sábado, 28 de marzo de 2015

Día de mal recuerdo



28 de marzo de 1939, día de pésimo recuerdo.

Haré una somera historia, antes de entrar en desentrañar el porqué de citar como día de mal recuerdo el citado 28 de marzo de 1939.

Desde septiembre de 1938, ejercía como zagal en la guarda de un rebaño de ovejas de unas trescientas cabezas aproximadamente, bajo las órdenes del  Mayoral, un tal José, de unos cincuenta años de edad, y otro pastor, un tal Pepe, de unos sesenta, como entre ellos se llamaban el uno al otro,  ambos de Pozoblanco. El ganado pertenecía al Ejército Republicano y por las fechas que cito, lo era durante la Guerra Civil Española. El encargado del mismo era un Comisario Político del Cuerpo de Intendencia del que solo sé, era también de Pozoblanco, se llamaba Bartolomé y era sobrino del Mayoral, e ignoro donde tenía la base de su destino y que posiblemente pudiera ser precisamente Pozoblanco.

Pocos días antes de enrolarme en tal menester, mi padre había sido movilizado y llevado al frente de guerra de Extremadura. Ante la petición para ayudar a los dos pastores en la guarda del rebaño que por decisión del propio ejército republicano lo ubicaron en una finca conocida por Don Elías Cabrera, del término municipal de Pedroche, sin duda requisada al propietario que habría de llamarse así,  en la que se había establecido  un año antes, una Colectividad de Trabajadores, compuesta por hombres, entre ellos mi padre, todos exiliados de sus respectivos pueblos de residencia como consecuencia de haber sido tomados por las fuerzas sublevadas, o fascistas como eran llamadas en zona roja, donde estábamos. Mi madre accedió a ello debido a que ofrecían que, quincenalmente, nos daban un pequeño suministro de artículos alimenticios de primera necesidad, de lo que tanto escaseábamos, más diez pesetas de jornal diario, aunque el dinero nada valía, debido a que no había casi nada que pudiera comprarse. Hasta aquí, cuanto quería señalar para entrar en materia con lo acaecido el día del que hoy se cumplen SETENTA Y SEIS AÑOS. A mí me faltaba un mes para cumplir los catorce, los mismos que hoy lo son para cumplir los noventa.

Vamos a ello. Recuerdo que no hacía mucho rato que los tres, mayoral, pastor y zagal,  habíamos estado comiendo, cada uno en puntos distintos, claro como se hacía todos los días según la situación en que nos encontrábamos para la custodia y guarda del rebaño, cuando apareció todo excitado, el comisario político que antes he citado, y dirigiéndose a su tío, le ordenó que como máximo dentro de una hora u hora y media, había que partir con las ovejas hacía la localidad de Conquista, último pueblo de la provincia de Córdoba, limitando con la de Ciudad Real, tiempo que consideraba mas que suficiente para que fuéramos a nuestros domicilios, se lo comunicáramos a nuestros familiares y tomáramos las cosas  precisas para ello. Que el motivo de tal traslado era el de que las fuerzas fascistas estaban rompiendo los frentes de guerra de Pozoblanco en la sierra de la Chimorra, y los de Extremadura, y a fin de que no se apoderaran del ganado, en caso de que pudieran llegar hasta donde estábamos.

Arreando el rebaño a toda marcha hasta los corrales que se hallaban a menos de un kilómetro, lo encerramos en los mismos y cuando yo llegué al cortijo y puse a mi madre en conocimiento  de la orden recibida, jamás en toda la vida, y que mi madre falleció cuando iba a cumplir los noventa y siete años de edad, la vi en un estado tan de locura como lo que le produjo la noticia que terminaba de darle. El ambiente desde hacía un par de días estaba muy cargado de rumores alarmantes sobre la situación de la guerra, y que todos eran como que la misma se iba a perder por la República. Mi madre, además de que estaba muy preocupada por la situación de mi padre que se hallaba en el frente de Extremadura y hacía mas de quince días que no sabía nada de él, llorando y gritando se abrazó a mí diciendo que no permitiría que a un niño, como yo entonces lo era, lo apartaran de su madre, y yo, que además del propio miedo que  tenía, y de verla a ella en tal estado, comencé a acompañarla en los llantos y así hasta que pasados un rato en tal estado, al fin dándome una manta, y un pequeño hatillo con ropa interior, y como yo consideraba necesaria cumplimentar la orden recibida, que muchas veces las circunstancias suelen obrar acciones incomprensibles, salía hacía la majada, siendo seguido por mi madre durante muchos metros sin dejar de besarme y abrazarme, hasta que al fin y creo que ya falta de fuerzas me dejó seguir. Ella volvía hacía el cortijo donde quedaba en la situación que he señalado, teniendo allí cuatro hijos, de diez, ocho, seis y cuatro años de edad, respectivamente.

Comenzaba a caer la  tarde cuando los tres componentes de la guarda, manta y hatillo al hombro, tomábamos el camino al que pronto llegamos casi paralelo a la carretera Pozoblanco-Villanueva de Córdoba, hacia donde llevábamos la intención de llegar para pernoctar en la misma. No llevaríamos una hora caminando, que como he dicho lo era paralelo a la indicada carretera, cuando llegando sobre nuestra altura un tanque quedaba parado en la orilla de la misma conforme circulaba hacía la dirección que nosotros llevábamos. Tal vez pudiera ser por haber sufrido una avería o quizá por haberse quedado sin combustible, un número de cinco o ses militares bajaban del mismo, se despojaban de sus prendas de cabeza y las divisas de su empleo, tirándolas sobre la cuneta de la vía y continuaban su marcha a pie. Cuando el más retrasado se había distanciado unos quince o veinte metros del vehículo blindado, parándose y volviendo la vista hacia el mismo, permaneció por espacio de un minuto poco mas o menos, observándolo muy pensativo, sin duda diciendo el ultimo adiós a una máquina de guerra que la habría tenido bajo su mando por espacio quizá de un par de años, y allí quedaba dando testimonio que de nada había servido tal vez que sin duda en alguno de los combates en que tomara parte, hasta habría ocasionado la muerte de algún que otro soldado y seguro que también españoles. Otros muchos pensamientos y sentimientos le vendrían al recuerdo como los sufrimientos padecidos a lo largo de casi tres años de guerra, tanto ellos como soldados, como la población civil, con la desventaja de que en la parte que el había estado combatiendo le correspondía la derrota para mayor inri, y la incertidumbre de cual fuere su futuro inmediato.

No mas de dos kilómetros mas adelante del punto donde presenciamos lo detallado, había una ambulancia del ejército también parada junto a la orilla de la carretera, con las puertas abiertas y sin que nadie se observara a su alrededor. Sin duda sería abandonada por las mismas causas que el tanque. Lo que nos causaba cierta extrañeza es que el frente de guerra mas próximo a donde caminábamos y quedaban aquellos vehículos, estaba a unos treinta kilómetros, lo que a lo mejor sería la avanzadilla de la desbandada que aquella tarde noche se produjo en todos los frentes de guerra, cuando menos del Sur de España.

Siguiendo nuestra marcha con el ganado, nos alcanzó la noche en un grupo de casas que había junto a la carretera, antes de llegar a Villanueva de Córdoba, vía que ya habíamos tomado para conducir el ganado, donde se hallaba destacada la Plana Mayor de una Brigada del Ejército, donde un componente de la misma, tal vez pudiera ser el mismo general, de lo que no se podía dar fe de ello, dado a que también todos los militares que componían aquella unidad, se habían despojado de sus divisas militares, si bien se podía suponer que  serían de alta graduación, ya que vestían en su mayoría prendas todas de cuero, distintas a las que usaban los soldados, ordenó hiciéramos noche allí, encerrando las ovejas en un cercado que había en las proximidades.

Tomamos  unos bocadillos que nos fueron servidos por los militares, y cuando no habían transcurrido ni cinco minutos de haberlo tomado, recibí la mayor alegría de mi vida, ya que el marido de la hermana mayor de mi madre, que era el único hombre de la familia que no estaba en el frente por ser el mayor de todos, y temiendo el que caso de llegar los "fascistas" fuera detenido por su actuación en el pueblo al principio de la guerra, se prestó voluntario para reemplazarme. En toda la noche pude pegar ojo y cuando solo estaban asomando las primera claras del siguiente día, tomaba el camino de regreso al cortijo que distaría unos diez kilómetros, donde llegué cuando el sol terminaba de asomarse en aquellos encinares de La Jara, mi madre y yo nos fundimos en un abrazo, que no se cuanto pudo durar, pero seguro lo fue varios minutos.

Unas dos horas después de mi regreso se tuvo noticia que en el cortijo, de que en otro no mas de dos kilómetros de distancia del nuestro, donde había estado instalado un Depósito de Intendencia del Ejército, había sido abandonado por los militares y la población civil se estaba apoderando de todas las existencias que habían dejado. Todos los niños incluso con no mas de cinco o seis años, provistos de sacos o envases corrimos hacía el punto señalado, y dimos varios viajes, especialmente de latas de conservas de carne, y de frutas, y sobre todo de chocolates, que a la par que echábamos a nuestros envases, íbamos comiendo, sin duda mas de la cuenta y en su consecuencia ninguno nos salvamos de sufrir unas diarreas con lo que pagamos nuestra glotonería.

Como consecuencia de estar resultando la presente entrada mas larga de lo normal, este último tramo he tratado de abreviarlo en lo posible, aunque lo que supuso para nuestras menguadas despensas fue bastante importante, los viajes que dimos hasta los abandonados depósitos de la intendencia militar.

Los momentos de la despedida de mi madre cuando partí hacía donde no sabíamos donde y cuál sería nuestra suerte, el solo traerlo al recuerdo, como suele decirse me rebana el alma, y como y cuanto sería lo pasado por ella, solo una madre es capaz de soportarlo.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Pasando página




Aunque hace ya tres años que dejé de conducir (automóviles se entiende), más que por carecer de facultades, por atender a las recomendaciones de mis hijos, esta mañana en un rutinario escrutinio de documentos, de todos esos que suelen formar parte de la nostalgia de los ya metidos en años, se ha puesto ante mis ojos el último permiso de conducir que me fue concedido y que estaba en vigor hasta precisamente antes de ayer, o sea el día 22 del actual.

Aunque, y perdón, quizá porque tal vez pueda resultar un tanto pedante o fanfarrón, yo que cada vez que oigo pronunciar la palabra  "anciano" no me considero incluido dentro de ese término, en el momento de ojear el referido permiso de conducir, he sentido cierto gusanillo de tristeza al comprobar que con el vencimiento del tan  repetido permiso y la NO renovación del mismo, doy por pasada una página más en el devenir de mi ya larga vida.

Como eso de los proyectos, sean de la índole que fueren, si reconozco y me considero no suelen estarlo ya para mí, me hacen volver la vista atrás, y como cada hijo de vecino, a estas alturas del tiempo pasado, me pasan por la mente esas principales etapas o circunstancias que van dejando hitos como señal, especialmente donde han ido culminando hechos señalados por los que vamos pasando, en el recorrido de, unas veces, podrían catalogarse de grandes y lujosas avenidas, autopistas, calles, carreteras, callejuelas, veredas y hasta vericuetos, que el destino nos impone en el caminar por la vida. Pero aquí también, y no pienso ahora pedir perdón por ello, en mis sentimientos bullen el considerarme he circulado en la inmensa mayoría de toda mi vida, por esas grandes y lujosas avenidas, o formidables autopistas en las que cuando se van recorriendo, se ensanchan las sensibilidades y a la par que se van dando gracias a Dios de que así lo sea, te van dejando ese regustillo de andar y haber tenido la dicha de venir a este mundo, donde la catalogación en la inmensa mayoría de las veces en considerarlo como premio o castigo, depende del talante de cada cual. O sea, como suele decirse de ver, no la botella medio llena o medio vacía, cuando contiene la mitad de su volumen ocupado, si no incluso de considerarla LLENA, cuando a lo mejor solo contiene unos posos que hasta pudieran considerarse como "zurrapas".

Sí, así ha sido mi forma de ser y pensar, y ahora en este caso del que me ha traído a esta nueva entrada en el blog, con el dejar de conducir y el cese en la validez del permiso, he ganado, el no tener que preocuparme si cuando llegaba al barrio había o no había sitio donde estacionar el coche, de si estaba el mismo más o menos limpio y proceder en su consecuencia, de tener que repostar a cada momento que parecía que el combustible se lo bebía aún estando parado, sin tener que estar siempre pendiente del despiste o barrabasada que pudiera cometer cualquier otro conductor, y como recompensa, tengo la de viajar en el autobús contemplando todo cuanto se va cruzando por el camino, que la preocupación que antes había que llevarse al volante, tiene que llevarla el conductor del mismo, e incluso hasta las no pocas veces el comportamiento de los demás pasajeros te dan, si se observan, el modo y forma de ser las gentes, que en no pocas ocasiones hablando de forma que los demás pasajeros hemos de enterarnos por fuerza de todos sus problemas que va contando a quien lleva a su lado, que posiblemente le vaya en ello lo mismo que a los demás, y así un largo etcétera. Sobre esto, voy a relatar un hecho contemplado ayer tarde cuando regresaba a casa en el autobús, que me trajo entretenido durante la mayor parte del trayecto.

Resulta que viajaba en el mismo un matrimonio metidito en años, y estoy por asegurar que el marido había sido Guardia Civil de Tráfico aquí en Málaga y al que estuve tentado por preguntarle tal circunstancia. Pero yendo al hecho, resulta que la esposa, debe ser de esas que, como se dice, no se calla ni debajo del agua, y no cesaba un instante de hablar y de gesticular, y como la hora que eran las tres y algunos minutos de la tarde, y no sé si el matrimonio habría comido por ahí, el caso es que el marido, que parecía estar a punto de dar una cabezada, no se inmutaba siquiera a cuanto la mujer decía,  y cuando hacia casi veinte minutos en que yo tomé el autobús en el que ellos ya venían, el paciente marido se limitó a hacer un ligero movimiento de cabeza, pero sin despegar los labios siquiera, como muestra de asentimiento a cuanto su incansable esposa no paraba de decirle. Simplemente ese gesto, era la respuesta dada a casi media hora de charla a marchas forzadas que parecía denotar en sus exposiciones. En un momento de la charla de la señora, quise descubrir que se refería a la descripción de la  cara de otra persona, porque se pasaba la mano derecha por la suya, los ojos, la nariz y sobre todo el mentón, que seguro debiera tenerlo bastante prominente, por el gesto que hizo al pasar la mano por el mismo. Yo procuraba mirarlos con cierto disimulo porque me producía una sonrisa que me era imposible de ocultar, a la par que sentía compasión por el paciente marido, aunque creo que el propio Job no lo era tanto como éste.

En concreto, que el paso del tiempo todo lo va colocando en su sitio, aunque a mí hasta el momento, cuando menos, no ha podido quitarme la ilusión y el deseo de vivir, el considerarme un ser privilegiado que todos debemos hacerlo por el mero hecho de venir a esta vida, y en fin, aunque deba andar por los espacios donde se debe ir haciendo balance de todo lo pasado, creo y espero no me sorprenda negligente de dar cuenta a Dios de todos mis actos, a la vez que nunca podré darle las suficientes gracias por todo cuanto me ha dado y sigue dándome.

Hasta la próxima, que sobre la conducción de automóviles ya me está vedado pronunciarme al haber prescrito lo que a ello me autorizaba.

martes, 17 de marzo de 2015

Aquellos DÍAS DE QUINTOS


Los días de quintos cuando yo moceaba, eran días extraordinarios en los pueblos. Los hombres teníamos entonces un hito importante en nuestras vidas, que solía contarse en el antes o después de la mili.

Cada quinta, o reemplazo como era la denominación oficial, tenía para ello tres días de trámite, en distintas fechas.

El primero, al que se le llamaba el día de la talla, consistía en el alistamiento, reconocimiento médico, y que entre ello entraba la talla del mozo, y de ahí salía el que se le clasificara  de "apto" para el servicio de las armas, cuyo término de no apto, realmente era el de "inútil total  para el servicio de las armas". También había una circunstancia entremedia, que se consideraba "útil solo para servicios auxiliares", que solía aplicarse al que tenía cierta merma de condiciones físicas, que no lo consideraba para ser clasificado como "apto". Estos eran llamados a filas y solían prestar solo servicios de limpieza, de cocina, imaginaria, cuartel y todos aquellos en los que no fuere necesario el uso de las armas. Solían ser muy escasos los que eran clasificados como tales.

Este primer acto se realizaba durante el verano del año anterior al que habías de incorporarte al Ejército, que en el caso de mi "quinta", lo fue el día primero de agosto de 1945. Todos estos actos se realizaban en los Ayuntamientos de los pueblos o ciudades, y cuyos resultados eran enviados a las Cajas de Recluta que se hallaban enclavadas en Capitales de provincia, y en las que había más de una, en pueblos importantes situados en puntos que comprendían varios pueblos y que solían estar mas alejados de la Capital. Oficialmente también a este hecho, se le denominaba "Ingreso en Caja".

El segundo acto era el sorteo del reemplazo para determinar a los puntos donde habían de destinarse por las Cajas de Recluta, y que se hacía extrayendo de un bombo una letra del abecedario, y a partir de esa letra por orden alfabético del primer apellido de cada mozo, y el cupo que se había establecido de enviar a cada Región militar o plaza, se iban destinando según correspondiera al orden que se había preestablecido.

Pues el día del sorteo de mi quinta, se realizó el domingo 17 de marzo de 1946. Hoy se cumplen, nada menos, pero nada más, que SESENTA Y NUEVE AÑOS de ello. La mayoría de los quintos de mi pueblo (entre ellos yo), nos tocó Sevilla. De ello fuimos informados por la familia de uno de los quintos que tenía familia que vivía en Córdoba y a su vez tenían la central de teléfonos en el pueblo, por cuyo conducto lo hicieron y por medio de un propio, nos lo hicieron llegar hasta donde nos encontrábamos preparando las pitanzas. A partir de tener conocimiento del resultado del sorteo, cada cual daba contínuos vivas a la ciudad o pueblo donde había sido destinado.

Cada día en que se realizaba uno de estos actos, era celebrado por los Quintos, con una comilona, siempre en el campo, y bien regada con vino abundante. No se porqué, al día del sorteo era al que mayor solemnidad solía dársele, dado también a que dos o tres semanas después llegaba la hora de marcharse, como en nuestro caso, sucedió el siguiente seis de abril, veinte días después del sorteo.

Sobre este día quiero recordar escribí ya en una ocasión anterior, y nos comimos un chivo en las inmediaciones del Balneario de Fuente Agria, a dos kilómetros de mi pueblo. También, y creo lo cite en la entrada anterior que señalo, que mientras se preparaba la comida, el hijo del dueño de la finca, que  también era quinto, tenían una vaquilla, que los cuernos eran como dos botones, o sea comenzaban a asomar en la cabeza. y que embestía tan pronto se la citaba y dio varios revolcones a quienes se ponían delante de ella. Aunque siempre lo supe, aquel día me desengañé de que yo no vine al mundo para ser torero, pues mientras la vaquilla anduvo por nuestras proximidades, yo me la pasé subido a un árbol, y no fui el único, si no que me copiaron algún que otro compañero. Terminado el atracón de carne, que a la mayoría buena falta nos hacía, nos fuimos al pueblo continuando la juerga durante toda la tarde y noche, y en lo que era  costumbre, entonando canciones de las llamadas de "quintos", que generalmente en su mayoría. eran de tono bastante subidas, especialmente por lo que respecta al sexo, y de lo que se les perdonaba, solo a los "quintos", en sus días especiales.

Tales acontecimientos, tan arraigados estaban, sobre todo en los pueblos pequeños, que hoy mirando hacía atrás, parece mentira que no queda actualmente ni siquiera creo, el recuerdo de aquellos acontecimientos, que bastante importancia y trascendencia se les daba por los jóvenes varones, y que como citaba anteriormente, aquello suponía el final de una etapa de la vida, y el comienzo de otra, para nosotros. No obstante, y retrotrayendo el recuerdo a como entonces solía vivirse la vida, hasta yo mismo, y creo que sucedería igualmente a mis coetáneos, si pudiéramos contemplar tal se celebraban aquellos jolgorios, los consideraríamos como fuera de lugar y  de sitio. Aunque con cierta nostalgia, hay  que reconocer que los tiempos pasan, y con ellos se llevan, no solo a las personas, sino también hasta los usos y costumbres de las épocas que lo fueron.

De aquellos quince o veinte que formábamos la quinta, solo quedamos en este mundo, dos, precisamente mi mas íntimo amigo, que incluso, por ser tres días mayor que yo, estamos inscritos en el Libro del Registro Civil, él, en folio par y yo en el impar siguiente, que una vez se cierra el libro, estamos los dos juntitos desde ya mismo va a hacer noventa años de ello. El primero en fallecer, de mis "quintos" hace ya más de cincuenta años. Después le fueron siguiendo los demás. Mi amigo Alfonso y yo, continuamos por estos lares y "unidos", manteniendo una amistad, que en mi pueblo, Villaharta, se cita como ejemplo de ello.

Hasta la próxima entrada.

martes, 10 de marzo de 2015

Palabras moribundas


Tras trece días de sequía bloguera, por desidia o como consecuencia de una prueba médica, de la que hube de pasar por el quirófano que me ha tenido un tanto desganado, y ya repuesto gracias a Dios, hoy al fin me decido nuevamente a verificar otra entrada en este blog.

Después de leer un libro que recientemente me ha sido regalado por un familiar querido, cuyo título es el mismo al que he dado a esta entrada, o sea "Palabras moribundas", que como su título reza lo son de palabras que a lo largo de los años se han ido olvidando, o están a punto de serlo, y de las cuales cuando menos un noventa por ciento me son conocidas e incluso usadas por mí en mi niñez, juventud y ya metido en años, salvo algunas de las que solo han sido, o lo son, usadas en puntos muy determinados de España e incluso en países de habla española, primero me han dejado un tanto pensativo de los años que arrastrados llevo, y para mayor "inri", otras muchas de las que los dos autores del libro han dejado de citar, que aún como antes he señalado, también he utilizado a lo largo de mis años. Sobre éstas, hoy voy a citar solo tres de ellas y en entradas sucesivas iré señalando alguna que otra.

Comenzaré la casa por el tejado como suele decirse, o sea por orden alfabético invertido, de la Z a la A. Vamos a ello.

Zurrón. Según el DRAE, "bolsa grande de pellejo que regularmente usan los pastores para guardar y llevar su comida u otras cosas." El hecho de que se cite que era de pellejo, generalmente de piel de cabra u oveja, era para que si en alguna ocasión si se derramaba en el interior parte de la comida que  estaba hecha con aceite, no se traspasara la mancha y llegara a la ropa de los mismos. Generalmente, y lo digo por haberlo visto, solían añadirle al zurrón por la parte exterior, que descansaba sobre la espalda, un trozo de piel de oveja con su propia lana, a fin de que caso de que incluso la mancha lo traspasara, nunca podía llegar a su vestimenta.

Los cazadores asimismo solían, y no sé si lo seguirán haciendo, utilizando el zurrón,  y en mis años mozos, había un dicho de los mismos, que cuando cobraban una pieza, solían decir "¡Pieza al zurrón!".

En la actualidad, las misiones del zurrón, y su formato, aunque confeccionadas de diferente material, son las mochilas de uso tan popular, y los pastores, no sé si seguirán utilizando el zurrón como lo hacían en mis años de niño y joven, el caso es que hace muchas anualidades no he oído pronunciar semejante palabra, por lo que cuando menos, considero debieran haberla incluido también como "moribunda" o "agonizante".

Zurrapa. En su primera acepción el DRAE dice "Brizna, pelillo o sedimento que se halla en los líquidos y que poco a poco se va sentando". Tan de uso lo era en mis tiempos como solemos decir los metidos en años, que incluso había un dicho del tenor siguiente: "Al primer tapón, zurrapa", que solía emplearse cuando algún intento en su primera intención había fracasado, como el experimento de una nueva comida, un trabajo, un proyecto, etcétera, y que este dicho, si suele oírse de vez en vez, sobre todo por personas mayores.

Este nombre se daba también a los residuos de los productos de una matanza, a los posos de una bebida, y también en mi pueblo por lo menos, se le llamaba así a los posos que quedaban en los vasos o tazas donde se tomaba el café. Sin embargo, años ha, no he oído pronunciar esta palabra, aunque para mí sigue siéndome familiar, pero creo tiene ganado el mérito de estar incluída entre las "moribundas".


Talega. La define el DRAE como "Saco o bolsa ancha y corta, de lienzo basto u otra tela, que sirve para llevar o guardar las cosas".

Esta palabra si que hace no sé cuantos años no la he oído pronunciar, y nunca por los jóvenes, cuando en mis años, vuelvo a repetirme, lo era de uso diario, e incluso utilizada por mí, al igual que  la inmensa mayoría de los trabajadores que se desplazaban desde el pueblo para trabajar en punto distinto al mismo. Yo la utilicé, lo mismo en los trabajos del campo, que los dos años que trabajé en la mina, donde llevaba la comida, y generalmente solíamos llevarla enganchada al cinturón que sostenía los pantalones, con el cuidado de que, como señalé en los zurrones, no se derramara la comida y nos manchara los pantalones.

Si está vigente una palabra, que aunque pueda parecer un diminutivo de talega, no lo es, y es la llamada "taleguilla", que resulta ser el nombre que se da al calzón del traje de luces de los toreros utilizado en las corridas. Así en muchas ocasiones y en las referencias, sobre todo cuando el torero es cogido por el toro, se escribe "fue enganchado por la taleguilla", que resulta lo enganchó por alguna parte del pantalón, que por cierto lo utilizan muy ceñido, para evitar el ser enganchados por dicha prenda con facilidad.


¡Cómo el tiempo todo lo va transformando, y que en su día a día nada se nota, pero volviendo la vista atrás ochenta o algunos años más, cuántas cosas no lo son tal lo eran, entre ellas, yo mismo! No obstante esto último, mucho más es lo ganado desde aquellos tiempos y de mayor importancia, que la pérdida, o dejado de utilizarse gran número de las palabras que lo fueron mi uso cotidiano, y si cuando comencé a tener uso de razón, me hubieren dicho, cómo me hallaría a las puertas de ser nonagenario, hubiere dado, como hoy no lo hago por carecer de facultades, más saltos que un canguro.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Festividad de San Cesáreo



Hoy se cumplen cincuenta y seis años del fallecimiento de mi padre. Se daba la circunstancia de que se llamaba Cesáreo y aquel  mismo día se cumplía el 61º aniversario de su nacimiento. Por tanto moría el día de su santo y de su cumpleaños.

También, como citaba en una de mis últimas entradas, para poder llegar a la hora del entierro, subí por primera vez en avión. Pero el traer hoy al recuerdo esta efemérides, en primer lugar, lo es como un homenaje cariñoso a su recuerdo, y también señalar lo que supone el fallecimiento de un padre. Por cuanto a lo primero, seguro estoy si la Gloria existe, gozándola estará.

La pérdida de un padre supone un desgarro del alma y gran parte de la vida de todos sus hijos, se van con él. Pero no se porqué, se asume con una resignación considerándolo como un hecho totalmente normal, y claro, los padres han de morirse antes que los hijos.

Ese suceso fue el primero que como cito anteriormente, me produjo el sentimiento del que uno nunca llega olvidarlo y cada año que llega este día, no tengo por menos, y sin que pueda remediarlo, llorar su pérdida. También en cada uno de estos aniversarios, pasa mi recuerdo sobre lo que fue su vida, una parte contada por él, y el resto conocida por mí, teniendo la certeza de que lo fue poco afortunada. Tuvo que intervenir en dos guerras, la una en su época de cuando le correspondió su reemplazo, en la de Melilla, donde fue herido. La segunda, la Guerra Civil y sin duda mucho mas dolorosa para él, que aunque no sufrió percance físico alguno, hubo de marcharse al frente de guerra dejando atrás a su mujer y cinco hijos, el mayor yo, que tenía trece años de edad. Luego, cuando terminó, después de estar quince días sin saber nada de su mujer y sus hijos, ni nosotros de la suerte que hubiere podido correr, ciertos avatares que se prolongaron casi tres años más.

Solo en la vida le fue favorable, lo que le supuso su matrimonio y la prole que del mismo le sobrevino, que ahí sí, los años que, por desgracia no fueron luengos ni sobraban lo recursos, si pudo gozarlo y sin duda lo fue el tiempo demasiado corto, para lo que mereció.

También seguro estoy, junto a su mujer, que le sobrevivió mas de treinta y cinco años, y sus hijos que unos, meses después de nacer y otros tres que lo hicieron cuando estaban sobre los ochenta años, estará gozando la dicha que por mucho tiempo le fue negada en este mundo.

Hasta la próxima, que procuraré lo sea un poco mas alegre que la presente.

martes, 17 de febrero de 2015

Hato

La Rosa del Azafrán


La primera definición que el DRAE hace de la palabra "hato", es de "ropa y otros objetos que alguien tiene para el uso preciso y ordinario".


En mi infancia y juventud era frecuente oír la palabra hato, generalmente cuando los pastores con motivo de trasladarse de un punto a otro, tenían que recoger todos sus enseres que contenían sus "chozos" que eran sus habitáculos de ordinario. Como diminutivo de la palabra hato, solían utilizarse, hatillo o hatito.


Ayer tarareando la canción de las espigadoras de la zarzuela "La Rosa del Azafran", que comienza:

Por la mañana muy tempranito,
salí del pueblo con el "hatito"...

y aquí pensando, por que según alguien dice que soy "mu pensaor" me dije: "Hay que ver desde donde yo vengo, o para ir al grano, lo viejo que soy..."

Todo ello se debe a que, como digo, en mi infancia y juventud, solía darse lo de las espigadoras o espigadores, que consistía en recoger las espigas que a los segadores se les caían al suelo cuando se hallaban en las faenas de la siega, bien por cuenta de los propietarios de la finca o bien, cuando se autorizaba el espigue, al igual que se hacía autorizando el "rebusco" de la aceituna cuando se terminaba el trabajo de la recolección por parte de sus dueños, y el cereal o la aceituna,  era para la persona que lo que recogía.


Pero mi entrada de hoy, aunque tenga por principio este relato que antecede, y como he citado de los tiempos que yo vengo, lo es con motivo de la palabra hato, o del diminutivo de "hatillo", como en mi pueblo se decía. Y es que cuando los trabajadores del campo se trasladaban para faenar durante algún tiempo, a fincas alejadas del pueblo donde tenían que pernoctar, solían llevarse su hatillo. Yo hube de realizar tal menester, durante cinco años consecutivos, como lo fueron de 1939 a 1944.


Resulta que sobre mediados de Agosto, pasado el día de la Virgen, nos trasladábamos a la finca de La Calera, donde todos los que habéis leído algunas veces mis entradas en este blog, sabéis de la misma, para dedicarnos a la limpieza de pastos, zarzas y todo cuanto fuere preciso a fin de dejar despejado el terreno y fuere mas fácil la recogida de la aceituna, y donde permanecíamos hasta generalmente el mes de mayo en que terminaban todas las faenas relacionadas con el olivar.


El "hatillo" consistía en  una manta, uno o dos platos, cuchara, tenedor, la navaja que era herramienta que llevaba siempre el trabajador del campo, una olla, una sartén, una o dos toallas y algunas prendas de vestir, sin mas. Todo ello solía hacerse un lío con la propia manta, o metido en un saco, y era frecuentísimo el cruzarte con, generalmente hombres, con su hatillo al hombro dirigiéndose a su lugar de trabajo y donde había de permanecer algún tiempo.


Trayendo al recuerdo aquellos tiempos, no tengo por menos que decirme, sin duda un tanto sorprendido, " hay que ver lo poco que se precisa para poder sobrevivir, y hasta considerábamos que lo era "dignamente". Hoy recuerdo con cierto cariño, una olla pequeñita de color rojo, con algún que otro desconchoncito, y en la que sin duda me preparé cientos de cociditos, algún que otro potaje de lentejas, habichuelas, y pare usted de contar. También el plato, uno solamente, que por cierto era de aluminio, de los que se utilizaban por los soldados durante la guerra y como quiera que el frente estuvo próximo a mi pueblo dos años y medio, al terminar la contienda, tanto en las trincheras de las fuerzas de uno y otro bando, quedaron llenas de platos, cucharas, cantimploras, y todo lo que solía ser utilizado por los soldados. Incluso en las trincheras del ejército republicano dejaron abandonadas infinidad de armas desde pistolas, hasta cañones de artillería donde permanecieron seguro mas de un mes, hasta que fueron recogidas, y siempre quedaron algunas ocultas entre zarzales o matojos, y sobre todo granadas de mano.


Si se me hubiera hecho una fotografía alguna de las veces que caminaba con mi hatillo al hombro (alguna vez lo hicimos cargado sobre una caballería), y se me presentara, incluso creo que ni yo mismo me reconocería.


Así era entonces la vida, y no se si porque se era joven, o porque no había otra, éramos hasta felices en nuestro trabajo y ambiente. Desde luego, qué diferencia de aquella adolescencia y primera juventud a mi tercera edad (como con cierta cursilería se nos llama a los "viejos"...).


Hasta la próxima entrada.

lunes, 9 de febrero de 2015

Los días perdidos

 Cruz del Carmen, Macizo de Anaga, Santa Cruz de Tenerife

Quizá pueda parecer un tanto extraño el título que he dado en poner a esta entrada, pero se trata de una experiencia padecida por mí y de lo que por estos días se están cumpliendo dieciocho años de ello.

El día 3 de febrero de 1997, en los instantes en que mi mujer fallecía, a mí me aquejaba según diagnóstico médico, "hemorragia digestiva severa," que requirió transfusión, "Neumonía derecha, IAM inferior, angina post infarto, con cambios eléctricos en cara anterior". En tal estado me ingresaron en la UCI del hospital Parque de San Antionio de esta ciudad de Málaga.


Serían aproximadamente entre las cuatro y media y cinco de la tarde de aquel infausto día, hallándome aún encamado en sala, lo último que me consta en el recuerdo, fue la visita del cirujano que el día anterior había operado a mi mujer, que resultó llegaba para dar a mis hijos la noticia de que su madre había fallecido, y al que, al preguntarle yo por ella, me respondió que "estaba bien" y a mí por mi estado, de lo que se que contesté que me dolía mucho el pecho. A partir de esos instantes todo desapareció para mí.

Dado al estado en que ingresé en la UVI, los médicos decidían no operarme por considerar que posiblemente no soportaría la grave operación a que habrían de someterme.

De vez en vez y cuando mis hijos y familiares pasaban a visitarme cada día, y siempre a pregunta de algunos de ellos, recuerdo así como de venirme de un infinito el responder a lo que creo me preguntaban, de lo que me consta en una ocasión lo hice a mi hijo mayor y en otra a mi hermana. Pero seguidamente volvía a sumergirme como en un profundo sueño de lo que nada me consta. No sé los días que podría llevar sumido en aquella pérdida de la conciencia y como envuelta entre nubes, vi a mi mujer, de ella solo era su cara, y el resto, la misma vestimenta, de color rosa, y hasta el sombrero que luce la imagen de La Divina Pastora, que se venera en la Iglesia sita en la Plaza de Capuchinos, donde solíamos ir a misa cuando vivíamos allí de recién casados y donde se bautizó mi hijo mayor.

Diez días se sucedieron en la misma situación, de lo que para mí es igual que si hubieran sido un instante solamente. Finalmente, y como Dios parecía no llamarme para "el otro barrio" los propios médicos se verían en la tesitura de animarse a operarme. Al fin, el día 13 tras diez días en la UVI, se decidieron a ello,  me extrajeron la vena safena interna derecha desde el tobillo hasta la rodilla, me colocaron tres By-Pass, y se dirían lo que en tales momentos suele decirse, "que sea lo que Dios quiera".

No se si fue en la tarde del día 15 o del 16, de dicho mes, o sea doce o trece días de haberme ingresado en la UVI, cuando volví a recuperar la total conciencia de que existía, fue que mirando en mi alrededor, vi a mi hija que sentada en una silla estaba junto a mi cama. Seguidamente y sin pronunciar palabra, ahora si recuerdo me quedaba dormido. En la mañana del día 18, cinco después de haberme operado, y por mi propio pie salía dado de alta del hospital.

Ahora y como consecuencia de lo relatado, ha sido el motivo de poner en el asunto "LOS DIAS PERDIDOS", ya que realmente esos doce o trece días de los que yo no tuve conciencia de haber estado en este mundo, creo el deber de solicitar me sean abonados por la parte final de mi existencia.

Lo que si puedo decir, es que esos doce o trece días, para mí fueron como he dicho anteriormente, solo un instante, y también tengo como un presentimiento de haberlo sido como si hubiere estado sobre un lecho de algodones en el propio cielo, sin sentimiento ni malestar de clase alguna, sin frío ni calor y con la añadidura de que puedo estar contándolo. Si el pasar a la otra vida, lo es con la placidez y el sosiego, con los aquellos que perdí hace ahora 18 años, no es para temer a la muerte, solo con el inconveniente de que no lo pueda contar a nadie, como ahora lo hago, y las alegrías si no se pueden contar, no se  gozan como tales, y las penas, si no se cuentan no te liberan, de que incluso, puedes terminar ahogándote en ellas.

Ah, y gracias a los médicos, pasados casi dos decenios, aquí continúo transitando por este llamado, para mí sin motivo alguno,  "valle de lágrimas", si no todo lo contrario de gozar lo maravillosa que la vida es, y lamentado solo el que "Ella", corrió suerte opuesta a la mía.


Benijo, Santa Cruz de Tenerife

Hasta la próxima entrada.

lunes, 2 de febrero de 2015

De vuelta al Aeropuerto

Costa del Sol

Como quiera que en la entrada anterior en la que trataba del tiempo que estuve prestando servicio en el Aeropuerto de Málaga, y a petición del que además de estar alcanzando el título de Ingeniero Aeronáutico, lo es también mi nieto Pablo, reincido en dicha entrada anterior y con ello doy satisfacción a su petición, y a la vez señalo algunas de las circunstancia o anécdotas que se me quedaron por relatar.


Aeropuerto de Tenerife Norte

Comenzaré diciendo que mi bautizo de vuelo, lo fue el día 25 de febrero de 1959, cuando me encontraba en Madrid realizando el curso de ascenso a Cabo y como consecuencia del fallecimiento de mi padre, y pese a que me notificaron su óbito a las ocho de la mañana de aquel día, y el sepelio señalado para las cinco de la tarde, el único medio para poder llegar a tiempo del mismo, hube de tomar el vuelo de un pequeño avión, de 17 plazas, que salía de Madrid a las cuatro menos cuarto de la tarde y llegada a Córdoba sobre las cuatro y media y a donde el amigo de uno de mis hermanos con una moto, se desplazó hasta el aeropuerto de esta última ciudad, y pese a todo ello, hubieron de aplazar el entierro media hora más,  llegando a mi pueblo y donde solo puede permanecer junto al cuerpo presente de mi padre, poco mas de quince minutos.



Binter Canarias
Aeropuerto de Tenerife Norte

Señalo esta circunstancia, primero, para que se vea que incluso por el medio aéreo, desde Madrid a Córdoba se tardaba en llegar entre el despegue y el aterrizaje, tres cuartos de hora, claro que como he citado aquello era poco mas que una avioneta, y segundo para decir que cuando estuve prestando servicio en el aeropuerto de Málaga, yo ya "había volado". Pero vamos a mi paso por el aeropuerto de esta bendita ciudad, que en principio le llamaban "El Rompedizo", luego como citaba en mi anterior entrada, "Garcia Morato", hasta el suyo actual, del que si sé que como entonces su código es el de "AGP".


Pese a que como digo anteriormente ya había volado en una ocasión, el ambiente de los aeropuertos y mucho menos lo de los aviones era para mí una novedad, aunque muy interesante. Las dos circunstancias que mas me sorprendieron por cuanto a los aviones, fueron la primera, la facilidad con la que un vehículo de tales dimensiones, como entonces lo era el "Super", y previas las indicaciones de los señaleros, con sus palas si era de día, o con sus linternas si lo era de noche, hacían maniobrar a los mismos que en un palmo de tierra podían dar un giro de hasta ciento ochenta gados, y conseguían aparcarlos en el punto exacto donde deseaban que lo hiciera, con una facilidad extraordinaria.


La segunda, fue cuando vi que para la provisión del combustible, dos camiones cisterna que no lo sería con no menos de una capacidad de no se cuantos miles de litros, se situaban cerca de cada una de sus alas, y allí permanecían hasta depositar todo lo que dentro llevaban en las entrañas del aparato. Asimismo me enteré que el citado combustible en vez de gasóleo o gasolina, como lo era en los coches, camiones o autobuses, se le denominaba "queroseno" y que se sometía a ciertos procesos a fin de que el mismo no se congelara durante las travesías, y que soportaban hasta la temperatura de cuarenta y siete grados bajo cero.


Una cuestión que entonces hacían todos los aviones antes del despegue, era situarse en las cabeceras de pista, donde solían estar varios minutos "calentando motores" así hasta que el piloto lo consideraba y comenzaba el rodaje hasta levantar el vuelo. No sé si los aviones suelen hacer esto actualmente, o calientan motores por otro procedimiento.


Ahora y coincidiendo en mi comentario de la entrada anterior, de que en el Aeropuerto estábamos como en familia, voy a señalar una anécdota que da fe de ello.


Desvíos de aviones desde el aeropuerto del Tenerife Norte hacia el aeropuerto de Tenerife Sur

Recuerdo podía ser por el mes de marzo o abril,serían sobre las once de la mañana, hacía un día de cielo totalmente despejado, radiante sol y viento en calma. Una media hora antes había tomado tierra en el aeropuerto un avión, precisamente un DC-3, perteneciente al Servicio Meteorológico Nacional, con base en Madrid, de donde procedía. Además del Comandante y copiloto, venían también dos o tres funcionarios del citado Servicio de meteorología. Charlando momentos antes del despegue, el Comandante nos dice: "el que quiera dar un paseo por la Serranía de Ronda donde vamos a realizar unos estudios, puede venir, y estaremos poco mas de una hora volando". Accedimos a ello, el Policía de servicio, que no era Domínguez, si no otro que solo se era natural de León, y destinado aquí en Málaga; el contable del Bar-Restaurante, era hijo del Cuerpo y también tenía dos hermanos Guardias Cíviles aquí en Málaga, uno de ellos el mejor amigo que tuve en el Cuerpo; un hijo del propietario del entonces celebre Café " Los Valle"  que estaba haciendo un curso para poder pilotar avionetas, y también lo hice yo. En total íbamos cuatro, cada uno de un gremio, además de la tripulación y los empleados de meteorología.

Pese a lo espléndido del día, tan pronto comenzamos a sobre volar los primeros cerros de la Serranía, creo lo era sobre la vertical de el pueblo llamado El Burgo, el avión de buenas a primeras hizo un descenso brusco de cuando menos quince o veinte metros, y no había recuperado el ascenso cuando dio otro mucho mas profundo que el anterior y así continuó con otros muchos más y cada vez que lo hacía, los alerones del aparato parecía que se iban a despegar del cuerpo del mismo. No habían transcurrido cinco minutos de ello, la tripulación y los meteorólogos iban en la cabina, y los cuatro voluntarios en unos asientos en la parte media del avión, cuando mis tres compañeros de viaje comenzaron a vomitar y aquellas bocas parecían un volcán en erupción. Ya los mismos tendidos en el suelo, y yo sintiendo ciertos deseos de vomitar también, que creo no lo hice por que como iba de uniforme pensaba lo desastroso que sería un Cabo de la Guardia Civil tirado en el suelo y hecho un vendo. Abandoné a su suerte a mis acompañantes, mas que nada porque no se me contagiara su situación y me fui a la cabina donde al hacer acto de presencia me preguntó el Comandante como iban mis compañeros de vuelo, al que le conté lo que sucedía. Poco mas de media hora después regresábamos al Aeropuerto, principalmente por hacerle un favor a los que eran de todo menos personas y lo estaban pasando bastante mal.


Al regreso el Comandante indicó que no pensáramos que había hecho adrede que el avión tomara aquellos baches, sino que lo fue motivado por el tiempo. Una vez en tierra y un tanto repuestos de sus mareos, el inspector de Policía, me dice: "Galán, ahora me nombran Director General de la Policía y para hacerme cargo del destino me dicen que tengo que viajar en avión, y renuncio al nombramiento". Cuando yo entonces  no me mareé, sabía no lo haría nunca, como así ha sido. En ese sentido tengo madera de piloto. Los pobres que se marearon, pues todo el personal del aeropuerto, como es natural se enteraron, además hubieron de sufrir las bromas de los que no fueron capaces de embarcarse. El que estaba haciendo el curso de piloto de avionetas, aunque solía estar poco por el aeropuerto, no se libró de los mayores sopleos, y con razón para ello.


Hasta la próxima entrada que abandonaré el aeropuerto.

martes, 27 de enero de 2015

Volando sobre el tiempo


Esta fotografía que encabeza la entrada, en la que aparezco junto a Antonio, entonces maître del Bar-Restaurante del Aeropuerto de Málaga, fue hecha en el año 1960, cuando yo estaba destinado en el mencionado aeropuerto, ostentando el empleo de Cabode la Guardia Civil, aunque mi cabeza esté cubierta por una gorra de plato, según se conocían dichas prendas y no por el popular tricornio, la prenda característica del Instituto al que pertenecía. Este detalle se debía a que cuando a mediados de los años cuarenta del pasado Siglo, desapareció el llamado Cuerpo de Carabineros y cuyas funciones fueron asignadas a la Guardia Civil, las misiones  encomendadas a éstos, tales como los servicios de fronteras, y los respectivos a las Aduanas  en los Puertos y Aeropuertos, a cuya fuerza se les denominó de Especialistas, y a los que se pasaba destinado tras un pequeño examen de las materias respectivas, para la práctica de  los respectivos servicios, se utilizaba la referida gorra, posiblemente como un referente a la usada por el referido Cuerpo desaparecido.

Al fondo de la fotografía, y como dando la sensación de ser el aeropuerto de un país casi tercermundista, se observa aparcado un avión, el entonces conocido como Super Constellation, y que solía llamarse simplemente "Super". Dicho avión era un cuatrimotor, por supuesto de hélice, el mayor entonces en los servicios de pasajeros, con una capacidad que si no recuerdo mal, lo era de entre ochenta y noventa, y que por supuesto no llegaba a transportar los cien.

Aunque no estoy totalmente seguro de ello, en el momento de realizar la fotografía, casi seguro era el único avión posado sobre las pistas del Aeropuerto de Málaga, pues solo con observar la foto, creo expresa a las claras lo que en sí era el mismo en aquellas fechas, y que oficialmente se le denominaba  "García Morato", nombre éste de un piloto de la Guerra Civil en el bando de los nacionales, no se, quizá de la misma escuadrilla en la que pilotaba Carlos Haya, cuyo nombre ostenta el Hospital del que todo malagueño conoce de sobra. El transporte de pasajeros, se realizaban en su mayoría por tres clases o tipos de aviones: uno, el ya mencionado Super Constellatión, con la capacidad de transporte que no llegaba a los cien pasajeros; otro conocido como "Convair", de una capacidad de ente los cuarenta a cuarenta y cinco, y el más popular de todos ellos, en aquellos años me refiero, el llamado DC-3, que solía llevar unos veinticinco o treinta pasajeros.


Aeropuerto de Tenerife Norte

Dos de estos últimos citados se hallan expuestos como una reliquia del pasado, el DC-3, en los límites del aeropuerto y no más de ciento cincuenta o doscientos metros de la fachada principal de la fábrica de Cerveza San Miguel, junto a la carretera N-340, y el Convair, unos cientos de metros mas hacia Torremolinos, pero en la misma línea del DC-3. Yo de lunes a viernes de cada semana cuando voy a casa de mi hija en Guadalmar, desde el autobús los contemplo allí colocados y donde la mayoría de las gentes ni siquiera saben ya lo que supusieron esos aparatos en el desarrollo de España, y al propio tiempo me transportan a mí hasta aquellos años, que al igual que ellos, me hallaba en el pleno apogeo de mi vida, dado a que contaba treinta y cinco años, por tanto van a cumplirse de aquello los cincuenta y cinco, y claro, y aun dando gracias a Dios, yo, aún sigo cruzando el mismo paisaje y las mismas calles que entonces, aunque mejor preparadas, y sin embargo ahí están esos dos "pájaros de hierro" como solían denominarse a los aviones, que además de mí, pocas personas más habrá que al contemplarlos sientan ese cariño que hacia las cosas inanimadas se les toma, cuando como ellos tanto influyeron y tomaron parte en los momentos de la vida en que yo también la gozaba, y que aunque hoy sigo haciéndolo con no menos deleite, si no al contrario, dado a que a ello se suma toda esa descendencia de la que entonces carecía, aunque alguien, y sin duda la principal artífice de ello, dentro de pocos días se cumplirán dieciocho años que abandonó este mundo, y se da la circunstancia, de que hoy precisamente, se cumple el 63º aniversario que la conocí, dado que lo fue,  el domingo 27 de enero de 1952.
 
Churriana desde el Aeropuerto de Málaga

En el poco más de un año que estuve destinado en dicho Aeropuerto, donde os podéis suponer el tráfico  existente que había en el mismo, pues creo que en el llamado Aeropuerto Internacional entonces, podría oscilar el movimiento en las veinticuatro horas del día, de unos veinte aviones poco mas o menos, al punto de que, un Inspector del Cuerpo General de Policía, el Señor Domínguez, padre del popular actor Antonio Banderas, que prestaba allí su servicio (porque allí éramos todos señor tal o cual...), un controlador aéreo,llamado Pedro González, algún empleado de Iberia, o el maître que figura conmigo en la foto, y yo, solíamos jugar una o varias partidas al dominó durante los servicios, para amenizar un tanto los espacios de tiempo, de a veces mas de dos horas entre las llegadas de uno a otro avión. Se me vienen al recuerdo que en muchas de las partidas, Pedro González, que por cierto era un jugador de dominó de primerísima fila, al que sin que sea una fanfarronada, el que suscribe no le iba a la zaga,  solía decir, esta es la última partida porque dentro de media hora tengo la llegada de un avión de tal o cual procedencia, asi que me tengo que ir para la torre. En el aeropuerto de Málaga, estábamos entonces, como suele decirse, "como en familia".


Aeropuerto de Málaga

Si tal está en la actualidad el Aeropuerto de Málaga, nos enviaran a los que entonces llevábamos todo el timón en el desenvolvimiento del mismo, mi aporte no era de lo mas importante para ello, nos encontraríamos  tan despistados como "gallina en corral ajeno" expresión  que solía utilizar mi madre.

De aquellos entonces recuerdo un hecho de que un día cuando volaba por la vertical del Aeropuerto de Málaga para tomar tierra, un avión "Super" desde el suelo observaron  que el mismo traía dos motores "en bandera" como creo se decía en el argot de la navegación aérea, o sea dos motores, uno de cada lado de las alas, con las hélices paradas y según los pilotos venían así desde la vertical de Córdoba y tuvieron que calmar un tanto al pasaje, dado a que muchos de ellos se dieron cuenta de que volaban con dos motores parados.


Aeropuerto de Málaga

Otra de las anécdotas acaecidas, y que dicen lo que entonces era el aeropuerto de Málaga, fue que creo era en el mes de enero o de febrero por la mañana, pero hacía un día de sol como solo en esta bendita tierra suele hacerlo por estas fechas, llegó un avión procedente de Oslo, y mientras descargaba y cargaba los equipajes y cargaba el combustible, las tres azafatas, sentándose por fuera  junto a las cristaleras del propio restaurante, y donde daba el esplendido sol de plano, subiéndose las faldas hasta casi la cintura y que se les veían plenamente las propias bragas, estuvieron cerca de una hora tomando el sol, lo que dio lugar a que todos los del aeropuerto se pusieran a mirar el espectáculo tan gratificante, que para los hombres por supuesto estaban proporcionando las tres jóvenes, y yo, como quiera que estaba de uniforme y no parecía muy correcto el que descaradamente me pusiera a presenciarlo como hacían los demás, solía dar algunos paseos por las proximidades y de soslayo, no me perdí del todo tampoco aquella contemplación. Ellas solo se dedicaban a gozar de aquel bendito sol y no paraban de sonreír dándose cuenta de como eran observadas.

Aeropuerto de Málaga

Aquel tiempo de servicio en el aeropuerto lo recuerdo con cariño, como todo lo que se hace con ilusión y mucho mas cuando se es joven, solo tenía el inconveniente de que tenía doce horas de servicio diarias, o sea otro Cabo y yo compartíamos las veinticuatro del día, o sea mas tiempo allí que con mi mujer y mis dos hijos que tenía entonces. Pasado un año, quedó vacante la oficina de la Plana Mayor de la Compañía sita en el Puerto de Málaga, la anunciaron, nos presentamos tres, la gané y de estar doce horas de servicio, incluso domingos y festivos, pase a tener  cinco horas de oficina por la mañana, dos por la tarde, y todas las noches a dormir en casita, domingos y festivos nada, y disfrutar de los hijos y el tiempo libre que me dejaba mi nuevo destino.

Aeropuerto de Málaga

Hasta la próxima entrada.


Aeropuerto de Tenerife Norte

martes, 20 de enero de 2015

Secuestrado



Una simple afección gripal me ha tenido como si estuviera secuestrado mas de una semana. A estas alturas de la vida, solo una gripe de la que uno esté afectado, da la sensación de que estás siendo víctima de un secuestro y siempre a merced de tus raptores. De lo primero que te priva es de la propia voluntad, y de nada que pueda pensarse te hallas con el ímpetu suficiente para realizarlo. El más simple movimiento que te veas precisado a ejecutar, tienes que hacerlo con el cuidado y tacto como si estuvieres vigilado por quienes todo te lo controlan. Si el reo en tal situación le embarga una sola obsesión, que no es otra que la de verse libre, el enfermo la tiene con verse también descargado de sus dolencias, que muchas son, o para mejor decir, lo han sido.

Yo, de por sí, incluso en mi juventud, la gripe, de la que ningún año me he librado de ella, me dejaba bastante mermado de fuerzas, ¿qué no será ahora, cuando ahí a la vuelta la nonageridad, me está esperando? Cuando solo por el mero hecho de girar la vista fuera del catre, se me antojaba estar ante una cuesta tan pendiente y difícil de escalar, que aunque esa meta forzosamente no ha de hallarse muy lejana, el cansancio del  camino recorrido la presientes allá en una lejanía de la que dudas puedas tener fuerzas para alcanzarla. Aunque no obstante, ¿quien sabe, si a la vuelta de cualquier curva del camino allí estará esperándote.?

Todo esto que termino de exponer, no es un estado de ánimo que me haya llegado por sentirme aún convaleciente de esta inoportuna gripe, si no que es hacer una crónica detallada y veraz de cuanto supone un camino tan vasto en el que me he visto inmerso en tener que recorrer, de lo que por supuesto doy gracias a Dios de que así haya sido, y además, como lo está siendo. La salud, como a otras muchas cosas importantes de la vida, le damos el valor que tienen, cuando las perdemos, según reza el dicho, y aquí viene a cuento de aquello que decía Cervantes: "Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, por que todos son, sentencias de la misma experiencia, madre de todas las ciencias". Cierto es. Cuándo a diario estamos gozándolas, ni siquiera tenemos un instante para escrutarlas, mirarnos en ellas, y dar gracias de tenerlas ahí, sino que parece el decirnos, de esto, es que soy merecedor, pero cuando se te escapa aunque lo sea por breve espacio de tiempo, tu propia conciencia te señala y dice: "Deja tu orgullo a un  lado, y da gracias a Dios todos los días por cuanto concedido, graciosamente te ha sido, y casi siempre a lo mejor, quienes te proporcionan esos beneficios, son mas merecedores que tú en poseerlos y a los que no pocas veces escatimamos corresponderles, aunque la verdad sea dicha, no siempre con intención de ello".

La entrada de hoy, más que exponer un recuerdo, ha sido un relato para justificar mi tardanza en escribir en este blog, y como no, también un ligero examen de la propia conciencia, que creo deberíamos  realizar con mas frecuencia.

Hasta la próxima, que ya despedida tan inoportuna visitante, algo se me ocurrirá de lo que tratar.

domingo, 11 de enero de 2015

Palabras moribundas

En las vísperas de las Navidades me han regalado un libro, cuyo título, es como se indica en el de la entrada, "Palabras moribundas". En el mismo se trata de palabras que como bien se indica y por diferentes motivos, están a punto de desaparecer incluso del Diccionario de la RAE.

En el trámite de su lectura, estoy observando que la inmensa mayoría de las mismas, y salvo las que lo fueron, o lo están siendo de uso exclusivo de solo algunos pueblos o regiones españolas, lo han sido de su uso cotidiano bien en mi infancia, adolescencia y hasta una bien entrada juventud, lo que acaba de darme el anuncio de que mis raíces sobre la llegada a  este mundo, de lejos me vienen.

En la noche de ayer, estuve leyendo entre otras, "fanega" y "fielato".


CUARTILLA
(Nota del editor: acabo de hablar con el redactor jefe de este blog y me comunica que esta imagen se corresponde con una cuartilla, y no con una fanega. Entre el señor Google y El Abuelo de Villaharta, no hay duda a quién deberíamos seguir...)

La primera de ellas, lo era de un uso tan cotidiano en mi pueblo hasta mi ingreso en la Guardia Civil, cuando a punto estaba de cumplir los veinticinco años de edad, y que pensando en ello, me he dado cuenta que hace tiempo no la había oído. A pesar de que la palabra fanega. tenía varias acepciones, sobre todo a medidas de áridos o de tierras, es a la primera a la que voy a referirme.

La fanega era el peso de unos cincuenta o cincuenta y cinco kilos de trigo, cuyos submúltiplos eran la media fanega, la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo. La media fanega y la cuartilla, como bien se expresa eran la mitad y la cuarta parte de la fanega, y constaba de doce celemines, veinticuatro medio celemines y cuarenta y ocho cuartillos. Solo existían medidas de la cuartilla, celemín, medio celemín y cuartillo.

Como se cita anteriormente se utilizaba para la medida de áridos, casi exclusivamente de cereales, y se daba la circunstancia de que el trigo, la cebada y el centeno, o sea los llamados granos menores, la medida era rasada, que se hacía con el llamado rasero, que era de forma cilíndrica totalmente lisa, y así se echaba el grano en la cuartilla o medida que fuere y luego se le pasaba el rasero, quedando el grano completamente a ras de la parte superior de la medida. No así los granos mayores, como la avena, el maíz, los garbanzos, las habas y otros,  que se hacía con colmo, así que se estaba echando el cereal hasta que se llegaba al extremo de que se caía todo el que se echaba sobre la misma. Los raseros habían de ser completamente lisos sin prominencias o cierta superficie un tanto cóncava, que pudiera dar al ser raída en los granos menores, cierta ventaja para el vendedor o comprador. De ahí viene el dicho de ser "medida con el mismo rasero", o sea así para la venta como para la compra, o sea rasero legal.

El uso de la cuartilla solía utilizarse en las eras, donde se trillaba y se aventaba para separar el grano de la paja, y con ello para medir la cantidad de fanegas y se daba el rendimiento de lo que se había sembrado.

En mi pueblo y creo sucedería igual en todos los pueblos, las pequeñas heredades, sobre todo las que poseían las viudas, y que ellas por sí no podían explotarlas, solían bien arrendarlas o darlas a sembrar por terceras personas, que según la calidad del terreno se hacía a medias, si lo era de gran rendimiento, al tercio o a la cuarta parte, lo que si lo primero, era la mitad de lo recolectado para cada uno, dos partes para el que lo trabajaba y una para la propietaria o propietario del terreno, o tres partes y una respectivamente. Así en la propia era, cuartilla en mano una vez el grano limpio en la era, se procedía al reparto del mismo, según se había estipulado.

El celemín, el medio y el cuartillo, se utilizaba generalmente en casa de los labradores en sus ventas al pormenor  que lo era para piensos para gallinas, cerdos u otros animales. En casa de mis padres había una cuartilla, un celemín, un medio celemín y un cuartillo, y solo recuerdo que mi padre, en dos ocasiones sembró el terreno de una llamada cerca en las proximidades del pueblo, propiedad de una prima de mi madre, y lo hizo al tercio, o sea dos partes para mi padre y una para la dueña del terreno. Una vez la sembró de cebada y otra de trigo. En todos aquellos menesteres, la cuartilla era la reina de las medidas, salvo cuando en el resto que no había suficiente para utilizar la cuartilla, solía utilizarse el celemín, o un par de puñados para uno y otra.

FIELATO

Por cuanto a la palabra "fielato", eran una especie de pequeñas edificaciones a la entrada de las ciudades y los pueblos, donde se procedía al cobro de los productos que se entraban para la venta. Y esto, de los últimos fielatos que tengo constancia de aquí en Málaga, lo era a finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo, y que me acuerdo del que había por la Azucarera, entrada de Torremolinos por la carretera N-340, otra por la entrada por la llamada carretera de los Montes, junto a una curva un poco mas arriba de las últimas casas, y otra por entrada procedente de Campanillas. En todas ellas, los camiones, coches, carros, caballerías o personas a pié, habían de pararse, y pagar con relación a los productos o artículos que solían llevar. Así a bote pronto me parecía que hacía pocos años de la existencia de los fielatos, pero desgranando el paso de los días, hace mas de cincuenta años que debieron de desaparecer aquellos puestos de recaudación que existían a la entrada de los  pueblos y ciudades. Por tanto, la palabra "fielato", más que moribunda, está como se dice,  "criando malvas"  hace décadas.

Así trayendo al recuerdo aquellas primeras vicisitudes de las que guardo en la memoria, hasta yo  mismo me extraño de la lejanía de sus acontecimientos, y allí ya estaba yo.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 5 de enero de 2015

La noche mágica de los Reyes Magos

Cabalgata de los Reyes Magos 2015
Santa Cruz de Tenerife 


Creo recordar haber escrito sobre el particular en este blog en alguna otra ocasión, pero no por ello me voy a privar hoy de hacerlo de nuevo.

Creo que hay dos cuestiones importantísimas  en la vida en las que no se nos da la opción de poder elegir, que una es, la de los padres de quienes nacer, y la otra, la época en la que venir al mundo. Yo tuve gran suerte con la primera en la que me dieron la madre y padre mejores del mundo, no así lo fue con el tiempo que me toco vivir la infancia, adolescencia y primera juventud, aunque ya pasada aquella lejana época, tampoco es tiempo de verter quejas sobre la misma. Lo cierto es que estas dos circunstancias suelen condicionarte la forma y modo de vida que tendrás en lo sucesivo.

Desde muy niño, nunca creí en eso de los Reyes Magos, quizá tenía el antecedente de que nunca recibí regalo alguno, y sí, solían echarme, no en los zapatos, porque solo teníamos un par y había que ponérselos al levantarse, si no en una servilleta, una perruna, un rosco, una magdalena y tres o cuatro peladillas, esto último lo único que había que comprar, y los dulces, los que mi madre hacía para las Navidades y había que alargar su duración, para que sirvieran también de Reyes para los cinco hermanos que éramos.

Esos tres o cuatro dulces que nos "echaban" los Reyes, que como cito sabía que eran mis padres, era para mi una verdadera delicia, de lo que estoy totalmente de acuerdo con cuanto decía Cervantes, que "la mejor salsa del mundo es el hambre" y aunque trataba de que duraran siquiera un par de días, cuando llegaba el medio día, ya me lo había merendado todo. Pasado el tiempo y cuando llegué a tener uso de razón suficiente, me daba que pensar en la resignación que el no tener juguete alguno en ese día lo sobrellevábamos con tal normalidad, de lo que sin duda dos eran las razones esenciales para ello, la primera,y pese a que aún pueda parecer imposible cuando se cuenta con seis, siete u ocho años de edad, la permanente observancia de las carencias en el hogar, le hacen a uno acatar esas circunstancias sin la menor contrariedad, que al igual que el paladar y el olfato te lo modelan el uso y la costumbre, también el inculcarte el ser responsable lo dan las circunstancias que forzosamente vives,  y luego que eso mismo le sucedía a la inmensa mayoría de los amigos con quienes solíamos jugar, a lo que reza el dicho, que "mal de muchos, consuelo de tontos", y cuando menos, ninguna huella dejaba en nosotros tales carencias, y asumido con toda normalidad lo hacíamos.

De aquella infancia mía en la que solían los reyes echarme aquellos dulces, pasé a la época de la Guerra Civil en la zona roja que eso de las festividades de las Navidades y Reyes se hacía por que pasaran por alto, aunque no lo fueran como tal, y luego en la posguerra que lo esencial era el poder mantener la supervivencia, me llevaron cuando menos una década, a ni siquiera el pasar por la imaginación el poder recibir regalo alguno.

Mi primer regalo de Reyes que como tal pudo llamarse, lo fue cuando estaba próximo a cumplir los 28 años, ya como Guardia Civil, y lo fue de mi novia, luego mi mujer, y que era un anillo de oro, que se decía un solitario y también el primero que como tal hice yo a ella, un pañuelo de seda para el cuello y unos guantes de color rojo. Ya a partir de entonces los regalos de novios, luego a los hijos y así continuó hasta nuestros días, alcanzando a los nietos y a todo el entorno familiar mas próximo.

Pero pese a todo lo expuesto, por satisfecho me doy, y aquellas pasadas dificultades habrán tenido la recompensa de tener una etapa postrera de la vida, como sin duda no pudieron tener mis padres, y que  su infancia tampoco lo fue mejor que la mía, y lo que si pido a Dios, es que a partir de ya, todos los míos la tengan como yo la he tenido hasta el momento en que esto escribo.

Creo que lo he dicho en alguna otra ocasión, las personas somos la consecuencia de la época y todo el entorno en que nos ha tocado venir a esta vida, y como tal hemos tenido, como suele decirse, bailar al son que nos tocan, pero darnos hemos con un canto en los dientes, que hasta ahora seguro estoy en ninguna otra época pasada se ha vivido con el nivel de comodidad y bienestar que lo hacemos nosotros. Siempre como ahora, y mejor lo que Dios quiera.

Hasta la próxima.