martes, 9 de abril de 2013

¡A buscar novia!


Como reza el dicho popular, "que la cabra siempre tira al monte", los ya un tanto pasados de años, tendemos a la añoranza de los  de nuestra juventud, en lo que solemos regodearnos, más porque éramos jóvenes, que por los hechos en los que recordamos, aunque en alguna que otra ocasión, si tuvieran la entidad e importancia suficiente para traerlos a la memoria.

Y volviendo a contar de como en aquellos tiempos nos desenvolvíamos en diferentes aspectos de la vida, de lo que en  algunas anteriores entradas he dejado constancia, hoy, y como figura en el título de la presente, voy a tratar de relatar cómo se iniciaba un noviazgo y la forma en que continuaba esa relación, ello en mi pueblo claro, y creo no difería mucho de los del resto de España. 

Desde tan pronto nos íbamos aproximando a la edad, los varones se entiende,  de los catorce, quince o dieciséis años, sentíamos ese gusanillo de cómo y de que modo tendríamos que hacer para declararnos a una mujer a fin de pedirle relaciones amorosas. No se porqué, los mayores parecían darles al hecho tal importancia y misterio, que a nosotros, cuando menos a mí y a mis amistades mas cercanas les sucedía lo mismo, sentíamos cierto temor a que cuando llegara la hora de dirigirnos a una joven con tales propósitos, no supiéramos cómo hacerlo e incluso caer en el ridículo. Tan extendido estaba este sentimiento, generalmente en los adolescentes, que incluso se vendían una especie de folletos explicando la forma de dirigirse a una mujer para pedirle relaciones, así como diferentes modelos de cartas para  iguales fines. Un primo mío y yo, por cierto compramos uno.

Como en mis tiempos las jóvenes en los días laborables solo salían de su casa para ir a cualquier recado, o bien a por agua potable, que solo un pozo había en la localidad que lo fuera, y también, y esto en la mayoría de los casos era intencionado, la asistencia a cualquier acto religioso, que por supuesto se celebraba en la iglesia. Los domingos y festivos, si el tiempo lo permitía había paseo por la tarde en la carretera, y también en la mayoría de ellos había baile, era la única oportunidad de poder hablar con ellas.

En los paseos las jóvenes solían hacerlo cuando menos dos, tres o cuatro juntas y cogidas del brazo unas a otras. Así, en el momento en que te decidías a "soltarle el trapo", como  coloquialmente decíamos en mi pueblo, a pretender de amores a una chica, aunque a la que te dirigieras fuera en uno de los extremos del conjunto, por fuerza las demás  tenían que oír todo cuanto uno dijera, y que en no pocas ocasiones, unas sarcásticas sonrisas no muy disimuladas asomaban a todas cuantas fueran en el grupo, eso sí, rara vez a la que fueran dirigidas. Por tanto las mejores oportunidades se daban en el baile, pero aunque tratabas de hacerlo con el mayor disimulo posible y como ya el rumor de tus propósitos se había extendido cuando menos por todos los componentes de tu pandilla, nunca pasaba desapercibido el momento de declaración, y lo confieso, a mí, y durante más tiempo del deseado, cada vez que lo hacía, un rubor que hacía enrojecer mi rostro,  me delataba. Ya una vez hecha la primera declaración, luego la continuación era más fácil y siempre se aprovechaba cualquier salida a la calle de tu pretendida para continuar con la conquista y para lo que empleabas muchos ratos de observación sobre su domicilio a fin no perder ninguna de las oportunidades que se te presentaran.

Al día siguiente de haberte declarado a ella, ya estaba la pareja en la "comidilla" de todo el vecindario. El tiempo en formalizarse el noviazgo dependía de, sobre todo el deseo de ella, el acoso del pretendiente, y también la cantidad de oportunidades que hubieres tenido de acercarte a ella. La señal de que el noviazgo se había realizado, lo era cuando en el paseo se daba la circunstancia, como se decía, de que se "habían soltado de pareja", o sea que ya paseaban los dos solos, sin que las amigas de la novia lo hicieran cogidas del brazo de ella. En el baile, lo era cuando ambos se sentaban en sillas continuas, y solo bailaban nada más que el uno con el otro, salvo compromiso de algún familiar muy cercano a ella, previa petición.

Ya una vez se eran novios, y eso sí, la inmensa mayoría de los días, si era festivo, después del paseo o del baile, y también en los días laborables, se hablaba con la novia en la puerta de su casa, o también por la ventana, o sea, que la novia dentro de su casa y de una habitación que tuviera ventana que diera a la calle, y el novio por fuera, así se "pelaba la pava" como se denominaba a hablar con la novia. Hoy recordando algunas de aquellas estampas, por ejemplo en noche de lluvia, el novio con un impermeable por encima y capota cubriendo su cabeza, asido a los hierros de la ventana permanecía a lo mejor por espacio de dos, tres o cuatro horas aguantando el chaparrón, y lo que entonces se veía con total normalidad, si hoy pudiera verse una fotografía de tales eventos, sería para caerse de espaldas.

Pasado un tiempo con esa forma de pelar la pava, llegaba el momento de entrar en la casa, ya que tanto la familia de ella como la circunstancia lo requería, entonces había que pedir permiso al padre de la novia, para que te concediera hablar con su hija dentro de su casa. Y la verdad, es que en partes era peor el remedio que la enfermedad, dado a que en la puerta y desde la ventana siempre tenías una oportunidad de poderla besar y como no, algún que otro tocamiento, cosa que dentro de la casa te era tan difícil, que se pasaban noches y noches sin que siquiera pudieras darle un beso. Para evitarlo, estaban siempre la madre, la abuela o en alguna que otra ocasión una hermana de la novia, de vigía permanente. En raras ocasiones se era vigilado, por el padre, el abuelo o hermano. Eso eran misiones femeninas. El darse un beso los novios, siempre, siempre, siempre,  se hacía en la más estricta intimidad, y nunca delante de otra persona, incluso amigas o amigos de la novia o el novio. Para eso había que estar  alerta y no dejar pasar oportunidad que se presentara, como por ejemplo cuando la madre tenía que ir a la cocina para dar una vuelta a la comida, siempre que no se dejara una reserva en la vigilancia.

Por lo relatado de como se buscaba novia y era la forma de continuar un noviazgo en mis tiempos de joven, aunque reconozco queda tan lejos, creo que no puede siquiera haber punto  de comparación, a como hoy se hace, pero también se presentaban oportunidades y pocas se desaprovechaban .

Hasta la próxima que ya los novios se habrán casado.

miércoles, 3 de abril de 2013

Los pájaros disparan a las escopetas (ah, y felicitar el día de hoy)



Extraño asunto el dado a la primera parte del tema de esta entrada, pero si juzgamos el caso que me ha llevado a ello, no tendremos mas remedio que dar por acertado el título elegido. Por cuanto a la segunda parte del enunciado, la cosa está mas clara.

Comencemos. Resulta que el pasado sábado, en mis años de juventud, Sábado de Gloria, y ahora, Sábado Santo, se celebraba, y ahora, no por todo el vecindario de Villaharta, el día de la merendilla, que como la mayoría de mis escasos lectores sabéis, consiste en pasar el día en el campo y dar buen cobijo en el cuerpo,  de cuanto bueno en el comer y el beber se pueda.  Con tal motivo, allá que me llevaron, como digo el pasado día 30, a fin de hacer cuanto se pudiera en semejante sacrificio, aunque no hace falta mucho empeño para salir airoso de cuanto suele ponerse por delante. Pero no es aquí donde radica lo excéntrico de la noticia. Resulta que antes de irnos hacia el lugar donde daríamos buena cuenta de las exquisitas viandas, como es preceptivo y nunca puedo dejar de hacerlo,  me pasé a visitar a un entrañable amigo. Y atrochando, cuando bajaba una escalera en el  domicilio de mi amigo, yo como "persona mayor" asido a la barandilla de la misma, con la sana intención a evitar una caída, mira por donde, y posiblemente en agradecimiento de que había ido a visitar al propietario de todo el edificio, la barandilla en vez de dejarse en que yo me apoyara en ella, pensaría que lo mejor es irme con él. Y así sucedió, que desprendiéndose de donde estaba asida desde muchos años ha, se vino conmigo, y ambos dando tumbos escaleras abajo, la barandilla no sé, pero yo, como suele decirse en Villaharta me pegué tal "guajarrazo" con el costado derecho sobre el pavimento, del que al día de hoy, los moratones sobre la frente y las dolencias sobre toda la cabeza, el hombro, y de una costilla un tanto resentida, me han tenido sin gana alguna, no de entrar en el blog, sino de cualquier otra cosa, pero hoy, la segunda parte de cuanto voy a escribir, no podía dejar pasar tal efemérides. Así que aclarado, lo que de una barandilla en una escalera está para evitar caídas, resulta que fue causa de que ello me sucediera. Por ello, ¿conformes con lo de los pájaros y las escopetas?

Fuente: http://criticamasmenos.blogspot.com.es 
Vamos con la segunda cuestión. Hoy 3 de abril, cumple mi  hijo José Carlos, cincuenta y cinco años, que por cierto el día de su nacimiento allá por el 1958, era Jueves Santo. Pero exactamente otro tres de abril, veinticuatro años después, o sea de 1982, contraía matrimonio. Así,  y aunque cumplida la misión de felicitar, a mi nuera y  a mi hijo, hecho por teléfono, como acontecimiento de esos muchos importantes que me han ido sucediendo a lo largo de mi vida, hágolo constar aquí también, y deseándoles otra vez, muchas felicidades, y lo sigan siendo como hasta ahora por siempre. Así, a la hora en que ahora mismo son las dos de la tarde, hace veinticuatro años estábamos celebrando la comida en un hotel de la capital maña. Hoy, quien por primera vez era madrina de un hijo, hace ya muchos dejó de estar entre nosotros. La alegría al traer al recuerdo aquella feliz unión, no por ello deja de producir un profundo pesar, la pérdida de ella.

Hasta la próxima entrada.

jueves, 28 de marzo de 2013

Algunos recuerdos del Miércoles Santo

Casa Hermandad de la Archicofradía de la Expiración (Málaga)

Comenzaré diciendo una perogrullada, y es que como hoy es Jueves Santo, ayer lo fue Miércoles Santo. Dicho queda.

Pero dicho lo anterior, y refiriéndome en concreto a la Semana Santa malagueña y desde que yo las llevo presenciando, que con la corriente hace la número sesenta y dos, no es tan disparatado el primer párrafo de la presente entrada. Vamos al detalle. Entre las numerosas Cofradías que procesionan sus Titulares durante la Semana Santa en Málaga, está una, para mí la más entrañable y cuyo valor, cuando menos material, tanto de sus tronos como de los demás enseres, es el mas importante de todas, la denominada del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores, para los malagueños, y yo me considero uno de ellos, "la Expiración", y por añadidura, el Cuerpo de la Guardia Civil es Hermano Mayor Honorario de la misma. Pues bién, esta hermandad inicia su desfile procesional el Miércoles Santo, pero  su salida es a las 24'00 horas, que antes de que sus tronos hayan terminado de salir a la calle, ya se es Jueves Santo, y aquí el motivo de soltar la perogrullada del inicio.

Pero vamos al grano, que me estoy enrollando y hasta ahora dirán mis lectores, que no por escasos dejan de ser importantes, que no saben a que vienen eso de los recuerdos. Comencemos y voy a hacerlo siguiendo el orden cronológico de su acecido.

María Santísima de los Dolores Coronada

El primero de ellos y sin duda el de menor importancia, creo lo fue en la Semana Santa de 1954, año antes o después, en que yo iba a desfilar con la Compañía de Guardia Civiles que entonces lo hacían y que como tal Guardia yo estaba en activo, y el recuerdo es en que al igual que pasó esta noche pasada, la procesión fue suspendida debido al mal tiempo meteorológico, o sea, menos rimbombante, por la lluvia, y anoche, tras haber dormido una buena siesta estaba preparado para presenciar su salida y que iba a ser retransmitida por televisión, me quedé esperando, por iguales causas, y con posterioridad a aquella suspensión, nunca más tuve la oportunidad de tomar parte en el desfile de las fuerzas del Cuerpo, aunque siempre estuve prestando mis servicios en diferentes cometidos relacionados con ese motivo.  

El segundo de los recuerdos y sin duda el de mayor trascendencia, lo fue en la noche del 2 al 3 de abril de 1958. Resulta que mi mujer, como buena malagueña,  que desde el balcón de la casa de sus padres donde había vivido hasta que se casó, casi se tocaba una de las paredes laterales de la Iglesia de San Pedro, en la cual se veneran los Titulares de la Cofradía, y por último, de que su marido era Guardia Civil, sentía tal veneración por la Expiración, que con el detalle que voy a relatar queda más que explícito. Resulta  que, mi mujer, se hallaba en vísperas de cumplir el periodo de su segundo embarazo, pero aquél Miércoles Santo desde muchas horas antes de la Salida de "su" Expiración estuvo dándome la tabarra de que la llevara cuando menos a presenciar la salida de la procesión, que como he citado antes lo hacía, y sigue haciéndolo a las doce de la noche, pero pese a su insistencia y por la situación en que se encontraba, e incluso con algo de disgusto, no cedí a sus pretensiones.  Pues resulta, que como he repetido otras veces, la procesión salía a las doce de la noche, y dos horas después, o sea a las dos de la mañana del siguiente Jueves Santo, ya estaba en el mundo mi segundo hijo. De haber cedido a su petición, quien saber si hasta algún  miembro de la Guardia Civil hubiera tenido que auxiliarnos durante el parto que le hubiera llegado a lo mejor en las inmediaciones de la Iglesia de San Pedro, donde precisamente contrajimos matrimonio. 

Y otro de los recuerdos, este relacionado con el Miércoles Santo, aunque algunos días antes del mismo, de la Semana Santa de 1960, fue lo siguiente. Resulta que la Cofradía de la Expiración, decidió aquel año imponer una Medalla de la Cofradía a la esposa del entonces Jefe del Estado, General Franco. El entonces Hermano Mayor de la Cofradía Enrique Navarro, que a su vez lo era también de la Agrupación de Cofradías de Málaga, una vez adquirida la medalla, se la entregó a un pariente suyo a fin de que le diera la adecuación correspondiente y con arreglo a la persona a quien le iba a ser impuesta. Y como decía al principio de este relato, en la mañana de unos dos o tres días antes, y cuando yo me hallaba destinado en el Servicio de Información de la Comandancia  de Málaga, me manda llamar el Teniente Coronel Primer Jefe de la misma y me dice: "Una medalla que le íba a ser impuesta por la Cofradía de la Expiración  a la Señora del Generalísimo, ha sido robada. Así que tome usted la fuerza que crea necesaria y no vuelva por aquí hasta que no venga con la medalla. ¡Anda Rafalito, ahí tienes la papeleta!". Me hice acompañar por un Guardia llamado Ángel Tomé, gallego de nacimiento, y buen Guardia, inteligente y tranquilo en su proceder. Mi primera decisión fue irme a ver al Hermano Mayor de la Cofradía el mencionado Enrique Navarro, el que me contó lo sucedido y me dijo que el robo se había cometido en el domicilio de su primo a quien le había entregado la medalla para que la preparase. Abreviando, resulta que solamente existía una sola persona que pudiera haber cometido el acto, una señora que diariamente acudía a la casa para proceder a su limpieza. Tras las primeras gestiones y dadas muchas circunstancias, me resultaba difícil que aquella señora, quien también llevaba la limpieza de los locales de la Cofradía hubiese cometido, en todo caso hubiere sido un hurto, no un robo. Trasladados con la supuesta autora del hecho a la casa del denunciante de la desaparición de la tan mencionada medalla, y con casi la total seguridad de que la sospechosa no lo era tal, y que previa mi indicación iba acompañada de una parienta suya, y dadas unas cuantas recomendaciones, las dejé a ambas en la cocina, mientras yo encerrándome en el dormitorio del denunciante, comenzamos en un minucioso reconocimiento de todos los muebles, cama y enseres del compartimento, y  ¡ALELUYA!, dentro de un sobre de los muchos que había en un cajón de una especie de cómoda, allí estaba el hallazgo de la tan anhelada medalla y es que tan bien guardada quiso tenerla y que con el propio nerviosismo de no encontrarla cuando intentó cogerla para su entrega, ya ni se acordaba de dónde o cómo podía haberla guardado. Gracias a nuestra intervención, la supuesta culpable señalada por el denunciante, no le agredió como ella hubiera deseado (y con cierta razón, según mi entender). Pero yo, totalmente contento y como se me había ordenado, volvía a presentarme ante mi superior, con la medalla en la mano.

Estos son algunos de los muchos reecuerdos que de la Semana Santa de Málaga, guardo. Hasta la próxima.

viernes, 22 de marzo de 2013

Honores y tratamientos


No temáis, que no voy a da una clase teórica de ordenanzas militares, si es eso lo que estáis pensando habiendo leído el titulo dado a esta entrada, sino que cumpliendo mi palabra por cuanto terminaba en mi entrada del pasado día 11, hoy voy a tratar de como nos tratábamos y nos considerábamos allá por mis tiempos de infancia e incluso bien entrada mi juventud, y es más, diría, que hasta ya en edad bien madura. 

Pues vamos a ello. Una de las modernidades a la que no he terminado por acoplarme, es al uso del  "tuteo". Posiblemente a los que seáis jóvenes y no tan jóvenes os pueda resbalar un tanto cuanto voy a poner de manifiesto. En mi pueblo, y creo era costumbre en la mayoría de los pueblos de España, dábamos el tratamiento de usted a nuestros propios padres, abuelos, tíos, a toda persona mayor, e incluso a personas a las que no se conocía o se tenía trato cercano con ellos, aun siendo jóvenes. En este sentido se daba el caso por ejemplo, que a mí incluso se me dio en  no pocas ocasiones, siendo joven, de que una muchacha de mi edad, que podría ser a lo mejor de 16, 17 o 18 años  más o menos, que procedente de otro pueblo llegara al mío, bien para visitar familiares, amistades o asistir a alguna festividad en Villaharta, si la acompañabas en el paseo, comenzabas tratándola, y ella a ti, de usted, y lo mismo sucedía si le pedías que te concediera bailar una pieza contigo, le dabas ese tratamiento y cuando terminabas de bailar, la acompañabas hasta de donde había salido a bailar, bien sentada en alguna silla o de algún grupo y te despedías de ella dándole las gracias por el baile concedido. Si tan pronto comenzabas a dirigirle la palabra lo hacías tuteándola, solía "pararte los pies" con una frase que era de uso general, y que consistía en decirte "usted cuántas veces ha comido conmigo para tutearme". Como es natural, con las amigas y conocidas no se empleaban estos protocolos, aunque si no era una amiga íntima o de la familia, si se le solían  dar las gracias cuando habías bailado con ella, previa petición al respecto. 

Con el paso de los años, las costumbres fueron cambiando, dándose el caso de que en mi propia familia, los cuatro hermanos, yo que era el mayor y los siguientes,  todos varones, tratábamos a nuestros propios padres de usted, pero mi hermana, la número cinco en los hermanos, y  que por tanto era la más pequeña, no se si por ser hembra o porque era la "niña", pero sí,  seguro lo era porque los años iban pasando,  ya los tuteaba.

Yo, cuando  cualquier persona de a lo mejor no más de veinte o veinticinco años, los veo tutear a otra de a lo mejor setenta, ochenta o más años, me choca y casi diría no termino de aceptarlo, y se me da la circunstancia de que no me afecta casi nada, si ese tratamiento me lo dan a mí personalmente.

En cuanto a los tratamientos, toda persona que estaba en posesión del título de bachillerato o de cualquier carrera, tenía derecho al tratado de Don, y como tal había que dárselo si él lo interesaba. Esto generalmente no se daba entre amistades o conocidos de la misma localidad,  pero especialmente a los maestros, profesores, médicos, veterinarios, etc., salvo los amigos mas íntimos o familiares, se les anteponía siempre el Don a su propio nombre. 

En el Ejército, a partir del empleo de Sargento y hasta el de Teniente Coronel,  tenía ese derecho; los  Coroneles, el de Usía,  y Generales, el de Vuecencia, que era el  abreviado de Vuestra Excelencia. Los hijos de Capitanes o empleos superiores, aun sin tener título alguno, tenían igualmente el derecho al citado tratamiento. Estos tratamientos que se exigían en el Ejército, eran extensibles en igual orden a la Guardia Civil.

Las personas, que se consideraban ellas mismas,  "bien educadas", los caballeros,  si llevaban puesta alguna prenda de cabeza y se cruzaban por la calle, con personas de igual o superior consideración,  y especialmente con alguna señora conocida, se destocaban la prenda de cabeza y con una pequeña reverencia, le daban bien los buenos días, buenas tardes, o lo que correspondiera, o simplemente, el "vaya usted con Dios, Señora". 

Todo este protocolo comenzó a perderse con relativa frecuencia, a partir de finalizar la Guerra Civil. 

Como podréis observar, los tiempos han cambiado en este y en otros muchos sentidos, pero como decía anteriormente, no lo puedo remediar, pero me choca un tanto ese tuteo a personas muy mayores o  ancianas, que claro, a mí no me alcanza eso todavía, pero quizá llegaré algún día a encontrarme entre los catalogados en  ese grupo.

Hasta la próxima, que trataré algún otro tema de como lo era en "mis tiempos".

domingo, 17 de marzo de 2013

El día de mi sorteo



Tal día, hoy hace sesenta y siete años, se verificaba en España el sorteo del Reemplazo de 1946, o sea mi quinta. 

Al recuerdo se me ha venido la francachela de aquel ya lejano domingo 17 de Marzo, que también en mil novecientos cuarenta y seis coincidían los días de la semana con el presente año,  con motivo de uno de los días de quintos que tanto se celebraba en los pueblos. Nos comimos un chivo bastante grande, incluso para unos dieciocho o veinte quintos que nos juntamos, vino, no faltó tampoco, y hasta una vaquilla que además de embestir bastante, tenía más mala leche que un perro chico, pero, y ya creo lo hice constar en una entrada años atrás en este blog, yo mientras la vaquilla estuvo en nuestras inmediaciones, me lo pase subido en un árbol, y es que el arte de Cúchares no se ha ha hecho para mí.  Pues aquel día de quintos que comenzó sobre las once de la mañana, a muchos de los mismos, entre ellos, yo, nos amaneció el siguiente día por las calles de Villaharta, más que nada sin dejar dormir plácidamente a la vecindad. Pero a los pobres quintos todo se le perdonaba. 

El título dado a la entrada, como los es "el día de mi sorteo", es que una de las coplas del repertorio de los quintos desde hacía muchísimos años, decía así:
    
           El día de mi sorteo,
           estabas en la ventana, 
           y al oír mi mala suerte,
           te caíste desmayada.
   
  Y luego le seguía el estribillo,

            No me llores niña,  
            no me llores, no, 
            porque si tu lloras.
            también lloro yo, 
            también lloro yo,
            también lloro yo, 
            no me llores niña,
            no me llores no

De aquellos 18 o 20 quintos que lo fuimos aquel "46", siete u ocho fuimos, entre ellos yo, destinados a Sevilla. Y luego claro entre copla y copla, cada uno lanzábamos vivas al punto donde habíamos sido destinados. 

Desde tiempo inmemorial, hasta muchos años después de mi quinta, la marcha a la "mili", señalaba para los hombres un antes y un después en la vida de los mismos. En torno a la mili, y como reza un dicho popular, "cada uno cuenta la feria según le ha ido" y en cuanto a mí,  y todos cuantos me conocéis lo sabéis bien, y para los que no me conozcan, se lo digo ahora, fue la mejor vida que hasta entonces había pasado, guardando de ello felicísimos recuerdos y donde hice entrañables amigos. Claro, que no todos tuvieron la suerte que yo tuve de ir de mecanógrafo a Capitanía General, y que creo me jugué el tipo, al solicitar una vacante de tal mecanógrafo cuando ni siquiera había tocado una máquina de escribir en la vida. En muchas ocasiones he relatado tal peripecia, y todo se lo debo a un Capitán que, mas que un militar o un hombre, para mí fue, podría decir "un santo".

Bueno y como despedida de esta mi entrada de hoy, de aquellos dieciocho o veinte quintos que hoy se han cumplido 67 años de la gran "comilona" celebrada, que yo sepa, solo quedamos tres, y es que el tiempo no respeta ni a los "Quintos del 46". Un cariñoso y sentido recuerdo a los que nos dejaron y un afectuoso saludo a los que quedamos, que además de el que suscribe, también lo está mi entrañable amigo Alfonso Pérez, y el que conocíamos por "La Alsina" que creo se llama José García Zarcero, también gran amigo, y perdón si no he dado en el clavo de su nombre y apellidos.
     
 Hasta la próxima entrada.

lunes, 11 de marzo de 2013

El progreso en las telecomunicaciones



Por vergüenza torera no tengo mas remedio que comenzar confesándome un total inexperto para tratar del asunto que está dando título a esta entrada en el blog. Hace una semana de mi última entrada, que ha pasado como un relámpago, y en la que entre otras cosas trataba de cómo los niños hacíamos nuestra vida de juegos totalmente en la calle y la diferencia tanto en la cantidad como en la clase de los juguetes  que de entonces a la actualidad se empleaban.

El paso del tiempo así dicho a vuela pluma, pasa con una velocidad que como a mí me sucede, nos acumula una cantidad de años, de la que mirándonos despacio, a nosotros mismos nos causa extrañeza. Pero si como yo digo hoy, hago una comparación con los medios de telecomunicación de aquella ya mi lejana infancia, con la de, y diciéndolo con benevolencia, mi persona mayor de la actualidad, cambio totalmente de consideración en catalogar la velocidad en el paso de los años, y aún como al principio señalo, soy un total inexperto en la materia, sí, como cualquier otra persona, me considero con autoridad para hacer constar lo que mas adelante señalaré.

Creo yo debía contar con ocho o nueve años de edad, cuando llegó el teléfono a mi pueblo, ya que debió de hacerlo en los años 1933 o 1934. Y haciendo un pequeño paréntesis, voy a señalar lo mas breve que me sea posible, una anécdota que a este respecto sucedió en mi pueblo.
Uno o dos años antes de que llegara el teléfono a Villaharta, mi pueblo, en pleno verano y cuando la inmensa mayoría de los jornaleros agrícolas estaban en el paro, se presentó a las autoridades de la localidad un individuo que decía ser "Perito" de las telecomunicaciones y que llevaba el encargo de comenzar los trabajos para su traída del teléfono a la localidad. El revuelo y las atenciones  prestadas a tan importante personaje y que tan gratas noticias traía, fueron por las propias autoridades y por el pueblo en general, de una exaltación inenarrable. Señalaba los primeros trabajos a realizar, que consistían en ir clavando estaquillas que señalaran los puntos por donde irían colocados los postes que sostendrían los cables de la telefonía. Pero recogidos los honores que  ofrecidos le fueron, el simulado "perito", resultó ser un poco gracioso impostor y una broma de muy mal gusto, por no decir con muy mala leche, desapareció "sin poner palos ni alambres", como decía una de las estrofas de las coplillas que en el carnaval siguiente salieron en las murgas y comparsas,  como era de prever.  

Bueno, pues llegado el teléfono para poder realizar una llamada a cualquier punto de España, incluso al pueblo mas cercano como por ejemplo Espiel, había que mandar primero el anuncio de una conferencia con quien se solicitaba hablar, y  después de  tres, cuatro, cinco o más horas de demora, se celebraba la solicitada conferencia y también para ello había que acudir a la centralita del pueblo, que por cierto se hallaba en una casa junto a la iglesia. En aquel modo de comunicación, yo solo había hablado dos o tres palabras con un tío mío que estaba de Guardia Civil en Albacete y cuya conferencia le había sido solicitado por su madre, mi abuela, claro. Realmente, yo hablaba por teléfono por primera vez en mi vida, cuando me fui a la "mili" y que por cierto me desquité de todo cuanto antes no lo había hecho. 

Y vamos al grano de la cuestión y por lo que me trae hoy a esta entrada.  Resulta que el  pasado sábado, o sea antes de ayer, una buena amiga, una cuñada mía y yo mismo, nos citamos para desayunar. Con independencia del café, que de distinta clase y tamaño, pedimos cada uno de los tres, solicitamos un total de 12 churros, o "jeringos" como se les llamaba en mi pueblo, y por no desentonar con el café, cada uno de los tres habíamos pedido un número de ellos distinto, y por supuesto, mi petición fue la de mayor cantidad.  Y aquí viene el quid del asunto. De aquel plato con sus doce churros, mi buena amiga, con su nuevo y flamante teléfono, a través del "Guasa" como fonéticamente creo suena, le hizo una fotografía y se la mandó a mi hijo mayor, que a la sazón y hoy también, se encontraba en Madrid. Bueno, pues aún no habíamos dado comienzo a meterle mano a los churros, cuando se recibía una comunicación de mi citado hijo, diciendo que le daba envidia de ver el plato de churros que nos íbamos a meter entre pecho y espalda, y que ojalá él pudiera ayudarnos en su consumición. Ah, y en mi infancia, para hacerse una fotografía, había que ir como mínimo a Córdoba o a Pozoblanco, como tuvieron que hacer conmigo cuando me hicieron la primera cuando tenía cinco meses de edad, y que por cierto fue en el citado pueblo. 

Creo que de aquellas situaciones de mi niñez, incluso de mi primera juventud, a la de mi actualidad, ya "mayor", creo hay una diferencia tan abismal, que yo, cuando con relativa frecuencia lo hago,  retrotraigo mis recuerdos, en estas y otras muchas situaciones,  hasta mi devenir por la actualidad, me parece que yo procedo casi de la denominada era de la "prehistoria". Y ya que hoy me he metido en estos berenjenales, voy a explotar el filón que ello me proporciona y en sucesivas entradas trataré de relatar como, porqué y en que condiciones se vivía en, y como suelen comenzar todos los Evangelios: "En aquel tiempo", a como hoy y gracias a Dios lo hacemos. De ello, yo he venido siendo testigo de todo ese progreso.

Hasta la próxima.



lunes, 4 de marzo de 2013

Lo que se dice un día de perros


Hoy, y como en mi pueblo solía decirse cuando era un día como éste,de viento, frío y algún que otro chaparrón, "era un día de perros", y que francamente yo no se a que  debía tal calificativo. Pero en fin y al no tener otra cuestión de la que tratar en esta fecha, me voy a escudar en este desapacible día para traer algo a este blog que lleva una temporada que parece guardar cierta relación con la climatología actual. Y he venido a tratar esta cuestión, dado a que se me ha venido al recuerdo, entre otros, de cuando yo era niño, el mayor de todos mis hermanos, y detrás de mí ya había cuatro más y se presentaba un día así como el que hoy tenemos. 

Pues resulta que la vida de los niños, cuando yo lo era, en mi pueblo y en todos los demás, se hacía generalmente en la calle, y claro en tales circunstancias de las que padecemos en el momento actual, el jugar  fuera de la casa, cuando además la tenencia de ropa de abrigo era mas bien escasa, por no decir ninguna, era poco menos que imposible. Y aquí, es donde yo quería llevar a los que tengan la osadía de entrar en esta lectura, y a que se pongan en el lugar de a como lo hacía mi madre. ¿Sabéis lo que supone cinco niños metidos en una casa durante horas y horas, sin tener absolutamente nada con que entretenerse ni distraerlos un solo instante, sino hablando, chillando, peleándose unos con otros? Pues ese era el ambiente que se respiraba durante todo el día y que de vez en vez y seguro que para poder ser oída, el grito de mi madre retumbaba por toda la casa y la misma frase era repetida que se yo la cantidad de veces, y que no era otra que la de ¡ME VAIS A VOLVER LOCA!

Trayendo al recuerdo aquellos no pocos días al cabo del invierno, sufridos y padecidos por mi pobre madre, se me viene al pensamiento que cualquier madre de hoy en iguales circunstancias le sobrevendría un estado depresivo del que trabajo le costaría  el poder remontarlo. Y es que creo fue Cervantes el que dijo que "en la adversidad se forjan los grandes corazones". El modo y forma de vida que desde los primeros días de venir al mundo teníamos que afrontar una gran mayoría de las personas, te hacían, si no inmunes al sufrimiento, si te daban la fuerza para soportarlas con otra entereza, ya que de lo contrario el cúmulo de contrariedades que en el devenir cotidiano, en este caso a las madres se les presentaban, difícil le hubiere sido inclusive, el poder llevar a buen término toda la prole que en su inmensa mayoría de los hogares superaba los tres,cuatro o cinco hijos.

Y otra cosa más digo, si los niños de hoy hubiere que transportarlos hasta aquellos ambientes, ni pensar quiero lo que de ellos pudiera esperarse, y por supuesto, no habría madre que capaz fuera de soportarlo. 

Ya algo mayor, y vuelvo a repetirme con Cervantes, cuando sobrevenía un día de estos, estando en las faenas de la recolección de aceitunas en La Calera, y no se podía salir al trabajo, para mí, y todos los jóvenes, era una gran alegría lo que nos causaba, dado a que eran dos sesiones de baile lo que se celebraba, que en vez de la nocturna como era lo normal, también estaba la vespertina y que casi siempre llegaba a empalmarse la una con la otra. En este caso también, seguro estoy que los jóvenes actuales, poco alborozo les proporcionaría  semejante celebración, y que como orquesta,cuando más, solo era el rasgueo de una guitarra, no con mucho arte tocada, la música que amenizaba el baile, eso sí, diferente al de hoy en las discotecas. Entonces solo se bailaba el "agarrao". A este respecto había una copla, o jotilla aceitunera que decía así:

Arrímate bailador,
arrímate que no pecas,
que el que baila y no se arrima,
es comerse el pan a secas.
   
Bueno, mucha enjundia no tendrá el relato de hoy, pero en el blog figura otra entrada, y al propio tiempo yo me he quitado al recordar estos días de perros en las citas que he señalado, un montonazo de años. y digo como suele hacerse, y es que "me quiten lo bailao".

Hasta la próxima.

lunes, 25 de febrero de 2013

Fecha de triste recuerdo


Al tiempo  que se van acumulando años, se aumentan también los días en que por una u otra cuestión se cumple un aniversario de hechos de uno u otro signo por cuanto a los efectos que en el recuerdo dejan.

El que hoy hace cincuenta y cuatro años sucedió, dejó profunda huella en mis sentimientos, dado a que fue el fallecimiento de mi padre, que a la vez que era el día de su Santo, San Cesáreo, también lo era el de su cumple años, que eran sesenta y uno. Por tanto fallecía en una fecha señalada para él.

Con la muerte de mi padre, se comenzaba por lo que a mi personalmente se entiende, ese dolor profundo que llega a rebanarte el alma, ya que se trata de uno de los seres que lo han sido todo para ti. En la fecha de su fallecimiento yo me hallaba en Madrid realizando el curso para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil, de lo cual creo hice mención en una no muy lejana entrada en este blog, y que no se cumplió una de las grandes ilusiones como lo hubiere sido el verme con el empleo del que cuatro meses después obtuve.

El fallecimiento de un padre maravilloso, como él lo fue para todos sus hijos, creo no hace falta decir el sentimiento que deja en todo su entorno familiar mas íntimo. Trayendo hoy a mi recuerdo, lo que fue su vida, puedo decir que no lo fue tan afortunado como la mía lo ha sido hasta el día de hoy. La mala suerte le persiguió en bastantes ocasiones, excepción hecha de lo que supuso su matrimonio y toda su descendencia. Tomó parte en dos guerras, la una, la de Melilla, en la que incluso fue herido leve en una pierna. La segunda, durante la Guerra Civil española, cuando contaba con la edad de cuarenta años en que fue movilizado, precisamente el último reemplazo en la zona republicana, y cuyas funestas consecuencias se prolongaron por espacio de tres años más. Un accidente laboral a la edad de treinta y cuatro años fue asimismo el origen de circunstancias que marcaron el devenir de algunos años bastante desafortunados. Las carencias que incluso antes del inicio de la Guerra Civil se comenzaron a sentir, y que se prolongaron no pocos años después de su terminación, le afectaron no solo a él, sino a su propia esposa y a todos nosotros, sus hijos, y hasta que no se llega a ser padre, no se puede valorar lo que supondría el sufrimiento y la impotencia que, tanto él como mi madre, padecerían viendo las miserias padecidas en los llamados "años del hambre" y en los que fue una titánica lucha por solo conservar la supervivencia, que en no pocos hogares, algunos de sus componentes ni siquiera lo consiguieron.

Con motivo del óbito de mi padre, también hoy hace cincuenta y cuatro años que monté por primera vez en un avión. Pues las comunicaciones de aquellos entonces poco tenían que ver con las de estas fechas, que incluso que a las ocho de la mañana recibí la noticia de su fallecimiento, solo el uso de un avión, de no mas de veinte plazas, que salía de Madrid a las 15'30 horas, con destino a Córdoba, era el único medio que me permitía llegar para la hora del entierro, que aún estando señalado para las cinco de la tarde, hubieron de prorrogarlo para una hora mas tarde a fin de que yo pudiera llegar antes del sepelio, y aún más, un amigo de mis hermanos hubo de trasladarse desde mi pueblo hasta el aeropuerto de Córdoba con una moto y recogerme en el mismo. Media hora mas tarde, partía desde su casa para realizar su último viaje.

Vaya esta entrada de hoy en el blog, como un sentido recuerdo a su memoria y ojalá, en esa la otra vida, lo esté en compañía de su mujer, mi madre, y de sus tres hijos, mis hermanos, que aunque muchos años después iniciaron el camino en su busca, puedan desde ese paraíso, donde sin duda han de estar, contemplar como lo esta siendo el caminar por esta vida de toda su descendencia, como a mi me ha sido reservada esa dicha de poderlo ver y pasarlo junto a ellos. Descansen todos en paz. 

Hasta la próxima entrada.

lunes, 18 de febrero de 2013

Hoy se cumplen años


Hoy 18 de febrero se cumplen años de tres acontecimientos. El orden cronológico los sitúa. 

Tal día como hoy pero de 1956, se celebraba la toma de dichos para nuestra próxima boda.  No se si se seguirá llamándose así en mi pueblo, pero a este acto en Villaharta se le llama el "otorgo". Este acontecimiento se celebró en la Iglesia del Carmen  en la mas estricta intimidad de la familia y sin ningún otro acto a resaltar.

Al siguiente año y también en este mismo día, se bautizaba a mi hijo mayor, acto religioso que se llevó a efecto en la Parroquia de la Divina Pastora, sita en la Plaza de Capuchinos de Málaga. Este acontecer si lo celebramos por todo lo alto, en nuestro propio domicilio y  ateniéndonos a las circunstancias económicas que imperaban en el matrimonio, que a decir verdad, no eran, como suele decirse, para tirar cohetes. Al acto religioso y a la posterior "fiesta", además de la madre y el padre, y por supuesto el neófito, asistieron los abuelos y cuatro tíos  maternos del bautizado, y también, y aunque no exactamente, siete u ocho compañeros míos de profesión. En total podríamos estar unas quince o veinte personas adultas. De todas ellas, en el día de hoy, solo quedamos en este mundo, el entonces bautizado, un compañero mío, y el que esta relatando este acontecer. Aunque de ello se cumplen hoy cincuenta y seis años, a excepción de mis suegros y dos de mis compañeros, todos eran mas jóvenes que yo, comenzando por mi mujer, que lo era diez años menor. Retrotrayendo el recuerdo hasta aquella fecha, el tiempo parece ha sido veloz en su caminar, pero el estrago causado en llevarse personas para la otra vida, no ha podido ser ni mayor, ni en sus consecuencias mas trágico.

Y ahora le toca al último hecho del que hoy se cumplen años. El 18 de febrero de 1997, salía dado de alta médica del hospital Parque de San Antonio de esta Ciudad. Cinco días antes, había sido operado de corazón, en que se me colocaron tres by-pass y para lo cual me fue extraída la vena safena interna derecha, todo ello después de haber permanecido en la UVI de dicho Centro hospitalario durante diez días y que dada la gravedad con la que ingresé, los médicos no decidieron operarme hasta diez días después del ingreso. Mi corazón, y a la vista del tiempo ya transcurrido, sin duda fue reparado como de verdadero milagro, pero si mi estado físico salía verdaderamente reforzado, mi estado anímico no podía salir mas destrozado. De allí y sin que en su momento yo ni siquiera pude enterarme, salía mi mujer quince días antes,  pero para siempre, a la que acompañé en su ingreso el día 9 del anterior mes de enero. Esos cuarenta días transcurridos entre aquel ingreso y mi salida de alta médica, han sido sin ninguna posible comparación, los mas nefastos de toda mi existencia.

Como podrá observarse, la diferencia entre las dos primeras efemérides señaladas y esta última, media lo que suponen una esperanza y una dicha conseguida, de aquéllas, al  dolor que me llevaba para siempre de lo que atrás me dejaba en la última. Así es la vida.

Hasta la próxima entrada.

martes, 12 de febrero de 2013

Al fin vuelvo al trabajo


Nueve días hace desde mi última entrada en este blog.  La verdad es que cuando no por una cosa, por otra, han ido pasando los días, hasta hoy que al fin,  creo que más por vergüenza torera que por otra cosa he vuelto al tajo. Pese a que en este ínterin de la una a esta entrada de hoy, han pasado el cumpleaños de mi hijo mayor y el de mi hija, que lo han sido los días cinco y seis del corriente, respectivamente, y que solo las felicitaciones lo han sido por el entorno familiar mas íntimo, por lo demás tampoco tenía así algo de lo que tratar para una entrada en el blog.

Hoy, 12 de febrero, solo tengo en el recuerdo que fue en este día, pero de 1959, la última carta que me escribió mi padre cuando yo estaba en Madrid realizando el curso para el ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Trece días después, falleció. Esta circunstancia, me trae al sentir, que aunque parezca que el abismo que separa una de otra cuestión, para mí particularmente, están tan estrechamente unidas, que por menos no tengo mas remedio que hacerlas constar.

Estos dos hechos, y comenzando por el más reciente, diré que son la imposición de la faja del empleo de General a mi hijo, y aquí está la distancia, la de mi ascenso a Cabo de la Guardia Civil. Así dicho a bote pronto, y habiéndola como la hay, esa abismal distancia del uno al otro empleo en el orden militar, en este caso en la Guardia Civil, voy a tratar de explicar la similitud que en ambos casos se hubieren dado, de no darse  la circunstancia del fallecimiento de mi padre cuatro meses antes  de mi ascenso. Pero ahora, voy a comenzar por lo mas lejano. Y esta lejanía, me lleva a detallar, la diferencia en la posición de salida en lo que fue mi vida y la que después lo ha sido la de mi hijo. 

Que no sentiría mi padre, que cuando se hallaba postrado en la cama con una fractura de tibia y peroné, en un accidente laboral,  al igual que lo haría mi madre, y cuando hacía tres días que yo había cumplido los diez años de edad, me vieran salir de la casa para cumplir mi primer día de trabajo como porquero, al que por  la circunstancia se vieron obligados a mandarme para obtener el ingreso de una peseta diaria en la familia, que por el hecho del accidente de mi padre, dejaban de ingresar emolumento alguno.

Y sigo más. Cuando en septiembre de 1938, mi padre era movilizado para llevarlo al frente de guerra de Extremadura, esto como creo no precisa mas explicación, lo era durante la Guerra Civil Española yo me colocaba como pastor, cuando contaba solo trece años de edad, sería otro de esos casos que a los padres les destrozará el alma, y así luego, cuando recién cumplidos los diecinueve años, me vi en la necesidad de entrar a trabajar en el pozo de una mina, en lo que especialmente mi madre, le partía el corazón, era toda la trayectoria que desde niño me había tocado recorrer. 

Si el empleo de Cabo a General, de la Guardia Civil, los separa un abismo, la infancia, la niñez y la adolescencia de mi hijo, que hasta su ingreso en la Academia General Militar, cuando solo contaba diecisiete años de edad, lo habían sido solo colegios e Instituto en los que cursó sus estudios, y, si no, nadando en la abundancia, sí, sin grandes estrecheces, creo podría ser el mismo abismo el que separa su caminar por aquellos primeros años en mi vida, que lo que luego los fueron los suyos. Y es más, me atrevo a asegurar, que no menos ilusión y orgullo le hubieren producido a mi padre el verme lucir aquellos primeros galones rojos del empleo de Cabo de la Guardia Civil, que a mi lo han sido el verlo la faja de igual color, del empleo de General en el mismo Cuerpo, en mi hijo. Tan espléndido le hubiere parecido el fulgor de aquellos galones rojos de su hijo, como la diferencia que en mí viera mi padre, al comparar de donde venía a lo que llegaba, al espacio que separaba mi hijo desde su salida de la Academia como Teniente, con el empleo de General al que llegaba, aunque pueda parecer ridícula semejante comparación. Y yo, sentí, y hoy pasados casi cincuenta y cuatro años de mi ascenso a Cabo, la misma desilusión de la que mi hijo hubiera sentido si yo, su padre, no hubiere podido verlo a él luciendo su faja como exponente de su actual empleo, y como sin duda le ha sucedido al ver, que su madre no ha podido gozarlo, por las misma causa que me sucedió con  mi  padre. Cosas de la vida, que parten el alma, pero que hay que aceptarlas, por que en nosotros, no estuvo el poderlas remediar.

Hasta la próxima entrada.     

domingo, 3 de febrero de 2013

Nefasto aniversario



Algunas de las contrariedades que suelen darse en la vida, lo son en cuanto a mi entrada anterior en este blog, y la de hoy. En aquélla, relataba el aniversario de cuando conocí a la que luego sería mi mujer, la madre de mis hijos, y la que llenó un larguísimo periodo de tiempo y de felicidad en el discurrir de mi vida. La de hoy, lo mas contrapuesto a lo anterior. Hoy se cumplen 16 años en que la perdía para siempre.

Si de todo el devenir de mi existencia, pudiera borrar un solo día, sin duda lo sería el 3 de febrero de 1997. En esas solas veinticuatro horas, no solo perdía a mi mujer, que como cito, llenó cuarenta y cinco años de mi vivir, sino que también se llevaba la madre de mis hijos, a los que como no podía ser por menos, los adoraba; a su vez truncaba lo que venía siendo mi cotidiano y dichoso caminar, pero no conforme con ello, de tan luctuosa fecha, ocasionó el mayor trastorno en cuanto a mi estado físico, lo que todo junto, causaría, y digo causaría, porque yo no estaba en situación de poderlo contemplar, los días más amargos en la vida de mis hijos. Su madre, los dejaba para siempre, y su padre, que en el propio instante en que ella fallecía, sufría un infarto que lo mantenía en la UCI del mismo hospital durante diez días en situación de extrema gravedad. Si desde aquél estado en que me contraba, hubiera podido siquiera imaginar, lo que ellos estaban padeciendo, sin duda y con toda seguridad, no estaría hoy redactando esta entrada.

Pero como se decía en el principio de ese célebre tango del inolvidable Carlos Gardel,  "sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando". Sí, el mundo sigue andando. Lo mismo sigue y pasa indiferente a los hechos y circunstancias felices de quienes los reciben, que impertérrito camina sobre las desgracias de quienes, como a mí, y especialmente a mis hijos, nos tocó vivir aquel nefasto 3 de febrero. 

Pero no todo en la vida son aconteceres, que como en el caso anterior, dejan cicatrices tan profundas, que se llevan sobre sí, durante toda la posterior travesía del caminar por este mundo, si no que, vuelven a venir otros, que aún no pudiendo olvidar aquellos, suelen reconfortar y unirse a, los que en mi caso particular, tantos fueron los que me allegaron de felicísima dicha, que, por bienaventurado me considero.

Aunque con el ánimo un tanto decaído trayendo al recuerdo circunstancias tan tristes, hallo consuelo en las muchas alegres que con posterioridad me han venido acaeciendo, que solo de ello, me queda el resquemor de que muchas de las sobrevenidas, no lo hubieron podido ser gozadas por ella.

Doy por conclusa mi entrada de hoy, y vaya como homenaje, a la que hoy hace dieciséis años que nos dejó para siempre. 

Hasta la próxima.

domingo, 27 de enero de 2013

Otra vez que paso sobre el 27 de enero


¡Qué más podría añadir más a lo que ya llevo escrito, en años anteriores, sobre esta efemérides del dia de hoy! 

Aunque posiblemente falten adjetivos para ensalzar, lo que supuso aquel 27 de enero de 1952, cuando por simple azar conocí a la mujer que luego fue mi esposa,  llevándome a un largo período de años gozando de aquella felicidad plena, de todo lo cual en los recientes pasados años, siempre, como no podría ser menos, lo he traído a este blog. Quizá, en el presente, de haber vivido, sin duda se hubiera llevado una de las muchas, y mayores,  alegrías de las que también a lo largo de su vida gozó, como ha sido el ascenso a General de su hijo Rafael, y creo con parangón al hecho de su entrega del Despacho de Teniente, por S.M. el Rey Juan Carlos, en aquel también ya lejano día del 15 de julio de 1979, que con tanta emoción presenciamos los dos abrazados. Aunque, también, y como su citado hijo, hizo alusión en su discurso en el acto de la imposición de la faja de General, allá desde el Cielo, donde merecidamente ha de encontrarse, sin duda y con tanto orgullo estuviera presenciando el emotivo acto. 

Próximo a cumplirse también el aniversario de la desaparición de este mundo, traer al recuerdo hechos como el señalado anteriormente, parten el alma de lo que para una madre supone el poder gozarlos en presente no puedan cumplirse, pero solo queda la resignación y elevar al grado de homenaje, esta corta, pero entrañable entrada en el blog de esta fecha. Así es la vida, el contraste de la entrada de hoy, con otras de no hace muchas fechas. Aunque con el ánimo un tanto decaído, solo pido, que Dios me conceda seguir la vida tal hasta hoy la vengo gozando.

Hasta la próxima.  

domingo, 20 de enero de 2013

Historia de una percha



Extraño podrá parecer el título dado a esta entrada, y yo no digo que no lo sea, así como el meollo de la cuestión, pero no obstante tiene su aquél, por el que en el día de hoy traigo este asunto a la palestra.

En la tarde-noche de ayer recibí una llamada telefónica de mi nieto y editor de esta importantísima serie de entradas, sin lugar a dudas de que pensaba que me iba a coger en un renuncio sobre lo que mi memoria mantiene en sus recuerdos. Tan pronto descolgué el teléfono y pronuncié la consabida palabra del "dígame", me espetó lo siguiente: "Abuelo mañana tienes que entrar en el blog y contar lo que te pasó el 22 de Abril de 1950". Con esto pensaba, que mi respuesta iba a ser que qué era lo que me pasó ese día? Pero no fue así, sino que automaticámente le respondí: "Sí,  ya se a que te refieres", de lo que algo sorprendido se echó a reír. Como quiera que note de que el sorprendido fuese él, de que yo recordara tal efemérides, le pregunté si se apostaba algo de que sabía exactamente lo que fue, recibiendo la respuesta de que no se apostaba nada, porque lo iba a perder.

Y ahora pido perdón porque seguro estaréis todos esperando una revelación de algún hecho importante, pero no, sino que aquel sábado 22 de abril de 1950, fue el primer día que salimos de la Academia de Úbeda donde me contraba realizando el curso de Guardia Civil, y a donde nos habíamos incoporado el día 14 del mismo mes y año. Y aquí viene el "bombazo". Aquella tarde, y creo fue en la casa de Muebles Molina, o algo así, ME COMPRÉ UNA PERCHA. Una percha, para colocar y colgar la ropa, y en la cual, con pluma y tinta, pues los bolígrafos no se habían inventado todavía, escribí mi nombre y la fecha del 22 de abril de 1950. Aquella percha, su primer cometido fue el de colocar en ella, el humilde uniforme que los Guardias Alumnos utilizábamos, como era pantalón y sahariana, eso sí de color verde, y un gorro como prenda de cabeza. Aquella percha me estuvo siguiendo a lo largo de bastantes años, incluso después de estar casado y haber tenido varios destinos, hasta que dejé de verla, y desde luego sin echarla de menos; pero un día, y no se como, bastantes años después, descubrí que se hallaba en casa de mi hijo mayor, que seguro cuando se fue a la Academia General Militar o cuando salió de Teniente, la cogió y como estaba en su casa, pués tan suya era como mía.  En el día de ayer, seguro que mi indicado nieto Rafa e hijo de mi hijo Rafa, vería la percha y en la que sin duda constará todavía aquel nombre y aquella fecha que yo escribí, cuando como he citado era un humilde Guardia Civil Alumno. Pero en la vida, hasta los objetos tienen su sino, y porque no también su suerte, y aquella PERCHA, que en aquel lejanísimo día 22 de abril de 1950, recibía en primicia la sahariana y el pantalón de un Guardia Alumno, hoy 20 de enero de 2013, casi  sesenta y tres años después, seguro sostiene el uniforme de un flamante GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL. Si cuando yo tomaba en mis manos aquella sencilla percha de madera, sin nada otra cosa especial, para cubrir las necesidades de aquel, eso sí lleno de esperanzas, Guardia Civil Alumno, me hubieran dicho que pasados casi 63 años, iba a sostener el uniforme de un hijo mío, pero con las divisas de un bastón de mando y una espada cruzados en forma de aspa, y sobre el punto de su intersección una estrella dorada de cuatro puntas, como corresponde al empleo de un General de Brigada en la Guardia Civil, una ligera sonrisa de estupefacción se hubiera dibujado en mi boca, mirando como a quien tiene perdidas sus facultades mentales a quien me lo hubiera dicho o siquiera insinuado. Pero ha sido todo, y hasta algunas perchas, tienen la suerte de cara. 

Y con esto doy cumplimiento a cuanto mi editor me interesaba sobre esta misma hora, en el día de ayer, y ahora que él la edite y adorne con lo que su probada inteligencia suele hacer con todas mis entradas. Bromas aparte, y pese a que para quienes les haya parecido un tema carente de toda enjundia, para mí, lo confieso, me ha llegado al alma el traer al recuerdo la historia de esta percha. Hasta la próxima.

jueves, 17 de enero de 2013

17 de enero, San Antón


En el día de hoy celebra la Iglesia la festividad de San Antón, Patrón de los animales. Pero no es esto el motivo que me trae  para esta entrada en el blog. Igualmente hoy se cumple una semana de lo acontecido y que fue tratado en mi entrada anterior, de lo que todavía y por cuanto de vida me quede, seguiré deleitándome con este recuerdo. Pero tampoco es esta la causa de mi entrada, sino que me retrotraigo hasta aquel 17 de enero de 1944 y de cuyo sucedido creo lo he señalado en mas de una ocasión años atrás, cuando llegaba este día. Quizá y dicho así a bote pronto, podrá  causar extrañeza a quienes lean esta entrada, porque la cuestión es que hasta mí mismo hay veces que me parece ridículo el traerlo a colación, y sin darle mas vueltas, se trata nada mas y nada menos que fue la primera vez que le dí un beso a una novia.

Ya se que os habrá causado sorpresa, quizá también una malévola sonrisa que sea el motivo que me lleva a este relato, pero sí a cuantos, o para mejor decir, a los escasos que podáis osar a leerlo, pudiera trasladaros hasta aquellos inicios del mencionado año de 1944, o sea sesenta y nueve años atrás, aunque no para vivir las carencias y escaseces de toda índole que arrastrábamos, sino para el mero hecho de cómo se vivía en los pueblos el tema de los noviazgos, seguro que quizá a más de uno de vosotros también os vendría al recuerdo la primera vez que le dísteis el primer beso a la novia, o que fuisteis besadas por el novio, porque ya se guardaría una mujer de ser la primera que se lanzara a semejante osadía de dar un beso a su novio, cuestión ésta, y lo digo por propia experiencia, que, ni aún después de llevar algunos años de noviazgo se daba semejante situación. 

Pero, ¿y porqué recuerdo precisamente que lo fue en este día de tal año? Pues ahí va el relato, aunque procuraré hacerlo lo mas escueto posible, evitando con ello que si después de la poca "chicha" que tiene el asunto, además lo hago largo y enrevesado, vaya tostón que supondría el aguantar su lectura hasta el final. Pues el mencionado día, yo me encontraba en la finca de La Calera, como no, trabajando en la molina, o almazara como era su nombre verdadero. La faena de la recolección de la aceituna  se hallaba en pleno apogeo, en la que tomábamos parte entre las diversas faenas, unas 150 personas, la mayoría jóvenes, y muchas solteras y solteros. Yo hacía cerca de un mes que había formalizado el noviazgo, quizá no de una forma a la usanza, sino tras roto el que sostenía la que ya era mi novia. La finca de la Calera pertenece al término municipal de Obejo, en cuya localidad se celebraba San Antón con toda solemnidad, y el arrendatario de la finca, dio a todos los trabajadores libertad de no trabajar aquel día y marchar a celebrarlo a la mencionada localidad, distante unos seis o siete kilómetros. En aquellos tiempos, os lo hago saber, jamás se besaba a una novia delante de nadie, pero digo nadie y es nadie,y solo en la mas rigurosa intimidad, por tanto no hay que decir que pese a los días que yo llevaba siendo novio, no se me presentó esa oportunidad, y "atrochando" en el relato,  y que a decir verdad, la inmensa mayoría de los trabajadores fuímos a celebrar el Santo, aunque puntualizando, que aquel día como no se trabajaba, no cobramos jornal, los que teníamos novia estuvimos adrede retrasando la vuelta al cortijo hasta que comenzó a anochecer,  y claro en plena oscuridad, carretera adelante, con solo separarte unos metros de otra pareja te daba la oportunidad, de en mi caso poder dar el primer beso a mi novia, y que por añadidura era el primero que daba, ya que novia, lo que se dice novia, aquella era la primera, y ya llegada la ocasión, la verdad es que no fue uno solo.

En muchas ocasiones, sobre todo hace algunos años, cuando contemplaba la forma y modo en que hoy se llevan a  efecto los noviazgos, aparte de lo que no se ve, pero que a las claras queda patente lo que sucede, para mis adentros me pregunto: ¿Pero de qué tiempos vengo? Pero es que en la misma proporción en que actualmente se comportan las parejas, se da en muchísimos, o para mejor decir en todos, los aspectos del devenir en la vida. Aquellas miserias de todo orden, careciendo de todo, excepción hecha, y desde luego con escasez, de lo suficiente para la propia supervivencia, aquellos viejos, o para que parezca otra cosa, personas mayores careciendo de toda clase de recursos, que teniendo que estar un mes en casa de cada uno de sus hijos e hijas, compartiendo la propia miseria, también me doy la respuesta a ese interrogante que me hacía anteriormente, pero afortunado soy, al estar pasando desde ya mucho antes de ser "persona mayor", y así lo sigo por una forma y modo de vida como nunca hubiere entonces podido imaginar, y como muchísimas veces lo he pensado, ojalá, y sobre todo mi padre, hubiera podido gozar de lo que yo lo estoy, ya que mi madre que estuvo más de treinta y cinco años viuda, sus últimos años los pasó como en su niñez, juventud y hasta bien metida en años no lo había hecho. 

Si al principio de esta entrada pudiera colocar un dispositivo para que nadie pudiera perder el tiempo leyendo esta entrada, así lo haría, y con ello evitar el tostón, pero ya que ello no puedo hacerlo, si os pido perdón por el rollo que dejo atrás. En la próxima, procuraré de que cuando menos lo sea un poco mas amena.

sábado, 12 de enero de 2013

Imposición de la faja de General


Difícil reto el que se me presenta hoy para poder plasmar cuanto y como deseo hacer, con respecto a lo que figura en la titulación de esta entrada, que ya en si ello mismo, me ha sido difícil de elegir. Cuando los sentimientos llegan a invadir el razonamiento y la equidad del ánimo, resulta casi imposible ser ecuánime por cuanto uno se propone describir, y concretamente en esa situación me hallo en estos momentos al querer relatar todo lo acaecido en la mañana y parte de la tarde del pasado jueves día 10 del actual. En mi entrada del pasado 15 de diciembre de 2012 que titulaba "Misión cumplida", y en la que pensaba que con la publicación del ascenso a General de mi hijo Rafael se terminaba de complacer toda aquella ilusión por la que desde algunos meses ha, venía soñando, estaba totalmente  equivocado. Si aquella lectura de lo publicado oficialmente de su ascenso me producía una de las mayores alegrías de mi vida, todo lo acaecido en el acto de la imposición de la faja, como he terminado de dar titulación a esta entrada,  emotivamente hasta lo ha superado, al punto de que si en aquello, bastantes lágrimas llegaron  a aflorar a mis ojos, en esta ocasión,  anegados lo estuvieron durante todo el tiempo en el que se desarrolló el acto. Desde el instante en que el presentador del mismo comenzó con el anuncio de su motivación, mi estado de ánimo me llevó a casi perder la sensación de la propìa existencia, y ya cuanto se hacía o decía sobre el particular, en nada ayudaba a rebajar el estado en el que me había puesto. Como anteriormente dejo expuesto, voy a poner freno a la forma y modo de como he comenzado, ya que si no precisaría infinidad de folios para poder llegar hasta el final y describir cuanto en lo que creo duró no más de una hora, y comenzaré a señalar por orden cronólogico, en que todos los actos se desarrollaron, y ello trataré de que lo sea escuetamente y no hacerlo enalteciendo cada uno de los mismos como yo lo viví, ya que ello daría a muchos, de los pocos lectores que puedan entrar en este bloc, una narración  pesada de todo ello.

Todo comenzaba con la imposición de la faja por un Teniente General. Como no podía ser menos, tras terminar los aplausos de todos los concurrentes al acto, se procedió a la entrega del bastón de mando,  y seguido del sable correspondiente,  que al igual terminaba con los consabidos aplausos. 

En posesión el flamante General de todos los atributos como distintivo  de su empleo, comenzó su breve, pero para mí, entrañable discurso, que tras hacer un breve repaso por todo su devenir en el Cuerpo, daba las gracias a su mujer, a sus hijos y como no también a sus padres, a quienes todo se lo debía,  lamentando el que su madre no pudiera estar presente en el acto, por haber fallecido hacía algunos años, pero que seguro estaba que desde el punto en que se hallara, estaría presenciándolo llena de orgullo. Por cuanto a mí particularmente, hizo una breve, pero sentida alusión a mi paso también por la Guardia Civil, pero tan sentida y emotiva, que posteriormente, en sus respectivos discursos, de su Padrino del Acto, Teniente General Gabella y por último del propio Director General del Cuerpo, a la vez que felicitaban por su ascenso al nuevo General, a su mujer e hijos, también lo hacían para mí, y  precisamente como "mi Subteniente", seguro que de alguna forma habían tenido conocimiento de mi último empleo alcanzado durante mi paso por el Cuerpo y que de tanta satisfacción me llenaba.

Finalizados los actos referidos pasamos a lo que siempre se ha dado en llamar "una copa de vino", y que lo fue de bastantes y de diferentes bebidas y de no menos clases suculentas "tapas". y que a unos doscientos aproximados asistentes al acto, nos tuvo hasta algunas horas más tarde empleados en su consumición y animadas charlas. Por cuanto a mi particularmente, con solo decir que casi no me dio tiempo siquiera a poder beber y comer, he de decir que casi no me dio tiempo, por el mero y agradable hecho de estar recibiendo felicitaciones por el ascenso de mi hijo, que lo fue como nunca me había sucedido y que en repartir saludos, abrazos y besos, hube de pasar el tiempo en que los demás se empleaban a fondo en ir consumiendo todo cuanto se les ponía por delante y que al final quedó mucho por consumir. De todos esos aproximados doscientos que asistieron al acto, en su mayoría compañeros de mi hijo, por mi parte quiero dar las gracias por su asistencia, a mi amigo Jose Nuño, hijo de mi gran  amigo Emilio Nuño Moreno, (q.e.p.d.), a quien mi hijo también hizo mención en su breve pero impecable discurso, y como no, a mi entrañable amiga Carmen Mancera, su hijo Daniel y su nuera Natalia, que acompañándonos estuvieron hasta el final, de lo que nos sentimos honrados por ello.

Otro acto, ese de anteayer, que es como para dejarlo esculpido en letras de oro, y de los pocos que a lo largo de una vida se dan, aunque yo puedo sentirme orgulloso de que en mas de unas ocasión se me han dado.

Creo he conseguido dar un ritmo medianamente soportable, a la narración de los hechos, con lo que espero no se les haga pesada y aburrida a quienes, no siendo mi familia directa y cercana, y como no también a mis amigos íntimos, pudiera haberle resultado tal como comencé su relato, que embargado por una contenida emoción lo hacía, de lo que por ello pido perdón, pero no puedo terminar, porque si no me abrasaría el alma, en lanzar a los cuatro vientos y que todo el mundo se entere, que este pasado 10 de enero, tan de orgullo me ha llenado y que de no por esperado, me deja tan satisfecho que será una de las circunstancias que a seguir viviendo me lleven hasta que Dios tenga por conveniente tenerme por este, no valle de lágrimas, sino de enormes alegrías y satisfacciones que es de lo que yo he gozado la mayor parte de mi existencia.

Hasta la próxima entrada. 
   

domingo, 6 de enero de 2013

A la carga otra vez con la patineta


La entrada que en el blog hacía cuando hoy precisamente se cumple un año de ello, refiriéndome a los juguetes, escribía que la gran frustración de mi niñez por cuanto a los juguetes, lo era el que nunca llegué a poseer el gran juguete de mis ilusiones como era una patineta. Hoy, no sé si en mis sueños, o quizá una extraña leyenda, me decía que allá por unos ochenta años atrás, unas caravanas de camellos que con sus cargamentos de juguetes para los niños españoles caminaban por el desierto, fueron sepultados por unas grandes tormentas de arena, con lo cual también, sepultadas quedaban sus preciadas cargas y los niños de España, entre ellos, yo claro, me quedaba sin el juguete con el que estaba soñando desde hacía algún tiempo, como era mi patineta. Pero aquellas movedizas dunas que sepultados dejaban los camellos que entonces traían sus juguetes a este país, en este años habían sido aventadas por los vientos del desierto, dejando al descubierto los esqueletos de aquellos animales, así como también todos los juguetes, estos intactos, que en su momento traían para sus destinatarios, precisamente con las direcciones de cada uno de ellos. Observada esta circunstancia por los propios Magos de Oriente, cuando estas fiestas venían para España con su ya cotidiana misión, y como su poder es casi omnímodo, cargaron sobre sus recuas los hallados juguetes, y héte aquí, que esta mañana y como si un niño medio sonámbulo fuera, hallaba sobre el sofá del salón de mi casa, una preciosa y flamante patineta. Restregándome los ojos para salir del sueño en el que parecía hallarme sumido,tocaba por una y otra vez mi preferido juguete que en aquella infancia nunca llego a mi poder, hasta que finalmente no podía por menos que dar veracidad a cuanto mis manos tocaban y mis sentidos interpretaban como tal. Sin lugar a dudas, alguna buena persona habría informado a los Reyes de donde y como me encontraba yo, y con ello pudieron hacerme llegar aquel juguete que en su debido tiempo nunca pude disfrutar, no obstante hoy, gran ilusión me ha hecho el por decir que los "Reyes me han echado una patineta", y ahora, solo un milagro haría falta, para volverme hasta aquellos lejanísimos tiempos en los que pudiera gozar del uso y disfrute del juguete de aquellos sueños que nunca llegaron. De todo ello, solo me queda por poner una frase. Carmen, muchas gracias.       

Hasta la próxima.

jueves, 3 de enero de 2013

La etapa del 2013

Ya hace tres días que comenzamos a caminar por  no se cuantas etapas mías hace ya por el mundo, esta del año 2013. Me recuerdo que allá por los finales de la última década de los años treinta y primeros de la de los cuarenta, del pasado siglo XX, en las que comenzaba a intentar otear el futuro, por cuanto pudiera ser mi porvenir tanto en lo profesional como en el familiar, dado a que desde mi entrada en la adolescencia, e incluso en los fines de mi niñez, muchas veces pensaba en como pudiera ser la forma en que me ganaría la vida y, no menos con quien y como sería la mujer con la que formara una familia. No se si esto le ha sucedido o sucede a la mayoría de los  humanos, varones, el caso es que yo lo tenía en el pensamiento en muchas ocasiones. Posiblemente porque largo era el tiempo que aún me faltaba para desentrañar tales incógnitas, el paso de los días, semanas, meses, y no diría de los años, se me hacían interminables. Mirar a una distancia de diez años por llegar, se me antojaban una eternidad. Ponía la mirada en los varones conocidos que eran cinco, cuatro, tres, dos e incluso un año mayores que yo, y los veía en principio irse a la mili, luego echarse novia, después casarse, cada cual como natural es con mujeres distintas, en fechas también en que contaban con diferente edad, pero en lo que muy poco o nada variaba, era en la forma,  profesión u oficio en la que como solía decirse, y creo se seguirá diciendo, "ganarse las habichuelas" que continuaba siendo la misma que desde hacia años habían venido realizando, o sea su trabajo en el campo, y desde hacía algunos años, algunos de ellos en la mina, y en la que también yo  me inicie allá por los inicios del mes de. mayo de 1944. Pero el paso del tiempo que es machaconamente constante, me llegó para todo aquello que, en que quizá en edad no apropiada, a mi llegaba, si no a preocuparme, si a sentir curiosidad por conocer, y así una vez llegado todo ello, en principio y en todo ese fragor de mi marcha a la "mili", luego mi ingreso en la Guardia Civil, mis destinos, echarme novias, que  en eso fue mas de una, casarme, la venida de los hijos, su crianza, su educación, su  futuro  y asi se fueron quemando etapas de la vida, sin que ni para pensar en ello tuviera tiempo. Cuando ya todo esto se había consumado, y nunca tendré tiempo suficiente para dar gracias a Dios por lo bienaventurado en todo lo fue, y recuerdo que cuando ya por ejemplo se aproximaban los seis, cinco y así poco a poco los años que para "retirarme" de mi profesión, como siempre los civiles" hemos dicho, y de lo que en realidad yo no tenía muchos deseos de que sucediera, tan bien  y contento estaba, ya comenzó el paso del tiempo a correr un poco mas de la cuenta, según mis deseos, hasta que por imperativo legal de haber cumplido la edad establecida para ello, como no, también me llegó la del retiro. Este hecho, el 27 de abril próximo, se cumplirán TREINTA Y DOS AÑOS. En estos momentos y mirando hacía atrás, ese periodo de 32 años, me parecen un soplo, pero también y a medida que los años se acumulan, sin que hasta el momento se haya inventado formula alguna para irse desprendiendo de los que se consideran en exceso, cada vez que un año se inicia, y no se porqué, se intenta mirar,  como hoy hago, hasta ese 31 de diciembre de 2013, y a uno se le antoja una cima tan empinada, que aun descansando de vez en vez, si se consigue llegar hasta la meta, será jadeante y no sin haber dejado acumulado no menos de un achaque acaecido en el camino. Pero no obstante ello, total y absolutamente feliz y dichoso me siento con todo cuanto a mi alrededor me acompaña y me asiste, incluso un viaje portando maleta, que en breves días tengo que felizmente hacer, lo que desde varios ha no efectuaba, y del que una vez finalizado daré su oportuna cuenta,  y ojalá en este plan, Dios me conserve el caminar por este mundo, por el tiempo que estime por conveniente, y que yo asi, prefiero lo sea por el máximo posible. Hasta la próxima entrada.