martes, 10 de marzo de 2015

Palabras moribundas


Tras trece días de sequía bloguera, por desidia o como consecuencia de una prueba médica, de la que hube de pasar por el quirófano que me ha tenido un tanto desganado, y ya repuesto gracias a Dios, hoy al fin me decido nuevamente a verificar otra entrada en este blog.

Después de leer un libro que recientemente me ha sido regalado por un familiar querido, cuyo título es el mismo al que he dado a esta entrada, o sea "Palabras moribundas", que como su título reza lo son de palabras que a lo largo de los años se han ido olvidando, o están a punto de serlo, y de las cuales cuando menos un noventa por ciento me son conocidas e incluso usadas por mí en mi niñez, juventud y ya metido en años, salvo algunas de las que solo han sido, o lo son, usadas en puntos muy determinados de España e incluso en países de habla española, primero me han dejado un tanto pensativo de los años que arrastrados llevo, y para mayor "inri", otras muchas de las que los dos autores del libro han dejado de citar, que aún como antes he señalado, también he utilizado a lo largo de mis años. Sobre éstas, hoy voy a citar solo tres de ellas y en entradas sucesivas iré señalando alguna que otra.

Comenzaré la casa por el tejado como suele decirse, o sea por orden alfabético invertido, de la Z a la A. Vamos a ello.

Zurrón. Según el DRAE, "bolsa grande de pellejo que regularmente usan los pastores para guardar y llevar su comida u otras cosas." El hecho de que se cite que era de pellejo, generalmente de piel de cabra u oveja, era para que si en alguna ocasión si se derramaba en el interior parte de la comida que  estaba hecha con aceite, no se traspasara la mancha y llegara a la ropa de los mismos. Generalmente, y lo digo por haberlo visto, solían añadirle al zurrón por la parte exterior, que descansaba sobre la espalda, un trozo de piel de oveja con su propia lana, a fin de que caso de que incluso la mancha lo traspasara, nunca podía llegar a su vestimenta.

Los cazadores asimismo solían, y no sé si lo seguirán haciendo, utilizando el zurrón,  y en mis años mozos, había un dicho de los mismos, que cuando cobraban una pieza, solían decir "¡Pieza al zurrón!".

En la actualidad, las misiones del zurrón, y su formato, aunque confeccionadas de diferente material, son las mochilas de uso tan popular, y los pastores, no sé si seguirán utilizando el zurrón como lo hacían en mis años de niño y joven, el caso es que hace muchas anualidades no he oído pronunciar semejante palabra, por lo que cuando menos, considero debieran haberla incluido también como "moribunda" o "agonizante".

Zurrapa. En su primera acepción el DRAE dice "Brizna, pelillo o sedimento que se halla en los líquidos y que poco a poco se va sentando". Tan de uso lo era en mis tiempos como solemos decir los metidos en años, que incluso había un dicho del tenor siguiente: "Al primer tapón, zurrapa", que solía emplearse cuando algún intento en su primera intención había fracasado, como el experimento de una nueva comida, un trabajo, un proyecto, etcétera, y que este dicho, si suele oírse de vez en vez, sobre todo por personas mayores.

Este nombre se daba también a los residuos de los productos de una matanza, a los posos de una bebida, y también en mi pueblo por lo menos, se le llamaba así a los posos que quedaban en los vasos o tazas donde se tomaba el café. Sin embargo, años ha, no he oído pronunciar esta palabra, aunque para mí sigue siéndome familiar, pero creo tiene ganado el mérito de estar incluída entre las "moribundas".


Talega. La define el DRAE como "Saco o bolsa ancha y corta, de lienzo basto u otra tela, que sirve para llevar o guardar las cosas".

Esta palabra si que hace no sé cuantos años no la he oído pronunciar, y nunca por los jóvenes, cuando en mis años, vuelvo a repetirme, lo era de uso diario, e incluso utilizada por mí, al igual que  la inmensa mayoría de los trabajadores que se desplazaban desde el pueblo para trabajar en punto distinto al mismo. Yo la utilicé, lo mismo en los trabajos del campo, que los dos años que trabajé en la mina, donde llevaba la comida, y generalmente solíamos llevarla enganchada al cinturón que sostenía los pantalones, con el cuidado de que, como señalé en los zurrones, no se derramara la comida y nos manchara los pantalones.

Si está vigente una palabra, que aunque pueda parecer un diminutivo de talega, no lo es, y es la llamada "taleguilla", que resulta ser el nombre que se da al calzón del traje de luces de los toreros utilizado en las corridas. Así en muchas ocasiones y en las referencias, sobre todo cuando el torero es cogido por el toro, se escribe "fue enganchado por la taleguilla", que resulta lo enganchó por alguna parte del pantalón, que por cierto lo utilizan muy ceñido, para evitar el ser enganchados por dicha prenda con facilidad.


¡Cómo el tiempo todo lo va transformando, y que en su día a día nada se nota, pero volviendo la vista atrás ochenta o algunos años más, cuántas cosas no lo son tal lo eran, entre ellas, yo mismo! No obstante esto último, mucho más es lo ganado desde aquellos tiempos y de mayor importancia, que la pérdida, o dejado de utilizarse gran número de las palabras que lo fueron mi uso cotidiano, y si cuando comencé a tener uso de razón, me hubieren dicho, cómo me hallaría a las puertas de ser nonagenario, hubiere dado, como hoy no lo hago por carecer de facultades, más saltos que un canguro.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Festividad de San Cesáreo



Hoy se cumplen cincuenta y seis años del fallecimiento de mi padre. Se daba la circunstancia de que se llamaba Cesáreo y aquel  mismo día se cumplía el 61º aniversario de su nacimiento. Por tanto moría el día de su santo y de su cumpleaños.

También, como citaba en una de mis últimas entradas, para poder llegar a la hora del entierro, subí por primera vez en avión. Pero el traer hoy al recuerdo esta efemérides, en primer lugar, lo es como un homenaje cariñoso a su recuerdo, y también señalar lo que supone el fallecimiento de un padre. Por cuanto a lo primero, seguro estoy si la Gloria existe, gozándola estará.

La pérdida de un padre supone un desgarro del alma y gran parte de la vida de todos sus hijos, se van con él. Pero no se porqué, se asume con una resignación considerándolo como un hecho totalmente normal, y claro, los padres han de morirse antes que los hijos.

Ese suceso fue el primero que como cito anteriormente, me produjo el sentimiento del que uno nunca llega olvidarlo y cada año que llega este día, no tengo por menos, y sin que pueda remediarlo, llorar su pérdida. También en cada uno de estos aniversarios, pasa mi recuerdo sobre lo que fue su vida, una parte contada por él, y el resto conocida por mí, teniendo la certeza de que lo fue poco afortunada. Tuvo que intervenir en dos guerras, la una en su época de cuando le correspondió su reemplazo, en la de Melilla, donde fue herido. La segunda, la Guerra Civil y sin duda mucho mas dolorosa para él, que aunque no sufrió percance físico alguno, hubo de marcharse al frente de guerra dejando atrás a su mujer y cinco hijos, el mayor yo, que tenía trece años de edad. Luego, cuando terminó, después de estar quince días sin saber nada de su mujer y sus hijos, ni nosotros de la suerte que hubiere podido correr, ciertos avatares que se prolongaron casi tres años más.

Solo en la vida le fue favorable, lo que le supuso su matrimonio y la prole que del mismo le sobrevino, que ahí sí, los años que, por desgracia no fueron luengos ni sobraban lo recursos, si pudo gozarlo y sin duda lo fue el tiempo demasiado corto, para lo que mereció.

También seguro estoy, junto a su mujer, que le sobrevivió mas de treinta y cinco años, y sus hijos que unos, meses después de nacer y otros tres que lo hicieron cuando estaban sobre los ochenta años, estará gozando la dicha que por mucho tiempo le fue negada en este mundo.

Hasta la próxima, que procuraré lo sea un poco mas alegre que la presente.

martes, 17 de febrero de 2015

Hato

La Rosa del Azafrán


La primera definición que el DRAE hace de la palabra "hato", es de "ropa y otros objetos que alguien tiene para el uso preciso y ordinario".


En mi infancia y juventud era frecuente oír la palabra hato, generalmente cuando los pastores con motivo de trasladarse de un punto a otro, tenían que recoger todos sus enseres que contenían sus "chozos" que eran sus habitáculos de ordinario. Como diminutivo de la palabra hato, solían utilizarse, hatillo o hatito.


Ayer tarareando la canción de las espigadoras de la zarzuela "La Rosa del Azafran", que comienza:

Por la mañana muy tempranito,
salí del pueblo con el "hatito"...

y aquí pensando, por que según alguien dice que soy "mu pensaor" me dije: "Hay que ver desde donde yo vengo, o para ir al grano, lo viejo que soy..."

Todo ello se debe a que, como digo, en mi infancia y juventud, solía darse lo de las espigadoras o espigadores, que consistía en recoger las espigas que a los segadores se les caían al suelo cuando se hallaban en las faenas de la siega, bien por cuenta de los propietarios de la finca o bien, cuando se autorizaba el espigue, al igual que se hacía autorizando el "rebusco" de la aceituna cuando se terminaba el trabajo de la recolección por parte de sus dueños, y el cereal o la aceituna,  era para la persona que lo que recogía.


Pero mi entrada de hoy, aunque tenga por principio este relato que antecede, y como he citado de los tiempos que yo vengo, lo es con motivo de la palabra hato, o del diminutivo de "hatillo", como en mi pueblo se decía. Y es que cuando los trabajadores del campo se trasladaban para faenar durante algún tiempo, a fincas alejadas del pueblo donde tenían que pernoctar, solían llevarse su hatillo. Yo hube de realizar tal menester, durante cinco años consecutivos, como lo fueron de 1939 a 1944.


Resulta que sobre mediados de Agosto, pasado el día de la Virgen, nos trasladábamos a la finca de La Calera, donde todos los que habéis leído algunas veces mis entradas en este blog, sabéis de la misma, para dedicarnos a la limpieza de pastos, zarzas y todo cuanto fuere preciso a fin de dejar despejado el terreno y fuere mas fácil la recogida de la aceituna, y donde permanecíamos hasta generalmente el mes de mayo en que terminaban todas las faenas relacionadas con el olivar.


El "hatillo" consistía en  una manta, uno o dos platos, cuchara, tenedor, la navaja que era herramienta que llevaba siempre el trabajador del campo, una olla, una sartén, una o dos toallas y algunas prendas de vestir, sin mas. Todo ello solía hacerse un lío con la propia manta, o metido en un saco, y era frecuentísimo el cruzarte con, generalmente hombres, con su hatillo al hombro dirigiéndose a su lugar de trabajo y donde había de permanecer algún tiempo.


Trayendo al recuerdo aquellos tiempos, no tengo por menos que decirme, sin duda un tanto sorprendido, " hay que ver lo poco que se precisa para poder sobrevivir, y hasta considerábamos que lo era "dignamente". Hoy recuerdo con cierto cariño, una olla pequeñita de color rojo, con algún que otro desconchoncito, y en la que sin duda me preparé cientos de cociditos, algún que otro potaje de lentejas, habichuelas, y pare usted de contar. También el plato, uno solamente, que por cierto era de aluminio, de los que se utilizaban por los soldados durante la guerra y como quiera que el frente estuvo próximo a mi pueblo dos años y medio, al terminar la contienda, tanto en las trincheras de las fuerzas de uno y otro bando, quedaron llenas de platos, cucharas, cantimploras, y todo lo que solía ser utilizado por los soldados. Incluso en las trincheras del ejército republicano dejaron abandonadas infinidad de armas desde pistolas, hasta cañones de artillería donde permanecieron seguro mas de un mes, hasta que fueron recogidas, y siempre quedaron algunas ocultas entre zarzales o matojos, y sobre todo granadas de mano.


Si se me hubiera hecho una fotografía alguna de las veces que caminaba con mi hatillo al hombro (alguna vez lo hicimos cargado sobre una caballería), y se me presentara, incluso creo que ni yo mismo me reconocería.


Así era entonces la vida, y no se si porque se era joven, o porque no había otra, éramos hasta felices en nuestro trabajo y ambiente. Desde luego, qué diferencia de aquella adolescencia y primera juventud a mi tercera edad (como con cierta cursilería se nos llama a los "viejos"...).


Hasta la próxima entrada.

lunes, 9 de febrero de 2015

Los días perdidos

 Cruz del Carmen, Macizo de Anaga, Santa Cruz de Tenerife

Quizá pueda parecer un tanto extraño el título que he dado en poner a esta entrada, pero se trata de una experiencia padecida por mí y de lo que por estos días se están cumpliendo dieciocho años de ello.

El día 3 de febrero de 1997, en los instantes en que mi mujer fallecía, a mí me aquejaba según diagnóstico médico, "hemorragia digestiva severa," que requirió transfusión, "Neumonía derecha, IAM inferior, angina post infarto, con cambios eléctricos en cara anterior". En tal estado me ingresaron en la UCI del hospital Parque de San Antionio de esta ciudad de Málaga.


Serían aproximadamente entre las cuatro y media y cinco de la tarde de aquel infausto día, hallándome aún encamado en sala, lo último que me consta en el recuerdo, fue la visita del cirujano que el día anterior había operado a mi mujer, que resultó llegaba para dar a mis hijos la noticia de que su madre había fallecido, y al que, al preguntarle yo por ella, me respondió que "estaba bien" y a mí por mi estado, de lo que se que contesté que me dolía mucho el pecho. A partir de esos instantes todo desapareció para mí.

Dado al estado en que ingresé en la UVI, los médicos decidían no operarme por considerar que posiblemente no soportaría la grave operación a que habrían de someterme.

De vez en vez y cuando mis hijos y familiares pasaban a visitarme cada día, y siempre a pregunta de algunos de ellos, recuerdo así como de venirme de un infinito el responder a lo que creo me preguntaban, de lo que me consta en una ocasión lo hice a mi hijo mayor y en otra a mi hermana. Pero seguidamente volvía a sumergirme como en un profundo sueño de lo que nada me consta. No sé los días que podría llevar sumido en aquella pérdida de la conciencia y como envuelta entre nubes, vi a mi mujer, de ella solo era su cara, y el resto, la misma vestimenta, de color rosa, y hasta el sombrero que luce la imagen de La Divina Pastora, que se venera en la Iglesia sita en la Plaza de Capuchinos, donde solíamos ir a misa cuando vivíamos allí de recién casados y donde se bautizó mi hijo mayor.

Diez días se sucedieron en la misma situación, de lo que para mí es igual que si hubieran sido un instante solamente. Finalmente, y como Dios parecía no llamarme para "el otro barrio" los propios médicos se verían en la tesitura de animarse a operarme. Al fin, el día 13 tras diez días en la UVI, se decidieron a ello,  me extrajeron la vena safena interna derecha desde el tobillo hasta la rodilla, me colocaron tres By-Pass, y se dirían lo que en tales momentos suele decirse, "que sea lo que Dios quiera".

No se si fue en la tarde del día 15 o del 16, de dicho mes, o sea doce o trece días de haberme ingresado en la UVI, cuando volví a recuperar la total conciencia de que existía, fue que mirando en mi alrededor, vi a mi hija que sentada en una silla estaba junto a mi cama. Seguidamente y sin pronunciar palabra, ahora si recuerdo me quedaba dormido. En la mañana del día 18, cinco después de haberme operado, y por mi propio pie salía dado de alta del hospital.

Ahora y como consecuencia de lo relatado, ha sido el motivo de poner en el asunto "LOS DIAS PERDIDOS", ya que realmente esos doce o trece días de los que yo no tuve conciencia de haber estado en este mundo, creo el deber de solicitar me sean abonados por la parte final de mi existencia.

Lo que si puedo decir, es que esos doce o trece días, para mí fueron como he dicho anteriormente, solo un instante, y también tengo como un presentimiento de haberlo sido como si hubiere estado sobre un lecho de algodones en el propio cielo, sin sentimiento ni malestar de clase alguna, sin frío ni calor y con la añadidura de que puedo estar contándolo. Si el pasar a la otra vida, lo es con la placidez y el sosiego, con los aquellos que perdí hace ahora 18 años, no es para temer a la muerte, solo con el inconveniente de que no lo pueda contar a nadie, como ahora lo hago, y las alegrías si no se pueden contar, no se  gozan como tales, y las penas, si no se cuentan no te liberan, de que incluso, puedes terminar ahogándote en ellas.

Ah, y gracias a los médicos, pasados casi dos decenios, aquí continúo transitando por este llamado, para mí sin motivo alguno,  "valle de lágrimas", si no todo lo contrario de gozar lo maravillosa que la vida es, y lamentado solo el que "Ella", corrió suerte opuesta a la mía.


Benijo, Santa Cruz de Tenerife

Hasta la próxima entrada.

lunes, 2 de febrero de 2015

De vuelta al Aeropuerto

Costa del Sol

Como quiera que en la entrada anterior en la que trataba del tiempo que estuve prestando servicio en el Aeropuerto de Málaga, y a petición del que además de estar alcanzando el título de Ingeniero Aeronáutico, lo es también mi nieto Pablo, reincido en dicha entrada anterior y con ello doy satisfacción a su petición, y a la vez señalo algunas de las circunstancia o anécdotas que se me quedaron por relatar.


Aeropuerto de Tenerife Norte

Comenzaré diciendo que mi bautizo de vuelo, lo fue el día 25 de febrero de 1959, cuando me encontraba en Madrid realizando el curso de ascenso a Cabo y como consecuencia del fallecimiento de mi padre, y pese a que me notificaron su óbito a las ocho de la mañana de aquel día, y el sepelio señalado para las cinco de la tarde, el único medio para poder llegar a tiempo del mismo, hube de tomar el vuelo de un pequeño avión, de 17 plazas, que salía de Madrid a las cuatro menos cuarto de la tarde y llegada a Córdoba sobre las cuatro y media y a donde el amigo de uno de mis hermanos con una moto, se desplazó hasta el aeropuerto de esta última ciudad, y pese a todo ello, hubieron de aplazar el entierro media hora más,  llegando a mi pueblo y donde solo puede permanecer junto al cuerpo presente de mi padre, poco mas de quince minutos.



Binter Canarias
Aeropuerto de Tenerife Norte

Señalo esta circunstancia, primero, para que se vea que incluso por el medio aéreo, desde Madrid a Córdoba se tardaba en llegar entre el despegue y el aterrizaje, tres cuartos de hora, claro que como he citado aquello era poco mas que una avioneta, y segundo para decir que cuando estuve prestando servicio en el aeropuerto de Málaga, yo ya "había volado". Pero vamos a mi paso por el aeropuerto de esta bendita ciudad, que en principio le llamaban "El Rompedizo", luego como citaba en mi anterior entrada, "Garcia Morato", hasta el suyo actual, del que si sé que como entonces su código es el de "AGP".


Pese a que como digo anteriormente ya había volado en una ocasión, el ambiente de los aeropuertos y mucho menos lo de los aviones era para mí una novedad, aunque muy interesante. Las dos circunstancias que mas me sorprendieron por cuanto a los aviones, fueron la primera, la facilidad con la que un vehículo de tales dimensiones, como entonces lo era el "Super", y previas las indicaciones de los señaleros, con sus palas si era de día, o con sus linternas si lo era de noche, hacían maniobrar a los mismos que en un palmo de tierra podían dar un giro de hasta ciento ochenta gados, y conseguían aparcarlos en el punto exacto donde deseaban que lo hiciera, con una facilidad extraordinaria.


La segunda, fue cuando vi que para la provisión del combustible, dos camiones cisterna que no lo sería con no menos de una capacidad de no se cuantos miles de litros, se situaban cerca de cada una de sus alas, y allí permanecían hasta depositar todo lo que dentro llevaban en las entrañas del aparato. Asimismo me enteré que el citado combustible en vez de gasóleo o gasolina, como lo era en los coches, camiones o autobuses, se le denominaba "queroseno" y que se sometía a ciertos procesos a fin de que el mismo no se congelara durante las travesías, y que soportaban hasta la temperatura de cuarenta y siete grados bajo cero.


Una cuestión que entonces hacían todos los aviones antes del despegue, era situarse en las cabeceras de pista, donde solían estar varios minutos "calentando motores" así hasta que el piloto lo consideraba y comenzaba el rodaje hasta levantar el vuelo. No sé si los aviones suelen hacer esto actualmente, o calientan motores por otro procedimiento.


Ahora y coincidiendo en mi comentario de la entrada anterior, de que en el Aeropuerto estábamos como en familia, voy a señalar una anécdota que da fe de ello.


Desvíos de aviones desde el aeropuerto del Tenerife Norte hacia el aeropuerto de Tenerife Sur

Recuerdo podía ser por el mes de marzo o abril,serían sobre las once de la mañana, hacía un día de cielo totalmente despejado, radiante sol y viento en calma. Una media hora antes había tomado tierra en el aeropuerto un avión, precisamente un DC-3, perteneciente al Servicio Meteorológico Nacional, con base en Madrid, de donde procedía. Además del Comandante y copiloto, venían también dos o tres funcionarios del citado Servicio de meteorología. Charlando momentos antes del despegue, el Comandante nos dice: "el que quiera dar un paseo por la Serranía de Ronda donde vamos a realizar unos estudios, puede venir, y estaremos poco mas de una hora volando". Accedimos a ello, el Policía de servicio, que no era Domínguez, si no otro que solo se era natural de León, y destinado aquí en Málaga; el contable del Bar-Restaurante, era hijo del Cuerpo y también tenía dos hermanos Guardias Cíviles aquí en Málaga, uno de ellos el mejor amigo que tuve en el Cuerpo; un hijo del propietario del entonces celebre Café " Los Valle"  que estaba haciendo un curso para poder pilotar avionetas, y también lo hice yo. En total íbamos cuatro, cada uno de un gremio, además de la tripulación y los empleados de meteorología.

Pese a lo espléndido del día, tan pronto comenzamos a sobre volar los primeros cerros de la Serranía, creo lo era sobre la vertical de el pueblo llamado El Burgo, el avión de buenas a primeras hizo un descenso brusco de cuando menos quince o veinte metros, y no había recuperado el ascenso cuando dio otro mucho mas profundo que el anterior y así continuó con otros muchos más y cada vez que lo hacía, los alerones del aparato parecía que se iban a despegar del cuerpo del mismo. No habían transcurrido cinco minutos de ello, la tripulación y los meteorólogos iban en la cabina, y los cuatro voluntarios en unos asientos en la parte media del avión, cuando mis tres compañeros de viaje comenzaron a vomitar y aquellas bocas parecían un volcán en erupción. Ya los mismos tendidos en el suelo, y yo sintiendo ciertos deseos de vomitar también, que creo no lo hice por que como iba de uniforme pensaba lo desastroso que sería un Cabo de la Guardia Civil tirado en el suelo y hecho un vendo. Abandoné a su suerte a mis acompañantes, mas que nada porque no se me contagiara su situación y me fui a la cabina donde al hacer acto de presencia me preguntó el Comandante como iban mis compañeros de vuelo, al que le conté lo que sucedía. Poco mas de media hora después regresábamos al Aeropuerto, principalmente por hacerle un favor a los que eran de todo menos personas y lo estaban pasando bastante mal.


Al regreso el Comandante indicó que no pensáramos que había hecho adrede que el avión tomara aquellos baches, sino que lo fue motivado por el tiempo. Una vez en tierra y un tanto repuestos de sus mareos, el inspector de Policía, me dice: "Galán, ahora me nombran Director General de la Policía y para hacerme cargo del destino me dicen que tengo que viajar en avión, y renuncio al nombramiento". Cuando yo entonces  no me mareé, sabía no lo haría nunca, como así ha sido. En ese sentido tengo madera de piloto. Los pobres que se marearon, pues todo el personal del aeropuerto, como es natural se enteraron, además hubieron de sufrir las bromas de los que no fueron capaces de embarcarse. El que estaba haciendo el curso de piloto de avionetas, aunque solía estar poco por el aeropuerto, no se libró de los mayores sopleos, y con razón para ello.


Hasta la próxima entrada que abandonaré el aeropuerto.

martes, 27 de enero de 2015

Volando sobre el tiempo


Esta fotografía que encabeza la entrada, en la que aparezco junto a Antonio, entonces maître del Bar-Restaurante del Aeropuerto de Málaga, fue hecha en el año 1960, cuando yo estaba destinado en el mencionado aeropuerto, ostentando el empleo de Cabo 1º de la Guardia Civil, aunque mi cabeza esté cubierta por una gorra de plato, según se conocían dichas prendas y no por el popular tricornio, la prenda característica del Instituto al que pertenecía. Este detalle se debía a que cuando a mediados de los años cuarenta del pasado Siglo, desapareció el llamado Cuerpo de Carabineros y cuyas funciones fueron asignadas a la Guardia Civil, las misiones  encomendadas a éstos, tales como los servicios de fronteras, y los respectivos a las Aduanas  en los Puertos y Aeropuertos, a cuya fuerza se les denominó de Especialistas, y a los que se pasaba destinado tras un pequeño examen de las materias respectivas, para la práctica de  los respectivos servicios, se utilizaba la referida gorra, posiblemente como un referente a la usada por el referido Cuerpo desaparecido.

Al fondo de la fotografía, y como dando la sensación de ser el aeropuerto de un país casi tercermundista, se observa aparcado un avión, el entonces conocido como Super Constellation, y que solía llamarse simplemente "Super". Dicho avión era un cuatrimotor, por supuesto de hélice, el mayor entonces en los servicios de pasajeros, con una capacidad que si no recuerdo mal, lo era de entre ochenta y noventa, y que por supuesto no llegaba a transportar los cien.

Aunque no estoy totalmente seguro de ello, en el momento de realizar la fotografía, casi seguro era el único avión posado sobre las pistas del Aeropuerto de Málaga, pues solo con observar la foto, creo expresa a las claras lo que en sí era el mismo en aquellas fechas, y que oficialmente se le denominaba  "García Morato", nombre éste de un piloto de la Guerra Civil en el bando de los nacionales, no se, quizá de la misma escuadrilla en la que pilotaba Carlos Haya, cuyo nombre ostenta el Hospital del que todo malagueño conoce de sobra. El transporte de pasajeros, se realizaban en su mayoría por tres clases o tipos de aviones: uno, el ya mencionado Super Constellatión, con la capacidad de transporte que no llegaba a los cien pasajeros; otro conocido como "Convair", de una capacidad de ente los cuarenta a cuarenta y cinco, y el más popular de todos ellos, en aquellos años me refiero, el llamado DC-3, que solía llevar unos veinticinco o treinta pasajeros.


Aeropuerto de Tenerife Norte

Dos de estos últimos citados se hallan expuestos como una reliquia del pasado, el DC-3, en los límites del aeropuerto y no más de ciento cincuenta o doscientos metros de la fachada principal de la fábrica de Cerveza San Miguel, junto a la carretera N-340, y el Convair, unos cientos de metros mas hacia Torremolinos, pero en la misma línea del DC-3. Yo de lunes a viernes de cada semana cuando voy a casa de mi hija en Guadalmar, desde el autobús los contemplo allí colocados y donde la mayoría de las gentes ni siquiera saben ya lo que supusieron esos aparatos en el desarrollo de España, y al propio tiempo me transportan a mí hasta aquellos años, que al igual que ellos, me hallaba en el pleno apogeo de mi vida, dado a que contaba treinta y cinco años, por tanto van a cumplirse de aquello los cincuenta y cinco, y claro, y aun dando gracias a Dios, yo, aún sigo cruzando el mismo paisaje y las mismas calles que entonces, aunque mejor preparadas, y sin embargo ahí están esos dos "pájaros de hierro" como solían denominarse a los aviones, que además de mí, pocas personas más habrá que al contemplarlos sientan ese cariño que hacia las cosas inanimadas se les toma, cuando como ellos tanto influyeron y tomaron parte en los momentos de la vida en que yo también la gozaba, y que aunque hoy sigo haciéndolo con no menos deleite, si no al contrario, dado a que a ello se suma toda esa descendencia de la que entonces carecía, aunque alguien, y sin duda la principal artífice de ello, dentro de pocos días se cumplirán dieciocho años que abandonó este mundo, y se da la circunstancia, de que hoy precisamente, se cumple el 63º aniversario que la conocí, dado que lo fue,  el domingo 27 de enero de 1952.
 
Churriana desde el Aeropuerto de Málaga

En el poco más de un año que estuve destinado en dicho Aeropuerto, donde os podéis suponer el tráfico  existente que había en el mismo, pues creo que en el llamado Aeropuerto Internacional entonces, podría oscilar el movimiento en las veinticuatro horas del día, de unos veinte aviones poco mas o menos, al punto de que, un Inspector del Cuerpo General de Policía, el Señor Domínguez, padre del popular actor Antonio Banderas, que prestaba allí su servicio (porque allí éramos todos señor tal o cual...), un controlador aéreo,llamado Pedro González, algún empleado de Iberia, o el maître que figura conmigo en la foto, y yo, solíamos jugar una o varias partidas al dominó durante los servicios, para amenizar un tanto los espacios de tiempo, de a veces mas de dos horas entre las llegadas de uno a otro avión. Se me vienen al recuerdo que en muchas de las partidas, Pedro González, que por cierto era un jugador de dominó de primerísima fila, al que sin que sea una fanfarronada, el que suscribe no le iba a la zaga,  solía decir, esta es la última partida porque dentro de media hora tengo la llegada de un avión de tal o cual procedencia, asi que me tengo que ir para la torre. En el aeropuerto de Málaga, estábamos entonces, como suele decirse, "como en familia".


Aeropuerto de Málaga

Si tal está en la actualidad el Aeropuerto de Málaga, nos enviaran a los que entonces llevábamos todo el timón en el desenvolvimiento del mismo, mi aporte no era de lo mas importante para ello, nos encontraríamos  tan despistados como "gallina en corral ajeno" expresión  que solía utilizar mi madre.

De aquellos entonces recuerdo un hecho de que un día cuando volaba por la vertical del Aeropuerto de Málaga para tomar tierra, un avión "Super" desde el suelo observaron  que el mismo traía dos motores "en bandera" como creo se decía en el argot de la navegación aérea, o sea dos motores, uno de cada lado de las alas, con las hélices paradas y según los pilotos venían así desde la vertical de Córdoba y tuvieron que calmar un tanto al pasaje, dado a que muchos de ellos se dieron cuenta de que volaban con dos motores parados.


Aeropuerto de Málaga

Otra de las anécdotas acaecidas, y que dicen lo que entonces era el aeropuerto de Málaga, fue que creo era en el mes de enero o de febrero por la mañana, pero hacía un día de sol como solo en esta bendita tierra suele hacerlo por estas fechas, llegó un avión procedente de Oslo, y mientras descargaba y cargaba los equipajes y cargaba el combustible, las tres azafatas, sentándose por fuera  junto a las cristaleras del propio restaurante, y donde daba el esplendido sol de plano, subiéndose las faldas hasta casi la cintura y que se les veían plenamente las propias bragas, estuvieron cerca de una hora tomando el sol, lo que dio lugar a que todos los del aeropuerto se pusieran a mirar el espectáculo tan gratificante, que para los hombres por supuesto estaban proporcionando las tres jóvenes, y yo, como quiera que estaba de uniforme y no parecía muy correcto el que descaradamente me pusiera a presenciarlo como hacían los demás, solía dar algunos paseos por las proximidades y de soslayo, no me perdí del todo tampoco aquella contemplación. Ellas solo se dedicaban a gozar de aquel bendito sol y no paraban de sonreír dándose cuenta de como eran observadas.

Aeropuerto de Málaga

Aquel tiempo de servicio en el aeropuerto lo recuerdo con cariño, como todo lo que se hace con ilusión y mucho mas cuando se es joven, solo tenía el inconveniente de que tenía doce horas de servicio diarias, o sea otro Cabo y yo compartíamos las veinticuatro del día, o sea mas tiempo allí que con mi mujer y mis dos hijos que tenía entonces. Pasado un año, quedó vacante la oficina de la Plana Mayor de la Compañía sita en el Puerto de Málaga, la anunciaron, nos presentamos tres, la gané y de estar doce horas de servicio, incluso domingos y festivos, pase a tener  cinco horas de oficina por la mañana, dos por la tarde, y todas las noches a dormir en casita, domingos y festivos nada, y disfrutar de los hijos y el tiempo libre que me dejaba mi nuevo destino.

Aeropuerto de Málaga

Hasta la próxima entrada.


Aeropuerto de Tenerife Norte

martes, 20 de enero de 2015

Secuestrado



Una simple afección gripal me ha tenido como si estuviera secuestrado mas de una semana. A estas alturas de la vida, solo una gripe de la que uno esté afectado, da la sensación de que estás siendo víctima de un secuestro y siempre a merced de tus raptores. De lo primero que te priva es de la propia voluntad, y de nada que pueda pensarse te hallas con el ímpetu suficiente para realizarlo. El más simple movimiento que te veas precisado a ejecutar, tienes que hacerlo con el cuidado y tacto como si estuvieres vigilado por quienes todo te lo controlan. Si el reo en tal situación le embarga una sola obsesión, que no es otra que la de verse libre, el enfermo la tiene con verse también descargado de sus dolencias, que muchas son, o para mejor decir, lo han sido.

Yo, de por sí, incluso en mi juventud, la gripe, de la que ningún año me he librado de ella, me dejaba bastante mermado de fuerzas, ¿qué no será ahora, cuando ahí a la vuelta la nonageridad, me está esperando? Cuando solo por el mero hecho de girar la vista fuera del catre, se me antojaba estar ante una cuesta tan pendiente y difícil de escalar, que aunque esa meta forzosamente no ha de hallarse muy lejana, el cansancio del  camino recorrido la presientes allá en una lejanía de la que dudas puedas tener fuerzas para alcanzarla. Aunque no obstante, ¿quien sabe, si a la vuelta de cualquier curva del camino allí estará esperándote.?

Todo esto que termino de exponer, no es un estado de ánimo que me haya llegado por sentirme aún convaleciente de esta inoportuna gripe, si no que es hacer una crónica detallada y veraz de cuanto supone un camino tan vasto en el que me he visto inmerso en tener que recorrer, de lo que por supuesto doy gracias a Dios de que así haya sido, y además, como lo está siendo. La salud, como a otras muchas cosas importantes de la vida, le damos el valor que tienen, cuando las perdemos, según reza el dicho, y aquí viene a cuento de aquello que decía Cervantes: "Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, por que todos son, sentencias de la misma experiencia, madre de todas las ciencias". Cierto es. Cuándo a diario estamos gozándolas, ni siquiera tenemos un instante para escrutarlas, mirarnos en ellas, y dar gracias de tenerlas ahí, sino que parece el decirnos, de esto, es que soy merecedor, pero cuando se te escapa aunque lo sea por breve espacio de tiempo, tu propia conciencia te señala y dice: "Deja tu orgullo a un  lado, y da gracias a Dios todos los días por cuanto concedido, graciosamente te ha sido, y casi siempre a lo mejor, quienes te proporcionan esos beneficios, son mas merecedores que tú en poseerlos y a los que no pocas veces escatimamos corresponderles, aunque la verdad sea dicha, no siempre con intención de ello".

La entrada de hoy, más que exponer un recuerdo, ha sido un relato para justificar mi tardanza en escribir en este blog, y como no, también un ligero examen de la propia conciencia, que creo deberíamos  realizar con mas frecuencia.

Hasta la próxima, que ya despedida tan inoportuna visitante, algo se me ocurrirá de lo que tratar.

domingo, 11 de enero de 2015

Palabras moribundas

En las vísperas de las Navidades me han regalado un libro, cuyo título, es como se indica en el de la entrada, "Palabras moribundas". En el mismo se trata de palabras que como bien se indica y por diferentes motivos, están a punto de desaparecer incluso del Diccionario de la RAE.

En el trámite de su lectura, estoy observando que la inmensa mayoría de las mismas, y salvo las que lo fueron, o lo están siendo de uso exclusivo de solo algunos pueblos o regiones españolas, lo han sido de su uso cotidiano bien en mi infancia, adolescencia y hasta una bien entrada juventud, lo que acaba de darme el anuncio de que mis raíces sobre la llegada a  este mundo, de lejos me vienen.

En la noche de ayer, estuve leyendo entre otras, "fanega" y "fielato".


CUARTILLA
(Nota del editor: acabo de hablar con el redactor jefe de este blog y me comunica que esta imagen se corresponde con una cuartilla, y no con una fanega. Entre el señor Google y El Abuelo de Villaharta, no hay duda a quién deberíamos seguir...)

La primera de ellas, lo era de un uso tan cotidiano en mi pueblo hasta mi ingreso en la Guardia Civil, cuando a punto estaba de cumplir los veinticinco años de edad, y que pensando en ello, me he dado cuenta que hace tiempo no la había oído. A pesar de que la palabra fanega. tenía varias acepciones, sobre todo a medidas de áridos o de tierras, es a la primera a la que voy a referirme.

La fanega era el peso de unos cincuenta o cincuenta y cinco kilos de trigo, cuyos submúltiplos eran la media fanega, la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo. La media fanega y la cuartilla, como bien se expresa eran la mitad y la cuarta parte de la fanega, y constaba de doce celemines, veinticuatro medio celemines y cuarenta y ocho cuartillos. Solo existían medidas de la cuartilla, celemín, medio celemín y cuartillo.

Como se cita anteriormente se utilizaba para la medida de áridos, casi exclusivamente de cereales, y se daba la circunstancia de que el trigo, la cebada y el centeno, o sea los llamados granos menores, la medida era rasada, que se hacía con el llamado rasero, que era de forma cilíndrica totalmente lisa, y así se echaba el grano en la cuartilla o medida que fuere y luego se le pasaba el rasero, quedando el grano completamente a ras de la parte superior de la medida. No así los granos mayores, como la avena, el maíz, los garbanzos, las habas y otros,  que se hacía con colmo, así que se estaba echando el cereal hasta que se llegaba al extremo de que se caía todo el que se echaba sobre la misma. Los raseros habían de ser completamente lisos sin prominencias o cierta superficie un tanto cóncava, que pudiera dar al ser raída en los granos menores, cierta ventaja para el vendedor o comprador. De ahí viene el dicho de ser "medida con el mismo rasero", o sea así para la venta como para la compra, o sea rasero legal.

El uso de la cuartilla solía utilizarse en las eras, donde se trillaba y se aventaba para separar el grano de la paja, y con ello para medir la cantidad de fanegas y se daba el rendimiento de lo que se había sembrado.

En mi pueblo y creo sucedería igual en todos los pueblos, las pequeñas heredades, sobre todo las que poseían las viudas, y que ellas por sí no podían explotarlas, solían bien arrendarlas o darlas a sembrar por terceras personas, que según la calidad del terreno se hacía a medias, si lo era de gran rendimiento, al tercio o a la cuarta parte, lo que si lo primero, era la mitad de lo recolectado para cada uno, dos partes para el que lo trabajaba y una para la propietaria o propietario del terreno, o tres partes y una respectivamente. Así en la propia era, cuartilla en mano una vez el grano limpio en la era, se procedía al reparto del mismo, según se había estipulado.

El celemín, el medio y el cuartillo, se utilizaba generalmente en casa de los labradores en sus ventas al pormenor  que lo era para piensos para gallinas, cerdos u otros animales. En casa de mis padres había una cuartilla, un celemín, un medio celemín y un cuartillo, y solo recuerdo que mi padre, en dos ocasiones sembró el terreno de una llamada cerca en las proximidades del pueblo, propiedad de una prima de mi madre, y lo hizo al tercio, o sea dos partes para mi padre y una para la dueña del terreno. Una vez la sembró de cebada y otra de trigo. En todos aquellos menesteres, la cuartilla era la reina de las medidas, salvo cuando en el resto que no había suficiente para utilizar la cuartilla, solía utilizarse el celemín, o un par de puñados para uno y otra.

FIELATO

Por cuanto a la palabra "fielato", eran una especie de pequeñas edificaciones a la entrada de las ciudades y los pueblos, donde se procedía al cobro de los productos que se entraban para la venta. Y esto, de los últimos fielatos que tengo constancia de aquí en Málaga, lo era a finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo, y que me acuerdo del que había por la Azucarera, entrada de Torremolinos por la carretera N-340, otra por la entrada por la llamada carretera de los Montes, junto a una curva un poco mas arriba de las últimas casas, y otra por entrada procedente de Campanillas. En todas ellas, los camiones, coches, carros, caballerías o personas a pié, habían de pararse, y pagar con relación a los productos o artículos que solían llevar. Así a bote pronto me parecía que hacía pocos años de la existencia de los fielatos, pero desgranando el paso de los días, hace mas de cincuenta años que debieron de desaparecer aquellos puestos de recaudación que existían a la entrada de los  pueblos y ciudades. Por tanto, la palabra "fielato", más que moribunda, está como se dice,  "criando malvas"  hace décadas.

Así trayendo al recuerdo aquellas primeras vicisitudes de las que guardo en la memoria, hasta yo  mismo me extraño de la lejanía de sus acontecimientos, y allí ya estaba yo.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 5 de enero de 2015

La noche mágica de los Reyes Magos

Cabalgata de los Reyes Magos 2015
Santa Cruz de Tenerife 


Creo recordar haber escrito sobre el particular en este blog en alguna otra ocasión, pero no por ello me voy a privar hoy de hacerlo de nuevo.

Creo que hay dos cuestiones importantísimas  en la vida en las que no se nos da la opción de poder elegir, que una es, la de los padres de quienes nacer, y la otra, la época en la que venir al mundo. Yo tuve gran suerte con la primera en la que me dieron la madre y padre mejores del mundo, no así lo fue con el tiempo que me toco vivir la infancia, adolescencia y primera juventud, aunque ya pasada aquella lejana época, tampoco es tiempo de verter quejas sobre la misma. Lo cierto es que estas dos circunstancias suelen condicionarte la forma y modo de vida que tendrás en lo sucesivo.

Desde muy niño, nunca creí en eso de los Reyes Magos, quizá tenía el antecedente de que nunca recibí regalo alguno, y sí, solían echarme, no en los zapatos, porque solo teníamos un par y había que ponérselos al levantarse, si no en una servilleta, una perruna, un rosco, una magdalena y tres o cuatro peladillas, esto último lo único que había que comprar, y los dulces, los que mi madre hacía para las Navidades y había que alargar su duración, para que sirvieran también de Reyes para los cinco hermanos que éramos.

Esos tres o cuatro dulces que nos "echaban" los Reyes, que como cito sabía que eran mis padres, era para mi una verdadera delicia, de lo que estoy totalmente de acuerdo con cuanto decía Cervantes, que "la mejor salsa del mundo es el hambre" y aunque trataba de que duraran siquiera un par de días, cuando llegaba el medio día, ya me lo había merendado todo. Pasado el tiempo y cuando llegué a tener uso de razón suficiente, me daba que pensar en la resignación que el no tener juguete alguno en ese día lo sobrellevábamos con tal normalidad, de lo que sin duda dos eran las razones esenciales para ello, la primera,y pese a que aún pueda parecer imposible cuando se cuenta con seis, siete u ocho años de edad, la permanente observancia de las carencias en el hogar, le hacen a uno acatar esas circunstancias sin la menor contrariedad, que al igual que el paladar y el olfato te lo modelan el uso y la costumbre, también el inculcarte el ser responsable lo dan las circunstancias que forzosamente vives,  y luego que eso mismo le sucedía a la inmensa mayoría de los amigos con quienes solíamos jugar, a lo que reza el dicho, que "mal de muchos, consuelo de tontos", y cuando menos, ninguna huella dejaba en nosotros tales carencias, y asumido con toda normalidad lo hacíamos.

De aquella infancia mía en la que solían los reyes echarme aquellos dulces, pasé a la época de la Guerra Civil en la zona roja que eso de las festividades de las Navidades y Reyes se hacía por que pasaran por alto, aunque no lo fueran como tal, y luego en la posguerra que lo esencial era el poder mantener la supervivencia, me llevaron cuando menos una década, a ni siquiera el pasar por la imaginación el poder recibir regalo alguno.

Mi primer regalo de Reyes que como tal pudo llamarse, lo fue cuando estaba próximo a cumplir los 28 años, ya como Guardia Civil, y lo fue de mi novia, luego mi mujer, y que era un anillo de oro, que se decía un solitario y también el primero que como tal hice yo a ella, un pañuelo de seda para el cuello y unos guantes de color rojo. Ya a partir de entonces los regalos de novios, luego a los hijos y así continuó hasta nuestros días, alcanzando a los nietos y a todo el entorno familiar mas próximo.

Pero pese a todo lo expuesto, por satisfecho me doy, y aquellas pasadas dificultades habrán tenido la recompensa de tener una etapa postrera de la vida, como sin duda no pudieron tener mis padres, y que  su infancia tampoco lo fue mejor que la mía, y lo que si pido a Dios, es que a partir de ya, todos los míos la tengan como yo la he tenido hasta el momento en que esto escribo.

Creo que lo he dicho en alguna otra ocasión, las personas somos la consecuencia de la época y todo el entorno en que nos ha tocado venir a esta vida, y como tal hemos tenido, como suele decirse, bailar al son que nos tocan, pero darnos hemos con un canto en los dientes, que hasta ahora seguro estoy en ninguna otra época pasada se ha vivido con el nivel de comodidad y bienestar que lo hacemos nosotros. Siempre como ahora, y mejor lo que Dios quiera.

Hasta la próxima.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Las vísperas del Año Nuevo

 Plaza de la Constitución, Málaga


Ya se percibe el eco de los aldabonazos solicitando la apertura de las puertas que den entrada al nuevo año. Cuántos sueños, cuántas esperanzas, cuántas ilusiones, cuántos proyectos estarán en ciernes para que puedan conseguirse en el año que está a punto de entrar. Pero no menos, cuántas y cuántos desengaños habrán de sufrirse también a lo largo de toda esa anualidad, al no cumplirse cuánto se esperaba, y en no pocas ocasiones, con la añadidura de alguna malaventura.

¡Qué diferencia en las perspectivas en esos deseos se van teniendo a lo largo de la vida! Y lo digo por experiencia. Primero, los juegos y los amigos de la infancia; luego el ser mayor; después ese revoltijo de sentimientos e ideas que se forma en la adolescencia e inicios de la juventud, con las novias, los trabajos, y una de las que mas se mantenían, digo "se mantenían", porque ya ha desaparecido, en esa expectativa, por parte de los varones, la mili. Sí, el paso por la mili, siempre suponían un antes y un después en el devenir de los hombres. Así se pensaba, "ya me quedan tres años para irme a la "mili", dos, uno, y cuándo te dabas cuenta ya estabas en los actos del alistamiento, la talla, el sorteo, la movilización, y hala, A LA MILI. Ya en esta situación, lo que mas se pensaba era en el matrimonio. Luego los hijos, sus estudios, sus trabajos, los nietos y así un largo etcétera, y ya personalmente, la hora de la jubilación. 

Y todo aquello que parecía no llegaría nunca, cuando menos te lo esperabas, y a lo mejor como a mí me sucedió, ni siquiera lo deseaba... ¡zas!... ya estaba allí. Ese momento de la jubilación te desorienta un tanto, y te quedas como si algo importante te faltara, y realmente así es. Te observas interiormente y pareces decirte a ti mismo, que ya solo te queda el medrar, aunque lo tengas bien merecido, por cuanto al haber estado muchos años de trabajo y actividad hasta el máximo. Pero te hace sentirte como un "aparte" de esa sociedad en la que necesariamente tienes que continuar viviendo, y que con la sucesión del día a día, acabas por considerarte inserto en ella, aunque para los que aún no han llegado a eso, ya lo consideran la "vejez", la "ancianidad", o sea. seres que precisan del tener que estar sobre ellos, en el sentido de la protección. 

Y así comienzan a pasar los años, los quinquenios, los decenios y en lo que te parece un soplo, estas tocando con las yemas de los dedos, la entrada en la "nonagenariedad" (o sin cursilería, cumplir noventa años), que si Dios quiere me faltan cuatro meses para ello. 

Pero lo que nunca se piensa o se concibe, por los que mucho camino por andar les falta para llegar hasta esta situación de la vida en la que yo me hallo, y sobre todo si de hombros hacía arriba se mantiene el equilibrio, aún no faltan deseos e ilusiones por continuar transitando por este mundo, y que como alguien dijo, "nunca se es tan viejo, como para pensar que todavía se puede vivir cuando menos, un año más". Y es cierto y deseado, pero sobre todo cuando miras en tu rededor, y contemplas lleno de gozo a todos esos seres a los que adoras,  y te adoran, que como nunca me cansaré de exponerlo, es el mayor tesoro que la vida puede darte y del que ese regodeo del que sigues libando, aunque suene a cursi, el néctar de la felicidad.

Así, demos la bienvenida al ya inminente año 2015, y después sea lo que Dios quiera. 

Hasta la próxima que ya será el año que viene, por que éste, que está a punto de acabar, nadie, y digo nadie, podrá volver a  pasar por él.




martes, 23 de diciembre de 2014

A vueltas con la Navidad


Loro Parque, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife


Pese a que mi entrada anterior trataba sobre las Navidades, aún el eco fresquito del sorteo de la Lotería Nacional que precisamente lleva el nombre de estas festividades, y por lo que a mi atañe mas importante que el propio sorteo, hoy llegan mis hijos y nietos que a lo largo del año están fuera de esta residencia, me obligan a volver sobre mis pasos anteriores y referirme a estas fiestas en las que todos nos vemos inmersos.

Por ello, y quizá, dando la razón a quien me adjetiva de "pensaor", como decía al principio sobre el eco del resultado del Sorteo de la Lotería Nacional, y habiendo presenciado a través de los medios de comunicación,  las múltiples celebraciones que los agraciados con los respectivos premios se han dado en organizar, de lo que yo, ni siquiera una "pedrea", como suele decirse, y menos aún, tampoco un reintegro que llevarme a la boca, he recibido de dicho sorteo, que por cierto es el único, o casi el único, que suelo jugar a lo largo del año.

Pero a eso voy, esa euforia manifestada por los celebrantes, y que conste que no la critico, que incluso la considero acorde con el hecho a celebrar, para mí, nunca tendrá la profundidad en el sentimiento como cuando se llega a estas alturas de la vida en que me hallo, esa reunión con  todos los seres queridos, con los que si Dios quiere, mañana he de verme rodeado. Siempre lo he dicho, las riquezas materiales nunca llegan a satisfacer por completo las ambiciones de quienes las poseen, siempre quieren más. Sin embargo de las riquezas afectivas, y de las que yo si me considero un multimillonario, se goza como de nada otra cosa en el mundo y ese regodeo que se apodera del alma en esos momentos en que arropado por todos ellos te sientes,   no pueden proporcionarlos ninguna otra cuestión a lo largo de toda la vida. Las riquezas materiales pueden dilapidarse, las afectivas del alma, entre mas se emplean, más aumentan.

Y es, seguro por nuestra educación y vivencias, por estas fechas cuando uno suele mirar hacia atrás y recorrer todo lo que ha sido tu deambular por la vida, se remueven nuestras conciencias, y tras hacer balance de todo el acontecer, el saldo positivo que dejan los recuerdos de todo aquello que pasas con tus hermanos, tus padres, tus amigos, tus amores y todo aquello que como he citado anteriormente es solo lo que más profundamente al alma llega, lo que no tiene precio, y no existen riquezas materiales con las que puedan adquirirse. A lo largo de toda mi ya larga vida, he sido compensado, sin  duda superior a mis merecimientos, de esos afectos de los que cabalgando voy y seguro me llevaran hasta que Dios tenga a bien abrirme las puertas del paso a la eternidad. Llenas llevo mis alforjas de cariños y amores imborrables y que sopesados con otras conquistas con las que se hayan podido conseguir en la vida, ni siquiera pueda tratarse de hacer mera comparación. Si aparte de haber sido agraciado con el dificilísimo hecho de venir a este mundo, además lo haya sido adobado con la dicha y felicidad de la que he gozado  y sígolo haciendo, solo cabe un recurso. DAR GRACIAS A DIOS.

Hasta la próxima entrada y DESEAR UNAS FELICES NAVIDADES Y UN NUEVO AÑO 2015 LLENO DE VENTURAS, A TODOS.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Fiestas de la Navidad

Avenida Tres de Mayo
Santa Cruz de Tenerife


Cuando sobre todo en las grandes ciudades se respiran ya los aires de las próximas fiestas navideñas, y como yo, según algunas lenguas, aunque no diré que de doble filo, soy "mu pensaor", esta mañana se me han venido al recuerdo lo distintas que a lo largo de mi vida, ya larga también, lo han sido. Creo recordar que en alguna ocasión anterior en mis entradas en el blog,  he hecho referencia a este tema, pero hoy voy a reincidir en ello, y que no me lleva otra intencionalidad que la diferencia de las unas a otras, al contrastar lo que éstas han ido siendo.

Las de mi niñez, lo mas entrañable que de ellas guardo, es los maravillosos dulces que mi madre solía hacer y que eran magdalenas, roscos, perrunas, buñuelos y hojuelas, que después solía guardar en lebrillos y orzas, y que yo tan pronto tenía ocasión solía dar una vuelta sobre ellos y llevarme alguno a la boca, procurando lo fueran cada vez distintos, a fin de que mi madre no notara la falta de ellos. Truco que de nada me valía, ya que mi madre era mucho mas astuta que yo, y el pago de tales desafíos solía pagarlos con alguna "guantadíta".


Luego vinieron los años de 1936 a 1938, ambos inclusive, en que las pasamos en zona roja, durante la Guerra Civil Española, y en las que además, de que esas festividades estaban totalmente finiquitadas, como nosotros estábamos viviendo en el campo, nos pasaban inadvertidas y hasta recuerdo que lo máximo que de ellas se decía, por ejemplo, cuando llegaba el 24 de diciembre, "hoy sería la Nochebuena", así que de esos tres años, como suele decirse, "ni fu ni fa".


Luego vinieron las de la posguerra, que por cuanto a las de los años 1939 a 1943, también ambas inclusive, las pasé en la finca de La Calera, donde me hallaba trabajando, y en las que realmente comencé a disfrutar de ellas, sobre todo la de ese último año citado, en que estaba estrenando la primera novia de mi vida. También el primer día de la Navidad, solíamos holgar, aunque por supuesto no se cobraba el jornal correspondiente, aunque los tres años de esas Navidades que estaba trabajando en la "molina", si no trabajábamos, solíamos recuperar la jornada perdida durante los dos o tres días siguientes.


Las seis restantes, o sea las de los años, 1944 a 1949 y pese a que las de los años 46 y 47, me hallaba prestando el servicio militar, debido a que me dieron permiso para ello,  las pasé todas en mi pueblo Villaharta. Por entonces había en el pueblo la costumbre que después de la Misa del Gallo, nos reuníamos quince o veinte amigos y hacíamos unas migas con sus correspondientes aditamentos de chorizo, morcilla, lomo y otros varios, y todos procedentes de la matanza. Esto se realizaba en la casa de quienes tenían avíos para ello, y para los demás, entre los que me contaba, una ocasión para darnos la "pechá" de comer, de la que tan necesitados nos hallábamos.


Luego durante la mañana del día primero de la Navidad, salíamos por el pueblo pidiendo el aguinaldo, y cuando llegábamos a una casa, lo primero que hacíamos tan pronto se llamaba a la puerta, era realizar la siguiente pregunta, ¿se canta o se reza ?. Y aunque en la mayoría de los casos, la respuesta era la de " se canta", salvo que estuvieren guardando luto de algún familiar fallecido no hacía mucho tiempo. si se autorizaba el canto, se hacía con villancicos y si lo contrario, con algunos rezos, tales como el padrenuestro, alguna salve o un credo, se pedía por el alma del fallecido y finalmente se solicitaba el "AGUINALDO", que aunque en la mayoría de los casos daban algun dinero, no mucho desde luego, en otros solían darnos también, algún que otro chorizo o algo comestible y que echábamos en una especie de espuerta que  para tal fin portábamos,  y  que en los días siguientes de la Navidad, que eran trés,  nos encargábamos de consumir, incluso con alguna garrafilla de vino que también solía caer.


Y llegaron las Navidades primeras que pasaba en la Guardia Civil, y desde luego las que mas profunda huella dejaron en mí, al punto de que próximo a cumplirse 64 años de ello, aún me duele el alma al recordarlo. Pues como alguno de vosotros sabéis, y que también lo he recordado en este blog, la nochebuena de 1950, me dieron un tiro, un compañero, de cuya causa no quiero recordar, en la rodilla de la pierna derecha, por lo que en la mañana del primer día de la Navidad, ingresaba en la Sala de Cirugía del Hospital Militar de esta ciudad de Málaga. Como quiera que pedí a mis superiores no dieran cuenta de ello a mi familia, dado a que además del disgusto que por ello hubieren sufrido, su estado económico de entonces no les permitía su desplazamiento y el alojamiento correspondiente para poder venir a verme, cuando llegaba la hora de las visitas y todos los enfermos o heridos recibían a sus familiares, sus amigos, sus novias y en fin alguien que cuando menos se interesara por su estado, yo en la cama número 2 de la Sala veía llegar a esas gentes y que al resultar desconocido para todos ellos, nadie, y digo NADIE, se dignaba siquiera preguntarme que me pasaba, como estaba, y así muchas veces tapándome la cabeza, bastantes lágrimas surcaban mis mejillas por aquella "SOLEDAD" que pese a estar la sala llena de gentes, suponía para mí. Ese era el pago que yo debí pagar, para evitar a mi familia lo que antes decía, y de lo que hoy, pese al tiempo transcurrido, no me arrepiento de haber procedido como lo hice. De aquella experiencia, lo que si saqué, fue el valorar lo que supone una palabra de aliento de un ser querido, una caricia, el beso de una madre o de una novia, y en fin todo eso que tan hondo llega, y puedo dar fe de ello, que supone mucho más, que pueda hacerlo el mejor de los regalos que hubieren podido llevarme. Unas lágrimas acaban de asomar a mis ojos, por el mero hecho de tener que relatar lo que aquellas Navidades supusieron para mí. No obstante, mi forma de proceder, evitaron que mis padres y familiares lo hicieran, si cabe, mucho más de lo que yo soporté.


A partir de esas Navidades de 1950, en que permanecí hospitalizado hasta el día 23 de febrero siguiente, todas lo han sido llenas de felicidad y bienaventuranzas, si descartamos las de 1996, en que mi mujer fueron las últimas que pasó en esta vida. A ella mi recuerdo.


Después y como espero las del presente año, sin que deje de traer al recuerdo TODOS esos seres queridos que han ido abandonando este mundo, lo sean como lo han venido siendo, y mientras todos los míos sigan estando como lo están siendo, ESPERO ME LO PASE CON LA DICHA Y CONTEMPLACIÓN DE ESA SERENA FELICIDAD QUE EL PASO DE LOS AÑOS VA DEJANDO SOBRE LAS PERSONAS, CUANDO RODEADO DE SERES QUE, NO ES QUE SE ESFUERCEN, SINO QUE SE DESVIVEN POR HACERTE QUE EL FINAL DE ESTA ETAPA DE LA VIDA, TE SEA LO MAS LLEVADERA POSIBLE. Para todos ellos mi felicitación y mi abrazo.


Que así sea.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Hoy festividad de Santa Bárbara

Pirámide de Santa Bárbara, Icod de los Vinos, Santa Cruz de Tenerife


Quiero recordar que en una ocasión anterior, no se el tiempo que hace, traté en este blog sobre la festividad del día de hoy. Y digo que lo se, porque también me acuerdo que hacía referencia a que Santa Bárbara la tenía como Patrona cuando era minero y volví a tomarla cuando me fui a la mili, dado a que me destinaron al arma de Artillería.

Tal día como hoy pero de 1946, aunque ya no estaba en el Regimiento donde fui destinado, si no ya en Capitanía General ejerciendo como mecanógrafo y que todos los que hayáis seguido mis "Recuerdos", sabéis el como y el cuando conseguí hacerme como tal,  me fui al Cuartel de Artillería sito en las afueras de la Ciudad de Sevilla en el punto conocido por "Pineda", donde juntamente con un paisano mio, que los dos fuimos destinados al mismo Regimiento, y unos amigos más que hice en los dos meses aproximados que pase en el mismo, celebramos el día de la Patrona Santa Bárbara.

Como quiera que los flecos del hambre seguían dando sus coletazos en España, máxime en los cuarteles, cuando como ya cité en una ocasión, solíamos robar las algarrobas de los seretes del pienso para los caballos, cuyo fruto iba revuelto con afrecho, la comida extraordinaria del día de la Patrona, era una oportunidad de hartarse de comer que se presentaba solo dos o tres veces en el año, y aquel fue uno de ellos.

Aunque lo mas sobresaliente que recuerdo de aquella celebración, fue que el entonces extraordinario torero que estaba en todo su apogeo, y creo que pocos llegaron a igualarlo con el toreo de capote, conocido como Pepe Luis Vázquez, y que había hecho el servicio militar en aquella Unidad, lidió dos vaquillas que resultaron ser todo una lección magistral de torería.

Pero el haber traído hoy a colación este tema, no lo ha sido por la festividad del día en sí, si no que recordando esa etapa de la mili que para mí fue maravillosa, se me ha venido al pensamiento una anécdota que sucedió pocos días después de habernos incorporado al Ejército.

Resulta que nos encontrábamos en la clase de teórica que se nos estaba dando por un Teniente instructor, y uno de los artilleros leía el articulado de los deberes, obligaciones y derechos del Soldado,  y que antes nos había estado comentando que en algunas ocasiones, sobre todo en épocas de guerra cuando la tropa la llevaban a descansar, o en situaciones que así lo requirieran, solían alojarla en casa de los vecinos del pueblo que por el Alcalde y demás autoridades consideraban tenían habitabilidad acorde para tal menester, y a continuación se leyó el artículo que trataba sobre este tema, y que luego en la Guardia Civil, yo me los hube de aprender, además de los referentes al Cuerpo, también los del Soldado.

Seguro que por el caso que voy a contar, este artículo se me quedó en la memoria, tal lo voy a referir y creo que lo será literalmente, o cuando menos muy, muy semejante. 

Decía así: "No podrá exigir en el alojamiento que tuviere, otra cosa, que cama, luz, agua, vinagre, sal y asiento a la lumbre, y el que maltratare a su patrón se le castigará en proporción al exceso."

Terminada la lectura del referido artículo, el Teniente preguntó si alguno sabía, el porqué de tener derecho a estas prestaciones. Y uno dándosela un poco de "enteradillo", se le levantó y muy resuelto respondió: "Creo que para hacer un gazpacho..." La carcajada que soltó el instructor seguro pudo oírse en toda Sevilla, sin duda porque sería lo que menos esperaba. Realmente de los cerca de setenta u ochenta reclutas que allí estábamos, ninguno, entre los cuales me cuento, teníamos ni pajolera idea de para que podía servir. Nuestro Teniente, hizo dos partes de aquello a que se tenía derecho, y la cama, luz y asiento a la lumbre, lo era como todos podemos suponer para qué. Pero lo del agua, vinagre y sal, era la incógnita que nos fue resuelta señalando que durante las caminatas los pies suelen sufrir ciertos roces por el calzado, y también llagas o ampollas en la piel, y que tomando baños con la mezcla del agua, el vinagre y la sal, la piel suele endurecerse para futuras marchas y a la vez curaba las que se habían padecido. Pasados mas de sesenta y ocho años de aquellas clases teóricas, los que no hayan hecho la mili y muy particularmente los jóvenes, hasta les resultaran ridículas tales enseñanzas, pero ni la vida militar que entonces se hacía, la diferencia de medios con que se dotaba a la fuerza y, como no, los procedimientos y medicamentos con los que se cuenta en la actualidad, hasta la casi carencia de ellos de entonces, marcan esa extrañeza que pueda resultar a quien en estos momentos pueda leer lo que se enseñaba en aquellos lejanos años, cuando aún se estaba lejos de reponerse de cuanto se había heredado de la no lejana Guerra Civil Española.

Perdonarme si pensáis, y no dudo que con razón, os he dado el tostón con la entrada de hoy. Pero esto ha sido otra "batallita del abuelo". La próxima será otra cosa.