domingo, 30 de marzo de 2014

Hace un año...



En mis años mozos había una canción que llevaba por título, "Hace un año que yo tuve una ilusión" y que era interpretada por varios y varias cantantes y que era una de mis favoritas entonces. Pero no, el título de esta entrada no es para traerme al recuerdo aquella canción, si no otro de poco grato recuerdo. 

Tal día como hoy del pasado año 2013 era Sábado Santo, día de la merendilla en mi pueblo y hasta allí me llevó mi hijo Rafa y también iba acompañado por mi amiga Carmen y mi nieto el editor de esta magna obra, como es mi blog. El  propósito del viaje no era otro que el de pasarlo bien, una buena "pechá" de comer y pasar unas horas con mis sobrinas, sobrinos y quien se terciara. Pero como reza el dicho, "el hombre propone y Dios dispone", y lo que era el propósito se torció en gran parte, por aquel accidente del que ya di cuenta en mi entrada del día tres de abril del pasado año.

Una de las principales obligaciones que tengo cuando voy a mi pueblo, es ir a visitar a mi amigo del alma, Alfonso Pérez, y como digo, ya lo cité en mi entrada del tres de abril pasado, bajando una escalera cogido a la barandilla, sería por agradecimiento de mi visita o a lo mejor el deseo de venirse a Málaga conmigo (la barandilla, se entiende). El caso es que, soltándose de su arraigo en el que sin duda llevaba muchos años, los dos bajamos por el medio mas rápido que se puede y es rodando escaleras abajo hasta llegar a la  planta del piso, de cuyo resultado se me produjo un gran hematoma en la sien derecha y rostro del mismo lado.  Poco mas de dos meses después, me llegaron las consecuencias mas graves y pasé unos días algo peores que malos y aunque se dice que bicho malo nunca muere, no tan graves como las que me surgieron el pasado año, pero sí cuando menos con cierta molestia, de vez en vez suelen volverme, y hoy ha sido uno de esos días, en que, como me sucede en estos momentos, me dejan con no mucha gana de nada, pero sobreponiéndome a ello, y porque no se salga con la suya, aquí estoy rememorando esta efemérides, que a decir verdad no es que sea de lo mas divertido que me haya sucedido en la vida, sino, si seguro el "porrazo" mas grande de mi existencia. En aquella entrada del pasado año sobre el particular, no faltó a quién, y como creo nos sucede a los españoles, en estos casos de caídas, le produjo cierta risa e incluso en el comentario que puso en aquella entrada, comenzaba con aquello de " pon... pon... batacazo y chichón" y luego algunos comentarios que se hicieron con respecto a mi caída, que mas bien servía de chanza que de pena.

Pero en fin, como cito en el título ya hace un año y aquí estoy dando testimonio de ello y aunque sea con alguna molestia de vez en vez, no me importa estar narrando esta efemérides algunos, o muchos, porque no,  años venideros. Pero realmente las consecuencias que me sobrevinieron el verano pasado, físicamente me hicieron pasar unos de los días mas duros de toda mi vida.

Bueno mira, he conseguido citar el día de la merendilla del año pasado y hoy, mi comida ha sido bastante más austera y también produce menos colesterol y otras contrariedades para el organismo  de las "personas mayores".

Hasta la próxima entrada.

domingo, 23 de marzo de 2014

Toda una vida


Habrá quien pueda pensar por el título dado a esta entrada, que se refiere a uno de los célebres boleros de mi juventud, interpretado creo, por lo menos, por Antonio Machín, Los Panchos y María Dolores Pradera. No, hoy esta entrada y este título de "Toda una vida", se refiere a la mía propia. 

Poco después de la comida de hoy, cuando se comunicaba por la televisión el fallecimiento del ex-presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y cuando, sin nada ni nadie aquí en mi domicilio que pudiera turbar mi pensamiento, sumergiéndome en el recuerdo de mi propia vida, me he trasladado nada menos que hasta aquel mes de abril de 1931, en que se promulgó la II República Española.    

Aún cuando solo contaba seis años de edad, mantengo fresco  ese recuerdo de aquellas principales circunstancias que envolvieron todo aquel suceder. El exilio de los Reyes de España. Los convulsos acontecimientos de aquella época en que dió lugar a la Guerra Civil Española. Todo el acontecer de la misma. La llegada del franquismo. Los años del hambre. La muerte de Franco. La transición a la democracia, con la alternancia en el gobierno de diferente signo político, con varios presidentes de gobierno y así hasta hoy en que con el fallecimiento de Adolfo Suárez, así a grandes rasgos he resumido ochenta y tres años por lo que hasta ahora ha transitado mi vida.

Pero si en este breve párrafo he dado paso a tan largo periodo de una vida humana, en este caso la mía propia, aunque solo sea también desbrozarla un tanto sin entrar en muchas profundidades no tengo por menos que situarme en lo que eran mi propio hábitat, y claro, todo cuanto en aquella infancia suponía mi paso por ella. ¡Qué domicilio con tantas carencias de mobiliario, enseres, y lo principal, tanta escasez de los alimentos por los que atravesaba mi familia, y conste, no éramos de los peores! Qué vestimentas llevábamos los niños entonces, que en todo tiempo, un llamado babero, prenda que nos cubría hasta la altura de las rodillas y valía hasta para ocultar unas, en su mayoría raídas prendas interiores, y por supuesto entonces los niños no usábamos calzoncillos. Todos los juegos se realizaban en la calle, y eso sí, la relación entre  los niños del pueblo, varones se entiende, era cotidiana. 

Y así hasta luego atravesando todas esas etapas por las que he ido transitando hasta llegar a este hoy, que por la circunstancia mencionada, me ha hecho retrotraerme hasta aquella lejana república. De como he señalado, como era mi infancia y cómo ha cambiado la sociedad en general, que creo solo es comparable a mi propia persona, de un niño en los albores de unas vivencias en las que comencé a tener conciencia de ellas, hasta estas alturas, y que gracias a Dios no me ha sucedido como al ya difunto ex-presidente Adolfo Suárez, si no que mantengo fiel recuerdo de todo mi pasado.

Cuántos avatares suceden a lo largo de tan dilatada vida; cuántos seres queridos, han ido abandonando este mundo, cuyas heridas dejan cicatrices en el alma que jamás han de desaparecer si no lo es por la pérdida de la razón; qué diferencia en el modo y forma de mi desenvolvimiento en el último tramo de mi existencia a la que hubieron de llevar, remontándome solo hasta mis padres, por ejemplo; qué de oportunidades han tenido mis hijos y tienen mis nietos, de las que tanto yo carecí, y así sería una largo etcétera, pero del tan bienaventurado de hoy, a lo de tantas dificultades con las que habíamos de enfrentarnos antaño.

Resumiendo, si en aquellos entonces en los que comenzaba a tener conciencia de mi ser, me hubieran expuesto de como lo iba a ser en el día de hoy, en todo lo que a mi vida concierne, y para cerrar. que próximo a cumplir los ochenta y nueve años de edad, iba a estar dejando constancia de este día por el procedimiento en que lo estoy haciendo, mi entendimiento, no el de niño, sino incluso ya bien entrado en la juventud, no estaba formateado para comprender tanto adelanto. Si esta edad la hubiere tenido entonces, aún viviendo, seguro lo estaría pasando un mes en la casa de cada uno de los hijos que tuviera, compartiendo las estrecheces ese mes con uno mas, y posiblemente esperando que el fin de la existencia me llevara a dejar atrás tantos padecimientos acaecidos. Cuán distinto lo está siendo, a cómo lo hubiere sido, y que así siga.

Por mi parte, creo debemos sentir cierto agradecimiento al hoy fallecido Adolfo Suárez, por aquella transición sosegada y pacífica, solo alterada por acontecimientos de índole terrorista, en que se fueron dejando atrás, si no todas, si la mayor parte de las insidias que fueron un largo transitar de los españoles. Que Dios le acoja.  

Hasta la próxima entrada.

lunes, 17 de marzo de 2014

Porque me fui a la mili


Hoy 17 de Marzo, y desde hace exactamente 68 años, ni una sola vez me ha pasado inadvertida esta fecha. Pues como creo lo he hecho cada año por hoy, desde que tengo este blog, he traído al recuerdo, que aquel lejano diecisiete de marzo de mil novecientos cuarenta y seis se celebró el sorteo de mi reemplazo para irnos a la mili. 

Voy a prescindir en esta ocasión de volver a señalar la comilona que nos dimos aquel día y todo lo que hicimos, ya que como dejo dicho en más de una ocasión lo tengo señalado y no quiero pecar de reiterativo, aburriendo con ello a mi escasos y sufridores lectores. No obstante, y esto creo no lo he señalado quizás mas de una vez, o tal vez ninguna, si quiero hacer hincapié  en los motivos que principalmente me llevaron a incorporarme al ejército, cuando  de haberlo querido estaba exento de ello, dado a que los que trabajábamos en las minas, cuando menos en las de carbón, como era mi caso, el tiempo que permaneciéramos  en ellas. y  que nuestro reemplazo estuviera en filas, nos constaría para todos los efectos al igual que a ellos.  

Como creo que esto que voy a referir si lo he dicho en muchas ocasiones, y es que desde que era un niño una de las circunstancias que siempre me preocuparon era lo de que sería  el día que fuera mayor. Los horizontes que siempre, hasta entonces,  estuvieron a mi alcance lo eran el trabajo en el campo, como, y desde los diez años hasta los diecinueve lo estuve haciendo, y para, como suele decirse, "mayor inri", a partir de esos hasta los veintiuno que iba a cumplir cuando se celebró el sorteo, como queda expuesto me encontraba trabajando en la mina. Si tan corta era la perspectiva del horizonte para mis deseos cuando lo hacía en el campo, haciéndolo en el interior de los pozos quedaba reducido a la mínima expresión. Y es que, si no una desgracia, si cuando menos es una gran contrariedad venir al mundo en una localidad tan pequeña, sin que tus padres tuvieran posibles de proporcionarte alguna salida, de donde solo existía, como se apuntaba, pasar toda tu vida como jornalero agrícola, el mero hecho de siquiera salir para irte a cumplir el servicio militar, cuando menos a mí, parecía aportarme una bocanada de aire fresco y como mínimo, entreabrirse siquiera una puerta a la esperanza. 

Creo que la inmensa mayoría conocéis lo que fue mi paso por la "mili", que por supuesto fue lo mejor que hasta entonces me había sucedido personalmente por cuanto a mis vivencias,  y aunque terminada ella, y por causas que también he señalado en alguna que otra entrada,  hube de volver a mi pueblo sin haber conseguido mis propósitos, a no muy largo tiempo pasado, cuanto conseguí de mi paso por la milicia, de tan útil modo me sirvió, que hicieron de mi paso, en esta ocasión por la Guardia Civil, y que año y medio después de licenciarme del ejército conseguí, lo que nunca siquiera hubiere llegado a soñar.

Hoy, y próximo a cumplir los 34 años de mi "retiro", nunca terminaré de dar gracias a Dios por aquella decisión tomada, de abandonar mis últimas, y mas desastrosas de todas las penalidades sufridas a los mas de doce años, en unos y otros trabajos.

Todas las bienaventuranzas gozadas como lo han sido por aquella consecuencia, han hecho que todos esos tantísimos años como han pasado, han sido como un soplo. 

Mil veces que volviera a encontrarme en aquella encrucijada, otras tantas tomaría igual determinación.

Esta vez, como podréis observar, no he citado mi portalibros.

Hasta la próxima entrada.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Volver a la niñez



Cuando al ver la fotografía que en mi entrada anterior había colocado mi editor, me produjo cierto estremecimiento, cuando ahora me disponía a realizar nueva entrada, he vuelto a la contemplación del portalibros que figura en dicha foto, y si cuando la vi entonces me caló bastante en el ánimo, hoy, tan profundo me ha llegado la impresión al volver a verla con más detenimiento, que me ha llevado a cambiar de opinión por cuanto tenía de señalar en esta fecha y, volver a hacer mención al tema anterior.

A este respecto voy a señalar, que excepto las correas que envuelven el portalibros de esa foto, sobre todo las tapas del mismo, son un fiel reflejo del que yo tenía cuando lo llevaba a la escuela. La misma clase de madera, el mismo color, una de las esquinas con una señal como de haber llevado un golpe, y tan parecidas son, que incluso no he podido remediar, que la misma emoción me haya llevado a que unas lágrimas asomen a mis ojos. Aunque en muchas ocasiones he comentado, de que al igual que le sucedía a mi padre, soy de lágrima fácil, cómo es posible que esa percepción que retenida en la memoria debo tener almacenada y de lo que seguro hacía allá cuando menos ochenta años yo no me había acordado de mi portalibros y mucho menos cual era su forma y clase, me ha hecho volver mis recuerdos hasta aquellos tiempos, tan distantes y tan distintos a los actuales, pero a la vez también, me han traído ese sentimiento de mis propios padres, de cómo era aquella casa llena de niños, muchas carencias, pero que en principio tanta dicha se gozaba, aunque pocos años después, y durante varios más, fuera todo lo  contrario. Hoy, cuando agradezco a mi editor, la suerte, y por que no, el acierto, que ha tenido al elegir dicha foto, que más bien parece la hubiere hecho de aquel "portalibros" que sin duda alguna dejo de ser tal, cuando quedaba abandonado en casa de mis padres, cuando el 9 de octubre de 1936 salíamos  del mismo con motivo de la Guerra Civil Española. Qué sensibles se vuelven las "personas mayores" cuando recuerdos, como este de mi portalibros nos llevan hasta nuestra infancia, que pese a todo, esa etapa de la vida en toda persona, y cuando los demás lleguéis hasta alcanzar los años que yo tengo lo comprenderéis mejor, un no se qué, te hace vibrar dentro de lo mas profundo del ser. Esta entrada, que a los demás que podáis leer su contenido, no llegue a deciros nada, perdonar que yo la haya traído a colación otra vez, pero como dejo dicho, es como si hubiere recibido un valioso regalo, que por el mero hecho de hacerme recordar a esos seres queridos, que años ha nos dejaron, dejan en mis sentimientos cierta gratitud, y que cuestión tan baladí para cualquier otra persona, a mí tanto me ha llenado.

Hasta la próxima entrada, que prometo no tratará de un portalibros. Reitero mi agradecimiento a mi editor por tan meritoria e inesperada fotografía.

martes, 4 de marzo de 2014

El portalibros escolar



Esta mañana observando la bajada de unos niños del autobús escolar que los transportaba, no tuve mas remedio que aceptar que yo vengo de otras épocas. Cada uno de ellos llevaba su correspondiente mochila donde transportarían sus libros y material para utilizar en el colegio.

Cuando yo contaba la edad que estos niños aparentaban,entre los siete u ocho años, lo que hoy, y a lo mejor entonces también, se le llama mochila, en aquellas fechas solo eran utilizados generalmente por pastores, porqueros y cabreros, y que todos eran fabricados de cuero y se les denominaban "zurrones", donde llevaban su comida y alguna que otra cosa también. Pero cuando íbamos a la escuela, que nunca decíamos colegio, eso era demasiado fino,  utilizábamos lo que llamábamos "portalibros". 

Estaban hechos por dos tapas de madera, el plástico no se había descubierto aún. Luego dos correas de cuero, con una hebilla en  uno de sus extremos, colocadas a cierta distancia de los bordes  laterales y pasando por una especie de pasadores que también de cuero, dos en cada lado y cerca de los bordes superior e inferior de cada una de las tapas. Estas correas en la parte superior del portalibros se pasaban por unas aberturas de un asa metálica que servía para  coger y transportarlo. Esas correas permitían transportar tanto material como las mismas dieran de sí y que generalmente era lo suficientemente largas, para llevar unos cuantos libros u otros utensilios, aunque en no pocas ocasiones, cuando se llevaban bastantes libros, el asa metálica quedaba señalada en las tiernas manos de sus transportadores. 

Para darle un poco de prestancia al "portalibros", solíamos colocarle varias "calcomanías" de diferentes colores. En la parte superior del portalibros y entre las correas que lo cerraban y el borde de los libros, colocábamos los "mangos" o palilleros con sus correspondientes plumines, nosotros los llamábamos "plumas", que después en la escuela y mojadas en la tinta que preparaba el maestro a base de polvos y agua y que luego vertía en los tinteros de plomo que había en los pupitres. De las muchas clases de plumas que había, generalmente solíamos utilizar las llamadas de  "pico pato", "pico pájaro" y de "corona".

Todo cuanto expongo anteriormente, se refiere por supuesto a niños, pues entonces la separación de sexos en las escuelas era rigurosa. 

Esta mañana, cuando veía que del autobús bajaban lo mismo niños que niñas, pensaba: Si a estas niñas les entregaran un "bastidor", que era una de las cosas que forzosamente habían de llevar las de mis tiempos a la escuela, quedarían extrañadas y se preguntarían:  "¿Esto que es y para que sirve?"

Pues son cosas de la vida que nos tocó vivir de hace ya cuando menos ochenta años. Así eran las cosas, y entonces por desgracía quienes vivían lejos de la escuela y querían asistir a la misma, habían de llegar hasta ella, andando por supuesto, como lo hacían algunos de los que íban a la mía y cuando yo lo hacia, varios de ellos a unos dos kilómetros de distancia, pero había dos hermanos, que tenían que recorrer unos cinco kilómetros aproximadamente, y muy mal día debía de hacer para su no asistencia a la misma. A los hermanos "Mansilla", que así se apellidaban, deberían tener levantanda en las inmediaciones del pilar de "Fuente buena", como se conocía el cortijo donde habitaban, una escultura de mármol y para determinar las fechas en que se hicieron merecedores a ello, con un portalibros en la mano.

Hasta la próxima entrada.        

martes, 25 de febrero de 2014

Solo recordarlo




Hoy se cumplen 55 años del fallecimiento de mi padre. Murió el día de su cumpleaños y de su onomástica. Contaba 61 años de edad, casi 28 menos de los que yo tengo ahora. Era la primera muerte que me partía el alma. Por ley de vida, posteriormente se han ido produciendo otras, quizás mas de la cuenta, que hasta llegaron a superar aquel dolor.

Como en otros años, y precisamente el pasado, tal día como hoy, hice una larga exposición de tal efemérides, en la de esta fecha, lo hago solo para traerlo al recuerdo y desear que Dios lo tengo en su santa Gloria, en compañía de todos los que le siguieron. Que así sea.

domingo, 23 de febrero de 2014

En recuerdo de un viaje



En dos circunstancias observadas durante mi cotidiano paseo matinal de hoy,  me han traído al recuerdo uno de mis viajes en compañía de mi mujer y mis hijos, y que en nosotros era lo normal, detalle éste, que cuando pase a relatarlo podréis observar como no todo el mundo solía hacerlo así.
    
La primera de las circunstancias a que me refiero, es que en la terraza de un bar, o para mejor decir, sobre la acera en que suele colocar sus sillas y mesas, se hallaban desayunando no menos de cuarenta personas, que sin que que se precise tener vista de lince, puedo asegurar que era una expedición de viaje del Imserso, y, este es un detalle, que en el mismo establecimiento, sin que en sus inmediaciones se halle ninguna estación de autobuses, ni por descontado tampoco de ferrocarril, casi siempre que he realizado ese itinerario, son muchas las veces que  se ha dado esa coincidencia. No encuentro su explicación, pero alguna tendrá.
    
El segundo de los detalles, ha sido que unos metros mas adelante, observé como un coche, que por su matrícula, debía de ser cuando menos de mi "quinta", ostentaba un cartel de "SE VENDE". En esta ocasión, aparte de que como decía el torero "El Guerra", hay gente pá tó, y su propietario debe ser un iluso si espera que alguien se moleste siquiera en preguntarle cuanto vale, me vino al recuerdo de cuando hace cuarenta y cuatro años, yo, como cito anteriormente, con mi familia y mi primer coche, hacíamos nuestros viajes. Pondré uno como ejemplo.
      
Me encontraba destinado en Velez-Málaga, que dista de Málaga unos veinte kilómetros,  y marchábamos a mi pueblo, Villaharta, que la distancia total a recorrer serían casi justos, unos 250 kilómetros. Yo siempre he sostenido que cuando se realiza un viaje, que no se hace todos los días, es una circunstancia especial y por tanto, lo primero que hay que hacer es madrugar y no levantarse a la hora cotidiana del día a día. Pues bien, cuando las primeras claras del día hacían su aparición, nosotros iniciábamos nuestro caminar, y para que sepáis la clase de conductor que yo era, y mi entusiasmo por la velocidad, mi mayor alegría era cuando aparecía una señal que prohibía circular a más de cuarenta kilómetros por hora, además de que el vehículo que conducía no era tampoco para superar marcas, así que casi siempre llevaba detrás de mí, más de un vehículo esperando de tener la oportunidad de adelantarme.   

Subiendo la carretera de los montes, por donde entonces solo podía irse hacia Córdoba, y cuando nuestro recorrido sería de no mas de treinta kilómetros, hacíamos la primera parada por que a uno de mis hijos le entró gana de "hacer pipí", y ya que habíamos parado, yo aprovechaba la ocasión para fumarme un cigarro, vicio al que entonces estaba sujeto, y eso sí, nunca lo hacía cuando iba conduciendo. Circulando por los llanos de Antequera, poco después de haber dejado atrás dicha ciudad, y llevar cuando menos sesenta kilómetros recorridos desde que salimos, y esta vez creo que a otro de mis hijos, ya no fue la gana de hacer pis, si no lo de un grado superior,  nueva parada, coche al arcén, él, alejarse y verificar su necesidad detrás de un olivo, y  yo otro cigarro que tampoco venía mal.

Con ese ritmo de marcha y paradas de trecho en trecho, rebasábamos la ciudad de Córdoba cuando bien pasadas estaban las dos y media de la tarde, por lo que bajo la sombra de una encina y junto a la pared de un cercado, escasos kilómetros después de atravesar la capital, extendimos sobre el césped nuestro mantel, sobre el mismo el condumio que llevábamos y a comer tranquilamente se ha dicho. Harto de comer...¿quién tiene gana de conducir? Yo por lo menos no la tenía, así que cigarrillo a la boca y a dormir una pequeña siesta, mientras mis hijos jugaban por aquellos campos y mi mujer, seguramente mirarse al espejo, pintarse los labios y a esperar que yo resurgiera del letargo en que me había sumido. Cerca de las cinco de la tarde serían cuando reiniciamos el viaje, pero aún para recorrer los aproximados treinta kilómetros que nos faltaban, hubimos de realizar dos paradas mas, para evacuar las necesidades mías, de mi mujer y de mis tres hijos, y ya de paso, otros dos cigarros que cayeron. Estarían al caer las siete de la tarde cuando felizmente llegábamos a mi pueblo. En total, unas once o doce horas, pero claro eran doscientos cincuenta kilómetros los que dejábamos atrás.

Cada vez que un coche de aquellos tiempos se me pone ante mi vista, no tengo por menos que traer a la memoria aquellos felices viajes, en que también, la distracción de mis hijos mientras íbamos circulando, era la de contar los coches que nos adelantaban. Lo que si puedo asegurar es que  ni una sola vez, me adelantó un carro. Pero también puedo decir. y ello me trae cierta nostalgia, de que nadie podía disfrutar en un viaje mas que nosotros lo hacíamos. El modelo del coche y la marca y su antigüedad, era lo de menos, el meollo de todo estaba en sus ocupantes.

Otra vez, no tengo por menos que decir... ¡Cómo pasan los años!

Hasta la próxima.

martes, 18 de febrero de 2014

Tres en uno



Leyendo el titulo de esta entrada no vayáis a pensar que hoy voy a tratar de un aceite multiusos, nada de eso, si no que en el día de hoy 18 de febrero, pero de distintos años, se han dado tres circunstancias, que han supuesto gran importancia en el devenir de mi vida, que a continuación voy desbrozar.
   
La primera, que lo fue el 18 de febrero de 1956, resulta que se celebró la "toma de dichos", como se dice aquí en Málaga, o el "otorgo", como se decía, cuando menos en aquellas fechas, en mi pueblo y que era el inicio del expediente para el próximo enlace matromonial o boda. 
    
Esto era una cuestión puramente de carácter religioso, y el párroco de la iglesia donde se celebraba esa toma de dichos, u otorgo, que se hacía generalmente en la  correspondiente donde residía la novia, o se iba a celebrar la boda, enviaba a la parroquia donde residía el novio, y también a la de su nacimiento, a fin de que se leyeran las tres amonestaciones que estaban reglamentadas. Esa lectura se hacía a lo largo de las Misas Mayores celebradas en Domingos o fiesta de guardar y tenía por objeto hacer saber a las personas que pudieran conocer al contrayente, si tenían conocimiento de algún motivo o causa que pudiera impedir tal matrimonio, y de ser así, lo comunicaran en aquel momento, y no estoy seguro, pero creo recordar, se añadía que de no hacerlo, se "callara para siempre" o algo parecido. Así que para que diera tiempo a que corrieran las tres amonestaciones, la toma de dichos se hacía cuando menos con un mes de antelación a la fijada para la boda. Demasiado "jaleo" para la inmensa mayoría de los contrayentes de hoy en día, que toman otro camino, cuestión que yo no voy a entrar en valorar, si lo uno o lo otro sea mejor o peor. Así era en la fecha en que yo me casé y así había que hacerlo, por tanto había que cumplirlo.

Un año después a la anterior efemérides, o sea el 18 de febrero de 1957, se celebró el bautizo de mi hijo mayor. Como se verá no se perdía el tiempo, ni como era casi general entre los recién casados, no solían hacerse cábalas para comenzar a tener, cuando menos el primer hijo.  Como no podía ser menos, el bautizó se celebró por todo lo alto y que en aquellos tiempos solía hacerse, aunque las limitaciones que la situación económica imponía, pero no faltaron a quienes, el vino les subió el ánimo y nos obsequió con un buen repertorio de verdiales, que una vez comenzó no había forma de pararlo.  Trayendo hoy al recuerdo aquella celebración, resulta que de todos los asistentes, solo quedamos en este mundo, mi hijo, por supuesto, el que nos obsequió con sus verdiales y yo. Cincuenta y siete años han pasado, y muchos son los que ese tiempo se ha llevado de entre nosotros. Así es la vida.

El tercero de los hechos de los que hoy se cumplen años, y que lo fue el 18 de febrero de 1997, era precisamente fecha en la que fui dado de alta de la operación de corazón  que se me practicó en el Hospital Parque de San Antonio de esta capital. Cuando aquel día salía del hospital acompañado por mis hijos, lo tengo presente como si lo fuere en este momento, al salir a la calle, el sentimiento de un porvenir tan sombrío se me vino a la mente, de lo que sería mi vida en lo sucesivo, que seguro en aquel instante no me hubiere importado dejar de existir. De reojo, miraba hacia atrás y sin que ninguno de ellos me dijera nada,  ni yo fuera capaz de preguntar, tenía la certeza que había sucedido, y que poco mas de un mes antes, entraba en aquel hospital llevando a mi mujer en estado bastante grave de salud. Aquel día, salía solo, y con el triste recuerdo de haberla perdido para siempre. Hoy, me admiro como es posible que semejantes hechos puedan sobrellevarse y soportarse por los seres humanos. También,  así es. 

Como puede comprobarse, hechos que se dan en un determinado día, y que precisamente coincide con la misma fecha, aunque de años diferentes, unos pueden ser de tanta dicha y sin embargo otros, te dejan rebanada el alma para toda la vida. Como vienen así, así también hay que admitirlo.

Hasta la próxima entrada.

martes, 11 de febrero de 2014

¡Cómo cambian los tiempos!



No sé como yo, y por ende todos mis coetáneos, no nos hemos vuelto locos al tenernos que amoldar, asimilar y adaptarnos al progreso experimentado en la vida desde nuestra infancia, e incluso ya bien entrada juventud, hasta nuestros días. 

El pasado jueves, cumpleaños de mi hija, le regalé un teléfono móvil en el que se le puede descargar, y así lo ha hecho, el sistema o procedimiento ese, tan en boga, llamado "WhatsApp". Por ejemplo, me maravilla que por ese procedimiento se hace una fotografía y acto seguido se procede a enviárselo a otra persona que incluso se halla a varios miles de kilómetros de distancia. Escasos segundos después, con un simple signo te indica que ya lo ha recibido y acto seguido te señala si ya ha sido visto o leído por el receptor. Pero es que si estas pendiente a ello, sabes si el receptor en ese instante, te está contestando sobre lo enviado, y antes de un solo minuto desde que se hizo esa foto,  ya la has enviado y tienes la respuesta de haberse recibido. Y, por ejemplo, cuando yo estaba en la mili, me sorprendía que me hacía una fotografía, me la entregaban dos o tres días después de hecha, y una vez en mi poder, se la mandaba a mis padres y dos o tres días que tardaba en llegar la carta, ellos la habían recibido, y yo me enteraba de que lo habían hecho, como mínimo otros tres o cuatro días después en que recibía otra carta de ellos anunciándome su recepción y lo "bien y guapo que había salido". En total en menos de dos semanas, fotografía hecha, enviada, recibida y acusada su recepción.

Claro que mi hija cuando nació, ya había televisión en mi casa, y cuando yo lo hice, en la de mis padres tenían que alumbrarse con un candil, pues la luz eléctrica llegó a mi pueblo cuando yo tenía siete u ocho años.
 
¿Podrían los jóvenes de hoy vivir como nosotros lo hacíamos en nuestra juventud? Vivir, lo que se dice vivir, si tendrían que hacerlo por fuerza de la supervivencia, pero solo por el mero hecho de quitarles sus móviles, con sus WhatsApp, sus Facebook, sus Twitter, etc., sería quitarles media vida. 

Y cuando yo era joven, que para poder hablar con la mujer a la que estabas pretendiendo de amores, eso que ya no se lleva, tenías que hacer un plantón de a lo mejor horas y horas, desde donde se divisara la puerta de su domicilio, para tan pronto la vieras salir, posiblemente para hacer cualquier recado, ir en su busca y poder estar junto a ella varios minutos, y en no pocas ocasiones, ese plantón que estabas haciendo resultaba totalmente inútil, ya que o ella no podía salir, no quería o a lo mejor no tenía siquiera la sospecha de que uno estuviera esperando que saliera, o lo que en no pocas veces sucedía, que su madre no la dejara salir porque no le gustabas como pretendiente para su hija. 

En fin, que como digo en el título de esta entrada... ¡Cómo cambian los tiempos!

Hasta la próxima, que si no en ella, lo haré en alguna que otra continuando con ese cambio al que nos hemos tenido que subir a ese tren del progreso, para no dejarnos arrastrar por él, todos  aquellos que vinimos al mundo años antes de la Guerra Civil Española.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¡Arriba el ánimo!


Unas fechas que me han traído al recuerdo infaustos acontecimientos, acompañados de un molesto resfriado, me han llevado al desánimo de no tener siquiera gana de realizar aunque fuere para salir del paso, una entrada en este blog.

Hoy, que esas fechas pasadas se han invertido al punto de recordarme que  fueron esos días de los mas felices e ilusionantes que puedan darse a lo largo de toda una vida, me han lanzado a ello, siquiera para señalar tales efemérides.

Sobre el día y la hora en que estoy escribiendo en este blog, 5 de febrero, pero del ya que se va quedando lejos año de 1957, venía al mundo mi primer hijo, por tanto hoy es su cumpleaños, y al que aunque ya lo felicité esta mañana, sirva esta entrada para reiterárselas.

Un matrimonio, cuando se cumplían diez meses de su celebración, verse premiado con la llegada de un hijo es el no va más de la felicidad, máxime al deseo que de ello teníamos sus padres, al punto, que al principio su propia madre incluso llegó a llorar por la tardanza de su concepción, pero como he citado a los diez meses   de la boda, llegaba al mundo el primer fruto. 

Luego, catorce meses después le llegaba un hermano, y aunque pueda haber quien piense que no fue recibido con la misma alegría, el deseo de tener hijos de lo que tanto mi mujer, como   yo mismo tanto de nuestro deseo era, que si el nacimiento del primogénito nos supuso el mayor premio que pueda recibir un matrimonio, la llegada de su hermano no lo fue en menos, y como luego fue sucediendo, la crianza de dos hermanos casi iguales, supuso, no solo para nosotros, sino para ellos mismos, la dicha y la felicidad que hoy, pasado ya  mas de medio siglo, quizá pueda haber dos hermanos que se adoren como ellos, pero lo que si estoy seguro, es que lo hagan con mayor cariño que ellos lo llevan.

Pero si hoy es el cumpleaños de mi hijo mayor, mañana, lo es el de mi hija, que cuando sus hermanos, ambos varones, el primero cumplía 7 años el día anterior y el otro estaba a punto de cumplir los 6, la llegada de la "niña" colmaba ya la dicha de un matrimonio. A ella también,  y con unas horas de anticipo, sirva esta entrada como la mas sentida de las felicitaciones.
 
Millones de veces he pensado que estaría siendo de mí, y que lo hubiere sido de mi matrimonio, si no hubiéremos sido premiados con la llegada de los tres hijos. A lo largo de toda la vida, y especialmente en la última etapa de la misma, es sin duda cuando mas se disfruta de ellos y, también, cuando mas se necesitan. Esa es la mayor riqueza que pueda atesorarse y precisamente, la que por mucho que de ella se goce, nunca se dilapida, como pueda suceder con las  materiales.
  
El llevar tantos años viviendo tiene estos contrapuntos, que  unos días te traen al recuerdo hechos que te rebanan el alma y al siguiente o unos después, lo son de todo lo contrario y que escasos son los que se te dan esa alegría, a lo largo de toda la existencia.

Si lo relatado en esta entrada, poco o nada pueda interesar a quienes tengan la osadía de leerla, cuando menos a mí me ha llevado a levantarme el ánimo al punto de llevarme hasta volver por estos menesteres.

Hasta la próxima.

domingo, 26 de enero de 2014

Triste aniversario



Hoy se cumplen seis años del fallecimiento de mi hermano Cesáreo. Después, y poco mas de dos años y medio le seguía mi otro hermano Antonio y casi cuatro posteriores, el último fallecido, José. Anterior a la muerte de mi hermano Cesáreo, hacía mas de setenta años y durante la guerra civil, lo hacía el anterior, pero solo cuando contaba unos meses de edad. 
   
Cuando se llega a estas alturas de la edad, traer al recuerdo estas efemérides, la verdad es que se te encoge el alma, pero también es cierto que ello te hace repasar aquellos lejanísimos y más difíciles tiempos, de cuando en torno a nuestros padres, los cinco hermanos que conseguimos superar el primer año de vida, lo hacíamos, si no sobrantes de recursos para las supervivencia, sí con la alegría de una prole que nunca les faltó el cariño y protección de sus padres, y que aquella armonía que se respiraba en aquel, humilde pero acogedor hogar, ayudaba a soportar las propias dificultades que las circunstancias imponían. 

Hoy, al comprobar, que primero mis padres y luego tres de los cinco hermanos, fueron desapareciendo, quedando solamente dos, el primero por edad que soy yo, y segundo mi hermana la última de venir al mundo de los cinco, se siente cierta sensación de orfandad, que como decía anteriormente, se te encoge el alma y hace que el ánimo te haga volver un sentido y querido recuerdo para todos ellos. 
  
Si el llegar hasta los años que yo ya tengo, gracias a Dios, y siempre como ahora me encuentro, te hace de gozar y  ver a toda tu descendencia en el modo y forma en que se desenvuelven, no te exime tampoco de ir acumulando jalones de hechos que van llevándose girones del alma por el dolor que  ello te han ocasionado y que sin duda es el tributo que hay que pagar por el goce de lo primero.
   
Como puede colegirse del tema y forma de ir desgranando el motivo de esta entrada, no es que de ello pueda infundir en el ánimo de mis, como siempre digo escasos lectores, para continuar su lectura, pero, y si así sucede, pido perdón por ello, pero como comprenderéis una vez el recuerdo acude al sentimiento, resulta casi imposible no dar rienda suelta a su enumeración y así descargar un tanto la tristeza que te ha ocasionado, y aceptar que aunque así sea, que menos podemos hacer por esos seres que por todo el tiempo que permanezcamos por este mundo, seguirán ocupando esos lugares preferentes que así lo hicieron durante el tiempo que lo estuvieron en nuestras vidas.

Seguramente la entrada de hoy, hubiere cuadrado mejor con el 
"día de perros" que hacía el pasado domingo, fecha de la anterior entrada, y no con el de hoy, que es uno de esos esplendorosos que  esta bendita Málaga suele regalarnos con frecuencia, incluso en el invierno. Pero, así son las cosas, y aquí viene a cuento un dicho, por cierto poco afortunado, que  se decía con frecuencia allí en mi pueblo, que lo era del siguiente tenor: "Donde se cae el burro, se le dan los palos", y como hoy se cumple el aniversario del fallecimiento de mi hermano Cesáreo, pues aunque haga un día verdaramente primaveral, no podía hacerse el pasado domingo.

En las próximas semanas, se cumplirán años, que no se me pasaran por el olvido, acontecimientos, uno, tan nefasto, que sin duda hasta entonces no  hubo otro que comparársele pudiera; los demás, tan venturosos como hasta entonces no me habían acontecido, y uno, el mas próximo en cumplirse su efemérides, tal que lo es en el día de mañana veintisiete, que  fue  en el que conocí a Gloria,  que después fue mi esposa y madre de mis hijos y que  hizo que mi vida tomara el camino  que mejor no pudo serlo en mi ya largo transitar por la misma.

Al tiempo que he dedicado a narrar todo cuanto antecede, he vuelto a dar un repaso casi por todo lo que ha sido, y está siendo, mi paso por este mundo, y que ojalá, todos los míos cuando hagan balance del paso por la suya, cuando por lo menos les alcance el punto donde yo me hallo, puedan hacer un balance tan favorable de todo su discurrir, como el mío lo fue, lo es, y pido a Dios así lo siga, hasta el final de mi trayecto.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 19 de enero de 2014

Un día de perros


Hay un dicho bastante extendido, creo que por toda España, que cuando hace un día muy desapacible se dice que "hace un día de perros". Pues en Málaga tenemos hoy un día de perros.

Hoy. al venírseme a la memoria la catalogación de un día como el de hoy, también me ha vuelto al recuerdo, un detalle del anecdotario de mi pueblo que cuando menos en mi juventud se hizo popular y seguro estoy perdurará todavía. 

Se trataba de lo siguiente: En Villaharta había dos hombres, uno quinto mío, y el otro quince o veinte años mayor, llamados Arsenio y Antonio, respectivamente. Asimismo en el pueblo a todo aquel que trabajaba poco o nada, se le llamaba que era "perro", y se daba la circunstancia que ninguno de los dos, Arsenio y Antonio, habían dado golpe en su vida. 

Resulta que en Villaharta hacía uno de esos días como el de hoy en Málaga, e incluso peor, cuando Antonio llegaba a la puerta de un bar que existía frente a la casa donde vivía Arsenio y donde éste se encontraba. Como quiera que Arsenio era un tanto, bastante, "tartaja", como se les decía a los que tartamudeaban, cuando Antonio llegaba, le proponía Arsenio: "AAAntonio, va, va vamos aaa tomar uuuna cococopa que que pa pa eeesso es nunueestro ddiddía". Claro Antonio, como ni se llamaban lo mismo ni habían nacido en el mismo día, le contesta: "¡cómo que hoy es nuestro día!" La respuesta de Arsenio fue la siguiente: "SSSí ssí por por por porque hahahace un un un dí dí día de de de pe pe perros". Desde luego la idea que a mi amigo Arsenio se le vino en aquel momento, no pudo ser mas genial y  acertada.

Ahora, también volviendo la vista a un pasado ya más lejano de lo apuntado anteriormente, me recuerdo asimismo de un día que aquel no es que se podía llamar de perros, sino hasta de lobos, que nos encontrábamos vareando aceitunas, hacía un viento del norte que dejaba helado al mas pintado, caía una llovizna de agua-nieve que al resbalarse por la vara que utilizábamos llegaba a meterse por entre las mangas de la ropa y brazo abajo solía llegar hasta el mismo pecho lo que hacía imposible el continuar trabajando, con lo que a las protestas del personal, el manijero se vio en la necesidad de suspender la faena, cuando aún faltaba mas de una hora para la llegada del almuerzo, o media jornada.

Ese día y otro del año anterior, cuando yo formando pareja con mi madre cogía aceitunas, en la misma finca, en La Calera, un día que había nevado y había que sacar las aceitunas de entre la nieve, son sin duda los días de mas frío y amargo de los que recuerdo pasé cuando trabajaba en el campo, y esto cuando contaba, quince y catorce años de edad,  respectivamente. Esos recuerdos me hicieron, y me hacen, saborear en mayor grado, los muchos días, e incluso años pasados a lo largo de ya mi larga vida. Lo raro, es con la entereza con que  se soportaban aquellas vivencias.

Bueno a ver si en la próxima entrada hace mejor día que el de hoy, aunque si es de agradecer, que cuando menos en los dos o tres días anteriores, ha llovido en Málaga, si no lo suficiente, si cuando menos para salir de la sequía en que nos hallábamos sumidos.

Hasta la próxima.

sábado, 11 de enero de 2014

¡Cómo es posible que los Reyes Magos se equivoquen!

La culpa de que no haya hecho acto de presencia en el blog, la tiene lo que da título a esta entrada. 

Resulta que días antes de la festividad de los Reyes Magos, repasando mis recuerdos me topé con una fotografía tomada, creo en el mes de abril de 1959, en la que yo participaba en la clase de equitación cuando estaba realizando el curso de ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Se la envié, por correo electrónico, quien me lo hubiere dicho entonces, a los míos, con el fin de que vieran que yo también fui joven.



Como quiera que la  llegada de los Reyes Magos de Oriente estaba cercana, e incluso yo ya había mandado mi carta de petición de regalos, y creyéndome de que mi comportamiento a lo largo de todo el año había sido ejemplar,  no tuve otra cosa que hacer, que volver a mandarles otra carta, acompañándoles la fotografía de marras, pidiéndoles que me trajeran un caballo como el de la foto, y a la vez me quitaran cincuenta y cinco años de lo que  tengo, a fin de que hicieran juego caballo y jinete, que si no me concedían lo último peticionado, me sucedería como decía Cervantes, que "el montar a caballo, a unos hace caballeros y a otros caballerizos", y claro yo me vería implicado en el último de los casos citados por el autor del Quijote. La verdad es que esperaba con impaciencia mi última petición a los Magos de Oriente, con la añadidura de creerme merecedor de ello, y no sé si por castigo, al excederme en mis pretensiones, o por equivocación, que no lo creo, se han entretenido en mandarme "un gripazo", del que todavía no he podido levantar cabeza, aunque hoy, ya he tenido la valentía de lanzarme a exponer mi protesta y como creo que esto ya no les llegará, espero no me hagan perder todo lo ganado a estas horas en la lucha con la mencionada gripe, que tengo la seguridad de que me la han mandado de las mas malas que llevaban a bordo de sus carrozas.

Bueno y volviendo a tomar las cosas con seriedad, aunque lo de la gripe no ha sido "moco de pavo", como suele decirse, el éxito que la misma ha tenido entre los míos, que creo pensarían de que yo siempre he sido viejo, o incluso que ya nací viejo,  el caso es que mi editor al recibir la fotografía que citaba al principio, y dando prueba de su entrega y profesionalidad en la materia, me sugirió que la tan repetida foto, pensaba era merecedora de una entrada en este blog, lo que con esa venilla de satisfacción que a los "mayores" nos produce una pequeña loa a nuestro pasado, aunque sea lejano, así que tan pronto mis fuerzas y ganas me lo han permitido, aquí está su indicación, que para mí es una orden. Ahora espero que él, encabece esta entrada con el documento del caballo y jinete que motivado han, esta entrada, a fin de que cuando menos pueda yo justificarla, y no vaya a pensarse que ha sido una inveción mía para salir del paso a esta sequía blogera, que el regalo de los Reyes me ha ocasionado.

Hago constar que en el momento de hacerme la foto, me faltaban diez años, para tener la mitad de los que tengo ahora, así que nadie se extrañe que me haya dado el avenate de hacer mi segunda petición, y añadiré, que de la primera que hice,  he sido mas que debidamente premiado, habíéndome llegado el último de los regalos en la tarde de hoy, y que como lo habían dejado en la urbanización de Guadalmar, no me había sido posible ir a recogerlo y hoy me lo han traído.

Hasta la próxima.

martes, 31 de diciembre de 2013

En el umbral de 2014


Estamos a menos de seis horas de la entrada en el año de 2014. Con esta que se avecina, serán ya 89 veces las que he traspasado el umbral de la entrada en un nuevo año. Como es natural y así trayendo a la memoria los pasos de un año a otro, podrían ser ocho o nueve, los que no dejaron huella en mi recuerdo. Yo, y como seguro estoy en una de mis entradas en un pasado año, lo titulaba algo así como "Volver la esquina", o parecido, en la última de las que realicé en el que estaba a punto de terminar. 

Sigo pensando lo mismo. El transcurrir de los doce meses es como el transitar por una calle de trescientos sesenta y cinco espacios de distinto orden.

En cada uno de ellos, te vas dejando minúsculos jalones de lo que va siendo tu vida. Como es natural y como cito al principio,  estoy a punto de consumar el paso por ese día de San Silvestre y la entrada en el inmediato nacido Año Nuevo, nada menos que ochenta y nueve veces, cada hora de cada día de todos los que forman el conjunto de una anualidad, me son tan conocidos que no tengo por menos que sentir algo especial. Unos, los más, han ido dejando a lo largo de mi ya larga vida, sensaciones y hechos de los que no tengo por menos que dar gracias a Dios de que así lo hayan sido. Otros, los menos, infaustos acontecimientos, que por el contrario dejan huellas que te dejan herida el alma para el tiempo que te quede por seguir viviendo y cuya cicatrización no terminará jamás. Pero así es la vida. Ahora bien, por lo que a mi respecta y haciendo balance de todo ese acontecer, tengo un saldo positivo de lo que estoy seguro no todas las personas podrán hallar igual resultado.

Incluso estando ya "metidito en años", cuando tendía mis pensamientos hacia el futuro y pensaba en el año DOS MIL, se me ponía una muralla ante mí, que se me antojaba difícil de traspasar, dado a que en el mismo cumpliría los setenta cinco de edad. ¡Quién me lo iba a decir, que estamos a punto de terminar 2013, lo que cuando menos son trece años de propina que me encuentro! Pero no es que estén siendo hasta ahora esos añadidos, sino con la clase de vida que los estoy pasando, y a ello, no es que la acumulación de bienes materiales que haya ido atesorando sean su consecuencia, sino un tesoro de mucho mayor alcance, como son los afectivos, que es el verme rodeado de seres, que a la vez que los adoro, me dan todo cuanto es necesario y preciso para llevarte por esa etapa de la vida, que aun siendo como la llamada última, no se sabe hasta donde pueda llegar, pero  si es tan ilusionante, que a todos esos míos, a los que cito los adoro, ojalá, no cuando ya estén en ese tramo final de su existencia, si no en toda ella, le sea tan gozosa y de felicidad como la mía lo ha sido y lo esta siendo. En toda esa larga travesía de pasar veces y veces por los mismos meses, mismas semanas, mismo días, han ido quedando jalones de bienaventuranzas que ahí quedaran  vagando por toda la eternidad, y los "puntos negros" que por imperativo del paso del tiempo fueron señalando ese camino, no olvidarlos, porque eso no es posible, ni sería justo, sino aceptarlos como un designio de Dios y que a todos nos llevará hasta ese final. 

Quiero desear a todos cuantos tengan la osadía de entrar en este blog, un nuevo año 2014 lleno de felicidad y dicha para todos ellos y sus familias, y para todos los míos, llenarlos con este abrazo de agradecimiento por todo cuanto me están dando, y si vivir, de aquí en adelante lo sea como hasta ahora, que por mucho tiempo lo siga siendo.

Hasta la próxima entrada que ya lo será en el año que viene.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad

Árbol de Navidad gigante en la Plaza de la Constitución (Málaga)
 
La fiesta de la Navidad ya está en el quicio de nuestras puertas. Para mí, siempre han sido las más celebradas de todo el año. 
  
La Navidad nos lleva en primer lugar a traernos al recuerdo aquellos seres que perdimos para siempre. A disfrutar por la convivencia con los que aún continuamos por este valle de lágrimas. A pensar en los amigos o conocidos, de los que a lo mejor a lo largo del año ni siquiera los hemos recordado una sola vez. Y como no, también el pensar en aquellas Navidades de las que nos dejaron  huella, bien por su bienaventuranza, o por el contrario de esas que siempre hemos procurado dejar abandonadas en las cunetas del olvido. Hoy, voy a ceñirme a una de las que sin duda dejaron en mí un triste recuerdo, al tratarse de las incluídas en este último apartado, además de que tampoco otra lo fue incluso de peores consecuencias. Fue lo siguiente, y creo en otras entradas he tratado sobre ello, y en mis memorias lo relaté con todo detalle.

 Era la Nochebuena de 1950. Del fusil de un compañero se "escapó" un tiro que vino a atravesar la rodilla de mi pierna derecha. En la mañana del día de Navidad, era ingresado en el Hospital Militar de esta capital. Mi deseo lo fue el que la noticia no llegara a ser conocida por mis padres, por lo que ni yo particularmente, ni por parte del Cuerpo, se le diera noticia de ello. Solo me movía el evitarles un sufrimiento de lo que ya no tenía remedio. aparte del sacrificio que en aquellos momentos les hubiere supuesto su traslado y  estancia en Málaga.

Durante  las fiestas de aquel año, familiares y amigos de todos los enfermos que compartían conmigo la Sala de Cirugía de dicho Centro, recibían sus visitas, con los que incluso pasaban  horas de charla, sus caricias, sus cuidados, aparte de que algún que otro presente les era entregado. Ni una sola persona, se dignó siquiera acercarse a mi lecho y preguntarme que motivo o causa me tenía allí, ni como me encontraba. Se me encogía el corazón de sentirme totalmente olvidado en el rincón de aquella cama, la número dos por cierto de la Sala, sin que una mano amorosa  me hiciera caricia alguna, ni de sus labios recibiera un solo beso. En su contra, me compensaba el sufrimiento que evité a mis padres, de haber tenido conocimiento de mi sucedido. Creo fue Cervantes quien dijo que "en la adversidad se forjan los grandes corazones". En mi caso, no se si eso lo fue así, pero sí me llevó a la conclusión, de que nada en el mundo alivia tanto un sentimiento, como el mimo, una caricia, un beso de un ser querido, con la añadidura, de que a ello se le dá el valor y la importancia, que quién no se haya visto en la situación por la que yo pasé aquellas Navidades, pueda darle. Lo duro de la situación por la que hube de pasar, contra la dolorosa huella que te deja, tienes la compensación de valorar en su justo término, el que como en estas Fiestas, si Dios quiere, he de gozar de todos esos seres por los que me siento arropado y pasaremos en compañía.   

De aquellas Navidades y de las últimas en que mi mujer y en grave estado de salud pasó en este mundo, tristes recuerdos me quedan, pero antes de lo de estas últimas de las que hago mención y de todas las demás posteriores a ellas, lo fueron, y lo estan siendo de tanta dicha, que pido a Dios así lo sean hasta tanto, por imperativo del paso de los años algún hecho pueda truncar el que asi lo sigan siendo.

Con esta mi entrada, quiero dejar un sentido recuerdo para aquellos que nos dejaron, (que descansen en paz), y para los seres a los que adoro, para todos mis famuiliares, mis amigos, y aquellos a quienes tienen la osadía de entrar en este blog, desearles unas felices fiestas navideñas y un venturoso 2014, y que al final del mismo, pueda como hoy, deseárselo como lo hago en esta fecha.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 12 de diciembre de 2013

El Maratón


Saltándome un tanto la norma de lo que hasta aquí había venido siendo lo normal para plasmarlo en las entradas en este blog, como eran mis recuerdos de algo pasado ya hace años, hoy voy a tratar de un acto, que no por su importancia en sí, si no por las circunstancias que en ello se han dado, en cuanto a mi persona afecta, me voy a referir al maratón celebrado el pasado domingo aquí en Málaga. Pero no es el maratón propiamente dicho, como cito anteriormente lo que me da pábulo a esta entrada, sino algunos de los que tomaron parte en su ejecución y sus acompañantes.

Pues vamos allá. Desde Zaragoza llegaron hasta Málaga, algunos de ellos para tomar parte en la competición deportiva, cuatro matrimonios compuestos por Luis-Mar; Juan Manuel-Isabel; Fernan-Miriam, y mi hijo José Carlos, con su mujer Estrella. Perdonénme las señoras de que al enumerarlos lo haya hecho colocando primero el nombre de los maridos, pero es que como en lo que fue el inicio de todos mis conocimientos, así solía hacerse, tan enquistadas tengo aquellas enseñanzas, que cuando he querido darme cuenta, así me ha salido, y ya que está escrito, para que vamos a enmendarlo. Como quiera que los amigos de mis hijos, los considero mis amigos, y los tres primeros matrimonios citados, forman parte del circulo de amistades de mi hijo también mencionado, ya forman parte igualmente de mis amigos. Creo que tomaron parte en el evento deportivo, Miriam, Fernán, Juan Manuel y Luis. Sus resultados en cuanto a la prueba atlética no es que fueran para pasar a la historia del deporte, aunque ya el correr algo mas de cuarenta y dos kilómetros, merecen el mayor respeto y admiración, pero a lo que digo, quedaron todos ellos algo lejos de la subida al podio.


Ahora bien, todo de cuanto pudiera faltarles a los que tomaron parte en la competición para alcanzar sus glorias deportivas, tanto los que lo hicieron, como mi hijo como entrenador de la mayoría de los que compitieron, como el resto de ellos, creo se hicieron merecedores de LA MEDALLA DE ORO, en pasarlo bien y a gusto, aquí en nuestra querida Málaga. En las escasas horas en que yo tuve la dicha de acompañarlos, como lo fue en la comida y sobremesa una vez terminada la competición, pude observar como un grupo de amigos que como tales se consideran, lo mas sanamente que puede hacerse, disfrutan y gozan de todo cuanto en ese instante estén involucrados. Me consta, se han llevado un grato recuerdo de nuestra Málaga, que tan acogedoramente sabe hacerlo con toda persona sea de cualquier parte del mundo, y como no lo iba a hacer con ese grupo de maños encantandores, que ya por el mero hecho de serlo, son merecedores de los mayores honores.

Queridos tres matrimonios citados al principio: sois amigos de mi hijo y de su mujer, pero aquí habéis dejado otro a los que os pido me consideréis también como tal, y ojalá no sea la última vez que vengáis por esta bendita tierra a la que yo tanto debo, y con toda naturalidad sabe acoger a todos cuantos se dignen venir a ella.


Algunas fotografías de los componentes de los visitantes a esta ciudad con motivo del maratón del domingo, se las envío a mi editor, que seguro con la sapiencia de que esta dotado sabrá colocar en el sitio en que corresponda.    
      
Hasta la próxima, que seguro volveré por mis costumbres.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Santa Bárbara. Patrona de los Mineros y del Arma de Artillería




Creo que fue tal día como hoy pero de hace dos o tres años, traje a la entrada de este Blog la festividad de Santa Barbara, cuya celebración la realiza la Iglesia Católica en esta fecha. Como figura en el asunto de esta entrada, Santa Bárbara es la Patrona de los Mineros y del Arma de Artillería, y  la cual fue mi Patrona por ambos casos, de Minero y de Artillero.
  
Hoy, y por ese no se qué, que nos embarga a los "mayores", me he retrotraído en el tiempo casi setenta años atrás, y de nuevo me he encontrado cumpliendo el servicio militar allá en Sevilla. Cada vez que llegaba el Patrón o Patrona de algún Arma o Cuerpo del Ejército, incluso donde yo me encontraba en la Capitanía General, solíamos tener comida especial, y en los demás Regimientos o Unidades, solían  unirse, no como  los que celebraban la festividad de su Patrón o Patrona, pero sí a lo mejor adelantando el horario de la salida de paseo de la tropa. Y precisamente a esto es a lo que quiero referirme en la entrada de hoy.

Cada domingo, día festivo, y también en la celebración de sus patronos, las calles de Sevilla eran un inmenso hormiguero de soldados, yendo de unos puntos para otros, en los bares, o tascas para mejor decir, que eran los mas frecuentados por ellos, que digo yo, por nosotros, los cines y otros espectáculos, tales como el fútbol, en el que había entradas a precios especiales para los militares sin graduación. Y como quiera que entonces solo se libraban del servicio militar, los dados por inutilidad física, y los hijos de viuda, en cuyo hogar se hiciera necesario para la supervivencia el jornal del llamado a filas, cada reemplazo aportaba una cantidad ingente de reclutas, y si además, como cuando yo ingresé, que nos juntamos tres reemplazos, había soldados, no para inundar Sevilla como sucedía en las horas de paseo, si no que incluso eran empleados en infinidad de cuestiones, de lo que seguro hoy, incluso hace años, habrán desaparecido.  

En aquellos años, no solo los soldados que forzosamente habían de ir de uniforme, si no también, Suboficiales, Oficiales, Jefes, e incluso Generales, solían ir casi siempre de uniforme, y creo ello era el propio rescoldo que había dejado la guerra civil española. Así eran numerosos los militares que vistiendo sus respectivos uniformes paseaban por las ciudades, Se daba también el caso de que los coches oficiales, tanto de los Generales del Ejército o Guardia Civil, si no también de otros organismos del Estado, y hasta de la propia Iglesia, como digo los coches oficiales en los que viajara un alto cargo, llevaban en la parte delantera del automóvil, un banderín que indicaba el empleo o cargo a quien transportaba el vehículo, y estas enseñas, no solo eran empleadas en los actos oficiales, sino en cualquier momento en que el vehículo era ocupado por quién al que correspondía el banderín colocado. 

A este respecto quiero señalar, que el Cardenal Segura, de Sevilla, cada vez que salía utilizando el coche, llevaba colocado el banderín correspondiente, del que en las clases teóricas a los soldados, se les enseñaba el significado de cada banderín, y al que que había que saludar obligatoriamente, y que no se si sería cierto, o era la mala fama y concepto que los soldados tenían de él, que comentaban que en  alguna ocasión si el soldado no lo saludaba debidamente, en su propio coche lo llevaban al acuartelamiento más próximo para que lo corrigieran según la falta cometida. Circulaba una especie de acertijo que decía así: "¿En que se parece el coche del Cardenal Segura, a una aceituna ?", y la respuesta era que "llevaba el hueso dentro".

Esto del uso de los uniformes por parte de la mayoría de los militares, aun sin estar en actos de servicio, era general en todas las ciudades españolas, aunque en honor a la verdad, también el ir vistiendo el uniforme, les eximía de vestir el traje de paisano, que en no pocos casos,  posiblemente hasta carecieran de él.

Bueno me voy a licenciar, que ya hace mas de sesenta y cinco años que me concedieron el permiso ilimitado, que se transformó en el licenciamiento.

¡Cuan difícil resulta ver hoy un soldado paseando por la calle! Comparándolo con mis tiempos, como solemos decir los pasados en años, "¡cómo ha cambiado todo!".

Hasta la próxima entrada, que procuraré no sea de militares, que eso ya no está de moda, como entonces, si lo estaba.