domingo, 17 de enero de 2010

Festividad de San Antón

Hace unos momentos cuando regresaba de Misa hasta mi domicilio y recordando que hoy es la festividad de San Antón, se me venía a la memoria el tal día como hoy, pero del año 1944. Por tanto de aquel día se cumplen hoy SESENTA Y SEIS años. Así y a bote pronto me parece que fue ayer, pero si intentara ir desbrozando siquiera los hechos acaecidos en todo mi entorno desde entonces, se vería que es toda una vida.

Aquel 17 de enero de 1944, que me encontraba trabajando en la fábrica de aceite de La Calera, una gran parte del personal que se hallaba en las faenas de recolección de la aceituna en dicha finca y que rebasaba en bastantes el numero de CIEN, previa autorización del arrendatario de la misma, fuimos en una especie de romería a celebrar la festividad al pueblo de Obejo. Yo por mi parte, iba aquel día como quien dice estrenando novia. Desde poco antes de la Navidad anterior, había establecido unas relaciones de noviazgo con una joven, pero a la usanza de los novios de la época, al punto que transcurridos más de veinte días, ni siquiera habíamos tenido la ocasión y oportunidad de darnos un beso. Toda mi ilusión estaba concentrada en el regreso al cortijo, si lo hacíamos una vez hubiera anochecido. Así sucedió y entre otros yo fui uno de los artífices de que sucediera tal cual. Creo que en mis "MEMORIAS" ya relaté con toda profusión este acontecer. Aprovechando la oscuridad reinante en el regreso, besaba por primera vez a una mujer como novia. Hoy resulta ridículo hacer mención a semejante hecho. Entonces marcaba un antes y un después en la vida de un o una joven. Para mí así fue.

Luego, pasando a otra cuestión, recordando la distancia recorrida en la ida, la realizada en el pueblo durante las siete u ocho horas que estuvimos allí y también las del regreso, no serían menos de treinta kilómetros los andados durante la jornada. Para mí, fue un soplo y el tiempo mas rápido que se me pasó y el que mas sentí de que hubiera pasado. Hoy que entre la ida y la venida de Misa, tirar la basura y comprar el periódico no creo haya recorrido mas de un kilómetro, cuando llegaba a la puerta de mi casa y una vez subidos 45 escalones, solo se me apetecía sentarme y descansar. La diferencia de los 18 a los 84 años, tienen la culpa de todo. Solo en esos momentos en que se traen a la memoria tales recuerdos, parecen vivirse por unos instantes los felices años de la JUVENTUD. A pesar de todo, y una vez que sosegadamente voy rumiando el acontecer desde aquel día hasta el de esta fecha, no puedo por menos que dar gracias a Dios por todo ese PASADO, del que seguiré agradeciéndolo hasta el final de mis días.

Bueno, por hoy solo esto, y hasta otra entrada

sábado, 9 de enero de 2010

La última salida

Son las nueve de la mañana del día 9 de enero de 2010. Hace trece años en estos instantes, mi mujer efectuaba su última salida de esta su casa, en la que durante mas de treinta había sido su REINA. Yo, en aquellos momentos tenía el presentimiento de que jamás volvería a verificar su entrada en la misma. Así fue. El vacío que dejó al salir entonces de este hogar, no solo no ha sido ocupado hasta ahora, si no que tampoco es posible efectuarlo. Pero si resultaría difícil suplantar su persona, de todo punto imposible hacerlo de su obra. La entrega que aquella mujer, esposa y sobre todo madre hizo de su misión como tal, habrá quien pueda igualarlo, jamás superarlo. Sus hijos, su marido y su casa estaban por encima de toda cuita hacia su propia persona. Aquella obra resplandece trece años después. Aunque de ello lo estuvo gozando hasta su ida, vaya este relato para su memoria como agradecimiento de los que tuvimos la dicha de ser beneficiados de su abnegada entrega.

Valga esta escueta entrada en el blog, adobada con bastantes lágrimas, como homenaje a aquella MADRE Y ESPOSA, de la que su recuerdo imperdurable, será el pago mínimo a su ingente obra. Si no lo recibes, que vague por toda la eternidad este beso que te envío.

Hasta otra entrada.

jueves, 7 de enero de 2010

Pasaron las fiestas


Hoy siete de enero de 2010. Han pasado las fiestas de Navidad-Reyes 2009-2010. Son las diez y media de la mañana y termina de caer un gran zarpazo de agua, aunque de una forma no tan fuerte ha estado lloviendo toda la noche. No recuerdo un temporal de agua tan continuado como el de este invierno en Málaga en los cerca de sesenta años que llevo aquí. Pero no era de esto lo que quería tratar al entrar hoy nuevamente en este blog, si no de que con las fiestas también han terminado las minivacaciones que conllevan las mencionadas festividades.

Mis hijos, incluidos los "políticos", y mis nietos, ya cada uno estará en sus ocupaciones cotidianas. Yo también. Lo mío es ir remontando pausadamente y con cautela la cuesta del tiempo. A estas alturas de la vida, dirigir la vista al horizonte venidero alcanza como máximo algunos meses e incluso el próximo fin de año le parece a uno una meta dificultosa de alcanzar. Luego, Dios dispone.

Como para un anciano, aunque a mí particularmente me cueste trabajo considerarme como tal, la mayor parte del tiempo disponible, que es todo, lo dedicamos al recuerdo de lo acontecido. Son innumerables los aconteceres que durante tan largo tiempo se han venido sucediendo. Sin ninguna duda, los mas entrañables de todos son los que tienen una relación directa con la familia. Así se van sucediendo y vienen a la memoria desde los lejanos y nebulosos recuerdos de la infancia, hasta los recientemente acontecidos. De aquéllos, solo van quedando los posos que al fin también fueron formando la propia personalidad de cada cual. De éstos, y me refiero a los que a mi personalmente se refieren, no puedo por menos que sentirme excelentemente gratificado al poder contemplar cuanto de felicidad se goza en los entornos familiares de los míos. Y digo míos, con la solemnidad de propiedad que uno se atribuye toda su descendencia directa y no es que se sea de condición posesiva, si no ese "no se qué" que se incrusta en lo mas profundo de los sentires cuando de eso tuyo se trata.

Todo lo expuesto produce tanta satisfacción, que solo levemente lo empaña el temor de que en alguno de los componentes de esos "míos", pudiera cambiarle el rumbo de su actual situación. Ése es el deseo que más pido y que su contemplación sea percibida desde donde se halle, LA QUE FUE PRINCIPAL ARTÍFICE DE LA CONSECUCIÓN DE ESTE ENTRAMADO FAMILIAR.

Se me ha ensanchado el alma al dejar constancia de los sentimientos que en estos momentos me estaban inundando todo mi ser.

Hasta la próxima entrada

jueves, 31 de diciembre de 2009

Doblando la esquina


Faltan escasos minutos para las diez de la noche del día 31 de diciembre de 2009. Termino de cenar en una soledad libremente elegida. Durante esos momentos de recuerdos a que invitan el tiempo en que nada ni nadie te distraenlos pensamientos, los míos han vagado hacia atrás, como es natural, trayéndome a la memoria la mayoría de las Nocheviejas a los que abarcan mi memoria. Voy a hacer mención a tres de ellas, que posiblemente marcaron escalones en el discurrir de mi ya larga vida, aunque no exista comparación posible entre ellas, dado a que de cada una voy a marcar el instante que mas recuerdo de ellas.

La primera, es la que se refiere a la relativa del 31 de diciembre de 1939. Me encontraba en La Calera, donde formando pareja con mi madre nos dedicábamos a la cogida de aceitunas. Por la faneguería, como se denominaba al conjunto de personas que componían todo el entramado de la recolección formaron una pequeña fiesta. Yo por mi edad, 14 años, no tomé parte en ella. Mi madre tampoco. Demasiadas preocupaciones graves se lo impedían. Mi padre en la cárcel y mis hermanos, los cuatro menores que yo, quedaban en el pueblo al cuidado de mis tías. Me quedo con el deseo que sentía porque mi padre saliera de la cárcel y el detalle que sentía de que en el año que iba a entrar cumpliría los quince años, y ese cambio de decenio, de los treinta a los cuarenta. De aquello se cumplen hoy, nada menos que SETENTA años.

La segunda a que voy a referirme, aunque tal vez pueda parecer insignificante el detalle que voy a resaltar, y aún no dudo que pueda serlo, para mí, quizá pudo cambiar el rumbo en el devenir de mi vida, que a la vista de como luego se ha desarrollado, puede que no hubiere sido peor, pero lo que si puedo afirmar es que mejor hubiere sido imposible.

El 31 de diciembre de 1947, rompía unas relaciones amorosas un tanto raras y dificultosas con una joven de mi pueblo y que por motivos que serían largos de explicar, fue la consecuencia del único caso en mi vida, que fui tramando voluntariamente, como una venganza por sus comportamientos hacía mí. Desde entonces he sentido cierto remordimiento por la forma y modo en que lo lleve a efecto, sin duda, aunque no violentos, si con cierta intencionalidad de producir un efecto, que sin duda fue un tanto excesivo a las causas por las que me indujeron a ello. Aunque con ella no he vuelto a hablar desde entonces, en mis interiores y sentimientos he mostrado cierto arrepentimiento y hoy mismo sigo haciéndolo. Tal vez en ella, sus consecuencias pudieran haber sido poco ventajosas. Claro esto es jugar a las suposiciones. Pero como suele decirse, a lo hecho pecho. SESENTA Y DOS AÑOS, han pasado de eso.

La tercera de esas Nocheviejas que voy a referirme, es la de 1996. Sin duda y sin punto de comparación, la que mas mella ha hecho en mis sentimientos y de cuyos efectos no podré desprenderme en lo que desde entonces he vivido y lo que pueda quedarme de hacerlo. Aquel momento, en que a petición de mi mujer, preparé las 24 uvas para tomárnoslas cuando sonaran las campanadas de las doce la noche y que cuando llegó la hora, por la extrema debilidad física en que se encontraba solo pudo comerse cinco o seis, después de darnos un beso, mirándome fijamente a los ojos pronunció una frase que aún sigue destrozándome el alma y que fue la siguiente. "El año que viene no estaré aquí para tomarnos las uvas juntos. Cuando me muera, tu cásate otra vez porque eres muy trabajoso y le vas a dar mucho la lata a tus hijos". ELLA fueron las ultimas uvas que se tomó una Nochevieja. YO también.

Son las once de la noche me voy a meter en la cama a leer un rato y entre renglón y renglón continuaré repasando los recuerdos de otras muchísimas Nocheviejas, que junto a ELLA y en compañía de otros amigos las disfrutamos a TOPE. Mis recuerdos sobre estas últimas citadas, JUSTIFICAN LA DICHA DE HABER PASADO POR ESTA VIDA.

Dentro de una hora volveremos la esquina última de 2009, por el que no volveremos a pasar y entraremos en el 2010. Que pueda salir de él, será otro cantar y no depende de mí. Por falta de deseo que no quede.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Festividad de Santa Bárbara

Casi un mes llevaba ya si entrar en el blog. Hoy la festividad de Santa Bárbara, me ha traído al recuerdo de cuando este día era el de mi patrona. En dos situaciones distintas y muy diferentes la una de la otra, en esta fecha celebrábamos esta festividad. La primera era de cuando yo trabajaba en la mina y la segunda de cuando fui a la mili, en que me destinaron a Artillería.

De la mina, por lo menos para mí, lo único que me gustaba es que no trabajábamos y nos pagaban el sueldo. Nos reuníamos los compañeros, tomábamos unas copas y nos dedicábamos a comentar cosas del trabajo, que por cierto era novedad eso de trabajar bastante gente en una mina y que no estaba lejos del pueblo.

Pero lo que me ha hecho reaccionar hoy al recordarlo, fue la primera patrona que pase en el ejército, que aunque yo prestaba el servicio en Capitanía, lo hacía entonces como agregado y seguía perteneciendo al Regimiento de Artillería 14. Lo que mas recuerdo de aquella fiesta, fue la participación del torero Pepe Luis Vázquez, uno de los grandes de la fiesta en aquellas fechas, y uno de los mejores de todos los tiempos en la faena de capa y que como había prestado el servicio militar en aquel Regimiento, se brindó a matar un par de novillos aquella tarde y fue un éxito rotundo.

Con el reposo y sosiego que me dan los sesenta y tres años transcurridos de aquella fecha, me bulle en el sentimiento cierta tristeza de aquella juventud que entonces disfrutaba y de la que hace ya bastantes años perdí. Cuán diferente fue el transcurrir de aquel 4 de diciembre de 1946 al de hoy 4 de diciembre de 2009. Aquellos veintiún años con que entonces contaba a los ochenta y cuatro de hoy. Unos deseos e incertidumbres de lo que habría de ser mi futuro, sobre todo y como en muchas ocasiones los he citado, eran cual habría de ser mi actividad con la que habría de ganarme el sustento y quién y cómo sería la mujer con la que me casaría. Ninguna de esas dos preocupaciones las veía nada claras. Soñar, soñaba con todo lo habido y por haber, pero si alguien en aquel día, me hubiera dicho como iba a ser todo el desarrollo en el futuro de aquellas inquietudes, primero le daría las gracias por los buenos designios que me anunciaba, pero que todo sería fruto del buen deseo que en ello tuviera, y de haberle creído, tal vez se hubiera quedado entre mis brazos por el fortísimo apretón que le habría dado. Lo que jamás le hubiera dado por acertado, si me hubiere dicho que en tal día como hoy de 2009, estuviera todavía transitando por este mundo de Dios con todo el enorme capital familiar y humano que me rodea, aunque con la gran falta de la que se fue hace ya cerca de trece años.

Al recordar aquel 4 de diciembre de 1946, me ha traído a la memoria a mi paisano José Carrillo Gómez, que era de mi "quinta" y los dos fuimos destinados al mismo Regimiento y que, como no estuvimos juntos todo el día. Él, hace ya algunos años que falleció.

Hasta otra.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Hoy hace veinte años...



Tal día como hoy de hace 20 años, Málaga sufrió las inundaciones mas graves que yo haya presenciado durante los cerca de sesenta que llevo viviendo en esta bendita ciudad.

Creo serían alrededor de las doce de la mañana de aquel 14 de noviembre de 1989, el cielo de Málaga se cubrió de unas negrísimas nubes al punto de que parecía se había echado la noche encima. Esas nubes comenzaron a descargar agua de tal forma que la cortina que formaba el líquido elemento no permitía ver a escasos metros de distancia. La cantidad de agua caída en tan poco tiempo comenzó a desbordar varios arroyos que venían a parar a la ciudad, lo que terminó por inundar una gran parte de sus calles y barrios, al no poder ser absorbida por la red de saneamiento de la misma.

Los daños fueron cuantiosos y la espectacularidad de la inundación era grandísima. La riada arrastraba cuanto encontraba a su paso, entre lo que se encontraban muchos automóviles que eran llevados como simples barquitos de papel.

Aquí en mi barrio, donde vivía y lo sigo haciendo, solo se podía acceder utilizando pequeñas embarcaciones. A mÍ, que me cogió en el trabajo, en otro barrio, ni siquiera me fue posible venir a almorzar, no pudiendo regresar hasta altas horas de la tarde.

Hoy, 14 de noviembre de 2009, hace en Málaga un día extraordinario en cuanto a la meteorología; el agua que entonces sobraba, hoy haría falta alguna de ella. Pero a más del agua que echo en falta, lo hago infinitamente más la ausencia de mi mujer con quien poder comentar lo acontecido. Cuando aquella tarde-noche regrese aquí a mi casa, ELLA,me estuvo contando que se había pasado la mayor parte del día asomada al balcón viendo como la mayor parte de los coches que estaban aparcados en la calle, estuvieron varias horas flotando y a merced de las corrientes de la riada. HOY, me la imagino asomada en la terraza de la GLORIA, contemplando a los ángeles del cielo bogando las góndolas que en su presencia surcan las tranquilas y sagradas aguas de los lagos celestes, ante la observancia del transitar de los suyos por este otro mundo, diferente del que ella mora en estos momentos. Quizá esta situación sea el mejor regalo que desde aquí podemos ofrecerle, además del recuerdo permanente que desde entonces me produce su ausencia. Veinte años de aquellas inundaciones; cerca ya de TRECE, que hace que me falta.

Hacía días que no entraba en el blog, hoy los recuerdos señalados me han llevado a ello. Hasta otra entrada.

sábado, 24 de octubre de 2009

Otra vez San Rafael


Aunque no oficialmente según lo establecido por la Iglesia, así en Córdoba como en mi pueblo, Villaharta, hoy 24 de octubre se celebra la festividad de San Rafael. Como hace muchísimos años, hoy he vuelto a rebuscar en "mi caja de los recuerdos", trayendo a mis manos aquella postal que en tal día como hoy pero de hace 63 años, o sea en 1946, recibía de mis padres como felicitación por mi onomástica. Tras estar mirándola y releyéndola largo rato, un nudo en la garganta se me ha hecho y todavía no se me ha ido del todo.

En aquella fecha, yo tenía 21 años; mi madre 49 y mi padre 48. Aquélla, hace quince años que falleció, éste cincuenta. Bajo la felicitación que entonces escribió mi madre, años después, mi mujer, a lápiz, reprodujo lo mismo que mi madre había hecho en su día. Ésta, también se fue hace más de doce años. Que profundo llega el releer pasados tantos años aquellas letras, que ni de oro que fueran otras, en mi causarían la menor impresión.S in embargo éstas, que vuelvo a mirarlas, dado a que tengo ante mí la postal citada, con la imagen de San Rafael, me están llegando a lo mas profundo de mi ser. Tan humilde documento ¿cómo es posible que surta tan penetrante efecto? La extrema sensibilidad de un anciano, y el traer al recuerdo las personas incursas en esta postal, lo han conseguido.

Hoy las calles de mi pueblo habrán sido recorridas en procesión con la imagen del Arcángel, igual que lo harían aquel 24 de octubre de 1946. Yo no pude presenciar ni aquélla ni la de hoy. Los sentires y recuerdos de una a la otra, cuán diferentes son. La edad que yo contaba entonces, la sobrepasan dos de mis nietos y otro le quedan días para llegar a ella. Dos de mis hijos rebasan la que entonces tenían mis padres. Yo, en 1946, lo que más echaba de menos era el paseo por la carretera y después, el baile de la tarde y de la noche. Hoy como no, la falta de mis padres y por encima de todo la de mi mujer. También sería difícil hacerme en estos momentos bailar siquiera un pasodoble.

Bueno, me voy a poner a ver el partido de baloncesto entre el Barcelona y el Joventut a ver si me estado de ánimo se eleva un poco.

La primera felicitación que he recibido hoy, ha sido la de Silvia de "Teleasistencia" desde Jaén, que como sabéis es un servicio que se presta a los ancianos que viven solos. Yo, gracias a Dios, físicamente estoy solo en mi casa, pero siempre arropado por el cariño y atención de los míos y también, por ese gran cúmulo de felices recuerdos que conservo, aunque al traerlos a la memoria, algunos por razones obvias causen cierta tristeza.

Hasta otra entrada.

domingo, 11 de octubre de 2009

Sensibilidades a tope



Hoy está siendo uno de esos días, en que mis sensibilidades están a punto de desbordarse. Esta mañana me he levantado con un ligero dolor de cabeza, un poco de tos, y también cierto malestar en todo mi cuerpo.

Me duché de muy mala gana, después de pensarlo durante un buen rato, me decidí ir a misa. Durante la ceremonia y sin saber porqué, en varias ocasiones tuve las lágrimas queriendo asomarse al exterior de mis ojos. ¿Y a que se deberá todo ésto? Sin duda habrán confluido varias circunstancias, que aupadas por ese ligero malestar físico, como si estuviera a las puertas de una leve gripe, me tienen en el estado que estoy relatando. El partido de baloncesto entre el Unicaja y el Fuenlabrada, lo he visto a trozos y con una gran indiferencia, sin que las diferentes alternativas en el juego me importaran un bledo, como así tampoco el resultado final, que si por algo lo he sentido, ha sido por la decepción que algunos de los mios se habrán llevado. ¿ Tendrá también algo que ver en todo esto, las fechas en que estamos, víspera de la Patrona de la Guardia Civil?

Cuando he terminado el relato en el punto anterior, he recibido una llamada telefónica del Guardia Enrique que estaba conmigo en Armamento, preguntándome que si yo había estado hoy en misa y al contestarle afirmativamente, me dice: "Yo no sabía que la Misa y los actos de la Patrona se celebraban hoy", circunstancia que yo también ignoraba, al punto de que tenía intención de asistir mañana, por lo menos a la Misa.

Ese cambio en la celebración de los actos de la Patrona me ha dejado descolocado por completo, aunque parece que todos esos sentimientos hacia recuerdos pasados en esa festividad, que me estaban atosigando, han desaparecido, aunque no por ello me he retrotraído a tiempos pasados TOTALMENTE FELICES, con la agravante de que jamás volverán, y la confirmación de como suele decirse "los tiempos cambian". De haber vivido mi mujer, tengo la seguridad hubiere censurado con toda contundencia el cambio de los actos al día anterior del 12 de octubre, sin una razón que le obligara a ello. Bueno, adiós por este año a mi asistencia al Cuartel de Los Ángeles, donde por lo menos solíamos vernos cada año muchos de los viejos compañeros y recordar alguna de nuestras batallitas.

Por otra parte instantes antes de comenzar mi NUEVA ENTRADA en este blog, estuve repasando la entrada de ayer, y contemplando la fotografía que mi nieto Rafita, como viene haciendo en todas, me ha colocado una que tenga relación con lo escrito ese día, siendo esta vez, una foto de la TORRE DE LA SAL, la cual daba motivo al nombre del puesto, aunque oficialmente se denominaba "Torrelasal". Estuve un rato contemplando con cierta nostalgia esa foto, llevándome a quitarme casi sesenta años de encima, y al propio tiempo constatar la diferencia que en el nivel y clase de vida de los componentes de la Guardia Civil, igual que el resto de los españoles han experimentado en ese mas de medio siglo pasado.

Al final. parece que todos los cambios en la celebración de la Patrona del Cuerpo y que por sorpresa me han llegado, han despejado un tanto mis sentimientos, sin duda por la imposibilidad de haber asistido a ellos, como siempre que he podido había hecho, especialmente como recuerdo y homenaje a ELLA, mi mujer.

Otra página de mi historia que pasa y en esta caso, sin haber llegado. Hasta otra nueva entrada.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cambio de destino


Tal día como hoy de hace cincuenta y ocho años, a esta misma hora de las 11'30 de la mañana viajaba a bordo de un camión desde Sabinillas hasta Málaga. Motivaba este viaje mi primer cambio de destino que se llevaba a efecto desde el Puesto de Torrelasal, (hoy desaparecido), distante aproximadamente un kilómetro de la indicada barriada de Sabinillas, hasta el Puesto de Aduana de esta Capital.

Creo que ya lo reflejé en otra entrada en este blog el pasado año, un nudo en la garganta y unas lágrimas asomaron a mis ojos, cuando circulaba frente al acuartelamiento que dejaba atrás, debido todo a mi excesiva sensibilidad por el afecto y cariño que siempre tuve hacía las personas con las que he convivido y compartido tareas de servicio u otra actividad. Asimismo y por extensión también me afectaba al estado de ánimo todo el entorno en que me había desenvuelto durante los últimos catorce meses y como añadidura, un cortijo en la misma ribera del río Manilva, no mas de quinientos metros del cuartel, donde conocí a una joven con la cual formalizamos una relación de noviazgo, aunque después, ésto no llegó a nada.

Principalmente, dos incógnitas se apoderaban de mis sentimientos durante el viaje. Una cuántos cambios de destino me quedarían por realizar en los treinta años que aun me quedaban por delante de permanencia en la Guardia Civil. La segunda y mas importante, si este primer cambio de destino que voluntariamente se llevaba a efecto, me sería perjudicial o beneficioso en lo que me restaba de servicio y en todo lo que afectaba a mi persona como tal. Sin en aquellos instantes alguien me hubiera dicho lo que aquel cambio de destino habría de suponer en mi vida, tal vez le hubiera contestado, que sus vaticinios obedecían mas al afecto o cariño que sintiera por mí, que a la propia realidad de lo que sucedería. Sin duda su imaginación, por grande que fuere, se hubiera quedado corta en lo beneficiosa que finalmente resultó.

Dejando aparte los importantes destinos que fui consiguiendo con el paso del tiempo, no tuvieron punto de comparación con lo que me estaba reservado, por el conocimiento de aquella mujer con la que llegué a formar el núcleo familiar mas valioso de cuantos puedan realizarse. BENDITA AQUELLA DECISIÓN QUE TOMÉ AL SOLICITAR EL CAMBIO DE DESTINO DESDE TORRELASAL A MÁLAGA. En esta ocasión resulta agradable volver el recuerdo y la vista atrás. Que continúe.

Hasta otra.

viernes, 9 de octubre de 2009

Solamente recordarlo


Aunque el año pasado en esta misma fecha relaté en este mi blog con profundo lujo de detalles, la efemérides de dos aniversarios que se cumplen este día, como lo son, por proximidad el casamiento de mi hija, y por lejanía, la salida para el exilio durante la guerra civil española; la primera el año 1993, la segunda en 1936. No obstante a que como cito ya dejé constancia en mi entrada del pasado año, no puedo dejar pasar por alto lo acontecido en los momentos indicados.

Como me está pasando en estos momentos, me sucedía en la entrada que hice en 2008, y es el pensar si el próximo año me hallaré entre los vivos para volver a traerlo a mi memoria. En un año se suceden infinidad de acontecimientos, que así a vista de pájaro desde la distancia y en resumen podría decirse que han parecido un soplo. Un año a estas alturas de mi vida son todo una larga travesía que renqueando cuesta trabajo superarlo. El peso de los años que se van cumpliendo, resulta una onerosa carga que por mucho que uno quisiera, es imposible desprenderse de ella, y se convierte en un lastre que agrava el resto de inconveniencias que se van acumulando durante la travesía de esa anualidad. Por fortuna, en el año transcurrido desde ese 2008, aunque con ciertas circunstancias que a las primeras de cambio, hubieran podido parecer de cierta preocupación, una vez pasadas, no lo han sido tanto y en estos momentos firmaría, por que el espacio que nos separa hasta el próximo de 2010, lo fuera no mejor que este pasado, aunque tampoco peor por supuesto.

Lo principal de este último transcurrido, ha sido que los míos lo han hecho sin contratiempo alguno e igualmente a como lo hago para mí, así lo deseo que para ellos lo sea en la misma medida y circunstancias de las que han vivido este último.

Finalmente y pese a mi permanente recuerdo hacia mi mujer, en estas fechas mas que nunca, echo en falta su compañía con quien también poder compartir y comentar estos hechos pasados. Su felicidad sería inmensa al contemplar como es el discurrir de las vidas de nuestros hijos y nietos. La que yo gozo, con el entrañable amor que siempre y por siempre sentí y sentiré por ella, se lo envío unido a ese mi permanente recuerdo.

Esta última entrada al blog ha sido un tanto tardía, espero no lo sea tanto la próxima.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Septiembre se va terminando

Hoy es uno de esos días en que un constante martilleo en la imaginación, siempre termina llevándome hasta aquel lejano septiembre de 1938. Todo ha comenzado esta mañana al traerme a la memoria de que hoy se cumplían OCHENTA Y CUATRO AÑOS, en que me hicieron la primera fotografía de mi vida. Era el segundo día de la Feria de Pozoblanco de 1925. Esto me dio que pensar en la lejanía de esta efemérides y tal vez por tratarse del mes de Septiembre, ha terminado por encastillarme en el citado de 1938. Durante este último ciado mes, creo que terminó mi niñez, cuando solo contaba trece años de edad.

No recuerdo la fecha exacta, pero durante el mismo, mi padre fue movilizado y trasladado al frente de Extremadura. Estábamos en el tercer año de la Guerra Civil Española. Cuando mi padre se despedía de nosotros, mi madre y cuatro hermanos más, cuando lo hizo de mí, me hizo la siguiente recomendación. "A partir de ahora, tú tienes que hacer de padre de tus hermanos, y ayudarle a tu madre en todo lo que necesite". Dada la situación en que quedaba la familia, mi madre y cinco hijos, el mayor que era yo con trece años y la más pequeña de cuatro. Semejante recomendación caló en mí tan profundamente, que aún hoy, tras haber transcurrido setenta y un años, lo llevo enmarcado en mi propia conciencia.

Unos días después de este acontecer, yo me estrenaba como pastor con un rebaño de ovejas que pertenecían a los Servicios de Intendencia del Ejército de la República. Todo este batiburrillo de recuerdos, me han llevado también a establecer una comparación, con lo que son mis pensamientos en la actualidad y los que tenía durante aquellas larguísimas jornadas de diez o doce horas diarias, día por día sin descansar ni uno siquiera, donde solamenmte cruzaba no más de una docena de frases al día con el mayoral y con otro hombre que formaba también parte de los pastores del rebaño. El primero tendría alrededor de los cincuenta y cinco años; el segundo cuando menos, diez más y yo que tenía trece. Como digo, en tan interminables jornadas mi pensamientos vagaban en la inmensa mayoría de los casos en lo que sería y me esperaría en el futuro. En el pasado, nunca me llevaba a recordar mas de escasos segundos, donde inmediatamnete se topaba con el inmediato recuerdo de mi infancia que tan próxima quedaba.

Mis principales deseos en aquellos momentos como es de suponer, eran el que finalizara la guerra, regresara mi padre, nosotros también lo hiciéramos a nuestro pueblo y esperar el futuro. En cuanto a mí, particularmente, solo me llevaba en dos direcciones que eran la una, en lo que sería mi dedicación laboral o profesional cuando fuera mayor y, la otra como sería la mujer con quien llegaría a casarme. Todo esto tenía unos horizontes tan lejanos, que mi imaginación la diluían en los confines del tiempo. Mis pensamientos de hoy, son totalmente lo contrario de aquellos que se perdían allá por el infinito, que en recordar el pasado y recorrer todas mis vicisitudes se llevan un tiempo. Por su contra, el futuro se vislumbra a una distancia tan corta y tan poco deseable que tan pronto se vienen a mentes esta idea, es rechazada por inconveniente.

Bueno, con el dejar constancia de estas añoranzas del pasado lejano, he conseguido cuanto menos salir de ese atascamiento en el que se habían metido mis pensamientos y del que no había forma de deshacerme de ello.

Hasta otra.

martes, 15 de septiembre de 2009

Es cierto que han terminado las vacaciones

Hoy cuando he llegado aquí a casa de mi hija, no había nadie en el domicilio. Pese a lo esperado por sabido, se me demostraba que las vacaciones del verano de 2009, habían terminado. Cuando ante mi vista se mostraba la soledad en que se hallaba la casa, mis pensamientos volaban en esos instantes sobre todos mis hijos (nueras y yerno incluidos), así como también sobre mis seis nietos. Los primeros los suponía inmensos en sus habituales ocupaciones y trabajos llevando a cabo lo que en sus consecuencias les estaría previsto.

A mis nietos, a uno, lo suponía entregando su proyecto de fin de carrera, con la esperanza de que su aprobación lo fuera con la mayor calificación posible. Los dos siguientes, esperando la iniciación del curso en su último año de carrera. Otro, dando sus primeros pasos en el contacto con la facultad en su inicio de carrera. Otro iniciando su tercer curso de la enseñanza media y por ultimo el benjamín de todos, estrenándose en el Instituto. ¿ Y yo, que hago? La rutina que vengo ejerciendo desde hace mas de veinticinco años.

Pensándolo despacio, saco la conclusión de que los ancianos, somos un mundo aparte de la mayoría de los mortales. Nuestros pensamientos, vagan sobre el posibilitar de mantener el estado de salud lo más llevadero posible y principalmente el deseo continuado de que los nuestros consigan y alcancen las mayores cotas en los objetivos que sin duda tienen en sus mentes. Éstos, eran los que hace muchos años ocupaban nuestras expectativas, como no, el tiempo también lo pulveriza todo.

Un detalle, aparentemente irrelevante, me ha conmovido hoy más de lo que hubiera pensado en su momento. Cuando he terminado de hacer el gazpacho, como a diario he venido haciendo durante este verano, un pellizco de desilusión he sentido, al no poder haber llevado a mis dos nietos un vaso de este suculento caldo, que con gran satisfacción recibían por la deferencia de su abuelo. Nada en la vida deleita tanto como lo que se hace en favor de los nietos y en sus rostros aparece la expresión agradecida del detalle recibido.

Ahora toca esperar diez meses que lleguen las vacaciones del verano próximo: ¿las veré? Hasta la próxima entrada.

martes, 8 de septiembre de 2009

Rumiando

Hoy se celebra en Málaga la festividad de su patrona, Nuestra Señora de la Victoria. Ninguna actividad laboral ni comercial se practica hoy en la Ciudad.

Yo, como todos los días festivos no he ido a casa de mi hija, dejándoles a ellos la libertad de acción para que vayan donde les plazca con sus amistades o compañeros, sin que tengan que llevar además las inconveniencias que supone el tener que "cargar" con un anciano. Espero que nadie se moleste con este aparte que hago, de lo que puedan suponer sus correrías festivas, cuya circunstancia la hago igualmente extensivas al resto de mis hijos, en cuanto a ellos pudiera referirse, pero con toda objetividad y salvo en algunos casos excepcionales, como lo considero, así lo expongo.

Después de la inútil parrafada anterior, esta entrada en mi blog no la hecho para ésto, sino para otras de las circunstancias para las que me he metido en este berengenal del blog, que no es otro que para el "RECUERDO" de lo que fue y sigue siendo mi propia vida.

El pasado día 16 de agosto, me llevó mi hijo Rafael a realizar un recorrido por la mayoría de los puntos donde lo hicimos la familia, mis padres y hermanos, con otros allegados, durante dos años y medio en que estuvimos exiliados durante la Guerra Civil española. Estos puntos lo fueron Pozoblanco, Pedroche y Torrecampo, (además de Villanueva de Córdoba), todos ellos pueblos del Valle de los Pedroches de la provincia de Córdoba.

Hoy, en este recogimiento en mi propio domicilio, sin nada que me distraiga de otros pensares, y escuchando un programa de música de aquellos mis lejanos años de la juventud, me he entregado a rumiar los recuerdos de ese viaje que he citado. Esa recordación me transporta mas de setenta años atrás, pasando paso a paso por mi mente todas las vicisitudes que durante aquel período de tiempo atravesamos toda la familia. Desglosarlo punto por punto, creo que lo hice con la suficiente amplitud en mis MEMORIAS, y que no por ello, hoy han dejado de producir en los íntimos sentimientos todo cuanto aquello supuso, principalmente para mis padres que estoy seguro lo llevaron consigo hasta el fin de sus vidas.

En mí, especialmente este viaje me produjo volver la vista a una niñez y entrada en la adolescencia, con unas actividades a que las circunstancias nos obligaban a realizar totalmente ajenas a las que por nuestras edades hubiéramos estado dedicados en épocas de normalidad. Lo que mas hondo caló en mis sentimientos, fue cuando se exponía a mi vista el Cementerio de Pedroche, donde se dio sepultura en septiembre de 1937, a un hermano mío que falleció cuando solo contaba cinco o seis meses de edad. Su ataúd fue construido por mi padre y un tío mío, con unas tablas recogidas de unas viejas cajas que había en el cortijo donde nos hospedábamos; su traslado hasta el cementerio a lomos de una yegua que teníamos y su enterramiento sin mas ceremonia que la excavación de su propia fosa por el enterrador y ayudado por mi padre y mi tío, ya citado. Pocos días después cambiamos de residencia, que aunque del mismo término municipal, bastante distante del que dejábamos. Jamás nadie volvió a visitar la tumba de mi hermano. Lo que fuera de sus restos, nunca lo supimos. Su paso por la vida fue tan efímero como carente de pompa su entierro. Mis padres sin ninguna duda lo llevaron en su sentimientos y recuerdo toda su vida. Yo, con toda sinceridad también, lo he traído a mi recuerdo en muchas ocasiones. El pasado 16 de agosto, cuando tenía a mi vista el Cementerio de Pedroche, interiormente y en silencio rezaba por él. Hoy he vuelto a hacerlo,a la vez que por mis padres, haciéndome una idea de lo que aquel suceso pudo suponer para ellos. Esas eran las consecuencias de una guerra.

Que jamás los míos, puedan vivir semejantes aconteceres.

Hasta una nueva entrada.

domingo, 30 de agosto de 2009

Adiós vacaciones



Hoy, a las diez y media de la mañana, una vez regresado de misa, he cerrado con llave la puerta de entrada a mi piso. Terminada esta operación, me he quedado unos instantes mirando cara a la puerta con cierto aire de melancolía, al traerme a la cruda realidad de que las vacaciones del verano de 2009, habían finalizado. Tal vez podréis pensar quienes leáis esta mi otra vez tardía entrada en el blog, de que yo estoy todo el año de vacaciones. En partes, nada más cierto. Mi actividad física, desde hace bastantes años, viene siendo la misma todos los días y por tanto mi vacar lo será hasta el final de mis días.

Siendo así todo como queda expuesto, yo me paso nueve meses del año, o sea desde el primero de Septiembre al treinta y uno de mayo, pensando y deseando que llegue el mes de Junio en que pienso que en ese momento se llega al pórtico de las vacaciones de verano. Nada en el mundo se goza y se disfruta más, que el contemplar ese gozo y disfrute por parte de tus seres queridos y que en breve les va a llegar el momento de sus vacaciones. Cuando mientras ellos se entregan a esos esparcimientos, YO, y por ende creo que lo será para todos los padres y abuelos, una complacencia interna y profunda me regodea al contemplar como se lo están pasando. Entre unas cosas y otras, unos dos meses he estado este verano viendo el trajinar de mis hijos, nueras y yerno incluidos, y mis nietos también, como no, y todo casi siempre al alcance de mi vista y aunque no tomando parte directa en muchos de sus actos, no por ello resultan menos entrañables para mí

A partir de hoy, cada uno en sus lugares de residencia, de trabajo, de estudios, imbuidos en sus obligaciones y aunque tengo la absoluta certeza de que nada de ello pueda desviarlos ni olvidarlos de sus deberes como hijos o nietos, sus actividades llenaran gran parte de su tiempo, mientras por mi parte, solo me llena la mente el deseo de que puedan llegar las vacaciones de verano del próximo año y la duda de si, como lo ha sido "ogaño", podré contemplarlo el venidero.

Todo cuanto queda expuesto anteriormente, está envuelto en el recuerdo y dedicado a quien de haber podido estar a mi lado y contemplándolos como yo, hubiera sido para ELLA el no va mas de la felicidad. Sea como fuere en los años próximos, lo contemple o no yo directamente, siga siéndolo en el mismo ambiente como lo ha sido este año.
QUE ASÍ SEA.

jueves, 13 de agosto de 2009

Trece a la mesa


Tal vez el título que he dado a esta mi tardía entrada en el blog, pueda prestarse a pensar que voy a referirme a la Última Cena, celebrada entre Jesucristo y sus 12 Apóstoles. Nada mas lejos de la realidad. Quizás para la historia de la Humanidad, haya sido muchísimo mas importante que el relato a que yo voy a referirme, pero en cuanto al sentimiento íntimo y personal de mi vida particular, el hecho que me ha dado motivo para titularlo de esta manera, es de los que calan en lo mas profundo del alma y se llevan y mantienen en el recuerdo por todo lo que me reste de existencia.

Ayer no reunimos a comer todos mis hijos, sus cónyuges y sus hijos, que son mis SEIS NIETOS. En los inicios de la comida y presenciando cuanto tenía a mi vista y alrededor, mis pensamientos volaban doce años y medio hacía atrás en el tiempo y se posaban en el recuerdo a mi mujer, a quien interiormente y en silencio brindaba aquella reunión, con la que sin duda alguna, hubiera sido para ella un hecho, posiblemente, y no tan posiblemente, incluso mas entrañable e importante como lo estaba siendo y lo era para mí.

Cuando en los avatares de la vida actual, principalmente entre matrimonios y parejas sentimentales, como se definen cuando se vive en común entre hombre y mujer, o en no pocas ocasiones también, ambas del mismo sexo, se dan a diario millares de problemas familiares y separaciones de sus cónyuges, o como cito anteriormente solo parejas, que no dudo en que en muchos de los casos habrá motivaciones de índole de cierto calado e importancia, alcanzando el problema en infinidad de casos a los hijos de ambos, que son los que padecerán y pesará sobre su existencia en la mayor parte de su vida, el orgullo y la intolerancia que sus progenitores pusieron por encima de esa consecuencia, y que en infinidad de casos el porvenir y la vida de esos hijos, es utilizada por sus respectivos padres para fastidiar a su oponente que incluso llegan a considerarse irreconciliables enemigos. Como he definido en esta larga y quizá farragosa definición de esos aconteceres que con tanta frecuencia se dan actualmente y contemplando el ambiente en que toda esa descendencia mía se manifestaba durante la comida y que por ende ese mismo ambiente es en el que desde que nacieron se han desenvuelto mis NIETOS, no podía por menos que sentirme completamente feliz y en mi fuero interno pedía a Dios siguieran en las mismas condiciones en que lo vienen haciendo y con ello será el sentimiento y recuerdo que me llevaré consigo el día que por imperativo de los años vividos haya de abandonar este mundo y con toda seguridad, mi mujer, su madre y abuela, desde todo lo alto del CIELO donde con toda seguridad se halla, estaría contemplando y gozando en su grado máximo el entrañable ambiente que se respiró durante toda la comida.

La suerte de haber nacido de unos padres como los que tienen mis nietos y de la que en cuanto a condiciones personales, yo la tuve igualmente, marcan el sendero del discurrir de toda la vida de una persona y por la que no se vivirá lo suficiente para poder agradecer a ELLOS, cuanto hicieron y hacen en nuestro favor. Solo pido sigan como están y lo son actualmente, TODOS.

domingo, 26 de julio de 2009

Haciendo recuento

Tal día como hoy pero de hace cincuenta y nueve años, venía camino de Málaga desde Córdoba, para incorporarme al Puesto de la Guardia Civil que fuere destinado después de haber salido de la Academia de Úbeda el día 16 del actual. Cuántas cábalas, esperanzas e ilusiones pasaban por mis pensamientos en aquellos momentos. ¿ uál sería el porvenir que me depararía mi nueva y voluntaria situación como Guardia Civil? Sin duda y pasados esos cincuenta y nueve años, jamás hubiera siquiera soñado alcanzar las cotas de felicidad que conseguí. Pero hoy, no he verificado esta entrada en este mi blog para ésto.

El pasado martes, falleció otro de los buenos amigos, compañero y buena persona, con los que he tenido la dicha de codearme. Esta circunstancia me lleva en el día de la fecha para hacer un pequeño repaso por todos aquellos seres queridos y estimados, que han desaparecido de mi círculo desde tan lejana efemérides. Sin duda, la mas dolorosa y que mas destrozó mi vida, fue la de mi mujer. También, como no, mis padres y mi hermano Cesáreo.

Pero aparte de los señalados, han sido muchos los amigos y compañeros que también se fueron de mi círculo de personas a las que tenía gran estima. Sin punto de comparación con cualesquiera otro de los que abandonaron este mundo, ocupa lugar preferente mi entrañable y querido amigo que lo fue desde mi mas tierna infancia, Francisco Fernández Campoy, al que el resto de conocidos lo llamaban "Currito". Nosotros y para dirigirnos el uno al otro, nos decíamos "pariente". Ahora pensándolo bien, creo que lo mas justo y acertado, hubiera sido llamarnos hermano. Con independencia de este caso particularísimo, han sido muchos, muchísimos, con los que sostuve unas cordiales relaciones y que como lo hizo el pasado martes, José Villalobos Trujillo, se llevaron consigo parte de todo lo que ha sido mi vida personal y profesional y que su sola enumeración por sus propios nombres y apellidos, llenaría mas de una entera página de este blog. Sí, he podido comprobar que en los últimos tres o cuatro años, es cuando se ha producido el mayor número de los fallecidos. Tiene una sencilla explicación. La acumulación de los años vividos por todos nosotros, está pasando factura.

A todos ellos, mi mas sentido recuerdo.

Todo mi anterior relato puede parecer que mi estado de ánimo este un tanto melancólico, pero no es así, solo que al traerme a la memoria aquel 26 de julio de 1950 y el reciente fallecimiento de mi amigo Pepe Villalobos, me ha hecho realizar con el pensamiento ese recuento de todos los que se fueron.

sábado, 11 de julio de 2009

Fiestas de San Benito


Uno de los mas lejanos recuerdos que con mas nitidez conservo en la memoria, son las fiestas que en honor de su Patrón San Benito, se celebraba en la localidad de Obejo, pueblo limítrofe con el mío.

Hace hoy SETENTA Y SIETE AÑOS, y para cumplir una promesa que el verano anterior había hecho mi madre, motivado a unos diviesos que me habían salido en las "cholas", como se decía en mi pueblo, o sea en los testículos, prometiendo que si se me curaban sin mas complicaciones, irían conmigo a la procesión que con motivo de la mencionada festividad se celebraba, y aún siguen celebrándose en una ermita sita a un kilómetro aproximado de la referida localidad de Obejo.

Apenas había amanecido aquel 11 de julio de 1932, mi padre y yo, y utilizando una burra que a la sazón había en mi casa, tomábamos el camino hacia San Benito. A tal fin, el aparejo de la burra iba ornado con una enjalma de las de días de fiesta y la jáquima del jumento, como suplemento una orlas de color rojo con sus borlas correspondientes. De mi vestimenta solo recuerdo que iba cubierto con un sombrero de paja de ala redonda y también circundándolo una trenza de lana de color rojo y en sus dos extremos rematados con unas bolas simulando dos madroños.

Aproximadamente a un kilómetro antes de llegar a Obejo, había un pilar donde mi padre le dio de beber a la burra y a su vez de su caño llenó del fresco y buen líquido una botija que en uno de los lados de las alforjas llevaba, vaciando la que llevábamos desde mi pueblo, porque se había calentado mas de la cuenta.

Serían poco mas de las nueve de la mañana cuando llegábamos a las inmediaciones de la ermita, que como digo estaba situada a un kilómetro de distancia del pueblo, poco más o menos, y en medio de un frondoso encinar.

Entre tanto llegaba la hora de la procesión que se celebraba, sobre las once de la mañana, nos colocamos en una sombra de una de las muchas encinas que había cerca de la ermita y mientras la burra pastaba en sus alrededores.

A la procesión que con la imagen de San Benito se celebraba, acudían muchísimos penitentes de la mayoría de los pueblos limítrofes, para cumplir las promesas hechas al Santo. A la hora fijada se inició la procesión y de ella solo recuerdo que la vestimenta del Santo iba en su mayoría cubierta con billetes, aunque supongo serían de los de menor cuantía que circulaban en la época. También llevaba sobre la misma figuras de distintas partes del cuerpo humano y realizadas supongo en distintos materiales, menos de cera, porque con el calor que hacía se hubieran derretido al instante.

Terminada la función religiosa y cumplida la promesa, no se si mi padre colocó algún billete sobre la vestimenta del Santo, o bastó solamente con nuestra presencia en la procesión. Finalizada ésta, se procedía a ejecutar una danza entre vejetes de la localidad llevando todos ellos una espadas simuladas y realizando cierto ritual sobre el jefe de la misma, y que al final terminaban con las espadas circundando el cuello del mandamás, que creo suponía como que era ahorcado.

Creo serían alrededor de las dos de la tarde tomábamos el camino de regreso para mi pueblo, pero al llegar otra vez al pilar donde antes de la entrada estuvo bebiendo la burra y nosotros rellenando la botija, realizamos la misma faena y a unos cien metros distante del pilar hacia abajo y a la sombra de otra encina nos dedicamos a dar buena cuenta del condumio que mi madre nos había preparado para tal evento.

Tanto cuando llegamos al pilar a la entrada como luego a la salida, yo quedé maravillado de unas decenas de peces de colores que había en el mismo y solo pasaba por mi mente la ilusión de pescar a algunos de los inocentes pececillos que tan a gusto lo pasaban en su reducido espacio. Una vez hecha la comida, mi padre se preparó con el aparejo de la burra un cómodo camastro y se echó a dormir la siesta. Tan pronto yo observé que mi padre se había quedado dormido tomé la cuesta arriba hacía el pilar y primero utilizando el sombrero y después a mano, me dediqué a la pesca de los bellos peces de colores. Como podéis comprender utilizando semejantes medios, no llegué a capturar ninguno pese a la hora larga que estuve dedicado a tal menester, hasta que mi padre despertando del coscón que había echado, se dio cuenta que yo no estaba a su lado y alarmado instantes después observó que me encontraba subido sobre los bordes del pilar. Una ligera llamada de atención terminó con el episodio de la pesca.

Volvimos a reanudar la marcha, pero tomando una dirección distinta con rumbo a una finca de olivos que mi abuela paterna tenía en un entorno conocido por La Calera, con el fin de coger peras de unos perales, naturalmente tenían que ser perales, lo que así realizamos y que en un costal que a tal efecto llevaba mi padre preparado, llegamos a coger yo calculo podrían ser entre los doce a quince kilos. A mi pueblo creo llegamos próximo al oscurecer y después de haber recorrido aquel día una distancia no menos de 40 kilómetros.

Mi madre no pudo ir con nosotros para cumplir su promesa, dado que se hallaba en muy avanzado estado de gestación, tanto es así que 16 días después daba a luz a mi hermano José.

A San Benito volví a ir nueve años después, en compañía de dos amigos, Antonio Suárez Molero y Florentino Escribano Valero, aquél cinco mayor que nosotros, éste por tanto de mi misma quinta. El primero falleció hace cuando menos treinta años; el segundo no menos de diez. De esta visita a Obejo conservo una fotografía que nos hicimos los tres. Dos años mas tarde, volví con uno de los mas entrañables amigos que he tenido y a quien aparte de mi familia, más he querido y apreciado. Con éste en aquella ocasión y un par de kilómetros antes de llegar a la ermita y bajo una sobra estuvimos ensayando una canción que estaba en boga a la sazón y con el fin de poderla cantar en algún bar cuando estuviéramos tomando una copa. La canción se titulaba y se titula, "Hace un año que yo tuve una ilusión". Este entrañable amigo se llamaba Francisco Fernández Campoy. Hace seis o siete años también falleció. Yo aquí continuo hasta que Dios quiera, para poder ir recordando estas efemérides.



Hasta otra nueva entrada.