su marcha le escribí mi primera carta. Empezaron a pasar unos cuantos mas de los que yo esperaba su contestación y al cabo de por lo menos doce o catorce después de escribirle, recibí la suya. La noticia que en ella me daba, lo confieso me supuso cierta alegría y el quitarme un cierto peso de encima. Me decía que nuestras relaciones se terminaban y que perdonara, había hecho las paces con su antiguo novio, el Guardia Civil. Al cabo de los años tuve noticia que se había casado con él. Lo que hubiera sido el quedar mal con mi tía Mercedes, supuso que el concepto que hasta entonces tuvo de "Isabelita" le hizo cambiar un tanto, y yo fui exculpado de haber ido solamente a aprovecharme de ella, como en casos de echarse novia por pasar el rato solía decirse. Esto acaeció en el año 1949. Ha llovido desde entonces.

Hasta otra, que espero tenga algo más de interés que ésta.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La hoja del calendario


Hoy, aunque con bastantes días de retraso, he arrancado del calendario que tengo en la cocina la hoja bimensual en la que aparecían los meses de septiembre y octubre, dejando al descubierto la última hoja que contiene los dos últimos meses del año 2008, noviembre y diciembre. Al tiempo que instintivamente procedía con la mano derecha a reducir la hoja arrancada para arrojarla a la basura, mis ojos posaban su mirada sobre la que había quedado a la vista y recorriéndola sobre los 61 días que contienen los dos últimos meses, la terminaba sobre la festividad de San Silvestre, último día del año.

Desde que era un adolescente, cada vez que finalizaba un año y por consiguiente entraba otro nuevo, reflexionaba sobre ello y lo comparaba como el que va transitando por una calle hacia un determinado destino y volvíaa la esquina, para entrar en otra distinta. Por la que habías venido transitando y dejabas atrás, jamas volverías a pisarla, pero en la que terminabas de entrar sostenías la esperanza de hallar algo nuevo en tu vida. A este respecto, el recuerdo que conservo con mayor nitidez fue el paso del año de 1939 a 1940. Posiblemente porque entraba el último año de una década, donde había dejado atrás mi niñez, me encontraba en plena adolescencia y para mis adentros, me consideraba ya como un joven hombre, toda vez que pronto cumpliría los quince años. En aquella fecha, me encontraba, como no, en La Calera, cogiendo aceitunas y formando pareja con mi madre. La situación por la que atravesaba la familia en aquellos momentos era sin duda la más penosa y mayores dificultades de todas las que hasta entonces nos había sobrevenido. Mi padre en la cárcel como preso político y mis cuatro hermanos, todos menores que yo, algunos por ahí en algún que otro cortijo guardando animales y los que no estaban todavía en edad de tal menester, a expensas de mis tías allí en Villaharta.

¡Cuántas lágrimas vi derramar a mi pobre madre durante las largas y frías jornadas en aquella faena! A pesar de ello, y aunque por supuesto compartía los sufrimientos que a ella la llevaban a aquellos silentes y reservados lloros, siempre abrigaba la esperanza de que dentro de aquel año que comenzaba, iba a conseguir algo de lo que personalmente siempre se anhela en esa edad. Aquellas perspectivas personales, cuán distaban de las que en el día de hoy espero. La importancia que al paso del tiempo daba en aquellos entonces, en estas fechas me resultan tan indiferentes, que solo un único deseo personal llevo consigo. Mantenerme en el actual estado de salud y de discernimiento mental, y por tanto con ello, evitar primordialmente el sufrimiento de los míos y el incordio que con la pérdida de ambas situaciones, les llevaría consigo.

También, como no, cada vez que hago alguna reflexión del paso del tiempo, traigo a mi memoria, la ausencia de los ya bastantes años, de la mujer que tanto influyó en la dicha de una importante travesía de mi vida.

Ahora me ayuda a mantener mi deseo de seguir viviendo, ver el feliz discurrir de mis hijos y si se me apura, lo mas importante, como a su compás lo van consiguiendo mis SEIS NIETOS.

Hasta otra nueva entrada en este mi blog, del que ya llevaba desconectado algunos días.

jueves, 30 de octubre de 2008

La gran borrachera


En la entrada que hice en el día de ayer en este blog, en el que relataba el desplume que me hicieron jugando al "julepe"del dinero que tenía para pasar las fiestas de mi pueblo, parece ser que algún familiar quedó un tanto extrañado/a de semejante desliz.

Para desmontar el posible enaltecimiento que alguien pueda hacer de mi comportamiento en todas las etapas de mi ya larga vida, a continuación voy a exponer otro traspiés, que como no, también me sucedió en compañía de mi amigo Currito, que lo citaba en la entrada anterior.

El día de San Rafael, casi con toda seguridad del año 1942, cometí otro de los tropezones de los que estuve, y estoy, más arrepentido de cuántos haya podido llevar a cabo, principalmente por el final que tuvo.

Como explicaba ayer, mi amigo Currito, como es lógico se llamaba Francisco, cuya onomástica se celebraba, y se sigue celebrando, el día 4 de octubre. La entrañable amistad que nos unía, una de sus consecuencias, era el que nos invitábamos mutuamente con cargo a nuestros propios bolsillos, él a mí, y yo a él, en el día de nuestros respectivos santos. Así, como el suyo se celebraba veinte días antes que el mío, a él correspondía la primera invitación. Su onomástica como no cayera en domingo no se consideraba festivo en mi pueblo. Como dije antes, casi seguro fue el día de San Francisco de 1942, después de estar con su novia a la que visitaba todas las noches que le era posible, nos juntamos en el Casino del pueblo donde me invitó a todo que a mi se me apetecía, que era generalmente alguna copita de vino bueno, sus tapas correspondientes y finalmente algún café acompañado de algún dulce. Y llegó el día de San Rafael, patrón de la localidad y por tanto fiesta a lo grande. Esto de fiesta a lo grande, era ir a Misa Mayor, por la tarde al paseo y por la noche al baile. En tan gran solemnidad, mi amigo Paco estuvo todo el día junto a su novia, a la que acompañó hasta su casa, después de terminado el baile. Serían entre las tres y cuatro de la madrugada, cuando regresó por el casino donde yo me encontraba en disposición de marcharme a mi domicilio. En nuestro trato personal para dirigirnos el uno al otro nos tratábamos de "pariente". Dado a que no habíamos estado juntos ni un solo momento en todo el día, yo no tuve oportunidad de invitarlo, por lo que cuando llegó hasta mí, darme la mano y felicitarme, me dice: "Se ha pasado tu santo y no me has invitado". Le contesté "Estamos a tiempo. ¿Qué quieres tomar?", y me dice: "un vaso de vino". Extrañado por pedir un vaso de vino a aquellas horas, me dijo que es que no había cenado todavía. Pido dos vasos de vino del bueno, nos lo tomamos y dice mi amigo Paco: "¡ahora nos vamos a tomar dos cada uno!"

Consumidos éstos, digo yo: "Ahora cuatro cada uno". Y después, ya un poco caliente por lo consumido, pido una botella y un embudo y le digo: "Échame con la botella por el embudo" y no sé lo que llegué a consumir. Después de ésto, perdí la noción del tiempo y hasta de la existencia. Según me dijeron al día siguiente, me dio por decir que íbamos a llamar al Cura y que se levantara para el Rosario de la Aurora, que nunca pude saber porqué me dio por ahí. Al final hubieron de llevarme a mi casa entre mi amigo Paco y otros dos o tres amigos.

Llamaron a la puerta de mi casa, se levantó mi padre y cuando me vio en el estado que llegaba, lo recuerdo como si fuera ahora mismo, y fue lo primero que llegué a percibir, me dijo lo siguiente: "A ti no te da vergüenza que tengan que traerte a tu casa en este estado". Esta fue la reprensión más dura que mi padre me hizo desde que fui un adolescente. Esto me estuvo doliendo y aún me sigue, durante toda la vida. Como hice con la pérdida del dinero jugando al julepe, me prometí que jamás mi padre tendría que volver a llamarme la atención por hecho semejante. Cumplido hube hasta hoy. Aprender de los errores y sacar consecuencias, creo ha sido lo mas positivo que haya podido hacer durante todo el discurrir de mi existencia, en cuanto a mi comportamiento personal se refiere. Éstos tropiezos, en mí por lo menos, siempre sucedían de una forma impensada, y sí, por esos sin sentidos de la vida.

Si con estos comportamientos, alguien ve mermadas las consideraciones que tuviera de mí, lo siento por ellos y les pido perdón. Y como dicen los niños, prometo que no volveré a hacerlo más.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Día de los juegos de azar


Esta mañana he escuchado en la radio que hoy se celebra el día de los juegos de azar. A este respecto y volviendo la vista atrás, más de SESENTA Y CINCO AÑOS, voy a confesar un caso a mí sucedido, allá por los primeros días del mes de mayo de 1943.

Sobre los últimos días del mes de Marzo, o en los primeros de abril del citado año 1943, mi padre contrató un trabajo de desmonte en el denominado "Cerro Martín", muy cerca del caserío de Pedrique. El propietario de esta finca era primo hermano de mi padre y el mismo que llevaba en arrendamiento de La Calera, donde yo había terminado en la molina unos días antes.

En la faena de desmonte mencionado, que realicé yo, con la ayuda de mis hermanos Cesáreo y Antonio, ellos todavía niños, y muy particularmente el último referido que aún no había cumplido los 13 años. Primero por la buena contratación que había hecho mi padre, y luego por lo mucho que trabajamos nosotros, el caso es que en un mes aproximadamente, conseguimos aportar a la casa una importante cantidad de dinero, dicho sea en términos de lo que para una humilde familia suponía en aquellas fechas, cantidad importante.

Las fiestas de mi pueblo se celebraban en aquellos tiempos durante los días, 7, 8 y 9 de mayo. A la vista de hallarnos a las puertas de la "Feria" como nosotros la llamábamos, mi madre, a quien se entregaba todo el dinero que ganábamos en el trabajo, fue muy generosa conmigo y me recompensó, con una cantidad, que aunque no recuerdo con exactitud, podía estar entre las 150 ó 200 pesetas, de aquellas fechas, cuando los jornales no solían llegar a las diez pesetas diarias.

Con semejante cantidad en mi poder, yo me prometía las mejor feria de toda mi vida y permitirme ciertos dispendios que hasta entonces nunca me había sido posible. De la cantidad que me entregó mi madre, creo que aquel mismo día, deje en mi casa la mayor parte, pero me llevé consigo otra relativamente importante para lo que jamás había dispuesto, y también para darme cierta importancia con los amigos. Lo que hasta entonces nunca había hecho cuando salía después de cenar, aquella noche me sume a una mesa donde varios conocidos jugaban una partida al "JULEPE". Mi poca destreza en el juego, pese a que no es muy dificultoso, y la mala suerte que tuve en el reparto de las cartas en cada partida, me desplumaron totalmente de todo el dinero que había llevado consigo. Encorajinado por el resultado, a la noche siguiente volví con la casi totalidad del dinero que me quedaba a fin de poder resarcirme de lo perdido la noche anterior y castigar con ello a los que se habían llevado mi dinero. El resultado de la segunda noche fue mas dramático que el de la primera, puesto que como llevaba una mayor cantidad de dinero, mayor fue la pérdida, dado que como hay un celebre dicho, "fui a por lana y salí trasquilado", dejándome si un céntimo de lo que saque de mi fondo.

De pensar que iba a pasar la mejor feria de mi vida, se convirtió en todo lo contrario, debido a que el resto de dinero que me quedó, no me permitía ni siquiera pagar la entrada a la caseta de baile para las tres noches.

Totalmente amargado, hube de confesarle mi descalabro a mi más íntimo amigo entonces, Francisco Fernández Campoy, "Currito", fallecido hace tres o cuatro años y dado a sus posibilidades, me fue socorriendo con varios préstamos, la mayoría de los cuales no quiso cobrarme después, y así pude echar atrás aquellas nefastas fiestas, más que nada por el deshonor de tener que haberlo hecho con la conmiseración de mi amigo Currito y mi mala cabeza de haber perdido en las dos noches de partidas al "Julepe", lo que mi madre tan generosamente me había entregado y lo que nunca llego a saber, fue el destino que le dí.

Aquella noche, la segunda de mi desplume, me hice el juramento de no volver a jugar más a ningún juego de azar en lo que estuviera en juego cantidad alguna de dinero, circunstancia que he cumplido a rajatabla hasta el día de hoy. De este caso, hoy confesado por primera vez en mi vida, solo fue conocedor mi amigo mencionado y que, como buen amigo, se llevó el secreto a la tumba. Yo, más de 65 años después, he tenido el valor de confesarlo.

Alguna quiniela, alguna "primitiva" y lotería solo por Navidad, ha sido mi entrega después de aquello a los juegos de azar. Al bingo solo he jugado una vez, y porque íbamos una reunión de cinco matrimonios y se empeñaron en que pusiéramos cada uno dos mil pesetas y jugarlas en el bingo y que por cierto lo perdimos todo. Esto sucedió una noche en Fuengirola y hace así como treinta años.

Para que no me dominaran los vicios, las pasiones y las tentaciones, siempre mi cabeza ha estado por encima de las inclinaciones del corazón. Lo que me he propuesto con verdadera intención, siempre lo conseguí. Hasta hoy no me ha ido mal.

viernes, 24 de octubre de 2008

Día del Arcángel San Rafael


Aunque la Iglesia desde hace ya algunos años, decidió que el día de San Rafael fuese juntamente con el de los otros dos Arcángeles, San Gabriel y San Miguel, el día 29 de Septiembre, que lo había sido solo el de este último citado, para mí, para mi pueblo Villaharta y para la Capital de la Provincia, Córdoba, lo sigue siendo en el día de hoy 24 de octubre, fecha en que por lo menos mi recuerdo se pierde en que siempre se había celebrado en este día.

Como quiera que como cito anteriormente, en mi pueblo se celebraba el 24 de Octubre, como patrón de la localidad, en Villaharta era el día que se consideraba mas festivo de todo el año.

¡Cuántos recuerdos me vienen a la memoria en la celebración de mi onomástica! Quizá en algunas cuestiones relacionadas con la juventud que yo tenía, aunque ahora a alguien le parezca raro que yo fuera alguna vez joven, dado a que lo mas importante era la celebración del baile, para nosotros los jóvenes el no va más en aquellas fechas, si yo tuviera que quedarme con la celebración del San Rafael mas importante, en toda mi vida, sin lugar a dudas señalaba, que casualidad, la primera que pasaba fuera de mi pueblo, por tanto lejos de mis amigos y mi familia.

¿Entonces que me lleva a señalar semejante importancia? Allá va. Era el 24 de octubre de 1946 y me encontraba haciendo el servicio militar en Sevilla. Precisamente en esta fecha que yo solemnemente señalo, recibía la primera felicitación de toda mi existencia. Cuando llegó el cartero de la oficina de Capitanía donde yo estaba destinado, me entregó un sobre en cuyo interior traía una postal con la imagen de San Rafael y en el reverso, cito literalmente lo que figuraba. "Te desea mil felicidades en el día de tu santo. Tus padres y hermanos estos que lo son Cesáreo y Florentina. Rúbrica de mi madre.-Villaharta 21 del Octubre de 46". Como se verá fue escrita tres días antes, con el fin de que la pudiera recibir para mi Santo, como así sucedió.. En este momento tengo en mi mano tan preciada postal, pero si para mí resulta tan interesante esta felicitación, lo aumenta en su grado máximo, el que debajo de lo escrito antes citado, que lo era de puño y letra de mi madre, mi mujer, creo fue uno o dos años después de casarnos, escribió a lápiz, casi todo lo que mi madre había hecho diez o doce años antes. Esto último, todavía puede leerse también en la misma. El amarillento color de la postal, los SESENTA Y DOS AÑOS pasados desde que se escribió, lo primero por mi madre y luego por mi mujer, al recrearme en su lectura en el día de hoy, es la más importante felicitación que personalmente estimo que pudiera llegarme. No he podido evitar que unas lágrimas hayan vertido mis ojos. Aunque la Iglesia dispusiera hace años cambiar la celebración de San Rafael, mi mujer y mis padres, se estarán acordando de que hoy es mi SANTO. SI ESTO PUEDE SER ASÍ, ¿CÓMO VOY YO A PODER CAMBIAR LA FECHA?


domingo, 12 de octubre de 2008

Festividad de la Virgen del Pilar


Hoy 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar o día de la Patrona, como siempre hemos dicho los Civiles, he asistido a la Misa que en Cuartel de los Ángeles de esta Capital se ha celebrado, como desde hace muchísimos años se ha venido haciendo

Dos motivaciones especiales me llevan a asistir a esta celebración todos los años que puedo. La primera en honor y recuerdo a mi mujer, que por nada del mundo quería perderse tal acontecimiento. La segunda, el amor que siempre he sentido por el Cuerpo y como agradecimiento a todo cuanto me dio en los treinta y un años que pertenecí al mismo. Me cabe la satisfacción, de que por mi parte, yo tampoco escatimé entrega, e incluso sacrificio, en los múltiples servicios que me fueron encomendados o tomé parte.

¡Cuántos recuerdos han venido a mis sentimientos en este día! De los treinta y un días de la Patrona que pasé en la Guardia Civil, estando en servicio activo, uno, el primero, lo pasé en Torrelasal, puede decirse que sin pena ni gloria. Otro, en 1970, en Velez-Málaga, y este sí fue una celebración de las que dejan recuerdo. Las veintinueve restantes, todas aquí en Málaga. Unas cuantas estando en estado soltero, y a varias lo fue, en compañía de mi entonces novia. De éstas, posiblemente la que mas recuerdo fue la que lo hicimos dos parejas, mi entrañable amigo y compañero entonces José Becerra Guerra, acompañado de Maruja, su novia, y yo con la mía. Yo entonces tenía un ojo malo, nos hicimos los cuatro una fotografía bailando, yo con unas gafas de sol y se me nota el vendaje con el que tenía el ojo cubierto. Mi amigo Pepe Becerra, asistió a mi boda y desde la casa de mi suegra, donde habíamos celebrado el pequeño convite, juntamente con Maruja, nos acompañaron, por cierto lo hicimos andando, hasta cerca de donde pusimos el piso y pasamos la primera noche de novios. Ellos se quedaron un poco antes, donde ambos residían en casas próximas y en la misma calle, no muy lejos de la nuestra. Pepe Becerra, al poco tiempo se licenció y se fue a trabajar a un Banco. Era de mi edad, pero falleció muy joven, sin duda hace alrededor de treinta años. Un sentido recuerdo para mi amigo Pepe. Se casó poco tiempo después que nosotros, y al fallecer, dejó viuda y dos hijas pequeñas. Perdonar que haya hecho este paréntesis, pero la amistad que me unió a él, lo merecen.

Bueno, volviendo a otros recuerdos de mi asistencia a la misa y actos celebrados con motivo de la festividad de la Patrona, sería un relato interminable citar siquiera brevemente las que dejaron mella en mi sentir, pero si tuviera que resaltar alguna de ellas, sería sin duda la celebrada, creo fue el año 1975, que lo hicieron además de mi mujer, mi hija que aún era una niña, y mis dos hijos vestidos con sus uniformes de Cadetes de la Academia General Militar, El mayor con divisas de Sargento galonista. Fuimos toda la familia el destino de las miradas de la inmensa mayoría de los asistentes, muchas sin duda con sana o maligna envidia. Mi mujer y yo no cabíamos de gozo, en nuestros trajes. Una fotografía tengo de aquella festividad. A ELLA, le ofrezco la misa de hoy y el recuerdo de aquella lejana Patrona. Yo también guardo el regusto de tan inolvidable efemérides.

Hasta otra.


viernes, 10 de octubre de 2008

Mi primer cambio de destino en la Guardia Civil


En las Altas y Bajas del mes de octubre de 1951, causaba baja en el Puesto de Torrelasal, donde fui destinado en julio del año anterior, cuando me incorporé a la Comandancia de Málaga al salir de la Academia de Úbeda en Julio del año anterior, y causaba alta en el Puesto de Aduanas en esta Capital.

En la mañana del día 10 de Octubre de aquel ya lejano 1951, tomaba mi maleta y mi armamento, un Mosquetón Mauser, con su correspondiente dotación de munición, y desde Torrelasal, me dirigí a la Barriada de Sabinillas, donde había establecido un control permanente de la Guardia Civil y que por tanto todos los vehículos tenían la obligación de parar. A cada vehículo que llegaba, la pareja de servicio y a requerimiento mio le preguntaba por el destino que llevaba.

El primero que llegó y manifestó que venía a Málaga, fue un camión que circulaba vacío y venía a esta capital a recoger mercancía. Como este procedimiento de traslados era el corriente, y debido a que en la cabina además del conductor iba su esposa, y previo pedirle si tenía inconveniente en que viajara con ellos, eché mi maleta y mi mosquetón al cajón, y tras ellos me incorporé al mismo sitio.

Una vez iniciado el viaje y cuando pasaba frente al Cuartel de donde procedía, distante de la carretera unos ciento cincuenta metros, dirigiendo la mirada hacia el mismo, no pude evitar que un nudo se me hiciera en la garganta al tiempo que unas lágrimas asomaron a mis ojos. Era el primer cambio de destino que hacía en el Cuerpo y pese a que mi estancia en Torrelasal había sido algo mas de catorce meses y mi nuevo destino lo era con carácter voluntario, que incluso hube de sufrir un examen para ser destinado a los servicios de Aduanas, habían hecho mella en mi sentir, al dejar atrás mis primeros compañeros, y como no, también un cortijo no lejos de allí, donde había conocido a una joven de la que nos hicimos novios, aunque ella hacía unos meses se había trasladado a su pueblo.

Durante casi todo el trayecto y como viajaba yo solo en el cajón del camión y sentado sobre mi maleta, me recuerdo que me hacía la pregunta de cuándo y a dónde sería mi último destino en la Guardia Civil, aunque ésto, se me antojaba tardaría una eternidad en llegar.

Pocos desplazamientos hube de hacer en los treinta años que después de aquello continué en el Cuerpo, aunque si fueron algo mas los cambios de destino, pero la mayoría dentro de la misma ciudad de Málaga. De aquel mi primer cambio de destino y desplazamiento, hacen hoy CINCUENTA Y SIETE AÑOS, pero también veintisiete de mi jubilación.

Sin ninguna duda, mi traslado aquí a Málaga ha sido lo mas afortunado que me ha sucedido en toda mi vida. Conseguí muchas amistades dentro del Cuerpo, destinos extraordinarios, aunque no exentos de responsabilidades, aunque peque un tanto de vanidoso, conseguí una consideración entre mis superiores, un gran afecto de todos mis compañeros, y por añadidura y EL COLMO DE MIS DICHAS, conocí a la mujer que lo fue todo para mí, y con la que forme la familia mas maravillosa que pueda darse. En aquel 10 de octubre de 1951, nunca me hubiera podido imaginar lo que este cambio me supondría para todo mi futuro. BENDITO EL DÍA EN QUE SOLICITE MI PASE AL PUESTO DE ADUANAS DE MÁLAGA.

jueves, 9 de octubre de 2008

Marchando, dos de aniversario

Cuando uno ha vivido la cantidad de años que yo tengo, raro es el día que no se cumpla el aniversario de algún acontecimiento que de alguna manera haya afectado en el devenir de tu propia existencia. Concretamente, en el día de hoy 9 de octubre, esta circunstancia se cumple en mí por partida doble. Comencemos por orden cronológico el relato de ambas efemérides.


Como cito anteriormente era el día 9 de octubre, pero de 1936. Por tanto todavía no hacía tres meses desde el inicio de la Guerra Civil española, y toda mi familia, más la de todas las de las hermanas de mi madre, nos habíamos trasladado desde mi pueblo a un cortijo del olivar conocido como de "Don Manuel Velarde", distante de Villaharta unos cinco kilómetros y todo como consecuencia de dos o tres bombardeos que habían efectuado en el pueblo las avionetas "fascistas", aunque ninguno de ellos produjo víctima alguna, pero el miedo era libre.

Sobre las once y media de la mañana de aquel día, mi padre, que había sido designado por el Frente Popular como guarda forestal, llegó al cortijo donde nos encontrábamos diciendo que tuviéramos preparado todo, aunque escaso, equipaje con que contábamos por si hubiera que salir huyendo hacia Pozoblanco, dado que el ejército de los fascistas estaban rompiendo los frágiles frentes de guerra de los pueblos limítrofes a Villaharta. Esta misión la iba realizando mi padre por todos los caseríos de a unos cinco o seis kilómetros a la redonda del pueblo.

Unas seis horas después de la primera incursión volvió mi padre todo precipitado, diciendo que a la mayor brevedad íbamos a iniciar nuestra marcha conforme a lo anunciado en la primera, dirección a Pozoblanco. dado a que los fascistas se aproximaban a Villaharta.

No más de media hora había transcurrido cuando la caravana de toda la familia se ponía en marcha. Desde varias cortijadas de los alrededores llegaban grupos de familias enteras con el mismo propósito y dirección que nosotros.

Entre estos grupos que llegaban, venía uno en que estaba una prima hermana de mi madre llamada Carmen, que, por hallarse en avanzado estado de gestación y el sobresalto del momento, se puso de parto, e iba pariendo a lomos de un asno de cuyo cabestro tiraba su marido y otros familiares iban sujetando a la parturienta. Esta circunstancia especialísima hizo que todas las familias que caminábamos próximas, tuviéramos que pernoctar en un cortijo distante del que habíamos partido no mas de tres o cuatro kilómetros, ya que la llegada al mundo del nuevo neófito era inmediato. Efectivamente y ya tendida sobre unos colchones en el suelo y atendida por varias mujeres, acabó pariendo la prima Carmen. Demos por terminado este acontecimiento y volvamos a mi entorno familiar mas íntimo.

Mi familia entonces estaba compuesta por el matrimonio y cinco hijos, de los cuales yo era el mayor. Como medio de transporte contábamos con un mulo llamado "morito". En dicho semoviente se habían cargado, unos colchones, mantas y otros enseres de cocina. Mi hermano Cesáreo que me seguía a mí en edad, todavía no había cumplido ocho años, le encargaron el cuidado y conducción de una cabra que teníamos y que nos facilitaba dos o tres litros de leche diarios, que era una parte importante de nuestro sustento. Mis otros dos hermanos, Antonio y José, de seis y cuatro años, respectivamente, iban subidos en el mulo entre los colchones y mi padre al cuidado de ellos, de la caballería y también llevando un pequeño bulto a sus espaldas. Mi madre caminaba con dos o tres bultos, uno de ellos a la cabeza y otros a la cintura o asidos por sus manos. Por último, mi hermana, única hembra de la prole, contaba con dos años y medio de edad. En aquellos momentos yo tenía la misma edad que hoy tiene mi nieto Pepe, el mas pequeño de todos, o sea once años y algunos meses.

Con el dispositivo que cito anteriormente, apenas las primeras claras del día se hicieron asomar por el oriente de aquel 10 de octubre, y desde el cortijo donde habíamos pernoctado, continuábamos nuestros inicios del exilio rumbo a Pozoblanco, cuya distancia sería de unos 25 kilómetros aproximadamente. Tal vez os hayáis dado cuenta de no haber citado la misión que a mí se me encomendó en aquel discurrir, pues fue nada más y nada menos, que cargar con mi hermana a cuestas durante todo el recorrido, que como digo no era inferior a los veinticinco kilómetros. Era la caída de la tarde cuando llegábamos a nuestro primer punto del destino de nuestro exilio. Pese a mis once años y como era el mayor, me tocó llevar a mi hermana a cuestas durante aquel largo caminar. A este respecto, tengo que hacer constar, que este hecho no produjo en mí ninguna alteración problemática en el desarrollo de mi persona, sino que siempre lo consideré, y tras el paso de SETENTA Y DOS AÑOS, lo sigo considerando un deber de colaboración que las circunstancias imponían.

Este exilio, duró dos años y medio. En otra entrada continuaré narrando todo el devenir.

Ahora vamos al segundo de los aniversarios que se cumplen en esta fecha, y este gracias a Dios no tan trágico como el anterior, aunque una circunstancia familiar le restaba un tanto de la alegría que el hecho en sí merecía.


Hoy se cumple el 15º aniversario de la boda de mi hija, de la que yo fui el padrino. Parece que fue ayer y como consecuencia de tal enlace, dos nuevos nietos han venido para unirse a los cuatro que ya tenía, y que el mayor, Jorge, ya tiene 13 años y el segundo, Pepe, tiene once, como cito ,la edad que yo tenía cuando salimos huyendo de Villaharta, durante la Guerra Civil.

Cuando un hijo se casa, en vez de perderlo, se dice que se gana otro, pero realmente el sentimiento interno que se tiene, es que algo se va de ese entorno, que si es el primero empieza a desgajarse y cuando es el último, como en este caso lo fue, termina el desgaje total. Siempre en los padres, se mezcla la alegría y la satisfacción de que ese hijo, y que gracias a Dios en los míos, en todos ha sido así, comienzan a forjar una familia que les colme de felicidad y la llegada de hijos al matrimonio, con ese otro sentimiento de la mengua de componentes de esa familia que fue y que por imperativos de esas uniones, jamás volverá a serla tal cual.

Todo el discurrir en la boda de mi hija fue de lo mas entrañable y perfecto que se de deseaba, pero sólo en el sentimiento de dos personas, reconcomía una situación, que por desgracia fue sucediendo como ambos temíamos. Estos, éramos mi mujer y yo.

Tan pronto, y como me temía he nombrado a mi mujer, acuden a mí unas lágrimas de tristeza, recuerdo y agradecimiento hacia ella. Con toda seguridad, pocas mujeres ha habido ni habrá, que más se hayan preocupado y entregado por el porvenir y cuidado de sus hijos, como lo fue la madre de los mios.

Desde unos meses antes del casamiento de mi hija, su madre venía notándose un decaimiento paulatino en su estado de salud, pérdida de peso y un color amarillento en su piel, que tanto ella como yo, aunque cada cual nos lo teníamos guardado para nosotros mismos, sospechábamos que ello pudiera ser el inicio de algún trastorno importante en su estado de salud. Sin que se lo dijera abiertamente, en no pocas ocasiones le daba a entender que debía de someterse a un reconocimiento médico, pero ella ante el temor de que ese hecho conllevara un periodo de tiempo inmersa en visitas, análisis y reconocimientos que le impidieran el dedicarse enteramente a la preparación de la boda de su hija, lo fue posponiendo hasta que por fin se celebró el casamiento.

Lo que a partir del siguiente día de la boda comenzó, vamos a dejarlo por hoy, para no enturbiar un tanto la dicha, el recuerdo y todo lo que después ha supuesto aquel 9 de octubre de 1993.

Ambos hechos expuesto hoy en este mi blog, lo fueron hitos importante en el devenir de esta mi larga existencia.

martes, 23 de septiembre de 2008

¿Será por echar años atrás?


Como prometí hace dos días, vuelvo nuevamente al tajo, pero esta vez retrocediendo SETENTA AÑOS, ni más ni menos.

Sin poder concretar las fechas exactas, en aquel mes se dieron dos circunstancias en el seno de mi familia. La primera, y sería sobre mediados del mes de septiembre de 1938, a mi padre lo movilizaron para llevárselo a la guerra. Entonces, a mí me parecía que mi padre era casi un anciano, cuando contaba solo con cuarenta años de edad.

Cuando se despidió de mi madre, de mis hermanos y de mí, yo entonces tenía la edad que hoy tiene mi nieto Jorge y recuerdo que mi padre que como yo, era muy fácil de lágrimas, llorando a lágrima viva, cuando se despedía de mí, que por cierto fui el último, recuerdo exactamente la recomendación que me hizo y fue la siguiente: "Tú que eres el mayor, tienes que hacer ahora de padre para con tus hermanos y ayudar a tu madre en todo lo que necesite". Con la perspectiva de setenta años atrás, reconozco hoy que semejante recomendación me la tomé bastante a pecho y pese a mis trece años, me revestía de autoridad para con todos mis hermanos, reprochándoles e incluso regañándoles, por hechos o circunstancia que yo consideraba no era lo correcto en su comportamiento . A mi padre lo destinaron al frente de Extremadura. Tardamos cerca de un mes en tener noticias suyas. Tras recibir su primera carta, nos sirvió un tanto de tranquilidad, ya que nos comunicaba que era un frente muy tranquilo y hacía varios meses no se habían producido ningún combate.

Unos diez o doce días después de la marcha de mi padre, yo me coloqué de pastor, con un rebaño de ovejas de unas trescientas cabezas, que pertenecía a los Servicios de Intendencia del Ejército Republicano. Me asignaron un jornal de diez pesetas diarias, pero el dinero no servía para nada, ya que nada había que se pudiera comprar. Se carecía de todo. Lo que mas creo empujó a mi madre a que me colocara como tal, fue el hecho de que cada diez o quince días, nos facilitaban un pequeño racionamiento de artículos de primera necesidad, tales como azúcar, arroz, garbanzos, aceite y otros artículos, pero todo en cantidades ridículas. El encargado de llevarnos este racionamiento, era un Comisario Político de Batallón, sobrino del Mayoral que mandaba en mí, que yo tenía la categoría de zagal y de otro hombre mayor que el citado mayoral. Ambos se llamaban José, y también los dos eran de Pozoblanco.

Seis meses justos, sin descansar ni un solo día, duró mi ejercicio como "zagal", que lo fue hasta el final de la Guerra Civil. Lo mío, hasta el final transcurrió con la normalidad propia de la misión a que estaba destinado, pero el último día fue uno de los mas amargos para mi madre en toda su vida. Yo también lo pase mal. Tal evento, precisa un entrada exclusiva para relatar lo sucedido.

Con el temor propio de que a mi padre le sucediera algo en el frente de guerra. pasaron los seis meses hasta que terminó la contienda. A partir de entonces comenzó un verdadero calvario para toda la familia, que duró aproximadamente un lustro. Ya lo contaré el día que me disponga a ello.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Pasaron 60 años

No sé si es hoy, fue ayer o sería mañana, cuando se cumplen los SESENTA AÑOS, del día mas nefasto en cuanto a mí personalmente se refiere. Pero seguro que en uno de los tres días que cito, se ha cumplido del 60º aniversario, de lo sucedido en el relato que a continuación voy a exponer.

Serían también aproximadamente, las 12'50 horas que son en este momento, de aquel ya lejano día, cuando mi amigo y compañero de fatigas Casimiro Fernández Ferrer y yo, salíamos desde Villaharta camino de la Ballesta, para comenzar nuevamente nuestro trabajo en la mina, después de dos años y medio que lo dejamos para incorporarnos al Ejército. A tal fin, el día anterior a que me refiero ahora mi camarada Casimiro y yo nos habíamos presentado a Don Marcelino, que era el jefe de la explotación minera, para manifestarle que pretendíamos incorporarnos nuevamente al trabajo en la mina y a lo cual tenía la obligación de admitirnos. Ante nuestra presentación y requerimiento, nos citó para el día siguiente y al segundo relevo que se iniciaba a las dos de la tarde.

Como sabéis por mis entradas anteriores en este blog, los dos años y medio anteriores que había pasado en la mili, lo hice en las oficinas de Capitanía lo que para mí era en plan señorito y tan distinto y distante de la rudeza del trabajo en el campo y en la mina, que hasta entonces había sido mi actividad, desde la mas temprana juventud, o para mejor decir, desde mi adolescencia. También lo he dejado expuesto en otras ocasiones que mi propósito cuando me fui a la mili era el de no volver más al denostado trabajo de la mina. Las circunstancias dispusieron lo contrario.

Así serían alrededor de la una de la tarde salíamos los dos recién licenciados del Ejército, a patita camino de la Ballesta que distaba unos seis o siete kilómetros del pueblo. ¡Cuánta amargura se apoderaba de mis sentimientos en aquellos momentos! ¡Qué oscuro porvenir se vislumbraba en mis pensamientos! ¡Qué ser tan insignificante me consideraba a mí mismo¡!Con estos pesares, llegué, acompañado por Casimiro, a nuestro destino. La explotación minera en aquellas fechas se hallaba en pleno declive, pese a lo cual era obligatoria nuestra admisión.

Quiso la casualidad de que a los dos reciÉn llegados, y solamente a los dos, nos mandaron a trabajar en un frente de carbón en una de las galerías del pozo número 6, para abrir una serie de barrenos que con su posterior "pega" con dinamita, proporcionar el correspondiente desplome de carbón. Este trabajo debería realizarse por barreneros o picadores, categoría que ninguno de los dos habíamos tenido antes, pero la falta de personal y la escasez de otros trabajos, nos asignaron el mencionado.

Provistos de barrenas y picos, comenzamos nuestra faena, que por la dureza del trabajo y que la callosidad de nuestras manos habían desaparecido durante nuestro servicio militar, agraviado con la escasez de oxígeno en la galería que carecía de la pertinente ventilación, no sé el tiempo que habría transcurrido, mi amigo Casimiro y yo, caímos desfallecidos en el lugar del trabajo y cuando fueron a vigilarnos y descubrir el estado en que no encontrábamos, hubieron de sacarnos al exterior y yo lo primero que noté fueron los guantazos que el jefe Don Marcelino me estaba dando en la cara para que volviera en sí. En idéntica situación estaba mi colega. Cuando estuvimos totalmente reanimados, nos indicaron que volvíeramos al trabajo y cada espacio de tiempo corto, saliéramos a la boca de pozo, o sea al principio de la galería junto donde se comunicaba con la luz del pozo, donde se respiraba con normalidad.


A las nueve de la noche terminó aquella jornada. Las manos las teníamos llenas de ampollas. Las sienes nos torpedeaban la cabeza como si dentro de ella tuviéramos alguien golpeándonos con un martillo. Más que el desgaste físico producido por la jornada de trabajo, era la pérdida total de la moral que había bajado hasta hallarse por debajo del nivel del suelo. Y ahora quedaba el recorridos de los seis o siete kilómetros hasta llegar al pueblo. Nunca hasta entonces, ni gracias a Dios tampoco después, me he sentido un ser tan insignificante y deprimido. Y si todo ello no era bastante, no se me quitaba de la memoria de que tal había sucedido aquel día, me esperaba al siguiente, al otro, al otro........ y así, hasta sepa Dios cuando. Cuando aquella noche una vez llegado a mi casa, lavado, ya que en el trabajo no existían duchas ni sitio donde poderse lavar y metido en la cama, confieso en este momento, que por vez primera en mi vida, lloré ante el desencanto sufrido y la dificultad que veía para resolverla.

Mi amigo Casimiro, un par de años después ingreso en la Policía Armada, pero pocos mas tarde falleció. Fue el primero que murió de todos los "quintos". Sin duda hace mas de treinta años de su fallecimiento. Él no puede celebrar esta efemérides. Yo sí, y con la alegría de cuan distinta es a lo que presentía en aquel infausto día.

Dentro de breves fechas, haré mención a otro aniversario, pero diez años anterior al que se refiere la presente entrada en el blog.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aniversario del final de mi vida en el Ejército


Día 17 de septiembre de 1948, por tanto hoy se cumple el 60º aniversario de aquella efemérides.
Cuando todos, o casi todos los componentes de mi reemplazo, el de 1946, marchaban locos de contento hacia sus casas, de donde habíamos salido el día 6 de abril del mencionado año 1946, yo a diferencia me debatía entre la satisfacción de haber terminado una etapa forzosa de mi vida, aunque yo pude no hacer el servicio militar, de haberme quedado trabajando en la mina de carbón donde me encontraba en el momento de incorporarme al Ejército, como creo he referido en alguna entrada anterior en este mi blog, y la incertidumbre de lo que pudiera ser mi futuro profesional. Si cuando me marche a la mili, lo hacía abrigando alguna esperanza de no volver al lugar de mi procedencia de trabajo, o sea a la mina dependiente de la Empresa "Coto Hullero La Ballesta", donde había permanecido los dos años anteriores a mi partida. Todos los trabajos que había realizado en faenas agrícolas antes de entrar enla mina, los había sobrellevado con cierta complacencia, dado también a que efectivamente ni mi preparación, ni por supuesto la escasez de posibilidades de optar por otra clase de actividad, lo hacían casi imposible. Pero por circunstancias que ahora no vendrían al caso y, un tanto largo de contar, me puse a trabajar en la mina, cuyo trabajo a medida que iban pasando los días, menguaban mi entusiasmo al punto de que al final casi llegaba hasta aborrecer tal actividad.
Dado a que como sabeis, durante mi periodo de vida militar, donde llegué como jornalero agrícola de profesión, terminé hecho todo un bastante aceptable escribiente-mecanógrafo. Estos conocimientos adquiridos en el Ejército, en mi pueblo no había posibilidad de ejercitarlo, dado a que solo existía una plaza de auxiliar administrativo en toda la localidad, que era en el Ayuntamiento y estaba ocupada. Así, ante todas las circunstancias expuestas mi porvenir laboral se me presentaba bastante oscuro, o sea, en las entrañas de las galerías de la mina nuevamente, donde pese a estar en gran decadencia la mencionada explotación del "Coto Hullero La Ballesta", tenían la obligación de admitirnos a todos los que salimos de allí para incorporarnos al Ejército dos años y medio antes.
Como ha quedado expuesto, creo que bastante claro, el hecho de haber sido licenciado del Ejército no me proporcionaba la alegría que en todo caso hubiere deseado.
Cuando tomé el tren en la estación de la Plaza de Armas de Sevilla, me coloqué al cuello una especie de escapulario, que un compañero de de la oficina en Capitanía, llamado Manuel Arroyo Clares, del que me parece cité en una entrada de hace algún tiempo en este blog, que lo recuerdo por haber hecho mención a que tenía una hermana que era todo un monumento al cuerpo femenino y a la belleza. En el referido escapulario y con letras góticas bastante bien trazadas, podía leerse. "ADIÓS SERVA LA BARI Y LAS MUCHACHAS DE LA CIUDAD JARDÍN". Ese nombre de "Serva la Bari" a Sevilla, no puedo explicar porque es, dado a que lo ignoro. Lo de las muchachas de la Ciudad Jardín, era que había tenido dos novias en la mencionada barriada sevillana.
Con estas tribulaciones, llegaba a mi pueblo sobre la puesta de sol de aquel lejano 17 de septiembre de 1948. Dentro de 4 días, haré si Dios quiere nueva entrada en este mi blog, para hacer constar las resultas inmediatas a esos temores que me impedían celebrar como se merecía mi licenciamiento del Ejército.