sábado, 16 de junio de 2012

Aquel 16 de junio para el recuerdo


Jamás mientras Dios me mantenga por estos lares, dejaré de pasar de mi recuerdo el 16 de Junio de 1959, del que por tanto se cumplen hoy 53 años. A bordo del tren expreso Costa del Sol, que partiendo de la estación de Atocha de Madrid a las 22 horas del día anterior, arribaba a la vetusta y desvencijada estación de Málaga, alrededor de las diez horas del mencionado dieciséis de junio de mil novecientos cincuenta y nueve, un flamante Cabo de la Guardia Civil, que había sido promovido a dicho empleo, también el día anterior. En el devenir de la vida de las personas, Dios posiblemente no conceda tantos días de inolvidable recuerdo como el que seguramente deseariamos, pero a lo mejor no lo hace por falta de merecimientos o que por tener que atender a tantísimos seres le falte agenda para ello. En mi ya larga vida, y en que tantos días de dicha he venido gozando, y que por añadidura de vez en vez, me llega otro, sin duda uno de los que mas huella han dejado en mis sentimientos es el que figura en el enunciado de esta entrada. Cuando aquel recién ascendido Cabo de la Guardia Civil portando su equipaje descendía del tren "expreso", se aparecía a su vista, sin duda la estampa mas extraordinaria y deseada que hasta entonces tuvo, y que como resulta que ese Cabo era yo, diremos que "tuve", y esa estampa no era nada más, pero nada menos, que mi mujer y mis dos hijos, éstos de 28 y 14 meses de edad. Mi matrimonio hacía TRES AÑOS que se había celebrado, y ya contaba con dos hijos y mi primer ascenso en la Guardia Civil. Esa dicha que desde hacía tres años venía gozando, tuve la fortuna de que se prolongó, casi treinta ocho años más, en que fué truncada por el fallecimiento de aquella preciosidad de mujer, que con sus dos hijos esperaba la llegada de su marido, que desde hacía mas de dos meses no nos habiamos visto, y además que la última vez que me vió partir lo era como un Guardia y volvía como un flamante Cabo. Aunque este último párrafo lo haya hecho en un tono un tanto humorístico, el caso y la realidad, es que supuso un sensible cambio en cuanto a la remuneración económica, dado a que al mes siguiente me fué concedido el sueldo de Sargento, que segun lo establecido en aquellas fechas, le era concedido a los Cabos con doce o mas años de servicio, contando los del Cuerpo de la Guardia Civil , mas el servido en el Ejército, cuestión que yo precisamente reunía en aquellos días. Aquellas lágrima de emoción y alegría que fueron vertidas por mis ojos, y en no menor cantidad por las de mi mujer, fueron y son, uno de esos momentos en la vida en que el espiritu queda alimentado, solo con ese simple recuerdo, como para dar gracias a Dios de haber pasado por esta vida, y si además se es premiado con otros muchísimos momentos más. como yo lo he sido, no tengo por menos que sentirme como uno de los seres privilegiados que tuvieron la dicha de venir al mundo. Felicísimo recuerdo que escoltado por los otros muchos que me fueron, y me siguen llegando, hacen esa ilusión por continuar en esta vida, no solo no la haya perdido, si no que sigue como una viva llama y de la que pido lo sigo haciendo hasta el fín de mis días. Hasta la próxima entrada.

lunes, 11 de junio de 2012

Jugando a los cartones


Hace unos días y para un trabajo que le había sido encomendado en el Instituto donde estudia una sobrina nieta, me envió un cuestionario de preguntas para la entrevista, que era lo interesado, y entre las varias de que constaba, había dos: la una, cómo jugábamos los niños de mi tiempo, y la otra, qué clase de juguetes empleábamos. Como para responder a estos interrogantes, hube de retrotraerme como mínimo SETENTA Y SEIS años atrás, al traer al recuerdo "aquellos" juguetes, yo mismo llegaba a sorprenderme y de lo que por supuesto mucho más habréis de hacerlo los que tengáis, sesenta, cincuenta, cuarenta o muchísimos menos años de los que yo tengo.

Como quiera que he pensado explotar el filón que este caso me proporciona, por hoy, solo voy a referirme al juego que figura en el enunciado de esta entrada y por ende la clase de juguetes que en ello empleábamos. Y, para ello voy a comenzar por esto último. Resulta que las cajas de cerillas, (quiero señalar que me refiero a las que se vendían durante los años últimos de la década de los veinte y hasta  mediada la de los treinta, del pasado siglo, y de unas proporciones un tanto reducidas, mayores las tapas del anverso y el reverso y mucho menores las laterales, donde en una de ellas estaba la preparada para rascar, los fósforos, como en mi pueblo se les denominaba, para su encendido) los niños antepasados a mi infancia y no se desde cuántos años antes, "descubrieron"  que de allí podían sacarse elementos para jugar y con ello distraer el tiempo. Así a lo largo de todo el año, cada vez que uno veía una caja de cerillas vacía en el suelo la recogía, le quitaba las dos tapas mayores, con ello hacía dos "cartones", y cuando llegaba el verano, época en la que se practicaba este juego, cada uno teníamos, tres, cuatro o cinco "cajetillas.". Y digo también cajetillas, porque algunas de las que se encontraban no se deshacían y sacado el cajoncillo donde habían estado depositadas las cerillas, se iban metiendo los cartones hasta llenarlas, y que en cada una de ellas podían meterse 20 de los mismos. Quizá a los niños de hoy, y también, como no, alguno no tan niños, no comprenderán que cuando se iniciaba la época del juego de los cartones y que llevabas en el bolsillo del babero todos los que al cabo del año habías ido reuniendo, al mostrarle a los amigos el número de las cajetillas que llevabas, al que tenía menos que tú le producía cierta envidia y en tal caso solía quedarse mirando su mercancía y parecía decirse a si mismo, que para el próximo año procuraría ser más activo en su consecución.

El casi único juego que se practicaba con los "cartones", era el llamado "la parva", que consistía en señalar un punto en una pared, a una altura aproximada de un metro, allí colocábamos un cartón y lo dejábamos caer al suelo, que como pesaba muy poco solían caer bastante distanciados uno de otros cartones, y así íban tirando un niño tras otro, según el lugar que en sorteo le había correspondido, y cuando uno de los cartones tocaba, aunque fuera lo mas mínimo a algunos de los ya en el suelo, el que había echado ese cartón, se los llevaba todos los que antes se habían tirado. Puede que a los lectores, o lectoras, de esta entrada en el blog que no vivieron aquella época, también les resulte incomprensible la alegría que al ganador le producía cuando en muchas ocasiones conseguía llevarse, quince, veinte o en ocasiones mayor número de cartones, que cuando solía correr siquiera fuere una pequeña brisa de viento, aventaba cada  cartón a veces bastante lejos de la perpendicular desde donde lo habías dejado caer. Os podrá parecer extraño, pero para la práctica de este singular y simple juego, también empleábamos nuestras tácticas, y es que resultaba que los cartones ya muy usados aumentaban un tanto de volumen, sus bordes se deshilachaban un tanto y tenías unas minúsculas fibras que los hacía un poco mas anchos y así, cuando aunque fuera una de esas minúsculas fibras tocaba a otro, se daba por ganador el último lanzado. Por otra parte, como los nuevos, aunque parezca mentira y al tener menos volumen pesaban un poquitín mas y caian mas verticalmente, cuando la mayor parte de los lanzados con anterioridad estaban mas cerca de esa perpendicular del punto de lanzamiento, entonces se tiraban los nuevos ya que considerábamos, y era cierto, que resultaba mas fácil ganar con uno de los nuevos que con otro de los mas usados.

He de señalar que este juego solo era practicado por niños, ya que las niñas tenían sus juegos especifícos para ellas y jamas una madre permitía que su hija jugara a juego alguno con los niños.
   
Por todo cuanto queda relatado habreís comprendido que los padres, o madres, ni se tenían que gastar dinero alguno en la compra de los juguetes para sus hijos, asi como tampoco preocuparse por agenciárselos, si no que nosotros a lo largo de todo el año estábamos pendientes por ir preparándonos los que para la próxima época íban a ser con los que se jugaría, de lo que en próximas entradas iré detallando  sus complicadas y difíciles estructuras de la inmensa mayoría de los juguetes de mi época de niño. Añadiré que todos los juegos se practicaban en la calle y los niños a partir de los tres o cuatro años, cuando hacía buen tiempo, se pasaban la mayor del parte del día jugando fuera de casa.

Hasta la próxima entrada que daré buena cuenta de otro de los ingeniosos juguetes con los que pasábamos el día los niños de aquellos lejanísimos años, pero si los juguetes tenían poco de ingeniosos, mis coetáneos de la infancia, si poníamos bastante ingenio en la práctica de nuestros juegos.

lunes, 4 de junio de 2012

Una efemérides, para salir del paso


Una pequeña obra en la casa que finalizó el pasado viernes, y la pintura de todo el piso que ha comenzado hoy, me tienen un poco liado y no me queda tiempo para dedicárselo a entrar en el blog como yo deseara. Así, que hoy sin nada mejor, como suele decirse,  que llevarme a la boca, me voy a referir a una efemérides, que aunque en su día supuso un importante hito en el devenir de mi vida profesional, hoy pasados tantos años a casi nadie puede interesarle lo mas mínimo, salvo a mis hijos, y tal vez por extensión a mis nietos, y solo como noticia.

Tal día como hoy, pero de 1958, por tanto se cumplen cincuenta y cuatro años, aprobaba el examen para ascenso a Cabo de la Guardia Civil, celebrado en la Dirección General del Cuerpo, en Madrid. Sobre las siete de la tarde de aquel ya lejano día, desde la capital de España procedía a enviar tres telegramas, uno dirigido a mi mujer, otro a mis padres y otro al Servicio de Información de la Guardia Civil en Málaga, donde a la sazón me encontraba destinado. Lacónico y único texto para los tres destinatarios, en el que solo podía leerse "APROBADO". Volviendo la vista atrás, los destinarios señalados en primero y segundo lugar, hace años abandonaron este mundo y de los aproximados veinte componentes que formábamos el referido Servicio de Información, solo, además de yo, otro nada más me acompaña en esta vida, y con el cual en el día de ayer estuvimos comiendo juntos, reforzado con otra agradable compañía. Y siguiendo con la vista hasta aquel lejano pasado, en cuanto a la forma y modo de viajar, resulta que a las diez de la noche tomaba en Madrid el llamado expreso Costa del Sol, y llegué a Málaga creo sobre las diez y media de la mañana siguiente, o sea más de doce horas en el viaje, que comparando aquel "expreso" con los AVE actuales, veréis como el paso de los años no han sido en balde, y si lo hacemos en cuanto a mi entorno familiar mas próximo, señalo que mi hijo mayor tenía 16 meses, mi segundo hijo 2, y mi hija le faltaban aún unos cuantos años para venir a la vida, aparte de lo señalado anteriormente de los que ya hace años se fueron de mi lado. ¿Y yo? Con cincuenta y cuatro años menos, que sí que se me nota, pero así es la vida, y así debemos y tenemos que aceptarla, pero tampoco puedo dejar de señalar, en que en ese interín, muchos han sido  tambien  los acontecieres felicísimos de los que he gozado y aún sigo haciéndolo.  Hasta la próxima entrada que espero sea algo mas sustacionsa que la presente.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Otro paso adelante

Fuente: www.boe.es


Anoche volví a recrearme leyendo lo publicado en el Boletín Oficial del Estado en el que se hace pública la relación definitiva de los aspirantes que han superado la fase oposición para ingreso en el Cuerpo Técnico de Hacienda, entre los cuales figura con mi nieto, del que ya en varias entradas en este mi blog me he referido.


Ésta ha sido otra de las múltiples noticias que a lo largo de mi existencia fueron, y lo siguen siendo, las que han llenado de dicha y felicidad mi ya larga vida. En esta ocasión, y considerando que es otro paso adelante en el inicio de la vida profesional de mi nieto, no ha tenido por menos que venírseme al recuerdo el momento en que su padre, lo hizo tambien cuando a la edad de 22 años, en 1979, y como Teniente de la Guardia Civil, iba destinado a la localidad navarra de Vera de Bidasoa, y aún en fecha ya mucho mas lejana, el 1º de abril de 1950, en que yo inicie la mía cuando mi ingreso en la Guardia Civil, aunque con empleo mucho más humilde, que lo fue como Guardia 2º. Creo, y lo digo por propia experiencia, que el paso por el oficio o profesión que se tome, dejará a lo largo de la misma la más o menos complacencia, según la estima, o porque no cariño, que en el desempeño de ella se ponga. Cuán diferentes son ahora las situaciones y perspectivas que separan los pensamientos entre mi nieto, su padre y yo. Para el primero, todo serán esperanzas, expectativas, suposiciones y por qué no deseos, de esperar todo el acontecer de que a lo largo de toda una vida profesional que le queda por delante, se desarrolle lo mejor posible. Entre todo el acontecer profesional que le espera, también está el de su vida privada, que sin duda algún tiempo le distraerá su pensamiento de la profesional y en la que yo, tanto en una como en otra, le deseo, lo sea nada más, pero nada menos, de lo que son sus propios merecimientos en una y otra situación. Por, cuanto a su padre, que dentro de dos meses llevará treinta y tres años en el ejercicio de la suya, ya tiene tras de sí un largo etcétera de hechos surgidos tanto en su profesión como en su vida privada, así como también esperanzas y deseos que tanto en una como otra le embargaran y de lo que también pido y deseo, que lo por venir, lo sea en la misma proporción de cuantía y bienestar como lo pasado. Y en cuanto a mí, ¿qué decir? Aquellas esperanzas y ensoñaciones que traía al inicio de mi llegada a Málaga cuando salí de la Academia, ni en las más deseadas de las esperanzas y deseos hubiera llegado siquiera a soñar, de las que me fueron llegando con el paso de los días, los meses y los años, y que para más dicha lo siguen haciendo, tanto en el orden profesional como en el personal y familiar, seguro que cuando menos en lo máximo que hubiere podido merecer, de lo que nunca dejaré de dar gracias a Dios de cuanto me fue concediendo, y como cito anteriormente, aún lo sigue haciendo. Lo que sí siguen menguando son las oportunidades que para contar mis (o para mejor decir, nuestras) batallitas de mi (nuestro) pasado profesional, ya que mis compañeros, principalmente los que ejercieron cuando yo lo hacía, tan escasos vamos quedando, que difícil resultan las oportunidades de reunirnos en número para poder hacerlo, y que con ello a los viejos (o para que nadie se moleste, a los mayores) tanta complacencia nos produce el volver a recuerdos de lo que tantos años ha se sucedieron y con ello parece retrotraernos hasta aquellas fechas en las que se sucedieron  y no faltan las ocasiones en que olvidándonos de la realidad, nos lleva a sentirnos cuando menos con menos achaques y mas aptitudes que hoy nos embargan.


Hasta la próxima entrada en que volveré por mis lejanos recuerdos.

viernes, 25 de mayo de 2012

25 de mayo cuarenta años después


Tal día como hoy pero de 1972, se produjo uno de los principales acontecimientos que jalonaron mi vida profesional como Guardia Civil. Aunque de ello ya he escrito en este blog más de una vez, por hoy me limitaré solo a referir a grandes rasgos el caso de que se trata. No por el hecho en sí, si no por la popularidad del personaje al que voy a referirme, como cito anteriormente, fue uno de los que  marcan un hito en el discurrir de la vida.

Aquel 25 de mayo de 1972, del que si no recuerdo mal se celebraba la festividad religiosa de la Ascensión del Señor, que se decía, era uno de los jueves que relumbran más que el sol, junto a los otros dos que eran el Jueves Santo y el Corpus Christi, o Día del Señor. Dejémonos pues de mas disquisiciones y vamos al grano. 

Ese día un Guardia que estaba conmigo en el Servicio de Información aquí en la Comandancia de Málaga, cuando yo era Sargento, estuvo empujando un coche que se había quedado atascado en el río Campanillas cerca de la Estación de Cártama. Como quiera que el propio conductor del automóvil, como el resto de familiares que le acompañaban le causó cierta sospecha, memorizó la matrícula del coche, y que por cierto dio dos viajes, ya que eran bastantes los familiares que estaban en aquel  lugar, y que por la dirección que tomó al salir, como por el tiempo invertido en el primer viaje. dedujo, y no se equivocó que, se había trasladado hasta esta ciudad de Málaga.

En las primeras horas de la mañana siguiente me comentó el caso y gestiones practicadas seguidamente, nos dieron como  resultado de que la matrícula que ostentaba el vehículo, un Seat 124, al que había ayudado a salir del atasco, era falsa, la cual correspondía a una furgoneta de reparto del Diario Sur de Málaga, y lo que ponía de manifiesta que el referido Seat, era un coche que había sido robado. Continuando las pesquisas y consultando fotografías que como es pertinente teníamos en varios álbumes, llegamos a la conclusión de que el conductor del tan referido vehículo, no era nada menos que Eleuterio Sánchez, conocido popularmente como "El Lute". Los jóvenes de hoy os preguntaréis: "Bueno, pero ¿y qué?", pero aquellos que tengan más de cincuenta años recordarán de que a la sazón era el personaje mas popular y buscado en España. El proceso de esta cuestión terminó dos meses después con la localización de todos sus familiares, principalmente dos hijos del mismo, y que por mí precisamente, le fueron entregados a su propia madre, y cuyo relato sería bastante largo de contar, y que no ha sido esta la causa de mi entrada hoy en el blog, sino la extrañeza de lo rápido que pasa el tiempo.

Y a eso voy. Miro hacía atrás y me pregunto: ¿pero es posible que de aquello hayan pasado CUARENTA AÑOS? Pues sí, así es. ¡Qué lentos pasaban los años cuando yo era niño, adolescente e incluso en la primera juventud, cuando uno pensaba en lo que estaría por llegar y como y cuando llegaría! Si me hubiera sido posible, sin duda hubiera estado empujando al paso de los días y así que los años dejaran de marcar aquella lenta pausa con el que discurrían. Ahora, y desde hace ya bastantes, muchos, años, si ello me fuera posible, me engancharía al Sol, o para mejor decir a la Tierra, y tanto en sus movimientos de rotación como en el de traslación, la estaría sujetando hasta que un día, o sea veinticuatro horas, fuera siquiera el equivalente a lo que hoy se cumple un decenio, y así cada diez años yo, y seguro todos los mayores de sesenta, de setenta y no digamos los mayores de ochenta, como a mí me pasa, estaríamos permanentemente asidos a la tierra para que tomara con calma su caminar. Pero, vanos deseos, hay que resignarse y aceptar el paso del tiempo como siempre ha sido y cuando menos, lo que nos reste que caminar por estos andurriales, yo, y quizá siendo un poco egoísta, me mantenga cuando menos como en la actualidad me hallo que siendo así no me importa el seguir cumpliendo los que por hacer me queden.

Así, un pequeño consejo a los adolescentes y jóvenes, no tengáis deseos que pasen rápidos los años, que cuando menos lo penséis, al volver la vista atrás, os sorprenderá como a mi me pasa y suele oirse con relativa frecuencia eso de "¡Cómo pasan los años!".

Hasta la próxima entrada.

sábado, 19 de mayo de 2012

Una de grillos


Como lo prometido es deuda, aquí me teneis para dar cumplimiento a cuanto me comprometí en mi entrada anterior y no era otra cuestión que la de contar lo que, y como se apuntaba en la misma, sucedió con cinco grillos que en una de aquellos acompañamientos que hacía a mi padre, cogimos en las viñas de Pobillos.

Los que habéis leído mis memorias creo que ahora se os vendrá al recuerdo cuanto voy a relatar, ya que en las mismas le dedique una buena parrafada y para los que no lo hayan hecho, conozcan esa pequeña historia, y por adelantado confieso, que pese a la gran timidez que siempre me acompañó hasta ya bien entrado en años, en aquellos de mi infancia, y creo que al igual que todos los niños de mi entorno, solíamos tener un trato bastante cruel con algunos animales. y principalmente con los grillos.  Sin duda la gran carencia de juguetes, nos hacía a los críos tomar entre otras muchas, estas diversiones como era la caza de grillos.

Sin mas preámbulo, vamos a lo esencial de esta historia.

Unas viñas con gran cantidad de rojas amapolas. El canto de los grillos era ensordecedor. Mi pasión por estos insectos hacían sentir en mí como la mas interesante de las melodías, aquellos grí, grí, grí, que hasta varios cientos de metros de distancia hacían llegar sus cantos. Mi padre, sin duda algo mas condescendiente de la cuenta para conmigo,  estuvo un rato dedicado a la caza de los mismos, y creo recordar que finalmente conseguimos, o para mejor decir, consiguió la captura de cinco ejemplares. Para quienes desconozcan la características de estos animales, les diré, que estan dotados de unas mandíbulas bastante grandes en proporción al total de su cuerpo. Son muy agresivos con sus congéneres machos, con los que suelen enzarzarse en encarnizadas luchas. El que resulta vencedor en la pelea comienza con un vibrante canto, que con la experiencia que yo tenía en haberlos tenido en bastantes ocasiones cada primavera,  podía determinar si el inicio de aquel canto lo era como consecuencia de haber resultado vencedor en alguna de sus contiendas.

Viven solitarios en unas pequeñas galerías  que se fabrican en la tierra utilizando sus patas y con la tierra que extraen suelen formar unas pequeñas explanadas a la entrada de las mismas donde además de verificar sus defecaciones, realizan sus cantos que lo hacen rozando sus alas una con otra y  con el solo fin de atraer a las hembras. Presenciar la lucha entre dos de estos animales es espectacular, ya que el perdedor en raras ocasiones no resulta bastante mutilado con la pérdida de patas, alas y antenas, y  también en muchas de ellas, acaba muerto por su contrincante, que llega a seccionarle parte o toda la cabeza del resto del cuerpo.  El color de las alas de los mismos, suelen ser, por lo menos los que existen por mi pueblo, de dos tonalidades, unas mas oscuras y otras tirando a doradas.

Sigamos. Como cito anteriormente, creo recordar que conseguimos la captura de cinco ejemplares, que como de costumbre metí en una lata que debidamente agujereada para la entrada de aire a fin de que no murieran asfixiados. Durante el trayecto de la caza hasta la llegada a mi casa, que pudiera haber tardado alrededor de una hora, y como quiera que yo llevaba en la mano la lata conteniendo los grillos en dos o tres ocasiones, además de notar cierta algarabía en el interior de la misma, terminaba siempre oyendo el clásico canto de un vencedor. Una vez en mi domicilio y faltándome tiempo para ello, destape la lata que con un trapo tambien agujereado llevaba tapada, y lo que descubrí al destaparla era una estampa dantesca. Dos de los cinco grillos estaban muertos con terribles mutilaciones; otros dos con varias mutilaciones tambien, tales como patas,antenas e incluso alguna de las alas y el otro totalmente ileso y que no cesaba de cantar, incluso cuando lo destapé no le produjo efecto alguno, si no que seguro la euforia que le había producido el resultado de sus luchas lo mantenía sin parar de cantar. Vuelvo a confesar mi crueldad, que pese al expectáculo contemplado me producía cierto placer al saber de que todo ello se debía a la valentía y poderío en la pelea del que estaba ileso, que por añadidura diré que tenía las alas doradas. Añado a esta culpabilidad de que desafiando a algunos amigos mios que también tenían alguno de estos animales, los echaran a pelear con el mío, los cuales, uno resultó tambien muerto y otros vencidos y con alguna que otra mutilación de sus órganos.

Mi campeón no cesaba de cantar ni durante el día ni por la noche, lo que para mí era el máximo deleite, pero si a mí me producía esos efectos, a mi pobre madre la tuvo dos noches sin poder pegar ojo, y si la primera creo la soportó por que me veía a mí encantado, una vez  amanecido tras la segunda noche, tomó la lata con el grillo y saliendo al "corral" como llamábamos a los patios de las casas, echó el grillo a las gallinas que una de ellas y de un potente picotazo lo engulló en un santiamen. Todo el vigor y valentía que tenía para vencer a los de su especie, de nada le valió para evadirse de la gallína. Aquí, como él lo había practicado con sus congéneres, se impuso la razón de la fuerza, que no es lo mejor de las razones. Yo creo recordar que incluso derramé alguna lágrima por mi valiente grillo y no acertaba a comprender la determinación de mi madre. Hoy, de todo esto pienso de forma totalmente distinta a la de entonces. Calculo que han pasado poco  mas o menos OCHENTA AÑOS. Creo son lo suficientes para rectificar.

Hasta la próxima.

martes, 15 de mayo de 2012

Pues sí, aquí estoy de nuevo



Muchos días llevaba ya sin entrar en el blog. Creo que hace diez exactamente. Las causas de que haya tardado tanto en volver a las andadas ni yo mismo lo sé.

Hoy, y retomando la deriva que llevaba en mis anteriores entradas, me voy a permitir poner ante vosotros por medio de este blog, otro de esos recuerdos  que de mi primera infancia recuerdo y si lo comparamos a la forma  en que hoy viven, se divierten y todo el entorno que los rodea, a los niños, sin duda a como lo era entonces el mío, incluso a mí mismo, me parece que yo pasé los primeros años de mi vida en otro mundo.

Como los que hayáis leído mis memorias lo sabeis, y para quienes no lo hayan hecho, lo digo ahora, mi padre entre otros de los trabajos que realizaba, durante los  meses de abril y gran parte del mes de mayo, lo hacía dedicándose a la compra de aceite de oliva por los diversos olivares de, principalmente de los términos municipales de Pozoblanco y Obejo, limítrofes con el mío, Villaharta, y ello para un tío suyo, que además de tener almazara propia, también se dedicaba a la adquisición del mencionado producto y que posteriormente lo llevaba generalmente a Córdoba Capital, u otros puntos de España, si así se lo demandaban. Hasta aquí, os preguntaréis que de particular tiene lo relatado, pero desmenuzando todo el proceso de dicha actividad en aquellos tiempos, y núnca mas apropiado decirlo así, os dareis cuenta que tiene su  motivo para traerlo a colación en este relato. 

Comenzaré por señalar, que el transporte de la mercancía se hacía por arrieros y por medio de los seis, ocho, diez o más burros, como siempre se decía por ellos, que nunca un arriero diría asnos, y que cada uno poseía. En más de una ocasión acompañé a mi padre, que según la cantidad que tenía previsto comprar al día siguiente, iba siempre a algún bar (o taberna como se llamaban entonces dichos establecimientos) donde se entrevistaba con los mencionados arrieros y concertaba el número de animales que se consideraban necesarios para transportar la cantidad a comprar. El envase del producto se hacía en los llamados "pellejos", que estaban hechos con pieles curtidas, en este caso de cabras, y que se utilizaban como odres. El conjunto de estos pellejos, a lo que se llamaba "corambre", mi padre les indicaba donde cada uno debía de recogerlos y teniendo en cuenta que en cada semoviente solían cargar dos pellejos,  y en raras ocasiones, tres, según de que el animal fuera mas o menos resistente. 

Como en bastantes ocasiones, y siempre que aquel día no hubiera escuela, yo acompañaba a mi padre a dicho menester, principalmente para que al regreso y una vez todo organizado, hacíamos alguna parada por algún campo y mi padre me cogía dos, tres o mas grillos, que yo metía en una o dos latas que a tal efecto llevaba preparadas con unos agujeritos abiertos para que los grillos respiraran y no se asfixiaran, y que por cuyos insectos yo tenía verdadera pasión, yo me admiraba de contemplar como los arrieros llevaban sus "burros" sueltos, colocados en recua, o sea caminando uno trás otro, sin que ninguno se apartara de la recua, y al frente de la cual, colocaban al animal que caminaba mas rápido y generalmente era el mas poderoso y al que denominaban "liviano" y solamente con la voz del arriero el animal tomaba uno u otro camino, cuando  por ejemplo se llegaba a algún cruce de los mismos. Para el traslado a sus ocupaciones, mi padre llevaba un caballo tordo, colino, y cuando yo íba me subía delante de mi padre y el me llevaba sujeto con sus manos, aunque recuerdo que solía mantenerme a la grupa del animal con bastante soltura. También a lomos de la caballería mi padre llevaba las alforjas en las que se contenía además de la comida para los dos, unos estuches de madera, con algunos tubos de cristal y unos líquidos, con que realizaba los correspondientes análisis del aceite que se compraba. Asimismo, y en una bolsa llevaba varias "botanas" de distintos diámetros, que erán unos discos de madera con una rebaja por todo su entorno y que se utilizaba para arregla o taponar cualquier agujero que se produjera en alguno de los pellejos por donde comenzaba a salir el líquido. Se me vienen al recuerdo aquellas caravanas de recuas de cuarenta, cincuenta o mas  burros que siguiendo las voces de sus dueños solían conducirlos con gran maestría, hacía el punto de destino. En alguna ocasión presencie la caída de algún animal cuando íba cargado, y como inmediatamente uno o mas compañeros acudían en apoyo del dueño del animal caido, para ponerlo en marcha a la mayor brevedad posible y con ello no perder mucho tiempo para su arribo al punto de destino. De esta ayuda que mutuamente se prestaban unos a otros arrieros, creo debe venir el dicho de "arrieritos 'semos', y en el camino nos en contraremos", que suele o solía emplearse cuando alguíen no se prestaba a acceder a lo que otra persona le solicitaba.

Como podréis observar, a la edad en que hoy los niños juegan con sus consolas y otra clase de artefactos de lo que me admiro de como los manejan y hay pocos en que no tenga su teléfono móvil, con el que también hacen virguerías, yo me lo pasaba fenomealmente acompañando a mi padre, contemplando a los arrieros en su caminar y tambien con la habilidad en que una vez llenos y pesados los pellejos, los envolvían, liaban y caragaban en los burros con una habilidad y diligencia que incluso a mí, siendo todavía un niño me sorprendía de como lo hacían.

En la próxima entrada, si me acuerdo, y por no hacer mas extensa la de hoy, contaré lo que una vez me sucedió con cinco o seis grillos, que en una de de esas jornadas en que yo acompañaba a mi padre, recuerdo cogimos en un campo de viñas denoiminado "Pobillos", o "Povillos", que no se como se escribe ni que significa esa palabreja.

Hasta la próxima que espero no me demore tanto como en la presente.

sábado, 5 de mayo de 2012

Trébedes, soplillo y tenazas

Hoy mientras me preparaba el almuerzo, una tortilla de patatas con una poquita cebolla y unas tajaditas de bacalao frito, se me venían al recuerdo los tres utensilios que fiuguran en el titulo de esta entrada. Quizás lo que esteis viviendo en los pueblos, puede que tengaís alguna noticia sobre los mencionados utensilios, e incluso haya alguno todavía por vuestras casas, y que durante mi infancia y juventud eran de uso cotidiano en la preparación de las viandas y, con toda seguridad, los novios antes de casarse habían de llevarlos en sus respectivos ajuares, pero los residentres en grandes ciudades, seguro que os sonaran a chino al oir pronunciar semejantes nombres.

Trébedes.Comenzaré por decir, que para cerciorarme de que su nombre verdadero es el que consigno y se decía en mi pueblo, había consultado por internet el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y me ha causado extrañeza de que la respuesta era: "la palabra trébedes no está en el diccionario". Pensando que tal vez, como digo en mi pueblo se le diera ese nombre y que pudiera deberse a cierta degeneración por el uso, consulto mi diccionario que data de una edición de 1962 y sorpresa, exactamente es ese su verdadero nombre y que lo define, entre otras, como "utensilio de cocina formado por un aro de hierro con tres pies, que sirve para poner al fuego sartenes, peroles, etc.".


Realmente las trébedes eran de uso obligado para poder cocinar en las chimeneas con el fuego de la leña, que en mi pueblo se utilizaba la de encina, que es sin lugar a dudas la mejor de todas y la que da a las comidas el mejor sabor y aroma. A la definición que en "mi" diccionario se hace de las trébedes, yo añadiría que la mayoría de ellas, el tercer pie estaba al final de  un mango de una largura de medio metro aproximadamente. que partiendo del  aro hacía atrás. y del mismo salía  hacía arriba otra barra de hierro y  en su parte superior formaba una especie de horquilla, donde descansaba el mango de las sártenes, que era imprecindible, dado a que para poder tomar el mismo tenía que hallarse a cierta distancia de las llamas, evitando con ello se produjeran quemaduras al tratar de quitar o manejar dichas sartenes.  Bueno con lo dicho, los que no teníais idea siquiera de que hubieren existido las trébedes, ya lo sabeis y para lo que se utilizaban.

Soplillo. Se utilizaba para avivar el fuego de la lumbre y los había de dos clases. Uno era una especie de ruedo de palma o esparto, generalmente con un mango y cogido por el mismo se movía con fuerza hacia uno y otro lado y el viento que hacía, avivaba el fuego. El otro era un tubo de setenta u ochenta centímetros de largo, y uno de sus extremos estaba aplastado y se le abría un pequeño orificio. Por el otro extremo se llevaba a la boca y soplando fuertemente, como en el otro extremo había solo un pequeño agujerito salía el aire con fuerza e igualmente servía para lo mismo que el de palma o esparto. Generalmente se utilizaban en caso de tener prisa o cuando la leña entrañaba alguna dificultar para que ardiera.


Tenazas. Creo que debe llamarse tenaza, en singular, pero en mi pueblo las llamábamos en plural, y como yo también soy de mi pueblo, así las llamo. Todos sabéis lo que son o es una tenaza, utensilio formado por dos brazos, que en su parte media se unían mediante un eje. Los extremos delanteros de los brazos estaban un tanto aplanados y los traseros formaban una especie de asas por donde se tomaban con los dedos de una mano, y solían utilizarse para recoger los tizones o trozos de leña que aun ardiendo todavía se juntaban con otros a fin de que el fuego se concentrara en un espacio mas reducido y sirviera para dar mayor calor a las sartenes, peroles, ollas o cualquier otro cacharro que estuviere expuesto al fuego.



Como los tiempos han cambiado tanto desde que yo era niño y también joven, hasta hoy, que no soy ni lo uno ni lo otro, todo ese trajinar que entonces hacía falta para preparar una comida, hoy todo ha queda reducido a que con la yema de un dedo, he pulsado una señal existente en la vitrocerámica y otros dos o tres más para graduar el mayor o menor grado de calor, cosa de tres o cuatro segundos y a cocinar a la velocidad que yo deseaba que se hiciera. ¡Si mis abuelos e incluso mis padres levantaran la cabeza! Quedarían asombrados de lo rápido, límpio y cómodo que resulta una labor que en sus tiempos, y tambien al principio de los míos, se llevaban un buen rato en preparar lo que hoy se hace en cuestión de segundos y prescindiendo de tantos artefactos como tenían que utilizarse entonces. Yo tengo la dicha de poder hacer comparaciones y tener el disfrute de gozar los nuevos inventos.

En próximas entradas iré relatando esas diferencias abismales de lo que va de ayer a hoy. Hasta otra.

martes, 1 de mayo de 2012

Dos efemérides en el Primero de mayo


Como ya lo he referido en alguna otra ocasión, cuando se tienen tantos años, no es extraño que en una misma fecha se cumpla mas de una efemérides, que dada su relativa importancia, se guardan en el recuerdo.

De la primera de ellas y por orden cronológico se cumplen hoy la friolera de SETENTA Y SIETE AÑOS, o sea sucedió el día primero de mayo de 1935, y para mas inri y por tratarse de la Fiesta del Trabajo, el mencionado día y cuando solamente hacía tres días que había cumplido los diez años de edad, yo me incorporaba al mundo laboral como porquero, y ganando la friolera cantidad de UNA PESETA diaria. Por razones de que mi padre había sufrido cuatro meses antes un accidente de trabajo, cuando se dirigía a la compra de aceituna para un tio suyo con el que trabajaba y poseía una fábrica de aceite, o almazara, causada al caer el caballo que montaba,  no dándole tiempo a sacar el pie izquierdo del estribo, se fracturó la tibia y el peroné de la pierna del mismo lado,  y por causas que serían largas de explicar, una casa compuesta por el matrimonio y cinco hijos, yo el mayor, quedaba sin ingreso alguno en el hogar. Con la perspectiva de esos 77 años, parecerá ridiculo que un niño hubiera de tener que abandonar el colegio y ponerse a guardar cerdos, ganando una peseta diaria, pero como diría Séneca, "para nuestras ambiciones, lo mucho es poco, pero para nuestras necesidades, lo poco es mucho". No es que con ello remediara todo el problema de la casa, pero algunas cosillas podían adquirirse con una sola pesetas, sobre todo de artículos de primera necesidad. Seis meses duró mi primer trabajo, comencé el nuevo curso escolar allá por los primeros días del mes de noviembre del mismo año, pero algunos meses despues y como consecuencia de la Guerra Civil Española, entre guardar dos cabras que había en la casa y poco despues como pastor con un rebaño de ovejas perteneciente a los servicios de Intendencia del Ejército de la República, se fueron sucediendo los trasbajos en el campo, y que salvo dos años que estuve como minero, permanecí como jornalero agrícola hasta mi marcha al ejército y luego a la Guardia Civil. De aquel lejanísimo primero de Mayo guardo un nítido recuerdo de que marchaba a mis ocupaciones bastante contento y pese a mi corta edad, me enorgullecía el que pudiera aportar aquella peseta diaria a las estrecheces por la que estaba atravesando toda la familia. Así aquella Fiesta del trabajo fué para mí el inicio de mis asctividades laborales. Extraña circunstancia.

La segunda de las fechas de las que hoy se cumplen años, lo fue precisamente en 1946, y como en la anterior se repiten los número de los años transcurridos, o sea que hace SESENTA Y SEIS AÑOS. Se trata de lo siguiente: hacía poco más de medio mes que había ingresado en el Ejército, Regimiento de Artillería 14 de guarnición en Sevilla, y desde hacía seis o site se me había puesto malo el ojo izquierdo y en el Botiquin del Regimiento me los estaban curando como una conjutivitis, y que luego resultó ser una "úlcera corneal", pero en vista de que la enfermedad iba cada día peor, el Capitán Médico decidió madasrme al Hospital Militar. Sobre las diez de la noche del día 30 de abril, por un Cabo 1º del Regimiento, fuimos trasladados varios Artilleros, a pie por cierto, al Hospital Militar "Queipo de Llano" que relativamente estaba bastante cerca del Regimiento de Artillería que se ubicaba en Pineda. Resulta que en el mencionado centro no había servicio de Oftalmología y por tanto sobre la una de la madrugada el Cabo 1º y yo regresábamos a nuestro Regimiento, pero en el corto camino nos cayó una impresionante tormenta y llegamos al cuartel empapaítos. Como quiera que en mi Batería no había camas para todos, los 19 último que formaban en la Lista de Retreta tenían que ir a dormir al pajar con una manta, y yo hube de pasarla en la batería, en el suelo con una manta y una almohada, que juntamente con un fuerte dolor en el ojo, toda la ropa empapada del agua recibida y la dureza del lecho, pase una de las noches mas dolorosas e interminables de toda mi vida, y lo único malo que me sucedió en los dos años y medio de mili. A la mañana siguiente, y ahora yo solo por mis propios medios, hube de traslasdarme al Hospital Militar de la Macarena, que como su propio nombre indica estaba en la mencionada barriada sevillana. Llegué al referido Hospital sobre las diez de la mañana, seguidamente fui curado por el Comandante oftalmólogo, me asignaron una buena cama con sus limpias sábanas, y hubieron de llamarme para almorzar y terminado el almuerzo, continué durmiendo e igualmente me tuvieron que desperta para la cena. Mi llegada al Hospital de La Macarena, fue como llegar a la Gloria. Unos diez días después pasé de escribiente a la Clínica a las órdenes del referido Comandante y estuve dos meses dándome la gran vida, y hube de marcharme al entrar un nuevo Teniente Coronel Director del Cenrtro y hubimos de marcharnos todos los Soldados, o como yo Artillero, que estábamos desempeñando destinos burocráticos en el centro.

Asi como si no dijéramos nada, de la primera efemérides han pasado setenta y siete años y de la segunda, sesenta y seis, o sea toda una vida, pero yo gracias a Dios aquí sigo para poderlo contar y que vosotros os entéreis de mis vicisitudes. 

Hasta la próxima entrada.

viernes, 27 de abril de 2012

Otro "cumple" más y van...


Alguien dijo alguna vez que nadie es tan viejo que no piense que aún todavía puede vivir un año más. Efectivamente, eso mismo he pensado yo hoy. Aún sin olvidar que ando por estos andurriales desde aquél lejanísimo 27 de abril de 1925, es cierto que no por ello me encuentre con los deseos, ilusiones y ganas de seguir viviendo, como he citado cuando menos hasta el año que viene por esta fecha, y que volverá a repetirse esa idea, o para mejor decir deseo, de que así sea. Pero todo esto no deja de ser esa fugaz idea que instantes después se evapora y cuyas cenizas descienden hasta el suelo donde uno se halla y como despertado por una sacudida te hace volver a las realidades de tu propia edad, y mirando con cierta cautela por esa senda que habría de llevarnos hasta el próximo año, incluso llegas a restregarte los ojos creyendo que con ello quitas importancia a la elevadísima cuesta que ante ti se te presenta para poder alcanzar esa meta, y que pasito a paso, tanto esfuerzo habremos de emplear para alcanzarla, aunque para los mas jóvenes piensen, y con toda razón, que ellos sin alterar siquiera el resuello llegaran hasta allí y mucho mas allá. Pero yo también fui joven, aunque ya casi ni me acuerdo, y vosotros jovencitos podaís pensar que los viejos ya nacimos así, os aseguro estáis equivocados de punta a punta, y aunque de muy tarde en tarde se os venga al pensamiento de que también a vosotros algún día pueda alcanzaros, no diremos la ancianidad, que puede parecer mas duro, pero si la vejez, los años pasan mas veloces de lo deseado y en llegando la hora, volviendo el recuerdo al pasado, os diréis como todos lo hemos hecho, de "hay que ver como pasan los años".

Pero, como cada año, desde ya hace muchos, dejo volar mis recuerdos hasta aquella lejana niñez en que comencé a tener conciencia de mi estancia en este mundo, y nunca terminaría de dar gracias a Dios  por cuanto me fue concedido a lo largo de toda mi existencia, sin duda con bastante mayor largueza de cuanto haya podido merecer, y de cuya descendencia  sobrevenida con la colaboración, como no puede ser de otra manera, con la mujer que seguro por ÉL me fue asignada,  cada día me siento mas orgulloso de ello, y no dejen de recibir compensaciones a cuanto merecen sus comportamientos, tales la señalada en el día de ayer a uno de ellos, llevada a este mi blog de lo que me daba como el mejor regalo que pudiérese darme para este mi "cumple". Tampoco en estas efemérides se dejan en el olvido a los que se nos adelantaros en irse de esta vida, no evitando con ello que algunas, muchas, lágrimas acudan a nuestros ojos y que con estas recordaciones vayan unidos mis deseos de que Dios los tenga acogidos, siquiera donde merecieron por sus comportamientos durante su caminar por esta vida. A mí y cuantos seres queridos me rodean y me mantienen esta feliz ilusión de seguir viviendo, no nos eche en olvido y nos siga aportando cuando menos como lo ha sido hasta ahora.

Valga por hoy y hasta la próxima entrada.

jueves, 26 de abril de 2012

Misión cumplida: ¡ALELUYA!


Mañana es mi cumpleaños, pero como ya son tantos los que voy a cumplir, que eso pasa ya  de ser noticia, y  comprenderéis, que no es por eso por lo que he titulado esta entrada con ese Aleluya. Lo que si puedo decir a los cuatro vientos, lleno de alegría y de orgullo como abuelo, es que el mejor regalo que se me podía hacer para este cumpleaños, lo he recibido hoy a medio día, con la noticia, y como lo siento lo voy a hacer constar, de que MI NIETO RAFITA HA APROBADO LAS OPOSICIONES, cuyos primeros exámenes venían ya desde noviembre del pasado año, hasta los últimos coletazos que los había sufrido a mediados del presente mes de abril. Y voy a decir más, y es que en uno de los muchos comentarios hechos a propósito de estas oposiciones, con mi asidua lectora de este blog y gran amiga, Carmen, no hace muchos días me permití decirle "que no es que estaba seguro de que íba  aprobar, si no que su clasificación estaría entre los "diez primeros", lo que en plan de broma llegó a calificarme de "enteraillo", y aunque también se que para ella ha sido una gratísima noticia, tenga en cuenta que los "galanes", solemos acertar con relativa frecuencia en nuestras apreciaciones, ya que estan basadas en realidades al juzgar como se merecen de quienes estemos hablando, y conocer sus cualidades. Y ahora que, todo el mundo si quiere me tache de lo mismo, pero a mí, a toda mi familia, pero principalmente a mi hijo Rafa, mi nuera Encarni, padres del "aprobado" y a ÉL, muy especial, como suele decirse  "QUE LE QUITEN LO BAILAO". Rafita, un fuerte abrazo de tu abuelo Rafael y en "La Sacristía", espero gastarme los cuartos para celebrarlo, aunque puntualizando, que no me gusta pagar caprichos y que el champán lo paguen "otras" (ya sabéis por donde voy). Hasta la próxima entrada que ójala fuera con un motivo semejante a la de hoy. 

lunes, 23 de abril de 2012

Candil, capuchina y farol


Curioso título el de esta entrada. Sobre todo en las grandes ciudades, cuando menos alguno de esos artilugios, la mayoría de los lectores, aunque seamos humildes, me refiero a la mayoría de los escasos que entren a leer este blog, digo alguno de esos utensilios, ni los habrán oido nombrar en su vida.

Con la reseña de esos utensilios, que es lo que eran, y están íntimamente relacionados con mi primera infancia, voy a tratar en esta entrada de contar algo que aún tan lejano en el tiempo, yo lo mantengo totalmente en el recuerdo y con ello, podréis daros cuenta de la diferencia de aquel vivir mío, como digo en mi primera infancia, a lo que hoy tenemos todos, incluido yo, claro.

Si algunos informes no me fallan, creo que allá por el mes de febrero de 1931, llegaba la luz eléctrica a mi pueblo. Yo por tanto estaba próximo a cumplir los seis años de edad. Así, antes del importantísimo acontecimiento de la llegada de la "luz", como por todo el pueblo se decía, en todas las casas, y por tanto claro en la de mis padres también, cuando llegaba la noche utilizábamos, generalmente, para alumbrarnos en el interior de la casa, el candil y la capuchina, y para salir por las calles del pueblo el farol.

El candil era un utensilio, de mayor o menor tamaño, según si era para destinarlo al alumbrado del domicilio o para algunas naves de alguna industria, con un depósito para el aceite, y una, dos o mas piqueras en las que se colocaba una torcida, hecha casi siempre de hilo de algodón. Esa torcida era encendida en la parte exterior de la piquera y el resto quedaba introducido en el pequeño recimpiente que estaba lleno de aceite y de donde se íba alimentando hasta que se agotaba, y que en tal caso, esto si lo hacía antes de irse a dormir toda la familia, había que reponer el correspondiente combustible. En la parte superior del candil, se colocaba un varilla metálica con un gancho, que en caso de tenerlo en sitio fijo se colgaba en el lugar mas apropiada para que alumbrara más y para andar por el resto de la vivienda se tomaba en la mano y se llevaba de un sitio para otro. El candil cuando se apagaba, que solía hacerse como es natural en el dormitorio donde finalmente se llevaba para acostarse los últimos de la familila, desprendía un humo que generalmente su olor no era nada de agradable, dado a que en la mayoría de las veces el aceite con el que se abastecía era el procedente de las frituras de pescado u otras comidas y que en vez de tirarlo se le daba el uso para el alumbrado.


La capuchina, era generalmente de muchísimo menor tamaño que los candiles, hecha de metal, en su mayoría de cobre como la que había en mi casa, su depósito por tanto también era mucho menor y  como en el candil, se introducía la "torcida" en su interior, quedaba el aceite oculto al exterior en su depósito, y para apagarlo se volcaba sobre la torcida encendida, una especie de capucha, y de ahí su nombre de capuchina, y que a la vez que dejaba apagada la luz, evitaba que el humo que desprendía al apargarse no saliera al exterior, consiguiendo tambien con ello el que los malos olores no se extendendiera por toda la casa, como ocurría con el candil. 


Como citaba al principio, el farol, solía utilizarse principalmente para caminar por las calles del pueblo, que claro se hallaban totalmente a oscuras, y como el farol estaba cubierto por sus costados con otros tantos cristales,  por la parte inferior donde estaba el depósito de aceite quedaba tambien totalmente cerrado y en su parte superior estaba dotado de una especie de tejadillo para que el viendo no entrara en su interior y  se apagara la torcida, que también en el farol se utilizaba igualmente.



El candil y la capuchina, y pese a que cuando llegó la luz eléctrica yo solo estaba próximo a cumplir los seis años de edad, recuerdo el haber portado en el interior de la casa muchas, muchas veces para circular por el interior de la misma. Del farol, solo tengo unos remotos recuerdos de que acompañando a mi abuelo materno, que después de cenar solía salir a lo que entonces solo se les llamaban tabernas, a tomar un café, me dejaba a mí portar el farol en una mano y la otra me era cogida por la suya. El portar yo aquel farol, era una ilusión, que aún perdido tan lejano por el paso del tiempo, aun recordándolo hoy, vuelve a mí aquella infantil satisfacción que me parecía ser transformado en un adulto, pese a tan temprana edad.
 
LA LUZ ELECTRICA. Como decía al principio, y que pudo ser allá en el mes de febrero de 1931, y que para el suministro de la electricidad a todo el pueblo, habian construido un transformador, en la esquina del llamado callejón de las zahurdillas y junto al entonces conocido como el "pozo grande" de agua no potable, unas cuantas horas antes de dar la luz tanto a los domicilios como a todas las calles de la localidad, que haciendo un aparte, creo recordar que solía decirse que había sido uno de los pueblos mejor alumbrado de todos aquellos contornos, digo algunas horas antes de la hora de dar el encendido, creo estábamos allí junto al transformador la mayoría de los niño del pueblo, juntamente con muchísimos adultos, y al llegar el momento de encenderse las luces de las calles y de la inmensa mayoría de las casas particulares, en las que solo se había instalado un punto de luz, o sea una bombilla, la algarabía formada por la chiquillería y no falta de ayuda por muchos adultos, sin duda en mi pueblo, Villaharta, estoy seguro no se habrá dado otro acontecimiento similar ni de tanta trascedencia.

En cada casa, se abonaba diariamente la cantidad de diez centimos de peseta, que el electricista, Sr. Benítez, iba cobrando de casa en casa, cada mañana.

Después de tan largo y quizá pesado relato, cusndo menos, los que no lo sabiáis, os habeis enterado de lo que es un candil, una capuchina y un farol, y que yo, vengo de aquellos eventos y hoy, al igual que todos vosotros, gozo de este impresionante cambio en la forma y modo de vivir, utilizando este ordenador, conectado a internet, con este blog y alguna que otra cosa más. En otra entrada que espero no se dilate mucho en el tiempo, trataré de estos cambios, que sólo los que tuvimos la dicha de nacer por aquello entonces hemos tenido la suerte de poder contemplar tales cambios en el mejor vivir. Hasta la próxima.

viernes, 20 de abril de 2012

Ya estoy aquí otra vez


Quince días y por causas totalmente ajenas a mi voluntad, llevo sin entrar en este mi blog. Las escasas y queridas personas que soléis entrar en el mismo, sin duda os habríais dado cuenta de este detalle. Tenía en mente para la próxima entrada, a la que ultimamente hice con fecha 6 del actual, tratar de algún otro tema que cuando menos despertara en la curiosidad de mis escasos lectores, algo de lo que la mayoría, sin duda desconocéis,  pero una casual coincidencia en este día 20 de abril, me hacen desistir del inicial propósito y del que cuando haga constar de que se trata sabreis perdonarme este cambio de tema.

Y es lo siguiente: hoy 20 de abril, se cumple el 18º aniversario del fallecimiento de mi madre. Sin duda alguna, y aunque cuando mi madre falleció  le faltaban dos meses escasos para cumplir los NOVENTA Y SIETE AÑOS DE EDAD, ya en una extrema ancianidad, la pérdida de una madre es una de las mas dolorosas circunstancias por las que todo ser humano ha de soportar a lo largo de su existencia. Después de esos dieciocho años de su óbito, vuelven a mi recuerdo toda aquella larga y variopinta etapa en que tuve la suerte, si no físicamente, si en mente siempre junto a mí y por añadidura mucho más, yo seguro lo estuve junto a ella. Así, vaya esta entrada especialmente dedicada a su recuerdo y desde las balconadas de la Gloria donde seguro se hallará, no dejará de percibir esta dedicatoria de uno de los deudos que aún andamos por estos mundos, y como el de mayor  edad de todos ellos, también   quiero hacerlo en nombre todos los demás, y reciba de  nosotros un sentido y amoroso abrazo y que también lo haga extensivo a nuestro padre y  hermanos, que igualmente se encuentran en su compañía.

Hasta la próxima entrada. que si mi estado de salud no me lo impide, no han de pasar muchas fechas en que lo haga y que sin duda habrá de tratar tema diferente, que por los motivos apuntados al principio, ha sido la de hoy.

viernes, 6 de abril de 2012

Sesenta y seis años, y era sábado




SÍ, aunque me parezca mentira hoy se cumplen sesenta y seis años en que salí de mi pueblo para irme a la mili. Era la primera vez que me separaba de la familia. Cuando aún solo me faltaba menos de un mes para cumplir 21 años, toda mi vida se había desarrollado en una pequeña localidad como era mi pueblo, y quizá casi a partes iguales, en el campo.

Como ya lo he citado en varias ocasiones, creo que en este blog y también en mis memorias, era voluntaria la decisión de irme al Ejército, ya que a la sazón estaba trabajando en una mina y podíamos optar por seguir en el trabajo que se nos contaba como el tiempo servido en filas para todos los efectos, con la única ventaja de que continuábamos cobrando el mismo sueldo, o dejar el trabajo y hacer lo que yo, y otros muchos más también, decidíamos lo contrario que era hacer la mili. Para mí lo único que realmente me dolía por optar a ello, era el privar a la familia del sueldo que semanalmente nos abonaban y del que nunca estaba demás arrimar a la casa, y que al igual que la inmensa mayoría de los entonces jóvenes, entregábamos, en mi caso, a mi madre íntegramente todo lo que ganaba. Luego ella solía darme lo que creía justo y necesario para mis gastos, pero eso sí, cuando llegaba el domingo o algún día festivo y que visto por la juventud de hoy lo considerarían de cantidades irrisorias.


La decisión tomada por mí, estaba basada en dos circunstancias especiales y únicas. La primera y principal, era el salir de un ambiente donde solo tenía la posibilidad de continuar trabajando en la mina, o en el campo, como lo había estado haciendo hasta dos años antes en que me hice minero. Yo no sabía ni me alcanzaba una idea exacta de cuanto pudiera encontrar en la nueva vida que iba a comenzar, pero eso sí, desde hacía algunos años, en esos momentos tantos durante el día como en muchos en que me surgía algún desvelo durante las noches, mis pensamientos y deseos vagaban por esos vericuetos desconocidos que pasaban por mi mente, pero que un persistente martilleo en mis pensares, me decían que algo hallaría en ese mundo que tan desconocido resultaba para mí, y de lo que solo sabía de la mina y las faenas como jornalero en el campo.


La segunda, era ese desprecio que sentía por el trabajo que realizaba en la mina, el que, por cierto mi madre permanentemente también deseaba que abandonara, por el peligro que ella creía, y en parte tenía razón, de lo que suponía hacerlo en el interior de los pozos, y que sin embargo el único accidente mortal que sucedió durante el tiempo que yo estuve allí, lo fue a un trabajador que lo hacía en el exterior.

Sin embargo y de aquella decisión de la que hoy se cumplen esos 66 años, finalmente me supusieron un aporte de circunstancias que durante la casi total travesía de mi vida a partir de terminar mi servicio militar, me hicieron gozar de unas dedicaciones de feliz recuerdo.

Ahora y en estos momentos, solo el retrotraer el recuerdo hasta aquellos lejanos tiempos, me resulta casi incomprensible el modo, forma y circunstancias en las que entonces se desarrollaba el cotidiano vivir de las gentes, claro incluido yo y todo mi entorno, que alcanzaban infinidad de carencias hoy consideradas casi como indispensables. Cierto regodeo siento al compararlo tal hoy vivo.

Hasta la próxima.

jueves, 5 de abril de 2012

¡Marchando, otra de bodas!



Si las dos entradas anteriores en este mi blog, estaban dedicadas especialmente a enlaces matrimoniales relacionados con la familia "Galán", al cumplirse los aniversarios en las fechas en que han sido relatadas, y mis lectores no tenían bastantes bodas con ello, pues hoy, allá va la tercera, que aunque en años, algunos muy distantes de las otras dos, hoy se cumple ese otro aniversario de la tercera celebrada en el mes de abril. Pues sí, tal día como hoy, pero de hace veintiséis años, se casaba en Marbella mi hijo mayor.

A este respecto, y por cuanto se refería a las féminas de la casa, en aquellos tiempos circulaba un dicho, hoy no se si lo seguirá haciendo, en el que se decía: "En las casas donde hay razón, se casa la pequeña y queda la mayor". En el caso de, con esta la tercera unión relatada, se daba esta circunstancia. Primero, cuando yo me casé, mi mujer, tenía una hermana mayor que ella y que contrajo matrimonio años más tarde, y por cuanto a las de mis hijos, aunque no hembras, si no varones, también lo hizo primero el más joven. Bueno, este aparte que hago, es solo una anécdota del motivo de esta entrada.

Éste, es otro día de esos que como creo he dicho en no pocas ocasiones, dejan señalado uno de esos tantísimos hechos de feliz recuerdo que han venido jalonando el discurrir de toda mi vida. Como no, vaya en primer lugar mi sentido recuerdo, hacía la madre y madrina en el acto, en el que por segunda vez llevaba ante los altares a otro, el que quedaba soltero, de sus hijos, con lo que ello supone para el sentir de una madre, y que allá, donde seguro estará gozando de cuanto mereció por su paso por este mundo, habrá llevado a su recuerdo aquel inolvidable acontecimiento.

Hoy nos hemos reunido, acompañando a los entonces contrayentes, para comer, solo tres de los que entonces asistimos a la ceremonia, más otros tres, uno de los dos sobrevenidos de tal acontecimiento, y otros dos, de otra similar unión, aunque en mes y años posteriores, pero también dentro del clan de los "galanes".

Del matrimonio a que me refería anteayer, que entonces se cumplían treinta años de ello; del de hoy, que como cito, hace veintiséis, y del de mi hija que, dentro de seis meses aproximadamente se cumplirán diecinueve. ¡Qué más puedo pedir, que a la fecha actual se mantengan tal cual en las fechas de su unión, con la añadidura de dos hijos por cada uno de los matrimonios, y todo ello es el báculo principalísimo en que encuentro el apoyo que me hace deleitarme, como lo hago en esta fecha, al considerarme un hombre, total y absolutamente feliz! A Dios pido, mantenga la convivencia y unión entre cada uno de los núcleos familiares, más la también entre unos y otros, como lo están al día de hoy, y así, lo mismo que seguro llegará hasta el sentimiento de su madre, me mantengan a mí con la misma satisfacción y orgullo de contemplar, el mas que natural devenir en su caminar por la vida de todos ellos. Que así sea. Hasta la próxima entrada.

martes, 3 de abril de 2012

Otra doble efemérides



La ventaja o desventaja, de tener tantos años acumulados sobre mis espaldas, es que para este menester de mi blog, que huelga decir como figura en el título de "Recuerdos" dado al mismo, se me amontonan las efemérides de vez en vez para glosarlas en humildes relatos, para que cuando menos lleguen hasta vosotros, tal yo las conservo en el recuerdo, que os prometo las mantengo al día de hoy, tal cual sucedieron en su día. Como por costumbre tengo, comenzaré siguiendo el orden cronológico de sus aconteceres.


Hoy 3 de abril de 2012 y como figura en el título de esta entrada, se cumplen dos efemérides de esas que han ido, para bien, marcando hitos en el devenir de mi vida. Así tal día como hoy, pero de 1958. Jueves Santo por cierto, sobre las dos de la madrugada venía al mundo mi segundo hijo. Con respecto a este acontecimiento y procuraré ser lo mas breve posible, quiero hacer dos puntualizaciones y como no, también relacionadas con la que fue principal protagonista de ello y que desgraciadamente no se encuentra entre nosotros para recordárselo.

Como indiqué anteayer, el día 1º de abril de 1956 contraía matrimonio. A finales de aquel ya lejano abril, mi mujer (q.e.p.d.), le bajó la regla y en su consecuencia y como quiera que tenía unos grandísimos deseos de ser madre, le sobrevino una llantera que parecía no tener consuelo, y manifestando que tenía el presentimiento de que no llegaría nunca a tener hijos. Pues, dos años y dos días después de nuestro casamiento, nacía nuestro segundo hijo como hago constar anteriormente. Así que sus vaticinios como profeta para predecir cual iba a ser su maternidad, no estuvo muy acertada que digamos.

Pero a esta anécdota mencionada, quiero agregar otra no menos curiosa y también relacionada con ELLA. Resulta que mi mujer, y como buena "Toledo", que era su primer apellido y a su vez malagueña de pura cepa, sentía por la Semana Santa de su tierra una pasión inigualable y por encima de todas sus procesiones y quizá, por vivir a no mas de veinte metros de la Iglesia de San Pedro, y que la Guardia Civil, Cuerpo del que yo formaba parte en aquellos entonces, era también Hermano Mayor Honorario de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores, la noche del día 2 de Abril de 1958, estuvo porfiándome de que cuando menos la llevara a ver salir la "Expiración" como el pueblo malagueño conoce a dicha hermandad, petición que con todo el dolor de mi corazón tuve que negarle, y que le costó cierto disgustillo, dado que temía que en cualquier momento podría ponerse de parto. Como todos, por lo menos los malagueños sabéis, la procesión de la tan mencionada hermandad tiene su salida desde que yo vivo en Málaga, o sea hace mas de sesenta años, a las doce de la noche. Pues sabéis el resultado. Que cuando no hacía ni dos horas que los Sagrados titulares de la hermandad había salido a la calle, nuestro hijo también había hecho lo mismo; así que si hubiere accedido a ver la "Salida", las imágenes y el niño se hubieran dado la mano en las inmediaciones de la Iglesia de San Pedro.

Ahora vamos al segundo relato. Se dá la circunstancia de que 24 años justos después de aquel 3 de abril de 1958, o sea el mismo día pero de 1982, aquel niño también contraía matrimonio en la Ciudad de Zaragoza y la que se quedó con la gana de contemplar la salida de la Expiración veinticuatro años antes, su madre, ejercía de madrina. El convite de bodas se celebraba en el Hotel Oriente de la capital maña. Esta mañana cuando he llamado a mi hijo y mi nuera para felicitarlos, al primero por su cumple y a él y ella, por su 30º aniversario de boda, me comunicaban que hoy se iban a comer al mismo hotel en el que se le celebró el convite de bodas, pero ahora además de aquellos novios de entonces, iban acompañados de dos retoños que vinieron al mundo hace ya mas de veinticinco y mas de veintitrés años, respectivamente. La madre del novio, madrina de los contrayentes y abuela de los "retoños" citados, como citaba anteriormente, hace más de quince años nos dejaba, el padre y suegro de los entonces novios y abuelo de los dos hijos de los mismos, solo le queda el nítido recuerdo de aquellos inolvidables hechos, pero también la pérdida de quien conmigo tanto lo gozamos, y que junto a otros acontecieres similares, tanta felicidad me fueron trayendo y que Dios me la mantenga hasta que lo juzgue conveniente.

Hasta la próxima entrada.

domingo, 1 de abril de 2012

Primero de abril


Hoy, y como reza en el título, es el día primero de abril de 2012. Por supuesto que así es. Pero en este día, y por orden cronológico, se cumplen el 62º y 56º aniversario de los dos hechos sin duda mas trascendentes en cuanto a mi vida particular y personal se refiere.

Siguiendo ese orden, tal día como hoy de 1950 cambiaba mi catalogación de profesión u oficio, pasando de ser jornalero, a Guardia Civil. Pese a faltarme entonces aproximadamente un mes para cumplir los veinticinco años de edad, mas de quince llevaba ya metido en la vorágine de los trabajos del campo, como tal jornalero,donde realicé la inmensa mayoría de las faenas agrícolas, incluidos los relativos al olivar, e incluso casi dos años que también estuve realizando trabajo de minero, en una explotación carbonífera, y que como en alguna otra ocasión he dicho, mas que en pozos, podríamos decir merecían ser denominados como gazaperas. Nadie que haya ejercido de jornalero, donde, y yo fui un afortunado, el estar siempre pendiente de la terminación de un trabajo sin saber cuando, como o donde se presentaría otro, te llevaba a estar, como suele decirse, como el "alma en vilo" . A partir de, hace hoy sesenta y dos años, jamás volví a pasar por semejante situación. Tal cambio, aunque, y mas hoy, parezca un tanto humilde, dieron a mi vida una estabilidad en ese sentido del que como su consecuencia, hasta el día de hoy sigo gozando.

Pero si el relato anterior supuso un importante cambio en cuanto se refiere al modo y forma de ganarme el sustento, el segundo de los aniversarios, o sea en el que hoy se cumplen CINCUENTA Y SEIS AÑOS, acaecido precisamente el primero de abril de 1956, supuso a la larga el acontecimiento determinante en todo lo que a mí y a todo mi entorno sobrevenido, supusieron el sendero de mayor felicidad de todo cuanto hubiere siquiera podido soñar. Aquel primero de abril de 1956, era el final de la Semana Santa, o sea Domingo de Resurreción; hoy primero de abril de 2012, el principio de dicha festividad, o sea Domingo de Ramos. Bendito todo el acontecer entre aquél y éste.


Todo ello no podía ser por menos que hoy hace 56 años que contraje matrimonio. De aquel feliz acontecer, de lo que la principal artífice se me fue hace más de quince años, me queda y sigo rodeado por toda la descendencia con la que tal unión quiso darme Dios, con la añadidura de todo cuanto además no me falta, y así le pido me lo siga manteniendo por el resto de los días que en el caminar por esta vida me tenga reservado.


Hasta la próxima entrada.