jueves, 17 de septiembre de 2015

Hombre bueno


No se porqué se me ha venido a mente el escribir hoy sobre el tema que da título a esta entrada. Y es que como alguien dice que soy "mu pensaor" y solo hago darle vueltas al trole, mira por donde acordándome de mi abuelo paterno, al cual cuando menos no puedo recordarlo de cómo pudiera ser, pero si sé que cuando yo nací era Juez de Paz de mi pueblo y entonces el acta de mi nacimiento está firmada por él, dado que entre otras de las misiones que se encargaban a dicha clase de Jueces, lo era el del Registro Civil de la localidad, y al haber visto yo y consultado la referida acta de nacimiento, de ahí me viene  el conocer ese detalle de mi abuelo paterno, que se llamaba Rafael Galán Fuentes.

Pero como ya habréis observado, no es de esa cuestión de la que quiero, y así haciéndolo estoy, escribir en esta entrada, si no sobre la titulación de la misma, que no es otra que la de "HOMBRE BUENO".

Comenzaré diciendo que estos Jueces, cuando menos en tiempos de mi niñez y juventud,  no era necesario que tuvieran conocimiento de derecho, no sé a propuesta de quien, ni así mismo quien los nombraba, pero si que habían de jurar su cargo ante el Juez de Primera Instancia e Instrucción del Partido Judicial al que correspondiera la localidad donde habían de ejercer, y otra de sus misiones era resolver los expedientes de juicios de faltas que se sucedieran por la comisión de infracciones que estuvieren tipificadas como tales en el Código Penal.

Como citaba al principio del párrafo anterior y dado a que la inmensa mayoría de los mismos carecían de la formación jurídica para los fines que eran nombrados, misión que les era informada por, en mi pueblo por ejemplo, el Secretario del Ayuntamiento, que a su vez también lo era del Juzgado de Paz.

Y aquí si viene ya lo de la titulación de la entrada. Cuando, generalmente por la Guardia Civil o por los Guardas Jurados, era denunciada alguna persona por una infracción que no constituyera delito, y por tanto se encargaba de ello el Juzgado de Paz, antes de celebrarse el juicio oral correspondiente, solían ser citadas las partes para el "Acto de Conciliación", que se llamaba, y así lo sigue siendo. En las citaciones que por el Secretario se expedían y firmadas por el Juez de Paz, a cada una de las partes se les exponía el detalle de que debían de comparecer al citado acto, acompañados de "HOMBRE BUENO", y que realmente los mencionados hombres buenos, eran en la inmensa mayoría de las ocasiones, los que decidían la solución que debía dársele al caso, y que generalmente era aceptada por las partes, sin que se llegara a la celebración del juicio correspondiente. Recuerdo de dos vecinos del pueblo, ya bastante mayores cuando yo era niño, que estaban considerados como "hombre bueno", uno se llamaba Bartolomé y otro Fausto.  Esta información me fue facilitada por mi padre, y no sé, si lo fue a petición mía, o que vendría al caso por algún motivo.

Recién finalizada la Guerra Civil, nombraron un Guarda Jurado que era conocido por el apodo de "El Chiquín", de triste recuerdo por una cuestión, que según decían, sucedió a un familiar mio. Pero también estaba enemistado con mas de las gentes de medio pueblo, ya que denunciaba por las cosas mas insignificantes, al punto de que tuve la ocasión de ver muchas de ellas, y no pocas lo eran por lo que denominaba "arrollamiento de propiedad" que consistía que una persona pasaba por la finca sin consentimiento del propietario, aunque la finca estuviere de erial, o sea sin cultivar ni labrar.

He citado el dato del "Chiquín", que creo estaba clasificado todo lo contrario, de lo que el Juez de Paz, recomendaba a los infractores de faltas cometidas, de ir acompañados, no de este guarda jurado, si no de "hombre bueno".

Hoy, no dudo de que existan también infinidad de "hombres buenos", pero no creo lo sean con la imparcialidad que para el trámite de todos aquellos casos se comportaban los de entonces,  al punto de que como he dicho, lo que ellos decidían en sus resoluciones, eran aceptadas sin reparo alguno por las partes implicadas.

Bueno puede ser que alguien considere un "rollo", esto que he escrito hoy, pero cuando menos novedoso para la mayoría si creo lo ha sido.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Viaje al pasado


Ayer realicé un viaje de esos que pueden clasificarse de ir al pasado, pero no de un pasado reciente, si no nada menos que de sesenta y cinco años atrás. Ayer estuve, diremos que en el emplazamiento donde estaba ubicado el primer cuartel de la Guardia Civil en el que me alojé cuando yo  ingresé en el Cuerpo.

Ello me llevó, a tener dos impresiones, pero totalmente opuestas la una a la otra. ¿Y por qué digo esto? Sencillamamente porque así fue. Y lo fue, primero, porque me hizo una gran ilusión de volver a aquel lugar donde llegué por primera vez precisamente el día 27 de julio de 1950, cuando tenía veinticinco años de edad y comenzaba mi andadura por la que había elegido como profesión, que lo era como Guardia Civil. Pero lo contrario me sucedió, y que fue la decepción sufrida, cuando el ambiente aquel que rodeaba todo el  entorno donde permanecí catorce meses desempeñando mi servicio, estaba totalmente desconocido y tan diferente a como lo era cuando por primera vez llegué, que si no hubiere sido por dos cuestiones fundamentales, dificil me hubiere resultado  decir, que aquello era lo que me encontré y existía a mi llegada.

Comenzaré diciendo que aquel cuartel estaba ubicado, junto a lo que le daba su nombre, que lo era junto a una de las torres que a lo largo de la costa malagueña la jalonan, aunque ella lo fuera; y siéndolo sigue,  de forma cuadrangular y las demás lo son; de forma redonda, y cuya torre se denominaba, y aun se la sigue llamando "Torre de la Sal", la cual daba el nombre al Puesto de la Guardia Civil constituido en aquel acuartelamiento que oficialmente era, Puesto de Torrelasal" (así, de corrido era su nombre).

La otra cuestión, era todo aquello que la propia constitución física de la costa, desde las inmediaciones de la lengua del agua hasta el interior del mar adentro, como nartural resulta no podía haber sido modificado, entre ello tambien una roca que sobresale de la superficie y a la que se le conoce con el nombre de "Piedra Paloma".

A unos doscientos cincuenta metros del acuartelamiento, en aquellas fechas, existía un pequeño cortijo que se conocía por María Burgos, que sin duda sería el nombre de su propietaria. A partir de todo lo reseñado, todo era campo abierto, donde los cigarrones podían saltar a su antojo, donde las lagartijas corrían a sus anchas y se alimentaban de cuantos insectos hallaban por doquier, en donde los niños, hijos de mis compañeros del Cuerpo,  jugaban sin impedimento alguno en sus correrías, y donde junto al cortijo antes citado existía una fuente de donde nos proveiamos del agua precisa y de la que se carecía en el edificio del acuartelamiento. Pero de todo esto, ya nada existe, el cortijo ha desaparecido y el solar que ocupaba el mismo y   todo aquello que era campo, está cubierto de edificaciones como viviendas en las que seguro seran propiedad de gentes de diferentes paises, e incluso continentes;  que  próximo a cuanto baten las olas  y a la izquierda de la torre conforme se mira hacía mar adentro, existe uno de los llamados chiringuitos, y que en aquellas fechas, era el lugar donde los varones residentes en el cuartel realizábamos nuestras necesidades fisiológicas al carecer  donde poderlo realizar en el interior del cuartel, que de las edificación del propio cuartel no queda señal ni siquiera de sus propios cimientos, y así un largo etcétera, que deja totalmente irreconocible en varios kilómetros a la redonda todo aquello que desde el tan repetido cuartel podía divisarse.

Contemplando ese panorama, se me venía al recuerdo que con toda seguridad ninguno de los nueve compañeros, comenzando por el Brigada Comandante de Puesto, el Cabo y siete Guardias, además de mí, que componiamos la fuerza del mismo, solo yo continuo por estos mundos de Dios, y que algunos de los mismos fallecieron hace mas de cincuenta años.

Que yo cuando allí llegué con la categoría inferior en el Cuerpo, como era la de Guardia 2º, hoy hace ya más de treinta y cuatro años que estoy "retirado", como se dice en el argot de la Guardia Civil a la jubilación,  y que lo hice con el empleo de Subteniente; que actualmente, tengo uno de mis hijos que perteneciendo al Instituto en el que yo ingresé con la inferior categoría de todas, el ostenta la máxima (la de General); que aquellas 420 pesetas de sueldo, mas 189'58 de gratificaciones, lo que hacía 609`58, resulta el citarlo hoy, una cantidad irrisoria, que el acuartelamiento donde residian varios componentes del Cuerpo y algunos con esposas e hijos, careciera de luz eléctrica, agua corriente,  e incluso de servicios donde realizar sus necesidades fisiológicas, y todo lo demás que citado llevo, me lleva a tener que aceptar el como se encuentran todos aquellos entornos y la propia desaparación del edificio del acuartelamiento, y el reeconocer que yo mismo voy ya formando, que se yo, aunque sea una cienmillonésima parte de la historia en la época en que me ha tocado vivir. Y así, mirándome al espejo, digo para mis adentros, yo he ido cambiando a la par que lo han hecho todas esas cuestiones que he tocado en esta entrada. Por ende, y como he citado en varias ocasiones, el cambio en todos los órdenes de la vida desde que comencé a tener conciencia de mi existencia, hasta este momento en que estoy terminando de redactar esta entrada y por el medio que lo estoy haciendo, como solemos decir, sin eufemismo en su definición, los viejos, eso de "cómo pasan los años".

Pero eso sí, por momentos y en esos instantes en que mis pies hollaban aquellas partes en que lo hice, hacía sesenta y cinco años, mis sentimientos volvieron a ser aquel joven Guardia segundo que el 27 de julio de 1950, llegaba a Torrelasal. No obstante, puedo decir henchido de alegría, que nunca, nunca, nunca, ni siquiera en mis mas ilusionantes sueños. podría siquiera haber intuido lo gratificante que Dios y el Destinos me han deparado con el paso de todo ese devenir.

 

Hasta la próxima entrada.

sábado, 5 de septiembre de 2015

La serenata



Como en no pocas ocasiones, mi amiga Carmen Mancera ha señalado, en mis tiempos los jóvenes como en los pequeños pueblos no había casi nada, o para mejor decir nada, donde ir pasando el tiempo, nos las habíamos de ingeniar a fin de tratar de hacerlo más ameno y divertido posible y que sin duda la mayoría de las veces se conseguía el pasar "buenos ratos", o pasarlo güay como hoy se dice.

También, por cuanto se refiere al hecho, que cuando yo era joven le dábamos a echarnos novia, pero otra clase de novia a la que hoy se estila, lo ensalzábamos al punto de que cuando se formalizaba un noviazgo, incluso te llevaba al principio, de pasar las noches de vela en vela, y creo, aquellos amores tan adentro del alma llegaban, que quizá, y no tan quizás. era uno de los eventos mas importantes que se te daban a lo largo de la existencia.

Una de las costumbres que durante mi juventud existían en mi pueblo, era el de "echar una serenata". ¿Y en que consistía echar una serenata? Pues nada menos, pero también nada más, que siempre ya de madrugada, aunque a primeras horas de la misma, con algunos instrumentos musicales, interpretarle debajo del balcón o junto a la ventana, donde ella dormía,  alguna pieza de las que mas en boga estuvieran en esos momentos, o de esas que suelen hacer época, y nunca pasan de moda,  a la mujer que pretendías o ya era novia tuya.

En aquellos mis años mozos, y con esto quiero rendirle un humilde homenaje, había dos señores, uno creo de la edad de mi padre poco mas o menos, incluso tenía una hija que era uno o dos años mayor que yo, llamado Bautista, era zapatero, estaba viudo y tocaba la guitarra bastante bién, para lo que en el pueblo había.  Otro, éste justamente diez años mayor que yo, se llamaba Rafael Pérez Molero, pero conocido por el apodo de "Tonete", y que tocaba el laud, tambien bastante bien y de los pocos que en el pueblo tocaban tal instrumento.

Generalmente cuando estábamos reunidos unos cuantos jovenzuelos (a lo mejor sin llegar siquiera a los veinte años), y un tanto alegres tras habernos tomados unas copitas. Los que tenían novia, o alguno de los que a lo mejor pretendíamos de amores a alguna mocita del pueblo,  se nos venía el deseo de echar una serenata, y hála, enseguida ir a buscar a Bautista y a Tonete, que incluso algunas veces se les cogía ya acostados, llamábas a la puerta y le pedías por favor que querías, junto a otros,  ir a echar una serenata a las novias o pretendidas, y no recuerdo de que, salvo que estuvieren enfermos, se negaran a ello ni una sola vez, y accediendo al favor pedido, con sus respectivos instrumentos en la mano, allá que recorriendo varias calles del pueblo y dirigiéndonos junto a las casas donde residían las elegidas, entre ambos concertistas y algunas veces acompañados por el coro formado por los serenatistas, se tocaban y cantaban una o varias canciones de las que mas famosas lo fueran, bien por estar de actualidad o aquellas que como citaba anteriormente, nunca pasan de estarlo.

Los que leyendo hasta ahora lo habeis hecho, seguro os habréis preguntado cuánto nos costaban los músicos... Y sorpresa, ni un céntimo. Ellos, si podía decirse lo " hacían por amor al arte " y nunca mejor dicho, y lo único que pillaban era alguna copita del licor o bebida que contuvieran las botellas que llevábamos y que de vez en cuando se echaba una rueda.

Y aunque parezca el decirlo un tanto exagerado, cuando en el silencio de la noche escuchabas de aquellos dos hombres, de lo que uno podía ser tu padre, y el otrro diez años mayor que tú, poniendo todo su sentimiento, como lo hacían, lanzaban al viento la notas de aquellas canciones, conseguían erizarnos el vello,  y en muchas ocasiones la joven a quien se dedicaba la serenata, abría  la ventana o el balcon donde dormía y se asomaba para dar las gracias, o también la madre de la misma con igual motivo, en raras ocasiones lo hacía el padre, el que dedicaba la serenata no podía por menos que darse por henchido de satisfacción, aunque esto parezca un tanto cursi el decirlo, pero así era.

Aquellas serenatas nos restaban algunas horas de sueño, dado que generalmente se hacían en los días festivos y al siguiente casi todos, o todos los asistentes, incluso los músicos teníamos que ir cada uno a su trabajo, pero bien merecía la pena, por la satisfacción y el deleite  que aquellos momentos nos proporcionaba.

Como citaba en un párrafo anterior, con esta entrada a la vez que señalar uno de esos tantos de mis recuerdos, rendir dentro mi humildad, un señalado recuerdo y homenaje a Bautista  y Tonete, por aquellas muchísimas horas de sueño y de tañer sus instrumentos, la guitarra y el laud, y todo ello sin exigir ni percibir contraprestación alguna.

Y ahora, e independientemente del tema expuesto en esta entrada y como quiera que momentos antes de comenzarla  he estado leyendo algunos comentarios puestos por mi gran amigo Daniel Torres a entradas anteriores. Amigo Daniel: te digo una cosa, ojalá pudiera yo leer los comentarios que me colocas en cada una de ellas antes de yo escribirlas y así tendría la mejor de las bases donde aprender algo y con ello poder mejorarlas en lo que posible fuera, aunque no creo pudiera siquiera con ello ir a tu zaga, pero algo se me pegaría. Y me repito, amigo Daniel gracias por ello, que lo que me demuestras es que me cuentas como tu amigo y que para mí eso, es el mayor de los honores que puedas hacerme. Un abrazo.

Hasta la próxima.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ciclismo en pista medio fondo tras moto



Hasta algunas clases de deportes desaparecen con el paso de los años. Hoy contemplando por televisión la etapa de la Vuelta Ciclista a España, se me ha venido al recuerdo, aquella clase de ciclismo que creo se llamaba "ciclismo en pista medio fondo tras moto" o algo parecido, que durante los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. fue muy popular, y de lo que tuvimos en España un campeón del mundo cuando menos cinco o seis veces, y de España, otras tantas o más, que  se llamaba Guillermo Timoner, y creo era mallorquín.


Era una clase de deporte muy interesante y expectacular, se corría en pista y el ciclista lo hacía siguiendo una moto, que en la parte trasera llevaba una especie de rodillo y que el mismo pegaba la rueda delantera de la bicleta al citado rodillo, y seguro iría dando instrucciones al motorista para que corriera a mayor o menor velocidad, el caso es que la rueda de la bicicleta rara vez se separaba del rodillo de la moto.

Aquella especialidad de deporte creo desapareció de la noche a la mañana y jamás volvió a verse competición alguna, ignorando la causa o motivo por la que se perdió, pues yo creo que tenía un número de seguidores lo suficientemente ámplio para que hubiere continuado y sin duda, yo era uno de los que me admiraba la habilidad y lo acompasado que el ciclista había de llevar con su bicicleta la velocidad que, como he dicho antes, le iría dando instrucciones al motorista la que había de llevar.

Minuto 8:33



A la par que esta clase de deporte, ya desaparecido, se me ha venido al recuerdo, lo he asimilado también con aquel inigualable locutor, que tan sabiamente lo hacía, radiando toda clase de deportes, corridas de toros, y cualquier otro evento, llamado Matías Prat Cañete.

Oír, no oír, escuchar, una radiación realizada por Matías Prat, que como digo, lo mismo daba de retransmisión deportiva o de cualquier otra índole, era una verdadera delicia y tan dentro de todos los radioyentes llegaba, que no pocas veces cuando he presenciado algunas de las  retransmisionmes por televisión, no es que pueda comparársele, teniendo en cuenta el medio empleado, pero se vivía tal lo estuviera uno presenciando en directo.

Matias Prat Cañete, natural de Villa del Río de la provincia de Córdoba, que como todos sus paisanos y provincianos, exceptuando los de la parte norte y occidental de la provincia, "seseaban", o sea no pronunciaban la "ce", ni la "zeta", tan brillante locutor, solía emplear un truco que pasaba desapercibido para los oyentes, y era que en lugar de la "c" o la "z", que no sabía pronunciar, lo hacía sustituyéndolas por una "f", que dejándola a medio pronunciar y haciéndolo con rapidez, tapaba la falta, y así por ejemplo en vez de "decía", él pronunciaba "defía", o en vez de "cazador", lo transformaba en "cafador", pero tan a tiempo lo efectuaba, que como he citado pasaba totalmente desapercibido, salvo para quienes sabíamos que empleaba tal truco.



Desde aquel campeonato del mundo de 1950, que fue radiado por Matías Prat, a través de Radio Nacional de España, hasta los muchos años después que continuó en activo, no mis coetáneos los nonagenarios, si no incluso los de algunas decenas de años menos, gozamos durante muchos años de aquellas incomparables retransmisiones y que solo el invento de la televisión pudo suplirlas, y dado el medio, no digo que no, superarlas.

Todas estas cuestiones de lo tratado en la entrada de hoy, me delatan como lo sobrado de años que estoy.

Hasta la próxima.

domingo, 23 de agosto de 2015

Recordaciones


Esta mañana al entrar en Facebook, me encuentro con la fotografía de una sobrina mía y su hija, tras una mesa en la que se exhiben, deben ser seguro las réplicas, de dos copas de Europa y la del Mundial de Fútbol ganadas por la Selección Española, y que están en el Ayuntamiento de mi pueblo para que sean vistas por todos los villaharteños y villaharteñas que lo deseen. Ello de entrar en el Facebook lo fue tras haber jugado una partida al dominó por Internet con un brasileño, residente en su país naturalmente.

Abundando en lo que alguna persona dice de mí, que soy "mu pensaor", y como por lógica suele sucedernos a los que sobrados de años estamos, rebobinando mis recuerdos he llegado hasta allá aquellos tiempos en que la luz eléctrica y poco después, el teléfono, llegaba a mi pueblo, y de los que, de ambos acontecimientos fui testigo presencial.

Tan de importancia fueron ambas cosas, que en el siguiente carnaval a la llegada del teléfono, que en una comparsa de jóvenes féminas en una de las coplillas se decía lo siguiente:

Se está poniendo Villaharta,
que da gusto de vivir,
a la altura de Madrid.

Así era la importancia que suponía la llegada de dicho  medio de comunicación a mi pueblo.

Aunque luego en otra copla, también en el repertorio de aquella comparsa, no concordaba mucho con la anterior, o sea que el pueblo no estaba tan en condiciones como se le cantaba, por que era del tenor:

Señor Antonio Molina, 
Alcalde de Villaharta,
que nos arregle las calles,
que es lo que nos hace falta 

Pero esto que antecede, solo lo traigo a colación para, y creo en esta ocasión no cabe eso de que "toda comparación es odiosa", comparar el como se vivía en aquella mi infancia, niñez, adolescencia, e incluso juventud, de los años treinta, cuarenta e incluso algunos de los cincuenta del pasado siglo, a como se hace en la actualidad.

Si la llegada del teléfono al pueblo fue un acontecimiento, mucho mayor fue el de la electricidad, pues creo lo he dicho en varias ocasiones, la tarde noche que dieron la luz por primera vez, junto al transformador que hubo de construirse, nos agolpamos gran cantidad de gente, sobre todo creo que todos los niños del pueblo y en el momento que se oyó el chasquido de una especie de reloj, formándose una gran algarabía, y de pronto se encendieron todas las bombillas del alumbrado público colocadas a unos cuatro metros de altura y en el centro de cada calle y a la distancia de una a otra  de unos cien metros, y al propio tiempo se daba también la luz a los hogares que solo habían contratado un solo punto de luz, por el que se pagaban diez céntimos diarios. Así como se apunta la luz pública y la privada se encendían y apagaban al mismo tiempo, salvo los escasos hogares de los mas pudientes que concertaron un contador y varias luces en sus casas, que esos si tenían luz todo el día y pagaban con arreglo al consumo realizado mensualmente.

En estos tiempos, cuando con relativa frecuencia veo publicadas las estadísticas que se citan el número de familias que están en el " umbral de la pobreza ", me pregunto si con el mismo barómetro que se hace hoy, se hubieran hecho en aquellos tiempos, no se la calificación que  se hubieren dado a un porcentaje muchísimo mayor al de hoy, pero cuya catalogación no lo hubieren sido el "umbral", si no inmersos totalmente en la más profunda de las pobrezas, y que como al principio citaba en tal caso, la comparación entre aquellas situaciones a las que hoy se viven, no es que sean odiosas, si no bienaventuradas.

En aquellas casas, en una proporción cuando menos de un 95% donde había un solo punto de luz, el mínimo mobiliario,  utensilios,  útiles de cocina y otros, escasamente para prestar los servicios imprescindibles, hay hoy un televisor, un teléfono móvil, varios electrodomésticos, un ordenador,  unos armarios con algunas prendas de ropa de cada uno, donde entonces solo había un baúl que contenía todas las ropas de una familia de seis u ocho miembros, y así sería un largo etcétera, donde ni siquiera se podría hacer comparación alguna.

Así, a veces conviene el recordar de donde venimos, y aunque resulte odiosa como se dice, comparar con aquello que atrás dejamos, y démonos a gozar de cuanto, aunque hoy nos parezca poco, tenemos y agregarle ese latiguillo que suele decirse, de "mejor lo que Dios quiera". Los que tan avanzados en años estamos, si un mínimo de sensatez nos queda de lo que el paso del tiempo nos ha dado, no podemos por menos que gozar hoy de esta vida, que ni a soñar que nos hubiéremos echado, podríamos haber siquiera esperar que lo fuera tal lo está siendo para la inmensa mayoría de aquellos que nos tocó vivir  tiempos tan difíciles.

Yo no es que sea un conformista redomado, pero no olvido tampoco aquellos tiempos en  que me tocó vivir junto a toda mi familia mas próxima, y que se hacía extensiva  a la inmensa mayoría de las familias de España y seguro a la de la mayoría de los países, donde, como diría Cervantes de la cárcel, toda incomodidad es permanente, y por lo que a mí respecta, viviendo una última etapa de mi vida estoy, como entonces casi nadie, y lo digo tal lo era,  solía hacerlo. Y añado, ojalá a mis hijos,  mis nietos, e incluso los que le precedan, les alcance a ellos tal cual a mí me ha llegado.

Hasta la próxima entrada, que tendremos al mes de agosto seguro dando sus últimas boqueadas y a ver si el calor también.

domingo, 16 de agosto de 2015

Pasada la Virgen de Agosto

Sendero de peregrinación a la Villa de Candelaria desde La Victoria de Acentejo, Santa Cruz de Tenerife

Ayer fue la festividad de la Asunción de la Virgen, llamada popularmente la Virgen de Agosto. Hoy me han venido al recuerdo, tres efemérides de este día, aunque de ello haga ya mas de setenta años.

De los cinco años que estuve trabajando en la finca de la Calera, que por lo repetitivo que estoy siendo con citar esta finca, es demostrativo que la misma formó parte importante en mi devenir desde la adolescencia hasta el inicio de mi juventud. Pues como digo de esos cinco años, tres por lo menos que yo recuerde, según concertábamos con el entonces arrendatario de la finca, un grupo de seis o siete hombres, nos marchábamos a la mencionada finca una vez pasara la Virgen de Agosto, y que como indico, por lo menos tres años lo hacíamos tal día como hoy, pero allá de los del principio de los años cuarenta del pasado siglo.

La Calera, 14 de agosto de 1999
Puerta de entrada al cortijo. Al fondo, fachada y puerta de entrada a la fábrica de aceite "Molina". A la derecha, costado del edificio "Los Aceituneros"

Si dijera que aquello, y cuando contaba por ejemplo, 16, 17 y 18 años de edad, me producía una gran alegría, teniendo en cuenta que estaba nada menos que a unos diez o doce kilómetros de mi pueblo, que todas las noches pernoctábamos en el cortijo, la mayoría solteros y jóvenes, que permanecíamos en aquella finca hasta allá por lo menos el mes de abril del siguiente año, y con escasas visitas al pueblo y solo por necesidades, de cortarnos el pelo o reposición de comestible o ropas a medida que el tiempo iba cambiando, que el cotidiano vivir de cada día lo era de la cama y cortijo al trabajo, y de éste al cortijo, y que aparte de los cinco, seis o siete compañeros del trabajo, solo en el mismo estaban dos personas más, como lo eran el casero y su esposa, cuantos tengáis la osadía de leer esta entrada, seguro os preguntaréis, qué clase de juventud éramos nosotros, o por lo menos yo.

Pues sí, tal lo digo, cuando menos a mí y con seguridad a la mayoría de los demás, nos producía ese efecto. Raro podrá parecer en estos tiempos, cuando llevamos mediado exactamente el paso del mes de agosto del año 2015. Pero como no me cansaré de repetirlo, y como tantas veces lo he dicho, los "hombres" somos la consecuencia del tiempo que nos ha tocado vivir. Y aunque parezca un tanto exagerado, el mantener la supervivencia en las personas, es el principal objetivo que se persigue. Y cuando se estaban atravesando aquellos malditos "años del hambre", donde miembros de algunos colectivos, tales como por ejemplo los presidiarios, en  no pocas ocasiones llegaron hasta el fallecimiento por desnutrición,  el contar por una temporada de varios meses con un trabajo seguro, que aunque jornal mísero, y mucho mas para poder hacer frente a la adquisición de los artículos de primerísima necesidad que por las circunstancias tan poco al alcance de aquellos jornales estaban, pero sí, para poder ayudar a la supervivencia del uno propio y de las familias, que para ello, lo tan menguado suficiente resulta, nos dábamos  por  bien empleada aquella situación. Nuestros propios méritos y sentimientos, nos bastaban, o cuando menos lo hacíamos que así fuera, gastándonos bromas, cantando, contando historias, las mas de las veces inventadas, sobre todo si alguno de ellos había hecho ya el servicio militar, y alguno de los demás, una historia de amor que solo estaba en la mente del que lo contaba, por mi parte sacando alguna coplilla de cualquiera de las circunstancias que hubieren ocurrido en el desempeño del trabajo o contado por alguno de ellos, la recogida  de los frutos del campo que se iban dando en el paso de los días, en los ratos que se daban para el descanso o "cigarro", como se le llamaba, se iba dando paso a los días y que a repetirme vuelvo, con todo ello hasta divertido, puedo decir que lo hacíamos.

Y para mí, y contado lo tengo muchas veces, como de siempre he sido de no mucho dormir, sobre todo en este tiempo de verano, y por tanto, tan pronto nos incorporábamos a la finca, por las noches una vez cenado que solíamos hacerlo tan pronto anochecía, y mis compañeros se acostaban y se entregaban al merecido descanso y sueño reparador, yo me salía al inmenso patio de la cortijada, sacaba una banqueta, me sentaba junto a uno de los cinco o seis olivos que había en el mismo, a la vez que que fumándome un cigarro y veía elevarse la volutas de humo que de mi boca exhalaba y disipándose en el espacio terminaban, contemplaba a la vez aquel cielo limpísimo de polución y preñado de estrellas que hasta parecía se peleaban entre ellas por no querer ceder espacio alguno para sus compañeras, aquel deleite digo, tan dentro de mi ser lo llevo todavía, que de vez en vez lo traigo al recuerdo y aun me produce ese regodeo del disfrute sublime que en pocos momentos de la vida suelen darse. Demasiados años han pasado de aquellos momentos, pero no me importaría volver a vivirlos en presente, aunque ahora por lo menos el porcentaje que el cigarro añadía a aquella contemplación, tendría que hacer el sacrificio de realizarlo, por los tantos que también hace. que dejé de hacerlo.

Tan afortunado me siento de haber vivido aquellos años, tal lo hice, que los considero unos de los felices de mi existencia.

La Calera, 14 de agosto de 1999
Vista general de la Solana del Pino desde la carretera Obejo-El Vacar.

Tal vez podáis decir que exagero un tanto aquellas vivencias, pero así las sentía, y tal las vivía así las cuento.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 10 de agosto de 2015

El tiempo vuela

En este instante, en que me proponía realizar una nueva entrada en el blog, me doy cuenta que hace ya ocho días que verifiqué la última, y así a bote pronto tenía la sensación de no haber transcurrido mas de dos o tres jornadas de haberlo hecho. Realmente, como con frecuencia suele ocurrirnos a los pasados en años, llegamos a la conclusión de lo inmisericorde que el tiempo lo es  con nosotros y por fuerza nos hace volver la vista atrás, y cuando la volvemos de nuevo al frente, nos produce el vértigo que la velocidad excesiva suele ocasionar.

Estando próximos los días en que comenzará la feria de Málaga, por ese no se qué sentir de los mayores hacia el pasado, se me han venido al recuerdo aquellas ferias de hace sesenta o mas años, cuando yo llegué a esta Málaga de mis entrañas.


Como quiera que entonces yo era un gran aficionado a la fiesta de los toros, se me ha venido al recuerdo que en aquellos días la venta de entradas para las corridas de la feria, se realizaban en las taquillas que la empresa "Martín Estévez" titular del arrendamiento de la plaza de toros, ponían en la parte trasera del Café Español, cuya fachada principal daba a calle Larios y ocupaba gran parte de la acera izquierda, conforme se bajaba desde la entonces Plaza de José Antonio hacia el puerto.

Los toreros de mayor renombre entonces, lo eran Luis Miguel Dominguin (padre del cantante Miguel Bosé), su cuñado Antonio Ordóñez (sin duda el de más categoría de la saga de los Ordóñez, cuyo padre era el llamado "Niño de la Palma"), el onubense Miguel Baez "Litri", Julio Aparicio, Pepe Luis Vázquez, el toledano Gregorio Sánchez, la saga de los hermanos venezolanos, César, Curro y Rafael Girón, Diego Puertas en sus comienzos de novillero con Paco Camino, los hermanos Bienvenida, el cordobés Manuel Calero "Calerito" (aunque no de lo mejor que ha dado Córdoba), el también cordobés José María Montilla (Manuel Benítez "El Cordobés" llegaría unos años más tarde), y así un largo etcétera, y un albaceteño que se jugaba la vida a base de revolcones, como lo era Chicuelo II.

En calle Larios estaba entonces en todo su apogeo la cervecería "La Mar Chica", donde pese a lo pequeña que era, sin duda se consumía allí una parte importante de la cerveza en Málaga. Y para poder hacerse una idea de como era la Málaga de aquellos tiempos, primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo, en la Acera de la Marina donde se encuentran hoy esos grandes bloques de edificios, entre ellos donde esta la Diputación Provincial, eran unos solares donde se instalaban los Circos, y para mayor abundamiento de datos, lo que hoy es el Hotel Málaga Palacio, era un solar de una casa medio derruída, según me decían, por una bomba lanzada durante la Guerra Civil.

La Calle Larios era peatonal, donde solíamos pasear la juventud, enlazando el itinerario de dicha calle con el Parque, pero no por haber sido declarada como tal sucede hoy, al haberlo dictado un bando del Ayuntamiento, si no por que entonces pocos coches había para transitar por la misma.

Rebinando lo que era aquella Málaga a la que me he estado refiriendo en esta entrada, y comparándola con la de hoy, ha ganado en su calidad y categoría de todo orden, incluso, que ya es decir, más que yo en acumular años, pero Dios me tiene intactos mi principales sentidos y cualidades, para poder estar gozándola actualmente, cuanto mis facultades me lo permiten, como antaño lo hacía, también según mis circunstancias. Aquéllas, más activas e ilusionantes; éstas, mas sosegadas pero quizás mas jugosas por cuanto a su disfrute y deleite. Lo único que menos me convence es el comprobar, como "EL TIEMPO VUELA", y por ende, ello se va acumulando sobre nuestras vidas, que ojalá yo tuviera la facultad de regularlo, pero claro, no faltarían los que por ello se sublevarían contra mí... Así que dejémoslo tal está.

Hasta la próxima, que ya tendré unos pocos días más.

domingo, 2 de agosto de 2015

El paso de los días y sus circunstancias

Reloj de flores, Parque García Sanabria, Santa Cruz de Tenerife


Metidos en Agosto estamos ya. Nuevamente otra vez he tenido necesidad de pasar por el quirófano a fin de serme estirpado un minúsculo tumor en la nariz, que espero no sea muy malo del todo.

El paso de los días cuando a estas alturas de la vida se llega, no deja de aportarnos de vez en vez alguna que otra contrariedad, aunque también, y por lo que a mí respecta, otras dignas de celebración.

Tantas son las que llevo sobre mis espaldas, por suerte muchísimas más las bienaventuranzas, que las que lo han sido como esta última, que no pocas veces me he preguntado: "y cuando yo ya no esté aquí, ¿dónde pasarán todas estas circunstancias?" Todo esto que ha ido conformando mi devenir por la vida, y solo lo que a mi persona exclusivamente se refiere, será recordado alguna que otra vez, primero con relativa frecuencia, por mi entorno familiar mas próximo, y esa frecuencia se irá espaciando poco a poco en el tiempo, hasta que finalmente será llevada al recuerdo por última vez, sin duda por alguno de mis descendientes, y ahí termina todo, lo que para mi haya supuesto, y que así lo ha sido, un disfrute total de mi venida a este mundo.

Pocas son las personas que huella de su vida dejan por tiempo indefinido, debido a que su aportación al mundo, contribuyó en algún modo a ser recordados por el bien que ello supuso a la humanidad, aunque otros lo fueron, y seguirán siéndolo, por su villanía tan abyecta, que ni el paso de las generaciones puedan perdonarle su proceder. Pero,  y la inmensa mayoría de los seres humanos, que en nada tuvimos la desgracia de poder aportar algo digno a esa humanidad, ni tan poco la suerte de no compararnos con lo de los segundos, que dejaron su impronta mas de salvajismo impropio de un ser humano,   ¿donde reposará el recuerdo de nuestras vivencias.? Sin duda quedaran sepultadas, en ese inmenso archivo de la vida que se llama olvido.

¿Y para eso tantos engreídos en su paso por este mundo creyéronse el ombligo del mundo? Pues sí. Aunque al mundo llegamos todos con las mismas posibilidades, unos, por distintos motivos y circunstancias, comenzando por el seno de la familia en que tuvimos la dicha de venir, se nos fue indicando la senda a seguir, y a la vez puliendo el talante necesario para ello, siendo así que nuestro sendero, ha estado en su mayoría jalonado de esa bienaventuranza de la que otros carecieron, bien por méritos propios, o por no haber sido agraciados con quienes tuvieron el deber del bien conducirlos.


Relojes blandos de Dalí

Creo que he comenzado por recordar que el pasado día 30 de julio tuve la necesidad de pasar otra vez por el quirófano, y me he metido en un "jardin", como suele decirse, en donde ni capacidad, ni preparación para ello tengo, si no ello correspondería a otras personas que con base para ello estén capacitados, pero a veces el sentimiento comienza a caminar por una triste vereda o camino de cabras como se les conoce al que transitado por esos animales han dejado su huella en el campo, y poco a poco comenzamos a desviarnos del mismo, y terminamos, como a mi me ha pasado, por una autopista que para recorrerla carezco de vehículo apropiado, y solo lo hago, con mi humilde y lento caminar paso a paso, como es lo máximo que un nonagenario puede verificarlo. Si con ello parezca que lo ha sido tal vez con una intención presuntuosa, pido perdón por ello, pero puedo jurar que lo ha sido solo por haberme imbuido en el sentir al mirar hacía atrás, y luego al girar mi vista al frente. me he topado con ese discernimiento, que se me ha venido a mente. Pero sea como fuere, escrito ha quedado y de ello me responsabilizo, y doy mi palabra, que si en algo he pecado, mas lo ha sido por ignorancia que por soberbia.

Vamos a dejar por hoy esta entrada, no vaya a ser que siga metiendo la pata "hasta el corbejón", como es lo máximo que puede meterse, y en la próxima a ver si mis sentimientos me llevan por sendero más humilde y  por donde a mi me corresponde caminar.

Hasta la próxima.


El Pensador de Rodin

domingo, 26 de julio de 2015

Sesenta y cinco años de malagueño

Málaga, c. 1950

Tal día como hoy, pero del año 1950, llegaba a esta bendita Málaga.

Pese a todo ello, y en los diez días que permanecí en mi pueblo desde la salida de la Academia hasta que hube de incorporarme, y sin duda por la gran  alegría que  suponía el conseguir tan humilde empleo, me había resignado al destino a la Comandancia que entonces lo era la 137ª. Mala impresión me causó cuando desde la citada estación hasta el Cuartel llamado de Natera, por hallarse sito en el  entonces denominado Pasillo de Natera, hubimos de recorrer todo ese trayecto, por supuesto a pie, y bordeando todo el cauce del Río Guadalmedina, el cual se hallaba lleno de escombros y basuras, asi como la inmensa mayoría de sus calles estaban bastantes sucias.

Tras verificar la presentación de la expedición, de la que yo venía como jefe de la misma, y que con tal motivo me llevé una pequeña reprimenda, nos informaron fuéramos a otro Acuartelamiento también denominado Segalerva, donde nos asignaron una cama, con sus correspondientes sábanas, de las que recuerdo hubimos de abonar la cantidad de diez pesetas para el posterior lavado de las mismas una vez usadas por nosotros.

Cayendo la tarde estaba cuanto terminábamos todo este proceder, y en solitario me dispuse trasladarme hasta el puerto donde vería el mar por vez primera. Atracado en el Puerto estaba entre otros, el buque denominado J.J. Sister, lo que me hizo gran ilusión de que de tal barco me había hablado mi padre de que treinta años antes le había transportado hasta Melilla cuando estaba prestando el servicio militar en dicha plaza. Ese barco y el entonces también Vicente Puchol, realizaban ese servicio entre las ciudades de Málaga y Melilla, y los cuales tenían diferente apelativo, según se encontraran atracados en alguna de ellas, asi si lo estaban en Málaga a ambos buques se les conocía por "El melillero", y si lo eran en Melilla, se les llamaba "El malagueño". Asimismo a Melilla, al igual que a Ceuta, en aquellos tiempos, se las denominaba Plazas de Soberanía Española.

Al siguiente día, o sea el 27 de julio de 1950, me incoporaba al Puesto de Torrelasal, situado en la misma orilla del mar y perteneciente al término municipal de Casares, y que no más de una horas después de incorporarme y verificar la correspondiente presentación ante el Brigada Comandante de Puesto, me zambullía en aquellas tranquilas y cristalinas aguas que aquel día presentaba el mar. Por supuesto, como bañador me servían los calzoncillos que puestos llevaba y aunque, en compañía de dos compañeros permanecimos no más de media hora, y no utilicé crema alguna, aquella tarde y noche estaba como un salmonete.

Cuántas ilusiones y esperanzas pasaban por mis pensamientos en aquellos días en que me estrenaba como Guardia Civil, y que ya el cambio experimentado como tal Guardia y lo que atrás dejaba como era el trabajo en el campo y en la mina, ya era bastante, parecía no conformarme y mis expectativas trataban de penetrar en el futuro, y me daban la sensación de conseguir aún algo más de lo que hasta entonces conseguía. Por el momento, me conformaba y trataba de ir disfrutando lo que tenía, pero si mis esperanzas parecían decirme que se irían cumpliendo, nunca, nunca, nunca, ni mis propios sueños llegaban entonces a sospechar lo que el paso del tiempo me fue dando, al punto de que no terminaré de dar gracias a Dios lo feliz que esta bendita tierra y ciudad de Málaga han llegado a darme y hacerme. Si entonces me hubieran preguntado, que es lo que desearía, y sabiendo lo que ha pasado en estos sesenta y cinco años, seguro estoy, diría solamente y nada más, que lo que ha sido. Y no es que mi condición lo sea de un conformista total, si no que tan beneficiado en todos los órdenes, tanto en lo profesional como personal, lo he sido, que el exigir algo más, sería como suele decirse, el ofender a Dios y al Destino, cuanto otorgado me ha sido. Las adversidades que me han ido sucediendo a través de mi ya larga vida, siempre las consideré como un gravamen natural que el paso por este mundo lleva consigo, lo mismo que esos impuestos con lo que hemos de contribuir para hacernos una vida mas cómoda y llevadera para toda la colectividad.

Tan conforme me hallo con mi devenir, que a mi descendencia, solo les deseo las mismas, y no mas, bienaventuranzas de las que yo gocé, gozo y espero seguir gozando hasta el fin de mis días.

Hasta la próxima entrada que ya llevaré más de sesenta y cinco años como malagueño, sin que tampoco renuncie a mi estatus de villarharteño-cordobés.


Málaga, c. 2015
Fuente: La fototeca de Rafita

jueves, 16 de julio de 2015

Festividad de la Virgen del Carmen en 1950


 Virgen del Carmen a su salida de la Iglesia de la Concepción
Santa Cruz de Tenerife (16-julio-2015)

¿Es que tuvo algo especial aquella festividad de hace hoy sesenta y cinco años ? No y sí. Y no es una contrariedad ese no y ese sí.


Comenzaré por esa negación que es lo primero que cito. Y digo no, porque que yo sepa, ni la Iglesia, ni ciudad alguna de España, por lo menos hubiere motivo para solemnizar, aún más, la festividad de la Virgen del Carmen. Pero al propio tiempo, también digo sí, por lo que a mi particularmente se refiere. Y aunque pueda parecer que peco de engreído o presuntuoso, asumiendo en beneficio propio la festividad del día, creo que no es eso, o para mejor decir la festividad de la Santísima Virgen del Carmen, si no ciñéndome concretamente al día 16 de julio de 1950. Y aquí, tal vez si se me pueda tachar de algo de lo que anteriormente he citado, pero si alguien considera que eso pueda ser, pido perdón por ello, y por añadidura al tratarse de la importancia que tal día lo haya elegido para motivar una entrada en este blog, siendo la causa tan simple, para el resto de los mortales, lo que me ha llevado a ello. Y los que tengáis la curiosidad u osadía de entrar a leerla, posiblemente, cuando menos, os resbale el que hoy lo haya sacado a colación.


Virgen del Carmen en Calle La Marina
Santa Cruz de Tenerife (16-julio-2015)



Pero bueno, que parece que no me atrevo a mencionar el motivo del porqué de esta entrada, y que, con toda razón es natural que lo penseís cuando realmente lo exponga, y sin mas disquisiciones, allá va...


Tal día como hoy de hace 65 años, y  creo que aproximadamente a esta hora de las siete y media de la tarde, llegaba a mi pueblo y me presentaba ante mis padres, luciendo mi honroso uniforme de Guardia Civil. No me extraña os haya producido una sonrisa al exponer un hecho tan simple y habiendo estado dándole todo bombo que le estoy dando. Y aquí, si pido perdón por que, no es la importancia que  el hecho en sí tenga, pero puedo asegurar, que la ilusión y a la vez lo que a lo largo de estos sesenta y cinco años transcurridos, ese mero hecho tan simple de ser un humilde Guardia Civil, me llevó a gozar de toda esta larga vida pasada, a sentirme tan gratificado por todo cuanto ello y su consecuencia me ha dado, que hoy, aquel insignificante uniforme que por vez primera me veían lucir mis progenitores y a los que le producía tanta o más ilusión que a mi, sin duda, y sin poder ni soñar siquiera lo que llegó a suponer, aquel simple acto y motivo digo, no lo cambiaría por el mas alto título o dignidad que me hubieran podido ofrecer. Y es que no es lo que se recibe, si no como se recibe y acomoda al ser a quien le llega, lo que le hace a ese ser, el disfrute o el rechazo según a su forma y modo lo administre.


Bueno que parece, según yo le estoy dando trascendencia a aquel lejanísimo 16 de julio de 1950, debía figurar en los calendarios españoles como fiesta nacional por tal circunstancia, pero no en los calendarios, pero si en mis sentimientos está calificado como uno de los principales hitos en todo mi devenir por la vida. Y como he citado antes, por nada de lo que en este mundo exista admitiría la transacción por la consecuencia que hasta hoy me ha estado proporcionando y espero así siga.



Hasta la próxima, que procuraré no aparentar tanta grandeza a tan simple hecho. Pero a veces, los sentimientos no pueden moldearse a lo que pueda parecer mas proporcional, si no hay que dejarlos salir tal se han forjado en nuestro sentir.

sábado, 11 de julio de 2015

Festividad de San Benito



Hoy celebra la Iglesia la festividad de San Benito, patrón de Europa. También hoy lo celebra el pueblo de Obejo de la provincia de Córdoba, distante del mío unos quince o veinte kilómetros. Aunque hace hoy siete años hice una entrada en este blog sobre el mismo tema, y dado que el hecho a que me refería entonces, y hoy también, es el mismo, es sin duda uno de los mas lejanos  que mas nítidamente guardo en el recuerdo, y también aunque mi editor enseguida se de cuenta de que esto sucedió hace esos siete años, no voy a privarme de ser reiterativo, dado a que ello me produce una gran satisfacción moverme por los mismos pasos.

Resulta que en el verano de 1930, como años antes sucedía, y en los tres o cuatro siguientes también en otras partes, me salieron unos diviesos en una parte delicada de mi infantil cuerpo, por lo que en vista de ello, mi madre echó la promesa de que si aquellos malditos granos sanaban sin dejar consecuencias, al año siguiente me llevarían a Obejo, para estar presente en la procesión del Santo, que se celebraba, y aun se sigue celebrando, en esta fecha, en la ermita donde se venera, sita en unos encinares no mas distante  de un kilómetro de la localidad.

Como quiera que los diviesos sanaron como eran los deseos de mi madre, y también claro de mi padre, y por lo dolorosos que resultaban, también yo, había que cumplir lo prometido.

Cuando aún no había amanecido aquella esplendida mañana del año de 1931, utilizando una burra que había en la casa, siendo aparejada y colocándole la enjalma que para las grandes festividades tenía, acompañando a mi padre salíamos de mi pueblo para cumplir la manda hecha por mi madre. Cuando podrían ser las diez de la mañana y llegábamos a la inmediación de la ermita de San Benito, las chicharras con sus chirriantes cantos anunciaban el calor que ya se hacía sentir. Amarrada el semoviente al tronco de una de los centenares de encinas que había por el entorno, recuerdo que acompañando a mi padre entramos en la ermita y sentados en un banco estuvimos rezando unos minutos. Una hora mas tarde aproximadamente se iniciaba la procesión por los alrededores de la ermita. Terminada la cual y aún con el Santo todavía fuera, en una pequeña explanada un grupo de danzantes portando unas espadas, creo que de madera, y cogidos cada uno a la espada de su compañero, realizaban el danzar alrededor del que podía ser uno que deberían  ajusticiar, y hasta que finalmente quedaba rodeado por el cuello de todas las espadas de los demás.

Todo el hábito que vestía el Santo en la procesión, iba casi cubierto de pequeños billetes de diversos valores de pesetas, y de muchas figuras de partes del cuerpo humano, tales como piernas, manos y otras, que sin duda debieran ser según la promesa hecha, si bien mi padre no recuerdo colocara nada, sin duda porque  la manda hecha, lo sería solo asistir a la procesión.

Mi padre llevaba colocado el traje de novio que utilizó más de siete años antes en su boda y era cuanto solía colocarse en las grandes solemnidades. Yo recuerdo solo que llevaba como vestimenta una camisa blanca de manga corta, un pantalón corto, zapatos y  colocado un sombrero de paja, de ala redonda, y rodeado por una cinta de lana de color rojo y en los dos extremos de la cinta, un madroño del mismo género.

Terminados todos los actos de la misa y la procesión, serían cerca de las dos de la tarde y hacía un calor sofocante. A lomos de la burra salíamos hacia un punto donde almorzar, como en mi pueblo se le llamaba a la comida del medio día, y cuando llevábamos recorridos unos dos kilómetros y en un pilar que existía en la orilla de la carretera de donde salía un gran chorro de un agua riquísima y fresquita, mi padre estuvo llenando la botija que una vez vaciada de la que contenía por lo caliente que estaba, mi padre y yo bebiendo  tanta como necesidad de ello teníamos, y en el pequeño estanque donde caía la del caño, la burra hacía otro tanto. En aquel estanque nadaban diligentes no menos de treinta o cuarenta peces de colores que despertaron en mí un grandísimo deseo de haber cogido alguno de ellos. A unos ciento cincuenta o doscientos metros perpendicularmente hacía abajo del pilar y la carretera existía en un rastrojo de cebada una enorme encina en la que mi padre decidió daríamos buena cuenta de las viandas que mi madre nos había preparado. El animal fue despojado del aparejo y amarrada en una encina próxima a la que nosotros habíamos elegido comenzó también ella a comer de cuanto había a su alrededor.

Terminada la comida, mi padre utilizando los elementos del aparejo, preparó dos camas en las que esperaba echáramos una buena siesta, pero cuando yo me dí por convencido de que mi padre estaba dormido, me dirigí hasta el estanque del pilar, donde me dispuse a pescar alguno de aquellos preciosos pececillos lo que me hubiere hecho el más feliz de los mortales.  Al principio intenté cogerlos a mano, pero no había forma de coger alguno y en vista de la imposibilidad de conseguirlo, intenté hacerlo con el sombrero, pero aunque alguno solía estar cerca de ser pescado, al ser elevado el sombrero a la superficie, el pez escapaba sobre el agua que rebosaba. Pero aunque todos mis intentos resultaban baldíos yo no cesaba en el empeño y así no se que tiempo llevaría, cuando despertando mi padre de su ligera siesta llevándose gran sobresalto al contemplar que yo no estaba echado en la cama ni en su alrededor, pero enseguida al dirigir su mirada por los alrededores me vio de que yo estaba sobre las paredes que formaban el estanque y dándome una ligera voz me ordenó fuera inmediatamente donde el se encontraba, echándome una ligera regañina, pero lo que me dolía en el alma era la desilusión de no haber podido hacerme con alguno de aquellos peces de vistosos colores, que yo hasta entonces no los había visto siquiera.

No sé si por esa visita a San Benito en tan temprana edad, el caso es que siendo ya un adolescente y también después de joven, recuerdo haber ido a las fiestas de San Benito en varias ocasiones, una de las cuales fue en las del año de 1944, que lo hice en compañía de dos amigo míos, con los cuales me hice una fotografía delante de un cartel que tenía pintado un buque de guerra y que llevaba consigo el fotógrafo por la feria de todos los pueblos. 





El que aparece en la parte delantera de la fotografía, se llamaba Antonio Suárez Molero, era cinco años mayor que yo y hace mas de treinta que falleció; el de enmedio se llamaba Florentino Escribano Valero, era de mi quinta y también falleció hace unos quince años, y el de atrás, como no, soy yo y todavía andurreo por estos lares. Esta visita a las fiestas de San Benito en Obejo, como todas las demás que realicé, excepto la primera que me llevó mi padre, lo hacíamos andando, tanto la ida como el regreso, y así paso a paso salvábamos la distancia de unos quince kilómetros que separan aquel pueblo del mio.

La hospitalidad de los vecinos de Obejo, cuando menos en aquellos tiempos, era extraordinaria, al punto de que con unos vecinos del mismo que estuvimos tomando unas copas, y luego en el baile, a cada uno de nosotros tres, nos llevaron otros tantos a dormir a su propia casa, y recuerdo que en la que yo pernocté estaba frente por frente al Cuartel de la Guardia Civil. Tras darme un opíparo desayuno en la mañana siguiente, y despedirme de aquella familia que tan generosamente me acogió, mis dos amigos y paisanos tras reunirnos a la hora que la noche anterior acordamos, tomamos el camino de regreso a Villaharta. Así era el modo y manera de divertirnos en mi juventud, además de que por ejemplo los desplazamientos no había otra forma de realizarlo, si no lo era andando o con caballerías, porque ni siquiera éramos poseedores de una triste bicicleta, aunque la distancia a recorrer por carretera, era casi el doble de hacerla a pie, pero para asistir a unas fiesta donde además solía hacerse noche, lo mas acertado era hacerlo a patita. Pero como en esa del año de 1944, que mi amigo que figura en el centro de la foto y yo, contábamos diecinueve años de edad, y en los pies mas que zapatos, parece que teníamos alas, si querias pasar un rato de diversión, aquello era lo que te costaba.

Ni un solo año se pasa que llegando esta fecha no me acuerde de las fiesta de San Benito en Obejo, y como he dicho antes, el recuerdo mas entrañable es la de la primera vez, cuando tenía seis años. Ochenta y cuatro se cumplen hoy.

Hasta la próxima entrada.

sábado, 4 de julio de 2015

Galbana


Con el soporífero día que hace hoy en Málaga, y como quiera que la tengo, se me ha venido a la memoria la palabra "GALBANA", y me he dado cuenta  que hacía años no la había escuchado, y es que casi se ha olvidado o cuando menos no  suele utilizarse como se hacía antaño.

El diccionario de la RAE, la define como "pereza o no tener gana de hacer nada.

Allá en mis tiempos, como solemos decir los "mayores", era frecuente oírla, principalmente porque se cogía esa galbana cuando el calor hacía casi imposible el poder tener la menor diligencia para el trabajo en el campo y reiniciarlo una vez terminado el tiempo del pequeño descanso al que solíamos llamar "echar un cigarro". Y es que las faenas del campo, en los años en que yo las practicaba, todo lo que en invierno, si el frío no era muy riguroso, te invitaba a ello para entrar en calor, que realmente se conseguía al poco de comenzar, en estos días de calor que el nublado lo hacía, y lo hace, húmedo y pegajoso, suponía un inmenso sacrificio el lanzarte a ello, y hasta mentalmente se maldecía al "manijero", cuando daba la voz por ejemplo, vamos a echar otro revezo, que era como lo denominábamos al tiempo que se trabajaba entre descanso y descanso, y de lo que no estoy seguro sea correcta la palabra o esté aceptada en el DRAE.

Por pura reminiscencia, la última palabra del primer párrafo de esta entrada, he colocado la  de "antaño", como generalmente era utilizada por los viejos de cuando yo no lo era, cuando se refería a tiempo pasado y lo mismo solían usar la de "hogaño", cuando lo era del tiempo actual.

Ya entonces, a mí, y creo también a los jóvenes como yo, nos chirriaban esas palabras de antaño, hogaño, y también como los más mayores de aquellos lejanos tiempos, solían utilizar la palabra  "reales", al referirse a cantidades de dinero, incluso siendo bastante importantes, como por ejemplo para decir diez mil pesetas, la suprimían por "cuarenta mil reales", lo que a nosotros se nos obligaba a que mentalmente los cuarenta mil reales lo dividiéramos entre  cuatro, que aunque algunos jóvenes de hoy no lo sepan, cada peseta constaba de cuatro reales, y que incluso había monedas de a real y de dos reales, y esto hasta hace pocos años.

Lo que si hasta me da casi vergüenza, es cuando digo que yo he utilizado en algunas comprar, como las de caramelos, las monedas de uno y de dos céntimos, a las que se les llamaba "céntimo chico" y "céntimo gordo", respectivamente, y por ellas nos daban uno o dos caramelos de café con leche. También  las monedas de cinco  y de diez céntimos, eran las "perra chica "  y la "perra gorda".

Por cuanto a todo lo expuesto, no será de extrañar, que los hombres, entre ellos mi padre, utilizaban los calzoncillos blancos, que le llegaban hasta los tobillos, donde se los anudaban, con dos  cintas que tenían en cada una de la parte baja de las perneras. Los niños no utilizábamos pantalones largos hasta tener los catorce, quince o dieciséis años, y  se pasaba vergüenza la primera vez que salias a la calle utilizándolos, y cuando las piernas las tenías ya cubiertas de vello. También las mujeres usaban el refajo, la enagua  el corpiño, y las faldas, no dos o tres dedos más arriba de los tobillos. Como venido de aquellos lejanos tiempos, hasta me extraño de haberme ido adaptando a cada uno de los modos y formas que se han ido poniendo al uso a través de los años, de tantas y tantas cosas, de lo que como suele decirse, si nuestros antepasados levantaran la cabeza, volverían a morir de la sorpresa que habrían de llevarse, por los cambios habidos en todos los órdenes.

Seguro no faltara de quién lea esta entrada, que diga este tío la verdad que es lo que se llama un "vejestorio" y no les falta razón, aunque gracias a Dios lo llevo bastante bien.

Hasta la próxima entrada.

martes, 23 de junio de 2015

Lo que va de ayer al hoy

Santa Cruz de Tenerife
Ayer y Hoy

Cuando a estas alturas de mi ya larga vida, le doy vueltas al magín y pasan por mi mente del modo y forma del como se desarrollaba el vivir cotidiano, cuando menos en los hogares de mi pueblo, y seguro estoy lo era semejante en la inmensa mayoría de España en aquellos años, del que voy a poner como mera  exposición tal lo era en el mio propio, o sea el formado por mis padres y toda su prole, hasta mentira me parece de que tal sucediera como voy a contarlo.

Comenzaré por señalar, lo que hoy resulta hasta ridículo, y es que los hijos tratábamos de usted no solo a nuestros padres, si no también a los abuelos, a los tíos, y en fin a toda persona adulta, ya fuere de la propia familia o ajenas a la misma. Incluso entre los y las jóvenes que no se conocieran, no se permitía el tuteo, si no lo era una vez se llevaba cierto rato charlando entre ambos y a petición de uno de los dos, se proponía el tutearse, se aceptaba de inmediato y se comenzaba a practicarlo. En mi casa, se daba la circunstancia, de que de los cinco hermanos, los cuatro mayores, todos varones, así era nuestro proceder, pero la última de los hermanos, no se si por ser hembra o por haber nacido en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil, ella ya los tuteaba, y así lo hizo a lo largo de toda la vida, al igual que nosotros continuamos tal nos enseñaron desde pequeños. 

Otra de las costumbres imperantes en aquel tiempo, es que las mujeres no podían ni siquiera entrar en los bares. Con respecto a esto, recuerdo en una ocasión que estando yo en la puerta del que llamábamos "casino", sin duda por ser el de mayores dimensiones y estar en mejor edificio que el resto de los demás bares del pueblo a los que se les llamaba tabernas, y mi padre se hallaba en el interior del mismo en compañía de dos o tres amigos, donde creo no solía entrar más de cuatro o cinco veces al cabo del año,  observé como mi madre desde una distancia de unos cincuenta metros me hizo indicaciones de que me acercara a ella, y lo era para decirme que entrara en el casino y le dijera a mi padre que hiciera el favor de salir que tenía necesidad de hablar con él para una cosa urgente, y que había pasado por allí dos o tres veces y no había podido encontrar a nadie que le pasara la noticia de que saliera. No es que no podían entrar en los bares, si no que como le sucedió a mi madre, ni siquiera se atrevían a asomarse a la puerta del establecimiento, con lo que ella hubiera solucionado el problema.

Tampoco los hijos, estaba bien visto que se tomaran una copa de vino o una cerveza en compañía de su padre y si uno estaba en el interior de un bar y llegaba el mismo, con mucho disimulo se salía dejando allí a sus amigos, pero era una cuestión que se veía totalmente normal, dado a que se consideraba una falta de respeto el alterne de padres e hijos en tales establecimientos.

Asimismo, los hijos no fumábamos delante de los padres, y por lo que a mi particularmente respecta, señalo que en el viaje de novios que estuvimos en en mi pueblo, cuando me faltaban unos quince días para cumplir los 31 años, me dijo mi padre que podía fumar delante de él, y entonces fue el primer cigarro que me fumé en su presencia. Mi padre fue un fumador empedernido y si en alguna ocasión le faltaba el tabaco, se ponía de un humor insoportable, y  muchas noches cuando después de cenar yo salía a charlar un rato con los amigos, como tenía por costumbre y él no tenía tabaco, una vez yo salía de la casa me llegaba corriendo uno de mis hermanos diciéndome le dejara unos cuantos cigarros para mi padre que se había quedado sin tabaco. A tal punto se llegaba en la propia relación entre padres e hijos.

Incluso los hombres cuando fallecía un familiar allegado, estaba mal visto que poco tiempo después entrara en los bares, que era una de las normas que había que seguir con los lutos, pero las mujeres durante el cumplimiento de esos lutos, solo podían salir a la calle para realizar cualquier mandado, ir a por agua, o a misa, pero siempre cubierta la cabeza con un pañuelo negro al igual que el resto de su vestimenta. Las puertas de la inmensa mayoría de las casas del pueblo estaban siempre abiertas durante el día, menos en las que se tenía luto que mientras había que cumplirlo estaban cerradas a cal y canto. Durante las Navidades en que los jóvenes salíamos pidiendo el aguinaldo, cuando se llegaba a las casas se preguntaba "¿Se canta o se reza?", y si tenían luto, se contestaba "Se reza" y en vez de cantar unos villancicos, se rezaban unos cuantos padrenuestrtos, salves y credos. Los jóvenes y las jóvenes, se pasaban uno o mas años, sin poder ir al baile, según el grado de parentesco del que había fallecido, por el cual se guardaba luto.

Los novios no podían ni siquiera cogerse de la mano en público, y a lo máximo que se llegaba una vez formalizado el noviazgo, era por ejemplo en los paseos, "ir sueltos de pareja", como se le llamaba a ir solo los dos uno junto al otro, sin mas nadie a su lado pero eso sí, sin tocarse siquiera. En el principio de los noviazgos, se comenzaba por hablar con la novia en la puerta o a través de la ventana de una de las habitaciones que la misma diera a la calle, ello hasta que pasado el tiempo se le pedía permiso al padre de la novia, como se consideraba era el cabeza de familia y autorizaba el poder hablar con ella dentro de la casa. Yo tuve necesidad de hacerlo en dos ocasiones, aunque las dos, lo fue hablando con la madre, dado a que el padre se hallaba ausente ambas veces, por razones de trabajo, siéndome concedida licencia para ello hasta que "volviera su marido". Luego hube de volver a pedirlo lo que ya concedido tenía. Así eran las cosas.

Si en aquellos entonces me hubieren dicho que no hoy, si no hace ya algunos años, las cosas lo iban a ser tal lo son de todo cuanto de contado llevo, hubiere tratado de desquiciado mental quien, estoy seguro ninguna mente de entonces por mas privilegiada que fuera, se hubiere aproximado siquiera a prever que así lo iban a ser.

Quizá yo haya tenido la facultad, aunque en alguna ocasión mejor que otra, de adaptarme a como se han ido modificando esas formas y modos de entender y hacer la vida, y como suele decirse, "si mis antepasados levantaran cabeza", creo volverían a morir al pensar que este no era el mundo que ellos dejaron. Ello sin hacer mención a otros descubrimientos, tales la forma de trabajar, comunicaciones, nivel de vida, etcétera, etcétera. Yo, considero un privilegio haber llegado a vivir tal lo hago, de lo que ni los mas privilegiados de aquellos lejanísimo años podían conseguirlo.

Despertando del sueño, que es lo que me da la sensación traer al recuerdo aquel pasado, doy por terminada esta entrada y palpándome la cara y la cabeza, me confirmo que soy yo y aquí estoy realmente cuando llevamos pasado por casi medio año del décimo quinto del siglo XXI.

Hasta la próxima.