martes, 27 de enero de 2015

Volando sobre el tiempo


Esta fotografía que encabeza la entrada, en la que aparezco junto a Antonio, entonces maître del Bar-Restaurante del Aeropuerto de Málaga, fue hecha en el año 1960, cuando yo estaba destinado en el mencionado aeropuerto, ostentando el empleo de Cabode la Guardia Civil, aunque mi cabeza esté cubierta por una gorra de plato, según se conocían dichas prendas y no por el popular tricornio, la prenda característica del Instituto al que pertenecía. Este detalle se debía a que cuando a mediados de los años cuarenta del pasado Siglo, desapareció el llamado Cuerpo de Carabineros y cuyas funciones fueron asignadas a la Guardia Civil, las misiones  encomendadas a éstos, tales como los servicios de fronteras, y los respectivos a las Aduanas  en los Puertos y Aeropuertos, a cuya fuerza se les denominó de Especialistas, y a los que se pasaba destinado tras un pequeño examen de las materias respectivas, para la práctica de  los respectivos servicios, se utilizaba la referida gorra, posiblemente como un referente a la usada por el referido Cuerpo desaparecido.

Al fondo de la fotografía, y como dando la sensación de ser el aeropuerto de un país casi tercermundista, se observa aparcado un avión, el entonces conocido como Super Constellation, y que solía llamarse simplemente "Super". Dicho avión era un cuatrimotor, por supuesto de hélice, el mayor entonces en los servicios de pasajeros, con una capacidad que si no recuerdo mal, lo era de entre ochenta y noventa, y que por supuesto no llegaba a transportar los cien.

Aunque no estoy totalmente seguro de ello, en el momento de realizar la fotografía, casi seguro era el único avión posado sobre las pistas del Aeropuerto de Málaga, pues solo con observar la foto, creo expresa a las claras lo que en sí era el mismo en aquellas fechas, y que oficialmente se le denominaba  "García Morato", nombre éste de un piloto de la Guerra Civil en el bando de los nacionales, no se, quizá de la misma escuadrilla en la que pilotaba Carlos Haya, cuyo nombre ostenta el Hospital del que todo malagueño conoce de sobra. El transporte de pasajeros, se realizaban en su mayoría por tres clases o tipos de aviones: uno, el ya mencionado Super Constellatión, con la capacidad de transporte que no llegaba a los cien pasajeros; otro conocido como "Convair", de una capacidad de ente los cuarenta a cuarenta y cinco, y el más popular de todos ellos, en aquellos años me refiero, el llamado DC-3, que solía llevar unos veinticinco o treinta pasajeros.


Aeropuerto de Tenerife Norte

Dos de estos últimos citados se hallan expuestos como una reliquia del pasado, el DC-3, en los límites del aeropuerto y no más de ciento cincuenta o doscientos metros de la fachada principal de la fábrica de Cerveza San Miguel, junto a la carretera N-340, y el Convair, unos cientos de metros mas hacia Torremolinos, pero en la misma línea del DC-3. Yo de lunes a viernes de cada semana cuando voy a casa de mi hija en Guadalmar, desde el autobús los contemplo allí colocados y donde la mayoría de las gentes ni siquiera saben ya lo que supusieron esos aparatos en el desarrollo de España, y al propio tiempo me transportan a mí hasta aquellos años, que al igual que ellos, me hallaba en el pleno apogeo de mi vida, dado a que contaba treinta y cinco años, por tanto van a cumplirse de aquello los cincuenta y cinco, y claro, y aun dando gracias a Dios, yo, aún sigo cruzando el mismo paisaje y las mismas calles que entonces, aunque mejor preparadas, y sin embargo ahí están esos dos "pájaros de hierro" como solían denominarse a los aviones, que además de mí, pocas personas más habrá que al contemplarlos sientan ese cariño que hacia las cosas inanimadas se les toma, cuando como ellos tanto influyeron y tomaron parte en los momentos de la vida en que yo también la gozaba, y que aunque hoy sigo haciéndolo con no menos deleite, si no al contrario, dado a que a ello se suma toda esa descendencia de la que entonces carecía, aunque alguien, y sin duda la principal artífice de ello, dentro de pocos días se cumplirán dieciocho años que abandonó este mundo, y se da la circunstancia, de que hoy precisamente, se cumple el 63º aniversario que la conocí, dado que lo fue,  el domingo 27 de enero de 1952.
 
Churriana desde el Aeropuerto de Málaga

En el poco más de un año que estuve destinado en dicho Aeropuerto, donde os podéis suponer el tráfico  existente que había en el mismo, pues creo que en el llamado Aeropuerto Internacional entonces, podría oscilar el movimiento en las veinticuatro horas del día, de unos veinte aviones poco mas o menos, al punto de que, un Inspector del Cuerpo General de Policía, el Señor Domínguez, padre del popular actor Antonio Banderas, que prestaba allí su servicio (porque allí éramos todos señor tal o cual...), un controlador aéreo,llamado Pedro González, algún empleado de Iberia, o el maître que figura conmigo en la foto, y yo, solíamos jugar una o varias partidas al dominó durante los servicios, para amenizar un tanto los espacios de tiempo, de a veces mas de dos horas entre las llegadas de uno a otro avión. Se me vienen al recuerdo que en muchas de las partidas, Pedro González, que por cierto era un jugador de dominó de primerísima fila, al que sin que sea una fanfarronada, el que suscribe no le iba a la zaga,  solía decir, esta es la última partida porque dentro de media hora tengo la llegada de un avión de tal o cual procedencia, asi que me tengo que ir para la torre. En el aeropuerto de Málaga, estábamos entonces, como suele decirse, "como en familia".


Aeropuerto de Málaga

Si tal está en la actualidad el Aeropuerto de Málaga, nos enviaran a los que entonces llevábamos todo el timón en el desenvolvimiento del mismo, mi aporte no era de lo mas importante para ello, nos encontraríamos  tan despistados como "gallina en corral ajeno" expresión  que solía utilizar mi madre.

De aquellos entonces recuerdo un hecho de que un día cuando volaba por la vertical del Aeropuerto de Málaga para tomar tierra, un avión "Super" desde el suelo observaron  que el mismo traía dos motores "en bandera" como creo se decía en el argot de la navegación aérea, o sea dos motores, uno de cada lado de las alas, con las hélices paradas y según los pilotos venían así desde la vertical de Córdoba y tuvieron que calmar un tanto al pasaje, dado a que muchos de ellos se dieron cuenta de que volaban con dos motores parados.


Aeropuerto de Málaga

Otra de las anécdotas acaecidas, y que dicen lo que entonces era el aeropuerto de Málaga, fue que creo era en el mes de enero o de febrero por la mañana, pero hacía un día de sol como solo en esta bendita tierra suele hacerlo por estas fechas, llegó un avión procedente de Oslo, y mientras descargaba y cargaba los equipajes y cargaba el combustible, las tres azafatas, sentándose por fuera  junto a las cristaleras del propio restaurante, y donde daba el esplendido sol de plano, subiéndose las faldas hasta casi la cintura y que se les veían plenamente las propias bragas, estuvieron cerca de una hora tomando el sol, lo que dio lugar a que todos los del aeropuerto se pusieran a mirar el espectáculo tan gratificante, que para los hombres por supuesto estaban proporcionando las tres jóvenes, y yo, como quiera que estaba de uniforme y no parecía muy correcto el que descaradamente me pusiera a presenciarlo como hacían los demás, solía dar algunos paseos por las proximidades y de soslayo, no me perdí del todo tampoco aquella contemplación. Ellas solo se dedicaban a gozar de aquel bendito sol y no paraban de sonreír dándose cuenta de como eran observadas.

Aeropuerto de Málaga

Aquel tiempo de servicio en el aeropuerto lo recuerdo con cariño, como todo lo que se hace con ilusión y mucho mas cuando se es joven, solo tenía el inconveniente de que tenía doce horas de servicio diarias, o sea otro Cabo y yo compartíamos las veinticuatro del día, o sea mas tiempo allí que con mi mujer y mis dos hijos que tenía entonces. Pasado un año, quedó vacante la oficina de la Plana Mayor de la Compañía sita en el Puerto de Málaga, la anunciaron, nos presentamos tres, la gané y de estar doce horas de servicio, incluso domingos y festivos, pase a tener  cinco horas de oficina por la mañana, dos por la tarde, y todas las noches a dormir en casita, domingos y festivos nada, y disfrutar de los hijos y el tiempo libre que me dejaba mi nuevo destino.

Aeropuerto de Málaga

Hasta la próxima entrada.


Aeropuerto de Tenerife Norte

martes, 20 de enero de 2015

Secuestrado



Una simple afección gripal me ha tenido como si estuviera secuestrado mas de una semana. A estas alturas de la vida, solo una gripe de la que uno esté afectado, da la sensación de que estás siendo víctima de un secuestro y siempre a merced de tus raptores. De lo primero que te priva es de la propia voluntad, y de nada que pueda pensarse te hallas con el ímpetu suficiente para realizarlo. El más simple movimiento que te veas precisado a ejecutar, tienes que hacerlo con el cuidado y tacto como si estuvieres vigilado por quienes todo te lo controlan. Si el reo en tal situación le embarga una sola obsesión, que no es otra que la de verse libre, el enfermo la tiene con verse también descargado de sus dolencias, que muchas son, o para mejor decir, lo han sido.

Yo, de por sí, incluso en mi juventud, la gripe, de la que ningún año me he librado de ella, me dejaba bastante mermado de fuerzas, ¿qué no será ahora, cuando ahí a la vuelta la nonageridad, me está esperando? Cuando solo por el mero hecho de girar la vista fuera del catre, se me antojaba estar ante una cuesta tan pendiente y difícil de escalar, que aunque esa meta forzosamente no ha de hallarse muy lejana, el cansancio del  camino recorrido la presientes allá en una lejanía de la que dudas puedas tener fuerzas para alcanzarla. Aunque no obstante, ¿quien sabe, si a la vuelta de cualquier curva del camino allí estará esperándote.?

Todo esto que termino de exponer, no es un estado de ánimo que me haya llegado por sentirme aún convaleciente de esta inoportuna gripe, si no que es hacer una crónica detallada y veraz de cuanto supone un camino tan vasto en el que me he visto inmerso en tener que recorrer, de lo que por supuesto doy gracias a Dios de que así haya sido, y además, como lo está siendo. La salud, como a otras muchas cosas importantes de la vida, le damos el valor que tienen, cuando las perdemos, según reza el dicho, y aquí viene a cuento de aquello que decía Cervantes: "Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, por que todos son, sentencias de la misma experiencia, madre de todas las ciencias". Cierto es. Cuándo a diario estamos gozándolas, ni siquiera tenemos un instante para escrutarlas, mirarnos en ellas, y dar gracias de tenerlas ahí, sino que parece el decirnos, de esto, es que soy merecedor, pero cuando se te escapa aunque lo sea por breve espacio de tiempo, tu propia conciencia te señala y dice: "Deja tu orgullo a un  lado, y da gracias a Dios todos los días por cuanto concedido, graciosamente te ha sido, y casi siempre a lo mejor, quienes te proporcionan esos beneficios, son mas merecedores que tú en poseerlos y a los que no pocas veces escatimamos corresponderles, aunque la verdad sea dicha, no siempre con intención de ello".

La entrada de hoy, más que exponer un recuerdo, ha sido un relato para justificar mi tardanza en escribir en este blog, y como no, también un ligero examen de la propia conciencia, que creo deberíamos  realizar con mas frecuencia.

Hasta la próxima, que ya despedida tan inoportuna visitante, algo se me ocurrirá de lo que tratar.

domingo, 11 de enero de 2015

Palabras moribundas

En las vísperas de las Navidades me han regalado un libro, cuyo título, es como se indica en el de la entrada, "Palabras moribundas". En el mismo se trata de palabras que como bien se indica y por diferentes motivos, están a punto de desaparecer incluso del Diccionario de la RAE.

En el trámite de su lectura, estoy observando que la inmensa mayoría de las mismas, y salvo las que lo fueron, o lo están siendo de uso exclusivo de solo algunos pueblos o regiones españolas, lo han sido de su uso cotidiano bien en mi infancia, adolescencia y hasta una bien entrada juventud, lo que acaba de darme el anuncio de que mis raíces sobre la llegada a  este mundo, de lejos me vienen.

En la noche de ayer, estuve leyendo entre otras, "fanega" y "fielato".


CUARTILLA
(Nota del editor: acabo de hablar con el redactor jefe de este blog y me comunica que esta imagen se corresponde con una cuartilla, y no con una fanega. Entre el señor Google y El Abuelo de Villaharta, no hay duda a quién deberíamos seguir...)

La primera de ellas, lo era de un uso tan cotidiano en mi pueblo hasta mi ingreso en la Guardia Civil, cuando a punto estaba de cumplir los veinticinco años de edad, y que pensando en ello, me he dado cuenta que hace tiempo no la había oído. A pesar de que la palabra fanega. tenía varias acepciones, sobre todo a medidas de áridos o de tierras, es a la primera a la que voy a referirme.

La fanega era el peso de unos cincuenta o cincuenta y cinco kilos de trigo, cuyos submúltiplos eran la media fanega, la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo. La media fanega y la cuartilla, como bien se expresa eran la mitad y la cuarta parte de la fanega, y constaba de doce celemines, veinticuatro medio celemines y cuarenta y ocho cuartillos. Solo existían medidas de la cuartilla, celemín, medio celemín y cuartillo.

Como se cita anteriormente se utilizaba para la medida de áridos, casi exclusivamente de cereales, y se daba la circunstancia de que el trigo, la cebada y el centeno, o sea los llamados granos menores, la medida era rasada, que se hacía con el llamado rasero, que era de forma cilíndrica totalmente lisa, y así se echaba el grano en la cuartilla o medida que fuere y luego se le pasaba el rasero, quedando el grano completamente a ras de la parte superior de la medida. No así los granos mayores, como la avena, el maíz, los garbanzos, las habas y otros,  que se hacía con colmo, así que se estaba echando el cereal hasta que se llegaba al extremo de que se caía todo el que se echaba sobre la misma. Los raseros habían de ser completamente lisos sin prominencias o cierta superficie un tanto cóncava, que pudiera dar al ser raída en los granos menores, cierta ventaja para el vendedor o comprador. De ahí viene el dicho de ser "medida con el mismo rasero", o sea así para la venta como para la compra, o sea rasero legal.

El uso de la cuartilla solía utilizarse en las eras, donde se trillaba y se aventaba para separar el grano de la paja, y con ello para medir la cantidad de fanegas y se daba el rendimiento de lo que se había sembrado.

En mi pueblo y creo sucedería igual en todos los pueblos, las pequeñas heredades, sobre todo las que poseían las viudas, y que ellas por sí no podían explotarlas, solían bien arrendarlas o darlas a sembrar por terceras personas, que según la calidad del terreno se hacía a medias, si lo era de gran rendimiento, al tercio o a la cuarta parte, lo que si lo primero, era la mitad de lo recolectado para cada uno, dos partes para el que lo trabajaba y una para la propietaria o propietario del terreno, o tres partes y una respectivamente. Así en la propia era, cuartilla en mano una vez el grano limpio en la era, se procedía al reparto del mismo, según se había estipulado.

El celemín, el medio y el cuartillo, se utilizaba generalmente en casa de los labradores en sus ventas al pormenor  que lo era para piensos para gallinas, cerdos u otros animales. En casa de mis padres había una cuartilla, un celemín, un medio celemín y un cuartillo, y solo recuerdo que mi padre, en dos ocasiones sembró el terreno de una llamada cerca en las proximidades del pueblo, propiedad de una prima de mi madre, y lo hizo al tercio, o sea dos partes para mi padre y una para la dueña del terreno. Una vez la sembró de cebada y otra de trigo. En todos aquellos menesteres, la cuartilla era la reina de las medidas, salvo cuando en el resto que no había suficiente para utilizar la cuartilla, solía utilizarse el celemín, o un par de puñados para uno y otra.

FIELATO

Por cuanto a la palabra "fielato", eran una especie de pequeñas edificaciones a la entrada de las ciudades y los pueblos, donde se procedía al cobro de los productos que se entraban para la venta. Y esto, de los últimos fielatos que tengo constancia de aquí en Málaga, lo era a finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo, y que me acuerdo del que había por la Azucarera, entrada de Torremolinos por la carretera N-340, otra por la entrada por la llamada carretera de los Montes, junto a una curva un poco mas arriba de las últimas casas, y otra por entrada procedente de Campanillas. En todas ellas, los camiones, coches, carros, caballerías o personas a pié, habían de pararse, y pagar con relación a los productos o artículos que solían llevar. Así a bote pronto me parecía que hacía pocos años de la existencia de los fielatos, pero desgranando el paso de los días, hace mas de cincuenta años que debieron de desaparecer aquellos puestos de recaudación que existían a la entrada de los  pueblos y ciudades. Por tanto, la palabra "fielato", más que moribunda, está como se dice,  "criando malvas"  hace décadas.

Así trayendo al recuerdo aquellas primeras vicisitudes de las que guardo en la memoria, hasta yo  mismo me extraño de la lejanía de sus acontecimientos, y allí ya estaba yo.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 5 de enero de 2015

La noche mágica de los Reyes Magos

Cabalgata de los Reyes Magos 2015
Santa Cruz de Tenerife 


Creo recordar haber escrito sobre el particular en este blog en alguna otra ocasión, pero no por ello me voy a privar hoy de hacerlo de nuevo.

Creo que hay dos cuestiones importantísimas  en la vida en las que no se nos da la opción de poder elegir, que una es, la de los padres de quienes nacer, y la otra, la época en la que venir al mundo. Yo tuve gran suerte con la primera en la que me dieron la madre y padre mejores del mundo, no así lo fue con el tiempo que me toco vivir la infancia, adolescencia y primera juventud, aunque ya pasada aquella lejana época, tampoco es tiempo de verter quejas sobre la misma. Lo cierto es que estas dos circunstancias suelen condicionarte la forma y modo de vida que tendrás en lo sucesivo.

Desde muy niño, nunca creí en eso de los Reyes Magos, quizá tenía el antecedente de que nunca recibí regalo alguno, y sí, solían echarme, no en los zapatos, porque solo teníamos un par y había que ponérselos al levantarse, si no en una servilleta, una perruna, un rosco, una magdalena y tres o cuatro peladillas, esto último lo único que había que comprar, y los dulces, los que mi madre hacía para las Navidades y había que alargar su duración, para que sirvieran también de Reyes para los cinco hermanos que éramos.

Esos tres o cuatro dulces que nos "echaban" los Reyes, que como cito sabía que eran mis padres, era para mi una verdadera delicia, de lo que estoy totalmente de acuerdo con cuanto decía Cervantes, que "la mejor salsa del mundo es el hambre" y aunque trataba de que duraran siquiera un par de días, cuando llegaba el medio día, ya me lo había merendado todo. Pasado el tiempo y cuando llegué a tener uso de razón suficiente, me daba que pensar en la resignación que el no tener juguete alguno en ese día lo sobrellevábamos con tal normalidad, de lo que sin duda dos eran las razones esenciales para ello, la primera,y pese a que aún pueda parecer imposible cuando se cuenta con seis, siete u ocho años de edad, la permanente observancia de las carencias en el hogar, le hacen a uno acatar esas circunstancias sin la menor contrariedad, que al igual que el paladar y el olfato te lo modelan el uso y la costumbre, también el inculcarte el ser responsable lo dan las circunstancias que forzosamente vives,  y luego que eso mismo le sucedía a la inmensa mayoría de los amigos con quienes solíamos jugar, a lo que reza el dicho, que "mal de muchos, consuelo de tontos", y cuando menos, ninguna huella dejaba en nosotros tales carencias, y asumido con toda normalidad lo hacíamos.

De aquella infancia mía en la que solían los reyes echarme aquellos dulces, pasé a la época de la Guerra Civil en la zona roja que eso de las festividades de las Navidades y Reyes se hacía por que pasaran por alto, aunque no lo fueran como tal, y luego en la posguerra que lo esencial era el poder mantener la supervivencia, me llevaron cuando menos una década, a ni siquiera el pasar por la imaginación el poder recibir regalo alguno.

Mi primer regalo de Reyes que como tal pudo llamarse, lo fue cuando estaba próximo a cumplir los 28 años, ya como Guardia Civil, y lo fue de mi novia, luego mi mujer, y que era un anillo de oro, que se decía un solitario y también el primero que como tal hice yo a ella, un pañuelo de seda para el cuello y unos guantes de color rojo. Ya a partir de entonces los regalos de novios, luego a los hijos y así continuó hasta nuestros días, alcanzando a los nietos y a todo el entorno familiar mas próximo.

Pero pese a todo lo expuesto, por satisfecho me doy, y aquellas pasadas dificultades habrán tenido la recompensa de tener una etapa postrera de la vida, como sin duda no pudieron tener mis padres, y que  su infancia tampoco lo fue mejor que la mía, y lo que si pido a Dios, es que a partir de ya, todos los míos la tengan como yo la he tenido hasta el momento en que esto escribo.

Creo que lo he dicho en alguna otra ocasión, las personas somos la consecuencia de la época y todo el entorno en que nos ha tocado venir a esta vida, y como tal hemos tenido, como suele decirse, bailar al son que nos tocan, pero darnos hemos con un canto en los dientes, que hasta ahora seguro estoy en ninguna otra época pasada se ha vivido con el nivel de comodidad y bienestar que lo hacemos nosotros. Siempre como ahora, y mejor lo que Dios quiera.

Hasta la próxima.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Las vísperas del Año Nuevo

 Plaza de la Constitución, Málaga


Ya se percibe el eco de los aldabonazos solicitando la apertura de las puertas que den entrada al nuevo año. Cuántos sueños, cuántas esperanzas, cuántas ilusiones, cuántos proyectos estarán en ciernes para que puedan conseguirse en el año que está a punto de entrar. Pero no menos, cuántas y cuántos desengaños habrán de sufrirse también a lo largo de toda esa anualidad, al no cumplirse cuánto se esperaba, y en no pocas ocasiones, con la añadidura de alguna malaventura.

¡Qué diferencia en las perspectivas en esos deseos se van teniendo a lo largo de la vida! Y lo digo por experiencia. Primero, los juegos y los amigos de la infancia; luego el ser mayor; después ese revoltijo de sentimientos e ideas que se forma en la adolescencia e inicios de la juventud, con las novias, los trabajos, y una de las que mas se mantenían, digo "se mantenían", porque ya ha desaparecido, en esa expectativa, por parte de los varones, la mili. Sí, el paso por la mili, siempre suponían un antes y un después en el devenir de los hombres. Así se pensaba, "ya me quedan tres años para irme a la "mili", dos, uno, y cuándo te dabas cuenta ya estabas en los actos del alistamiento, la talla, el sorteo, la movilización, y hala, A LA MILI. Ya en esta situación, lo que mas se pensaba era en el matrimonio. Luego los hijos, sus estudios, sus trabajos, los nietos y así un largo etcétera, y ya personalmente, la hora de la jubilación. 

Y todo aquello que parecía no llegaría nunca, cuando menos te lo esperabas, y a lo mejor como a mí me sucedió, ni siquiera lo deseaba... ¡zas!... ya estaba allí. Ese momento de la jubilación te desorienta un tanto, y te quedas como si algo importante te faltara, y realmente así es. Te observas interiormente y pareces decirte a ti mismo, que ya solo te queda el medrar, aunque lo tengas bien merecido, por cuanto al haber estado muchos años de trabajo y actividad hasta el máximo. Pero te hace sentirte como un "aparte" de esa sociedad en la que necesariamente tienes que continuar viviendo, y que con la sucesión del día a día, acabas por considerarte inserto en ella, aunque para los que aún no han llegado a eso, ya lo consideran la "vejez", la "ancianidad", o sea. seres que precisan del tener que estar sobre ellos, en el sentido de la protección. 

Y así comienzan a pasar los años, los quinquenios, los decenios y en lo que te parece un soplo, estas tocando con las yemas de los dedos, la entrada en la "nonagenariedad" (o sin cursilería, cumplir noventa años), que si Dios quiere me faltan cuatro meses para ello. 

Pero lo que nunca se piensa o se concibe, por los que mucho camino por andar les falta para llegar hasta esta situación de la vida en la que yo me hallo, y sobre todo si de hombros hacía arriba se mantiene el equilibrio, aún no faltan deseos e ilusiones por continuar transitando por este mundo, y que como alguien dijo, "nunca se es tan viejo, como para pensar que todavía se puede vivir cuando menos, un año más". Y es cierto y deseado, pero sobre todo cuando miras en tu rededor, y contemplas lleno de gozo a todos esos seres a los que adoras,  y te adoran, que como nunca me cansaré de exponerlo, es el mayor tesoro que la vida puede darte y del que ese regodeo del que sigues libando, aunque suene a cursi, el néctar de la felicidad.

Así, demos la bienvenida al ya inminente año 2015, y después sea lo que Dios quiera. 

Hasta la próxima que ya será el año que viene, por que éste, que está a punto de acabar, nadie, y digo nadie, podrá volver a  pasar por él.




martes, 23 de diciembre de 2014

A vueltas con la Navidad


Loro Parque, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife


Pese a que mi entrada anterior trataba sobre las Navidades, aún el eco fresquito del sorteo de la Lotería Nacional que precisamente lleva el nombre de estas festividades, y por lo que a mi atañe mas importante que el propio sorteo, hoy llegan mis hijos y nietos que a lo largo del año están fuera de esta residencia, me obligan a volver sobre mis pasos anteriores y referirme a estas fiestas en las que todos nos vemos inmersos.

Por ello, y quizá, dando la razón a quien me adjetiva de "pensaor", como decía al principio sobre el eco del resultado del Sorteo de la Lotería Nacional, y habiendo presenciado a través de los medios de comunicación,  las múltiples celebraciones que los agraciados con los respectivos premios se han dado en organizar, de lo que yo, ni siquiera una "pedrea", como suele decirse, y menos aún, tampoco un reintegro que llevarme a la boca, he recibido de dicho sorteo, que por cierto es el único, o casi el único, que suelo jugar a lo largo del año.

Pero a eso voy, esa euforia manifestada por los celebrantes, y que conste que no la critico, que incluso la considero acorde con el hecho a celebrar, para mí, nunca tendrá la profundidad en el sentimiento como cuando se llega a estas alturas de la vida en que me hallo, esa reunión con  todos los seres queridos, con los que si Dios quiere, mañana he de verme rodeado. Siempre lo he dicho, las riquezas materiales nunca llegan a satisfacer por completo las ambiciones de quienes las poseen, siempre quieren más. Sin embargo de las riquezas afectivas, y de las que yo si me considero un multimillonario, se goza como de nada otra cosa en el mundo y ese regodeo que se apodera del alma en esos momentos en que arropado por todos ellos te sientes,   no pueden proporcionarlos ninguna otra cuestión a lo largo de toda la vida. Las riquezas materiales pueden dilapidarse, las afectivas del alma, entre mas se emplean, más aumentan.

Y es, seguro por nuestra educación y vivencias, por estas fechas cuando uno suele mirar hacia atrás y recorrer todo lo que ha sido tu deambular por la vida, se remueven nuestras conciencias, y tras hacer balance de todo el acontecer, el saldo positivo que dejan los recuerdos de todo aquello que pasas con tus hermanos, tus padres, tus amigos, tus amores y todo aquello que como he citado anteriormente es solo lo que más profundamente al alma llega, lo que no tiene precio, y no existen riquezas materiales con las que puedan adquirirse. A lo largo de toda mi ya larga vida, he sido compensado, sin  duda superior a mis merecimientos, de esos afectos de los que cabalgando voy y seguro me llevaran hasta que Dios tenga a bien abrirme las puertas del paso a la eternidad. Llenas llevo mis alforjas de cariños y amores imborrables y que sopesados con otras conquistas con las que se hayan podido conseguir en la vida, ni siquiera pueda tratarse de hacer mera comparación. Si aparte de haber sido agraciado con el dificilísimo hecho de venir a este mundo, además lo haya sido adobado con la dicha y felicidad de la que he gozado  y sígolo haciendo, solo cabe un recurso. DAR GRACIAS A DIOS.

Hasta la próxima entrada y DESEAR UNAS FELICES NAVIDADES Y UN NUEVO AÑO 2015 LLENO DE VENTURAS, A TODOS.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Fiestas de la Navidad

Avenida Tres de Mayo
Santa Cruz de Tenerife


Cuando sobre todo en las grandes ciudades se respiran ya los aires de las próximas fiestas navideñas, y como yo, según algunas lenguas, aunque no diré que de doble filo, soy "mu pensaor", esta mañana se me han venido al recuerdo lo distintas que a lo largo de mi vida, ya larga también, lo han sido. Creo recordar que en alguna ocasión anterior en mis entradas en el blog,  he hecho referencia a este tema, pero hoy voy a reincidir en ello, y que no me lleva otra intencionalidad que la diferencia de las unas a otras, al contrastar lo que éstas han ido siendo.

Las de mi niñez, lo mas entrañable que de ellas guardo, es los maravillosos dulces que mi madre solía hacer y que eran magdalenas, roscos, perrunas, buñuelos y hojuelas, que después solía guardar en lebrillos y orzas, y que yo tan pronto tenía ocasión solía dar una vuelta sobre ellos y llevarme alguno a la boca, procurando lo fueran cada vez distintos, a fin de que mi madre no notara la falta de ellos. Truco que de nada me valía, ya que mi madre era mucho mas astuta que yo, y el pago de tales desafíos solía pagarlos con alguna "guantadíta".


Luego vinieron los años de 1936 a 1938, ambos inclusive, en que las pasamos en zona roja, durante la Guerra Civil Española, y en las que además, de que esas festividades estaban totalmente finiquitadas, como nosotros estábamos viviendo en el campo, nos pasaban inadvertidas y hasta recuerdo que lo máximo que de ellas se decía, por ejemplo, cuando llegaba el 24 de diciembre, "hoy sería la Nochebuena", así que de esos tres años, como suele decirse, "ni fu ni fa".


Luego vinieron las de la posguerra, que por cuanto a las de los años 1939 a 1943, también ambas inclusive, las pasé en la finca de La Calera, donde me hallaba trabajando, y en las que realmente comencé a disfrutar de ellas, sobre todo la de ese último año citado, en que estaba estrenando la primera novia de mi vida. También el primer día de la Navidad, solíamos holgar, aunque por supuesto no se cobraba el jornal correspondiente, aunque los tres años de esas Navidades que estaba trabajando en la "molina", si no trabajábamos, solíamos recuperar la jornada perdida durante los dos o tres días siguientes.


Las seis restantes, o sea las de los años, 1944 a 1949 y pese a que las de los años 46 y 47, me hallaba prestando el servicio militar, debido a que me dieron permiso para ello,  las pasé todas en mi pueblo Villaharta. Por entonces había en el pueblo la costumbre que después de la Misa del Gallo, nos reuníamos quince o veinte amigos y hacíamos unas migas con sus correspondientes aditamentos de chorizo, morcilla, lomo y otros varios, y todos procedentes de la matanza. Esto se realizaba en la casa de quienes tenían avíos para ello, y para los demás, entre los que me contaba, una ocasión para darnos la "pechá" de comer, de la que tan necesitados nos hallábamos.


Luego durante la mañana del día primero de la Navidad, salíamos por el pueblo pidiendo el aguinaldo, y cuando llegábamos a una casa, lo primero que hacíamos tan pronto se llamaba a la puerta, era realizar la siguiente pregunta, ¿se canta o se reza ?. Y aunque en la mayoría de los casos, la respuesta era la de " se canta", salvo que estuvieren guardando luto de algún familiar fallecido no hacía mucho tiempo. si se autorizaba el canto, se hacía con villancicos y si lo contrario, con algunos rezos, tales como el padrenuestro, alguna salve o un credo, se pedía por el alma del fallecido y finalmente se solicitaba el "AGUINALDO", que aunque en la mayoría de los casos daban algun dinero, no mucho desde luego, en otros solían darnos también, algún que otro chorizo o algo comestible y que echábamos en una especie de espuerta que  para tal fin portábamos,  y  que en los días siguientes de la Navidad, que eran trés,  nos encargábamos de consumir, incluso con alguna garrafilla de vino que también solía caer.


Y llegaron las Navidades primeras que pasaba en la Guardia Civil, y desde luego las que mas profunda huella dejaron en mí, al punto de que próximo a cumplirse 64 años de ello, aún me duele el alma al recordarlo. Pues como alguno de vosotros sabéis, y que también lo he recordado en este blog, la nochebuena de 1950, me dieron un tiro, un compañero, de cuya causa no quiero recordar, en la rodilla de la pierna derecha, por lo que en la mañana del primer día de la Navidad, ingresaba en la Sala de Cirugía del Hospital Militar de esta ciudad de Málaga. Como quiera que pedí a mis superiores no dieran cuenta de ello a mi familia, dado a que además del disgusto que por ello hubieren sufrido, su estado económico de entonces no les permitía su desplazamiento y el alojamiento correspondiente para poder venir a verme, cuando llegaba la hora de las visitas y todos los enfermos o heridos recibían a sus familiares, sus amigos, sus novias y en fin alguien que cuando menos se interesara por su estado, yo en la cama número 2 de la Sala veía llegar a esas gentes y que al resultar desconocido para todos ellos, nadie, y digo NADIE, se dignaba siquiera preguntarme que me pasaba, como estaba, y así muchas veces tapándome la cabeza, bastantes lágrimas surcaban mis mejillas por aquella "SOLEDAD" que pese a estar la sala llena de gentes, suponía para mí. Ese era el pago que yo debí pagar, para evitar a mi familia lo que antes decía, y de lo que hoy, pese al tiempo transcurrido, no me arrepiento de haber procedido como lo hice. De aquella experiencia, lo que si saqué, fue el valorar lo que supone una palabra de aliento de un ser querido, una caricia, el beso de una madre o de una novia, y en fin todo eso que tan hondo llega, y puedo dar fe de ello, que supone mucho más, que pueda hacerlo el mejor de los regalos que hubieren podido llevarme. Unas lágrimas acaban de asomar a mis ojos, por el mero hecho de tener que relatar lo que aquellas Navidades supusieron para mí. No obstante, mi forma de proceder, evitaron que mis padres y familiares lo hicieran, si cabe, mucho más de lo que yo soporté.


A partir de esas Navidades de 1950, en que permanecí hospitalizado hasta el día 23 de febrero siguiente, todas lo han sido llenas de felicidad y bienaventuranzas, si descartamos las de 1996, en que mi mujer fueron las últimas que pasó en esta vida. A ella mi recuerdo.


Después y como espero las del presente año, sin que deje de traer al recuerdo TODOS esos seres queridos que han ido abandonando este mundo, lo sean como lo han venido siendo, y mientras todos los míos sigan estando como lo están siendo, ESPERO ME LO PASE CON LA DICHA Y CONTEMPLACIÓN DE ESA SERENA FELICIDAD QUE EL PASO DE LOS AÑOS VA DEJANDO SOBRE LAS PERSONAS, CUANDO RODEADO DE SERES QUE, NO ES QUE SE ESFUERCEN, SINO QUE SE DESVIVEN POR HACERTE QUE EL FINAL DE ESTA ETAPA DE LA VIDA, TE SEA LO MAS LLEVADERA POSIBLE. Para todos ellos mi felicitación y mi abrazo.


Que así sea.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Hoy festividad de Santa Bárbara

Pirámide de Santa Bárbara, Icod de los Vinos, Santa Cruz de Tenerife


Quiero recordar que en una ocasión anterior, no se el tiempo que hace, traté en este blog sobre la festividad del día de hoy. Y digo que lo se, porque también me acuerdo que hacía referencia a que Santa Bárbara la tenía como Patrona cuando era minero y volví a tomarla cuando me fui a la mili, dado a que me destinaron al arma de Artillería.

Tal día como hoy pero de 1946, aunque ya no estaba en el Regimiento donde fui destinado, si no ya en Capitanía General ejerciendo como mecanógrafo y que todos los que hayáis seguido mis "Recuerdos", sabéis el como y el cuando conseguí hacerme como tal,  me fui al Cuartel de Artillería sito en las afueras de la Ciudad de Sevilla en el punto conocido por "Pineda", donde juntamente con un paisano mio, que los dos fuimos destinados al mismo Regimiento, y unos amigos más que hice en los dos meses aproximados que pase en el mismo, celebramos el día de la Patrona Santa Bárbara.

Como quiera que los flecos del hambre seguían dando sus coletazos en España, máxime en los cuarteles, cuando como ya cité en una ocasión, solíamos robar las algarrobas de los seretes del pienso para los caballos, cuyo fruto iba revuelto con afrecho, la comida extraordinaria del día de la Patrona, era una oportunidad de hartarse de comer que se presentaba solo dos o tres veces en el año, y aquel fue uno de ellos.

Aunque lo mas sobresaliente que recuerdo de aquella celebración, fue que el entonces extraordinario torero que estaba en todo su apogeo, y creo que pocos llegaron a igualarlo con el toreo de capote, conocido como Pepe Luis Vázquez, y que había hecho el servicio militar en aquella Unidad, lidió dos vaquillas que resultaron ser todo una lección magistral de torería.

Pero el haber traído hoy a colación este tema, no lo ha sido por la festividad del día en sí, si no que recordando esa etapa de la mili que para mí fue maravillosa, se me ha venido al pensamiento una anécdota que sucedió pocos días después de habernos incorporado al Ejército.

Resulta que nos encontrábamos en la clase de teórica que se nos estaba dando por un Teniente instructor, y uno de los artilleros leía el articulado de los deberes, obligaciones y derechos del Soldado,  y que antes nos había estado comentando que en algunas ocasiones, sobre todo en épocas de guerra cuando la tropa la llevaban a descansar, o en situaciones que así lo requirieran, solían alojarla en casa de los vecinos del pueblo que por el Alcalde y demás autoridades consideraban tenían habitabilidad acorde para tal menester, y a continuación se leyó el artículo que trataba sobre este tema, y que luego en la Guardia Civil, yo me los hube de aprender, además de los referentes al Cuerpo, también los del Soldado.

Seguro que por el caso que voy a contar, este artículo se me quedó en la memoria, tal lo voy a referir y creo que lo será literalmente, o cuando menos muy, muy semejante. 

Decía así: "No podrá exigir en el alojamiento que tuviere, otra cosa, que cama, luz, agua, vinagre, sal y asiento a la lumbre, y el que maltratare a su patrón se le castigará en proporción al exceso."

Terminada la lectura del referido artículo, el Teniente preguntó si alguno sabía, el porqué de tener derecho a estas prestaciones. Y uno dándosela un poco de "enteradillo", se le levantó y muy resuelto respondió: "Creo que para hacer un gazpacho..." La carcajada que soltó el instructor seguro pudo oírse en toda Sevilla, sin duda porque sería lo que menos esperaba. Realmente de los cerca de setenta u ochenta reclutas que allí estábamos, ninguno, entre los cuales me cuento, teníamos ni pajolera idea de para que podía servir. Nuestro Teniente, hizo dos partes de aquello a que se tenía derecho, y la cama, luz y asiento a la lumbre, lo era como todos podemos suponer para qué. Pero lo del agua, vinagre y sal, era la incógnita que nos fue resuelta señalando que durante las caminatas los pies suelen sufrir ciertos roces por el calzado, y también llagas o ampollas en la piel, y que tomando baños con la mezcla del agua, el vinagre y la sal, la piel suele endurecerse para futuras marchas y a la vez curaba las que se habían padecido. Pasados mas de sesenta y ocho años de aquellas clases teóricas, los que no hayan hecho la mili y muy particularmente los jóvenes, hasta les resultaran ridículas tales enseñanzas, pero ni la vida militar que entonces se hacía, la diferencia de medios con que se dotaba a la fuerza y, como no, los procedimientos y medicamentos con los que se cuenta en la actualidad, hasta la casi carencia de ellos de entonces, marcan esa extrañeza que pueda resultar a quien en estos momentos pueda leer lo que se enseñaba en aquellos lejanos años, cuando aún se estaba lejos de reponerse de cuanto se había heredado de la no lejana Guerra Civil Española.

Perdonarme si pensáis, y no dudo que con razón, os he dado el tostón con la entrada de hoy. Pero esto ha sido otra "batallita del abuelo". La próxima será otra cosa.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cuarenta años, son años

Cuartel de la Guardia Civil
San Cristóbal de La Laguna (Santa Cruz de Tenerife)


Hoy se cumplen cuarenta años del homenaje que se me ofreció por el personal del Servicio de Información de la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga, a cuyo Grupo dejaba de mandar por el pase voluntario a la Jefatura de Armamento de dicha Unidad.

Celebramos una comida en la venta "Bartolo" primera que había al inicio de la subida por la carretera de los montes, no se si existirá todavía como tal, y donde solíamos hacerlo con relativa frecuencia, bien para celebrar cualquier éxito por algún servicio realizado, o también para mantener la unión y el buen entendimiento entre el personal que lo formaban, cuestión que yo consideraba de suma importancia para la buena marcha del Grupo. Del ofrecimiento del homenaje, designaron al Guardia Barrionuevo, que aunque no pertenecía a Información, si no que lo era como Radiotelegrafista en la emisora de la Comandancia, aunque muy unido en sus relaciones personales y profesionales con  Información, y con buenas aptitudes para el que había sido comisionado.

Perdonar, si podáis pensar lo hago por la vanidad de cuanto en su discurso, escrito por dicho Guardia se me hacía, aunque tampoco niego me disguste cuanto en el mismo se hacía alusión a mí, tanto  personal como profesionalmente, de lo que hay que deducir, que Barionuevo era un gran amigo mío y como tal lo redactó, y a continuación lo copio literalmente:

DEDICADO AL SARGENTO DEL SERVICIO DE INFORMACION D. RAFAEL GALÁN RODRIGUEZ, EN EL DIA DEL HOMENAJE QUE EL SERVICIO DE INFORMACIÓN DE LA 251ª COMANDANCIA LE DEDICA POR SU EJEMPLAR COMPORTAMIENTO COMO SUPERIOR Y COMPAÑERO, DURANTE SU  MANDATO EN  EL SIGC

"Queridos compañeros: me habéis encargado la grata embajada de ser el portavoz de vuestros sentimientos. Esta comisión me produce una gran alegría, no por lo que entraña mi yo personal, es la alegría de comprobar una vez más, que pese a los materialismos que rodean a nuestro paso por la vida, existe algo muy importante, muy espiritual, que es la base de la convivencia humana, el verdadero sentido de la amistad y respeto que nos debemos unos a otros, que nos califica e identifica como personas de esta cualidad humana.

Esta comunión nos tiene aquí reunidos en fraternal abrazo para testimoniar con este sencillo y emotivo acto, el respeto y fraternidad que profesamos a nuestro superior y buen amigo Sargento D. Rafael Galán Rodríguez.

Todos conocemos profundamente las virtudes que adornan a nuestro superior, entre las que cuentan su sencillez y modestia; huelga hacer su panegírico, pero no podemos sustraernos de hacer una semblanza de lo que, con su digno sentido del mando y del compañerismo ha creado entre sus subordinados.


Por considerarlo así, voy a recordar unas palabras de aquel personaje creado por don Antonio Machado en cuyo ensayo humorístico y filosófico titulado, "Proverbios y consejos de Mairena", el cual decía:

"Sed modestos: Yo os aconsejo la modestia, o, por mejor decir yo os aconsejo un orgullo modesto, que es lo español y lo cristiano. Nadie es más que nadie.Esto quiere decir cuanto es difícil aventajarse a los demás, por que por mucho que un hombre valga, nunca tendrá mas alto valor que el de ser hombre. Huid de  escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis el contacto con el suelo. por que solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".


Este emotivo acto no es para dedicar frases sonoras y floridas como cumplido de sobremesa a la persona homenajeada; pero sí, momento para exteriorizar con honradez, hombría y satisfacción, respeto y cariño el sentimiento unánime de todos los que en este recorrido de la milicia hemos convivido con hombres de altos valores castrenses y espirituales como los que concurren en nuestro Superior y amigo.


Es justo dedicarle este homenaje, este recuerdo, como prueba de nuestro incondicional afecto y gratitud, prescindiendo de todo protocolo, de todas las fórmulas que no son necesarias cuando se siente y se habla con el corazón.


Amigo Rafael: Con tu elevado sentido y concepto de la responsabilidad, con tu estilo innato y con esa bondad que Dios te ha dado, has conjugado las dos esencias  mas sobresalientes del mando; ejercerlo con toda dignidad, sin mácula que lo empañe y aportar con tu amor y comprensión el complemento necesario para que la dura misión del mando, no siempre comprendida, sea mas efectiva contribuyendo a crear la mejor milicia, porque cuando el superior y el inferior llegan a conocerse y hablarse de corazón a corazón, es cuando se ha alcanzado la mayor plenitud de la disciplina-


Esto no es una alabanza sin fundamento, aquí tienes el fruto de tu buen hacer. Recógelo como prueba de lo que te apreciamos y te respetamos.


Te has hecho acreedor a ello, y sin vanidad, porque tu eres sencillo, sabes que es verdad, que todos nos sentimos honrados con tu amistad. Tu paso por el Servicio de Información, ha dejado una huella imborrable. Sin ninguna adulación de ninguna clase (porque nos consideramos muy hombres para incurrir en una bajeza), te decimos que esto es una verdad evidente, que la testimonian no solo los que te estamos subordinados, sino otro émulo de tus virtudes, tu Teniente, nuestro Teniente, que ratifica con su presencia, nuestras sentidas palabras y con orgullo podemos decir, que mientras haya hombres como vosotros, podemos decir que hay Guardia Civil.


Este abrazo que te doy como amigo y subordinado, es el abrazo de todos mis compañeros, que sella cuanto te decimos.

                                       
Málaga, 26 de Noviembre de 1974"    
       
    
Volviendo la vista atrás, mentira me parece hayan pasado cuarenta años, pero desbrozando todo ese acontecer durante ese tiempo, efectivamente no dudo de que así sea, principalmente porque muchas bienaventuranzas se han ido sucediendo, como asimismo no menos los desgarros, con la pérdida de muchos seres queridos que se han ido marchando defintivamente, como también lo han hecho más de la mitad de los asistentes a aquel acto, entre ellos el inolvidable amigo Barrionuevo del que guardo  y guardaré mientras viva un gratísimo  recuerdo.

Más de seis años después del acto reseñado y que por imperativo legal pasé a la situación de "retirado", por el propio personal que componían en su momento el Servicio de Información de la Comandancia, me volvieron a ofrecer otro acto de despedida y en el que me regalaron  un pequeño  busto de un Guardia Civil en traje de servicio de la época en que yo ingresé, lo que corroboraba que, y perdonar si con ello peco de vanidoso, me seguían recordando con el mismo cariño y afecto, que yo lo sentía por todos ellos. Como no, otro de los felices hitos que han ido jalonando lo que ha sido mi ya larga vida. 



El que tengo a mi derecha dándome un abrazo en la fotografía, y tomada el día en que se me ofreció el acto, es un Guardia que nos decíamos "paisano", por que era de Villaviciosa, pueblo limítrofe con el mío.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 23 de noviembre de 2014

El herrero y el herrador


Hace dos días, y no se porqué, se me vino a la memoria el nombre, un tanto raro, de una herramienta de los herradores y de la cual puedo asegurar hace por lo menos setenta años no había pasado por mi imaginación, y que en su momento señalaré. Al asociar la parecida similitud en la fonética de herrador y herrero, ha sido el motivo de llevarme hoy a titular esta entrada con el nombre de ambos oficios.

Con respecto al herrero creo todos sabéis se trata de quien trabaja generalmente el hierro y cuyos talleres como lo eran en mis tiempos (y llamados "fraguas"), creo están casi desaparecidos. Cuando yo era niño en mi pueblo había dos fraguas, cuyos herreros eran dos hermanos, el uno llamado Ovidio y el otro no recuerdo cuál era su nombre, dado a que todo el mundo lo conocía por su apodo, que era el de "Carita". En dichas fraguas se reparaban los diversos aperos utilizados en la agricultura tanto de los usados manualmente, tales como azadas, hocinos, hachas, azadones y otros, como de los componentes de los arados,  como las rejas, vertederas, manceras y demás.

El mayor de los hijos varones de Ovidio llamado Manolo y dos años mayor que yo, era buen amigo mio y con relativa frecuencia solía visitarlo en la fragua de su padre cuando le estaba  ayudando en el trabajo, y yo claro, iba buscando algún favorcillo como arreglarme una "rueda" de hierro con la que solíamos jugar, el "guiador" de la misma, o también como que me hicieran una "púa" para el trompo, no para que bailara más, si no que estuviera bien afilada, y que en algunas modalidades de jugar con el mismo que lo era lanzarlos con fuerza, y como no, también con malas ideas, sobre el de los demás niños, si conseguías que le dieras de lleno, muchas  veces solías hacer cuando menos dos partes del trompo tocado, y era motivo de jolgorio para todos, menos para el dueño del mismo, claro. Pero me he ido por los cerros de Úbeda y no era esto de lo que quería hablar sobre las fraguas, sino del modo y forma en que veía trabajar a Ovidio y su hijo Manolo, que con doce o trece años solía ayudarle en bastantes ocasiones, y no tenía que estar en la escuela, que a ésta no faltaba. Uno de los trabajos de mi amigo en la fragua era darle al fuelle para producir aire y avivar el fuego para calentar mas rápido la herramienta en la que se estaba trabajando. Me recuerda que Ovidio tenía una manera muy clásica de animar a su hijo en tal cometido y lo hacía solo diciendo una palabra, que era la de "aire" y tan en la mente la tenía, que incluso cuando ni siquiera estaba dándole al fuelle, solía soltar la misma como coletilla a lo que estuviera diciendo eso de, "aire".

Pero una cuestión que yo no comprendía, era que mi amigo manejaba un martillo mucho mayor y mas pesado que el que utilizaba su padre, y tenía que tomarlo con las dos manos por un mango de aproximadamente medio metro de largo y su padre con una mano asía una tenaza y sujetaba la pieza que trabajaban, y con la otra  un martillo mucho mas pequeño y ligero que el de su hijo. Finalmente, no se si por propia observancia o alguien me informó de ello, el padre ejercía como maestro del trabajo y con un golpe de su martillo señalaba en punto donde su hijo había de dar con el "macho", que así se le llamaba el martillo grande,  que hacía mucho mas efecto y con ello daban forma a como había de realizarse o arreglar la herramienta.

Una vez arreglada o fabricada la pieza a golpe de "macho" y martillo puesta sobre el yunque, si se trataba de una como azadas, hachas, rejas de los arados u otras que hubieren de utilizarse para cortar leñas,  cavar o roturar la tierra, antes de que la misma llegara a enfriarse, la metían en un depósito de agua fría y la mantenían según el rato que el maestro consideraba necesario para darle el temple correspondiente a la misión a la que, como se dice, iba a ser dedicada. El repiqueteo de los golpes dados con los martillos, más agudos los del pequeño y mas graves, los del grande, formaban un soniquete que a mi me resultaba agradable al oído.

El día que estaba lloviendo y no se podía salir al campo, en mi pueblo había un dicho, entre otros, que decía: "día de agua, taberna y fragua"; o se iban  los hombres a la taberna o iban a la fragua para arreglar algunas de las herramientas que no se hallaran en condiciones idóneas para el trabajo.



Y ahora les toca el turno a los herradores, entonces no había herradoras, que eran y son, los que les ponen las herraduras a las caballerías, o sea el similar a los zapateros para las personas.

Seguramente en mi pueblo ahora, rara vez se presenciara el hecho de herrar una caballería, dado a que si hay alguna pueda ser un caballo o yegua y no creo haya herrador como tal en el mismo, sino que lo llevaran a Espiel u otro pueblo donde quizá lo haya, pero mulos y burros que eran los que más se utilizaban para la agricultura y eran muchos los que había, era solo uno el herrador que había, y se ganaba la vida con tal oficio. Daba la casualidad, que solo una casa había por medio entre la fragua de Ovidio y la del herrador, del que no se como se llamaba, solo se que era un tanto pelirrojo y al padre se le conocía en el pueblo por el apodo de "rebañas".

Señalaré una circunstancia en la faena del herraje de una caballería y solía darse generalmente cuando el animal a herrar, era una mula "roma", de esas muy nerviosas y que lo mismo coceaban que hasta mordían, y si era que solo que daban coces, como para herrarla de las patas traseras el herrador estaba expuesto a recibir coces de la misma, se procedía a que la pata delantera del lado contrario a la trasera que se iba a herrar, se levantaba de suelo y se le amarraba con una cuerda a un punto de ventana u otro que hubiere para tenerla con la pata suspendida y si no al mismo cuello del animal, y así no podía alzar la otra pata trasera con la que que dar la coz, ya que caería al suelo. Asi mismo se conseguía no se movieran colocándoles fuertemente un instrumento llamado acial, bien en el labio superior del hocio, o en una oreja. Si lo que se quería conseguir es que no mordiera, entonces con el propio cabestro de la jáquima, se amarraba con la suficiente tirantez de que no le diera lugar a llegar con la boca hasta donde el herrador se hallaba realizando su trabajo. 

Aunque pueda  parecer que el hecho de poner las herraduras a una caballería sea una cuestión simple, los herradores utilizan cuando menos quince o veinte herramientas para su misión, tales como tenazas varias, martillos, gumias, escofinas, yunque y otras más, y la que yo cito al principio de esta entrada y que digo no se me había venido al pensamiento sin duda hace por lo menos setenta años, es una llamada "pujavante", y que se utiliza para cortar y poner el casco en condiciones de que la herradura, también una vez amoldada sobre el yunque, quede una vez puestos los clavos, bien ajustada y con el uso no se desprenda y que sería como si a nosotros se nos cayera un zapato.

Al principio cuando yo observaba cortar con el pujavante parte del casco a las caballerías, pensaba que debía de doler mucho al animal, pero creo fue mi padre quien me lo dijo, que era igual a cortarnos las uñas a nosotros, y por tanto resultaba indoloro.

Bueno creo que para algunos os resultará cuando menos novedoso algo de lo que he dicho hoy sobre los herreros y los herradores, cuestiones que yo solía ver casi todos los días durante mi niñez y juventud.

Hasta la próxima, que ya veremos por donde salgo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La perspectiva, según cuándo

Parque Nacional del Teide

Desde hace ya varios años, concretamente desde que transpusimos el DOS MIL, cada vez que se va aproximando el final de una anualidad, se me viene al recuerdo el panorama que yo creía, deseaba, o soñaba percibir desde la perspectiva personal en la que me hallaba.

Cuando solamente era todavía un niño-adolescente, tres cuestiones llegaban a preocuparme de lo que habría de sucederme en la vida, por cuanto a mi persona especialmente se entiende.  Sin que la una fueren de mas interés que las otras, eran simple y llanamente, el modo y forma en que habría de ser como el procurarme el sustento profesionalmente; otra, y posiblemente ésta, lo fuere sin duda con anterioridad a la citada, cual y como sería la mujer con que llegaría a formar un hogar, y la última, como sería la vida en el año dos mil, y aunque difícil consideraba que yo pudiera llegar a verlo, si lo conseguía, como sería mi vejez. Sin duda estas disquisiciones, quizá puedan resultar chocantes para quien ahora tenga conocimiento de esta preocupación mía, cuando sin duda aún era todavía un niño, pero como lo he dicho en toda ocasión que se ha presentado en este blog, y como su título lo dí en llamar "Recuerdos", esto así lo es, y como lo era lo digo.

Creo mi forma de pensar pudiera ser un tanto anormal para un niño, y vuelvo a repetirlo, como con ello no perjudicaba a nadie, no tengo por que ocultarlo.

Bueno vamos a ir desbrozando paso a paso cada una de estas tres cuestiones que digo, desde mi niñez ya llegaba a tenerlas entre mis preocupaciones.

Por cuanto a la primera, creo todos estáis al tanto, bueno perdonar que dé por hecho, que todo el mundo conozca cual haya sido mi profesión o forma de ganarme el pan, tal suele decirse, como si de una persona popular se tratara, pero en fin esto suele ser un ligero desliz que se escapa, y continuo, diciendo que pese a que la perspectiva que en mi pueblo existía entonces para ello, que cuando menos el noventa y nueve por ciento lo era el trabajo en el campo, y así lo fue como porquero a los diez años; pastor a los trece: luego como jornalero agrícola hasta los diecinueve; minero hasta los veintiuno; dos años y medio de mili y luego algo mas de treinta y uno en la Guardia Civil. Estos mas de treinta y un años en el Cuerpo, no me dieron la oportunidad de que con el cumplimiento de cuanto en el mismo era exigible, pudiera procurarme un enriquecimiento en cuanto a lo económico se entiende, pero si lo fueron en el terreno personal, y cuando menos a lo que ha sido mi familia, pude sacarla adelante con algunas estrecheces, sobre todo al principio, pero sí con menos dificultades de lo que nunca en mis primeras y precoces pensamientos hubiere siquiera llegado a soñar.

La segunda y sin duda la que más felicidad llega a procurar a una familia, tras varios titubeos que no premeditados, si no impuestos por las circunstancias, tuve la dicha de dar con una mujer, con la que llegamos a formar una familia, si no excepcional ni modélica, si lo suficientemente feliz, satisfactoria y nada que pueda reprochársenos,  que nos dieron tres hijos, dos varones y una hembra, y que, a que ya de por sí lo eran de condición, tuvieron el aditamiento de sus padres, de lo que sin duda mi mujer fue algo más que una colaboradora, otra vez me repito, no digo que modélicos, pero sí a lo mas que unos padres puedan desear, asi lo fueron, y digo, lo siguen siendo.

Y vamos a la última de las cuestiones. Siempre mis perspectivas de niño, joven e incluso de persona madura como se suele señalar cuando se tienen los cuarenta o cincuenta años, mi visión ensoñadora nunca llegaba a atravesar lo que consideraba era una barrera infranqueable como lo era el año DOS MIL, dado a que para entonces tendría yo los setenta y cinco, que especialmente durante mi niñez y juventud, era pensar en casi un imposible. Lo de como sería mi vejez, me viene, de lo de mi abuela paterna, que pese a que en su tiempo gozaron de una posición un tanto acomodada, el final de sus días lo fue el de estar cada mes en casa de uno de sus hijos, que de los nueve que eran, en mi pueblo solo estaban cuatro o cinco, según la época del año, y sobre todo en los años cuarenta, lo único que salvo en uno, podíamos darle, era el repartir  con ella la miseria, sobre todo en los alimentos que tanto escaseaban.

Pero los años fueron pasando, llegó la hora de mi "retiro", como siempre se ha llamado la jubilación en la Guardia Civil, en 1981, diecinueve más hasta el dos mil y a poco mas de un mes para  volver la esquina de  2014 y tropezarnos de bruces con el 2015, y no solo que atravesé esa barrera infranqueable de la que yo veía desde mi perspectiva de la niñez  y juventud del año dos mil, entrar en el siglo XXI, y aquí estoy y en esto sí, que ni en los sueños mas ilusos de los que hubiere podido desear, una vejez, sosegada, plácida ilusionada y en una bienaventuranza de la que como citaba, mi abuela paterna, hubiera deseado pasar que lo hubiere sido incluso mejor de lo que en sus años de pasado tiempo pudo serlo.

Ahora la perspectiva que desde este casi próximo 2015 puedo observar volviendo la vista atrás, contemplo aquellos lejanos de cuando comencé a sentir ese porvenir, no pensaba entonces lo eran tan deprimentes y míseros de lo que en realidad lo fueron, ni tan gratificantes como son los actuales, que tampoco siquiera en aquellos inocentes desvelos yo podía suponer.

Solo el traer al recuerdo como eran aquellas vivencias, no comprendo siquiera el que fueran soportados con tanta resignación. Desde luego, las circunstancias marcan lo uno y lo otro.

Hasta la próxima.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sabañones y cabrillas

Los Sabandeños - Llamarme Guanche

Con la llegada de estas temperaturas a lo que aquí en Málaga ya llegamos a llamar frío, se me vienen al recuerdo aquellos sabañones y cabrillas que con motivo de la llegada de los frios invernales, solíamos padecer en general los niños, y las cabrillas, mas generalizadas en las mujeres de aquellos tiempos a los que yo me refiero.

Para despejar alguna mala interpretación a cuanto acabo de señalar, diré que los sabañones y las cabrillas se originaban por el acercamiento a las lumbres de las chimeneas y los braseros, que solían colocarse en las mesas camillas (o mesas estufas como se les llamaba en mi pueblo) cuando llegaban los fríos, cosa que creo ha desaparecido por completo, a la par que lo han hecho aquellas candelas en la chimeneas y los braseros de picón que a lo largo de todo el invierno se utilizaban.

Los niños de hoy, no saben de lo que se han librado, pues aquellos sabañones que salían en las manos, los pies y las orejas, originaban dos circunstancias, que no se cuales de ellas  era peor,  la picazón en algunos casos cuando del frío te aproximabas al calor de la candela o el brasero, o el dolor que te producía cuando se te enfriaban.

También durante la noche, en la cama cuando se te calentaban los pies, manos y orejas, esos picores llegaban a despertarte y alterarte el sueño, hechos que noche tras noche, y así durante todo el invierno, yo, como todos los niños, solíamos padecer.

Las cabrillas salían solo en la parte anterior de las piernas por su acercamiento también a la candela y el brasero. Digo que generalmente eran las mujeres de mis tiempos, debido a que como entonces, cuando menos en mi pueblo no salían a trabajar fuera de casa,  estaban en la misma, bien junto a la candela preparando las comidas y luego una vez terminados esos menesteres, lo hacían  cosiendo u otras ocupaciones, pero sentadas en la mesa camilla, se les originaban esas manchas que solo con el uso de aquellas medias de algodón, de color negro, que en su mayoría solían confeccionarse ellas mismas, como mi madre hacía, conseguían que salieran a la vista exterior y con ello se evitaba la fealdad que ello originaba, y también porque jamás una mujer solía usar pantalones en sus vestimentas ordinarias, lo que solo en las faenas de la recolección de la aceituna utilizaban una especie de pantalón que desde la cintura les llegaba hasta una altura aproximada de los tobillos y que en su parte inferior solían amarrarse a la pierna por medio de una especie de cinta.

Pero, ¿y en los hombres porque se daban menos los sabañones y en rarísimas ocasiones las cabrillas? Sencillamante como estaban trabajando en el campo, no solían arrimarse a las lumbres, por supuesto durante largos espacios de tiempo, y ni por supuesto a los braseros, y también dado a que utilizando los pantalones, y también, como recuerdo lo hacía mi padre, usaban calzoncillos que como en los pantalones de las mujeres en las faenas de recoger la aceituna, pero en color blanco, les llegaba hasta los tobillos, e igualmente mediante unas cintas de color blanco se  los amarraban a esa altura de la pierna, cuestión que les suponía un punto importante de combatir el frío en la faena a campo descubierto como habían de trabajar.

Quedan fijos en mis recuerdos aquellas estampas de varios niños, mal vestidos, y en no pocas ocasiones mal nutridos, ateridos de frío, a veces hasta discutiendo por ver quien ocupaba el mejor sitio para poder recibir el calor de aquellas candelas de leña de encina que en todos los hogares por imperativo de las temperaturas dentro de las propias casas había que hacer.

Pero de todo esto de los sabañones, lo que mas llegó a impactarme al punto que, pasados así como ochenta años largos, no se me ha olvidado, ni jamás estoy seguro ya lo haré, dado a que lo era antes de la Guerra Civil Española, un señor del que recuerdo solo se apellidaba Marín, procedente de la localidad vecina a mi pueblo llamada Espiel, y utilizando un pequeño burro de andar diligente, venía hasta mi pueblo dos o tres veces por semana a lo largo de todo el año, vendiendo pescado y que cuando apenas había amanecido ya estaba allí tras haber recorrido una distancia de unos quince kilómetros que separan ambas localidades, y aquel hombre tenía la parte superior de los hélix de ambas orejas, todo de un color morado y se le notaba de haber perdido cuando menos varios centímetros de sus orejas en la parte señalada, lo que entonces, y hoy también, pensaba y pienso cuantos picores y dolores habría de haber padecido aquel hombre para llegar al punto de haber dejado sus pabellones auriculares en aquella situación. El trayecto que había de recorrer de su pueblo al mío, que como he citado lo era de unos quince kilómetros, mas de diez, lo eran por un terreno de lo mas frío de aquellos contornos, pero lo que tampoco nunca llegue a comprender, ni hoy tampoco, el porqué de no haber utilizado medios que le cubrieran las orejas, si no que lo hacía solo con una pequeña gorra de visera,  y que no le recuerdo de que ni siquiera la hubiese cambiado nunca, si no que era siempre la misma y posiblemente hubiere remediado, cuando menos en parte el haber llegado a aquella situación. Tan en el recuerdo mantengo su estampa, que podría describir hasta la indumentaria que solía vestir, también a lo largo del año, su gorra de un color marrón oscuro, quizá por la falta de no ser lavada muy a menudo, una especie de blusa de color azul celeste, no siempre lo limpia que había de menester, y en iguales condiciones, unos pantalones de tela color indefinido, creo debido a lo raído que se hallaban por el uso. Pero era verdadera compasión lo que yo siempre sentía por el pobre Marín, cuando durante la época del invierno lo veía recorrer las calles del pueblo pregonando su "pescado fresco", aunque tras ser pescado, luego llegara a su pueblo y desde el suyo al mío, me supongo habría de transcurrir no lejos de una semana.

Quizá de aquellos padecimientos durante mi infancia, niñez, adolescencia y juventud venga el total disfrute de mi situación actual y como diría Cervantes, "en la adversidad, se forjan los grandes corazones"... Cuando menos se aprende a sufrir y a soportarlo.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Lo que más deseaba

Una historia de amor como otra cualquiera...

Centro de Visitantes del Parque Nacional de Garajonay
Isla de La Gomera

Hoy al fin hemos pasado casi del verano a casi al invierno, cuando menos por lo que respecta a la temperatura aquí en Málaga. Pero no es al tiempo a lo que me voy a referir en la entrada de hoy, si no a lo que en los años de mi primera juventud, cuando se llegaba por estas fechas, cuales eran nuestros principales anhelos.

Como la inmensa mayoría de los que sois asiduos lectores de este blog sabéis de los cinco años que pasé trabajando  en la finca de La Calera (perdón por lo de "inmensa" y a la vez "mayoría"), desde los quince a los diecinueve, pasábamos a veces cuando menos quince o veinte días sin ir siquiera por el pueblo. De los ocho o diez que solíamos estar trabajando fuera de la recolección de la aceituna, cinco o seis éramos solteros y casi de idénticas edades.

El no va más de nuestras ensoñaciones durante todo el año, era la llegada de  la "faneguería", como solía denominarse al conjunto de las personas que componían, cuantos se iban a dedicar a los distintos trabajos relacionados con la faena, cuyo mayor contingente lo formaban los vareadores y recogedoras del fruto, siendo éstos alrededor de las cien, de los cuales casi el doble lo eran mujeres, dado a que se consideraba una pareja de recogedoras por un vareador. De esas aproximadas setenta mujeres, también la mayoría solían ser jóvenes y solteras.

Como el inicio de la temporada solía ser casi todos los años en la primera decena del mes de diciembre, por estas fechas, como cité anteriormente, ya íbamos contando los días que faltaban para ello, y que cada jornada nos parecía una eternidad. ¿Pero qué era lo que tanta ilusión nos hacía que llegara ese momento del inicio de la recolección de la cosecha? Nada más y nada menos el que cada noche se celebraba baile después de la cena, y que en los días laborables lo era hasta las once de la noche y los domingos y festivos, hasta las doce, en que el manijero principal, que solía ser el que mandaba los vareadores,  pese a que el número de personas a las cuales dirigía era muy inferior al de las mujeres, en que daba la voz de  ¡termina el baile!

¿Y solo eso despertaba en nosotros semejantes ensoñaciones?

Pues sí, y posiblemente si algún joven de hoy que pudiera leer esto, ni siquiera podría imaginar que ello sucediera. Pero las personas somos lo que las épocas en las que no ha tocado vivir nos llevaban sin remedio a tales apetencias. Pero si además de poder bailar todas las noches con mujeres jóvenes, que como he dejado dicho antes se nos pasaban semanas enteras sin siquiera verlas, pues en todo el cortijo el resto del año fuera de la temporada de la recolección, solo había una mujer y era la esposa del casero, que casi seguro cuando salíamos para el trabajo incluso hasta se hallaba durmiendo, y cuando regresábamos de la jornada, habíamos de entregarnos a prepararnos la cena, con la agravante de que pocos elementos teníamos para ello, y tras una pequeña charla con los compañeros había que irse a la cama, porque tan pronto asomaban las primeras claras del día había que levantarse, y de ahí mi entrada anterior de haber contemplado infinidad de amaneceres. Por otra parte, cuando son tantas las carencias que se tienen, el mero hecho de escuchar los rasgueos de una guitarra tañida con más o menos soltura, y poder bailar, agarrado por supuesto como siempre se hacían los bailes de entonces, lo que visto desde las perspectiva de estos catorce años del ya siglo XXI, incluso a mí mismo me cueste trabajo el poder digerir como aquellas simplezas puedan parecer hoy, nos llevaban a sentirnos plenamente gratificados. Y si además, como me sucedió en la ultima temporada que pasé allí, que me eché novia, el primer amor de mi vida, guardo de ello, uno de los recuerdos mas entrañables de aquella lejana juventud. Lo que no podría decir, es si los jóvenes de hoy en su forma de relacionarse con las mujeres, y que se llaman novias a algo tan diferente a lo que entonces decíamos eran eso, pero no estoy por aceptar que para ellos hoy sientan la ilusión y la pasión en esos menesteres superior a la nuestra, pero ya lo he dicho antes, las personas somos la consecuencia de nuestras épocas y que nos vienen impuestas por las circunstancias del paso de los años. El mero hecho de besar a una novia, en mis tiempos, había que hacerlo en la más extricta intimidad, ni siquiera delante de una amiga o amigo, podía llegarse a tal evento. Pero cuando se presentaba la oportunidad, se realizaba con el apasionamiento propio del deseo contenido, y se consideraba un acto tan sublime, del que hoy solo es un remedo de aquellos besos.

Perdonar que traiga hoy a este blog, lo que sin duda a quienes tenga menos de sesenta años por ejemplo, les parezca además de ridículo una cuestión demasiado rancia, pero como yo así lo viví, y así lo mantengo en el recuerdo, así lo cuento.

Hasta la próxima entrada.