miércoles, 27 de agosto de 2014

Cumplemeses


Como hay quien dice que soy "mu' pensaor", hoy realmente me he levantado como tal, y se me ha venido a la memoria un pensamiento un tanto raro, como lo  que hoy es mi cumplemeses. Efectivamente hoy cumplo 1.072 meses de vida. Sí, mil setenta y dos meses, que traducidos a días son 32.629, contando los 22 de otros tantos años bisiestos por los que he transitado. Esto no deja de ser, como decimos en Andalucía, "una majaretá", pero de llegar a las conclusiones de meses, días y años bisiestos, me he encargado de verificarlo. Que le vamos a hacer, "cosas de viejos".

Si desde que nací hubiere podido comenzar a escribir mi diario, y poniendo en cada página un día de mi vida, llevaría ya escritos 32 volúmenes con mil páginas cada uno, y en el trigésimo tercero iría ya por la 629.

En este deambular por mis recuerdos, me remonto hasta el que creo es el primero de los que guardo, y era que estaba sentado en una sillita muy pequeña, junto a mi madre y a la puerta de nuestra casa, en la sombra, donde la acompañaban algunas mujeres más, todas ellas dedicadas a la costura. Este detalle parece hallarse en las penumbras de mis recuerdos, pero que el haberlo mantenido, puede ser, por que luego con el paso de los años, contemplaba la misma estampa de mi madre y algunas vecinas o familiares más, en iguales menesteres con lo que se remozaba ese mi primer recuerdo. Posiblemente no habría cumplido los tres años de edad.

Otro de esos recuerdos que podrían ser quizá algunos meses después, dado a que este no era en el estío, si no en invierno, y lo era  que acompañaba a mi abuelo materno a la taberna a tomarse un "chicuelo", que se llamaba a un café solo, con unas gotas de coñac o anís. Era de noche, hacía viento y frío, y como no había llegado todavía la luz eléctrica al pueblo, se alumbraba con un farol, cuyo combustible era el aceite, y mi abuelo me concedía la importante misión de ser yo el que portaba el mismo.

Creo que pasaría poco de los tres años, o quizá nada, cuando mis padres comenzaron a enseñarme a leer, y de aquí guardo ya  claros recuerdos. De aquella cartilla primera en las que se comenzaban con las vocales, a-e-i-o-u. Después de varias combinaciones con las mismas, la primera consonante era la m: m-ma-me-mi-mo-mu. De estas había dos frases de las que recuerdo exactamente que eran "mi mama me ama" y "amo a mi mama".

Creo que en una de las últimas hojas de la cartilla estaba la palabra "boa", junto al dibujo de una serpiente y un amigo mio, un año mayor que yo, que le costó trabajo aprender a leer, llamado Pedro, pero que lo conocíamos por Periquín, cuando le preguntaban por donde andaba en su lectura en la escuela, contestaba, que "por la bicha".

Creo que en la ya cartilla tercera y en las primeras de sus páginas, había una frase que decía: "el chino lleva coleta", y un dibujo en el que figuraba un chino con una especie de sombrero y por detras una trenza de su cabello.

Y ya en "Lecturas infantiles" o "Lecturas de Oro", no recuerdo en cual de ellos, libros, no cartilla, ya historietas completas, entre las cuales recuerdo una, de la que con el paso de los años, me tocó realizar, y que tenía por título, escuetamente "La Mina". y casi  talmente decía así: "A mí me llevaron el año pasado a una mina de carbón mineral. Un capataz nos acompañó a mi papá y a mí. Llegamos a la boca de un pozo muy profundo, aquel pozo era la mina. Bajamos y vimos a los mineros que arrancaban el carbon mineral. A mi me pareció muy penosa la faena de los mineros". Tenía razón el niño que contaba aquella historia. Ello pude comprobarlo con la experiencia, por espacio de algo más de dos años, que que trabajé en una mina de carbón mineral.

Durante toda esta travesía por la vida, cuántos acontecimientos familiares, personales, políticos, bélicos, meteorológicos, laborales y de tantas y tantas clases más, que es imposible de mantener en el recuerdo. Unos bienaventurados, otros tristes, otros trágicos, otros de la infancia, de la niñez, de la juventud, de la mili, del trabajo, de mis amoríos, de mi matrimonio, de mis hijos, de mis nietos, de mi jubilación, de enfermedades, de fallecimientos que dejan cicatrices imborrables en el alma, de otras cuestiones que no por que los años se vayan acumulando, no dejan de ser alegres, felices y, también porque no, que causen alguna desazón. Y todo esto, también he pensado hoy, que cuando yo me vaya, no es que se vaya conmigo, porque no me es permitido tanto bagaje para ese viaje final, si no que, quedará vagando por ese éter insondable de donde nadie puede apoderarse de nada de ello, por los siglos de los siglos, y por mucho que sea el tiempo que se esté por este mundo, podemos aceptar aquello de que alguien dijo aquello de que "la vida es un instante, comparada con el tiempo que tenemos que estar muertos".

Pero afortunados los que tuvieron,  hemos tenido y tendrán, la oportunidad de venir a este mundo, donde unos lo fueron lo son y lo serán de escasa dicha, otros que pueden haberlo sido, y lo serán de un mero equilibrio entre lo bueno y lo malo, y otros, los más afortunados, grupo entre el cual me considero inserto, y muy próximo a los primeros puestos de ello, cuyo balance me ha sido sumamente favorable, y como recuerdo de una frase de una comedia de la que formé parte,  en su representación cuando era poco mas que un adolescente,  titulada "Anacleto se divorcia", en la que hacía el papel de "Juncosa" y que era del tenor siguiente: "¡Si hasta Dios hizo la noche, pa que luzca mas el día!" . Y eso, aunque haya tenido que pasar por trances y hechos que como creo he dicho anteriormente, rebanan el alma, ello hace que resalten en lo posible los aconteceres alegres y bienaventurados, y dado a que en los más dramáticos que he tenido que soportar, lo fueron de esos, que son imponderables, aunque algunos lo hayan sido con mas adelanto de lo deseado.

Creo que solamente he hecho el dar rienda suelta a cosas de "un viejo", que al no tener otras más importantes que hacer, me he dedicado a pasar someramente, sobre todo por aquellos primeros recuerdos de mi vida, pero que nada de interés tienen, y si quizá algo de curiosidad para mis hijos, nietos y personas de la familia o amistades que sientan por mí cariño, afecto o amistad. Pero ya después de escrito, ahí va a quedar. En la próxima será otra cosa, sin duda de mayor interés o curiosidad.

Hasta ella.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Depósito de recría y doma


Como lo prometido es deuda, y en mi entrada del pasado día 10, prometí hablar de lo que después recordé su denominación. Depósito de Recría y Doma, una unidad militar, que cuando menos en los años cuarenta del pasado siglo cuando yo hice la mili, y ahora creo que también, estaba ubicada en la localidad sevillana de Écija. Todo esto vino a cuento del hecho tratado en la entrada citada, como eran los mulos, romos y castellanos, sus padres y en fin algo en relación con ellos.

Hoy sin ninguna duda, la citada unidad no ha de tener la importancia que por entonces tenía, debido a que el número de caballos y mulos de los que dispone el Ejército, seguramente no llegará ni a la décima parte de cuantos entonces tenía. Perdón, por si su diferencia no es ni aproximada a lo que acabo de citar, pero como suele decirse, lo he dicho al "tún tún", pero seguro estoy de que en aquellas fechas, era muchísimo mayor el número a lo que hoy tengan. Por ejemplo entonces los Regimientos de Caballería que seguro tenían cada uno algunos cientos de caballos, además de que en la mayoría de las unidades del Ejército también se contaba con algunas decenas de los mismos, así como bastantes mulos, a los que se les denominaba acémilas, lo que sin duda supondrían unos cuantos miles entre ambas clases de animales. (Eso de los nombres raros que en ocasiones se hacía en el ejército, recuerdo uno que me hizo gracia, y era el que a las botas se les llamaba "borceguíes"). Hoy creo que la mayoría de los entonces Regimientos de Caballería están mecanizados, y lo que entonces eran caballos y acémilas, hoy son vehículos de tracción mecánica, pese a que, y según he visto en ocasiones, se les sigue llamando Regimientos de Caballería, con alguna añadidura, lo que da a entender que los caballos y mulos están casi desaparecidos.

Así que, tanto la cría como la doma de lo que en aquellos tiempos suponía, habrá pasado a ser, si no mera cuestión testimonial, si de una mínima importancia por cuanto a las necesidades del propio Ejército.

No hay que olvidar tampoco, la gran cantidad de caballos, y voy a decir en la Guardia Civil, que es lo que más conozco, e incluso he utilizado los servicios de un caballo, sobre todo para correrías en las que había que patear mas de treinta kilómetros, que cuando ingresé en el Cuerpo, aquí en la Comandancia de Málaga solamente, seguro superaba el centenar, que sumados todos los que hubiere en las demás, habrían de superar varios miles.

Pero todo este rollo que me estoy marcando, viene a cuento de que en la mencionada entrada del día diez de los corrientes, hacía alusión a una misión que se utilizaba, no sólo en la mencionada unidad de Recría y Doma, sino además también en muchos otros casos particulares, en los actos de la generación, y creo recordar que decía, que a dicho menester se le daba nombre un tanto malsonante. A esa misión a la que me refería se le daba, y se le da, el nombre de "mamporrero".

Según la definición de la RAE, mamporrero, es el "Hombre que dirige el miembro del caballo en el acto de la generación". A ello yo daría igual definición, pero añadiendo a "caballo", también el de "burro".

Ello se hace necesario, dado a que la diferencia de alzada entre el caballo y la burra, son bastante diferentes, en mayor la del primero sobre la segunda, e igual circunstancia ocurre entre la del burro y la yegua, en este caso, también mayor, pero de la segunda sobre la del primero, lo que da lugar a que la situación de los órganos genitales entre los del macho y la hembra, en el acto del apareamiento resultan estar poco coincidentes, lo que hace que se precise el dirigir el miembro del macho hacía el de la hembra a fin de alcanzar "su objetivo".

Ya metidos en faena, como suele decirse, quiero señalar que el miembro del burro, sin lugar a equivocarme, es el mayor de todos los animales terrestres, y se da el caso, que pese a la diferencia de alzada del caballo con el burro, el de éste, es mas del doble que el de aquél. También a este particular señalaré que es muy frecuente contemplar el burro tanto como cuando esta pastando e incluso en ocasiones cuando incluso va con la carga que se le haya colocado mostrar sus atributos, lo que no parecería, si no que, mostrándose orgulloso de lo suyo, quisiera darlos a conocer a todo el mundo.

Pido perdón, y llevando un rato de si contarlo o no por lo que quizá de grosero tenga, me decido a ello, y es que acordándome de un chiste que me contaron, seguro cuando yo solamente  sería  un adolescente, y claro entonces y en un pueblo donde estábamos acostumbrados a ver todo cuanto del burro acabo de citar, me hizo cierta gracia, y reitero mi petición de perdón por si alguien le resbala aún tanto al leerlo, y ahí va tal a mí me lo contaron.

"Iba un padre dando un paseo por los extrarradios de un pueblo acompañado por su hijo de unos seis o siete años, cuando a la sombra de un olivo había un burro mostrando su atributo tal provisto de ello estaba. El niño al contemplar tal menester, le pregunta a su padre: Papá, ¿qué es eso que tiene el burro?, y el padre para salir de trance, le contesta escuetamente: Eso es que está enfermo, hijo.

Días después, el niño paseaba por el mismo lugar, pero esta vez con su madre y como no, allí estaba el burro en igual situación y el niño sin mas preámbulos le dice a su madre: "Mamá, ¿tú ves eso que tiene el burro? Pues es que está enfermo." La madre sorprendida, le preguntó que quien le había dicho eso, y el niño como era cierto, le contestó que papá. La madre. sin entrar en más explicaciones, le dice a su hijo: "¡Qué más quisiera tu padre tener la décima parte de salud que tiene el burro!"

Ya que lo he puesto. Ahí queda, aunque no sea como ejemplo del buen decir, pero tampoco creo que ni aún siendo un meapilas la cosa sea para rasgarse las vestiduras.

Hasta la próxima que ya veremos de que trato, aunque aseguro no contaré chiste de esta clase.

viernes, 15 de agosto de 2014

A la Virgen de Candelaria


Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, Tenerife
(15 de agosto de 2014) 



Aunque en mi anterior entrada había prometido continuar en la próxima, que es la de hoy, sobre el tema de los caballos, mulos y burros, pero en honor a mi Editor, que como residente en Santa Cruz de Tenerife, celebra hoy la festividad de su Patrona la Virgen de Candelaria, es la causa del incumplimiento de mi promesa, como digo hice en la anterior entrada.




Virgen de la Candelaria
(15 de agosto de 2014)


Hoy celebra la Iglesia la Asunción de la Virgen, que en el Catolicismo se considera como la elevación al Cielo en cuerpo y alma de la Virgen María. En diferentes puntos de España esta festividad se aplica, a Vírgenes con distinta denominación, como en el caso de Santa Cruz de Tenerife, a su Patrona la Virgen de Candelaria.

Yo, y como reza el dicho que, "donde hubo candela, ceniza queda", y aunque muchos son los años que me separan de cuando yo estaba destinado en el Servicio de Información, tan dentro de mí llevo aquel menester, que no hay acto de relativa importancia que escape a mis conocimientos y por tanto he llegado a saber que, mi referido editor durante la tarde noche de ayer, realizó una peregrinación a su Patrona, la Santísima Virgen de Candelaria, para lo que hubo de recorrer caminando a pie no pocos kilómetros, con esta humilde entrada me uno a su ofrenda y como homenaje a la referida Virgen, y que también, al igual que hasta ahora, le siga prestando su apoyo en todo lo que a él afecte.  

En mi pueblo siempre se le llamó a esta fiesta la Virgen de Agosto, y hasta había un dicho que decía: "Por Santiago y Santa Ana, pinta la uva, pa' la Virgen de agosto, ya está madura".

En mi juventud, la festividad de la Virgen de Agosto era seguro el reunirse varios amigos e irse de comilona al río, o algún sitio fresquito. Una de aquellas comilonas, y juraría no equivocarme, fue en el año 1942, que unos doce o catorce nos fuimos al Cortijo de "Las Mateas", donde el padre de uno de mis grandes amigos, (q.e.p.d.), estaba de encargado. Dicho cortijo estaba cerca de un río, e íbamos con la intención de pescar algunos peces, y además tratar de cazar, pese a estar en plena época de veda, alguna pieza tal como liebre, conejo, perdiz u otras cualesquiera, para lo cual algunos de estos fantasiosos cazadores, iban provistos de su correspondiente escopeta, aunque ocultas entres los aparejos de las  caballerías que para nuestro traslado llevábamos, a fin de que caso de tropezarnos con la Guardia Civil, fueran denunciados y además les requisaran el arma.


Tan rotundo fue el fracaso, primero porque el río estaba seco, y raros charquitos había en el cauce del mismo y por supuesto, peces ningunos. También y como quiera que el calor era sofocante. los que se daban por expertos cazadores, realizaron una pequeña batida sobre la solana de un olivar, y al no levantar pieza alguna, se dieron por vencidos, renunciando a continuar con su propósito.

Pero claro, el día no podíamos desaprovecharlo, y lo principal el hartarnos de comer aunque fuera solo un día, y que la mayoría de los que íbamos, bastante necesitados de ello estábamos y no tardamos en dar con la solución. Así volvimos al cortijos, y los expertos cazadores, ahora sÍ, con solo dos disparos dieron muerte a dos hermosos gallos, de los bastantes que había pastando junto a las gallinas en los alrededores del cortijo. Ni que decir tiene, que el propósito que nos había llevado hasta allí, fue debidamente cumplimentado. Además de los dos gallos, también hubo de correr mi amigo, con la añadidura de algunos chorizos y tacos de lomo, que en manteca todavía le quedaban en las orzas, de la matanza del año anterior.


Uno de los asistentes, por cierto hijo de la que era mi madrina, cogió una buena melopea y le dio por llorar a lágrima viva, y entre sus lamentos decía: "¡Mi madre tenía razón de que algún día me iba a ver mas tirado que una colilla!". No mucho rato antes de salir para el pueblo se le quitó la llantina. Ni claro tampoco fue el único que le fue a la zaga en coger buena trompa. No por presumir, aquel día para mí, lo esencial estaba en la comida, y de ello hice acopio para unos cuantos días, que buena falta me hizo. El vino, lo justo.

Hasta la próxima, que ni ocurre alguna contrariedad, le tocará a lo prometido en la anterior. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Mulos/as romos/as y castellanos/as


Mis raíces del campo, tan profundas son, que como diría Cervantes no se arrancan de donde están "ni a tres tirones". Así pues, como hace pocas fechas, vuelvo a mis andadas.

En muchísimas ocasiones he podido comprobar que muchas personas de las grandes ciudades, no saben exactamente lo que es un mulo, y no digamos que existen los mulos y mulas romos-romas, y castellanos-castellanas. Lo de castellanos, no es que hayan nacido en alguna de las dos Castillas, sino de quienes han sido sus padres. Pero es que no es que ello me sorprenda, sino que aun los hay quienes no distinguen un caballo de un mulo o un mulo de un burro. Y es que son de distinta clase, como lo es, los de caballar, mular y asnal.

Sin duda y como son los que mas suelen verse hoy a través de televisión, sean los caballos los más conocidos. La hembra del caballo es la yegua.

Luego vienen, los asnos, que si no fuera porque hay quienes se preocupan porque no desaparezca la raza, como sucede en la localidad de Rute de la provincia de Córdoba, posiblemente en España ya se habrían extinguido, y es que como estaban dedicados para la carga, y que entre el oficio de arriero, que eran los que mas solían utilizarlos, ésta si ha desaparecido, los solían hacer los campesinos que los empleaban para su transporte personal y la carga de frutos, enseres y útiles para el trabajo, que los coches y las motos los han sustituido con mayor eficacia y rapidez, y por tanto no tienen razón de ser, y ese es el motivo de su escasez hoy en día.

Y ahora vienen el ganado mular, que es el motivo de mi entrada de hoy.Vamos a ello.

Los mulos y mulas romos o romas, son los hijos de burra, o asna y caballo. Se da la circunstancia de que la mula roma, en casi su totalidad suelen ser excesivamente nerviosas, y dan coces y hasta en ocasiones pueden morder, lo que suelen ser difíciles de bregar con ellas y con las que hay que tener bastante cuidado si no se quiere sufrir algún percance. Por el contrario el mulo romo, es en general de condición mansa, bastante fuerte y muy apreciado para el trabajo.

Los mulos y mulas castellanos/as, son los hijos de burro, o asno y yegua. Estos suelen suelen ser tanto los machos como las hembras de parecidas características, tanto en condiciones de mansedumbre como de fuerza y eficacia en el trabajo. Los mulos solían utilizarse en la agricultura. tanto como yunta en la labranza o en el tiro de carros y carretas, aunque en otros puntos, para este menester solía utilizarse el ganado vacuno.

Así los mulos y mulas romos y castellanos, son un híbrido de caballo y burra y burro y yegua, y todos estériles, y aunque en alguna ocasión oí decir que una mula había parido, personalmente no he conocido ningún caso, ni lo creo,  aunque las hembras suelen salir en celo y los machos se castran siempre, lo que les lleva a ser mucho mas dóciles y manejables en el trabajo, aunque como he citado antes, su uso ha desaparecido, porque su utilidad ha sido sustituida por las máquinas y vehículos.

Hay una circunstancia entre las tres clases de animales, por la que ademas de su figura y alzada, como se dice a la estatura de los équidos, se distinguen muy bien y que son en las orejas. Las de los caballos son muchos mas pequeñas que las de los mulos, y las de los mulos un poco mas pequeñas que las de los asnos, o burros, como siempre se ha dicho entre las gentes de campo, de donde yo vine.La alzada del animal se mide desde el rodete del talón hasta la parte más alta de la cruz, o sea que el cuello y la cabeza, no se tiene en cuenta.

En la próxima, me comprometo a tratar de una unidad militar. que creo se denominaba, cuando yo estuve en la mili, y no se si existirá todavía, Cría Caballar, Yeguada Militar o algo parecido que estaba ubicada en Écija, localidad de la provincia de Sevilla, y en la que existía un cometido del que su nombre no era de muy bonito fonema, pero que se daba no solo en dicha unidad militar, si no también en todas las ocasiones que hacía falta en el devenir de la procreación animal del ganado equino.

Hasta la próxima entrada, que sera lo que he prometido.

lunes, 4 de agosto de 2014

Las plumas estilográficas


Tal día como hoy de hace dos años, nos reunimos toda la "familia", excepto mi nieto Pablo, a comer en el Restaurante La Sacristía del Rey. Después de la comida les regalé a cada uno de mis SEIS nietos, una pluma estilográfica "Montblanc (la de Pablo por ausencia, se la entregué a sus padres). Hoy, comenzando por el Restaurante, ya no existe como tal. La mayoría de la familia está desperdigada, como se dice, por diferentes puntos, unos mas lejos que otros, y como no, cuando los años se van apoderando de casi todas las facultades y nos hacen extremar las sensibilidades, he tenido y tengo la sensación de que la reunión tal lo fue hace dos años, no volverá a repetirse. Quizá tal vez nos haga también a los "mayores" caer en un escepticismo un tanto exagerado para llegar a estos sentimientos, pero tampoco nos falta razón para ello si tenemos en cuenta la velocidad con que se suceden las anualidades y la dificultad que cada día entraña, el que si no unos, otros, no puedan acudir a tales reuniones.

Aunque, algunos de los que no estaban han llegado esta tarde, son muchos los que aún "faltan", y ello como no, me han hecho traer y asomarse a las balconadas de los ojos algunas lágrimas.

Como el asunto que me ha traído hoy a esta entrada, no ha sido otra que traer al recuerdo a todos cuántos nos reunimos hace ya dos años, y por supuesto al que faltaba, y solo me queda que pedir a Dios, me conceda cuando menos una cita como aquella, y aun que ni siquiera falte nadie, a fin de que pueda gozarlo como entonces lo hice.

Ahora a esperar ese milagro y hasta la próxima entrada.

viernes, 1 de agosto de 2014

Hozar y ensortijar




Como dicen que la cabra siempre tira al monte, yo como mi primer trabajo lo fue de porquero, hoy me ha parecido oportuno traer a colación el cerdo y parte de cuanto con el mismo se relaciona, aunque extenderse a todo cuanto al mismo atañe, se precisarían varias entradas para ello.

Comenzaré por definir las dos palabras que dan titulo a esta entrada, como lo son "hozar" y "ensortijar", pero ambas con relación al ganado porcino.

La primera, la define la RAE como "mover y levantar la tierra con el hocico". Ensortijar, en la segunda acepción de dicha Academia se extiende un tanto en ella y lo define así: "poner un aro de hierro atravesando la nariz de un animal, para conducirlo o para impedir pastar donde no se quiere que lo haga".

Pues por lo que respecta a las dos anteriores definiciones voy a hacerlo hoy solamente, y aunque a la mayoría os resulte un poco extraño, y a lo mejor lo segundo hasta un maltrato al animal, tiene su justificación. 

La más selecta chacina que se saca del cerdo, la son de los de raza ibérica, y por añadidura los cebados en "montanera". Se utilizan varios modos y clases de cebo, como los son de "cebo" propiamente dicho,  que se puede hacer echándoles de comer cereales, tales como la cebada, la avena  el maíz, y otros, que el animal come encerrado en las llamadas pocilgas o zahúrdas. Luego esta la de "bellota", que suele echársele dicho fruto, pero también estando los animales encerrados en sus establos. Y como decía anteriormente, el mejor engorde de los cerdos para luego ser sacrificados en la matanza, está el de la montanera. Esta forma del engorde consiste, en que los animales lo hacen en las dehesas de encinares, a los cuales los cuidadores o porqueros, les varean las bellotas de las encinas y los cerdos las van comiendo, a la vez de que también, y como la época de la bellota es en el otoño, en las propias dehesas suele haber tiernas hierbas que con las aguas que hayan caído han brotado, y el ganado como durante todo el día está andando por el campo, no acumula tanta grasa, y como se dice entre los porqueros la carne se "trabaja mejor" y de ahí, no solo los exquisitos jamones, si no todo lo concerniente a la carne de los cerdos cebados en montanera, resultan los bocados mas exquisitos incluso para los paladares mas exigentes. 

Bueno y vosotros os estaréis preguntando, ¿pero ésto que tiene que ver con el "hozar" y "ensortijar", que es el titulo de esta entrada? 

Pues no os preocupéis que os lo voy a explicar del mejor modo que pueda y sepa, a fin de que no tengáis duda alguna sobre la importancia que ello tiene en cuanto arriba queda señalado. Englobando ambas palabras, procedo a ello. 

Como he indicado anteriormente la época de la bellota es en pleno otoño, y como consecuencia de las lluvias caídas por ese tiempo, suelen salir casi a ras de tierra lombrices, y varias larvas de insectos que los cerdos hozando la tierra suelen sacarlos de la misma y comérselos con gran deleite, al punto que como suele decirse, se "empican" en ello y se desentienden de comer otra cosa, y en vez de coger peso, lo pierden al punto de que en ocasiones lo hacen en proporciones de importancia, que es todo lo contrario del propósito del intento del cebo, que no es otro que el de que cojan el mayor peso posible. Así, con bastante tiempo anterior a la llegada de la montanera, se procede al ensortijamiento de todos los cerdos que se echan a la misma, que consiste en colocarle una especie de sortija de hierro un tanto acerado en la parte superior y anterior del hocico, que vulgarmente se le llama "jeta", y dado a que el hozamiento lo hacen con la parte del hocico en que se le coloca la sortija, le produce bastante dolor al intentarlo y tienen que desistir de hacerlo, obligándoles a comer solo la bellota que le es vareada de las encinas. El peso que suelen tomar los cerdos en los cuarenta días aproximados que suele durar la montanera, es mas importante de lo que pueda pensarse.

En mi pueblo había la costumbre, y entre ellos mi padre lo hizo mas de una vez, que los particulares que tenían un cerdo para dedicarlo a la matanza, se ponían de acuerdo con los dueños de encinares y que a su vez echaban varios animales para la montanera, los echaban a la misma, los pesaban el día que lo entregaban y volvían a pesarlo cuando terminaba la bellota, y el peso que había cogido el animal durante la misma, lo pagaban al precio que hubieron acordado.  

Una cuestión quiero añadir y que nada tiene que ver con el hozar y el ensortijamiento, y que solo se trata de los cerdos machos, los cuales solo se pueden sacrificar los que están castrados, pero desde mucho tiempo antes de la matanza, por que de no hacerlo así, la carne de los mismos exhalan un olor insoportable y el sabor de todas sus carnes no hay quien las coma.

Quizá en otra entrada continuaré con otras muchas cuestiones en relación con los "marranos", como se dice en mi pueblo, y que para muchos de vosotros os resultan seguro desconocidas.

Hasta la próxima, que no será tan cerda como esta.

sábado, 26 de julio de 2014

Y llegué a Málaga...


Hoy hace SESENTA Y CUATRO AÑOS, que llegué a esta bendita Málaga. Eran sobre las cinco y media de la tarde. Hacía un calor sofocante. Si he de confesar la verdad, la encontré mas sucia de lo que yo hubiere podido pensar.

Así mismo confieso, que mi destino a la Comandancia de Málaga, después de haber salido de la Academia de la Guardia Civil de Úbeda diez días antes, no fue de mi total agrado. El recibimiento que tuve al presentarme como jefe de expedición que venía de los aproximadamente veinte Guardias de la misma procedencia y destino, ante el  Brigada Comandante de Puesto en el Acuartelamiento de Natera, no fue tan poco, todo lo cordial que yo hubiere deseado, incluso por una cuestión baladí. Pese a todo cuanto llevo expuesto, me sentía feliz.

Desde bastantes años atrás de mi llegada a esta ciudad, y donde toda una vida me quedaba por delante, tenía la sensación de que el ser feliz, era principalmente una cuestión de talante, antes sin duda que de las circunstancias. Yo, y pese a que la inmensa mayoría de las personas que le dijera que como tal Guardia Civil que ya era, tan orgulloso de ello me sentía, que no habría hecho ni acaecimiento capaz de echar por tierra tanta congratulación, hasta no faltará quienes consideren ridícula mi euforia por tan humilde consecución, pero, y como diría mi paisano Séneca, "para nuestras ambiciones lo mucho es poco, pero para nuestras necesidades, lo poco es mucho". Así en mi caso, dejando atrás todo un pasado bastante mas mermado de posibilidades que el que acababa de conseguir, no podía por menos que darme por satisfecho, al punto de que, mis propósitos lo eran, como sucedió a lo largo de mas de treinta y un años  que permanecí en el Cuerpo, entregarme  a cuantas obligaciones, e incluso sacrificios, se  me exigieran, para cuando menos, no dañar en lo mas mínimo el prestigio que para mí tenía, y sin duda en nada se ha menoscabado, de esta Institución.

Cuando se está enamorado. como antes de ingresar incluso, yo lo estaba de esa Guardia Civil, nada resulta oneroso para su consecución, ni por supuesto consideras insuficientes sus aportes. Quizás los emolumentos que por aquellos entonces se percibían, no daban márgenes para conseguir algo mas que lo necesario, pero sí,  lo imprescindible para vivir, y más de lo que hasta entonces había conseguido.

Si las ambiciones se dominan y no se llevan al extremo de lo imposible, finalmente se llegan a conseguir las que mas a tu alcance las consideres, y a medida que ello sucede, entregándose a sus disfrute con la cautela de que ello no te lleve hasta unas exigencias desmedidas que te hagan sentirte defraudado por la imposibilidad de alcanzarlas, y a su vez te imposibilite del goce de lo ya conseguido y que seguro te llevaba, cuando te dispusiste a ello, y que si  así era, te ibas a dar por satisfecho.

Parece que me he ido por los Cerros de Úbeda, como diría Cervantes, dado a que para señalar la efemérides de mi llegada a Málaga, me he puesto a filosofar, cosa que parece es cierta inclinación a los pasados de años, aunque realmente y como lo que en principio me proponía era dejar constancia de todo lo alcanzado con solo ser Guardia Civil, y algunos ascensos posteriores dentro del Instituto, y que lo han sido y continúan siéndolo, superando en mucho, todas aquellas ilusiones que dentro de mis pensamiento bullían cuando hacia aquí venía, y lo han sido en todos los órdenes, tanto personales, como profesionales y familiares. Sin duda de forma distinta, y quizá un tanto presuntuosa, como antes lo he contado, dicho queda lo que pretendía.

Quizá ese regodeo por lo conseguido a lo largo de esos sesenta y cuatro años, y expuesto en esta entrada pueda resultar cuando menos empalagoso para quienes entréis en este humilde blog, y pido sepáis perdonarme, pero cuando unos sentimientos tan arraigados en lo mas profundo del ser se hallan, difícil misión es el poderlos ocultar, y una vez embalado en su exposición, continuarlos has, mientras el más mínimo detalle te quede por señalar.

Como los mayores solemos decir, con mas frecuencia de la que se debiera, vuelvo la vista hasta aquel 26 de julio de 1950, y veo un camino que paso a paso he ido recorriendo, y a cada horizonte que a mi vista se aparecía, se iba consolidando, e incluso superando toda la dicha con la que ni siquiera mis sueños estaban capacitados para alcanzar.

No pocos, han sido también los acontecimientos dolorosos que a lo largo de esa travesía, he tenido que soportar,  principalmente la pérdida de seres queridos, y que como ley de vida solo queda la resignación para afrontarlo y que de haberlo podido remediar sin duda lo hubiere hecho.

Hasta la próxima, que será otra cosa.

domingo, 20 de julio de 2014

Propio y derrotero

Derrotero náutico de las Islas Canarias


Aunque las dos palabras que figuran en el título dado a esta entrada, su fonética nos resulte totalmente familiar, no lo es así por cuanto a lo que son en una de sus acepciones en la RAE, y que como están en relación a las comunicaciones, allá va dedicada a mi buen amigo Daniel, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones, aunque seguro estoy que en la Facultad, o Facultades, donde cursó su carrera, no la tuvo como una de sus asignaturas, pero sí le aseguro que yo, lego en la materia, la primera una vez, y la segunda en unas cuantas, quizás menos de diez, las utilicé como medio de transmitir una noticia. 

Pero, amigo Daniel, sé que no tomarás esto como, que quiera darte lecciones sobre el particular, no soy un suicida, si no que tanto la entrada, como la dedicatoria, lo son en el sentido de que tú, que demasiado lo sabes, y los demás que se dignen leerla, vean el despegue tan espectacular habido en las comunicaciones, desde aquellas fechas en que yo utilicé esos medios, al día de hoy, al punto de que ni siquiera merece la pena el compararlas. Vamos a ello.

Propio. La 9ª acepción del diccionario de la RAE, sobre el particular, dice: "Persona que expresamente se envía de un punto a otro con carta o recado".

En aquellos momentos, la única forma de hacer llegar una noticia a un lugar en despoblado, lo era por el procedimiento del "propio".

Sin que recuerde la fecha exacta, pero si que lo fue entre los meses de diciembre de 1949 y el de febrero de 1950, y que yo ya estaba aprobado para el ingreso en la Guardia Civil y pendiente de ser llamado para incorporarme a la Academia, a primeras horas de la tarde de uno de esos días, fui  citado por el Cabo Comandante del puesto de la Guardia Civil, que se hallaba en el entonces llamado Casino en mi pueblo,  y  al que le acompañaba el propietario de una finca denominada la "Moheda", aunque en mi pueblo la llamábamos la Mojea, sita a una distancia entre los dos y los tres kilómetros de la localidad.

Ya en su presencia, el citado cabo, me entrega un sobre cerrado y me encarga lo lleve al cortijo de la indicada finca y le haga entrega del mismo al casero. Me recomienda que por nada ni nadie, me deje sustraer el sobre y que antes de que me fuera quitado, procediera a meterle fuego u otro proceder, y que en plan de broma me añadió, incluso comértelo. El dueño de la finca, primo hermano de mi padre, me añadió, si te encuentras a alguien por el camino y te pregunta, donde vas, le dices que te mando yo para que le digas a mi casero, que mañana a las ocho venga a recogerme a la casa con una caballería, que voy a salir de viaje.

Sin tener ni la más remota idea de cual pudiera ser el contenido del sobre, pero confiando en quienes me lo entregaban. Procedí a dar cumplimiento a cuanto, por favor, se me solicitaba.

Unos ocho o diez días después de haber actuado como "propio", cerca de la media noche,  una partida de cuatro hombres, de los entonces llamados bandoleros llegaban al cortijo donde había entregado el sobre, y como después tuve noticias de que lo habían realizado en distintas ocasiones anteriormente, pero en aquella ocasión, había dentro del caserío un grupo de seis componentes de la Guardia Civil, de las entonces llamadas contrapartidas, y tras llevar en la cocina del caserío cerca de media hora, y haber encendido el casero una hoguera para que los forajidos secaran sus ropas de la lluvia que les había caído durante aquella jornada, previa una señal acordada con la fuerza allí parapetada, quitándose urgentemente el casero del lado de los mismos, una cuantas ráfagas de los subfusiles, o metralletas como así eran conocidos popularmente,  de la fuerza hacia la hoguera donde se hallaban, dieron muerte a tres de ellos y el cuarto pudo escaparse, aunque por el rastro de sangre dejado también había resultado herido, Aproximadamente un mes después, fue detenido.

Sobre esto último, quiero hacer constar que, algo más de dos años después del sucedido indicado anteriormente, vi aquí en Málaga al que consiguió escapar de aquella encerrona, y que terminó como confidente de las antes citadas contrapartidas, que actuando y vistiendo,  como si fueran una partida mas de los bandoleros, fueron creadas para, como sucedió, acabar con el bandolerismo en España.

En el momento en que acaeció el suceso en aquel cortijo, habían en su interior algunas mujeres y niños, familiares de los trabajadores de la finca. Es de suponer el mal rato que hubieron de pasar, pero las circunstancias así eran.

Derrotero. Por cuanto a  ésta, la única definición del diccionario que he encontrado lo mas próximo a lo que en la Guardia Civil se llamaban derroteros, ha sido la que dice: "Camino, rumbo, medio tomado para llegar al fin propuesto".

En uno de mis primeros servicios prestados en el puesto de Torrelasal, sito entre Estepona y Sabinillas de esta provincia y donde fui destinado cuando salí de la Academia en Julio de 1950, llevé a cabo el cumplimiento del primero de los pocos derroteros que se me presentaron a lo largo de mi permanencia en el Cuerpo.

Como creo en diversas ocasiones lo he citado en este blog, tanto el puesto de la Guardia Civil de Torrelasal, como en la inmensa mayoría de los entonces existentes en toda la costa, no solo de Málaga, si no de toda España, se carecía de agua corriente, de luz eléctrica y como no de teléfono.

En las cabeceras de Compañía del Cuerpo, había en casi todas, una estación radio que utilizando el código morse. recibían y enviaban las noticias de urgencia. Pero estas encontraban la dificultad de la carencia de medios para cursarlas a los puestos pertenecientes a las mismas.

Así cuando llegaba una de esas noticias, como la que me dio motivo a  dar curso a un derrotero, lo fue por el anuncio de la posibilidad de un alijo de armas, creo recordar lo era por las costas de Almería, Granada y Málaga, que procedente de Argelia lo intentarían realizar, con destino a las partidas de bandoleros de las que ya hice mención en el caso anterior de esta entrada. Así, la noticia de urgencia llegaba a la cabecera de Compañía por medio de la radio, que traducida por el personal de la emisora receptora, se pasaba a la fuerza de servicio, por teléfono solo en los núcleos de población donde lo había, pero para el resto, este escrito se entregaba a la pareja de servicio mas próxima, tanto en un sentido de la dirección como en otro, y una vez firmada la recepción de la misma a quien se le entregaba, y así sucesivamente, esta pareja se encargaba de hacerla llegar a la que lo hacía limítrofe a ella, que previas señales a través de luces por medio de la linterna, se le indicaba se aproximara para hacérselo a ella, y así seguiría de una a otra hasta el final, de lo que en aquel caso lo era hasta el límite de la provincia de Málaga con la de Cádiz, por  toda la costa. En muchas ocasiones, cuando llegaba hasta la última pareja, habían transcurrido varias horas. Aunque quiero señalar, que en los diversos derroteros que durante los catorce meses que presté servicio en la costa, ni una sola vez, se cumplieron las amenazas de alijo que se decían, la mayoría de las veces lo eran de géneros de contrabando y en muy pocas las de armas, como en la primera ocasión.  

Amigo Daniel, cuán distinto y distante lo es de aquellos métodos que yo llegué a emplear para el curso de una noticia, a los que tu has llegado a poseer, de lo que entonces, ni tus mismos compañeros de carrera, seguro soñaban siquiera llegaran a conseguirse como lo son en la actualidad.   

Hasta la próxima entrada, que procuraré no hacerme tan pesado como quizá lo haya sido en esta.

lunes, 14 de julio de 2014

Albañal


Ayer, y no se a cuenta de qué, se me vino a la memoria la palabra albañal, cuando ni por aproximación, podría calcular la cantidad de años que ni se me había venido al recuerdo, ni por descontado la había escuchado. Seguro estoy, de que la mayoría de los que entren a la lectura de esta entrada, aunque no sean muchos, claro, lean por primera vez en su vida esta palabreja, salvo los que cuenten con setenta o mas años, como por ejemplo el que suscribe.

Pero como yo rebaso casi en veinte los mencionados setenta, durante mi infancia y hasta bien entrada la juventud, no solo oía a diario la palabra albañal, si no que hasta lo que ella significa lo veía y hasta utilizaba varias veces al día.

Pero antes de entrar en mas disquisiciones, diré que según el diccionario de la RAE. en su primera definición de albañal, dice: "canal o conducto que da salida a las aguas inmundas". 

Así, en la casa donde vivía con mis padres hasta la llegada de la Guerra Civil Española, cuando yo había cumplido ya los once años de edad, y como quiera que, como en el noventa y cinco por ciento de los domicilios del pueblo no había cuarto de servicio, y por supuesto agua corriente en ninguno de ellos, todas las necesidades fisiológicas durante el día, había que realizarlas directamente  en el albañal, que en nuestra casa estaba situado justamente, a unos cuarenta o cincuenta centímetros de la puerta que daba salida al que llamábamos corral, y consistía en una rejilla colocada  sobre el suelo y encima de un pequeño boquete que comunicaba con el canal de todos los desagües de la localidad, y que lo llevaban hasta desembocar en las afueras del pueblo en el que se llamaba arroyo de las zarzas. Cerca del albañal había siempre un cubo con agua de la que se vertía un poco de ella cada vez que alguien lo utilizaba, a fin de evitar los malos olores. 

Eso era por lo que respecta al horario de día en que  estábamos  levantados, que por la noche, debajo de cada cama, había un recipiente al que se le llamaba "escupidera" y allí era donde verificábamos nuestras necesidades, que cuando se trataba solo de la micción, la escupidera con la orina expelida quedaba otra vez debajo de la cama, pero si se trataba de evacuar el vientre y a fin de evitar el mal olor en la habitación, cuando lo era por un niño, la madre o el padre, en mi caso, los míos, se levantaban, tomaban la escupidera y con solo abrir la puerta del corral  echaban por el albañal lo defecado, y con el agua que siempre había junto al mismo, se realizaba una pequeña limpieza de la escupidera y el agua que había servido para ello, valía a su vez para alejar los excrementos del fondo del albañal. A partir de los seis, siete u ocho años, el mismo que había utilizado la escupidera era el que tenía que realizar la misión que los padres  habían hecho cuando se era menor.

Con la entrada de hoy me he colocado en la tesitura de tener que pedir perdón por lo poco agradable del tema, pero que a mí no me ha llevado a tratarlo, nada más que primero, por lo que a lo raro que os sonará a la mayoría la palabra del asunto, de la que seguro alguno de vosotros ni la habréis oído en la vida, y a su vez, dar testimonio de como era el cotidiano vivir de la inmensa mayoría de los españoles, y que como era lo que había, por fuerza se acostumbraba uno a ello, y que a decir verdad, hasta éramos felices.

Ah, en la parte alta de la puerta que daba acceso al albañal, había un pequeño tejadillo, a fin de que, si estaba lloviendo  cuando llegaba la necesidad de utilizarlo, por lo menos no cayera el agua encima. Lo mas difícil de evitar, era el frío del invierno, y sobre todo durante la noche y la madrugada. 

En próximas entradas traeré a colación así palabrejas de las que ya haga años hayan dejado de oírse y resultar un tanto extrañas, a fin de que cuando menos estemos por este mundo, mis coetáneos y yo, volvamos de vez en vez a sentirnos no solo jóvenes, si no hasta niños.

Os reitero la petición de perdón, por si os resulta un tanto desagradable el tema tratado.

Hasta la próxima.

miércoles, 9 de julio de 2014

Honores y tratamientos


Hoy, y como yo soy tan pensador, por lo mucho que pienso, no por otra cosa, me ha venido al recuerdo el tema que figura en el título de esta entrada, o sea el de Honores y Tratamientos. A este respecto, tengo que señalar el cambio tan radical dado desde "mis tiempos", como tanto nos gusta decir a los mayores, por no decir viejos, que hay a quien no le gusta nada tal calificativo, al día de la fecha. Creo, y como solía decir mi madre con mucha frecuencia, en tales  casos, aquello de que " ni Don Juan, ni junanillo" , ni tanto como había que hacer entonces, ni al punto de donde se ha llegado.

Los tratamientos de Excelentísimo, Usía, Ilustrísimo, Eminencia, y otros muchos, que les eran otorgados, tanto en el estamento militar, civil, religioso, judicial y cualesquier otro, que forzosamente había que dar de manera excesiva, sobre todo en los escritos, han pasado a mejor vida. De aquella rigurosidad, como digo, hemos pasado quizá, y perdonarme que lo diga, pero tal lo pienso dejo constancia de ello, a lo que en ocasiones creo es casi una falta de respeto o cuando menos de consideración, y aquí me vengo al tratamiento mas bajo en la escala de valores, como es, o para mejor decir era, el del usted.

Los que peinamos canas como suele decirse a los "metiditos en años", si no todos, casi en su totalidad, cuando sostenemos cualquier conversación con personas que superen los veinticinco o treinta años y no tengamos con ellos amistad o relación frecuente con los mismos, damos siempre el tratamiento de usted, (abreviadamente solía escribirse vd.). Sin embargo, las respuestas recibidas a los que así tratamos son de un tuteo tan descarado, que me causa cierta sorpresa de que a ellos les parezca tan natural, y no quiero decir con esto que carezcan de la suficiente educación, o con ello nos traten con desprecio o desdén, pero claro, tan arraigadas llevamos aquellas conductas, que primero, nos es casi imposible el poder renunciar a ellas y  segundo, cuando menos nos resbale el tuteo recibido incluso por adolescentes.  

En el tiempo de mi ingreso en la Guardia Civil, tenían el tratamiento de "don" toda persona que que estuviera ya en posesión del menor título académico como lo era el de Bachillerato Elemental, y si era exigido por el poseedor del mismo, se estaba en la obligación de dárselo, sino se había hecho. Pero sobre este particular, quiero hacer una protesta, de una, no se si había alguna ley o norma que lo exigiera, pero cuando menos en la Guardia Civil, si era exigible. Resulta que los Guardia y Cabos del Cuerpo, no teníamos el derecho al tratamiento de don, y así en todo escrito que figuráramos nominalmente, se nos colocaba generalmente comenzando por la del primer apellido, segundo apellido y el nombre, sin más. Pero he aquí, que todos aquellos Guardias o Cabos que fueren hijos de Capitán o empleos superiores, sí lo tenían, y era de obligado cumplimiento el colocarles su don, antepuesto al nombre.

Cuando se ascendía al empleo de Sargento, automáticamente pasábamos a obtener el derecho al tratado de "don", que tampoco se la disposición que así lo tuviera dispuesto, y que posiblemente viniera de al pasar a formar parte  de Suboficial, así lo estuviera.

Había también una obligatoriedad, que esa hube yo de estar cumpliendo durante toda mi permanencia en el Cuerpo y también en el ejército, que era la del "Dios guarde a.....", que en este caso no me disgusta el que haya desaparecido, a la finalización de todo escrito y antes de la la fecha. Sobre este tema voy a señalar una cuestión que me sucedió precisamente a mí, y era frecuente que entonces sucediera, cuando en cualquier escrito se cometía algún error u olvido, y que nuestro Coronel,  solicitaba la presencia ante él, del autor del escrito, y como en el extremo superior izquierdo del papel había que señalar, primero y en mayúscula las iniciales del nombre y primer apellido del Coronel, y segundo, pero en minúsculas y separadas por barra inclinada, las iniciales igualmente del que había hecho el escrito. A eso y como en el despacho del citado Jefe había una larga alfombra desde la puerta de entrada al despacho hasta su mesa, llamábamos "pisar la alfombra".

Pues una mañana el Brigada encargado de la oficina de mando, me dice: "Galán, a pisar la alfombra", y aunque nuestro superior del Tercio no gozaba de buena fama entre sus subordinados, con nosotros tenía cierta consideración en el trato y no podíamos decir fuera malo. Yendo al caso, paso al despacho, me entrega un escrito y me dice: "Éste lo has hecho tú"... Al contestarle afirmativamente, me invitó a leerlo. Detenidamente lo repaso, y al levantar la vista del mismo me vuelve a decir: "¿Encuentras alguna falta?".  Como no la había visto, le digo "no mi Coronel". Vuelve a leerlo y así hasta tres veces, en que como no veía nada extraño, me dice: "Te has comido el Dios guarde", y efectivamente así era. Yo leía el cuerpo del escrito en el que no llegaba a encontrar nada anormal. En fin como solía decirse, gajes del oficio.

Por hoy bien está la murga dada, pero déjennos a los mayores que nos desahoguemos trayendo a colación estas batallitas que tanto nos gustan...

Hasta la próxima.

miércoles, 2 de julio de 2014

Otra buena nueva

La entrada de hoy no tiene por objeto, nada más, pero nada menos, y dado los tiempos que corren, que mostrar mi alegría por la noticia de que mi tercer nieto, Alberto, que en este año ha terminado su carrera, ya tiene trabajo. Al igual que ha sucedido con los dos anteriores, José Carlos y Rafita, primero y segundo en el orden cronológico de su nacimiento, asimismo lo están, y precisamente en cuestiones con respecto a lo que han estudiado, u opositado, que también lo es difícil de que todo ello se consiga. Así, el mayor, José Carlos, Ingeniero químico, en una fábrica de perfumes; el segundo, Rafita, como funcionario tras una oposición que tan brillantemente ganó a la primera, y por último Alberto, que ha motivado la entrada de hoy, Ingeniero Agrónomo, en el campo de la vinicultura.

Que mayor felicidad puede sentir un abuelo de ver que tres de sus nietos alcanzan un empleo y que precisamente sea en lo que a ellos les gusta y para ello se han preparado.

Otros tres me quedan, que siguiendo el orden cronológico citado, son Pablo, cursando Ingeniero Aeronáutico, y que ya ha rebasado el ecuador de la carrera; Jorge, que ayer precisamente terminó el primer curso de Ingeniería Industrial y Diseño, y por último el benjamín de los nietos, José, o Pepe como lo llamamos familiares y conocidos, que el año que viene entrará en bachillerato.

Tal vez pueda parecer un tanto presuntuoso, especialmente los estudios de los tres primeros, ya terminados. y como cito, trabajando, o en inminente momento de incorporarse al mismo, y los que están cursando los otros tres. Pero solo he hecho, citar tal la denominación oficial de las carreras cursadas o cursándolas, y si suenan algo rimbombantes, no es culpa mía, aunque, ¿qué abuelo no tiene que reprimirse un tanto para ensalzar todo cuanto de bueno hagan sus nietos? Como tantas veces que ha venido a cuento he citado, nunca dejaré de dar gracias a Dios, de ese núcleo familiar mas íntimo que me ha dado y de lo que tan orgulloso me siento y tan feliz me han llevado y siguen llevándome  en la travesía de mi ya larga vida.

Daremos por conclusa esta entrada, que como reza el dicho, lo bueno si breve, dos veces bueno, como lo es la causa o motivo por la cual ha tenido origen.

Hasta la próxima, que ojalá lo sea tan buena como ésta.

domingo, 29 de junio de 2014

Pablo, feliz cumpleaños y onomástica

Pablo en El Médano, Santa Cruz de Tenerife
(al fondo, Montaña Roja)


Hoy 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, es el cumpleaños, si no me equivoco 23, y también el día de su santo de mi nieto Pablo, el cuarto cronológicamente en venir al mundo de los seis que tengo y viven.

Si a los padres los hacen viejos los hijos, ¿que no será lo que nos hacen a los abuelos? Por cuanto a mí, y eso que me casé muy cerquita de los treinta y un años, el primero de mis nietos en el orden que he citado antes, está a las puertas de cumplir los 28. Así que... ¡por donde andaré yo!...

Pues eso, llamando a las puertas de los nonagenarios, que hasta mí mismo podría causarme pavor con solo poner en mi boca esa palabreja. Pero tampoco quiero magnificar tanto tal circunstancia, y pido a Dios que mientras me mantenga en la situación que me hallo en la actualidad, tanto física, como psiquicamente, no me importa el seguir cumpliendo anualidades, que por el momento, a mí, no me alcanza eso de que se dice, "de que pesan los años", pues bastante liviano es el que soporto, pese a los muchos que sobre mí llevo y en nada mengua mi deseo y ganas de seguir viviendo, además, de como es todo el entorno familiar e íntimo que me rodea y de lo que sin duda, gozo de la vida como ni siquiera hubiere imaginado pudiera hacerlo a estas alturas.

La festividad de hoy, me ha llevado también hasta aquella tan lejana juventud mía, que en mi pueblo era un día grande, máxime que era uno de los de celebrar baile, única diversión que teníamos la juventud, y no juventud, y quizá por ello tratábamos de sacarle el mayor jugo posible. Y como no, también, y los años fuerzan a ello, en comparar la fogosidad de todo orden que se empleaba en cualquier actividad o festejo de aquellos tiempos, al sosiego con que se lleva, cuando se templan los temperamentos, las perspectivas se observan desde atalayas diferentes, las ambiciones se dominan, las pasiones se aminoran y así sería un largo etcétera de enumerar circunstancias, y que en una sola palabra puede expresarse y condensarse todo ello, diciendo que la edad lo cura, si por enfermedad puede catalogarse aquello que tal vez en parte con algún exceso se lleva a cabo cuando los años no se acumulan ni amontonan tanto.

Creo que sí me señala el que esté bastante metido en años, que la entrada en este blog, que la había motivado el felicitar a mi nieto Pablo por su cumpleaños y santo, enseguida me ha llevado hasta lo que se echa en falta cuando a "mayor" se llega, y en este caso, como suele hacerse de forma casi general, me he puesto a filosofar sobre el paso y tránsito por la vida. Pero ésto, a los que ahora pueda incluso causaros cierta risita, tener por seguro, que cuando os alcancen, no los que yo tengo ahora, si no algunos menos, os encontraréis hollando las mismas veredas por las que  todos mis coetáneos, y yo,  caminamos ahora.

Y por hoy ya está bien de daros la matraca, y no quiero facilitar mas motivos para tomarla con los "viejos". Hasta la próxima entrada, que procuraré portarme mejor.

domingo, 22 de junio de 2014

Llegó el verano...

Playa de La Tejita, El Médano, Santa Cruz de Tenerife
(al fondo, Aeropuerto Reina Sofía - Tenerife Sur)


Desde el medio día de ayer estamos en verano. Esta mañana durante un paseo por el marítimo de poniente de esta capital (o "Antonio Banderas", como es su nombre), he podido comprobar que además de serlo astronómicamente, también lo es por cuanto a su meteorología. El sol calentaba más de lo que a mi se me apetecía.

Ello me ha llevado a pensar que la entrada a esta estación hace el número noventa de la que yo atravieso el umbral de la misma. Pero aunque no deja de ser importante para mí esta circunstancia, no ha sido ello lo que me ha traído al recuerdo cierta nostalgia de tiempos pasados.

También he pensado,  que en el mes entrante hace sesenta y cuatro años que, precisamente aquí en Málaga, yo veía por primera vez el mar, cuando llegué destinado como Guardia Civil recién salido de la Academia de Úbeda, y precisamente lo fue a un Puesto de playa. Durante quince meses estuve prestando servicio, día por día, recorriendo la posta asignada,  "próximo a la lengua del agua", como se decía en uno de los artículos sobre el servicio en las playas. Contaba entonces veinticinco años de edad. Pero tampoco ha sido la pérdida de aquella juventud, la causa principal que me ha llevado a sentir ese ligero estado melancólico... sino otro de mayor calado que a todos los pasados en años nos sucede.

Esta mañana, cada vez que junto a mí pasaba, o contemplaba junto al mar, un matrimonio llevando, o teniendo,  con ellos uno o mas hijos, con todos esos enseres y artilugios que para pasar un día de playa con ellos solían, y así sigue, llevándose para su distracción, juegos y hasta para cuando eran pequeños había que ponerle para mayor seguridad en el baño, esa dulce nostalgia, si ello es posible que lo sea, me llegaba hasta lo mas profundo del alma.

Aquellos disfrutes que con los hijos pasándolo bien se gozaba dejaban un no se qué tan profundo,  que por muchos años que transcurran,  nunca se borra del sentimiento de los padres, aunque la permanente vigilancia que sobre ellos había que ejercer, lo tenían a uno en tal estado de tensión, que hasta cuando se decidía a darse el baño correspondiente, lo hacías sin apartar la vista de los mismos. Pero aquellos veranos fueron pasando, y cuando me he dado cuenta, lo mismo que tan poco tiempo me parecía de haberlo vivido, lo estaba haciendo y disfrutándolo con los nietos y si la seguridad con los hijos te mantenía en tensión durante todo el tiempo que estabas en la playa, con los nietos, y pese, a que eso que tu antes hacías, ahora correspondía a sus padres, ese temor a que sufran cualquier percance, que en los abuelos se acentúa hasta, que si los propios hijos, e incluso ellos, los nietos, te lo pudieran ver en sus justos términos, les parecería hasta ridículo, y que solo con el paso de los años puede ser comprendido, cuando se deja de ser hijos, luego padres y te conviertes en abuelo/a.

Y, por cuanto a mi se refiere, y dado a que los bisnietos ninguna esperanza me asiste de poder verlos chapotear en las aguas del mar o de piscinas, he de conformarme con traer al recuerdo aquellos días pasados, con los que de verlos a ellos felices, te lo hacían a ti, como padre, y en grado superlativo como abuelo. Y yo, que cuando era niño y a escondidas de mis padres iba a bañarme a una alberca que llamábamos del "Santo", porque había en sus proximidades una estatua del Sagrado Corazón de Jesús. y que suministraba sus aguas al hotel de Santa Elisa y distante del pueblo unos tres kilómetros, no teniendo otro sitio donde hacerlo, y que hasta no hace mucho tiempo, una de mis grandes alegrías era bañarme, hace cuatro años que ni siquiera paseo por la orilla del mar, para siquiera mojarme los pies. Aunque he tenido que rebasar en bastante  los cuarenta, ya no se me apetece, y es que como reza ese dicho de que " de cuarenta para arriba, no te mojes la barriga". Ya ni en la bañera lo hago, dado a que, y por recomendación de mis descendientes, la he cambiado por plato de ducha. Aunque, y por todo cuanto he disfrutado de los baños, puedo decir con rotundidad, aquello de "que me quiten lo bailado", pero esos recuerdos de haber contemplado, primero los hijos y después los nietos, como he citado anteriormente, me hacen volver, y no me cansaré de ello, de dar gracias a Dios, por cuanta dicha se ha dignado mandarme.

Hasta la próxima entrada.

lunes, 16 de junio de 2014

Indolentes y algo más


Un hecho acaecido el pasado jueves, y que no es el primero en relación al mismo tema, me trae hoy a dar la titulación a esta entrada.

Como cito anteriormente, cuando el jueves pasado venía en el autobús desde la casa de mi hija hasta la mía, y ocupando uno de los asientos de color rojo, reservado para personas con minusvalías de movimiento por diferentes causas, cosa que vengo haciendo desde hace bastantes días, a fin de que no sean ocupados por quienes no les alcance su uso y luego no los ceden a nadie, fui actor, además de testigo, del siguiente hecho.

Dos o tres paradas después de tomar yo el autobús y ocupar el asiento de color rojo como he dicho, y el otro asiento de igual consideración ocupado, ese vehículo contaba solo con dos asientos rojos,  por una señora de una edad creo bastante cercana a la mía, con la añadidura de que sus facultades de movilidad, lo eran a ojos vista, bastante inferiores a las mías, subía otra señora, sin duda coetánea a nosotros dos, pero en esta ocasión  ayudada por una muleta para su caminar. 

Tres de los asientos mas próximos a los nuestros, iban ocupados por tres jóvenes casi adolescentes, dos chicos y una chica, y en otro asiento un poco mas distante que los otros, pero también desde donde sin duda era presenciada la llegada de la señora de la muleta, por otra chica, aunque creo podría estar cercana a los veinticinco años de edad. Los cuatro iban, como la inmensa mayoría suelen hacerlo en la actualidad, manipulando sus teléfonos móviles, y tan embebidos en ellos, que incluso, y pude observarlo, que algunos de ellos levantando la mirada hacía donde sin duda hubieron de presenciar la llegada de aquella anciana, y con alto grado de carencia para su movilidad, mostrándose totalmente indiferentes a tal circunstancia, que ninguno de los cuatro, tuvo la deferencia, por no catalogarlo por ejemplo con la poca educación, de ceder su asiento a la misma, por lo que a la vista de ello, tuve que ser yo quien lo hiciera, y que sin duda era la persona de mayor edad que iba a bordo del vehículo.

Son frecuentes las ocasiones en que se oyen a personas de distintos estamentos de la sociedad el decir que hoy "tenemos la juventud mejor preparada de todos los tiempos", y yo no dudo de que en cuanto a eso, preparación, sea cierta, pero, añado yo, también, con un grado de mayor indolencia de la que nunca tuvo, no la juventud, si no el resto de la sociedad. Y el caso es que luego, y cuando se trata de "protestar", se hacen grandes alardes de solidaridad y ayuda a quienes se consideran mas débiles. 

Creo, y esto es solo una consideración mía, que la formación de los jóvenes se realiza en la ESCUELA, así con mayúscula, pero una cosa es la formación y otra la educación, de la que, y como solemos decir los "viejos", en nuestras propias familias, se nos aconsejaba el respeto a los mayores, ceder los asientos y las aceras a personas mayores o con cualquier deficiencia, y así todo lo que se llamaba educación o civismo. Incluso hasta en la Guardia Civil se nos daba enseñanza sobre ello, y se me viene a la memoria que en uno de los artículos de la llamada Cartilla, se indicaba lo siguiente: "En la calle, cederá la derecha no solo a los jefes militares, si no también a la justicia de los pueblos en que esté, a todas las autoridades en cualquier carrera del estado, a toda persona bien portada y en especial a las señoras, lo que será una muestra de subordinación para unos, de atención para otros y de buena crianza para todos". Pues de eso es de lo que yo me quejo, que gran parte, no solo de la juventud, sino también de la sociedad hoy se carece, que es de la buena crianza. A lo mejor no faltara alguien que diga para sí: "¡Qué antiguo es éste!"... Pero eso no es culpa mía de haber nacido hace tantos años y de haber sido criado en aquellos ambientes, que aunque con muchas otras carencias, por cuanto a lo que se ha dado en llamar civismo, creo se nos enseñaba algo mas que hoy. Si equivocado estoy, pido perdón por ello.

Ah, no quiero dejar de citar que en la mañana de tal día como hoy, pero de hace cincuenta y cinco años, yo llegaba a la entonces estación de Málaga, tan distinta a la que es hoy, procedente de Madrid, luciendo mis flamantes galones de Cabo de la Guardia Civil a que fui ascendido el día anterior 15 de junio de 1959, y donde a mi llegada me esperaba mi mujer con mis dos hijos, el mayor con dos años y el otro con un año y algo más de dos meses y que el día anterior, el mismo en el que yo ascendí, echaba a andar. Sin duda fue uno de esos días que señalan uno de los hitos mas importantes en la vida de las personas. Tanto en mis memorias como en alguna de las entradas en este blog, he hecho extenso relato de lo que supuso aquel acontecimiento.          

Vale por hoy. Hasta la próxima entrada.

lunes, 9 de junio de 2014

Un año después



Tal día como hoy del pasado año ingresaba en el Hospital Parque San Antonio de esta Capital, con uno de los estados de salud más preocupantes por los que hasta entonces había pasado. El hecho de mi traslado hasta dicho centro, es de lo único que mantengo claro recuerdo, y que trayéndolo hoy a la memoria en el estado en que iba, un estremecimiento de terror recorre mi ser. Lo que vino después y durante la siguiente semana aproximadamente, solo pequeños destellos tengo en la memoria de cuanto sucedió. Así, es como si durante una semana hubiere estado ausente de este mundo, aunque de vez en cuando, pero bastante distanciado, me asomara por un pequeño postigo desde el cual atisbaba diminutos detalles de cuanto sucedía en mi rededor.

Era durante esos pequeños lapsus donde sentía una sensación de las que nunca hasta entonces había sentido, y es como si flotando sobre el espacio estuviera surcando otro mundo, pero que sin duda y a los sedantes que estuvieren siéndome administrados, llegaba a eso, como a considerarme ajeno a cuanto por aquí sucede. Era entonces, cuando nada de mi pasado me quedaba recuerdo, cuando nada ni nadie me importaba, incluso ni yo mismo, y en escasos segundos de tiempo, me volvían a una realidad pero de la que no era capaz de hilvanar tal se estaba produciendo. Unas preguntas que me realizaba el médico que me estaba asistiendo y con la intención de conocer mi estado, y de lo que recuerdo algunas de ellas, y finalmente su decisión comunicada a mi hija de "lo voy a operar ahora" o algo similar, me llevaba de nuevo a evadirme de este mundo. 

Hoy 9 de junio de 2014, pasado un año de aquellos días, de lo que sin duda para todos mis seres mas próximos y queridos lo fue de mayor sufrimiento que para mí personalmente, ya que la propia gravedad que tenía, me llevaba a no valorar en su justo término tal estaba, aunque no lo era del todo ajeno, a que nunca llegaría a volver a mi estado anterior a ese agravamiento, y HOY, no tengo por menos que dejar constancia, de que en tan buenas condiciones que pudiera hallarme antes de aquel acontecer, no lo es menos del que gozo en esta fecha, y de lo que, hasta el propio doctor que me devolvió hasta aquél, y de este estado del que gozo ahora, quedaba gratamente extrañado del logro conseguido. A él, a Dios y a los míos que me cuidaron y atendieron después, doy las gracias de que así haya quedado y ya puesto a pedir, que el tiempo que por estos mundos me quede que estar, a ser posible, lo sea en las condiciones que me hallo en estos instantes.

Corta pero sentida y grata entrada en el blog ha sido ésta, y que pueda seguir haciéndolo así hasta que Dios quiera.

miércoles, 4 de junio de 2014

Revoltijo



Como figura en el título dado a la entrada de hoy, ésta se va a convertir en un verdadero revoltijo.

En primer lugar y como quiera que será lo menos interesante para mis queridos lectores, excepción hecha de los míos más próximos, comenzaré por lo que atañe a mí personalmente. 

Tal día como hoy, pero de 1958, aprobaba en Madrid el examen para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Como he citado anteriormente, supuso para mí la consecución de una de las aspiraciones mas deseadas hasta entonces. Aquel ascenso conseguido al siguiente año, y una vez realizado el curso correspondiente, dio los frutos, incluso superiores a los que hubiera podido soñar. Un telegrama urgente a mi mujer, a mis padres y al Servicio de Información de la Guardia Civil de Málaga donde prestaba mis servicios, fue la manera de informar a quienes debía hacerlo. Hoy lo hubiera hecho empleando otros métodos mas en boga, de los que entonces ni siquiera podían imaginarse.  Ah, y el día anterior, contemplé por vez primera lo que era la televisión. Me extrañó la nitidez de incluso como se veían elevarse las volutas de humo que desprendían los cigarrillos que alguno de los presentes en el plató se estaba fumando. Cinco años después compraba yo el primer televisor. 

Sin que quiera extenderme más sobre este particular y personal acontecer, paso a los siguientes, que creo corresponde al tema que acapara el momento actual.

Como digo y se refiere el párrafo anterior, se trata de la abdicación de S.M. el Rey de España y como veréis, soy muy respetuoso en la cuestión de tratamientos. Pero pongamos cuando menos orden en el detalle de los aconteceres, y lo haré constar según el orden cronológico de haber sucedido. Allá voy.

Aquel 12 de abril de 1931, fecha en la que se celebraban unas elecciones municipales en toda España, sin duda el ambiente debía ser tan extraordinario, que en mí, y que solo contaba seis años de edad, al igual que un primo y un amigo mío, de la misma edad, tenía la curiosidad de ver lo que acontecía en el colegio electoral instalado en mi pueblo y, que lo era por cierto, en el local de la escuela de niños, a la que yo asistía, e invitados mi primo y amigo antes indicados, nos trasladamos hacía allí y que tan pronto estuvimos a la vista de la pareja de la Guardia Civil que se hallaba de servicio, fuimos echados por uno de los guardias, como suele decirse, con cajas destempladas. Hoy comprendo, que el ambiente no era el mas apropiado donde estuvieran tres niños de nuestra edad.

Dos días mas tarde y tras grandes movilizaciones de personas en la inmensa mayoría de pueblos y ciudades de España, se proclamaba la II República Española. También yo viví los ocho años que duró la misma.

Como no es de mi competencia, a la vez que mi propósito de no tratar en este blog cuestiones de política, religión ni fútbol, de lo que, entre los no mis muchos lectores, encontraría diversidad de opiniones al respecto, me abstengo de exponer mi consideración sobre el tema, aunque sin duda lo tenga de ello.

El último periodo de la II República, estuvo sucedido por la Guerra Civil que duró cerca de tres años, y que  exactamente dos años y medio de la misma, la pasé con mi familia en el exilio, por diversos puntos del Valle de los Pedroches, y eso sí, siempre en el campo, excepto la primera semana del  mismo, que lo hicimos en la localidad de Pozoblanco. El cómo la pasamos, aunque fuere a grandes rasgos, se precisarían bastantes folios  para contarla, a la vez que como digo con la segunda república, y que cada uno, como se dice,  "cuenta la feria según le va", también dejo para quién le corresponda o le parezca bien hacerlo, el inicio, desarrollo, y el final de la misma, así como sus causas y  consecuencias.Para aquel exilio yo partí como un niño y volví ya adolescente.

Con la terminación de la guerra civil, se comenzó la etapa del llamado "franquismo" y que este periodo de mas de treinta y seis años, me tocó vivirlo mas de cerca y del que, como el resto de los españoles me hizo formar parte, y precisamente durante ese tiempo, sin duda transcurrió lo mas importante de mí, personalmente, de la familia de quien procedía y de la que, luego yo llegué a formar. En ese largo periodo de mas de treinta y seis años, sin duda llegó a suceder lo mas importante por cuanto a esa familia que llegué a formar, de la que tan orgulloso me siento de así haberlo sido, al punto de que sus consecuencias se han extendido hasta el día de hoy.

Y por último, el motivo que me ha traído hoy a entrar en este batiburrillo de acontecimientos, y que no es otro que esa abdicación del Rey, del que así mismo llevamos vivido cerca de treinta y nueve años, desde su coronación. En este periodo, también para mi vida personal y familiar, ha supuesto una serie de acontecimientos, por suerte la mayoría de feliz acaecimiento, lo que, no por ello, algunos lo hayan sido de lo mas doloroso que darse puedan.

Así, y a bote pronto volviendo la vista hasta el advenimiento de la segunda república, me digo para mí: Cómo es posible que el tiempo haya pasado tan raudo, que incluso me parezca imposible de que yo haya sido testigo de todo ello... Habiendo sido esa la causa de traerlo hoy a colación, y de lo que sí estoy seguro, es que de otro periodo de la duración de los dos señalados anteriormente yo no seré observador de su final.   

Con respecto a lo señalado de no querer hacer comentario alguno por cuanto a mi consideración sobre los particulares expuestos, es lo que ya he dejado dicho, aunque no me importa señalar, es el modo y forma en que el paso de los años nos lleva a pensar y forma de ver la vida, ya que en cualquier tema, cuando somos jóvenes, podemos pensar como pirómanos y cuando se llega a ciertas alturas de la vida, solemos hacerlo como bomberos. El sosiego de todo orden, en las personas, suele traernóslo la acumulación de primaveras, veranos, otoños e inviernos. 

Hasta la próxima entrada.